El camino del ser del nivel inicial.
El camino del ser del nivel
inicial.
Parte IV.
Fuente.
Geshe
Kelsang
Gyatso
Budismo
moderno
El
Camino de La
Compasión
y La
Sabiduría.
En este contexto, el ser del nivel inicial se refiere a aquel cuya
capacidad para cultivar un entendimiento y realizaciones espirituales está en
la primera etapa de su desarrollo.
EL PRECIOSO VALOR DE
NUESTRA VIDA HUMANA
El objetivo de comprender lo valiosa que es nuestra existencia humana es
animarnos a extraer su verdadero significado y no desperdiciar nuestra vida en
actividades sin sentido. Nuestra vida humana encierra un gran valor y
significado, pero solo si la utilizamos para alcanzar la liberación permanente
y la felicidad suprema de la iluminación. Hemos de animarnos a nosotros mismos
a alcanzar el verdadero significado de nuestra existencia humana comprendiendo y
contemplando lo siguiente.
Muchas personas piensan que el progreso material aporta verdadero sentido a
la vida humana, pero es evidente que por muchos avances materiales que haya en
el mundo, los sufrimientos y los problemas de los seres humanos no se reducen. Al
contrario, a menudo estos mismos avances son la causa de que aumenten. Por lo
tanto, el progreso material no puede ser lo que realmente dé sentido a nuestra
existencia humana. Debemos saber que ahora que hemos llegado de vidas
anteriores al reino humano, aunque nuestra estancia en él será muy breve, tenemos
la oportunidad de alcanzar la felicidad suprema de la iluminación mediante la
práctica de Dharma.
Esta es nuestra gran y extraordinaria fortuna. Cuando alcancemos la
iluminación, habremos colmado todos nuestros deseos y podremos satisfacer los
de todos los seres sintientes; nos habremos liberado de manera permanente de
los sufrimientos de esta vida y de las futuras, y cada día podremos beneficiar
de manera directa a todos los seres sintientes. Por lo tanto, el logro de la
iluminación es el verdadero significado de la vida humana. La iluminación es la
luz interior de la sabiduría que está libre para siempre de las apariencias
equívocas y cuya función es proporcionar cada día paz mental a todos los seres sintientes.
Ahora hemos obtenido un renacimiento humano y tenemos la oportunidad de
alcanzar la iluminación por medio de la práctica de Dharma.
Por lo tanto, ya que en el futuro será muy difícil encontrar tan preciosa
oportunidad, sería la mayor pérdida y la peor necedad desperdiciarla en actividades
sin sentido. Buda lo ilustra con la siguiente analogía en uno de los Sutras, en
el que pregunta a sus discípulos:
«Imaginad que hay un inmenso y profundo océano, tan grande como este mundo,
sobre el que flota una argolla de oro, y que en el fondo vive una tortuga ciega
que sube a la superficie una vez cada cien mil años. ¿Cuántas posibilidades habría
de que introdujera la cabeza dentro de la argolla?». Ananda, su discípulo,
contestó que, sin lugar a dudas, muy pocas.
En este contexto, el inmenso y profundo océano se refiere al samsara, el
ciclo de vidas impuras que hemos experimentado sin cesar desde tiempo sin
principio, vida tras vida de manera continua; la argolla de oro se refiere al
Buddhadharma; y la tortuga ciega, a uno mismo. Aunque físicamente no seamos una
tortuga, mentalmente no hay mucha diferencia; y aunque nuestros ojos físicos no
estén ciegos, el ojo de nuestra sabiduría sí lo está.
Durante la mayoría de nuestras vidas pasadas hemos permanecido en el fondo
del océano del samsara, en los tres reinos inferiores –el de los animales, el
de los espíritus ávidos y el de los seres de los infiernos–, y hemos subido a
la superficie como ser humano más o menos una vez cada cien mil años. Incluso
cuando logramos estar brevemente en un reino superior del océano del samsara, como
seres humanos, es muy raro encontrar la argolla de oro del Buddhadharma porque
esta no permanece en el mismo sitio, sino que se va desplazando de un lugar a
otro, el océano del samsara es inmenso y el ojo de nuestra sabiduría está siempre
cerrado.
Por ello, Buda dijo que aunque en el futuro obtengamos un renacimiento
humano, será muy difícil volver a encontrar el Dharma; y encontrar el Dharma kadam
es más difícil aún. Aunque la mayoría de los seres humanos en este mundo han
conseguido renacer brevemente en uno de los reinos superiores del samsara como
seres humanos, no han encontrado el Buddhadharma.
Esto se debe a que todavía no han abierto el ojo interno de la sabiduría. ¿Qué
significa encontrar el Buddhadharma? Significa entrar en el budismo al
refugiarnos con sinceridad en Buda, el Dharma y la Sangha, y tener así la
oportunidad de entrar en el camino hacia la iluminación y recorrerlo. Si no
encontramos el Buddhadharma, no tendremos esta oportunidad y, por lo tanto, no
podremos alcanzar la felicidad pura y duradera de la iluminación, el verdadero
significado de la vida humana. En conclusión, debemos pensar: Ahora he llegado
brevemente al mundo humano y tengo la oportunidad de alcanzar la liberación
permanente del sufrimiento y la felicidad suprema de la iluminación con la práctica
de Dharma. Desperdiciar esta preciosa oportunidad dedicándome a actividades sin
sentido sería la mayor pérdida y la peor necedad.
Pensamos de este modo y tomamos la firme determinación de practicar ahora,
mientras tengamos la oportunidad, el Dharma de las enseñanzas sobre la
renuncia, la compasión universal y la visión profunda de la vacuidad que Buda impartió.
Luego meditamos en esta determinación una y otra vez. Hemos de realizar esta
contemplación y meditación varias veces al día y, de este modo, animarnos a
llenar nuestra vida de verdadero significado. Debemos preguntarnos qué es lo
que consideramos más importante en la vida, cuáles son nuestros deseos, sueños
y aspiraciones. Para algunos es acumular posesiones materiales, como una lujosa
mansión, un coche de último modelo o un trabajo bien remunerado. Para otros es
conseguir poder y una buena reputación, vivir aventuras, divertirse o ser atractivos.
Muchos intentan darle sentido a su vida manteniendo relaciones con su familia o
círculo de amistades.
Estas cosas pueden satisfacernos temporalmente de forma superficial, pero
también nos causan numerosas preocupaciones y problemas, y nunca nos aportan la
felicidad pura e imperecedera que tanto deseamos desde lo más profundo de
nuestro corazón. Puesto que no podemos llevarnos con nosotros nada de esto al
morir, si consideramos que son lo más importante en la vida, sufriremos una
gran decepción. Como fin, en sí mismos, los logros mundanos son vacíos y no
constituyen el verdadero significado de la existencia humana.
Si practicamos el Dharma en esta vida humana, podemos alcanzar la paz
mental suprema e imperecedera, conocida como nirvana, y la iluminación. Puesto
que estos logros no nos decepcionan y son estados de felicidad última,
constituyen el verdadero significado de nuestra existencia humana. Sin embargo,
debido a que nuestro deseo de disfrutar de los placeres mundanos es tan
intenso, tenemos muy poco o ningún interés en practicar el Dharma.
Desde el punto de vista espiritual, esta falta de interés se denomina
pereza del apego. Mientras tengamos esta clase de pereza, la puerta de la
liberación permanecerá cerrada para nosotros y, por lo tanto, experimentaremos
desgracias y sufrimientos tanto en esta vida como en las innumerables futuras.
La manera de eliminar esta pereza, que es el obstáculo principal para nuestra práctica
de Dharma, es meditando en la muerte.
Debemos meditar en la muerte con perseverancia hasta que alcancemos una
profunda realización de ella. Aunque todos sabemos a nivel intelectual que
tarde o temprano nos vamos a morir, no somos realmente conscientes de ello. Puesto
que nuestro entendimiento intelectual de la muerte no hace mella en nuestro
corazón, todos los días pensamos lo mismo: «Hoy no me voy a morir». Incluso el
mismo día en que nos muramos, pensaremos en lo que vamos a hacer al día
siguiente o al cabo de una semana. La mente que piensa:
«Hoy no me voy a morir» es engañosa, nos conduce por el camino incorrecto y
es la causa de que nuestra vida esté vacía.
En cambio, si meditamos en la muerte, sustituiremos de manera gradual el
pensamiento engañoso: «Hoy no me voy a morir» por la convicción fidedigna: «Es posible
que me muera hoy». La mente que piensa todos los días de manera espontánea: «Es
posible que me muera hoy» es la realización de la muerte. Esta es la
realización que elimina directamente nuestra pereza del apego y nos abre la
puerta del camino espiritual.
Por lo general, no sabemos si nos vamos a morir hoy o no. Sin embargo, si
cada día pensamos: «Hoy no me voy a morir», este pensamiento nos engañará
porque procede de nuestra ignorancia, mientras que pensar: «Es posible que me
muera hoy» no lo hace porque proviene de nuestra sabiduría.
Esta convicción beneficiosa contrarresta la pereza del apego y nos anima a
crear las causas de nuestra felicidad en las innumerables vidas futuras o a
esforzarnos en emprender el camino a la liberación y la iluminación. De este
modo llenaremos nuestra vida de significado. Hasta ahora hemos desperdiciado
sin sentido nuestras incontables vidas y de ellas no hemos traído nada más que
engaños y sufrimiento.

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