La energía Astral y el Temor
Material compilado únicamente para las Adicciones sin fines de Lucro.
Maestro Tibetano Djwhal Khul(Alice A. Bailey).Tratado Sobre Magia Blanca.
La energía Astral y el Temor
El tema a considerarse es de
aplicación sumamente práctica, por tratarse del cuerpo astral -cuerpo en que el
hombre está más polarizado y del que es más potentemente consciente. En
realidad el cuerpo etérico está bajo el umbral de la conciencia. Los seres
humanos son inconscientes del paso de las fuerzas a través de este vehículo,
pero se acercan más a su reconocimiento cuando hablan en términos de vitalidad
o carencia de ella. El cuerpo físico hace sentir su presencia cuando algo anda
mal o desea satisfacer uno de sus apetitos. Sin embargo, la situación cambia
respecto al cuerpo astral, porque es el vehículo de experiencia para la
mayoría, y la mayoría pasa gran parte de su vida consciente, registrando las
reacciones de dicho cuerpo y vibrando entre dos polos, la felicidad y el
sufrimiento, la satisfacción y el descontento, la seguridad y la duda, el valor
y el temor. En verdad esto significa que la fuerza inherente y la vida del
vehículo emocional sensorio rigen la expresión de la vida y moldean la experiencia
del alma encarnada. Por lo tanto, es de valor comprender algo respecto a estas
fuerzas, de dónde proceden y cómo actúan y reaccionan en el hombre. Allí está
su campo de batalla y también su campo de victoria.
Para comenzar conviene tener presente que toda energía astral es parte de
la energía astral del sistema solar y que, por consiguiente:
1. El
cuerpo sensorio de un ser humano es un átomo de sustancia en el cuerpo sensorio
del Logos planetario.
2. El
cuerpo sensorio (término que prefiero al de astral, y que continuaré empleando)
del Logos planetario, es un aspecto -no
un átomo- del cuerpo sensorio del Logos solar,
3. Éste a su vez es un canal para las fuerzas sensorias que emanan de grandes centros de energía totalmente fuera de nuestro sistema solar y bajo su influencia.
Si se tiene presente lo anterior, se evidenciará que el hombre, por ser
sólo un diminuto fragmento de una totalidad mayor, que a su vez está
incorporada a un vehículo aún más vasto, es el campo donde se encuentran
fuerzas mayores y más diversificadas de lo que su cerebro puede reconocer. De
allí la complejidad de su problema y todas las posibilidades que surgen de esas
expansiones de conciencia que llamamos iniciación. Toda corriente de energía
que pasa por su cuerpo de deseos y reacción sensoria, es sólo un sendero que lo
conduce a contactos y conocimientos cada vez más amplios. Ello constituye
también una protección para la mayoría de los seres humanos, debido a que
poseen aún un mecanismo inadecuado para el registro y la impresión de ese
sinnúmero de posibilidades que ofrecen los canales de la comprensión. Hasta no
estar el mecanismo mental suficientemente despierto y controlado, no le será
posible al hombre interpretar y utilizar correctamente la información que su
cuerpo sensible de respuesta podría trasmitirle, y afortunadamente aún no lo
hace.
Aparte de la constante circulación, a través de su cuerpo astral, de
energías planetarias, solares y cósmicas, todo ser humano ha extraído del gran
Todo mayor la energía astral necesaria para construir su cuerpo astral
individual separado, que responde a su nota específica, matizado por su
cualidad particular y, limitado o no, de acuerdo al punto alcanzado en la etapa
de evolución.
Esto constituye su “círculo infranqueable" astral, que define los
límites de su respuesta emotiva a la experiencia de la vida, e incorpora a su
cualidad la amplitud de su vida de deseo, pero al mismo tiempo es capaz de una
enorme expansión, desarrollo, ajuste y control, por el impulso del cuerpo
mental y del alma. También está sujeto a la actividad vibratoria, como
resultado de la interacción entre el "círculo" y la experiencia de la
vida en el plano físico; así se pone en movimiento la gran rueda de la experiencia
que persistirá hasta ser conocidas y comprendidas las cuatro Nobles Verdades
del Buda.
Este cuerpo astral contiene en sí la contraparte de los centros etéricos,
o laya, y a través de ellos las fuerzas y energías tratadas anteriormente pasan
al cuerpo etérico. Estos centros llevan, a cada parte del organismo astral,
energías de los siete planetas y del sol, poniendo así al hombre en relación
con todas las partes del sistema solar, y dando por resultado la determinación
del destino del hombre, hasta el momento en que se da cuenta de su herencia
inmortal y llega a ser sensible a las fuerzas que hasta ahora la mayoría no
conoce. Dichas fuerzas emanan de la forma. Ésta es la razón por la cual un
horóscopo frecuentemente es exacto en su pronóstico para quienes no han
evolucionado ni están aún despiertos, siendo completamente erróneo y falso
respecto al hombre altamente evolucionado. El hombre, en su conjunto, es
producto de su cuerpo de deseos. Después, "como el hombre piensa, así es
él". El cuerpo astral con sus anhelos, apetitos, modalidades, sentimientos
y vehementes deseos, moldea el cuerpo físico mediante las fuerzas atractivas
que fluyen a través de él, y lo llevan infaliblemente a satisfacer sus deseos.
Si los apetitos de la naturaleza sensoria son predominantemente animales en su
objetivo, tenemos al hombre de fuertes apetitos, dedicando su vida a
satisfacerlos. Si sus deseos son de bienestar y felicidad, tenemos a un hombre
sensual, amante de la belleza y las diversiones, regido casi completamente por
el egoísmo. Lo mismo sucede con los innumerables tipos de deseo, buenos, malos y comunes, hasta tener lugar esa
reorientación que reenfoca en tal forma las energías astrales, que las encamina
hacia otra dirección. Así el deseo se convierte en aspiración y el hombre se
libera de la rueda de nacimientos y de la necesidad de reencarnar. Entonces, el
horóscopo, tal como se lo conoce, resultará fútil, falso e inútil, y la frase
empleada comúnmente, aunque errónea, "el horóscopo del ego o alma"
carece de sentido. El alma no tiene un destino individual, sino que está
sumergida en el Uno. Su destino es el del grupo y el del Todo, su deseo es la
elaboración del gran Plan, y su voluntad, la glorificación del Logos encarnado.
Quisiera sugerir a los estudiantes que procuren leer, si es posible, La
Ciencia de las Emociones, de Bhagavan Das. Es un buen tratado sobre los cuerpos
astral y sensorio y trata de los factores que conciernen más de cerca al
aspirante, a medida que enfrenta el problema de comprender y controlar su
naturaleza emocional, dominar la técnica del desarrollo, reorientarse hacia una
experiencia más amplia y prepararse para las pruebas y expansiones de la
segunda iniciación mayor -la del bautismo, hasta entrar finalmente en la
corriente. Metafóricamente hablando, la experiencia que tiene por delante en el
sendero, está descripta en las siguientes frases esotéricas:
"Cuando la corriente entra en el Río de la Vida, su paso puede ser
visto durante un breve instante, luego se pierde. Cuando las corrientes de la
vida sensoria se encuentran donde el río circunda la base maciza de la montaña,
entonces es vista una sola y vasta corriente que fluye hacia el norte."
Es evidente esta simbología, y también se la puede aplicar para
representar la afluencia de las dos corrientes -Ida y Pingala- y su fusión en
el río de la energía que asciende hacia la cabeza. Allí está el lugar de
encuentro, y también el sacrificio consumado en el Monte del Gólgota (el lugar
de la calavera).
Al considerar el cuerpo sensorio de un ser humano, probablemente será de
mayor utilidad si lo hago en términos de temperamento y expresiones comunes,
porque sólo al tratar sus efectos y procurar dominarlos, el hombre llega al
conocimiento de sí mismo y se convierte en Maestro. Las manifestaciones más
comunes de la actividad astral son:
I. Temor.
II. Depresión o
su polo opuesto, regocijo.
III. Deseo de
satisfacer los apetitos animales.
IV. Deseo de
felicidad.
V. Deseo de liberación. Aspiración.
Éstas resumen prácticamente la mayoría de las experiencias sensorias del hombre, y las consideraremos cada una desde los siguientes ángulos:
1. La causa.
2. El efecto.
3. El método de dirección.
Observarán que digo "método de dirección", no método de
control. Los aspirantes deben comprender que trabajan con las fuerzas y dentro
de ellas, y que la actividad correcta o errónea del plano físico se debe
simplemente a una buena o mala dirección de las corrientes de fuerza, y no a
algo bueno o malo de las energías mismas.
I. Temor. Es una de las manifestaciones más comunes de la energía astral,
y se la enumera primero porque constituye, para la mayoría, el Morador en el
Umbral y, en último análisis, el mal astral básico. Todo ser humano conoce el
temor; el alcance de las vibraciones del temor abarca desde los temores
instintivos del hombre salvaje, basados en su ignorancia de las leyes y fuerzas
de la naturaleza, y en su terror a la oscuridad y a lo desconocido, hasta los
temores, tan prevalecientes hoy, de perder a los seres queridos, los amigos, la
salud, la riqueza, el dinero, la popularidad,
y así sucesivamente hasta los últimos temores del aspirante -temor al
fracaso, temor arraigado en la duda, o al último rechazo o aniquilamiento,
temor a la muerte (que comparte igualmente con toda la humanidad), temor a la
gran ilusión del plano astral, a la fantasmagoría de la vida misma y además
temor a la soledad en el sendero, hasta temer al temor mismo. Esta lista podría
extenderse, pero es suficiente para indicar la prevalencia de toda índole de
temores. Dominan la mayoría de las situaciones y oscurecen muchos momentos
felices. Reducen al hombre a un tímido y atemorizado átomo de vida sensoria,
atemorizado ante los enormes problemas de la existencia, consciente de su
insuficiencia como hombre para resolver todas las situaciones, e incapaz de
abandonar sus temores y dudas y heredar la libertad y la vida. A menudo está
tan embargado por el temor, que hasta teme perder la razón. Nunca podrá ser
suficientemente descrito este panorama sombrío, porque el temor es la energía
astral que predomina en la actualidad, y la sensible humanidad sucumbe
demasiado fácilmente a él.
Se preguntarán: ¿Cuáles son las causas fundamentales del temor? Esta
pregunta, si la llevamos retrospectivamente hasta los orígenes de la historia
esotérica del sistema solar, no tiene respuesta inteligible. Sólo el iniciado
avanzado puede comprenderla. El temor tiene sus raíces en la trama y urdimbre
de la materia misma, y es por excelencia la formulación o efecto del principio
mente y resultado de la actividad mental. El hecho de que las aves y los
animales conozcan el temor, ubica el tema sobre una base más amplia que si sólo
se tratara simplemente de la debilidad humana y el resultado de la actividad
del funcionamiento de la mente humana. No es algo que proviene del poder de
razonar del hombre, pero si empleara su razón en forma correcta podría eliminar
el temor. Reside en lo que se denomina mal cósmico -frase altisonante, pero que
nada dice. Es inherente a la realidad de la materia y a la acción de los pares
de opuestos -alma y materia. Las almas sensorias de los animales y de los
hombres se dan cuenta subconscientemente de factores tales como:
1. La
inmensidad y, por lo tanto, la sentida opresión que ejerce el Todo.
2. La presión
de otras vidas y existencias.
3. La
actuación inexorable de la ley.
4. La
sensación de aprisionamiento, limitación y su consiguiente incapacidad.
En estos factores, que surgen del mismo proceso manifestado, y persisten
y aumentan en potencia durante épocas, residen las causas de todo el temor
moderno y la base de todo terror, primordialmente el estrictamente psicólogo y
no sólo el temor instintivo del animal.
No tendría ninguna utilidad concretar la cuestión con mayor claridad. ¿De
qué sirve decir que el temor es una cualidad del mal (o sea de la materia), que
colora fundamentalmente o caracteriza al cuerpo sensorio o astral de nuestro
Logos planetario? ¿Qué se obtendría si explicara el problema de esa gran Vida
en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, a medida que Él, en Su
propio plano cósmico, busca la liberación y encara Sus propias pruebas y
experiencias peculiares? ¿Qué palabras adecuadas existen para describir la
lucha cósmica entre esas Vidas de conciencias tan impersonales y excelsas, que
las palabras “suyo, él o prueba” son irrisorias y no dan a entender ningún
aspecto de la verdad ni de la realidad? El mal cósmico, la progresión cósmica o
los problemas cósmicos, pueden muy bien dejarse para esa lejana época en que
los aspirantes hayan recibido la tercera iniciación, perdido el sentido de
separatividad y -identificados con el aspecto Vida y no con el aspecto forma-
puedan penetrar hasta cierto punto en el estado de conciencia de nuestro Logos
planetario, percibir Su destino y tener una visión fugaz de la maravilla de la
consumación.
En consecuencia, limitemos nuestra atención al hombre y muy especialmente al hombre común, y veamos de dónde proceden las oleadas de temor que constantemente lo arrastran:
1. Temor a la muerte. Está
basado en:
a. El terror,
en el proceso final del desgarramiento en el acto de la muerte.
b. El horror a
lo desconocido y a lo indefinido.
c. La duda
respecto a la inmortalidad.
d. El pesar
por tener que abandonar a los seres queridos o ser abandonado por ellos.
e. Las
antiguas reacciones a las pasadas muertes violentas, arraigadas profundamente
en el subconsciente.
f. El
aferrarse a la vida de la forma, por estar principalmente identificados con
ella en la conciencia.
g. Las viejas
y erróneas enseñanzas referentes al cielo y al infierno, siendo ambas,
perspectivas desagradables para cierto tipo de personas.
Como conozco el tema, tanto por la experiencia en el mundo externo como
por la expresión de la vida interna, diré que: La muerte no existe. Como bien
saben, hay una entrada en una vida más plena. Hay liberación de los obstáculos
del vehículo carnal. El tan temido proceso de desgarramiento no existe, excepto
en los casos de muerte violenta o repentina, entonces lo único desagradable es
la sensación instantánea y abrumadora de peligro y destrucción inminentes, y
algo que se parece a un shock eléctrico. Nada más. Para los no evolucionados,
la muerte es un sueño y un olvido, porque la mente no está bastante despierta
para reaccionar, y el archivo de la memoria está prácticamente vacío. Para el
ciudadano común y bueno, la muerte es la continuidad en su conciencia del
proceso de la vida, y lleva a cabo los intereses y tendencias de esa vida. Su
conciencia y sentido de percepción son los mismos e invariables. No percibe
mucha diferencia, está bien cuidado, y a menudo no se da cuenta que ha pasado por la muerte. Para el perverso y cruel
egoísta, el criminal y esos pocos que viven únicamente para el aspecto
material, se produce esa situación denominada "atados a la tierra".
Los vínculos que han forjado con la tierra, y la atracción hacia ella, de todos
sus deseos, los obliga a permanecer cerca de la misma y de su último medio
ambiente terreno. Tratan desesperadamente por todos los medios posibles, de
ponerse en contacto y volver a penetrar en él. En contados casos, un gran amor
personal por quienes han dejado, o el incumplimiento de un deber reconocido y
urgente, mantienen a quienes poseen bondad y belleza, en semejante situación.
Para el aspirante, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de servicio
y de expresión a que está muy acostumbrado, percibiendo enseguida que no es
nueva. En las horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio activo y de
aprendizaje. Ahora sencillamente funciona en él durante las veinticuatro horas
(hablando en términos de tiempo del plano físico) en vez de las breves horas de
sueño en la tierra.
A medida que pasa el tiempo y antes de finalizar el próximo siglo, se
comprobará que la muerte no existe tal como se la comprende ahora. La
continuidad de conciencia será tan ampliamente desarrollada y tantos hombres de
tipo elevado actuarán simultáneamente en ambos mundos, que el antiguo temor
desaparecerá y el intercambio entre el plano astral y el físico estará
firmemente establecido y científicamente controlado, llegando a su fin,
felizmente, la actuación de los médium de trance. La común y vulgar mediumnidad
y las materializaciones controladas por los guías indios, son perversiones del
intercambio entre los dos planos, como lo son las perversiones sexuales y la
distorsión de la verdadera relación entre los sexos. No me refiero aquí al
trabajo de los clarividentes por pobre que sea, ni a la posesión del cuerpo por
entidades de alta calidad sino a los fenómenos desagradables de
materialización, ectoplasma y al trabajo ciego e ignorante efectuado por
antiguos y degenerados atlantes y almas aferradas a la tierra, tales como los
guías comunes y el cacique indio. No hay nada que aprender de ellos, pero sí
mucho que evitar. El reinado del temor a la muerte casi ha terminado, y
entraremos pronto en un período de conocimiento y seguridad, que socavará la
base de todos nuestros temores. Respecto al temor a la muerte, poco puede
hacerse, excepto elevar el tema a un nivel más científico y, en este sentido,
enseñar a las personas a morir. Existe una técnica de morir, así como existe
una de vivir, pero se ha perdido en gran parte en Occidente y casi en Oriente,
excepto en algunas agrupaciones en Oriente formadas por Conocedores. Quizás
consideremos esto más adelante, y la idea de encarar este tema puede permanecer
en la mente de los estudiantes que lo leen, y probablemente al estudiar, leer y
pensar, quizás obtengan material de interés para ser recopilado y publicado.
2. Temor al futuro. Este es un temor que todavía demuestra una creciente
tendencia a desarrollarse y causará mucha angustia en el mundo, antes de ser
eliminado. Surge de tres facultades humanas:
a. Los hábitos de pensar,
instintivos y psicólogos, profundamente arraigados en la naturaleza animal, y
que se remontan al instinto primordial de autoconservación. Sin embargo, las
razas primitivas tienen poco de esto. El estado mental que ve el futuro con anticipación
es una característica predominantemente humana, siendo ese germen de la
facultad imaginativa, ligado a los procesos mentales que, finalmente, se
fusionarán en la meditación intuitiva, además de la visualización, verdadera
base de todo trabajo creador. Por ahora es una amenaza y un obstáculo. Antiguos
sufrimientos, recuerdos espantosos, tormentos obsesores, hondamente asentados
en el subconsciente, surgen con frecuencia a la superficie y provocan una
situación de temor y aflicción que ningún razonamiento es capaz de aquietar.
Las facilidades de los medios de comunicación ponen a todo el mundo en relación
con las tragedias, dolores y sufrimientos de sus hermanos, a miles de
kilómetros de distancia. La catástrofe económica de la época actual ha producido
una condición de terror colectivo, y cuanto más sensible es el individuo, mayor
es su reacción a este estado mental. Por lo tanto, el temor al futuro es una
mezcla dolorosa de recuerdo instintivo e imaginación premonitoria, y pocos
escapan a esta amenaza. La preocupación y la ansiedad constituyen el destino de
todo hombre, y no pueden ser ni serán contrarrestadas ni vencidas por ningún
factor inferior al alma.
b. Los destellos de
previsión, emanados del alma que mora en la conciencia del Eterno Ahora. Cuando
se establece firmemente contacto con el alma y se estabiliza en el cerebro la
conciencia del Conocedor, la previsión no nos causará terror. Entonces se verá el
panorama en su totalidad, no como una vislumbre pasajera y fragmentaria, como
sucede ahora. Aquí nuevamente el remedio es el mismo: el establecimiento de
relaciones tan estrechas entre el alma y el cerebro, por medio de la mente
entrenada y controlada, que la causa y el efecto se verán como uno y se podrán
dar los pasos apropiados para solucionar las situaciones correctamente y en
forma más ventajosa. La previsión raras veces anuncia felicidad, y la razón no
hay que buscarla muy lejos. La raza se encuentra en el punto en que el hijo
pródigo es consciente de la vacuidad y futilidad de la vida terrena, pues está
ya preparado para considerar cuidadosamente el mensaje del Buda, debido a que
durante siglos ha sido asolado por la guerra y el hambre, el deseo y la lucha
económica. El panorama que tiene por delante parece ser desastroso y
amenazador.
Sin embargo, si los hombres llevaran el concepto de la hermandad, con
todas sus implicaciones, a la vida y al trabajo diarios, a las interrelaciones entre el capitalista y
el obrero, el político y el pueblo, una nación y otra o una raza y otra, se
obtendría esa paz en la tierra que nadie podría derribar. ¡Una regla tan
sencilla y sin embargo tan lejos de la comprensión de la mayoría!
c. Un conglomerado, de
sufrimientos y temores de otras personas pueden afectar a un individuo, sin que
nada tengan que ver con él. Es muy posible que un individuo capte el temor que
domina a otras personas, aunque no tema a nada. Se identifica tanto con los
presentimientos de futuros desastres, que los interpreta en términos de su
propia y futura experiencia. Es incapaz de desligarse de sus reacciones, y
absorbe tanto veneno en sus auras mental y emocional, que lo arrastran a un
torbellino de temor y terror. Sin embargo, debe saber que el futuro no oculta
para él ningún desastre. Está simplemente bajo una ilusión, pero el efecto
sobre su cuerpo astral y plexo solar es el mismo. Desgraciadamente esto ocurre en la actualidad,
donde hay miles de almas sensibles que tienen aspiraciones, inexpertas en el
manejo del karma mundial, abiertas al sufrimiento de los demás e incapaces de
distinguir entre su propio destino y el ajeno, en su medio ambiente y en el
futuro inmediato.
También es posible, para aquellos aspirantes más avanzados y quienes
están en el sendero del discipulado, hacer contacto en el plano astral con
antiguas vibraciones del mal y del dolor -males acontecidos y desaparecidos
hace mucho tiempo; posiblemente puedan leer una pequeña fracción de los
archivos akáshicos que conciernen a los futuros sufrimientos de un individuo o
grupo, que probablemente no los verán cumplirse, no obstante adjudicarse para
sí la información recibida, sufriendo las consecuencias.
3. Temor al dolor físico. En algunas personas este temor es la causa
fundamental de todas sus ansiedades, aunque
no lo reconozcan. En realidad es el resultado de los tres temores
anteriores, de la presión ejercida sobre su cuerpo astral y de la tensión
provocada por la imaginación y el raciocinio, en el sistema nervioso físico. El
sistema nervioso llega a ser excesivamente sensible y puede producir intensos
sufrimientos físicos. Las enfermedades y achaques, que para las personas
comunes y flemáticas tienen importancia vital, se agravan hasta convertirse en
verdadera agonía. Quienes cuidan de los enfermos deben reconocerlo y dar los
pasos necesarios para aliviar la condición física mediante el empleo de
sedantes y analgésicos, a fin de que no haya indebida tensión sobre el sistema
nervioso, excesivamente forzado.
Me preguntarán si apruebo el empleo del éter, el cloroformo y las drogas
sedantes, en las operaciones. Diré que como principio no, pero provisionalmente
sí. Cuando el hombre haya hecho un firme contacto con su alma y desarrollado la
facultad de entrar y salir a voluntad de su cuerpo físico, no será necesaria la
ayuda de sedantes. Mientras tanto pueden considerarse como medidas de
emergencia, necesarias para el karma mundial y el punto de evolución de la
raza. Naturalmente que no me refiero al uso de narcóticos y drogas, por las
personas desequilibradas e histéricas, sino al empleo sensato de lenitivos bajo
la inteligente dirección de un facultativo.
4. Temor al fracaso. Afecta a la mayoría de las personas por muchas
causas. El temor de no poder cumplir y de no lograr el amor y la admiración de
los seres queridos, el temor al desprecio de otros y a que lo conceptúen
inferior, y el temor de no ver ni aprovechar la oportunidad, son todos aspectos
del complejo del temor que colora las vidas de tantas personas dignas. Puede
estar basado en un medio ambiente
desagradable e incomprensivo, en un instrumento inadecuado para la tarea, y
muchas veces tiene su origen en el hecho de que el hombre es un discípulo o un alma
elevada, ya preparada para hollar el sendero de probación.
Ha obtenido un leve contacto con su alma; ha percibido la visión y sus
posibilidades; observa su personalidad, y la compara con el trabajo que debe
realizar y la calidad de las personas con quienes se ha puesto en contacto,
dando por resultado un complejo de inferioridad extremadamente fuerte, debido a
que es nutrido por el descenso de verdaderas corrientes de fuerzas. Como
sabemos, la energía sigue al pensamiento y está matizada por la calidad del
pensamiento. El hombre analiza con desagrado su personalidad, nutriendo las
mismas cosas que deplora y haciéndose más inadecuado para la tarea. Es el
círculo vicioso del esfuerzo, pero debe ser contrarrestado por la plena
comprensión de la verdad contenida en las palabras: "Como el hombre
piensa, así es él". A medida que reflexiona sobre la naturaleza de su alma
omnisciente, se hace a semejanza de esa alma. Su pensamiento está enfocado en
la conciencia del alma y se convierte en esa alma en manifestación, por
intermedio de la personalidad.
Esto sólo es un breve resumen de los principales temores que afligen a la
humanidad, y únicamente sirve para entrar en tema y tener la oportunidad de
hacer unas pocas sugerencias prácticas.
II. Depresión y su polo opuesto, el regocijo. Cuando tocamos el tema de
la depresión, tratamos algo tan difundido que muy pocos escapan a sus ataques.
Es como un miasma, una niebla que cubre al hombre y le imposibilita ver con
claridad, caminar con seguridad y conocer la realidad. Es parte de la gran
ilusión astral, y si esto es comprendido, resultará evidente por qué existe la
depresión y por qué su causa es astral o física, e incidental a una situación
mundial o personal. Por lo tanto, estudiaremos la depresión en los individuos y
buscaremos sus causas:
1. El espejismo mundial que arrastra a las profundidades de la reacción
mundial a la unidad aislada, la cual está libre de esas condiciones
individuales que producen depresión. Este espejismo mundial con sus resultados
desvitalizadores y deprimentes, tiene sus raíces en diversos factores, que sólo
describiré brevemente:
a. Los factores astrológicos que afectan al horóscopo planetario, y en consecuencia al individual o primordialmente racial, y éstos generalmente son pasados por alto.
b. El recorrido del Sol en el firmamento. Su tránsito por el sur tiende a disminuir la vibración de su influencia, y los aspirantes deben tener en cuenta esto en otoño y en los primeros meses de invierno. (En el hemisferio sur sucede a la inversa. N. del T.)
c. La parte oscura de la Luna, el período final del menguante y las primeras fases de la Luna nueva, como bien saben, afecta el trabajo de meditación.
d. Factores psicológicos e inhibiciones en masa, sin duda debido a fuerzas externas a nuestro planeta y a planes cuya intención es desconocida para el ser humano común. Estas fuerzas que actúan sobre la raza humana afectan a los más sensibles, que a su vez afectan a su medio ambiente, estableciéndose paulatinamente un impulso que se precipita a través de una raza o nación, durante un período o ciclo de años, produciendo estados de profunda depresión y desconfianza mutua. Causa una triste auto absorción, a la cual denominamos pánico u oleada de inquietud. Es casual el hecho de que su desarrollo sea militar, económico, social o político, o tome la forma de una guerra, una inquisición religiosa, restricciones económicas o desconfianza internacional. Las causas tienen su origen en los anteproyectos del proceso evolutivo y están regidos -aunque no sea comprendido- por la buena Ley.
2. Polarización astral. Mientras el hombre continúe identificándose con
su cuerpo emocional, interpretando la vida en términos de caprichos y
sentimientos y se deje llevar por el deseo, tendrá igualmente sus momentos de
desesperación, oscuridad, duda e intenso sufrimiento y depresión. Esto se debe
a la ilusión y al espejismo del plano astral, que distorsiona y engaña. No es
necesario extendernos en esto. Si existe un factor que los aspirantes
reconocen, es el de la necesidad de liberarse de la Gran Ilusión. Arjuna lo
sabía y, sin embargo, sucumbió a la desesperación. Pero en la hora de la
necesidad, Krishna no le falló, y plasmó en el Bhagavad Gita las sencillas
reglas por las cuales pueden vencerse la depresión y la duda. Éstas pueden
resumirse brevemente como sigue:
a. Conócete
a ti mismo, como el Uno imperecedero.
b. Controla
tu mente, pues por su intermedio puede conocerse al Uno imperecedero.
c. Aprende
que la forma no es más que el velo que oculta el esplendor de la Divinidad.
d. Comprende
que la Vida Una compenetra todas las formas, de modo que no existe la muerte ni
el sufrimiento ni la separación.
e. Deslígate, por lo tanto, del aspecto forma y ven a Mí, y así morarás donde se encuentran la Luz y la Vida. Así se desvanece la ilusión.
La polarización astral pone al hombre a descubierto de sus innumerables
reacciones emocionales y de las oleadas de sentimiento colectivo de cualquier
tipo. Por esta causa su ser es arrastrado al vórtice de energías incontroladas
y fuerzas emocionales mal dirigidas, que dan como resultado una guerra mundial,
un pánico financiero, un despertar religioso o un linchamiento. Lo lleva
también a las regiones de la hilaridad y la felicidad espuria, donde la
"luz engañosa" del plano astral le descubre falsas fuentes de
diversión, o la hilaridad colectiva -debido a su sensibilidad- lo arrastra a la
histeria, que encuentra su desahogo en la diversión incontrolada, polo opuesto
del llanto desenfrenado. No me refiero aquí al verdadero júbilo ni al sentido
del buen humor, sino a esas expresiones histéricas de hilaridad, tan comunes en
la mayoría de los humanos, que producen fatiga.
3. El debilitamiento del cuerpo físico. Se debe a diversas causas:
a. Un
agotamiento del cuerpo etérico o vital.
b. Una
enfermedad física, inherente o traída de otra vida, o accidental, por
reacciones emocionales equívocas, o producidas como resultado del karma grupal,
tal como una epidemia.
c. Una
condición atmosférica. Esto a veces se pasa por alto, pero el clima, la
densidad, la humedad o la sequedad, el calor o el frío, tienen un efecto
definido sobre la perspectiva psicológica.
Encontrarán, si estudian, que todas las causas de depresión subsidiarias
y temporarias y sus opuestos, pueden agruparse bajo uno de estos tres acápites,
y cuando la causa se descubre, su curación es evidente.
Me he ocupado en forma algo extensa de las dos primeras manifestaciones
de la fuerza astral -el temor-, temor a la muerte, al futuro, al sufrimiento,
al fracaso y a los muchos temores menores a los cuales está sujeta la humanidad
-y la depresión-, porque estos dos temores constituyen para el hombre el
Morador en el Umbral en esta era y ciclo. Ambos indican que hay reacción
sensoria a factores psicológicos y no pueden ser remediados mediante el uso de
otro factor como el valor. Tienen que ser afrontados por la omnisciencia del
alma, actuando a través de la mente -pero no por su omnipotencia. Esto oculta
un indicio. No me ocuparé de los otros factores enumerados, tales como el deseo
de felicidad, la satisfacción de los apetitos animales y la liberación, porque
ellos, para la mayoría, no constituyen un
problema como los dos primeros. Podría escribirse extensamente sobre la
manifestación y causa de todos ellos, pero cuando el temor y la depresión sean
vencidos, la raza tomará posesión de su herencia, la felicidad, la verdadera
satisfacción (símbolos de los vehementes deseos indicados anteriormente) y la
liberación. Consideraremos primero los males fundamentales. Una vez dominados,
todo lo que resta es la correcta orientación, y la polarización en el alma.
Después consideraremos la subyugación de la vibración errónea en el
cuerpo astral y el empleo de energía astral en la correcta dirección.
Hemos tratado extensamente el tema del cuerpo astral o sensorio, y
considerado los diversos y erróneos modos en que éste hace sentir su presencia.
La humanidad vibra principalmente de un modo u otro, y el cuerpo sensorio del
ser humano común casi nunca está libre de algún estado de ánimo, temor y
emoción. Esto ha traído el anormal desarrollo del centro plexo solar. En la
mayor parte de la humanidad el centro sacro y el plexo solar rigen la vida, y
debido a ello el deseo por las cosas materiales y la vida sexual están
estrechamente fusionados. El plexo solar es el cerebro del animal y rige todas
las reacciones instintivas, pero no se halla tan estrechamente aliado con la
expresión puramente sexual como en el ser humano. Cuando el cerebro sea
sensible a la mente que va despertando, y no esté tan ocupado con el mecanismo
que registra la impresión sensoria, tendremos la orientación que finalmente
elevará la conciencia hasta los centros situados arriba del diafragma. El plexo
solar entonces será relegado nuevamente a su antigua función, como agente
directriz de la vida animal, esencialmente instintiva. Para el discípulo
mundial avanzado, el plexo solar es por lo general el órgano de sensibilidad
psíquica, y permanecerá así hasta que los poderes psíquicos superiores
reemplacen a los inferiores y el hombre
actúe como alma. Entonces la vida sensoria descenderá bajo el umbral de la
conciencia.

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