Libro Primero. III.


 

Material compilado únicamente para las Adicciones sin fines de Lucro.

La Luz de Asia.
Edwin Arnold.


Libro Primero. III.

fue discutido en pleno diván16, y unos eran de una opinión y otros de otra, cuando apareció un sacerdote desconocido que dijo: “Si la vida vale algo, el salvador de una vida posee más al ser vivo que el que intentó matarlo. El matador estropea y destruye, el protector socorre; dadle el pájaro”. Todos encontraron atinado este juicio; pero cuando el rey buscó al sabio para honrarlo, había desaparecido, y alguien vio una serpiente cobra17 que se deslizaba fuera. ¡Los dioses vienen a menudo bajo esta forma! Es así como nuestro Señor Buda comenzó su obra de misericordia.

 Sin embargo, no conocía aún otro dolor que el del pájaro que, curado, alcanzó jubilosamente a los suyos. Pero otro día el Rey dijo: “Ven, mi querido hijo, y mira el encanto de la primavera, y cómo la tierra fecunda está deseosa de producir sus riquezas para el segador; como mi reino —que será el tuyo cuando la pira flamee para mí— alimenta todas sus bocas y llena el cofre del rey. La estación es bella en su atavío de hojas nuevas, de flores ostentosas y de hierba verde; escucha los gritos alegres de los labradores”. Caminaba así a través de una comarca de fuentes y jardines, contemplando los bueyes que recorrían los fértiles barbechos alargando sus cuellos robustos bajo el yugo opresor; la tierra feraz brotaba y se enrollaba en largas olas suaves detrás del arado, y el labrador apoyaba los dos pies en la reja para hacer más profundo el surco. Entre las palmeras burbujeantes arroyos murmuraban, y la tierra gozosa bordaba sus márgenes de balsaminas y toronjiles de hojas barbadas.

Por otro lado había sembradores que iban regando la simiente; y todo el juncal reía,

con las canciones en los nidos, y todas las malezas se estremecían con la vida de seres minúsculos, el lacerto, la abeja, el escarabajo y todas las bestias que se arrastran, porque estaban alegres con la primavera, En las ramas de los manglares chispeaban los colibríes; sólo en su fragua verde, el calderero18 trabajaba ruidoso; los abejarucos de pico encorvado perseguían las mariposas multicolores; más allá las ardillas rayadas19 cazaban; las mainas, engallándose, pecoreaban; las siete hermanas morenas20 chillaban en los zarzales; el gato montés, abigarrado, comedor de peces, estaba en acecho a la orilla del estanque; las garzotas caminaban apaciblemente entre los búfalos; los milanos revolaban en el aire dorado; cerca del templo de brillantes colores volaban los pavos; las palomas zureaban en cada muro; a la distancia resonaban los tambores de la ciudad para una fiesta nupcial; todas las cosas hablaban de paz y de abundancia, y el Príncipe las veía y se regocijaba. 

Pero contemplando el fondo de las cosas, vio las espinas que crecían bajo esta rosa de la vida; vio que el campesino tostado gana su salario con el sudor de su frente, padeciendo para tener el derecho de vivir; que hostigaba a los bueyes de grandes ojos en la horas ardientes, aguijoneando sus flancos afelpados; reparó en que el lacerto se come a la hormiga; y el milano a los dos, y que el halcón pescador roba al gato montés la presa que éste hiciera; vio a la urraca persiguiendo al ruiseñor que cazaba mariposas de colores de carbúnculos; de modo que por doquiera cada uno daba muerte a un matador, y a su vez era muerto, viviendo la vida de la muerte. De modo que el espectáculo encantador ocultaba una vasta, salvaje, horrible conspiración de asesinato mutuo, desde el gusano hasta el hombre, que también mataba a su semejante, mirando esto —al labrador hambriento y a sus bueyes desollados por su yugo cruel, y esta rabia de vivir que empujaba al combate a todo ser viviente—, el príncipe

16 Consejo de ministros.

17 Cuando se yergue, su cabeza se dilata en forma de capuchón, lo que ha valido el nombre portugués de

cobra da capello; es dorada por los indostánicos.

18 Pájaro de la familia del Pico.

19 Especie de ardilla pequeña, llamada también rata palmista, muy común en la India.

20 Especie de mainas, que van generalmente en grupo de siete.

 pan dulce del campesino! ¡Qué dura es la servidumbre de los bueyes! ¡Cuán feroz es la guerra del débil contra el fuerte en las malezas! ¡Qué de complots en el aire! ¡Ni un refugio en la misma agua! Retiraos un poco, a un lugar separado, y dejadme reflexionar sobre lo que me habéis hecho ver”.

 Al hablar así, el buen Señor Buda tomó asiento bajo un árbol, con las piernas cruzadas, cómo están las estatuas santas, y por la primera vez se puso a meditar acerca del mal profundo de la vida, si origen lejano y su posible remedio. Le llenó una piedad tan vasta, un amor tan grande por los seres vivos, tal apasionamiento por aliviar el dolor, que, por su potencia, su real espíritu cayó en éxtasis, y emancipado de la mancha mortal de la sensación y la personalidad, el niño alcanzó entonces el Dhyana, que es el primero paso en “el sendero”.

En este momento, muy alto en los aires, volaban cinco Espíritus, cuyas libres alas vacilaron al pasar encima del árbol: “¿Qué poder superior nos detiene en nuestro vuelo?”, dijeron, porque los Espíritus resienten toda fuerza divina y reconocen la presencia sagrada de un ser puro. Entonces mirando hacia abajo, vieron al Buda coronado de una aureola rosada, pensando en salvar a los seres; en tanto que de la arboleda una voz exclamó:

“¡Rishis!21 He aquí al que salvará al mundo; descended y honradle”. Entonces los santos ilustres se aproximaron y cantaron un himno de alabanza plegando las alas; en seguida continuaron su camino y les llevaron buenas nuevas a los dioses.

 Pero alguien comisionado por el Rey para buscar al Príncipe lo encontró todavía meditando, aunque ya era más de mediodía, y el sol se precipitaba hacia los montes del Oeste; sin embargo, mientras que todas las sombras se movían, sólo la del árbol permanecía inmóvil, cubriendo a Buda, para que los rayos oblicuos no hiriesen su augusta cabeza, y el que vio este espectáculo oyó una voz que decía en medio de las flores de los manzanos rosados:

“Dejad tranquilo al Hijo del Rey; en tanto que la sombra no salga de su corazón, la mía permanecerá inmóvil”.

21 Santos según la mitología indostánica, los Rishis salieron del espíritu de Brahma y son en número de siete.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Psicología Esotérica I. ¿ Cuáles son el origen, la meta, el propósito y el plan del Alma?

Capítulo IV: EL PROBLEMA DEL CAPITAL, EL TRABAJO Y EL EMPLEO

EL SENTIDO ESOTÉRICO