Los Colores del Hombre Visible e Invisible.
Los Colores del Hombre Visible e Invisible
Charles Webster Leadbeater
El Salvaje
Ocupémonos ahora del cuerpo mental del salvaje (lámina 6), apoyados en estas enseñanzas; a primera vista, podemos verlas comprobadas en los hechos. Aunque en conjunto este cuerpo mental sea muy pobre y poco desarrollado, demuestra, sin embargo, que el hombre ha realizado algunos progresos.
El amarillo opaco, en la parte superior, indica alguna inteligencia;
pero su tinte sucio, demuestra también que esa inteligencia, se dedica
exclusivamente a fines egoístas. El gris azulado, denota una devoción
que ha de ser un fetichismo lleno de temor, é inspirado por
consideraciones de interés personal, mientras que el carmesí cenagoso
de la izquierda, nos hace suponer los primeros albores de una afección
que es en primer lugar egoísta. La franja de color anaranjado opaco,
demuestra el orgullo de un orden inferior; la gran mancha escarlata,
expresa una excesiva tendencia a la cólera, que evidentemente se
inflama a la menor contrariedad. La ancha franja verde sucio, que
ocupa tan gran parte en el vehículo que estudiamos, denota la
trapacería, la perfidia y la avaricia; este último defecto es indicado por
el tinte moreno bien definido. Por último, observamos en la base del
óvalo una especie de depósito de color cenagoso que demuestra el
egoísmo en general y la ausencia de toda cualidad deseable. La misma
ausencia de las cualidades superiores en este cuerpo mental, nos
permite prever con certeza, que si observamos el cuerpo astral
correspondiente (lámina 7), veremos que un hombre tal, no tiene casi
ningún dominio sobre sí mismo; y en efecto, en este vehículo de deseo,
veremos una gran parte exclusivamente ocupada por la sensualidad,
que se manifiesta por un rojo terroso de mal aspecto, parecido al rojo
de sangre.
Es difícil reproducir el tinte lúgubre que caracteriza este instinto,
desgraciadamente muy común, con excepción hecha de las almas más
avanzadas. La trapacería, el egoísmo y la codicia, se hallan
evidentemente en este cuerpo como se podía suponer, y la cólera feroz,
se revela por las manchas rojo escarlata opaco; apenas si se encuentra
en este vehículo indicio alguno de afección, y la poca inteligencia y
devoción que aparecen, son del orden más inferior.
Observemos por otra parte la irregularidad de los contornos de este
cuerpo astral, sus manchas, y la disposición de sus colores. Cuando
pasaremos al estudio de los vehículos de seres humanos más
evolucionados, podremos comprobar un gran progreso en este
sentido. Los colores se mezclan siempre en cierto modo, y se funden
los unos en los otros; pero en el hombre ordinario, tienen sin embargo
una marcada tendencia a disponerse en franjas más o menos
regulares, al mismo tiempo que el contorno del ovoide se regulariza y
define.
En el del salvaje sucede lo contrario, todo es irregular, y es
ciertamente el esclavo de los impulsos violentos y a menudo mal
dirigidos, a los cuales cede pronto, sin el menor esfuerzo para
vencerlos. En suma, es un ser muy repulsivo; sin embargo, cada uno
de nosotros ha pasado por esta fase, y las experiencias que hemos
realizado nos han elevado a una condición un poco más pura y noble.
Sólo algunas razas inferiores de negros, y los restos de la tercera
raza, presentan hoy día un grado tan inferior en la evolución. Nosotros
llamamos indistintamente “salvajes” a un gran número de seres, de los
cuales muchos, como por ejemplo, algunos Zulús, Maorís o Insulares
del Pacífico, han alcanzado ya un desarrollo considerable, y
comparados con algunos ejemplares de nuestra propia civilización,
ganarían en superioridad. Teniendo presentes en gran manera las
variaciones individuales, el cuerpo astral de estos salvajes,
relativamente superiores, ofrece, en general, un aspecto intermedio,
entre el representado en nuestra lámina 10 y el de la 7.
Si queremos formarnos una idea del aspecto de los diversos
vehículos humanos, es indispensable no olvidar jamás que las
partículas de materia que los constituyen, son constantemente
animadas por un rápido movimiento; en algunos casos, cuya mención
se hará oportunamente, estos cuerpos presentan franjas bien definidas
y líneas claramente marcadas; pero en la gran mayoría, las nubes de
color no se confunden, sino que ruedan sin cesar unas sobre otras,
apareciendo y desapareciendo a causa de este movimiento.
De hecho, la superficie de la niebla luminosa de brillantes colores, se
parece algo a la caída de un salto de agua; se ve en ella un torbellino de
partículas, que tan pronto se levantan de la superficie como caen de
nuevo, cambiando sin cesar de lugar.
Así, los diversos colores no conservan siempre las respectivas
posiciones que representan las láminas, y sin embargo no es menos
verdad que se mueven aproximadamente en el indicado orden: el
amarillo, el rosa y el azul, no se encuentran siempre agrupados como
los representamos, sino que su movimiento es rotatorio, sin moverse
de la cúspide del ovoide: cuando existen, siempre se les ve próximos a
la cabeza del cuerpo físico, mientras que los colores que caracterizan el
egoísmo, la avaricia, el engaño o el odio, tienden siempre hacia bajo, y
la gran masa de los que determinan las tendencias sensuales, flotan
habitualmente entre ambos.
A cada uno de los grados de vibración que dan lugar a la percepción
de los colores, corresponde una clase distinta de materia astral o
mental, en la cual tienen su libre expresión, y la posición media de
cada uno de los colores, en la niebla sin cesar moviente del aura,
depende realmente de la densidad particular de la materia
correspondiente. Toda la materia contenida en un cuerpo astral, o
poco menos, puede ser llevada por una oleada súbita de pasión, a
participar temporalmente de las vibraciones de la misma; pero el
conjunto total, excepto la pasión a la cual este modo vibratorio es
normal, volverá a su propio estado tan pronto como la fuerza
accidental cese de obrar.
Cada hombre, tiene naturalmente, su idiosincrasia particular, y no
existen dos exactamente iguales; pero cada uno de los ejemplos que
presentamos, representa el término medio de su categoría, y los
diversos colores de sus vehículos, son marcados en la parte del óvalo
que ocupan en el estado normal.
En cada una de estas láminas, ha sido delineado el cuerpo físico con
el solo fin de dar al lector una idea de sus dimensiones con relación a
las de los vehículos superiores: las proporciones respectivas de éstos,
varían poco, excepto en el hombre altamente desarrollado: cuyos
vehículos, como veremos más adelante, aumentan considerablemente.
La Persona Ordinaria
Dejemos ahora al salvaje para examinar al hombre que representa el
término medio, de nuestra raza y de nuestra época; veamos los
progresos realizados por él, comparados con el tipo precedente, y
cómo se manifiestan en sus diversos vehículos: Para nuestro análisis,
no tomaremos como ejemplo ni a un sabio ni a una persona de
sentimientos delicados y de elevada cultura, sino simplemente un
hombre vulgar de los niveles inferiores de la clase media, el vendedor
de comestibles, el empleado, el portero o el cartero, no del tipo más
ordinario, sino un término medio. Si examinamos con la visión
apropiada el cuerpo causal de un hombre semejante, encontraremos
aproximadamente el grado de desarrollo indicado en la lámina 8.
El gran óvalo, demuestra un considerable y bien definido desarrollo
de sus contenidos, y aunque este cuerpo sea incoloro en más de su
mitad, son ya visibles en su interior, colores excesivamente sutiles y
delicados en cantidad apreciable. El significado de los colores, es el
mismo en este nivel que en los inferiores, aunque en este estado
indican cualidades definidas, adquiridas de una manera ya
permanente por el alma, y aunque estén muchas “octavas” por encima
de las que representan las mismas cualidades en los planos inferiores.
Su examen nos demuestra que el hombre ha desarrollado ya en sí
mismo parte de inteligencia superior, algo de la verdadera devoción y
del amor verdaderamente desinteresados; sea cual fuere la medida en
que consiga manifestar estos sentimientos en los planos inferiores,
estas cualidades le pertenecen para siempre como una especie de
capital permanente, como cualidades inherentes en todas las
encarnaciones que el porvenir le reserva. Su cuerpo causal, nos
manifiesta también un ligero tinte de este violeta tan delicado, indicio
de un amor y una devoción, capaces de ser dirigidos hacia el más
elevado ideal; también se observa en él un ligero tinte verde claro, que
representa la simpatía y la compasión.
El cuerpo mental del hombre vulgar (lámina 9) demuestra un
considerable progreso Con relación al del salvaje: no solamente
ocupan la inteligencia y la devoción una proporción más grande, sino
que por otra parte, todas estas características han ganado
considerablemente en calidad. En verdad, están aún lejos de ser
perfectamente puras, pero presentan ciertamente un conjunto de
tonos mucho mejor que el marcado en la lámina 6.
El orgullo ocupa un espacio semejante al que antes ocupaba; pero,
sin embargo, es de un orden más elevado: si el hombre está aún
orgulloso, es más bien de ciertas buenas cualidades que imagina
poseer y no de la simple superioridad de su ser físico en el ejercicio de
la fuerza brutal, o en crueldad. El color escarlata, todavía en
proporción considerable, indica propensión a la cólera; pero se
observará que está localizada más abajo, en el ovoide que representa al
hombre vulgar, de lo que lo estaba en el salvaje: este hecho demuestra
el general mejoramiento de la cualidad de la materia de que está
compuesto ese cuerpo mental. En el cuerpo mental del salvaje, hemos
observado un verde viscoso, que indica la trapacería unida
fuertemente a la avaricia y al egoísmo; las vibraciones productoras de
este color, se expresan tan sólo en una materia más densa y más
grosera que la del escarlata que indica la cólera. Por el contrario, el
verde marcadamente mejor que nos presenta el cuerpo mental del
hombre vulgar, no transmite sus vibraciones sino en una materia un
poco menos densa que la del color escarlata; de aquí proviene
aparentemente el cambio de las posiciones respectivas de estos
colores. El verde ha mejorado de tal manera, que indica cierto grado
de versatilidad y adaptabilidad, más bien que trapacería y astucia.
El color terroso de las tendencias egoístas, se encuentra todavía en
gran proporción en un cuerpo mental semejante; pero se observa que
aun este color es un poco más vivo y algo menos repulsivo.
Si pasamos a la lámina 10 veremos el cuerpo astral que corresponde
al cuerpo mental de la lámina 9, el cuerpo astral del hombre vulgar.
Esta lámina nos permite comprobar que ese vehículo, concuerda
aproximadamente con su cuerpo mental, aunque los colores sean,
naturalmente, un poco más groseros y que manifiesten muy
claramente ciertas pasiones que no pueden ser expresadas en el plano
superior. Sin embargo, presenta un mejoramiento considerable con
relación al cuerpo astral del salvaje (lámina 7).
Una viva agitación invade repentinamente el cuerpo astral, y
durante un momento, los colores de su estado normal o de reposo
están casi velados. En este caso, como en todos los siguientes, el
cuerpo astral de una persona vulgar, tal como lo representa la lámina
10, es tomado como base para ilustrar esta lámina; pero se ve muy
poca cosa del anterior durante el período de una emoción
Momentánea.
Si se observa en la lámina 11, el cambio efectuado se encontrará que
consiste en cuatro modificaciones distintas:
1) Han aparecido las espirales o torbellinos de color vivo y de forma
bien definida: estas espirales tienen una apariencia duradera é
irradian una luz intensa que proviene del interior. Cada una de ellas,
es en realidad una forma de pensamiento engendrado anteriormente
en el cuerpo astral en el momento de ser proyectada hacia el objeto de
esta afección. Estos torbellinos nebulosos de luz viviente, son difíciles
de pintar; la belleza de su aspecto excede a toda descripción.
2) El cuerpo astral entero está lleno de líneas horizontales de luz
carmesí, animadas por vibraciones aún más difíciles de describir con
exactitud que las formas de pensamiento, á causa de la extrema
rapidez de su movimiento. No obstante, el artista se ha distinguido en
la presentación del efecto general.
3) Una especie de envoltura muy tenue color de rosa, cubre la
superficie entera del cuerpo astral, de suerte que todo el interior, es
visto a través de la misma como a través de un globo de color; en
nuestra lámina, este velo se percibe solamente en los bordes.
4) Una oleada de color carmesí envuelve el cuerpo astral, dando en
cierto modo su tinte propio a todos los demás colores, y aquí y allá se
condensa en franjas flotantes é irregulares a manera de cirrus a medio
formar.
Este brillante fuego artificial del plano astral, no durará
probablemente más que algunos segundos, y en seguida el cuerpo
volverá rápidamente a su estado normal; pero cada impulso del mismo
sentimiento produce su efecto: el tinte carmesí permanente de la parte
superior aumenta en algo, y deja las partículas del cuerpo astral un
poco más aptas para asimilar la primera próxima oleada de afecto que
se produzca. Por transitorio que sea un impulso semejante, Como
quiera que es repetido muchas y muchas veces, se acumulan sus
efectos.
Fijémonos, por otra parte, como entra en acción un elemento que
conviene no olvidar; este elemento es la dichosa influencia ejercida
sobre otra persona, por la radiación de las vibraciones tan llenas de
vida, de amor y de gozo.
Devoción
La lámina 12 es casi idéntica a la 11, excepto que el azul reemplaza al
carmesí; esta lámina representa el efecto momentáneo de un impulso
de devoción, que envuelve y transporta al místico en estado de
Contemplación.
Sus manifestaciones toman las mismas cuatro formas que hemos
observado en el caso de un impulso de afección, las espirales que
centellean en forma de torbellinos, las líneas horizontales que vibran
con rapidez, la envoltura exterior, así como las franjas nebulosas,
tienen precisamente el mismo significado, sustituyendo solamente la
devoción por la afección.
Un impulso tan perfecto de devoción es bastante raro, es mucho
menos común que un impulso de amor igualmente perfecto; algunas
veces puede verse aparecer una oleada de sentimientos de esta
naturaleza, pero generalmente sin el mismo grado de precisión, en el
caso de una persona que realiza un acto de adoración ante un altar, o
ante lila imagen de la Virgen. Generalmente, las líneas paralelas son
menos regulares y menos acentuadas; las espirales claramente
definidas de la lámina, son reemplazadas por nubes informes de color
azul.
Estas nubes informes, de un azul oscuro, se ven a menudo en las
iglesias, destacándose lentamente, como los torbellinos de una densa
humareda encima de la cabeza de los fieles. Nada parecido se ve, sin
embargo, en las iglesias a la moda, donde los hombres piensan en las
vicisitudes de su última especulación comercial, mientras que las
señoras están en sus delicias criticando mutuamente sus vestidos;
tampoco se ve nada semejante en ciertas asambleas religiosas donde
los pensamientos no se detienen en nada tan humilde como la
adoración y la devoción, donde la arrogancia y el engreimiento
personal se desbordan en las grandilocuentes y pomposas arengas de
los oradores, así como en la actitud de los espectadores, siempre
dispuestos a la controversia y a la caza de herejías. Se encuentra, por el
contrario, una devoción muy real algunas veces, como se ha dicho,
entre los disidentes iletrados, acompañada de cánticos bien sentidos,
aun siendo desarmónicos. También se encuentra algunas veces entre
pobres campesinos reunidos en una iglesia católica, y aún más a
menudo entre los fieles llenos de abnegación y devoción de la Iglesia
llamada ritualista. Esta devoción puede no ser manifiestamente
inteligente: pues las grandes nubes azules raramente se iluminan con
la más débil luz dorada; sin embargo, tal como se manifiesta es
sincera, y tiene indudablemente por efecto elevar a aquellos que la
experimentan.
No obstante, en la gran mayoría de los casos, la devoción como
sentimiento, parece ser siempre vaga y mal definida; es
verdaderamente difícil observar una manifestación tan perfecta como
la que presentamos en nuestra lámina.
Cólera Intensa
La lámina 13 es tal vez, de toda nuestra serie, aquella cuyo aspecto es
más sorprendente, y sin otra explicación, constituye en sí misma una
elocuente advertencia contra la locura y perversidad del hombre que
se entrega a un acceso de cólera.
Como en los casos precedentes, el cuerpo astral, en estado normal,
constituye la base momentáneamente obscurecida por la oleada
pasional; pero los pensamientos que en este caso se manifiestan,
enérgicos y llenos de vida, son la expresión de la maldad y de la
perversidad. También se presentan en forma de vórtices o torbellinos;
pero esta vez son semejantes a pesadas masas tempestuosas de un
negro de hollín, alumbrados interiormente por los resplandores
siniestros del odio en actividad. Nubes lúgubres, menos definidas,
arrastradas por los vórtices, manchan todo el cuerpo astral, mientras
que los dardos inflamados de la cólera sin freno serpentean en ellas
como los fulgores del rayo. Este espectáculo es terrible"
verdaderamente horroroso, y mientras más se le comprende, más
terrible parece. El caso que representamos, es el de un hombre
arrebatado por la ira, absolutamente fuera de sí, un hombre que en
aquel momento había perdido todo dominio de sí mismo, y era capaz
de asesinar ó de las más atroces crueldades. En un tal estado puede ser
impulsado a cometer un crimen cualquiera, o a realizar en un
momento dado un acto tal, que toda una vida de arrepentimiento sería
impotente para borrar. Aunque de hecho, la educación y el miedo al
castigo le impidiesen cometer una violencia exterior, los terribles
relámpagos del odio penetran el cuerpo astral de los demás a manera
de punzantes cuchillos; este hombre hiere, pues, a cuantos le rodean
de una manera tan real, aunque menos visible, que si les atacara en el
plano físico. Se experimenta un gran horror considerando que, si
constituye en realidad una fuente de peligro para los demás, el hombre
mismo está sin defensa; en aquel momento, la pasión le domina por
completo, el elemental del deseo es el dueño absoluto, y el hombre real
ha perdido temporalmente el dominio sobre su vehículo; en estas
condiciones, otra voluntad más poderosa puede apoderarse del
abandonado timón, otra entidad en acecho podrá apoderarse en cierto
modo momentáneamente del gobierno de la barca abandonada, y
disputar su posesión al verdadero capitán cuando vuelva. En otras
palabras, cuando un hombre es arrebatado por la ira, está expuesto a
ser “poseído” y apoderado por un desencarnado de análoga naturaleza,
o bien por algún elemental artificial cuyas vibraciones sean sincrónicas
con las que le dominan. En este caso, no solamente constituye un
peligro para sus semejantes, sino que él mismo se halla también en
estado terriblemente peligroso.
El caso que hemos elegido como ejemplo, es en realidad un caso
raro; un estado semejante no duraría, por regla general, más que
algunos minutos; pero las mismas características, aproximadamente,
se presentan en todo aquel que se abandona a un acceso de cólera
violenta; si alguno de estos seres supiese bajo qué aspecto aparece a
los ojos de aquellos que lo pueden ver, cuando se deja arrastrar por
una explosión de cólera, se esforzaría en gran manera para evitarlo. El
arrebato pasa, pero deja sus huellas; en el cuerpo astral de la
generalidad de los hombres, hay siempre cierta cantidad de color
escarlata, que denota la propensión a la cólera y a la irritabilidad; cada
explosión de ira, añade algo y aumenta en la materia del vehículo
entero la capacidad de responder con mayor facilidad que antes a estas
vibraciones tan poco deseables.
Conviene también recordar que la cólera, aunque no sea
permanente, queda registrada para siempre en la memoria de la
naturaleza; aunque el elemental creado por la malevolencia deje de
existir después de un lapso de tiempo proporcional a la intensidad del
mal pensamiento generador, la viviente fotografía de todos los
instantes de su vida, permanece, y los resultados de sus más remotas
acciones aumentará, según una justicia rigurosa, la cuenta Kármica de
su creador.
El Miedo
Los efectos del miedo en el cuerpo astral son curiosos; por el hecho
de un terror súbito, una extraña niebla de un gris lívido invade en un
instante todo el cuerpo astral, mientras que al mismo tiempo,
aparecen líneas horizontales del mismo color vibrando con tal
violencia, que apenas se las distingue como líneas separadas. El efecto
producido es indeciblemente pavoroso, y la pintura es impotente para
dar una idea fiel.
La lámina 14 sugiere su aspecto tan bien como nuestros recursos
permiten hacerlo en el papel; pero no puede presentar la extraña
manera como momentáneamente se desvanece toda luz en el cuerpo,
ni el temblor indecible que mueve toda esta masa gris como agitada
por un frío intenso.
Semejantes manifestaciones denotan un pánico intenso, y
generalmente pasan pronto. Un estado de miedo permanente o de
extrema nerviosidad, manifestará el mismo fenómeno por medio de
formas muy diferentes; pero el color gris y el temblor característico,
son signos invariables de esta inquietante presencia.
Condiciones Más Permanentes del
Cuerpo Astral
Hemos tratado de describir los efectos inmediatos, de algunas de las
emociones súbitas que afectan a los vehículos externos del hombre, y
explicar que, por fugaces que sean, no dejan por eso de producir en el
alma resultados permanentes. Sólo nos falta describir la manera cómo
se manifiestan ciertas tendencias, ciertas condiciones del carácter, a
fin de que se pueda ver hasta qué punto modifica cada una de ellas, los
progresos del hombre en su camino ascendente.
Hay sin embargo, un estado, que determina un resultado
considerable en la vida de la mayor parte de los hombres, que no
pertenece del todo a ninguna categoría de estas influencias. Este
estado, sobreviene a menudo repentinamente, y en la mayor parte de
los casos, no es sostenido por toda la duración de la vida; pero no
desaparece tan rápidamente como las impresiones de que ya hemos
hablado. Como quiera que sea, en la vida de un hombre semejante al
representado en las láminas 8, 9 y 10.
Esta impresión es generalmente el principal acontecimiento, a
menudo el único verdaderamente luminoso, en una existencia que, por
otra parte, es monótona, egoísta y sin ideales; la única ocasión en que
esta persona ha podido elevarse temporalmente sobre sí misma, y vivir
durante un determinado periodo, en un nivel completamente superior.
Esta súbita transformación, sobreviene en una persona cuando “se
enamora”. Es difícil para aquellos de entre nosotros que tienen la
dicha de vivir una vida más elevada y más culta, darse cuenta del
cambio que esta pasión opera en la existencia del hombre que hemos
descrito como el hombre vulgar. Aquellos que viven en la atmósfera
más libre de las artes, de la música, de la ciencia y de la filosofía,
aquellos que se preocupan de los intereses del mundo en general, y
cuyos pensamientos son habitualmente altruistas, difícilmente pueden
trasladarse en alas de la imaginación, al grado de evolución en que se
encontraban en períodos precedentes, la condición de las almas menos
evolucionadas, con su intensa concentración en sí mismas, con su
horizonte tan limitado y sus miras estrechas y mezquinas. Es evidente
que la divinidad reside en las almas más jóvenes, si bien en estado
latente, y no es raro cuando se presenta una ocasión oportuna, verles
sobresalir brillantemente en actos de gran heroísmo o admirable
sacrificio.
Pero esto no impide que sus almas sean más jóvenes, y que en las
circunstancias ordinarias vivan la vida más limitada de que antes
hemos hablado.
En una vida oscura y llena de limitaciones, brilla repentinamente un
rayo de lo alto, y en respuesta, la divina chispa que reside en aquel ser,
se ilumina con una llama más viva.
En lo sucesivo, semejante hombre podrá perder la benéfica
influencia, y caer de nuevo una vez más en la oscuridad de sus
anteriores días; pero nada será capaz de arrebatarle el beneficio de
haber visto las puertas de oro, y de haber recibido, hasta cierto punto,
la revelación gloriosa de la vida superior. Ha atravesado una fase en
que, durante un lapso de tiempo más o menos largo, el yo ha sido
destronado, en la que otro ser ha ocupado el primer puesto; de este
modo, aprende por primera vez, una de las lecciones más bellas de su
larga evolución. Edades pasarán antes de que la lección sea
perfectamente asimilada; sin embargo, este primer vislumbre es de
una importancia trascendental para el Ego, y los efectos que produce
en el cuerpo astral merecen una especial atención.
Esta transformación es inesperada, y completa; es tal como puede
verse comparando la lámina 10 con la 15.
Es tan extraordinaria la transformación, que ambos cuerpos parece
que no pertenecer a la misma persona. Se puede ver que por el
momento, algunas cualidades han desaparecido completamente, que
otras se han vivificado mucho, y que sus respectivas posiciones han
cambiado considerablemente.
El egoísmo, la falsedad y la avaricia se han desvanecido, y la parte
más inferior del óvalo se ha llenado con una gran cantidad de pasiones
animales. El verde de la adaptabilidad, ha sido reemplazado por el
verde terroso de los celos, y la extrema actividad de este sentimiento,
se manifiesta por los brillantes rayos de color escarlata
correspondientes a la cólera, que penetran este color.
Los cambios desfavorables, son más que compensados por la
espléndida franja carmesí que ocupa la mayor parte del óvalo. De
momento, ésta es la característica dominante, y el cuerpo astral,
resplandece por completo con su luz. Bajo su influencia, el aspecto
general terroso del cuerpo astral en su estado ordinario, ha
desaparecido, y tanto los buenos como los malos colores, son ahora
brillantes y claramente definidos. Hay en este caso una intensificación
de la vida en determinadas direcciones.
Se observará también que el azul de la devoción, ha mejorado
notablemente, y tal ha sido el progreso realizado, que un pálido tinte
violeta aparece en la cima del ovoide; el violeta indica la capacidad de
responder a un ideal realmente elevado y desprovisto de egoísmo. Por
el contrario, el amarillo del intelecto ha desaparecido completamente,
lo que creo haría decir a un espíritu burlón, que la estupidez es la
característica de tal estado.
Apenas parece posible que después de este brillante estado pueda el
hombre caer de nuevo en la condición representada por la lámina 10
sin embargo, esto es lo que sucede en la mayor parte de los casos; pero
aun entonces, el carmesí queda aumentado considerablemente, y su
color es más vivo que antes. La experiencia de un amor real, es
evidentemente muy ventajosa para el Ego, y le hace realizar un
progreso definido, aunque pueda ir acompañado de muchas cosas
poco deseables. La afección intensa y desinteresada que algunos niños
sienten a veces por otros de más edad, es un poderoso factor para su
progreso, pues siendo libre este afecto de toda relación con la
naturaleza animal inferior, es para ellos un beneficio efectivo. Sucede
lo mismo que con las flores de los árboles frutales: su forma, a menudo
muy bella, no tiene utilidad aparente, pero no deja de tener su objeto:
la flor efectúa la atracción de la savia que producirá el fruto venidero.
El Irascible
Ahora vamos a examinar la manera cómo se expresan en el cuerpo
del hombre, ciertas peculiaridades del carácter. El caso del hombre
irascible es un buen ejemplo. Del modo que le podemos ver en la
lámina 16, ha y en su cuerpo astral habitualmente, como nota
dominante, una ancha franja escarlata.
Pero lo que especialmente le diferencia de los demás hombres, es la
presencia, en todo el cuerpo astral, de pequeñas manchas flotantes del
mismo color escarlata, algo parecidas en su forma a puntos
admirativos.
Estos puntos son el resultado de pequeños accesos de cólera
provocados por los disgustos insignificantes que constantemente
ocurren en el curso ordinario de la vida. Cada vez que la persona sufre
una contrariedad -por ejemplo, si encuentra el café frío, si le ha
escapado el tren, o si el niño ha vertido el tintero- el hombre irascible
deja escapar una exclamación de impaciencia o de cólera, y un
pequeño relámpago escarlata revela este sentimiento no dominado. En
ciertos casos, estos pequeños impulsos de un temperamento
indisciplinado, se escapan hacia la persona que se ha hecho acreedora
a la reprensión; pero en muchos otros casos, permanecen simplemente
flotando, suspensos en la materia del cuerpo astral, y presentan el
aspecto representado en nuestra lámina. Estas manchas se debilitan
gradualmente, pero al instante son reemplazadas por otras, pues el
hombre irritable jamás carece de motivos de enfado.
El Avaro
Otro espectáculo sorprendente, pero afortunadamente menos
común, es el que hemos presentado en la lámina 17.
El fondo difiere un poco del cuerpo astral ordinario, pues se nota la
ausencia total de la devoción y una porción de afecciones mucho más
inferiores a la normal. La avaricia, el egoísmo, la malicia y la
adaptabilidad, o mejor dicho, la astucia, son intensas, pero por otra
parte hay muy poca sensualidad. La característica más notable, sin
embargo, se encuentra en la curiosa serie de líneas paralelas casi
horizontales que cruzan el óvalo, y causan la impresión de que el
hombre está encerrado en una jaula. Estas líneas de un color opaco -
casi de tierra siena quemada- están unidas y claramente marcadas en
sus bordes superiores, pero se funden hacia abajo en una especie de
nube. Este es el ejemplo de una avaricia bien caracterizada, de un caso
extremo y naturalmente poco común; pero un gran número de
personas tienen, al parecer, en su naturaleza, algunos elementos del
avaro y los manifiestan por una intensificación del color de la avaricia,
y por una o dos de estas líneas en la parte superior del cuerpo astral; el
tipo que hemos elegido como ejemplo es excepcional, y es raro
encontrar una persona tan completamente dominada por este vicio.
Mientras el vicio persiste, parece tener por efecto la paralización de
todo desarrollo, y es muy difícil deshacerse de él una vez ha dominado
la personalidad.
Abatimiento Profundo
El cuerpo que se ve en la lámina 18, se parece al precedente bajo
muchos aspectos.
No obstante, tenemos aquí líneas de un gris opaco en lugar de las
líneas terrosas, y el efecto total, desde el punto de vista del observador,
es indescriptible: tan triste y deprimente es. En este caso, parece que
no está ausente ninguna cualidad, y tenemos como fondo, los colores
ordinarios del cuerpo astral; pero todos son velados por estas pesadas
líneas de una profunda tristeza. Nuestro cuadro representa una
persona dominada por un acceso de extremo abatimiento, y
naturalmente, existen un gran número de grados intermediarios entre
el ejemplo que hemos elegido y el representado por un cuerpo astral
en estado normal. Una persona puede no tener más que algunas de las
líneas que caracterizan el abatimiento, y aun éstas, pueden ser
transitorias, o bien, en casos menos determinados y menos
persistentes, la espesa nube puede apenas tener el tiempo necesario
para ordenarse en líneas. No obstante, son muchas las personas que se
abandonan a estas impresiones, y se dejan envolver con la nube de la
desesperación; entonces, el mundo entero les parece cubierto con un
velo de negrura. No se dan cuenta de que por esta actitud de su ánimo,
retardan seriamente su propia evolución, pierden la oportunidad de
muchas experiencias aprovechables, y causan así, sin necesidad,
injusticias y sufrimientos a cuantos les rodean.
No hay estado psíquico que sea más contagioso que éste; sus
vibraciones irradian en todas direcciones, y sus efectos disolventes y
funestos penetran en todos los cuerpos astrales que se les aproximan,
ya pertenezcan a un encarnado o a un desencarnado.
El hombre que se abandona de este modo al desaliento, es un peligro
tanto para los vivos como para los muertos, pues en estos tiempos de
especulaciones intelectuales y de nerviosidad, la mayor parte de las
personas difícilmente resisten el contagio de estas tristes vibraciones.
Sólo está al abrigo de tan terribles influencias, aquel que comprende
en parte el porqué de la vida, aquel que la mira desde el punto de vista
filosófico y práctico, aquel que se da cuenta de que tiene el deber de
ser feliz, puesto que es la voluntad del Logos que lo sea. El estudiante
de Teosofía, debería distinguirse de los demás por la perfecta
serenidad con que debe hacer frente a todas las dificultades, así como
por el gozo radiante que experimenta al ayudar a los demás.
Felizmente, pueden ser las buenas influencias difundidas a nuestro
alrededor: del mismo modo que pueden serlo las malas, y el hombre
que es lo suficientemente sabio para ser feliz, se convertirá en un
centro de felicidad para los demás, en un verdadero sol irradiando luz
y alegría a su alrededor, en la medida que le permitan sus
oportunidades, en un colaborador de Aquel que es el manantial de
toda felicidad. Así es que todos debemos contribuir a la desaparición
de las tristes líneas del abatimiento, a fin de que el alma, su prisionera,
sea libertada en la gloriosa luz del amor divino.
El Devoto
Para terminar el estudio de los diversos aspectos del cuerpo astral,
será conveniente examinar dos tipos muy distintos, en cuya
comparación tendremos mucho que aprender. El primero está
representado en la lámina 19 y podríamos decir que corresponde al
Devoto.
Los colores de su cuerpo astral nos demuestran sus características
particulares; así pues, vemos que posee algo, aunque poco, del color
violeta pálido, que indica la posibilidad de ser atraído por un ideal
elevado. La nota dominante de este tipo, es un desarrollo poco común
del color azul, indicio de una profunda religiosidad: desgraciadamente
sólo se ve una pequeña porción del color azul claro puro que
representa la devoción desinteresada; en su mayor parte, es de un tono
más oscuro y borroso, que indica la existencia de una regular cantidad
de deseo, y de interés personal. La pequeña parte de amarillo, denota
en nuestro sujeto una inteligencia demasiado limitada; la inteligencia
es muy necesaria para llenar debidamente los deberes religiosos, y
para no caer en una beatería poco razonable, la afección y la
adaptabilidad, están bastante bien representadas, aunque no sean de
un orden muy elevado; en cuanto a la sensualidad, su proporción
excede en mucho el término medio, y la astucia, así como el egoísmo,
son también preponderantes. Es curioso observar que una gran
sensualidad y un temperamento religioso, se vean tan a menudo
unidos; esto parece dar a entender que debe existir alguna relación
oculta entre estos dos aspectos, o bien puede ser que ambos,
constituyan el temperamento de un ser que vive tan solo de
sensaciones, y que es gobernado por éstas, en vez de tratar de
dominarlas por medio de la razón. Hay otro punto en el cual conviene
fijar la atención; este punto es la irregularidad en la distribución de los
colores, y la vaguedad de sus contornos; todos ellos se funden los unos
en los otros, y en ninguna parte hay líneas claras y definidas. Esto
representa una característica especial, esto es, la vaguedad de las
aspiraciones del devoto. Es evidente que en este ejemplo, como en los
demás del mismo capítulo, consideramos únicamente las variaciones
en el hombre vulgar. El cuerpo astral de la lámina 19 no es, pues, el de
un devoto desarrollado, guiado por la razón, y cuya devoción es el
fruto del conocimiento, sino el de un devoto vulgar y poco inteligente.
Las principales características de la lámina 19 son la devoción (o un
aspecto de la misma), el sensualismo, y una pequeña parte de
intelectualidad.
En el tipo que representa la lámina 10 ya no tenemos nada de
religiosidad y el sensualismo es mucho más limitado de lo que lo es en
la generalidad; pero, por el contrario, el intelecto está desarrollado en
un grado casi anormal.
El afecto y la adaptabilidad están débilmente representadas, y son
de calidad mediana; parecen eclipsadas por el desarrollo de la
inteligencia; en efecto, el tipo que examinamos, no está aún lo
suficientemente evolucionado para poseer a la vez todas estas
cualidades en su más elevado aspecto. También se observa en él, si
bien en mediana proporción, el egoísmo, la avaricia y cierta tendencia
a los celos. Pero la característica preponderante de este ser, es la gran
cantidad de amarillo dorado, el cual demuestra una inteligencia bien
desarrollada y, sobre todo, dirigida hacia la adquisición del
conocimiento. Un gran cono de color anaranjado brillante se eleva en
medio del amarillo, é indica la presencia de una notable cantidad de
orgullo y de ambición unidas a este saber.
Sin embargo, el tono particular del amarillo, excluye toda idea de
envilecimiento del intelecto para fines puramente egoístas.
Será útil observar que la costumbre del orden en el científico, tiene
su influencia consiguiente en la disposición de los colores astrales:
éstos propenden a disponerse en franjas regulares, y las líneas de
demarcación entre ellas son más definidas que en los ejemplos
precedentes.
Es evidente que los cuerpos representados en las láminas 19 y 20
corresponden a dos tipos de desarrollo distintos; y si cada uno de ellos
tiene su lado bueno, también tienen marcadas desventajas.
Vamos ahora a examinar los vehículos del hombre más desarrollado;
éste posee en un grado superior todas las diversas y, sobre todo, bien
equilibradas cualidades, de suerte que cada una sostiene y fortifica a la
otra, en lugar de dominarlas o reprimirlas.
El Hombre Evolucionado
La palabra “evolucionado” es relativa y conviene explicar con
exactitud lo que en este caso hemos de entender. Los vehículos que
hemos designado con esta expresión, son los que puede poseer toda
persona de pensamientos puros, habiendo definitiva y racionalmente
dirigido sus afectos y aspiraciones hacia las cosas elevadas. Estos
vehículos no son, en modo alguno, los de un hombre muy avanzado en
el sendero que conduce al Adeptado, pues en este caso encontraríamos
una diferencia considerable, tanto en su intensidad como en su
disposición. Pero nos indican con claridad que aquel ser, del cual son
la expresión, investiga la verdad, se ha elevado por encima de los
simples intereses terrenales, y vive por un ideal. En esta categoría, se
encuentran algunos más avanzados en una dirección que en otra; pero
el ejemplo que hemos elegido es el de un hombre bien equilibrado, un
término medio entre aquellos que han alcanzado el nivel de que
hablamos.
Examinemos primero la lámina 21, que nos representa al cuerpo
Causal.
Si lo comparamos con las láminas 5 y 8 veremos cuál ha sido el
progreso del hombre y bajo qué aspecto se manifiesta.
Observamos que numerosas y bellas cualidades se han desarrollado
en él, pues el espléndido y matizado globo (o envoltura peculiar) está
lleno de los más exquisitos colores, que simbolizan las formas más
elevadas del amor, de la abnegación y de la simpatía, a los cuales viene
a añadirse un intelecto refinado y espiritual, así como las constantes
aspiraciones hacia lo divino. Permitidme reproducir una cita de
nuestro sexto manual teosófico El Plano Mental:
“Este cuerpo, compuesto de una materia cuya tenuidad é
imponderabilidad son inconcebibles, de una vida intensa y
palpitante como un fuego viviente, a medida que se
perfecciona su evolución se transforma en un globo de
radiantes colores, cuyas vibraciones producen ondulaciones
de cambiantes matices, colores desconocidos por nuestros ojos
mortales, y cuyo brillo, dulzura y transparencia, nuestro
lenguaje sería impotente para describir. Imaginaos, por
ejemplo, los colores de una puesta de sol en Egipto, y añadid
la maravillosa dulzura de una noche de estío en nuestros
países del norte; prestad aún a estos colores más luz,
transparencia y esplendor, de tal modo que trascienda a
cuanto pueda proporcionar la paleta de un pintor, y sin
embargo, aquel que no las ha visto no podrá llegar a
imaginar la belleza de esas radiantes esferas que brillan en el
campo visual de un clarividente cuando se eleva a este mundo
superior. Todos los cuerpos causales de esta clase, están llenos
de un fuego viviente que se deriva de un plano más elevado,
con el cual parece unido cada globo por un hilo centelleante de
luz tan intensa, que nos recuerda con claridad las palabras de
las estancias de Dzyan: “La chispa está suspendida de la
llama por el hilo más tenue de Fohat.”
Mientras más crece y se nutre el alma del inagotable Manantial del
Espíritu divino, por medio del canal luminoso del cual está
suspendida, más se extiende y se dilata este canal bajo la acción del
fluido que la inunda; entonces, en el próximo sub-plano se ve como un
torrente de luz que une la Tierra con el Cielo. Más alto aún, se resume
en una esfera inmensa de donde brotan oleadas de luz viviente, como
un océano sin límites en cuyo seno parece fundirse el cuerpo causal:
“El hilo que une al Vigilante silencioso con su sombra, se hace más
fuerte y más radiante a cada cambio. Los resplandores de la aurora se
han convertido en el glorioso esplendor del sol de mediodía. Esta es tu
rueda actual, dice la llama a la chispa. Tú eres yo mismo, mi imagen y
mi sombra. Yo me he revestido de ti y tú eres mi Vahan hasta el día
(sea con nosotros) en que te convertirás en mí mismo y en los demás,
en que seas tú mismo y yo.”
¡Cuán impotente se siente uno al tratar de expresar toda esta gloria
en una hoja de papel! Nuestro artista, sin embargo, ha conseguido con
suma habilidad representar lo que ningún pincel es capaz de expresar;
y aunque la imagen física mejor ejecutada no pueda estar sino muy
lejos de la trascendental realidad, ofrece sin embargo, a nuestra
imaginación un punto de partida que nos permitirá formarnos una
idea de la inexplicable realidad.
Nota: Las imágenes fueron realizadas por el Conde Mauricio Prozor y copiadas por
Gertrudis Spinck a fin de ser editadas.
No debemos dejar de mencionar una de las características más
bellas del hombre evolucionado, esto es, su, aptitud para canalizar la
fuerza que recibe de lo alto. Se ven emanar de su cuerpo causal
corrientes de esta fuerza en diversas direcciones, pues la ausencia de
egoísmo, su actitud compasiva y su generosidad, permiten a la fuerza
divina expresarse en él como un poderoso manantial por cuya
mediación llega a muchos de aquellos que no son bastante fuertes para
recibirla directamente. Convertirse de este modo en uno de los
limosneros de Dios, es un privilegio digno de todos nuestros esfuerzos;
su logro está a nuestro alcance por poco que nos esforcemos.
Las brillantes chispas que coronan la parte superior del óvalo,
indican la actividad de las aspiraciones espirituales. Estas aumentan
en gran manera la belleza y la magnitud del conjunto. Por humildes
que sean las ocupaciones del hombre en el plano físico, estos rayos no
dejan de elevarse constantemente del cuerpo causal; pues, cuando el
alma está despierta en su propio plano, y comienza a comprender lo
que ella es, así como la naturaleza de sus relaciones con lo divino,
aspira siempre hacia la causa de donde emanó, y permanece
indiferente a todas las actividades que por un tiempo determinado
pueda ejercer en los planos inferiores.
No olvidemos que aun la personalidad más noble, permanece
siempre como una débil y pobre expresión del yo. Así pues, desde que
el hombre superior comienza a desgarrar su propio velo, un campo de
acción casi ilimitado se abre ante él, un horizonte inmenso, del cual
nuestra limitada vista física no puede darnos idea alguna.
Los pensamientos y aspiraciones espirituales, se manifiestan en el
hombre desarrollado por medio de una muy gloriosa aureola, la cual
constituye el canal dispensador del poder divino, de tal suerte: que
mientras más potentes y definidas son sus aspiraciones, más grande es
la medida de la gracia que recibe de lo alto.
El Cuerpo Mental del Hombre Evolucionado
A medida que el observador estudia un ser cada vez más elevado, no
puede menos de quedar sorprendido de lo que sus diferentes
vehículos, no solamente se han sutilizado y mejorado, sino que
también se han hecho más semejantes los unos a los otros.
Admitiendo que existe entre los diversos colores pertenecientes a los
niveles inferior y superior del plano mental, la misma diferencia que
existe en la escala cromática en diferentes tonos, la lámina 22 es casi
una reproducción de la lámina 21.
Y la analogía entre las láminas 22 y 23 parecerá aún más notable.
Recordemos sin embargo, que al compararlos entre sí, los colores
astrales son, a su vez, de un tono inferior a los del nivel mental más
bajo.
Si comparamos aún entre sí las láminas 22, 19 y 6, se verá que el
progreso desde el cuerpo mental del salvaje, hasta el hombre libre de
egoísmo, es bien definido.
Se podrá observar que el orgullo, la cólera y el egoísmo, han
totalmente desaparecido, y que los colores restantes, no solamente se
han intensificado hasta llenar la totalidad del óvalo, sino que su
tonalidad ha mejorado hasta el punto de causar una impresión
completamente distinta.
Cada uno de los colores, es más armónico, más delicado, puesto que
ha desaparecido todo sentimiento egoísta; a estos colores viene a
añadirse el violeta puro con estrellas de oro, las cuales denotan la
adquisición de nuevas y más elevadas cualidades. El elevado poder que
hemos visto irradiar a través del cuerpo causal, actúa igualmente a
través del vehículo mental, aunque, con menos fuerza. El cuerpo
mental que hemos reproducido, es ya de un tipo muy elevado, está
bien desarrollado, y contiene todas las posibilidades de un rápido
progreso en el sendero, cuando la hora haya sonado.
El Cuerpo Astral
A primera vista, el cuerpo astral del hombre evolucionado que figura
en la lámina 23, se parece mucho al vehículo mental; pero en realidad,
no es más que una reflexión de este último en la materia más grosera
del plano astral.
Esta analogía, nos indica que un hombre tal, ha vencido ya
enteramente sus deseos, por el predominio mental, y que su ya
despierta razón, es capaz de resistir con firmeza el asalto furioso de las
pasiones. No habiendo dado aún los primeros pasos en el sendero;
persiste aún en él la propensión a irritarse eventualmente, o a ceder a
ciertas necesidades imperiosas y poco deseables; pero sabe lo bastante
para reprimir en lo sucesivo estas manifestaciones de orden inferior, y
para sostener contra ellas una lucha constante en lugar de ceder a su
dominio. Si bien estos defectos pueden todavía influir temporalmente
al cuerpo astral, no podrán en cambio producir en él impresiones
duraderas, y cederán por último ante las vibraciones mucho más
potentes de las cualidades superiores.
En las mismas condiciones, pero en un estado todavía más
avanzado, el mismo cuerpo mental se convierte en una reflexión del
cuerpo causal; pero entonces, los impulsos del Yo superior son los
únicos guías de este hombre, así como de su razón.
Esta lámina, nos explica un hecho interesante relativo a la luz
amarilla que representa el intelecto. Cuando este color se presenta en
el óvalo, se manifiesta invariablemente en su punto más superior, en la
proximidad de la cabeza; éste es el origen del glorioso nimbo que se
representa alrededor de la cabeza de los santos; en efecto, el amarillo,
es el color que más se destaca en el cuerpo astral, y el más fácilmente
perceptible por todo aquel que se aproxima a los límites de la
clarividencia. Algunas veces puede aún ser visto sin el auxilio astral;
así, cuando una persona un poco desarrollada lleva a cabo un esfuerzo
de cualquier naturaleza, ya sea en un sermón o en una conferencia, sus
facultades intelectuales están sometidas a una actividad inusitada, y
entonces la aureola amarilla se ve intensificada. En algunos casos que
he observado, esta aureola franqueó los límites de la visión física, y fue
percibida por muchas personas que no tenían otro poder visual que el
de nuestro plano. En estos casos, no es que las vibraciones astrales
disminuyan en intensidad hasta descender más abajo del grado
vibratorio que las separa de la vibración física, sino que por el
contrario, Son cada vez más enérgicas, hasta el punto de provocar
vibraciones sincrónicas, aun en la pesada y grosera materia del plano
físico.
Los pintores de la edad media que pusieron una aureola alrededor
de la cabeza de los santos, tomaron la idea, sin duda, de la percepción
accidental de este fenómeno, -o de las tradiciones de los clarividentes.
Recordemos también, que se encuentra representada a menudo una
cruz en la aureola del Cristo; esta adicción, estrictamente hija de la
imaginación, no es desmentida por la observación oculta, pues
frecuentemente se ha visto que las figuras geométricas que simbolizan
ciertos pensamientos elevados y de trascendental alcance, se
encuentran en las auras de personas muy evolucionadas. Véase el
artículo de Mme. Besant sobre las “Formas de Pensamiento”.
El estudiante sacará algún provecho comparando cuidadosamente
los ejemplos que presentamos entre sí; en primer lugar, examinará
cada cuerpo causal en su relación con el cuerpo mental y el astral, que
son sus expresiones parciales, y comprenderá de este modo la relación
que existe entre estos diferentes vehículos; luego, comparará los tres
cuerpos astrales de las láminas 7, 10 y 23, para darse cuenta de los
progresos realizados en el cuerpo de deseo.
De todos los vehículos del hombre, este último es el que el
clarividente percibe más fácilmente, y es también el único que puede
ver la persona que posee el desarrollo psíquico ordinario.
La misma comparación podrá hacerse entre las láminas 6, 9 y 12.
Después entre las 5, 8 y 21, que servirá para comprobar los
progresos del hombre en los cuerpos superiores.
El Aura de Salud
Hasta el presente nos hemos ocupado exclusivamente de las
relaciones que existen entre los vehículos del hombre, y los planos
superiores; pero nuestra exposición sería incompleta, si guardásemos
silencio respecto de la materia física extremadamente sutil, que la
vista del clarividente percibe como formando parte del aura humana.
La mayor parte de esta materia, está en estado etéreo, y constituye el
que se llama a menudo el doble etéreo. No es en modo alguno un
vehículo distinto, sino que debe ser considerado como formando parte
del cuerpo físico. Esta aura física, aparece al clarividente como una
nube de vapor débilmente luminoso de un gris violáceo,
interpenetrando la parte más densa del cuerpo físico y extendiéndose
ligeramente a su alrededor; podremos darnos más exacta cuenta,
consultando las láminas 24 y 25.
El Cuerpo Causal del Adepto
Las láminas de este libro, serán, probablemente bastante
instructivas para aquellos de nuestros lectores que todavía no pueden
ver ninguno de los vehículos superiores del hombre, y con esta
esperanza las hemos publicado. En cuanto a las personas que pueden
ver, aun reconociendo el mérito del trabajo concienzudo del artista, así
como su habilidad, estarán unánimemente de acuerdo, en que ningún
esfuerzo humano puede estampar sobre la tela o el papel, de una
manera adecuada, ni aun el más inferior de los planos súper físicos. Si
esto es así (y en verdad así es), ¿Cuánto mayor será la imposibilidad de
representar el aura del Adepto, esto es, el aura del hombre que ha
alcanzado la meta de la humanidad, aun más, que la ha traspuesto y se
ha convertido en un ser más que humano?
Las dimensiones del cuerpo causal del Adepto, han crecido
extraordinariamente; su radiante gloria resplandece como un sol
refulgente; su brillo confunde, traspasa los límites de la imaginación.
Es tal su magnificencia, que no sabríamos dar una idea de la belleza
de su forma y de su color, pues el lenguaje humano no posee palabras
para describir estas radiantes esferas. El cuerpo causal del Adepto por
sí solo, exigiría un volumen; mas este trabajo, no puede ser
emprendido sino por un hombre muy avanzado ya en el Sendero.
Lo que, sin embargo, puede verse fácilmente, es que el cuerpo causal
del Adepto, no solamente es mucho más grande que el del hombre
vulgar, sino que sus colores están dispuestos de una manera distinta.
Los colores han cesado ya de moverse como nubes turbulentas; ahora
están ordenados en vastas divisiones concéntricas penetradas por
todas partes por rayos de luz viviente que brotan del Adepto, como de
un centro de fuerza. El orden de los colores cambia según la clase a
que el Adepto pertenece, de suerte que pueden distinguirse muchas
variedades bien definidas entre estos gloriosos vehículos.
Parecerá una cosa extraña, que dado el carácter oculto del tema que
nos ocupa, nos haya sido transmitida una revelación perfectamente
exacta de este hecho por las imágenes del Buddha que pueden verse
groseramente pintadas en los muros de los templos de Ceylán. El Gran
Instructor, es habitualmente representado rodeado de una aureola; y
lo sorprendente, es que los colores, así como la disposición general de
esta aura, serían manifiestamente impropios é inadmisibles si se
refiriesen a un hombre vulgar, o a un simple Adepto (si es que
podemos emplear tal expresión sin ser irreverentes); por lo tanto,
estas figuras son la pintura grosera y material del cuerpo causal de un
Adepto del tipo particular a que pertenecía aquel gran ser. También es
muy notable ver que los rasgos del Aura de salud están marcados en
algunas de aquellas figuras primitivas.
Si es imposible tratar de pintar el cuerpo causal del Maestro, no será
inútil dar una idea, lo más aproximadamente posible, de las
dimensiones y del aspecto relativos del cuerpo causal de uno de Sus
discípulos más avanzados, la de un hombre que ha alcanzado el cuarto
grado en el sendero; esto es, la de un Arhat, si se adopta la
terminología de los libros orientales (véase Protectores invisibles).
Esto es lo que se ha tratado de hacer en la lámina 26.

Comentarios
Publicar un comentario