LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LAS ENFERMEDADES.
Extraído de Curación EsotéricaTomo IV Fundación Lucis.Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul Alice A. Bailey.
LAS CAUSAS
FUNDAMENTALES DE LAS ENFERMEDADES.
Este es el problema
por el cual toda la ciencia médica ha luchado para encontrar una solución en el
transcurso de las épocas, y consiste en hallar las causas fundamentales de las
enfermedades. En nuestra actual era mecanicista hemos deambulado demasiado sobre
la superficie de las cosas, alejándonos del punto de vista parcialmente veraz,
mantenido en siglos pretéritos, de que las enfermedades se hallan detrás de los
“malos humores” gestados, y proliferan en la vida subjetiva interna del
paciente. Por la evolución del conocimiento obtenido, hemos llegado ahora a la
superficie de las cosas (obsérvese que no empleo la palabra “superficial”) y ha
llegado el momento en que el conocimiento puede volver a entrar en el reino de
lo subjetivo y transmutarse en sabiduría. En la actualidad alborea el
reconocimiento, en las mejores mentalidades de las profesiones médicas y afines,
de que en las actitudes subjetivas e ignotas de la mente y de la naturaleza
emocional, y en la vida de inhibidas o excesivas expresiones sexuales, deben
buscarse las causas de todas las enfermedades.
Al comenzar este estudio quisiera decirles que aunque yo
conociera la ultérrima causa de las enfermedades, para ustedes resultaría
incomprensible. La causa se halla muy atrás, en la historia del legendario
pasado de nuestro planeta, en el curso (ocultamente interpretado) de la Vida
planetaria, y tiene sus raíces en lo que se denomina generalmente “mal cósmico”.
Esta frase no tiene ningún sentido, pero describe simbólicamente un estado de
conciencia, de ciertos “Dioses imperfectos”. Dada la premisa inicial de que la
Deidad misma está trabajando para lograr una perfección, más allá de nuestra
comprensión, se puede inferir de que existe para los Dioses mismos y para DIOS
(como la VIDA del sistema solar) ciertas limitaciones y zonas o estados de
conciencia que todavía esperan ser dominados. Estas limitaciones y relativas imperfecciones
pueden causar efectos definidos sobre Sus cuerpos de manifestación -los distintos
planetas considerados como expresión de Vidas y el sistema solar considerado como
expresión de una VIDA.
Dada también la
hipótesis de que tales cuerpos externos de la divinidad, los planetas, son las
formas a través de las cuales ciertas deidades se expresan a Sí Mismas, puede
deducirse verdadera y lógicamente que todas las vidas y formas dentro de esos
cuerpos, están necesariamente sujetas a estas limitaciones y a las imperfecciones
surgidas de esas zonas inexploradas de la conciencia y esos estados de
percepción, hasta ahora no alcanzados por las Deidades encarnadas en la forma
planetaria y solar. Dado el postulado de que cada forma es parte de una forma
mayor, y que en realidad “vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser” dentro
del cuerpo de Dios (como lo expresa San Pablo), nosotros, como parte integrante
del cuarto reino de la naturaleza, compartimos esta limitación e imperfección
generales.
Captar algo más de esta premisa general está más allá de
nuestro poder de comprender y expresar, pues el equipo mental general de los
aspirantes y discípulos comunes es inadecuado para la tarea. Los términos “mal
cósmico, imperfección divina, zonas limitadas de la conciencia, la libertad del
espíritu puramente divina”, empleados tan superficialmente por los místicos y
pensadores esotéricos de la época: ¿Qué significan en realidad? Las
afirmaciones de muchas escuelas de curación, respecto a la máxima perfección
divina, y la formulación de sus creencias de que la humanidad se liberará
realmente de las comunes dolencias de la carne, ¿no son frecuentemente
altisonantes, personificando un ideal basado a menudo en deseos egoístas? ¿No
constituyen frases sin significado alguno en sus implicaciones místicas? ¿Cómo
podría ser de otra manera, cuando únicamente el hombre perfecto puede tener una
idea real de lo que constituye la divinidad?
Es mucho mejor admitir la imposibilidad de que el hombre
comprenda las causas profundamente arraigadas de lo que puede verse surgir en
la evolución de la vida de la forma. ¿No es más inteligente enfrentar las
realidades y los hechos, tal como existen para nuestra actual comprensión, y
entender que así como el hombre puede penetrar más inteligentemente en la mente
de Dios que en la mente inferior del animal, también pueden existir otras
mentes superiores, actuando en reinos más elevados de la naturaleza, que
ciertamente han de ver la vida con más realidad y exactitud que el género
humano? Es muy posible que el objetivo de la evolución (corno ha sido delineado
y acentuado por el hombre), en último análisis, sea solo un fragmento de un
objetivo mayor que el hombre, con su finita comprensión, puede captar. Todo el
propósito, tal como se halla oculto en la mente de Dios, quizás sea muy
diferente de lo que el hombre podría concebir hoy; y el mal y el bien cósmico,
reducidos a terminologías, pueden perder todo su significado y sólo ser vistos
a través del espejismo y la ilusión con
que el hombre rodea todas las cosas. Las mejores mentalidades de esta era están
comenzando ya a ver el primer tenue rayo de luz que horada este espejismo y
sirve para revelar la realidad de la ilusión. Por medio de esta Luz se les
revelará la siguiente verdad a quienes estén a la expectativa y posean mente
abierta: La Deidad misma se halla en el camino de la Perfección. Muchas son las
implicaciones que encierra este enunciado.
Al tratar las causas de las enfermedades, adoptaremos la
posición de que la fundamental y ultérrima causa cósmica escapa a nuestra
captación, y que sólo a medida que el Reino de Dios se vaya revelando en la
tierra, obtendremos un real entendimiento de la amplia y general difusión de
las enfermedades en nuestro planeta y en los cuatro reinos de la naturaleza.
Sin embargo pueden exponerse unas pocas enunciaciones básicas que, en sentido
macro cósmico, oportunamente serán establecidas como verdades y ya pueden ser
demostradas como tales en lo que concierne inteligentemente al microcosmo.
1. Toda
enfermedad (y esto es algo conocido) es producida por la falta de armonía o desarmonía
entre el aspecto forma y la vida. Aquello que une la forma y la vida, o más
bien el resultado de esta unión, denominada alma, el yo en lo que respecta a la
humanidad, y el principio integrador, en lo que concierne a los reinos
subhumanos. Las enfermedades aparecen donde no hay alineamiento entre estos
diversos factores, el alma y la forma, la vida y su expresión, las realidades
subjetiva y objetiva. En consecuencia, espíritu y materia no están libremente
relacionados entre sí. Esto es un modo de interpretar la Primera Ley y toda
esta tesis está destinada a exponer esa Ley.
2. La
desarmonía que produce lo que se denomina enfermedad, corre a través de los cuatro
reinos de la naturaleza y trae esas condiciones que producen dolor (donde la
sensibilidad es exquisita y está desarrollada) y en todas partes congestión,
corrupción y muerte. Reflexionen sobre las palabras siguientes: Desarmonía,
Enfermedad, Dolor, Congestión, Corrupción, Muerte, porque describen la
condición general que rige la vida consciente de todas las formas, macro y
micro cósmicas. Ellas no constituyen las causas.
3. No obstante,
estas condiciones pueden ser consideradas como purificadoras en sus efectos, y
así debe considerarlas la humanidad si se quiere asumir la correcta actitud
hacia las enfermedades. Esto a menudo lo olvida el curador fanático y el exponente
extremista de una idea, finitamente captada y en la mayoría de los casos sólo
forma parte de una idea mayor.
4. Métodos de
curación y técnicas paliativas que son peculiares de la humanidad, resultantes
de la actividad mental del hombre. Indican el latente poder que posee como
creador, y que progresa hacia la liberación. Señalan su habilidad
discriminativa para presentir la perfección, visualizar el objetivo y por ende
trabajar hacia esa ultérrima liberación. En la actualidad su error consiste en:
a
Su incapacidad de ver el verdadero valor del
dolor.
b
Su resentimiento por el sufrimiento.
c
Su incomprensión de la ley de no-resistencia.
d
Su excesivo énfasis puesto sobre la naturaleza
forma.
e
Su actitud hacia la muerte y su sensación de que
la desaparición de la vida, fuera de la percepción visual, por intermedio de la
forma, y la consiguiente desintegración de esa forma, indican desastre.
5. Cuando el
pensamiento humano invierta las ideas comunes, respecto a las enfermedades, y
las acepte como un hecho natural, el hombre comenzará a aplicar la ley de
liberación, correctos pensamientos, que conducirá a la no-resistencia.
Actualmente, por el poder de su pensamiento dirigido y su intenso antagonismo
hacia la enfermedad, sólo tiende a vigorizar la dificultad. Cuando reoriente su
pensamiento hacia la verdad y el alma, las enfermedades del plano físico
comenzarán a desaparecer. Esto será evidente al estudiar más adelante el método
de extirparlas. La enfermedad existe. Las formas en los reinos de la naturaleza
carecen de armonía y no están alineadas con la vida inmanente. En todas partes
existen enfermedad y corrupción y la tendencia a la disolución. Elijo mis
palabras con cuidado.
6. Por lo
tanto, la enfermedad no es el resultado del erróneo pensar humano. Existió
entre las innumerables formas de vida mucho antes que la familia humana
apareciera en la tierra. Si ustedes buscan una expresión verbal y si se desea
hablar dentro de los límites de la mente humana, podrían decir con cierta
exactitud que: Dios, la Deidad planetaria, es culpable de pensar erróneamente.
Pero no expresarán toda la verdad, sino sólo una ínfima fracción de la causa,
como aparece a vuestra débil y finita mentalidad, a través del espejismo y la
ilusión mundial general.
7. Desde cierto
ángulo, la enfermedad es un proceso de liberación y el enemigo de lo estático y
cristalizado. No crean por lo que expongo que debería aceptarse la enfermedad y
anhelar el proceso de la muerte. Si así fuera cultivaríamos la enfermedad y
premiaríamos el suicidio. Afortunadamente para la humanidad, toda la tendencia
de la vida es contraria a la enfermedad, y la reacción que produce la vida de
la forma en el pensamiento del hombre, fomenta
el temor a la muerte. Esto ha sido correcto, porque el instinto de auto
conservación y la preservación de la integridad de la forma, es un principio
vital de la materia, y la tendencia hacia la auto perpetuación de la vida
dentro de la forma, es uno de los más grandes dones de Dios y persistirá. Pero
en la familia humana esto debe oportunamente ceder su lugar a la muerte como un
proceso organizado y liberado, a fin de conservar fuerza y proporcionar al alma
un mejor instrumento de manifestación. Para esta libertad de acción la
totalidad del género humano no está aún preparada. Los discípulos y aspirantes
del mundo deberán comenzar a captar estos nuevos principios de la existencia.
El instinto de auto preservación rige la relación del espíritu y la materia, de
la vida y la forma, hasta que la Deidad misma decida encarnar dentro de Su cuerpo
de manifestación, un planeta o un sistema solar. En lo expuesto he dado un indicio
en lo que respecta a una de las causas básicas de la enfermedad y a la
interminable lucha entre el espíritu aprisionado y la forma aprisionante. Esta
lucha emplea como método la cualidad innata que se expresa a sí misma como el
anhelo de preservarse y el ansia de perpetuarse (en la forma y especies
actuales).
8. La Ley de
Causa y Efecto, denominada de Karma en Oriente, rige todo esto. El karma, en
realidad, debe ser considerado como el efecto (en la vida de la forma de
nuestro planeta) de las causas profundamente arraigadas y ocultas en la mente
de Dios. Las causas que debernos buscar respecto a las enfermedades y la muerte
son en realidad sólo la actuación de ciertos principios básicos que rigen
-¿quién podrá decir si correcta o erróneamente?- la vida de Dios en la forma y
serán siempre incomprensibles para el hombre hasta el momento de recibir la
gran iniciación, simbolizada para nosotros en la Transfiguración. Durante todo
nuestro estudio nos ocuparemos de las causas secundarias y sus efectos, con los
resultados fenoménicos que esos efectos subjetivos que emanan de causas demasiado
remotas para poder captarlas. Esto debería aceptarse y comprenderse, siendo lo
máximo que puede hacer el hombre con su actual mecanismo mental. ¿Cómo puede el
hombre, pretender arrogantemente, comprenderlo todo, cuando la intuición raras
veces actúa y la mente pocas veces se halla iluminada? Antes debe dedicarse a
desarrollar la intuición y lograr la iluminación. Entonces podrá llegarle la
comprensión, pues habrá merecido el derecho de adquirir el conocimiento divino.
Pero el reconocimiento mencionado será suficiente para nuestro trabajo y nos
permitirá establecer esas leyes y principios que indicarán cómo la humanidad
puede dejar de ser consciente de la forma, y su
consecuente inmunidad a la muerte y a esas condiciones enfermizas que
rigen hoy nuestra manifestación planetaria.
Dividiremos nuestro estudio, respecto a las causas de la
enfermedad, en tres partes, eliminando, en la búsqueda de la verdad, el
comprensible pero igualmente inútil deseo de captar los pensamientos de la
Deidad.
I. Causas psicológicas.II. Causas emanantes de la vida grupal.III. Las deudas kármicas, causas kármicas.
Todo esto sólo
proporciona una idea general (lo único posible ahora) sobre las enfermedades
que existen en la familia humana y, en cierto porcentaje, en el reino animal.
Cuando esta idea general sea captada se tendrá un entendimiento más claro del
problema y entonces se podrá continuar con la consideración de los métodos que
permitirán manejar, con mayor facilidad, los efectos indeseables. Los
estudiantes del Arte de Curar deberán análogamente recordar que hay tres
métodos para obtener la curación, y los tres tienen su lugar y valor,
dependiendo del punto de evolución del sujeto sometido a curación.
Primero, tenemos la aplicación de esos métodos paliativos y
mejoradores que gradualmente curan las enfermedades y eliminan condiciones
indeseables; reconstruyen la vida de la forma, y fomentan la vitalidad, a fin
de que la enfermedad pueda ser desarrollada. De estos métodos las escuelas
alópatas y homeópatas y las diversas osteópatas y quiroprácticas y otras
escuelas terapéuticas, son buenos ejemplos. Han realizado un trabajo bueno y
constructivo y la deuda que tiene la humanidad para con la sabiduría, la
capacidad y las atenciones altruistas de los médicos es muy grande. Enfrentan
siempre condiciones apremiantes y efectos peligrosos de causas que no
manifiestan síntomas evidentes en la superficie. De acuerdo a estos métodos el
paciente se halla en manos de un desconocido y deberá ser pasivo, obediente y
negativo.
Segundo, tenemos el trabajo y los métodos del psicólogo moderno,
que trata de encarar las condiciones subjetivas y enderezar las actitudes
erróneas de la mente, las inhibiciones, la psicosis y los complejos que
producen los estados externos de la enfermedad, condiciones mórbidas y
neuróticas y trastornos mentales. De acuerdo a este método se le enseña al
paciente a colaborar en lo posible con el psicólogo, para poder obtener la
debida comprensión de sí mismo, aprender
a eliminar esas situaciones internas y compulsoras, responsables de los resultados
externos. Se le enseña a ser positivo y activo, y esto es un gran paso hacia la
correcta dirección. La tendencia de combinar la psicología con el tratamiento
físico externo es sensata y correcta.
Tercero, un método
superior y nuevo que consiste en llamar a la propia alma del hombre para que
inicie una actividad positiva. La verdadera y futura curación se efectuará
cuando la vida del alma pueda fluir sin impedimento ni obstáculo a través de
cada aspecto de la naturaleza forma, pudiendo entonces vitalizarla con su
potencia y también eliminar esas congestiones y obstrucciones que son fuente
fructífera de enfermedades.
He aquí mucho para reflexionar. Si explico cautelosamente la
aplicación práctica de las técnicas y métodos, se debe a que trato de sentar
una sólida base para lo que impartiré posteriormente.

Comentarios
Publicar un comentario