“La Violencia Intrafamiliar”


 Material compilado únicamente para las Adicciones sin fines de Lucro.

“La Violencia Intrafamiliar”

Introducción:

Vamos a definir la violencia Intrafamiliar como aquella violencia que tiene lugar dentro de la familia, ya sea que el agresor comparta o haya compartida el mismo domicilio, y que se comprende, entre otros, maltrato físico, psicológico y abuso sexual.

Entendemos que la violencia doméstica es un modelo de conductas aprendidas, coercitivas que involucran abuso físico o la amenaza de abuzo físico. También puede incluir abuso psicológico repetido, ataque sexual, aislamiento social progresivo, castigo, intimidación y/o coerción económica.

Hay autores que señalan que la violencia Intrafamiliar se da básicamente por tres factores, uno de ellos es la falta de control de impulsos, la carencia afectiva y la incapacidad para resolver problemas adecuadamente; y además en algunas personas podrían aparecer variables de abuso de alcohol y drogas.

El Niño y la Niña Golpeados.

Todos sabemos que siempre es triste y doloroso arrastrar la vida cuando no recibió, sobre todo de los padres durante la niñez. Todo el que ha estudiado siquiera un poco al ser humano, le va a decir que los cinco primeros años de la vida, dejan una marca imborrable para toda la vida, para bien o para mal.

Por eso, el de privar a un niño de amor, es como privar de fertilizante a un árbol que empieza a crecer, pero el golpearlo es como echarle veneno, lo va a terminar de matar psicológicamente y emocionalmente, o a lo mejor va a crecer herido de muerte.

Pero hay golpes y golpes, algunos golpes sacan sangre o dejan morados, incluso
un mal golpe puede producir la muerte, pero hay otros más sutiles que no se
ven, pero que se agravan a fuego lento no sólo en la mente sino en la identidad de
ese niño o de esa niña.

Se agravan en su “YO”, y, los frutos de estos golpes emocionales se van a ver
después en sus relaciones con personas significativas y en su relación con el mundo.
Me gustaría hablar un poco más de estos golpes físicos, pero sobre todo los
psicológicos o emocionales, se va agotando el amor. Nosotros los adultos sabemos
como duele el silencio tal vez más que las palabras ofensivas. Ese silencio es el peor
de los castigos, ahora imagínese a un niño que no ha hecho nada y no se le habla, y
no se le abraza y acaricia, ¿cómo se va formando su identidad?...pensemos en eso.
¿Han pensado en el daño que hacen a sus hijos, posiblemente muchas veces sin
darse cuenta cuando en lugar de relacionarse con sus hijos pequeños están preocupados del trabajo, la limpieza, etc., en una forma obsesiva y perfeccionista arreglando
la casa? Son golpes lentos que van formando defectuosamente la escultura
de su hijo.

Silencio y Ausencia.
Cuando se reprocha al hijo los pequeños errores, pero cierra su corazón y su
boca cuando hace algo bien. Por ejemplo, cuando el niño empezó el Kínder e hizo
un dibujo, que pudo ser cuatro rayas cruzadas, pero para él era una obra de arte, en
lugar de abrazarlo o alabarlo, guardó silencio. Con ello se produce en el hijo que
aprende a ver sólo errores, pero no lo bueno que hay en sus personas.
Todos estos golpes emocionales y psicológicos, hacen tanto daño en la niñez
porque el niño o la niña no saben defenderse; su mente apenas empieza a desarrollar lentamente ciertos mecanismos de defensa para poder filtrar y analizar lo que ve y oye.

Su mente es como una esponja: recibe todo. No tiene capacidad para decir
esto es verdad o no es verdad, lo que dicen es injusto o justo. Por eso los mensajesgolpes
son como olas gigantescas que llegan sin control a lo más profundo de ese
ser indefenso.

Pero que distinta es la niñez y el futuro de sus hijos cuando ellos palpan
amor entre su padre y madre, cuando ellos desde pequeños ven que su madre recibe
con un beso, un abrazo al padre que llega del trabajo o cuando el padre viene
con un ramo de flores para su esposa o le da un beso a su esposa.
Son detalles que se van grabando en el subconsciente de los niños, que van
moldeando a su persona, que van llenando de amor ese tanque-corazón. Créanme,
esa será la mejor herencia que podrá dejar a sus hijos.

Las Causas de la Codependencia.
En todas las familias existe cierta disfuncionalidad en mayor o menor grado.
A menudo las personas codependientehan sido objeto de algún tipo de abuso físico
o verbal, sufrieron el abandono de uno de sus padres o de alguien sea físico o emocional.

El codependiente busca alivio en alguna adicción para “anestesiarse” y muchas
veces dañinas; o mediante adicciones al dinero, el sexo, la ira, las drogas, la
bebida, etc. El codependiente está atado a lo que le sucedió en su familia de origen
y se siente internamente torturado por ello, aunque la mayoría de las veces no se da
cuenta de lo que está sucediendo.

Cada uno de nosotros tenemos una necesidad innata de recibir amor. A esta
necesidad la podemos llamar “el tanque del amor”. Al nacer el niño, ese tanque está
vacío. Si los padres son personas que han logrado poco a poco a controlar sus emociones, su tanque amor estará lleno y, pueden llenar el tanque de sus hijos y estos crecerán y se desarrollarán psicológicamente sanos.

Sin embargo, si uno de los padres o ambos no tenía lleno su propio tanque,
lo más probable es que el niño no reciba suficiente amor porque su madre o padre
no lo tuvieron para darlo. Esta falta de amor deja cicatrices en el subconsciente de
los niños que llevan a ciertos comportamientos disfuncionales en la adultez, como
la Codependencia. El codependiente no puede dar lo que no recibió, por lo tanto, la
Codependencia se convierte en un círculo vicioso que continua de generación en
generación si no se busca ayuda psicológica.

Los niños de familias disfuncionales crecieron sin haber escuchado mensajes importante de sus padres tales como; “eres inteligente”, “estás haciendo un buen trabajo” o “gracias mi amor, agradezco mucho tu ayuda”. Debido a ello al crecer se
sienten abandonados, tienen baja la autoestima y buscan la aprobación de otras
personas para sentirse mejor consigo mismos.
A veces su hambre de amor y aprobación son tan grandes al llegar a la
adolescencia o la adultez, que están dispuestos a soportar cualquier
cosa, con tal de recibir aunque sean “migajas” de cariño y atención.
Dinámica de la Violencia Intrafamiliar:

Al principio de la mayoría de las relaciones es muy difícil que aparezca la
violencia. Durante este se muestra un comportamiento positivo. Cada miembro de
la pareja muestra su mejor faceta. La posibilidad de que la pareja termine es muy
alta si ocurriera algún episodio de violencia.

FASE 1. ACUMULACIÓN DE TENSIÓN.
La dinámica de la violencia Intrafamiliar existe como un ciclo, que pasa por tres
fases:
  • A medida que la relación continúa, se incrementa la demanda así como el estrés.
  • Hay un incremento del comportamiento agresivo, más habitualmente hacia
  • objetos que hacia la pareja. Por ejemplo, dar portazos, arrojar objetos, romper
  • cosas.
  • El comportamiento violento es reforzado por el alivio de la tensión luego de
  • la violencia.
  • La violencia se mueve desde las cosas hacia la pareja y puede haber un aumento
  • del abuso verbal y del abuso físico.
  • La pareja intenta modificar su comportamiento a fin de evitar la violencia.
  • Por ejemplo mantener la casa cada vez más limpia, a los chicos más silenciosos,
  • etc.
  • El abuso físico y verbal continúa.
  • La mujer empieza a sentirse responsable del abuso.
  • El violento se pone obsesivamente celoso y trata de controlar todo lo que
  • puede: el tiempo y comportamiento de la mujer (cómo se viste, adónde va,
  • con quién está, etc.)
  • El violento trata de aislar a la víctima de su familia y amistades. Puede decirle,
  • por ejemplo que si se aman no necesitan a nadie más, o que los de
  • afuera son de palo, o que le llenan la cabeza, o que están locos etc.
  • Esta fase difiere según los casos. La duración puede ser de semanas, días meses o
  • años: Se va acortando con el trascurrir del tiempo.

FASE 2. EPISODIO AGUDO DE VIOLENCIA.
  • Aparece la necesidad de descargar las tensiones acumuladas.
  • El abusador hace una elección acerca de su violencia. Decide tiempo y lugar
  • para el episodio, hace una elección consciente sobre qué parte del cuerpo
  • golpear y cómo lo va a hacer.
  • Como resultado del episodio la tensión y el estrés desaparecen en el abusador.
  • Si hay intervención de la policía él se muestra calmado y relajado, en
  • tanto que la mujer aparece confundida e histérica debido a la violencia padecida.

FASE 3. ETAPA DE CALMA, ARREPENTIMIENTO O LUNA DE MIEL.
  • Se caracteriza por un período de calma, no violento y de muestras de amor y
  • cariño.
  • En esta fase, puede suceder que el golpeador tome a su cargo una parte de
  • la responsabilidad por el episodio agudo, dándole a la pareja la esperanza
  • de algún cambio en la situación a futuro. Actúan como si nada hubiera sucedido,
  • prometen buscar ayuda no volver a hacerlo, etc.
  • Si no hay intervención y la relación continúa, hay una gran posibilidad de
  • que la violencia haga una escalada y su severidad aumente.
  • A menos que el golpeador reciba ayuda para aprender métodos apropiados
  • para manejar su estrés, esta etapa sólo durará un tiempo y se volverá a comenzar
  • el ciclo, que se retroalimenta a sí mismo. Luego de un tiempo se
  • vuelve a la primera fase y todo comienza otra vez.
  • El hombre agresor no se cura por sí solo, debe tener un tratamiento. Si la
  • esposa permanece junto a él, el ciclo va a comenzar una y otra vez, cada vez
  • con más violencia.

Personalidad del Maltratador.
Los agresores suelen venir de hogares violentos, suelen padecer trastornos
psicológicos y muchos de ellos utilizan el alcohol y las drogas, lo que produce que se
potencie su agresividad. Tiene un perfil determinado de inmadurez,
Dependencia afectiva, inseguridad, emocionalmente inestable, impaciente e impulsivo.

Los agresores trasladan habitualmente la agresión que han acumulado en
otros ámbitos hacia las mujeres.

Maltratador, frecuentemente es una persona aislada, no tiene amigos cercanos,
celoso (colopatía), baja autoestima que le ocasiona frustración y debido a eso
se genera en actitudes de violencia.
Una investigación de los psicólogos norteamericanos, el Dr. John Gottman
Dr. Neil Jacobson. Señalaban que los hombres maltratadores caen en dos categorías:
pitbull y cobra, con sus propias características personales:

Pitbull:
  • Solamente es violento con las personas que ama.
  • Celoso y tiene miedo al abandono.
  • Priva a pareja de su independencia.
  • Pronto ora, vigilar y atacar públicamente a su propia pareja.
  • Su cuerpo reacciona violentamente durante una discusión.
  • Tiene potencial para la rehabilitación.
  • No ha sido acusado de ningún crimen.
  • Posiblemente tuvo un Padre abusivo.

Cobra:
  • Agresivo con todo el mundo.
  • Propenso a amenazar con cuchillos o revólveres.
  • Se calma internamente, según se vuelva agresivo.
  • Difícil de tratar en terapia psicológica.
  • Uno depende emocionalmente de otra persona, pero insiste que su pareja
  • haga lo que el quiere.
  • Posiblemente haya sido acusado de algún crimen.
  • Abusa de alcohol y drogas.
El Pitbull espía a su mujer, es celó pata, cae bien a todas las personas, excepto a
sus novias o esposas. El Cobra es un sociópata, frío, calculador, puede ser cálido. El
maltrato no cesa por sí solo.

Después que la mujer ha sido físicamente maltratada y tiene miedo a veces cesa
este tipo de abuso y lo reemplaza con un constante maltrato psicológico, a través
del cual deja saber a su víctima, que el abuso físico podría continuar en cualquier
momento.

En ocasiones la violencia del Maltratador ocultael miedo o la inseguridad, que
sintió de niño ante un padre abusivo que lo golpeaba con frecuencia, al llegar a ser
un adulto prefiere adoptar la personalidad del padre abusador a sentirse débil y
asustado.

En otros casos los comportamientos ofensivos es la consecuencia de una niñez
demasiado permisiva durante la cual los padres complacieron al niño en todo. Esto
lleva al niño a creerse superior al llegar a ser adulto y a pensar que él estaba por
encima de la ley. O sea, que puede hacer lo que quiera y abusar de quien quiera.
Piensa que se merece un trato especial, mejor que el que se les da a los demás.
La violencia doméstica no siempre resulta fácil de definir o reconocer. En términos
generales podríamos designarla como el uso deliberado de la fuerza para
controlar o manipular a la pareja o al ambiente cercano.
Se trata del abuso psicológico, sexual o físico habitual. Sucede entre personas
relacionadas afectivamente, como son marido y mujer o adultos contra los menores
que viven en el mismo hogar.

La violencia doméstica no es solamente el abuso físico, los golpes, o las heridas.
Son aún más terribles la violencia psicológica y la sexual por el trauma que causan,
que la violencia física, que todo el mundo puede ver. Hay violencia cuando se ataca
la integridad emocional o espiritual de una persona.
La violencia psicológica se detecta con mayor dificultad. Quien ha sufrido violencia
física tiene huellas visibles y puede lograr ayuda más sencillamente: Sin embargo,
a la víctima que lleva cicatrices de tipo psicológicas le resulta más difícil
comprobarlo. También lo dificulta, por ejemplo, la habilidad manipuladora de su
esposo que presenta a su esposa como exagerada en sus quejas o simplemente como
loca…

A la violencia física precede, a veces, años de violencia psicológica. La violencia
psicológica es, despreciar a la mujer, insultarla de tal manera, que llega un momento en que esa mujer maltratada psicológicamente, ya cree que esos golpes se los merece. Y que difícil es convencer a una mujer de que vaya a pedir auxilio cuando cree que no lo necesita.

Hay mujeres que se avergüenzan por lo que les sucede y que hasta se creen merecedoras de los abusos. Por eso prefieren mantenerlos en secreto y así esa situación puede prolongarse durante años. Los que maltratan a sus víctimas lo hacen de acuerdo a un patrón de abuso psicológico.

Igual que en el caso del alcohólico, el que golpea a una mujer o la maltrata psicológica o sexualmente, lo primero que hará es negarlo.
Negación es decir: “No, es que yo le pego con razón”. No hay ninguna razón para
golpear a una mujer ni a nadie. Pero lo niegan: dicen “Yo no le he golpeado, yo
no le he hecho nada, sólo tocarla”.

Otra forma de abuso psicológico es el aislamiento, que le hacen al vacío a la mujer,
ni le hablan, ni la mira y entonces ella se va creyendo que se merece ese trato.

La intimidación es también un abuso. “Si dices algo te mato”. Muchas mujeres
no se atreven a hablar, por las amenazas que sus maridos o sus compañeros lanzan
contra ellas.

Tanto el adicto a cualquier droga como el abusador, siempre tienen excusas y le
echan la culpa a alguien. También dentro de ese hábito de abuso psicológico está el
abuso económico. Si dices algo no te voy a dar la mensualidad.

Dentro de ese abuso psicológico de los maridos que golpean (lo que se llama en
psicología la triangulación), hay otro tipo de abuso: utilizar a los hijos para hacerles
sentir culpables a las esposas. En este caso los hijos sirven de mensajeros: “dile a tu
madre que…”

Las amenazas a través de los hijos, las amenazas de que le van a quitar al hijo,
todos estos son abusos psicológicos que preceden al abuso físico.
Todos estos abusos impiden que la mujer deje al hogar, ese hogar violento. Es
que esa violencia psicológica a que están sometidas muchas mujeres, es más horrorosa que el abuso físico. Pregúntele a cualquier mujer a la cual han maltratado físicamente qué es lo que más le duele más; si las palabras hirientes, los desprecios o
los golpes. Los golpes se pasan, los abusos psicológicos, los insultos, los desprecios
se clavan en el corazón.

Manifestaciones de Violencia Psicológica:
Y Abuso Verbal: Rebajar, insultar, ridiculizar, humillar, utilizar juegos mentales
e ironías para confundir, etc.
Y Intimidación: Asustar con miradas, gestos o gritos. Arrojar objetos o destrozar
la propiedad.
Y Amenazas: De herir, matar, cuidarse, llevarse a los niños.
Y Abuso Económico: Control abusivo de las finanzas, recompensas o castigos
monetarios, impedir trabajar aunque sea necesario para el sostén de la
familia, etc.
Y Abuso Sexual: Imposición del uso de anticonceptivos, presiones para
abortar, menosprecio sexual, imposición de relaciones sexuales contra la
propia voluntad o contrarias a la naturaleza.
Y Aislamiento: Control abusivo de la vida del otro, mediante vigilancia de
sus actos y movimientos, escucha de sus conversaciones, impedimento de
cultivar amistades, etc.
Y Desprecio: Tratar al otro como inferior, tomar las decisiones importantes
sin consultar al otro.

¿Por qué se mantiene la Mujer en esta relación?
La persona abusada se vuelve codependiente de su marido (el agresor), aún
después de ser golpeada. Es frecuente escuchar esta frase: “Es que yo lo quiero tanto”.
Personas que llevan años soportando golpes dicen: “Yo no me separo porque lo
quiero”. Es imposible querer a una persona que lo está tratando como si fuera animal, eso es depender de esa persona.

Otro motivo por el cual algunas personas no se separan de este problema de
Codependencia, es que las anima la familia y lamentablemente la iglesia, a permanecer con el abusador. Sobre todo la familia les aconseja que mantengan esa relación por el “bien de sus hijos”. ¿Cómo vas a dejar a tus hijos sin padre?, les dicen.

¿Qué es mejor tener un padre que golpea a su madre y que luego golpeará a
sus hijos, o no tener padre? Se les hace mucho más daño a los hijos cuando ven que
su padre golpea a su madre. Para los niños pequeños la madre es la base de toda su
vida, la base de su afectividad, la base de su seguridad. Si una madre es golpeada,
sus hijos se derrumban afectivamente. Es mucho mejor separarse.

A veces las mujeres no se separan y sufren en silencio por miedo a perder su
seguridad económica y la de sus hijos. Esto sucede sobre todo en la mujer que no
tiene educación. Otras veces no separan debido a las amenazas de más violencia o
de muerte, si intentan separarse. “Si les dices algo a la policía te mato”.

Cuando se pregunta a algunas mujeres por qué aguantaron maltrato durante
años la respuesta más común es ésta: “Por mis hijos; no quería que se criaran sin
un padre”: Una respuesta válida, pero si la analizamos profundamente descubrimos
su inconsistencia. Sucede que en una situación de violencia los hijos también
sufren. El crecimiento en una atmósfera de miedo, tensión y terror influirá negativamente en su desarrollo emocional y más tarde se manifestará en el abandono escolar, en el uso de drogas, en desórdenes psicológicos y en violencia y delincuencia.

En muchos casos influye el factor económico. Soportan cuanta vejación venga
con tal de no perder la seguridad económica para sí u sus hijos. Se trata generalmente de mujeres con poca preparación académica, conscientes de que sin el marido no podrían vivir cómodamente.

Lo peor es que la mujer repetidamente abusada se destruye psicológicamente.
Su yo, su identidad individual. Eso la incapacita para tomar las decisiones correctas.
Cae en la ambivalencia efectiva (¡Qué bueno es él cuando no me golpea!);
su autoestima queda por los suelos hasta creer ella misma que merece tales insultos
y golpes.

Cuando una persona cae a ese nivel, su capacidad de decisión queda prácticamente
anulada, porque el principio vital está herido de muerte. Si a una persona
así aplastada se le amenaza con “Si me denuncias, te mato”, se sentirá paralizada.
Quizás en último intento de supervivencia reaccione, pero usando las mismas armas
que a ella la han destruido.

El amor no debe doler. El amor implica confianza, protección, respeto a los
gustos del otro, comunicación, caricias, ayudas al crecimiento emocional y espiritual.

Consiste en compartir la vida con la alegría, dialogar sobre las diferencias y
preferencias, y, respetar la integridad física y espiritual de la persona amada.
Las mujeres que aguantan una relación abusiva indefinidamente acaban
perdiendo su salud física y mental, se enferman, toda la familia termina enferma.
Las mujeres en situaciones abusivas pierden su autoestima. No saben protegerse,
no se dan cuenta del peligro que corren.

¿El porqué de la violencia doméstica?
Primero hay una raíz cultural histórica. Durante mucho tiempo nuestra sociedad
ha sido muy machista, el hombre ha creído que tiene el derecho primario a
controlar, a disciplinar con severidad, incluso a abusar de la vida de la mujer y de
los hijos. Eso sucedió bajo el rol económico del hombre, proveedor de la alimentación.

No crea que en lo es Estados Unidos…no se golpea a la mujer. El padre americano,
en tiempos de la colonia tenía el derecho de matar al hijo cuando no lo obedecía.
Otra causa es la cultura actual. La gente se tira y se da de jalonesen los cabellos.
¿Por qué pasa esto? El modelo presente de nuestra sociedad está reforzando el
uso de la fuerza para resolver los problemas. Por eso el abusador usa la fuerza física,
para mantener el poder y el control sobre la mujer, porque ha aprendido que la
violencia es efectiva para obtener ese fin de control y como ellos no han sufrido las
consecuencias, las mujeres se han callado.

La violencia doméstica ocurre en todos los niveles de la sociedad, no solamente
en las familias pobres. En las familias ricas sucede lo mismo. Lo que pasa es
que una mujer a quién le dieron una paliza, si tiene dinero, se va tranquilamente a
una clínica privada y aquí no ha pasado nada. Las que son pobres tienen que ir al
hospital y allí los médicos dicen: “A esta mujer la han golpeado” y la policía se encarga de eso.

Entre blancos, amarillos, negros, católicos, judíos, protestantes y evangélicos;
entre todos existe la violencia doméstica. Pero no por ser protestantes o católicos,
sino por no ser como deben ser.

Otra causa de este problema son los medios de comunicación. En la televisión
la violencia glorificada, los estereotipos que nos presentan son de violencia
sexual. Cuando un marido por la fuerza tiene relaciones sexuales con su esposa, eso
se llama violencia sexual, porque la mujer también tiene derecho a decir que no. Si
a una mujer, como yo oigo todos los días, se le insulta, se le veja, se le dice barbaridades, no se le habla y solamente se le utiliza para tener relaciones sexuales con ella; ¿Cómo va a querer estar con su marido? Tiene a decir que no, todo el derecho del mundo.

En muchos casos, también la violencia doméstica está íntimamente relacionada
con el alcohol y las drogas. ¿Qué sucede cuando una persona consume drogas
o se emborracha? Parte del cerebro tenemos los centros vitales, comunes con los
animales y allí está el centro de la agresividad o del instinto agresivo. Todos los
hombres y las mujeres lo tenemos. Pero en la persona normal, esos centros se comunican con la parte consciente del hombre, diferencia al hombre del animal.

Cuando uno toma alcohol o usa cualquier droga, estos centros quedan como
un barco sin timón. Y ¿qué le pasa a un barco sin timón? Pues se estrella contra
las rocas. Sobre todo la agresividad, el instinto sexual, quedan sin control. Entonces
viene el golpear a la mujer y a los hijos bajo el efecto del alcohol, y, el abusar de la
mujer sexualmente. El 50% de los casos (que se conocen) de abuso sexual entre
hijos, es entre personas alcohólicas o adictas, porque surge el animal que hay dentro
de nosotros mismos.

Los recuerdos, los valores, los consejos, cuando uno usa o abusa del alcohol
o drogas, no funcionan y viene la violencia doméstica. A pesar de la llamada “liberación femenina” (que en realidad muchas veces ha llevado a la mujer a mayor esclavitud), todavía hay hombres que consideran a la esposa e hijos como objetos de
su propiedad. Por eso se creen con el derecho a descargar sobre ellos su frustración
o malhumor maltratándolos a su antojo.

Como los hijos imitan a padres, se da con frecuencia que quienes en la niñez
fueron testigos de abusos físicos entre padre, repiten la misma conducta cuando
llegan al estado adulto. Aprendieron que los problemas y conflictos se afrontan con
la fuerza. Ese aprendizaje negativo se arraiga tanto que muchas veces pasa de generación en generación. Si a esto se añade la “glorificación” de la violencia en los medios de comunicación, podemos entender el por qué muchos seres humanos recurren a la violencia, a veces con frialdad que asusta más que el mismo acto violento.

La experiencia enseña que muchos de los abusadores familiares parecen
“mosquitas muertas”, pasan por personas educadas y suaves, pero en el fondo son
individuos celosos con una pobre imagen de sí mismos y que viven en un mundo
irreal. Si a esas personas les da por tomarse unos tragos de más, cosa frecuente, la
explosión violenta será mucho mayor.

¿Qué pasa con las víctimas de la Violencia Familiar?
Muchas siguen sufriendo hasta quedar completamente destruidas física, psicológica
y muralmente. Otras acusan a sus agresores ante la policía, que muchas
veces no toma debidas cartas en el asunto. Y ocurre además, lo que no quisiéramos
que ocurriera: La víctima también se vuelve violenta.

Entendemos que las personas que sufren hambre endémica se subleven y
hasta se alcen en armas. ¿Por qué no entendemos que una mujer pisoteada, escarnecida, degradada en lo más íntimo de su ser pueda explotar y volverse violenta? Eso, aunque no se justifique, se explica.
La Violencia Doméstica: Un mal sobre el cual es difícil hablar.

¿Qué constituye Violencia?
¿Es simplemente darle golpes a una persona? También la violencia psicológica
nos ha dado nueva visión del ser humano y de sus necesidades psicológicas.
Ahora sabemos que hay otro tipo de violencia que también hace daño a las personas: la violencia psicológica o verbal.

Destruir la autoestima de una persona sistemáticamente mediante críticas,
desprecios, abandono o insultos; también son formas de violencia. No cabe duda de
que a veces los golpes al espíritu son mucho más dañinos que los golpes al cuerpo y
dejan heridas más profundas. Las víctimas de este tipo de violencia por lo general
continúan sufriendo calladamente y por eso no reciben la ayuda que tanto necesitan.

Una persona golpeada en el cuerpo puede mostrar las heridas y recibir ayuda.
Sin embargo, la que es golpeada sistemáticamente en su psiquis, en su Ser Interno,
no tiene heridas físicas que mostrar al mundo para poder pedir ayuda. Como este
tipo de abuso o violencia doméstica ocurre mayormente en la privacidad del hogar,
generalmente la violencia verbal o psicológica precede a la física.

Cuando a la mujer se le coacciona para que aborte (lo cual constituye violencia
también contra una creatura inocente que no ha nacido), utilice peligrosos anticonceptivos y abortivos o se practique la dañina esterilización; todos estos también constituyen actos de violencia.

¿Por qué permanecen muchas mujeres en una relación abusiva?
Las víctimas del maltrato verbal muchas veces piensan que éste no es lo suficientemente grave como tratar de hacer algo para impedirlo. Algunas temen que no les creerán si denuncian al abusador, pues a menudo éste goza de una buena imagen pública. Las que están siendo golpeadas tienen miedo a las represalias por parte del agresor ya que a menudo éste amenaza con matarla. Otras temen enfrentar las vidas solas o simplemente no tienen los medios para hacerlo. A veces alguien que la víctima respeta le dice que debe permanecer en esa relación abusiva “por el bien de sus hijos”.

En el caso de la mujer del alcohólico o enfermedad emocional que requiere
tratamiento de un psicólogo o psiquiatra. Todas estas mujeres tienen en común una
baja autoestima y una incapacidad para poner límites, porque vienen arrastrando
problemas emocionales desde su niñez. A menudo la raíz de la violencia doméstica
tanto para las víctimas como para sus victimarios, es el vacío efectivo. O sea la falta
de amor y atención de su niñez.

En los hogares disfuncionales en los cuales el cónyuge maltrata al otro, es
común el maltrato a los niños. Constituye violencia no sólo el darles golpes, sino
también gritarles, menospreciarlos, castigarlos excesivamente o negarles la atención la aceptación y el amor que son tan imprescindibles para su desarrollo emocional y social. También es un acto de violencia en el caso de los padres divorciados, el hablar del ex cónyuge delante de los hijos o utilizarlos para hacerle daño al otro.

Lamentablemente, cuando una mujer está siendo víctima de cualquier tipo
de violencia por parte de su esposo o “compañero”, está tan enfrascada en defenderse que a menudo no puede darse cuenta del daño que también están sufriendo sus hijos. A veces permite hasta los maltratos físicos o verbales a éstos por parte del Padre o Padrastro, porque se siente incapaz de detenerlos ni siquiera en lo que respecta a sí misma.

Los casos de violencia doméstica o intrafamiliar abundan. Es algo que puede
sucederle y en verdad a veces les sucede a personas que se consideran religiosas,
porque se trata de una enfermedad psicológica que debe ser tratada.

Todos los que están involucrados en la violencia están enfermos y necesitan ayuda.

Hasta que no se conozcan los hechos, ninguno de ellos la recibirá. No se les
hace ningún favor a los miembros de una familia que está en estas circunstancias al
ayudarle a mantener este horrible secreto. Se les debe motivar a obtener ayuda de
un Sacerdote o Pastor y/o un psicólogo.

El continuar permitiendo este tipo de abuso tiene graves consecuencias sobre
todo para los niños, muchas de las cuales sólo se manifestarán pasados muchos
años. A veces los niños se convierten en victimarios y las niñas en víctimas igual
que su mamá. Los niños que crecen en hogares violentos tienen una gran probabilidad de ser criminales en el futuro.

Muchas mujeres han intentado de diversas maneras evitar las situaciones de
violencia ya sea modificando conductas propias, a través de separaciones temporales, recurriendo a distintos profesionales e inclusive a los sistemas de seguridad y justicia, sin lograr cambios. Sumemos la presión social fundada en mitos como “algo habrá hecho”, “la mujer buena tiene que sacrificarse por la familia”, “los celos son una manifestación de amor” y tendremos a una mujer confundida de que nada de lo que haga podrá modificar la situación.

Recuerde que la violencia familiar es un proceso cíclico y que, a medida que
pasa el tiempo, los ciclos de tranquilidad se reducen en duración, en tanto los episodios van aumentando en intensidad y frecuencia. La duración de este ciclo, que pocas veces es percibido por la víctima es un indicador valioso.

También es importante tener en cuenta factores circunstanciales o permanentes,
que tiendan a aumentar los niveles de stress del abusador y/o a reducir sus
umbrales de inhibición (falta de trabajo, problemas de adicción, salud, etc.)

Si la mujer maltratada realmente quisiera, podría dejar a su abusador.

Muchas mujeres dejan a sus parejas. Muchas mujeres que se divorcian por
abuso eligen no hablar de violencia. Sin embargo existen razones sociales, económicas, culturales, religiosas, legales y/o financieras que mantienen a las mujeres dentro de la relación. El miedo es otra de las razones que le hace permanecer en sus hogares. Los peores episodios de violencia suceden cuando intentan abandonar a su pareja. Los golpeadores tratan de evitar que las mujeres se vayan a través de amenazas de lastimarlas o matarlas, de lastimar o matar a sus hijos, de matarse ellos o de quedarse con la tenencia de los chicos.

Las actitudes sociales, tales como la creencia de que el éxito del matrimonio
es responsabilidad de la mujer y que las mujeres lastiman a sus hijos si los privan
de su padre, sin importar como actúe él, mantienen a muchas mujeres dentro de la
relación violenta. Además, las mujeres con chicos que abandonan el hogar tienen el
50% de posibilidades de verse económicamente perjudicadas y terminar viviendo
por debajo de niveles de pobreza.

No existe la violación conyugal.
Por lo menos una quinta parte de las mujeres maltratadas son forzadas a
mantener relaciones sexuales durante el episodio de violencia o inmediatamente
después. De la misma manera son forzadas a realizar actos sexuales indeseados.

El embarazo detendrá la Violencia.
Frecuentemente hay un aumento de la violencia durante el embarazo y muchas
veces el primer episodio de violencia física se produce durante el embarazo.
Generalmente los golpes se dirigen especialmente al vientre de la mujer, produciéndole un aborto o complicaciones en el embarazo. Muchas jóvenes inician una relación con un hombre violento al quedar embarazadas

Los chicos no se dan cuenta de que su madre es golpeada, por, o cual
son afectados.
Al menos en la mitad de los hogares en los que la madre es maltratada, también
lo son los niños. También pueden ser lastimados por la violencia en contra de
su madre, a través de objetos voladores, o mientras están en sus brazos. Aún cuando
los niños sólo sean testigos de la violencia contra la madre, las consecuencias
para la salud y su supervivencia son graves. Frecuentemente son ellos quienes instan a la madre a abandonar la relación violenta o quienes se interponen entre los
padres para proteger a la madre.

Los varones tienen más posibilidades de convertirse en violentos cuando crecen. Las niñas aprenden que la sociedad acepta la violencia hacia las mujeres.

Los niños que viven en hogares violentos se sienten asustados y confundidos.
Están en un alto riesgo de experimentar problemas d conducta, aprendizaje,
problemas físicos relacionados con el estrés y problemas de adicción. Los niños
aprenden mientras observan y ven que la violencia funciona (se consigue lo que se
busca) especialmente si se utiliza contra alguien menos poderoso. Aprenden que
está bien solucionar problemas y controlar a los demás mediante la violencia, especialmente cuando no hay ninguna intervención que frene la violencia.

Las mujeres maltratadas son masoquistas y locas, provocan y disfrutan
del maltrato.
Las mujeres no provocan ni merecen el maltrato. Merecen una vida libre de
violencia. De la misma manera que sucede con la violación, se hace el intento de
acusar a la víctima del comportamiento del atacante. Los golpeadores comúnmente
echan la culpa de su comportamiento a frustraciones menores, al abuso de alcohol
o drogas o a la que su pareja pudo haber dicho o hecho. La violencia, sin embargo,
es su propia elección. No conocen maneras no violentas de manejar su enojo.
Las reacciones de la mujer maltratada frente a la violencia son normales y
necesarias para sobrevivir, dadas las circunstancias. Ella no está loca ni disfruta del
maltrato. Generalmente lo que siente es miedo, impotencia, debilidad y vergüenza.
Sigue ilusionada en que su pareja va a cambiar. El muestra remordimiento o promete que va a cambiar.

El dinero, otro aspecto de la violencia.
Otras formas de violencia tienen que ver con lo económico. En estos casos, el
hombre mantiene el control del dinero, supervisa en qué cosa se gastó algo por mínimo que sea y la mujer tiene que pedir, a veces hasta para compras muy pequeñas, como leche, pan etc.

Cualquier tipo de manifestación de violencia puede convertirse en otra. A
medida que avanza la relación, de los insultos se puede pasar a romper objetos, de
eso a los golpes y si no hay una detención del problema se puede llegar hasta la
muerte.

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