Psicología Esotérica I. El alma es el principio sensible que subsiste


Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones.
Maestro Djwhal Khul
Alice A. Bailey
Psicología Esotérica I.

D.        El alma es el principio sensible que subsiste en toda manifestación externa, compenetra todas las formas y constituye la conciencia de Dios Mismo. Cuando el alma, sumergida en la sustancia, es simplemente sensibilidad, agrega, mediante su interacción evolutiva, la cualidad y la capacidad de reaccionar a la vibración y al medio ambiente. Así se expresa el alma en los reinos subhumanos de la naturaleza.

Cuando el alma, expresión de sensibilidad y cualidad, agrega a éstas la capacidad de percibir al yo en forma desapegada, aparece esa entidad auto identificada que llamamos un ser humano.

Cuando el alma agrega a la sensibilidad, a la cualidad y al auto percepción, la conciencia grupal, tenemos entonces la identificación con el grupo de un rayo y aparece el discípulo, el iniciado y el maestro.

           Cuando el alma agrega a la sensibilidad, a la cualidad, a la autopercepción y a la conciencia grupal, la conciencia del propósito sintético divino (denominado el Plan), tenemos entonces ese estado de ser y conocimiento que caracteriza a todos los que están en el Sendero de Iniciación, incluyendo a esas Vidas graduadas desde el discípulo más avanzado hasta el Logos planetario mismo.

No olvidemos al hacer estas diferenciaciones que existe sin embargo una sola Alma, la cual funciona y actúa a través de vehículos de diversas capacidades y distintos refinamientos, con mayores y menores limitaciones, así como un hombre constituye una sola identidad que actúa a veces mediante un cuerpo físico y otras a través de un cuerpo sensorio, o de un cuerpo mental, y aún otras llega a conocerse como el Yo -acontecimiento raro y poco común aún para la mayoría. Cada forma manifestada realiza dos cosas:

1.         Se apropia o es compenetrada por el alma del mundo, hasta donde le permite su capacidad. Tanto el átomo de la sustancia como la molécula o la célula, poseen alma, pero no en el mismo grado que un animal; un animal tiene alma, pero no en el mismo grado que la tiene un Maestro, y así sucede arriba o abajo de la escala.

2.         A través de la interacción entre el alma que mora internamente y la forma, ocurren dos cosas:

a.         La sensibilidad y la cualidad se expresan según el tipo de cuerpo y su grado de evolución.

b.         La compenetrante alma impele a la actividad a la naturaleza corpórea y la impulsa a ir adelante en el sendero del desarrollo, proporcionando así al alma un campo de experiencia, y al cuerpo una oportunidad de reaccionar al impulso superior del alma. Así también se beneficia el campo de expresión y el alma domina la técnica de hacer contado, lo cual es su objetivo, en cualquier forma dada.

 Por lo tanto, el alma vista desde cierto ángulo, es un aspecto porque hay un alma en todos los átomos que componen los cuerpos de todos los reinos de la naturaleza. La sutil alma coherente, resultado de la unión del espíritu y la materia, existe como una entidad aparte de la naturaleza corpórea, y constituye (cuando está separada del cuerpo) el cuerpo etérico o el doble, como se lo denomina a veces, o la contraparte del cuerpo físico. Ésta es la suma total del alma de los átomos que constituyen el  cuerpo físico. Ésta es la verdadera forma, el principio de coherencia en cada forma.

El alma, en relación con el ser humano, es el principio mente, en dos funciones, o la mente que se expresa de dos maneras. Estos dos modos se registran y llegan a ser parte del equipo organizado del cuerpo humano cuando está adecuadamente refinado y suficientemente desarrollado:

1.         La mente concreta inferior, el cuerpo mental, "chitta" o sustancia mental.

2.         La mente superior espiritual o abstracta.

Estos dos aspectos del alma, sus dos cualidades básicas, traen el reino humano a la existencia y permiten al hombre establecer contacto con los reinos inferiores de la naturaleza y con las realidades superiores espirituales. El primero, la cualidad de la mente en su manifestación inferior, lo posee potencialmente cada átomo contenido en cada forma y en cada reino de la naturaleza. Es parte de la naturaleza corpórea inherente y potencial y la base de la hermandad, la unidad absoluta, la síntesis universal y la divina coherencia de la manifestación. El segundo, el aspecto superior, es el principio de autopercepción, y cuando se combina con el aspecto inferior produce la autoconciencia del ser humano. Cuando el aspecto inferior ha dado forma y ha compenetrado las formas en los reinos subhumanos, y cuando ha trabajado sobre esas formas y su sensibilidad latente, a fin de lograr un adecuado refinamiento y sensibilidad, la vibración se hace tan poderosa que atrae a lo superior y produce fusión o unificación. Esto es análogo a una recapitulación superior de la unión inicial del espíritu y la materia, que trajo el mundo a la existencia. Así viene un alma humana a la existencia, así comienza su larga carrera y ahora es un ente diferenciado.

La palabra Alma se emplea para expresar el summum de la naturaleza síquica -el cuerpo vital, la naturaleza emocional y la materia mental. Una vez alcanzada la etapa humana es algo más, es una entidad espiritual, un ser síquico consciente, un hijo de Dios que posee vida, cualidad y apariencia -la peculiar manifestación en tiempo y espacio de las tres expresiones del alma que acabo de definir:

1.         El alma de todos los átomos que componen la apariencia tangible.

2.         El alma personal o la suma total sutil y coherente que llamamos Personalidad, compuesta de los cuerpos sutiles -etérico o vital, astral o emocional y el aparato mental inferior. La humanidad comparte estos tres vehículos con el reino animal en lo que concierne a la vitalidad, la sensibilidad y la mente potencial; con el reino vegetal en lo que concierne a la vitalidad y a la sensibilidad, y con el reino mineral en lo que concierne a la vitalidad y a la sensibilidad potencial.

3.         El alma es también el ser espiritual, o la unión de la vida y la cualidad. Cuando se establece la unión de las tres almas, según se las denomina, tenemos un ser humano.

Así se establece en el hombre la mezcla o fusión de vida, cualidad y apariencia, o espíritu, alma y cuerpo, por medio de una forma tangible.

En el proceso de diferenciación estos diversos aspectos han atraído la atención, pero la síntesis subyacente ha sido pasada por alto o descartada. Sin embargo, todas las formas son diferenciaciones del alma, pero dicha alma es una sola Alma cuando se la observa y considera espiritualmente. Cuando se la estudia desde el punto de vista de la forma no se percibe nada más que diferenciación y separación. Cuando se la estudia desde el aspecto conciencia o sensibilidad, emerge la unidad. Cuando se alcanza la etapa humana y la autopercepción y se fusiona con la sensibilidad de las formas y con la minúscula conciencia del átomo, comienza tenuemente a surgir en la mente del pensador la idea de una posible unidad subjetiva. Cuando se alcanza la etapa del discipulado, el hombre empieza a considerarse como parte sensible de un todo sensible, y lentamente reacciona al propósito e intención de este todo. En forma paulatina capta el propósito, a medida que entra conscientemente en el ritmo de la totalidad, de la que él es una parte. La parte se pierde en el todo cuando se alcanzan etapas más avanzadas y formas más sutiles y refinadas; el ritmo del todo somete al individuo a una participación uniforme en el propósito sintético, pero la comprensión de la autopercepción individual persiste y enriquece la contribución individual que ahora se ofrece inteligente y voluntariamente, de modo que la forma no sólo constituye un aspecto de la totalidad (que siempre e inevitablemente ha sido así, aunque no sea comprendido), sino que la consciente entidad pensante conoce la rectilidad de la unidad de la conciencia y de la síntesis de la vida. Tres factores debemos tener en cuenta a medida que leemos y estudiamos:

1.         La síntesis de la vida                       espíritu

2.         La unidad de la conciencia            alma

3.         La integración de las formas         cuerpo

 Estos tres siempre han estado unidos, pero la conciencia humana no lo ha sabido. Su comprensión y su integración en la técnica del vivir, constituyen para el hombre el objetivo de toda su experiencia evolutiva.

Hablando en forma simbólica consideremos ahora al Alma universal o conciencia del Logos que trajo a la existencia nuestro universo, y consideremos a la Deidad como que compenetra con Su vida la forma de Su sistema solar, la cual es consciente de Su trabajo, de Su proyecto y de Su meta. Este sistema solar es una apariencia, pero Dios permanece trascendente. Dentro de todas las formas Dios es inmanente y, sin embargo, permanece apartado y separado. Así como un ser humano pensante e inteligente, actúa por medio de su cuerpo, pero mora principalmente en su conciencia mental o en sus procesos emocionales, así Dios mora absorbido en Su naturaleza mental, y el mundo creado y compenetrado con Su vida avanza hacia la meta para la cual Él lo ha creado. Sin embargo dentro del radio de Su manifestante forma se llevan a cabo grandes actividades; se observan distintos estados de conciencia y etapas de percepción; surgen distintos grados de sensibilidad, y hasta en el simbolismo de la forma humana tenemos los diferentes estados de sensibilidad, tal como los registrados por el cabello, los organismos internos del cuerpo, el sistema nervioso, el cerebro y la entidad que llamamos yo -que registra la emoción y el pensamiento. De la misma manera la Deidad, dentro del sistema solar, expresa amplias diferencias de conciencia.

Existe una conciencia del cuerpo; existe un mecanismo sensorio que registra las reacciones del medio ambiente; existe una conciencia de los estados de ánimos, de la cualidad, de las reacciones mentales al mundo de las ideas; existe una conciencia más elevada del plan y del propósito, y existe una conciencia de la vida.

Es interesante observar, en relación con la Deidad, que esta respuesta sensoria al medio ambiente es la base de toda la astrología y el efecto de las constelaciones sobre el sistema solar y las fuerzas interplanetarias.

En relación con el hombre podríamos resumirlo de la manera siguiente:

La naturaleza forma del hombre reacciona conscientemente a la naturaleza forma de la Deidad. La vestidura externa del alma (física, vital y síquica) es parte de la vestidura externa de Dios.

El alma del hombre autoconsciente se halla en armonía con el alma de todas las cosas. Es parte integrante del alma universal, y debido a eso puede llegar a percibir el propósito consciente de Deidad, colaborar inteligentemente con la voluntad de Dios y trabajar con el plan de la Evolución.

El espíritu del hombre es uno con la vida de Dios, y está dentro de él, profundamente arraigado en su alma, así como el alma está arraigada en su cuerpo.

El espíritu, en algún tiempo lejano, lo pondrá en armonía con ese aspecto de Dios que es trascendente, y así cada hijo de Dios hallará oportunamente su camino hacia ese centro -absorbido y abstraído- donde mora Dios, más allá de los confines del sistema solar.

Estas palabras son formuladas en un esfuerzo por trasmitir una idea del orden, del plan, de la síntesis universal, de la integración, de la incorporación del fragmento en el todo, y de la parte con el todo.

Trataré de responder a la segunda pregunta, recordando que lo único que puedo hacer es penetrar simbólicamente en los propósitos prácticos de la Deidad. Como escribo para simples aspirantes, no puedo trasmitir la verdad hasta que llegue el momento en que se establezca una armonía completa, con sus propias almas, o más completa de lo que es ahora. Sin embargo, el esfuerzo por captarlo que no puede ser expresado con palabras produce una precipitación de la mente abstracta o intuición, lo cual a su vez estimula y desarrolla las células cerebrales y produce una constante estabilidad del poder de permanecer en el "ser espiritual"; entonces es posible captar lo inexpresable y vivir por el poder del mismo.

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