La Rueda de La Vida.


 





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La Rueda de la Vida y Renacimiento.

Una Breve descripción de la Rueda y el Camino   Hemos visto una versión acerca del origen de la Rueda en la historia de los viajes de Maudgalyayana a otras esferas de la existencia. Otras fuentes nos cuentan una historia diferente. La mayor parte de lo que sabemos acerca de la Rueda proviene del budismo tibetano; a excepción de un solo ejemplo en los antiguos templos de las cuevas de Ajanta, ninguna otra pintura de la Rueda ha sobrevivido en la India, debido a la exhaustiva lucha de brahmanes y musulmanes por destruir y hacer desaparecer el budismo de su tierra de origen. Pero en el Tíbet, al heredar las ricas tradiciones del budismo indio, la Rueda sigue usándose hasta la fecha como imagen edificante a la entrada de muchos templos.

 Una conocida leyenda tibetana atribuye su origen al Buda mismo, pero describe a éste perfilando la Rueda para sus seguidores con granos de arroz sobre un arrozal. Los detalles de la Rueda han sido hasta cierto punto complementados en el Tíbet, y este relato se encuentra basado en una Rueda de la Vida de tipo tibetano.    La Rueda consiste de cuatro círculos concéntricos.

En el eje o círculo central se encuentran tres animales: un gallo, una víbora y un cerdo, cada uno de los cuales muerde la cola del que le sigue, quedando de esta manera unidos en una cadena circular. El siguiente círculo forma una banda delgada alrededor del eje, dividida de manera vertical en dos segmentos, siendo el de la izquierda de color blanco, mientras que el de la derecha es negro.

En el lado negro hay unos seres desnudos cabeza abajo, acosados por demonios y con sus caras crispadas en agonía, mientras que sus brazos se agitan tratando de evitar la caída. En la sección blanca se encuentran unos seres que llevan a cabo todo tipo de acciones meritorias: meditan, distribuyen dinero, veneran al Buda. Se mantienen de pie con alegría en sus rostros.

El siguiente círculo se encuentra cerca del borde, de tal manera que la tercera área ocupa casi la mitad de la Rueda. Se encuentra dividido en seis segmentos de igual tamaño. En el segmento de abajo se muestra la esfera del infierno, conteniendo todas las torturas convencionales al estilo de las representaciones del cristianismo medieval: seres que están siendo asados, hervidos, azotados, aplastados, prensados y disecados, víctimas de los demonios que presiden este mundo de horror. El intenso calor del fuego incandescente llena la esfera del infierno, a excepción de la sección más profunda, en donde reina un frío absoluto, como en el infierno de Dante. En el centro del infierno se encuentra una figura enorme, con extremidades macizas, la cara llena de ira y un halo ardiendo en llamas. Es Yama, el Juez de la Muerte, que sostiene un espejo en donde se reflejan todos los actos de aquellos que se encuentran con él.   

En el segmento inferior de la izquierda se encuentra la esfera de los espectros hambrientos. De color humoso e insustancial, estas criaturas tienen un vientre enorme y la boca del tamaño de la punta de un alfiler. Cualquier cosa que cogen se convierte en fuego, y lo que comen en espadas. En la sección correspondiente de la derecha está el mundo de los animales, a punto de ser cazados por el hombre.    El segmento superior de la izquierda nos muestra la esfera humana, en la que hombres y mujeres llevan a cabo sus asuntos diarios. A la derecha se encuentran los titanes o dioses celosos, unas feroces y horribles criaturas de poderosa complexión para quienes la vida es una guerra constante: luchan contra los dioses, que ocupan la parte superior de la esfera, por la posesión del árbol de la realización, que concede cualquier deseo. Los dioses viven en un mundo de gran belleza y felicidad, en donde todos sus deseos son satisfechos al instante.    En cada una de las esferas aparece la figura de un Buda en colores diferentes, sosteniendo un implemento. En los infiernos hay un Buda de color azul oscuro, con un tarro de ungüento; en la esfera de los aspectos hambrientos, un Buda rojo sosteniendo una jarra de néctar; en la de los animales aparece un Buda azul claro con un libro. Un Buda amarillo envuelto en un hábito naranja y con los implementos de un monje errante es el que está en la esfera humana; un Buda verde con armadura y una espada en llamas hace pastorear a los titanes; y un Buda blanco toca el laúd para los dioses.    El anillo de afuera de la Rueda se encuentra dividido en doce segmentos que representan los doce eslabones de la cadena de la Coproducción Condicionada, como se revelan en el proceso del nacimiento humano y la muerte. En cada segmento hay una imagen, representando una etapa en el flujo de los factores condicionados.

Arriba, un invidente avanza tambaleante, buscando su camino con la ayuda de su bastón.  Después, siguiendo el orden de las manecillas del reloj, la figura de un alfarero moldeando jarros en un torno; un mono salta de una rama de árbol a otra; cuatro hombres en una barca, uno de los cuales es el que rema; una casa con una puerta y cinco ventanas; una pareja abrazándose; un hombre con una flecha clavada en el ojo; una mujer ofreciendo bebida a un hombre sentado; una mujer cogiendo fruta de un árbol; una pareja en el acto sexual; una mujer pariendo; un cadáver es trasportado a la pira funeral. Con el siguiente eslabón, la Rueda ha dado la vuelta entera, en donde encontramos una vez más al invidente con su bastón.   

Sobre el borde superior de la Rueda se encuentra una figura de cara feroz, tres ojos rojos y una corona de calaveras. Este es el monstruo de la impermanencia, que no permite que nada permanezca estático. Devora la Rueda con sus colmillos y la destroza con sus garras.    Si se considera de manera aislada, la Rueda no representa más que un lado de la Realidad: la condicionalidad de tipo cíclico. Pero por otro lado, el proceso de moverse de la existencia condicionada hacia la iluminación puede ser simbolizado por el Sendero Espiral, representada por los Budas que aparecen en cada una de las esferas, aunque esto no refleja el énfasis correspondiente. A pesar de que es indispensable conocer al enemigo y el aspecto sombrío de nuestra situación, también necesitamos una fuerte apreciación de las posibilidades positivas de la vida humana, si es que queremos tener una visión completa de la realidad. En muchas de las versiones de la Rueda de la Vida tibetana, la figura del Buda aparece en la parte superior derecha, arriba de la Rueda, indicando el camino a la Iluminación. Aquí pasamos de la Rueda a la Espiral. Si imaginamos que la Rueda se encuentra situada sobre el suelo, girando tan rápidamente en las garras del monstruo de la impermanencia que muchos de sus detalles se pierden y viendo sólo una impresión confusa, podemos representar la Espiral surgiendo de la periferia, ascendiendo circularmente a niveles cada vez más superiores. La Espiral está dividida en dos partes por el puma de Entrada en el Flujo. Antes de ese punto vemos seres que parecen dioses, de una belleza y resplandor que aumentan en tanto que ascienden hacia el Sendero. Arriba, encontramos seres cuya belleza ha crecido en intensidad, aunque ahora cuentan también con un brillo de sabiduría en los ojos.    Finalmente la Espiral se conviene en un Mandala, un casto círculo simétricamente ordenado. En el centro del Mandala se encuentra la deslumbrante figura blanca llamada Vairocana, el Iluminador, que se sienta en la postura del loto sobre un trono con forma de loto blanco, al que sostienen dos leones majestuosos. Está vestido con sedas preciosas y joyas, girando con sus manos una rueda dorada con ocho radios que brillan como el sol. Otros cuatro Budas están sentados a su alrededor, en los cuatro puntos cardinales, y de la misma manera, elegantemente ataviados. En el este se encuentra la figura azul, Akshobya, el Imperturbable, sentado en un trono sostenido por elefantes, la mano derecha tocando el suelo frente a él, en tanto que la izquierda se apoya en su regazo, haciendo un rayo dorado. En el sur se encuentra el Buda amarillo, Ratnasambhava, la “Joya naciente”, en un trono de caballos, la mano derecha extendida en un gesto de generosidad y la izquierda sosteniendo una joya. Al oeste, Amitabha, el Buda rojo, la “Luz infinita”, posado en un trono de pavos reales, con las dos manos enlazadas sobre su regazo, en el gesto de la meditación, y con un loto rojo sobre la palma de la mano de arriba. Amoghasiddhi, “el del Éxito infalible”, ocupa la parte norte y sostiene un rayo doble con su mano izquierda, mientras levanta la mano derecha en un gesto de confianza.    En tanto que en conjunto estas figuras representan la culminación del Sendero, en cierto sentido (en este nivel hemos trascendido la Rueda por completo) el proceso Espiral se encuentra en despliegue. Las figuras arden vivamente y laten con energía, desprendiendo centellas y rayos de luz. Desde su interior comienzan a manifestarse más figuras y más formas, en un proceso de infinita revelación creativa. La perfección supera a la perfección, sin alcanzar un final o encontrarse con límite alguno.

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