La Mente y el Nirvana
Material compilado
únicamente para las Adicciones sin fines de Lucro.
Su Santidad
el Dalai Lama.
ADIESTRAR
LA MENTE
La Mente y el Nirvana
El proceso por el cual la mente crea nuestra existencia ignorante y el sufrimiento
en el que vivimos lo describe Chandrakirti en su obra Guía del Camino Central
(Madhyamakavatara), en donde afirma: "Un estado mental indisciplinado da
origen a los engaños que propulsan a un individuo a la acción negativa que, a
su vez, crea el entorno nocivo en el que vive la persona". Para tratar de
comprender la naturaleza de la libertad del sufrimiento (nirvana) de la que
habla el budismo, podemos remitirnos a un pasaje del texto de Nagarjuna, Fundamentos
del Camino Central (Mulamadhyamakakarika), en el que, en cierto sentido,
equipara la existencia no iluminada (samsara) a la existencia Iluminada
(nirvana). Lo que indica, aquí, Nagarjuna es que no debemos creer que nuestra
naturaleza o nuestra existencia, iluminada o no, es intrínseca. Desde el punto
de vista de la vacuidad, ambos estados se hallan igualmente vacíos por completo
de una realidad o de una existencia intrínseca. Lo que diferencia un estado no
iluminado de uno iluminado es el conocimiento y la experiencia de la vacuidad.
El conocimiento y la experiencia de la vacuidad del samsara es el
nirvana. La diferencia entre samsara y nirvana es un estado mental. Una vez
dadas estas premisas, es lógico preguntar: "¿Está sugiriendo el budismo
que todo cuanto existe no es más que una proyección de nuestra mente?".
Ésta es una pregunta crítica a la que los maestros budistas han ofrecido
distintas respuestas. Por un lado, los grandes maestros han argumentado que, en
el análisis final, todo, incluyendo nuestra experiencia de sufrimiento y felicidad,
no es más que una proyección de nuestra mente.
Pero hay otro grupo que ha argumentado, vehementemente, en contra de esa
forma extrema de subjetivismo. Este segundo grupo mantiene que, si bien en
cierto sentido se puede comprender que todos los fenómenos, incluyendo las
experiencias propias, son creaciones de la propia mente o consciencia, esto no
significa que todo sea sólo mente. Ellos afirman que uno ha de mantener un
grado de objetividad y creen que las cosas existen. Aunque mantienen que la
consciencia, la mente, el sujeto, desempeña una función en la creación de
nuestra experiencia y del mundo, insisten en que existe, también, un mundo
objetivo que es accesible a todos los sujetos y a todas las experiencias.
Hay otro punto, con respecto al concepto budista de libertad o nirvana, que
creo necesario que se comprenda. Nagabuddhi, un discípulo de Nagarjuna, afirma
que, "la Iluminación o la libertad espiritual no es un regalo que alguien
pueda hacerte ni es la semilla de la Iluminación algo que sea poseído por
otro". La implicación, aquí, es que la semilla o el potencial para la
Iluminación existe naturalmente en todos los seres. A continuación, Nagabuddhi
pregunta: "¿Qué es nirvana?, ¿qué es la Iluminación?, ¿qué es libertad
espiritual?". Y su respuesta es la siguiente: "La verdadera
Iluminación no es más que la comprensión absoluta de la naturaleza de la propia
entidad". Cuando Nagabuddhi habla de la naturaleza de la propia entidad, se
está refiriendo a lo que los budistas llaman la clara luz última o la naturaleza
interna y radiante de la mente. Nagabuddhi afirma que el auténtico estado de
budeidad se alcanza cuando la naturaleza interna se ha actualizado o
comprendido en toda su profundidad.
Así pues, cuando hablamos de la Iluminación, el estado de la budeidad o
del nirvana, que son los frutos de los esfuerzos espirituales personales,
estamos hablando de una cualidad de la mente, de un estado mental. Del mismo modo,
cuando nos referimos a los engaños y a los factores que oscurecen y obstruyen
nuestra logro del estado iluminado, estamos hablando también de estados
mentales, de los estados mentales engañosos. En particular, nos estamos
refiriendo a los estados engañosos que se hallan enraizados en un modo
distorsionado de percibir el propio yo y el mundo. La única forma de eliminar
esa comprensión errónea, esa manera distorsionada de percibir el yo y el mundo,
es cultivar la visión correcta de la verdadera naturaleza de la mente, de la
verdadera naturaleza del yo y del mundo. Aquí, una vez más, tanto la percepción
purificada como los objetos de purificación han de ser comprendidos en términos
de estados mentales.
En resumen, la enseñanza del Buda equipara, por un lado, un estado mental
indisciplinado con el sufrimiento y con la existencia no iluminada y, por el
otro, un estado mental disciplinado con la felicidad, con la Iluminación o la
libertad espiritual. Éste es un punto esencial. Generalmente, nuestras
experiencias diarias de placer y de dolor están relacionadas con sensaciones
físicas y con estados mentales. Es obvio. Cuando el placer o el dolor se
manifiesta principalmente en forma de sensaciones físicas, puede ser subyugado
o neutralizado por un estado mental. Esto está claro. Por otra parte, es
difícil neutralizar un estado mental desdichado mediante el bienestar físico.
Si un enfermo que padece grandes dolores mantiene una mente serena, será capaz
de neutralizar su sufrimiento.
Y también se puede aliviar el sufrimiento físico con una actitud de aceptación
o con el deseo de soportarlo. Es pues tan útil como importante concentrarse en
el adiestramiento mental sobre una base diaria, incluso sin considerar la
próxima vida o la libertad espiritual. Yo creo que a todos nos conviene
cuidarnos más de nuestra mente, no sólo del dinero. Creo que conviene incluso a
aquellos que no buscan ni están interesados en obtener resultados a largo
plazo. El Pensamiento Válido y el Pensamiento no Válido Debo informar al lector
de que, cuando nos referimos a estados mentales, la palabra que se traduce como
"mente" tendría que traducirse como “mente/corazón”. Un hecho
natural, supongo que se le podría llamar “ley psicológica”, de nuestra
experiencia subjetiva de los pensamientos y las emociones es que dos
pensamientos o emociones que se oponen directamente no pueden coexistir al
mismo tiempo. Desde nuestra experiencia ordinaria de cada día, sabemos que hay
pensamientos que pueden ser clasificados como válidos y, otros, como no
válidos. Por ejemplo, si un pensamiento particular corresponde con la realidad,
es decir, si hay una correspondencia entre el estado de hechos en el mundo y la
propia percepción de ellos, entonces, uno puede llamar a eso un pensamiento
válido o una experiencia válida. Pero también experimentamos pensamientos y
emociones que son completamente contrarios al modo en que existen las cosas. En
algunos casos, es posible que se trate de una forma de exageración pero, en otros,
pueden ser diametralmente opuestos al modo de ser de las cosas. Tales pensamientos
y emociones se consideran no válidos y sin fundamento.
Los textos budistas, especialmente los de epistemología, hacen esta distinción
entre las formas de pensamiento y emoción válidas y no válidas para explicar la
cognición válida o cognición verdadera y sus resultados o frutos. Lo que quiero
decir aquí es que, para que un esfuerzo tenga éxito y conduzca al logro de un
objetivo, se requieren pensamientos y emociones válidos. En los textos
budistas, se afirma que el logro de la liberación espiritual más elevada, el
nirvana o la Iluminación, es fruto de pensamientos y emociones válidos. Por
ejemplo, de acuerdo con las enseñanzas budistas, el factor principal que da
origen al logro de la Iluminación o budeidad es un conocimiento directo y
verdadero de la naturaleza de la realidad. Un conocimiento directo y verdadero
de la realidad es un modo válido de conocer cosas, como la naturaleza del
mundo, etc. Además, si observamos los numerosos factores complementarios, como
la compasión, el altruismo y la aspiración de alcanzar la Iluminación para
beneficio de los seres sentientes (bodichita), vemos que están todos ellos
basados en el pensamiento válido. Aunque el altruismo y la compasión sean más
una emoción que un pensamiento cognitivo, el proceso que conduce al logro de la
compasión universal y la bodichita implica comparar las verdades con las
falsedades.
Éste es un proceso de cultivar los modos válidos de percibir y de experimentar
las cosas. Por lo tanto, podemos decir que la budeidad en sí misma es una
consecuencia de los pensamientos y las emociones válidas y vemos, por el
contrario, que la experiencia no iluminada (samsara) es un producto de modos
inválidos de percibir y de experimentar. Por ejemplo, de acuerdo con el
budismo, la raíz fundamental de nuestra existencia no iluminada y de nuestro
sufrimiento es la ignorancia (avidya).
La característica principal de esta ignorancia es un modo distorsionado
de percibir el mundo y a nosotros mismos. De nuevo, los pensamientos y las emociones
no válidos, los modos no válidos de percibir y de experimentar las cosas y a
uno mismo son, en última instancia, la fuente de nuestro sufrimiento y de
nuestro estado no iluminado. La cuestión principal, en el análisis final, es la
correlación entre los pensamientos y las emociones válidos y la felicidad y la
libertad espiritual, y entre las formas de pensamiento y emociones no válidos y
el sufrimiento y el estado no iluminado. En la práctica budista del
adiestramiento o la disciplina mental, el énfasis recae en implicarse en un
método o proceso mediante el cual las formas válidas de pensamiento y emoción
puedan ser desarrolladas, incrementadas y perfeccionadas y en donde las formas
no válidas puedan ser contrarrestadas, minadas y finalmente desechadas. Algo
que debemos comprender y apreciar, cuando nos aproximamos a una técnica como el
adiestramiento mental budista, es la complejidad de la tarea a la que nos enfrentamos.
Las escrituras budistas mencionan ochenta mil tipos de pensamientos negativos y
destructivos, que corresponden a los ochenta y cuatro mil tipos distintos de
enfoques o antídotos. Es importante no tener la expectativa poco realista de
que, de algún modo, en algún lugar, encontraremos esa llave mágica que nos
permitirá eliminar de golpe todas nuestras mentes negativas.
Necesitamos contar, pues, con gran determinación y paciencia. No hay que pensar que en cuanto uno se ponga a practicar el darma, va a iluminarse en un breve periodo de tiempo, quizá en una semana. Esto es imposible y nada realista. Me gustaría hacer referencia a un hermoso comentario efectuado por Nagarjuna que habla de la necesidad de tener paciencia y una apreciación de la medida de tiempo que se necesita para implicarse realmente en un proceso de adiestramiento o de disciplina mental. Nagarjuna dice que si, mediante el adiestramiento mental y la disciplina, mediante la sabiduría y su hábil aplicación, puedes desarrollar en tu interior un sentimiento de tranquilidad y confianza, una tranquilidad que está realmente enraizada en un postura confirmada y definitiva, entonces, el tiempo que lleve no tiene importancia. En contraste con el punto de vista de Nagarjuna, desde nuestra experiencia personal, el tiempo sí que importa. Si estamos experimentando un acontecimiento insoportable y doloroso, aunque sea de poca duración, deseamos salir de él lo más rápidamente posible.

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