LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LAS ENFERMEDADES

                                                                                   

Curación Esotérica
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)
Adaptada como <sugerencia> para el tratamiento de las Adicciones.


LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LAS ENFERMEDADES

Al tratar las causas de las enfermedades, adoptaremos la posi­ción de que la fundamental y ultérrima causa cósmica escapa a nuestra captación, y que sólo a medida que el Reino de Dios se vaya revelando en la tierra, obtendremos un real entendimiento de la amplia y general difusión de las enfermedades en nuestro planeta y en los cuatro reinos de la naturaleza. Sin embargo pue­den exponerse unas pocas enunciaciones básicas que, en sentido macro cósmico, oportunamente serán establecidas como verdades y ya pueden ser demostradas como tales en lo que concierne inte­ligentemente al microcosmo.

1.       Toda enfermedad (y esto es algo conocido) es producida por la falta de armonía o desarmonía entre el aspecto forma y la vida. Aquello que une la forma y la vida, o más bien el resultado de esta unión, denominada alma, el yo en lo que respecta a la humanidad, y el principio integrador, en lo que concierne a los reinos sub humanos. Las enfermedades aparecen donde no hay alineamiento entre estos diversos factores, el alma y la forma, la vida y su expresión, las realidades subjetiva y objetiva. En consecuencia, espíritu y materia no están libremente relacio­nados entre sí. Esto es un modo de interpretar la Primera Ley y toda esta tesis está destinada a exponer esa Ley.

2.      La desarmonía que produce lo que se denomina enfermedad, corre a través de los cuatro reinos de la naturaleza y trae esas condiciones que producen dolor (donde la sensibilidad es exquisita y está desarrollada) y en todas partes congestión, corrupción y muerte. Reflexionen sobre las palabras siguien­tes: Desarmonía, Enfermedad, Dolor, Congestión, Corrupción, Muerte, porque describen la condición general que rige la vida consciente de todas las formas, macro y micro cósmicas. Ellas no constituyen las causas.

3.      No obstante, estas condiciones pueden ser consideradas como purificadoras en sus efectos, y así debe considerarlas la huma­nidad si se quiere asumir la correcta actitud hacia las enfer­medades. Esto a menudo lo olvida el curador fanático y el ex­ponente extremista de una idea, finitamente captada y en la mayoría de los casos sólo forma parte de una idea mayor. 

4.      Métodos de curación y técnicas paliativas que son peculiares de la humanidad, resultantes de la actividad mental del hom­bre. Indican el latente poder que posee como creador, y que progresa hacia la liberación. Señalan su habilidad discriminativa para presentir la perfección, visualizar el objetivo y por ende trabajar hacia esa ultérrima liberación. En la actualidad su error consiste en:

a.      Su incapacidad de ver el verdadero valor del dolor.
b.      Su resentimiento por el sufrimiento.
c.       Su incomprensión de la ley de no-resistencia.
d.      Su excesivo énfasis puesto sobre la naturaleza forma.
e.      Su actitud hacia la muerte y su sensación de que la desapa­rición de la vida, fuera de la percepción visual, por inter­medio de la forma, y la consiguiente desintegración de esa forma, indican desastre.

5.      Cuando el pensamiento humano invierta las ideas comunes, respecto a las enfermedades, y las acepte como un hecho natural, el hombre comenzará a aplicar la ley de liberación, correctos pensamientos, que conducirá a la no-resistencia. Actualmente, por el poder de su pensamiento dirigido y su intenso antago­nismo hacia la enfermedad, sólo tiende a vigorizar la dificultad. Cuando reoriente su pensamiento hacia la verdad y el alma, las enfermedades del plano físico comenzarán a desaparecer. Esto será evidente al estudiar más adelante el método de extirparlas. La enfermedad existe. Las formas en los reinos de la naturaleza carecen de armonía y no están alineadas con la vida inmanente. En todas partes existen enfermedad y corrupción y la tendencia a la disolución. Elijo mis palabras con cuidado.

6.      Por lo tanto, la enfermedad no es el resultado del erróneo pen­sar humano. Existió entre las innumerables formas de vida mu­cho antes que la familia humana apareciera en la tierra. Si ustedes buscan una expresión verbal y si se desea hablar dentro de los límites de la mente humana, podrían decir con cierta exactitud que: Dios, la Deidad planetaria, es culpable de pen­sar erróneamente. Pero no expresarán toda la verdad, sino sólo una ínfima fracción de la causa, como aparece a vuestra débil y finita mentalidad, a través del espejismo y la ilusión mundial general.

7.      Desde cierto ángulo, la enfermedad es un proceso de liberación y el enemigo de lo estático y cristalizado. No crean por lo que expongo que debería aceptarse la enfermedad y anhelar el pro­ceso de la muerte. Si así fuera cultivaríamos la enfermedad y premiaríamos el suicidio. Afortunadamente para la humanidad, toda la tendencia de la vida es contraria a la enfermedad, y la reacción que produce la vida de la forma en el pensamiento  del hombre, fomenta el temor a la muerte. Esto ha sido co­rrecto, porque el instinto de auto conservación y la preservación de la integridad de la forma, es un principio vital de la materia, y la tendencia hacia la auto perpetuación de la vida dentro de la forma, es uno de los más grandes dones de Dios y persistirá. Pero en la familia humana esto debe oportunamente ceder su lugar a la muerte como un proceso organizado y liberado, a fin de conservar fuerza y proporcionar al alma un mejor instrumento de manifestación. Para esta libertad de acción la totalidad del género humano no está aún preparada. Los discípulos y aspirantes del mundo deberán comenzar a captar estos nuevos principios de la existencia. El instinto de auto preservación rige la relación del espíritu y la materia, de la vida y la forma, hasta que la Deidad misma decida encarnar dentro de Su cuer­po de manifestación, un planeta o un sistema solar. En lo expuesto he dado un indicio en lo que respecta a una de las causas básicas de la enfermedad y a la interminable lucha en­tre el espíritu aprisionado y la forma aprisionante. Esta lucha emplea como método la cualidad innata que se expresa a sí mis­ma como el anhelo de preservarse y el ansia de perpetuarse (en la forma y especies actuales). 

8.     La Ley de Causa y Efecto, denominada de Karma en Oriente, rige todo esto. El karma, en realidad, debe ser considerado como el efecto (en la vida de la forma de nuestro planeta) de las cau­sas profundamente arraigadas y ocultas en la mente de Dios. Las causas que debernos buscar respecto a las enfermedades y la muerte son en realidad sólo la actuación de ciertos principios básicos que rigen -¿quién podrá decir si correcta o erróneamente?- la vida de Dios en la forma y serán siempre incomprensibles para el hombre hasta el momento de recibir la gran iniciación, simbolizada para nosotros en la Transfiguración.  Durante  todo nuestro estudio nos ocuparemos de las causas secundarias y sus efectos, con los resultados fenoménicos que esos efectos subjetivos que emanan de causas demasiado remotas para poder captarlas. Esto debería aceptarse y comprenderse, siendo lo máximo que puede hacer el hombre con su actual mecanismo mental. ¿Cómo puede el hombre, pretender arrogante­mente, comprenderlo todo, cuando la intuición raras veces actúa y la mente pocas veces se halla iluminada? Antes debe dedicarse a desarrollar la intuición y lograr la iluminación. Entonces podrá llegarle la comprensión, pues habrá merecido el derecho de adquirir el conocimiento divino. Pero el reconoci­miento mencionado será suficiente para nuestro trabajo y nos permitirá establecer esas leyes y principios que indicarán cómo la humanidad puede dejar de ser consciente de la forma, y su  consecuente inmunidad a la muerte y a esas condiciones enfer­mizas que rigen hoy nuestra manifestación planetaria.

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