Buena Voluntad Mundial. Secuencia 6.
Recopilación
exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones.
Buena Voluntad Mundial.
Secuencia 6.
LA GRAN INVOCACIÓN
Desde el punto de Luz en la Mente de Dios, Que afluya Luz a las mentes de los hombres; Que la Luz descienda a la Tierra.
Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios, Que afluya Amor a los corazones de los hombres; Que Cristo retorne a la Tierra.
Desde el Centro donde la Voluntad de Dios es conocida,
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres,
El Propósito que los Maestros conocen y sirven.
Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,
Que se realice el Plan de Amor y de Luz y selle la puerta donde se halla el mal.
Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.
Esta invocación no es propiedad
de ningún individuo o grupo en especial. Pertenece a toda la humanidad.
Empleándola o estimulando a otros para que la reciten, no se favorece a ningún
grupo ni organización determinada. La belleza y la fuerza de esta Invocación
reside en su sencillez y en que expresa ciertas verdades esenciales que todos
los hombres aceptan innata y normalmente: la verdad de la existencia de una
Inteligencia básica a la que vagamente damos el nombre de Dios; la verdad de
que detrás de las apariencias externas el Amor es el poder motivador del
Universo; la verdad de que vino a la tierra una gran Individualidad llamada el
Cristo por los cristianos, que encarnó ese amor para que pudiéramos
comprenderlo; la verdad de que el Amor y la inteligencia son consecuencia de la
Voluntad de Dios, y finalmente de que el Plan Divino sólo puede desarrollarse a
través de la humanidad misma.
Alice A. Bailey
www.lucis.org
LA GRAN INVOCACIÓN
La belleza y la fuerza de esta
Invocación reside en su sencillez y en que expresa ciertas verdades esenciales
que todos los hombres aceptan innata y normalmente: la verdad de la existencia
de una inteligencia básica a la que vagamente damos el nombre de Dios; la
verdad de que detrás de todas las apariencias externas el Amor es el poder
motivador del Universo; la verdad de que vino a la tierra una gran
Individualidad, llamada Cristo por los cristianos, que encarnó ese amor para
que pudiéramos comprenderlo; la verdad de que el amor y la inteligencia son,
ambos, efectos de la Voluntad de Dios; y finalmente la verdad evidente de que
el Plan divino sólo puede desarrollarse a través de la humanidad misma.
Toda la Invocación se refiere a
ese inminente, influyente y revelador depósito de energía, causa inmediata de
todos los acontecimientos sobre la Tierra, que indican el surgimiento de algo
nuevo y mejor; estos acontecimientos demuestran el avance de la conciencia
humana hacia una mayor luz.
Por lo general el llamado
invocador ha sido hasta ahora de naturaleza egoísta y formulado
momentáneamente. Los hombres oraron para sí mismos, invocaron la ayuda divina
para quienes ellos amaron y dieron a sus necesidades fundamentales una
interpretación material. Esta Invocación es una plegaria mundial, no contiene
ninguna demanda personal ni anhelo invocador transitorio; expresa la necesidad
de la humanidad y supera todas las dificultades, dudas e interrogantes,
llegando directamente a la Mente y al Corazón de Aquel en Quien vivimos, nos
movemos y tenemos nuestro ser, Aquel que permanecerá con nosotros hasta el fin
de los tiempos y “hasta que el último cansado peregrino haya encontrado su
camino al hogar”.
DESDE EL PUNTO DE LUZ EN LA MENTE DE DIOS,
QUE AFLUYA LUZ A LAS MENTES DE LOS HOMBRES; QUE LA LUZ DESCIENDA A LA TIERRA.
Las primeras tres líneas se
refieren a la Mente de Dios como punto focal para obtener luz divina. Esto
concierne al alma de todas las cosas. El término alma con su máximo atributo de
iluminación, incluye al alma humana y a ese punto culminante que consideramos
como el alma “influyente” de la humanidad que aporta luz y difunde la
iluminación. Es necesario tener presente que la luz es energía activa.
Cuando invocamos la Mente de
Dios y decimos: “Que afluya luz a las mentes de los hombres, que la Luz
descienda a la Tierra”, expresamos una de las grandes necesidades de la
humanidad y —si la oración y la plegaria contienen algún significado— la
respuesta vendrá con toda seguridad y certeza. Cuando los pueblos, en todo
momento, en todas las circunstancias y en todas las épocas, sienten la
necesidad de implorar a un centro espiritual invisible, podemos tener la plena
seguridad de que dicho centro existe. La invocación es tan antigua como la
humanidad misma.
Cristo dijo que los hombres “prefieren la oscuridad a la luz porque sus obras son malas”. Sin embargo, la gran belleza incipiente del momento actual reside en que la luz llega a todo lugar oscuro y nada de lo que está oculto quedará sin revelar. Los pueblos reconocen la oscuridad y la miseria actuales, y por consiguiente dan la bienvenida a la luz. Una de las mayores necesidades actuales consiste en iluminar las mentes humanas a fin de que vean las cosas tal cual son y comprendan los correctos móviles y la forma de establecer rectas relaciones humanas. En la luz que trae la iluminación finalmente veremos la luz y llegará el día en que millares de los hijos de los hombres e innumerables grupos podrán decir con Hermes y con Cristo: “Yo soy (o somos) la luz del mundo”.
DESDE EL PUNTO DE AMOR EN EL CORAZÓN DE DIOS,
QUE AFLUYA AMOR A LOS CORAZONES DE LOS HOMBRES; QUE CRISTO RETORNE A LA TIERRA.
Las tres líneas de la segunda
estrofa conciernen al Corazón de Dios y se refieren al punto focal de amor. El
“corazón” del mundo manifestado es la Jerarquía espiritual —ese gran agente que
trasmite amor a todas las formas de la manifestación divina.
Amor es una energía que debe
llegar a los corazones de los hombres y fecundar a la humanidad con la cualidad
de la comprensión amorosa; cuando el amor y la inteligencia se unen, se dice
que expresan eso.
Cuando los discípulos estén
activos y sean reconocidos por Cristo, llegará el momento en que nuevamente Él
podrá caminar abiertamente entre los hombres; podrá ser reconocido públicamente
y realizar así Su tarea en los niveles externos e internos de la vida. Al
despedirse de sus discípulos Cristo les dijo: “estaré siempre con vosotros, aún
hasta el fin de la era”.
Cuando Cristo venga florecerá
activamente la conciencia crística entre los hombres; liberará en el mundo de
los hombres la potencia y la energía característica del amor intuitivo. La
distribución de esta energía de amor traerá dos resultados:
Primero, la energía activa de la comprensión amorosa iniciará una enorme reacción contra el poder del odio. El odio, la separatividad y la exclusión serán considerados como el único pecado, pues se reconocerá que los denominados pecados derivan del odio o de su consecuencia, la conciencia antisocial. Segundo, innumerables hombres y mujeres de todos los países se unirán en grupos para promover la buena voluntad y establecer rectas relaciones humanas. Su número será tan grande que, de una minoría pequeña y relativamente importante, se trasformará en la grande e influyente fuerza del mundo.
DESDE EL CENTRO DONDE LA VOLUNTAD DE DIOS ES CONOCIDA,
QUE EL PROPÓSITO GUÍE A LAS PEQUEÑAS VOLUNTADES DE LOS HOMBRES; EL PROPÓSITO QUE LOS MAESTROS CONOCEN Y SIRVEN
En las tres líneas de la tercera
estrofa tenemos una plegaria para que la voluntad humana pueda estar de acuerdo
con la voluntad divina aunque no sea comprendida. Estas tres líneas indican que
la humanidad no puede captar todavía el propósito de Dios, ese aspecto de la
voluntad divina que busca inmediata expresión en la tierra. Debido a que el
propósito de la Voluntad de Dios trata de ejercer influencia sobre la voluntad
humana, indudablemente se expresa en términos humanos de buena voluntad,
viviente determinación o firme intención de establecer rectas relaciones
humanas.
La voluntad divina, tal como
esencialmente es, sigue siendo el gran misterio. Aún Cristo Mismo luchó con el
problema de la voluntad divina y se dirigió al Padre en el preciso momento que
comprendió, por primera vez, la extensión y complejidad de Su misión como
Salvador del Mundo. Entonces exclamó: “Padre, no mi voluntad sino la Tuya sea
hecha”. Estas palabras significaron el abandono de los medios por los cuales Él
trataba de salvar a la humanidad, le señalaron lo que pudo aparentar en esos
momentos un evidente fracaso y que Su misión no fuera cumplida. Esperó casi dos
mil años para llevar a la fructificación esa misión. Él no puede proseguir con
Su misión asignada sin la acción recíproca de la humanidad.
Esta invocación es peculiar y esencialmente, el propio mántram de Cristo que, al ser pronunciado por Él y utilizado por la Jerarquía espiritual, Su “sonido” se ha difundido por el mundo. Sus palabras deben ser difundidas ahora en el mundo mediante su pronunciación por los hombres de todas partes y su significado debe ser expresado por las masas a su debido tiempo. Entonces Cristo podrá “descender a la Tierra” nuevamente y “ver los afanes de Su alma y quedar satisfecho”.
DESDE EL CENTRO QUE LLAMAMOS LA RAZA DE LOS HOMBRES, QUE
SE REALICE EL PLAN DE AMOR Y DE LUZ
Y SELLE LA PUERTA DONDE SE HALLA EL MAL.
En las tres líneas de la cuarta
estrofa, se invocan los tres aspectos o potencias de la Mente, el Amor y la
Voluntad, indicando que estos poderes se han introducido en la humanidad, en
“el centro que llamamos la raza de los hombres”. Sólo en él pueden expresarse,
en tiempo y espacio, las tres cualidades divinas y hallar su realización; sólo
en él puede nacer verdaderamente el amor, actuar correctamente la inteligencia
y la Voluntad de Dios demostrar su efectiva voluntad al bien. Por medio de la
humanidad, sola y sin ayuda (excepto la que brinda el espíritu divino en cada
ser humano), puede ser sellada “la puerta donde se halla el mal”.
La última línea de la cuarta
estrofa quizás necesite una explicación. Es una manera simbólica de expresar la
idea de hacer inactivos e ineficaces los malos propósitos. No existe un lugar
especial donde reside el mal; el Libro de las Revelaciones del Nuevo Testamento
habla del mal, de la destrucción del demonio y hacer impotente a Satanás.
La humanidad mantiene abierta “la puerta donde se halla el mal” por sus deseos egoístas, odio y separatividad, por su codicia y sus barreras raciales y nacionales, por sus bajas ambiciones personales y por su afición al poder y a la crueldad. A medida que la buena voluntad y la luz afluyan a las mentes y corazones de los hombres, las malas cualidades y energías dirigidas que mantienen abierta la puerta del mal, cederán su lugar al anhelo de establecer rectas relaciones humanas, a la determinación de crear un mundo mejor y más pacífico y a la expresión mundial de la voluntad al bien. A medida que estas cualidades sustituyan las viejas e indeseables, la puerta donde se halla el mal, lenta y simbólicamente, se cerrará por el simple peso de la opinión pública y el correcto deseo humano. Nada podrá evitarlo.
Así se restaurará el Plan original sobre la Tierra. Simultáneamente, se abrirá ante la humanidad, la puerta al mundo de la realidad espiritual y se cerrará aquella donde se halla el mal. Así, mediante “el centro que llamamos la raza de los hombres”, el Plan de Amor y de Luz se restablecerá y asestará el golpe mortal al mal, al egoísmo y a la separatividad, quedando sepultados para siempre en una tumba sellada; así también el propósito del Todo Creador será cumplido.
QUE LA LUZ, EL AMOR Y EL PODER RESTABLEZCAN EL PLAN EN LA TIERRA.
Es evidente que las tres
primeras estrofas o versículos invocan, demandan o apelan a los tres aspectos
universalmente reconocidos de la vida divina, la Mente de Dios, el Amor de Dios
y la Voluntad o Propósito de Dios; la cuarta estrofa señala la relación de la
humanidad con estas tres energías de Inteligencia, Amor y Voluntad, y la
profunda responsabilidad de la raza humana de implementar la difusión del amor
y la luz sobre la Tierra a fin de restaurar el Plan. Este Plan exhorta a la
humanidad a manifestar Amor e insta a los hombres a “Dejar brillar su luz”.
Luego viene la solemne y final demanda de que este “Plan de Amor y Luz”,
desarrollándose a través de la humanidad, puede “sellar la puerta donde se
halla el mal”.
La última línea contiene la idea de restauración e indica la tónica para el futuro, que llegará el día en que la idea original de Dios y Su intención inicial ya no serán frustradas por la maldad y el libre albedrío humanos, materialismo y egoísmo puros; entonces debido a los cambios producidos en los corazones y mentes de la humanidad, el propósito divino será cumplido.
UN SIGNIFICADO MÁS PROFUNDO DE
LA GRAN INVOCACIÓN
Si se divulga ampliamente esta
Gran Invocación, podrá ser para la nueva religión mundial lo que el Padre
Nuestro ha sido para la cristiandad y el Salmo 23 para el judío espiritual.
Existen tres tipos de acercamiento a esta gran Plegaria o Invocación:
1. El público en general.
2. Los esoteristas, o los aspirantes y discípulos del mundo.
3. Los Miembros de la Jerarquía.
Primero, el público en general
la considerará como plegaria a Dios Trascendente, aunque no Lo reconozca como
Inmanente en Su creación, y la elevará en alas de la esperanza —esperanza de
luz, de amor y de paz que todos anhelan incesantemente. También será
considerada como plegaria para iluminar a los gobernantes y dirigentes de todos
los grupos que manejan los asuntos mundiales; como ruego para que haya amor y
comprensión entre los hombres y vivan mutuamente en paz; como demanda para
cumplir la voluntad de Dios, sobre la cual la gente nada sabe y considera tan
inescrutable y omnincluyente que se resigna a esperar y a creer; como
invocación para fortalecer el sentido de responsabilidad humana a fin de que
los males actuales —que tanto angustian y confunden a la humanidad— puedan ser
eliminados y refrenada esa indefinida fuente del mal; finalmente será
considerada como oración para restablecer una condición primordial, también
indefinida, de beatífica felicidad y desaparición de todo sufrimiento y dolor
en la Tierra. Todo esto es bueno y útil para los pueblos y es lo único que
puede efectuarse en forma inmediata.
Segundo, los esoteristas, los aspirantes y quienes están espiritualmente orientados lograrán un acercamiento más profundo y comprensivo.
Reconocerán el mundo de las
causas y a quienes se hallan subjetivamente detrás de los asuntos mundiales,
los Dirigentes espirituales de nuestra vida. Ellos están preparados para
alentar e indicar, a quienes poseen verdadera visión, no sólo la razón de los
acontecimientos suscitados en los distintos sectores de la vida humana, sino
también revelarles aquello que permitirá a la humanidad pasar de la oscuridad a
la luz. Si se adopta esta actitud fundamental, será evidente la necesidad de
difundir ampliamente los hechos subyacentes, iniciándose una era de divulgación
espiritual, ideada por los discípulos y llevada a cabo por los esoteristas.
Esta era comenzó en 1875 cuando se proclamó la realidad de la existencia de los
Maestros de Sabiduría, prosperando a pesar del escarnio, la negación y las
erróneas interpretaciones de dicha realidad. Ha sido de gran utilidad el
reconocimiento de la naturaleza sustancial de lo que puede ser corroborado y la
respuesta intuitiva de los estudiantes esotéricos y de muchos intelectuales de
todo el mundo.
Un nuevo tipo de místico está
surgiendo, diferente de los místicos del pasado porque se interesa en forma
práctica por los acontecimientos mundiales y no únicamente por las cuestiones
religiosas y eclesiásticas; se caracteriza por la falta de interés en su
desarrollo personal, por su capacidad para ver a Dios Inmanente en todo credo,
no sólo en su propia y determinada creencia religiosa, y también por la
capacidad de vivir su vida a la luz de la divina Presencia. Todos los místicos
han podido hacerlo en mayor o menor grado, pero el místico moderno es capaz de
indicar a los demás, con toda claridad, las técnicas a seguir en el Sendero;
combina mente y corazón, inteligencia y sentimiento, más una percepción
intuitiva de la que hasta ahora carecía. No sólo la luz de su propia alma sino
también la clara luz de la Jerarquía espiritual ilumina ahora el camino del
místico moderno, y esto irá acrecentándose.
Tercero, los pueblos y los
aspirantes mundiales en sus diversos grados tienen, entre ellos, quienes se
destacan de lo común porque poseen una profunda visión y comprensión; ocupan la
“tierra de nadie” entre las masas y los esoteristas por un lado, y los
esoteristas y los Miembros de la Jerarquía por otro, los cuales emplean también
la Gran Invocación pues no pasa día sin que Cristo Mismo la recite.
El empleo de esta Invocación o Plegaria, más la acrecentada expectativa por la venida de Cristo, ofrece hoy la máxima esperanza para la humanidad. Egregios Hijos de Dios siempre han venido en respuesta a la demanda de la humanidad y siempre vendrán y Aquel a quien todos los hombres esperan, está en camino.
INVOCACIÓN Y ORACIÓN
La ciencia de invocación
constituye, en realidad, la organización inteligente de la energía espiritual y
de las fuerzas del amor, y éstas, al ser efectivas, evocarán la respuesta de
Seres espirituales que pueden trabajar abiertamente entre los hombres y establecer
así una estrecha relación y constante comunicación entre la humanidad y la
Jerarquía espiritual.
Podría decirse que la invocación
es de tres tipos. Tenemos la demanda masiva, expresada inconscientemente, y el
angustioso llamado, proveniente de los corazones de los hombres, en los
momentos de crisis como el actual. Este grito invocador de todos los que viven
en medio del desastre se eleva incesantemente; va dirigido a ese poder fuera de
sí mismos, y sienten que puede y debería venir en su ayuda en los momentos de
aguda necesidad. Esta gran y silenciosa invocación se eleva hoy en todas
partes. Tenemos luego el espíritu invocador, evidenciado por los hombres
sinceros que participan en los ritos de su religión y aprovechan la oportunidad
de la adoración y oración unidas para presentar ante Dios sus demandas de
ayuda. Este grupo, sumado a la masa, crea un gran grupo de invocadores, que en
la actualidad evidencia grandemente su intención masiva y eleva su invocación
hasta el Altísimo. Tenemos, finalmente, los discípulos entrenados y los
aspirantes del mundo que, al utilizar ciertas combinaciones de palabras,
algunas invocaciones cuidadosamente definidas, enfocan el grito y el llamado
invocador de los otros dos grupos, proporcionándoles correcta dirección y
poder. Estos tres grupos están, consciente o inconscientemente, entrando en
actividad y su esfuerzo unido garantiza la resultante evocación.
Por la oración invocadora o
aspiración —no importa qué palabras se empleen— son extraídas y puestas en
actividad las energías espirituales y, mediante el claro pensar, el pensamiento
dirigido y la percepción mental pueden transformarse en objetivos de deseo
humano.
Esta Invocación es esencialmente una plegaria que sintetiza el deseo más elevado, la aspiración y la demanda espiritual del alma misma de la humanidad, debiendo utilizarse así.
Cuando la emplea el discípulo
entrenado o el aspirante en entrenamiento asume la actitud de meditación, es
decir, una actitud de concentración, dirección y receptividad espiritual.
Entonces ora. Asume la actitud de meditación (actitud mental interna y de firme
confianza), pero emplea el método de la oración, medio potente para establecer
y mantener correctas relaciones humanas y espirituales. Cuando se halla en
actitud de meditación y utiliza la herramienta de la oración (mediante la
Invocación), establece una relación con toda la humanidad que de otro modo no
sería posible y complementa su reconocida aunque inexpresada necesidad,
uniéndose también con la Jerarquía espiritual, evocada por el deseo de la masa
humana.
Una gigantesca meditación grupal
se está llevando a cabo en numerosos y distintos sectores de nuestro planeta.
Todos aquellos que meditan y los grupos que reflexionan, están relacionados
mutuamente por la unidad del móvil espiritual; buscan una estrecha colaboración
y se esfuerzan por llevar su trabajo de meditación, consciente o
inconscientemente, a un estado de quietud universal positiva, a fin de que el
deseo espiritual sea llevado exitosamente adelante y la recepción de la energía
espiritual sea una recepción unida. Se está realizando un gran esfuerzo para
obtener ese alineamiento mediante la plegaria, la meditación y la invocación
individuales que, a medida que se va fortaleciendo, puede servir a toda la
humanidad.
Cada uno debe prestar ayuda,
regular sus pensamientos y conceptos, cultivar un espíritu amoroso y emplear la
Gran Invocación, mediante la cual estas energías y fuerzas espirituales
—extremadamente necesarias— pueden ser invocadas.
Deben concentrarse sobre la Invocación, teniendo en cuenta el punto de vista de que personifica la intención divina y resume las conclusiones del pensamiento de Dios. Concentrar sobre ello el pensamiento meditativo y su poder reflexivo. Descubrir la idea abstracta subyacente en toda Invocación. Está allí. Utilizar sus frases como escalones para llegar a ciertos niveles mentales no alcanzados hasta ahora.
ORIGEN DE LA INVOCACIÓN
El hombre invoca el acercamiento
divino de diferentes maneras: por el llamado incipiente, inexpresado e invocador
de las masas, y también por la invocación planeada y definida de los aspirantes
de ideas y orientación espirituales y del trabajador inteligente y convencido.
Poca atención se ha puesto sobre el factor invocación como lo expresan los pueblos del mundo; no obstante, en el trascurso de las edades, el llamado invocador de la humanidad se ha elevado hasta le Jerarquía y ha traído respuesta. Lo ilustra la declaración espiritual de Sri Krishna, expuesta en el Canto del Señor, el Bhagavad Gita; fue la enunciación que previno la venida de Cristo. En ese Canto Él dice:
“Siempre que hay un
quebrantamiento de la Ley y un surgimiento de la ilegalidad en todas partes,
entonces, Yo me manifiesto. Para la salvación de los justos y la destrucción de
los que hacen el mal, para el firme establecimiento de la Ley, Yo vuelvo a nacer
edad tras edad.”
En la época licenciosa y en el
maligno período del Imperio Romano, vino Cristo.
Otro ejemplo de una invocación
notable y muy antigua lo tenemos en el Gayatri, con la que se invoca al Sol con
las siguientes palabras: “Descúbrenos la Faz del verdadero Sol espiritual,
oculta por un disco de luz dorada, para que conozcamos la Verdad y cumplamos
con nuestro deber, a medida que nos acercamos a Tus sagrados pies”.
Agreguemos también a ello las Cuatro Nobles Verdades enunciadas por Buda, conocidas por todos nosotros, puesto que sintetizan las causas y fuentes de todas las dificultades que preocupan a la humanidad. Existen muchas traducciones de estas verdades; todas indican el mismo anhelo, llamado y significado. Durante la Dispensación Judía se hizo una declaración referente a la conducta humana en las palabras de los Diez Mandamientos; sobre éstos se ha basado la ley humana y también se han fundado las leyes que rigen las relaciones de los pueblos occidentales. Luego vino Cristo y nos dio la ley fundamental del universo, la ley del amor, y también la oración del Señor (el Padre Nuestro), con su énfasis sobre la Paternidad de Dios, el advenimiento de Su reino y el establecimiento de rectas relaciones humanas.
La humanidad se encuentra hoy en
un peculiar y excepcional punto medio entre un pasado desventurado y un futuro
lleno de promesas, siempre que se reconozca la reaparición de Cristo y se lleve
a cabo la preparación para Su venida. El presente está lleno de promesas y
también de dificultades; actualmente y en el presente inmediato la humanidad
tiene en sus manos el destino del mundo o —si puede expresarse así, con toda
reverencia— la actividad inmediata de Cristo. La agonía de la guerra y la
angustia de todo el género humano condujo a Cristo, en 1945, a tomar una gran
decisión manifestada en dos declaraciones importantes. Anunció a la Jerarquía
espiritual y a todos Sus servidores y discípulos de la Tierra, Su decisión de
surgir nuevamente y establecer contacto físico con la humanidad, si llevaba a
cabo las etapas iniciales para el establecimiento de rectas relaciones humanas;
luego dio al mundo (para ser recitada por el hombre de la calle) una de las más
antiguas plegarias conocidas que hasta ese momento había sido permitido
utilizar sólo a los Seres más excelsos. Se dice que Él Mismo la recitó por primera
vez en 1945 durante la Luna llena de junio, conocida como la Luna llena de
Cristo, así como la Luna llena de mayo es la de Buda. No fue fácil traducir
estas frases antiguas (tan antiguas que no tienen fecha ni antecedente alguno)
en palabras modernas, pero ello se ha hecho, y la Gran Invocación finalmente
será una plegaria mundial.
El pensamiento humano es tan reaccionario que evocará crítica la afirmación de que constituye una de las más grandes plegarias mundiales, a la par de otras expresiones verbales del deseo y de la intención espirituales. Ello no tiene importancia. Solamente unos pocos —muy pocos— emplearon el Padre Nuestro en los primeros días del cristianismo, porque era necesario registrarlo y expresarlo en términos comprensibles, y traducirlo adecuadamente antes de ser utilizado ampliamente. Este esfuerzo llevó siglos. Tenemos hoy todos los medios para una rápida distribución y han sido empleados para divulgar la Gran Invocación.
EL DESTINO DE LA HUMANIDAD
Estos pocos conceptos podrán
servir para que la Invocación reviva en sus mentes y adquiera una nueva y vital
vivencia. Está relacionada excepcionalmente con todas las creencias antiguas y
verdaderas. Brinda esperanzas para el futuro y tiene suma importancia práctica
para el presente. No se expresa en forma vaga y nebulosa. Expresa las
necesidades fundamentales de la humanidad actual: necesidad de luz y amor, de
comprender la voluntad divina y terminar con el mal. Demanda triunfalmente:
“Que la Luz descienda a la Tierra; que Cristo retorne a la Tierra; Que el
Propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres; Que el Plan... selle
la puerta donde se halla el mal”. Luego resume todo en estas vibrantes
palabras: “Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la TIERRA”.
El énfasis siempre recae en el lugar de aparición y manifestación: la Tierra.
Habrán notado —al estudiar la Invocación— una estrecha relación entre la primera estrofa y la última; el destino de la humanidad consiste en ser exponente de la mente de Dios, expresando por lo tanto inteligencia activa, motivada por el amor y complementada por la voluntad. El momento no ha llegado aún, pero si el sentido humano del tiempo es correcto y el adecuado deseo es suficientemente poderoso, por primera vez en la historia humana este destino puede ser reconocido públicamente e impeler a los pueblos, en forma creciente y voluntaria, hacia una actividad que es específicamente su propio destino. Este también es uno de los objetivos primordiales de la Invocación; su empleo constante producirá el incluyente concepto del desarrollo espiritual e impartirá la síntesis del pensar humano del que hasta ahora había carecido. A medida “que la luz afluye a las mentes de los hombres” el Plan divino será percibido con mayor amplitud y la voluntad al bien será más generalmente deseada e invocada.
Este gran llamado invocador es
triple. Constituye la demanda de que afluya luz en el camino y en los lugares
oscuros de la tierra; también demanda más amor en el mundo, tal como lo
expresan los hombres de buena voluntad y las actitudes humanitarias; finalmente
es el llamado intuitivo de los aspirantes y discípulos del mundo, para expresar
la Voluntad de Dios. La humanidad común instintiva, los hombres y mujeres de
buena voluntad y los discípulos del mundo, están todos implicados en esta
invocación que introduce los atributos del instinto, de la inteligencia y de la
intuición, incluidos todos en la Gran Invocación. Además se ha de recordar
constantemente esta fusión básica, la cual se está expresando ahora oralmente,
y se ha de extraer aliento del acercamiento masivo a la Fuente de toda vida,
amor y luz. Nada puede resistir la demanda unida de los hombres, en graduadas y
apretadas filas, de todas partes.
El trascendental significado de esta presentación de un ejercicio de alineamiento, plegaria o invocación, cósmico, planetario e individual, consiste en que provoca, como resultado de su correcto empleo, una afluencia espiritual directamente al corazón de la humanidad, proveniente de las fuerzas más elevadas.
Lo excepcional de esta
Invocación estriba en que realmente es un gran método de integración. Vincula
al Padre, al Cristo y a la Humanidad en una gran relación. Cristo puso siempre
el énfasis en la Paternidad de Dios, en sustitución del cruel, celoso y tribal
Jehovah. En el capítulo 17 del Evangelio de San Juan (otra de las más grandes
declaraciones espirituales del mundo), Cristo puso de relieve la relación de la
conciencia crística con la conciencia de la Deidad misma. Vinculó el concepto
del Espíritu con el hombre plenamente desarrollado e inspirado por su alma y la
unidad subyacente que existe en todos los seres, en todas las formas y en el
Padre. La Gran Invocación relaciona la voluntad del Padre, el amor de la
Jerarquía espiritual y el servicio que presta la humanidad, en un gran
Triángulo de Energías. Este triángulo tendrá dos resultados fundamentales:
“sellar la puerta donde se halla el mal” y la realización del Plan de Amor y de
Luz, mediante el poder de Dios liberado sobre la Tierra, a través de la
Invocación.
Esta Invocación también es única
en el sentido que invoca simultáneamente los tres aspectos divinos.
Nadie puede emplear esta
invocación u oración para la iluminación y el amor, sin causar poderosos
cambios en sus propias actitudes e intención en la vida; además modificará el
carácter y las metas y alterará la vida, haciéndola espiritualmente útil. “Como
el hombre piensa en su corazón, así es él”, constituye una ley básica de la
naturaleza; la constante dirección de los pensamientos hacia esa necesidad de
luz y perspectiva de iluminación no puede ser ineficaz ni lo será.
Lo único que preocupa a la
Jerarquía espiritual del planeta es que toda la humanidad aproveche la
oportunidad espiritual, la cual se halla presente hoy en forma más destacada
que nunca. Se nos ha dado la Gran Invocación, en estos momentos de oportunidad,
para que la utilicemos en colaboración con Aquellos que la emplean en bien de
la humanidad.
La Invocación no es propiedad de
ningún individuo o grupo. Pertenece a toda la humanidad. Miles de personas de
buena voluntad en el mundo la recitan todos los días.
La culminación de esta continua demanda invocadora tiene lugar el día de la Luna llena de Géminis. Todo el mundo reconoce el momento del plenilunio, no siendo afectado por las diferencias del calendario. En ese día se recita simultánea y mundialmente la Invocación como un gran llamado invocador en bien de toda la humanidad.
El Festival del plenilunio de
Géminis,, tan característico de Cristo y que hace resaltar Su relación con la
Humanidad, en realidad abarca tres días, teniendo cada uno una nota clave
distinta:
1. La nota clave del Amor, en su sentido jerárquico —libre de
todo sentimiento, emoción y énfasis personal—, un amor que se sacrifica y
comprende, que actúa con fuerza y decisión en bien de la totalidad y no en
favor de algún grupo o individuo.
2. La nota clave de la Resurrección, que acentúa la nueva nota
de vivencia, del Cristo viviente y de esa “vida más abundante” que la guerra ha
hecho posible, obligando a retornar a los verdaderos valores.
3. La nota clave del Contacto, de una relación más estrecha
entre Cristo y Su pueblo, entre la Jerarquía y la Humanidad.
Los discípulos o iniciados que se interesen u observen los movimientos de Buena Voluntad y Triángulos, los mantendrán en sus mentes al enunciar la primera y la tercera estrofas y se pondrá atención en el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, cuando se recite la segunda estrofa. El resultado de esta solemne invocación, durante tres días, será seguido por un día culminante en que la Jerarquía, en forma unida y conducida por Cristo, pronunciará la Invocación, precediendo a cada estrofa su nota clave apropiada, entonada también al unísono.
Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.
“El destino de los Hombres y de las Naciones está determinado por los Valores que gobiernan sus decisiones”
“La crisis humana y mundial de hoy día es básicamente
espiritual; está probando el carácter y la intención de todos los hombres y
mujeres.
Esto da la oportunidad de revisar los valores que captamos como una forma personal de conducta.”
“El Mundo del Futuro depende de lo que cada uno de nosotros haga hoy”
Rodríguez Peña 208 , piso 4 °
C 1020 ADF – Ciudad Autónoma de
Buenos Aires Argentina
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