La Muerte Física y el Alma.


Material compilado únicamente para las Adicciones sin fines de Lucro.

Maestro Djwhal Khul.
Alice A. Bailey.
El alma: La cualidad de la vida.

 

La Muerte Física y el Alma.

1. La muerte se produce bajo la dirección del Ego, no importa que el ser humano no tenga conciencia de esa dirección. En la mayoría, este proceso ocurre automáticamente, pues en el momento en que el alma retira su atención, la reacción inevitable en el plano físico es la muerte, ya sea por la abstracción de los hilos duales, de vida y de energía razonadora, o por la abstracción del hilo de energía calificado como mentalidad, dejando a la corriente de la vida funcionar a través del corazón, pero sin conocimiento inteligente. El alma está en otro lugar, ocupada en su plano y en sus propios asuntos.

En el caso de los seres humanos altamente desarrollados, a menudo encontramos un sentido de visión previo al período de la muerte; esto es incidental al contacto egoico y a la percepción de los deseos del Ego. A veces implica un conocimiento del día exacto de la muerte, conjuntamente con la conservación de la autodeterminación hasta el momento final del retiro. En el caso de los iniciados hay mucho más que esto. Existe una inteligente comprensión de las leyes de abstracción, lo cual capacita al que efectúa la transición para retirarse conscientemente y con pleno conocimiento del cuerpo físico, y entonces actuar en el plano astral. 

Esto implica la conserva­ción de la continuidad de la conciencia, de manera que no hay interrupción de continuidad entre el sentido de percepción en el plano físico y el estado posterior a la muerte. El hombre se considera tal como era antes, aunque sin un mecanismo con el cual hacer contacto en el plano físico. Permanece consciente de los sentimientos y pensamientos de aquellos que ama, aunque no puede percibir ni tener contacto con el vehículo físico denso. Puede comunicarse con ellos en el plano astral, o telepáticamente a través de la mente, si todos están en armonía, pero la comunicación que requiere el empleo de los cinco sentidos de percepción, está necesariamente fuera de su alcance.

2. La muerte es ahora el resultado de la voluntad del alma. Eventualmente debe ser el resultado de las voluntades unidas del alma y de la personalidad y, cuando ello suceda, no habrá temor a la muerte. Reflexione sobre esto.

           3. El destino del hombre es morir, pues todo hombre debe morir al requerimiento de su propia alma. Cuando el hombre ha alcanzado una etapa superior en la evolución, deliberada y definidamente elegirá el momento en que conscientemente se retirará de su cuerpo físico, el cual permanecerá silente y sin alma, desprovisto de luz, sin embargo, ileso e íntegro; entonces se desintegrará de acuerdo con el proceso natural, y los átomos que lo constituyen volverán “a la reserva de los entes que esperan”, hasta ser nuevamente requeridos para que los empleen las almas encarnantes. Enton­ces se repite el proceso en el aspecto subjetivo de la vida, pero muchas almas ya han aprendido a retirarse del cuerpo astral sin someterse a ese “impacto en la niebla”, una forma simbólica de describir la muerte de un hombre en el plano astral. Luego pasa al nivel mental y deja su carcasa astral para aumentar la niebla y acrecentar su densidad.

4. Quizá sea preferible (y frecuentemente lo es) dejar que la enfermedad realice su trabajo y la muerte libere al alma del aprisionamiento. Llega inevitablemente el momento, para todos los seres encarnados, en que el alma demanda liberarse del cuerpo y de la vida de la forma, y la naturaleza tiene sus propios y sabios métodos para hacerlo, Enfermedad y muerte deben ser reconocidas como factores liberadores, cuando se producen como resultado del exacto momento elegido por el alma, Los estudiantes deberán compren­der que la forma física es un conglomerado de átomos erigidos en organismos y finalmente en un cuerpo coherente, el cual se mantiene unido por la voluntad del alma. 

Si lleváramos esa voluntad a su propio plano o (como se dice esotéricamente) “si dejáramos que el ojo del alma mire hacia otra dirección”, inevitablemente sobrevendría la enfermedad y la muerte en el actual ciclo. Esto no constituye un error mental o el fracaso en reconocer la divinidad o que se haya sucumbido al mal, en realidad es la resolución de la naturaleza  forma, en sus partes componentes y esencia básica. La enfermedad es esen­cialmente un aspecto de la muerte. Es el proceso por el cual la naturaleza material y forma sustancial se preparan para separarse del alma.

5. El lapso de vida oportunamente será corto o largo, según la voluntad de las almas que sirven conscientemente y emplean el mecanismo del cuerpo como instrumento para servir al Plan. En la actualidad, con frecuencia, se mantiene la vida en la forma - tanto en la vejez como en la infancia- que bien podría liberarse. No cumplen ningún propósito útil y causan mucho dolor y sufrimiento a formas que la naturaleza (si se la dejara actuar) no las utilizaría y las extinguiría. Observen esta última palabra. Debido al excesivo énfasis puesto sobre el valor dado a la vida de la forma, al temor universal que se tiene a la muerte -esta gran transición que todos debemos enfrentar- y a nuestra incertidumbre acerca de la realidad de la inmortalidad y debido a nuestro profundo apego a la forma, detenemos el proceso natural y nos aferramos a la vida, la cual lucha por liberarse, confinada en cuerpos muy inadaptados para los propósitos del alma.

No me interpreten mal. No tengo la intención de decir nada que pueda constituir un aliciente para el suicidio. Pero sí digo, y lo hago con énfasis, que la Ley del Karma frecuentemente queda en suspenso cuando las formas se mantienen en expresión coherente, las cuales debían haber sido descartadas, pues no sirven a ningún propósito útil. En la mayoría de los casos esta preservación es impuesta por el grupo al que pertenece el sujeto y no por el sujeto mismo, siendo con frecuencia un inválido consciente, una persona de edad cuyos mecanismos de contacto y respuesta son imper­fectos, o un niño anormal. Tales casos constituyen ejemplos definidos de la neutralización de la Ley del Karma.

6. Dos conceptos servirán para esclarecer el tema de la muerte, que ahora nos concierne: Primero, el gran dualismo siempre presente en la manifesta­ción. Cada dualismo tiene su propia expresión, está regido por sus propias leyes y busca sus propios objetivos. Pero, en tiempo y espacio, sumergen sus intereses en bien de ambos, y juntos producen la unidad. Espíritu-materia, vida-apariencia, energía-fuerza, cada uno tiene su propio aspecto emanante; cada uno se relaciona entre sí, cada uno tiene un objetivo mutuo temporario, y así al unísono producen la eterna afluencia, el cíclico flujo y reflujo de la vida en manifestación. 

En este proceso de relación entre Padre-Espíritu y Madre-­Materia, el hijo viene al ser, y durante la etapa infantil lleva a cabo sus procesos de vida dentro del aura de la madre, y aunque identificado con ella, trata siempre de escaparse de su dominio. Cuando llega a la madurez se intensifica  el problema y “la atracción” del padre comienza lentamente a neutralizar la actitud posesiva de la madre, hasta que finalmente se rompe el aferramiento que ejerce la materia o madre, sobre su hijo (el alma). El hijo, el Cristo-Niño, liberado de la tutela y de las manos protectoras de la madre, llega a conocer al Padre. Estoy hablando en símbolos.

Segundo: Todos los procesos de la encarnación, de la vida en la forma y de la restitución (por la actividad del principio muerte), de materia a materia y de alma a alma, son llevados adelante bajo la gran Ley Universal de Atracción. ¿Pueden imaginarse una época en que el proceso de la muerte, claramente reconocido y bienvenido por el hombre, sea descrito con la sencilla frase: “Ha llegado el momento en que la fuerza atractiva de mi alma requiere que abandone y restituya mi cuerpo al lugar de donde vino”?  Imagínense el cambio a producirse en la conciencia humana cuando la muerte sea considerada un mero acto de abandonar conscientemente la forma.

7. Cuando consideramos la muerte del cuerpo físico, en sus dos aspectos, surge un pensamiento: la integridad del hombre interno. Permanece siendo él mismo. Queda intacto, sin trabas; es un agente libre en lo que concierne al plano físico, y ahora responde únicamente a tres factores predisponentes:

1.      La cualidad de su equipo astral-emocional.

2.      La condición mental en la que habitualmente vive.

3.      La voz del alma, a menudo poco conocida, pero a veces muy conocida y amada.

La individualidad no se pierde, es la misma persona que se halla todavía en el planeta. Sólo ha desaparecido lo que fue parte integrante de la aparien­cia tangible de nuestro planeta. Lo que ha sido amado u odiado, lo que ha sido útil o inútil para la humanidad, quien ha servido a la raza o ha sido ineficaz, aún persiste, está en contacto con los procesos cualitativos y mentales de la existencia, y permanecerá eternamente - individual, cualificado por el tipo de rayo, parte del reino de las almas y un alto iniciado por propio derecho.

8. La enfermedad y la muerte son condiciones esencialmente inherentes a la sustancia, y así como el hombre se identifica con el aspecto forma, así también será condicionado por la Ley de Disolución. Esta ley, fundamental y natural, rige la vida de la forma en todos los reinos de la naturaleza. Cuando el discípulo o iniciado se identifica con el alma, y el antakarana está construido por medio del principio vida, entonces el discípulo queda fuera del control de esta ley universal, y natural y utiliza o descarta el cuerpo a voluntad -por la demanda de la voluntad espiritual o por el reconocimiento de las necesida­des de la Jerarquía o los propósitos de Shamballa.

9. Una encarnación sucede a otra durante todo este tiempo, y el proceso familiar de la muerte continúa aconteciendo entre ciclos de experiencia. Sin embargo, las tres muertes -física, astral y mental- se llevan a cabo con un constante despertar del estado de percepción, a medida que se desarrolla la mente inferior; el hombre ya no deambula -dormido y sin saberlo- fuera de los vehículos etérico, astral y mental, sino que cada muerte llega a ser un acontecimiento como lo es la muerte física.

Finalmente, llega el momento en que el discípulo muere deliberadamente y, con plena conciencia y real conocimiento, abandona sus distintos vehículos. Constantemente el alma va controlando, y entonces el discípulo produce la muerte por un acto de voluntad del alma, sabiendo exactamente lo que está haciendo.

10. La vida puede prolongarse y a menudo se prolonga después que la voluntad del alma ha decidido retirar la vida del alma; la vida de los átomos de los señores lunares puede ser nutrida durante largo tiempo, y esto angustia grandemente al hombre espiritual, que se da cuenta del proceso e intención de su alma. Lo que se mantiene vivo es el cuerpo físico, pero el verdadero hombre ya no enfoca allí su interés. 

LA CREMACIÓN Y LA LIBERACIÓN DEL ALMA

1.         La cremación, esotéricamente hablando, es necesaria por dos razones importantes. Acelera la liberación de los vehículos sutiles (que aún envuelven al alma) del cuerpo etérico, produciendo así la liberación en pocas horas en lugar de unos cuantos días; es además un medio muy necesario para purificar el plano astral e impedir al deseo “la tendencia al descenso”, que obstaculiza grandemente al alma encarnante.

2. Mediante la aplicación del fuego, todas las formas son disueltas; cuanto más rápidamente se destruye el vehículo físico humano, con más rapidez se rompe el aferramiento del alma que se retira. Muchas tonterías se dicen en la literatura teosófica actual acerca de la ecuación tiempo, en relación con la destrucción secuencial de los cuerpos sutiles. Sin embargo, debe decirse que en cuanto se ha establecido científicamente la verdadera muerte (por el médico ortodoxo a cargo del caso) y se ha asegurado que no queda una chispa de vida en el cuerpo físico, entonces es posible la cremación.

Esta total o verdadera muerte acontece cuando el hilo de la conciencia y el hilo de la vida han sido retirados totalmente de la cabeza y del corazón   No existe una necesidad etérica para esta demora. Cuando el hombre interno se retira de su vehículo físico, lo hace simultáneamente del cuerpo etérico. Es cierto que el cuerpo etérico puede deambular por una largo período en el “campo de emanación”, cuando el cuerpo físico es enterrado, y frecuentemente persistirá hasta la total desintegración del cuerpo denso.

El proceso de momificación, tal como se practicó en Egipto, y el embalsamamiento, tal como se practica en Occidente, han sido responsables de la perpetuación del cuerpo etérico, a veces durante siglos   Donde se practica la cremación no sólo se logra la inmediata destrucción del cuerpo físico y su restitución a la fuentes de sustancia, sino que el cuerpo vital también rápidamente se disuelve y sus fuerzas son arrastradas por la corriente ígnea al depósito de energías vitales... es necesario esperar debido al sentimiento de la familia o a los requerimientos municipales; la cremación debería hacerse dentro de las treinta y seis horas; cuando no hay razón para esperar, la cremación puede hacerse doce horas después. Sin embargo, es prudente esperar doce horas a fin de asegurarse que se ha producido la verdadera muerte.

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