Los Colores del Hombre Visible e Invisible.

 

 

Los Colores del Hombre Visible e Invisible
Charles Webster Leadbeater

El Salvaje 

Ocupémonos ahora del cuerpo mental del salvaje (lámina 6),  apoyados en estas enseñanzas; a primera vista, podemos verlas comprobadas en los hechos. Aunque en conjunto este cuerpo mental sea muy pobre y poco desarrollado, demuestra, sin embargo, que el hombre ha realizado algunos progresos. 

 

 

El amarillo opaco, en la parte superior, indica alguna inteligencia; 

pero su tinte sucio, demuestra también que esa inteligencia, se dedica 

exclusivamente a fines egoístas. El gris azulado, denota una devoción 

que ha de ser un fetichismo lleno de temor, é inspirado por 

consideraciones de interés personal, mientras que el carmesí cenagoso 

de la izquierda, nos hace suponer los primeros albores de una afección 

que es en primer lugar egoísta. La franja de color anaranjado opaco, 

demuestra el orgullo de un orden inferior; la gran mancha escarlata, 

expresa una excesiva tendencia a la cólera, que evidentemente se 

inflama a la menor contrariedad. La ancha franja verde sucio, que 

ocupa tan gran parte en el vehículo que estudiamos, denota la 

trapacería, la perfidia y la avaricia; este último defecto es indicado por 

el tinte moreno bien definido. Por último, observamos en la base del 

óvalo una especie de depósito de color cenagoso que demuestra el 

egoísmo en general y la ausencia de toda cualidad deseable. La misma 

ausencia de las cualidades superiores en este cuerpo mental, nos 

permite prever con certeza, que si observamos el cuerpo astral 

correspondiente (lámina 7), veremos que un hombre tal, no tiene casi 

ningún dominio sobre sí mismo; y en efecto, en este vehículo de deseo, 

veremos una gran parte exclusivamente ocupada por la sensualidad, 

que se manifiesta por un rojo terroso de mal aspecto, parecido al rojo 

de sangre. 

 

 

Es difícil reproducir el tinte lúgubre que caracteriza este instinto, 

desgraciadamente muy común, con excepción hecha de las almas más 

avanzadas. La trapacería, el egoísmo y la codicia, se hallan 

evidentemente en este cuerpo como se podía suponer, y la cólera feroz, 

se revela por las manchas rojo escarlata opaco; apenas si se encuentra 

en este vehículo indicio alguno de afección, y la poca inteligencia y 

devoción que aparecen, son del orden más inferior. 

Observemos por otra parte la irregularidad de los contornos de este 

cuerpo astral, sus manchas, y la disposición de sus colores. Cuando 

pasaremos al estudio de los vehículos de seres humanos más 

evolucionados, podremos comprobar un gran progreso en este 

sentido. Los colores se mezclan siempre en cierto modo, y se funden 

los unos en los otros; pero en el hombre ordinario, tienen sin embargo 

una marcada tendencia a disponerse en franjas más o menos 

regulares, al mismo tiempo que el contorno del ovoide se regulariza y 

define. 

En el del salvaje sucede lo contrario, todo es irregular, y es 

ciertamente el esclavo de los impulsos violentos y a menudo mal 

dirigidos, a los cuales cede pronto, sin el menor esfuerzo para 

vencerlos. En suma, es un ser muy repulsivo; sin embargo, cada uno 

de nosotros ha pasado por esta fase, y las experiencias que hemos 

realizado nos han elevado a una condición un poco más pura y noble. 

Sólo algunas razas inferiores de negros, y los restos de la tercera 

raza, presentan hoy día un grado tan inferior en la evolución. Nosotros 

llamamos indistintamente “salvajes” a un gran número de seres, de los 

cuales muchos, como por ejemplo, algunos Zulús, Maorís o Insulares 

del Pacífico, han alcanzado ya un desarrollo considerable, y 

comparados con algunos ejemplares de nuestra propia civilización, 

ganarían en superioridad. Teniendo presentes en gran manera las 

variaciones individuales, el cuerpo astral de estos salvajes, 

relativamente superiores, ofrece, en general, un aspecto intermedio, 

entre el representado en nuestra lámina 10 y el de la 7. 

 

 

Si queremos formarnos una idea del aspecto de los diversos 

vehículos humanos, es indispensable no olvidar jamás que las 

partículas de materia que los constituyen, son constantemente 

animadas por un rápido movimiento; en algunos casos, cuya mención 

se hará oportunamente, estos cuerpos presentan franjas bien definidas 

y líneas claramente marcadas; pero en la gran mayoría, las nubes de 

color no se confunden, sino que ruedan sin cesar unas sobre otras, 

apareciendo y desapareciendo a causa de este movimiento. 

De hecho, la superficie de la niebla luminosa de brillantes colores, se 

parece algo a la caída de un salto de agua; se ve en ella un torbellino de 

partículas, que tan pronto se levantan de la superficie como caen de 

nuevo, cambiando sin cesar de lugar. 

Así, los diversos colores no conservan siempre las respectivas 

posiciones que representan las láminas, y sin embargo no es menos 

verdad que se mueven aproximadamente en el indicado orden: el 

amarillo, el rosa y el azul, no se encuentran siempre agrupados como 

los representamos, sino que su movimiento es rotatorio, sin moverse 

de la cúspide del ovoide: cuando existen, siempre se les ve próximos a 

la cabeza del cuerpo físico, mientras que los colores que caracterizan el 

egoísmo, la avaricia, el engaño o el odio, tienden siempre hacia bajo, y 

la gran masa de los que determinan las tendencias sensuales, flotan 

habitualmente entre ambos. 

A cada uno de los grados de vibración que dan lugar a la percepción 

de los colores, corresponde una clase distinta de materia astral o 

mental, en la cual tienen su libre expresión, y la posición media de 

cada uno de los colores, en la niebla sin cesar moviente del aura, 

depende realmente de la densidad particular de la materia 

correspondiente. Toda la materia contenida en un cuerpo astral, o 

poco menos, puede ser llevada por una oleada súbita de pasión, a 

participar temporalmente de las vibraciones de la misma; pero el 

conjunto total, excepto la pasión a la cual este modo vibratorio es 

normal, volverá a su propio estado tan pronto como la fuerza 

accidental cese de obrar. 

Cada hombre, tiene naturalmente, su idiosincrasia particular, y no 

existen dos exactamente iguales; pero cada uno de los ejemplos que 

presentamos, representa el término medio de su categoría, y los 

diversos colores de sus vehículos, son marcados en la parte del óvalo 

que ocupan en el estado normal. 

En cada una de estas láminas, ha sido delineado el cuerpo físico con 

el solo fin de dar al lector una idea de sus dimensiones con relación a 

las de los vehículos superiores: las proporciones respectivas de éstos, 

varían poco, excepto en el hombre altamente desarrollado: cuyos 

vehículos, como veremos más adelante, aumentan considerablemente. 

 

La Persona Ordinaria 

Dejemos ahora al salvaje para examinar al hombre que representa el 

término medio, de nuestra raza y de nuestra época; veamos los 

progresos realizados por él, comparados con el tipo precedente, y 

cómo se manifiestan en sus diversos vehículos: Para nuestro análisis, 

no tomaremos como ejemplo ni a un sabio ni a una persona de 

sentimientos delicados y de elevada cultura, sino simplemente un 

hombre vulgar de los niveles inferiores de la clase media, el vendedor 

de comestibles, el empleado, el portero o el cartero, no del tipo más 

ordinario, sino un término medio. Si examinamos con la visión 

apropiada el cuerpo causal de un hombre semejante, encontraremos 

aproximadamente el grado de desarrollo indicado en la lámina 8. 

 

 

El gran óvalo, demuestra un considerable y bien definido desarrollo 

de sus contenidos, y aunque este cuerpo sea incoloro en más de su 

mitad, son ya visibles en su interior, colores excesivamente sutiles y 

delicados en cantidad apreciable. El significado de los colores, es el 

mismo en este nivel que en los inferiores, aunque en este estado 

indican cualidades definidas, adquiridas de una manera ya 

permanente por el alma, y aunque estén muchas “octavas” por encima 

de las que representan las mismas cualidades en los planos inferiores. 

Su examen nos demuestra que el hombre ha desarrollado ya en sí 

mismo parte de inteligencia superior, algo de la verdadera devoción y 

del amor verdaderamente desinteresados; sea cual fuere la medida en 

que consiga manifestar estos sentimientos en los planos inferiores, 

estas cualidades le pertenecen para siempre como una especie de 

capital permanente, como cualidades inherentes en todas las 

encarnaciones que el porvenir le reserva. Su cuerpo causal, nos 

manifiesta también un ligero tinte de este violeta tan delicado, indicio 

de un amor y una devoción, capaces de ser dirigidos hacia el más 

elevado ideal; también se observa en él un ligero tinte verde claro, que 

representa la simpatía y la compasión. 


 

 

El cuerpo mental del hombre vulgar (lámina 9) demuestra un 

considerable progreso Con relación al del salvaje: no solamente 

ocupan la inteligencia y la devoción una proporción más grande, sino 

que por otra parte, todas estas características han ganado 

considerablemente en calidad. En verdad, están aún lejos de ser 

perfectamente puras, pero presentan ciertamente un conjunto de 

tonos mucho mejor que el marcado en la lámina 6. 

 

 

El orgullo ocupa un espacio semejante al que antes ocupaba; pero, 

sin embargo, es de un orden más elevado: si el hombre está aún 

orgulloso, es más bien de ciertas buenas cualidades que imagina 

poseer y no de la simple superioridad de su ser físico en el ejercicio de 

la fuerza brutal, o en crueldad. El color escarlata, todavía en 

proporción considerable, indica propensión a la cólera; pero se 

observará que está localizada más abajo, en el ovoide que representa al 

hombre vulgar, de lo que lo estaba en el salvaje: este hecho demuestra 

el general mejoramiento de la cualidad de la materia de que está 

compuesto ese cuerpo mental. En el cuerpo mental del salvaje, hemos 

observado un verde viscoso, que indica la trapacería unida 

fuertemente a la avaricia y al egoísmo; las vibraciones productoras de 

este color, se expresan tan sólo en una materia más densa y más 

grosera que la del escarlata que indica la cólera. Por el contrario, el 

verde marcadamente mejor que nos presenta el cuerpo mental del 

hombre vulgar, no transmite sus vibraciones sino en una materia un 

poco menos densa que la del color escarlata; de aquí proviene 

aparentemente el cambio de las posiciones respectivas de estos 

colores. El verde ha mejorado de tal manera, que indica cierto grado 

de versatilidad y adaptabilidad, más bien que trapacería y astucia. 

El color terroso de las tendencias egoístas, se encuentra todavía en 

gran proporción en un cuerpo mental semejante; pero se observa que 

aun este color es un poco más vivo y algo menos repulsivo. 

Si pasamos a la lámina 10 veremos el cuerpo astral que corresponde 

al cuerpo mental de la lámina 9, el cuerpo astral del hombre vulgar. 

 

 

Esta lámina nos permite comprobar que ese vehículo, concuerda 

aproximadamente con su cuerpo mental, aunque los colores sean, 

naturalmente, un poco más groseros y que manifiesten muy 

claramente ciertas pasiones que no pueden ser expresadas en el plano 

superior. Sin embargo, presenta un mejoramiento considerable con 

relación al cuerpo astral del salvaje (lámina 7). 


 

 

Una viva agitación invade repentinamente el cuerpo astral, y 

durante un momento, los colores de su estado normal o de reposo 

están casi velados. En este caso, como en todos los siguientes, el 

cuerpo astral de una persona vulgar, tal como lo representa la lámina 

10, es tomado como base para ilustrar esta lámina; pero se ve muy 

poca cosa del anterior durante el período de una emoción 

Momentánea. 

 

 

 

Si se observa en la lámina 11, el cambio efectuado se encontrará que 

consiste en cuatro modificaciones distintas: 

1) Han aparecido las espirales o torbellinos de color vivo y de forma 

bien definida: estas espirales tienen una apariencia duradera é 

irradian una luz intensa que proviene del interior. Cada una de ellas, 

es en realidad una forma de pensamiento engendrado anteriormente 

en el cuerpo astral en el momento de ser proyectada hacia el objeto de 

esta afección. Estos torbellinos nebulosos de luz viviente, son difíciles 

de pintar; la belleza de su aspecto excede a toda descripción. 

2) El cuerpo astral entero está lleno de líneas horizontales de luz 

carmesí, animadas por vibraciones aún más difíciles de describir con 

exactitud que las formas de pensamiento, á causa de la extrema 

rapidez de su movimiento. No obstante, el artista se ha distinguido en 

la presentación del efecto general. 

3) Una especie de envoltura muy tenue color de rosa, cubre la 

superficie entera del cuerpo astral, de suerte que todo el interior, es 

visto a través de la misma como a través de un globo de color; en 

nuestra lámina, este velo se percibe solamente en los bordes. 

4) Una oleada de color carmesí envuelve el cuerpo astral, dando en 

cierto modo su tinte propio a todos los demás colores, y aquí y allá se 

condensa en franjas flotantes é irregulares a manera de cirrus a medio 

formar. 

Este brillante fuego artificial del plano astral, no durará 

probablemente más que algunos segundos, y en seguida el cuerpo 

volverá rápidamente a su estado normal; pero cada impulso del mismo 

sentimiento produce su efecto: el tinte carmesí permanente de la parte 

superior aumenta en algo, y deja las partículas del cuerpo astral un 

poco más aptas para asimilar la primera próxima oleada de afecto que 

se produzca. Por transitorio que sea un impulso semejante, Como 

quiera que es repetido muchas y muchas veces, se acumulan sus 

efectos. 

Fijémonos, por otra parte, como entra en acción un elemento que 

conviene no olvidar; este elemento es la dichosa influencia ejercida 

sobre otra persona, por la radiación de las vibraciones tan llenas de 

vida, de amor y de gozo. 

 

Devoción 

La lámina 12 es casi idéntica a la 11, excepto que el azul reemplaza al 

carmesí; esta lámina representa el efecto momentáneo de un impulso 

de devoción, que envuelve y transporta al místico en estado de 

Contemplación. 


 

 

Sus manifestaciones toman las mismas cuatro formas que hemos 

observado en el caso de un impulso de afección, las espirales que 

centellean en forma de torbellinos, las líneas horizontales que vibran 

con rapidez, la envoltura exterior, así como las franjas nebulosas, 

tienen precisamente el mismo significado, sustituyendo solamente la 

devoción por la afección. 

Un impulso tan perfecto de devoción es bastante raro, es mucho 

menos común que un impulso de amor igualmente perfecto; algunas 

veces puede verse aparecer una oleada de sentimientos de esta 

naturaleza, pero generalmente sin el mismo grado de precisión, en el 

caso de una persona que realiza un acto de adoración ante un altar, o 

ante lila imagen de la Virgen. Generalmente, las líneas paralelas son 

menos regulares y menos acentuadas; las espirales claramente 

definidas de la lámina, son reemplazadas por nubes informes de color 

azul. 

Estas nubes informes, de un azul oscuro, se ven a menudo en las 

iglesias, destacándose lentamente, como los torbellinos de una densa 

humareda encima de la cabeza de los fieles. Nada parecido se ve, sin 

embargo, en las iglesias a la moda, donde los hombres piensan en las 

vicisitudes de su última especulación comercial, mientras que las 

señoras están en sus delicias criticando mutuamente sus vestidos; 

tampoco se ve nada semejante en ciertas asambleas religiosas donde 

los pensamientos no se detienen en nada tan humilde como la 

adoración y la devoción, donde la arrogancia y el engreimiento 

personal se desbordan en las grandilocuentes y pomposas arengas de 

los oradores, así como en la actitud de los espectadores, siempre 

dispuestos a la controversia y a la caza de herejías. Se encuentra, por el 

contrario, una devoción muy real algunas veces, como se ha dicho, 

entre los disidentes iletrados, acompañada de cánticos bien sentidos, 

aun siendo desarmónicos. También se encuentra algunas veces entre 

pobres campesinos reunidos en una iglesia católica, y aún más a 

menudo entre los fieles llenos de abnegación y devoción de la Iglesia 

llamada ritualista. Esta devoción puede no ser manifiestamente 

inteligente: pues las grandes nubes azules raramente se iluminan con 

la más débil luz dorada; sin embargo, tal como se manifiesta es 

sincera, y tiene indudablemente por efecto elevar a aquellos que la 

experimentan. 

No obstante, en la gran mayoría de los casos, la devoción como 

sentimiento, parece ser siempre vaga y mal definida; es 

verdaderamente difícil observar una manifestación tan perfecta como 

la que presentamos en nuestra lámina. 

 

Cólera Intensa 

La lámina 13 es tal vez, de toda nuestra serie, aquella cuyo aspecto es 

más sorprendente, y sin otra explicación, constituye en sí misma una 

elocuente advertencia contra la locura y perversidad del hombre que 

se entrega a un acceso de cólera. 


 

Como en los casos precedentes, el cuerpo astral, en estado normal, 

constituye la base momentáneamente obscurecida por la oleada 

pasional; pero los pensamientos que en este caso se manifiestan, 

enérgicos y llenos de vida, son la expresión de la maldad y de la 

perversidad. También se presentan en forma de vórtices o torbellinos; 

pero esta vez son semejantes a pesadas masas tempestuosas de un 

negro de hollín, alumbrados interiormente por los resplandores 

siniestros del odio en actividad. Nubes lúgubres, menos definidas, 

arrastradas por los vórtices, manchan todo el cuerpo astral, mientras 

que los dardos inflamados de la cólera sin freno serpentean en ellas 

como los fulgores del rayo. Este espectáculo es terrible" 

verdaderamente horroroso, y mientras más se le comprende, más 

terrible parece. El caso que representamos, es el de un hombre 

arrebatado por la ira, absolutamente fuera de sí, un hombre que en 

aquel momento había perdido todo dominio de sí mismo, y era capaz 

de asesinar ó de las más atroces crueldades. En un tal estado puede ser 

impulsado a cometer un crimen cualquiera, o a realizar en un 

momento dado un acto tal, que toda una vida de arrepentimiento sería 

impotente para borrar. Aunque de hecho, la educación y el miedo al 

castigo le impidiesen cometer una violencia exterior, los terribles 

relámpagos del odio penetran el cuerpo astral de los demás a manera 

de punzantes cuchillos; este hombre hiere, pues, a cuantos le rodean 

de una manera tan real, aunque menos visible, que si les atacara en el 

plano físico. Se experimenta un gran horror considerando que, si 

constituye en realidad una fuente de peligro para los demás, el hombre 

mismo está sin defensa; en aquel momento, la pasión le domina por 

completo, el elemental del deseo es el dueño absoluto, y el hombre real 

ha perdido temporalmente el dominio sobre su vehículo; en estas 

condiciones, otra voluntad más poderosa puede apoderarse del 

abandonado timón, otra entidad en acecho podrá apoderarse en cierto 

modo momentáneamente del gobierno de la barca abandonada, y 

disputar su posesión al verdadero capitán cuando vuelva. En otras 

palabras, cuando un hombre es arrebatado por la ira, está expuesto a 

ser “poseído” y apoderado por un desencarnado de análoga naturaleza, 

o bien por algún elemental artificial cuyas vibraciones sean sincrónicas 

con las que le dominan. En este caso, no solamente constituye un 

peligro para sus semejantes, sino que él mismo se halla también en 

estado terriblemente peligroso. 

El caso que hemos elegido como ejemplo, es en realidad un caso 

raro; un estado semejante no duraría, por regla general, más que 

algunos minutos; pero las mismas características, aproximadamente, 

se presentan en todo aquel que se abandona a un acceso de cólera 

violenta; si alguno de estos seres supiese bajo qué aspecto aparece a 

los ojos de aquellos que lo pueden ver, cuando se deja arrastrar por 

una explosión de cólera, se esforzaría en gran manera para evitarlo. El 

arrebato pasa, pero deja sus huellas; en el cuerpo astral de la 

generalidad de los hombres, hay siempre cierta cantidad de color 

escarlata, que denota la propensión a la cólera y a la irritabilidad; cada 

explosión de ira, añade algo y aumenta en la materia del vehículo 

entero la capacidad de responder con mayor facilidad que antes a estas 

vibraciones tan poco deseables. 

Conviene también recordar que la cólera, aunque no sea 

permanente, queda registrada para siempre en la memoria de la 

naturaleza; aunque el elemental creado por la malevolencia deje de 

existir después de un lapso de tiempo proporcional a la intensidad del 

mal pensamiento generador, la viviente fotografía de todos los 

instantes de su vida, permanece, y los resultados de sus más remotas 

acciones aumentará, según una justicia rigurosa, la cuenta Kármica de 

su creador. 

 

El Miedo 

Los efectos del miedo en el cuerpo astral son curiosos; por el hecho 

de un terror súbito, una extraña niebla de un gris lívido invade en un 

instante todo el cuerpo astral, mientras que al mismo tiempo, 

aparecen líneas horizontales del mismo color vibrando con tal 

violencia, que apenas se las distingue como líneas separadas. El efecto 

producido es indeciblemente pavoroso, y la pintura es impotente para 

dar una idea fiel. 

 

 

 

La lámina 14 sugiere su aspecto tan bien como nuestros recursos 

permiten hacerlo en el papel; pero no puede presentar la extraña 

manera como momentáneamente se desvanece toda luz en el cuerpo, 

ni el temblor indecible que mueve toda esta masa gris como agitada 

por un frío intenso. 

Semejantes manifestaciones denotan un pánico intenso, y 

generalmente pasan pronto. Un estado de miedo permanente o de 

extrema nerviosidad, manifestará el mismo fenómeno por medio de 

formas muy diferentes; pero el color gris y el temblor característico, 

son signos invariables de esta inquietante presencia. 

 

Condiciones Más Permanentes del 

Cuerpo Astral 

Hemos tratado de describir los efectos inmediatos, de algunas de las 

emociones súbitas que afectan a los vehículos externos del hombre, y 

explicar que, por fugaces que sean, no dejan por eso de producir en el 

alma resultados permanentes. Sólo nos falta describir la manera cómo 

se manifiestan ciertas tendencias, ciertas condiciones del carácter, a 

fin de que se pueda ver hasta qué punto modifica cada una de ellas, los 

progresos del hombre en su camino ascendente. 

Hay sin embargo, un estado, que determina un resultado 

considerable en la vida de la mayor parte de los hombres, que no 

pertenece del todo a ninguna categoría de estas influencias. Este 

estado, sobreviene a menudo repentinamente, y en la mayor parte de 

los casos, no es sostenido por toda la duración de la vida; pero no 

desaparece tan rápidamente como las impresiones de que ya hemos 

hablado. Como quiera que sea, en la vida de un hombre semejante al 

representado en las láminas 8, 9 y 10. 

 

 

 

Esta impresión es generalmente el principal acontecimiento, a 

menudo el único verdaderamente luminoso, en una existencia que, por 

otra parte, es monótona, egoísta y sin ideales; la única ocasión en que 

esta persona ha podido elevarse temporalmente sobre sí misma, y vivir 

durante un determinado periodo, en un nivel completamente superior. 

Esta súbita transformación, sobreviene en una persona cuando “se 

enamora”. Es difícil para aquellos de entre nosotros que tienen la 

dicha de vivir una vida más elevada y más culta, darse cuenta del 

cambio que esta pasión opera en la existencia del hombre que hemos 

descrito como el hombre vulgar. Aquellos que viven en la atmósfera 

más libre de las artes, de la música, de la ciencia y de la filosofía, 

aquellos que se preocupan de los intereses del mundo en general, y 

cuyos pensamientos son habitualmente altruistas, difícilmente pueden 

trasladarse en alas de la imaginación, al grado de evolución en que se 

encontraban en períodos precedentes, la condición de las almas menos 

evolucionadas, con su intensa concentración en sí mismas, con su 

horizonte tan limitado y sus miras estrechas y mezquinas. Es evidente 

que la divinidad reside en las almas más jóvenes, si bien en estado 

latente, y no es raro cuando se presenta una ocasión oportuna, verles 

sobresalir brillantemente en actos de gran heroísmo o admirable 

sacrificio. 

Pero esto no impide que sus almas sean más jóvenes, y que en las 

circunstancias ordinarias vivan la vida más limitada de que antes 

hemos hablado. 

En una vida oscura y llena de limitaciones, brilla repentinamente un 

rayo de lo alto, y en respuesta, la divina chispa que reside en aquel ser, 

se ilumina con una llama más viva. 

En lo sucesivo, semejante hombre podrá perder la benéfica 

influencia, y caer de nuevo una vez más en la oscuridad de sus 

anteriores días; pero nada será capaz de arrebatarle el beneficio de 

haber visto las puertas de oro, y de haber recibido, hasta cierto punto, 

la revelación gloriosa de la vida superior. Ha atravesado una fase en 

que, durante un lapso de tiempo más o menos largo, el yo ha sido 

destronado, en la que otro ser ha ocupado el primer puesto; de este 

modo, aprende por primera vez, una de las lecciones más bellas de su 

larga evolución. Edades pasarán antes de que la lección sea 

perfectamente asimilada; sin embargo, este primer vislumbre es de 

una importancia trascendental para el Ego, y los efectos que produce 

en el cuerpo astral merecen una especial atención. 

Esta transformación es inesperada, y completa; es tal como puede 

verse comparando la lámina 10 con la 15. 


 

 

Es tan extraordinaria la transformación, que ambos cuerpos parece 

que no pertenecer a la misma persona. Se puede ver que por el 

momento, algunas cualidades han desaparecido completamente, que 

otras se han vivificado mucho, y que sus respectivas posiciones han 

cambiado considerablemente. 

El egoísmo, la falsedad y la avaricia se han desvanecido, y la parte 

más inferior del óvalo se ha llenado con una gran cantidad de pasiones 

animales. El verde de la adaptabilidad, ha sido reemplazado por el 

verde terroso de los celos, y la extrema actividad de este sentimiento, 

se manifiesta por los brillantes rayos de color escarlata 

correspondientes a la cólera, que penetran este color. 

Los cambios desfavorables, son más que compensados por la 

espléndida franja carmesí que ocupa la mayor parte del óvalo. De 

momento, ésta es la característica dominante, y el cuerpo astral, 

resplandece por completo con su luz. Bajo su influencia, el aspecto 

general terroso del cuerpo astral en su estado ordinario, ha 

desaparecido, y tanto los buenos como los malos colores, son ahora 

brillantes y claramente definidos. Hay en este caso una intensificación 

de la vida en determinadas direcciones. 

Se observará también que el azul de la devoción, ha mejorado 

notablemente, y tal ha sido el progreso realizado, que un pálido tinte 

violeta aparece en la cima del ovoide; el violeta indica la capacidad de 

responder a un ideal realmente elevado y desprovisto de egoísmo. Por 

el contrario, el amarillo del intelecto ha desaparecido completamente, 

lo que creo haría decir a un espíritu burlón, que la estupidez es la 

característica de tal estado. 

Apenas parece posible que después de este brillante estado pueda el 

hombre caer de nuevo en la condición representada por la lámina 10 

sin embargo, esto es lo que sucede en la mayor parte de los casos; pero 

aun entonces, el carmesí queda aumentado considerablemente, y su 

color es más vivo que antes. La experiencia de un amor real, es 

evidentemente muy ventajosa para el Ego, y le hace realizar un 

progreso definido, aunque pueda ir acompañado de muchas cosas 

poco deseables. La afección intensa y desinteresada que algunos niños 

sienten a veces por otros de más edad, es un poderoso factor para su 

progreso, pues siendo libre este afecto de toda relación con la 

naturaleza animal inferior, es para ellos un beneficio efectivo. Sucede 

lo mismo que con las flores de los árboles frutales: su forma, a menudo 

muy bella, no tiene utilidad aparente, pero no deja de tener su objeto: 

la flor efectúa la atracción de la savia que producirá el fruto venidero. 

 

El Irascible 

Ahora vamos a examinar la manera cómo se expresan en el cuerpo 

del hombre, ciertas peculiaridades del carácter. El caso del hombre 

irascible es un buen ejemplo. Del modo que le podemos ver en la 

lámina 16, ha y en su cuerpo astral habitualmente, como nota 

dominante, una ancha franja escarlata. 

 

 

 

Pero lo que especialmente le diferencia de los demás hombres, es la 

presencia, en todo el cuerpo astral, de pequeñas manchas flotantes del 

mismo color escarlata, algo parecidas en su forma a puntos 

admirativos. 

Estos puntos son el resultado de pequeños accesos de cólera 

provocados por los disgustos insignificantes que constantemente 

ocurren en el curso ordinario de la vida. Cada vez que la persona sufre 

una contrariedad -por ejemplo, si encuentra el café frío, si le ha 

escapado el tren, o si el niño ha vertido el tintero- el hombre irascible 

deja escapar una exclamación de impaciencia o de cólera, y un 

pequeño relámpago escarlata revela este sentimiento no dominado. En 

ciertos casos, estos pequeños impulsos de un temperamento 

indisciplinado, se escapan hacia la persona que se ha hecho acreedora 

a la reprensión; pero en muchos otros casos, permanecen simplemente 

flotando, suspensos en la materia del cuerpo astral, y presentan el 

aspecto representado en nuestra lámina. Estas manchas se debilitan 

gradualmente, pero al instante son reemplazadas por otras, pues el 

hombre irritable jamás carece de motivos de enfado. 

 

El Avaro 

Otro espectáculo sorprendente, pero afortunadamente menos 

común, es el que hemos presentado en la lámina 17. 


 

El fondo difiere un poco del cuerpo astral ordinario, pues se nota la 

ausencia total de la devoción y una porción de afecciones mucho más 

inferiores a la normal. La avaricia, el egoísmo, la malicia y la 

adaptabilidad, o mejor dicho, la astucia, son intensas, pero por otra 

parte hay muy poca sensualidad. La característica más notable, sin 

embargo, se encuentra en la curiosa serie de líneas paralelas casi 

horizontales que cruzan el óvalo, y causan la impresión de que el 

hombre está encerrado en una jaula. Estas líneas de un color opaco - 

casi de tierra siena quemada- están unidas y claramente marcadas en 

sus bordes superiores, pero se funden hacia abajo en una especie de 

nube. Este es el ejemplo de una avaricia bien caracterizada, de un caso 

extremo y naturalmente poco común; pero un gran número de 

personas tienen, al parecer, en su naturaleza, algunos elementos del 

avaro y los manifiestan por una intensificación del color de la avaricia, 

y por una o dos de estas líneas en la parte superior del cuerpo astral; el 

tipo que hemos elegido como ejemplo es excepcional, y es raro 

encontrar una persona tan completamente dominada por este vicio. 

Mientras el vicio persiste, parece tener por efecto la paralización de 

todo desarrollo, y es muy difícil deshacerse de él una vez ha dominado 

la personalidad. 

 

Abatimiento Profundo 

El cuerpo que se ve en la lámina 18, se parece al precedente bajo 

muchos aspectos. 

 

 

No obstante, tenemos aquí líneas de un gris opaco en lugar de las 

líneas terrosas, y el efecto total, desde el punto de vista del observador, 

es indescriptible: tan triste y deprimente es. En este caso, parece que 

no está ausente ninguna cualidad, y tenemos como fondo, los colores 

ordinarios del cuerpo astral; pero todos son velados por estas pesadas 

líneas de una profunda tristeza. Nuestro cuadro representa una 

persona dominada por un acceso de extremo abatimiento, y 

naturalmente, existen un gran número de grados intermediarios entre 

el ejemplo que hemos elegido y el representado por un cuerpo astral 

en estado normal. Una persona puede no tener más que algunas de las 

líneas que caracterizan el abatimiento, y aun éstas, pueden ser 

transitorias, o bien, en casos menos determinados y menos 

persistentes, la espesa nube puede apenas tener el tiempo necesario 

para ordenarse en líneas. No obstante, son muchas las personas que se 

abandonan a estas impresiones, y se dejan envolver con la nube de la 

desesperación; entonces, el mundo entero les parece cubierto con un 

velo de negrura. No se dan cuenta de que por esta actitud de su ánimo, 

retardan seriamente su propia evolución, pierden la oportunidad de 

muchas experiencias aprovechables, y causan así, sin necesidad, 

injusticias y sufrimientos a cuantos les rodean. 

No hay estado psíquico que sea más contagioso que éste; sus 

vibraciones irradian en todas direcciones, y sus efectos disolventes y 

funestos penetran en todos los cuerpos astrales que se les aproximan, 

ya pertenezcan a un encarnado o a un desencarnado. 

El hombre que se abandona de este modo al desaliento, es un peligro 

tanto para los vivos como para los muertos, pues en estos tiempos de 

especulaciones intelectuales y de nerviosidad, la mayor parte de las 

personas difícilmente resisten el contagio de estas tristes vibraciones. 

Sólo está al abrigo de tan terribles influencias, aquel que comprende 

en parte el porqué de la vida, aquel que la mira desde el punto de vista 

filosófico y práctico, aquel que se da cuenta de que tiene el deber de 

ser feliz, puesto que es la voluntad del Logos que lo sea. El estudiante 

de Teosofía, debería distinguirse de los demás por la perfecta 

serenidad con que debe hacer frente a todas las dificultades, así como 

por el gozo radiante que experimenta al ayudar a los demás. 

Felizmente, pueden ser las buenas influencias difundidas a nuestro 

alrededor: del mismo modo que pueden serlo las malas, y el hombre 

que es lo suficientemente sabio para ser feliz, se convertirá en un 

centro de felicidad para los demás, en un verdadero sol irradiando luz 

y alegría a su alrededor, en la medida que le permitan sus 

oportunidades, en un colaborador de Aquel que es el manantial de 

toda felicidad. Así es que todos debemos contribuir a la desaparición 

de las tristes líneas del abatimiento, a fin de que el alma, su prisionera, 

sea libertada en la gloriosa luz del amor divino. 

 

El Devoto 

Para terminar el estudio de los diversos aspectos del cuerpo astral, 

será conveniente examinar dos tipos muy distintos, en cuya 

comparación tendremos mucho que aprender. El primero está 

representado en la lámina 19 y podríamos decir que corresponde al 

Devoto. 

 

 

 

Los colores de su cuerpo astral nos demuestran sus características 

particulares; así pues, vemos que posee algo, aunque poco, del color 

violeta pálido, que indica la posibilidad de ser atraído por un ideal 

elevado. La nota dominante de este tipo, es un desarrollo poco común 

del color azul, indicio de una profunda religiosidad: desgraciadamente 

sólo se ve una pequeña porción del color azul claro puro que 

representa la devoción desinteresada; en su mayor parte, es de un tono 

más oscuro y borroso, que indica la existencia de una regular cantidad 

de deseo, y de interés personal. La pequeña parte de amarillo, denota 

en nuestro sujeto una inteligencia demasiado limitada; la inteligencia 

es muy necesaria para llenar debidamente los deberes religiosos, y 

para no caer en una beatería poco razonable, la afección y la 

adaptabilidad, están bastante bien representadas, aunque no sean de 

un orden muy elevado; en cuanto a la sensualidad, su proporción 

excede en mucho el término medio, y la astucia, así como el egoísmo, 

son también preponderantes. Es curioso observar que una gran 

sensualidad y un temperamento religioso, se vean tan a menudo 

unidos; esto parece dar a entender que debe existir alguna relación 

oculta entre estos dos aspectos, o bien puede ser que ambos, 

constituyan el temperamento de un ser que vive tan solo de 

sensaciones, y que es gobernado por éstas, en vez de tratar de 

dominarlas por medio de la razón. Hay otro punto en el cual conviene 

fijar la atención; este punto es la irregularidad en la distribución de los 

colores, y la vaguedad de sus contornos; todos ellos se funden los unos 

en los otros, y en ninguna parte hay líneas claras y definidas. Esto 

representa una característica especial, esto es, la vaguedad de las 

aspiraciones del devoto. Es evidente que en este ejemplo, como en los 

demás del mismo capítulo, consideramos únicamente las variaciones 

en el hombre vulgar. El cuerpo astral de la lámina 19 no es, pues, el de 

un devoto desarrollado, guiado por la razón, y cuya devoción es el 

fruto del conocimiento, sino el de un devoto vulgar y poco inteligente. 

 

Las principales características de la lámina 19 son la devoción (o un 

aspecto de la misma), el sensualismo, y una pequeña parte de 

intelectualidad. 

En el tipo que representa la lámina 10 ya no tenemos nada de 

religiosidad y el sensualismo es mucho más limitado de lo que lo es en 

la generalidad; pero, por el contrario, el intelecto está desarrollado en 

un grado casi anormal. 

 

El afecto y la adaptabilidad están débilmente representadas, y son 

de calidad mediana; parecen eclipsadas por el desarrollo de la 

inteligencia; en efecto, el tipo que examinamos, no está aún lo 

suficientemente evolucionado para poseer a la vez todas estas 

cualidades en su más elevado aspecto. También se observa en él, si 

bien en mediana proporción, el egoísmo, la avaricia y cierta tendencia 

a los celos. Pero la característica preponderante de este ser, es la gran 

cantidad de amarillo dorado, el cual demuestra una inteligencia bien 

desarrollada y, sobre todo, dirigida hacia la adquisición del 

conocimiento. Un gran cono de color anaranjado brillante se eleva en 

medio del amarillo, é indica la presencia de una notable cantidad de 

orgullo y de ambición unidas a este saber. 

Sin embargo, el tono particular del amarillo, excluye toda idea de 

envilecimiento del intelecto para fines puramente egoístas. 

Será útil observar que la costumbre del orden en el científico, tiene 

su influencia consiguiente en la disposición de los colores astrales: 

éstos propenden a disponerse en franjas regulares, y las líneas de 

demarcación entre ellas son más definidas que en los ejemplos 

precedentes. 

Es evidente que los cuerpos representados en las láminas 19 y 20 

corresponden a dos tipos de desarrollo distintos; y si cada uno de ellos 

tiene su lado bueno, también tienen marcadas desventajas. 

 

 

Vamos ahora a examinar los vehículos del hombre más desarrollado; 

éste posee en un grado superior todas las diversas y, sobre todo, bien 

equilibradas cualidades, de suerte que cada una sostiene y fortifica a la 

otra, en lugar de dominarlas o reprimirlas. 

 

El Hombre Evolucionado 

La palabra “evolucionado” es relativa y conviene explicar con 

exactitud lo que en este caso hemos de entender. Los vehículos que 

hemos designado con esta expresión, son los que puede poseer toda 

persona de pensamientos puros, habiendo definitiva y racionalmente 

dirigido sus afectos y aspiraciones hacia las cosas elevadas. Estos 

vehículos no son, en modo alguno, los de un hombre muy avanzado en 

el sendero que conduce al Adeptado, pues en este caso encontraríamos 

una diferencia considerable, tanto en su intensidad como en su 

disposición. Pero nos indican con claridad que aquel ser, del cual son 

la expresión, investiga la verdad, se ha elevado por encima de los 

simples intereses terrenales, y vive por un ideal. En esta categoría, se 

encuentran algunos más avanzados en una dirección que en otra; pero 

el ejemplo que hemos elegido es el de un hombre bien equilibrado, un 

término medio entre aquellos que han alcanzado el nivel de que 

hablamos. 

Examinemos primero la lámina 21, que nos representa al cuerpo 

Causal. 

 

Si lo comparamos con las láminas 5 y 8 veremos cuál ha sido el 

progreso del hombre y bajo qué aspecto se manifiesta. 

 

Observamos que numerosas y bellas cualidades se han desarrollado 

en él, pues el espléndido y matizado globo (o envoltura peculiar) está 

lleno de los más exquisitos colores, que simbolizan las formas más 

elevadas del amor, de la abnegación y de la simpatía, a los cuales viene 

a añadirse un intelecto refinado y espiritual, así como las constantes 

aspiraciones hacia lo divino. Permitidme reproducir una cita de 

nuestro sexto manual teosófico El Plano Mental: 

“Este cuerpo, compuesto de una materia cuya tenuidad é 

imponderabilidad son inconcebibles, de una vida intensa y 

palpitante como un fuego viviente, a medida que se 

perfecciona su evolución se transforma en un globo de 

radiantes colores, cuyas vibraciones producen ondulaciones 

de cambiantes matices, colores desconocidos por nuestros ojos 

mortales, y cuyo brillo, dulzura y transparencia, nuestro 

lenguaje sería impotente para describir. Imaginaos, por 

ejemplo, los colores de una puesta de sol en Egipto, y añadid 

la maravillosa dulzura de una noche de estío en nuestros 

países del norte; prestad aún a estos colores más luz, 

transparencia y esplendor, de tal modo que trascienda a 

cuanto pueda proporcionar la paleta de un pintor, y sin 

embargo, aquel que no las ha visto no podrá llegar a 

imaginar la belleza de esas radiantes esferas que brillan en el 

campo visual de un clarividente cuando se eleva a este mundo 

superior. Todos los cuerpos causales de esta clase, están llenos 

de un fuego viviente que se deriva de un plano más elevado, 

con el cual parece unido cada globo por un hilo centelleante de 

luz tan intensa, que nos recuerda con claridad las palabras de 

las estancias de Dzyan: “La chispa está suspendida de la 

llama por el hilo más tenue de Fohat.” 

Mientras más crece y se nutre el alma del inagotable Manantial del 

Espíritu divino, por medio del canal luminoso del cual está 

suspendida, más se extiende y se dilata este canal bajo la acción del 

fluido que la inunda; entonces, en el próximo sub-plano se ve como un 

torrente de luz que une la Tierra con el Cielo. Más alto aún, se resume 

en una esfera inmensa de donde brotan oleadas de luz viviente, como 

un océano sin límites en cuyo seno parece fundirse el cuerpo causal: 

“El hilo que une al Vigilante silencioso con su sombra, se hace más 

fuerte y más radiante a cada cambio. Los resplandores de la aurora se 

han convertido en el glorioso esplendor del sol de mediodía. Esta es tu 

rueda actual, dice la llama a la chispa. Tú eres yo mismo, mi imagen y 

mi sombra. Yo me he revestido de ti y tú eres mi Vahan hasta el día 

(sea con nosotros) en que te convertirás en mí mismo y en los demás, 

en que seas tú mismo y yo.” 

¡Cuán impotente se siente uno al tratar de expresar toda esta gloria 

en una hoja de papel! Nuestro artista, sin embargo, ha conseguido con 

suma habilidad representar lo que ningún pincel es capaz de expresar; 

y aunque la imagen física mejor ejecutada no pueda estar sino muy 

lejos de la trascendental realidad, ofrece sin embargo, a nuestra 

imaginación un punto de partida que nos permitirá formarnos una 

idea de la inexplicable realidad. 

Nota: Las imágenes fueron realizadas por el Conde Mauricio Prozor y copiadas por 

Gertrudis Spinck a fin de ser editadas. 

No debemos dejar de mencionar una de las características más 

bellas del hombre evolucionado, esto es, su, aptitud para canalizar la 

fuerza que recibe de lo alto. Se ven emanar de su cuerpo causal 

corrientes de esta fuerza en diversas direcciones, pues la ausencia de 

egoísmo, su actitud compasiva y su generosidad, permiten a la fuerza 

divina expresarse en él como un poderoso manantial por cuya 

mediación llega a muchos de aquellos que no son bastante fuertes para 

recibirla directamente. Convertirse de este modo en uno de los 

limosneros de Dios, es un privilegio digno de todos nuestros esfuerzos; 

su logro está a nuestro alcance por poco que nos esforcemos. 

Las brillantes chispas que coronan la parte superior del óvalo, 

indican la actividad de las aspiraciones espirituales. Estas aumentan 

en gran manera la belleza y la magnitud del conjunto. Por humildes 

que sean las ocupaciones del hombre en el plano físico, estos rayos no 

dejan de elevarse constantemente del cuerpo causal; pues, cuando el 

alma está despierta en su propio plano, y comienza a comprender lo 

que ella es, así como la naturaleza de sus relaciones con lo divino, 

aspira siempre hacia la causa de donde emanó, y permanece 

indiferente a todas las actividades que por un tiempo determinado 

pueda ejercer en los planos inferiores. 

No olvidemos que aun la personalidad más noble, permanece 

siempre como una débil y pobre expresión del yo. Así pues, desde que 

el hombre superior comienza a desgarrar su propio velo, un campo de 

acción casi ilimitado se abre ante él, un horizonte inmenso, del cual 

nuestra limitada vista física no puede darnos idea alguna. 

Los pensamientos y aspiraciones espirituales, se manifiestan en el 

hombre desarrollado por medio de una muy gloriosa aureola, la cual 

constituye el canal dispensador del poder divino, de tal suerte: que 

mientras más potentes y definidas son sus aspiraciones, más grande es 

la medida de la gracia que recibe de lo alto. 

 

El Cuerpo Mental del Hombre Evolucionado 

A medida que el observador estudia un ser cada vez más elevado, no 

puede menos de quedar sorprendido de lo que sus diferentes 

vehículos, no solamente se han sutilizado y mejorado, sino que 

también se han hecho más semejantes los unos a los otros. 

Admitiendo que existe entre los diversos colores pertenecientes a los 

niveles inferior y superior del plano mental, la misma diferencia que 

existe en la escala cromática en diferentes tonos, la lámina 22 es casi 

una reproducción de la lámina 21. 

 

Y la analogía entre las láminas 22 y 23 parecerá aún más notable. 

 

Recordemos sin embargo, que al compararlos entre sí, los colores 

astrales son, a su vez, de un tono inferior a los del nivel mental más 

bajo. 

Si comparamos aún entre sí las láminas 22, 19 y 6, se verá que el 

progreso desde el cuerpo mental del salvaje, hasta el hombre libre de 

egoísmo, es bien definido. 

 

Se podrá observar que el orgullo, la cólera y el egoísmo, han 

totalmente desaparecido, y que los colores restantes, no solamente se 

han intensificado hasta llenar la totalidad del óvalo, sino que su 

tonalidad ha mejorado hasta el punto de causar una impresión 

completamente distinta. 

Cada uno de los colores, es más armónico, más delicado, puesto que 

ha desaparecido todo sentimiento egoísta; a estos colores viene a 

añadirse el violeta puro con estrellas de oro, las cuales denotan la 

adquisición de nuevas y más elevadas cualidades. El elevado poder que 

hemos visto irradiar a través del cuerpo causal, actúa igualmente a 

través del vehículo mental, aunque, con menos fuerza. El cuerpo 

mental que hemos reproducido, es ya de un tipo muy elevado, está 

bien desarrollado, y contiene todas las posibilidades de un rápido 

progreso en el sendero, cuando la hora haya sonado. 

 

El Cuerpo Astral 

A primera vista, el cuerpo astral del hombre evolucionado que figura 

en la lámina 23, se parece mucho al vehículo mental; pero en realidad, 

no es más que una reflexión de este último en la materia más grosera 

del plano astral. 

 

Esta analogía, nos indica que un hombre tal, ha vencido ya 

enteramente sus deseos, por el predominio mental, y que su ya 

despierta razón, es capaz de resistir con firmeza el asalto furioso de las 

pasiones. No habiendo dado aún los primeros pasos en el sendero; 

persiste aún en él la propensión a irritarse eventualmente, o a ceder a 

ciertas necesidades imperiosas y poco deseables; pero sabe lo bastante 

para reprimir en lo sucesivo estas manifestaciones de orden inferior, y 

para sostener contra ellas una lucha constante en lugar de ceder a su 

dominio. Si bien estos defectos pueden todavía influir temporalmente 

al cuerpo astral, no podrán en cambio producir en él impresiones 

duraderas, y cederán por último ante las vibraciones mucho más 

potentes de las cualidades superiores. 

En las mismas condiciones, pero en un estado todavía más 

avanzado, el mismo cuerpo mental se convierte en una reflexión del 

cuerpo causal; pero entonces, los impulsos del Yo superior son los 

únicos guías de este hombre, así como de su razón. 

Esta lámina, nos explica un hecho interesante relativo a la luz 

amarilla que representa el intelecto. Cuando este color se presenta en 

el óvalo, se manifiesta invariablemente en su punto más superior, en la 

proximidad de la cabeza; éste es el origen del glorioso nimbo que se 

representa alrededor de la cabeza de los santos; en efecto, el amarillo, 

es el color que más se destaca en el cuerpo astral, y el más fácilmente 

perceptible por todo aquel que se aproxima a los límites de la 

clarividencia. Algunas veces puede aún ser visto sin el auxilio astral; 

así, cuando una persona un poco desarrollada lleva a cabo un esfuerzo 

de cualquier naturaleza, ya sea en un sermón o en una conferencia, sus 

facultades intelectuales están sometidas a una actividad inusitada, y 

entonces la aureola amarilla se ve intensificada. En algunos casos que 

he observado, esta aureola franqueó los límites de la visión física, y fue 

percibida por muchas personas que no tenían otro poder visual que el 

de nuestro plano. En estos casos, no es que las vibraciones astrales 

disminuyan en intensidad hasta descender más abajo del grado 

vibratorio que las separa de la vibración física, sino que por el 

contrario, Son cada vez más enérgicas, hasta el punto de provocar 

vibraciones sincrónicas, aun en la pesada y grosera materia del plano 

físico. 

Los pintores de la edad media que pusieron una aureola alrededor 

de la cabeza de los santos, tomaron la idea, sin duda, de la percepción 

accidental de este fenómeno, -o de las tradiciones de los clarividentes. 

Recordemos también, que se encuentra representada a menudo una 

cruz en la aureola del Cristo; esta adicción, estrictamente hija de la 

imaginación, no es desmentida por la observación oculta, pues 

frecuentemente se ha visto que las figuras geométricas que simbolizan 

ciertos pensamientos elevados y de trascendental alcance, se 

encuentran en las auras de personas muy evolucionadas. Véase el 

artículo de Mme. Besant sobre las “Formas de Pensamiento”. 

El estudiante sacará algún provecho comparando cuidadosamente 

los ejemplos que presentamos entre sí; en primer lugar, examinará 

cada cuerpo causal en su relación con el cuerpo mental y el astral, que 

son sus expresiones parciales, y comprenderá de este modo la relación 

que existe entre estos diferentes vehículos; luego, comparará los tres 

cuerpos astrales de las láminas 7, 10 y 23, para darse cuenta de los 

progresos realizados en el cuerpo de deseo. 

 

De todos los vehículos del hombre, este último es el que el 

clarividente percibe más fácilmente, y es también el único que puede 

ver la persona que posee el desarrollo psíquico ordinario. 

La misma comparación podrá hacerse entre las láminas 6, 9 y 12. 

 

Después entre las 5, 8 y 21, que servirá para comprobar los 

progresos del hombre en los cuerpos superiores. 

 

El Aura de Salud 

Hasta el presente nos hemos ocupado exclusivamente de las 

relaciones que existen entre los vehículos del hombre, y los planos 

superiores; pero nuestra exposición sería incompleta, si guardásemos 

silencio respecto de la materia física extremadamente sutil, que la 

vista del clarividente percibe como formando parte del aura humana. 

La mayor parte de esta materia, está en estado etéreo, y constituye el 

que se llama a menudo el doble etéreo. No es en modo alguno un 

vehículo distinto, sino que debe ser considerado como formando parte 

del cuerpo físico. Esta aura física, aparece al clarividente como una 

nube de vapor débilmente luminoso de un gris violáceo, 

interpenetrando la parte más densa del cuerpo físico y extendiéndose 

ligeramente a su alrededor; podremos darnos más exacta cuenta, 

consultando las láminas 24 y 25. 

 

El Cuerpo Causal del Adepto 

Las láminas de este libro, serán, probablemente bastante 

instructivas para aquellos de nuestros lectores que todavía no pueden 

ver ninguno de los vehículos superiores del hombre, y con esta 

esperanza las hemos publicado. En cuanto a las personas que pueden 

ver, aun reconociendo el mérito del trabajo concienzudo del artista, así 

como su habilidad, estarán unánimemente de acuerdo, en que ningún 

esfuerzo humano puede estampar sobre la tela o el papel, de una 

manera adecuada, ni aun el más inferior de los planos súper físicos. Si 

esto es así (y en verdad así es), ¿Cuánto mayor será la imposibilidad de 

representar el aura del Adepto, esto es, el aura del hombre que ha 

alcanzado la meta de la humanidad, aun más, que la ha traspuesto y se 

ha convertido en un ser más que humano? 

Las dimensiones del cuerpo causal del Adepto, han crecido 

extraordinariamente; su radiante gloria resplandece como un sol 

refulgente; su brillo confunde, traspasa los límites de la imaginación. 

Es tal su magnificencia, que no sabríamos dar una idea de la belleza 

de su forma y de su color, pues el lenguaje humano no posee palabras 

para describir estas radiantes esferas. El cuerpo causal del Adepto por 

sí solo, exigiría un volumen; mas este trabajo, no puede ser 

emprendido sino por un hombre muy avanzado ya en el Sendero. 

Lo que, sin embargo, puede verse fácilmente, es que el cuerpo causal 

del Adepto, no solamente es mucho más grande que el del hombre 

vulgar, sino que sus colores están dispuestos de una manera distinta. 

Los colores han cesado ya de moverse como nubes turbulentas; ahora 

están ordenados en vastas divisiones concéntricas penetradas por 

todas partes por rayos de luz viviente que brotan del Adepto, como de 

un centro de fuerza. El orden de los colores cambia según la clase a 

que el Adepto pertenece, de suerte que pueden distinguirse muchas 

variedades bien definidas entre estos gloriosos vehículos. 

Parecerá una cosa extraña, que dado el carácter oculto del tema que 

nos ocupa, nos haya sido transmitida una revelación perfectamente 

exacta de este hecho por las imágenes del Buddha que pueden verse 

groseramente pintadas en los muros de los templos de Ceylán. El Gran 

Instructor, es habitualmente representado rodeado de una aureola; y 

lo sorprendente, es que los colores, así como la disposición general de 

esta aura, serían manifiestamente impropios é inadmisibles si se 

refiriesen a un hombre vulgar, o a un simple Adepto (si es que 

podemos emplear tal expresión sin ser irreverentes); por lo tanto, 

estas figuras son la pintura grosera y material del cuerpo causal de un 

Adepto del tipo particular a que pertenecía aquel gran ser. También es 

muy notable ver que los rasgos del Aura de salud están marcados en 

algunas de aquellas figuras primitivas. 

Si es imposible tratar de pintar el cuerpo causal del Maestro, no será 

inútil dar una idea, lo más aproximadamente posible, de las 

dimensiones y del aspecto relativos del cuerpo causal de uno de Sus 

discípulos más avanzados, la de un hombre que ha alcanzado el cuarto 

grado en el sendero; esto es, la de un Arhat, si se adopta la 

terminología de los libros orientales (véase Protectores invisibles). 

Esto es lo que se ha tratado de hacer en la lámina 26. 

 

 

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