Los Maestros y el sendero. Capítulo VI Otras presentaciones

Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones.
Rev. C.W. Leadbeater
Los Maestros y el sendero.

Capítulo VI

Otras presentaciones

Durante todo este tiempo, mientras el Maestro se sirve de su discípulo como de un aprendiz, lo predispone para presentarlo a la Gran Fraternidad Blanca y recibir la iniciación. El principal objeto de esta Fraternidad es favorecer la evolución, y el Maestro sabe que cuando el discípulo esté dispuesto a tener el estupendo honor de ingresar en ella será muchísimo más útil al mundo que hasta entonces. Por lo tanto, el deseo del Maestro es realzar al discípulo lo más pronto posible a tan alto nivel. En los libros orientales que tratan del asunto, escritos hace millares de años, se encuentran muchos relatos referentes a este primer período de instrucción, llamado en la primitiva bibliografía teosófica el Sendero de Probación, que no significa el tiempo durante el cual pone un Maestro a prueba a un candidato al discipulado, sino un curso de enseñanzas preparatorias para la iniciación. Yo mismo empleé dicho título en mi obra Protectores invisibles; pero desde entonces ya no lo uso, a fin de evitar la confusa ambigüedad dimanante de emplear una misma denominación con dos distintos significados.

El método empleado es fácilmente comprensible y algo semejante al seguido en nuestras antiguas universidades. Si el estudiante desea obtener un grado universitario ha de sufrir el examen de ingreso para que lo admitan en una de las Facultades. El decano de la Facultad es técnicamente responsable del adelanto del alumno, de quien debe considerarse principal tutor. El alumno ha de trabajar de firme en los estudios, pero el decano de la Facultad ha de asegurarse de que está bien dispuesto a recibir el grado. El decano no confiere personalmente el grado, sino la abstracta entidad llamada Universidad y en representación el rector. La Universidad y no el decano dispone el examen del alumno y confiere los diversos grados. La misión del decano es procurar que el alumno esté suficientemente preparado, y en cierto modo es responsable de esta preparación durante la cual puede relacionarse particularmente con el alumno sin que esta relación tenga el menor carácter oficial.

De análoga suerte, la Gran Fraternidad Blanca nada tiene que ver con las relaciones entre Maestro y discípulo. Este es un asunto que concierne exclusivamente al Maestro. La iniciación se confiere por el miembro que al efecto señala la Fraternidad y en nombre del único Iniciador. Solamente así es posible recibir la iniciación. Cuando el Maestro considera que su discípulo está suficientemente preparado, lo comunica a la Fraternidad y después lo presenta para la primera iniciación. La Fraternidad se limita a preguntar si el candidato está convenientemente dispuesto, sin inmiscuirse para nada en las relaciones que haya podido tener con su Maestro, pues no le importa que se halle en cualquiera de las etapas de probación, aceptación o filiación. Han de proponer y garantizar al candidato dos miembros de la Fraternidad que ostenten el grado de adepto, y seguramente ningún adepto propondrá ni responderá de un candidato a la iniciación si no está plenamente convencido de su aptitud por haberse identificado con su conciencia.

Por lo tanto, el Sendero probatorio es una etapa conducente al Sendero propiamente dicho que comienza en la primera iniciación. Los libros orientales describen estos senderos impersonalmente, como si no interviniese el Maestro. Se formula la siguiente pregunta:

« ¿Cómo viene a este sendero probatorio un hombre mundano y cómo llegó a conocer la existencia del sendero?»

Señalan los libros cuatro causas, de las que una sola basta para determinar la entrada en el sendero probatorio. Primera, por el conocimiento y trato de alguien ya interesado en el asunto.

Por ejemplo, algunos de nosotros podemos haber sido frailes o monjas en la edad media y habernos tratado con un abad o abadesa que tuviera ya un conocimiento tan profundo de la vida interna como el que tuvo Santa Teresa, deseando vivamente poseer el mismo conocimiento, sin el menor propósito egoísta, ni pensando en la importancia o satisfacción personal que pudiera allegarnos sino tan sólo en el placer de auxiliar al prójimo como veíamos que el abad lo auxiliaba con su profundo discernimiento. Semejante anhelo en aquella vida, seguramente nos relacionaría en la próxima encarnación con las enseñanzas sobre el asunto.

En los países occidentales, el único medio de adquirir los conocimientos referentes a la vida interior es el de leer libros teosóficos o ingresar en la Sociedad Teosófica. Hay tratados de índole mística y espiritualista que exponen con alguna amplitud dichas enseñanzas, pero no conozco ninguno que tan clara y científicamente las puntualice como la bibliografía teosófica ni sé de obra alguna tan copiosa como La Doctrina Secreta.

Por supuesto que los libros sagrados de la India y de otras naciones tratan prolijamente del asunto, pero de un modo difícil de entender para los occidentales. Cuando después de muchas obras teosóficas leemos las buenas traducciones de los orientales hallamos en ellas nuestras enseñanzas teosóficas. En la Biblia cristiana, aunque en muchos pasajes no está bien traducida desde nuestro punto de vista, encontramos enseñanzas teosóficas, mas para encontrarlas es preciso conocer la Teosofía, y una vez conocida echamos de ver que no pocos pasajes la corroboran y no pueden tener exégesis racional sin ella. Vemos entonces cómo muchas ceremonias religiosas, al parecer insignificantes, cobran vida e interés, iluminadas por las enseñanzas teosóficas. Sin embargo, nunca he conocido el caso de que alguien indujera de las ceremonias o de los pasajes bíblicos las enseñanzas teosóficas. Así tenemos que uno de los medios de acercarse al sendero es el trato y relación con quienes ya lo están hollando.

Otro medio es el de leer u oír algo sobre el asunto. Yo conocí las enseñanzas teosóficas el año 1882 por haber leído El Mundo oculto y El Budismo esotérico de Sinnett. Instintivamente comprendí que estos libros decían verdad, y la acepté con el encendido anhelo y la deliberada intención de aprender cuanto pudiese sobre el asunto aunque para dio hubiera de recorrer todo el mundo. Poco después renuncié a mi posición en la Iglesia anglicana y me fui a la India, que me parecía país más favorable a mi actividad.

El tercer medio de acercarse al Sendero que mencionan los libros orientales es el del acrecentamiento intelectual. A fuerza de mucho pensar puede uno comprender los principios teosóficos, aunque me parece que rara vez se logra por este medio.

El cuarto, es el dilatado ejercicio de la virtud y la práctica del bien en cuanto alcance el conocimiento del individuo, quien, por lo tanto recibirá cada vez más luz.

Hace cuarenta años, cuando se me expusieron las cualidades necesarias desde el punto de mira del budismo esotérico para entrar en el sendero, eran las siguientes:

Primeramente el discernimiento, llamado en sánscrito viveka o manodvaravajjana, que significa la apertura de las puertas de la mente o más bien el escape por la puerta de la mente. Esta es una muy apropiada expresión, puesto que el discernimiento deriva de que nuestra mente se ha abierto de modo que podamos distinguir entre lo real y lo ilusorio, lo apetecible y lo desdeñable y entre los pares de opuestos.

La segunda cualidad es la indesideración, llamada vairagya por los indos, y se me describió en el sentido de parikamma, que significa la preparación para actuar en el mundo oculto, aprendiendo a obrar bien por exclusivo amor al bien. Esto implica el logro de una superior indiferencia en que ya no preocupa el resultado o fruto de la obra, lo cual equivale a indesideración aunque expresado en distinta forma.

Los seis puntos o normas de buena conducta, llamados shatsampatti en el sistema índico, se me representaron como upacharo, que significa vigilancia de la conducta. Por si el estudiante compara los seis puntos con los expuestos en A los pies del Maestro, reproduciré lo que sobre ellos dije en Protectores invisibles.

En idioma pali se denominan como sigue:

1.         ° Samo. Significa quietud y es aquella calma y pureza de pensamiento que proviene del completo dominio de la mente. Es cualidad dificilísima de lograr, y sin embargo de todo punto necesaria, porque a menos que la mente actúe en completa obediencia a la voluntad no podrá ser útil instrumento de la obra del Maestro. Esta cualidad incluye a la par el dominio propio y la calma necesaria para actuar en el mundo astral.

2° Dama. Significa subyugación. Es el dominio y por consiguiente la pureza de palabras y acciones. Deriva necesariamente de la cualidad anterior.

3.° Uparati. Significa cesación y consiste en desechar toda mojigatería y también desechar la creencia en la necesidad de las ceremonias prescritas por tal o cual religión, a fin de que el aspirante logre la independencia de pensamiento acompañada de generosa tolerancia.

4° Titikkha. Equivale a paciencia. Consiste en sufrir gozosamente todo cuanto el karma nos depare y desprendernos de las cosas mundanas siempre que sea necesario. También incluye la carencia de rencor o resentimiento por los agravios recibidos, pues sabe el candidato que quienes le agravian son instrumentos de su propio karma.

5.° Samadhana. Significa asiduidad y consiste en la firmeza de propósito y conducta, de suerte que la tentación no pueda en modo alguno desviar del sendero al candidato.

6. ° Saddha. Equivale a fe y estriba en la confianza en el Maestro y en uno mismo, es decir, que se considera al Maestro como un instructor competente, y aunque el discípulo desconfíe de sus propias facultades tiene en su interior la chispa del fuego divino que cuando se convierta en llama lo capacitará para hacer cuanto hace el Maestro.

La cuarta cualidad en la clasificación hinduista se llama mumukshutva y se traduce por el vehemente deseo de liberación de la rueda de muertes y nacimientos, mientras que los budistas la denominan anuloma, equivalente a orden o sucesión y significa que es una cualidad derivada de las otras tres.

De la comparación de los diversos sistemas se infiere que son fundamentalmente las mismas las cualidades que el candidato ha de cultivar para predisponerse a la primera iniciación, por más que de pronto parezcan diferentes.

Seguramente que durante veinticinco siglos y quizás aún antes de este lapso, se siguió dicho sistemático procedimiento respecto a la evolución de quienes se deciden a marchar adelante; y aunque en algunas épocas, como por ejemplo la actual, son las circunstancias mucho más favorables para la iniciación, los requisitos no varían, y hemos de tener cuidado para no incurrir en el error de que se han aminorado algún tanto las cualidades.

Así vemos que por distintos caminos se llega al mismo punto de la iniciación.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Psicología Esotérica I. ¿ Cuáles son el origen, la meta, el propósito y el plan del Alma?

Capítulo IV: EL PROBLEMA DEL CAPITAL, EL TRABAJO Y EL EMPLEO

EL SENTIDO ESOTÉRICO