EL REINO DE LA LUZ Y EL SECRETO DEL AMOR.
Recopilado
de varios artículos, por Franz Hartman.
Si tomamos
cualquiera de los antiguos libros de Sabiduría: los Vedas de los hindúes, los
libros de Hermes, El Egipcio, El Dhamapada del budista, La Cábala de los
judíos, la Biblia de los cristianos o cualquiera de las doctrinas secretas,
desde Zoroastro y Confucio hasta los Rosacruces de la Edad Media, y las más
recientes exposiciones hechas por H.P. Blavatsky, hallamos que dicen muy positivamente
que el principio fundamental de la creación por el cual todo fue creado y que
constituye la base de las' existencia y de todas las cosas, tanto del hombre
como de los dioses, es la Luz.
No la luz
que pertenece a la naturaleza externa y que podemos percibir con nuestros
sentidos físicos, sino un tipo de luz superior, dela cual la luz de la
naturaleza externa es solo un reflejo comparable a la imagen reflejada en un espejo;
la Luz puede ser percibida únicamente por los sentidos del hombre regenerado y
organizado espiritualmente.
En los
antiguos Vedas, esa Luz, se describe como Dai
viprakriti, la Luz del Logos, el Mahchaitanyam de todo el cosmos; poder y
energía conscientes cuya presencia es la condición "sine qua non" de
toda vida, ya sea en este planeta o en otros, en el plano material o en la eternidad.
El centro
del que emana esta Luz espiritual es el Logos divino, el Ishvara de los hindúes,
el Jesús de los cristianos, el Cristo Universal que salva y redime de la
oscuridad y de la muerte. No puede haber salvación de la muerte, excepto realizando
la verdadera Vida. No puede haber protección contra la ira sino, en el poder
del Amor divino; siendo la causa de toda conciencia en el mundo, no puede ser
una fuerza inconsciente.
La fuente
de toda sabiduría debe serla sabiduría divina, porque lo inferior no puede
generar l0 superior; la ignorancia no puede manifestase como conocimiento; la
muerte no puede producir la vida. Para que un principio manifieste su
presencia, debe estar presente antes de que pueda manifestarse. Creer otra cosa
sería irracional, irreligioso y. anticientífico.
En el
Bhagavad Gita este Lagos, hablando por boca de Krishna, dice: "Todo el
Cosmos está impregnado por mí, en mi forma inmanifestada. De esta manera soy el
sostén de todas las existencias manifestadas, pero no estoy sostenido por ella...
Nada existe superior a mí y todo ello cuelga como un collar de piedras preciosas
ensartadas por un hilo...
Los
Mahatmas, devotos de Daiviprakriti, que me conocen como la causa imperecedera
de todas las cosas, me adoran concentrando sus mentes en mí. Soy el origen de
todas las cosas; todo el universo proviene de mí. Pensando así, los sabios que
participan de mi naturaleza, me adoran".
En el libro
egipcio de Hermes dice: "Yo soy esa Luz, la Mente, tu Dios, que existía
antes de la naturaleza acuosa, nació de la oscuridad, siendo Verbo brillante y
luminoso, el Hijo de Dios... Dios y el Padre de la Luz y de la Vida, de la que
está hecho el hombre. Por eso, si aprendes y te conoces como siendo esa Luz y
Vida, entrarás de nuevo en la Vida... brillando constantemente sobre la mente y
alrededor de ella, ilumina el alma y la desliga de los sentidos y actividades
corporales, la aleja del cuerpo y la transforma íntegramente en esencia de
Dios. Es posible, oh hijo, ser edificado, si contemplas la belleza de Dios
mientras aún mora en el cuerpo del hombre.
El nombre
de "Budismo" se refiere a la "Luz", y "Budista"
significa una persona cuya mente está iluminada por la Luz de la Sabiduría
divina. Si no poseemos iluminación interna, seremos únicamente creyentes teóricos
de las doctrinas de Gautama Buda, pero no un verdadero budista, es decir, un
"Iluminado", mientras preferimos la oscuridad a la verdadera Luz,..
Si el
Nirvana no fuera un estado o reino de luz, no valdría la pena luchar para
lograrlo. Lejos de ser la aniquilación, como los ignorantes suponen, es una
entrada en la verdadera vida eterna; una vida tan maravillosa que todo sentido de
personalidad se pierde en ella. Es cambiar de una existencia meramente limitada
y humana por otra divina e ilimitada.
Como bien
dice Edwin Arnold en "La Luz de Asia", es verdad que aquéllos que
enseñan que Nirvana es vivir, están en un error y no saben "qué luz brilla
más allá de sus lámparas rotas"; pero la finalidad del verdadero budista es
conocer esa luz misteriosa como para someter a ella su luz menor y lograr una
vida superior en esa luz, no como mera personalidad, sino corno un ser divino
que se expresa en las palabras de la Biblia: "Yo no vivo, sino Cristo, la
Luz vive en mí".
En la
religión cristiana comprendida correctamente, esta luz divina es adorada como
el Espíritu Santo, la luz del Cristo universal que emana eternamente del Padre
y del Hijo. En el caso de Kríshna, el Logos dice por boca de Jesús de Nazareth:
"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida... Aquél que crea en mí (significa
que me acepta, acepta la vida) vivirá; aun si él (su personalidad) pareciere...
Yo soy la Luz del mundo".
El Apóstol
Juan también dice: "En él fue la Luz y la Vida y la Vida fue (o debería
ser) la luz de los hombres". Cristo no afirma en ninguna parte que la
inmortalidad puede ser alcanzada fuera de Él. En otras palabras: el hombre no
puede llegar a ser inmortal mientras se adhiere a su propia personalidad y se
imagina ser algo separado y distinto de Cristo. Si traza una línea divisoria
entre su propia existencia personal y la del Cristo universal, y quiere salvar
y preservar la primera (como si fuese algo de gran importancia), se opone a
Cristo; entonces no sólo no es cristiano, sino que en realidad es un
anticristo. "Anticristo es aquél que pretende qué Dios es foráneo en este
mundo, de tal manera que él (el hombre) puede regir este mundo como un
Dios". (Boehrne, "Three Princíples", IV, 22).
Ni el señor
Mengano ni el señor Zutano son inmortales; inmortal es la luz divina de la
sabiduría que hay en ellos, y sólo esa parte de ellos que es consciente de ser
esa luz llegará a ser inmortal. Si observamos los escritos de los filósofos
medievales, hallaremos la misma verdad; no podría ser de otra manera, porque no
hay más que una verdad eterna y universal, cuyo conocimiento constituye la base
de todas las ciencias y de todos los sistemas religiosos dignos de ese nombre.
Todo 'aquél que desea merecer el nombre de filósofo, es decir "amante de
la sabiduría", debe buscar esa verdad eterna.
Teofrasto
Paracelso nos dice que el universo puede ser comparado a un círculo cuyo centro
es el Padre, cuyo radio es el Hijo que estaba contenido en el Padre desde toda
la eternidad, y la sustancia del Padre y del Hijo la Luz y la Vida del Cosmos,
desde el centro incomprensible hasta la periferia ilimitada, es el Espíritu
Santo; mientras que la naturaleza con todas sus formas no es más que un
pensamiento de Dios objetivizado y personificado. La naturaleza es un
pensamiento que puede desaparecer en un instante, como una imagen reflejada, si
cesara la luz que la provoca.
La misma
verdad fue revelada a Jacobo Boehme, el filósofo enseñado por Dios.
"Cuando el Verbo actuó en la palabra Fiat, tuvo lugar la diferenciación de
la materia y comenzó la evolución". ("Mysterium Magnum"). "Dios
crea eternidad tras eternidad. Su Verbo y Su Corazón eternos y el Espíritu
encienden la Naturaleza y la iluminan en el Amor y en la Luz de Su Corazón
mediante el poder de la Luz ("1brefold Life", 1, 11.). En la doctrina
secreta hallamos la afirmación de que la Luz es llamada el "Hijo",
.porque eternamente nace de una fuente inconcebible, siendo, por lo tanto, para
nosotros oscuridad. La oscuridad es el Padre, y se dice que nadie puede llegar a
El sino por medio del Hijo, y el Hijo, la Luz, es esa Luz que brilla eternamente
en la oscuridad de la mente material: "pero la oscuridad no lo
comprende". .
La
oscuridad no sólo no comprende, sino que no puede hacerlo, pues ningún
principio puede comprender la naturaleza de cualquier cosa superior a su propio
ser. De esta manera, cualquiera sea la fuente que investiguemos, siempre tendremos
la misma respuesta, es decir, que esta luz divina del Logos es el fundamento de
toda existencia, el único que nos redime de la muerte, el Alpha y el Omega, el
principio y el fin de la evolución. Es la mayor manifestación en la tierra y,
no obstante, el más grande de todos los misterios, incomprensible para esos
seres que viven en planos inferiores. Es el Shekinah de los judíos, la Sophia
de los gnósticos, el Dai viprakriti ti de los brahmines, el Fohat de los
budistas, la madre del Cristo de los cristianos, la Isis de los egipcios, la
Luz del Sol espiritual de los parisis, y el único objeto razonable de adoración
para cualquiera que aspira a la vida eterna, no importa a qué secta religiosa
ni a qué sistema de pensamiento pertenezca.
Estando su plano
de existencia muy por encima del alcance de la ciencia materialista, no puede
ser objeto de investigación para esa ciencia, que se ocupa solo de las cosas
terrenales y no de la realidad eterna. En otras palabras: es la ciencia que se
ocupa únicamente de las sombras corpóreas producidas por los reflejos de la
luz, pero no puede ocuparse de la luz misma. Aquello que perteneciendo a la
divina eternidad puede ser objeto legítimo de investigación de una ciencia
física, es sin embargo, el único objetivo digno del verdadero ocultista. No es
necesario que obtenga información de los libros, con respecto a su naturaleza,
sino que debería obtener un auto conocimiento de la misma.
El verdadero
objetivo, al seguir el Sendero de Luz, debe ser necesariamente el logro de esa
luz, y no meramente reunión de teorías y opiniones respecto a su carácter. Un
investigador que se conformara con meras teorías no podría recorrer el Sendero,
sino que se asemejaría a una persona sentada a la vera del camino, pensando a
dónde lo llevaría el camino si lo siguiera. La investigación de tales teorías
es lógicamente muy recomendable y provechosa para el neófito, pues si no está
persuadido de que esa luz existe, no tratará de abrir los ojos para verla; pero
una vez convencido de ello y si aún persiste en permanecer en la oscuridad,
será entonces un ciego que conoce teóricamente todo acerca de las reacciones
químicas de los rayos solares, mas no es capaz de ver las bellezas de la
naturaleza.
Un
conocimiento teórico de las posibilidades superiores de la naturaleza más noble
del hombre resulta inútil para fines prácticos, si este conocimiento no se
aplica prácticamente. Tal ciencia, sin la correspondiente religión, es tan inútil como lo sería para el pobre saber
cuánto dinero hay en el mundo. El progreso espiritual no consiste en formular hipótesis
acerca de lo que se podría realizar, sino en realizarlas. Ocultismo no es
simplemente un asunto de conocer y creer, consiste en ser lo que uno quiere
ser. "Religión" viene de "religere", volver a unir. El hombre
proviene de la Luz del Lagos, y aquello que lo vincula a su origen divino no
son sus teorías respecto a la naturaleza de esa luz, sino la posesión de esa
Luz.
En los
Símbolos Secretos de los Rosacruces de los siglos XVI YXVII, el misterio del Logos
y la actuación de su Luz divina están totalmente descritos y representados
gráficamente, en todos los planos de existencia espiritual, astral y terrenal.
Sin embargo, para la clara comprensión de los misterios contenidos en esos
libros, se necesita una clave que no puede ser suministrada por ningún autor
ocultista.
Esta clave
es el reconocimiento de la Luz del Logos: conocimiento por el cual todo el
mundo debe luchar para poder obtenerlo. Es imposible comprender claramente la
acción de ciertos principios, si se los desconoce. Un libro sobre botánica
sería completamente incomprensible para aquél que nunca ha visto una planta ni
sabe que existe el reino vegetal. Tampoco el estudio de la forma, cuya luz
espiritual influye en las diversas formas organizadas, materiales o espirituales,
capacitaría al hombre para conocer la verdadera naturaleza de la misma, si esa
Luz no permaneciese viviente y consciente en él. De esta manera, la ciencia
material ha estudiado durante miles de años los objetos de la naturaleza, en los
que se manifiesta la vida, pero respecto a la verdadera naturaleza de la luz,
nuestros filósofos modernos saben mucho menos que sus antecesores.
Todo lo que
realmente sabemos acerca de la vida es que vivimos; el resto son puras conjeturas,
inferencias y misterio. Un cadáver no puede saber nada de esto, porque no tiene
vida, y una persona que no tiene en sí misma la chispa de vida eterna, es a ese
respecto igual a un cadáver espiritual. No puede formarse un concepto de la
vida eterna porque no la posee. Es inútil buscar la sabiduría en los libros, si
no existe la sabiduría en nuestros corazones. Así como el miramos en un espejo
nos permite conocemos externamente, la lectura de un libro de carácter
religioso y la meditación sobre los temas considerados nos permitirá captar la
sabiduría oculta en nuestra mejor naturaleza y desarrollar el germen de la divinidad
contenido en ella. De nada sirve creer que la Iglesia posee la verdadera luz,
si nosotros estamos en la oscuridad. Únicamente la luz que comienza a manifestarse
dentro de sí mismo y no la luz externa de la que nada percibo podrá salvarme de
la ignorancia. De nada vale clamar: "¡Ved, el Cristo está aquí!" o
"¡Él está allí!", si el Cristo no se manifiesta dentro de nosotros.
El verdadero Señor es la voluntad divina que actúa en nosotros. A El debemos
obedecer, si queremos adquirir la divina sabiduría. No nos conciernen los
dioses extraños a nosotros mismos.
Dejando de
lado por el momento toda consideración acerca de la constitución fundamental de
la materia y del espíritu y la triple unidad en todas las cosas, existen, desde
nuestro punto de vista intelectual, dos cosas que se pueden observar. En primer
lugar tenemos formas, cuerpos y organismos; en segundo lugar hay actividades o
poderes, fuerzas o energías que se manifiestan en esas formas. Podemos observar
las primeras con nuestros sentidos físicos o por medio de alguna percepción
superior, y a las segundas no las podemos percibir con nuestra vista; sólo
pueden observarse los cambios producidos por su acción.
Así, por
medio de nuestras facultades físicas, podemos investigar todos los fenómenos
físicos de la naturaleza externa y observar la acción de las fuerzas
manifestadas en los reinos mineral, vegetal y animal, incluyendo el cuerpo físico
del hombre. Este es el campo de los investigadores de la ciencia natural, y
todo lo que está más allá constituye para ellos un libro sellado; tampoco es de
utilidad inducirlos a elevarse más allá de lo que sus percepciones pueden alcanzar.
Si nuestras percepciones astrales están despiertas, podemos estudiar por medio
de estos sentidos internos la naturaleza de los seres del plano astral, es
decir, del alma del mundo.
Cuando
poseemos esta facultad, vemos las formas de los seres que se hallan en la Luz
astral y estamos expuestos al desagradable contacto con seres elementales y
elementarios, tales como se los menciona en los libros orientales y en los de
Paracelso; sin embargo, es conveniente que nuestra facultad de percibir esas
cosas no se ponga en actividad, hasta no haber logrado suficiente conocimiento
como para saber discernir su verdadero carácter.
Si la
percepción espiritual se halla activa por el despertar de la conciencia espiritual,
entonces puede vivirse conscientemente en un plano donde es posible establecer
contacto con seres superiores, devas o semidioses, los cuales nos son
beneficiosos, mientras que otros son maléficos; también se puede entrar en
comunión con almas de seres humanos que están en el Devachán, a la espera de
reencarnar en formas humanas.
En todos
los planos y en todos los seres que en ellos viven, la luz del Amor divino es
su centro dador de vida y fuente de todos los poderes que poseen; pero en las
formas burdas de materia, esta fuente no es el rayo directo de la Luz "del
Lagos, sino un reflejo secundario o terciario que ha iniciado un nuevo centro
de energía en ellos, comparable la luz
de la luna, cuya luz no es la propia; otro ejemplo sería el de la imagen de la
luz de la Luna reflejada en el agua. Sólo esos seres en que el Lagos mismo tiene
su morada son Inmortales, pues poseen la sustancia de la verdadera luz". .
. . Jacobo Boehme dice con respecto a este centro divino:
"Todo animal,
planta y ser espiritual tiene su simiente, germen o centro del cual se han
originado. Cada uno puede ser comparado a una llama, cuya vida y luz dependen
del fuego en su centro y en su propia esencia.
Cada uno de
los tres mundos tiene su propio centro o foco fundamental de voluntad, lo mismo
que todo ser individual. En ese centro yacen las características del individuo
y en él evoluciona la forma. El centro de cada cosa es un espíritu originado
por el Verbo. Su formación corpórea se origina por la experiencia de la
voluntad (en existencias previas), porque siendo al núcleo de cada cosa una
parte del Verbo emitido, al ser pronunciado nuevamente entra en formación de
acuerdo con el tipo y tema de su lenguaje divino".
"Hay dos
centros: uno de Fuego y otro de Luz; él Fuego proporciona el alma; la luz; el
Espíritu".
"
(Epístolas,I.VlI.9)


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