Tratado sobre Fuego Cósmico. Segunda parte fuego solar (el fuego de la mente)


Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones.
Maestro Djwhal Khul
Alice A. Bailey.
Tratado sobre Fuego Cósmico.

Segunda parte

fuego solar

(el fuego de la mente)

Preguntas de Introducción

Sección A.     La naturaleza de manas o mente.

Sección B.     Manas como factor cósmico, humano y del sistema.

Sección C.      El rayo del ego y el fuego solar

Sección D.     Los elementales de la mente y los elementales del fuego.

Sección E.      El movimiento en el plano de la mente.

Sección F.      La Ley de Atracción.


SEGUNDA PARTE 

PREGUNTAS DE INTRODUCCIÓN

 

I.                   ¿Qué relación existe entre el Hijo y el Sol?

II.                ¿Qué es la evolución y cómo se desenvuelve?

III.             ¿Por qué el sistema solar evoluciona como dualidad?

IV.              ¿Qué es la conciencia? ¿Qué lugar ocupa en el actual esquema de las cosas?

V.                 ¿Existe una analogía directa entre un sistema, un planeta, un hombre y un átomo?

VI.              ¿Quién es el aspecto mente? ¿Quiénes son los Manasaputras o los Hijos de la Mente?

VII.          ¿Por qué la evolución se desenvuelve cíclicamente?

VIII.       ¿Por qué el conocimiento es a la vez exotérico o esotérico?

IX.             ¿Qué relación existe entre:

a.      los diez esquemas planetarios,

b.      los siete planetas sagrados,

c.      las siete cadenas de un esquema,

d.     los siete globos de una cadena,

e.      las siete rondas de un globo,

f.       las siete razas raíces y sus subrazas?

Antes de tratar el tema referente al fuego de la mente, de acuerdo al programa delineado, quizás seria útil explicar ciertos hechos y aclarar uno o dos puntos. El tópico que vamos a elucidar es profundamente misterioso; constituye la base de todo lo que ve­mos y conocemos, tanto objetiva como subjetivamente. Hemos es­tudiado en parte el polo de la manifestación llamado materia. Lo que entraremos ahora a considerar concierne a una variedad de cosas que en términos generales podemos denominar Conciencia y en términos específicos, de allí su importancia fundamental, abarca los siguientes tópicos:

a.      La ciencia de la objetividad.

b.      La manifestación del Hijo a través del Sol y sus esferas subsidiarias, o sea el sistema solar en su totalidad.

c.      El desarrollo evolutivo de la conciencia en tiempo y espa­cio, por lo tanto la evolución del Espíritu y la materia.

Si se estudian los tres fundamentos mencionados, se observará que son muy amplios; dada la inmensidad del tema, lo único que se puede hacer es dar un concepto claro y general respecto al ex­tenso delineamiento del proceso y al desarrollo gradual de la con­ciencia. Para poder seguir el tema inteligentemente será conve­niente que puntualicemos las proposiciones, que (aunque conocidas y valoradas) servirán, al estudiante, como armazón sobre la que podrá erigirse la correspondiente estructura del conocimiento. Si el que estudia la Sabiduría es capaz de captar en forma general la naturaleza del tema podrá ordenar con más facilidad y exactitud, en el casillero adecuado, la información detallada. El mejor plan sería quizás formular ciertas preguntas y, de acuerdo a las respuestas, dar forma a las proposiciones que se presentarán. Lógicamente to­dos estos interrogantes surgen cuando el que estudia La Doctrina Secreta llega al punto en que percibe el gran Plan, pero el cúmulo de detalles a incorporar se halla todavía en estado incipiente. Pue­den ser formuladas y estudiadas las preguntas siguientes:

I.                   ¿Qué relación existe entre el Hijo y el Sol?

II.                ¿Qué es la evolución y cómo se desenvuelve?

III.             ¿Por qué el sistema solar evoluciona como dualidad?

IV.              ¿Qué es la conciencia? ¿Qué lugar ocupa en el actual es­quema de las cosas?

V.                 ¿Existe una analogía directa entre un sistema solar, un planeta, un hombre y un átomo?

VI.              ¿Qué es el aspecto mente y por qué el principio maná­sico o mental es de tanta importancia? ¿Quiénes son los Manasaputras o Hijos de la Mente?

VII.          ¿Por qué la evolución se desenvuelve cíclicamente?

VIII.       ¿Por qué consideramos aún ciertos conocimientos co­mo esotéricos y en otros aspectos como exotéricos?

IX.             ¿Qué relación existe entre

a.      los diez esquemas planetarios

b.      los siete planetas sagrados

c.      las siete cadenas de un esquema

d.     los siete globos de una cadena

e.      las siete rondas de un globo

f.       las siete razas raíces y sus subrazas?

Cuando hayamos tratado de responder breve y concisamente a estas nueve preguntas y captado por medio de sus respuestas, algo de lo que subyace detrás de la evolución de la conciencia del Hijo (y todo lo que incluye esta expresión), estaremos en condiciones de entrar a considerar el plan en forma más inteligente, y de entender con mayor exactitud la etapa inmediata que debemos alcan­zar, partiendo de la base de nuestro actual desarrollo.

Debemos recordar siempre que el interés investigador y una amplia captación del plan del Logos no tienen importancia para el hombre, si éste no correlaciona el presente con lo que cree que encierra el futuro, a no ser que esté seguro del desarrollo alcan­zado, y que comprenda en qué consiste el trabajo inmediato a realizar durante el proceso gradual de obtener plena conciencia.

I. ¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE EL HIJO Y EL SOL?

Esta pregunta nos lleva primeramente a considerar Quién es el Hijo y cuál es Su función. Todo sistema que merece el nombre de filosófico reconoce universalmente dos factores, espíritu y ma­teria, purusha y prakriti. A veces se tiende a confundir los términos “vida y forma”, “conciencia y vehículo de la conciencia”, con los términos “Espíritu y materia”. Dichos términos se relacionan, pero el punto de vista se aclararía si comprendiéramos que antes de la manifestación o del nacimiento de un sistema solar es más correcto emplear las palabras Espíritu y materia. Cuando ambas se interre­lacionan durante la manifestación, después que ha cesado el intervalo praláyico entre los dos sistemas, entonces la vida y la forma, la conciencia y sus vehículos, son términos correctos, porque du­rante el período de abstracción no existe la conciencia ni la forma, y la vida, manifestándose como principio, tampoco existe. Sólo existe Espíritu-sustancia pero en estado de positividad, de total neutralidad, de negatividad y de pasividad. En la manifestación ambos se aproximan; actúan entre sí; la actividad reemplaza a la pasividad, la positividad a la negatividad; hay movimiento en vez de pasividad y ambos factores primordiales ya no son neutros, sino que se atraen y rechazan, se interactúan y se utilizan. Sólo entonces podemos tener la forma animada por la vida y la conciencia ma­nifestada a través de vehículos adecuados.

Diagrama IV

Diagrama del Pleroma según Valentinus

 


¿Cómo se puede manifestar esto? En términos de fuego, cuando los dos polos eléctricos se unen definitivamente, se observa calor y luz por medio de la vista y la sensibilidad esotéricas. Esta rela­ción se establece y perfecciona durante el proceso evolutivo. El calor y la luz se producen por la unión de los dos polos, o por el matrimonio esotérico de lo masculino y lo femenino, Espíritu (pa­dre) y materia (madre). Físicamente dicha unión produce el sis­tema solar objetivo, el Hijo del Padre y de la Madre. Subjetiva­mente produce al Sol, suma total de las cualidades de luz y calor. En términos de Fuego, mediante la unión o unificación del fuego eléctrico (Espíritu) con el fuego por fricción (materia energetizada) se produce el fuego solar. Este fuego solar se distinguirá de todo lo demás por su desenvolvimiento evolutivo y por la intensi­ficación gradual del calor que se ha de sentir y la luz que se ha de ver.

Para poder llegar a una comprensión más clara de este tema tan abstracto, podemos considerar que el microcosmos, el hombre, evoluciona en los tres mundos. El hombre es el producto de la aproximación (imperfecta hoy) de los dos polos: Espíritu (el Padre en el cielo) y materia (la Madre). Esta unión da por resultado un Hijo de Dios individualizado, la unidad del Yo divino, y su repro­ducción exacta, en miniatura, en el plano más inferior del gran Hijo de Dios u Omni-Yo, quien constituye en Sí mismo la totalidad de todos los hijos, en miniatura, de todos los yoes individualizados y de todos y cada uno de los entes. Expresado en otros términos, el microcosmos, desde el punto de vista subjetivo, es un sol en mi­niatura que se distingue por las cualidades de luz y calor. En la actualidad esa luz se halla como “debajo de un cesto”, o profunda­mente oculta por un velo de materia; pero en el proceso evolutivo brillará en tal forma, que los velos se desvanecerán ante el resplan­dor de la excelsa gloria. Actualmente el calor microcósmico es mínimo, es decir, la radiación magnética entre los entes microcós­micos se siente poco (según el significado oculto del término), pero con el tiempo las emanaciones de calor -debido a la intensificación de la llama interna, unida a la radiación asimilada por otros entes- aumentarán y alcanzarán tales proporciones, que la interacción en­tre los Yoes individualizados traerá como resultado, en cada uno, la perfecta fusión de la llama y del calor; esto continuará hasta que exista “una sola llama con incontables chispas”, y el calor sea general y equilibrado. Cuando ello ocurra y cada Hijo de Dios llegue a ser un Sol perfecto, caracterizado por la luz y el calor perfectamente expresados, todo el sistema solar, el Hijo mayor de Dios, será un Sol perfecto.

El sistema estará entonces caracterizado por un “resplandor de refulgente gloria”, y por una radiación que lo vinculará con su centro cósmico; así logrará la liberación del Hijo y Su retorno a la lejana fuente de donde originó el primordial impulso. Por lo tanto téngase en cuenta que:

Primero, el Hijo es el resultado radiante de la unión del Espí­ritu y la Materia, y se lo puede considerar como la totalidad del sistema solar: el Sol y los siete planetas sagrados.

Segundo, el Hijo se manifiesta por medio de Sus cualidades de luz y calor, lo mismo que el Sol.

Tercero,  el Hijo es el producto de la unión eléctrica del “fuego por fricción” y “el fuego eléctrico” y también Él es “fuego solar”, o sea la manifestación de los otros dos, por consiguiente lo que se ve y lo que se siente.

Finalmente, el Hijo es, por lo tanto, la manifestación interme­dia producida, en sentido oculto, por lo que está arriba y lo que está abajo. De manera que el Hijo, en Su propio plano (el mental cósmico), es el cuerpo egoico del Logos, en el mismo sentido que el cuerpo egoico del microcosmos es el producto de la unión de la Mónada o Espíritu, y la materia. Así como el cuerpo egoico del hombre (lo que se llama cuerpo causal) está sólo en proceso de formación y aún no es perfecto, lo mismo puede afirmarse del sis­tema solar el expresar la Vida de Dios, pues está en proceso de per­feccionamiento. El Hijo, manifestándose por medio del Sol y su esfera de influencia, todavía está desarrollándose gradualmente y no alcanzará “pleno desenvolvimiento” ni será perfecto hasta que todas las células de Su cuerpo tengan plena vida y vibren a un ritmo uniforme; no alcanzará Su lugar entre las constelaciones celestes (los Hijos de Dios en sentido cósmico) hasta que la radiación y el resplandor de Su luz sean vistos y sentidos perfectamente.

El Hijo en los Cielos no “resplandecerá” hasta que cada una de las células de Su cuerpo sea una esfera de radiante gloria o, expresado esotéricamente, una llama de fuego y luz y una fuente de radiación magnética o calor. Como sabemos, desde el punto de vista cósmico, nuestro Sol sólo es de cuarto orden y se encuentra en el plano cósmico inferior. Cuando el Hijo haya alcanzado, por medio del Sol, plena expresión (es decir, perfeccionado Su desplie­gue de luz y calor) brillará en otro plano, el mental cósmico. Te­nemos su analogía en el microcosmos u hombre. Cuando la luz del hombre brille plenamente y su radiación magnética haya alcanzado una vívida interacción o actividad grupal, habrá logrado la plena autoexpresión e incluido en su esfera de influencia y control al plano mental. Entonces se lo considera un Maestro, aunque también de cuarto orden, es decir, un cuaternario. Físicamente el plano etérico es el centro de su vida, así como se dice esotéricamente que el Sol y los planetas existen en materia etérica. La ley esoté­rica expresa “como es arriba es abajo”. Por lo tanto, la relación entre el Hijo, el Padre y la Madre, en lo que respecta al Sol, es la misma que existe entre el hombre y el vehículo por el cual actúa. Es Su modo de actuar, Su vehículo de expresión; es la forma que Su vida anima con el fin específico de

a.      adquirir experiencia,

b.      hacer contactos,

c.      desarrollar pleno conocimiento de sí mismo.

d.     alcanzar pleno dominio o control,

e.      llegar cósmicamente a la “madurez . El Cristo cósmico debe llegar a la estatura del “hombre plenamente maduro”, según lo expresa La Biblia cristiana.”

f.       expandir Su conciencia.

Estas etapas se han de alcanzar en los niveles cósmicos, exacta­mente como el microcosmos persigue ideales similares en el sistema.

II. ¿QUE ES LA EVOLUCIÓN Y COMO SE DESENVUELVE?

1. Ciclos de Vida.

Me limitaré aquí a tratar brevemente el proceso evolutivo y a indicar que el método de la evolución consiste simplemente en ajus­tar el aspecto materia al aspecto Espíritu, a fin de que el primero sea adecuado como cuerpo de expresión para el segundo. El ciclo de vida del Hijo es de cien años de Brahma, así como el ciclo de vida del hombre es de cierto número de años, el cual depende de su karma. Durante su ciclo de vida el hombre expresa en su etapa particular todo lo que ha adquirido, desarrollándolo gradualmente desde el período prenatal en que el Yo influye sobre el aspecto materia, hasta el período en que ese Yo superior toma plena pose­sión de la forma ya preparada. Esta etapa varía en cada individuo. Desde ese momento el hombre procura desarrollar con mayor ple­nitud la autoconciencia y (si progresa normalmente) expresarse con más propiedad por medio de la forma. En cada ciclo menor de vida, dentro del gran ciclo del Ego o Yo, se completa más esa expresión, controla más a la forma y desarrolla una realización consciente del Yo, hasta que llega un ciclo culminante de vidas en que el Yo inter­no domina rápidamente y asume plena autoridad. La forma llega a ser totalmente adecuada; se produce la plena fusión de los dos polos, Espíritu y materia, y la luz (fuego) y el calor (irradiación) se ven y se sienten en todo el sistema. Entonces se utiliza la forma conscientemente con fines específicos o se abandona, y el hombre se libera. El fuego eléctrico y el fuego por fricción se fusionan y el consiguiente fuego solar resplandece con radiante gloria.

Extendamos esta idea desde el hombre, como unidad indivi­dualizada de conciencia, hasta los grandes Hombres celestiales, en uno de cuyos cuerpos el hombre es una célula. El cuerpo de expre­sión de cada Hombre celestial es uno de los planetas sagrados; persiguen el mismo objetivo que el hombre: lograr en Sus propios niveles la plena expresión y el desarrollo de Sus vehículos de con­ciencia, a tal grado, que el Espíritu resplandezca como luz divina y calor. Este calor se irradia conscientemente y con intensa atrac­ción magnética entre los siete grupos del sistema o esquemas planetarios. Su campo magnético de acción comprenderá el radio planetario de todos y cada uno de ellos. Extendamos esta idea más aún hasta incluir al Hijo y a todo el sistema solar que Él anima; Su intento es expresarse plenamente dentro de él, para que con el tiempo y conscientemente se vea Su luz y se sienta Su calor o radiación magnética, más allá de Su influencia, el “círculo no se pasa” logoico. La luz y el calor del Hijo deben sentirse en el polo cósmico opuesto, esa constelación que es el opuesto magnético de nuestro sistema.

2. Objetivo de las Unidades de Conciencia.

La idea de unión y de fusión subyace en todo el plan evolu­tivo; el Hombre, los Hombres celestiales y el Hombre cósmico (el Hijo del Padre y de la Madre) han de:

a.      Irradiar calor más allá de su propio “círculo no se pasa” individual.

b.      Resplandecer esotéricamente y demostrar luz u objetivi­dad ígnea.

c.      Expandirse hasta abarcar lo que está más allá de sus pro­pias esferas inmediatas.

d.     Fusionar y mezclar los dos fuegos para producir perfecta­mente el fuego central, fuego solar.

e.      Fusionar Espíritu y materia para producir un cuerpo que exprese adecuadamente el Espíritu.

f.       Fusionar la esencia de la forma, esotéricamente cualifica­da durante la evolución, con la esencia de todas las formas -en sentido humano, planetario y cósmico.

g.      Alcanzar madurez humana, sistemática y cósmica.

h.     Dominar los tres planos del sistema solar, hablando en sentido humano.

i.        Dominar los cinco planos del sistema solar, en lo que res­pecta al Hombre celestial.

j.        Dominar los tres planos cósmicos, en lo que respecta al Cristo cósmico, el Hijo o Logos al manifestarse objetiva­mente.

3. Unidades de Conciencia en Manifestación.([1])

Si nos detenemos a considerar cuidadosamente los objetivos mencionados, veremos que cada uno ocupa su lugar en el plan y que el término evolución se emplea para expresar el desenvolvi­miento gradual, en tiempo y espacio, de la capacidad inherente de un ser humano, de un Hombre celestial y del gran Hombre de los Cielos. Debe tenerse en cuenta el lugar y la posición que todos y cada uno ocupan respecto a otro u otros, pues ninguno puede desarrollarse sin los demás. Por lo tanto, ¿Qué tenemos?

a. El Hijo, el gran Hombre de los Cielos. Se manifiesta por medio del Sol y de los siete planetas sagrados, cada uno de los cuales personifica uno de Sus siete principios, de la misma manera que Él, en su totalidad, personifica uno de los principios de una Entidad cósmica mayor.

b. Un Hombre celestial. Se manifiesta por medio de un pla­neta, personificando uno de los principios del Hijo, el Logos, y se desarrolla similarmente por medio de siete principios, fuente de Su unidad esencial con los demás Hombres celestiales. En sentido cósmico, el hijo está desarrollando el principio de un Ser cósmico mayor, el principio denominado amor-sabiduría, característica fun­damental que ha de desarrollar durante su ciclo de vida. Por con­siguiente, cada Hombre celestial personifica predominantemente un principio subsidiario del fundamental. Posee similarmente seis principios subsidiarios, como el Hijo.

c. Un Ser Humano, el Hombre. Se manifiesta en el plano físico por medio de la forma y posee también siete principios; en cada ciclo de vida trabaja para desarrollarlos; tiene además una coloración primaria, que depende del principio fundamental perso­nificado por el Hombre celestial quien es su fuente de origen. Tenemos así:

EL LOGOS

Padre-Espíritu                                                        Madre-Materia.

que producen

El Hijo o gran Hombre en los Cielos,

el Ego logoico consciente

que evoluciona por medio de

El Sol y los siete planetas sagrados,

cada uno personifica

Un principio cósmico, con seis diferenciaciones,

por el método de:

1.       Expansión, estimulo vibratorio, interacción magnética o la ley de atracción y repulsión.

2.      Progresión cíclica, repetición rotatoria, conjuntamente con ascensión en espiral, y desarrollando:

a.      La cualidad de amor-sabiduría, utilizando la forma por medio de la inteligencia activa.

b.      Plena autoconciencia.

c.      Un perfecto sistema solar o forma, adecuado a las necesi­dades del espíritu inmanente.

La misma clasificación podría aplicarse para demostrar la simi­litud del proceso en el caso del Hombre celestial y del ser humano. Si se pregunta por qué hay diez esquemas y, en efecto, diez plane­tas (siete sagrados y tres ocultos), se nos dirá que los siete planetas sagrados oportunamente se fusionan en los tres y finalmente los tres en uno. Esto tiene su analogía en los siete Rayos. Los siete Rayos, que en la manifestación son distintos, con el tiempo se sin­tetizan. Se dice que los cuatro menores se fusionan en el tercero mayor, y finalmente los tres mayores en el rayo sintético, Rayo de Amor-Sabiduría (el Dragón de Sabiduría, la serpiente([2]) oculta mor­diendo su cola) de acuerdo a H. P. B. Tenemos por lo tanto tres rayos principales, pero se ven siete durante el proceso evolu­tivo. Respecto a los Hombres celestiales que actúan por medio de los planetas, tenemos, por consiguiente, tres planetas que podría­mos considerar sintetizadores y cuatro que oportunamente son fusionados, hasta que los tres han absorbido la esencia de los cuatro; finalmente uno absorbe la esencia de los tres, y así se com­pleta el trabajo. Este proceso tendrá lugar dentro de millones de años; se desarrollará durante el inevitable periodo de la gradual oscuración de nuestro sistema. Cuatro de los Hombres celestiales encuentran Sus opuestos magnéticos mezclándose y fusionándose. Primeramente lo realizan entre Ellos, fusionando y mezclando el Rayo negativo y el positivo, luego los cuatro se trasforman en dos. Después los dos se fusionan formando así una unidad, y el uno resultante se fusiona con el tercer rayo mayor, el aspecto Inteli­gencia -rayo que en nuestra Jerarquía planetaria está represen­tado por el Mahachoan. La fusión continuará hasta que se alcance finalmente la unidad del sistema, y el Hijo haya realizado Su propósito, Amor-Sabiduría perfectos; Su luz resplandece cósmicamente; Su radio magnético toca la periferia de Su opuesto cósmico, llevándose a cabo el matrimonio del Hijo. Las dos unidades cósmi­cas se fusionan.

Si preguntamos, como es lógico, qué unidad cósmica constituye nuestro opuesto solar, se nos respondería que por ahora es un enig­ma, aunque se halla insinuado en La Doctrina Secreta y en otros libros sagrados. Una insinuación velada se encuentra en la relación que existe con las Pléyades de nuestra tierra; pero cuando avance más la precesión de los equinoccios se verá claramente cuál es la relación exacta implicada.([3])

III. ¿POR QUE EL SISTEMA SOLAR EVOLUCIONA COMO DUALIDAD?

1. El Problema de la Existencia.

La tercera pregunta involucra uno de los más difíciles pro­blemas de la metafísica, y su consideración abarca todo el descon­certante misterio de la razón de por qué existe la objetividad.

“¿Por qué razón creó Dios? ¿Por qué se nos impone la exis­tencia?”, son preguntas formuladas en distintas oportunidades por los hombres de todas las escuelas de pensamiento, por los religio­sos, por los científicos en su búsqueda por hallar la verdad final y en su esfuerzo por descubrir el motivo de todo lo visible y obte­ner la explicación de la vida sensoria; por los filósofos, al buscar activamente aquello que anima a la subjetividad, y ha sido expre­sado en toda civilización y en todo tipo de personas por medio de las ciencias morales y la ética; por el biólogo, en su persistente empeño por descubrir la fuente de la vida y en su ansioso es­fuerzo por explicar el principio vida, que siempre elude sus in­vestigaciones; por el matemático, quien al considerar el aspecto forma de la manifestación en las distintas ramas de las matemá­ticas, llega a la conclusión de que Dios geometriza, que la ley y la medida rigen todo el universo y que el uno existe por medio de los muchos, pero a pesar de todo es incapaz de resolver el problema respecto a quién puede ser esa entidad geometrizadora. El problema persiste, y todas las vías de acercamiento (para hallar una solu­ción) terminan en el callejón sin salida de las hipótesis y en el reconocimiento de un algo terminante, tan evadible que los hombres se ven forzados aparentemente a reconocer que existe una fuente de energía, de vida, de inteligencia, a la que dan distintos nombres, de acuerdo a la tendencia de sus mentes (religiosas, cien­tíficas o filosóficas), Dios, Mente Universal, Energía, Fuerza, lo Absoluto, lo Desconocido. Estos y muchos otros términos son los pronunciados por aquellos que, por medio del aspecto forma, buscan al Morador de la forma que no han podido hallar aún. Este fracaso se debe a las limitaciones del cerebro físico y a la falta de desarrollo del mecanismo por el cual se puede conocer lo espiritual y oportunamente establecer contacto con el Morador.

El problema de la dualidad es el problema de la existencia misma, y no puede resolverlo quien se niegue a reconocer la posi­bilidad de dos hechos esotéricos:

1. Que el sistema solar personifica la conciencia de una En­tidad, cuyo origen está fuera del “círculo se no pasa” solar.

2. Que la manifestación es periódica y la Ley de Renacimien­to el método evolutivo del hombre, del Logos planetario y del Logos solar. De allí el énfasis puesto en el proemio de La Doctrina Secreta sobre los tres fundamentos si­guientes:

a.      El Principio Inmutable e Ilimitado.

b.      La Periodicidad del Universo.

c.      La Identificación de todas las Almas con la Super­Alma.

Una vez que los científicos reconozcan los dos hechos mencio­nados, sus explicaciones tendrán un sentido diferente y la verdad, tal cual es, empezará a iluminar su razón. Pocos hombres están preparados para recibir la iluminación, que simplemente es la luz de la intuición que derriba las barreras erigidas por la facultad de razonar. Con el tiempo se reconocerá que la dualidad del sistema solar depende de los siguientes factores:

a.      De la existencia misma.

b.      Del tiempo y el espacio.

c.      De la cualidad deseo o necesidad.

d.     De la facultad adquisitiva inherente a la vida misma. Es­ta facultad, por medio del movimiento, reúne en sí el ma­terial con que satisface su deseo, construyendo la forma mediante la cual trata de expresarse, confinándose ella misma dentro de la prisión de la envoltura, a fin de adqui­rir experiencia.

Es correcta la suposición de que esta teoría admite una pode­rosa Inteligencia que actúa de acuerdo a un plan ordenado; cons­cientemente toma forma y encarna a fin de cumplir su propio propósito específico. Esta hipótesis constituye por sí sola el hecho fundamental que subyace en las enseñanzas orientales y generalmente es aceptada por los pensadores de todas las escuelas de pensamiento del mundo, aunque lo expresen y perciban de distintas maneras. Incluso este concepto, es sólo una presentación parcial de la Idea real, pero debido a las limitaciones que tiene el hombre en la actual etapa de evolución, es suficiente como base práctica sobre la que se puede erigir el templo de la verdad.

Esta Entidad denominada Logos solar, de ninguna manera es el mismo Dios personal de los cristianos, quien no es más ni menos que el hombre mismo que se ha expandido hasta transformarse en un ser de enorme poder, sujeto a las virtudes y vicios propios de aquél. El Logos solar es mucho más que el hombre, pues es la suma de todas las evoluciones dentro del sistema solar, incluyendo la humana, que se encuentra en el punto medio respecto a las de­más evoluciones. Por un lado se alinean las huestes de seres que son más que humanos, quienes en kalpas pasados alcanzaron y traspusieron la etapa en la que se encuentra ahora el hombre; por otro lado se encuentran las huestes de las evoluciones subhumanas, quienes alcanzarán en kalpas futuros la etapa de la humanidad actual. El hombre se encuentra en medio de ambas y en el punto de equilibrio; aquí reside su problema. No participa totalmente del aspecto material de la evolución, ni es la presión total del tercer Logos, el aspecto Brahma de la Deidad, esa expresión de la energía pura o inteligencia que anima ese algo tenue denominado sustancia. El hombre no es totalmente Espíritu, la expresión del primer Lo­gos, el aspecto Mahadeva, una expresión de la voluntad pura o necesario deseo que impele a la manifestación. Constituye el móvil fundamental mismo o la gran voluntad de ser. Es el producto de la unión de ambos y también el lugar de reunión de la materia o sustancia inteligente activa con el Espíritu o voluntad fundamen­tal. Es el hijo nacido en este matrimonio o unificación. Entra a la objetividad a fin de expresar aquello que se halla en los dos opues­tos, más el resultado de la fusión de ambos dentro de sí mismo.

2. Su Naturaleza y Dualidad.

En términos de cualidad ¿Qué tenemos?; tenemos la Inteligen­cia activa que unificada con la voluntad o poder produce el “Hijo de la necesidad” ([4])(como lo expresa H. P. B.), que personifica inte­ligencia, voluntad o deseo y la conjunta demostración latente, amor-sabiduría. 

En términos de Fuego ¿cómo podríamos expresar un pensamiento análogo? El fuego latente en la materia -efecto de una manifestación anterior de la misma Entidad cósmica, o la cualidad relativamente perfeccionada que ha desarrollado en una encarna­ción cósmica anterior- es puesto nuevamente en actividad por el deseo de dicha Entidad de volver a girar en la rueda de renacimiento. Dicho “fuego por fricción” produce calor e irradiación y evoca una reacción de su opuesto, “el fuego eléctrico” o espíritu. Esto nos da la idea del rayo atravesando la materia, pues la acción del fuego eléctrico se dirige siempre hacia adelante como ya se sugirió anteriormente. El Rayo uno, “fuego eléctrico”, penetra en la materia. En el sistema esto constituye el matrimonio del Padre y de la Madre, dando por resultado la fusión de ambos fuegos y la producción conjunta de esa expresión del fuego que llamamos “fuego solar”. Así se produce el Hijo. La Inteligencia Activa y la Voluntad se han unido y darán por resultado Amor-Sabiduría cuando se ha perfeccionado mediante la evolución.

El Fuego eléctrico o Espíritu, unido al fuego por fricción, calor, produce fuego solar o luz.

De allí que, cuando la Entidad cósmica toma forma, se agrega a la inteligencia activa, producto de Su encarnación anterior, una nueva cualidad que es inherente o potencial, amor-sabiduría. Es primeramente la capacidad de amar lo objetivo, el no-yo, y final­mente de utilizar la forma con sabiduría. La voluntad pura es todavía una abstracción y será llevada a su pleno desarrollo en otra encarnación del Logos. La Mente o Inteligencia no es una abs­tracción, sino algo que ES. Tampoco Amor-Sabiduría es una abstrac­ción, sino que está en proceso de desarrollo o de manifestarse, y constituye el aspecto del Hijo.

Lo que se ha expuesto no es nada nuevo, pero se han reunido estos conceptos sobre la dualidad esencial a fin de inculcar en nues­tras mentes la necesidad de ver estas cosas desde el punto de vista del lugar que ocupan en el esquema cósmico, y no desde el punto de vista de nuestra propia evolución planetaria y del hombre mis­mo. La evolución humana es esa evolución por la cual el aspecto Hijo ha de expresarse con la máxima perfección en esta encarna­ción cósmica. El hombre fusiona los pares de opuestos; los tres fue­gos se unen en él; es la mejor expresión del principio manásico y, considerado desde un punto de vista muy interesante, dirige la obra de Brahma; es la envoltura para la vida de Dios y la concien­cia individualizada del Logos, manifestándose en los siete Mana­saputras divinos u Hombres celestiales, en Cuyos cuerpos cada unidad de la familia humana tiene su lugar. El hombre es el aspecto Vishnu en proceso de desarrollo por medio de la inteligen­cia de Brahma, impulsado por la voluntad del Mahadeva. Por lo tanto, en modo peculiar, el hombre es muy importante, porque constituye el punto de unificación de los tres aspectos, pero no lo es puesto que no constituye el ápice del triángulo sino simplemente el punto medio, si miramos el triángulo de esta manera:

Espíritu-Padre.

El Hijo u hombre.

            Materia-Madre.

La evolución del Hijo, la encarnación cósmica del Cristo, es de gran importancia para los planes del Ser más grande que el Logos solar, AQUEL SOBRE QUIEN NADA PUEDE DECIRSE. Los principios anima­dores de las constelaciones y sistemas afines observan, con aguda atención, el progreso de la evolución del Hijo.

Así como el planeta llamado Tierra es el punto decisivo o campo de batalla entre el Espíritu y la materia y, debido a ello, de gran importancia, así nuestro sistema solar ocupa un lugar análogo en el esquema cósmico. El hombre cósmico, el Arjuna solar, está luchando por obtener Su autoconciencia individualizada perfecta y por liberarse e independizarse de la forma y del no-yo. También en este planeta el hombre trabaja para lograr, en su pequeña esfe­ra, ideales similares; de la misma manera luchan en el cielo Miguel y Sus ángeles o los divinos Hombres celestiales, cuyo problema es el mismo en más elevada escala.

La dualidad y la interacción entre ambos producen:

a.      La objetividad, el Hijo o Sol manifestado.

b.      La evolución misma. 

c.      El desarrollo de la cualidad.

d.     El tiempo y el espacio.

Las preguntas que estamos respondiendo encierran ciertos aspectos fundamentales de la manifestación, contemplados princi­palmente desde el punto de vista subjetivo o síquico.

IV. ¿QUE ES LA CONCIENCIA? ¿QUE LUGAR OCUPA EN EL ACTUAL ESQUEMA DE LAS COSAS9

Podemos definir la conciencia como la facultad de captar; con­cierne principalmente a la relación que existe entre el Yo y el no-yo, el Conocedor y lo conocido, el Pensador y lo pensado. Estas definiciones involucran la aceptación de la idea de la dualidad, de lo objetivo y de lo que está detrás de la objetividad.([5])

La conciencia expresa lo que puede ser considerado como el punto medio de la manifestación. No atañe totalmente al polo del Espíritu; se produce por la unión de los dos polos y por el proceso de interacción y adaptación que necesariamente resulta. A fin de facilitar su aclaración podría clasificarse de la manera siguiente:

Primer Polo                         Punto de Unión                               Segundo Polo

Primer Logos                                   Segundo Logos                                            Tercer Logos

Mahadeva                             Vishnu                                                         Brahma

Voluntad                              Amor-Sabiduría                              Inteligencia

Espíritu                                 Conciencia                                       Materia

Padre                                     Hijo                                                   Madre

Mónada                                 Ego                                                    Personalidad

El Yo                                      La relación entre                             El No-Yo

El Conocedor                                  El Conocimiento                              Lo Conocido

Vida                                       Realización                                      Forma

Podríamos ir acumulando términos, pero los mencionados bas­tan para demostrar la relación que existe entre los tres aspectos del Logos, durante la manifestación. Se ha de recalcar lo antedicho: El sistema solar personifica, durante la objetividad evolutiva, la relación logoica mencionada, y toda la finalidad del desarrollo pro­gresivo es llevar al Hijo del Padre y de la Madre, a un punto de plena realización, de total autoconciencia y de completo conoci­miento activo. Este Hijo es objetivamente el sistema solar, inheren­temente voluntad o poder y subjetivamente amor-sabiduría. Esta última cualidad se está desarrollando mediante el empleo de la inteligencia activa.

Las tres Personas manifestadas de la Tríada logoica procuran obtener un pleno desarrollo, dependiendo una de la otra. La volun­tad de ser del aspecto Mahadeva, con la ayuda de la inteligencia de Brahma, trata de desarrollar amor-sabiduría, el aspecto Vishnu o hijo. En el sistema microcósmico, reflejo del triple Logos, el hombre procura, valiéndose de los tres vehículos, alcanzar el mis­mo desarrollo en su propio plano. En los planos superiores, los Hombres celestiales, por medio de atma-budi-manas, tratan de lograr una progresión similar. Los Hombres celestiales además de los entes de Sus cuerpos, compuestos de mónadas dévicas y huma­nas, forman en conjunto el gran Hombre celestial. Cuando el hom­bre realiza, los Hombres celestiales también realizan; cuando Ellos alcanzan Su pleno desarrollo y conocimiento y son autoconscientes en todos los planos, entonces el Hijo realiza y el sistema solar (Su cuerpo de manifestación y de experiencia) ha servido su propó­sito. El Hijo se libera. Extendiendo la idea del triple desenvol­vimiento de la conciencia al Logos, en un ciclo aún más amplio (los tres sistemas solares de los cuales el nuestro es el punto me­dio) se repetirá en los niveles cósmicos, en conexión también con el Logos, el proceso del desarrollo del hombre en los tres mundos.

EL MACROCOSMOS

El primer sistema solar personificó el principio “Yo soy”.

El segundo sistema solar personifica el principio “Yo soy ese

El tercer sistema solar personificará el principio “Yo soy ese yo soy”.

EL MICROCOSMOS

La primera manifestación, la Personalidad, personifica el principio “Yo soy”.

La segunda manifestación, el Ego, personifica el principio “Yo soy Ese”.

La tercera manifestación, la Mónada, personificará el principio “Yo soy Ese yo soy”.

De esta manera los distintos factores desempeñan su parte en el orden general de las cosas; todos están interrelacionados, siendo partes interesadas y miembros unos de los otros.

V. ¿EXISTE UNA ANALOGIA DIRECTA ENTRE UN SISTEMA, UN PLANETA, UN HOMBRE Y UN ÁTOMO?

Si al formular esta pregunta existe el deseo de comprobar una similitud exacta, la respuesta es la siguiente: No, la analogía nunca es exacta en detalle, sino que sólo ofrece ciertas correspondencias amplias y fundamentales. En los cuatro factores mencionados en la pregunta, hay puntos inmutables de semejanza; pero, durante su desarrollo las etapas de crecimiento quizás no parezcan iguales en los detalles evolutivos, si se los considera desde el punto de vista del hombre en los tres mundos, pues está obstaculizado por su limitada captación. Los puntos de semblanza entre los cuatro se pueden sintetizar de la manera siguiente, tomando el átomo del plano físico como punto de partida y desarrollando el concepto por etapas:

El Átomo ([6])

a.      El átomo es un esferoide que contiene dentro de sí mismo un núcleo de vida.

b.      El átomo contiene en si mismo moléculas diferenciadas que, en su totalidad, forman el átomo mismo. Se dice, por ejemplo, que el átomo físico contiene en su periferia catorce mil millones de átomos arquetípicos, sin embargo estos millones se manifiestan como uno.

c.      El átomo se distingue por la actividad, manifestando las cualidades de

1.       movimiento giratorio,

2.      poder discriminativo,

3.      capacidad de desarrollo.

d.     Se dice que el átomo contiene en sí mismo tres espirillas mayores y siete menores,99 las cuales están en proceso de vitaliza­ción, pero no han logrado todavía plena actividad. En esta etapa actúan cuatro únicamente; la quinta está en proceso de desarrollo.

e.      El átomo está regido por la Ley de Economía; va siendo lentamente gobernado por la Ley de Atracción y, con el tiempo, estará bajo el dominio de la Ley de Síntesis.

f. El átomo encuentra su lugar en todas las formas, y el con­glomerado de átomos produce la forma.

g. Un átomo responde al estimulo externo:

Estímulo eléctrico, que afecta su forma objetiva.

Estímulo magnético, que actúa sobre su vida subjetiva.

El efecto combinado de ambos produce el consiguiente crecimiento y desenvolvimiento internos.

Por lo tanto, el átomo se caracteriza por:

I.                   Su forma esferoidal. Su “círculo no se pasa” es preciso y perceptible.

II.                Su disposición interna abarca la esfera de influencia de cualquier átomo.

III.             Su actividad vital, o la medida en que la vida de su centro lo anima, cosa relativa en esta etapa.

IV.              Su séptuple economía interna en proceso de evolución.

V.                 Su eventual síntesis interna de los siete en los tres.

VI.              Su relación grupal.

VII.          Su desarrollo de conciencia, o capacidad de responder.

Habiendo establecido los hechos anteriores con respecto al átomo, podemos ahora extender la idea al hombre, siguiendo el mismo de­lineamiento general:

El Hombre.

a.      Un hombre tiene forma esferoidal. Puede ser visto como un “círculo no se pasa” esférico, una esfera de materia con un núcleo de vida en el centro. Al exponer esto estamos considerando al hombre verdadero en su posición fundamental como Ego, con su esfera de manifestación, el cuerpo causal, punto medio entre Espíritu y materia.

b.      El hombre contiene en sí mismo átomos diferenciados, que en su totalidad componen su forma objetiva en los planos de la manifestación. Todos los átomos están animados por la vida del hombre, debido a su persistente voluntad de ser; todos vibran de acuerdo al grado de evolución que él haya alcanzado. Visto desde los planos superiores el hombre aparece como una esfera (o esfe­ras) de materia diferenciada, que vibra a determinado ritmo, coloreada por determinado color y girando a un ritmo fijo -el ritmo del ciclo de su vida.

c.      El hombre se caracteriza por la actividad que despliega en uno o más planos de los tres mundos, y manifiesta las cualidades siguientes:

1.       Movimiento de rotación, o su determinado período cí­clico en la rueda de la vida, alrededor de su polo egoico.

2.      Capacidad de discriminar, o el poder de elegir y de adquirir experiencia

3.      Capacidad de evolucionar, a fin de acelerar la vibra­ción y establecer contactos.

d.     Contiene en sí mismo tres principios mayores -voluntad, amor-sabiduría, inteligencia activa o adaptabilidad- y su diferen­ciación en siete principios. Estos, que constituirán eventualmente las diez manifestaciones perfectas, están en proceso de vitalización; pero no han alcanzado todavía plena expresión. En el hombre sólo cuatro principios se hallan activos, y está en proceso de desarrollar el quinto o principio manásico. Obsérvese cuán perfecta es la ana­logía entre el hombre visto como el cuaternario inferior, desarrollando el principio de la mente, y el átomo con sus cuatro espirillas activas y la quinta en proceso de ser estimulada.

e.      El hombre está regido por la Ley de Atracción; evoluciona por medio de la Ley de Economía y está entrando bajo el dominio de la Ley de Síntesis. La Ley de Economía rige el proceso material, del cual el hombre no es muy consciente. La atracción rige su vin­culación con otras unidades o grupos, y la síntesis es la ley de su Yo interno, la vida dentro de la forma.

f.       El hombre tiene su lugar dentro de la forma grupal. Los grupos egoicos y los Hombres celestiales están formados por el conglomerado de entes humanos y dévicos.

g.      El hombre responde al estímulo externo:

1.       Estímulo eléctrico, que afecta a la forma externa, o respuesta pránica.

2.      Estímulo magnético, que actúa sobre su vida sub­jetiva. Ésta proviene de su grupo egoico y más tarde del Hombre celestial, de Cuyo cuerpo es una célula.

3.      El efecto combinado ole ambos estímulos induce al cre­cimiento y desarrollo constantes.

En consecuencia el hombre se caracteriza por:

I.                   Su forma esferoidal. Su “círculo no se pasa” es preciso y perceptible.

II.                Su distribución interna; toda su esfera de influencia está en proceso de desarrollo. En la actualidad dicha esfera es limitada y su campo de actividad pequeño. A medida que se desarrolla el cuerpo egoico, el núcleo de vida que se halla en el centro aumenta su radio de control, hasta dominar y gobernar todo el conjunto.

III.             Su actividad vital, o lo que pueda expresar en determinados momentos su autoconciencia, o el control que ejerce sobre su triple naturaleza inferior.

IV.              Su séptuple economía interna; el desarrollo de sus siete prin­cipios.

V.                 Su eventual síntesis interna bajo la acción de las tres leyes, las siete en las tres y luego en una.

VI.              Su relación grupal.

VII.          Su desarrollo de conciencia, de respuesta al contacto, que implica por lo tanto el desarrollo de la percepción.

El Hombre Celestial ([7]).

a. Cada Hombre celestial debe ser visto también como un esferoide. Posee además su “círculo no se pasa”, como el átomo y el hombre. Dicho círculo abarca todo el esquema planetario; un globo físico denso, que corresponde a una cadena, es análogo, en su caso, al cuerpo físico del hombre y al átomo en el plano físico. Cada esquema de siete cadenas expresa la vida de la Entidad que la ocupa, así como el hombre ocupa su cuerpo a fin de manifes­tarse y adquirir experiencia.

b. El Hombre celestial contiene en Sí mismo aquello que es similar a las células en los vehículos de expresión del ser humano. Los átomos o células de Su cuerpo están formados por conglome­rados de entes dévicos y humanos, que vibran al ritmo de Su nota clave y responden al compás de Su vida. Todas estas unidades se mantienen unidas y animadas por Su voluntad de ser y todas vibran de acuerdo al grado de evolución por Él alcanzado. Desde el punto de vista cósmico el Hombre celestial se ve como una esfera de vida maravillosa, que comprende dentro de su radio de influen­cia la capacidad vibratoria de todo un esquema planetario. Vibra a cierto ritmo, que puede ser calculado por la actividad de la vida que palpita en el centro de la esfera. El esquema planetario posee determinado color; gira a velocidad fija -ritmo cíclico de Su vida dentro del mahamanvantara o ciclo logoico mayor.

c. El Hombre celestial se distingue por su actividad en uno u otro de los planos denominados Tríada o Atma-Budi-Manas, así como el hombre se caracteriza por su actividad en uno de los pla­nos de los tres mundos mental-astral-físico. Oportunamente el hom­bre llega a ser autoconsciente en los tres, también el Hombre celes­tial con el tiempo será plenamente autoconsciente en los tres supe­riores. Todo movimiento progresivo o acrecentada vitalidad entre el conglomerado de hombres en los tres mundos, va acompañado de una actividad análoga en los tres planos superiores. La acción y la interacción entre la vida que anima a los grupos u Hombres celestiales, y la vida que anima a los átomos y a los hombres que forman las unidades de los grupos, son misteriosas y maravillosas. El Hombre celestial, en los niveles correspondientes, manifiesta en forma análoga las cualidades siguiente:

1. Movimiento de rotación o actividad particular cíclica que efectúa alrededor de la rueda de Su vida, un esquema pla­netario y, por lo tanto, alrededor de Su polo egoico.

2. Capacidad discriminadora o poder de elegir, a fin de adqui­rir experiencia. Los Hombres celestiales personifican a manas o facultad inteligente que comprende, elige y re­chaza (de allí que se los denomine divinos Manasaputras), adquiriendo así conocimiento y autoconciencia. Esta fa­cultad manásica la han desarrollado en anteriores kalpas o sistemas solares. Su propósito ahora consiste en utilizar lo que está en desarrollo con el fin de producir ciertos efectos específicos y alcanzar determinadas metas.

3. Capacidad de evolucionar, de aumentar la vibración, adquirir conocimiento y establecer contactos. Esta creciente vibración es de orden evolutivo y gradual, progresa de un centro a otro, como en el caso del hombre y de las espirillas del átomo. Su objetivo es lograr la uniformidad de contacto entre sí, y fusionar con el tiempo Sus entidades en la Entidad Una, reteniendo simultáneamente la plena autoconciencia o autocomprensión individualizada.

d. El Hombre celestial contiene en Sí tres principios mayo­res (voluntad, amor-sabiduría, inteligencia), que se manifiestan por medio de los siete principios tan frecuentemente tratados en la literatura ocultista, constituyendo los diez de Su final perfección, pues los siete se resuelven en los tres y los tres en el uno.

Cada Hombre celestial tiene, lógicamente, Su coloración pri­maria o principio igual que el hombre y el átomo. El hombre tiene como coloración primaria o principio la del Hombre celestial, de cuyo cuerpo es una unidad. Tiene también otros dos principios mayores (igual que el Hombre celestial) y su diferenciación en los siete, como se ha dicho anteriormente. El átomo tiene como principio y coloración primaria la del rayo egoico del ser humano, en cuyo cuerpo se encuentra. Esto naturalmente se refiere al átomo físico de un cuerpo humano. Esta coloración se manifiesta como vibración, la cual establece el ritmo de las tres espirillas mayores y de las siete menores.

En el Hombre celestial, cuatro principios únicamente se mani­fiestan en cierta medida; aunque uno de Ellos se halla más avan­zado que los otros y su quinto principio vibra adecuadamente, otros están en proceso de perfeccionar el cuarto. El Hombre celestial de nuestra cadena vibra, en cierta medida, de acuerdo con el quinto principio; mejor dicho, está en proceso de despertarlo a la vida. Su cuarta vibración o principio, en esta cuarta ronda o ciclo y en este cuarto globo, está despierto, aunque no funciona todavía como lo hará en la quinta ronda. Gran parte de las dificultades que pre­valecen hoy en el planeta se debe a que entra en actividad la quinta vibración, la más elevada, la cual se completará y trascen­derá en el próximo quinto ciclo. Aquí también puede aplicarse la analogía que existe entre el hombre y el átomo, aunque no con exactitud.

e. El Hombre celestial está regido por la Ley de Atracción, ha trascendido la Ley de Economía y está entrando rápidamente bajo la égida de la Ley de Síntesis. Obsérvese, por lo tanto, el gra­dual y creciente control en el hecho siguiente

Primero. La Ley de Economía es la ley primaria del átomo. La Ley de Atracción está asumiendo el control del átomo. La Ley de Síntesis es sólo ligeramente sentida por la vida del átomo. Constituye la ley de la vida.

Segundo. La Ley de Atracción es la ley primaria del hombre. La Ley de Economía es una ley secundaria para éste; rige la materia de sus vehículos. La Ley de Síntesis comienza a hacerse sentir paulatinamente.

Tercero. La Ley de Síntesis es la ley primaria del Hombre celestial. La Ley de Atracción Lo domina plenamente y trasciende la Ley de Economía.

El cuerpo físico denso no es un principio para el Hombre celes­tial, de allí que haya trascendido la Ley de Economía. La Ley de Atracción rige el proceso material en la construcción de formas. La Ley de Síntesis constituye la Ley de Su Ser.

f. El Hombre celestial encuentra Su lugar en los grupos lo­goicos, y trata de comprender cuál es Su posición entre los siete y, mediante Su realización, está próximo a constituir una unidad.

g. Responde al estímulo externo. Contemplado desde el limi­tado punto de vista humano, abarca regiones inalcanzables toda­vía para el intelecto humano. Concierne:

Al estímulo eléctrico, la respuesta dada a la irradiación solar y a la paralela irradiación planetaria.

Al estímulo magnético, que actúa sobre Su vida subjetiva. Esta irradiación emana de fuentes que están fuera del sis­tema. Podrían observarse los siguiente hechos:

El estímulo magnético del átomo físico emana del hom­bre en los niveles astrales y más tarde en los niveles búdicos.

El estímulo magnético del hombre emana del Hombre ce­lestial en el plano búdico y más tarde en los nivelas monádicos.

El estímulo magnético del Hombre celestial emana de fuera del sistema, el astral cósmico; el efecto unido de dichos estímulos induce al constante desarrollo externo.

El Hombre celestial se caracteriza por:

I. Su forma esferoidal. Su “círculo no se pasa” durante la obje­tividad es preciso y perceptible.

II. Su disposición interna y Su esfera de influencia, o esa acti­vidad animadora de la cadena planetaria.

III. El control que ejerce sobre Su vida espiritual en un período dado, poder mediante el cual anima Su séptuple naturaleza. Obsérvese el acrecentamiento de Su influencia, comparada con el triple radio de influencia del hombre.

IV. Su eventual síntesis final de los siete en los tres y los tres en el uno. Esto abarca la oscuración de los globos y la fu­sión en la unidad de los siete principios que cada globo está desarrollando.

V. Su evolución bajo la Ley y el consiguiente desarrollo.

VI. Su relación grupal.

VII. El desarrollo de Su conciencia y de Su percepción.

Finalmente, debemos extender dichas ideas hasta abarcar a un Logos solar y ver cómo persiste la analogía. Los párrafos que tratan de los estímulos magnético y eléctrico, inevitablemente nos llevan retroactivamente a la contemplación del fuego, base y fuente de toda vida.

El Logos Solar.

a. Un Logos solar, el Gran Hombre de los Cielos, es igual­mente de forma esferoidal. Su “círculo no se pasa” abarca toda la circunferencia del sistema solar, y todo lo que se encuentra dentro de la esfera de influencia del Sol. El Sol ocupa una posición aná­loga a la del núcleo de vida en el centro del átomo. Esta esfera contiene dentro de su periferia las siete cadenas planetarias que, con las tres sintetizadoras, componen las diez de la manifestación logoica. El Sol es el cuerpo físico del Logos solar, Su cuerpo de manifestación; Su vida circula cíclicamente por los siete esque­mas, en el mismo sentido que la vida de un Logos planetario circula siete veces alrededor de Su esquema de siete cadenas. Cada cadena mantiene una posición análoga a la de un globo en una cadena planetaria. Obsérvese la belleza de la analogía, a pesar de no ser exactos sus detalles.([8])

b. El Logos solar contiene en Sí mismo (como el átomo en su cuerpo de manifestación) a grupos de todos los tipos, desde el alma grupal involutiva hasta los grupos egoicos del plano mental. Tiene (como centros animantes de su cuerpo) los siete grupos mayores o siete Hombres celestiales, los cuales irradian Su influen­cia a todas partes de la esfera logoica, y personifican en Sí mismos todas las vidas y los grupos menores, los entes humanos y dévicos, células, átomos y moléculas.

Visto desde niveles cósmicos, puede visualizarse la esfera del Logos como una vibrante bola de fuego de gloria suprema, conteniendo dentro de su círculo de influencia las esferas planetarias, también como vibrantes bolas de fuego. El gran Hombre de los Cielos vibra a un ritmo constante y creciente; todo el sistema está matizado por cierto color, el calor de la vida del Logos, el Rayo Uno divino; el sistema gira a cierto ritmo, el ritmo del gran kalpa o ciclo solar, y alrededor de su polo solar central.

c. El Logos solar se caracteriza por Su actividad en todos los planos del sistema solar; es la suma total de toda la manifestación desde el átomo físico más denso e inferior, hasta el más radiante y cósmico Dhyan Chohan etéreo. Este séptuple ritmo vibratorio es el ritmo del plano cósmico inferior, y su grado de vibración puede ser sentido en el astral cósmico conjuntamente con una dé­bil respuesta en el mental cósmico. Así en la vida de la existencia logoica, en los niveles cósmicos, puede observarse el paralelismo con la vida del hombre en los tres mundos, el plano más inferior del sistema.

En sus propios planos el Logos manifiesta igualmente:

1. Movimiento de rotación. Puede observarse que su vida, al pasar cíclicamente por un día de Brahma, gira en espiral alrededor de Su rueda mayor, los diez esquemas de un sistema solar.

2. Capacidad discriminativa. Su primera acción, como sabe­mos, Consistió en elegir la materia que necesitaba para la manifestación. Esta elección fue controlada por el karma cósmico, la capacidad vibratoria, el color o cualidad de respuesta, los factores numéricos implicados en las matemáticas cósmicas. Es la personificación del manas cósmico, y al emplear esta facultad, trata -mediante la forma animada- de des­arrollar en Su cuerpo causal cósmico la cualidad pa­ralela de amor-sabiduría.

3. Capacidad de progresar, de aumentar la vibración y de lograr plena autoconciencia en los niveles cósmicos.

d. El Logos solar contiene dentro de Sí mismo los tres prin­cipios o aspectos mayores y su diferenciación en siete principios, que constituyen los diez de Su final perfección, y se sintetizan, con el tiempo, en el principio perfeccionado de amor-sabiduría. Este principio constituye Su coloración primaria. Cada principio se halla personificado )uno de los esquemas y se desarrolla por medio de uno de los Hombres celestiales. Sólo cuatro principios se manifies­tan en cierta medida, porque la evolución del Logos va a la par de la evolución de los Hombres celestiales.

e. El Logos solar está regido por la Ley de Síntesis. Man­tiene el todo en unidad sintética u homogeneidad. Su vida subje­tiva está regida por la Ley de Atracción y Su forma material por la Ley de Economía; ahora comienza a ser regida por otra ley cósmica, todavía incomprensible para el hombre, que sólo es reve­lada a los iniciados más elevados.

f. El Logos solar está en proceso de determinar Su lugar dentro del sistema mayor en el cual ocupa un lugar análogo al del Hombre celestial en un sistema solar. Primero, trata de descubrir el secreto de Su propia existencia y alcanzar plena Autoconciencia; Segundo, determinar la posición y el lugar de Su polo opuesto; Tercero, fusionarse y mezclarse con ese polo opuesto. Éste es el matrimonio cósmico del Logos.

g. Un Logos solar se caracteriza por Su respuesta al estímulo externo, lo cual concierne:

Al estímulo eléctrico o Su respuesta a la fuerza fohática eléc­trica, procedente de otros centros estelares, que controlan, en gran parte, la acción de nuestros sistema y sus movi­mientos en el espacio, en relación con otras constelaciones.

Al estímulo magnético, actuando sobre Su Vida subjetiva, pro­cedente de ciertos centros cósmicos, sugeridos en La Doc­trina Secreta. Éstos tienen su fuente de origen en niveles búdicos cósmicos. Su efecto combinado induce al desarrollo constante.

El Logos solar se caracteriza por:

I.         Su existencia esferoidal manifestada. Su “círculo no se pasa” es preciso y perceptible. Esto puede ser demostrado única­mente mediante el esfuerzo realizado para determinar la extensión del control subjetivo, la medida de la esfera solar de influencia o la atracción magnética del Sol ejercida sobre otros cuerpos menores, a los cuales mantiene en movimiento circulatorio alrededor de sí mismo.

II.        La actividad de la vida que anima a los diez esquemas.

III.      La amplitud de Su control, ejercido en cualquier periodo dado.

IV.      La síntesis final de los siete esquemas en los tres y de los tres en el uno, Esto abarca la oscuración del los esquemas y la unificación de los siete principios que ellos personifican.

V.        Su sujeción a la Ley de Su Ser.

VI.      Su relación grupal.

VII.     Su desarrollo de Conciencia; el factor tiempo está controlado por el ritmo del desarrollo de todos los entes conscientes de Su cuerpo.

Hemos delineado muy brevemente algunas de las analogías que existen entre los cuatro factores ya mencionados, habiendo respondido superficialmente a la pregunta. Si estos puntos son es­tudiados resultarán de verdadera ayuda para desarrollar la apre­ciación mental del estudiante y acrecentar su comprensión de la belleza de todo el esquema solar.

VI. ¿QUE ES EL ASPECTO MENTE? ¿POR QUE EL PRINCIPIO MANASICO ES TAN IMPORTANTE? ¿QUIENES SON LOS MANASAPUTRAS?

Nos ocuparemos ahora del misterio más profundo de todo el sistema solar manifestado, el misterio de la Electricidad,([9]) al cual H. P. B. se refiere. Está estrechamente vinculado con la vida de Dios, tal como se manifiesta por medio de Sus siete Centros, los siete Hombres celestiales, los divinos Manasaputras. Todavía es imposible resolver este problema exotéricamente y muy poco pue­de ser revelado al público; ello se debe a tres razones

Primero, el grado de evolución alcanzado por el hombre no le permite captar correctamente estas abstracciones.

Segundo, gran parte de lo que puede ser explicado sólo se revela a los iniciados que han pasado la tercera Iniciación, y aún a ellos en forma muy reservada.

Tercero, la revelación del estrecho vínculo que existe entre la mente y fohat o energía, o entre el poder del pensamiento y el fenómeno eléctrico -efecto del impulso fohático sobre la mate­ria- encierra muchos peligros; el eslabón que falta (si es posible denominarlo así) en la cadena del razonamiento, partiendo de los fenómenos al impulso que los origina, sólo puede impartirse sin riesgo, cuando se ha construido debidamente el puente entre la mente superior y la inferior. Cuando lo inferior está siendo con­trolado por lo superior, o cuando el cuaternario se está fusionando con la Tríada, entonces se le puede confiar al hombre los cuatro fundamentos restantes. Tres fundamentos ya se han expresado en el proemio de La Doctrina Secreta, y conjuntamente con el Concepto evolutivo de la sicología forman los tres conceptos revelados y el cuarto que está apareciendo. Los otros tres son esotéri­cos y se mantendrán así hasta que cada hombre haya realizado por sí mismo su desarrollo espiritual, construido el puente entre la mente inferior y la superior, preparado el santuario para la Luz de Dios en el templo de Salomón y dedicado sus actividades a colaborar abnegadamente en los planes del Logos.

Cuando dichas cualidades asuman un lugar prominente y el hombre haya dedicado toda su voluntad al servicio, entonces se pondrá en sus manos la clave que le permitirá encontrar el método mediante el cual el impulso eléctrico, manifestándose como calor, luz y movimiento, puede ser dominado y utilizado; descubrirá la fuente del impulso inicial que proviene de centros de fuera del sistema, y el ritmo básico. Sólo entonces podrá ser un verdadero colaborador inteligente, y (eludiendo ser controlado por la Ley que rige en los tres mundos) manejará él mismo la ley en las esferas inferiores.

1. Naturaleza de la Manifestación.

Tenemos aquí tres preguntas importantes y las consideraremos como una, pues todas ellas se refieren al mismo tema y conciernen a la objetividad inteligente. Quizás si parafraseamos este triple interrogante y lo reducimos a la objetividad microcósmica, el pro­blema no parecerá tan complejo. Podríamos expresarlo de la ma­nera siguiente:

¿Qué es el aspecto pensante del ser humano? ¿Por qué su mente y sus procesos mentales son tan importantes? ¿Quién es el pensador?

El hombre, en su esencia fundamental, es la triada superior manifestándose por medio de una forma que evoluciona gradual­mente, el cuerpo egoico o causal, y utiliza la triple personalidad inferior como medio de contacto con los tres planos inferiores. Todo esto tiene por finalidad el desenvolvimiento de la autoconciencia perfecta. Por encima de la tríada está la Mónada o Padre en el Cielo -un punto de abstracción cuando el hombre lo contempla desde el plano físico, para quien la Mónada ocupa la posición del Absoluto, en el mismo sentido que el Logos indiferenciado se en­cuentra respecto a la Trinidad, las tres Personas de la manifesta­ción logoica. El paralelo es exacto.

1.       La Mónada.

2.      La Tríada, Atma-Budi-Manas, o voluntad espiritual, intui­ción y mente superior.

3.      El cuerpo egoico o casual, santuario del principio búdico. Este cuerpo se construye con el poder de la mente, siendo la manifestación de los tres.

4.      La triple naturaleza inferior, los puntos de objetividad más densa.

5.      La triple naturaleza inferior es, en esencia, un cuaterna­rio: vehículo etérico, vida animante o prana, kama-manas y mente inferior. Manas o quinto principio constituye el vínculo entre lo inferior y lo superior.([10])

Tenemos, por consiguiente, cuatro inferiores y tres superiores y la relación que existe entre ellos, el principio mente. He aquí los siete, formados por la unión de los tres y los cuatro, y otro factor que hacen ocho. Los siete finales se percibirán cuando budi y manas se fusionen. En algunos libros ocultistas se han hecho muchas insinuaciones respecto a la octava esfera. Quisiera sugerirles que en este factor vinculador, mente inteligente, tenemos la clave del misterio. Cuando la mente obtiene un desarrollo indebido, cesa de unir lo superior y lo inferior y forma una esfera propia. Éste es el desastre más grande que puede ocurrir al ente humano.

Por lo tanto, tenemos:

La Mónada, el Absoluto microcósmico.

Espíritu Puro

El uno y único 

La Trinidad Monádica

Primer aspecto                                            Atma o voluntad espiritual..

Segundo aspecto                                         Budi o principio crístico.

Tercer aspecto                                             Manas o mente superior.

 

El aspecto Hijo en la objetividad.

El cuerpo egoico o casual.

El cuaternario inferior

            1. Cuerpo mental                                         3. Prana o energía vital.

                        2. Cuerpo astral o emocional.                               4. Cuerpo etérico.

El microcosmos es la reproducción del sistema solar en minia­tura. Lo que antecede se refiere a las formas objetivas, que corres­ponden al Sol y a los siete planetas sagrados. Pero paralelamente a la forma exotérica se lleva a cabo un desarrollo síquico, denominado los siete principios. El hombre también desarrolla siete principios, que podrían ser enumerados de la manera siguiente:

PRINCIPIOS MICROCÓSMICOS.([11])

Dos principios superiores:

1. Inteligencia Activa.

2. Amor-Sabiduría latentes.

(La naturaleza síquica de la Mónada es dual.)

1. El principio atma. Naturaleza espiritual. Voluntad.

2. El principio budi. Naturaleza amor. Sabiduría.

3. El principio manas. Naturaleza inteligente. Actividad.

Obsérvese que los tres principios, en términos de la Tríada, con los dos principios sintetizadores del plano de la Mónada, hacen cinco princi­pios y dan la clave de la enumeración empleada por H. P. B. en algunas partes. Podrían expresarse como:

I.         1. El Absoluto           La mónada.

II.        1. Prakriti                  Inteligencia activa.  El Divino Manasaputra.

            2. Purusha                Amor-Sabiduría.     El aspecto Vishnu.

En el plano de la objetividad.

III.      3. Atma.

            4. Budi.                      La Triada.

            5. Manas.

Desde el punto de vista de la evolución, consideramos al más elevado y a los dos superiores como la analogía del Absoluto, cuando se manifiesta en la dualidad. Esto es anterior a la objeti­vidad, y requiere la presencia de los tres. Podría considerarse que los principios en la manifestación son:

Primer Principio     La esfera de manifestación, el huevo monádico.

Segundo Principio  Atma              Voluntad.

Tercer Principio      Budi               Razón pura, sabiduría.

Cuarto Principio      Manas            Mente pura, mente superior.

Quinto Principio     Manas            Mente inferior.

Sexto Principio        Kama-manas.
Séptimo Principio   Emoción pura o sentimiento.

Estos principios corresponden al microcosmos considerados como que han trascendido totalmente el cuerpo físico, de manera que la enumeración se refiere a la vida subjetiva o al desarrollo de la siquis o alma.

Esto debe tenerse muy en cuenta, de lo contrario producirá confusión. Las enumeraciones conciernen a la subjetividad, no a la forma. Por lo tanto, hemos considerado:

a.      La séptuple objetividad                       las formas materiales.

b.      La séptuple subjetividad                     la evolución síquica.

c.      La séptuple espiritualidad       la vida de la Entidad.

Se recordará también que al clasificar la vida espiritual de la Mónada la hemos considerado como quíntuple. Ello fue necesario en esta quíntuple evolución, pero los dos principios que restan podemos considerarlos como:

6. La vida del Hombre celestial, en cuyo cuerpo el hombre tiene un lugar.

7. La vida del Logos, en cuyo cuerpo el Hombre celestial tiene también un lugar.

Sería útil considerar aquí otra enumeración de los principios del hombre,([12]) a medida que se manifiesta en los tres mundos, los planos en que lo subjetivo y lo objetivo se unen. ¿Qué tenemos allí? Empezaremos, donde el hombre comienza, con lo más inferior.

            7. El Cuerpo etérico                                    1. Cuerpo vital

            6. Prana                                                        2. Fuerza vital

            5. Kama-Manas                                           3. Deseo-mente

            4. Mente inferior                                        4. Mente concreta

            3. Manas                                                       5. mente superior o abstracta

            2. Budi                                                                      6. Sabiduría, fuerza crística, intuición

            1. Atma                                                         7. Voluntad espiritual

Esta es la clasificación inferior para el hombre poco evolu­cionado de la actualidad.

¿Qué puede verse desde el punto de vista del Ego?

I.         El Absoluto                                                  Atma. Absoluta voluntad de ser.

II.        El Binario

1. Budi                                                          Razón pura, sabiduría.

2. Manas                                                      Mente pura.

III.      La Tríada

3. Cuerpo causal

4. Mente inferior

5. Kama-manas

6. Prana

7. Cuerpo etérico

Al enumerar estos principios, lo hacemos desde diferentes puntos de vista (tal como H. P. B. dice que debe hacerse) ([13]), ([14]) los cua­les dependen de la etapa y la visión alcanzada. Los hemos conside­rado así al responder a la sexta pregunta, porque se ha procurado poner de relieve y grabar con claridad en nuestras mentes, que deben tenerse en cuenta las tres líneas de desarrollo al considerar la evolución de los Manasaputras.

2. Desarrollo Objetivo.

Séptuple en la evolución y en el tiempo, nónuple durante la oscuración y décuple durante la desintegración.

Macrocosmos.

1.       Los siete planetas sagrados del sistema solar.

2.      Los dos planetas que se hallan ocultos, los planetas sinte­tizadores.

3.      El único planeta sintetizador final, el Sol. Siete más dos y más uno son diez.

El gran Hombre celestial posee diez centros.

Un Hombre Celestial.

1.       Las siete cadenas de un esquema.

2.      Las dos cadenas sintetizadoras.

3.      La cadena final.

Un Logos planetario posee diez centros.

Microcosmos

1.       Los siete vehículos empleados son:

a.      La envoltura átmica.

b.      El vehículo búdico.

c.      El cuerpo causal o egoico.

d.     El cuerpo mental.

e.      El cuerpo astral.

f.       El cuerpo etérico.

g.      El cuerpo físico denso.

2.      Dos cuerpos sintetizadores:

a.      El cuerpo causal.

b.      El cuerpo físico.

3.      Un cuerpo sintetizador:

a.      La envoltura monádica.

En el vehículo físico existen siete centros que corresponden a dichos cuerpos con sus centros sintetizadores situados en el cora­zón y en la garganta; el centro coronario constituye el sintetizador final. Esta clasificación se refiere totalmente al aspecto forma y a los vehículos ocupados por el Logos, los Manasaputras y el Hombre.

3. Desarrollo Subjetivo.

Éste también es séptuple:

1. Astral                                deseo, emoción, sentimiento puro.

2. Kama-manásico              deseo-mente.

            3. Manásico                          mente inferior concreta.

            4. Manásico superior                      mente abstracta o pura.

            5. Búdico                              razón pura, intuición.

            6. Átmico                              voluntad pura, realización.

            7. Monádico                         voluntad, amor-sabiduría, inteligencia.

Esto se refiere al séptuple desarrollo de inherente amor-sabi­duría, con la ayuda de la mente. Se lleva a cabo macrocósmica­mente a través de los siete Hombres celestiales, quienes son inte­ligentemente activos; Su amor es inherente y se los ve objetiva­mente por medio de Sus formas, los esquemas planetarios. En su totalidad constituyen el Logos, el gran Hombre de los Cielos. En el caso del Hombre celestial el desarrollo prosigue por medio de los siete grupos de entes humanos, que forman Sus centros síqui­cos. Dichos grupos, en su propio plano, desarrollan la inteligencia, son inherentemente amor y pueden establecer contacto en forma objetiva con las siete cadenas de un esquema. En el caso del indi­viduo, el desarrollo prosigue por medio de sus siete centros, clave de su evolución síquica. El hombre está también desarrollando la inteligencia; es inherentemente amor y se le ve objetivamente por medio de cualquiera de sus cuerpos.

Aquí trato de hacer resaltar el desenvolvimiento síquico, y también la evolución subjetiva como la principal empresa del Logos, de un Logos planetario y de un hombre. El amor inteligente activo (que mediante la aplicación inteligente de la facultad men­tal llevará a la actividad la latente cualidad del amor) será el resultado del proceso evolutivo. Así como la objetividad es dual, vida-forma, de la misma manera lo es la subjetividad, mente-amor, y la fusión produce conciencia. Sólo el Espíritu es una unidad indivisible; el desenvolvimiento del Espíritu (o la obtención de los frutos de la evolución) sólo se realizará cuando la doble evo­lución de la forma y la sique se haya consumado. Entonces el Espíritu cosechará el fruto de la evolución y reunirá en sí las cua­lidades cultivadas durante la manifestación: perfecto amor y per­fecta inteligencia, manifestándose como amor-sabiduría inteligente y activo.

Podríamos por lo tanto responder a la pregunta: ¿qué es el aspecto mente y por qué es tan importante?, expresando que el aspecto mente constituye, en realidad, la habilidad o capacidad de la Existencia logoica de pensar, actuar, construir y evolucionar, a fin de desarrollar la facultad del amor activo. Cuando el Logos, que es inteligencia activa, haya recorrido Su ciclo de vida, será también amor plenamente manifestado en toda la Naturaleza. Esto se puede afirmar respecto a un Hombre celestial en Su esfera, y a un hombre en su diminuto ciclo. De esta manera se podrá apre­ciar plenamente la importancia de manas. Constituye el medio por el cual la evolución se hace posible, se alcanza la comprensión y se genera y utiliza la actividad.

Veamos cómo se puede considerar esta pregunta en términos de Fuego:


Objetivamente                                                   Subjetivamente                                Espiritualmente
1. El mar de fuego                            1. Nuestro Dios es un fuego                Voluntad energeti­zadora.

                                                           consumidor.
2. El akasha                                      2. La Luz de Dios                             Aspecto forma.

3. El éter                                           3. El calor de la materia                 Aspecto actividad.

4. El aire                                           4. La iluminación de la intuición.

5. El fuego                                        5. El fuego de la mente.

6. La luz astral                                 6. El calor de las emociones.

7. La Electricidad del plano físico 7. El kundalini y el prana.

Esto está envuelto en un triple misterio:

1.       El misterio de la electricidad.

2.      El misterio de las siete constelaciones.

3.      El misterio del UNO, POR ENCIMA DEL LOGOS.

4. Los Hombres Celestiales y el Hombre.

La parte final de la pregunta sexta es: ¿Quiénes son los Ma­nasaputras?

Se dará una respuesta más detallada, en lo que respecta a nuestro planeta, cuando nos aboquemos al tema de la llegada de los Señores de la Llama. Es conveniente aclarar ahora ciertos he­chos que deberán constituir la base de cualquier pensamiento so­bre este tema.

Los divinos Manasaputras, ([15]) denominados con diversos nom­bres en La Doctrina Secreta, son los Hijos nacidos de la Mente de Brahma, el tercer aspecto logoico.

Son los siete Logos planetarios, los Señores de los Rayos, los siete Hombres celestiales, que desarrollaron el aspecto mente du­rante el primer sistema solar, en el que Brahma era el supremo y personificaba en Sí mismo la existencia objetiva, y Lo logró por­que al igual que el segundo aspecto (Vishnu o el Dragón de la Sabiduría) es la suma total de la existencia en este segundo sistema.

Las células de Sus cuerpos están constituidas por los entes de las evoluciones humanas y dévica, así como los organismos vi­vientes (aunque en una vuelta más alta de la espiral) las diversas y animadas células o vidas menores, constituyen los cuerpos de los seres humanos. Éste es un hecho fundamental en ocultismo, y la relación que existe entre las células de los vehículos humanos y las células de los distintos cuerpos del Hombre celestial será ilu­minadora si se la estudia detenidamente.

De la misma manera que el ser humano tiene una fuente de origen, la Mónada, y un vehículo semipermanente, el cuerpo cau­sal, que se manifiesta por medio de sus principios inferiores (de los cuales el físico denso no constituye uno de ellos), así también el Hombre celestial tiene una fuente de origen, su Mónada, un cuerpo semipermanente en los niveles monádicos del sistema solar, pero manifestado por medio de tres envolturas inferiores, nuestros planos átmico, búdico y manásico. Para Él los planos astral y físico no constituyen un principio, así como para el hombre no lo es el físico. El hombre vitaliza el cuerpo físico con su fuerza y su calor, pero no lo considera ocultamente un principio. Así el Hombre celestial es ajeno a los dos planos inferiores de la manifestación, aunque los vitaliza con Su fuerza. El ser humano se da cuenta de su relación (como la célula la tiene con el cuerpo) con el Hom­bre celestial únicamente cuando desarrolla la conciencia del Ego en su propio plano. Permítaseme expresarlo de la siguiente ma­nera: el cuerpo causal constituye la forma más inferior por la cual se manifiesta un Hombre celestial, así como el cuerpo físico es la forma más inferior a través de la cual se manifiesta el ser humano, y ello en su significado etérico.

Debe recordarse que las Existencias manifestadas personifican ciertos planos y tienen Sus puntos de involución muy profundos en diversos niveles:

a.      El hombre tiene su origen en el plano monádico, su prin­cipal punto focal en el quinto nivel, el mental: pero trata de obte­ner un pleno desarrollo consciente en los tres planos inferiores: mental, astral y físico.

b.      El Hombre celestial tiene Su fuente de origen fuera del sistema solar (como el hombre lo tiene fuera de los tres mundos de su esfuerzo) y Su principal punto focal en el segundo plano del sistema, el monádico, pero trata de desarrollar la conciencia en los planos de la Tríada (esto en relación con todas las células de Su cuerpo). Desarrolló la conciencia en los tres planos inferiores de los tres mundos durante el primer sistema solar, también en rela­ción con las células de Su cuerpo. El hombre repite hasta la quinta Iniciación, el esfuerzo de Aquél, lo cual lo llevará a la etapa de conciencia lograda por el Hombre celestial en un mahamanvatara muy anterior. Ha de recordarse que esto siempre está vinculado con las iniciaciones.

c.      El Logos solar tiene Su origen en un plano cósmico aún más elevado y Su punto focal principal en el plano mental Cósmico pero se expresa por medio de los tres planos cósmicos inferiores similarmente como el hombre trata de expresarse en los tres mun­dos. Por consiguiente, los siete planos mayores del sistema solar se encuentran, con respecto al Logos solar, en la misma relación que el plano físico se encuentra con respecto al ser humano. For­man Sus cuerpos etérico y denso. Se puede decir que:

1.       Los vitaliza con Su vida y calor.

2.      Los anima.

3.      Es plenamente consciente a través de ellos.

4.      El etérico es, respecto al tiempo, Su principio más infe­rior, pero el físico denso no es tenido en cuenta. El cuerpo físico denso cósmico está compuesto de materia de los tres planos inferiores del sistema solar, el mental, el astral y el físico. Por lo tanto el plano búdico es el cuarto éter cósmico.

d.     Los Hombres celestiales forman los siete centros del cuer­po del Logos. Son las esferas de fuego que animan Su cuerpo, y cada uno de Ellos expresa un tipo de la fuerza que este manifiesta, de acuerdo a Su lugar dentro del cuerpo.

e.      Los seres humanos, cuando están centrados dentro de sus grupos en los planos causales, forman uno u otro de los siete cen­tros en el cuerpo del Hombre celestial.

f.       El Logos solar forma un centro en el cuerpo de una ENTIDAD cósmica aún mayor. En consecuencia los seres humanos tienen su lugar en uno de los cuarenta y nueve centros (no grupos, porque un centro puede componerse de muchos grupos, que corresponden a diferentes partes) de los siete Hombres celestiales.

Un Hombre celestial, con sus siete centros, forma un centro en el cuerpo del Logos solar. He de indicar aquí que existe estre­cha conexión entre los siete Rishis de la Osa Mayor y los siete Hombres celestiales. Aquéllos son en relación a estos lo que la Mónada es respecto a la unidad evolucionante humana.

VII ¿ POR QUE LA EVOLUCIÓN SE DESENVUELVE CICLICAMENTE?

Esta pregunta es desconcertante y nos hace pensar. Vamos a encararla basándonos en lo siguiente: Cuando se piensa en el pro­greso cíclico surgen ciertos Conceptos que sería conveniente con­siderar.

1. El Concepto de Repetición.

Repetición implica los siguientes factores:

a. Repetición en el tiempo: El concepto de actividad cíclica comprende períodos de tiempo de diferente duración, ciclos mayo­res o menores, pero de acuerdo a su duración, uniformes. Un man­vantara o Día de Brahma, tiene siempre determinada extensión; lo mismo ocurre con el mahamanvantara. Los ciclos durante los cuales un átomo de cualquier plano gira alrededor de su eje son uniformes en el plano correspondiente.

b. Repetición de los hechos: Da la idea de un ritmo clave o sonido, en cualquier grupo particular de átomos que entran en la composición de una forma determinada. Este agrupamiento de áto­mos tenderá a crear una serie de circunstancias y repetirá el com­pás o sonido, cuando un factor animador influye sobre ellos. Si en determinados períodos la fuerza vitalizadora se pone en con­tacto con una serie de átomos, evocará un sonido específico, el cual se manifestará objetivamente como circunstancias ambientales. En otras palabras, la interacción del Yo y del no-yo es, invariable­mente, de carácter cíclico. La misma calidad de tono será evocada por el Yo cuando more en la forma, pero el ritmo ascenderá gradualmente. Es similar al efecto producido al golpear la misma nota en octavas diferentes, empezando por la más baja.

c. Repetición en el espacio: Este concepto se halla profun­damente implicado en un concepto más amplio respecto al karma, ley que realmente rige la materia del sistema solar e inició su acción en sistemas solares anteriores. Tenemos, por lo tanto, ciclos ordenados y repetición en espiral ascendente, regida por una ley precisa. 

Las ideas sugeridas podrían también expresarse de la manera siguiente:

a.      El sistema solar repite su acti­vidad.

Repetición en el espacio.

b.      Una cadena planetaria repite su actividad.

Repetición en el tiempo 

c.      La repercusión consecutiva y constante de la nota de un plano, de un subplano y de todo lo que dicha nota trae a la objetividad.

Planos de Repetición

d.     La tendencia de los átomos a perpetuar su actividad y a pro­ducir circunstancias ambienta­les y vehículos similares.        

Repetición de la Forma.

Cuando extendemos estas ideas desde todos los planos del sistema solar hasta abarcar los planos cósmicos, penetramos en lo infinito.

2. La Repetición de la Actividad Cíclica está Regida por Dos Leyes:

Quizá sea más exacto decir que está regida por una ley pri­maria y otra subsidiaria. Esto nos lleva a dos tipos de ciclos invo­lucrados en la propia y verdadera naturaleza del Yo y del no-yo. Su interacción trae, con la ayuda de la mente, lo que llamamos medio ambiente o circunstancias.

Existe una Ley general que produce efectos cíclicos, la Ley de Atracción y Repulsión, de la cual es subsidiaria la Ley de Periodicidad y de Renacimiento. La evolución cíclica es el resul­tado de la actividad de la materia y de la Voluntad del Espíritu. Tiene lugar por la interacción de la materia activa y del Espíritu que moldea. Toda forma contiene una Vida. Toda vida tiende a unirse con la vida similar latente en otras formas. Cuando el Espí­ritu y la materia emitan la misma nota cesará la evolución. Cuando la nota emitida por la forma es más fuerte que la del Espíritu, tenemos atracción entre las formas. Cuando la nota emitida por el Espíritu es más fuerte que la de la materia y de la forma, tenemos al Espíritu que rechaza a la forma. Tenemos así la base del campo de batalla de la vida y sus miríadas de etapas intermedias, lo cual podría expresarse de la manera siguiente:

a.      El período en que domina la nota de la forma es el de la involución.

b.      El período en que el Espíritu rechaza a la forma es el de la lucha en el campo de batalla en los tres mundos.

c.      El período en que un Espíritu atrae a otro, y en el que abandona la forma, es cuando se huella el Sendero.

d.     El período en que domina la nota del Espíritu es el de la evolución en los planos superiores.

A la sincronización o ausencia de sincronización de las notas se puede atribuir todo lo que ocurre en los ciclos mundiales. Así se produce la armonía; primero, la nota fundamental de la materia: luego, la nota del Espíritu dominando gradualmente la nota in­ferior y monopolizando la atención, hasta que gradualmente la nota del Espíritu predomina sobre las otras. Sin embargo se ha de recor­dar que la nota de la vida mantiene unida a la forma. La nota del Sol, por ejemplo, ejerce atracción exacta sobre las esferas circun­dantes, los planetas. Las notas se sincronizan y armonizan hasta alcanzar una etapa adecuada y el consiguiente período de abstrac­ción. La evolución cíclica prosigue. Similarmente un ser humano (por medio de su nota) mantiene unidos los átomos de los tres cuerpos, representando para ellos, lo que el Sol central representa para los planetas. No obstante se puede afirmar que la Ley de Atrac­ción manifiesta los poderes del Espíritu y que la Ley de Repulsión rige a la forma. El Espíritu atrae al Espíritu durante todo el ciclo mayor. En ciclos menores el Espíritu atrae temporariamente a la materia. La tendencia del Espíritu es unirse y fusionarse con el Espíritu. La forma rechaza a la forma, y así se produce la separa­ción. Pero -durante el gran ciclo de evolución- cuando comienza a actuar el tercer factor, la mente, y el punto de equilibrio cons­tituye la meta, se percibe el despliegue cíclico de la interacción entre el Espíritu y la forma, dando por resultado los ciclos orde­nados de los planetas, de un ser humano y de un átomo. Así, por repetición, se desarrolla la conciencia y comienza a adquirirse la facultad de responder. Cuando dicha facultad es de tal naturaleza que constituye parte inherente del haber activo de la Entidad, aquélla debe aplicarse en todos los planos, y aquí rige también la actividad cíclica, de allí que la repetición de los nacimientos cons­tituya el método aplicado. Una vez que la facultad consciente e innata, en toda unidad de conciencia, llegue a coordinarse como parte del equipo del Logos en cada plano del sistema solar, sólo entonces cesará la evolución cíclica; el movimiento giratorio en todos los planos del plano físico cósmico vibrará tan uniforme­mente que iniciará la acción en el plano cósmico inmediato, el astral.

3. La Tercera Idea Implicada en el Concepto de los Dos Tipos de Ciclos.

1. Rotación sobre el eje. Esto puede observarse ya sea que consideremos un diminuto átomo de sustancia, un planeta girando sobre su eje, la rotación de un cuerpo causal o de un sistema solar.

En relación con el ser humano puede ser considerada como la rotación de las diversas envolturas alrededor de la con­ciencia central durante cualquier encarnación.

En relación con el Hombre celestial, puede ser conside­rada como la rotación de un globo dentro de una cadena, o el período de una encarnación.

En relación con un Logos solar, puede ser considerada como una revolución completa del Sol en el espacio, con todo lo incluido dentro del “círculo no se pasa”.

2. Rotación alrededor de una órbita. Constituye la rotación de una esfera de vida, no sólo sobre su eje, sino a lo largo de la senda esferoide de su órbita, alrededor de un punto central.

a.      En relación con el hombre, puede ser considerada como la revolución de la rueda de la vida, o el paso de un ente por los tres planos inferiores cuando desciende a la encar­nación y asciente en su regreso.

b.      En relación con el Hombre celestial, puede ser considerada como el ciclo denominado una ronda, durante la cual la vida del Hombre celestial recorre cíclicamente los siete globos.

c.      En relación con el Logos solar, es la total revolución del sistema solar alrededor de su centro cósmico.

Se ha de observar que las ideas que se han tratado, vincula­das a la evolución cíclica, no se pueden exponer como algo separa­do del concepto conciencia. Las ideas de tiempo, espacio y acti­vidad (desde el punto de vista ocultista) sólo se pueden concebir como relativas a una entidad consciente, un Pensador.

Tiempo para el ocultista es ese ciclo mayor o menor en que una vida sigue un curso específico, donde se inicia, continúa y termina un período determinado, vinculado con la percepción de cierta Entidad, y sólo reconocido como tiempo una vez que la vida participante ha alcanzado una etapa considerable de percepción. El tiempo ha sido definido como una sucesión de estados de con­ciencia; ([16]) por lo tanto se lo puede estudiar desde el punto de vista de:

a.      La conciencia logoica, o los estados sucesivos de realiza­ción divina dentro de la esfera solar.

b.      La conciencia planetaria, o la conciencia de un Hombre celestial, a medida que recorre cíclicamente el esquema.

c.      La conciencia causal, o la sucesiva expansión de la per­cepción inteligente de un ser humano, vida tras vida.

d.     La conciencia humana, o la percepción del hombre en el plano físico y, progresivamente, en los planos emocional y mental.

e.      La conciencia animal, vegetal y minera!, la cual difiere de la conciencia humana en muchos detalles, principalmente, en que no coordina, deduce ni reconoce una entidad separada. Se asemeja a la conciencia humana en que incluye, durante su breve ciclo, la respuesta a los sucesivos contactos de las unidades implicadas.

f.       La conciencia atómica, que se manifiesta en los sucesivos estados de atracción y repulsión. En esta última definición se halla la clave de los otros estados de conciencia.

El átomo gira sobre su eje. Durante sus revoluciones penetra en el campo de actividad de otros átomos. Los atrae y los incorpora a su propio campo de actividad, o los rechaza y los arroja fuera de su campo de actividad, causando la separación. Algo que debe tenerse en cuenta, en el concepto de mutua atracción, es la preservación de la identidad durante la cohesión.

El ser humano, en la manifestación objetiva, gira igualmente alrededor de su eje o punto central, su principal fuente de anima­ción; esto lo lleva al campo de actividad de otros hombres, otros átomos humanos, lo cual análogamente tiende a la cooperación o cohesión, o a la separación o repulsión. Nuevamente debemos re­cordar que aún en la cohesión no pierde su identidad.

El Hombre celestial, por medio de la forma de una cadena planetaria, gira similarmente sobre Su eje, y aquí puede observarse un fenómeno análogo. Un planeta rechaza a otro planeta similar, pues es una ley muy conocida que las partículas similares se recha­zan; pero otra ley oculta muy conocida establece que, con el tiem­po, se atraerán a medida que la vibración vaya intensificándose. Un planeta negativo será atraído por otro positivo y así ocurrirá con todas las demás formas. Esto constituye la manifestación del SEXO en todo tipo de sustancia, desde el minúsculo átomo del cuer­po hasta las inmensas cadenas planetarias; tal es la base de la acti­vidad. La actividad irradiatoria es simplemente la interacción entre lo femenino y lo masculino; esto puede observarse en el átomo físico que estudia el científico, en los hombres y mujeres y en el más vasto átomo de un sistema solar, al vibrar con su opuesto cósmico.

Por lo tanto, podemos considerar que el tiempo es ese proceso de la actividad o ese desarrollo progresivo, en que la Conciencia inmanente busca a su opuesto y va siendo regida por la Ley de Atracción, que conduce al matrimonio atómico, humano, planeta­rio, espiritual, solar y cósmico. Esta idea es relativamente sencilla en lo que se refiere al ser humano, y puede observarse diariamente su manifestación al establecer contacto con otros seres humanos; dichos contactos, por ejemplo, se deben en gran parte a las simpa­tías y antipatías. Estas atracciones y repulsiones están regidas por la ley, y su causa reside en la forma misma; la sensación de sim­patía o antipatía sólo es el reconocimiento, por parte de la entidad consciente, de que ha entrado en su campo magnético una forma atómica, la cual se ve impelida a ser atraída o rechazada por la ley de su propio ser. Únicamente cuando se ha trascendido la forma y el Espíritu busca al Espíritu, cesa el fenómeno de repulsión. Esta será la inevitable cesación final de la evolución solar, produ­ciendo el pralaya. A la duración de la interacción, al período en que el Espíritu busca al Espíritu y al proceso vibratorio necesario para utilizar la forma, lo llamamos Tiempo, ya sea en relación con el hombre, el Logos planetario o la Deidad.

También el espacio está incluido en la idea de conciencia y su utilización por la materia. Espacio, para el Logos, es literal­mente la forma donde se desarrollan Sus propósitos y actividades conscientes, el “círculo no se pasa” solar. El espacio, dentro del cual el Logos planetario realiza Sus planes, es similarmente la parte del espacio solar que el desarrollo de Su conciencia le per­mite utilizar. El hombre, por su parte, repite el proceso, y su “círculo no se pasa” está incluido en el campo de su conciencia, el cual puede ser muy restringido, como en el caso de una persona poco evolucionada, o incluir una parte muy extensa del espacio planetario y, en el caso de una persona muy evolucionada, hasta puede comenzar a hacer contacto con la periferia de la esfera de influencia del Logos planetario, de Cuyo cuerpo es una célula.

Espacio, para el átomo (por ejemplo, el átomo del cuerpo físico del hombre), constituye el radio de acción de la forma donde se encuentra el centro mayor de conciencia del cual el átomo es parte, siendo atraído y rechazado -atraído e incorporado a la forma de la Vida mayor, por lo tanto rechazado y en consecuencia impedido de moverse en un determinado punto dentro de esa forma.

Hemos tratado brevemente el tiempo y el espacio y su rela­ción con un centro específico de conciencia; hemos visto que son simplemente formas de ideas para expresar la actividad cíclica de una entidad. El tema es extraordinariamente abstruso, debido al poco desarrollo de la inteligencia humana, la cual está tan preocu­pada en el aspecto objetivo o material de la manifestación que la atracción entre Espíritu y Espíritu es poco más que un concepto. Si un mayor número de miembros de la familia humana tuvieran su centro de conciencia en el Ego y, por consiguiente, se ocuparan del rechazo de la materia y del abandono de la forma por parte del Espíritu, se comprendería el proceso transmutador; sólo enton­ces se trascendería el tiempo (según se lo conceptúa en los tres mundos), y sólo entonces se descubriría que el espacio (como se le manifiesta al hombre por medio de los tres planos inferiores, o los diez y ocho subplanos) constituye una barrera. La misma afirmación puede hacerse respecto a los siete Logos y al Logos solar, extendiendo la idea a otros planos solares y cósmicos. Aná­logamente se puede aplicar a las vidas subhumanas y a las involu­tivas, teniendo siempre en cuenta que a medida que la conciencia se va limitando y restringiendo, mayor serán la inercia, la falta de respuesta y la limitación de la irradiación.

Un detenido estudio del quinto diagrama nos demostrará dónde reside el problema del Logos y dónde se halla la exacta analogía entre Él y Su reflejo, el Hombre.

Primero. Ambos se encuentran en manifestación objetiva en el plano físico.

Segundo. Ambos se encuentran en el punto de mayor invo­lución.

Tercero. Ambos se hallan trabados por la materia y están desarrollando la conciencia (conciencia egoica) en el plano físico -el hombre en el físico solar y el Logos en el físico cósmico.

Cuarto. El hombre ha de procurar que el Dios interno ejerza el pleno control consciente. Por medio de este control debe domi­nar las circunstancias hacer de su medio ambiente un instrumento y manipular la materia. El Logos hace lo mismo en los niveles cós­micos. Ambos están muy lejos de la realización.

Quinto. Ambos trabajan en, con, y por medio de la fuerza eléctrica.

Sexto. Ambos están sometidos a las leyes que rigen la forma; por lo tanto, están regidos, en tiempo y espacio, por el KARMA, la Ley de la forma. Ésta tiene que ver con la cualidad, así como la fuerza con la vibración.

          Séptimo. Ambos trabajan por medio de formas compuestas, a su vez de:

a.      Tres tipos principales de formas: Una forma mental, pri­mer aspecto de la manifestación; una forma astral, segundo aspecto; y una forma física, tercer aspecto. La vibración mental establece la clave del ritmo y trata de utilizar y coordinar el cuerpo físico a Voluntad. Se ocupa de la conciencia o la vincula a las tres formas en una sola dirección: rechaza y causa la separación en otras. La vibración astral concierne a la cualidad, al ritmo atractivo. Es el elemento síquico. El físico constituye el punto de reunión de la conciencia con la forma material. Esta última es el resultado pro­ducido por la unión de la clave del ritmo con la cualidad del tono.

b.      Siete centros de fuerza, que mantienen a las tres formas en un conjunto coherente y causan su vitalización y coordinación. Ponen a la triple unidad en correlación con su centro principal de conciencia en los planos superiores, ya sea dicho centro el cuerpo causal del hombre, del Logos planetario o del Logos solar.

c.      Millones de células infinitesimales cada una de las cuales personifica una vida menor, se halla en constante actividad y rechaza a las otras células a fin de mantener su individualidad o identidad; sin embargo están unidas entre sí por una fuerza central atractiva. Así se producen las formas objetivas de un cristal, un vegetal, un animal, un hombre, un planeta y un sistema.

Finalmente, ambos actúan en forma dual y cada uno mani­fiesta atracción y repulsión.

La atracción de la materia por el Espíritu y la construcción de una forma para uso del Espíritu es el resultado de la energía eléc­trica del universo, la cual, en cada caso, pone las vidas o esferas menores al alcance de su influencia. Es la fuerza magnética me­diante la cual la vida del Logos mantiene unido su cuerpo de manifestación. La fuerza magnética del Hombre celestial, el Logos pla­netario, extrae del “círculo no se pasa” solar lo que necesita para cada encarnación. La fuerza magnética del Ego reúne, en cada nacimiento, materia de la esfera o del esquema particular, dentro del cual el Ego tiene su lugar. Así sucesivamente encontramos en toda la escala descendente que las vidas menores circulan dentro de las vidas mayores.

En consecuencia, tenemos (durante un período de atracción y repulsión, o ciclo de vida) lo que llamamos Tiempo y Espacio; y esto es verdad tanto respecto al ciclo de vida de un Logos como de una hormiga y de un cristal. Existen ciclos de actividad en la materia producidos por alguna Voluntad energetizadora; entonces se cono­ce el Tiempo y el Espacio. Hay ciclos de no-ser en que tiempo y espacio no existen y la Voluntad energetizadora se retira, pero debemos recordar que esto es relativo y se ha de considerar desde el punto de vista de una vida determinada o ente involucrado y del grado de conciencia alcanzado. Todo debe ser interpretado en tér­minos de conciencia.

El primer tipo de ciclo, o el período transcurrido durante la revolución completa de una esfera alrededor de su propio centro de conciencia, constituye un ciclo menor para la Entidad particular implicada, sea Dios u hombre. Podemos considerar como ciclo ma­yor al segundo tipo de ciclo, o el período que tarda en recorrer una órbita, o la revolución completa de una esfera que se desplaza alrededor de su centro del cual es parte integrante. El tercer tipo de ciclo no tiene mucha relación con el desplazamiento de la forma a través de determinado lugar del espacio, sino que es un ciclo que incluye al mayor y al menor. Tiene que ver con la respuesta de la ENTIDAD -de Cuyo cuerpo nuestro Logos solar sólo es un centro- a los contactos establecidos con ese centro y su opuesto cósmico. Ambos centros, por ejemplo nuestro sistema solar y su opuesto cósmico, en su interacción, crean un período cíclico que tiene relación con “AQUEL QUE ESTÁ POR ENCIMA DE NUESTRO LOGOS”. Esto, na­turalmente, está más allá del concepto humano; pero se ha de incluir en nuestra enumeración de los ciclos si se quiere ser exacto.

VIII. ¿POR QUE EL CONOCIMIENTO ([17]) ES A LA VEZ EXOTERICO Y ESOTERICO?

Ahora dilucidaremos la pregunta que sigue: ¿Por qué consi­deramos que algunos aspectos del conocimiento son esotéricos y otros exotéricos?

Prácticamente la respuesta significa que ya se tiene cierta noción de que el conocimiento esotérico se ocupa del aspecto sub­jetivo de la vida y el exotérico del aspecto objetivo; que un tipo de conocimiento concierne a la energía y a la fuerza (de allí el peligro de la prematura revelación) y el otro a aquello que está siendo energetizado. Se evidenciará que hasta tanto no se haya logrado la facultad de comprobar la información subjetiva, una larga serie de hechos quedarán fuera del campo de la conciencia de la mayoría.

Como ya se ha dicho, la meta de la evolución consiste en ser consciente en todos los planos; debido al poco desarrollo evolutivo de la raza, todavía el plano físico está siendo sometido al control consciente. El conocimiento adquirido sobre dicho plano, la infor­mación concerniente a la objetividad más densa, el conjunto de hechos relacionados con los cinco subplanos inferiores del plano físico (desde el punto de vista ocultista), son considerados exoté­ricos. En el transcurso de las dos próximas razas, dominaremos los otros dos subplanos; entonces, todo el conocimiento concerniente a la materia física y etérica, a la energía y a la forma, más la experiencia en el plano físico, estarán fácilmente a disposición del hombre, y concernirán únicamente a sus cinco sentido físicos.

La información y el conocimiento de la vida que evoluciona por medio de las formas, serán todavía por largo tiempo considerados esotéricos, lo mismo que la aprehensión y captación del aspecto materia y de las leyes que rigen la energía en los planos astral y mental. Esto en relación con el hombre medio y la masa. La infor­mación objetiva y exotérica es obtenida y corroborada por los hombres, en gran parte, en el Aula del Aprendizaje por medio de los cinco sentidos y del experimento. En el transcurso del tiempo y después de muchas encarnaciones, el experimento se transmuta en experiencia, produciendo con el tiempo lo que llamamos instinto o reacción natural, de algún tipo particular de conciencia, a ciertas circunstancias o medio ambiente. Puede verse la actuación de am­bos factores, los sentidos y el contacto experimental, en el reino animal y en el humano; la diferencia entre ambos reinos se halla en que el hombre es capaz de captar, recordar, anticipar y utilizar conscientemente los frutes de la experiencia pasada, y así influen­ciar el presente y prepararse para el futuro. A este fin, utiliza el cerebro físico. El animal posee también memoria instintiva, la facultad de aprehender y la anticipación embrionaria; pero, por carecer de mente, es incapaz de ajustarlos a las circunstancias en el sentido de correlacionarlos de antemano; tampoco posee la capa­cidad de utilizarlos conscientemente a fin de beneficiarse de los acontecimientos pasados y aprehender por experiencia como lo hace el hombre. El animal emplea el plexo solar que constituye el órgano del instinto del mismo modo que el hombre emplea el cerebro.

Todo lo que puede adquirirse por el instinto y por el empleo de la mente concreta. actuando por medio del cerebro físico, puede considerarse dentro de lo que llamamos exotérico. Es evidente, por lo tanto, hasta qué punto los hechos diferirán de acuerdo a:

a.      La edad del alma.

b.      La experiencia adquirida y aplicada.

c.      La condición del cerebro y del cuerpo físico.

d.     Las circunstancias y al medio ambiente.

A medida que pasa el tiempo y el hombre alcanza cierto grado de evolución, la mente se desarrolla con más rapidez y entra en acti­vidad un nuevo factor. Poco a poco la intuición o mente trascen­dental empieza a actuar y con el tiempo, reemplaza a la mente inferior o concreta. La intuición emplea entonces el cerebro físico como placa receptora; pero al mismo tiempo desarrolla ciertos centros en la cabeza, transfiriendo así la zona de su actividad desde el cerebro físico a los centros superiores de la cabeza, existentes en materia etérica. En la masa humana esto se efectuará al abrirse los subplanos etéricos durante las próximas dos razas. Esto sucede análogamente en el reino animal cuando la zona de actividad del plexo solar es transferida en forma gradual al cerebro rudimentario y se desarrolla paulatinamente con la ayuda de manas.

Al considerar estos puntos se evidencia que esas zonas de conciencia que constituyen realmente los aspectos esotéricos del conocimiento no han sido conquistadas todavía ni traídas dentro del radio de control de la Entidad inmanente.

Se ha de recalcar, que cuando llegue a comprenderse esto, será apreciado el verdadero significado de lo exotérico y de lo oculto, y el esfuerzo de todos los CONOCEDORES consistirá en atraer a su zona de conocimiento a otros entes que están preparados para obte­ner una expansión similar de conciencia. En esta idea se halla la clave del trabajo de la Fraternidad. Con Su fuerza atraen hacia cierto campo de realización y esfuerzo, y mediante dicha atracción y la respuesta de esos átomos humanos que están ya preparados, es coordinado el grupo de almas que se halla en el arco ascendente, un determinado centro del Hombre celestial.

Análogamente, el animal es llevado a cierta etapa en la zona de influencia de los hijos menores de la mente -los seres huma­nos, hermanos mayores de los animales, así como los Maestros de Sabiduría son los Hermanos Mayores de la humanidad. Así prosi­gue el entrelazamiento y la distribución de la responsabilidad.

IX. ¿QUE RELACIÓN EXISTE ENTRE:

a.      ¿ Los diez sistemas o esquemas planetarios?

b.      ¿Los siete planetas sagrados?

c.      ¿Las siete cadenas de un sistema?

d.     ¿Los siete globos de una cadena?

e.      ¿Las siete rondas de un globo?

f.       ¿Las siete razas raíces y sus siete subrazas?

Tenemos en esta pregunta un vasto tema para ser tratado, con el cual sólo se podrá obtener una idea amplia y general.

El tema es tan vasto y lo que abarcan los puntos interrelacio­nados es tan grande, que únicamente podremos tratarlos con luci­dez si circunscribimos nuestra atención dentro de ciertos conceptos amplios y generales, dejando los puntos secundarios para elucidarlos detalladamente más adelante.

1. Partes Interrelacionadas

En primer lugar propongo que estudiemos el tema únicamente en lo que concierne al Hombre celestial, que nos abstengamos de considerar la composición celular de Su cuerpo (las unidades sepa­radas de conciencia que llamamos devas y seres humanos), contemplando la cuestión desde el punto de vista de lo que constituye para el ser humano el concepto grupal, no el individual.

La sección intermedia de este tratado sobre los Fuegos se ocupa del desenvolvimiento de la conciencia del Hombre celestial y de la forma que Él aplica (con la ayuda de manas o mente) el conoci­miento adquirido en un sistema solar anterior, a fin de obtener sabiduría mediante la objetividad, y de transmutar las facultades, previamente desarrolladas, en Amor aplicado. Su trabajo es similar al de las células de Su cuerpo, el cual consiste en desarrollar el principio mente. Cuando los entes humanos, mediante la experien­cia en los tres mundos, lo hayan realizado podrán -por haber recibido las iniciaciones finales- comprender algo acerca del concepto de grupo, o se darán cuenta conscientemente del lugar y de la actividad energetizada dentro del “círculo no se pasa” de su particular Logos planetario. Por lo tanto, podríamos considerar los siguientes puntos:

Primero: El trabajo de los entes que componen un Logos planetario determinado. Este trabajo es triple e implica obtener:

a.      Conciencia del control adquirido en su propio “círculo no se pasa” individual o en su propia esfera de actividad. Esto abarca el período de evolución hasta la primera Iniciación o la entrada en el Sendero, es decir, en el reino espiritual. Tiene que ver con el despertar de la conciencia en los tres planos inferiores.

b.      Conciencia de ese centro particular, que personifica la acti­vidad grupal de los entes en el cuerpo de un Logos planetario. Esto los conduce a la quinta Iniciación, y abarca el período duran­te el cual la conciencia despierta en los cinco planos de evolución.

c.      Conciencia de ese centro en el Cuerpo del Logos, del que todo Logos planetario constituye la suma total. Esto los conduce a la séptima Iniciación, y abarca el período en que la conciencia despierta en los siete planos del sistema solar.

Estas expansiones se obtienen con la ayuda de la mente trans­mutada a su debido tiempo en amor-sabiduría, e implican el domi­nio consciente de los siete planos del sistema solar, el plano cósmico inferior.

Segundo: El trabajo de los Hombres celestiales, que en su conjunto constituyen los siete centros del cuerpo del Logos. Este trabajo también es triple e implica obtener:

a.      Conciencia individual o plena autoconciencia en los cinco planos; vibrar con actividad consciente dentro de Su propio “circulo no se pasa”, un esquema planetario. Esto abarca un período en el esquema de involución y ese período comprendido, durante la etapa evolutiva, dentro de las tres primeras rondas, hasta entrar en la cuarta.

b.      Conciencia del Logos solar, de Cuyo cuerpo constituyen sus centros. Esto significa que los Hombres celestiales obtienen una conciencia grupal de carácter séptuple, o adquieren la exacta relación vibratoria con los otros Hombres celestiales, quienes for­man los otros centros. Encierra en sí la capacidad de ejercer pleno control consciente en los siete planos del sistema solar, y abarca ese período de desarrollo que se lleva a cabo en una cadena plane­taria durante la cuarta, quinta y sexta rondas. Téngase en cuenta la necesidad de reconocer que el Logos solar ocupa una posición análoga, en el cuerpo de una Entidad cósmica, a la que ocupa un Hombre celestial en el cuerpo de un Logos solar.

c.      Conciencia de un centro mayor en niveles cósmicos. Esto abarca el periodo de la séptima ronda, y da al Hombre celestial (si consideramos las rondas como la luz del Eterno Ahora, y no desde el punto de vista del tiempo y el espacio) la conciencia del astral cósmico, el segundo plano inferior de los planos cósmicos. Gran parte del problema se está solucionando lentamente debido a que el control del Hombre celestial -cuyo cuerpo puede ser nuestro esquema- es todavía parcial, y Su experiencia cósmica es aún imperfecta. Esto necesariamente afecta a las células de Su cuerpo, de manera similar a como la falta de control astral, en el caso de un ser humano, afecta a su vehículo. Podría decirse que la evolución de los Hombres celestiales es despareja; nuestro Logos planetario no ha logrado, por ejemplo, el mismo grado de control obtenido por el Hombre celestial de la cadena de Venus. En cada ronda, controla un subplano del plano astral cósmico, y la concien­cia del Hombre celestial se expande hasta incluir otro subplano. El Señor planetario de Venus ha dominado y controlado los cinco subplanos y está trabajando en el sexto. Nuestro Logos planetario está dedicado a un trabajo similar en el cuarto y quinto subplanos. El trabajo en todos los ciclos se superpone, pudiendo explicarse de la manera siguiente:

El Hombre celestial está perfeccionando Su control en el cuarto subplano del plano astral cósmico, y casi lo ha completado ya. Ha comenzado a trabajar para adquirir control en el quinto subplano -control que perfeccionará durante la quinta ronda.

Presiente y responde a la vibración del sexto subplano, pero no es plenamente consciente en él.

Tenemos un reflejo de esto en la cuarta y quinta razas raíces de este planeta, donde la conciencia astral del ciclo atlante está perfeccionándose y desarrollando el quinto principio, presintiéndo­se gradualmente el sexto. Esto merece una detenida consideración.

Tercero: El trabajo de un Logos solar es también de naturale­za análoga, e implica obtener:

a.      Por conciencia de todo Su “círculo no se pasa”, o sea los siete planos del sistema solar. Esto abarca un período durante el cual cinco de los Hombres celestiales o cinco de Sus centros y, por lo tanto, cinco esquemas, alcanzan la etapa en que responden con exactitud al contacto y al estímulo.

b.      Conciencia del Logos cósmico, de Cuyo cuerpo es un centro. Ha de hallar, por la experiencia, Su lugar dentro del grupo cósmico del cual forma parte, de la misma manera que un Logos planetario recorre un curso similar. Esto se obtiene cuando todos los Hombres celestiales o cada uno de los siete centros, están despertando y fun­cionando consciente y libremente, y su interrelación con el sistema está ajustada y regida por la Ley de Acción y Reacción. Esto pone bajo Su control, no sólo los siete subplanos del plano físico cósmico (nuestros siete planos principales) sino también el plano astral cósmico.

c.      Conciencia del centro en el cuerpo de AQUEL SOBRE QUIEN NADA PUEDE DECIRSE. Dicho centro está formado por la esfera de in­fluencia de un Logos cósmico. Un Logos solar constituye un centro en el cuerpo de un Logos cósmico.

Debe recordarse que esta enumeración se hace teniendo en cuenta el presente y desde el punto de vista (relativamente limi­tado) del Hombre celestial de nuestro esquema particular, que está en consecuencia restringido por Sus condiciones peculiares, las cua­les rigen la inteligencia de las células de Su cuerpo; esta enumeración es dada desde el punto de vista de la diferenciación y no de la síntesis. Oportunamente se produce una absorción sintética en co­nexión con todas estas Entidades, estando sometida cada una en su respectivo plano a un proceso paralelo al que está sometido el microcosmos: en Su caso el cuerpo causal o cuerpo del Ego, actúa como sintetizador de la energía del cuaternario o yo inferior, y la envoltura espiritual o monádica actúa como sintetizadora de los siete principios, formando así el tres, el siete y el diez.

Para finalizar, quisiera indicar que ha de evitarse que la mente reduzca todas estas ideas a un concepto groseramente materialista. Se debe tener cuidadosamente en cuenta que estamos tratando con la vida subjetiva no con la forma objetiva, y que estamos conside­rando, por ejemplo, la síntesis de los principios o energías cualificadoras, y no la síntesis de la forma.

El hombre, por medio de cada centro etérico, hace vibrar a la perfección un principio determinado o cualidad, mediante el cual puede expresar la vida subjetiva. El Hombre celestial por medio de cada cadena de un esquema, procura hacer lo mismo.

Un Logos solar por medio de cada esquema de un sistema tra­baja con el mismo fin; la meta es cualidad sintética y no principalmente perfección de la forma. La respuesta de la forma energetizada a la vida cualitativa es lógicamente -de acuerdo a la ley- igual a la demanda, pero de importancia secundaria, y no el obje­tivo que se desea alcanzar.

 

Tabla

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Hemos visto que el trabajo a realizar, en todos los casos men­cionados, es necesariamente triple:

Primero. El desarrollo de la conciencia individual.

Segundo. El desarrollo de la conciencia grupal.

Tercero. El desarrollo de la conciencia divina; esa concien­cia que, en cada caso, representa a la Fuente espiritual más eleva­da, reconocida como de la misma esencia del Dios que existe dentro del individuo, ya sea un hombre o un Logos solar.

Todos los pensadores debieran meditar sobre este concepto y hacer resaltar la síntesis que le es inherente. Es de vital impor­tancia la relación de la célula con el grupo, del grupo con el con­junto de grupos, y de todos éstos con la Entidad inmanente que los mantiene en correlación sintética por medio de la Ley de Atracción y Repulsión. Deben tener siempre en cuenta dos ideas principales:

Que los términos “células, grupos o conjunto de grupos”, se relacionan totalmente con la forma del vehículo y, por consiguiente, con el aspecto materia.

Que la idea de Entidad, que sintetiza los grupos y es la vida que anima a la célula, tiene que ver con el aspecto Espíritu.

Ambos conceptos llevan necesariamente a un tercero, el del desarrollo de la conciencia -la gradual expansión del conocimiento respecto a la existencia del Morador de la forma; la captación, por el Yo, de la relación existente entre Él y la forma, y su lenta utili­zación y control. Esto continua hasta que ese Conocimiento incluye a la célula, al grupo y al conjunto de grupos. Estas ideas son apli­cables a los tres grados de conciencia ya mencionados.

Un Hombre, el tipo inferior de conciencia coherente (emplean­do la palabra “conciencia” en su verdadero significado como “aquel que sabe”) sólo es una célula, un diminuto átomo dentro de un grupo.

Un Hombre celestial, representa a un coherente grupo cons­ciente.

Un Logos solar, en Su propio plano, ocupa un lugar análogo al de un Hombre celestial en el sistema solar y, desde un punto de vista más elevado, es similar al del hombre dentro del sistema solar. Una vez que se comprenda el lugar que ocupan definitiva­mente los planos solares dentro del esquema cósmico, se reconocerá que en los niveles cósmicos de orden superior, el Logos solar es una Inteligencia en el orden de la conciencia cósmica, tan relativamente inferior como la del hombre en relación con la Conciencia solar. El Logos solar no es más que una célula en el cuerpo de AQUEL SOBRE QUIEN NADA PUEDE DECIRSE; Su trabajo en las esferas cósmicas es paralelo al del hombre en los planos solares. Tiene que someterse en los tres planos inferiores cósmicos, a fin de des­arrollar la comprensión de Su medio ambiente, a un proceso de carácter similar a aquélla que está sometido el hombre en los tres mundos. Este hecho debe recordarse cuando se estudie esta sección central de nuestro tema: se ha de reflexionar especialmente sobre la analogía que existe entre los planos físico cósmico y físico solar pues contiene el cuádruple misterio:

1.       El misterio del Akasha.

2.      El secreto de la quinta ronda.

3.      El significado esotérico de Saturno el tercer planeta.

4.      La naturaleza oculta del kundalini cósmico o la fuerza eléctrica del sistema

Podría hacer una indicación sobre el cuarto punto para que se lo reflexione inteligentemente. Cuando se determine mejor la in­teracción eléctrica de los planetas (quiero significar la interacción negativa y positiva), entonces se revelará cuáles están relacionados o conectadas, y cuáles se acercan al punto de equilibrio. Señalaré aquí brevemente ciertos hechos sin extenderme ni elucidarlos, y haré simplemente algunas afirmaciones que, cuando el hombre haya adquirido mayor conocimiento asumirán el lugar que les corresponde en el esquema ordenado. Serán iluminadoras y reve­larán la necesaria secuencia del desarrollo.

2. Trabajo de los Entes Atómicos.

a. Les siete Hombres celestiales, considerándolos en relación con la Entidad de Quien el Logos solar es un reflejo, vienen a ser como los siete centros del cuerpo físico del ser humano. Esto se comprenderá a medida que se estudie la analogía que existe entre el plano físico cósmico y el plano físico del sistema.

b. Tres de estos centros, por lo tanto:

Conciernen a los tres centros inferiores del Ser cósmico.

Tienen sus analogías en los pianos denso, líquida y caseoso.

Son en la actualidad objeto de atención del kundalini cósmico.

c. Uno de estos centros corresponde al plexo solar, y sinte­tiza los tres inferiores, formando así el cuaternario.

d. El centro análogo al que está situado en la base de la co­lumna vertebral o depósito del kundalini, es más perdurable que los otros dos centros inferiores. El Hombre celestial que personifica este principio y es fuente generadora de calor para Sus Hermanos, debe ser descubierto con la ayuda de la intuición. De nada servirá la Mente concreta.

e. Los tres centros superiores u Hombres celestiales, que corresponden al coronario, cardíaco y laríngeo del Logos solar, tienen Sus analogías etéricas en los tres niveles etéricos superiores del pla­no físico cósmico; de la misma manera que el Hombre celestial que personifica al plexo solar del Logos, tiene Su fuente de manifesta­ción en el cuarto etérico,

f. Este Hombre celestial, con Su vórtice etérico o rueda de fuerza en el cuarto éter cósmico, en esta cuarta ronda, constituye un factor vital en la evolución planetaria.

g. Cuando el Hombre celestial, que en la actualidad se manifiesta por medio del esquema de la Tierra, consiga vitalizar Su centro medio o apartar la fuerza del kundalini planetario de los centros inferiores, llevándola al plexo solar, se habrá alcanzado un nuevo ciclo, y cesará gran parte del malestar actual. Su trabajo es todavía embrionario; transcurrirán otros dos ciclos y medio antes de que El pueda realizar el trabajo necesario. Una vez realizados el resultado, en relación con los entes humanos, será triple.

El estímulo sexual, tal como hoy se entiende, tenderá a mani­festarse como creación, no tanto en el plano físico sino más bien en el astral y en el mental, expresándose en creaciones de arte y de belleza y en el trabajo objetivo de los científicos.

El crimen, tal como hoy lo vemos, originado en gran parte por la pasión sexual, será cosa del pasado; el libertinaje en el plano físico, las orgías y los horrores consiguientes, se re­ducirán por lo menos en un setenta y cinco por ciento.

La interacción, entre los tres planetas físico densos, se perfec­cionará y el hombre podrá pasar de uno a otro a voluntad.

Quisiera advertirles lo inapropiado del método mediante el cual se suceden los nombres de los globos de una cadena, así como los nombres de una cadena del esquema siguen la nomenclatura pla­netaria. Esto ha dado lugar a confusiones.

La frase “Venus es el primario de la Tierra” encierra un indicio a fin de llegar a una correcta comprensión. No puede de­cirse mucho acerca del misterio de que “Venus es el alter ego de la Tierra”, ni tampoco es aconsejable, pero pueden sugerirse ciertas ideas que, si se reflexiona sobre ellas, darán una comprensión más amplia de la belleza que encierra la síntesis de la naturaleza y la maravillosa correlación de todo cuanto evoluciona

Quizás se obtendrá una idea a este respecto si recordamos que, en sentido oculto, Venus es para la Tierra, lo que el Yo superior para el hombre.

La llegada a la Tierra de los Señores de la Llama, acaeció regi­da por la ley, no como un acontecimiento accidental y afortunado, sino como una cuestión planetaria que tiene su analogía en el vínculo existente entre la unidad mental y el átomo manásico permanente. Repito, así como el hombre individual construye el antakarana entre estos dos puntos, así también, en sentido plane­tario; el conjunto de hombres de este planeta construye un canal que llega hasta su primario, Venus.

Con respecto a estos dos planetas debe recordarse que Venus es un planeta sagrado y la Tierra no lo es. Esto significa que cier­tos planetas son, con respecto al Logos, lo que los átomos perma­nentes con respecto al hombre. Personifican los principios. Algunos planetas representan sólo temporariamente dichos principios, otros permanentemente durante todo el Mahamanvantara. Venus es uno de ellos.

Se ha de recordar que tres de los planetas sagrados constituyen el hogar de los tres Rayos mayores, las formas personificadas de los tres aspectos o Principios logoicos. Otros planetas personifican los cuatro rayos menores. Desde el punto de vista actual podemos considerar que Venus, Júpiter y Saturno constituyen, en esta épo­ca, los vehículos de los tres superprincípios. Mercurio, Tierra y Marte están estrechamente aliados a estos tres; pero en esto se oculta un misterio. La evolución de la ronda interna tiene estrecha conexión con este problema. Quizás podrá arrojarse alguna luz sobre este oscuro tema si comprendemos que, así como el Logos tiene (en los planetas no sagrados) su analogía en los átomos per­manentes del ser humano, así también la evolución intermedia entre ambos (Dios y el Hombre) la constituye el Hombre celes­tial, cuyo cuerpo está formado por mónadas humanas y dévicas, teniendo igualmente Sus átomos permanentes. Los tres principios superiores siempre pueden distinguirse de acuerdo a su impor­tancia, de los cuatro inferiores.

La clave se halla oculta en el hecho de que entre el número que le corresponde a un globo de la cadena y su cadena corres­pondiente, existe un medio de comunicación. Lo mismo sucede respecto a la analogía existente entre una cadena de globos y un esquema que tiene un número análogo. La conexión entre Venus y la Tierra se halla oculta en el número. El magno acontecimiento conocido como la venida de los Señores de la Llama tuvo lugar en un momento de misterioso alineamiento entre un globo, su cadena correspondiente y el esquema de número similar. Ocurrió durante la tercera raza raíz de la cuarta ronda. Tenemos aquí la analogía entre el cuaternario y la Tríada, llevando la analogía hasta un Hombre celestial. La cadena fue la cuarta y el globo también el cuarto. En este acontecimiento participaron íntimamente la cuarta cadena del esquema de Venus y el cuarto globo de esa cadena.

h. La progresión en el desarrollo del Hombre celestial no es, en manera alguna, uniforme. Hasta ahora no se ha hecho resaltar suficientemente que cada uno de Ellos enfrenta un problema dis­tinto: por lo tanto, no le es posible al hombre apreciar correcta­mente el trabajo realizado por Ellos, ni Su punto relativo de realización. Se ha dicho, debido a que Venus está en la quinta ronda, que el Señor venusiano ha progresado más que Sus hermanos, lo cual no es del todo verdad. Así como en el desarrollo humano pueden observarse tres líneas mayores y cuatro menores fusionán­dose en una de las tres líneas principales, así también, en lo que atañe al Hombre celestial, existen tres líneas principales de las cuales la venusiana no es una de ellas. El Señor de Venus tiene su lugar en el cuaternario logoico, lo mismo que el Señor de la Tierra.

La idea principal subyacente en la pregunta que hemos trata­do de responder se relaciona con los esquemas, cadenas, rondas y razas: se ha de tener en cuenta que estas manifestaciones guardan la misma relación, con respecto al Hombre celestial, que las encar­naciones con el ser humano Esto ofrece la oportunidad para acla­rar un poco más el lugar que ocupan los ciclos en la evolución de todas esas Entidades, desde el hombre al Logos cósmico, pasando por el Hombre celestial y el Logos solar. ([18]) Como se indica en La Doctrina Secreta, en la evolución de un sistema solar hay ciclos mayores y menores: lo mismo puede decirse de un Hombre celestial, de un ser humano y de un átomo. Esto nos lleva, en conse­cuencia. a otra afirmación:

i. Los ciclos del proceso evolutivo de estas Entidades, pueden ser divididos en tres grupos principales, aunque dichos grupos podría septuplicarse un sinfín de veces.

Estos períodos han sido computados por los estudiantes indúes, siendo la suma total del tiempo, tal como lo comprendemos, o la duración de un sistema solar.

En conexión con un Hombre celestial, tenemos los ciclos correspondientes a los del Logos:

1.       El período de un esquema planetario.

2.      El período de una cadena planetaria.

3.      El periodo de una ronda planetaria.

Dentro de estas tres divisiones o diferenciaciones de los tres gran­des ciclos de encarnación de un Logos planetario, hay numerosos ciclos menores o encarnaciones, pero todos entran en cualquiera de las tres divisiones principales. Dichos ciclos menores podrían ser comprendidos más fácilmente si dijéramos que marcan los pe­ríodos de:

a.      Manifestación de un globo.

b.      Duración de una raza raíz.

c.      Duración de una subraza.

d.     Duración de una ramificación de la raza.

A fin de comprender, aunque sea superficialmente, la identidad de la manifestación de un Logos planetario, por ejemplo, en una raza raíz, debe recordarse que el conjunto de entes humanos y dévicos de un planeta constituye el cuerpo vital de un Logos pla­netario, mientras que el conjunto de vidas menores de un planeta (los cuerpos materiales de los hombres y devas y descendiendo a los otros reinos de la naturaleza) forman Su cuerpo físico, y pue­den ser clasificados en dos grupos:

a. Las vidas que se encuentran en el arco evolutivo, tales como las del reino animal.

b. Las vidas que se encuentran en el arco involutivo, tales como las formas de materia elemental, dentro de Su esfe­ra de influencia. Todas las vidas involutivas forman, como ya se dijo, el vehículo para el espíritu del planeta o la entidad planetaria, suma total de las esencias elementales en proceso de involución. Ocupa una posición (en relación con el Hombre celestial) análoga a la de los diferentes elementales que componen los tres cuerpos del hombre, físico, astral y mental, y es -como todos los seres mani­festados- de naturaleza triple aunque involutiva. Por lo tanto, el hombre y los devas (diferenciando a éstos de los Constructores menores) constituyen el ALMA del Hombre celestial. Otras vidas forman SU CUERPO, pero lo que con­cierne a estas dos secciones de nuestra tesis sobre el FUEGO son el cuerpo y el alma. Uno manifiesta el fuego de la materia y el otro el fuego de la mente, pues los devas personifican la activa mente universal, en cambio al hom­bre se lo considera manásico en un sentido diferente. Los hombres tienden el puente con esencia; los devas tienden el puente con materia.

En conexión con el Hombre, los ciclos son análogamente triples:

1.       El ciclo de la mónada, que en el hombre corresponde a los cien años de Brahma y a un esquema planetario.

2.      El ciclo del Ego.

3.      El ciclo de la Personalidad.

Estos conceptos sobre los ciclos, nos abren un extenso campo de pensamiento, especialmente si vinculamos la idea de los ciclos del Ego y de la personalidad a los más vastos períodos relacionados con el Logos planetario. El concepto es susceptible de gran expan­sión, y está regido por ciertos conceptos fundamentales que debe­rían considerarse y contemplarse detenidamente.

Los ciclos durante la manifestación de la personalidad humana se suceden en grupos de cuatro y siete, y siguen la común secuen­cia evolutiva:

a.      Diferenciación, el proceso involutivo o el uno convirtiéndose en los muchos; lo homogéneo transformándose en lo heterogéneo.

b.      Equilibrio o el proceso de reajuste kármico.

c.      Síntesis o espiritualización, los muchos convirtiéndose nue­vamente en el Uno.

d.     Oscuración o liberación, el fin del proceso evolutivo o la liberación del Espíritu de las limitaciones de la materia.

Por lo antedicho se comprenderá que no todas las encarnaciones en el plano físico tienen la misma importancia; algunas, desde el punto de vista del Ego, son insignificantes y otras de valor; algunas, para el Espíritu humano evolucionante, tienen análoga impor­tancia a la encarnación de un Logos planetario en un globo o en una raza raíz; mientras que en otras, su importancia es relativa, así como lo es para un Hombre celestial la manifestación de una ramificación de la raza.

Debido al insuficiente grado de evolución del hombre medio, muy poco se tienen en cuenta las encarnaciones o ciclos astrales, pero no se ha de prescindir de ellas, pues con frecuencia son más importantes que las físicas. A su debido tiempo, se comprenderá mejor el significado de los ciclos astrales y su relación con los ciclos físicos. Cuando se comprenda que el cuerpo físico no es un principio pero que el principio kama-manasico (o deseo-mente) es el más vital para el hombre, entonces el período o ciclo durante el cual el hombre actúa en el quinto subplano del astral (fundamentalmente el plano kama-manásico) asumirá el lugar que le corresponde. Lo mismo ocurrirá con los ciclos mental y causal. Los ciclos causales o egoicos, que incluyen todos los grupos de ciclos menores en los tres mundos, corresponden a una onda completa en los ciclos de un Hombre celestial. Existen siete de tales ciclos, pero el número de ciclos menores (incluidos en los siete) es uno de los secretos de la Iniciación.

Los ciclos del ego prosiguen en grupos de siete y de tres, y no de cuatro y de siete como los ciclos de la personalidad; la misma proporción existe en los ciclos centrales de un Hombre celestial y de un Logos solar.

Los ciclos monádicos prosiguen en ciclos de uno y de tres, como los ciclos básicos de las grandes Entidades de las cuales el hombre es el reflejo microcósmico. Si el concepto general aquí expuesto es estudiado en relación con los esquemas y con otras formas de manifestación. y si se estudia el microcosmos mismo como si fuera la clave del todo, alguna idea comenzará a penetrar en la mente respecto al propósito que subyace en todas estas manifestaciones. Se debe recordar además que así como el hombre medio en cada encarnación alcanza los tres objetivos.

1.       desarrollar la conciencia o despertar la facultad de la per­cepción.

2.      lograr en cierta medida la facultad de permanecer o el acrecentamiento definido del contenido del cuerpo causal,

3.      generar karma o iniciar (por la actividad) causas que pro­ducirán ciertos efectos inevitables, así también un Hombre celestial realiza lo mismo en una etapa de Su evolución. A medida que el hombre progresa y entra en el Sendero de Probación y en el subsiguiente Sendero de Iniciación, logra obtener otros desarrollos notables:

1.       Como sucedió anteriormente, su conciencia se expande pe­ro comienza a trabajar inteligentemente desde arriba y no a ciegas en los planos inferiores.

2.      Termina la construcción de su cuerpo causal y comienza a destruir lo que hizo antes, a derribar el Templo que cons­truyó tan cuidadosamente, pues encuentra que lo limita.

3.      Deja de crear karma en los tres mundos y empieza a ago­tar el ya creado literalmente, “empieza a ordenar sus asuntos”.

Los Hombres celestiales hacen lo mismo porque también tienen un sendero cósmico que hollar, análogo al del hombre al acer­carse a la meta de su esfuerzo.

También puede ampliarse mas aún en concepto diciendo que el Logos solar lleva a cabo una acción similar.

Estamos analizando la consideración de esta pregunta y será evidente que la relación que existe entre las manifestaciones mencionadas es de carácter síquico (empleando esta palabra en su verdadera acepción, la que se refiere a la sique, alma o con­ciencia) y trata de la gradual expansión del Conocimiento del Alma de parte de un Hombre celestial. Cabe aquí hacer una advertencia que, aunque todos estos Señores cósmicos tienen en el hombre un reflejo de Su propia Naturaleza, la analogía de su semejanza no puede ser llevada a los extremos. El hombre refleja, pero no lo hace a la perfección: el hombre evoluciona, pero no tiene exactamente los mismos problemas que los Manasaputras perfectos.

El hombre aspira a convertirse en un Manasaputra divino, en un perfecto Hijo de la Mente, expresando todos los poderes inhe­rentes a la mente, y así llega a parecerse a su fuente monádica, un Hombre celestial. Éste ha desarrollado Manas  y se ocupa del problema de llegar a ser un Hijo de la Sabiduría no inherentemente, sino en plena manifestación. Un Logos solar es a la vez Manasaputra divino y Dragón de Sabiduría y Su problema con­siste en desarrollar el principio de la Voluntad cósmica. que Lo convertirá en un “León de Voluntad cósmica”.

En todas estas graduadas manifestaciones se aplica la ley, estando lo menor incluido en lo mayor. De allí la necesidad de que el estudiante mantenga el debido sentido de proporción, la discri­minación del aspecto tiempo en la evolución y la justa apreciación del lugar que le corresponde a cada unidad dentro de su esfera mayor. Después de esta advertencia, podemos continuar con las consideraciones finales sobre esta última pregunta.

Se ha dicho que las 777 encarnaciones encierran un misterio. Este guarismo da lugar a muchas conjeturas. ([19]) Debe observarse que no es el número exacto de un determinado ciclo de encarna­ciones por las cuales el hombre ha de pasar, sino la clave de los tres ciclos mayores ya mencionados. En primer lugar, este número se aplica al Logos planetario o a nuestro esquema y no a los demás. Cada Hombre celestial tiene Su número, y el de nuestro Hombre celestial se halla oculto en los citados tres números, así como el 666 y el 888 ocultan el enigma de otros dos Hombres celestiales.

El número 777 es también el número de transmutación, trabajo fundamental de todos los Hombres celestiales. El trabajo básico del hombre consiste en adquirir y acumular, o en la adquisición de aquello que habrá de transmutarse más tarde. La tarea de transmutación o el verdadero ciclo del 777, comienza en el Sendero de Probación, y es precisamente la actividad del Hombre celestial que está siendo conocida y obedecida por las células de Su cuerpo. Únicamente cuando Su cuerpo haya alcanzado cierto movimiento vibratorio puede influir realmente sobre las células individuales. La tarea de transmutar la actividad celular empezó en este planeta durante la última raza raíz, y

todavía continúa la divina alquimia. El progreso obtenido es poco, pero cada célula consciente transmutada aumenta la rapidez y exactitud del trabajo. Sólo es necesario el factor tiempo para darle fin. Respecto a esta cuestión surgió la leyenda de la Piedra Filosofal, que significa literalmente la apli­cación del Cetro de la Iniciación.


[1] Debe recordarse que Materia constituye la totalidad de la Existen­cia del Cosmos en cualquiera de los planos de posible percepción.” D. S. II, 214.

Dichas Existencias podrían enumerarse de la manera siguiente:

1. Los siete Hombres celestiales. En conjunto forman el Cuerpo del gran Hombre de los Cielos, el Logos.

Otros nombres aplicados a estos Seres son:

a. Los siete Logos planetarios o Espíritus.

b. Los Prajapatis.

c. Los siete Señores de los Rayos.

d. Los Dyhan Chohanes.

e. Los siete Espíritus ante el Trono.

f. Los siete Arcángeles.

g. Los siete Logos.

h. Los siete Constructores.

D. S. I, 135, 147, 166; II, 191-192.

Son las Entidades que dan forma al Rayo divino, Rayo del se­gundo Logos, más o menos en el mismo sentido en que Fohat y sus Siete Hermanos constituyen la totalidad del Rayo Pri­mordial. D. 5. 1, 123, 129, 168.

a. La Materia es fecundada por el Rayo Primordial de Inte­ligencia. Éste es el ánima mundi, el alma del mundo.

b. El Rayo Primordial constituye el vehículo del Rayo divino de Amor-Sabiduría. El objetivo de la evolución consiste en la fusión de ambos.

c. El Rayo divino es séptuple. Introduce siete Entidades.

d. Éstos son:

1. El Logos de Voluntad o Poder           5. El Logos de Ciencia Con­creta

2. El Logos de Amor y Sabiduria            6. El Logos de Devoción o Idealismo Abstracto    

3. El Logos de Actividad.                       7. El Logos de Ley Ceremo­nial u Orden

4. El Logos de Armonía.

2. Los Hombres, la Mónada, las Unidades de Conciencia. En su to­talidad constituyen los cuerpos de los siete Hombres celestiales. Cada Mónada pertenece a uno de los Siete Rayos. D.S. I, 204, 278; II, 267; III, 90, 170, 187-188.

3. Devas. D. S. I, 297; III, 108-109.

Dichos devas, por ejemplo, son:

a.  Señor de los devas de un plano. La esfera de Su cuer­po constituye todo el plano.

b. Grupos de devas constructores.

4. Entidades involucradas en los reinos mineral, vegetal y animal. D. S. 1, 215, 289.

a. La vida del tercer Logos -átomo de la materia.

b. La vida del segundo Logos –grupo de átomos con los cuales se construyen las formas vegetal y animal.

c. La vida del primer Logos -formas en las cuales mora el Espíritu superior.

5. El espíritu de un planeta. D. S. I, 188; XII, 236-237; IV, 45-46. La suma total de las innumerables vidas evolutivas que se hallan sobre un planeta.

6. El átomo. D. S. II, 263, 264-266.

Resumen:               Referente al propósito y la meta véase D. S. 1, 97-98, 149.

[2] La serpiente mordiéndose la cola. D. S. II, 335; III, 287.

[3] Los estudiantes podrían comparar las siguientes referencias y luego llegar a sus propias conclusiones. D. S. II, llamada, 342. 201, 112; IV, 323, 183, 339-340, 118-119; III, 391, 415-416, 342.

[4] D. S. I, 101.

[5] Conciencia, simiente cósmica de la omnisciencia supercósmica. Po­see la potencialidad de florecer como conciencia divina” D S. VI, 189.

El universo es el conjunto de estados de conciencia. D. S. III, 164.

En general puede clasificarse la conciencia de la manera siguiente;

1. Conciencia Absoluta o de Dios                          Logos inmanifestado.

“Yo soy Ese Yo soy”

2. Conciencia Universal o Grupal                           Logos manifestado.

“Yo soy Ese”                                          Conciencia del Logos planetario.

3. Conciencia Individual o Autoconciencia            Conciencia humana.

                               “Yo soy”

4. Conciencia o conciencia atómica                       Conciencia subhumana.

Conciencia que deberá lograr:

1. Un Logos planetario                                          Conciencia absoluta.

2. El hombre                                                          Conciencia grupal.

3. El átomo                                                             Autoconciencia.

El Logos constituye el Macrocosmos para el hombre. D. S. i, 280, 287.

El hombre constituye el Macrocosmos del átomo.

Resumiendo: La Vida y las Vidas. D. S. I, 275-276.

[6] Referente al Átomo, La Doctrina Secreta dice:

1. La inteligencia absoluta vibra a través de todo átomo D. S. I, 289.

2. Dondequiera que existe un átomo, existe vida .. D. S. I, 243, 265, 273.

3. El átomo es la manifestación concreta de la Energía Universal D. S. I, 207.

4. Las mismas vidas invisibles componen los áto­mos, etc  D. S. I, 275.

5. Cada átomo del universo contiene autoconcien­cia en potencia D. S. I, 149; IV, 261.

6. Átomos y almas son términos sinónimos en el lenguaje de los Iniciados D. S. II, 264, 268.

7. El átomo pertenece totalmente al campo de la metafísica D. S. II, 213.

8. La Deidad reside en todo átomo D. S. I, 113, 192-193.

9. Cada átomo está destinado a sufrir incesantes diferenciaciones D. S. I, 178.

10. El objetivo de la evolución del átomo lo consti­tuye el hombre D. S. I, 211.

11. Existe un germen en el centro de cada átomo ... D. S. I, 112; IV, 155.

12. Existe calor en todo átomo D. S. I, 192.

13. Cada átomo posee 7 planos de ser D. S. i, 184.

14. Los átomos son vibraciones D. S. II, 326.

Inner Life: T. II, 177-179. Occult Chemistry, pág. 22. Occult Chemistry, Apéndice II y III. “Light and Colour» por Babbitt, págs. 97, 101.

[7] Los Hombres celestiales constituyen:

1.     La suma total de la conciencia D. S. I, 269.

2.     Los Creadores D. S. I. 144, 147-152. Compárese D. S. III, 231.

a.     Las siete creaciones primarias, o la apropiación del cuerpo eté­rico por un Hombre celestial.

b.     Las siete creaciones secundarias, o la apropiación del cuerpo físi­co denso. Aplíquese esto al Microcosmos y al trabajo que realizan los devas del éter al construir el cuerpo.

c.      El cúmulo de inteligencia divina D. S. I, 153.

d.     Los Hijos de Brahma nacidos de la mente ... D. S. I, 157. D. S. IV, 145, 151. Los Cuaternarios logoicos, los Cinco y los Siete.

e.     Los siete Rayos D. S. I, 215. D. S. III, 193.  Los siete senderos de retorno a Dios Espíritu. Metafísicamente constituyen los siete principios. Físicamente constituyen las siete razas.

f.      Los Señores de incesante e incansable de­voción D. S. III, 96.

g.     Los fracasos del sistema anterior D. S. III, 229, llama­da 20.

h.     Los polos opuestos de las Pléyades D. S. IV, 117-119.

 

En sentido oculto nuestro sistema es masculino y las Pléyades femeninas. Un Hombre celestial crea, en forma similar, en su esquema planetario.

Véase D. S. II, 269.

[8] D. S. I, 152-153.

[9] D. S. 17 ‘28’ 1, 128, 225.

[10] D. S. I, 128.

Kama-manas -La fusión de los elementos mente y deseo que for­man la personalidad o la común inteligencia cerebral del hombre.

“Energías que se expresan a través de los tipos inferiores de materia mental, transformándose de esta manera en vibraciones lentas a las cuales responde la materia astral, permitiendo que los dos cuerpos vibren conti­nuamente al unísono y se interpenetren estrechamente.” Sabiduría Anti­gua, por A. Besant.

[11] 1. En la naturaleza existen dos principios cósmicos principales:

a. Activo y pasivo, masculino y femenino. D. S. IV, 95-96; 1, 82.

b. Budi y mahat. Véase también D. S. I, 45; IV, 179; V, 247.

 

2. La unión de estos principios superiores produce los tres y los siete. D. S. I, 82.

a. Se los denomina los tres Rayos de Esencia y los cuatro As­pectos. D. S. I,143-144.

b. Pueden denominarse los tres Vehículos con sus tres aspectos y Atma. D. S. I, 191-192.

c. Se los denomina también las llamas trifurcadas de los Siete Pabilos. D. S. I, 254.

Esto es verdad, cósmica y humanamente.

Los Principios del Logos        Los siete Logos planetarios.

D. S. II, 46, 52.

Los Principios del Logos planetario .. El vehículo llamado una cadena.

D. S. I, 201, 202, 203; IV, 157-158.

Los Principios del hombre      Los distintos vehículos.

Véase también D. S. I, 185, 166, 197; IV, 161, 162.

Resumen: D. S. VI, 114.

 

La ideación cósmica al enfocarse en un principio, produce la conciencia del individuo. D. S. II, 40-41.

a. Al apropiarse el individuo de un vehículo produce, en cual­quier plano determinado, un despliegue de energía. Dicha energía poseerá color y cualidad determinados, de acuerdo al plano involucrado.

4. Los siete principios son manifestaciones de la Llama Una. D. S. I, 81; VI, 26-27.

Véase la función de los Dioses al proporcionar al hombre sus principios. D. S. I, 298.

[12] Enumeración de los principios. D. S. IV, 159, 162.

ler. Principio                                            Cuerpo físico denso.              Sthula Sharira.

2do. Principio                                         Cuerpo etérico.                      Linga Sharira.

3er. Principio           Prana.                     Energía vital.

4to. Principio           Kama Rupa.            Energía del deseo.

D. S. I, 152.

(Éstos son los cuatro principios inferiores)

5to. Principio           Manas. Energía del pensamiento. Principio medio. D. S. III, 87, 88, 308; IV, 196.

6to. Principio           Budi. Energía del amor. D. S. IV, 192, 202; V, 66-67.

7mo. Principio Atma. Principio sintético. D. S. II, 45; 1, 207-208; V, 137.

Véase D. S. V, 186, llamada 10.

a.             Budi es el vehículo de atma.

b.             Manas es el vehículo de budi.

c.             Kama Rupa es el vehículo de manas. D. S. III, 165-166.

d.             El cuerpo etérico es el vehículo de prana. Recuérdese también que:

a.             El cuerpo físico no es un principio. D. S. IV, 181-182; VI, 87, 186.

b.             Atma no es un principio. D. S. V, 69-71; V, 264.

(Otras enumeraciones que difieren en ciertos detalles se hallarán en: D. S. 1, 187, 191; II, 318-319; IV, 196; VI, 115-194. Estos últimos son más esotérico.)

[13] H. P. Blavatsky en La Doctrina Secreta en relación con los Princi­pios dice lo siguiente:

a. Es muy posible que haya errores en la clasificación. D. S. IV,203 -204.

b. Debemos buscar el significado oculto. D. S. IV, 181-182. Realmente existen seis y no siete principios.

c. Existen varias clasificaciones. D. S. VI, 26, 88.

d. La enumeración esotérica no corresponde a la exotérica. D. S. VI, 115.

e. La enumeración de los principios es cuestión de progreso espi­ritual. D. S. VI, 97-101.

 

[14] D.S. I, 97.

[15] Se dice en La Doctrina Secreta que los Hombres celestiales son:

1.     Los agentes de la creación. La totalidad de la manifestación. D. S. II. 139.

2.     Precósmicos. D. S. II, 139.

3.     La suma total de los entes solares y lunares. D. S. II, 139. Compárese III, 344.

4.     Los siete Arcángeles bíblicos.

Las siete Fuerzas o Poderes creadores.

Los siete Espíritus ante el Trono.

Los siete Espíritus de los Planetas. D. 5. II, 140.

5.     En su totalidad el Impronunciable Nombre Secreto. D. S. II. 141.

6.     El conjunto de los Dhyan Chohanes. D. S. II, 144-145.

7.     Los siete Kumaras. Los siete Rishis. D. 5. II, 158; III, 182, 292-293.

8.     Los Hijos de la Luz. D. 5. II, 180-181.

9.     La Jerarquía de Poderes creadores. D. S. 1, 235.

10.   La síntesis velada. D. 5. III, 49.

11.   Nuestras deidades planetarias. D. 5. 1, 166-167.

12.   Todos los hombres que se encuentran en todos los mundos. D. S. II, 149-150.

13.   Se hallan íntimamente vinculados con las siete estrellas de la Osa Mayor. D. S. II, 154; III, 308; IV, 116-117, 195-196; V, 182.

14.   Están simbolizados por círculos. D. S. IV, 119.

15.   En conjunto constituyen los Ángeles caídos. D. S. III, 265; IV, 81-82.

Los Hijos de la Mente: se los conoce por diversos nombres, tales como: Manasaputras Prajapatis, Kumaras, los Siete Primordiales, Ru­dras, Hombres celestiales, Rishis, Espíritus ante el Trono.

[16] La Doctrina Secreta expone lo siguiente:

1. El Universo es en realidad un enorme conglomerado de esta­dos de conciencia. D. S. IV, 164; 1, 98; II, 267.

2. Espíritu y conciencia son términos sinónimos. D. S. I, 80; 143-144; II, 38-40, 240-242.

3. Cada átomo del universo está dotado de conciencia. D. S. I, 126-127; IV, 231-232, 260-261.

4. Existen seis tipos de conciencia incorporados al Reino de la Naturaleza en los cinco planos de la evolución humana. D. S. I. 142; IV, 204.

a. Reino Mineral. 1.

Actividad inteligente. Cada átomo demuestra la capaci­dad de seleccionar, de discriminar inteligentemente por medio de la Ley de Atracción y Repulsión. D. S. I, 287.

b. Reino Vegetal. 2.

Actividad inteligente más sensación o sentimiento en embrión.

c. Reino Animal. 3.

Actividad inteligente, sensación más instinto o mentali­dad embrionaria. D. S. VI, 204-05.

Los tres constituyen la conciencia subhumana.

d. Conciencia Humana 4.

Actividad inteligente, amor o sentimiento perfeccionado, o comprensión y voluntad, o propósito inteligente.

Los tres aspectos. D. S. 1, 219, 232-233; IV, 95; VI, 210-211.

Esto constituye la autoconciencia -el punto medio. D. S. V, 288-289.

e. Conciencia Espiritual 5.

Realización búdica. El ente es consciente de su grupo. El ente separado se identifica con su rayo o tipo. D. S. V, 192-193; II, 266; VI, 204.

f. Conciencia Átmica 6.

Conciencia del ente del sistema solar septenario. D. S. IV, 199-200, 260.

Ambos personifican la superconciencia.

El séptimo tipo de conciencia abarca a todos y es Conciencia de Dios. D. S. IV. 259. llamada 22.

Estudie también D. S. I, 291-292, 192, 224; IV, 260, 92-93, llama­da VI, 205-206, 191-192, 215.

 

[17] En La Doctrina Secreta se expresa que existen siete ramas de cono­cimiento, mencionadas en los Puranas. D. S. I, 200.

Aquí podrían aplicarse las analogías vinculadas a:

a. Los siete Rayos, los Señores del Sacrificio, del Amor y del Conocimiento.

b. Los siete estados de conciencia.

c. Los siete estados de materia o planos.

d. Los siete tipos de fuerzas.

e. Las siete Iniciaciones y muchos otros septenarios.

Gnosis, conocimiento oculto, Constituye el séptimo Principio; las siete filosofía hindú constituyen los seis principios. D. S. I, 290.

Dichas escuelas son:

a. Escuela de Lógica                              Prueba de correcta percepción.

b. Escuela Atómica                                Sistema de clasificaciones Elementos. Alquimia y Química.

c. Escuela de Sankhya                           Sistema de números. Escuela materialista. Teoría de los siete estados de la materia o prakriti.

d. Escuela de Yoga                                 Unión. Regla para la vida diaria Misticismo.

e. Escuela de Religión Ce­remonial        Ritual. Adoración a los Devas o Dioses.

f. Escuela Vedanta                                  Tiene que ver con la no-dualidad. Trata de la relación que existe en­tre el Atma del hombre y el Logos.

Gnosis o conocimiento oculto es análogo a Atma Vidya o Teosofía, e Incluye a los otros seis.

[18] En conexión con un Logos solar los ciclos podrían ser deno­minados:

1. Cien años de Brahma.

2. Un año de Brahma.

3. Un día de Brahma.

D. S. I, 256

 

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