Libro Cuarto. La Iluminación.
Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las
Adicciones.
Maestro Djwhal Khul
Alice A. Bailey
La Luz del Alma (Los Aforismos de Patanjali).
LIBRO
CUARTO
LA
ILUMINACIÓN
1. Los siddhis (o
poderes) superiores e inferiores, se obtienen durante la encarnación; o por las
drogas, las palabras de poder, el deseo intenso o la meditación.
2. La
trasferencia de la conciencia, de un vehículo inferior a otro superior, es
parte del gran proceso creador y evolutivo.
3. Las prácticas
y métodos no son la verdadera causa de la trasferencia de la conciencia, sólo
sirven para eliminar obstáculos, de manera similar a como el agricultor prepara
la tierra para la siembra.
4. La conciencia
del "yo soy" es responsable de la creación de los órganos mediante
los cuales se disfruta del sentido de individualidad.
5. La conciencia
es una, no obstante, produce las variadas formas de los muchos.
6. Entre las
formas que la conciencia asume, sólo las que resultan de la meditación están
libres de karma latente.
7. Las
actividades del alma liberada están libres de los pares de opuestos. Las de
otras personas son de tres tipos.
8. De estos tres
tipos de karma emergen las formas necesarias para la fructificación de los
efectos.
9. Existe
idéntica relación entre la memoria y la causa productora de efectos, aún cuando
estén separadas por la especie, el tiempo y el lugar.
10. Por ser eterno
el deseo de vivir, las formas creadas por la mente carecen de principio
conocido.
11. Estas formas
las crea y las mantiene unidas el deseo, la causa básica; la personalidad, el
resultado efectivo, la vitalidad mental o voluntad de vivir, y el apoyo de la
vida u objetivo exteriorizado; cuando éstos cesan de atraer, entonces las
formas dejan igualmente de existir.
12. El pasado y el
presente existen en realidad. La forma asumida dentro del concepto de tiempo
presente, es el resultado de características desarrolladas, conteniendo
latentes las simientes de la cualidad futura.
13. Las
características estén latentes o en potencia, participan de la naturaleza de
los tres gunas (o cualidades de la materia).
14. La
manifestación de la forma objetiva se debe a la centralización de la causa que
produce efectos (la unificación de las modificaciones de la sustancia mental o
chitta).
15. Ambas,
conciencia y forma, son distintas y están separadas; aunque las formas sean
similares, la conciencia puede funcionar en diferentes niveles del ser.
16. Las numerosas
modificaciones de la mente una, producen las diversas formas que, para
subsistir, dependen de esos numerosos impulsos mentales.
17. Estas formas
son conocidas o no, de acuerdo a las cualidades latentes en la conciencia
perceptora.
18. El Señor de la
mente, el perceptor, es siempre consciente de la constante actividad de la
sustancia mental, causa productora de efectos.
19. Debido a que
la mente puede ser vista o conocida, resulta evidente que no es la fuente de
iluminación.
20. Tampoco la
mente puede conocer dos objetos simultáneamente, ella y lo que está fuera de
ella.
21. Si el
conocimiento de la mente (chitta) es postulado por otra mente lejana, se
inferirá que, existe un número infinito de conocedores, y las consecutivas
reacciones de la memoria tenderán a confundir grandemente.
22. Cuando la
inteligencia espiritual, que permanece sola y libre de los objetos, se refleja
en la sustancia mental, entonces se obtiene la percepción del yo.
23. Así la
sustancia mental, reflejando al conocedor y lo conocible, deviene omnisciente.
24. La sustancia
mental, reflejando como lo hace, una infinidad de impresiones de la mente, se
convierte en instrumento del yo y actúa como agente unificador.
25. El estado de
unidad aislada (absorbido en la verdadera naturaleza del yo) es la recompensa
del hombre capaz de discriminar entre la sustancia mental y el yo, u hombre
espiritual.
26. Entonces la
mente tiende a la discriminación y al acrecentamiento de la iluminación,
respecto a la verdadera naturaleza del yo uno.
27. Sin embargo,
por la fuerza del hábito, la mente reflejará otras impresiones mentales y
percibirá los objetos de percepción sensoria.
28. Estos reflejos
tienen el carácter de obstáculos, y el método para vencerlos es el mismo.
29. El hombre que
cultiva el desapego, hasta en su aspiración por iluminación y unidad aislada,
oportunamente llega a ser consciente, mediante la práctica de la
discriminación, de la influyente nube de conocimiento espiritual.
30. Cuando se
alcanza esta etapa, se superan los obstáculos y el karma.
31. Cuando se han
eliminado los obstáculos y purificado las envolturas, se dispone de todo el
conocimiento, entonces nada le queda al hombre por hacer.
32. Las
modificaciones de la sustancia mental (o cualidades de la materia), mediante la
naturaleza inherente a los tres gunas, llegan a su fin, pues han cumplido ya su
propósito.
33. El tiempo,
secuencia de las modificaciones de la mente, también llega a su término,
cediendo su lugar al Eterno Ahora.
34. El estado de
"unidad aislada" es posible cuando las tres cualidades de la materia
(los tres gunas o potencias de la naturaleza, A.A.B.) ya no aferran al yo. La
conciencia espiritual pura se retrotrae en el Uno.
LOS AFORISMOS
DE LA YOGA DE PATANJALI
LIBRO
CUARTO
LA
ILUMINACIÓN
a. Conciencia y
forma
b. Unión o
Unificación
Tema: unidad aislada
1. Los
siddhis (o poderes) superiores e inferiores, se obtienen durante la
encarnación; o por las drogas, las palabras de poder, el deseo intenso o la
meditación.
Llegamos al Libro Cuarto, en el cual los poderes y
los resultados obtenidos por la práctica del Raja Yoga llevan a la comprensión
grupal y producen conciencia universal y no meramente autoconciencia. Cabe aquí
hacer una advertencia sobre el empleo de la frase "conciencia
cósmica" por falsa y engañosa, pues hasta el adepto más elevado (obsérvese
cuidadosamente este término) sólo está dotado de conciencia solar y no entra en
contacto con lo que está fuera de nuestro sistema solar. Los Logos planetarios
(los siete Espíritus ante el Trono) y los Señores del Karma (las "cuatro
ruedas" de Ezequiel), poseen una conciencia que abarca más allá de nuestro
sistema solar. Las existencias menores podrán percibirla como una posibilidad,
pero todavía no constituye parte de su experiencia.
Los poderes adquiridos son principalmente dos:
1. Poderes
síquicos inferiores, o los siddhis inferiores.
2. Poderes
espirituales, o los siddhis superiores.
Los poderes
inferiores son el resultado de la armonía establecida entre la conciencia del
alma animal en el hombre y el "ánima mundi" o alma del mundo, aspecto
subjetivo de todas las formas en los tres mundos, de todos los cuerpos en los
cuatro reinos de la naturaleza. Los. poderes superiores son el resultado del
desarrollo de la conciencia grupal, segundo aspecto de la divinidad.
No sólo incluyen los poderes inferiores, sino que
ponen al hombre en armonía con las existencias y formas de vida en los reinos espirituales
o, como diría el ocultista, en esos dos planos que están más allá de los tres
mundos, y que abarcan toda la escala de la evolución del hombre, humana y
superhumana.
La meta de todo verdadero aspirante es el desarrollo
de estos poderes superiores, los cuales podemos describir con los términos:
conocimiento directo, percepción intuitiva, percepción espiritual, visión pura,
el logro de la sabiduría. Son diferentes de los poderes inferiores porque los
anulan, los cuales están correctamente descritos en el Libro III, Af. 37, que
dice:
"Estos poderes constituyen obstáculos para la
comprensión espiritual superior, pero sirven como poderes mágicos en los mundos
objetivos".
Los poderes superiores son incluyentes y se
caracterizan por su exactitud e infalibilidad cuando se aplican debidamente. Su
acción es tan instantánea como un destello de luz. Los poderes inferiores son
falibles y están limitados en su acción porque el elemento tiempo está presente
en su secuencia; forman parte de la gran ilusión y constituyen una limitación
para el verdadero aspirante.
En el aforismo que estamos considerando se indican
cinco métodos por los cuales se desarrollan los poderes síquicos, y es
interesante observar que en esta descripción tenemos un ejemplo de que Los
Aforismos de la Yoga aún pueden servir como manual de estudio y
enseñanza para aspirantes tan avanzados como los Maestros de Sabiduría. Estos
cinco métodos son susceptibles de aplicación en los cinco planos de la
evolución humana, e incluyen los dos superiores en que actúan los iniciados en
los Misterios.
1.
Encarnación .......... Método del plano físico.
2.
Drogas ................... Liberación de la conciencia astral.
3.
Palabras de poder .... Creación por medio de la palabra, o método del plano
mental.
4.
Intenso deseo .......... Sublimación de la aspiración o método del plano
búdico, la esfera de amor espiritual.
5.
Meditación .............. Método del plano átmico, la esfera de la
voluntad espiritual.
En esta enumeración
se observará que, así como el deseo intenso de tipo espiritual es una
sublimación del deseo astral o emocional, así también la meditación, tal como
la practican los iniciados, es la sublimación de todos los procesos mentales.
Por lo tanto, los dos últimos métodos, como resultado del desarrollo de los
siddhis o poderes, son los únicos que practican los iniciados, siendo la
síntesis y sublimación del conocimiento logrado en los planos astral y mental.
Se observará que (para el buscador de la verdad) la
encarnación, el deseo intenso y la meditación, son los tres métodos permitidos
y los únicos que deben practicarse; las drogas y las palabras de poder o
encantamiento mántrico, son herramientas de la magia negra y conciernen a los
poderes inferiores.
Podría formularse aquí la siguiente pregunta: ¿no es
acaso verdad que las palabras de poder y el uso del incienso forman parte de
las ceremonias de iniciación y, por lo tanto, son utilizados por los iniciados
y los aspirantes? Ciertamente es así, pero no en el sentido que se da aquí, es
decir, con el propósito de desarrollar poderes síquicos. Los Maestros y Sus
discípulos emplean palabras de poder a fin de ponerse en contacto con
existencias no humanas, para invocar la ayuda de los ángeles y manipular las
fuerzas constructivas de la naturaleza; emplean hierbas e incienso con fines de
purificación, para eliminar entidades indeseables y permitir a las que están en
un peldaño superior de la escala de la evolución, a hacer sentir su presencia,
lo cual es muy distinto a emplearlos para llegar a ser un síquico.
Es interesante notar aquí, que la primera causa
productora del desenvolvimiento de los poderes del alma, superiores e
inferiores, es la gran rueda del renacimiento. Esto debe tenerse siempre en
cuenta. No todos estamos en la etapa en que es posible el desenvolvimiento de
los poderes del alma. El aspecto alma está todavía dormido para muchos, porque
aún no han llegado a la plena experiencia y desarrollo de la naturaleza
inferior. Los cuarenta años de deambular en el desierto con el Tabernáculo y la
conquista de Canaán, precedieron al régimen de los reyes y a la construcción
del Templo de Salomón. Deben transcurrir vidas antes que el cuerpo o aspecto
Madre esté tan perfeccionado que el Cristo-Niño pueda formarse dentro del
receptáculo ya preparado. También debe recordarse que la posesión de poderes
síquicos inferiores es, en muchos casos, síntoma de un grado evolutivo muy
inferior y de la íntima asociación de su poseedor con la naturaleza animal. Esto
debe trascenderse, antes que los poderes superiores puedan florecer.
Es innecesario indicar que el empleo del alcohol o
drogas, y también la práctica de la magia sexual, pueden liberar y liberan la
conciencia astral, pero esto es simplemente astralismo puro, con el cual el
verdadero estudiante de Raja Yoga no tiene nada que hacer, pues es parte del
desenvolvimiento del sendero de la izquierda. La obtención de los poderes del
alma, por medio del intenso deseo (o ferviente aspiración) y por la meditación,
fue tratada en los libros anteriores y no es necesario ampliarlo aquí.
2. La trasferencia de la conciencia, de un vehículo
inferior a otro superior, es parte del gran proceso creador y evolutivo.
Ésta es una traducción muy libre, pero es una clara
interpretación de la verdad que se debe captar. La evolución de la conciencia y
el efecto de tal evolución sobre los vehículos, en los cuales la entidad
consciente actúa, es la suma total de los procesos de la naturaleza, y desde el
punto de vista de la unidad humana inteligente, tres palabras abarcan el
proceso y el resultado. Estas palabras son: transferencia, transmutación y
transformación.
Una de las leyes básicas del desarrollo ocultista y
del desenvolvimiento espiritual, está contenida en las palabras: "Así como
el hombre piensa, así es él". Podría agregarse como explicación, la verdad
oriental de que "la energía sigue al pensamiento". A medida que el
hombre cambia sus deseos, se cambia a sí mismo; a medida que traslada su
conciencia de un objetivo a otro, se transforma a sí mismo; esto también es
verdad en todos los reinos y en todos los estados, superiores o inferiores.
El efecto de la transferencia de nuestro modo de
pensar consciente, de un objetivo inferior a uno superior, produce una
afluencia de energía de una cualidad vibratoria equivalente a la del objetivo
superior, trayendo una mutación en las vestiduras de la entidad pensante, que
se transmutan y llevan a una condición donde se las adecua al pensamiento o
deseo del hombre. Llevadas a su culminación, se produce una transformación,
entonces resultan claras las palabras de San Pablo: "Sed trasformados por
la renovación de vuestra mente"
Cambiando la línea de pensamiento cambiará mucho la
naturaleza. Deseando lo que es puro y santo, verdadero y correcto, más el
conocimiento de estas cosas, hará del antiguo vehículo uno nuevo, o un hombre
nuevo, un "instrumento adecuado para ser utilizado".
Esta trasferencia, transmutación y eventual
transformación, se logra por cualquiera de los dos métodos siguientes:
a. El método
lento de vidas, experiencias y encarnaciones físicas se repite hasta que con el
tiempo la fuerza impulsora del proceso evolutivo lleva al hombre, etapa tras
etapa, hacia arriba en la escala de la evolución.
a. Un proceso más
rápido, donde, mediante el sistema delineado por Patanjali y enseñado por todos
los custodios de los misterios de la religión, el hombre por sí mismo, y de
acuerdo a las reglas y leyes establecidas, llega por su propio esfuerzo a un
estado de desenvolvimiento espiritual. Se observará que estos procesos llevan
al hombre a la iniciación denominada Transfiguración.
3. Las
prácticas y Métodos no son la verdadera causa de la transferencia de la
conciencia, sólo sirven para eliminar obstáculos, de manera similar a como el
agricultor prepara la tierra para la siembra.
Éste es uno de los aforismos más sencillos y claros,
de manera que requiere poco comentario.
Las prácticas se refieren principalmente a:
1. Los métodos
para eliminar obstáculos (Véase Libro I, Af. 29 al 39). Esto según se dijo
anteriormente se efectúa por:
a. La constante
dedicación a un principio.
b. La simpatía
hacia todos los seres.
c. La regulación
del prana o aliento de vida.
d. La estabilidad
de la mente.
e. La meditación
sobre la luz.
f.
La purificación de la naturaleza inferior.
g. La comprensión
del estado de sueño.
h. El camino de
la devoción.
1. La manera de
eliminar los obstáculos (Véase Libro II, Af. 2 al 33). Estas obstrucciones se
eliminan por:
a. Una actitud
mental opuesta.
b. La meditación.
c. El cultivo del
correcto pensar.
Conciernen
más específicamente a la preparación, durante la vida, para el verdadero
entrenamiento en la práctica de la yoga, y cuando se la practica lleva la
naturaleza inferior a tal condición que los métodos más drásticos pueden
producir efectos rápidos.
Los métodos se refieren á los ocho
sistemas de yoga o unión, enumerados de la manera siguiente:
Mandamientos, reglas, postura o actitud, correcto
control de la fuerza vital, abstracción, atención, meditación y contemplación
(Véase Libro II, Af. 29 al 54 Y Libro III, Af. 1 al 12).
Por lo tanto, como se verá, podemos relacionar las
prácticas más específicamente, con esta etapa de la vida del aspirante que se
encuentra en el sendero de probación, el sendero de purificación, mientras que
los métodos se relacionan con las etapas finales de ese sendero y con el
sendero del discipulado. Cuando se siguen las prácticas y los métodos, producen
ciertos cambios en la forma que ocupa el hombre real o espiritual, pero no son
la principal causa de la transferencia de su conciencia al aspecto alma, que la
aleja del aspecto cuerpo. Este gran cambio es la resultante de ciertas causas
extrañas a la naturaleza del cuerpo, tales como: o egoica está latente en esas
formas y el impulso del proceso evolutivo que lleva la vida de Dios existente
en todas las formas a una expresión más plena. Debe recordarse que así como la
Vida una, en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, pasa a una
realización superior, así las células y átomos de Su cuerpo están análogamente
influidos, estimulados y desarrollados.
4. La conciencia del "yo soy" es
responsable de la creación de los órganos mediante los cuales se disfruta del
sentido de individualidad
Aquí tenemos la clave de la manifestación misma, la
razón de todas las apariencias. Mientras la conciencia de cualquier entidad
(solar, planetaria o humana) se dirija externamente hacia los objetos del
deseo, hacia la existencia sensoria, la experiencia individual, la vida de
percepción y el goce de los sentidos, se crearán vehículos u órganos, mediante
los cuales el deseo pueda satisfacerse, la existencia materializada disfrutarse
y los objetos percibirse. Ésta es la gran ilusión, que mantiene alucinada a la
conciencia, y mientras el espejismo ejerza algún poder, la ley de renacimiento
hará que la conciencia se manifieste en el plano de la materia. La voluntad de
ser y el deseo de existir, es lo que lleva externamente hacia la luz al Cristo
cósmico, que actúa en el plano material por medio del sistema solar, y al
Cristo individual, que actúa por intermedio de la forma humana.
En las primeras etapas, la conciencia de "yo
soy" crea formas inadecuadas de materia para la plena expresión de los
poderes divinos. A medida que la evolución avanza, estas formas son cada vez
más adecuadas, hasta que los "órganos" creados permiten al hombre
espiritual disfrutar del sentido de individualidad. Una vez alcanzada esta
etapa, llega la gran comprensión de la ilusión La conciencia despierta al hecho
de que en la forma, en la percepción sensoria y en la tendencia a
exteriorizarse, no hay gozo ni placer reales; entonces inicia un nuevo esfuerzo
caracterizado por el retraimiento gradual de esa tendencia y la abstracción del
espíritu de la forma.
5. La
conciencia es una, no obstante, produce las variadas formas de los muchos.
Aquí Patanjali presenta la fórmula básica que sirve
para explicar no sólo el propósito y la razón de la manifestación misma, sino
que abarca, en una breve frase, el estado de ser de Dios, del hombre y del
átomo. Tras todas las formas se halla la Vida una; dentro de cada átomo (solar,
planetario, humano y elemental) se encuentra una existencia sensible; tras la
naturaleza objetiva, suma total de todas las formas, en todos los reinos de la
naturaleza, tenemos la realidad subjetiva, que esencialmente es un todo
unificado o unidad, que produce los muchos diversificados.
Lo homogéneo es la causa de lo heterogéneo, la unidad
produce diversidad, el Uno es responsable de los muchos. Esto lo podrá apreciar
más inteligentemente el estudiante, si sigue la regla de oro que revela el
misterio de la creación y si se estudia a sí mismo. El microcosmos revela la
naturaleza del macrocosmos.
Descubrirá que el hombre real o espiritual, el pensador
o la Vida una, en su diminuto sistema, es responsable de la creación de sus
cuerpos, mental, emocional y físico, sus tres aspectos inferiores, la
"sombra" de la Trinidad, así como su espíritu, alma y cuerpo, son
reflejos de los tres aspectos divinos, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se dará
cuenta que es responsable de la formación de todos los órganos de su cuerpo y
de todas las células, de las cuales ellos están compuestos; a medida que
profundice cada vez más su problema, llegará a percibir que su conciencia y
vida se compenetran, siendo él por lo tanto responsable de incontables miríadas
de diminutas vidas infinitesimales, y la causa de su agrupamiento en órganos y
formas, y también la razón por la cual tales formas se mantienen en existencia.
Gradualmente, surge de él una verdadera comprensión del significado de las
palabras: "Hecho a imagen de Dios". Su "conciencia es una y, sin
embargo, ha producido las variadas formas de los muchos", dentro de su
pequeño cosmos; lo que es verdad respecto a él lo es también de su gran
prototipo el Hombre celestial, el Logos planetario, e igualmente del prototipo
de Su prototipo, el gran Hombre de los Cielos, el Logos solar, Dios manifestado
por medio del sistema solar.
6. Entre las formas que la conciencia asume, sólo las
que resultan de la meditación están libres de karma latente.
Las formas son el resultado del deseo. La correcta
meditación es un proceso puramente mental, donde no tiene cabida el deseo. Las
formas son el resultado de un impulso o tendencia hacia afuera. La meditación
es el resultado de la tendencia introspectiva, de la capacidad de abstraer la
conciencia de la forma y de la sustancia, y centrarla en sí misma.
La forma es el efecto producido por la naturaleza,
amor o deseo, del ente consciente; la meditación es productora de efectos y
tiene relación con la voluntad o aspecto vida del hombre espiritual.
El deseo produce efectos, y los órganos de la
conciencia sensoria quedan inevitablemente regidos por la ley de causa y
efecto, o de karma, que rige la relación de la conciencia-forma. Cuando el
proceso de la meditación se extiende y practica correctamente, requiere que la
conciencia del hombre espiritual se aparte de todas las formas en los tres
mundos, y que él se separe de todas las percepciones y tendencias sensorias.
Así en el momento de meditación pura, está libre de ese
aspecto del karma que se refiere a la producción de efectos. Temporariamente,
está tan abstraído, que su pensamiento, perfectamente concentrado, sin relación
alguna con los tres mundos, no exterioriza vibraciones ni se relaciona con
forma alguna y tampoco afecta a la sustancia. Cuando esta meditación
concentrada se convierte en hábito y en actitud diaria normal de su vida, el
hombre se libera de la ley de karma. Entonces se da cuenta de los efectos que
todavía se han de eliminar, aprende a no crear nuevos ni iniciar acción alguna
que pueda "crear órganos" en los tres mundos. Mora en el plano de la
mente, persiste en la meditación, crea por un acto de la voluntad y no por su
impotencia ante el deseo; es un "alma libre", un amo, un hombre
liberado.
7. Las actividades del alma liberada están libres de
los pares de opuestos. Las de otras personas son de tres tipos.
Este aforismo presenta la enseñanza en conexión con
la ley del karma, en forma tan estrictamente oriental, que confunde
considerablemente al estudiante occidental. Un análisis del significado de
estas palabras, y el estudio del comentario del gran instructor Vyasa, podrán
servir para dilucidar el significado. También debe tenerse en cuenta que en
este Libro Cuarto son tratadas las excelsas etapas de conciencia alcanzadas por
quienes han practicado los ocho métodos de Yoga y experimentado los efectos de
la meditación, detallados en el Libro Tercero. El yogui es ahora un hombre
liberado, emancipado de las condiciones de la forma y enfocado en su
conciencia, fuera de los límites de los tres mundos del esfuerzo humano. Ha
alcanzado la región del pensamiento puro y puede mantener su conciencia desligada
y libre de deseo. En consecuencia, aunque formula ideas y puede practicar
poderosas meditaciones y dirigir y controlar las "modificaciones del
principio pensante", no crea condiciones que lo puedan retrotraer al
vórtice de la existencia del plano inferior. Está libre del karma, nada
origina, ni efecto alguno puede atarlo a la rueda del renacimiento. Vyasa, en
su comentario, indica que el karma (o acción) es de cuatro tipos:
1. La actividad
de tipo maligno, pernicioso y depravado. Se denomina negra. Esta
acción es producto de la ignorancia más profunda, el materialismo más denso o
la deliberada elección. Si es resultado de la ignorancia, el desarrollo del
conocimiento trae, gradualmente, un estado de conciencia en el cual ya no se
conocerá este tipo de karma. Cuando el materialismo denso produce lo que
llamamos acción errónea, el desenvolvimiento gradual de la conciencia
espiritual cambiará la oscuridad en luz, siendo el karma nuevamente anulado.
Sin embargo, cuando es resultado de deliberada elección o que se ha preferido
la acción errónea, a pesar del conocimiento, y desafiando la voz de la
naturaleza espiritual, este tipo de karma lleva a lo que el ocultista oriental
llama "avitchi", o la octava esfera, sinónimo de la frase "alma
perdida" del cristianismo. Sin embargo, dichos casos son excesivamente
raros y se relacionan con el sendero de la izquierda y la práctica de la magia
negra. Aunque esta condición implica separación del principio más elevado (el
espíritu puro, de sus dos expresiones, el alma y el cuerpo, o de los seis
principios inferiores), no obstante, la vida misma permanece y, después de la
destrucción del alma en "avitchi", se le ofrecerá un nuevo ciclo de
devenir.
1. Esa actividad
que no es totalmente buena ni mala, descrita como blanca-negra.
Concierne a la actividad kármica del hombre común, regido por los pares de
opuestos, y cuya experiencia de la vida se caracteriza por su oscilación entre
lo bondadoso, inofensivo y resultado del amor, y lo malo, dañino y resultado
del odio. Vyasa dice:
Lo blanco-negro es producido por medios externos,
pues en ellos el vehículo de las acciones se desarrolla causando dolor a otros
o actuando bondadosamente.
Por lo tanto, evidentemente, el progreso de la unidad
humana y sus acciones, dependen de la actitud hacia los demás y del efecto
producido en ellos. De esta manera también se produce el retorno a la
conciencia grupal, y así se contrarresta o se genera el karma. También la
oscilación del péndulo entre estos pares de opuestos se ajusta gradualmente
hasta alcanzar el punto de equilibrio, y el hombre actúa correctamente, porque
la ley del amor o del alma lo dirige desde arriba, y no porque el deseo bueno o
malo lo atraiga en cualquier sentido.
1. El tipo de
actividad denominado blanco. Es el tipo de pensamiento viviente y del trabajo
practicado por el aspirante y el discípulo. Caracteriza la etapa del sendero
que precede a la liberación. Vyasa la explica de la manera siguiente:
"Lo blanco es de quienes emplean los métodos de
superación, estudio y meditación. Esto depende sólo de la mente y no de medios
externos; por lo tanto, su práctica no daña a otros".
Se comprenderá, en consecuencia, que estos tres tipos
de karma se relacionan directamente con:
a.
El plano del materialismo ..................................... el plano
físico.
b.
El plano de los pares de opuestos ......................... el plano
astral.
c.
El plano del pensamiento enfocado ...................... el plano mental.
4. Aquellos cuyo
karma es blanco, son los que por haber progresado en el equilibrio de los pares
de opuestos, están. ahora dedicados al proceso de su propia emancipación
inteligente y consciente: de los tres mundos, haciéndolo por medio de:
a. El estudio o
desarrollo mental, comprendiendo la ley de la evolución v la naturaleza de la
conciencia y su relación, por un lado con la materia y por otro con el
espíritu.
a. La meditación o
control de la mente, creando así el mecanismo por el cual el alma controla los
vehículos inferiores, haciendo posible la revelación del reino del alma.
b. La
inofensividad. Ninguna palabra, pensamiento y acción causan daño a
esas formas a través de las cuales se expresa la vida de Dios.
1. El último tipo
de karma se describe como ni blanco ni negro. No se genera ningún karma, ni se
producen efectos causados por el yogui, que podrían servir para retenerlo en el
aspecto forma de la manifestación. Actuando, como lo hace, desde el punto de
vista del desapego, sin desear nada para sí, su karma es nulo y sus actos no
producen efectos sobre él.
8. De estos
tres tipos de karma emergen las formas necesarias para la fructificación de los
efectos.
Cada vida que viene a la manifestación física, tiene
latentes esos gérmenes o simientes que deben fructificar y son la causa
eficiente de la aparición de la forma. Estas simientes fueron sembradas y deben
fructificar. Son las causas o skandas que producen los cuerpos en que se han de
manifestar los efectos. Son los deseos, impulsos y obligaciones que retienen al
hombre en la gran rueda, que siempre gira y lo lleva a la existencia del plano
físico, para que, de acuerdo a la ley, fructifiquen todas esas simientes que
podrá manipular en determinada vida. Son los gérmenes subjetivos que producen
la forma donde fructifican, maduran y alcanzan su culminación. Si las simientes
kármicas son negras, el hombre será extremadamente egoísta, materialista e
inclinado al sendero de la izquierda; si blanco-negras, proporcionarán una
forma adecuada para el cumplimiento de sus obligaciones, deudas, deberes e
intereses y la satisfacción de sus deseos. Cuando son blancas tienden a
construir el último cuerpo que se destruye, el causal, el Templo de Salomón, el
Karana Sarira del ocultista. Este cuerpo, en la liberación final, se destruye
también, y nada separa entonces al hombre de su Padre en los Cielos ni lo
retiene vinculado al plano material inferior.
9. Existe
idéntica relación entre la memoria y la causa productora de efectos, aún cuando
estén separadas por la especie, el tiempo y el lugar.
Una paráfrasis de este aforismo servirá para
elucidarlo, y puede expresarse de la manera siguiente: No importan la raza, el
continente pretérito o presente, donde haya pasado la vida, lo que dista esa
vida ni cuántos miles de años hayan transcurrido, la memoria permanece en el
alma o ego. A su debido tiempo, bajo adecuados ajustes, toda causa entonces
iniciada, tiene inevitablemente que manifestarse en efectos, y estos efectos
aparecerán en alguna vida. Nada puede impedirlo ni detenerlo. Charles Johnston
lo expresa en su comentario, con las siguientes palabras:
"En forma análoga, el mismo poder selectivo que
todo lo rige, un rayo del yo superior, reúne en diferentes nacimientos, épocas
y lugares, las imágenes mentales concordantes que pueden ser agrupadas en la
estructura de una sola vida o acontecimiento Mediante este agrupamiento se
producen condiciones corporales visibles o circunstancias externas, mediante
las cuales el alma aprende y se estrena.
Así como las imágenes mentales dinámicas del deseo
maduran en las condiciones y circunstancias corporales, también los poderes más
dinámicos de la aspiración, donde el alma llega hasta el Eterno, fructifican en
un mundo más sutil, construyendo la vestidura del hombre
espiritual".
10. Por ser eterno el deseo de vivir, las formas
creadas por la mente carecen de principio conocido.
Otra frase que podemos emplear respecto a las
palabras "deseo de vivir" es "voluntad de adquirir
experiencia''. Inherente a las vidas animadoras autoconscientes de nuestro
sistema (las existencias humanas y superhumanas) existe este deseo de ser, este
anhelo de devenir, este impulso a ponerse en contacto con lo desconocido y
distante. Por ser este anhelo cósmico y por depender del punto de vista
evolutivo de esa gran Vida en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser,
y en cuyo cuerpo cada forma sólo es una célula o átomo, resulta imposible
comprender su explicación. Lo único que el hombre puede hacer es construir el
mecanismo, mediante el cual será posible tal comprensión, y desarrollar los
poderes que le permitirán establecer contacto y estar en armonía con lo que
reside fuera y dentro de él. Cuando es posible esto, llega a comprender que
esos deseos que lo impelen y empujan a la acción, esos anhelos que lo obligan a
iniciar variadas actividades, no sólo son algo personal y real, sino parte de
la actividad del Todo, del cual él es una diminuta parte. Descubre que la
corriente de imágenes mentales, impelidas por el deseo, que ocupan su atención
y constituyen el poder motivador de su vida, son formuladas por él mismo, pero
también forman parte de la corriente de imágenes mentales cósmicas que surgen
de la Mente Universal, resultante de la actividad de ese Pensador cósmico que
funciona como la Vida de nuestro sistema solar.
Así, la verdad y la enseñanza, formuladas en los tres
libros anteriores, sobrepasan la esfera de lo personal y de lo individual y se
amplían, extienden y generalizan. Para el ente humano, las imágenes mentales
resultantes del deseo y de la actividad del pensamiento, no tienen comienzo
conocido. Lo circundan por todos lados; la corriente de su actividad continuamente
hace impacto sobre él, extrayendo la respuesta que atestigua la existencia del
deseo que alberga en sí.
En consecuencia, debe iniciar dos nuevas actividades.
Primero, transmutar y trascender los deseos y anhelos de percepción sensoria
que posee y, segundo, emprender la tarea de aislarse y protegerse de la
atracción e influencia de las grandes corrientes de imágenes mentales que
existen eternamente. Sólo así podrá lograr 'la condición de unidad
aislada", según se describe en el Libro III, Af. 50.
11. Estas formas las crea y las mantiene unidas el
deseo, la causa básica; la personalidad, el resultado efectivo; la vitalidad
mental o voluntad de vivir, y el apoyo de la vida u objetivo exteriorizado;
cuando éstos cesan de atraer, entonces las formas dejan igualmente de existir.
Este aforismo expresa una ley de la naturaleza, y es
tan claro que sólo necesita una ligera explicación. No obstante, será
conveniente analizar someramente la enseñanza que contiene.
Aprendemos que cuatro factores contribuyen a la
existencia de las imágenes mentales o formas que vienen a la existencia como
consecuencia de la naturaleza de deseos:
1. La
causa básica ...............................................................el deseo.
2. El
efecto o resultado
......................................................la
personalidad.
3. La
voluntad de vivir
...................................................... la
vitalidad mental.
4. La
vida exteriorizada
.....................................................el
objetivo.
Cuando la
causa, el deseo, ha producido su efecto, la personalidad o aspecto forma del
hombre, la forma persistirá mientras exista la voluntad de vivir. Esta forma se
mantiene en manifestación debido a la vitalidad mental. Esto ha sido demostrado
repetidas veces en los anales de la medicina, porque se ha comprobado que
mientras persiste la determinación de vivir, así será la probable duración de
la vida en el plano físico, pero desde el momento en que desaparece tal
voluntad, o el interés del morador del cuerpo ya no está centrado en la
manifestación de la personalidad, se produce la muerte y tiene lugar la
desintegración de la imagen mental, el cuerpo.
Resulta interesante observar el significado oculto de
las palabras: "el apoyo de la vida u objetivo exteriorizado", porque
corrobora la enseñanza ocultista de que la corriente de la vida desciende de la
causa originante y descubre su objetivo o manifestación final en el cuerpo
vital o etérico, verdadera sustancia de todas las formas, constituyendo el
apoyo o estructura del vehículo físico denso.
Estos cuatro factores pueden muy bien ser divididos
en dos grupos o pares de opuestos, la causa y el efecto, la voluntad de ser y
la verdadera forma u objeto.
Durante un prolongado período en el proceso
evolutivo, la apariencia o existencia de la forma es lo único que interesa al
morador interno, y la vida exteriorizada se convierte en el único centro de
atracción.
Pero a medida que la rueda gira y se pasa de una
experiencia a otra, se sacia y satisface la naturaleza de deseos, y
paulatinamente llega a su fin la creación de imágenes mentales y sus efectos.
En consecuencia, la forma deja de existir, y ya no se busca la manifestación
objetiva, quedando el hombre liberado de maya o ilusión.
12. El pasado y el presente existen en realidad La
forma asumida dentro del concepto de tiempo presente, es el resultado de
características desarrolladas, conteniendo latentes las simientes de la
cualidad futura.
Este aforismo presenta los tres aspectos del Eterno
Ahora, y observamos que lo que somos hoy es producto del pasado y lo que
seremos en el futuro depende de las simientes latentes u ocultas, o sembradas
en la actual vida. Lo sembrado en el pasado existe, y nada puede impedir o
detener que esas semillas fructifiquen. Tienen que dar fruto en la vida
presente, o mantenerse ocultas hasta que un suelo más favorable y una condición
más adecuada puedan hacerlas germinar, desarrollar, crecer y florecer a plena
luz del día. No hay nada oculto o velado que no sea revelado, ni nada secreto
que no llegue a conocerse. Sembrar nuevas semillas e iniciar actividades que
han de fructificar en fecha posterior es, no obstante, algo diferente, que está
totalmente bajo el control del hombre. Practicando el desapasionamiento y el
desapego y controlando rígidamente la naturaleza de deseos, el hombre puede
reorientarse, de modo que su atención no será atraída externamente por la
corriente de imágenes mentales, sino retraída y centralizada fijamente en la
Realidad.
Esto se intenta, primeramente, por el control del
vehículo mental, la mente, y por la conquista de las modificaciones del
principio pensante; luego prosigue la utilización de ese mecanismo y su
aplicación en la correcta dirección a fin de alcanzar el conocimiento del reino
del alma, en vez del reino de la materia. Así también se alcanza la liberación.
13. Las características estén latentes o en potencia,
participan de la naturaleza de los tres gunas (o cualidades de la materia).
Las características son, en realidad, las cualidades,
capacidades y facultades que el hombre manifiesta o puede manifestar (dadas las
condiciones adecuadas). Son, como hemos visto, el resultado o los efectos de su
experiencia pasada, acumulada durante todo el ciclo de vidas hasta la fecha.
Los efectos de los contactos, desenvolvimientos y desarrollos que lo han
regido, desde los albores de su individualidad hasta el ciclo actual de vida,
han producido lo que es y lo que tiene en la actualidad. Debe tenerse en cuenta
que estos factores que se resumen en el término general de
"características", conciernen a la forma y a su respuesta a la vida
espiritual inmanente.
Se producen con la misma rapidez con que el Morador
Interno espiritual puede plasmar su impronta sobre la sustancia de esas formas,
obligarlas a cumplir su voluntad, controlarlas y someterlas. La forma tiene
ciertas actividades vibratorias propias, inherentes a su naturaleza.
Identificándose con la forma y utilizándola, el Morador Interno desarrolla dos
series de características. Una serie se manifiesta en el yo inferior, y
concierne a la adaptabilidad de la forma, a la influencia interna y al medio
ambiente externo. La otra concierne a las tendencias, impulsos y deseos que
tienden a afectar, permanentemente, al cuerpo del yo superior o causal. De allí
que estas características tengan, en ambos casos, que ver con el ritmo o gunas
de la materia.
Podría decirse que todo cuanto somos es producto del
pasado y se manifiesta como característica de la forma de la personalidad. Lo
que seremos en la próxima encarnación lo determina la capacidad del verdadero
hombre para ejercer influencia sobre ese yo personal, obligarlo a cumplir fines
elevados y elevar su grado de vibración. Una cosa es el hombre cuando viene a
la encarnación y otra cuando sale de ella, porque entonces es el producto del
pasado, además de lo realizado en la vida presente; lo adquirido bajo el gran
impulso evolutivo lo ha llevado inevitablemente a una condición sáttvica o
rítmica armoniosa, y lo ha alejado de la condición tamásica de inercia, de
inmovilidad. Esto se obtiene imponiendo las características de actividad, el
guna intermedio, que predominantemente regula la actividad externa e impulsa al
hombre hacia la experiencia sensoria.
14. La manifestación de la forma objetiva se debe a
la centralización de la causa que produce efectos (la unificación de las
modificaciones de la sustancia mental o chitta).
El impulso hacia la evolución, o apropiarse de una
forma, es tan dominante y el resultado del pensamiento egoico está tan
centralizado, que resulta inevitable la manifestación objetiva. La sustancia
mental o chitta (en el gran proceso de apropiarse de una forma) está tan
completamente unificada, y el deseo de experimentar por medio de contactos en
el plano físico es tan dominante, que todas las modificaciones de la mente van
dirigidas hacia el mismo objetivo.
Cuando la condición se invierte y el hombre en el
plano físico efectúa su propia liberación, lo hace por el mismo método, o sea
la centralización y unificación. Ciertas frases relacionadas con el simbolismo
de la estrella de cinco puntas, en El Antiguo Comentario, aclaran esto:
"La sumersión es hacia abajo, hacia la materia.
El punto desciende, precipítase a través de la esfera acuosa y penetra en lo
inerte, inmóvil, oscuro, silencioso y remoto. El punto de fuego y de piedra se
unen, alcanzándose la armonía y unión en el sendero descendente".
"El vuelo es hacia arriba, al espíritu. El punto
asciende, elevando a los dos que están detrás, y los tres y los cuatro se
extienden hasta aquello que está detrás del velo. El agua no consigue apagar el
punto de fuego; de esta manera el fuego se une al fuego y se fusionan. Se logra
armonía y unión en el arco ascendente. Así el Sol se desplazará hacia el
norte".
15. Ambas, conciencia y forma, son distintas y están
separadas; aunque las formas sean similares, la conciencia puede funcionar en
diferentes niveles del ser.
Este aforismo no debe considerarse separado del
posterior, el cual afirma que la Mente una o Vida una, es la potente causa de
todas las mentes y vidas menores diferenciadas. Esto debe tenerse siempre en
cuenta. En este aforismo van implícitas tres ideas principales.
Primero, que hay dos líneas principales de evolución;
una concierne a la materia y la forma, la otra al alma, el aspecto conciencia,
el pensador en manifestación. Cada uno de estos senderos de progreso difieren,
cada uno sigue su curso. Como ya se ha observado, durante un prolongado periodo
de tiempo, el alma se identifica con el aspecto forma y trata de seguir el
"Sendero de la Muerte", porque en efecto, para el pensador ese es el
sendero obscuro. Más tarde, por medio de un gran esfuerzo, cesa esta
identificación; el alma se hace consciente de sí misma y de su propio sendero o
dharma; entonces sigue el camino de la luz y de la vida. Sin embargo, debe
tenerse siempre en cuenta entre ambos aspectos, que el propio sendero de cada
uno es el de la derecha, y que los impulsos ocultos en el vehículo físico o en
el cuerpo astral, no son en sí malos. Son malos, desde cierto ángulo, cuando se
tergiversa su correcto empleo. La comprensión de esto condujo a exclamar al
discípulo, según el Libro de Job: "He pervertido lo que era
correcto". Las dos líneas de desenvolvimiento son separadas y distintas.
Ésta es una de las cosas que el aspirante debe aprender.
Cuando el aspirante ha comprendido esto, trata de
ayudar a la evolución de sus formas de dos maneras: primero, negándose a
identificarse con ellas y, segundo, estimulándolas.
Aplicando la fuerza espiritual también se dará cuenta
de la etapa de evolución en que se encuentran sus hermanos, y no criticará lo
que para él constituirían acciones erróneas y para ellos es la actividad
natural de la forma, durante el ciclo en que forma y alma están identificadas y
se consideran una misma cosa.
La segunda línea principal de pensamiento, implicada
en el aforismo 15, es más difícil de expresar. Proporciona color y veracidad a
la controversia de muchos pensadores, de que las cosas existen y tienen forma y
actividad sólo en la medida que la mente del pensador las formula. En otras
palabras, mediante las modificaciones de nuestro principio pensante construimos
nuestro propio mundo y creamos nuestro propio ambiente. La deducción, por lo
tanto, es que (dada una sustancia básica espíritu-materia) la entretejemos en
formas, por nuestros propios impulsos mentales. Otros perciben lo que nosotros
vemos, porque algunas de las modificaciones de sus mentes son análogas a las
nuestras y sus reacciones e impulsos, similares en cierto aspecto. Sin embargo,
dos personas no ven un objeto exactamente de la misma manera. Las cosas o
formas de materia existen realmente; han sido creadas o están en proceso de
creación, y de ellas son responsables alguna mente o varias mentes. Entonces
surge la cuestión de quién es responsable de las formas mentales que nos
circundan. El comentario y la traducción de Dvivedi apoya más esta segunda
línea de pensamiento que la paráfrasis de el Tibetano; sería de valor que la
estudiáramos, porque cuando muchas mentes encaran un problema, permite
apreciarlo en su magnitud, se evitan las superficialidades y vanas conclusiones
y se hace posible el acercamiento a la verdad. El punto de vista sintético está
más cerca de la verdad que el especializado. Dvivedi dice: "Aunque las
cosas son similares, la causa de la mente y de las cosas es distinta debido a
las diferencias de las mentes".
"Las consideraciones precedentes establecen, de
manera indirecta, la existencia de cosas como objetos externos a la mente. Los
Vijnanavadi Budas, al sostener que las cosas sólo son reflejos de nuestro
principio pensante, pondrían objeciones a ese punto de vista. La objeción no
resistiría al análisis, porque la existencia de cosas separadas del principio
pensante es real. Aunque existe, ciertamente, la similitud completa entre
objetos del mismo tipo, aún así, el modo en que los objetos afectan a la mente
y en que es afectada por ellos, es enteramente distinta. En consecuencia, los
objetos existen fuera del principio pensante. Aunque los objetos son similares,
no se presentan a mentes diferentes bajo la misma luz, lo cual demuestra que
están separados de la mente. También muchas veces oímos decir a algunas
personas que han visto un mismo objeto como lo han visto otras. Esto probaría
que a pesar de que el objeto es uno solo, los conocedores son muchos. Esta
circunstancia demuestra la diferencia entre el objeto y la mente. Asimismo, el
vidente y lo visto, o sea la mente y el objeto, o el instrumento de
conocimiento y el objeto de conocimiento, no pueden ser uno y el mismo, porque
entonces todo conocimiento característico sería una imposibilidad, lo cual es absurdo.
La tentativa de solucionar esta dificultad, diciendo que el eterno Vasana de la
forma de los objetos externos es la causa de nuestro conocimiento
característico, es inútil, pues lo que se ha debilitado por sí mismo no puede
convertirse en causa. Por lo tanto la existencia objetiva debe aceptarse como
independientemente del sujeto. Tampoco cabe imaginar cómo una sola sustancia,
prakriti, puede producir, en este caso, toda la multiplicidad de diferencias en
nuestra experiencia, porque los tres gunas y sus diversas combinaciones, en
diferentes grados, lo justifican suficientemente. En el caso de los yoguis
adecuadamente iluminados, es natural que cuando el conocimiento ha producido en
ellos el supremo Vairagya, no se preocupen de los gunas, los cuales también
alcanzan un estado de equilibrio y no producen efecto".
La tercera línea de pensamiento se refiere más
específicamente al aspecto comprensión, o a la percepción del pensador
inmanente, por lo tanto tiene un valor práctico inmediato para el estudiante de
Raje Yoga, la cual implica ciertas preguntas que se pueden formular de la
manera siguiente:
1. ¿En qué nivel del ser o de comprensión (porque la
idea es idéntica para el estudiante ocultista) actuó?
2. ¿Me identifico con la forma o con el alma?
3. ¿Qué sendero sigo, el superior del alma o el
inferior de la materia?
4. ¿Me encuentro en un período de transición, donde
mi comprensión se está transfiriendo de la conciencia inferior a la superior?
5. Aunque esté en el cuerpo, ¿es éste meramente un
instrumento y estoy despierto en otro plano de percepción?
Éstas y otras preguntas similares son de profundo
valor para el aspirante, si se las formula sinceramente y responde
honestamente, como ante la presencia de Dios y del Maestro.
16. Las numerosas modificaciones de la mente una,
producen las diversas formas que, para subsistir, dependen de esos numerosos
impulsos mentales.
En estas palabras, todo el concepto pasa de la esfera
particular al reino de lo universal. Nos pone frente a los impulsos cósmicos y
solares y evidencia la insignificancia y pequeñez de nuestro problema
individual. Toda forma en manifestación es el resultado del pensamiento de
Dios; todo vehículo objetivo, por medio del cual fluyen los impulsos vitales
del universo, es producido y mantenido en manifestación objetiva, por la
constante afluencia de corrientes mentales que emanan de un solo y maravilloso
pensador cósmico. Sus métodos misteriosos, su plan oculto y secreto, el gran
propósito para el cual trabaja en este sistema solar, no son todavía evidentes
para el hombre; sin embargo, cuando pueda pensar en términos más amplios,
desarrollar el poder de visualizar el pasado como una totalidad y unificar su
conocimiento acerca de la vida de Dios, expresándose en los reinos de la
naturaleza, y cuando aumente su comprensión de la naturaleza de la conciencia,
entonces le será evidente la voluntad de Dios basada en una actividad amorosa.
La clave del cómo y el por qué, reside en la
comprensión del hombre de sus propias actividades mentales. La apreciación de
la gran forma mental de Dios, el sistema solar y su mantenimiento, se
desarrolla en el hombre a medida que comprende sus propias formas mentales y la
manera de construir y crear su propio medio ambiente y colorar su propia vida.
El hombre construye sus propios mundos por el poder de sus procesos mentales o
por las modificaciones de ese fragmento del principio mental universal del cual
se ha apropiado para uso particular.
Debe recordarse que el Logos solar, Dios, es la suma
total de todos los estados de conciencia o percepción. El hombre (la humanidad
en conjunto o la unidad individual) es parte de ese todo Las innumerables
mentes, desde la del átomo (reconocido por la ciencia) hasta la mente de Dios
mismo, pasando por todos los grados de pensadores y etapas de percepción, son
responsables de todas las formas que se hallan en nuestro sistema. A medida que
trabajamos, desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, desde el
microcosmos al macrocosmos, se evidencia un estado de conciencia en gradual
expansión y un constante crecimiento de la percepción. En esta escala de
desarrollo, tenemos tres tipos predominantes de formas, resultados de la mente:
1. La forma del átomo, el verdadero microcosmos.
2. La forma del hombre, el macrocosmos para todos los
reinos subhumanos.
3. La forma de Dios, un sistema solar, el macrocosmos
para el hombre y para todas las etapas super humanas.
Todas estas formas y las formas intermedias, dependen
de alguna vida, dotada de capacidad de pensar y también del impulso mental para
modificar e influir la sustancia sensoria y construir con ella las formas.
17. Estas formas son conocidas o no, de acuerdo a las
cualidades latentes en la conciencia perceptora.
Este aforismo ha sido traducido por Charles Johnston
con las siguientes palabras: "Un objeto es percibido o no, según que la
mente esté o no matizada por el color del objeto".
Vemos lo que somos y nos damos cuenta de ello debido
a otras formas que se desarrollan en nosotros mismos. No vemos aspectos de la
vida, porque todavía no hemos hecho contacto con lo divino y lo desconocemos en
nosotros. El aspecto forma y sus limitaciones se desarrollan en nosotros,
ocultando al alma de modo que sólo nos damos cuenta de la forma de nuestro
hermano y no vemos su alma. En cuanto hacemos contacto con nuestra propia alma
y vivimos en su luz, vemos el alma de nuestro hermano, nos damos cuenta de su
luz, con lo cual cambia completamente nuestro acercamiento a él.
Aquí tenemos el indicio de nuestras limitaciones,
aquí reside la promesa de nuestro éxito. La facultad latente, una vez
desarrollada, nos revelará un mundo nuevo; los poderes ocultos del alma una vez
que hayan sido plenamente expresados, nos harán conscientes de un nuevo mundo y
nos revelarán un plan de vida y un reino del ser que, hasta ahora, nos fue
negado, porque no lo hemos visto. De ahí la necesidad de que todo investigador
de los misterios de la existencia, aplique a su investigación todas las
facultades; de ahí también la necesidad de que se lleve a cabo este proceso de
desenvolvimiento del alma y se desarrollen las facultades potenciales si
queremos comprender plenamente la verdad.
18. El Señor de la mente, el perceptor, es siempre
consciente de la constante actividad de la sustancia mental, causa productora
de efectos.
Tenemos en este aforismo una afirmación que
constituye la clave para la práctica efectiva y sin peligro de la meditación.
Quien medita es el alma, el ego, y su trabajo es actividad positiva, no un
estado o condición negativos. Gran parte del trabajo que se realiza como
meditación es peligroso o inútil, porque quien trata de controlar es el hombre
en el plano físico, cuyo esfuerzo está concentrado en lograr la quietud del
cerebro. Trata de aquietar las células cerebrales y hacerlas negativas, pasivas
y receptivas. Sin embargo, la verdadera meditación concierne al alma y a la
mente; la receptividad del cerebro es la reacción automática a la condición
superior. Por consiguiente, en el Raja Yoga el contacto con el verdadero
hombre, el ego, y el poder de "aquietar las modificaciones del principio
pensante", deben preceder a toda actividad y respuesta del cerebro. El
Señor de la Mente está siempre despierto, pues se. da cuenta de la tendencia de
la mente a responder a las corrientes de fuerza, producidas por el pensamiento
o el deseo. En consecuencia, vigila toda emanación de fuerza que surge de él, y
controla todo pensamiento e impulso, de modo que únicamente se originen
corrientes de energía e impulsos alineados constantemente con el propósito que
tiene ante sí, y se pueda llevar a cabo el plan grupal. Nunca debe olvidarse
que todos los egos trabajan en formación grupal, controlados directamente por
esos pensadores que encarnan el divino pensamiento logoico. Por lo tanto, el
trabajo que cada aspirante trata de realizar consiste en poner la conciencia
del cerebro en línea con el pensamiento que le llega por conducto de su propia
alma-conciencia, y en la consumación de esto el plan divino se va manifestando
gradualmente en el plano físico.
A medida que cada hijo de Dios conduce esa sustancia
mental activa, de la cual es responsable, a una condición capaz de responder al
pensamiento divino, entonces el plan de las edades será llevado a su fin. Nadie
debe desesperarse por su aparente incompetencia o pequeñez, porque a cada uno
se nos ha confiado una parte del plan, y debemos desempeñarla; sin nuestra
colaboración se produce demora y confusión. A veces, cuando una ínfima parte de
un gran mecanismo no funciona correctamente, provoca grandes dificultades. Con
frecuencia, son necesarios muchos ajustes antes de que toda la máquina pueda
marchar y realizar su trabajo con buen resultado, y en el reino de la
colaboración humana se pueden presentar situaciones análogas.
La sustancia mental constantemente activa puede
responder a la vibración inferior que emana del triple hombre inferior, y a los
más elevados impulsos que surgen del alma, como intermediaria entre espíritu y
materia. El alma es siempre consciente de esta condición; el hombre en el plano
físico está ciego a ella, o recién despierta a esta doble posibilidad. La tarea
del que aspira a la unión consiste en transferir gradualmente y poner
acrecentadamente la sustancia mental bajo los impulsos superiores, alejándola
de la vibración inferior, hasta convertir en una condición estable la respuesta
a lo superior y que la actividad vibratoria del hombre inferior se desvanezca y
desaparezca.
19. Debido a que la mente puede ser vista o conocida,
resulta evidente que no es la fuente de iluminación.
Este aforismo y los dos siguientes nos dan un
acercamiento típicamente oriental a un problema muy difícil, y este método de
razonar no es fácil de ser captado par las mentes occidentales. En las seis
escuelas de la filosofía hindú, todo el problema, relacionado con el origen de
la creación y la naturaleza de la mente, es desmenuzado y discutido y tratado
en forma tan completa, que prácticamente todas nuestras escuelas modernas se
pueden considerar retoños o consecuencia lógica de las diversas conclusiones
hindúes. La clave de la diversidad de opiniones sobre estos dos puntos quizás
la encontremos en los seis tipos en que todos los seres humanos se clasifican,
porque el séptimo sólo es la síntesis de todos ellos, siendo influyente y no
excluyente.
En los aforismos de la yoga, la mente queda relegada
a la posición de instrumento, de intermediario, de placa sensible, que registra
lo que afluye a ella desde arriba o lo que la afecta desde abajo. Carece de
personalidad propia; no tiene vida o luz que le pertenezca, excepto la inherente
a toda sustancia y, por lo tanto, existente en los átomos que constituyen la
sustancia mental. Estos últimos, hallándose en la misma línea evolutiva que el
resto de la naturaleza inferior, acrecienta la oleada de fuerzas materiales que
tratan de mantener prisionera al alma y constituyen la gran ilusión.
La mente, en consecuencia, puede ser conocida en dos
sentidos: Primero, conocida, reconocida y vista por el pensador, el alma en su
propio plano. Segundo, vista y conocida como vehículo del hombre en el plano
físico. Durante largo tiempo, el hombre se ha convertido en aquello con lo cual
se identifica, excluyendo al verdadero hombre espiritual, con el que es posible
establecer contacto y a quien también se lo puede conocer y obedecer, una vez
que la mente queda relegada al lugar que le corresponde como instrumento de
conocimiento.
Una analogía del plano físico puede ayudarnos a
comprender esto. El ojo es uno de nuestros principales órganos, por medio del
cual adquirimos conocimiento, el medio por el cual vemos. Sin embargo, no
cometemos el error de considerar al ojo como fuente de luz ni aquello que trae
revelación. Lo conocemos como instrumento que responde a ciertas vibraciones de
la luz, mediante lo cual transmite a nuestro cerebro, esa gran placa receptora
del plano físico, cierta información acerca de este plano.
Para el alma, la mente actúa también como el ojo, o
como una ventana mediante la cual llega información, pero en sí misma no es la
fuente de luz ni de iluminación.
Resulta interesante observar aquí que cuando el
cerebro y la mente se coordinaron (como ocurrió por primera vez en los días de
Lemuria), simultáneamente se desarrolló el sentido de la vista A medida que la
evolución avanza, tiene lugar una coordinación superior, pues el alma y la
mente llegan a unificarse. Entonces el órgano de la visión sutil (el tercer
ojo) empieza a actuar, y en vez de mente, cerebro y dos ojos, aparece otra
triplicidad: alma, mente y tercer ojo. En consecuencia, el cerebro no es la
fuente de iluminación, sino que llega a percibir la luz del alma y lo que ésta
revela en su reino. Simultáneamente se desarrolla el tercer ojo, que revela a
su poseedor los secretos de los reinos más sutiles de los tres mundos, de
manera que el cerebro recibe iluminación, información y conocimiento desde dos
direcciones: del alma, por conducto de la mente, y de los planos más sutiles de
los tres mundos, por conducto del tercer ojo. Se ha de recordar aquí que el
tercer ojo revela, principalmente, la luz que se encuentra en el corazón de
todas las formas de manifestación divina.
20. Tampoco la mente puede conocer dos objetos
simultáneamente, ella y lo que está fuera de ella.
Ninguna de las envolturas, por medio de las cuales el
alma actúa, posee conocimiento de sí misma; son únicamente canales, a través de
los cuales se obtiene conocimiento, y pasan las experiencias de la vida. La
mente no se conoce a sí misma, porque ello supondría ser consciente de sí
misma; por lo tanto, careciendo de conciencia individual no puede decir:
"Esto soy yo, yo misma, y esto es externo a mí; en consecuencia el
no-yo". Es simplemente otro sentido, por medio del cual obtenemos
información y se nos revela un nuevo campo de conocimiento. No es más que un
instrumento, como se dijo antes, capaz de una doble función: registrar
contactos de una de las dos direcciones y transmitir tal conocimiento al
cerebro desde el alma, o al alma desde el hombre inferior. Esto merece una
reflexión: la tendencia de nuestro esfuerzo es llevar ese instrumento a una
condición donde puede ser utilizado con el mayor provecho posible. Los tres
últimos métodos de yoga tratan de lograrlo. Como ya se ha considerado
anteriormente, no es necesario que lo ampliemos.
21. Si el conocimiento de la mente (chitta) es
postulado por otra mente lejana, se inferirá que existe un número infinito de
conocedores, y las consecutivas reacciones de la memoria tenderán a confundir
grandemente.
Una de las explicaciones dadas respecto a las
funciones de la mente se refiere a su capacidad de apartarse de sí misma y
considerarse como algo separado, convirtiéndose así en confusas partes
separadas, distanciadas unas de otras, que (cuando la idea es llevada a una
conclusión lógica) conduce a una situación caótica. Todo esto proviene de la
negativa de los pensadores ortodoxos, filósofos y mentalistas, a admitir la
posible existencia de una entidad alejada y separada de la mente, que trata
sólo de utilizarla como medio para adquirir conocimiento. El problema ha
surgido, en gran parte, del hecho de que el pensador no puede ser conocido hasta
que la mente se haya desarrollado; puede ser presentido y sentido por el
místico y el devoto, pero no es posible su conocimiento (en el significado
corriente del término) antes de que se desarrolle el instrumento del
conocimiento, la mente. Aquí es donde el conocimiento oriental se introduce y
aclara el trabajo tan maravillosamente realizado por la ciencia mental y la
ciencia cristiana, que han hecho hincapié en la mente individual y en la
universal, y nuestra deuda hacia ellos es grande. La naturaleza de la mente, su
propósito, control, problemas y procesos son hoy temas de discusión general, lo
cual no ocurría hace cien años. Pero, con todo ello, existe mucha confusión
debido a nuestra tendencia moderna a deificar la mente y a considerarla único
factor importante. La ciencia oriental viene en nuestra ayuda, y nos dice que
detrás de la mente, está el pensador, detrás de la percepción, el perceptor, y
detrás del objeto observado, el observador. Este pensador, perceptor y
observador es el yo inmortal e imperecedero, el alma en contemplación.
22. Cuando la inteligencia espiritual, que permanece
sola y libre de los objetos, se refleja en la sustancia mental, entonces se
obtiene la percepción del yo.
Conocemos a la inteligencia espiritual, el hombre
real, el Hijo de Dios, eterno en los Cielos, por muchos y variados nombres,
según la escuela de pensamiento. La lista de sinónimos dada a continuación es
de utilidad para el estudiante, porque le da una visión más amplia y una
comprensión incluyente, revelándole el hecho de que los Hijos de Dios,
revelados o no, se encuentran en todas partes.
La
inteligencia espiritual ............... El Regente Interno .......... El
Verbo hecho carne.
El alma
.......................................... El segundo aspecto
......... El AUM.
La entidad
autoconsciente ............. La segunda Persona ........El Pensador.
El Cristo
........................................ Dios encarnado
................ El Observador, el Perceptor.
El Yo
............................................. El hijo de la mente
.......... El Constructor de formas.
El Yo
superior ............................... El Manasaputra divino ....
La fuerza.
El Hijo de
Dios ............................. El Agnishvattva
.............. El Morador del cuerpo.
Éstos y
otros muchos términos están diseminados en todas las Escrituras y literaturas
del mundo. Sin embargo, en ningún otro libro como en el Bhagavad Gita se
representa tan maravillosamente la naturaleza del alma, tanto macrosómica (el
Cristo cósmico) como microcósmica (el Cristo individual). Los tres
libros: El Bhagavad Gita, El Nuevo Testamento y Los Aforismos de la
Yoga, contienen un cuadro completo del alma y su desenvolvimiento.
23. Así la sustancia mental, reflejando al conocedor
y lo conocible, deviene omnisciente.
Este aforismo es una especie de resumen; hace
resaltar el hecho de que la mente, estando aquietada y pasiva durante la
práctica de la concentración y la meditación, se convierte en el reflector
"de lo que está arriba y de lo que está abajo". Es el transmisor del
conocimiento del yo al cerebro físico del hombre en encarnación, y además el
transmisor de todo lo que el yo conoce y percibe. Ve y conoce el campo de
conocimiento. El Conocedor es también percibido y la "percepción de todos
los objetos" llega a ser posible. Por lo tanto, es literalmente verdad que
para el yogui nada hay oculto o desconocido. Obtiene información sobre todos
los temas, porque posee un instrumento que puede utilizar para cerciorarse de
lo que el alma sabe respecto al reino de Dios, el reino de la verdad
espiritual. Puede entrar en comunicación con el alma e impartirle lo que el
hombre conoce en encarnación física, de manera que el conocedor, el campo del
conocimiento y el conocimiento mismo, entran en conjunción, siendo la mente el
medio para ello.
Ésta es una gran etapa en el sendero de retorno;
aunque a su debido tiempo la intuición reemplazará a la mente y la percepción
espiritual directa tomará el lugar de la percepción mental, no obstante, esta
etapa es avanzada e importante y abre la puerta para que la luz entre
directamente. Nada debe ahora entorpecer el descenso de la fuerza y la
sabiduría espiritual al cerebro, porque el entero triple hombre inferior ha
sido purificado y dominado; los cuerpos físico, emocional y mental forman
simplemente un canal para la luz divina y constituyen el vehículo por el cual
la vida y el amor de Dios pueden manifestarse.
24. La
sustancia mental, reflejando como lo hace, una infinidad de impresiones de la
mente, se convierte en instrumento del yo y actúa como agente unificador.
Nada le queda por hacer al hombre espiritual en
conexión con este yo inferior purificado, sino aprender a utilizar su
instrumento, la mente, por medio de la cual los otros dos cuerpos son
dirigidos, controlados y utilizados. Este instrumento ha sido descubierto,
desarrollado y dominado, aplicando los ocho métodos de yoga, y ahora debe ser
utilizado y aplicado en forma activa, de tres maneras:
1. Como vehículo
para la vida del alma.
2. En servicio de
la Jerarquía.
3. En
colaboración con el plan de la evolución.
25. El
estado de unidad aislada (absorbido en la verdadera naturaleza del yo) es la
recompensa del hambre capaz de discriminar entre la sustancia mental y el yo, u
hombre espiritual
El estado de unidad aislada no debe ser considerada
como una reacción separatista, sino resultado de un estado mental particular.
Toda práctica de meditación, todo momento de
reflexión, todo ejercicio de afirmación, toda hora de recogimiento de nuestra
propia y verdadera naturaleza, son medios que empleamos para apartar la mente
de las reacciones y tendencias inferiores y adquirir el hábito de reconocer
constantemente la propia naturaleza divina. Una vez lograda esa comprensión, no
son ya necesarios tales ejercicios y entramos en posesión de nuestra herencia.
El aislamiento, a que se hace referencia, es la separación del yo del campo del
conocimiento, e implica la negativa del yo a buscar experiencia sensoria
externa, manteniéndose firme en el estado espiritual del ser.
El hombre llega a ser consciente de sí mismo como conocedor;
ya no se interesa principalmente en el campo del conocimiento, como en las
primeras etapas de su desenvolvimiento; tampoco se ocupa del conocimiento
mismo, como lo hizo durante la etapa de desenvolvimiento mental, ya sea como
hombre evolucionado o como discípulo. Puede discernir entre los tres; en
adelante ya no se identifica ni con el campo del conocimiento -la vida de los
tres mundos por medio de sus tres vehículos y los cinco sentidos, además de la
mente-, ni con el conocimiento obtenido, ni con la experiencia sufrida. Conoce
al yo. Se identifica con el verdadero conocedor; así ve las cosas tal cual son,
disociándose totalmente del mundo de la percepción sensoria.
Sin embargo, hace esto mientras actúa en la tierra
como ser humano. Participa de la experiencia terrena; se sumerge en las
actividades humanas; camina entre los hombres; come, duerme, trabaja y vive. No
obstante, todo el tiempo "está en el mundo, pero no es del mundo", de
él se puede decir lo que se dijo del Cristo:
"Quien siendo a imagen de Dios, no consideró
usurpación ser igual a Dios". _
"Pero no creó reputación para sí, sino que
asumió la forma de sirviente y fue hecho a semejanza de los hombres".
"Y reducido a la condición de hombre, se humilló
y se hizo obediente hasta la muerte, hasta morir en la cruz". (Fil. 2: 6,
7 y 8)
Se ha unificado con el alma de todos; pero separado y
aislado de todo lo que concierne a la forma o naturaleza material. Los tres
aforismos siguientes deben ser considerados como uno, pues proporcionan una
imagen del crecimiento gradual de la naturaleza espiritual del hombre que ha
alcanzado el estado de desapego discriminador y, por el total
desapasionamiento, sabe lo que significa la "unidad aislada".
26. Entonces la mente tiende a la discriminación y al
acrecentamiento de la iluminación, respecto a la verdadera naturaleza del Yo
uno.
27. Sin embargo, por la fuerza del hábito, la mente
reflejará otras impresiones mentales y percibirá los objetos de percepción
sensoria.
28. Estos reflejos tienen el carácter de obstáculos,
y el método para vencerlos es el mismo.
Una vez establecida la correcta tendencia y ritmo,
sólo es cuestión de una constante perseverancia, sentido común y resistencia. A
no ser que se ejerza la máxima vigilancia, los antiguos hábitos mentales se
reafirmarán muy fácilmente, y por lo tanto hasta la última iniciación el
aspirante debe "vigilar y orar".
Las reglas que rigen el triunfo, las prácticas que
traen el éxito, son las mismas tanto para el luchador experto avanzado y el
iniciado, como para el neófito más humilde. En el Libro Segundo se exponen
detalladamente los métodos por los cuales se pueden vencer y neutralizar los
inconvenientes y obstáculos. Estos métodos y modos de vida disciplinada deben
aplicarse inflexiblemente desde el momento de entrar en el sendero de
probación, hasta experimentar la última gran iniciación, y el hombre liberado
surge a la plena luz del día. Esto implica paciencia, capacidad de continuar
después del fracaso, de perseverar, aunque el éxito esté aún muy lejano. Esto
lo sabía bien el gran iniciado Pablo, de allí su recomendación a los discípulos
que trató de ayudar: "Manteneos firmes... y habiendo hecho todo, manteneos
firmes". Santiago nos da la misma idea cuando dice: "Mirad,
consideramos felices a quienes resisten".
Seguir adelante cuando se ha llegado al agotamiento;
dar otro paso, cuando toda la fuerza parece haberse perdido; mantenerse firme, cuando
parece no haber más que derrota por delante; la decisión de resistir lo que
venga, cuando la resistencia parece haber llegado a su límite, es lo que
caracteriza a los discípulos de todos los grados. Para ellos es la clarinada de
San Pablo:
"Manteneos firmes; ceñid vuestros lomos con la
verdad y vestíos con la coraza de la justicia".
“Y calzad vuestros pies con la preparación del
evangelio de la paz".
"Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con el
que podréis apagar todos los dardos de fuego de los malvados".
"Y tomad el yelmo de la salvación y la palabra
del espíritu, que es la palabra de Dios". (Ef. 6: 14, 15, 16 y 17)
También resuena el igualmente claro mandato de
Krishna a Arjuna:
“Habiendo considerado tu deber, no vaciles, porque
nada hay mejor para un guerrero que pelear por una causa justa. Y tal batalla
ha venido a ti por su propia cuenta; la misma puerta del cielo se abrirá;
felices los guerreros... que encuentran lucha como ésta... Por consiguiente,
levántate decidido a pelear. Siendo iguales para ti la buena y la mala fortuna,
la ganancia y la pérdida, la victoria y la derrota, disponte a combatir".
(Gita, II: 31, 32, 37 y 38)
29. El hombre que cultiva el desapego, hasta en su
aspiración por iluminación y unidad aislada, oportunamente llega a ser
consciente, mediante la práctica de la discriminación, de la influyente nube de
conocimiento espiritual.
Resulta difícil para el neófito ser impersonal,
cuando se trata de su propio desenvolvimiento espiritual. Sin embargo, la misma
ansiedad de su aspiración puede servir como obstáculo; una de las primeras
cosas que debe aprender es seguir por el sendero, ajustándose a las reglas,
haciendo las prácticas, empleando los medios y cumpliendo constantemente la
ley, y al mismo tiempo ocuparse de la visión y del servicio y no de sí mismo.
Es muy fácil ser víctima de elevados deseos y preocuparse tan intensamente de
las reacciones y emociones, que las redes de la versátil naturaleza síquica
vuelven rápidamente a atrapar al aspirante hombre inferior. Debe desprenderse
de todo tipo de percepción sensoria superior e inferior.
La mayoría de las personas que pasan del sendero del
sentimiento y del acercamiento devocional del corazón (línea mística) al del
control intelectual -el acercamiento por medio de la cabeza, el método
ocultista- se quejan de que ya en la meditación no experimentan los momentos de
gozo y beatitud anteriores. El sistema les parece árido, frío y poco
satisfactorio. Pero el gozo y la paz son impresiones de la naturaleza emocional
y de ninguna manera afectan a la realidad. No tiene importancia, desde el punto
de vista del alma, que su reflejo, el hombre encarnado, sea feliz o no, sienta
beatitud o tristeza, esté contento o angustiado. Sólo una cosa es importante:
establecer contacto con el alma. alcanzar la unión (consciente e inteligente)
con el UNO. Esta unión puede efectuarse en la conciencia del plano físico Y
manifestarse como sentimiento de paz y gozo. Pero debe manifestarse en
creciente capacidad para servir a la raza y servirla más eficazmente. Los
sentimientos del discípulo son de poca importancia, lo que vale es su comprensión
y utilidad como canal para la fuerza espiritual; Se debe recordar que en el
sendero no cuentan las virtudes ni los vicios (excepto en la medida que
evadimos los pares de opuestos). Lo único que cuenta es lo que nos impele a
seguir adelante en ese sendero que "brilla cada vez más hasta que el día
sea con nosotros".
Cuando el hombre pueda apartar sus ojos de todo lo
que concierne a lo físico, emocional y mental, y elevarlos y dirigirlos lejos
de sí mismo, será consciente de "la influyente nube de conocimiento
espiritual” o de la nube de cosas cognoscibles”, según ha sido traducido.
Esto, esotérica y simbólicamente, indica que ante el
iniciado (avanzado como está) hay un progreso aún mayor y otro velo que
penetrar. Ha llegado a la gran unificación, pues ha unificado alma y cuerpo. Se
encuentra (con respecto a los tres mundos) en la etapa llamada "unidad
aislada", pero es posible otra unión más, la del alma con el espíritu. El
Maestro debe convertirse en Cristo; para ello debe alcanzar la nube de
conocimiento espiritual, penetrarla y utilizarla. Resultará inútil tratar de
considerar lo que está al otro lado del velo que oculta al Padre. Según El
Nuevo Testamento, cuando el Padre se comunicó con Cristo, la voz procedió de
una nube. (Véase Mt. 17).
30. Cuando se alcanza esta etapa, se superan los
obstáculos y el karma.
Los dos versículos que acabamos de estudiar han
llevado al aspirante de la etapa del adepto a la del Cristo.
Todo lo que ha entorpecido, ocultado o impedido la
plena expresión de la Vida divina, ha sido superado, todas las barreras fueron
derribadas y los obstáculos eliminados. La rueda de los renacimientos ha
servido su finalidad, y la unidad espiritual, que entró en la forma, llevando
consigo poderes potenciales y posibilidades latentes, los ha desarrollado en
toda su plenitud, abriendo totalmente la flor del alma. La ley de causa y
efecto, tal como actúa en los tres mundos, ya no rige al alma liberada; el
karma individual se ha agotado; aunque puede estar aún sujeto al karma grupal
(planetario o solar), nada tiene que agotar ni inicia nada que pueda servir
para atarlo a los tres mundos con las cadenas del deseo. Su estado está
resumido en el aforismo siguiente:
31. Cuando se han eliminado los obstáculos y
purificado las envolturas, se dispone de todo el conocimiento, entonces nada le
queda al hombre por hacer.
Se ha realizado el doble trabajo. Los obstáculos,
resultantes de la ignorancia, de la ceguera, del medio ambiente y de la
actividad, fueron eliminados. La tosquedad de las envolturas ha sido corregida
y debido a ello, y mediante la aplicación de los métodos de yoga, todo
conocimiento está disponible. El yogui se da cuenta ahora de su omnipresencia
esencial y que su alma es una con todas las almas, por lo tanto forma parte de
la unidad esencial, la vida omnipenetrante, del inmutable e ilimitado
principio, la causa de toda manifestación. Es también omnisciente porque todo
el conocimiento le pertenece y las avenidas del conocimiento están abiertas
para él. Se ha liberado del campo del conocimiento, no obstante, puede actuar
en él, utilizar los instrumentos del conocimiento y comprobar todo cuanto
quiera conocer, pero él mismo está centrado en la conciencia del conocedor. Ni
el espacio ni el tiempo lo pueden retener, ni la forma material puede
aprisionarlo; llega para él la gran consumación, expresada por Patanjali en los
tres aforismos finales.
32. Las
modificaciones de la sustancia mental (o cualidades de la materia), mediante la
naturaleza inherente a los tres gunas, llegan a su fin, pues han cumplido ya su
propósito
33. El tiempo, secuencia de las modificaciones de la
mente, también llega a su término, cediendo su lagar al Eterno Ahora.
34. El estado de "unidad aislada" es
posible cuando las tres cualidades de la materia (los tres gunas o potencias de
la naturaleza) ya no aferran al yo. La conciencia espiritual pura se retrotrae
en el Uno.

Comentarios
Publicar un comentario