Carta de una Madre a su Hijo.
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Estoy muerta en vida.
Quisiera entender, poder leer en tus ojos de mirada
esquiva el problema, la causa, las circunstancias que te llevaron aquella
primera vez a comenzar a consumir drogas. ¿Fue acaso curiosidad, acaso ganas de
escapar de la cruda realidad que muchas veces significa afrontar las
responsabilidades y compromisos de la vida?
Fue acaso un mal rato, un fracaso, malas
calificaciones, el entorno equivocado, los malos amigos, el divorcio de tus
padres, la novia que te dejo por otro. Fue aburrimiento, fue que no pudiste o
supiste decir no. Vives escapando.
Por mi mente de madre preocupada y angustiada por sus
hijitos, cruzan confundidas una infinidad de preguntas sin respuesta.
Atraviesan por mi mente los complejos de culpa, no logro entender tanto dolor,
que es lo que hace que te auto destruyas. .
Quiero que sepas que te amo mi hijito lindo, que me
duele verte sufrir, que me siento impotente, rota, que quiero abrazarte como
cuando eras mi bebito precioso de los ojos color cielo y el cabello color miel.
Quiero decirte tantas cosas, no quiero jalarte las
orejas y menos ponerte la cara larga. Quiero volver a decirte que las drogas
son malas, que no son una puerta de salida, que son una trampa infernal, que
fueron inventadas por los seres del mal.
Sé que quieres dejarlas, se que luchas en tu interior
para corregir la ruta equivocada pero encuentras muchas paredes altas que
sientes que no puedes escalar.
Pero no pierdo la fe y si decides entregar tu dolor y
todas tus penas a Dios se que todo puede cambiar. Hay luz al final del tunel.
Hoy te escribo con mis manos mojadas por el llanto de la esperanza. Por favor
vuelve a casa, la puerta de tu casa siempre sigue abierta, no importa que
tengas cuarenta y tantos o acaso cincuenta y tantos veranos y el pelo cano.
Regresa hijo.
Le daría gracias a Dios por devolverte a los problemas
cotidianos, a la vida con sus penas y sus momentos alegres. No sabes cuánto
deseo tenerte en mis brazos y llenarte el rostro de besos.
Te acuerdas del libro "El Principito" él
decía que lo esencial es invisible a los ojos. Lo simple hijo mío es en
definitiva lo que nos hace felices. Los momentos que no tienen precio. Las
cosas simples como ver juntos un amanecer o soltar una carcajada al recordar
momentos de cuando eras mi protector.
Hoy le vuelvo a rogar a Dios como todos los días, le
ruego para que su Hijo amado te cubra con su manto sagrado y te cure todas las
heridas, las grietas de tu alma. Le ruego para que salgas vencedor y que tu
cuerpo no necesite del veneno asesino de las drogas.
Le ruego para que sepas y puedas enmendar, corregir tu
camino. Para que les digas NO a las drogas y SI a la vida.
Tu madre que te ama incondicionalmente.
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