LA FE BUDISTA
Material compilado únicamente para las Adicciones sin fines de Lucro.
LA FE BUDISTA
Parte II.
Fuente.
Geshe
Kelsang Gyatso
Budismo
moderno
El
Camino de La
Compasión
y La
Sabiduría.
Para los budistas, la fe en Buda Shakyamuni es su vida espiritual; es la
raíz de todas las realizaciones de Dharma. Si tenemos fe profunda en Buda,
generaremos de manera natural el sincero deseo de practicar sus enseñanzas. Con
este deseo nos esforzaremos en practicar el Dharma, y con un esfuerzo firme
alcanzaremos la liberación permanente del sufrimiento de esta vida y de las
innumerables vidas futuras.
El logro de la liberación permanente del sufrimiento depende del esfuerzo
en la práctica de Dharma, el cual depende del intenso deseo de practicarlo, que
depende, a su vez, de la fe profunda en Buda. Por lo tanto, está claro que si
realmente deseamos recibir grandes beneficios de nuestra práctica de budismo,
hemos de generar y mantener una fe profunda en Buda.
¿Cómo se puede generar y cultivar esta fe? En primer lugar debemos
comprender por qué hemos de alcanzar la liberación permanente del sufrimiento.
No es suficiente con experimentar una liberación temporal de un determinado sufrimiento;
todos los seres sintientes, incluidos los animales, consiguen liberarse de
manera temporal de determinados sufrimientos. Los animales disfrutan de una
liberación temporal del sufrimiento humano, y los seres humanos, de una
liberación temporal del sufrimiento animal. De momento puede que no padezcamos
dolores físicos ni sufrimiento mental, pero esta liberación es solo temporal.
Más adelante en esta misma vida y en las innumerables vidas futuras tendremos
que experimentar dolores físicos y sufrimiento mental insoportables, una y otra
vez de manera indefinida.
En el ciclo de vidas impuras, el samsara, nadie disfruta de una liberación
permanente; todos han de experimentar una y otra vez los sufrimientos de las enfermedades,
el envejecimiento, la muerte y el renacimiento incontrolado, vida tras vida sin
fin.
En el ciclo de vidas impuras existen varios reinos o mundos impuros en los
que podemos renacer: los tres reinos inferiores –el de los animales, el de los
espíritus ávidos y el de los seres de los infiernos– y los tres reinos
superiores –el de los dioses, el de los semidioses y el de los seres humanos–.
De todos ellos, el reino de los infiernos es el peor y es el percibido por
la mente más negativa. El mundo animal es menos impuro, y el de los seres
humanos lo es menos que el que perciben los animales. Sin embargo, en todos los
reinos hay sufrimiento. Cuando renacemos como un ser humano tenemos que
experimentar el sufrimiento propio de los seres humanos, cuando renacemos como
un animal, el propio de los animales, y cuando renacemos como un ser de los
infiernos, el propio de los seres de este reino. Con esta contemplación comprendemos
que disfrutar de una liberación temporal de un determinado sufrimiento no es suficiente;
es imperativo alcanzar la liberación permanente de los sufrimientos de esta
vida y de las innumerables vidas futuras.
¿Cómo podemos lograrlo? La única forma es poniendo en práctica las
enseñanzas de Buda. Esto es así porque las enseñanzas de Buda son los únicos
métodos realmente eficaces para abandonar la ignorancia del aferramiento
propio, el origen de todo nuestro sufrimiento. En su enseñanza llamada Sutra
rey de las concentraciones, Buda dice:
«Al igual que las creaciones de un mago, como caballos, elefantes y demás
objetos, en realidad no existen, has de entender todos los objetos del mismo
modo».
Esta enseñanza por sí sola tiene el poder de liberar de manera permanente a
todos los seres sintientes de su sufrimiento. Si practicamos y logramos la
realización de esta enseñanza, que se expone en detalle en el capítulo
«Adiestramiento en la bodhichita última», podemos erradicar de manera
permanente la raíz de todo nuestro sufrimiento, la ignorancia del aferramiento
propio. Cuando lo consigamos, disfrutaremos de la paz mental suprema y
permanente, conocida como nirvana, la liberación permanente del sufrimiento,
que es nuestro deseo más profundo y el verdadero sentido de la vida humana.
Este es el objetivo principal de las enseñanzas de Buda.
Con esta comprensión apreciaremos de corazón la gran bondad de Buda hacia
todos los seres sintientes al enseñar métodos profundos para alcanzar la
liberación permanente del ciclo del sufrimiento de las enfermedades, el
envejecimiento, la muerte y el renacimiento. Ni siquiera nuestra madre tiene la
compasión que desea liberarnos de estos sufrimientos; solo Buda siente esta
compasión por todos los seres sintientes sin excepción. En realidad, Buda nos
está liberando al revelar el camino de sabiduría que nos conduce hacia la meta
última de la existencia humana. Hemos de contemplar esto una y otra vez hasta
que sintamos una fe profunda en Buda. Esta fe es el objeto de nuestra
meditación; hemos de transformar nuestra mente en esta fe y mantenerla de
manera convergente durante tanto tiempo como podamos. Si practicamos esta
contemplación y meditación con perseverancia, mantendremos una fe profunda en
Buda día y noche, durante toda la vida.
Una de las funciones principales de Buda es transmitir paz mental a todos
los seres sintientes con sus bendiciones. Los seres sintientes por sí mismos no
son capaces de cultivar una mente apacible; solo al recibir las bendiciones de
Buda en su continuo mental, los seres sintientes, incluidos los animales, pueden
disfrutar de paz interior. Cuando sus mentes están apacibles y tranquilas son
verdaderamente felices; pero si sus mentes no están en paz, no son felices aunque
las condiciones externas sean perfectas. Esto demuestra que la felicidad
depende de la paz mental y, puesto que esta depende de las bendiciones de Buda,
él es la fuente de toda felicidad.
Si entendemos esto y lo contemplamos, generaremos y mantendremos una fe
profunda en Buda, y tendremos un intenso deseo de practicar sus enseñanzas en
general y el Lamrim kadam en particular.

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