Buena Voluntad Mundial. Secuencia 8.

Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones.
Buena Voluntad Mundial.
Secuencia 8.

LA GRAN INVOCACIÓN 

Desde el punto de Luz en la Mente de Dios, Que afluya Luz a las mentes de los hombres; Que la Luz descienda a la Tierra. 

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios, Que afluya Amor a los corazones de los hombres; Que Cristo retorne a la Tierra.

Desde el Centro donde la Voluntad de Dios es conocida, Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres,

El Propósito que los Maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,

Que se realice el Plan de Amor y de Luz y selle la puerta donde se halla el mal 

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.

Esta invocación no es propiedad de ningún individuo o grupo en especial. Pertenece a toda la humanidad. Empleándola o estimulando a otros para que la reciten, no se favorece a ningún grupo ni organización determinada. La belleza y la fuerza de esta Invocación reside en su sencillez y en que expresa ciertas verdades esenciales que todos los hombres aceptan innata y normalmente: la verdad de la existencia de una Inteligencia básica a la que vagamente damos el nombre de Dios; la verdad de que detrás de las apariencias externas el Amor es el poder motivador del Universo; la verdad de que vino a la tierra una gran Individualidad llamada el Cristo por los cristianos, que encarnó ese amor para que pudiéramos comprenderlo; la verdad de que el Amor y la inteligencia son consecuencia de la Voluntad de Dios, y finalmente de que el Plan Divino sólo puede desarrollarse a través de la humanidad misma.

Alice A. Bailey

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PREPARACIÓN PARA

LA REAPARICIÓN DE CRISTO

Si la premisa y el tema general de todo lo que aquí se expone son aceptados, surge lógicamente el interrogante: ¿Qué podría hacerse para apresurar la reaparición de Cristo? y además: ¿Qué puede hacer el individuo en el lugar en que se encuentra, con el equipo, las oportunidades y los haberes que posee? La oportunidad es tan grande y la necesidad de una ayuda espiritual definida y explícita es tan urgente que, quiérase o no, estamos ante un desafío, enfrentando a la vez el problema de aceptarlo con la consiguiente responsabilidad, o de rechazar la idea, dando a entender que no nos interesa. Sin embargo, lo que decidamos en esta época y período, afectará definitivamente al resto de nuestra actividad en la vida, pues podremos apoyar y respaldar en todo lo posible, la invocación del Cristo en la preparación para Su retorno, o sino engrosaremos las filas de aquellos que consideran todo el asunto como un llamado a los ingenuos y a los crédulos y, probablemente, trabajaremos para impedir que los hombres sean engañados y embaucados por lo que consideramos un fraude. Ahí reside nuestro desafío. Exigirá todo nuestro sentido de los valores y toda nuestra capacidad investigadora, intuitiva y especializada. Así nos daremos cuenta que la reaparición prometida está de acuerdo con la creencia religiosa general, siendo la gran esperanza que queda en las mentes de los hombres lo que podrá traer verdadero alivio a la sufriente humanidad.

Aquellos que aceptan la posibilidad de Su reaparición y están dispuestos a admitir que la historia puede repetirse, deben formularse tres preguntas, cuyas respuestas son absolutamente individuales:

1.         ¿Cómo puedo enfrentar personalmente este desafío?

2.         ¿Qué puedo hacer específicamente?

3.         ¿Cuáles son los pasos que debiera dar y dónde están aquellos que lo harán conmigo?

Lo que aquí y en las siguientes páginas se expone, es esencialmente para quienes aceptan la realidad del Cristo, reconocen la continuidad de la revelación y están dispuestos a aceptar la posibilidad de Su retorno.

Las complejidades y dificultades de este período son enormes. Cuanto más se acerca el hombre a la fuente de luz y poderes espirituales, tanto más difícil se torna su problema, pues los asuntos humanos parecen estar hoy muy lejos de esta posibilidad divina. Por lo tanto necesitará toda la paciencia, comprensión y buena voluntad que posee. Al mismo tiempo le será posible reconocer los hechos con más claridad. Hay problemas internos y externos que deben ser resueltos y posibilidades internas y externas que pueden convertirse en realidades. A medida que el hombre espiritualmente orientado enfrenta los acontecimientos y posibilidades internos y externos, tiende a sentir una total frustración; anhela ayudar pero no sabe qué hacer; la comprensión de las dificultades que amenazan, el análisis de sus recursos y de aquellos con quienes trabaja, y su clara percepción de las fuerzas que están contra él (y en mayor escala contra el Cristo), lo inclinan a exclamar: ¿De qué servirá cualquier esfuerzo que haga? ¿Por qué no dejar que las fuerzas del bien y del mal luchen solas?

¿Por qué no dejar que la presión de la corriente evolutiva, oportunamente y a la larga, haga cesar la lucha y traiga el triunfo del bien? ¿Por qué tratar de hacerlo ahora?

Estas reacciones son naturales cuando se considera el actual campo de conflicto, la codicia prevaleciente, los antagonismos y los móviles egoístas más la oscura apatía de las masas, la pobreza y el hambre que sufren millones de seres, la desesperación de la gente en todos los países, que no ve seguridad ni esperanza por ninguna parte, hacen sentir al hombre común la futilidad de su esfuerzo. El problema parece demasiado grande, excesivamente terrible, y el hombre mismo se siente demasiado pequeño e inerme.

No obstante, la masiva visión y bondad que existen en el mundo es inmensa, y el pensar claro y humanitario es ilimitado; la salvación del mundo se halla en manos de la gente sencilla y buena y en los millones de personas que piensan con rectitud. Ellos llevarán a cabo el trabajo preparatorio para el advenimiento del Cristo. Numéricamente son suficientes para realizar la tarea y sólo necesitan respaldo e inteligente coordinación, a fin de prepararse para el servicio requerido antes de que la reaparición de Cristo sea posible. Los problemas que tenemos por delante deben ser encarados con valor, verdad y comprensión; además debe tenerse disposición para exponer la verdad y aclarar los problemas que deben ser resueltos, hablando con claridad, sencillez y amor. Las fuerzas antagónicas y agazapadas del mal deben ser derrotadas antes que pueda venir Aquel que todos los hombres esperan, el Cristo.

El conocimiento de que Él está preparado y ansioso de reaparecer públicamente ante Su amada Humanidad, aumenta el sentido de frustración general, y surge otra pregunta de vital importancia: ¿Durante cuánto tiempo debemos esperar, esforzarnos y luchar? La respuesta es clara: Él vendrá indefectiblemente cuando se haya restablecido la paz en cierta medida, cuando el principio de participación esté por lo menos en camino de controlar los asuntos económicos y cuando las iglesias y los grupos políticos hayan comenzado a limpiar sus casas. Entonces Él podrá venir y lo hará, y el Reino de Dios será reconocido abiertamente y no será ya un sueño, un ansioso anhelo, una esperanza o un ideal.

La gente se pregunta ¿por qué el Cristo no viene con la pompa y la ceremonia que la iglesia le asigna a ese acontecimiento y demuestra con Su venida Su divino poder y prueba de manera convincente la autoridad y la potencia de Dios, terminando así con el ciclo de agonía y sufrimiento? Las respuestas son muchas. Debe recordarse que el principal objetivo del Cristo no será demostrar Su poder, sino dar a conocer el ya existente Reino de Dios. También se preguntarán ¿por qué cuando vino anteriormente no fue reconocido? ¿Hay alguna garantía de que esta vez Lo será? Quizás se pregunten ¿por qué no será reconocido? Porque los ojos de los hombres están cegados por las lágrimas de la auto conmiseración y no de la contrición; porque el corazón del hombre está aún corroído por un egoísmo que el sufrimiento no ha curado; porque la escala de valores es la misma que existía en el corrupto Imperio Romano que presenció Su primera aparición; porque aquellos que podrían reconocerlo y anhelan y esperan Su venida, no están dispuestos a hacer los sacrificios necesarios para asegurar el éxito de Su advenimiento.

Para que Él pueda caminar entre los hombres, es necesario un mundo que contenga suficientes trabajadores eficaces y personas de mente espiritual que cambien la atmósfera de nuestro planeta; sólo entonces, el Cristo puede venir y vendrá.

El pensamiento avanzado, el éxito de innumerables movimientos esotéricos y, sobre todo, las maravillas de la ciencia y los asombrosos movimientos humanitarios, no indican una frustración divina, sino el acontecimiento de la comprensión espiritual, porque las fuerzas del espíritu son invencibles. Dichos aspectos del comportamiento humano indican la maravillosa divinidad que se halla en el hombre y el éxito del plan divino para la humanidad. Sin embargo, la divinidad espera la manifestación del libre albedrío del hombre; su inteligencia y su creciente buena voluntad ya se está expresando.

Otra respuesta al interrogante es que el Cristo y la Jerarquía espiritual nunca —no importa cuán grande sea la necesidad o la importancia del estímulo— han infringido el derecho divino de los hombres a tomar sus propias decisiones, ejercer su libre albedrío y alcanzar la libertad, luchando por ella en forma individual, nacional o internacional. Cuando la verdadera libertad reine en la tierra veremos el fin de las tiranías, política, religiosa y económica. No me refiero a la democracia moderna, que actualmente es una filosofía de buenos deseos, sino a ese estado donde gobernarán los pueblos mismos, los cuales no tolerarán el autoritarismo de ninguna iglesia, o el totalitarismo de ningún sistema o gobierno político; tampoco aceptarán ni permitirán el gobierno de ningún grupo de hombres que les diga en qué deben creer a fin de ser salvados o qué gobierno aceptar. Cuando la verdad sea dicha a los pueblos y éstos puedan juzgar y decidir libremente, veremos un mundo mucho mejor.

No es esencial ni necesario que estos objetivos deseables se conviertan en realidades en la Tierra antes de que Cristo camine entre nosotros. Sin embargo, es necesario que esta actitud hacia la religión y la política sea considerada por lo general como deseable y que se hayan dado con todo éxito los pasos para el establecimiento de correctas relaciones humanas. En estas líneas están trabajando el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y los hombres de buena voluntad, y su primer esfuerzo debe consistir en contrarrestar el sentimiento ampliamente difundido de frustración y futilidad individual.

Lo que contrarrestará este sentido de frustración y futilidad y proporcionará el incentivo necesario para la reconstrucción del nuevo mundo, será la creencia en la divinidad esencial de la humanidad y en el testimonio evolutivo (proporcionado por un rápido estudio) de que el género humano ha progresado constantemente en sabiduría, conocimiento y amplia inclusividad, más el desarrollo de ese estado mental que estará basado en la creencia de que los registros históricos son veraces y atestiguan los innumerables advenimientos en los momentos cruciales de los asuntos humanos y en los numerosos Salvadores del mundo, entre los cuales Cristo fue el más grande.

Una actitud correcta y constructiva debe estar basada en el innato reconocimiento de la existencia de Cristo y de Su presencia entre nosotros, en todas las épocas. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo debe adoptar su actitud, basado en esos hechos, reconocer la existencia de los factores obstructores y no sentirse frustrado por ellos, y además debe tener conciencia de los innumerables impedimentos, muchos de ellos económicos, basados en la codicia material, en las antiguas tradiciones y prejuicios nacionales. Deberá emplear habilidad en la acción y poseer conocimiento financiero para poder vencer dichos obstáculos, tener los ojos bien abiertos para enfrentar las dificultades mundiales y pasar incólume y triunfalmente a través de todos los factores frustradores.

Dos factores principales condicionan la oportunidad actual y puede considerarse que llegarán a ser un gran obstáculo y, si no se eliminan, el retorno del Cristo será grandemente demorado. Estos son:

1.         La inercia del cristiano común, u hombre espiritualmente orientado, tanto de Oriente como de Occidente.

2.         La falta de dinero para el trabajo de preparación.

Estos temas se expondrán en forma sencilla y se mantendrán en el nivel en que trabaja y piensa la mayoría de la gente. Seamos intensamente prácticos y obliguémonos a ver las condiciones tales como son, para llegar así a un mejor conocimiento de nosotros mismos y de nuestros móviles.

LA INERCIA DEL HOMBRE COMUN DE MENTE ESPIRITUAL

El hombre común espiritualmente orientado, el hombre de buena voluntad y el discípulo, siempre son conscientes del desafío de las épocas y de la oportunidad que pueden ofrecer los acontecimientos espirituales. El deseo de hacer el bien y de llevar a cabo fines espirituales se agita incesantemente en sus conciencias. Quien ama a sus semejantes y sueña con la materialización del Reino de Dios en la tierra, o es consciente del despertar —por lento que sea— de las masas a los valores espirituales superiores, se siente totalmente insatisfecho. Comprende que contribuye muy poco para lograr esos objetivos deseables. Sabe que su vida espiritual es una cosa secundaria que reserva cuidadosamente para sí mismo y frecuentemente teme mencionarlo a los más allegados y queridos; trata de ensamblar su esfuerzo espiritual con la vida externa común, luchando por hallar tiempo y oportunidad para aplicarlo en forma grata, imperceptible e inocua. Se siente inerme ante la tarea de organizar y reordenar sus asuntos, para que predomine el modo de vivir espiritual; busca excusas para sí, y oportunamente razona consigo mismo con tanto éxito, que llega a la conclusión de que hace lo mejor que puede, dadas las circunstancias. La verdad es que lo que hace es tan poco que probablemente una hora, quizás dos, de las veinticuatro del día, abarque el tiempo que le dedica al trabajo del Maestro; se escuda detrás de la excusa de que las obligaciones del hogar le impiden hacer más, y no se da cuenta que con tacto y comprensión amorosa, su ambiente hogareño puede y debe ser el campo de su triunfo; olvida que no hay circunstancias en las que el espíritu del hombre pueda ser vencido, o en que el aspirante no pueda meditar, pensar, hablar y preparar el camino para la venida del Cristo, siempre que tenga suficiente interés y conozca el significado del sacrificio y el silencio. Las circunstancias y el medio ambiente no constituyen un verdadero obstáculo para la vida espiritual.

Quizás se escude en el pretexto de la mala salud y con frecuencia en males imaginarios. Dedica tanto tiempo al cuidado de sí mismo que las horas que podría dedicar al trabajo del Maestro son directa y seriamente disminuidas; está tan preocupado con su cansancio, su resfrío y sus imaginarias dificultades cardíacas, que cada vez es más “consciente de su cuerpo” hasta que finalmente domina su vida; entonces es demasiado tarde para hacer algo. Esto ocurre especialmente con las personas que han llegado a los cincuenta años o más, dificultad predominante en las mujeres. Difícilmente dejarán de emplear esta excusa, pues se sienten cansadas y doloridas y esto tiende a empeorar en el trascurso de los años. El único remedio para la inercia progresiva es ignorar al cuerpo y gozar la vivencia del servicio. No me refiero a una enfermedad definida o a serios impedimentos físicos, a los que debe dispensarse cuidado y atención debidos, sino a los miles de hombres y mujeres enfermizos y preocupados del cuidado de sí mismos, desperdiciando horas que podrían dedicar al servicio de la humanidad. A quienes tratan de hollar el sendero del discipulado les pido que dediquen esas horas malgastadas en un inútil cuidado de sí mismos, a servir a la Jerarquía.

Otra excusa que conduce a la inercia es el temor que tienen las personas de hablar sobre las cosas del Reino de Dios; temen ser rechazadas, consideradas raras o inoportunas. Por lo tanto guardan silencio, pierden la oportunidad y nunca descubren cuán dispuesta está la gente a discutir las realidades, por el consuelo y la esperanza que puede traerles la idea del retorno de Cristo o de compartir la luz espiritual. Esto es esencialmente una especie de cobardía espiritual tan difundida, que es responsable de la pérdida de millones de horas de servicio mundial.

Hay otras excusas, pero las mencionadas son las más comunes; liberar de estas condiciones obstaculizadoras aportaría al servicio del Cristo tantas horas y esfuerzo complementario, que la tarea de los que no presentan excusas se vería muy aliviada y Su venida sería mucho más inmediata. Lo que llamamos inercia no es simplemente de naturaleza sicológica. Las cualidades de la materia o de la sustancia están involucradas. La inercia es el aspecto más lento y bajo de la sustancia material, y en la filosofía oriental se la denomina cualidad de tamas. Debe ser trasmutada en una cualidad superior, la de la actividad o cualidad rajásica, que conduce después a una cualidad superior de sattva o ritmo. No nos concierne llevar un ritmo de vida de acuerdo al cual actúan el Cristo y la Jerarquía espiritual, y que vibra en armonía con la necesidad humana y la respuesta jerárquica. Lo que nos concierne es demostrar la cualidad de la actividad espiritual, sin ampararnos detrás de la excusa. Es esencial que todo aspirante sepa que en el lugar en que se encuentra y entre las personas con quienes está asociado kármicamente y con el equipo sicológico y físico que posee, puede y debe trabajar. No se ejerce coerción ni indebida presión al servir a la Jerarquía. La situación es clara y simple.

Tres grandes actividades están llevándose a cabo:

1.         La actividad que se percibe en el “centro donde la voluntad de Dios es conocida”, esa voluntad al bien que ha llevado a la creación a una mayor gloria y a una respuesta cada vez más profunda e inteligente. Esta actividad trata de producir, en forma creadora, un nuevo orden mundial, el del Reino de Dios, supervisado físicamente por el Cristo. Esto podría ser considerado como la exteriorización de la Jerarquía espiritual de nuestro planeta, cuyo signo y símbolo lo constituirá el retorno de Cristo a la actividad visible.

2.         La actividad máxima que condiciona a la Jerarquía espiritual, desde el Cristo Mismo hasta el más humilde aspirante situado en la periferia de ese “centro donde el amor de Dios” se halla plenamente activo. Allí es donde comprendemos —expresado con palabras de San Pablo— aquello que: “Porque todas las criaturas gimen al unísono, esperando la manifestación de los hijos de Dios” (Rom. 8,22). Para esta manifestación se preparan estos “Hijos de Dios que son los hijos de los hombres”; para este advenimiento al servicio activo o externo, Ellos vienen uno tras otro a la actividad en el plano físico. No se los reconoce por lo que son, pero se encargan de los asuntos del Padre, demostrando buena voluntad, tratando de ampliar el horizonte de la humanidad, preparando así el camino para Aquel a Quien Ellos sirven, el Cristo, Maestro de Maestros e Instructor de ángeles y hombres.

3.         Tenemos la humanidad misma, “el centro que llamamos la raza de los hombres”, donde hoy predomina el caos, tumulto y confusión, una humanidad angustiada, perpleja y confundida, y no obstante consciente mentalmente de infinitas posibilidades, luchando emocionalmente por ese plan que cree que es el mejor, haciéndolo sin coherencia y sin comprender que debe ser un mundo para una humanidad. Simplemente desea paz emocional, seguridad para vivir y trabajar y visión de futuro que satisfaga el sentido incipiente de la perdurabilidad divina. Está físicamente enferma, privada de lo más esencial para llevar una vida normal y sana, atormentada por la inseguridad económica, invocando consciente o inconscientemente al Padre en bien de sí misma y del resto del mundo.

La reaparición de Cristo proporcionará la solución. Esta es la firme voluntad de Dios testimoniada por las Escrituras del Mundo; es el deseo del Cristo Mismo y de Sus discípulos, los Maestros de Sabiduría, y es la demanda sin respuesta de todos los pueblos. Donde exista esta unidad de propósito, uniformidad de intención espiritual y demanda consciente, lo único que podría detener Su reaparición sería el fracaso de la humanidad en preparar el escenario mundial para tan magno acontecimiento. “Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas” (Mt.3,3). Es necesario familiarizar a los pueblos con la idea de Su llegada y obtener la necesaria paz en la tierra, basada en correctas relaciones humanas.

Es innecesario ocuparse aquí de la preparación que el individuo debe hacer internamente, a medida que se prepara para el trabajo que debe realizar. Los principios del correcto comportamiento espiritual han sido presentados al hombre durante siglos, con el incentivo de que la buena conducta los conduciría a un buen cielo, objetivo fundamentalmente egoísta. La breve plegaria que dice: “Señor Dios Todopoderoso, haz que haya paz en la tierra y que ésta comience en mí”, reúne todos los requisitos que se exigen a quienes desean trabajar en la preparación para la reaparición de Cristo, siempre que vaya a la par una sólida inteligencia y se lleve una vida organizada. Pero en la actualidad el móvil ya no reside en el concepto de la salvación personal, lo cual se acepta y supone; la preparación requerida consiste en trabajar con empeño y comprensión a fin de establecer correctas relaciones humanas, objetivo mucho más amplio. Tenemos aquí un móvil, que no es auto centrado, pues pone a cada trabajador y humanista de parte de la Jerarquía espiritual y en contacto con todos los hombres de buena voluntad. Llegamos así al segundo de los impedimentos: la falta de apoyo financiero para los trabajadores y discípulos del Cristo en todos los países, a medida que se esfuerzan por liberar la energía espiritual y poner un nuevo orden en el actual caos mundial.

LA FALTA DE APOYO FINANCIERO PARA EL TRABAJO DE PREPARACIÓN

Esta es quizás la mayor dificultad y a veces parece insuperable; involucra el problema de la verdadera administración económica y la orientación de sumas adecuadas de dinero hacia determinados canales que ayuden definitivamente en el trabajo de preparación para el retorno de Cristo. Esta estrechamente relacionado con el problema de las correctas relaciones humanas.

Por lo tanto, el problema es particularmente difícil, porque los trabajadores espirituales no sólo tienen que preparar a la gente para dar de acuerdo a sus posibilidades, sino que en muchos casos deben proporcionar ante todo un móvil tan atrayente que se vea obligada a dar. También tendrán que proporcionar la institución, fundación u organización, para administrar esos fondos. Esto representa una tarea muy difícil. La encrucijada actual no radica solamente en reunir fondos para Su retorno, sino en el egoísmo enraizado en la mayoría de aquellos que detentan la riqueza mundial, que cuando dan —si es que dan— lo hacen para aumentar su prestigio e indicar su éxito financiero. Naturalmente hay excepciones, pero ellas son relativamente pocas.

Generalizando y, por lo tanto, simplificando el tema, podemos decir que los cuatro canales principales por los cuales circula el dinero son:

1.         Los millones de hogares a los cuales llega en forma de sueldo, salario o herencia. Todo esto está hoy desequilibrado, existiendo excesiva riqueza o extrema pobreza.

2.         Los grandes sistemas capitalistas y monopolios en que están fundadas las estructuras económicas en la mayoría de los países. No interesa si este capital pertenece al gobierno, a la municipalidad, a un puñado de hombres ricos o a grandes sindicatos. Poco se gasta en el mejoramiento de la vida humana o para inculcar los principios que conducen a correctas relaciones humanas.

3.         Las iglesias y grupos religiosos de todo el mundo. Aquí (hablando nuevamente en términos generales, y al mismo tiempo reconociendo la existencia de una pequeña minoría espiritualmente orientada) el dinero es dedicado a los aspectos materiales del trabajo, a la multiplicación y preservación de la estructura eclesiástica, a los salarios y gastos generales, y sólo un pequeño porcentaje se destina realmente a la educación de los pueblos, a la demostración viviente de la realidad de Su retorno, que ha sido durante siglos la doctrina definida de las iglesias. Ese retorno se ha anticipado en el trascurso de las edades y podría haber ocurrido si las iglesias y las organizaciones religiosas de todas partes hubieran cumplido con su deber.

4.         Las obras filantrópicas, sanitarias y educativas. Todo ello ha sido muy beneficioso y necesario, y la deuda que el mundo ha contraído con los filántropos es realmente enorme. Esto ha sido un paso dado en la correcta dirección y la expresión de la divina voluntad al bien. Sin embargo, el dinero es a menudo mal empleado y peor dirigido, y los valores resultantes han sido mayormente institucionales y concretos, pues se han visto limitados por las cláusulas restrictivas y separatistas impuestas por los donantes o los prejuicios religiosos de quienes controlan el desembolso de los fondos. En medio de las discusiones y querellas motivadas por ideas, teorías religiosas o ideologías, se olvida la verdadera ayuda a la Humanidad Una.

Subsiste el hecho de que si los agentes administradores (que manejan el dinero) tuvieran una visión verdadera de la realidad espiritual de la humanidad una y del mundo uno y si su objetivo hubiese sido estimular las correctas relaciones humanas, las multitudes de todas partes responderían a una visión muy distinta de la actual.

Puede decirse que si el valor y la responsabilidad espirituales otorgados al dinero (en la medida que sea) hubieran sido debidamente enseñados y valorados en los hogares y en las escuelas, no tendríamos las espantosas estadísticas del dinero gastado en todo el mundo en golosinas, licores, cigarrillos, diversiones, vestimenta innecesaria y lujos. Estas estadísticas suman cientos de millones de dólares por año. Una fracción de ese dinero, que significa un mínimo de sacrificio, permitiría a los discípulos del Cristo y al Nuevo Grupo de Servidores del Mundo preparar el camino para Su venida y educar las mentes y los corazones de los hombres a fin de establecer correctas relaciones humanas.

El dinero —así como otras cosas de la vida humana— ha sido mancillado por el egoísmo y acaparado para fines individuales y nacionales egoístas.

La Humanidad Una —no importa el país, color o credo— reclama paz, justicia y seguridad. Esto podría procurarse por el correcto empleo del dinero y por la comprensión de parte de los acaudalados, de su responsabilidad económica basada en los valores espirituales. Excepto algunos filántropos de visión amplia y un puñado de estadistas, eclesiásticos y educadores iluminados, el sentido de responsabilidad económica no se encuentra en ninguna parte.

Ha llegado el momento de revalorizar el dinero y canalizar su utilidad en nuevas direcciones. La voz del pueblo debe prevalecer, pero debe ser un pueblo educado en los verdaderos valores, en el significado de la verdadera cultura y en la necesidad de establecer correctas relaciones humanas. Por lo tanto es esencialmente una cuestión de sana educación y correcta preparación para la ciudadanía mundial, algo no emprendido aún. Mientras tanto la humanidad sufre hambre; no posee la cultura necesaria; su educación está basada en los falsos valores y el erróneo empleo del dinero. Hasta que estas cosas no estén en proceso de ser corregidas no será posible el retorno de Cristo.

Ante esta perturbadora situación financiera, ¿Cuál es la solución del problema? Hay hombres y mujeres en todos los países, en todo gobierno, iglesia, religión y fundación educativa, que pueden dar la respuesta. ¿Qué esperanza albergan para ello y para el trabajo que se les ha confiado?

¿En qué forma pueden ayudar los pueblos del mundo, los hombres de buena voluntad y de visión espiritual? ¿Qué pueden hacer para cambiar el concepto generalizado en el mundo respecto al dinero, a fin de canalizarlo donde se lo emplee en forma más correcta? Debe hallarse respuesta a estos interrogantes.

Existen dos grupos que pueden realizar mucho: uno, emplea los recursos financieros del mundo, siempre que capte la nueva visión y advierta que el antiguo orden está sentenciado a caer destruido, y el otro, es el conjunto de personas buenas y generosas de todas las clases sociales y esferas de influencia.

Los hombres de orientación espiritual y de buena voluntad deben rechazar la idea de su inutilidad, insignificancia y futileza, y comprender que ahora, en estos momentos cruciales y críticos, pueden trabajar eficientemente. Las Fuerzas del Mal están derrotadas, aunque todavía no “ha sido sellada” la puerta detrás de la cual la humanidad puede encerrarlas, según lo predice El Nuevo Testamento. El mundo está nuevamente en la balanza. El mal busca cualquier camino disponible para un nuevo acercamiento pero —y esto podemos decirlo con confianza e insistencia— las personas humildes, cuyo punto de vista es iluminado y altruista, son suficientemente numerosas para hacer sentir su poder si así quieren. En todo país hay millones de hombres y mujeres espiritualmente orientados que llegado el momento de encarar globalmente la cuestión del dinero, pueden recanalizarlo en forma permanente. En todos los países existen escritores y pensadores que sumarían su poderosa ayuda, y lo harán si se los aborda correctamente. Hay estudiantes esotéricos y devotos religiosos a quienes se puede apelar para ayudar a preparar el camino para la reaparición de Cristo, especialmente si la colaboración requerida consiste en emplear dinero y tiempo para establecer correctas relaciones humanas e incrementar y difundir la buena voluntad.

No se necesita una gran campaña para reunir fondos, sino el trabajo desinteresado de miles de personas aparentemente sin importancia. Puede decirse que lo que más se necesita es valor, porque debe tenerse valentía para vencer la desconfianza, la timidez y el desagrado, al presentar un punto de vista relacionado con el dinero. Aquí es donde la mayoría fracasa. Resulta relativamente fácil actualmente reunir fondos para la Cruz Roja, hospitales o instituciones educativas. Es sumamente difícil hacer lo mismo para la propagación de la buena voluntad y el empleo correcto del dinero para la difusión de ideas progresistas tales como el retorno de Cristo. Por lo tanto, repito: el primer requisito es Valor.

El segundo requisito permitirá a los colaboradores de Cristo hacer esos sacrificios y arreglos para dar hasta el límite de su capacidad; no debe ser simplemente esa capacidad adquirida para presentar el tema, sino que cada colaborador debe practicar lo que predica. Si millones de personas, por ejemplo, que aman al Cristo y tratan de servir Su causa, dieran una pequeña cantidad de dinero por año, habría fondos suficientes para realizar Su trabajo, entonces aparecerían automáticamente las necesarias organizaciones y los administradores espiritualmente orientados. La dificultad no reside en la organización del trabajo y del dinero, sino en la aparente incapacidad de la gente para dar. Por una razón u otra dan poco o nada, aunque estén interesados en una causa como la del retorno de Cristo; el temor, el derroche, el deseo de hacer obsequios y el no darse cuenta que las grandes sumas están formadas por muchas sumas pequeñas, gravitan todos en contra de la generosidad económica, y siempre dan excusas que creen adecuadas. Por lo tanto, el segundo requisito es que todo el mundo dé lo que pueda.

Tercero, las escuelas metafísicas y los grupos esotéricos han prestado preferente atención a la cuestión de la orientación del dinero hacia los canales preferidos. Con frecuencia se oye la siguiente pregunta: ¿Por qué la escuela de pensamiento “Unity”, la iglesia “Christian Science” y los movimientos del “Nuevo Pensamiento” pueden reunir los fondos necesarios, mientras que otros grupos, especialmente los esotéricos, no pueden hacerlo? ¿Por qué los verdaderos trabajadores espirituales son incapaces de materializar lo que necesitan? La respuesta es sencilla. Estos grupos y trabajadores que están más cerca del ideal espiritual, se hallan divididos en sí. Su interés principal reside en los niveles espirituales y abstractos y no se han dado cuenta de que el plano físico tiene la misma importancia cuando está motivado desde niveles espirituales. Las grandes escuelas metafísicas están empeñadas en hacer demostraciones materiales y tan grande es su énfasis y está tan centralizado su acercamiento, que obtienen lo que piden; deben aprender que la demanda y su respuesta han de ser el resultado del propósito espiritual, y lo que se pide no debe emplearse para el yo separado ni para una organización o iglesia separatista. En la Nueva Era que se acerca, antes del retorno de Cristo, el pedido de ayuda financiera debe hacerse con el fin de establecer correctas relaciones humanas y buena voluntad, no por el engrandecimiento de una organización particular. Organizaciones como ésta no existen muchas actualmente; pero las pocas que hay pueden dar un ejemplo que será rápidamente seguido a medida que se acreciente el deseo para el retorno de Cristo. Por lo tanto, el tercer requisito es servir a la humanidad una.

El cuarto requisito debe ser una minuciosa explicación de la causa para la cual se solicita ayuda económica. La gente podrá tener valor para hablar, pero una explicación inteligente también tiene mucha importancia. El punto principal que debe acentuarse en el trabajo preparatorio para la reaparición de Cristo, es el establecimiento de correctas relaciones humanas, lo cual ya ha sido comenzado, con distintos nombres, por hombres de buena voluntad en todo el mundo.

Llegamos ahora al quinto requisito: una fe vital y firme en la humanidad como un todo. No debe sentirse pesimismo respecto al futuro del género humano y tampoco lamentación por la desaparición del antiguo orden. “Lo bueno, lo verdadero y lo bello” están en camino, y de ello es responsable la humanidad y no una divina intervención externa. La humanidad es sana y va despertando rápidamente. Atravesamos la etapa en que todo se proclama abiertamente desde los tejados como Cristo predijo. A medida que escuchamos o leemos respecto a la ola de escándalos, crímenes, placeres sensuales y lujos, tendemos a desalentarnos; es conveniente recordar que es saludable que todo surja a la superficie y sea conocido por todos; es similar a una depuración sicológica del subconsciente a la cual se somete el individuo, lo cual presagia la inauguración de un nuevo y mejor día.

Hay un trabajo que hacer y los hombres de buena voluntad de orientación espiritual y de verdadero entrenamiento cristiano deben hacerlo. Tienen que iniciar la era en que el dinero se empleará para la Jerarquía espiritual y también expresar esa necesidad en las esferas de la invocación. La Invocación es el tipo más elevado de oración que existe y un nuevo tipo de demanda a la divinidad que se ha hecho posible por la meditación.

LA GRAN INVOCACIÓN

Desde el punto de Luz en la Mente de Dios Que afluya luz a las mentes de los hombres Que la Luz descienda a la Tierra 

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios Que afluya amor a los corazones de los hombres Que Cristo retorne a la Tierra 

Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida Que el Propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres

El Propósito que los Maestros conocen y sirven

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres Que se realice el Plan de Amor y de Luz

Y selle la puerta donde se halla el mal 

Que la Luz, el Amor y el Poder Restablezcan el Plan en la Tierra

Esta invocación no es propiedad de ningún individuo o grupo en especial. Es un instrumento de poder para ayudar a que tenga plena expresión el Plan de Dios en la Tierra. Emplearla es un acto de servicio a la Humanidad y al Cristo.

Es un poderoso mántram destinado a facilitar en los hombres la receptividad de diversos tipos de “energía especializada” emanada de elevados centros espirituales entre las cuales se encuentran las de Amor-Sabiduría y Rectas Relaciones Humanas.

La segunda estrofa puede adaptarse según la creencia religiosa que cada uno sostenga ya que el Instructor del Mundo es reconocido en las diferentes culturas como:

BUDISTA: EL BHODHISHATVA; CRISTIANA: EL CRISTO; HINDUISTA: KRISHNA; ISLÁMICA: EL IMÁN MAJDI; ISRAELITA: EL MESÍAS; PERSA: MUNTAZAR; TIBETANA: MAITREYA;

TAMBIÉN PUEDE NOMBRÁRSELO COMO “AQUEL QUE VIENE”.

“El destino de los Hombres y de las Naciones está determinado por los Valores que gobiernan sus decisiones” 

“La crisis humana y mundial de hoy día es básicamente espiritual; está probando el carácter y la intención de todos los hombres y mujeres.

Esto da la oportunidad de revisar los valores que captamos como una forma personal de conducta.”

“El Mundo del Futuro depende de lo que cada uno de nosotros haga hoy”

Rodríguez Peña 208 , piso 4 °

C 1020 ADF – Ciudad Autónoma de Buenos Aires Argentina

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