Festival de Wesak. Parte I.
Festival
de Wesak.
Parte
I.
Fuente:
Tratado de los Siete Rayos,
Tomo V.
Alice A. Bailey.
Fundación Lucis.
Sinfonía del Zodíaco
T. Saraydarian
El Festival de Wesak es la cúspide del
contacto espiritual, que revela el
acercamiento y mayor alineamiento alcanzado entre los tres grandes centros del planeta: Shamballa, la Jerarquía
y la Humanidad. Representan los aspectos de la Deidad que el Logos planetario refleja en la manifestación, en forma gradual de acuerdo al desarrollo de la
humanidad. Es también el reconocimiento
de un acontecimiento referente a la vida
celestial que incluye asimismo la vida en manifestación., por ello es una
ceremonia universal participativa que tiene lugar en el plenilunio de Tauro,
momento en que la bendición de Dios es
trasmitida por intermedio del Buddha y de Su hermano el Cristo, en una
síntesis que expresa la apropiación
directa de la esencia de toda realidad viviente.
Los Hermanos Mayores de nuestro planeta,
son los planetas sagrados de este sistema solar y todos participan activamente
en esta festividad que tiene un carácter universal porque también
cósmicamente, se produce un
alineamiento que permite la afluencia de
energías planetarias y extra planetarias que convergen para que un principio, aún no claramente
vigente en la tierra, pueda anclarse y afirmarse, para llegar a expresar la
Voluntad al Bien que es la consecuencia inmediata de haber aplicado la
buena voluntad en cada una de las formas
de relacionarnos entre los hombres, los pueblos y las naciones y asimismo con
los distintos reinos de la naturaleza.
He aquí la causa que si sabemos revertir,
podrá ser el espaldarazo para que la humanidad de un paso adelante en el
proceso evolutivo contribuyendo como eslabón intermediario de la cadena
evolutiva, en el ascenso de los que nos
preceden y nos iluminan y de los reinos menores para los que representamos su
macrocosmos. Esta reflexión puede parecer presuntuosa, pero no lo es, responde
a la Ley de Evolución que determina que la unidad en su desarrollo, depende de los logros de las distintas partes que la componen y del “círculo no se pasa” que le corresponde
en tiempo y espacio. Y esto ocurre en un átomo, en el hombre, en la humanidad y
en el Planeta.
En este proceso conjunto, quien se detiene
y no cumple el rol que le fuera asignado, obstaculiza, tanto lo Superior como
lo inferior. He ahí nuestra responsabilidad en esta etapa de emergencia racial
y planetaria, que nos exige demostrar
que estamos de pie y que somos puntos vivientes de Luz, Amor y Vida, dentro
de la Vida totalizadora del UNO. Por ello debemos actuar con generosidad,
grandeza e inclusividad, poniendo el Bien del Todo por encima del bien de las partes. Este
accionar sería la demostración de que hemos comprendido que la forma, es el instrumento que debe manifestar al Espíritu, es el efecto de la Causa que lo
anima, es la Verdad relativa que espera ser reconocida, en un momento que
podemos comparar con “la noche oscura del Alma”. Una circunstancia de
desesperanza, de dolor que requiere la inmolación del yo inferior y de su
naturaleza egoísta, posesiva y codiciosa, no con la intención de eliminarlo
sino para cumplir con el deber de redimirlo.
De este modo, la primera dualidad de Espíritu - materia, resolverán el
conflicto que crea la manifestación, para poder trabajar al unísono y
simultáneamente, complementándose cuando se acepte la supremacía jerárquica del
Creador sobre lo creado, que debe estar
a su servicio para funcionar como un organismo que ha logrado el punto
equidistante entre dos extremos, expresándose en total armonía, no obstante las
notables diferenciaciones que existen en tiempo y espacio. En la aceptación de
esta verdad se reconoce que el hombre tiene una naturaleza humano-divina, y que en los diversos planos de conciencia,
existe un orden jerárquico que debe ser respetado y que responde al desarrollo mental, espiritual, y
ético.
La
reflexión sobre la Ley de Analogía nos
acerca a la verdad. El Maestro Tibetano nos dice “no olviden que la
verdadera cuestión está en el campo de
la conciencia y que la lucha tiene lugar entre la forma y la vida dentro de la
forma, entre el progreso que lleva a la liberación del espíritu humano y la
actividad reaccionaria conducente al
aprisionamiento de la conciencia y a restringir su libre expresión” y prosigue
expresando que “la batalla es entre el aspecto forma de la vida y el alma. El
Guardián en el umbral
(de la divinidad) es la humanidad misma, con sus viejos hábitos de
pensamiento, su egoísmo y ambición. La
humanidad se encuentra ahora cara a cara con el Ángel de la Presencia,
el Alma, cuya naturaleza es Amor, Luz y Omniabarcante Comprensión. El gran
problema está hoy en saber cuál de estas
dos realidades saldrá triunfante del conflicto y cuál de estos dos agentes de vida, determinará el futuro e indicará
el camino que el género humano decidirá seguir.”
La tarea de reconstrucción se cumple en
todas las naciones, y si fuera complementada con un proyecto educativo y
formativo de la conducta que lleve al desarrollo correcto de las relaciones
humanas, se lograría el antídoto capaz de terminar con la herejía de
separatividad que ha creado el materialismo al enfatizar la forma sobre el
espíritu. Los grandes desacuerdos existentes se originan en la disidencia de los métodos que cada
sector ya sea cultural, religioso, filosófico
político, social, económico o financiero
desean implementar para la
solución de los problemas que son comunes al género humano, precisamente porque somos nosotros mismos, la causa básica predisponente
de los acontecimientos actuales,
en los que gravitan también con acrecentada potencia, las energías
shambállicas que afluyen y que están
imbuidas de la Voluntad de Dios, Voluntad que sólo encuentra su
verdadera expresión, en esta etapa como “Voluntad al Bien”, en aquellos que han desarrollado previamente
el aspecto Amor Sabiduría del 2do. Rayo.
Esto nos indica que los avances deben darse primeramente en la
conciencia, para que no sean abruptamente forzados sino que se apliquen
progresivamente y estén reafirmados por sus efectos.
Si esto acontece será una pausa, un momento
de reflexión profunda para mejorar la
expresión que podamos dar desde el
“Centro que llamamos la Raza de los
Hombres”. Esta sería una situación que permitiría al Cristo retornar a la
relación objetiva con el hombre y emprender juntos, la resurrección del
espíritu que yace en la tumba del materialismo y alcanzando la clara luz de la percepción celestial. Meta ésta, que
nos incumbe directamente y nos exige transformarnos para acompañar este proceso
de reajuste y reconstrucción, que necesariamente comienza en la consciencia que
debe ser inclusiva, altruista y con la grandeza moral suficiente para despertar
la rectitud innata y reconocer la unidad
subjetiva que subyace en la creación.
Si hacemos un análisis retrospectivo de
este ciclo final de la era de Piscis, notamos que se hizo un notable desarrollo
de la mente concreta y como consecuencia lateral se han diversificado los
ideales e ideologías que separaron a un
hombre de otro y a las naciones entre sí,
acentuándose el espejismo. Sin embargo,
debemos reconocer que los movimientos surgidos han contribuido al grado evolutivo logrado.
También se ha producido un mayor porcentaje de seres con desarrollo del centro
cardíaco, aunque aún diste mucho de lo que debe llegar a ser. En las
postrimerías de cada era se observan más claramente los límites humanos que impidieron que el signo zodiacal
influyente actuara con más plenitud. En este caso puede observarse que la
separatividad es el producto de la emulación de las personalidades.
Ahora nos llegan los incipientes efluvios
de Acuario, denominado como el “signo del conocimiento universal aplicado”. El
tipo ideal acuariano está todavía lejos de su verdadera expresión pero nos
dicen que será “un Alma liberada e inteligente y se distinguirá por el dominio
de la mente que se adquiere por la concentración y observación constante y
desapegada. Estará centrado en su núcleo
interno y cumplirá con iniciativa y responsabilidad ética, su karma y su
dharma llevando al mundo a una nueva
etapa más libre, más justa y solidaria, al acrecentar la purificación de la
mente fusionándose sintéticamente el
cerebro y el corazón para que se sincronicen y coordinen las funciones más
sutiles del organismo humano.
El segundo aspecto o sub aspecto de la
Voluntad de Dios, es la Voluntad al Bien que debe ahora manifestarse en la
Tierra para poner fin al caos existente, pudiendo así precipitarse, según
predice el Maestro D.K. “una civilización de naturaleza diferente aunque
todavía materialista, pero animada por el hecho de que los pueblos de todas
partes del mundo, registrarán crecientemente un objetivo espiritual emergente,
que trasformará toda vida y dará nuevos valores y propósitos a lo material.” En
tal sentido reiteramos que los avances que deben darse en la conciencia tienen
que ser gradualmente implementados y ser convincentes en su materialización.
¿Qué espera la Jerarquía de los aspirantes,
discípulos e iniciados del mundo, en esta época de transición
Omniabarcante? Espera que pensemos
sensatamente, buscando el Bien del Todo, aplicando la correcta orientación con comprensión no egoísta e impersonal, para que dos nuevas
cualidades de esta era, la adaptabilidad y flexibilidad, en pensamientos y
acciones, sean los señoros de todos los cambios individuales y grupales que
deberemos hacer. La Jerarquía de ningún modo habla de fracasos, más bien se
refiere al dolor de experiencias pasadas, que innecesariamente pueden repetirse
y retardar el proceso evolutivo.
Otro de los factores que promueve el avance
del cumplimiento del Plan jerárquico es la energía del 4º Rayo de “armonía a
través del Conflicto”, que es el modo de evolucionar en este planeta. Actúa con
más potencia en los discípulos individuales,
grupales y en las naciones modernas de acuerdo al desenvolvimiento e
integración que tengan para reflejarlos en los asuntos humanos de la vida
manifestada, que es el campo de experimentación
del alma encarnada, a la que se le revela una visión realista del
problema mundial, que ocasiona múltiples “puntos de tensión”, que pasan luego a
ser “puntos de crisis” que sabemos son oportunidades de crecimiento cuando se resuelven al dejar de
contraponer los opuestos, buscando la armonía
en el equilibrio justo de los dos
Principios antagónicos que conforman
este Rayo y que son el conflicto y la armonía. A este último paso se
lo define como “punto de surgimiento” y se nos aclara que estos tres puntos: de tensión, de crisis
y de surgimiento “personifican la técnica por la cual la Jerarquía espiritual,
extrae el bien del mal, sin infringir el libre albedrío que nos concediera el
Padre.
Por otra parte sabemos que el conflicto
produce la evolución de la forma, mediante la divergencia, que
posteriormente en un acto de
renuncia, comienza a actuar como agente de la armonía, conduciéndonos hacia la
liberación, etapa que se vivencia con la seguridad de la inevitabilidad del
destino humano, que se cumplirá en más o en menos tiempo y con mayor o menor
dolor, según estemos enfocados en la personalidad o en el alma. De ahí la duda
que nos hace preguntarnos: ¿Podremos en esta circunstancia decisiva en la vida
planetaria, realizar en alguna medida, el ejemplo que nos dejaron Buda, “El Iluminado” y Cristo “El Instructor del
Mundo” que trajo el Principio del Amor? Estos dos grandes Hijos de Dios,
trabajaron y trabajan mancomunados, complementando Sus cualidades y colaborando
en la empresa común de salvar a la humanidad y con ello, llevar a un nuevo estado de consciencia a la
Tierra.
La verdadera “yoidad” del hombre está en su
esencia y en la pura consciencia de sí mismo que configura la anatomía
invisible del alma encarnada, cuando prevalece sobre la forma y realiza el
trabajo mágico de sutilizar la sustancia de la materia del individuo, del grupo
y del mundo, al imprimirle la voluntad ascendente desde su morada, el corazón,
hacia su morador, la mente, que en
convergente vinculación llegan a la Síntesis que debe advenir en todos los
aspectos de la vida en manifestación.
Y esto lo reafirma Sri Ram, en su libro “Un
Acceso a la Realidad”, al decir “La Síntesis de que hablo no es meramente una
síntesis en nuestro conocimiento que nos
da una mejor comprensión, sino una síntesis en la naturaleza misma. Si pensamos
en la vida que está dentro de las cosas, hay la posibilidad no meramente de una
síntesis que es una unión, sino hasta una integración, la cual es más que unión
e implica una unidad. Puesto que el Uno se ha vuelto muchos, los muchos pueden
volver a convertirse en el Uno dentro de una consciencia realizada. Pero del lado de las
individualidades, que son distintas, la síntesis debe significar armonía
perfecta, productora de simpatía, cooperación y felicidad.”
La globalización esbozada en la sociedad
mundial, es la cartilla de la fraternidad. Por ahora, el hombre que actúa desde la personalidad la
ha implementado y aplicado en lo externo, en vez de hacerlo desde la dirección
de lo interno. Se parte de una falsa premisa por lo cual no se cumple el axioma
matemático de que el orden de los factores no altera el producto, porque se ha
valorizado la forma por encima del espíritu. Si se hubiera aplicado a la
inversa los logros serían muy distintos en calidad humana, porque previamente
se habría globalizado el amor al semejante, la verdad, la decencia, la solidaridad,
el respeto, la comprensión y la compasión,
es decir todo aquello que nos
hace mejores exponentes del género
humano, lo cual haría prevalecer el bienestar general. Esto sería poner el caballo delante del
carro, así el andar no sería tan dificultoso, porque en ese caso ¿Quién podría
sensatamente objetarla?
La Síntesis será la confluencia de las
tendencias que se insinúan por ahora defectuosamente, en la vida manifestada.
El Maestro Tibetano cita entre otras “las relaciones internacionales, la planificación
global, la fusión económica, el libre
intercambio de productos, la interdependencia, el respeto por las ideas
holísticas”, todas tendientes a terminar con el aislamiento y la separatividad,
cuando se aplican correctamente siendo el móvil llegar a la expresión de la fraternidad
planetaria y más adelante universal, cuando el hombre sienta como propia la relación
con el Uno, la Mónada, el Alma y la personalidad.
La Sabiduría Eterna indica que el concepto
de unidad grupal, implica el logro de la cooperación e impersonalidad en el
trabajo de quienes han comprendido y absorbido en alguna medida, el Plan que el
Alma percibe en relación con la Jerarquía, llegando esta propuesta desde los
Ashramas unidos que impresionan sólo a
aquellas consciencias prominentes, que son la vanguardia de la oleada
evolucionante de la humanidad actual. Ese grupo de avanzada de la mente de los Maestros son los miembros del Nuevo
Grupo de Servidores del Mundo y los futuros salvadores de la raza.
Hasta ahora, el trabajo de redención del
hombre se ha realizado desde el desarrollo de dos de los aspectos divinos: la
Inteligencia, y el Amor Sabiduría, ambos deberán expandirse en extensión y
profundidad para poder manifestar la Voluntad divina que será en eones de vidas, el Principio que iniciara el tercer sistema
Solar.
De alguna manera se ha querido, aunque no
sé si logrado, insertar la realidad que nos circunda y que necesariamente
deberemos cambiar. Ahora al finalizar esta charla que es preparatoria del
trabajo meditativo que realizaremos juntos, es necesario unir la realidad
objetiva con la subjetiva para que el trabajo sea integral y para que
comprendamos que en el ceremonial de
Wesak, la Síntesis se cumple plenamente, en un esfuerzo jerárquico, armónico y
conjunto, en el cual la Luna llena de Tauro trae tres poderosas energías que se
complementan: la de la Libertad, que es
el canto de alegría y expansión, la de
Iluminación que esclarece la verdad y la Vida y la de la Voluntad de Dios que
es el receptáculo del Propósito divino.
Detrás de la expresión de estas energías
están las fuentes emanantes: las Pléyades con sus 7 estrellas que
relacionan e influencian a la humanidad,
Sirio cuya Logia Blanca se refleja en la Jerarquía de Maestros, y la Osa
Mayor y sus 7 estrellas que nutren a
Shamballa. Estas permanentes triplicidades, se relacionan e intercomunican,
actuando sobre las formas, las Almas y las Mónadas afluyendo por los tres
Centros Mayores del planeta.
En esta solemne festividad que comparten
todas las unidades vivientes del “ Ser en quién vivimos, y nos movemos”, se irradian las energías
planetarias y extra planetarias que elevarán la vibración de la Tierra y de
todas sus formas de vida, mediante el alineamiento del sistema, realizando el más elevado servicio en el cual
nos es dado participar uniendo
subjetivamente el macro y
microcosmos representando imaginativamente la Gran Fraternidad Universal.

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