Antiguos Acontecimientos Kármicos.


Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones. 

Maestro.
Djwhal Khul.
Alice A. Bailey.
La Exteriorización de la Jerarquía.
 

Antiguos Acontecimientos Kármicos.

            No tengo la intención de explicar o elaborar el tema del Karma. Este tema ocultista, aunque fundamentalmente exotérico, la Ley de Causa y Efecto, evoca un reconocimiento general cuando así se la denomina. Cuando se la llama Ley del Karma, es inmediatamente considerada como misteriosa, oriental y nueva. Llamada (como sucede a veces) Ley de Retribución, se le agrega un significado totalmente erróneo. El karma de la humanidad ha descendido hoy sobre ella. Sin embargo, recordaré que el continuo énfasis puesto sobre los aspectos malevolentes del karma, produce una equívoca impresión e impide que se capte plenamente la verdad.

Existe karma tanto bueno como malo; aún en la situación mundial actual, el buen karma que emana del alma de la humanidad equilibra al malo que viene del aspecto material y es sobreestimado constantemente. Es el ritmo de la materia en contraposición al ritmo del alma y constituye las causas iniciadoras del conflicto actual, tanto en las vidas individuales como en la situación mundial general. Cuando esto sea adecuadamente comprendido, la verdadera imagen podrá emerger en sus corazones y mentes con mayor claridad.

 En un esfuerzo por aclarar la imagen, tendré que pasar por alto muchos detalles esenciales, y me veré también forzado a adoptar la siempre debatible posición de hacer enunciados que no pueden ser comprobados, cuyos argumentos se basan exclusivamente (en lo que al pensador común se refiere) en la deducción de los efectos producidos por causas que no las ve quien no posee iluminación oculta. En el futuro, el hombre desarrollará esa actitud mental que considerará las causas como de mayor importancia que los efectos; entonces aprenderá a considerar cuidadosamente los primeros pasos al iniciar cualquier línea de acción, meditando sobre la misma y deduciendo los efectos probables antes de dedicarse a cualquier acto específico. Sólo por el dolor,  el error y el consiguiente castigo, se llegará a esta saludable etapa.

Lo que hoy sucede se debe en primer lugar a la dualidad esencial del hombre; en segundo lugar, a ciertas líneas principales de separación creadas por este dualismo esencial, en una primitiva etapa de la historia humana y, en tercer lugar, a la creciente tendencia hacia la síntesis que la afluencia de la fuerza de Shamballa está produciendo actualmente. Éste es el enunciado más simple que me es posible hacer respecto a este complejo problema. Con amplias generalidades abarco el pasado, indico los efectos que estamos experimentando en el presente y predigo el futuro.

La venida a la encarnación del ser humano espiritualmente autoconsciente, es la causa incitante del conflicto actual. Si los hijos de Dios no hubieran "penetrado en las hijas de los hombres" (forma bíblica y simbólica de expresar la gran relación entre el espíritu y la materia, establecida en el reino humano), si las entidades espirituales, la humanidad misma, no hubiesen tomado para sí formas materiales y el elemento positivo espiritual no se hubiera apegado al aspecto material negativo, el conflicto mundial actual no tendría lugar. Pero el Plan divino de la evolución estaba basado en el logro de esta relación entre el hombre espiritualmente consciente y el aspecto forma, y así entró en actividad la gran Ley de Dualidad, dando lugar a la "caída de los ángeles", al descender desde su estado de existencia liberada e inmaculada, a fin de desarrollar la plena conciencia divina en la Tierra, a través de la encarnación material y el empleo del principio mente. Éste fue el Plan divino, emanado de la Mente de Dios y lanzado a la actividad y al desarrollo, progresivo por un acto de Su Voluntad. En su comienzo, tuvo lugar la original "guerra en los cielos" cuando los hijos de Dios, que respondieron al anhelo divino de experiencia, servicio y sacrificio, se separaron de los hijos de Dios que no respondieron a esa inspiración y eligieron permanecer en su estado del ser original y elevado.

El Cristo Mismo dio testimonio de esta verdad, en la historia del  Hijo Pródigo y su relación con su hermano mayor, que no había dejado el hogar del Padre. Por esta parábola se evidencia dónde estaba la aprobación del Padre. Un estudio cuidadoso de esta historia y una comprensión intuitiva de sus implicancias, pueden evocar algún día una respuesta al “pecado de la experiencia” como ha sido llamado, y llevar a una comprensión de las dos leyes principales que rigen el proceso: la Ley de Evolución y la Ley de Renacimiento. Aquí está la principal causa iniciadora de lo que está teniendo lugar ahora.

La segunda causa surgió lentamente de la primera. La materia y el espíritu, enfocados en la familia humana, y expresando sus cualidades básicas y naturaleza esencial, estaban eternamente en conflicto. En las primeras etapas y durante el largo ciclo lemuriana, la infante humanidad evolucionó constantemente y, sin embargo, a pesar de las separaciones presentes, no fueron reconocidas. La latente chispa de la mente sólo sirvió para llevar una relativa iluminación a los cinco sentidos y su aplicación puramente física. La vida física era fuerte; la vida deductiva, el propio registro de la vida, era prácticamente nulo. En ese entonces la vida de la humanidad estaba enfocada en el cuerpo físico, y se fortificaba y estimulaba la naturaleza animal, desarrollándose el organismo físico y los distintos órganos internos, por el desarrollo de los cinco sentidos; el hombre se convirtió primordialmente en un animal egoísta y agresor, sin embargo, a veces tenía vagas tendencias hacia algo tenuemente presentido como mejor, y momentos de deseos elevados, que no eran la aspiración ni el anhelo de progreso, tal como los conocemos, sino sus formas embrionarias.

Al hombre moderno no le es posible visualizar o comprender tal estado de conciencia, pues lo ha dejado muy atrás. El foco de esta fuerza vital estaba también en la región de las glándulas adrenales, produciendo la bravura animal y la resistencia al choque. Pero el dualismo de la naturaleza esencial del hombre estaba presente como siempre, apareciendo gradualmente las líneas de separación; lenta, aunque constantemente, las almas precursoras (una minoría muy reducida) trasladaron en forma gradual su conciencia, elevándola hasta el plexo solar, y se produjo el reconocimiento del factor deseo por lo que era material y también la capacidad de reaccionar emocionalmente.

Hasta entonces el deseo y el instinto fueron idénticos en los tiempos lemurianos. Reflexionen sobre esto, pues es interesante y concierne a un estado de conciencia del cual el hombre moderno prácticamente nada sabe. Pero, en la época atlante, las líneas de demarcación, entre lo que constituía la vida puramente física y lo que —aunque todavía material— podía ser la meta alcanzada por el esfuerzo, empezaron a controlar la naturaleza puramente animal; el hombre empezó así a ser adquisitivo y a rodearse de lo que deseaba. Entonces las líneas de separación entre el animal instintivo y el hombre adquisitivo, empezaron a definirse con más claridad.

Entre estos precursores se desarrolló gradualmente el elemento mental, así como se está desarrollando hoy el elemento intuitivo entre los tipos mentales; los hombres comenzaron a adquirir alguna forma de percepción mental y a utilizar la poca mentalidad que poseían, en el proceso de acrecentar sus posesiones materiales. Se inició la etapa de la civilización (que básicamente es el reconocimiento de la relación grupal). Un período de existencia urbana reemplazó al de una existencia puramente nómade y agrícola. Los hombres se congregaron para un mayor bienestar y protección materiales e iniciaron los procesos rítmicos de concentración, extendiéndose mundialmente. Estos ciclos son análogos a los de inhalación y exhalación del organismo físico del hombre.

Algún día se hará un estudio de estos factores básicos y controladores de la existencia humana, la dispersión o descentralización de la vida de la comunidad, o la expresión del instinto de rebaño en una vuelta superior o inferior de la espiral de la existencia. Los últimos cien años han visto el surgimiento de un grave problema en la actual tendencia de la humanidad a reunirse en grandes ciudades y a congregarse en vastos rebaños, dejando el campo despoblado de habitantes y creando serios problemas de alimentación, salubridad y delincuencia. Este ritmo está cambiando actualmente ante nuestros ojos y soluciona un serio problema: las ciudades son evacuadas y —debido a que los hombres y las mujeres son impelidos hacia el campo por alguna razón— los señores de la evolución están interrumpiendo forzadamente e1 ritmo de esa concentración, y lo sustituyen por el ritmo de la dispersión. Esto contribuirá grandemente al bien de la raza y facilitará el desarrollo de la síntesis subjetiva, que enriquecerá notablemente a la humanidad y dará nuevos valores a la vida.

Las líneas de separación entre la naturaleza animal instintiva y alguna forma de deseo (aspiración embrionaria), aumentaron continuamente durante la época atlante, y esta primitiva civilización empezó a manifestar su propia nota y a establecer nuevas normas de bienestar material y control egoísta, en mayor escala cada vez, a medida que se desarrollaba la existencia urbana. Quizás sea difícil visualizar un mundo tan densamente habitado como el mundo moderno, pero lo estaba.

Debido a que dominaba la naturaleza animal, la tendencia llevaba a la relación sexual y a la procreación de grandes familias, así como sucede en la actualidad entre las clases inferiores de nuestras zonas civilizadas, pues los campesinos y los barrios bajos producen más hijos que los intelectuales. En esos lejanos días, las únicas personas que tenían cierta medida de inteligencia eran los discípulos e iniciados; guiaban y protegían a la humanidad infantil, similarmente a como los progenitores modernos guían y protegen a sus hijos y a como el Estado asume la responsabilidad por el bienestar de la nación. Entonces la Jerarquía estaba presente en la Tierra como reyes sacerdotes, que actuaban como puntos focales de energía atractiva, atrayendo hacia sí a aquellos cuyos valores más intangible asumían lentamente un vago control, definiendo con más claridad las líneas de separación entre el materialismo y la espiritualidad.

Cabe recordar que la espiritualidad de entonces era muy diferente de la que hoy se conoce con ese nombre. Era una especie de aspiración hacia un presentido más allá, hacia la satisfacción de la belleza y la integridad de la emoción. No había reflexión —tal como la conocemos— en esta actitud, sino sólo una tendencia hacia lo inalcanzable, pero presentido, y lo que era deseable. La Jerarquía fomentó esto en los pueblos, mediante el don de la invención y el empleo de las masas instintivas en la construcción de grandes y bellas ciudades y estupendas estructuras, cuyas ruinas subsisten hoy, y fue realizado bajo la guía experta de los iniciados y adeptos que emplearon los conocimientos que poseían acerca de la naturaleza de la materia y de la energía, para producir muchas cosas que actualmente el hombre trata a tientas de descubrir y hacer posible.

Todo lo que posibilitaron los modernos procesos de la civilización y mucho más de lo que hoy se clasifica como descubrimiento científico, era conocido en la antigua Atlántida, pero no fue desarrollado por los hombres, sino conferido como un don gratuito, muy parecido a como la gente obsequia a un niño cosas bellas y maravillosas con las cuales se deleita y las emplea, aunque sin comprenderlas. En todas partes había grandes y bellas ciudades llenas de templos, y grandes edificios (de los cuales las ruinas de los caldeos y babilonios constituyen sus restos degenerados, cuyo vástago es el moderno rascacielos). La mayoría de nuestro conocimiento científico moderno era poseído por estos reyes sacerdotes, y constituía para las masas, un maravilloso tipo de magia.

La salubridad, la higiene, los medios de transporte y las maquinas voladoras se desarrollaron, y eran de un orden muy elevado, pero no fueron la realización del hombre sino dones de la Jerarquía, desarrollados o construidos bajo una sabia guía. Eran controlados el aire y el agua, porque los guías sabían cómo controlar y dominar las fuerzas de la naturaleza y los elementos, pero nada de ello fue resultado de la comprensión, conocimiento o esfuerzo humano. Las mentes de los hombres no estaban desarrolladas ni eran adecuadas para semejante tarea, como no lo está la mente de un infante.

La separación entre los dos grupos (uno, expresando las fuerzas del materialismo y el otro la energía de la luz) aumentó gradualmente, hasta que al finalizar la era Atlante era tan amplia y la línea de demarcación entre las dos escuelas de la vida y del pensamiento tan clara, que se precipitó una crisis en ese civilizado mundo de entonces, de la cual el conflicto actual es su efecto definido. Esperamos también que constituya la culminación, y de que no vuelva a ocurrir. Entonces tuvo lugar la gran guerra entre los Señores de la Forma y los Señores del Ser, o entre las Fuerzas de la Materia y la Gran Logia Blanca. Un cuidadoso estudio resultará iluminador, particularmente si se lleva a cabo detenidamente.

Para nuestra comprensión, la explicación puede parecer vaga y oscura, pero los asuntos en esa época eran claros. Las Fuerzas de la Luz triunfaron porque la Jerarquía se vio obligada a intervenir poderosamente y, con ayuda de ciertas grandes Vidas extrañas a nuestra vida planetaria, llevaron la civilización atlante a un abrupto fin, después de un largo período de caos y desastre. Esto tuvo lugar por intermedio de una culminante catástrofe que barrió de la faz de la tierra a cientos de miles de seres humanos. Este acontecimiento histórico ha sido preservado en la leyenda universal del gran diluvio.

En La Biblia se habla simbólicamente de los que sobrevivieron, como también los que fueron salvados en el Arca de Noé, y los antiguos escritos lo describen en los siguientes términos: 

"Así como la serpiente dragón, que desenrosca lentamente su cuerpo, así los hijos de los hombres, guiados por los Hijos de la Sabiduría, desdoblaron sus pliegues como corriente de agua dulce... Muchos medrosos perecieron en el camino. Pero la mayoría se salvó."

Un detenido estudio del relato dado en La Doctrina Secreta, revela el estado de desarrollo inmaduro (desde el ángulo de las normas modernas) y el enfoque básicamente emocional y físico de la humanidad de ese período; mostrará también la capacidad mágica del hombre para subyugar y controlar los reinos subhumanos y las fuerzas elementales del planeta. Ambos ángulos fueron estudiados.

Sin embargo, el énfasis se puso correctamente sobre la interferencia e intervención divinas; esto pudo salvar una minoría éticamente sana (la palabra "espiritual" no es aplicable aquí, excepto en forma relativa) y destruir a quienes estaban erróneamente enfocados u orientados y, por lo tanto, también dedicados a la vida de aspiración y percepción materiales.

 El núcleo salvado, formó la base de nuestra actual raza raíz, la Aria. Todo el tema de El Antiguo Testamento se desarrolla alrededor de la evolución y crecimiento de este núcleo. Hablando simbólicamente, los habitantes del arca y sus descendientes y la raza judía, representan el resto de la humanidad que se salvó —salvada por la Gran Logia Blanca a pesar de ellos mismos y frente a tremendas dificultades.

Aquí dos cosas merecen atención. La primera y menos importante, desde el punto de vista del alma, es la desaparición de la faz de la Tierra de, prácticamente, todo indicio de la maravillosa civilización atlante, excepto esos pocos tesoros arqueológicos que intrigan e interesan a los modernos investigadores, además de esos vagos recuerdos de antiguas realizaciones científicas que conducen al estudiante moderno a la investigación e invención y lo incitan al descubrimiento y a la producción de lo que llamamos los triunfos de la ciencia moderna..

La segunda es que, para bien de la humanidad, la Jerarquía se retiró a segundo plano, dejando al hombre abrirse camino fuera del espejismo y la ilusión del materialismo con métodos correctos, y eventualmente eliminar las antiguas separaciones. La guerra debe ser llevada a su culminación y expresión finales, teniendo en vista que debe ser descartada definitivamente como medio de lograr los fines deseados.

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