Psicología Esotérica I. E. El problema del sexo


Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones.
Maestro Djwhal Khul
Alice A. Bailey
Psicología Esotérica I.


E. El problema del sexo

He indicado ya que el séptimo rayo entrante actúa a través del centro sacro planetario y luego a través del centro sacro de cada uno de los seres humanos. Por esta razón podemos anticipar el desarrollo de esa función humana que denominamos sexual. Oportunamente en la actitud del hombre veremos los cambios consiguientes respecto a este problema tan difícil. Al referirme a este tema y al delinear lo que es posible decir en la actualidad, trataré de exponerlo en forma más sencilla y expresar mis pensamientos de modo que surja algo constructivo y emita una nota que será oída con claridad en medio del fragor actual de sonidos discordantes, puntos de vista antagónicos y diversidad de ideas.

Evidentemente resulta difícil encarar el tema, pero ¿por qué es tan difícil? En último análisis, encontramos que la dificultad reside en los prejuicios que existen en la mente de los hombres y en la convicción interna de que su punto de vista particular es lógicamente el correcto, porque viven y actúan de acuerdo al mismo, lo cual les basta; esto se basa en el hecho de que el sexo es uno de los impulsos primitivos fundamentales, uno de los instintos sustanciales y, por lo tanto, el factor dominante de la parte animal de la naturaleza de hombre, y también en la excesiva intimidad del tema, intimidad transmutada en un secreto indecente durante los períodos en que la raza sufría un excesivo puritanismo y prostituyó una función natural y la convirtió en un misterio lascivo. Esta intimidad relacionada con el tema del sexo fue la causa de que se lo considerara como algo que no debía mencionarse y un tópico que las personas decentes no debían tratar, en vez de ser un proceso tan instintivo y natural como beber y comer. Sin embargo esta función no ha sido llevada al ritmo de la vida diaria ni considerada como algo que debe seguirse y satisfacer cuando surge la necesidad y la demanda razonable. Aquí reside la gran diferencia y ofrece una clave al problema.

Por otra parte la dificultad quizás radique en los muy diversos conceptos que los hombres tienen sobre el tema, que abarcan desde la promiscuidad irregular, a la monogamia, dando por resultado la cruel imposición y restricción en las mujeres y el  libertinaje desenfrenado en los hombres. Al margen de estas dificultades y como resultado de tales actitudes erróneas, respecto a lo legal y lo ilegal, al libertinaje y a las restricciones, se han producido focos de infección (si así puedo denominarlos) en nuestra civilización. De allí el relajamiento moral fundado en la incertidumbre, los "distritos de tolerancia", lamentable contemporización de las tendencias viciosas y deseos insatisfechos; los divorcios, que han devastado la vida de la familia y con el tiempo socavarán la vida nacional (de la cual cada familia debería ser una parte substancial), y el constante aumento de las enfermedades como resultado de la prevaleciente promiscuidad y las numerosas relaciones ilícitas. También existe un factor sicológico muy importante. Este hecho es la actitud militante expresada por muchos grupos que tratan de imponer a sus semejantes sus propias ideas y peculiar solución al problema.

Detrás de los resultados de los conceptos erróneos, largo tiempo sostenidos durante épocas sobre la función sexual, residen dos males principales, o más bien dos efectos producidos por la acción mental y física del hombre, que son de gran significación. Ante todo tenemos el desarrollo en su conciencia, de los complejos, sicosis, desarreglos e inhibiciones sicológicas que han socavado tan seriamente la salud y la tranquilidad de centenares y miles de personas. También está amenazada la vida misma de la humanidad, personificada en la familia y la vida familiar. Por un lado tenemos la promiscuidad y la excesiva relación sexual, que da por resultado (como siempre lo ha hecho) una excesiva población y superproducción de seres humanos; por otro lado una forzada esterilidad que -aunque sea el menos de los males- con el tiempo es peligroso. La esterilidad aumenta con rapidez y lleva finalmente a condiciones físicas indeseables. Sin embargo, en esta época, es el menor de los dos males. Dos puntos pueden incidentalmente observarse aquí. Del primero de estos males y como resultado de la superproducción, hemos provocado una situación económica tan drástica y seria que amenaza la paz y la estabilidad misma del mundo; debido al segundo, tendremos la desaparición gradual de la humanidad, si la obligatoriedad de la esterilidad llegara a ser una práctica universal. Esto conduciría al consiguiente dominio del reino animal, a un enorme aumento de la vida animal y a un período de retroceso, no de progreso.

Al tratar este tema tendré que generalizar y lógicamente serán muchas las excepciones a las reglas formuladas y a las clasificaciones sugeridas. Estoy tratando el tema en su totalidad, y mi tópico, por lo tanto, se refiere a la amenaza de la actual actitud, a la necesidad de una mayor comprensión y a la importancia  de reordenar las ideas de los hombres respecto a este asunto vital. La actitud que adopta el salvaje ignorante hacia la vida sexual, y la del iniciado, mentalmente polarizado y espiritualmente orientado en este tema, serán tan distintas, que superficialmente no habrá punto alguno de similitud; sin embargo, ambas actitudes fundamentalmente son muy similares y se acercan más a. la realidad que la del hombre común de hoy. Uno está controlado por el ritmo de su naturaleza animal y desconoce, como el animal salvaje, el mal y la vil promiscuidad del hombre civilizada; el otro vive una vida controlada, regido por el poder de la mente y animado por el deseo de hacer bien a la humanidad. Entre los dos extremos existen los diversos puntos de vista, el sin fin de ideas distintas, las innumerables costumbres, la diversidad de las relaciones (legítimas e ilegítimas), las incontables reacciones animales y sicológicas, las diversas ceremonias nupciales y la gran variedad de perversiones del proceso natural que caracteriza al hombre moderno en todas partes del mundo. Éstas a su vez varían en las diversas civilizaciones y bajo la influencia de las distintas condiciones climáticas.

Por lo tanto se evidencia -¿no es así?- que no es parte de mi servicio dar a los lectores de este libro un detallado análisis de las costumbres matrimoniales de las épocas pasadas y presentes. Mi trabajo no consiste en detallar los errores, las malas consecuencias, los diversos tipos de perversión y las sádicas crueldades que han surgido por el abuso que el hombre ha hecho del proceso natural y de su cónyuge, ni dilucidar su estúpida y errónea interpretación de la Ley de Atracción y Repulsión. No tendría valor alguno que expusiera en la breve dilucidación de este tema tan vasto, cualquiera de las teorías que los hombres han formulado en la búsqueda de soluciones que son legión. Todas contienen una medida de la verdad. La mayoría expresa la profunda ignorancia del hombre y puede estudiarlas en cualquier momento el estudiante que dispone de tiempo para leer, inteligencia para ver con claridad y sin prejuicios, y dinero para comprar la literatura necesaria.

No puedo ni deseo tratar el aspecto médico y fisiológico del vicio, sea el de la promiscuidad o del matrimonio infeliz. En la actualidad el mejor servicio que puedo prestarles es indicarles las leyes que deben regir la vida de los hombres, especialmente en lo que concierne al sexo, y señalar hasta ¡ donde puedo y me atrevo!, por qué y cómo se han producido las peculiares y singulares condiciones de hoy. Quizás pueda dar ciertas sugerencias que, debidamente consideradas, ayudarán a despejar de la mente esos puntos de vista falsos e ilusorios que impiden que el  hombre vea realmente, lo cual puede ayudarlo a descubrir él hilo dorado de luz que a su debido tiempo lo conducirá a su solución.

Una cosa diré por penosa que parezca y es, que no hay solución inmediata para el problema sexual que hoy nos enfrenta. Durante épocas los hombres han abusado y empleado incorrectamente una función otorgada por Dios; han prostituido su primogenitura, y por su relajamiento, libertinaje y su falta de control, han introducido una era de enfermedades, tanto mentales como físicas, actitudes incorrectas y relaciones ilusorias, que requerirán varios siglos eliminarías; también han traído a la existencia con demasiada rapidez millares de seres humanos que aún no estaban preparados para experimentar esta encarnación, y necesitaban intervalos más extensos entre los nacimientos para asimilar ciertas experiencias. Las almas que no han evolucionado todavía encarnan rápidamente; las más evolucionadas requieren períodos más extensos para cosechar los frutos de la experiencia. Estas almas son las que pueden ser traídas prematuramente a la encarnación, porque están abiertas al poder atractivo magnético de quienes viven en el plano físico. El proceso está de acuerdo a la ley; las almas no evolucionadas progresan bajo la ley grupal, como lo hacen los animales, mientras que las que están algo más evolucionadas son susceptibles a la atracción de los entes humanos, y las ya evolucionadas vienen a la encarnación de acuerdo a la ley del servicio, y por deliberada elección de sus almas conscientes.

Dividiré lo que tengo que decir en cuatro partes, a efecto de una mayor claridad y rápida referencia:

1. Definiciones del sexo, la virtud y el vicio.

2. El sexo en la nueva era.

3. Algunas sugerencias para el momento actual.

4. El sexo y la vida del discipulado.

No me ocuparé de la historia ni de los detalles de la evolución racial, porque están necesariamente vinculados con el problema sexual, pero sus implicaciones son muy vastas para mi actual propósito. Como he dicho no trato los aspectos fisiológicos del sexo, ni las enfermedades incidentales al abuso de la función, ni el tema de la esterilización, excepto en lo que cabe al considerar al hombre moderno. Tampoco puedo referirme a las disidencias que existen entre las distintas escuelas de pensamiento, porque no escribo desde un punto de vista especifico como el de la religión, la moral o el partidismo. El tópico es más amplio y más grande que cualquier punto de vista religioso y las afirmaciones morales de las pequeñas mentalidades. Lo que se considera moralidad en  un país o en una relación específica, en otro puede ser totalmente opuesto. Lo que se considera legal en una parte del mundo es ilegal en otra. Lo que constituye un problema difícil bajo cierta condición climatérica, presenta un problema diferente en otras circunstancias. La poligamia, la promiscuidad y la monogamia han predominado y predominan cíclicamente en diferentes partes del mundo durante épocas y están hoy establecidas simultáneamente en la tierra. Cada una a su vez ha sido o es correcta, legal y apropiada, o ilegal, incorrecta e inapropiada. Cada una de esta formas de interpretar la relación sexual ha sido objeto de ataques o defensa, de virtuoso rechazo o argumentos capciosos; cada una ha sido la costumbre y el correcto método de acuerdo a la localidad, tradición, entrenamiento y actitud de los hombres que la practicaron. En algunos países una mujer puede tener muchos maridos y en otros un marido está autorizado legalmente a tener cuatro esposas, si lo desea, y en el harem y en la cabaña de un jefe hotentote prevalecen tales condiciones. En Occidente, un hombre tiene legalmente una esposa, pero a través de la promiscuidad y las llamadas aventuras "románticas", tiene realmente tantas como un jefe africano; hoy día las mujeres hacen lo mismo.

He enumerado estas condiciones sin espíritu de crítica, sino simplemente como aseveración de la realidad, a fin de despertar la comprensión del lector común sobre una condición mundial que probablemente es muy diferente de lo que generalmente se supone. No escribo para los especialistas, sino para los estudiantes inteligentes término medio, que necesitan una visión mundial de las condiciones existentes.

Es divinamente verdad que la tendencia de los pensamientos y los deseos del hombre se dirigen a establecer la monogamia, pero todavía esto no se ha logrado en forma universal. Si encaramos esta cuestión con valor y honestidad llegaremos a la conclusión de que en el transcurso de las épocas los hombres nunca fueron monógamos. Las mujeres en el pasado lo han sido más que los hombres, pero quizás ahora no, porque el conocimiento moderno inculca también métodos modernos para protegerse del riesgo y el dolor del parto. Hasta ahora la procreación ha sido considerada como el obstáculo y el castigo de las relaciones sexuales legales o ilegales. ¡ Pensemos en el horror que se desprende de estas palabras! Lógicamente siempre hubo y habrá mujeres que practican el antiguo comercio de la promiscuidad, pero aquí sólo me refiero a las mujeres del hogar.

¿ Me creerán, si les digo, que la situación mundial de hoy, en lo que respecta al sexo, es tan crítica y grave que no hay un  pensador que pueda aún ver la solución, o que halle -no importa cuán claro o erudito sea su modo de pensar- salida a la actual encrucijada? Las tradiciones, las costumbres y las prácticas, con sus inevitables consecuencias y su larga permanencia, sirven para aturdir las mentes más esclarecidas. El resultado físico del acto sexual efectuado dentro o fuera del matrimonio legalizado no sólo ha sido producir la vida humana, sino gran parte de las enfermedades, insania, tendencias malignas e impulsos pervertidos que hoy día llenan nuestros hospitales, clínicas neuropsiquiátricas, sanatorios, prisiones y manicomios.

La juventud, especialmente la idealista y la que piensa con claridad, enfrenta una situación que desafía todos sus esfuerzos por comprenderla. No sabe qué pensar o creer. Observan que forman parte de hogares santificados por el matrimonio legal y descubren (en gran escala) nada más que desdicha, prostitución legalizada, mala salud y la búsqueda de relaciones ilícitas fuera del hogar; niños no deseados y abandonados, disidencias entre cónyuges desavenidos y divorcios, y no hallan respuesta a sus numerosas e inteligentes preguntas. Así buscan en otra parte y ven la vida que llevan quienes han eludido la responsabilidad matrimonial, hallando nada más que descontento, vida sexual secreta, mala salud por inhibición de los instintos naturales, condiciones sicológicas del peor tipo, a veces hijos ilegítimos, perversiones sexuales y la creciente tendencia hacia lo que se denomina homosexualidad. La juventud se siente abatida por la total confusión y no haya respuesta a sus interrogantes. Se ha dirigido a los hombres del mundo solicitando solución y ayuda y no obtiene una clara respuesta ni una sólida filosofía sana o instrucción fundamental. Se le puede ofrecer un sólido sentido común y aconsejarle que evite excesos y condiciones que perjudican su salud o darle la responsabilidad de encauzar y rectificar la situación económica. Se le puede señalar la moralidad del pasado y advertirle los resultados inevitables cuando se transgreden las leyes de la naturaleza y se prostituye el cuerpo físico por los deseos irreprimidos. Se le puede elogiar las virtudes de vivir con rectitud y recalcar el hecho de que son hijos de Dios. Todo esto es bueno, correcto y útil, pero no se le ofrece una verdadera solución, ni se arroja luz sobre su problema y tampoco se disipa su confusión. Quizás podría dirigirse a la gente de orientación religiosa y recurrir al clero ortodoxo. Se le puede pedir que sea buena, citar ejemplos de los santos, sumergírsela en un torrente de mandatos puritanos, conocidas verdades beatíficas y explicaciones que no convencen, basadas frecuentemente en prejuicios y predilecciones personales. Pero raras veces se emite una nota clara y lo único que puede hacerse es enunciar la Ley Mosaica: harás... ". A la juventud investigadora de la actual generación no le satisface su anhelo de conocer el hecho de que Dios dice esto o aquello, o la Biblia ordena esto, aquello o lo otro. La esperanza de que obtendrá el cielo y recibirá su justa recompensa si practica la autodisciplina, el autocontrol y la abstinencia sexual, está muy lejos de contrarrestar las tentaciones del mundo circundante y los insistentes impulsos que surgen dentro del hombre mismo.

Es verdad que existen muchas personas que resisten la "tentación de la carne" y también es cierto que existen hombres y mujeres que pasan por la vida puros y sin contaminarse. Hay almas avanzadas que son la gloria de la humanidad, cuyas vidas están separadas de la naturaleza animal y cuyas mentes controlan sus actos cotidianos. Pero muchas de ellas viven en otro mundo distinto de pensamiento e intereses y no son tentados como los hijos de los hombres cuyas inclinaciones son de naturaleza animal. Tenemos lógicamente también los que se abstienen de obrar mal por temor a los resultados en el cuerpo físico o en el más allá, mundo que denominan del castigo. Pero ¿ cuál de estas personas, aún la más buena y santa, puede hablar con verdadera sabiduría y comprensión sobre este problema universal? ¿ Cuál de ellas puede ver actualmente el camino de salida para la humanidad? ¿Y cuál es la que comprende la razón de toda esta angustia, maldad y pecado, surgidos de las relaciones sexuales? ¿ Quién realmente comprende el verdadero significado de la vida sexual y el lugar que ocupa en el gran esquema de las cosas, y la razón de la relación entre los sexos? ¿ Cuál de ellas puede decir con verdadera visión cuál será el próximo paso evolutivo, dónde iremos y cuál será el progreso inmediato?

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