Las Emociones
Material compilado únicamente para las Adicciones sin fines de Lucro.
La Ciencia de las Emociones Bhgaván Dás.
Las Emociones.
Al hablar de las emociones del Ser Humano, tenemos que explicar primero desde el punto de vista de la psicología oriental, cómo estamos constituidos ya que de ahí se desprenderá nuestro estudio. Para muchos será bastante nuevo los conceptos orientales y para otros no lo será, más tenemos que dar la explicación. Se nos enseña que el hombre está constituido por una constitución septenaria, de la cual tiene siete principios que en el siguiente diagrama se explican:
Los Siete
Principios
Como nos hemos podido dar cuenta en la tabla, tenemos el Yo Superior y el Yo Inferior, para efectos del estudio consideraremos nada más al Yo Superior como el factor elemental, pues no es posible descomponerlo en nada más simple, más inteligible, más directamente existente en un ser animado.
Respecto de sí mismo, combina el Yo de invariable suerte
se relaciona con el mundo, conviene a saber: conocimiento, deseo y acción.
Estos tres aspectos son distintos por lo referente al mundo exterior, pero la
actuación del Yo sobre sí mismo puede llamarse indistintamente autoconciencia
(autoconocimiento) o auto sensibilidad (auto deseo, el deseo de vida) o auto
afirmación (auto manifestación).
El decir que “pensamos antes y después”, que la vida del
Yo está formada de recuerdos y esperanzas, equivale a describir lo que acompaña
a la vida del Yo, lo que está envuelto con el Yo más bien que envuelto en el Yo
y en la autoconciencia. Al decir esto, no descomponemos
el Yo en más simples elementos
constituyentes ni tampoco
demostramos que el Yo esté formado de elementos no presupuestos en él.
Tan indispensable a la vida como el Yo es el no Yo es decir el Yo Inferior. Cuando el mundo que se conoce y desea y en el cual se actúa es distinto del Yo Superior, se le llama No-Yo o Yo Inferior. En esta relación aparecen los estados de que vamos a tratar.
Igualmente reconocidos y asimismo imposibles de
descomponer en más simples constituyentes son el Placer y el Dolor, los
dos sentimientos naturales que alternativamente acompañan siempre al Yo. Al
placer lo acompañan la atracción y el gusto, y al dolor la repulsión y el
disgusto. La disposición y actitud del Yo en presencia de lo que le causa
placer, es de deseo, atracción y gusto, con anhelo de acercarse a ello.
La disposición del yo respecto de lo que le causa dolor
es de aversión, repulsión y disgusto, con anhelo de separarse de ello.
Generalmente hablando y en el más
amplio sentido de los términos empleados, verdaderamente es apetecible lo que
causa placer y repugnable lo que causa dolor; y las primarias consecuencias del
placer y del dolor son, por una parte, el deseo de tomar, absorber y abarcar el
objeto causante del placer y, por otra, el deseo de desechar y repeler el
objeto causante del dolor. El deseo de unirse a un objeto es amor; el deseo de
separarse de un objeto es odio.
Varios intentos se han hecho de cuando en cuando para convertir el odio en amor o el amor en odio, reduciendo ambas emociones a una sola o fundiéndolas una en otra; pero fracasaron estos intentos. Lo mismo sucede con todos los demás inveterados pares de opuestos, como luz y tinieblas, placer y dolor, mérito y culpa, nacimiento y muerte, etc.
El persistente intento de reducir los pares de opuestos se funda con visos de verdad en la razón de que cada uno de los elementos del par está en inevitable de- pendencia recíproca y nada significa ni tiene valor alguno sin el opuesto, por lo que su indestructible interdependencia implica una común unidad subyacente en ambos. Pero el error de dicho intento estriba en desdeñar el hecho de que lo múltiple es lo múltiple y no puede reducirse a uno ni a menos de varios, sin la abolición d ambos.
Por supuesto, el “arquetipo” de todos estos casos es el Yo absoluto, el supremo Yo, en el que el Yo y e No-Yo coexisten como inseparables opuestos en la inquebrantable relatividad de Negación. La interdependencia de los pares es causa de que en interminable rotación se trasmute cada elemento en su opuesto: la luz en tinieblas, el placer en dolor, el amor en odio, la castidad en lujuria, la pureza en impureza, el nacimiento en muerte, la codicia en abnegación, lo físico en metafísico, para luego retroceder la transmutación indefinidamente.
Subdivisiones de la mente según los conceptos Oriental y Occidental.
Por regla general, los occidentales dividen las funciones
de la mente en tres clases: 1ª. Intelecto o Conocimiento; 2ª. Sentimiento o
emoción; 3ª. Voluntad o volición y deseo.
Según este concepto,
el deseo no está comprendido plenamente en la volición, y las emociones tales como
la cólera, el amor, el terror, etc., son distintas de los deseos,
considerándolas más bien como especies que como consecuencias
de los sentimientos de placer y dolor.
Los filósofos orientales consideran a su vez como deseos
todas estas funciones o piquerías, llamados comúnmente emociones por la
filosofía oriental, que divide los fenómenos de conciencia en tres clases: 1ª.
Conocimiento; 2ª. Deseo; Acción.
“El Hombre conoce, desea,
y actúa”.
Tratemos ahora de considerar por qué ha prevalecido el
concepto occidental de la naturaleza de las emociones. Toda emoción es o
placentera o dolorosa; pero en la
vida ordinaria no se acostumbra a discernir cuidadosamente ni a prestar suficiente
atención a la diferencia entre la emoción en sí misma y la emoción considerada
como placentera o dolorosa.
Lo cierto es que las emociones son deseos: ya de perpetuar las situaciones placenteras o de huir de las dolorosas. La expectante satisfacción del deseo o su no satisfacción anticipa, en imagen y esperanza, el correspondiente placer o dolor y establece la placibilidad o dolorosidad del total estado de ánimo.
Así es que la emoción principia y regresa a un positivo
sentimiento de placer o dolor y se dirige y termina en un posible placer o
dolor. Sin embargo, estos varios elementos se hallan tan íntimamente
entremezclados en la conciencia ordinaria, que
de no distinguirlos con deliberada atención pasan fácilmente
inadvertidos, motivando con ello que
se considere la emoción como algo sui géneris e imposible de analizar.
Pero podemos notar cuidadosamente que una cosa es el
deseo-emoción, especializado por las circunstancias, y otra cosa son el placer
y el dolor especializados por su correlatividad con dicho deseo-emoción.
Como nos hemos podido dar cuenta en este momento del
estudio, las emociones son deseos
y los deseos elementales son: 1º.El deseo de
unirnos al objeto
que causa placer; 2º.El deseo de separarnos del objeto que causa dolor.
En otros términos: atracción y repulsión, gusto y disgusto, amor y odio o
cualesquiera otros nombres que mejor parezcan.
La atracción, gusto o amor, implica:
1. Que del contacto y asociación con otro objeto, empíricamente considerado, haya de resultar placer.
2. También implica el recuerdo de la experiencia.
3. La esperanza de que en las mismas circunstancias se reproduzca el mismo placer.
4. Que, en consecuencia, existe el deseo de repetir el contacto, asociación o unión con el objeto causante de placer; pero que si el contacto y la asociación son posibles, es imposible la absoluta unión.
La atracción tiene tres principales subdivisiones a saber:
1. La atracción, más la conciencia de la igualdad entre el yo y el objeto atrayente, se llama afecto o amor propiamente dicho.
2. La atracción, más la conciencia de la superioridad del objeto atrayente respecto del yo, se llama reverencia.
3. La atracción, más la conciencia de la inferioridad del objeto atrayente res- pecto del yo, se llama benevolencia.
La repulsión (disgusto, odio), tiene tres principales subdivisiones a saber:
1. Ira. Cuando hay igualdad entre el sujeto y el objeto.
2. Temor. Cuando el objeto es superior al sujeto.
3. Menosprecio. Cuando el objeto es inferior al sujeto.
Todas las disposiciones mentales que por lo general
asentimiento se llaman emociones, y otras que también lo son, aunque así no se
las llame, pueden dividirse en dos grandes grupos:
I. Las comprendidas en una u otra de las triadas psicológicas que abarcan las seis capitales emociones humanas.
II.
Las compuestas de elementos
tomados de ambas triadas psicológicas. Las disposiciones mentales no
reconocidas generalmente como emociones, son menos intensas que las otras y van acompañadas de un grado menor de excitación
general de los sistemas fisiológicos. Por esto no se las incluye en el número
de las emociones.
Resumiendo ahora podremos
decir que la emoción es:
a)
Unirse a él consciente de su capacidad de dar, cambiar o recibir
objetos de sensación o sus derivados bajo condiciones de perfecta
voluntariedad.
b) Separarse de él, consciente de su capacidad de arrebatar, cambiar o perder objetos de sensación bajo condiciones de involuntariedad.
Subdivisiones del Amor:
1º) La
atracción que se experimenta hacia un igual, es el deseo de unirse con el objeto
atrayente por medio de una permutativa reciprocidad, pues la unión absoluta
sólo es posible por el desvanecimiento de las formas que envuelven y separan a
las Almas, de las formas por las cuales y en las cuales cabe únicamente el amor
o el odio entre la personalidad de uno con la otra.
Además la
reciprocidad ha de ser permutativa, porque estando equilibrados los dos
términos del nexo, las dos partes de la relación, no se darán una a otra ni más
de lo que les sobre ni recibirán más de los que les falte. Cada una suplirá con
sus eficiencias las deficiencias de la otra, porque entre ellas sólo cabe permutación
de cualidades.
Y tanto
más perfecto y más grande será el amor, cuanto mayor sea la variedad de las permutaciones, más constante y
rápido el intercambio, más completa y recíproca la satisfacción de las
necesidades. Pero siempre será este amor tanto más perfecto, porque implica la
absoluta identificación con la cual cesa el amor.
De aquí los misteriosos, insaciables, vagos y siempre egoístas anhelos de amor, especialmente del amor sexual de la primera juventud. De los grados de reciprocidad y de los objetos de ella se derivan las subdivisiones de esta emoción capital.
Cortesía es la disposición mental que mueve al deseo de unión y
armonía, por reciprocidad en el orden social tan sólo, entre personas que se
tratan superficialmente. Su objeto se contrae, por regla general, a evitar por
ambas partes actos que puedan engendrar sentimientos de menosprecio e
inferioridad, y a cumplir los que promuevan y vigoricen el sentimiento de
igualdad. Los saludos y cumplidos
recíprocos son ejemplos de las manifestaciones físicas de esta disposición
mental.
Amistad es la emoción en que el grado de reciprocidad abarca
objetos más importantes que los del ordinario trato social. La más saliente
demostración física de amistad es el apretón de manos y el enlace de brazos.
Amor propiamente dicho es el deseo que mueve a la unión por medio del grado máximo de reciprocidad en todos los aspectos de la vida humana. En el actual estado de evolución, esta insuperable reciprocidad tan sólo es posible entre dos seres humanos de distinto sexo. La demostración física es el abrazo, la compañía constante y la convivencia en un mismo hogar.
2º)Respeto es
la atracción hacia un superior cuya superioridad no es muy grande. Estimación
es el respeto aplicado preferentemente a una o varias cualidades y disminuido
en las demás.
Cuando la superioridad es mucho mayor, el respeto asciende a veneración y tiene su forma expresiva en la genuflexión, el acatamiento y el toque de pies. Cuando la superioridad es completa, como la de Dios, la veneración se trasforma en adoración y se manifiesta en la prosternación ante el Señor.
En los
tres casos precedentes, el deseo de unión estriba en igualarse por medio de lo
que del superior se recibe, como en el caso de adoración significa, entre otras
actitudes impetratorias, la de orar con las manos levantadas.
Las etapas por que el adorante pasa en la adoración demuestran de singular manera el igualador poder del amor. Al principio reconoce la inmensa superioridad del objeto de su adoración y su anhelo de unión se manifiesta en el deseo de ponerse bajo sus auspicios para borrar la diferencia.
La adoración tiene
prácticamente dos fines:
I. Impetrar beneficios personales y ventajas para el yo del adorante con exclusión de los demás yos.
II. Impetrar el bien del yo en esencial unión con los demás
yos. En el primer caso, por completa e incondicional que aparezca la abnegación
del adorante, está en realidad
condicionada por el primario y persistente anhelo del beneficio deseado.
3º)Benevolencia es
la atracción hacia un inferior, manifestada físicamente por la sonrisa
placentera y la actitud de protección que denota en este caso sentimientos de
superioridad y ventaja acompañados del deseo y voluntad de dar.
El odio y sus subdivisiones.
1º) El grado
inmediato superior del deseo de separación es la ira, enemistad u hostilidad que tiene por manifestaciones físicas
“la reciprocidad de injurias y golpes” entre gentes incultas y
“sarcasmos picantes”, “réplicas contundentes” y “burlas sangrientas” entre
las gentes que se apellidan cultas e intelectuales.
El último
grado es la cólera, la rabia y el odio propiamente dicho, que mueve a guerra
abierta con el frenético empeño de aniquilar al enemigo físico y mentalmente
por los medios y con las armas que primero vengan a mano.
2º)Se llama recelo la repulsión hacia un superior cuya
superioridad es leve y no definidamente reconocida, con el deseo de reducirle a
inferioridad, unido al convencimiento no sólo de la incapacidad de lograrlo
sino también de que el superior es capaz de deprimir aún más al inferior.
3º)Arrogancia es la repulsión, más la conciencia de la
inferioridad del objeto de repulsión, que mueve al deseo de separarse más y más
de él por medio de siempre creciente des igualación, al cual deseo se añade el
convencimiento de la capacidad de producir dicha des igualación. Altivez es el
aspecto subjetivo de la arrogancia. Sus manifestaciones físicas son: “la mirada
de arriba a abajo” y “la cabeza erguida”.
En el grado inmediato es desdén, que tiene por manifestación física la “mueca” y la “sonrisa burlona”.
El tercer
grado se llama menosprecio, cuya manifestación física se encierra en “el
empujón”, el “pisoteo” y otros ademanes y frases por el estilo, como las de “hacerle polvo”, “romperle el
alma”, “ponerle el pie en el cuello”.
Causas del Odio.
Las causas y orígenes del odio son en pura teoría no más numerosos que las del amor entre dos personas. Pero el instinto del amor es la unidad, y por ello la benevolencia comienza por entregar una tras otra las diversas cosas que constituyen la vida encarnada, a fin de asegurar en último extremo la unidad de dos seres.
Por lo tanto, rara vez se requiere el total sacrificio de
la propia vida. Por otra parte, el instinto del odio es separatividad, y cuando
fuerte y violento, comenzaría por suprimir la separada vida de otro como medio
más rápido, fácil y completo de aniquilar de una vez todo cuanto constituye la
existencia de este otro.
Por ello son tan numerosas las matanzas de seres humanos
por el más leve motivo en los pueblos incultos y salvajes. Pero en las
sociedades normales y bien gobernadas, en donde el mero hecho de la
organización social demuestra que los elementos de odio, discordia y desorden,
el odio es más débil y no comienza o
no se le permite comenzar por el asesinato, sino que generalmente manifiesta su
origen infligiendo daños y perjuicios de menor cuantía.
Casos de odio indirecto son los de asesinato por robo o
celos, cuando el “separado yo” busca su propia
comodidad y deleite
o la de los suyos. Existe
entonces el deseo de obtener
algo que cause placer y regalo en la vida física; pero como es un deseo del
“separado yo”, en vez de resultar la unión de los separados yos, surge entre
ambos un conflicto cuya manifestación es el odio.
Si no surgiera tal conflicto, el odio permanecería
latente en el fondo sin salir a la superficie.
Virtudes y Vicios de las Emociones
En las virtudes hay emociones de amor; en los vicios las
hay de odio, podemos, por lo tanto decir con acierto, que las virtudes son
emociones de amor y que los vicios lo son de odio.
Los aspectos permanentes
de las ya citadas emociones principales, manifiestas en el hombre como
predominantes disposiciones que sentimentalizan, afectan, coloran y guían sus
actos, pueden clasificarse como sigue:
Emociones de Amor:
La atracción entre iguales, en las tres ascendentes modalidades antes mencionadas, engendra las siguientes virtudes:
Urbanidad-Cortesía-Finura-Suavidad- Miramiento-Amistad- Sociabilidad-
Afabilidad-Afectividad-Familiaridad.
La atracción hacia un superior engendra:
Modestia-Prudencia-Dulzura-Reverencia-Formalidad-Diligencia-Gravedad-
Serenidad-Seriedad-Sensatez-Docilidad-Humanidad-Obediencia-Gratitud.
La atracción hacia un inferior engendra:
Amabilidad-Estimación-Benevolencia-Urbanidad-Indulgencia-Suavidad-Nobleza- Benignidad-Dulzura-Ternura- Compasión-Piedad.
Emociones de Odio:
La repulsión entre iguales engendra los siguientes vicios:
Rudeza-Brusquedad-Grosería-Terquedad-Aspereza- Irascibilidad-Actitud-Acritud- Hurañería-Intemperancia.
La repulsión a los superiores
engendra:
Timidez-Suspicacia-Esquivez-Encogimiento-Cobardía-Rencor- Venganza.
La repulsión a los inferiores engendra:
Arrogancia-Desadmiración-Menosprecio-Desdén-Engreimiento-Petulancia- Agresividad-Entrometimiento-Escarnio-Altivez-Orgullo-Malevolencia.
La presente lista basta para corroborar que el ser humano
en su diario vivir, esta sumergido en su mundo de emociones. No dándose cuenta
de poder separar el Placer y el Dolor o, los vicios y virtudes.
Para ahondar un poco más sobre las Emociones-Deseos,
Kama-Rûpa vale la pena poner algunos ejemplos para que a fin de esclarecer más
el concepto de las emociones, y, así dejar claro que mientras estemos en el Yo
Inferior o la Personalidad estaremos sufriendo por ellos.



Comentarios
Publicar un comentario