ENFERMEDADES DE LA HUMANIDAD, HEREDADAS DEL PASADO I.


                                                                                

Curación Esotérica
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)
Adaptada como <sugerencia> para el tratamiento de las Adicciones.


ENFERMEDADES DE LA HUMANIDAD, HEREDADAS DEL PASADO I.

Tuberculosis.

En la situación anteriormente mencionada hallamos el origen de la tuberculosis. Originó en los órganos que el hombre posee para respirar y vivir y fue impuesta como castigo por la Gran Logia Blanca; los Maestros promulgaron una nueva ley para el pueblo atlante cuando los vicios de lemuria y la codicia atlante llegaron al grado más despiadado. Esta ley puede ser traducida en los siguientes términos: “Quien sólo vive para los bienes materiales, quien sacrifica toda virtud con el fin de adquirir lo imper­durable, morirá en vida, encontrará que le falta el aliento y, sin embargo, rehusará pensar en la muerte hasta que le llegue el llamado.”

Resulta difícil en estos días apreciar o comprender el estado de conciencia de los atlantes. No existían procesos mentales, excepto entre los conductores de la raza; única mente prevalecían los despiadados e insaciables deseos. Esta acción de la Gran Logia Blanca obligó la imposición de dos premisas y enfrentó a la raza con dos problemas hasta entonces incomprendidos. El primero fue que las actitudes psicológicas y los estados de conciencia pueden traer y traen condiciones fisiológicas, buenas y malas.

El segundo, que por primera vez los pueblos debían reconocer el fenómeno de la muerte; muerte que ellos mismos produjeron en forma nueva y no únicamente por medios físicos. Esto tuvo que ser dramatizado en forma definidamente objetiva, porque aún las masas no respondían a la enseñanza verbal sino sólo a los eventos visuales. Cuando vieron que una persona particularmente inclinada al robo comenzaba a sufrir una horrenda enfermedad que parecía surgir de dentro de sí mismo y -mientras sufría- mantenía su amor por la vida (como lo hacen hoy los tuberculosos), enfrentaron otro aspecto o forma de la ley original (impuesta en tiempos de lemuria) qué decía: “El alma que peca, morirá”.

La muerte hasta  entonces había sido aceptada sin protesta alguna, como el destino de todas las cosas vivientes, pero desde ese momento, por primera vez, la relación mental entre la acción individual y la muerte fue reconocida -aunque todavía en forma tenue y débil- y la con­ciencia humana dio un gran paso adelante. El instinto no pudo manejar esta situación.

La muerte es una grande y universal herencia; todas las formas mueren, porque esa es ley de la vida, hablando paradójicamente. Ha llegado el momento de enseñar a la raza que la muerte puede ser el fin de un ciclo y una automática respuesta a la Gran Ley de los Ciclos, que continuamente instituye lo nuevo y destruye lo viejo, o puede producirse por el abuso del cuerpo físico, por la mala aplicación de la energía y por la deliberada acción del hombre mismo.

El hombre que deliberadamente peca y sicológicamente se equivoca en sus actitudes y consiguientes acciones, comete un suicidio, como el hombre que premeditadamente se hace volar los sesos. Pocas veces esto es comprendido, pero la verdad se irá haciendo cada vez más evidente.

 Un mandato bíblico nos recuerda que los pecados de los padres se extenderán a los hijos, afirmación literal acerca de las enferme­dades que la humanidad ha heredado de la raza lemuria y atlante. La sífilis y la tuberculosis han prevalecido ampliamente durante la primera mitad de la raza aria, en la cual nos hallamos, y hoy no sólo afectan a los órganos de la procreación o a los pulmones (tal como sucedió en las primeras etapas de su aparición), sino que han involucrado ahora la corriente sanguínea y en consecuencia todo el organismo humano.

Mucho se ha hecho durante los últimos cincuenta años para controlar la gran enfermedad atlante de la tuberculosis, por medio de una vida sencilla, alimentos sanos y abundantes y aire puro. Mucho se está haciendo para controlar, finalmente, las enferme­dades sifilíticas, y ambas serán eventualmente extirpadas, no sólo por el tratamiento sano y los descubrimientos de las ciencias médicas, sino porque la raza -a medida que se polariza más mentalmente- podrá encarar el problema desde el ángulo del sentido común, y decidirá que el pecado físico exige un castigo demasiado severo y que no vale la pena poseer lo que no se ha merecido ni se ha necesitado y en consecuencia no le pertenece.

Alrededor de estas ideas básicas se libró la guerra mundial (1914-1945). A la posesión ilegal de las tierras, territorios, bienes y pertenencias, denominamos agresión; pero en principio es lo mismo que violar, hurtar, robar. Hoy estos males no constituyen faltas y pecados individuales, sino que pueden ser características nacionales; la guerra mundial ha hecho surgir este problema a la  superficie de la conciencia humana y la antigua lucha atlante se está librando amargamente con la probabilidad de que esta vez la Gran Logia Blanca triunfe.

Esto no fue así en el primer conflicto. En ese entonces la guerra finalizó por la intervención del Logos planetario y esa antigua civilización descendió a las profundidades y fue sepultada por las aguas, símbolo de pureza, salubridad y universalidad, y por lo tanto un final apropiado para “una raza tubercu­losamente orientada”, como los Maestros la han llamado.

La muerte producida por inmersión y la muerte por confusas causas físicas, las cuales no se me permite describir, han sido probadas en el esfuerzo por salvar a la humanidad.

Hoy se aplica la técnica de la muerte por el fuego, y promete ser exitosa. En contradicción con las grandes crisis de Lemuria y Atlántida, la humanidad ya posee una mentalidad más alerta, reconoce las causas de las dificultades, ve con más claridad los móviles, y la voluntad al bien y el anhelo de cambiar las condiciones malignas del pasado es más fuerte que nunca. Lo que la conciencia pública está comenzando a manifestar hoy es algo totalmente bueno y nuevo.

Las razones subjetivas dadas para justificar la aparición de estas dos enfermedades raciales tan antiguas, puede parecerle, a quien no conoce esoterismo, como posibles pero no probables, ilusorias y de naturaleza demasiado ambigua. Ello es inevitable. Estos dos grupos de enfermedades son tan antiguos en su origen, que las he denominado inherentes a la vida planetaria misma y herencia de toda la humanidad, pues en cada uno de nosotros el quebrantamiento de ciertas leyes producirá esas enfermedades.

Si quisiera podría llevar al lector aún más atrás, al reino del mal cósmico, tal como prevalece en nuestro sistema solar y afecta al Logos planetario, que aún se cuenta entre “los Dioses imperfectos”. La forma externa del planeta a través del cual Él se expresa, está impregnada, hasta cierta profundidad, con las simientes y gérme­nes de ambas enfermedades; no obstante, a medida que se logre la inmunidad y se desarrollen los métodos de curación, que la medicina preventiva ocupe su debido lugar y que el hombre llegue a acrecentar el control mental y egoico de las naturalezas animal y de deseos, tales sufrimientos humanos desaparecerán y (no importa lo que las estadísticas puedan decir) están desapareciendo de esas zonas más controladas de la familia humana. A medida que la vida de Dios (expresándose como divinidad individual y universal) palpita más poderosamente a través de los reinos de la naturaleza, estos dos castigos de la pecaminosidad no serán nece­sarios y desaparecerán inevitablemente, por tres razones:

1.       La humanidad se está orientando frecuentemente hacia la luz, y “la luz disipa el mal”. La luz del conocimiento y el reconoci­miento de las causas producirán esas condiciones cuidadosamente planeadas, que harán desaparecer las enfermedades sifilíticas y la tuberculosis.

2.      Los centros ubicados abajo del diafragma estarán sometidos a un proceso de purificación y elevación; será controlada la vida del centro sacro y la energía usualmente enfocada allí será utilizada en forma de vida creadora por medio del centro laríngeo; el centro plexo solar elevará su energía al corazón, entonces desaparecerá la tendencia humana al egoísmo.

3.      La curación total, alcanzada por la ciencia, pondrá fin gradualmente a todo contagio.

Otra razón que pondrá fin a los deseos y a las prácticas y métodos de vida causantes de estas enfermedades, es aún poco conocida; Cristo se refirió a ella cuando habló de la época en que ningún secreto permanecería oculto, y de cuando todos los secretos se proclamarían desde los tejados. El desarrollo de la captación telepática y de los poderes psíquicos, como la clarividencia y clariaudiencia, oportunamente tenderán a evitar que la humanidad peque privadamente.

Los poderes que emplean los Maestros y los Iniciados superiores para comprobar el estado síquico y la condi­ción física de la humanidad, su cualidad y conciencia, ya comienzan a  manifestarse en la humanidad avanzada. La gente pecara, cometerá malas acciones y satisfará los deseos desordenados, pero lo sabrán sus semejantes y nada podrán hacer en secreto. Alguna persona o grupo se dará cuenta de las tendencias de la vida del hombre y hasta de los incidentes en los que satisface alguna exigencia de su naturaleza inferior, y esta posibilidad actuará como un poderoso freno, mucho más poderoso de lo que pueden imaginar.

El hombre es en realidad el custodio de su hermano, y esta custodia significa conocerlo y aplicar “el ostracismo y las sanciones”; así se dice cuando se aplican sanciones a las naciones. Quisiera que reflexionen sobre estos dos modos de encarar las malas acciones. Serán aplicados casi automáticamente por otros individuos y grupos, como algo de buen gusto, buenos sentimientos e intenciones, y de esta manera el crimen y la tendencia a la maldad prácticamente serán desarraigados.

Se llegará a compren­der que la criminalidad se basa en alguna forma de enfermedad, en la carencia o sobreestimulación glandular, que a su vez se funda en el desarrollo o subdesarrollo de cualquiera de los centros. Una iluminada opinión pública -que conozca la constitución del hom­bre y la gran Ley de Causa y Efecto- tratará la criminalidad con procedimientos médicos, correctas condiciones ambientales y penalidades de ostracismo y sanciones.

No dispongo de tiempo para extenderme sobre este tópico, pero tales sugerencias les proporcionarán tema para reflexionar.

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