Material compilado únicamente para las Adicciones
sin fines de Lucro.
Ansiedades que perjudican.
CECIL A. POOLE.
Capítulo III
Salud y Sufrimiento.
El cuerpo físico
está hecho de tal manera que puede ser
afectado por circunstancias tanto externas como
internas. Algunos de los efectos sobre
el cuerpo conducen a una sensación de bienestar.
Otros causan sufrimiento y
dolor, o cuando menos malestar. El
sufrimiento es dolor o angustia que se produce a
causa de la estimulación externa por medio
de nuestras facultades sensoriales o por
cambios internos, juicios y percepciones.
Cualquiera que sea la causa del sufrimiento es
un estado contrario a la alegría y el
placer. Casi todas las religiones y filosofías
consideran el sufrimiento como parte del destino
de todos los seres humanos.
En muchas escuelas
filosóficas se ha enseñado que la vida
y el sufrimiento son sinónimos. No
puede haber vida sin sufrimiento e
inversamente, sería difícil no hubiera una
entidad consciente que nos permitiera darnos
cuenta de ese estado o condición.
El sufrimiento que
es el resultado del impacto de fuerzas
externas sobre el cuerpo físico generalmente
se interpreta como dolor y hasta donde
sabemos, todos los organismos biológicos lo
experimentan. Aun los organismos más
pequeños, los diminutos seres unicelulares,
responden a estímulos externos tales como
presión, un choque eléctrico, o un
ácido que entra en contacto con ellos. La
manera en que el organismo viviente responde
ante el dolor o ante el estímulo externo
que lo provoca cambia de una manera
considerable con la vida misma.
De acuerdo a los
hechos que hemos observado, las
formas superiores de vida se vuelven más
sensibles al dolor. Probablemente los
seres humanos y algunas de las
formas superiores de mamíferos son los
más sensibles al estímulo externo y por esa
razón experimentan tanto el dolor como el
placer más intensamente que otros
organismos inferiores. Como el dolor o el
sufrimiento puede ser tanto externo como
interno, generalmente es el resultado de
condiciones que afectan el cuerpo físico ya
sea a causa de un accidente o una
enfermedad. El individuo que puede conservar
una salud perfecta no sufre dolor.
Cualquier persona está sujeta aun al más
leve accidente que puede causarle dolor
físico.
La angustia es una
clase de dolor que no siempre está
relacionada con el dolor físico, sino que puede
ser provocada por la preocupación y
la ansiedad. Surge en la conciencia del
hombre, dentro de su propia mente, como
una consecuencia de sus observaciones o
conclusiones. La angustia que una persona
puede experimentar acerca del
resultado incierto de alguna condición o
acontecimiento que se está produciendo o que
es inminente, puede ser tan intensa, y
algunos dirían extrema, que produce sufrimiento
en vez de dolor físico. está en juego o
bien un futuro seriamente afectado o
amenazado, son causas que pueden traer como
resultado una angustia que puede llegar a
considerarse casi intolerable.
El sufrimiento,
como lo experimentan los organismos más
elevados, se agudiza más con la habilidad
del hombre de percibir su medio ambiente y
reflexionar sobre él. El filósofo
naturalista John Burroughs observó que los pájaros se
recuperaban rápidamente después de
experimentar lo que los seres humanos
considerarían angustioso. Escribió acerca de nidos de
pájaros que fueron destruidos y los
polluelos muertos, y sin embargo en un
período de tiempo relativamente
corto, algunas veces sólo cuestión de
minutos, los pájaros estaban comportándose
normalmente, cantando y dando la apariencia
de estar contentos.
Si un
acontecimiento similar ocurriera a un ser humano,
resultaría en un estado de dolor y angustia
durante un período de tiempo
prolongado, posiblemente hasta por toda la vida.
A medida que el
hombre se hace más sensible y sagaz al
comprender y enfrentarse a su medio
ambiente, también se ha hecho más sensible
a cualquier condición que pudiera
interferir con su adaptación a las condiciones
ambientales. Cuando el hombre vivía en
comunidades pequeñas o trataba sólo con
grupos pequeños de gente, el sufrimiento era
primordialmente un problema personal
aunque éste pudo haber sido observado por
quienes lo rodeaban. Es evidente que había
momentos de relativamente poco sufrimiento de
parte de los pequeños grupos de
individuos. En la complicada sociedad
de la cual formamos parte hoy día,
nunca estamos alejados del sufrimiento. Hay
sufrimiento no sólo en las noticias como
resultado de los acontecimientos mundiales, sino que
constantemente lo observamos en
todo lo que leemos y vemos.
Libros, dramas,
películas y televisión tratan de
intensificar la existencia del sufrimiento humano.
Esta condición existe hasta el grado que
en cierta forma nos hemos endurecido en
nuestra actitud hacia los que sufren. Sin
embargo, uno de los rasgos
característicos que distinguen al hombre civilizado
de otros seres vivientes, incluyendo aun
otros hombres, es su capacidad de
mostrar simpatía y compasión.
No siempre podemos
controlar voluntariamente el problema de la
salud. Debemos buscar ayuda
profesional para evitar el sufrimiento del
dolor que se presenta como consecuencia
de una enfermedad u otros ajustes
físicos. Aun entonces, no siempre encontramos
el alivio que buscamos. No podemos sino
llegar a la conclusión de que
todos debemos sufrir, pero podemos ser
tolerantes con quienes están
experimentando algún sufrimiento.
Debemos mostrar
simpatía y compasión indicando
claramente con nuestro comportamiento, que lamentamos que
una persona esté enferma o que
esté atravesando por alguna situación
desagradable. También debemos hacer saber
que si hay algo que podamos hacer para
mitigar alguna de las condiciones que
causan los problemas, lo haremos, a fin
de proporcionar algún alivio a quien
sufre.
Que el hombre es el
guardián de su hermano, es una ley
Cósmica. Ningún hombre está solo.
Ningún individuo se encuentra aislado.
Por lo tanto, aquello que hace sufrir a
otro, también me causa sufrimiento y
angustia. Si no trato de mitigar el
sufrimiento de mis semejantes no podré aliviar mi
propio sufrimiento.
No necesitamos
mostrar nuestra compasión y simpatía por
medio de actos extremos, evidentes, ya que
éstos algunas veces no significan nada. En
la actualidad enviar flores o una
tarjeta, algunas veces no es más que un
substituto de lo que debería ser una
verdadera preocupación.
Cuando somos
acosados por el sufrimiento comprendemos
fácilmente a quienes nos muestran simpatía y
nos ofrecen su ayuda sincera. No vamos a resolver
los problemas de otra persona,
mitigar su sufrimiento o darle una salud perfecta
aún cuando pudiéramos asumir su dolor,
pero podemos hacer que esa persona comprenda
que hay unidad en todos los seres.
Toda la humanidad se beneficiaría si
cada uno de nosotros supiera que el peso
que soportamos no es sólo nuestro.
Por lo tanto, aunque no siempre podemos
mitigar el sufrimiento de otro, aun cuando
quisiéramos quitarle el dolor que lo
aqueja, podemos practicar la verdadera
compasión. Por medio de nuestra actitud,
podemos mostrarle a quien sufre que
también nosotros somos mortales y que
hemos sufrido accidentes, enfermedades y
dolor.
Cada ser humano debería estar
consciente de que estamos tratando de llegar
a un estado de perfección en el cual el dolor
y la angustia ya no serán elementos con
los cuales tenemos que luchar, sino
simplemente serán vestigios de una experiencia
física que ya no sentiremos cuando logremos una
comprensión completa del
Infinito.
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