La Desarmonía y la Enfermedad Causada por los Siete Rayos.


                                                                                      

Curación Esotérica
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)
Adaptada como <sugerencia> para el tratamiento de las Adicciones.



La Desarmonía y la Enfermedad Causada por los Siete Rayos.

I. “El Gran Ser se propuso seguir solo por el sendero que eligió. No toleró interferencia. Se fortaleció en Su ruta.  Este continuado proceso de fortalecimiento de un plano a otro, creció y se endureció. Su voluntad se fijó como un cristal brillante, quebradizo y duro. Suyo fue el poder de cristalizar. No trajo la voluntad de vivir, sino la voluntad de morir. La muerte fue Su don a la vida. Le desagradaba la infusión y la difusión. Amó y buscó la abstracción.”

Hasta donde llegamos a comprender el significado de esta estanza, en relación con nuestro tema de la enfermedad, parece ser que la imperfección de esta divina energía produce una peculiar actitud que se manifiesta en el poder de cristalizar, endurecer, traer tri­bulaciones y causar el gran proceso de abstracción llamado muerte. Otros de sus resultados en la forma física son los innumerables procesos de cristalización, como el atrofiamiento y la vejez.

II. “El Gran Ser derramó Su vida por todas partes y as­pectos de la manifestación. Del centro hacia la periferia y de la periferia al centro se precipitó, llevando vida abundante, energetizando todas las formas de Sí mismo, produciendo excesivo movimiento, interminable expansión, abundante crecimiento e indebido apresuramiento. No sabía qué que­ría, porque quería todo, deseaba todo, atraía todo y dio de­masiado a todos”.

La imperfección de esta gran energía, con su potencia constructo­ra, vitalizadora y cohesiva, fue y es el poder para sobrestimular, acrecentar, acumular, construir demasiadas formas, atraer dema­siados átomos y producir esas condiciones que conducen a lo que se ha denominado (esotéricamente) “la sofocación de la vida”, otra forma de morir, pero morir como resultado de una excesiva vitali­dad, afectando la corriente sanguínea, construyendo dentro de las formas ya construidas y creando frecuentemente un vehículo eté­rico excesivamente poderoso para la exotérica forma física exter­na. Otros resultados son, por ejemplo, la aparición de tumores, cáncer, excrecencias, excesivo desarrollo de aspectos corporales, dilatación de órganos y partes corporales supernumerarias.

III. “El Gran Ser reunía de aquí y de allá. Elegía y recha­zaba. Rehusaba un poder y aceptaba otro. No tenía ningún propósito vinculado a los seis propósitos de Sus seis  hermanos. Adquirió una forma y no le agradó. La arrojó y eligió otra. No tenía un punto establecido o plan, pero vivió en el espejismo y le agradó. Sofocó lo bueno y lo malo, aunque empleó a ambos. Por un lado había exceso, por otra inanición. Ambos extremos rigieron Su elección de la sustancia viviente; reunió a quienes no eran afines; luego vio que el resultado era el dolor y el engaño. Hizo proyectos, pero el propósito era inadecuado. Desistió desesperado.”

El principal efecto de esta imperfecta “maniobra” y manipulación, como se la denomina, es en su mayor parte de naturaleza astral, produciendo la consiguiente mala salud física y los efectos inde­seables que ya hemos estudiado en este tratado. Debido a que esta energía de tercer rayo es la energía de la sustancia misma, sus imperfecciones se demuestran profusamente en la tendencia humana a la enfermedad. La ilusión es el resultado del espejismo por el excesivo empleo de la energía de tercer rayo para fines egoístas y personales y se manifiesta primordialmente en el sexto plano o astral. Como resultado de esta manipulación del deseo y las incon­troladas maniobras para satisfacerlo en líneas materiales, se producen dolencias tales como el desorden gástrico e intestinal y los distintos trastornos estomacales que devastan a la  humanidad civi­lizada, mucho más que a las razas salvajes. Ciertos desórdenes cerebrales y la poca vitalidad son también sus efectos.

IV. “El Gran Ser batalló y entró en el combate. Todo cuanto enfrentó, Le pareció algo contra el cual demostrar poder. Dentro del cuarto halló un campo de batalla y se preparó para luchar. Vio lo correcto y conoció lo erróneo, y vibró entre ambos, luchando primero contra uno y luego contra otro, pero sin percatarse, durante todo el tiempo, de ese punto medio donde la lucha es desconocida. Allí se hallan la armonía, el ocio, el descanso y el silencio apacible. Debilitó todas las formas que emplearon Su fuerza y poder. Sin embargo buscó siempre la belleza; indagó lo adorable y ansió la paz. Lo embargó la desesperación en Sus andanzas, y por ello, desesperanzado no pudo sobrevivir a la voluntad de vi­vir. Sin embargo la belleza siempre estuvo allí”.

Tenemos aquí un claro indicio de por qué la humanidad (el cuarto reino de la naturaleza) sucumbe tan rápida y fácilmente a la en­fermedad. Los conflictos que la humanidad está librando constan­temente, tanto en forma grupal como individual, conducen -hasta que se los comprenda y emplee como medios para triunfar y progresar- a una constante desvitalización.

Cuando ésta se produce, desaparece la resistencia a la enfermedad, entonces prácticamente tenemos todo tipo de mala salud y dolencias corpóreas. La difusión de energía produce una constante disminución de esta resistencia. Como resultado tenemos debilidad, la rápida y mala reacción a las enfermedades nativas en el planeta mismo, y la pronta adquisición de enfermedades infecciosas y contagiosas. Esta energía se halla detrás de lo que denominamos epidemias, y la influenza constituye una de las principales manifestaciones.

V. “El Gran Ser se irguió en Su ira y se dividió a Sí Mismo. Apartó las grandes dualidades y vio primariamente el cam­po de la multiplicidad. Produjo separación en todas partes. Forjó con potente pensamiento la acción separatista. Estable­ció barreras jubilosamente. No tuvo comprensión; no conoció la unidad porque era frío, austero, asceta y siempre cruel. Permaneció entre el amoroso y tierno centro de todas las vidas y el atrio externo de los vivientes y agonizantes hombres. Sin embargo, no permaneció en el punto medio, y nada de lo hecho fue suficiente para eliminar la brecha. Ensanchó todas las hendiduras, erigió barreras y trató de abrir otras brechas más amplias.”

Ha sido muy difícil describir la naturaleza de la imperfección de la energía del Señor de quinto rayo. En la actividad de esta ener­gía que se manifiesta principalmente en el quinto plano o mental, se hallará eventualmente el origen de muchos desórdenes sicoló­gicos y trastornos mentales. Separación es la característica sobresaliente -separación dentro del individuo o entre el individuo y su grupo, transformándolo en antisocial. Me ocupé de esto en una parte anterior de este tratado y es innecesario que me explaye aquí sobre las dificultades (Sicología Esotérica, Tomo II del Tra­tado sobre los Siete Rayos). Otros resultados son ciertas formas de insania, lesiones cerebrales y esas brechas en la relación entre el cuerpo físico y los cuerpos sutiles, que se manifiestan como la imbecilidad y trastornos sicológicos. Otro tipo de enfermedad, que aparece como resultado de esta fuerza de quinto rayo, es la hemicránea, causada por la falta de relación entre las energías que se hallan alrededor de la glándula pineal y el cuerpo pituitario.

VI. “El Gran Ser se amó a Sí Mismo en otros y en todas las formas. Por todas partes vio objetos de Su devoción, y siempre probaron ser Él Mismo. Siempre se prodigó a Sí Mismo en estos otros objetos, pidiendo respuesta, sin obtenerla nunca. Inevitable y ciertamente los delineamientos de las formas tan amadas se perdieron, desvanecieron y desaparecieron. Los objetos de Su amor fueron esfumándose lentamente. Sólo quedó un mundo de sombras, de nieblas y brumas. Y cuando Él se miró a Sí Mismo, dijo: Yo soy el Señor del Espejismo y el Ángel de la Confusión. Nada me parece claro. ¡Amo, pero todo me parece erróneo! Sé que el amor es lo correcto y el espíritu del Universo. Entonces, ¿Qué es lo que está mal?”.

En forma bastante curiosa la potencia de esta fuerza de sexto rayo (a medida que nutre el deseo) es responsable de la mayor parte de las dolencias y enfermedades de la humanidad, basadas en la tergiversación de la misión y función del sexo. El deseo, el azoramiento, las debilidades, las perversiones y el desarrollo unilateral del sexo y otras satisfacciones, surgen por el mal empleo de esta energía. El azoramiento originado por el deseo conduce a exigir violentamente una satisfacción y a dar esos pasos que -correctos e incorrectos- proporcionan satisfacción. Los resultados abarcan un amplio campo, desde la crueldad sádica y la lujuria hasta esos matrimonios contraídos por el deseo físico y también esas condiciones que conducen a muchos tipos de enfermedades sexuales. Una clave de este problema mundial reside en las palabras de un antiguo escrito que dice: “la imperfección del Señor de Sexto Rayo abrió la puerta para que se consumara un incorrecto matrimonio entre los polos.”

VII. “El Gran Ser reunió para Sí Sus fuerzas y afirmó Su intención de crear. Creó todo lo que es externo y visible. Vio Sus creaciones y no le agradaron, y apartó Su atención; entonces Sus creaciones murieron y desaparecieron. No obtuvo un éxito perdurable y sólo vio el fracaso, a medida que recorría el sendero externo de la vida. No comprendió la necesi­dad de las formas. A algunas Les otorgó una superabundante vida, a otras demasiado poca; ambas murieron y no pudieron demostrar la belleza del Señor que les dio vida, pero no les otorgó comprensión. En aquel entonces no sabia que el amor sustenta.”

Los efectos de esta fuerza de rayo son muy peculiares y prevalecerán mucho más que antes, pues este rayo está ahora entrando en poder. Dicha energía es ampliamente responsable de las infecciones y las enfermedades contagiosas. La nota clave del tra­bajo que realiza el séptimo rayo consiste en reunir la vida y la materia en el plano físico. Sin embargo, cuando se lo observa desde el ángulo de la imperfección constituye la reunión (si pueden comprender la implicación) de la Vida, las vidas y la vivencia general del proceso creador. Esto se halla simbolizado en la promiscuidad y la incesante interacción de toda vida dentro de todas las vidas. Su resultado es la actividad que despliegan todos los gérmenes y bacterias dentro del medio que mejor los nutrirá.

Éstos son conceptos abstrusos y difíciles, pero se debería reflexionar sobre ellos, pues una profunda cavilación conducirá a la comprensión. Toda enfermedad y mala salud son el resultado de la actividad o inactividad de cualquiera de los siete tipos de ener­gía, cuando actúan sobre el cuerpo humano. Toda enfermedad física surge del impacto de esas energías imperfectas cuando golpean, penetran y atraviesan los centros del cuerpo. Todo depende de las condiciones de los siete centros del cuerpo humano; a través de éstos actúan las energías impersonales, llevando vida, enfermedad o muerte, estimulando las imperfecciones del cuerpo o dándole salud. Todo depende, en lo que concierne  al ser humano, de la condición del cuerpo físico, la edad del alma y las posibilidades kármicas.

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