Parte III

 


Una Gran Aventura La Muerte.

Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones. 

Maestro Djwhal Khul.
Alice A. Bailey.

Parte III

¿Por qué no aceptan la Transición? Aprendan a glorificarse en la experiencia que otorga el don de la sabia edad avanzada, y estén a la expectativa de la Gran Aventura que los enfrenta. En sus momentos más elevados saben que esa Transición significa la realización, sin verse limitados por el plano físico.

(1) Las razones por las cuales un discípulo debe por lo menos tratar de no relajarse indebidamente y arremeter adelante a pesar de la fatiga (la fatiga de años de vida) y del creciente "crujir" del mecanismo humano y la inevitable tendencia hacia el constante servicio y contacto con los demás, podrían ser enumeradas de la manera siguiente:

1.         Debe esforzarse por continuar el mismo ritmo de servicio y de vida fructífera cuando -libre del cuerpo físico- se encuentre en el más allá. No debe haber interrupción en ese servicio.

2.         Debe esforzarse, hasta donde sea posible, por mantener la continuidad de su conciencia como discípulo activo, sin permitir interrupción alguna entre su actual punto de tensión y el que sobreviene después de la experiencia de la muerte.

3.         Debe esforzarse por cerrar el episodio de la experiencia de esta vida, a fin de evidenciar que es miembro de un Ashrama; no debe permitir interrupción alguna en la relación establecida ni que cese la afluencia de la vida ashrámica a través del discípulo, al mundo de los hombres. Esta actividad no es fácil debido al natural y normal deterioro del vehículo físico a medida que envejece, lo cual requiere una concentración definida del esfuerzo, acrecentando así la tensión en la que vive siempre un discípulo.

Los discípulos de mi Ashrama tienen la doble responsabilidad de mantenerse firmes para preservar el conocimiento, si puedo emplear tal frase. Esta firmeza de ninguna manera debe abandonarse cuando la vejez se acerca, ni debe permitírsele desaparecer por la transición de la misma muerte. El Maestro de un Ashrama trabaja mediante el pensamiento consciente e ininterrumpido de un grupo fusionado de discípulos.

El servicio activo externo de un grupo de discípulos no es de mucha importancia (aunque tiene necesariamente un propósito vital) como el coherente e integrado pensamiento grupal, tan poderoso para efectuar cambios en la conciencia humana. El problema particular de la crisis mundial actual y los terribles reajustes en la conciencia humana, incidentales a la inauguración de una nueva cultura, civilización y religión mundiales, justifican que se les presente a los miembros de mi Ashrama (y a los grupos afiliados como el suyo) la oportunidad de mantener intacto y libre de todo deterioro su “estado mental” durante los años que restan de esta vida, a través del proceso de disolución, y así hasta la liberación en el más allá. No es una tarea fácil mantener consciente esta integridad; requiere comprensión y un esfuerzo deliberado.

(2) Cuando sea captada la verdadera naturaleza del servicio, se descubrirá que es un aspecto de esa energía divina que trabaja siempre bajo el aspecto destructor, porque destruye las formas con el fin de liberarlas. El servicio es una manifestación del Principio de Liberación, y la muerte y el servicio constituyen dos aspectos del mismo. El servicio salva y libera, y trae liberación en diversos niveles, a la conciencia aprisionada. Lo mismo puede afirmarse de la muerte.

(3) Observarán que me refiero a la muerte cuando hace sentir su presencia por enfermedad o vejez. No me refiero a la muerte cuando acontece por guerra o accidente, asesinato o suicidio. Estas y otras causas de la muerte están regidas por un proceso directriz totalmente diferente; quizá ni siquiera involucre el karma de un hombre o su destino individual, como en caso de guerra, cuando mueren muchas personas. Esto no tiene nada que ver con la Ley de Causa y Efecto como un factor en la trayectoria del alma de cualquier individuo.

No es un acto de restitución planeado por un alma determinada que cumple con su destino individual - La muerte, a través del proceso destructivo de la guerra, está bajo la dirección e intención cíclica del Logos planetario, que actúa a través de la Cámara del Concilio de Shamballa. Los Seres que allí dirigen los procesos mundiales saben que ha llegado el momento en que la relación entre el mal planetario y las Fuerzas de la Luz o del Bien, han alcanzado un punto de “antagonismo explosivo”, según se lo denomina. A ello debe dársele rienda suelta si queremos que el propósito divino actúe sin impedimentos. Por lo tanto es permitida la explosión; sin embargo está presente todo el tiempo un factor controlante, aunque el hombre no se dé cuenta de ellos.

Estos Seres (que cumplen la voluntad de Dios) no se identifican de ninguna manera con la vida de la forma, en consecuencia se dan cuenta exacta de la importancia relativa que tiene la vida en la forma; para Ellos la destrucción de las formas no es la muerte en el sentido que nosotros la entendemos, sino sencilla y únicamente un proceso de liberación. El temor a la muerte es fomentado insistentemente por la visión limitada, de quienes se Identifican con la forma.

El ciclo que ahora vivimos ha sido testigo de la más grande destrucción de formas humanas, en toda la historia de nuestro planeta. No hubo destrucción de seres humanos. Quisiera que observaran este enunciado. Debido a esta destrucción total, la humanidad ha ido adoptando rápidamente una actitud más serena respecto a la muerte. Esto no es muy evidente todavía pero -dentro de pocos años- tal nueva actitud comenzará a destacarse y el temor a la muerte empezará a desaparecer del mundo. En gran parte también se deberá a la acrecentada sensibilidad del mecanismo humano de respuesta, que conduce a una interna o nueva orientación de la mente humana, con imprevisibles resultados.

La base de todas las guerras es fundamentalmente el sentido de separatividad. Este individualismo fundamental, o complaciente aceptación del aislamiento, conduce a todas las demás causas secundarias de la guerra: la codicia que produce desastres económicos, el odio que trae fricción nacional e internacional, la crueldad que da por resultado el sufrimiento y la muerte.

Las raíces de la muerte están profundamente arraigadas; es la destrucción del ciclo de separatividad, como individuo, en el plano físico, comúnmente denominado muerte; en consecuencia, la muerte es un proceso de unificación. Si analizaran algo más la cuestión, verían que la muerte libera la vida individualizada, llevándola a una existencia menos restringida y confinada, y oportunamente -cuando el proceso de la muerte haya sido aplicado a los tres vehículos en los tres mundos- a la vida de la universalidad. Este es un estado de inexpresable bienaventuranza.

(4) Referente a la prolongación de la vida, lograda en el último siglo de realizaciones científicas, quisiera señalar que las verdaderas técnicas y posibilidades de la organizada acción del alma son siempre parodiadas y falsamente demostradas en el plano físico por las primeras actividades científicas, que tienen un correcto móvil pero sólo son un símbolo, en la esfera externa de la vida, de la verdadera y por lo común futura actividad del alma. El lapso de vida oportunamente será corto o largo, según la voluntad de las almas que sirven conscientemente y emplean el mecanismo del cuerpo como instrumento para servir al Plan. En la actualidad, con frecuencia, se mantiene la vida en la forma -tanto en la vejez como en la infancia- que bien podría liberarse.

No cumplen ningún propósito útil y causan mucho dolor y sufrimiento a formas que la naturaleza (si se la dejara actuar) no las utilizaría y las extinguiría. Observen esta última palabra. Debido al excesivo énfasis puesto sobre el valor dado a la vida de la forma, al temor universal que se tiene a la muerte -esta gran transición que todos debemos enfrentar- y a nuestra incertidumbre acerca de la realidad de la inmortalidad y debido a nuestro profundo apego a la forma, detenemos el proceso natural y nos aferramos a la vida, la cual lucha por liberarse, confinada en cuerpos muy inadaptados para los propósitos del alma. No me interpreten mal.

No tengo la intención de decir nada que pueda constituir un aliciente para el suicidio. Pero sí digo, y lo hago con énfasis, que la Ley del Karma frecuentemente queda en suspenso cuando las formas se mantienen en expresión coherente, las cuales debían haber sido descartadas, pues no sirven a ningún propósito útil. En la mayoría de los casos esta preservación es impuesta por el grupo al que pertenece el sujeto y no por el sujeto mismo, siendo con frecuencia un inválido consciente, una persona de edad cuyos mecanismos de contacto y respuesta son imperfectos, o un niño anormal. Tales casos constituyen ejemplos definidos de la neutralización de la Ley del Karma.

 

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