Tratado sobre Fuego Cósmico. SEGUNDA PARTE SECCIÓN D Los elementales de la mente y los elementales del fuego.


Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones.
Maestro Djwhal Khul
Alice A. Bailey.
Tratado sobre Fuego Cósmico.

SEGUNDA PARTE

SECCIÓN D

Los elementales de la mente

y los elementales del fuego.

I. FORMAS MENTALES

1. Su Función.

a. Responder a la vibración.

b. Proporcionar vehículos para las ideas.

c. Llevar a cabo un propósito específico.

2. Las Leyes del Pensamiento.

a. Tres leyes cósmicas.

b. Siete leyes del sistema.

II. LOS DEVAS Y ELEMENTALES DE LA MENTE

1. El Regidor del Fuego . . . Agni.

a. Agni y el Logos solar.

b. Agni y el plano mental. Agni y los tres Fuegos.

 

2. Los Devas del Fuego . . . los Grandes Constructores,

a. Observaciones de Introducción

b. Las funciones de los devas.

c. Los devas y los planos.

3. Los Ángeles Solares . . . los Agnishvattas.

Observaciones de Introducción.

a. El quinto principio.

            b. La individualización.

c. La encarnación

d. La construcción del cuerpo causal.

4. Los Elementales del Fuego . . .los Constructores Menores

a. Introducción.

b. Elementales del plano físico. Elementales de los éteres.

c. Los elementales y el microcosmos

III. EL HOMBRE, UN CREADOR QUE EMPLEA MATERIA MENTAL 

1. Creación de formas mentales.

2. Construcción de formas mentales.

IV. EL HOMBRE Y LOS ESPIRITUS DEL FUEGO

1. El aspecto Voluntad de la creación.

a. La condición del mago.

b. La construcción de formas mentales.

c. El significado oculto de la palabra hablada.

2. La naturaleza de la Magia.

a. Magos blancos y magos negros.

b. El origen de la magia negra.

c. Condiciones para la magia blanca.

3. Quince reglas para la Magia.

a. Seis reglas para el plano mental.

b. Cinco reglas para el plano astral.

c. Cuatro reglas para el plano físico.

En esta sección haremos un breve delineamiento del estudio que emprenderemos sobre tan vasto y maravilloso tema, pues, como se relaciona definidamente con la evolución del hombre y su poder para crear, convendría oportunamente considerarlo en forma detallada.

Esta parte no tiene por objeto proporcionar datos interesantes acerca de los devas; sólo me ocuparé de la parte práctica, a fin de facilitar al individuo el conocimiento necesario que le permi­tirá controlar y construir su propio sistema, comprender el método de la creación y captar algo referente a las vidas menores y la paralela evolución dévica por la que puede estar interesado.

I. FORMAS MENTALES

1. Su Función.

Se observará que al iniciar al estudio de esta materia, no he­mos comenzado con lo que es mas evidente, la forma exotérica en materia mental, sino con la vida interna, o la idea dentro de la forma, y con las Leyes que rigen el aspecto creador. La función de cada forma mental es triple:

Responder a la vibración.

Proporcionar un cuerpo para una idea.

Llevar a cabo un propósito especifico.

Estudiemos primero la forma mental logoica y luego aboque­mos nuestra atención a las formas mentales construidas por el Pensador con materia mental en los planos mentales del sistema. Se ha de observar que lo único sobre lo cual podemos fundar nues­tras conclusiones respecto al Logos, es: Su manifestación física, Su cualidad, naturaleza síquica, aroma, emanación o magnetismo, tal como los vemos actuar por medio de la forma. De allí nuestra gran limitación.

a. Responder a la vibración. Los ocultistas siempre han re­conocido que el objetivo de la evolución humana consiste en capa­citar al Pensador para que responda plena y conscientemente a cada contacto, y así utilizar su envoltura material o envolturas, como transmisor adecuado de contacto. La forma mental humana que puede estudiarse con mayor facilidad es la creada por el Ego con el fin de actuar a través de ella. Construye sus envolturas por el poder del pensamiento, siendo el cuerpo físico denso la mejor envoltura que -en cualquier etapa particular de evolución puede construir en ese momento. Lo mismo se dirá respecto al Logos solar. Por el poder del pensamiento construye un cuerpo capaz de responder a ese grupo de vibraciones que se relacionan con el pla­no físico cósmico (el único que podemos estudiar). Dicho cuerpo aún no es adecuado, ni expresa plenamente al Pensador logoico.

Las vibraciones a las cuales debe responder la forma mental del sistema son numerosas, pero para nuestro propósito podrían enumerarse las siete principales

1. Las vibraciones del plano físico cósmico, considerándolo como que constituye toda la materia de ese piano existen­te fuera del “círculo no se pasa” logoico. Se refiere a las corrientes y fluidos pránicos y akáshicos.

2. Las vibraciones del plano astral cósmico en lo que afectan a la forma física de la manifestación divina. Esto involu­cra cósmicamente la acción ejercida sobre nuestro Logos solar por la cualidad emocional de otras entidades cósmi­cas y concierne al efecto magnético que ejercen sobre el sus emanaciones síquicas. Puesto que Su cuerpo físico den­so no constituye un principio, tiene una naturaleza mucho más potente que la primera serie de vibraciones, como sucede también en la evolución del hombre.

3. Las vibraciones de aquello que, dentro de la conciencia logoica, es reconocido como el Yo superior logoico o Su fuente emanante. Esto conduce a colocar al sistema solar dentro del radio de vibración de ciertas constelaciones que ocupan un lugar de profunda importancia en la evolución general del sistema.

4. Las vibraciones emanadas desde Sirio por conducto del plano mental cósmico.

5. Las vibraciones de los siete Rishis de la Osa Mayor y principalmente las de aquellos dos que son los Prototipos de los Señores del séptimo y quinto Rayos. Esto es algo de suma importancia y tiene su analogía microcósmica en el lugar que ocupa el séptimo Rayo en la construcción de una forma mental y en el empleo del quinto Rayo en el trabajo de concreción. Todos los magos que trabajan con materia y se ocupan de construir formas, consciente o inconscientemente, recurren a estos dos tipos de fuerza o energía.

6. Ciertas vibraciones muy remotas, que aún no son percibi­das en el Cuerpo logoico, como no lo es la influencia mo­nádica -en el hombre común-, provenientes de AQUEL SOBRE QUIEN NADA PUEDE DECIRSE, esa Existencia cósmica que se expresa por intermedio de siete centros de fuerza, de los cuales nuestro sistema solar es uno de ellos.

7. Una serie de vibraciones que se harán más potentes a medida que nuestro Logos se acerca a ese periodo que ocultamente se denomina “Divina Madurez”, las cuales emanan de esa constelación que personifica, en el firma­mento, Su opuesto polar. Éste es un profundo misterio y concierne al matrimonio cósmico del Logos.

Por lo tanto se verá cuán poco puede afirmarse sobre el futuro del sistema solar hasta que las vibraciones del sexto y séptimo orden se hagan más poderosas y, en consecuencia, sus efectos puedan ser más fácilmente estudiados. Aquí sólo es posible indicar los siete tipos de vibraciones a las que responderá consciente y plenamen­te, a su debido tiempo, nuestro Logos solar (funcionando en un cuerpo material). En la actualidad, responde a las vibraciones de primero, segundo, tercero y cuarto orden, pero por ahora (aunque responda) no puede emplear dichos tipos de energía plena y cons­cientemente. La vibración de quinto orden es reconocida por Él,

particularmente en tres de Sus centros, pero no está todavía bajo Su completo control. Las otras dos son presentidas y sentidas tan débilmente, que casi quedan fuera del alcance de Su conciencia.

Al llevar a cabo estas ideas, en lo que se refieren al hombre y a las formas mentales que él construye (por ejemplo su envoltura material), la analogía puede aplicarse dentro del sistema y desde el ángulo de los esquemas planetarios en los cuales el hom­bre ocupa su lugar. Más adelante nos ocuparemos del trabajo que realiza el hombre cuando construye y crea formas extrañas a él empleando material mental.

Los métodos por los cuales se logra una respuesta vibratoria pueden ser enumerados de la manera siguiente:

Por intermedio del factor tiempo durante la evolución.

Por intermedio del estímulo, fuera del sistema, y del entre­namiento intenso, tanto para un Logos como para un hombre.

Por intermedio del proceso de Iniciación y la aplicación de los Cetros de Iniciación

El factor evolución es reconocido y estudiado por muchas es­cuelas de pensamiento esotéricas y exotéricas. El estímulo prove­niente de fuera del sistema involucra un gran numero de factores, pero debe recordarse que las dos maneras principales de aplicar este estímulo son:

Por intermedio del grupo a la unidad.

Por intermedio de un “Reino de la naturaleza” más evolu­cionado, a otros menos evolucionado.

En cuanto al factor Iniciación, debe tenerse en cuenta que consideramos aquí las grandes iniciaciones y no las numerosas expansiones de conciencia que pueden observarse en todos los rei­nos y en todas las manifestaciones.

Relacionado con lo que acabamos de considerar, referente a la función principal de una forma mental (el poder de responder a la vibración), insistiría en recordarles que la respuesta debe ser hecha por la idea personificada internamente, que, mediante una compleja acción refleja, evocará luego una respuesta de la envol­tura material que la oculta. La vibración es el resultado del im­pulso subjetivo y hace su llamado a la conciencia subjetiva por intermedio del impacto ejercido sobre lo que puede ser compren­dido como sustancia; este impacto es transmitido directamente a la vida interna, y a su debido tiempo es retransmitido a la sustancia en forma de reconocimiento o comprensión. Un proceso similar puede observarse en las relaciones nerviosas de la estructura física y su afinidad con la conciencia cerebral.

Como se observará, el hombre trabajará como un creador en los tres mundos de la actividad humana y seguirá un procedi­miento análogo.  Sus formas mentales serán construidas con mate­ria mental, elegida específicamente, pues posee el mismo grado de vibración que la Idea que trata de personificarse; dichas formas persistirán -como lo hace la forma mental logoica, el sistema solar- durante todo el tiempo que el factor Voluntad o vitalidad dinámica, las mantenga continuamente unidas.

Esto nos conduce al punto siguiente:

b. Proporcionar un cuerpo para la idea. En esta enuncia­ción tenemos latente el principio básico de la encarnación, de la actividad e incluso de la existencia misma. Involucra expansión de nuestra idea hasta incluir el plano mental cósmico al considerar el Logos y cuando se estudia la facultad creadora del hombre, nos introducimos en el plano mental del sistema solar. Daré aquí un pensamiento fundamental sobre el cual debe reflexionarse: Este impulso creador, esta tendencia hacia la concreción de lo abstracto, esta capacidad innata para “tomar forma” tiene todavía plena expresión en la materia física. La razón de esto radica en que -para el hombre- todas las sustancias con las cuales crea, todas las formas que él construye y todos los procesos de concreción que realiza, son creados, construidos y realizados dentro del cuerpo físico del Logos. Aquí podría hallarse la razón del énfasis que pone la naturaleza sobre el aspecto sexual y la reproducción física; ello podrá observarse en todos los reinos de la naturaleza, excepto en el primero y el quinto. Esto es algo muy significativo; dichas excepciones deberían ser estudiadas en su más amplia significación pues encierran el misterio fundamental del sexo en los senderos involutivo y evolutivo. He aquí los dos extremos. Se observará que una vez comprendida la idea de que el sistema solar es el vehículo físico del Logos y Su cuerpo de manifestación, muchos problemas se solucionarán y, dos puntos sobre todo, serán acepta­dos paulatinamente por el estudiante que medita y estudia:

Primero En el transcurso del tiempo, a medida que el Logos logre liberarse de las ataduras de la materia física, todo el sistema objetivo será considerado como una idea o concepto, revestido con un velo o envoltura de materia más sutil que la física; el cuerpo logoico se verá como el producto de la voluntad y del de­seo no entrando en su composición la materia física de ningún grado; será simplemente un cuerpo de deseo, Esto producirá un estado de cosas, inconcebible para nosotros, y sólo captado por el hombre que puede actuar en el plano búdico del sistema, el cuarto éter cósmico. Tengan en cuenta que nuestro plano astral es sola­mente el sexto subplano del plano físico cósmico, y que ello no nos proporciona ninguna base real para razonar respecto al plano cósmico astral. Únicamente cuando el plano astral constituya un tranquilo receptor del impulso búdico o un reflector líquido de ese plano (lo que no sucederá hasta el final del mahamanvantara) podremos estar en condiciones de formular ideas respecto al plano astral cósmico.

Segundo. Que toda manifestación del aspecto sexual, tal co­mo la comprendemos en los distintos reinos de la naturaleza, es una expresión de la energía del Logos cuando afluye a través de, y estimula a ese centro en Su cuerpo que corresponde a los órga­nos genitales. Todas las funciones creadoras de la familia vegetal, animal y humana, consideradas como un todo, son hasta ahora  puramente físicas y están basadas en el deseo inferior. El deseo del Logos por encarnar físicamente constituye todavía la nota dominante. Más tarde, dicho deseo no será tan intenso y se trans­mutara en el deseo de crear únicamente en niveles mentales. Esto es lo que pone en actividad el aspecto Destructor, que conduce a la oscuración eventual y a la “muerte” física del sistema solar. El indicio de que este aspecto está entrando en el poder se observará cuando se produzcan dos grandes acontecimientos:

a.      La capacitación del hombre para crear conscientemente en niveles mentales y la consiguiente transmutación de sus impulsos sexuales inferiores en superiores.

b.      La vitalización mental de otra gran parte del reino animal.

Cuando ambas se desarrollan en cualquier ronda, indicará que tiene lugar definitivamente la polarización mental del Logos; sólo podemos llegar a conocerlo estudiando las partes componentes de Su cuerpo de manifestación.

Lo que aquí se afirma sobre la forma mental logoica también puede decirse de un Hombre celestial y de un esquema planetario. A medida que Su polarización cósmica se hace más mental y trans­muta Su naturaleza cósmica de deseo, se verá que la fuerza que actúa a través de Sus centros cambia de dirección de acuerdo a ello, extrayendo fuerzas de algunos de Sus globos y centros infe­riores; ya no le interesará encarnar físicamente y, oportunamente, se retirara dentro de Sí Mismo. Su forma mental demostrará una disminución gradual de vitalidad, el globo físico denso morirá, desapareciendo la objetividad, mientras otros globos mantendrán temporalmente Su vida, aunque no por mucho tiempo. Entonces todo el esquema se oscurecerá y funcionará sólo en Su cuerpo astral cósmico.

Lo mismo sucede con una cadena y la Vida que le da forma, considerando a aquella simplemente como un centro en el cuerpo del Logos planetario, y poseyendo, sin embargo, su propio factor central. Esto puede observarse en la Luna, en forma interesante. Su Ocupante ya no deseaba manifestarse físicamente, por lo tanto retiró Su vida, queda sólo el cascarán desvitalizado; los otros dos aspectos han desaparecido y sólo el tercero, la vida inherente a la materia misma, permanece, para disiparse luego gradualmente a medida que transcurren los siglos. En lo que se refiere al hombre, se ve una condición similar en la desintegración gradual del cuer­po físico después de la muerte; los otros dos aspectos se retiran y la forma se desintegra

Cuando se comprendan estos hechos fundamentales y el hom­bre empiece a darse cuenta de su posición como Creador, el con­cepto relativo al sexo también cambiará, se pondrá énfasis sobre las leyes de la creación mental y la formulación científica de fórmulas mentales, mientras el aspecto físico denso de la creación quedará en suspenso. Cuando esto suceda, el hombre entrará en posesión de su derecho divino y el reino humano cumplirá su legítima función. El aspecto sexual -tal como se expresa en la actualidad- y todo el proceso de la reproducción es compartido el hombre con el reino animal y se funda en sus instintos salvajes y en su naturaleza física densa, la cual no constituye un principio. Cuando él se haya emancipado totalmente del reino animal y el tercero y cuarto reinos se diferencien entre sí, la naturaleza sexual y los órganos de reproducción serán considera­dos por el hombre común en forma muy diferente a como lo hace en la actualidad. Con el tiempo la creación será el resultado de impulsos mentales y no de los impulsos del deseo; entonces, el proceso (cuando se haya dado el impulso inicial en el plano mental) llegará a ser tan normal, tan seguro y tan inconsciente como lo es ahora el acto de respirar. Cuando esto acontezca (el momento está aún muy distante), la procreación física continuará, pero se hablará de la forma física en términos de concreción y de energía y se dará importancia a aquello que ha de ser corporificado. Se llegará a esa etapa cuando se capten y comprendan científicamente las funciones del cuerpo etérico y las leyes del pensamiento creador sean de dominio público; coincidirá con un período en que el reino animal estará nuevamente bajo la impresión manásica permitiéndosele obtener otra vez la individualización.

En esa época se reconocerá en forma general que Espíritu­-materia son dos aspectos de la Unidad, y la actual terminología Espíritu y sustancia material será reemplazada por el concepto más amplio de energía positiva y negativa, como dos aspectos de Energía una. Entonces todos los fenómenos serán expresados en términos de fuerza y la cuestión sexual o la unión de macho y hembra, negativo y positivo, en el plano físico, será redimida y purificada.

Una idea corporificada es literalmente un impulso positivo que emana de niveles mentales y se reviste con un velo de sus­tancia negativa. A su vez ambos factores serán considerados como emanaciones de un centro de fuerza aún mayor que, mediante los mismos, expresa un propósito.

Una forma mental, tal como la construye el hombre, es la unión de una emanación positiva y otra negativa. Ambas son ema­naciones de una Unidad, el Pensador coherente.

c. Llevar a cabo un propósito especifico. Estudiamos aquí el elemento más vital para la construcción de formas mentales. En el primer punto se ha tratado el aspecto conciencia o “respuesta a la sensación o sentimiento”, introduciéndonos así en el estudio del proceso de construcción, el segundo aspecto logoico, el del Ego, o la realización de la dualidad esencial. En el segundo punto se trató mas detalladamente el aspecto objetivo y nos ocupamos de la forma tangible, introduciendo así el tercer aspecto logoico, el de la sustancia inteligente, o aquello por medio de lo cual la conciencia trata de expresarse. Ahora consideraremos el aspecto voluntad o propósito, introduciendo por lo tanto el primer aspecto logoico o la “voluntad de ser”. Cuando se medite cuidadosamente sobre este tercer punto, se observará, como es de esperar, que incluye a los otros dos y los sintetiza.

Ciertos factores deben ser tenidos en cuenta cuando conside­ramos las palabras “propósito específico”. Mediante su clasificación trataremos de esclarecer este tema complejo. Las ideas implica­das son:

El factor identidad. Propósito específico es la aplicación prác­tica de la voluntad o la intención de una Existencia consciente e inteligente cuando se expresa como:

a.      Su fuente de origen.

b.      Su misión.

c.      Su método,

d.     Su objetivo.

Estos variarán de acuerdo a la naturaleza de la identidad ema­nante. Todas las formas mentales -logoicas, planetarias y huma­nas- (pues ninguna otra entidad de menor grado trabaja como creadora mental) emanan de una mente; son construidas para efectuar algún trabajo activo, manifestándose por reglas y leyes fijas, teniendo una meta definida o consumación inevitable,

El factor tiempo. El Propósito específico del sistema solar consiste en la evolución gradual de un plan definido que se origina en la Mente del Logos y llega a la consumación, lenta y cíclica­mente. Tres vastos períodos de tiempo transcurren durante el proceso

El periodo de construcción, en el cual la forma es construida. El período de utilización, en el cual una Vida central ocupa, vitaliza y utiliza la forma.

El período de disolución, en el cual la forma es desvitalizada, destruida y disipada.

En la primera etapa, lo que concierne a lo tangible y lo que trata de la objetividad es lo que más se recalca y tiene suprema importancia. En la segunda etapa, la vida o la conciencia subjetiva dentro de la forma aparece gradualmente a la superficie, y la cualidad o siquis de la forma mental, se hace evidente. En la etapa final, la forma mental (habiendo cumplido su misión) se divide en dualidad fundamental y la voluntad o energía (que permanece ­como unidad detrás de la dualidad) cesa su intento. La vida objetiva (vida espiritual cuando se trata de formas mentales cósmicas, vida manásica cuando se construyen formas mentales solares y vida elemental cuando se construyen formas mentales hu­manas) se retira y la forma se desvanece.

En todos estos casos es evidente que sólo estudiando cómo se desarrolla la cualidad de la forma mental se revelará su propósito inherente: únicamente cuando sus procesos emanentes sean com­prendidos se reconocerá la naturaleza de su misión. Esto es fundamentalmente cierto respecto a todas las formas, lo cual es fácilmente comprobado cuando se trata de formas relativamente poco importantes -como las que construye el hombre actualmente-; cada forma por medio de

su color,

su vibración,

su dirección,

su nota clave,

revela al clarividente entrenado la naturaleza de la vida interna, la cualidad de la vibración y la naturaleza de su meta. La suma total de dichas características revelará el propósito mismo.

El factor kármico. Debido al efecto que produce la forma men­tal, ésta queda sujeta a la Ley del Karma. En la etapa actual de la historia del sistema -esa vasta  tapa de transición entre la vida física densa y la existencia en el cuerpo etérico logoico- no es fácil para nosotros saber diferenciar entre las formas mentales que constituyen efectos y las que constituyen causas. Debe recordarse que sólo los señores cósmicos y los señores solares formulan pensamientos. Ningún Señor lunar ni inteligencias menores lo hacen. Por consiguiente los dos grupos ya mencionados quedan sujetos a la ley kármica. Son los únicos autoconscientes y por lo tanto responsables. Donde no existe autoconciencia no hay responsabilidad. Por ende, a los animales no se los considera responsables, y aunque sufren en el plano físico y en sus vehículos físicos, en los planos más sutiles están libres de karma, pues carecen de memoria y presentimiento; no poseen la facultad de correlacionar y, como la chispa de la mente está ausente, no están sujetos a la ley de retribución, excepto en lo que concierne al cuerpo físico. La razón del sufrimiento del reino animal se halla oculta en el misterio del pecado de los sin mente ([1]) y en ese terrible periodo descrito en La Doctrina Secreta, que dio por resultado abortos y tergiversaciones de toda clase. Si este período y ese tipo particular de "malogrado propósito" no hubiese tenido lugar, no tendríamos la terrible relación kármica que existe hoy entre el tercero y cuarto reinos.

            Cuando el efecto de la vida y duración de una forma mental es maléfico y destructivo actúa como "mal karma" y si es benéfico actúa como "buen karma" en el grupo al cual pertenece el creador, A esto se refiere cuando se dice que una acción buena y altruista no produce karma.

            El factor de los constructores menores. Aquí se introduce un factor muy interesante sobre el cual nos extenderemos mas adelante cuando estudiemos los elementales. El propósito específico de una forma mental está muy estrechamente relacionado con el tipo de esencia dévica de la cual está construida y (en relación con el hombre en el plano mental) con el tipo de elemental que puede controlar y enviar como ocupante o agente vitalizador de la forma mental. Hablando superficialmente, un Logos solar actúa únicamente por intermedio de los grandes Constructores, los Manasaputras en Sus distintos grados en los dos planos superiores del sistema solar, y trabaja por medio de Ellos, enviándolos a desempeñar la mísion de construir y vitalizar, con un proposito especifico en vista, la forma mental del sistema. Los Logos planetarios trabajan principalmente por intermedio de los Constructores de los tres planos siguientes (atma budi manas), quienes construyen y controlan el trabajo de los esquemas planetarios. Los hombres trabajan por intermedio de los constructores de los planos mentales inferiores y del plano astral, porque las formas mentales humanas son kama manasicas; los constructores del plano físico entran automatícamente en acción por la fuerza de corrientes y energas iniciadas en materia sutil por los grandes Constructores.

            La clasificación dada en página aparte puede esclarecer esto.


IV. CLASIFICACION 

ENTIDADES CONSTRUCTORAS

 

Una captura de pantalla de un celular con letras

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

 

            Mediante un estudio detenido se verá que la primera enumeración quíntuple se refiere a los reinos más importantes de la naturaleza, mientras que las dos últimas son particularmente interesantes porque el reino mineral en ningún sentido puede conside­rarse un principio, sino simplemente el punto más denso de concreción de lo abstracto; el reino vegetal ocupa un lugar peculiar en la economía del sistema como transmisor del fluido pránico vital, siendo definitivamente un puente entre lo consciente y lo incons­ciente, empleando estas palabras en su sentido más amplio y gene­ral. Aunque es bien sabido que el reino mineral tiene conciencia propia, sin embargo, la sensación es más fácilmente reconocible en el segundo reino; la diferencia que existe entre la conciencia del mineral y la del animal es tan grande que sus respectivas concien­cias son fundamentalmente disímiles. Entre ambos se encuentra el reino vegetal, que se aproxima por lo general más a la conciencia animal que a la del mineral, teniendo mayor relación esotérica con la evolución dévica.

 Estos reinos de la naturaleza constituyen “formas mentales”, poseen cuerpo, vitalidad, cualidad y propósito; son enviadas a cum­plir una misión específica, por una vida superior a la de ellos: esas vidas son autoconscientes y una mezcla de mente espíritu y forma objetiva. Únicamente quienes son autoconscientes pueden crear, tener propósito, coordinar, dirigir y controlar.

Aunque parezca que no se ha dicho bastante, sin embargo, después de considerar debidamente los cuatro puntos citados en relación con el “propósito” de una forma mental, el estudiante puede dilucidar mucho por sí mismo.

Ampliando estas ideas hasta el Logos solar, surgirán proba­blemente sugestivos interrogantes que sólo serán beneficiosos por lo que pueden expandir el concepto y ampliar el horizonte del Pensador. El propósito logoico no es aún comprensible para el hombre: de nada servirá meditar sobre él, sin embargo, en la acumulación de ideas y su captación por los pensadores, puede llegar gradualmente el día del reconocimiento y la subsiguiente colaboración con ese propósito divino. Mientras tanto, formulemos algunos de dichos interrogantes, dejando que el futuro revele la respuesta:

1.       ¿Cuál podría ser el propósito de la actual encarnación del Logos solar?

2.      ¿Cuál es el propósito que quizás actúe en nuestro propio esquema planetario y el plan fundamental de nuestro Lo­gos planetario?

3.      ¿En qué difiere de los otros esquemas planetarios?

4.      ¿Cuál es el propósito que se halla detrás de la relación existente entre la Tierra y Venus?

5.      ¿Podría investigarse de alguna manera cuál es el propó­sito de todo el reino animal?

6.      ¿Cuál es el propósito que se halla detrás de la actual evo­lución de la presente raza raíz? ¿Podemos comprenderlo? ¿Cuál es el propósito que se halla detrás de las distintas formas nacionales?

Introduzcamos ahora la idea a una base más práctica, y formulemos preguntas sobre las siguientes líneas:

1.       ¿Qué tipo de materia empleo generalmente para formular pensamientos?

2.      ¿Cuál es la cualidad síquica de mis formas mentales?

3.      ¿Con qué propósito especifico empleo la materia mental?

4.      ¿Trabajo consciente o inconscientemente con materia mental?

5.      ¿Vitalizo mis formas mentales con una entidad de orden elevado o inferior?

6.      ¿Estudio las leyes de la construcción?

7.      ¿Comprendo el poder de la voluntad para vitalizar?

8.     ¿Destruyo las formas mentales por un acto de voluntad consciente cuando han cumplido su propósito?

9.      ¿Construyo formas que producen efectos kármicos o que son para bien del grupo?

Muchas ideas surgirán como las anteriores, y por el estudio de las mismas el hombre aprende las leyes de la existencia.

2. Las Leyes de! Pensamiento.

Existen tres grandes leyes que podríamos considerar como las leyes fundamentales del cosmos, ese sistema mayor (reconocido por todos los astrónomos) del cual formamos parte, y las siete leyes innatas del sistema solar. Deberíamos considerarlas secundarias aunque desde el punto de vista de la humanidad, son las más importantes.

Tres leyes cósmicas. La primera de ellas es la Ley de Síntesis. Para quienes no han desarrollado la facultad búdica les resulta casi imposible comprender el alcance de esta ley. Demues­tra que todas las cosas -abstractas y concretas- existen como una sola; rige la forma mental de ese Logos cósmico en cuya con­ciencia nuestro sistema y nuestro centro mayor desempeña su parte. Presentimos que nuestro sistema en evolución es una unidad de Su pensamiento que constituye en su totalidad una forma mental, un todo concreto y no un proceso diferenciado. Es la suma total y el centro, la periferia y el círculo de manifestación consi­derados como una unidad.

La siguiente es la Ley de Atracción y Repulsión. La ley des­cribe fundamentalmente la fuerza compulsiva de atracción que mantiene unido nuestro sistema solar al del Sirio; a nuestros pla­netas girando alrededor de nuestra unidad central, el Sol; a los sistemas menores de materia atómica y molecular circulando alre­dedor de un centro en el planeta; a la materia de todos los cuerpos del plano físico, y a la de los cuerpos sutiles coordinados alrededor de su centro microcósmico.

La tercera es la Ley de Economía que ajusta todo lo relativo a la evolución material y espiritual del cosmos para el mejor be­neficio y el menor desgaste de fuerzas. Hace perfecto a cada átomo de tiempo y período eterno, y “lleva a cabo” todas las cosas hacia adelante, hacia arriba y a su conclusión con el menor esfuerzo posible, exacto equilibrio y necesario grado de vibración. La dis­paridad de ritmo es realmente una ilusión del tiempo y no existe en el centro cósmico. Debemos meditar sobre esto pues encierra el secreto de la paz; es necesario llegar a comprender el significado de la palabra conclusión, pues describe la próxima expansión de conciencia racial y tiene un significado oculto.

La nomenclatura de estas leyes no explica todo, pues es poco menos que imposible expresar abstracciones mediante el lenguaje, sin perder en el proceso el sentido interno. En estas leyes tenemos nuevamente demostrada la triple idea, rigiendo la analogía, como es de esperarse.

La Ley de Síntesis              El Aspecto Voluntad 1er. Aspecto.

La Ley de Atracción            El Aspecto Amor      2do. Aspecto.

La Ley de Economía                      El Aspecto Actividad  3er. Aspecto.

b. Siete leyes del sistema. Subsidiarias a las tres leyes prin­cipales tenemos las siete leyes de nuestro sistema solar. Nuevamente hallamos que la ley de analogía aclara y las tres se con­vierten en siete como en cualquier parte del esquema logoico. Cada una de estas siete leyes tiene una correlación interesante con los siete planos, ellas son:

1.       La Ley de Vibración, base de la manifestación que empieza en el primer plano. Es la ley atómica del sistema, así como en cada uno de nuestros planos el primer subplano es el plano atómico.

2.      La Ley de Cohesión. La cohesión se evidencia primeramente en el segundo plano; es el primer plano molecular del sistema y el hogar de la Mónada, manifestándose allí coherencia divina.

3.      La Ley de Desintegración. En el tercer plano, el quíntuple super­hombre llega a desprenderse, finalmente, de todas las envolturas. Un Chohan de la sexta Iniciación descarta las envolturas de grado inferior al vehículo monádico, desde la envoltura átmica hasta la física.

4.      La Ley de Control Magnético mantiene su dominio predominante en el plano búdico; cuando se va adquiriendo el control de esta ley, ocultamente la Mónada adquiere también el control de la personalidad por medio del cuerpo egoico.

5.      La Ley de Fijación se demuestra principalmente en el plano men­tal, y tiene una estrecha relación con manas, el quinto principio. La mente controla y estabiliza, trayendo como resultado la cohe­rencia.

6.      La Ley del Amor es la ley del plano astral. Su objetivo es trans­mutar la naturaleza de deseo, vinculándola con el magnetismo superior del aspecto amor en el plano búdico.

7.      La Ley de Sacrificio y Muerte es el factor que controla en el plano físico la destrucción de la forma, a fin de que pueda pro­gresar la vida evolucionante, es uno de los métodos fundamenta­les de la evolución.

La Ley intermedia del Karma. Existe también una ley inter­media, ley sintética del sistema de Sirio. Dicha ley se denomina en término genérico Ley del Karma y, realmente, describe el efec­to que el sistema de Sirio tiene sobre nuestro sistema solar. Cada uno de los dos sistemas, en lo que se refiere a su economía interna, es independiente en tiempo y espacio o, en otras palabras, en su manifestación. Prácticamente no producimos ningún efecto sobre nuestro sistema paterno, siendo la acción refleja tan tenue que es casi insignificante, pero se sienten efectos muy definidos en nues­tro sistema por causas que surgen de Sirio. Dichas causas, cuando se experimentan como efectos, las denominamos la Ley del Karma, e iniciaron originalmente el Karma del sistema que, una vez que ha entrado en efecto, constituye lo que se denomina Karma en la literatura ocultista y oriental

Cada uno de los Señores Lipikas y los Señores del Karma de nuestro sistema están regidos por un Señor más elevado del siste­ma de Sirio.

Tenemos por consiguiente:

1.       Las tres leyes cósmicas de Síntesis, Atracción y Economía,

2.      La Ley siria del Karma.

3.      Las siete leyes del sistema solar.

Como ya se ha dicho, nuestras siete vibraciones principales son las del plano cósmico inferior; allí se halla nuestra morada. Nues­tro Logos Mismo. corazón de Su propio sistema, se encuentra en el plano astral cósmico, estando allí polarizado. Así como los entes de la cuarta Jerarquía creadora, la humana, evolucionan emplean­do cuerpos físicos, aunque están polarizados actualmente en sus vehículos astrales, de la misma manera hemos visto que el sistema solar objetivo forma el cuerpo físico del Logos, pero Su polaridad reside en Su cuerpo astral. Es significativo que en este manvantara mayor, el Logos está por recibir la cuarta Iniciación cósmica. Un dato iluminador radica en la analogía que existe entre este enunciado y el  desarrollo de la cuarta raza raíz y la actual cuarta ronda o astral. ([2])

El sistema del Logos de Sirio se halla en el plano mental cós­mico, en forma sutil e incomprensible para nosotros, nuestro Logos, con Su sistema, forma parte de un Logos aún mayor. Esto no implica una pérdida de identidad, aunque la cuestión sea de­masiado abstrusa para poder expresarla más adecuadamente. En esta analogía puede encontrarse la idea fundamental de toda la enseñanza dada sobre el gran Hombre celestial. Todo el concepto de estas leyes está ligado a esta idea. Tenemos las tres leyes de los planos superiores cósmicos, abarcando en la belleza de la síntesis a los sistemas mayor y menor. Luego tenemos la gran Ley de Sirio, la Ley de Karma, en el tercer subplano del plano mental cósmico, que realmente controla a nuestro Logos y Sus acciones, de la mis­ma manera que el ego -en el transcurso de la evolución- controla a la personalidad humana.

Deberíamos recordar que de acuerdo a la Ley de Analogía o Correspondencia, tendríamos en el Cosmos una relación similar a la que existe en el microcosmos entre el ego y la personalidad. Gran parte del contenido de esta sugerencia podría considerarse benéfico. Sin embargo, no debemos llevar la analogía demasiado lejos, pues no hemos evolucionado bastante como para tener con­ciencia planetaria y mucho menos del sistema, por lo tanto ¿Cómo puede pretenderse llegar a concebir el a b c de la verdad cósmica? Hasta ahora sólo es posible dar datos superficiales, conceptos am­plios y generalizaciones. De una cosa podemos estar seguros y es que la identidad siempre permanece.

Permítaseme explicar por medio de una ilustración

Cada uno de nosotros, durante el proceso de evolución, forma parte de uno de los Hombres celestiales, quienes a su vez forman los  siete centros en ese Hombre celestial mayor, el Logos. Sin embargo, aunque estemos sumergidos en el todo, no perdemos nuestra identidad, sino que permanecemos siempre como unidades separadas de conciencia, aunque somos uno con todo lo que vive o es. De la misma manera nuestro Logos no pierde Su identidad, aunque forme parte de la Conciencia del Logos de Sirio. A su vez, el Logos de Sirio es uno de los siete grandes Hombres celestiales, centros a su vez en el cuerpo de AQUEL SOBRE QUIEN NADA PUEDE DECIRSE.

Las leyes y los planos. Mientras estudiamos las sietes leyes del sistema solar, podríamos hacerlo plano por plano, de tres maneras:

1.       Estudiar sus efectos tal como se manifiestan en el sendero de involución.

2.      A medida que se manifiestan en el sendero de evolución o de retorno

3.      Considerar las leyes que afectan a los organismos huma­no y dévico que evolucionan por su intermedio.

Al hacer esto obtendremos gradualmente una idea amplia y general como nuestro sistema (la forma mental del Logos) fue paulatinamente construido, controlado y mantenido unido, y cuán numerosas e intrincadas son las interrelaciones. Se presume que han sido aceptadas ciertas hipótesis fundamentales que constitu­yen la base de todo lo que voy a decir. En primer lugar, imaginemos que un Constructor o Mente creadora, trabaja a fin de producir algo ordenado y expresarlo por medio de un objetivo visible. El universo objetivo es únicamente el producto de alguna mente subjetiva. Luego sigamos imaginando que el material es el fruto de algún sistema anterior, y es todo lo que ha quedado de algo consumado en el pasado. En consecuencia, tenemos el Cons­tructor y el material, debemos pues aceptar la proposición de que este Constructor continúe con Su construcción, regido por ciertas leyes definidas que guían la selección del material, controlan la forma que El erige y le indican el procedimiento a seguir para consumar Su idea. No debemos olvidar que, en la mente del Logos, tres grandes símbolos representan cada uno de Sus tres sistemas, y que el todo existe para él como una forma mental concreta, pues esta aprendiendo a manipular la materia del plano mental cósmico en niveles concretos, de la misma manera que el hombre trabaja con las leyes del pensamiento y en la construcción de formas men­tales. Lo único que puede hacerse es presentir los símbolos de los sistemas pasado y presente. Quizás si pudiéramos visualizar una svástica de color verde brillante de diez brazos en ángulo recto y emanando desde un radiante sol central, podríamos te­ner una idea de la forma mental que constituyó la base del primer Sistema, el sistema de actividad. La forma mental básica del segundo sistema personifica la svástica verde de la primera mani­festación añadiéndole círculos azules concéntricos y entrelazados; en grupos de tres, unidos por un gran círculo. Por supuesto ambos símbolos se encuentran en dimensiones superiores. Se desconoce aún el símbolo del próximo sistema. Después de captar y aceptar estas tres leyes fundamentales, podemos continuar con la actua­ción de las leyes del sistema en los siete planos, recordando que  las siete pueden aplicarse en el subplano que numéricamente corresponde a cada plano. Permítaseme ilustrar brevemente:

La cuarta ley de Control Magnético por ejemplo, domina el cuarto subplano de cada plano, en la cuarta ronda y, especialmente, en la cuarta raza raíz. Entonces tendremos la analogía siguiente:

4ta. Ley                     Control magnético.

4to. Rayo                   Armonía o belleza.

4to. Plano                 El búdico.

4to. Subplano           Control magnético búdico.

4ta. Ronda                 Magnetismo físico denso que controla la mani­festación sexual en el plano físico, inspirado por el deseo astral, reflejo del búdico.

4ta. Raza raíz            La Atlante, en la cual se manifestaron especial­mente las cualidades mencionadas

1. La Ley de Vibración. Es la ley del primer plano y rige a todos los subplanos atómicos de cada plano. Marca el comienzo del trabajo del Logos y la iniciación original de la actividad de mulaprakriti. La vibración del subplano atómico pone en movi­miento, en cada plano, la materia de ese plano. Es el ritmo clave. Podemos resumir el significado de esta ley en las palabras “luz” y “fuego”. Es la ley del fuego; rige la transmutación de los distintos colores en su síntesis original. Controla la división del Uno en los siete y su reabsorción nuevamente en el Uno. En realidad es la ley fundamental de la evolución que necesita involucionar. Es análoga al primer movimiento que hizo el Logos para expresarse a Sí Mismo por intermedio de nuestro sistema solar. Emitió el Sonido, un Sonido triple, uno por cada uno de Sus tres sistemas, e inició una ondulación en el océano del espacio. El sonido aumen­ta su volumen a medida que transcurre el tiempo y, una vez alcan­zado su pleno volumen, cuando ha llegado a su máxima consuma­ción, constituye una de las notas del gran acorde cósmico. Cada nota tiene seis subtonos que, con la primera, forman los siete; por consiguiente, la Ley de Vibración comprende dieciocho vibracio­nes menores y tres mayores, formando las veintiuna de nuestros tres Sistemas. Dos multiplicado por nueve (2 x 9) son dieciocho, numero clave de nuestro sistema de amor. El número veintisiete oculta el misterio del tercer sistema.

En el sendero de involución, los siete grandes Alientos o Sonidos se dirigieron hacia el subplano atómico de cada plano, y allí la vibración básica repitió, en su pequeño mundo, el método de vibra­ción logoica, dando lugar a seis alientos subsidiarios. Tenemos aquí la misma analogía que en la cuestión de los Rayos, pues hallaremos que las líneas de vibración son 1-2-4-6. Esto sucede lógicamente porque la involución es negativa y receptiva y corresponde al polo femenino, así como los rayos abstractos eran 2-4-6. Esta verdad requiere ser meditada y pensada en forma abstracta, está vinculadas con el hecho de que el segundo sistema es receptivo y femenino: concierne a la evolución de la conciencia de la siquis.

En el Sendero de evolución dicha ley controla el aspecto posi­tivo del proceso. Todo es ritmo y movimiento, y cuando todo lo que evoluciona en cada plano obtiene la vibración del subplano atómico se alcanza la meta. Por lo tanto, cuando hayamos obtenido las primeras vibraciones más importantes y perfeccionado los vehículos para todas las evoluciones (no sólo la humana) de la quíntuple materia del subplano atómico, entonces habremos com­pletado la ronda evolutiva que corresponde a este sistema. En el sistema venidero agregaremos las próximas dos vibraciones que completan la escala, entonces nuestro Logos habrá terminado su a construcción.

La cuarta Jerarquía creadora, la de las Mónadas humanas, debe aprender a vibrar en forma positiva, pero los devas siguen la línea de menor resistencia, permanecen negativos, adoptan la línea pasiva, la de acatar la ley. Sólo las Mónadas humanas, en los tres mundos, siguen la línea positiva y aprenden la lección de la obediencia divina por la oposición, la lucha, la pugna y la contienda. Sin embargo, debido a la acrecentada fricción por medio de esa lucha, progresan comparativamente con mayor rapidez que los devas. Necesitan hacerlo, pues han perdido mucho terreno que deben recuperar.

La Ley de Vibración es la ley de progreso, movimiento y rotación. En el sétimo plano o inferior, la vibración es lenta, pesada y aletargada, desde el punto de vista del primero, y cuando apren­dieron a vibrar o a girar más rápidamente entramos en el sendero de retorno. Por consiguiente implica necesariamente construir los vehículos dévico y humano en materia más refinada En este segundo sistema, en los cinco planos de la evolución humana, tenemos los cinco vehículos -físico, astral, mental, búdico y átmico purificados, sutilizados, intensificados y refinados. En los dos inferiores, el físico y el astral, sólo existe la materia de los cinco subplanos superiores de sus respectivos planos, porque los dos subplanos inferiores son demasiado bajos para los cuerpos dévico y humano y fueron dominados en el primer sistema. El cuerpo mental es el primero que contiene materia de todos los subplanos. El objetivo de la evolución para nosotros es el amor dominado por la inteligencia -o la inteligencia dominada por el amor, pues la interacción será total. La raza humana vino a la existencia en un punto de la cadena donde en forma natural adoptó cuerpos de los quintos subplanos astral y físico; una analogía  puede observarse en la llegada de Egos muy avanzados, a la cuarta raza raíz.

2. La Ley de Cohesión. Es una de las leyes subsidiarias de la Ley de Atracción cósmica. Es interesante notar que esta ley se manifiesta en modo triple en el actual Sistema de Amor:

En el plano de la Mónada, se manifiesta como ley de cohesión, ley de nacimiento, si podemos usar este término, resultando la aparición de las Mónadas en sus siete grupos. El amor es la fuente y la Monada de amor el resultado.

En el plano búdico se manifiesta como ley de control magné­tico. Se demuestra como el aspecto amor-sabiduría, que irradia del ego y, oportunamente, reúne en si la esencia de toda la experiencia adquirida por medio del Ego, a través de las vidas de la persona­lidad, y controlada completamente desde el plano búdico. El mag­netismo y la capacidad de demostrar amor son esotéricamente expresiones sinónimas.

En el plano astral se manifiesta como amor demostrado a tra­vés de la personalidad. Todas las ramificaciones de la ley de atracción que se manifiestan en este sistema, se demuestran como fuerza que une internamente, tiende a la coherencia, da por resul­tado la adhesión y conduce a la absorción. Todos estos términos son necesarios para dar una idea general de la cualidad fundamen­tal de esta ley; es una de las más importantes del sistema si es permitido establecer diferencias; podríamos denominarla la ley de coalición.

En el sendero de involución controla el primer acopio de ma­teria molecular que se halla por debajo del subplano atómico. Constituye la base de la cualidad de atracción que pone en movimiento a la moléculas y las reúne en conglomerados necesarios. Es el compás de los subplanos. El subplano atómico establece el grado de vibración; lo mismo puede decirse en otras palabras, que la Ley de Cohesión fija la coloración de cada plano. Debe recordarse siempre cuando tratamos estos fundamentos abstractos que las palabras sólo oscurecen el significado, sirven de sugerencia y no como aclaración.

La Ley cósmica de Atracción controla todas las leves subsi­diarias en la manifestación, así como la Ley de Síntesis rige el pralaya y la oscuración; la Ley de Economía trata de la actuación general, por la línea de menor resistencia, del esquema logoico. Durante la manifestación tenemos mucho que hacer con la Ley de Atracción, y al estudiarla encontraremos que cada ley subsi­diaria no es más que una diferenciación de esa Ley.

Esta segunda ley del sistema rige especialmente al segundo plano y al segundo subplano de cada plano. Será de interés estudiarlo y establecer la analogía subyacente, recordando siempre que lo único que puede hacerse es indicar ciertas cosas y líneas de pensamiento que, si se siguen, podrán conducir a la iluminación.

El segundo Rayo y la segunda Ley están estrechamente alia­das y resulta interesante comprender que es en el segundo sub­plano del plano monádico donde la mayoría de las Mónadas tienen su morada; hay una pocas Mónadas de poder o de voluntad en el subplano atómico, pero no son numerosas, forman simplemente un núcleo que se halla en preparación evolutiva para el 3er. Sistema, el de poder. La mayoría de las Mónadas de amor están en el segundo subplano; en el tercer subplano pueden encontrarse cierto numero de Mónadas de actividad, pero no tan numerosas como las Mónadas de amor. Son las que fracasaron en el 1er. sistema.

Como ya se sabe, existe un canal directo entre los subplanos atómicos de cada plano. Esto es más o menos aplicable a cada subplano y al subplano superior que numéricamente le corresponde, por lo tanto, hay un canal directo y muy amplio entre el segundo subplano de cada plano, capacitando a las Mónadas de amor a vincularse con facilidad peculiar con todos sus vehículos cuando están compuestos de materia del segundo subplano. Después de la iniciación, el cuerpo causal se encuentra en el segundo subplano del plano mental y entonces comienza el control monádico.

Las Mónadas de amor regresan (después de vivir en los tres mundos y de haber alcanzado su meta) al segundo plano de donde originaron, siendo también la meta de las Mónadas de actividad que han de desarrollar el aspecto amor. En los cinco mundos de la evolución humana ambos grupos de Mónadas deben controlar la materia atómica y la molecular, y esto se realiza utilizando plenamente (lo más plenamente posible en este segundo sistema) el aspecto voluntad o poder.

El “Reino de Dios sufre la violencia, y el violento lo toma por la fuerza” o por la Voluntad o poder. No es la Voluntad como la conoceremos en el último sistema, sino la Voluntad como es cono­cida en el actual sistema y debe ser utilizada al máximo por la Mónada evolucionante en su lucha por controlar cada subplano atómico. Las Mónadas de poder tienen  que luchar más denodada­mente, de allí el hecho frecuentemente evidente que las personas que pertenecen a lo que denominamos Rayo de poder, tienen a menudo tantas dificultades y por lo general no son queridas. De­ben construir en los seis planos el aspecto amor, el cual no es muy prominente en su desarrollo.

Se ha dado un indicio respecto al número aproximado de Mónadas que existen:

35 mil millones de Mónadas de amor,

20 mil millones de Mónadas de actividad,

5 mil millones de Mónadas de poder,

haciendo un total de sesenta mil millones de Mónadas humanas.

Las Mónadas de poder, aunque en manifestación, son hasta ahora muy raras en encarnación. Vinieron en gran número al final de la cadena lunar y vendrán nuevamente en plena fuerza numérica en las dos últimas rondas de la presente cadena.

Ahora podemos establecer brevemente la analogía entre la segunda ronda y la segunda raza raíz, demostrando cómo la Ley de Cohesión estuvo especialmente activa en estos períodos. Una condición nebulosa pronunciadamente volátil caracterizó a la pri­mera ronda y a la primera raza. Su cualidad característica fue el movimiento, acompañado de calor, en forma similar al primer sis­tema, pero en la segunda ronda y también en la segunda raza se observa una cohesión definida, siendo más claramente reconocibles los contornos de la forma. Puede verse además con claridad la cohesión, como característica distintiva de nuestro segundo y actual sistema. Todas las cosas tienden a unirse; aproximación, unificación, atracción simultánea entre dos o más o cosas se verán siem­pre como principio gobernante, ya sea que consideremos el pro­blema sexual o se demuestre en la organización comercial, en el desarrollo científico, en la industria o en la política. Bien podría­mos decir que la Unificación de los muchos separados es la nota clave de nuestro sistema.

Otra sugerencia puede darse. En el sendero de involución, esta ley rige la unión y la segregación de la materia; en el sendero de evolución controla la construcción de formas: se ha dicho que la materia del subplano superior constituye la base de un nuevo plano; por consiguiente, tenemos en el subplano atómico un punto en que tiene lugar la fusión, convirtiéndose en un plano de síntesis, del mismo modo que el primer plano o logoico es el plano de síntesis para este sistema. Allí tiene lugar la fusión de la evolución en un estado inconcebiblemente más elevado.

3. La Ley de Desintegración. Es la ley que rige la destruc­ción de la forma a fin de que la vida inmanente pueda brillar en su plenitud. Este es otro aspecto de la Ley de Cohesión -su antí­tesis (si así puede expresarse), y constituye parte del plan divino como la ley de atracción. Esta ley terminará conjuntamente con el sistema solar, pues las grandes leyes de atracción, cohesión y amor regirán hasta el devenir. La Ley de Desintegración tiene su analogía en la ley cósmica, pero es casi incomprensible para nos­otros. La Ley de Economía encierra la clave de esta ley. Cuando la Mónada ha circulado a través de todas las formas desintegradas y alcanzado la sexta Iniciación, vuelve a su fuente primordial monádica y las cinco envolturas menores son destruidas. Luego, las Mónadas mismas no se desintegran, se sintetizan. Esta ley controla solamente el tercer plano y cesa de actuar de esta manera particu­lar cuando ha trascendido el tercer plano.

Para la raza ésta es una de las leyes más difíciles de compren­der. Algunas de sus actuaciones pueden observarse y en parte ser comprendidas en el sendero de evolución, pero en el sendero de involución o de construcción, la actuación de la ley no es tan evidente para el observador superficial.

En el sendero de involución controla el proceso de la desintegración de las almas grupales; rige los períodos en que las triadas permanentes son transferidas de una forma a otra; actúa en medio de los grandes cataclismos mundiales, y es necesario recordar que rige no sólo las catástrofes en el plano físico (como las denomina­mos erróneamente), sino los cataclismos correspondientes al plano astral y a los niveles inferiores del plano mental. Rige la destruc­ción en el plano físico, especialmente la que afecta al reino mineral: en el plano astral, controla la desintegración de las formas mentales; disuelve el vehículo astral cuando es abandonado, y tam­bién el mental: su actuación da por resultado la disipación del doble etérico.

Podemos nuevamente correlacionar esta ley con la de Atracción, pues ambas interactúan entre sí. Esta ley destruye las formas y la Ley de Atracción atrae nuevamente a la fuente de origen la materia de esas formas antes de comenzar su reconstrucción.

En el sendero de evolución los efectos de esta ley son muy conocidos, no sólo por la destrucción de los vehículos abandonados, mencionados anteriormente, sino por la destrucción de las formas que encierran grandes ideales -formas de control político, formas por las cuales la naturaleza misma evoluciona, además de ésas en que se manifiesta la conciencia individual, las grandes formas men­tales religiosas, los conceptos filantrópicos y todas las formas que la ciencia, el arte y la religión adoptan en cualquier época determinada. Oportunamente, todo se destruye debido a la acción ejer­cida por esta ley.

Su actuación es más evidente para la común mentalidad hu­mana en sus manifestaciones actuales en el plano físico. Podemos trazar la conexión existente entre el plano átmico y el físico (que se demuestra en el plano inferior como la ley de sacrificio y muer­te), pero su efecto también puede observarse en los cinco planos. Es la ley que destruye la última envoltura que separa al Jiva per­fecto. No ha sido aún aclarado plenamente  (porque la ley de analogía ha sido bien estudiada y en realidad no es muy evidente) que en el tercer subplano de cada plano esta ley actúa en forma especial, causando la definitiva destrucción de lo que tiende a la separación. Como todo lo que actúa en el sistema, su proceso es lento; el trabajo de desintegración comienza en el tercer sub­plano y termina en el segundo, cuando la Ley de Desintegración está influenciada por la Ley de Cohesión, y la desintegración ha efectuado aquello que hace posible la cohesión. La ilustración de esto la tenemos en el plano mental. El cuerpo causal del hombre común está en el tercer subplano y, cuando un hombre se capacita para fusionarse con la Tríada, ese cuerpo causal ha de ser descar­tado y eliminado. Bajo la Ley de Sacrificio y Muerte la desintegración empieza en el tercer nivel y es consumada en el segundo, cuando el hombre se fusiona con la Triada, etapa preparatoria de su final fusión con la Mónada.

Otra ilustración de lo mismo puede encontrarse en el plano físico. Cuando un hombre ha alcanzado el punto en que puede sentir y ver el cuarto éter, está listo para quemar la trama etérica, ubicada en el punto medio entre la materia del tercero y segundo subplanos que componen su cuerpo físico. Cuando se efectúa esta desintegración el hombre se fusiona con su vehículo astral, esta­bleciendo la consiguiente continuidad de conciencia. Esta analogía y desintegración pueden establecerse en cada plano, hasta que finalmente en el tercer subplano del nivel atómico, llega la desin­tegración final, dando por resultado la fusión con la conciencia monádica.

El tercer Rayo, el de adaptabilidad o actividad, tiene una es­trecha relación con esta ley. Mediante la actividad (o adaptación de la materia a la necesidad) la forma llega al ser; es empleada en la actividad y, debido a esa adaptación, se convierte en una forma perfecta, y en el momento de alcanzar la perfección pierde su utilidad; se cristaliza, se rompe y la vida evolucionante escapa en busca de nuevas formas que posean mayor capacidad y sean mas adecuadas. Esto sucede durante la vida del Ego reencarnante en las rondas y razas humanas, en el sistema solar y en todos los procesos Cósmicos

En la tercera cadena, la cadena lunar, tenemos un interesante hecho relacionado con esto. En dicha cadena el grado de realización del individuo correspondía al de Arhat o cuarta Iniciación -la iniciación que marca la separación final de los tres mundos y la desintegración del cuerpo egoico.

Al finalizar la tercera raza raíz se produjo el primero de los grandes cataclismos que destruyó la forma de la raza e inauguró una nueva, la primera raza definidamente humana, tal como la conocemos. Se encontrará que la analogía es aplicable desde cualquier punto de vista que sea estudiado el tema. En la tercera sub­raza también puede observarse la analogía aunque no es aún evidente para la limitada visión que caracteriza a la mayoría de nosotros. La estrecha proximidad de un efecto frecuentemente vela a causa.

4. La Ley de Control Magnético. ([3]) Es la ley fundamental que controla a la Tríada espiritual. Por su intermedio, la fuerza de la evolución impele al Ego a progresar en su ciclo de reencar­nación hasta unirse nuevamente con los de su especie. Por medio de la separación se encuentra a sí mismo y luego -impulsado por el principio búdico o crístico inmanente- se trasciende a sí mismo y vuelve a encontrarse en todos los yoes. Esta ley mantiene al yo inferior evolucionante en una forma coherente. Controla al Ego en el cuerpo causal de la misma manera que el Logos controla a la Monada en el segundo plano. Esta es la ley del plano búdico; Maestro es Aquel que puede actuar en los niveles búdicos y ejerce control magnético en los tres mundos. Lo de abajo siempre está controlado por lo de arriba, destacándose el efecto que los niveles búdicos producen sobre los tres inferiores aunque todavía esto no lo aceptan nuestros pensadores. La Ley de Amor, en los tres mun­dos, mantiene todo unido y atrae todo hacia arriba. Esto se de­muestra en la Tríada como Ley de Atracción.

En el sendero de involución esta ley actúa con los átomos permanentes en el cuerpo causal. Constituye el principio búdico, y su relación con el átomo permanente inferior de la Tríada es el resorte principal de la vida del Ego. En el sendero de descenso, tiene mucho que ver con la ubicación de los átomos permanentes, pero esta cuestión es muy abstrusa y no ha llegado todavía el momento de una mayor elucidación. En la tercera emanación (en que se formó el cuarto reino, el humano) esta Ley de Control Magnético efectuó la conjunción del hombre astro-animal y la Mónada descendente, empleando la chispa de la mente como mé­todo de unificación. Nuevamente podemos observar cómo actúa. Los planos monádicos, búdico y astral, están estrechamente aliados y en ellos encontramos la línea de menor resistencia; a eso se debe la facilidad con que el místico hace contacto con el plano búdico y aún con planos más elevados. Las líneas de menor resistencia de los tres sistemas son:

Primer sistema.       Físico, mental y átmico.

El átmico fue el punto más elevado de realización en ese sistema.

Segundo sistema.    Astral, búdico y monádico.

Tercer sistema.        Mental, átmico y logoico.

Por lo tanto, observen la analogía existente entre el cuarto reino y la actuación de esta cuarta ley. Es de importancia vital en esta cuarta cadena.

En lo que se refiere a la evolución humana, esta cuarta ley es de primordial importancia en la actualidad. El objetivo del esfuerzo humano es dual, consistiendo en ser controlado por esta ley y también en manejarla para prestar servicio. Debido a esta ley la expresión sexual, tal como la conocemos, es transmutada y elevada; el sexo solamente es una demostración, en el plano físico, de la Ley de Atracción, y también la actuación de dicha ley en el reino humano y en todos los reinos inferiores. El amor hacia todo lo que respira y la atracción demostrada como servicio es semejante a lo expresado en la Tríada. La expresión del sexo, dos que se unen, se transmuta cuando los muchos se unen para prestar servicio, engendrando nuevos ideales y una nueva raza, la espiritual.

Aquí podría indicar un hecho numérico que sería de interés en lo que respecta a la cuarta jerarquía que, como se sabe, es la humana; sin embargo, si contamos las cinco jerarquías que han desaparecido, constituye en realidad la novena. Nueve es el nú­mero de la iniciación, el del adepto y el del hombre que funciona en su vehículo búdico.

El cuarto Rayo opera también en estrecha relación con la cuarta Ley, siendo el Rayo de Armonía o Belleza -Armonía por medio del control, ese control que involucra el conocimiento de la sabiduría. Es la armonía de lo similar; el equilibrador de todo por medio de la comprensión de las leyes del magnetismo que produce la coordinación de lo muy diverso en el uno homogéneo; el magne­tismo gobierna la síntesis de los muchos aspectos en la unidad. Esta armonía se logra por intermedio del quinto plano, y el quinto Rayo de Conocimiento Concreto actúa como peldaño hacia el cuar­to, pues muchos que trabajan en el quinto Rayo pasan eventual­mente al cuarto. En este sistema el quinto Rayo es de suma importancia en el desarrollo de todos los egos. Todos debemos pasar algún tiempo en él antes de permanecer definitivamente en su Rayo monádico correspondiente. En la mayoría de las encarna­ciones pasamos mucho tiempo en el quinto subplano de cada plano, regidos principalmente por el quinto Rayo. Luego todos pasan al cuarto subplano y allí son gobernados por el cuarto Rayo, y en este período particular de la cuarta ronda en la cuarta cadena los egos en evolución pasan más tiempo en el cuarto subplano que en cualquier otro. Muchos encarnan directamente en este plano, y es allí donde comienzan a pensar en forma armoniosa.

Las leyes en los tres mundos. Ahora consideraremos y estu­diaremos brevemente las tres leyes más importantes que afectan al ser humano evolucionante, cuando vive su vida en los tres mundo. ­Estas leyes son:

1.       La ley de Fijación.

2.      La Ley del Amor.

3.      La Ley de Sacrificio y Muerte.

Dichas leyes son dominadas y controladas oportunamente por las tres leyes superiores del sistema -Leyes de Control Magnéti­co, de Desintegración y de Cohesión. Hay una relación directa entre estas siete leyes y los siete Rayos o Vibraciones, y si estu­diamos su analogía conoceremos el hecho de que la primera ley, la de Vibración, controla las seis que se expresan por medio de la segunda ley, la de Cohesión, así como el Logos solar se manifiesta actualmente por intermedio de Su segundo aspecto en este segun­do sistema solar.

El primer Rayo de Voluntad o Poder es el primer aspecto omniabarcante del Todo, y en la tercera emanación, ([4])  descen­dió al quinto plano junto con las otras Mónadas. Una sutil  analogía existe entre las mónadas de Voluntad en el quinto plano, la quinta ley y el quinto Rayo.

El segundo Rayo o aspecto Amor-Sabiduría, controla los planos cuarto y sexto y domina a las Leyes de Cohesión y de control Magnético y también a la Ley astral de Amor. Existe un entrelazamiento directo entre los Rayos abstractos y las leyes de los planos donde ellos especialmente controlan.

            El tercer Rayo, el aspecto Actividad, controla las leyes de Desintegración y Muerte en los planos tercero y séptimo.

Por lo tanto será evidente para el concienzudo estudiante de la sabiduría que:

1.       El Aspecto Poder, ler. Rayo, 1ro. y 5to. planos y las Leyes de Fijación y Vibración forman un todo entrelazado.

2.      El Aspecto Amor, 2do. Rayo, 2do., 4to. y 6to. planos y las Leyes de Cohesión, de control Magnético y de Amor for­man otra unidad.

3.      El Aspecto Actividad, 3er. Rayo, 3ro. y 7mo. planos y las Leyes de Desintegración, Sacrificio y Muerte forman otro grupo más.

Lógicamente, el primer Rayo controla por ahora los dos pla­nos, pues el Aspecto Poder espera la llegada de otro sistema a fin de demostrar su pleno desarrollo. El segundo Rayo, Rayo sintético de nuestro sistema, controla los tres planos; tiene preponderancia, porque constituimos principalmente Mónadas de Amor, y Amor es nuestra síntesis. El tercer Rayo, que predominó en el sistema pasado, Rayo sintético de dicho sistema, controla dos planos, uno de ellos es poco comprendido, pues así como el cuerpo físico no es considerado un principio, hay una esfera de actividad que no está incluida en nuestra enumeración, pues ya ha pasado y desapare­cido. Las palabras esotéricas “La Octava Esfera” contienen alguna explicación al respecto.

Los cuatro Rayos menores de Armonía, Ciencia Concreta, De­voción y Orden Ceremonial, controlan en forma graduada todos los planes, pero en la actualidad ponen particular énfasis sobre la evolución del ego reencarnante en los tres mundos. Estos cuatro Rayos controlan, de modo sutil y peculiar, los cuatro reinos de la naturaleza -mineral, vegetal, animal y humano-, y al fusionarse en los tres Rayos de Aspecto (por ser el Rayo de Actividad del Mahachohan, el sintetizador de los cuatro inferiores en nuestro esquema planetario) tenemos la analogía de la fusión del hombre (el producto de los tres reinos inferiores y el humano) en el reino espiritual, el reino del superhombre. El cuarto Rayo y el cuarto Reino constituyen un punto de armonía para los tres inferiores; luego los cuatro pasan a los tres mayores o Superiores. Esto es digno de un serio estudio y  evidencia también la analogía que existe en el cuarto plano. El plano búdico, el reino humano y el cuarto Rayo de Armonía, Belleza o Síntesis tienen en nuestro sis­tema un punto de analogía, así como en la cuarta raza raíz es donde se observa primero la síntesis -la cual abre la puerta al quinto reino del Espíritu; la cuarta raza raíz desarrolló también la capacidad astral que hizo posible el contacto con el cuarto nivel o búdico.

En forma sutil (empleo esta palabra a falta de otra que tra­duzca mejor la afirmación de que la realidad parece ser una ilusión) también los tres Rayos menores, Ciencia Concreta, Devoción y Ley Ceremonial, están vinculados a los tres reinos de la natura­leza, inferiores al humano, y a las tres leyes de los tres mundos inferiores.

El Rayo de Orden Ceremonial tiene un significado especial en la actualidad; controla la vida del mundo mineral y las etapas finales de la vida involutiva, en el punto donde se inicia el camino ascendente de la evolución. Por medio del Orden Ceremonial se obtiene el control de los constructores menores, de las fuerzas elementales y del punto de síntesis del plano más inferior de todos, el periodo de transición. En dichos períodos entra a la manifestación (como sucede ahora) el séptimo Rayo -Rayo de Ley y Orden, de distribución y formación exactas. Es el reflejo en el plano físico de los Aspectos Poder y Actividad actuando en forma sintética. Como sabemos, los Rayos 1, 3, 7, tienen una interacción. El séptimo Rayo aparece en combinación con las fuerzas de la evolución. Constituye la manifestación de Poder y Actividad en el plano más inferior de todos. Está aliado a las leyes de los planos tercero  y séptimo, de Desintegración y Muerte, pues todos los períodos de transición son períodos de destrucción y construcción de formas y de quebrantamiento del antiguo orden a fin de poder construir nuevos y mejores cálices de vida.

El Rayo de Devoción tiene una relación definida, aunque poco conocida, con el reino vegetal. Debemos recordar que está ligado a una ley subsidiaria de la Ley cósmica de Atracción. En el reino vegetal encontramos uno de los primeros y temporarios acerca­mientos entre la Mónada humana y la Mónada dévica en evolución. Las dos evoluciones hacen contacto en ese reino en forma paralela; siguiendo luego su propio camino, encuentran su próximo punto de contacto en el cuarto nivel búdico y la fusión final en el segundo.

Los Rayos concretos tienen un efecto especial sobre la evolu­ción negativa de los devas, quienes forman parte del aspecto femenino del divino Hombre hermafrodita, cuando trabaja sobre líneas de desarrollo más positivo. Los Rayos abstractos realizan un trabajo similar sobre la jerarquía humana positiva, tendiendo a lograr una actitud más receptiva. Esta jerarquía forma parte del aspecto masculino del divino Hermafrodita. Pero, en los tres Puntos del sendero de evolución, las Mónadas de Amor que actúan sobre las cualidades abstractas, entran en contacto con los devas de actividad que trabajan sobre las facultades concretas. La perfección de las dos evoluciones marca el punto de realización del divino Hom­bre celestial, constituye el perfeccionamiento de los dos centros principales la actividad creadora y el amor del Logos. En su as­pecto inferior estos centros son conocidos como los centros de la procreación y el plexo solar, pero a medida que prosigue la evolución son transmutados a los centros de la garganta y del corazón. Luego, en síntesis dual, pasarán al tercer sistema, en el cual se desarrolla el aspecto Poder, entonces se completará los centros de la cabeza. Esta realización marca el triunfo de nuestro Logos que estará en condiciones de recibir la sexta Iniciación cósmica, así como ahora debe estar en condiciones, en este sistema, de recibir la cuarta.

El Rayo de Ciencia Concreta tiene una relación peculiar con el reino animal, porque rige la fusión de ese reino con el humano. El planeta Venus, durante su quinta ronda, proporcionó el impulso que produjo la chispa mental en el hombre animal -hecho muy conocido. Constituye el quinto Rayo y tiene una vinculación muy interesante con la quinta Ley de Fijación. También sería conve­niente estudiar la analogía que existe entre estos factores y la quinta raza raíz, la cual ha desarrollado fuerte y peculiarmente la mente concreta. La Ley de Analogía es exacta.

Teniendo esto como base, las tres leyes de la personalidad adquieren plena vida y pueden resumirse en los términos bien conocidos: “La Ley de Renacimiento y Muerte en los tres mundos.” La quinta ley rige un punto fijo de la personalidad el quinto principio.

La Ley del Amor en el cuerpo astral tiene también puntos que han de ser considerados. Existe un vínculo directo entre el cuerpo astral (amor en lo que respecta a la personalidad), el vehículo búdico (amor en lo que respecta a la Tríada) y las Mónadas de Amor. Más adelante esto se comprenderá mejor, pues constituye el canal principal para la ley básica del sistema, el Amor. Estos tres puntos marcan períodos de comunicación y también puntos de partida para realizar un nuevo esfuerzo durante la vida de la Mónada en evolución -de la personalidad a la Tríada, de la Tría­da a la Mónada, de la Mónada de vuelta a su fuente.

5. La Ley de Fijación gobierna el plano mental y tiene su principal analogía en la Ley del Karma en los niveles mentales cósmicos. “Como un hombre piensa, así es él”, de acuerdo a sus pensamientos así son sus deseos y acciones, y también su futuro. Fija para sí el karma resultante. La palabra “Fijación” se ha ele­gido por dos razones: primero, porque la palabra implica la capacidad del pensador para modelar su propio destino y, segundo, porque implica una idea estabilizadora, pues a medida que la evolución progresa el Ego desarrolla la facultad de crear definidas y concretas formas mentales y, por medio de estos productos esta­bles, de subyugar las fluctuaciones del cuerpo astral.

La ley del quinto plano o plano mental, es una de las más importantes que nos concierne en cualquier época, manifestándose mas plenamente en la próxima quinta ronda. En relación con esta cuarta ronda se podrían reunir los siguientes hechos respecto á su actuación.

Debido a esta ley la personalidad evolucionante construye, durante el transcurso de muchas vidas, el cuerpo causal; fija la materia inherente a ese cuerpo, colocada allí por el hombre y cristalizada a medida que transcurren las épocas. La cristalización se completa antes de la cuarta Iniciación teniendo lugar la inevi­table desintegración, resultado de la cristalización de todas las formas, liberándose la vida que las habita a fin de que progresen. Sin embargo, aunque todas las formas, que finalmente han de desaparecer, constituyen obstáculos y limitaciones, son necesarias para el desarrollo de la raza. Oportunamente el cuerpo causal de la raza se desintegra.

Dicha ley gobierna la cristalización de todas las formas antes de su destrucción durante el proceso evolutivo.

Establece el momento del renacimiento, pues es una ramifi­cación subsidiaria de la Ley del Karma. Cada una de las siete leyes subsidiarias está vinculada a una de las leyes cósmicas o a la Ley kármica de Sirio. Debemos recordar siempre que la meta logoica es alcanzar la conciencia del plano mental cósmico y que el Logos de Sirio es para nuestro Logos solar lo que el Ego humano es para la personalidad. La Ley del Karma o de Fijación cósmica es la ley del piano mental cósmico y controla la ley correspondiente en nuestro sistema.

En la quinta ronda esta ley actuará como divisoria, cristali­zando momentáneamente a las Mónadas humanas, separándolas en dos grandes grupos, a medida que evolucionan. Entonces un grupo (que incluirá también a aquellas que alcanzarán la meta) ya no estará regido por dicha ley, quedando sujeto a la Ley de Control Magnético. El otro permanecerá bajo su gobierno en una condición estática. hasta que en un periodo posterior aparezca una nueva oportunidad: viejas formas se desintegrarán, y en el quinto periodo de otro mahamanvántara vendrá la oportunidad esperada, donde nuevamente podrán entrar en la corriente evolutiva los espíritus aprisionados y ascender otra vez a su fuente de origen.

En sentido oculto esta ley nos concierne muy íntimamente. Desempeña una parte importante en manos de los Señores de la Llama y es uno de Sus principales factores para ejercer control en los tres mundos. Observen aquí el hecho interesante de que Venus es el sexto planeta (esotéricamente el segundo), se halla en su quinta ronda y, por consiguiente, está más avanzado que nosotros en todo sentido.

Esta ley manifiesta la cualidad, momentáneamente estática, del amor: esto es lógicamente así cuando se la considera desde el punto de vista del tiempo, el gran alucinador. En el sendero de involución dicha ley vuelve a actuar con los átomos permanentes en los tres mundos, construyendo el material alrededor de esos átomos en conexión con los devas constructores y los Egos reen­carnantes. Los devas son el aspecto madre, los constructores del cuerpo, y los Jivas el aspecto hijo; sin embargo, los dos no son mas que uno y el resultado es el divino hombre hermafrodita. ([5])

6. La Ley del Amor. En este breve resumen no es fácil en­carar el tremendo problema que el amor desempeña en el esquema evolutivo de las cosas tal como lo comprende el hombre tridimen­sional. Podría escribirse un tratado sobre esto sin agotar el tema. Mucha luz se obtendrá si podemos meditar profundamente sobre las tres expresiones del Amor: el Amor expresado por la Perso­nalidad, por el Ego y por la Mónada. La Personalidad desarrolla el amor gradualmente por medio de las etapas del amor al yo, pura, simple y totalmente egoísta, el amor a la familia y a los amigos, a los hombres y mujeres, hasta llegar a la etapa del amor a la humanidad o a la conciencia del amor grupal, característica predominante del Ego. Un Maestro de Compasión ama, sufre y permanece con los de su clase y sus allegados. El Ego desarrolla gradualmente el Amor a la humanidad hasta llegar al amor uni­versal -no expresa solamente amor a la humanidad sino también a todas las envolturas dévicas y a todas las formas de manifestación divina. La personalidad expresa el amor en los tres mundos, el Ego expresa el amor en el sistema solar y todo su contenido; mien­tras que el amor expresado por la Mónada demuestra en alguna medida el amor cósmico, abarcando mucho de lo que se halla fuera de todo el sistema solar.

 El título “Ley del Amor” es, después de todo, una expresión demasiado genérica para ser aplicada a una ley que rige un plano, pero bastará por ahora, pues imparte el tipo de idea que se necesita para nuestra mente. En realidad, la Ley del Amor es sólo la Ley del sistema que se expresa en cada plano. El amor fue el motivo impulsor para la manifestación, y mantiene todo en secuencia ordenada; conduciéndolo hacia el sendero de retorno al seno del Padre y, oportunamente, perfecciona todo lo que existe. Construye las formas que acuna momentáneamente la vida interna oculta, siendo la causa de la desintegración de esas formas y su total destrucción a fin de que la vida pueda seguir progresando. El amor se manifiesta en cada plano como el apremio que impulsa a la Mónada evolucionante hacia su meta; es la llave del reino dévico y la razón de la fusión eventual de los dos reinos en el divino hermafrodita. Actúa a través de los rayos concretos en la construcción del sistema y en la erección de la estructura que alberga Espíritu, actuando por intermedio de los rayos abstractos para el desarrollo pleno y potente de esa divinidad inherente. Expresa, por medio de los rayos concretos, los aspectos de la divinidad y construye la persona que oculta al Yo uno; el amor se manifiesta por intermedio de los rayos abstractos desarrollando los atributos de la divinidad, desenvolviendo plenamente el reino de Dios inter­no. En los rayos concretos el amor conduce al sendero del ocultismo; en los rayos abstractos conduce al sendero del místico. Conforma las envolturas e inspira la vida; produce la vibración Logoica que impulsa a ir adelante, impeliendo a seguir su camino llevando todo a la manifestación perfecta.

En el primer sistema, la nota fundamental fue Actividad, Deseo de Expresión e Impulso de Moverse. Esta actividad produjo ciertos resultados, ciertos efectos permanentes, formando el núcleo del sistema actual. La actividad ordenada constituye la base de este sistema de Amor ordenado, que conduce al tercer sistema, donde la Actividad ordenada, impulsada por el Amor ordenado, da por resultado el Poder amoroso ordenado.

El sexto Rayo de devoción y la sexta ley de amor tienen una estrecha relación, produciéndose en el sexto plano la actuación poderosa de la Tríada inferior, la Personalidad, a Ley del Amor. En el plano astral, el hogar de los deseos, se originan esos senti­mientos que llamamos amor personal, demostrado como pasión animal en el tipo más inferior del ser humano; a medida que la evolución prosigue, se muestra como expansión gradual de la fac­ultad de amar, pasando por las etapas del amor al compañero, amor familiar, a los allegados, hasta el amor por el propio medio ambiente; más tarde el patriotismo es reemplazado por el amor  a la humanidad, a menudo la humanidad lo personifica en uno de los Grandes Seres. En la actualidad el plano astral es el más im­portante para nosotros, pues en el deseo -no perfeccionado ni trasmutado- reside la diferencia entre la conciencia personal y la del Ego. ([6])

Esto puede observarse con mayor claridad en el sexto esque­ma, el de Venus, el esquema del amor. Desde un punto de vista el esquema venusiano es el segundo y desde otro, el sexto. Depende de si el razonamiento se realiza de la circunferencia al centro o a la inversa. Dicho esquema constituye el hogar del Logos plane­tario de sexto Rayo. Esto puede parecer contradictorio, pero en realidad no es así; debe recordarse el entrelazamiento, desplaza­miento y cambio gradual que tiene lugar a su debido tiempo en todos los Rayos. De la misma manera la cadena terrestre desde un ángulo es la tercera y desde otro la quinta.

En la sexta cadena de cada esquema, esta sexta ley y el sexto Rayo tienen un significado muy importante, mientras que la sépti­ma cadena de cada esquema es siempre sintética -Amor y Activi­dad en equilibrio perfecto. El mismo efecto puede ser demostrado en la sexta Ronda. En ella, la cadena actual del esquema terrestre, la sexta ley se manifestará con gran claridad y fuerza como amor fraternal, amor transmutado del astral al búdico. Una analogía simi­lar puede observarse en la sexta raza raíz y en la sexta subraza. Del resto de la quinta subraza de la quinta raza raíz, construida bajo el quinto Rayo de Conocimiento Concreto y con la ayuda de la quinta Ley de Fijación, emergerá la sexta subraza de amor fraternal -amor demostrado en la comprensión de la vida una, latente en cada Hijo de Dios.

7. La Ley de Sacrificio y Muerte. Esta ley se vincula con la tercera, la Ley de Desintegración, siguiendo la conexión que siempre existe entre el plano átmico y el físico. La Ley de Desin­tegración controla la quíntuple destrucción de formas en los cinco mundos inferiores, y la Ley de la Muerte controla similarmente los tres mundos. Es subsidiaria de la tercera. En los cuerpos sutiles la Ley de Sacrificio es la Ley de la Muerte, similar a lo que llamamos muerte del cuerpo físico. Esta ley rige la gradual des­integración de las formas concretas y su sacrificio por la vida evolucionante; su manifestación está estrechamente ligada al séptimo Rayo. Éste controla ampliamente, manipula, geometriza y domina el aspecto forma, rigiendo las fuerzas elementales de la naturaleza. El plano físico es la ejemplificación más concreta del aspecto forma; mantiene la vida divina aprisionada o enredada en su grado más denso, y hoy actúa de acuerdo con la séptima Ley. En forma misteriosa dicha ley es opuesta a la primera o Ley de Vibración. Resulta por ahora algo casi incomprensible para nosotros la oposición de Vulcano y Neptuno. Después de todo, la forma de expresión más densa en el plano físico sólo es una especie de síntesis, así como la forma más sutil de expresión en el plano más elevado sólo es unidad o síntesis de tipo más refinado. Una constituye la síntesis de la materia, la otra la síntesis de la vida.

Esta ley rige la séptima cadena de cada esquema; cada cadena, cuando ha logrado la máxima expresión en el esquema, es regida por la Ley de la Muerte, sobreviniendo la oscuración y la desinte­gración. En sentido y analogía cósmicos, es la ley que gobierna la llegada del pralaya al finalizar un sistema. Destruye la cruz del Cristo cósmico y deposita al Cristo en la tumba durante un período de tiempo.

El principio de mutación. Para finalizar la precedente infor­mación sobre las leyes, es muy necesario reconocer el extremado peligro que significa llegar a establecer dogmas sobre estas cuestiones y el riesgo que implica sentar reglas rígidas e inamovibles. Gran parte debe quedar inexplicado e inabordado y mucho sólo servirá para que surjan interrogantes en nuestras mentes. Por ahora, la captación es imposible. Hasta que no poseamos la visión cuadridimensional, lo  único que podemos hacer es dar indicaciones,        obtener una visión pasajera de la complejidad y entrelazamiento del sistema, y sólo será posible aferrarnos al concepto mental de que los rayos, esquemas, planetas, cadenas, rondas, razas y leyes forman una unidad; desde el punto de vista humano es increíblemente confuso, y la clave para su solución parece tan oculta como inútil; sin embargo, desde el punto de vista logoico,  el todo se mueve al Unísono y es geométricamente exacto. A fin de dar una idea de la complejidad del ordenamiento, quisiera señalar aquí que los mismos Rayos circulan y la Ley del Karma controla el entrelazamiento. Por ejemplo, el primer Rayo puede circular alre­dedor de un esquema (si es el Rayo principal del esquema) con su primer subrayo manifestándose en una cadena, el segundo en una ronda, el tercero en un periodo mundial, el cuarto en una raza raíz, el quinto en una subraza y el sexto en una rama de la raza. Expongo esto como ilustración y no como la afirmación de algo que está en manifestación actualmente. Esto nos da una idea de la vastedad del proceso y de su maravillosa belleza. Resulta imposible pasar a través de algún Rayo y visualizar o concebir de alguna manera su belleza; sin embargo, para quienes están en niveles más elevados y poseen una visión más amplia, el esplen­dor del diseño es evidente.

Su complejidad aumenta para nosotros porque aún no com­prendemos el principio que rige esta mutación. Ni siquiera es po­sible, aún para la mente humana más elevada en los tres mundos, presentir y aproximarse a ese principio. Por mutación quiero sig­nificar el hecho de que se hacen constantes cambios y traslados e interminables entrelazamientos e intervinculaciones y también un incesante flujo y reflujo en la dramática interacción de las fuerzas que representan la síntesis dual del Espíritu y de la materia. Hay una constante rotación en los Rayos y planos, de acuerdo a su relativa importancia desde el punto de vista del tiempo, el cual está más íntimamente asociado a nosotros. Pero podemos estar seguros que hay algún principio fundamental que dirige todas las actividades del Logos en Su sistema y, por medio de la lucha para descubrir el principio fundamental sobre el cual descansan nues­tras vidas microcósmicas, podemos descubrir aspectos de este prin­cipio logoico inherente. Para nuestra consideración esto nos abre una amplia perspectiva y aunque pone de relieve la complejidad del tema, demuestra también la divina magnitud del esquema con su complicada magnificencia. La razón por la cual la cuarta ronda, la principal se debe a que sucedieron en ella dos cosas -fue implantada la chispa de la mente y fue abierta la puerta que conduce del reino animal al humano; más tarde, se abrió otra puerta en el Sendero que conduce del reino humano al espiritual -nue­vamente una razón dual. La quinta es una ronda mayor porque marca una etapa de la evolución donde están nítidamente diferenciados, en dos grupos, los que han alcanzado la meta y los que no lo harán; la séptima es una ronda importante porque marcará la fusión de las dos evoluciones, la humana y la dévica.

Las razas raíces principales son elegidas de acuerdo a la Ley de Analogía o Correspondencia. Durante la tercera raza raíz tuvo lugar la tercera Emanación, la fusión y el punto de contacto entre la Tríada espiritual y el cuaternario inferior. La quinta raza raíz marca el punto donde manas superior y manas inferior se aproximan, y la mente concreta, alcanzando el elevado desarrollo de esta ronda, es reemplazada por la intuición, que proviene de arriba. Aquí también existen dos razones. La séptima raza raíz nuevamente logra una doble realización, la actividad del amor, base del tercer sistema de Voluntad o poder.

Los tres Rayos principales, por ser duales, se explican por sí mismos. Actualmente constituyen la forma de expresarse de los tres aspectos, y se manifiestan regidos por sus correspondientes fuegos, que manipulan los asuntos mundiales por intermedio de los departamentos, regidos en nuestro planeta por el Señor Maitreya, el Manu y el Mahachohan. Los tres planos superiores fácilmente muestran su singular posición -en el segundo plano tenemos ­el hogar de las Mónadas de Amor, en el quinto plano moran sus reflejos, los Egos reencarnantes, y  en el plano físico hallaremos que se alcanza la mayor densidad de la vida del Espíritu.

Este principio de mutación rige cada departamento mediante a Ley de Analogía; ciertas cosas pueden ser enunciadas respecto al sistema, y sus partes componentes serán iluminadoras si recor­damos que son realidades actuales. Permítaseme ilustrar nueva­mente: se nos ha dicho que los tres Rayos mayores en esta época son el primero, el segundo y el séptimo. Pero más tarde los Rayos actualmente mayores pueden llegar a ser subsidiarios y ocupar su lugar, aunque para este sistema solar el segundo Rayo, por el Rayo sintético, será siempre un Rayo mayor. Quizás hallemos aquí una insinuación sobre este gran principio, aunque debemos tener cuidado de no llevarla a una conclusión demasiado extrema. Para este sistema los Rayos mayores serán siempre duales -los Rayos positivo-negativo, los Rayos masculino-femenino-, siendo éste el sistema dual. Los Rayos mayores para el tercer sistema serán los de triple manifestación.

Quizás la siguiente clasificación resultará interesante si se la considera relativa en cuanto contiene información para la época actual, así como también que está sujeta a evolucionar y cambiar:

7 Rayos                      Mayores 1-2-7.         Cuatro subsidiarios que convergen en el

quinto.

7 Principios              Tres Mayores                       Mónada, Ego y Personalidad, sinte­tizando

en varias etapas los cua­tros subsidiarios

7 Cadenas                  Mayores 1-4-7

7 Planos                    Mayores 2-5-7

7 Manvataras                       Mayores 3-4-7

7 Rondas                   Mayores 4-5-7

7 Razas Raíces          Mayores 3-5-7

7 Subrazas                Mayores 1-5-6

7 Iniciaciones                       Mayores 1-4-5          desde el punto de vista de la realización

humana, y 1-5-7 desde un ángulo superior.

II. LOS DEVAS Y ELEMENTALES DE LA MENTE

1. EL REGIDOR DEL FUEGO -AGNI.

a. Agni y el Logos Solar.

Hasta ahora hemos estudiado la primera parte de este tratado, que se ha ocupado paralelamente de los fuegos internos macro y microcósmico del sistema. En la segunda parte estudiaremos el fuego de la mente, que conjuntamente con las nueve preguntas de introducción, constituye la parte principal de la obra. En ella hemos considerado la naturaleza y función de la mente y el rayo egoico. Nos hemos ocupado también del aspecto forma del pensamiento, de su manifestación material y de su sustancia.

Pasamos ahora a considerar al Regidor del Fuego, AGNI; a es­tudiar la vitalidad que energetiza y la Vida que anima; a analizar el Fuego que impulsa, impele y produce la actividad y la organización de todas las formas. La comprensión de esto revelará el hecho de que lo que estamos considerando es “la Vida y las vidas” ([7]) -deno­minado en La Doctrina Secreta, Agni, el Señor del Fuego, el Creador, el Conservador y el Destructor y los cuarenta y nueve fuegos por medio de los cuales se manifiesta-, el fuego solar en si, la esencia del pensamiento, la vida coherente de todas las formas, la conciencia en su aspecto evolucionante o Agni, la totalidad de los Dioses. Él es Vishnu y el Hijo de Su gloria; el fuego de la materia fuego de la mente mezclados y fusionados; la inteligencia que palpita en cada átomo y la Mente que anima al sistema; el fuego de la sustancia y la sustancia del fuego; Él es la Llama y lo que la llama destruye.

Quienes estudian La Doctrina Secreta en forma superficial tienden a considerar a Agni solamente como el fuego de la mate­ria sin observar que constituye la totalidad -esto es especialmente así cuando se dan cuenta que Agni es el Señor del plano mental.([8]) Agni es la vida que anima al sistema solar, y esa vida es la vida de Dios, la energía del Logos y la manifestación de la radiación que vela al Sol central. Sólo cuando es conocido como Fohat, la energía de la materia; como Sabiduría, la naturaleza del Ego y sus móvi­les y como unidad esencial, puede llegarse a una correcta concep­ción respecto a Su naturaleza o ser. Agni no constituye el Logos solar en el plano mental cósmico, pues la conciencia egoica del Logos es algo más que Su manifestación física, sino la suma total de esa parte del Ego Logoico que se refleja en Su vehículo físico y  es la vida de la Personalidad logoica, con todo lo que incluye esa expresión. Es para el Logos solar, en Su propio plano, lo que la personalidad coherente de un ser humano es para su Ego en el cuerpo causal. Éste es un punto muy importante que ha de ser comprendido, y si se medita sobre él aportará al estudiante mucha iluminación. Su vida fusiona y mezcla la triple naturaleza del Lo­gos cuando está en encarnación física; Su fuerza coherente con­vierte en una unidad a la triple Personalidad logoica, pero el hombre únicamente puede llegar a conocer Su naturaleza esencial por el estudio del vehículo físico logoico -he aquí la dificultad-; sólo puede llegar a comprenderlo si considera Su emanación síquica tal como puede ser presentida y visualizada, echando una mirada retrospectiva sobre la historia de las razas. La personalidad del hombre revela su naturaleza a medida que transcurre su vida; su cualidad síquica se desarrolla a medida que pasan los años y, cuando desencarna, se habla de él en términos de cualidad buena o mala, egoísta o altruista; el efecto de su “emanación” durante la vida es lo que permanece en las mentes de los hombres. Sólo de esta manera puede expresarse la personalidad logoica; por consiguiente nuestro conocimiento de su naturaleza está limitado debido a nuestra cercana perspectiva y dificultado por el hecho de que somos partícipes de Su vida y partes integrantes de Su manifes­tación.

Únicamente cuando se comienza a actuar en el plano búdico, y se acrecienta nuestro conocimiento de la vida espiritual y pasamos definidamente a través del portal de la iniciación al quinto reino, podemos “vivir en el aspecto subjetivo” y apreciar la diferencia que existe entre el cuerpo físico denso y el vital. A medida que nos polarizamos en el cuerpo etérico cósmico y ya no somos prisio­neros de una densa envoltura material (pues los tres planos inferiores son sólo el cuerpo denso del Logos) llegamos a comprender plenamente la naturaleza síquica del Logos, porque entonces nos hallamos en el cuerpo que sirve de puente entre los cuerpos físico denso y astral del Logos. Cuando esto sucede comprendemos que la función del Señor Agni, constituye la vida vital del etérico cós­mico, la vitalidad de los Hombres celestiales y la actividad de Sus cuerpos.

b. Agni y el Plano Mental.

Trataré de dilucidar aquí un punto muy importante al acen­tuar la estrecha relación entre Agni, la suma total de la fuerza de vida de la triple personalidad logoica, cuando actúa en el plano mental (que concierne íntimamente al hombre) y esa fuerza im­pulsora o voluntad inteligente manifestante que emana del plano astral cósmico. Hay una serie de analogías muy interesantes que pueden compararse aquí, pudiendo indicar brevemente las líneas que se han de seguir a este respecto por medio de la clasificación siguiente

El 5to. plano cósmico                                 Plano mental cósmico

El 5to. plano del sistema               Plano mental

El 5to. subplano del físico              Plano gaseoso

El 5to. principio                               Manas

La 5ta. Ley                                        Ley de Fijación o Concreción

El 5to. Rayo                                      Conocimiento Concreto

La 5ta. ronda                                    Ronda de realización manásica.

La 5ta. raza raíz                               Aria. Desarrollo mental.

La 5ta. subraza                                Teutónica y Anglosajona. Mente concreta.

El 5to. grupo de Devas                   Devas del fuego del plano mental.

El 5to. Manvantara                         Tres quintas partes de los Manasaputras realizan su objetivo

El 5to. Esquema                              El Señor de ciencia concreta.

El 5to. Mahamanvantara (o sistema

solar)                         El Logos Solar recibe su Quinta Iniciación

La 5ta. cadena                                             Evolución principal –devas del fuego

La 5ta. Jerarquía                             Los Constructores mayores.

Las vibraciones de quinto orden              manásicas

Por lo tanto se evidenciará que cuando es considerado el sistema en orden inverso, contando el plano físico como el primero (como sucede siempre que se lo considera como el campo de evo­lución estrictamente humana), el tercer plano -el mental- entra el mismo grupo de analogías, por lo tanto se ha de considerar a Agni el factor energetizante del cuerpo físico denso del Logos el fuego de Su manifestación más concreta, vitalizando, calentando y manteniendo todo unido.

En este mahamanvantara existen tres jerarquías de gran im­portancia, la cuarta o Jerarquía creadora humana y las jerarquías dévicas quinta y sexta.

La cuarta Jerarquía en el esquema mayor es literalmente la novena, pues cinco jerarquías ya han desaparecido y se las con­sidera como puras abstracciones. En este sistema la concreción y fusión de la forma y la energía en un todo coherente, concierne a nosotros. En la novena, décima y undécima Jerarquías reside la clave de la naturaleza de Agni, el Señor del fuego, la suma total de la vitalidad del sistema. Quien comprenda el significado de estos números y su relación recíproca como la triple división de una unidad en tiempo y espacio habrá descubierto una de las llaves que abrirá una puerta herméticamente cerrada hasta ahora. Los números de la realización, la potencialidad llevada a una plena actividad y la capacidad innata se demuestran mediante una fructificación perfecta.

V. CLASIFICACIÓN

AGNI-SEÑOR DEL FUEGO

 

 

Toda potencialidad reside en el poder vitalizador y energetizador de Agni y en su capacidad para estimular, pues es la vida misma y la fuerza impulsora de la evolución, del desarrollo psíquico y de la conciencia, lo cual se halla oculto en estos guarismos y no en la evolución de la sustancia que sólo es el resultado causas síquicas. Los tres números constituyen la base de los cálculos cíclicos concernientes a los ciclos egoicos y a los ciclos de Vishnu, diferenciándose de los ciclos que tienen que ver con el tercer aspecto. Los estudiantes de ocultismo no han captado suficientemente el hecho de que la objetividad es el resultado inevitabl­e de una vida interna subjetiva y consciente. Cuando esto sea mejor comprendido, los cuerpos en el plano físico por ejemplo, serán purificados, desarrollados y embellecidos por medio de una dedicación científica a fin de desarrollar la siquis, el Ego y estimu­lar la vibración egoica. Se tratará la causa y no el efecto, a ello se debe la acrecentada tendencia de la familia humana a dedi­carse al estudio de la sicología y aunque recién se está investigando el cuerpo kama-manásico, no se ha llegado todavía hasta la con­ciencia egoica. Los Señores lunares han tenido su oportunidad; ahora Agni, como Señor solar de vida y energía, asumirá Su debida importancia en la vida humana.

c. Agni y los Tres Fuegos.

Al estudiar la manifestación de Agni en el sistema solar debe recordarse que estamos considerando su naturaleza esencial como fuego activo. Hemos visto que constituye la triple personalidad logoica, el triple Logos en sentido subjetivo, siendo el aspecto forma solo subsidiario. Quizá una clasificación aclararía este punto.

 Cada uno de estos tres aspectos del Fuego Uno, manifestados como Fuego Creador, Fuego Preservador y Fuego Destructor, será estudiado como fenómeno eléctrico y bajo los aspectos de luz, llama y calor; electricidad, radiación y movimiento; voluntad, deseo y acción. Únicamente de esta manera se alcanzará a com­prender la verdadera naturaleza de Agni. Como personalidad logoica se manifiesta a través de tres envolturas que forman una unidad; sólo así se percibirá por qué en esta etapa de evolución el aspecto materia es el más importante.

El sistema constituye la envoltura física del Logos y, por lo tanto, la más fácilmente reconocible, pues estando aún el Logos centrado en Sus envolturas cósmicas, sólo puede revelarse por su Intermedio.

El hombre solamente llegará a comprender este misterio de la electricidad cuando se estudie a sí mismo y sepa que es un triple fuego que se manifiesta en varios aspectos.

EL HOMBRE, UN FUEGO

Fuego monádico      Fuego eléctrico       Voluntad del Espíritu   El Sol central espiritual

Fuego egoico             Fuego Solar             Conciencia                   El Corazón del Sol

                                                                   Amor-Sabiduria

Fuego de la per­sonalidad    Fuego por fricción                         Hombre físico           Sol físico

Cada uno de estos fuegos puede ser estudiado en forma triple y bajo tres aspectos.

LA MÓNADA

Aspecto voluntad                Fuego eléctrico                    Llama            Voluntad espiritual.

Amor-Sabiduría                  Fuego solar                           Luz                 Amor espiritual.

Inteligencia activa               Fuego por fricción               Calor              Inteligencia espiritual.

EL EGO

Voluntad                   Atma           Fuego eléctrico                       La chispa.                  Voluntad consciente

La Joya en el Loto.

Amor-Sabiduría      Budi            Fuego Solar                 Los Rayos.                Amor consciente

Loto de doce pétalos

Inteligencia activa   Manas                     Fuego por fricción      Sustancia.                 Actividad consciente

                                                                                    Átomos permanentes

LA PERSONALIDAD

Voluntad       Cuerpo mental         Fuego eléctrico        mente inferior         Pensamiento

Amor             Cuerpo astral                       Fuego solar               Kama             Deseo

Actividad       Cuerpo físico            Fuego por fricción   Prana

Trato aquí de poner de relieve el hecho de que en esta triple manifestación existe un nónuple desarrollo. Debe tenerse en cuenta siempre que el número siete rige la evolución de la sustancia y la construcción de la forma en el sistema solar, y el nueve el des­arrollo de la conciencia dentro de esa forma de la siquis. Esto se ve en el despliegue séptuple de la vida logoica por intermedio del esquema planetario y la naturaleza nónuple del desarrollo egoico.

Si el estudiante sustituye las palabras Mónada, Ego y perso­nalidad, por los tres aspectos del Logos y recuerda que todo lo que conoce hasta ahora es lo más inferior de las manifestaciones logoicas -la personalidad-, será evidente por qué tantas cosas  permanecen en el misterio hasta para los iniciados de grados elevados, pues ni siquiera el perfecto Dhyan Chohan puede penetrar el enigma del Logos fuera de Su sistema.([9]) Ellos pueden conocer mucho respecto a Agni, el Señor del Fuego, pero hasta que no se pongan en contacto con aquello de lo cual Él constituye una ema­nación, reflejo o rayo, existe, un límite para lo que puede ser conocido.

Agni es Fohat, la triple Energía (emanada del Ego logoico) que genera al sistema solar, el vehículo físico del Logos, y anima a los átomos de la sustancia. Constituye la base del proceso evolutivo o la causa del desarrollo síquico del Logos, y es también esa cualidad que finalmente produce la síntesis divina, mediante la cual la forma se aproxima al requisito subjetivo y, después de ser inconscientemente dirigida y manipulada, es finalmente descartada.

Tal es la meta para el Logos como para el hombre; señala la liberación final para un ser humano, un Hombre celestial o un Lo­gos solar.

Podemos dividir el proceso en tres períodos:

Primero. El período en que el fuego de la materia (el calor e la madre) oculta, nutre y da nacimiento al Ego infantil. Éste es el período de la vida puramente personal, cuando el tercer aspecto domina y el hombre forma parte del velo de la ilusión.

Segundo. El período en que el Ego o vida subjetiva dentro de la forma, pasa por ciertas etapas de desarrollo y adquiere cada vez mayor plenitud de conciencia. Es el periodo del desarrollo egoico, producido por la fusión y mezcla graduales de los dos fuegos. Constituye la vida de servicio y el sendero.

Tercero. El período en que la conciencia egoica misma es reemplazada por la realización espiritual y el fuego del espíritu se ilusiona con los otros dos.

Al principio la personalidad actúa como madre o aspecto ma­teria, del germen de la vida interna. Luego el Ego manifiesta su vida dentro de la vida personal y produce un fulgor que “se acre­cienta cada vez más hasta el día perfecto”. ([10]) En ese perfecto día de revelación se verá lo que el hombre es en esencia, y el Espíritu inmanente se revelará. Esto podría estudiarse desde el punto de vista cristiano; Pablo no hacía más que enunciar una verdad oculta cuando hablaba de hechos referentes al nacimiento del Cristo den­tro del corazón y al crecimiento de la vida superior a expensas de la inferior. También podría ser estudiado en líneas ocultistas no místicas, en el reconocimiento (por parte de la ciencia) de la vitalización de los átomos permanentes (los centros de fuerza de las envolturas o sustancias), en el desenvolvimiento del loto egoico y el despertar de sus pétalos, y en la revelación final de la joya en el loto.

Todo lo que puede decirse del hombre, puede repetirse tam­bién del Logos en una escala inconcebiblemente mayor. A medida que el hombre descubre las leyes de sus envolturas materiales -las leyes de la sustancia- va cerciorándose de la naturaleza de los fuegos del hombre externo o Fohat, cuando vitaliza al vehículo logoico; los fuegos de sus envolturas como también el fuego de la materia son aspectos de Agni. Cuando se cerciora de la naturaleza de la conciencia y de las leyes del desarrollo síquico, estudia la na­turaleza de la vitalidad del hombre subjetivo y las leyes del ser Cons­ciente, estudiando así a Agni cuando Se manifiesta como Luz e Irradiación fría, brillando a través del vehículo. Más tarde (pues no ha llegado aún el momento) cuando llegue a comprender la natura­leza de su Mónada, la vida espiritual o esencial, que desarrolla la conciencia por medio de las envolturas, descubrirá la naturaleza de Agni cuando Se manifiesta como electricidad pura. Sin embargo, aunque esto no es posible todavía, lo dicho respecto a las líneas de investigación que se han de seguir y la comprensión de lo que even­tualmente se habrá de realizar, puede inducir a los hombres a estudiar lo real y lo verdadero.

2. LOS DEVAS DEL FUEGO - LOS GRANDES CONSTRUCTORES.

He dividido los grupos de devas y elementales en Constructo­res evolutivos e involutivos -aquellos que en sí mismos son fuerza positiva y los que son fuerza negativa, los trabajadores conscientes y los inconscientes. Es absolutamente esencial que los estudiantes tengan en cuenta aquí que estamos estudiando el misterio de la electricidad; por consiguiente, deben recordar los hechos siguientes:

a. Observaciones de Introducción.

El misterio de la electricidad. Los Constructores mayores constituyen el aspecto positivo de la sustancia o de los fenómenos eléctricos, mientras que los constructores menores el aspecto ne­gativo.

Dos tipos de fuerza están representados en las actividades de estos dos grupos, y su interacción e intercambio produce la Luz o el sistema solar manifestado.

En su totalidad constituyen toda sustancia, la forma activa inteligente construida con el propósito de proporcionar una morada para la vida central subjetiva.

Son también la suma total de los Pitris ([11]) o Padres del género humano considerado como la raza misma, el cuarto reino de la naturaleza, los Hombres celestiales en manifestación física. Esto es algo muy importante que debe recalcarse. Estas actividades dévicas en relación con la autoconciencia (característica distintiva de la humanidad) pueden ser mejor estudiadas considerando  en forma general los grupos, razas y vida del esquema, manifestación de uno de los Hombres celestiales. Al comparar el trabajo de los devas con su vida individual, el estudiante puede llegar a confun­dirse por hacer una ajustada yuxtaposición.

Constructores mayores son los Pitris solares, mientras que constructores menores son los antepasados lunares. Explicaré el significado oculto de la palabra “antepasados”, tal como se emplea en esoterismo. Literalmente significa el impulso inicial a vida. Esa actividad subjetiva que produce objetividad y con­cierne a esos impulsos emanantes que vienen de cualquier centro positivo de fuerza e impelen al aspecto negativo a entrar en la línea de esa fuerza, produciendo así algún tipo de forma. La palabra “antepasado” se emplea en conexión con ambos aspectos.

El Logos solar es el impulso inicial o Padre del Hijo en encar­nación física, un sistema solar. Es la suma total de los Pitris en el proceso de proporcionar una forma. La unión del Padre (fuerza positiva) y de la Madre (fuerza negativa) produce esa llamarada central denominada forma, cuerpo de manifestación del Hijo. Un Hombre celestial tiene una posición análoga en relación con un esquema planetario. Es el germen central de vida o fuerza positiva que, a su debido tiempo, se manifiesta como un esquema planeta­rio o una encarnación del Logos planetario. Del mismo modo, el hombre constituye la vida o energía positiva que, por medio de la acción sobre la fuerza negativa, crea cuerpos de manifestación mediante los cuales puede brillar o irradiar. ([12]) ([13]) ([14])

 Los Constructores ([15]) menores constituyen el aspecto negativo y son lanzados a la acción en formación grupal debido a que  la fuerza positiva actúa sobre ellos, o por la acción de las Mentes conscientes del sistema. En la etapa actual de evolución -durante el período de Luz- es difícil para el ser humano (hasta que haya alcanzado la conciencia del Ego) distinguir los diversos tipos de fuerza y trabajar conscientemente con estos aspectos duales. Un Adepto de la Luz emplea fuerza para trabajar en la sustancia, considerada como aquello que es negativo; por lo tanto, debe moverse esotéricamente y puede hacerlo porque ha realizado la uni­dad (en los tres mundos de Su esfuerzo) o alcanzado el punto de balance o equilibrio y, por lo tanto, puede balancear fuerzas y  tratar con energías positivas y negativas, según convenga para beneficio del plan evolutivo. El Hermano de la Oscuridad, sabiendo que es en esencia una fuerza positiva, trabaja con sustancia ne­gativa o con los Constructores menores para llevar a cabo sus propios  objetivos, siendo incitado a ello por motivos egoístas. Los Hermanos de la Luz colaboran con el aspecto positivo de todas las formas -los devas constructores de tendencia evolutiva- a fin de realizar los propósitos del Hombre celestial, summum de la manifestación física planetaria.

Por consiguiente, se evidencia cuán necesario es comprender funciones de los devas de todos los grados. Sin embargo, es también importante que el hombre se abstenga de manipular estas fuerzas de la naturaleza hasta que se “conozca” a si mismo y a sus propios poderes y haya desarrollado plenamente la conciencia del ego; solo entonces puede, sin riesgo y en forma sabia e inteligente, colaborar en el plan. Por ahora, para el hombre medio y aún para el hombre avanzado, resulta peligroso intentarlo e imposible de realizar.

Agregaré algunas afirmaciones más sobre las cuales el estu­diante puede meditar, antes de pasar a estudiar específicamente los grupos principales de devas constructores que más íntima­mente conciernen al hombre en los tres planos de los tres mundos.

Los devas constructores ([16]) son los Ah-hi o Mente Universal. Contienen en su conciencia al plan logoico  y poseen el poder inherente para desarrollarlo en tiempo y espacio, constituyendo las fuerzas conscientes de la evolución.

No sólo personifican el Pensamiento divino, sino que son aque­llo a través de lo cual se manifiesta, siendo también su actividad actuante. Esencialmente son movimiento. Los constructores meno­res son especialmente la forma material que ha sido activada, y en su legión constituyen la sustancia de la materia (considerando como sustancia lo que fundamenta la materia).

Producen la concreción y dan forma a lo abstracto. Los tér­minos dévicos “rupa” y “arupa” son relativos, pues las vidas y niveles amorfos existen únicamente desde el punto de vista del hombre en los tres mundos; las vidas amorfas funcionan en, y a través del cuerpo etérico del Logos y están formadas por materia de los cuatro planos superiores del sistema. Desde este punto de vista el plano mental nos proporciona una consideración intere­sante; sus tres subplanos superiores son positivos y centralizan la fuerza positiva del plano. Dicha centralización afecta a la sustancia negativa de los cuatro planos inferiores y además da lugar a:

a.      La formación de centros de fuerza en los niveles causales, siendo estos centros grupos egoicos en sus diversas divi­siones.

b.      La concreción de la sustancia o la construcción del cuerpo físico denso del Logos.

En el plano físico del sistema solar puede verse un proceso análogo, que tiene lugar en lo que respecta al cuerpo  físico del hombre o su manifestación concreta. En su caso, el cuarto subplano es el punto focal de fuerza positiva. En ese plano se hallan situados los centros etéricos del hombre que tienen, en el proceso evolutivo y en el trabajo de dirigir la fuerza, relación con su cuerpo físico en forma similar a la de los grupos de Egos en el plano mental con el cuerpo físico denso del Logos. esta es una profunda indicación eso­térica.

En las palabras “prana y cuerpo etérico” (o fuerza y forma vital) tenemos la clave del misterio de los Pitris solares y lunares y un indicio del lugar que ocupa el cuerpo físico en el esquema de las cosas.

Rupa              con forma o cuerpo.

Arupa             amorfo o sin cuerpo.

Hablando en general, el término rupa se aplica a todas las formas en los tres mundos mientras que el término arupa se aplica a todas las for­mas por medio de las cuales las existencias se manifiestan en los cuatro niveles del sistema solar y los niveles abstractos del plano mental.

 Los Pitris y devas solares, con todo lo que incluye el término, expresan sus fuerza más adecuadamente a través del hombre. Son el origen de su autoconciencia, y su acción sobre el aspecto nega­tivo produce al Ego humano (en gran escala, considerado en su totalidad fuerza cósmica); su acción sobre el aspecto madre o negativo produce, en los niveles cósmicos, esa Unidad Autoconsciente, un Logos solar, que actúa por medio de Su vehículo físico. Desde el punto de vista cristiano, los grandes Constructores cons­truyen en el Espíritu Santo o esa fuerza superior que fecunda la materia, mientras que los Constructores negativos o inferiores, corresponden a la Virgen María.

Los Pitris lunares y constructores menores, desde el punto de vista del sistema, se expresan plenamente en el reino animal. Cuando produjeron al hombre animal como impulso inicial, desempeñaron su función primordial, y (en escala menor y en conexión con uno solo de los Hombres celestiales) así como la Luna es un mundo moribundo y decadente, también en escala comparable al sistema y por lo tanto abarcando un vasto período de tiempo, el trabajo de los Pitris lunares está llegando lentamente a su fin, a medida que el poder ejercido por el tercer reino o animal, sobre el humano, está siendo reemplazado por el poder espiritual; desaparecerá, en sentido esotérico, la analogía que existe en el sis­tema de la actividad pítrica lunar.

Los Pitris lunares, ([17]) los constructores de los cuerpos luna­res de los hombres y su analogía en los demás reinos de la naturaleza, constituyen la suma total del cuerpo físico denso del Logos o la sustancia de los planos mental, astral y físico (los cuerpos gaseoso, líquido y denso que forman una unidad: Su vehículo físico, considerado aparte del etérico). Son el producto de un siste­ma solar anterior, sus actividades datan de entonces. Dicho sis­tema representa para el actual lo que la cadena lunar representa para el nuestro. Por eso el cuerpo físico no es considerado un prin­cipio (tanto para el hombre como para el Logos solar); de allí que la naturaleza inferior es considerada maligna y que el hombre debe “destruir su cuerpo lunar”. ([18]) El mal es aquello que pudiendo ser dominado y subyugado, se le permite regir. Lo positivo puede siem­pre manipular lo negativo. Cuando se sigue la línea negativa, la de menor resistencia que conduce a aquello que no es un principio, entonces tenemos el mal.

En el primer sistema solar fue perfeccionado el aspecto nega­tivo de la sustancia, el aspecto Madre o materia. Los Pitris infe­riores dominaban. En el actual sistema, la actividad de la fuerza reside en manos de los Pitris solares o devas mayores. Al final del mahamavantara, ellos habrán construido, de acuerdo al plan, una envoltura o vehículo perfecto para que se exprese el Pensamiento divino, lo cual se realizará manipulando la sustancia negativa; utilizarán el calor de la madre para nutrir el germen del Pensa­miento divino y llevarlo a la fructificación. Cuando el germen ha alcanzado la madurez, entonces el aspecto Madre ya no tiene objeto y el Hombre, esotéricamente, queda libre o se libera. Esta idea se lleva a cabo en toda la manifestación; los reinos de la naturaleza o de la forma (cualquiera sea) nutren el germen de aquello que constituye el próximo paso del proceso evolutivo, considerados como el aspecto Madre. Este aspecto es eventualmente descartado y sustituido. Por ejemplo, el tercer reino o reino animal, en las primeras etapas nutre y preserva el germen de lo que algún día será un hombre; la personalidad custodia aquello que algún día se desarrollará como hombre espiritual.

De esta manera, será evidente para los estudiantes, que el Hombre celestial, considerado como una Deidad solar, una Entidad autoconsciente, actúa con Su aspecto negativo por intermedio de la fuerza positiva, desde los niveles etéricos logoicos sobre los tres aspectos del físico denso logoico, llevando así a la madurez a los átomos y células de Su cuerpo, nutriendo el germen de la autoconciencia y aventando la llama hasta que cada ente se hace total­mente consciente del grupo y se da cuenta del lugar que le corres­ponde dentro del cuerpo colectivo. Cada ser humano, funcionando en los tres mundos, ejerce una acción similar sobre las células conscientes de sus cuerpos hasta que cada átomo logra eventual­mente su meta. El Hombre celestial actúa necesariamente por in­termedio de grupos egoicos, derramando fuerza positiva sobre ellos hasta que dejan de ser pasivos y negativos y pasan a ser potentes  y activos. El hombre actúa análogamente sobre sus cuerpos, a través de sus centros, y tiene cierta responsabilidad que, respecto a las vidas inferiores, por ley kármica deberá cargar. Esta es la base del proceso evolutivo.

a. Las Funciones de los Devas.

Habiendo enunciado ciertos hechos fundamentales respecto a los devas, considerados como la sustancia misma y el summum de la energía de la sustancia, llegamos a los detalles técnicos y a considerar en forma analítica estas fuerzas constructivas a medida que construyen la forma mental del Logos o el Sistema solar. De la consideración se desprenderá cierto conocimiento práctico:

Primero. Conocer cómo construir en material mental en los tres mundos y cómo emplear a los devas del plano gaseoso del físico cósmico.

Segundo. Comprender cómo combinar los pares de opuestos y así dar cuerpo y forma al concepto.

Tercero. Materializar en el plano físico la idea corporificada.

1. Manifestación de los aspectos logoicos. Se logra median­te una concisa consideración de las leyes del ser y del método seguido por el Logos cuando da forma a su concepto y lleva a cabo Su propósito o voluntad por medio de esa forma. En los tres planos del esfuerzo humano están reflejados los tres aspectos del Logos que producen la manifestación:

Plano mental... reflejo del primer aspecto. El plano del con­cepto, de la unión de Padre-Espíritu-Voluntad y Madre-Materia-Energía. Tal es el trabajo del Logos; esta unión produce al Hijo, pues el Pensamiento divino toma forma. El cuerpo del Ego se encuentra allí.

Plano astral... reflejo del segundo aspecto, el Hijo. La mate­rialización prosigue por medio del deseo; la forma crece y evoluciona, llegando a ser más adecuada.

Plano físico... Manifestación. La forma mental (del hombre o del Logos) aparece en actividad. El Hijo ha nacido en el plano físico, la idea del Pensador (humano o divino) se convierte en un ente separado de su fuente originaria, sin embargo, energetizado por la vitalidad que emana de él.

Todo ello es posible -hablando ahora desde el punto de vista humano- por la acción de los devas, quienes constituyen aquello que corporifica al pensamiento y le proporciona su energía sepa­rada, distinta del propósito que se desarrollará hasta llegar a la fructificación, cuando la forma sea adecuada como medio de expresión.

2. Fuerza dévica de la sustancia. Al considerar a los devas de los siete planos del sistema solar y especialmente a los que trabajan en los tres mundos, debemos tener en cuenta las siguien­tes enunciaciones:

1ra. Enunciación. - Existen devas que constituyen la fuerza dual de la sustancia del plano cósmico inferior, el físico cósmi­co. En lo que se refiere a los tres mundos, existen la fuerza y la sustancia dévicas ([19]) que componen el cuerpo físico denso del Logos, por eso el hombre está limitado, cuando actúa en esos pla­nos, a esos devas considerados principalmente (desde niveles supe­riores) como que no forman parte integrante de los siete princi­pios del Logos; a los que componen la forma gaseosa, líquida y concreta del Logos, los devas del fuego concreto, del agua y de la tierra en su aspecto más denso; a esos devas constructores auto­máticos y subconscientes, que realizan el trabajo del vehículo físico denso del Logos, de la misma manera que los constructores en el cuerpo del hombre trabajan automática e inconscientemente, pro­duciendo las células y energetizando las funciones corporales. De allí el peligro que existe cuando el hombre juega con dichas fuer­zas. Se halla demasiado cerca de ellas de muchas maneras: se iden­tifica con las mismas, y hasta que no haya alcanzado la conciencia del Ego. y establecido, con pleno conocimiento, su identidad con el aspecto Espíritu y no con la sustancia, está propenso a ser arras­trado por la fuerza ciega y convertirse en un alma perdida cuando ignorantemente y por curiosidad invade sus dominios.

El hombre se relaciona también con esos devas que están ani­mados por la vida y el propósito que caracterizaron la evolución del primer sistema solar. Ésa es la vida de Dios, siendo ese propó­sito la actuación de Su voluntad, maligna desde nuestro punto de vista actual, pues, en lo que al hombre se refiere, los ha suplantado por un propósito y una meta diferentes. Por lo tanto, la identifica­ción con el pasado, la retrogresión y los métodos antiguos son para el hombre un retroceso en el sendero de la evolución autocons­ciente y conducen oportunamente al egotismo o a perder el principio egoico. principio que diferencia al hombre humano o celestial del resto de la evolución.

2da. Enunciación. - La esperanza para los devas y para el aspecto forma reside en el hecho de que cada uno de los subplanos del plano físico cósmico está sometido a la influencia directa de fuerzas cósmicas que se originan en los otros seis planos cósmicos. Es desconocido e inconcebible todo lo que se refiere a estas fuer­zas, excepto las indicaciones vagas y generales de esas corrientes y fuerzas que puedan ser sentidas como emanando de los planos cósmicos.

E! plano mental cósmico. Para nosotros se manifiesta en los tres tipos de fuerza que se observan en el plano mental del sis­tema. Éstos no han sido suficientemente estudiados, y son:

a.      La fuerza que actúa en todos los átomos permanentes ma­násicos y produce básicamente esa manifestación que deno­minamos los tres mundos.

b.      La fuerza que anima esos grupos de “lotos” denominados grupos o centros egoicos -conglomerados de cuerpos cau­sales.

c.      La fuerza que vitaliza a todas las unidades mentales y que, desde allí, es distribuida a los otros átomos permanentes.

Estos tres tipos de fuerza tienen que ver con el aspecto sustancia -átomos permanentes, vehículo causal y entes mentales- y, por lo tanto, impresionan directamente a los devas que construyen estas formas empleando su propia sustancia, desarrollando así el plan divino. Estos tres tipos de fuerza, con intención síquica, afectan a la sustancia, siendo ellos mismos impulsados y activados de acuerdo al propósito divino desde niveles superiores. Emanan desde los niveles concretos del plano mental cósmico (siendo, por consi­guiente, la fuerza que fluye a través de la unidad mental del Logos y se relacionan con el centro de fuerza que se halla localizado en el cuerpo mental logoico. Constituye la fuerza de Agni en Su primer aspecto. Fuego característico del plano mental cós­mico, reflejado en el subplano gaseoso cósmico del plano físico cósmico -nuestro plano mental del sistema.

El plano astral cósmico. La fuerza de este plano actúa por medio de nuestro plano astral del sistema, el subplano físico lí­quido cósmico y está prácticamente sujeta a dos diferenciaciones, cada una de ellas ocultamente representadas por dos grandes gru­pos de devas:

Primero. Los devas que constituyen la sustancia o fuerza del plano astral considerado como la suma total del deseo, del sentimiento y de la sensación. Por lo tanto constituyen los centros y plexos nerviosos del cuerpo físico logoico, pues el plano astral del sistema es proporcionado por el sistema nervioso del cuerpo físico logoico. Es el cuerpo de más intensa vibración desde el punto de vista físico, y el vehículo por medio del cual todo es transmitido a esa parte del cuerpo físico logoico que corresponde al cerebro en el hombre. No puedo dar mayores aclaraciones sobre esto, pero las pocas palabras formuladas aquí abren un amplio campo de pensa­miento y dan la clave de gran parte de lo que sucede y aflige tanto a la evolución solar como a la humana.

Segundo. Los devas que constituyen la suma total de la luz astral. Son los agentes de los señores kármicos, y ellos mismos son entidades dévicas de una evolución inconcebiblemente avanzada, quienes en su propia sustancia

1.       registran,

2.      producen los efectos de las causas,

3.      dirigen la fuerza.

Este grupo particular de devas emana de un gran centro de fuerza que nosotros, generalizando, le damos el nombre de sol Sirio. Sirio-­kama-manas, plano astral cósmico y plano astral del sistema cons­tituyen una cadena estrechamente entrelazada y la línea de menor resistencia para que pueda afluir un tipo particular de fuerza negativa.

El plano físico cósmico. Es la fuerza (externa e interna) del sistema solar mismo y su espacio circundante. Debería ser consi­derado como las fuerzas pránicas que fluyen a través del cuerpo etérico logoico (nuestros cuatro subplanos superiores) que son po­sitivos para los tres inferiores (reflejo en la sustancia o en el aspecto Brahma de la unión Padre-Madre), impregnándolos y pro­duciendo la manifestación puramente concreta. Ésta es la razón por la que el vehículo físico domina tanto durante las largas eta­pas de la evolución del hombre, pues la fuerza de este tipo de energía, lógicamente, se siente más fuertemente que cualquiera otra. Fuerza dévica y sustancia tan cercana a nosotros que nos engaña poderosamente. Encierra el misterio de maya y ha de encontrarse en ella el secreto de la ilusión. Aquí tiene el hombre la primer gran etapa de la batalla para lograr la plena autoconciencia e identi­ficarse con el aspecto Dios y no con el aspecto materia. También allí reside la razón esotérica por la cual el hombre lleva el apellido del padre y no el de la madre. Cuando el hombre ha dominado las esencias dévicas del plano físico, controla luego las del astral y do­mina a las esencias mentales. Habiendo realizado esto en su propia naturaleza, puede sin peligro convertirse en un mago y entrar en contacto, controlar y trabajar con los devas en conexión con los planes del Hombre celestial. En la comprensión de los tres tipos fuerza, el hombre hallará la clave del misterio de sus centros. Aquí se encuentra el secreto de la nota musical correspondiente a los centros coronario, cardíaco y laríngeo y su fusión con los centros inferiores para que los superiores emitan la nota y los inferiores produzcan sólo armonía. Respecto a la nota de la natu­raleza, el Logos tiene que superponer una nota más elevada. A la nota natural del centro (que se descubre desarrollando el centro inferior, su reflejo o analogía) se le ha de agregar la nota domi­nante del centro superior y, en armonía dual, el centro vibra entonces en forma deseada. La nota es el resultado de la correcta actividad. Por esa razón los centros inferiores del hombre son (en las primeras etapas de su carrera) el factor controlador. Ha de aprender cuál es su nota, y desde ella llegar hasta la clave de la superior. Entonces la superior ocupa el lugar prominente y la inferior sólo sirve al propósito de proporcionar lo que se com­prende por “profundidad” esotérica. ¿Por qué es así? Porque me­diante dichas notas se entra en contacto con esos grupos de devas que constituyen la fuerza y la energía de los centros (centros de sustancia) y se los controla. Las envolturas materiales -física, astral y mental- son construidas mediante su actividad, dirigida por intermedio de los centros.

Estas ideas respecto a la fuerza y a las envolturas constituyen la base de la enseñanza astrológica, una de las claves para com­prender La Doctrina Secreta. ([20]) Por lo tanto, debemos tener pre­sente que los Señores Devas, Agni, Varuna, Kshiti, ([21]) representan en la enseñanza exotérica el aspecto sustancia del cuerpo denso del Logos, mientras que el aspecto fuerza que fluye a través del cuerpo etérico del Logos es considerado bajo varios nombres tales como Shiva, Surya, Brahma. Sin embargo, los dos aspectos no son más que uno.

3ra. Enunciación. -. Lo último que trataré de aclarar aquí, y ello debe recordarse, es que en relación con los tres planos infe­riores y sus muchos grupos de devas, sus opuestos polares han de encontrarse en los grandes devas de los tres planos más elevados.

Divino                       ler. Éter Cósmico     Fuego

                                                           Primordial      Plano Mental                                   Fuego.

Monádico      2do. Éter Cósmico   Akasha          Plano Astral                         Luz Astral Espiritual o                                            Éter       

Átmico          3er. Éter Cósmico                            Plano Físico                          Éter.

El tipo particular de fuerza diferenciada que ellos representan, cuando son llevados a la unión recíproca, constituye la causa de la concreción o apariencia, en tiempo y espacio, del cuerpo físico den­so. Esto debería ser cuidadosamente considerado, junto con el hecho muy interesante de que en el cuarto plano de nuestro sistema (el cuarto éter cósmico o plano búdico) tenemos la esfera de ciertos sucesos ocultos que sólo pueden ser insinuados, porque su verdadero significado es uno de los secretos de la iniciación. Constituyen un aspecto del plan del Logos con el que pueden entrar en contacto directo quienes han expandido adecuadamente su conciencia.

En el plano búdico o cuarto éter cósmico es donde:

a.      Los planetas sagrados desempeñan su función.

b.      El hombre actuará cuando oportunamente se libere del triple hombre inferior.

c.      El verdadero significado de las palabras “divino Hermafrodita” llegará a comprenderse.

d.     Predomina la fuerza vital, siendo uno de los planos de la procreación.

e.      El hombre por primera vez comprenderá y empleará su relación con los devas.

f.       Verá la fructificación del proceso evolutivo de los dos sistemas solares combinados.

g.      Tiene lugar la emanación de todos los Avatares planetarios.

h.     Los Hombres celestiales reciben la primera Iniciación.

i.        Se comprende el verdadero significado interno del “Sol”.

Nada más puedo decir, pero un detenido análisis de lo que he expuesto puede proporcionar cosas de gran significado a quienes estudian el macro y el microcosmos.

c. Los Devas y los Planos.

Notas preliminares. Hemos considerado en términos amplios y generales los diversos tipos de fuerza que animan a la sustancia dévica y su origen. Ahora podemos estudiar más específicamente los entes dévicos en sus distintos grupos, habiendo ya sentado los fun­damentos en relación con ellos.

En esta parte del tratado los estudiantes han de recordar que no estamos considerando a esos constructores de desarrollo involu­tivo que figuran en la literatura teosófica y ocultista como las esencias elementales. Nos ocupamos de los que están en el arco evolu­tivo, agentes del fuego cósmico, mientras que los constructores me­nores son específicamente agentes de las fuerzas solar y lunar. La

fuerza solar contiene las variadas diferenciaciones de la triple fuer­za cósmica al manifestarse dentro del sistema solar. La fuerza solar puede también ser denominada (en lo que se refiere a la facultad creadora y constructora del hombre) fuerza planetaria, pues cada ser humano (sea adepto u hombre común) construye y crea sus formas mentales -consciente o inconscientemente- dentro de las esferas planetarias en los tres mundos.

Ahora deberá hacerse un considerable número de clasificaciones, pues sólo es posible y conveniente exponer ciertos hechos, nombres ­y delineamientos que pueden ser demostrados únicamente por medio de la Ley de Analogía o Correspondencia, ley que propor­ciona la clave de la compresión. La diferenciación fundamental en el sistema solar es la siguiente:

Agni                           Fuego eléctrico                    Espíritu                     El Sol                         Energía.

Surya                          Fuego solar                          Vishnu                       El Sol central            Luz.

espiritual

Brahma                     Fuego por fricción                           El Sol físico (visible)           Fohat.

Como fuego eléctrico el Logos es la manifestación de los siete aspectos de la Voluntad, el impulso o propósito espiritual.

Como fuego solar es la manifestación de los siete Rayos o la Luz de la Sabiduría, la Conciencia irradiando a través de la forma.

Como fuego por fricción es la manifestación de los siete Hijos de Fohat, los siete grandes fuegos o el calor activo de la sustancia inteligente.

Estos tres aspectos del Dios de Fuego y del fuego de Dios, cons­tituyen las tres Entidades de la Trinidad logoica, y a su vez cada una se manifiesta por intermedio de otras siete Entidades formando manifestación total.

El séptuple fuego eléctrico. Los siete tipos de existencias espi­rituales o los siete Espíritus ante el Trono en Su fundamental esen­cia, fuerza o voluntad dinámica que reside detrás de toda mani­festación. Constituyen en su propio plano, en sentido peculiar, la “Joya del Loto” logoico, de allí que nuestra inteligencia no pueda concebirlos en este sistema solar, pues no se revelan hasta que “el Hijo sea hecho perfecto” o la conciencia logoica haya despertado plenamente. Esotéricamente son los “Espíritus de la Oscuridad”.

El séptuple fuego solar. Los siete Hombres celestiales, la suma total de la Luz, los siete Rayos de manifestación del Sol espiritual. En tiempo y espacio estos siete Rayos de Luz se convierten en nueve (los tres principales que con el tercero representan el siete), cons­tituyendo esotéricamente los nueve pétalos del Ego logoico y, cuando se manifiesta en Su vehículo físico, los “Hijos de la Luz”.

El séptuple fuego por fricción. Los siete hermanos de Fohat. Las siete manifestaciones de la electricidad o los fenómenos eléctri­cos. Son los siete Señores Raja o Devas de los siete planos; los siete Fuegos o estados de actividad por los cuales se expresa la concien­cia. Constituyen los vehículos de la conciencia y las siete vibracio­nes. Esotéricamente son los “Hermanos de la energía”.

Por lo tanto, será evidente que la suma total de la manifestación logoica tal como puede observarse que existe en tiempo y espacio es:

Siete Espíritus                     séptuple voluntad.

Siete Rayos               séptuple cualidad o siquis.

Siete Señores Devas           la fórmula séptuple.

Los últimos son literalmente las siete espirillas o vibraciones de fuerza dentro del átomo físico permanente logoico. Es necesario recordar esto cuidadosamente y meditar sobre ello. Los siete Rayos constituyen la suma total de la naturaleza síquica del Logos cuando irradian a través de Su forma física -Sus siete cualidades, el cú­mulo de deseos que ha expresado la naturaleza amor. Los siete Espíritus constituyen la suma total de Su aspecto Voluntad de ser, la Vida sintética de Su manifestación total, lo que determina la duración de la forma y su evolución durante todo el tiempo que el Ego logoico trata de existir físicamente.

Para extender aún más la similitud o analogía y tener presente la semejanza que existe entre el desarrollo micro y macrocósmico tenemos:

1.       Los siete Espíritus que encuentran Su incentivo originador

a.      en los niveles mentales inferiores cósmicos,

b.      en la “Joya en el Loto” logoico,

c.      en el plano átmico cósmico.

2.      Los siete Hombres celestiales se hallan en la línea de fuer­za que proviene

a.      del plano astral cósmico,

b.      del loto logoico de nueve pétalos,

c.      del plano búdico cósmico (los siete Rishis de la Osa Mayor).

3.      Los siete Hijos de Fohat encuentran su fuerza vital que emana

a.      del plano físico cósmico,

b.      de los átomos permanentes logoicos (dentro del cuer­po causal),

c.      de los niveles mentales superiores cósmicos.

Sin embargo, estos tres son sólo expresiones de la Existencia Una, pues detrás del Logos, en encarnación física, se encuentra la Mónada Logoica, expresándose por intermedio del Ego logoico y su reflejo, a Personalidad logoica.

Todas estas Esencias espirituales son Entidades autoconscientes individualizadas; las “Vidas ardientes” son Existencias vitales, reales y conscientes. Así vemos al Logos que se manifiesta como Unidad, sin embargo es Tres en Uno; también vemos la triple Unidad que se diferencia en las siete grandes Vidas, conteniendo dentro de Si misma todas las vidas menores.

Ahora estudiaremos otra amplia diferenciación:

a.      Los siete Fuegos forman los cuarenta y nueve Fuegos.

b.      Los siete Hombres celestiales se manifiestan por interme­dio de cuarenta y nueve Rayos menores.

c.      Los siete Espíritus se presentan como cuarenta y nueve Existencias.

Sería inútil llevar este concepto más adelante en conexión con el aspecto Espíritu. Del Espíritu en sí nada podemos conocer, y sólo es posible mencionar los cuarenta y nueve Manues solares (cada uno de los Hombres celestiales se expresa en el plano físico por intermedio de siete Manues). Por consiguiente, al considerar estos temas tan abstractos. únicamente nos ocuparemos de los siete Rayos de Luz u Hombres celestiales y de los siete Fuegos.

Cada uno de los siete Rayos de Luz se divide en siete, convir­tiéndose en cuarenta y nueve aspectos de la naturaleza síquica lo­goica, tal como se expresa en el plano físico cósmico, y cada uno de los siete Fuegos se manifiesta como siete Fuegos menores, constitu­yendo los cuarenta y nueve Fuegos a los cuales se refiere H. P. B. en La Doctrina Secreta. ([22]) Cada uno de los siete Hombres celestiales se manifiesta por intermedio de siete Entidades menores que forman los centros síquicos del vahan o vehículo logoico. Cada uno de los siete Fuegos o Señores Devas de un plano se manifiesta por inter­medio de siete devas menores que forman el fuego central y la con­ciencia de la sustancia de un subplano. Ahora nos referiremos a su interacción y trabajo mutuos, es decir, estudiaremos la materia cuando, siendo afectada, se construye con ella una forma por medio del Pensamiento divino o Voluntad.

No tengo la intención de considerar los Fuegos superiores (los Señores de los cuatro planos superiores), pues sólo es de valor para nosotros estudiar el proceso de construcción de formas mentales en los tres mundos por medio de las esencias dévicas, las cuales son vi­talizadas y manipuladas por los Constructores, los Dhyan Choanes, los Hombres celestiales, mediante la fuerza de sus Vidas, el cono­cimiento que poseen de la Voluntad o propósito logoico y el poder de Sus naturalezas síquicas. De esta manera, están abocados en Cons­truir el cuerpo físico logoico y en llevar a cabo Sus planes en ese cuerpo, cumpliendo así el propósito para el cual Él encarnó. Su tra­bajo es mucho más importante pues lo realizan principalmente en los niveles cósmicos, pero de algún modo esto nos concierne a nosotros y es todo lo que podemos captar. En los tres mundos del esfuerzo humano el hombre realiza dos trabajos:

Primero. La construcción de su cuerpo de manifestación, un cuerpo triple.

Segundo. La construcción de formas mentales con materia mental, las vitaliza con el deseo y las mantiene dentro de su aura, construyendo de este modo un pequeño sistema propio.

El hombre y los Hombres celestiales trabajan con sustancia dé­vica, colaboran con los devas, manifiestan voluntad, cualidad síquica y actividad inteligente cuando realizan su trabajo, pero hay una diferencia entre ambos no sólo de grado sino de conciencia. Por lo general el hombre trabaja inconscientemente. Los Hombres celes­tiales trabajan conscientemente en niveles cósmicos la mayor par­te del tiempo. He aquí una sugerencia respecto a la etapa de evo­lución de nuestros Logos.

Esto es realmente difícil, porque el tema es muy abstruso y profundo. Dejaremos de lado estas ideas fundamentales y nos abo­caremos más específicamente al estudio de los devas, los cuales nos conciernen en forma más inmediata, o con los tres grupos que he delineado -los Agnichaitas, los Agnisuryas y los Agnishvattas. És­tos se relacionan principalmente con la evolución del cuerpo denso del Logos, los subplanos gaseoso, líquido y denso del físico cósmico, o con los tres mundos del esfuerzo humano; con la radiación mag­nética del Logos a través de Su vehículo físico y con las emanaciones radiantes del Hombre celestial particular, que se expresa por medio de nuestro planeta. Finalmente se relacionan con la evolución de la conciencia ([23]) y en los tres mundos y, particularmente, con la indi­vidualización de la unidad de conciencia humana y la vitalización de centros en el cuerpo del Hombre celestial con el cual estamos peculiarmente relacionados.

Ahora consideraremos el tema referente a los devas del fuego del plano físico, esos grandes devas constructores que realizan los propósitos del Logos en su cuerpo físico denso. Aclaremos nuestras ideas esta materia lo mejor posible y la categoría de estos aparecerá a simple vista en la siguiente clasificación:

Nombre                     Plano Cósmico                                Plano del sistema    Naturaleza    Regente

Agnichaita    7º subplano físico cósmico Físico                         Concreción   Kshiti

                                                                                                          densa

Agnisurya     6º subplano físico cósmico Astral                         Liquido                     Varuna

Agnisvatta    5º subplano físico cósmico Mental                                  Gaseoso         Agni

Los Agnichaitas son devas que construyen y erigen con mate­ria del tipo más denso en relación con la manifestación logoica. Actúan en el séptimo subplano del plano físico cósmico y producen mayor concreción. En el cuerpo planetario de nuestro Logos pla­netario constituyen los constructores de la Tierra, la forma más densa del Logos y la suma total de la actividad y vibración de todo el sistema solar que se demuestra por medio de lo que llamamos sustancia sólida”.

Por lo tanto se evidencia que, de acuerdo a la ley, producirán un efecto peculiarmente poderoso en el subplano inferior del plano físico del sistema; de allí su denominación esotérica de “Agnichai­tas del calor interno o central”. Constituyen la totalidad de las vibraciones inferiores en el vehículo físico cósmico.

Los Agnisuryas son los constructores en el sexto subplano del físico cósmico, nuestro plano astral del sistema. Como ya he señalado representan al sistema nervioso simpático del cuerpo físico logoico, exactamente como sus hermanos de la séptima vibración representan la suma total del sistema circulatorio o sanguíneo. Un indicio para el estudiante que se interese en descubrir la clave sicológica reside en la relación que existe entre los dos grandes grupos de devas que erigen y construyen la parte más objetiva de la manifestación logoica y los dos grupos de corpúsculos que, en su interacción, mantienen al cuerpo sano; existe también una analogía entre los devas del plano astral y los nervios sensitivos y motores del cuerpo físico. No me extenderé más sobre este concepto.

Estos devas tienen que ver, en sentido muy esotérico, con los plexos nerviosos del

a.      sistema solar (Sol físico),

b.      esquema planetario (planeta denso),

c.      cuerpo físico humano (cuerpo denso),

y constituyen, por lo tanto, un poderoso factor en la vitalización eventual de los centros del hombre. Los centros etéricos o los puntos focales de fuerza de un Hombre celestial, se hallan en el cuarto éter cósmico, el plano búdico. El plano astral está estrechamente ligado al búdico y cuando los centros etéricos de nuestro Hombre celestial, por ejemplo, llegan a su plena actividad, la fuerza es trans­mitida, por intermedio de su analogía astral, al cuarto éter físico, en el cual existen los centros del hombre.

Los Agnishvattas son los constructores en el quinto subplano o gaseoso, del físico cósmico y -desde el punto de vista humano- constituyen los de mayor importancia, pues son los constructores del cuerpo de la conciencia en sí. Desde el punto de vista síquico de la fisiología oculta, tienen una estrecha relación con el cerebro físico, el asiento o imperio del pensador y, como en esta etapa todo lo que podemos conocer debe ser considerado en forma kama-manásica, se evidenciará que entre el sistema nervioso simpático y el cerebro hay una interacción tan estrecha que se convierte en un todo organizado. Esta analogía microcósmica es interesante, pero al estudiar ahora estos grupos de devas, los consideraremos principalmente en su trabajo como constructores del sistema y planetarios, dejando que el estudiante establezca por sí mismo la analogía humana, de esta manera aprenderá. Habiendo señalado ciertas líneas de pensamiento. tomaremos ahora uno por uno estos grupos y los consideraremos.

Los Agnichaitas - Devas del Plano Físico

Estos devas son la suma total de la sustancia del plano físico. Como sabemos, este plano se divide en dos partes:

Los cuatro éteres, cuatro subplanos.

Lo concreto comprobable o los tres subplanos densos.  Tenemos aquí una subdivisión del séptimo subplano del plano físico cósmico lo cual hace que el plano de la manifestación inferior se divida en cuarenta y nueve subplanos o estados de actividad. Para los pro­pósitos del trabajo activo, los devas del sistema se dividen en cua­renta y nueve grupos -los cuarenta y nueve fuegos. Los Agni­chaitas a su vez se dividen también en cuarenta y nueve grupos reflejando de esta manera al todo.

1.       El Señor Raja. Kshiti. La vida del plano físico.

2.      Tres grupos de Agnichaitas se ocupan de:

a.      La fuerza o energía de la sustancia física. Ese aspecto eléctrico que produce actividad.

b.      La construcción de formas. Produce la unión de la sustancia negativa y positiva, trayendo así a la existencia, en su significado exotérico y común, todo lo que se puede ver y tocar.

c.      El calor interno de la sustancia que nutre y causa la reproducción Los tres grupos constituyen estrictamen­te el aspecto madre.

Estos tres grupos también se subdividen en siete grupos que forman la materia de cada subplano, considerando a esa materia como el cuerpo de manifestación de uno de los siete devas por medio del Señor Raja del plano se manifiesta.

Estos siete grupos se dividen nuevamente en siete, formando cuarenta y nueve.

Los tres grupos funcionan de la manera siguiente:

Grupo A. En el primer subplano. Suma total de la materia atómica en el plano físico.

Grupo B. En los subplanos etéricos segundo, tercero y cuarto. Constituyen la sustancia de esos planos, los transmisores de prana, por intermedio de los cuales el prana fluye hacia los aspectos más concretos del vahan o vehículo denso logoico.

Grupo C. En los tres subplanos inferiores; los devas que cons­tituyen la esencia de todo lo tangible, visible y objetivo.

Los estudiantes deben establecer una verdadera distinción entre los centros y el resto del cuerpo cuando analizan la construcción del cuerpo del Logos solar o de un Logos planetario.

Los centros están aliados o relacionados con la conciencia y compuestos de unidades autoconscientes -las Mónadas humanas. El del cuerpo está compuesto de sustancia dévica y sin embar­go ambas forman una unidad. Por lo tanto, las unidades dévicas son numéricamente superiores a la humana, siendo también femenina y negativa la sustancia dévica, y masculina la Jerarquía humana. Por medio de la actividad positiva de los centros, la sustancia dévica negativa es influenciada, construida y energetizada. Esto es verdad que se refiere a un Logos solar, a un Logos planetario y a un humano.

Por eso tres tipos de fuerza actúan sobre, o a través de estos devas­:

a.      La fuerza que energetiza a los devas del primer subplano, el atómico. Ésta emana directamente del primer aspecto de Brahma o Agni, considerado como una Entidad autocons­ciente, la tercera Persona de la Trinidad logoica y por consiguiente, el Espíritu, el Alma y el Cuerpo mismo en Su Naturaleza esencial separada.

b.      La fuerza que energetiza a los devas constructores o gru­pos que construyen formas; esto proviene del segundo aspecto de Brahma, siendo el prana que surge del Sol físico y actúa bajo la Ley de Atracción.

c.      La fuerza que energetiza a los devas de los tres órdenes inferiores que emanan de Brahma en Su tercer aspecto. Así, mediante la fuerza dual o los aspectos de la materia misma. interactuando entre sí, se producen las formas más den­sas. Sin embargo, los tres tipos de fuerza funcionan come uno solo.

Grupo C. Agnichaitas. Al considerar los grupos de Agnichai­tas debemos recordar que se trata de la manifestación del Logos, de la cual ya se ocupa la ciencia exotérica; en lo que respecta a este grupo, la ciencia ya está progresando bastante y acumulando cono­cimiento; resta ahora a la ciencia reconocer la naturaleza entificada ([24]) de la sustancia y así explicar la vida que energetiza la sustancia de los tres subplanos inferiores. Este reconocimiento, por parte de la ciencia, de que todas las formas están construidas de vidas inteligentes, tendrá lugar cuando la ciencia de la magia esté nuevamente en auge y las leyes del ser sean mejor comprendidas.

Es magia cuando una vida mayor maneja las vidas inferiores, cuando el científico comience a trabajar con la conciencia que anima a la sustancia (atómica o electrónica) y cuando controle conscientemente las formas construidas con dicha sustancia, conocerá gradualmente el hecho de que entes de todas graduaciones y distintas constituciones son utilizadas para construir lo visible. Esto no su­cederá hasta que la ciencia haya admitido definitivamente la existencia de la materia etérica tal como la comprende el ocultista y establecido la hipótesis de que el éter posee distintas vibraciones. Cuando a la contraparte etérica de todo lo que existe se le adjudique el lugar que le corresponde y se la considere de mayor importancia en la escala del ser que el vehículo denso y que es esencialmente el cuerpo de la vida o vitalidad, la función del científico y del ocultista se fusionarán.

H. P. B. ha ([25]) dicho que el físico denso no es un principio; ciertamente se pasa por alto este punto en lo que se refiere hombre y al Logos. Su importancia no puede ser lo suficientemente comprendida pues su efecto consiste en transferir el punto de centralización o polarización en su cuerpo etérico, compuesto, el caso del hombre, de materia de los cuatro subplanos superiores del plano físico del sistema y, en el caso del Logos, de materia de los cuatro subplanos superiores del plano físico cósmico. El tema es de gran complejidad pues significa que debe comprenderse, desde el punto de vista del ocultista, que la vibración infe­rior la cual puede relacionarse es la etérica del sistema con cuatro vibraciones menores afines; en forma análoga, macrocós­micamente, la vibración logoica inferior con la cual se relacio­nan los adeptos avanzados es la etérica cósmica. Las tres vibracio­nes inferiores del sistema y del cosmos son el resultado de:

Vibración refleja de parte de la sustancia negativa, pues los tres inferiores son negativos para los cuatro superiores.

Vibración sincronizada inherente a la sustancia negativa, res­tos de un sistema anterior que personifica el karma ante­rior del Logos y del hombre.

Vibraciones reemplazadas gradualmente por la imposición de una nota más elevada, por consiguiente, tanto para el hom­bre como para el Logos forman ocultamente el “cuerpo de muerte”.

Esto nos conduce al tema que en realidad queremos dilu­cidar respecto a este tercer grupo de devas inferiores. En lo que se refiere al hombre son muy destructivos, pues constituyen la última y por ende la poderosa vibración del sistema anterior, la actividad consciente de la materia densa. De allí que la afirmación de que el hombre está a “merced de los elementos” encierra una gran verdad. El fuego puede físicamente quemar al hombre y destruirlo se halla inerme ante la acción volcánica y no puede protegerse con­tra los estragos del fuego, salvo en las etapas iniciales de tal es­fuerzo dévico. La importancia oculta de la lucha que el hombre libra contra los devas del fuego por ejemplo, es muy real, como puede observarse en la lucha que libra el cuerpo de bomberos en cualquier ciudad. Aunque todavía está lejano, llegará con toda seguridad el día en que el personal de dichos cuerpos será elegido por su capacidad para controlar a los Agnichaitas cuando se manifiestan destructivamente, y no emplearán el método del agua (es decir llamar a los devas del agua para neutralizar a los devas del fuego), sino que utilizarán el método de conjurar y poseerán conocimiento de los sonidos con el cual pondrán en acción fuerzas que controlarán a los elementos ígneos destructivos.

El tercer grupo de estos devas está muy relacionado con el control que ejerce el departamento del Manu y con los grandes devas asociados a dicho departamento en este planeta. Debido a la actividad que despliegan durante ciertos ciclos, cambian toda la superficie de la Tierra mediante la acción volcánica; continentes surgen y se sumergen; los volcanes están activos o pasivos, y así el mundo es purificado por el fuego. En su correspondiente sector estos Agnichaitas se mantienen activos, construyendo formas mi­nerales por medio del fuego; son los alquimistas de las regiones inferiores, y mediante el contacto y el conocimiento de ‘palabras’ por las cuales son controlados, los futuros alquimistas científicos (en contradicción con los alquimistas idealistas del pasado) tra­bajarán con los minerales y con las vidas corporificadas en todas las formas minerales.

El secreto de la transmutación de los metales comunes en oro será revelado cuando las condiciones del mundo sean tales que al oro no se lo considere el metal patrono y por ende su libre fabrica­ción no conducirá al desastre, y cuando los científicos trabajen con el aspecto vida o con la vida eléctrica positiva y no con el aspecto sustancia o forma.

Hemos visto que el trabajo del grupo inferior de Agnichaitas consiste en construir continentes por medio del fuego, purificar por su intermedio durante ciclos alternados y fabricar los metales y los minerales. Se relaciona también con el cuidado de los fuegos del hogar, o esos fuegos que calientan, alegran y producen con­diciones habitables en un planeta e incidentalmente en un hogar. Esto es de importancia vital, pues significa que están vinculados por los fuegos básicos centrales de las entrañas de la Tierra, con el fuego básico central que nutre y calienta a las formas físicas de todos los reinos de la naturaleza y, en consecuencia, con el fuego kundalínico en la base de la columna vertebral del hombre individual.

No Es aconsejable extendernos más sobre sus funciones. Debe observarse que hay menos que decir en relación con el aspecto materia que sobre la conciencia y el aspecto hilozoístico de la manifestación. La razón  consiste en que la ciencia exotérica está investigando, lenta pero firmemente, la naturaleza de los fenómenos y descubriendo por sí misma el carácter de la manifestación eléc­trica. La lentitud del descubrimiento reside la seguridad. No es conveniente ni correcto todavía que la verdadera naturaleza de estos distintos poderes y fuerzas sea completamente conocida; por lo tanto sólo podemos indicar ciertas líneas amplias y generales. A su debido tiempo, cuando la familia humana esté centrada en la naturaleza superior y no en la inferior y cuando la fuerza de los planos superiores puedan imponerse con mayor facilidad sobre la inferior, los hechos relacionados con estas Vidas y estos Constructores, sus métodos de trabajo y las leyes de su ser serán conocidos. Hoy el conocimiento produciría dos resultados: primero, pondría a la familia humana bajo el poder (aún ciego y destructivo) de ciertos elementos de naturaleza análoga a la del cuerpo físico. Esto traería como consecuencia la destrucción de la forma o se llegaría a la parálisis y a la demencia en gran escala. Segundo, se pondría el poder en manos de ciertos Hermanos del Sendero ([26]) izquierdo y de un determinado número de magos inconscientes (de los cuales hay bastantes que lo emplearían sólo para fines egoístas, malignos y materialistas. Por eso no es conveniente mas información acerca de esta sustancia física densa y de los que la corporifican. Los Agnichaitas del tercer grupo son todavía para el hombre una amenaza y sólo pueden ser manejados en forma grupal y en amplia escala por el guía del departamento del Manu mediante sus propios regentes -ciertos devas que poseen un desarrollo igual a la sexta Iniciación.

La Jerarquía oculta de nuestro planeta se dedica principal­mente a desarrollar la autoconciencia en el hombre y a interpretar inteligentemente los acontecimientos de la Naturaleza; a colaborar sabiamente con las Fuerzas constructoras de la naturaleza, siendo el objeto de su principal esfuerzo la vitalización y la actividad de los centros en el Hombre celestial de nuestro planeta y en los entes individuales de la familia humana.

La Jerarquía oculta es un gran centro de fuerza, pues los cen­tros coronario, cardíaco y laríngeo del Hombre celestial, funcionan al unísono. Paralelamente a las actividades que desarrolla en la línea de la conciencia (y principalmente con la conciencia o inte­ligencia cuando se manifiesta en el tercero o cuarto reinos) se encuentra una gran jerarquía de devas que se dedica a desarrollar esa parte del cuerpo de un Hombre celestial que incluye los cen­tros activos. Quizás alguna idea de lo que trato de exponer podrá extraerse de una ilustración. La Jerarquía oculta se ocupa de abrir el Loto de nueve pétalos en el Hombre celestial y en el hombre (realizándolo por medio de la acción refleja entre el físico cósmico y el mental cósmico), mientras que la gran Jerarquía dévica se ocupa de los átomos permanentes, del cuerpo egoico y del desarrollo de las espirillas. De esta manera, el estudiante inteligente percibirá y comprenderá, macro y microcósmicamente, la función de los Agnichaitas de las hogueras.

Grupo B. Agnichaitas: Al encarar el tema del Grupo B o segundo grupo de Agnichaitas nos ocuparemos de ese importante grupo de devas denominados en algunos libros “los devas de las sombras”. Su función es principalmente cuádruple y constituye la base del movimiento o actividad en todos los planos, actividad producida por la interacción de los aspectos negativo y positivo de Brahma, el Dios manifestado.

Primero, son los que construyen el cuerpo etérico de todas las existencias sensibles y principalmente el cuerpo etérico de todos los hombres.

Segundo, son los que trasmiten prana.

Tercero, desempeñan una función muy definida en el proceso evolutivo, la de vincular los cuatro reinos de la naturaleza, siendo esencialmente los que transmutan y transmiten lo inferior a lo su­perior. Construyen entre cada reino -mineral, vegetal, animal y humano- lo que, en cada caso, corresponde al antakarana o puente que une al manas superior con el inferior, el canal que transmite la vida desde el reino humano inferior al espiritual o superior. Se hallará que entre cada una de las diferentes etapas de concien­cia (desde la subconsciencia pasando por la autoconciencia hasta la superconciencia) hay un período en que se establece el vínculo y se construye y erige el puente, llevándose a cabo por intermedio de  ciertos grupos de devas en todos los planos. Los tres grupos tienen su contraparte en el plano físico, y su trabajo se efectúa paralelamente en los niveles superiores. Debe recordarse que el trabajo de tender el puente de una etapa a otra o de un reino a otro se ha de realizar bajo las condiciones siguientes:

a.      Como resultado de un impulso que emana de lo inferior, se origina en el deseo activo de lo inferior por abarcar o entrar en contacto con lo superior. Esto es de gran im­portancia, pues todo progreso debe ser autoinducido, autoiniciado y el resultado de una actividad interna.

b.      Como resultado de la acción refleja de la etapa o reino superior, realizándose mediante la actividad de lo infe­rior, e invocando respuesta de lo superior. Debe recordarse que toda vibración es transmitida por ondas de sustancia viviente.

c.      Como resultado de un estímulo foráneo producido por la actividad de ciertos poderes conscientes interesados en el proceso del desarrollo evolutivo.

Estas condiciones pueden observarse durante el proceso en que el hombre recibe la iniciación y pasa del cuarto reino al reino espi­ritual. Sus esfuerzos deben ser autoinducidos o el resultado de su empeño autoconsciente; dichos esfuerzos obtendrán respuesta de su superconciencia, el aspecto átmico o Espíritu, y más adelante los custodios de los Ritos de Iniciación ayudarán a esta interacción dual. Sin embargo, los tres efectos se sienten en Espíritu-materia, siendo todo regido por la ley de vibración, que constituye textual­mente la respuesta de la sustancia dévica a la fuerza que emana desde una fuente consciente o inconsciente.

Cuarto, estos “devas de las sombras” realizan ciertas activida­des interesantes y variadas, pero tan diversas que es casi imposible enumerarlas. Podríamos tratar brevemente de describir algunas de estas funciones, recordando que lo que puede decirse acerca de ellas en el plano físico, puede también atribuirse a sus analogías en todos los planos. Podemos dejar que el estudiante lo analice, enco­mendándole tener presente que aquí nos ocupamos de los devas del arco evolutivo, pudiendo clasificarse entre muchos otros, en los siguientes tipos:

ler. tipo. Los agentes especiales que se ocupan de la magia. Son peculiarmente susceptibles a las vibraciones constructoras de los siete rayos.

2do. tipo. El grupo de Agnichaitas que se manifiesta como electricidad en el plano físico. Este grupo comienza a ser contro­lado por el hombre quien lo dominará cada vez más.

3er. tipo. El grupo que constituye el aura de la salud, ya sea colectiva o individual, en los tres reinos intermedios de la natu­raleza (vegetal, animal y humano). El hombre entra en contacto con ellos por medio de la medicina, y ya empieza más o menos a reconocerlos. Uno de los grandes errores que ha cometido la fami­lia humana ha sido administrar al hombre drogas minerales para propósitos medicinales. Esto ha dado por resultado una combina­ción de sustancias dévicas que no estaban destinadas a ello. La relación del hombre con los reinos inferiores, especialmente con el animal y el mineral, ha dado lugar a una condición peculiar en el mundo dévico, tendiente a complicar la evolución dévica. El em­pleo de alimentos animales (y en menor grado la aplicación de los minerales como medicina) ha producido una mezcolanza de sus­tancia dévica y de vibraciones que no se sintonizan entre sí. El reino vegetal está en una situación totalmente diferente, y parte de su karma consiste en proveer alimentos al hombre; esto ha dado por resultado una necesaria transmutación de la vida de ese reino a la etapa superior (la animal que es su meta). La transmutación de la vida vegetal ocurre necesariamente en el plano físico. De allí su disponibilidad como alimento. La transmutación de la vida ani­mal al reino humano tiene lugar en niveles kama-manásicos. A eso se debe que no esté disponible, entendido esotéricamente, el animal como alimento para el hombre. Éste es un argumento en favor de la vida vegetariana que es necesario considerar.

4to. tipo. Un tipo muy importante de devas etéricos (en cuan­to al hombre concierne) constituye definitivamente la sustancia de su centro. Ocupan esa posición por razones kármicas y son, desde muchos puntos de vista, algunos de los devas de las sombras más altamente evolucionados. Se caracterizan por su capacidad de responder, en manera especial, a una serie particular de vibracio­nes planetarias y, en su esencia fundamental y en la propia esfera peculiar, capacitan al hombre para que reaccione al estímulo de rayo. Cada centro está influenciado por uno de los planetas. En esto reside la capacidad que posee el hombre para eventualmente armonizar -por medio de sus centros- con la séptuple alma del mundo.

5to. tipo. Tenemos aquí un grupo muy importante de devas que están peculiarmente activos y dominan esotéricamente duran­te esta ronda; son los Agnichaitas que constituyen el centro, en la base de la columna vertebral, que vibra al ritmo del kundalini en sus variadas formas y manifestaciones. En dicho centro se desplie­gan eficazmente las dos polaridades, pues los pétalos del centro, asiento del kundalini y del fuego o vitalidad que los anima, son recíprocamente negativos y positivos. Este centro existe en una u otra forma en todos los seres sensibles, y de él depende en gran parte

a.      la conciencia, en una de sus siete etapas,

b.      la continuidad de la existencia,

c.      la perpetuación de la especie o reproducción en cualquiera de los otros planos.

Sería interesante observar aquí que este centro constituye literal­mente una cuádruple irradiación y la “Cruz del Espíritu Santo”, siendo su símbolo la cruz de brazos iguales. Este loto de cuatro pétalos es el resultado de la evolución. En el primer reino de la naturaleza, el mineral, a través del cual se manifiesta una entidad específica, dicho centro constituye una unidad en niveles etéricos, pues sólo puede verse un pétalo. En el reino vegetal, considerado como la expresión de una gran Existencia, dos pétalos están en­trando en actividad. En el tercer reino, el animal, se hallará que el centro de la base de la columna vertebral tiene tres pétalos, mientras que en el hombre el loto vibra en forma cuádruple. En cada iniciación del gran Ser, que se manifiesta por intermedio de nuestro planeta, uno de esos pétalos se abre en los niveles etéricos, de manera que durante la individualización los cuatro se hacen activos y Su actividad autoconsciente es llevada al plano físico. La analogía puede verse ejemplificada en Su gran Iniciación, que tuvo lugar en la cuarta ronda y en la tercera raza raíz; la analogía entre el tercer reino y el cuarto y su producto, el siete esotérico, es una de las líneas de estudio que ha de seguir el ocultista.

Cuando los pétalos de los centros etéricos vibran o se produce una unificación en sustancia dévica, tiene lugar una aceleración en los niveles afines del cuerpo etérico cósmico del Logos planeta­rio y del Logos solar. Se evidencian ciertas analogías en los péta­los del loto egoico de los diferentes entes de la familia humana y (en niveles cósmicos) en los cuerpos egoicos solar y planetario. Debe tenerse en cuenta también que dichos centros básicos, en los cuales se oculta el fuego kundalínico, se encuentran en las Exis­tencias a medida que actúan en cuerpos físicos en:

1.       Un Logos solar.

2.      Un Logos planetario.

3.      Esas Entidades que son la suma total de la conciencia cuan­do ésta se expresa a través de los diferentes reinos de la naturaleza -manifestándose por intermedio de ellas como un hombre se manifiesta mediante su cuerpo.

4.      El Señor de una cadena.

5.      El Señor de un globo.

6.      Ciertos Seres que constituyen la vida de grupos específi­cos. Son esotéricos, y Su función es uno de los secretos de la iniciación.

7.      El Hombre.

8.     Los animales.

Aquí, debe observarse que, en la manifestación logoica, uno de los esquemas planetarios forma el centro del cuerpo logoico que alberga al kundalini. Este esquema, cuyo nombre no puede ser revelado todavía, está totalmente controlado por los devas -allí se encuentran reunidos los dos grupos de devas, desempeñan su función de animar al cuerpo físico denso del Logos del mismo modo que el kundalini, en esta etapa, anima en el hombre a su vehículo físico denso. Más tarde, cuando el tercer esquema princi­pal asimile la actividad vital de los cuatro inferiores, el fuego kun­dalínico se retirará y se transmutará en la actividad del centro laríngeo logoico.

En la manifestación planetaria, una de las cadenas realiza un trabajo similar en el proceso evolutivo del Logos planetario. Lo mismo puede decirse de uno de los globos de una cadena. Por lo tanto, en esta cuarta ronda puede verse por qué el fuego en la base de la columna vertebral (considerado en su significado esotérico y en relación con el Logos y los Logos, y no sólo con el hombre) desempeña una parte muy predominante al estimular el Cuater­nario logoico o Su yo inferior. Aquí reside el misterio del mal, el origen del actual sufrimiento y la base de la experiencia planetaria. El fuego kundalini en el cuerpo logoico realiza su actividad culminante cuando estimula Su cuerpo físico -nuestros tres planos inferiores del sistema y los cuatro pétalos de ese centro particular están entrando en plena actividad en esta cuarta ronda, Se ha de recordar que El constituye la suma total de todos los centros en manifestación y el conglomerado de los fuegos del kundalini en cada sector de la naturaleza. Las dificultades y al mismo tiempo la esperanza de nuestro planeta reside en este hecho. El centro etérico de nuestro Logos planetario por estar constituido de ma­teria del cuarto éter cósmico (el plano búdico) estimula en la actualidad a Su cuaternario inferior, los tres mundos del esfuerzo humano; allí se halla la dirección que sigue la fuerza y en la próxima ronda (cuando las tres quintas parte del reino humano esté desarrollando el vehículo búdico) el Logos alcanzará Su punto de equilibrio y el fuego kundalínico será dirigido hacia arriba.

Esto encierra la clave de muchas cosas. Otra clave que explica las penosas condiciones imperantes en el mundo (especialmente en el aspecto sexual) reside en el hecho de que los entes de la familia humana que contribuyen a constituir este particular centro, frecuentemente se hipervitalizan; la vitalidad del vehículo físico les indica la línea de menor resistencia. En otras palabras: Las fuerzas dévicas que forman el centro y también su actividad, por ahora dominan excesivamente, y el poder que adquirieron en el sistema solar anterior no ha sido transmutado todavía en poder espiritual.

En lo que antecede han sido considerados algunos de los devas de los éteres, pero, lógicamente, no se mencionaron a muchos otros. Se evidenciará la vastedad del tema si se recuerda que, cuando nos ocupamos de los devas, tratamos con aquello que constituye la sustancia básica de la manifestación o Espíritu-materia, el aspecto madre o negativo de la dualidad divina y la suma total de todo lo que existe. Estamos tratando con la forma tangible, empleando la palabra “tangible” como aquello que puede ser captado por la con­ciencia en cualquiera de sus muchos estados. Debemos comprenden la total imposibilidad de catalogar las formas y aspectos de la sus­tancia dévica o de clasificar los millares de grupos y tipos. Estos tres grupos se hallarán en todos los planos y constituyen los receptores de fuerza. Una analogía similar existe entre estos tres grupos de devas, en el plano físico del sistema, y sus analogías en el plano físico cósmico. Brevemente indicaré que existen:

Grupo A         El plano de Adi                                Evolución divina.

Atmico del sistema.

Grupo B         Los tres mundos de la Tríada        Evolución espiritual.

Etérico logoico

Grupo C         Los tres mundos                             Evolución humana.

                        Físico denso logoico.

Aquí hay muchas cosas de interés para el estudiante, pues escla­rece la analogía entre la evolución de la sustancia y la evolución del espíritu.

Respecto a los devas del Grupo B, poco más puede agregarse. Sólo es conveniente hacer algunas generalizaciones.

Esto devas, especialmente los del cuarto éter, están tan estrechamente vinculados al hombre, que uno de los desarrollos más inmediatos consistirá en llegar a conocer su existencia y el consi­guiente y gradual dominio de los mismos. Este dominio se produ­cirá por varios motivos, pero sólo será total cuando el hombre pueda actuar en el cuarto éter cósmico, el plano búdico. Una de las cosas que la Jerarquía trata de realizar en esta etapa es demo­rar el despertar de la humanidad a esta comprensión pues ese acontecimiento necesitará grandes reajustes y, al principio, podrá producir aparentemente muchos efectos maléficos. El desarrollo del ojo físico se lleva a cabo de acuerdo a la Ley, e inevitablemente toda la raza humana logrará ese doble enfoque que permitirá al hombre ver las formas densas y las etéricas. En la etapa actual su incapacidad para hacerlo reside mayormente en la falta de vitali­dad pránica. Tal resultado se debe principalmente a las malas condiciones de vida y al abuso de los alimentos. La tendencia ge­neral que existe por lograr condiciones de vida correctas y puras, el retorno a las costumbres más simples y sanas, la gran necesidad de higienizarse, de aire puro, de luz solar y el gran deseo por inge­rir alimentos de frutos oleaginosos, darán por resultado, inevitablemente, una rápida asimilación de los fluidos pránicos. Esto pro­ducirá ciertos cambios y mejoras en los órganos físicos y en la vitalidad del cuerpo etérico.

Por lo tanto, a los que percibimos algo del Plan se nos insta a difundir el conocimiento de la Religión de la Sabiduría y, sobre todo, a romper con los preconcebidos dogmas de la preguerra. Debemos hacer notar aquí que la guerra fue un gran aconteci­miento oculto y produjo un cambio vital en la mayoría de los planes y arreglos de la Jerarquía. Ha sido necesario hacer modifi­caciones y algunos sucesos tendrán que ser demorados mientras otros serán acelerados. Donde la guerra produjo sus más vastos efectos fue entre los devas de las sombras y, principalmente, entre los del cuarto orden. La trama etérica que protegía a ciertos gru­pos en los reinos humano y animal ha sido rasgada en varios lu­gares y los resultados de ese desastre deben ser contrarrestados. Otro efecto producido sobre los devas, como resultado de la guerra, puede verse entre los del Grupo A, que son (en un sentido oculto) los átomos físicos permanentes de todos los seres autoconscientes. La cuarta espirilla ha sido enormemente estimulada y su evolución se ha acelerado en grado extraordinario, en tal forma, que en algunos de los hombres menos evolucionados, debido a la tensión del peligro y de la experiencia, les fue estimulada hasta más allá de lo que le corresponde a la humanidad común. Mediante el estímulo de la cuarta espirilla en las unidades de la cuarta Jerarquía creadora en esta cuarta ronda, en el cuarto globo y en este cuarto esquema, se ha efectuado un enorme impulso progresivo en el sendero evolutivo, lográndose uno de los grandes objetivos de la guerra. Un estímulo aún más tremendo se dio en la cuarta raza raíz durante la guerra de ese periodo, y el resultado fue que entraron en el Sendero de Iniciación muchos que ni siquiera normalmente ahora lo hubieran hollado. Un efecto similar puede espe­rarse en la actualidad; la Jerarquía se está preparando para hacerse cargo de muchas cosas de naturaleza extraplanetaria, debido a la casi inmediata disponibilidad de un número comparativamente grande de hijos de los hombres. No debe olvidarse que el estímulo de las espirillas afecta al aspecto materia o sustancia dévica. El hombre es literalmente sustancia dévica y un Dios, siendo de esta manera un verdadero reflejo del Logos solar. ([27])  ([28])

 Grupo A. Agníchaittas, Hemos visto que, en todos los planos, los grupos de devas pueden dividirse en tres  grupos principales, aunque usualmente se estudia la capacidad dual de unidades de  fuerzas involutiva y evolutiva. Hablando en general, estos grupos pueden ser considerados como:

a. Representando al aspecto positivo o fenómenos eléctricos positivos.

b. Representando al aspecto negativo.

d.     Constituyendo -en tiempo y espacio- la unión de los dos aspectos y, durante la evolución, manifestando el tercer tipo de fenómeno eléctrico.

Puede hacerse otra agrupación de esta triplicidad que los ali­neará en el orden de manifestación tal como ha sido expuesto en Ia antigua cosmogonía, seguida al enumerar los grupos de los Agnichaitas.

Grupo A. Corresponde a las manifestaciones de la existencia como se observan en el plano superior, ese aspec­to comprendido por el término Agni.

Grupo B. Corresponde al aspecto Vishnu-Surya.

Grupo C. Corresponde al aspecto Brahma o Logos creador.

La recapitulación fue hecha de esta manera, porque el con­cepto debe estar claramente definido.

Ya hemos considerado a los dos grupos inferiores de devas. Ahora debemos tratar el Grupo A, el más importante del plano físico desde el punto de vista de la creación y de la objetividad, pues constituye la vida de la materia misma y la inteligencia que anima a las formas de todo lo que existe en el plano físico  del sistema, no constituyendo una inteligencia autoconsciente, sino la conciencia tal como la comprende el ocultista.

Cada uno de los subplanos atómicos en el sistema solar está estrechamente interrelacionado con los demás; los siete subplanos atómicos de todos los planos forman una unidad y son esencial­mente el plano físico cósmico, tal como se comprende esotéricamente el término. Los subplanos de los cuales este grupo es su fuente de origen, tiene con ellos la misma relación que el sexto principio con el séptimo. Por lo tanto, los devas del Grupo A son la fuerza creadora concentrada de los subplanos, el origen del as­pecto objetivo de la manifestación física y la fuente de los siete Alientos del Logos creador en el plano físico. Pero debe recordarse que, en cada esquema, el impulso o voluntad creadora lo constituye el Logos planetario del esquema, quien crea Su cuerpo físico de manifestación de acuerdo a la Ley (su planeta físico denso), así como el hombre -regido por la misma ley- crea su cuerpo físico, o como el Logos solar (en el otro extremo de la escala) crea Su cuerpo, un sistema solar.

Esto ejerce una influencia definida y esotérica sobre el tema en discusión, y las diferencias esenciales, que existen entre los Hombres celestiales que tratan de manifestarse, se apreciarán en Sus esquemas y, por lo tanto, en los distintos tipos de devas por medio de los cuales actúan y con cuya esencia está hecha Su forma.

Esto podría expresarse de la siguiente manera: Así como cada hombre tiene un cuerpo que, por su forma y características principales, se parece a otros cuerpos, aunque su calidad y rasgos dis­tintivos personales sean únicos, del mismo modo cada uno de los Hombres celestiales construye un cuerpo de sustancia dévica o Espíritu-materia de la misma naturaleza que el de Sus hermanos y, sin embargo, distinto, matizado por Su peculiar colorido, vibran­do a su ritmo particular y demostrando Su propia y singular cua­lidad. Esto se produce por medio de un tipo peculiar de esencia  dévica que Él elige, o (explicándolo en palabras quizás más ocul­tas) involucra la respuesta de ciertos grupos peculiares de devas con Su propia nota. Contienen en sí mismos exactamente las par­tes componentes que Él necesita para construir Su cuerpo o esque­ma. Por lo tanto, se reconocerá que los devas del Grupo A, siendo lo que podríamos llamar los devas-clave, son de primordial importancia y, desde nuestro punto de vista actual, deben permanecer abstractos y esotéricos. Si esto lo consideramos de acuerdo a la Ley de Analogía y estudiamos la naturaleza esencialmente esoté­rica del plano del Logos (el primer plano llamado Adi) se evi­denciará la razón de ello. Si los hombres evolucionados reconocie­ran o tan sólo establecieran contacto con los devas del Grupo A, el estudio de su naturaleza, coloración y tono revelaría a la huma­nidad desprevenida el color y el tono de nuestro particular Logos planetario. La raza no está todavía preparada para este conoci­miento. Revelaría también, estudiando la Ley de Acción y Reac­ción, cuáles de los Egos encarnantes pertenecen al rayo de este Logos; las deducciones resultantes podrían conducir a los hombres a zonas peligrosas y pondrían el poder en manos de quienes no están aún preparados para manejarlo con inteligencia.

En consecuencia, el Grupo A de Agnichaitas debe permanecer siendo totalmente esotérico, y su verdadera naturaleza puede ser revelada sólo al Adepto de la gran Ley.

Es por eso que sólo se permite dar muy pocas indicaciones, las que tratan simplemente de las relaciones del hombre con dichas entidades; éste se vincula principalmente con ellas porque su átomo físico permanente está directamente energetizado por las mismas, pues él es parte de su naturaleza y ocupa un lugar en su forma. Será evidente, para cualquier estudiante que, si los átomos permanentes del hombre se hallan dentro de la periferia causal, los devas de los tres mundos, en los subplanos atómicos, han de trabajar en la más estrecha colaboración, debiendo existir unidad de propósito y de plan.

Los devas de los niveles atómicos de todos los planos de nues­tro esquema trabajan en estrecha asociación:

a.      Entre si, formando de este modo, siete grupos, suma total del aspecto Brahma de nuestro sistema planetario.

b.      Con los Siete grupos que constituyen la materia atómica del esquema, nuestro polo opuesto.

c.      Con el grupo particular de ese esquema que Constituye uno de los vértices del triángulo del sistema del cual nuestro esquema, conjuntamente con el opuesto, constituyen los otros dos vértices.

d.     Con los correspondientes grupos, en menor grado, en todos los esquemas del sistema.

e.      Con el esquema que corresponde al primer aspecto o pla­no de Adi.

f.       Con esos devas que forman la sustancia-espíritu de la manifestación de ese Rishi particular de la Osa Mayor, prototipo de nuestro particular Logos planetario.

g.      Con los devas que forman la sustancia de una de esas existencias esotéricas a las cuales se refiere La Doctrina Secreta  ([29]) como “Las esposas de los siete Rishis” o las siete hermanas, las Pléyades. Una de estas siete herma­nas tiene una estrecha relación con nuestro Hombre celes­tial y, por lo tanto, tenemos la interesante interacción cósmica siguiente:

1.       Uno de los siete Rishis de la Osa Mayor.

2.      Una de las siete Hermanas, una Pléyade.

3.      El Hombre celestial de nuestro esquema.

Dicha interacción será triple y, en lo que a nosotros concierne, justamente ahora involucrará la transmisión de la fuerza vital que circula en la sustancia dévica a través de la materia atómica de nuestros planos. Esto afectará materialmente a algunos seres hu­manos más que a otros, de acuerdo a su rayo y naturaleza, y este efecto se demostrará en la vivificación de las espirillas de los áto­mos permanentes y de los centros.

Agnisuryas - Devas del Plano Astral.

Iniciamos aquí el estudio de esos grupos de devas que consti­tuyen la sustancia del plano astral, los Agnisuryas. Podrían consi­derarse de la siguiente manera y, empleando términos sinónimos, obtenerse una idea general de su función antes de iniciar su dife­renciación en grupos y estudiar su relación con:

1.       Las diversas entidades, el alma de los diversos reinos o grupos, como ser los reinos animal y humano y esos supe­riores al hombre en la escala de la conciencia -el Logos planetario.

2.      El hombre mismo.

3.      El plano en su totalidad.

Debemos considerar a estos devas:

Primero, como sustancia del plano astral en sus siete grados.

Segundo, como ese aspecto de la manifestación logoica que corresponde al subplano líquido en el plano físico del sistema.

Tercero, como el vehículo del Señor deva Varuna.

Cuarto, como las vidas animadoras de esa materia involutiva del plano astral que llamamos esencia elemental y como la vitali­dad que energetiza a los elementales del deseo que existe en todo lo sensible. Considerados bajo este aspecto, especialmente en rela­ción con el hombre, constituyen la analogía en el plano astral de los “devas de las sombras”, pues el cuerpo de deseo de todos los seres humanos está compuesto de materia del segundo, tercero y cuarto subplanos del plano astral. Esto es algo que debe ser cui­dadosamente considerado y será iluminador establecer la analogía entre el cuerpo etérico o el vehículo de prana, que vitaliza al físico denso y  el cuerpo astral del hombre, además del método que se emplea para vitalizarlo.

Quinto, desde el punto de vista del plano físico, como suma total de la actividad material (aunque subjetiva) que produce lo tangible y lo objetivo. Así como el sistema solar es un “Hijo de la necesidad” o del deseo, así el cuerpo físico de todo lo que existe es el producto del deseo de una entidad superior o interior, dentro del sistema.

Sería oportuno señalar aquí las líneas a través de las cuales la energía -ya sea manásica, pránica o astral- penetra en el sistema y llega hasta un plano determinado, encontrando así su camino hacia todas las unidades de conciencia, desde un átomo hasta un Logos solar.

El plano físico denso está energetizado por medio de

a.      el cuerpo etérico planetario,

b.      el plano mental, o el subplano gaseoso cósmico,

c.      el plano átmico, o el tercer éter cósmico

d.     el plano adi o el primer éter cósmico.

y, como consecuencia (por medio del átomo permanente logoico), penetra una afluencia similar de fuerza desde los niveles cósmicos.

El plano astral es energetizado por medio de

a.      el plano búdico, el cuarto éter cósmico,

b.      el plano monádico, el segundo éter cósmico,

c.      el plano astral cósmico, llegando así al Corazón de todo Ser.

El plano mental es energetizado por medio de

a.      el plano átmico, el tercer éter cósmico,

b.      el plano adi, el primer éter cósmico,

c.      el plano mental cósmico, siendo innecesario para nosotros ir más allá de éste.

El estudiante cuidadoso observará que dichos planos podrían ser considerados, en lo que respecta a los tres mundos  como que mani­fiestan dos tipos de fuerza, primero, una fuerza que tiende a la dife­renciación tal como en el plano mental (el plano de la inherente se­paración); y en el plano físico (el plano de la verdadera separación); segundo, una fuerza que tiende hacia la unidad, como acontece en el plano astral y en el plano de la fundamental armonía, el búdico. Debe recordarse que estamos considerando a la fuerza cuando afluye a través de, o compenetra a, la sustancia dévica. Una sugerencia de la verdad reside en el hecho de que, en la actualidad, el cuerpo astral del hombre es positivo en lo que respecta al plano físico, negativo en lo que concierne al mental y positivo respecto al plano búdico. A medida que la evolución continúa el cuerpo as­tral llegará a transformarse en positivo respecto al mental, demos­trando así que es invulnerable a las influencias de las corrientes mentales y a los procesos separatistas de dicho plano; negativo respecto al plano búdico o receptivo a las fuerzas de ese plano. Cuando se haya logrado el equilibrio y las fuerzas estén equita­tivamente balanceadas, el cuerpo astral ha de convertirse en trans­misor desde el plano búdico o el cuarto éter cósmico, por interme­dio del gaseoso, hasta el físico denso. Este concepto debe estudiarse en conexión con la consumación por medio del fuego de la trama etérica del planeta, así podrá obtenerse el esclarecimiento. En el plano astral no existe textualmente una división tal como la encon­tramos en los planos mental o físico. Ambos se dividen en dos; el mental se dividió en superior e inferior, rupa y arupa, concreto y abstracto, y el físico en niveles etéricos y subplanos densos.

Por consiguiente existe una analogía entre ambos. La razón de que exista una aparente división (considerando aparte la cues­tión de los estados de conciencia del ser humano) se debe a la etapa de desarrollo de los grandes devas que personifican y animan al plano, quienes se manifiestan a través de éste como un hombre se manifiesta por medio de su cuerpo. Varuna, el Señor del plano astral, ha realizado un control consciente más unificado que Sus hermanos de los planos mental y físico. Viene a la manifestación vinculado a uno de los Hombres celestiales, el Señor de un Rayo mayor. Los otros dos están vinculados con los Señores de un Rayo menor. Esta información encierra un indicio sugestivo para los estudiantes podríamos justificadamente preguntar ¿si esto es así, por qué aparentemente se manifiesta en forma tan desastrosa con respecto al hombre? Hay varias razones que lo justifican, una de ellas se funda en que la fuerza que fluye a través del vehículo del gran deva, el plano, es más fuerte que en los otros dos casos de­bido a Su etapa más avanzada de desarrollo, y también a que el Logos Mismo está polarizado en Su cuerpo astral. La otra razón consiste en que tiene un vínculo particular con el Regente del reino animal y, como el ser humano no se ha disociado de su natu­raleza animal ni ha aprendido a controlarla, también está influen­ciado por esta tremenda fuerza. Hay otras razones ocultas en el karma de nuestro Hombre celestial, pero bastan las mencionadas.

1. Las funciones de los Agnisuryas. Los devas del plano as­tral están especialmente vinculados al hombre en la actualidad debido a la polarización astral y al papel que desempeña el deseo y el sentimiento en su evolución. La conciencia se expande por me­dio del contacto, por la apreciación inteligente de aquello con lo que se hace contacto y por la comprensión de lo que ha de conse­guirse por medio de un contacto específico. Aquello con lo que ha de hacerse contacto depende de la vibración recíproca y, en con­secuencia, el deseo (la búsqueda de sensaciones) y el sentimiento (el reflejo de ese deseo) es de real importancia, poniendo constantemente al hombre en contacto -aunque él no se dé cuenta- con la sustancia dévica de cualquier tipo. Aunque el hombre haya alcanzado una etapa evolutiva relativamente elevada, la expresión de esa etapa de realización se observa en el tipo de no-yo con el cual hace contacto; únicamente cuando es un iniciado comienza a acercarse y a conocer el significado de la unidad esencial que reside en el corazón del Ser y a comprender la unidad del Alma Univer­sal y la Unidad de esa Vida subjetiva que se oculta detrás de cada forma. Debe recordarse que el aspecto materia se encuentra en to­dos los planos; sin embargo, las formas existirán hasta trascender el “círculo no se pasa” solar y evadir el Logos Su actual limita­ción. Por eso los devas del plano astral asumen un lugar muy importante en los tres mundos.

Anteriormente, los hemos considerado en un aspecto quíntu­ple, dividiéndolos en cinco grupos. A esta altura del estudio, nos limitaremos a considerar la relación que existe entre los entes autoconscientes tales como el Hombre y el Logos planetario y di­cha sustancia dévica. Existe una gran diferencia entre el hombre y su prototipo, un Hombre celestial.

El plano astral desempeña una parte muy real en la evolución del hombre, teniendo una estrecha relación con uno de sus prin­cipios. Materia y vibración astral son uno de los factores que con­trolan la vida de la mayoría de la gente. Para el Hombre celestial la materia astral corresponde a la parte líquida del cuerpo físico del hombre, por lo tanto no constituye para Él un principio.

El plano astral es para el hombre el principal campo de batalla y la zona más intensa de su campo de sensación -la sensación mental esotéricamente comprendida, es por ahora sólo una posi­bilidad. El cuerpo astral es el lugar de la vibración más violenta del hombre y las vibraciones constituyen la causa poderosa de su actividad en el plano físico. El hombre debería comprender en la actualidad, que los devas del plano astral controlan casi totalmente lo que hace y dice, y que la meta de su evolución, la meta inme­diata, consiste en liberarse de su control a fin de que él, el ver­dadero Ego o Pensador, pueda convertirse en una influencia predominante. Para ser más explícitos y a fin de ilustrar esto diré que las pequeñas vidas elementales que forman el cuerpo emocional y la vida positiva de cualquier deva evolutivo vinculado (debido a vibraciones similares) a un hombre determinado le proporciona un cuerpo astral de poder coherente y positivo, que todavía controla prácticamente a la mayoría. El hombre generalmente hace lo que sus deseos e instintos le sugieren. Si este deva evolutivo es de orden elevado (como en el caso de un hombre altamente desarro­llado) la vibración será elevada y los deseos e instintos, en conse­cuencia, buenos y exotéricamente correctos. Sin embargo, si el hombre se deja controlar por ellos, es porque permanece bajo la influencia dévica y debe liberarse. Si la vida dévica es de orden inferior, el hombre demostrará instintos bajos y viciosos y de­seos viles.

Si estas observaciones son correctamente interpretadas se comprenderá algo de lo que se quiere significar cuando se habla de la evolución dévica como “evolución paralela” a la del hombre. En los tres mundos las dos líneas de evolución son paralelas, pero conscientemente no deben ser una sola. En los planos de la Triada se las conoce como unidad que produce al divino Hermafrodita u Hombre celestial -los entes humanos autoconscientes personifican los tres aspectos de la divinidad, mientras que las unidades dévicas conscientes personifican los atributos divinos. Ambos, fusionados, forman el cuerpo de manifestación los centros y la sustancia del Hombre celestial. Grande es el misterio, y mientras el hombre no conozca su lugar dentro del todo consciente, debe reservar su opi­nión en cuanto a su significado Por lo tanto será evidente que en vista de la relación existente entre el plano astral, y su trabajo unificado, y el plano búdico, con la consciente armonía que allí se experimenta, el cuerpo astral del hombre clama por un estudio y comprensión más estrechos. Por su intermedio se hallará un vínculo con el plano búdico y se producirá una actividad armoniosa  en el plano físico. Respecto a esto, el estudiante de ocultismo de­berá estudiar cuidadosamente:

a.      El sol físico y su relación con el prana y el cuerpo etérico.

b.      El sol subjetivo y su relación con el plano astral, con el principio kama-masánico y el cuerpo astral.

c.      El sol central espiritual y su relación con el Espíritu o atma del hombre. ([30])

d.     El corazón del sol y su relación con los cuerpos mentales, infe­rior y superior, que producen esa manifestación peculiar deno­minada cuerpo causal. A este respeto se ha de recordar que la fuerza que fluye desde el corazón del sol actúa a través de un triángulo formado por el esquema venusiano, la Tierra y el Sol. Era de esperar, de acuerdo a la ley, que se formara otro triángulo involucrando a dos planetas; los triángulos varían de acuerdo al esquema implicado.

Cósmicamente, existe una serie muy interesante de triángulos que será descubierta por quien estudie la astronomía esotérica y los ciclos ocultos. Dichos triángulos se originan en el sol central de nuestro grupo particular de sistemas solares, cuya serie invo­lucra a las Pléyades. Esta realidad no será conocida hasta la última década del siglo actual ni lo reconocerá la ciencia hasta el momento en que ciertas líneas de conocimiento e investigación lleven a los científicos a una comprensión de que existe un tercer tipo de elec­tricidad que siempre equilibra y forma el ápice del triángulo, pero el momento no ha llegado todavía.

Todo lo que se dice aquí está expresado en términos de grupos dévicos y fuerzas dévicas que forman (en su conjunto) una sus­tancia que responde a una vibración análoga. Ciertos nombres defi­nidos lo expresan esotéricamente. Por lo tanto, es posible transmitir sin ningún peligro, información de carácter incomprensible para el profano en una frase como la siguiente: “El triángulo de ... y del Grupo... de los Agnisuryas se formó y en el girar de la Rueda se produjo el tercero.” Esto imparte a la mente del ocul­tista el conocimiento de que en la afluencia de fuerza desde una constelación particular completamente foránea a nuestro sistema, por medio de un esquema planetario específico y a través del cuer­po astral del Logos planetario, se produjo cierta condición que trajo la aparición del tercer reino de la naturaleza, el sensitivo y consciente reino animal. Frases similares encierran también el significado de la relación dévica que existe con la individualización del hombre, pero no es de ningún valor revelarlas; lo anterior sólo se menciona a fin de lograr tres cosas:

1.       Demostrar parcialmente la naturaleza y extensión de las fuerzas que fluyen a través de nuestro sistema.

2.      Mostrar el estrecho vínculo que tenemos con la evolución dévica.

3.      Destacar la naturaleza triangular y la interrelación de todo lo que acontece.

Sería conveniente hacer resaltar un punto relacionado con los devas de los planos inferiores (con los cuales el hombre está pecu­liarmente vinculado). Pueden ser divididos en ciertos grupos, que indican el lugar que les corresponde en la escala de la conciencia. Quizás se pregunten por qué nos ocupamos únicamente de los gru­pos de devas que se encuentran en los tres mundos. Esotéricamente comprendido, dichos devas (del tipo que estamos considerando) se encuentran sólo en el cuerpo físico denso del Logos -la sustancia de los tres subplanos inferiores del físico cósmico. El Antiguo Co­mentario al respecto dice lo siguiente:

“Las esferas de fuego tratan de ubicarse en los tres inferiores. Se originan por medio de la quinta, sin embargo se fusionan en los pla­nos de la yoga. Cuando las esencias ígneas compenetran todo, entonces ya no existe la quinta, la sexta ni la séptima, sino únicamente las tres que brillan por medio del cuarto.”

Por lo tanto, para los propósitos de este estudio, los devas sólo se encuentran en los tres mundos. Más allá de estos tres planos, tenemos los tres aspectos de los tres mayores que se manifiestan por intermedio del cuarto y, en consecuencia, las esferas de los Logos planetarios en el plano búdico. Sintetizan todo lo que ha ido desarrollándose por medio de la manifestación densa. Desde el punto de vista de la filosofía esotérica, el plano físico cósmico, en el cual todo nuestro sistema tiene su lugar, debe ser estudiado de dos maneras:

1.       Desde el punto de vista de los Hombres celestiales que abarcan las evoluciones de los cuatro planos superiores, los niveles etéricos. Sobre éstos prácticamente nada po­demos saber hasta después de la iniciación, momento en que la conciencia del ser humano es transferida gradual­mente a los planos etérico cósmicos.

2.      Desde el punto de vista del ser humano en los tres mun­dos. El hombre constituye la evolución culminante en los tres mundos, así como los Hombres celestiales la consti­tuyen en los cuatro superiores.

En los tres mundos tenemos las evoluciones paralelas, dévica y humana en su gran variedad de grados, lógicamente que la hu­mana nos concierne más íntimamente, aunque ambas evolucionan mediante la interacción. En los cuatro mundos superiores tenemos a esta dualidad considerada como unidad, considerándose sólo el aspecto de la evolución sintética de los Hombres celestiales. Sería de gran beneficio para nosotros si pudiéramos comprender algo del punto de vista de los grandes devas que colaboran inteligente­mente en el plan evolutivo. Poseen Su propio método de expresar estas ideas, que consiste en el color que puede oírse y sonido que puede verse. El hombre invierte el proceso, ve los colores y oye los sonidos. Aquí hay un indicio sobre la necesidad de emplear símbolos porque imparten verdades e instrucciones cósmicas y pue­den ser captados por los seres avanzados de ambas evoluciones. Debe tenerse en cuenta, como ya se indicó anteriormente, que:

a.      El hombre manifiesta los aspectos de la divinidad. Los devas manifiestan los atributos de la divinidad.

b.      El hombre está desarrollando la visión interna y debe aprender a ver. Los devas están desarrollando el oído in­terno y deben aprender a oír.

c.      Ambos son todavía imperfectos y el resultado es un mun­do imperfecto.

d.     El hombre evoluciona por medio del contacto y de la experiencia. Se expande. Los devas evolucionan disminuyendo el contacto. La limi­tación es la ley que los rige.

e.      El hombre aspira a adquirir autocontrol. Los devas se desarrollan cuando son controlados.

f.       El hombre es inherentemente Amor, Fuerza que produce coherencia. Los devas son inherentemente inteligencia, fuerza que produce actividad.

g.      El tercer tipo de fuerza, el de la Voluntad, el equilibrio balanceador de los fenómenos eléctricos, ha de actuar equi­tativamente en ambas evoluciones y a través de ellas, pero en una se demuestra como autoconciencia y en la otra co­mo vibración constructiva.

En el Hombre celestial estos dos grandes aspectos de la divi­nidad están equitativamente mezclados y durante el mahamanvántara los Dioses imperfectos se hacen perfectos. Se destacan es­tas diferencias amplias y generales porque arrojan luz sobre la relación entre el Hombre y los devas.

Los devas del plano físico, aunque están divididos en los grupos A. B. C. corresponden al grupo de los “Devas de Séptimo Orden”. El séptimo orden está peculiarmente ligado a los devas de primer orden del primer plano. Reflejan la mente de Dios, de la cual el primer orden constituye su expresión y la manifiesta a medida que se ha ido desarrollando desde el  plano arquetípico. Dichos devas están directamente influenciados por el séptimo Rayo, y el Logos planetario de ese Rayo trabaja en estrecha colaboración con el Señor Raja del séptimo plano. Debido a que la meta de evolución de los devas es desarrollar el oído interno, se comprenderá por qué los sonidos mántricos y las modulaciones rítmicas constituyen el método para entrar en contacto con ellos y producir los distintos fenómenos. Los trabajadores del sendero de la izquierda emplean a estos devas para practicar el vampirismo y la desvitalización de sus víctimas. Actúan sobre los cuerpos etéricos de sus enemigos y, por medio del sonido, afectan a la sustancia dévica, produciendo así los resultados deseados. El mago blanco no actúa en el plano físico con sustancia física, sino que transfiere Sus actividades a un nivel superior y de allí que manipula deseos y móviles, trabajando por intermedio de los devas de sexto orden.

Los devas de sexto orden corresponden al plano astral y están muy ligados con las fuerzas que producen los fenómenos que lla­mamos amor, impulso sexual, instinto o anhelo, y móvil impulsor que se manifiestan luego en el plano físico como una actividad de­terminada. La vibración positiva, iniciada en el plano astral, pro­duce resultados en el plano físico y es por eso que el Hermano Blanco, si acaso trabaja con los devas, lo hace sólo en el plano astral y con el aspecto positivo.

Como es de esperarse, estos devas de sexto orden están estre­chamente vinculados con los de segundo orden en el plano moná­dico y con el centro cardíaco de determinado Hombre celestial a cuyo Rayo pertenezcan. Están ligados también a las fuerzas dévicas del plano búdico; en estos tres grandes órdenes de devas tenemos un poderoso triángulo de fuerza eléctrica -los tres tipos de elec­tricidad descritos en los libros de ocultismo. Debe tenerse en cuenta que el tipo de fuerza equilibradora (aún desconocido en la actuali­dad) fluye desde el plano búdico, encontrándose allí el ápice del triángulo.

Monádico

Búdico

Astral

Estos tres órdenes son (en el actual sistema solar) los más poderosos, especialmente en la presente cuarta ronda. Influencian particularmente al cuarto reino de la naturaleza y fundamentan la búsqueda del equilibrio, a fin de lograr la armonía, la unión y el yoga, que caracterizan al hombre en todos los niveles; su manifes­tación inferior la constituye el instinto sexual tal como lo conoce­mos, y la anterior el anhelo de unirse a Dios.

 Los devas de sexto orden están influenciados especialmente por el Señor del sexto Rayo del Idealismo Abstracto; este vínculo posibilita el desarrollo de la idea arquetípica hasta llegar al plano físico. La sexta Jerarquía creadora también está especialmente relacionada con este orden particular de devas, y a través de esta influencia dual se produce esa manifestación física definidamente objetiva -un tipo de fuerza actúa por intermedio de la manifesta­ción etérica y otro por intermedio del físico denso.

Esto constituye aún un misterio insoluble para el estudiante, pero mucho podrá descubrirse en el significado que encierran los números. Este ángulo del tema debe ser estudiado a fin de desen­trañar el verdadero significado de los devas de sexto orden cuyo símbolo es la Estrella de seis puntas, dispuesta en un ángulo particular y en plena manifestación. La estrella de seis puntas es el signo de que un “Hijo de la necesidad”  (ya sea un Dios o un hombre) ha deseado encarnar físicamente. Los devas de sexto orden, los Agnisuryas, constituyen el factor principal para lograrla. En la sexta ronda dichos devas comenzarán a hacer sentir su pre­sencia en forma más poderosa, pero la fuerza de su vibración será gradualmente dirigida, hacia arriba y no hacia abajo, al plano fí­sico. Esto involucrará la transmutación del deseo en aspiración y producirá, oportunamente, la liberación del Logos planetario po­niendo fin a un manvantara o Su ciclo de encarnación física. Al retirarse la fuerza del deseo también cesa la existencia física del hombre. El Antiguo Comentario expresa esta verdad en las si­guientes palabras:

“Los de sexto orden se retiran dentro de si mismos; se dirigen a los de quinto orden, dejando solos a los de séptimo orden.”

Continuando el estudio sobre estos órdenes dévicos, debemos señalar que los tres órdenes inferiores -el quinto, el sexto y el séptimo- se relacionan estrechamente con la luna. Son los agen­tes constructores que (trabajando en la materia involutiva de los tres mundos) construyen los tres cuerpos inferiores del hombre encarnante. Constituyen una rama especial de los Pitris lunares, pero debe recordarse que funciona en nuestro esquema particular y está estrechamente ligada a nuestro Logos planetario. Grupos de tales Pitris se encuentran en todos los esquemas donde haya hom­bres encarnados; otros esquemas difieren algo de los nuestros, ya que el “Misterio de la Luna” está relacionado con una condición esotérica peculiar que concierne a nuestro Logos planetario.

Donde el hombre se halle encarnado se encontrarán los Cons­tructores de sus cuerpos, los cuales diferirán en:

a.      Grado de vibración.

b.      Etapa de desarrollo.

c.      Nivel de conciencia.

d.     Fuerza fohática, magnética y dinámica.

Además se ha de recordar que en cada ronda cambia la sus­tancia o evolución dévica; ellos también evolucionan y, por lo tanto, el tema de los devas, en su aspecto dual, como sustancia negativa y positiva que produce objetividad, debe ser estudiado en forma triple si queremos llegar a tener un verdadero concepto. Por consiguiente, los devas -suma total de la sustancia- deben ser considerados desde el punto de vista de:

La evolución de la ronda.

Un Logos planetario, puesto que forma Su cuerpo de manifes­tación, un esquema.

El reino humano.

Si esto no se considera desde dichos puntos de vista se obten­drá un concepto estrecho y erróneo. En el futuro, como podrá observarse mediante el estudio de La Doctrina Secreta, ([31]) el Logos en Su naturaleza septenaria será visto como el Macrocosmos para el Hombre, mientras que el Microcosmos, el Hombre mismo, será visto también como el Macrocosmos para los tres reinos inferiores. Ésta es simplemente una manera de estudiar la evolución de la Entidad consciente -Dios, el Hombre o la vida inferior- por medio de la sustancia dévica; involucra el estudio de la interacción positiva y negativa. Nuevamente, como dice El Antiguo Comen­tario:

“Cuando el Padre se acerca a la Madre, aquello que ha de ser toma forma. La unión de ambos oculta el verdadero misterio del Ser.

Cuando los dos grandes devas se buscan, encuentran y fusionan, se cumple la promesa de la vida.

Cuando aquel que ve y conoce permanece entre sus progenitores, entonces puede verse la fructificación del conocimiento y se conoce todo lo que existe en los planos de la conciencia.

Cuando se ve que Anu, el infinitesimal, contiene a Ishvara en Su poder, cuando las esferas y ciclos inferiores se expanden en el  circulo de los Cielos, entonces la Unidad esencial será conocida y plenamente manifestada.

Cuando el Uno que contiene la vida se transforma en el tres, tras del cual se oculta esa vida; cuando el tres por rotación se convierte en el siete y el diez; cuando los trescientos billones de vidas dévicas repiten la rotación; cuando se llega al punto central y éste revela al tres, al nueve y a la JOYA radiante interna, entonces el circulo de manifestación se habrá consumado y el Uno se convierte nuevamente en el diez, el siete, el tres y el punto.”

Aquí reside la clave del matrimonio místico; el estudio de estos pares de opuestos le revelará mucho al estudiante de ocultismo -le revelará el proceso en tiempo y espacio, mediante el cual esta unión y su fruto son consumados, observando la creación resultante del divino Hermafrodita en Su elevado plano.

Debemos recordar siempre con claridad que en esta parte del tratado estamos considerando los devas evolutivos, Vida positiva que anima a la materia involutiva o sustancia dévica. Por lo tanto, la analogía del matrimonio místico, Espíritu y materia, puede verse actuando en la sustancia dévica, por medio de la interacción de las vidas dévicas positivas y negativas. La sustancia misma representa una dualidad esencial; las formas repiten la misma dualidad y, cuando llegamos al hombre, tenemos allí una dualidad más un tercer factor. Estos tres órdenes de sustancia dévica -el quinto, sexto y séptimo inferiores- constituyen un grupo muy misterioso en lo que se refiere al hombre. ([32]) Raras veces se menciona en la literatura ocultista, pero contienen en sí el secreto de nuestra individualización planetaria. Este grupo tuvo mucho que ver con el “pecado de los sin mente” y está muy estrechamente asociado con el hombre animal. Al poder y al control que ejercían estos pitris puede atribuírsele gran parte de los primeros acontecimien­tos desastrosos a los cuales se refiere La Doctrina Secreta, como el “pecado” mencionado, y también los “fracasos” iniciales al inten­tar la construcción de vehículos apropiados para los Espíritus que deseaban encarnar. También puede hallarse aquí el origen de ese enigmático antagonismo denominado “los senderos de izquierda y derecha”, cuyas condiciones (dentro del cuerpo logoico, siendo por consiguiente parte de la conciencia divina) se originaron en el remoto “espacio de tiempo” en que los hijos de Dios buscaban una forma. También se relaciona con una condición especial existente en el cuerpo astral de nuestro Logos planetario y con Su historia, oculta en la luz astral.

  Esto concierne a aquello que el Logos planetario ha de superar y a la mayoría de los problemas que enfrenta el ocultista, incluso el “pecado de los sin mente”, el fracaso de la época atlante, y también ese misterioso “fracaso” de Buda (que tiene un significado planetario, insinuado en La Doctrina Secreta) ([33]) pueden ser atribuidos a la condición de la sustancia dévica de la cual están construidos el cuerpo astral de nuestro planeta y los cuerpos astrales de todas las formas. Es uno de los Señores mencionados como señor de menor grado y más “apasionado” que los tres superiores. Ni siquiera ha completado Su trabajo, pues aún  no ha controlado ple­namente la sustancia dévica en sus distintos grados de vida. La evolución dévica tiene mucho que hacer todavía.

Si este concepto se amplía hasta abarcar el sistema solar, evi­denciará que los vehículos astrales de los diferentes Logos planeta­rios difieren. Dicha diferencia depende necesariamente de Su vida astral cósmica que afecta directamente al astral del sistema, sub­plano físico líquido del físico cósmico. Esto es algo muy poco com­prendido. Como ya sabemos, el cuerpo físico denso del Logos pla­netario tiene una triple condición -densa, líquida y gaseosa- y el plano cósmico correspondiente actúa directamente sobre cada una. Algún día se sabrá que las condiciones de los distintos pla­netas físicos dependen de este hecho.

Cuando la naturaleza síquica del Logos planetario sea com­prendida (conocimiento que se adquiere después de la iniciación, pues es parte de la Sabiduría) se encontrará que la naturaleza de los diferentes esquemas, en lo que se refiere a su aspecto acuoso, por ejemplo, está conectada a un estado astral particular. A me­dida que el iniciado progresa en sabiduría, comprende intuitiva­mente la naturaleza esencial de los siete grupos o del Septenario logoico, la cual se refiere a su color o cualidad, el que depende de la naturaleza síquica de un Logos planetario determinado, pu­diendo estudiar el iniciado en cierta medida Su naturaleza emocio­nal o de deseo. Esto conducirá oportunamente a una consideración científica del efecto que dicha naturaleza produce sobre Su cuerpo físico denso y, especialmente, sobre esa parte llamada plano astral, subplano líquido del plano físico cósmico. Un reflejo de ello (o un desarrollo posterior si se prefiere este término) se encuentra en las partes líquidas del planeta físico.

El séptimo subplano del plano físico cósmico puede ser subdividido en siete, constituyendo nuestros siete subplanos físicos. La posesión de este conocimiento permite que el mago realice su traba­jo. Dado cierto fenómeno físico -el peso del agua en un planeta por ejemplo-, un iniciado de grado superior puede hacer deducciones, basándose en ello, sobre la cualidad de la excelsa Vida manifestada por intermedio de un plano. Llega a dicha conclusión a través de un razonamiento que abarca el subplano líquido (sexto) del plano físico del sistema:

a.      Al subplano líquido del físico cósmico, nuestro plano astral del sistema.

b.      Al cuarto éter cósmico, el plano búdico.

c.      Al segundo éter cósmico, el plano monádico o el plano de los siete Hombres celestiales.

d.     Al plano astral cósmico, entrando así en contacto con la naturaleza de deseos de Dios.

Lógicamente, el método involucra un vasto conocimiento de la sustancia dévica y exige una comprensión intuitiva de sus órdenes y grupos -las notas clave de esos órdenes y de los pla­nos- y también de la triple naturaleza de la sustancia y además saber cómo trabajar con el tercer tipo de fuerza eléctrica, el tipo de energía que pone al hombre en contacto con los fenómenos foráneos al sistema. De allí que dicha fuerza siga siendo desco­nocida y, por ahora, sólo los iniciados superiores pueden hacer contacto con ella.

Nuevamente se verá por qué los Agnisuryas son de tan su­prema importancia; personifican una fuerza que es una emana­ción directa del plano astral cósmico, que revela -cuando está tríplemente fusionada- la naturaleza de deseo de nuestro Hombre celestial y de cualquier Logos planetario particular. En los opuestos, denominados por los teólogos “Cielo e Infierno”, tene­mos dos de estos tipos de fuerza, y en este concepto tenemos ade­más una de las claves para el plano astral.

2. Resumen. Antes de entrar a considerar esos devas que se ocupan de la construcción del cuerpo causal del hombre y son el grupo de enlace entre la Triada y el Cuaternario, tanto en el hombre como en el Logos, enumeraremos brevemente los grupos principales de Agnisuryas que se hallan en el plano astral del sistema, pues forman, en su totalidad, el cuerpo de manifestación del gran deva o Señor Raja del piano correspondiente.

Primero. El Señor Raja, gran deva Varuna, Vida central de la sustancia del plano astral de nuestro esquema planetario, que a su vez es la avanzada de la conciencia de ese Deva mayor que personifica a la sustancia del plano astral solar, el sexto subplano del plano físico cósmico, quien, a Su vez, refleja también a Su prototipo, esa gran Entidad cósmica que anima al plano astral cósmico.

Segundo. Los siete grandes devas, fuerza positiva de cada uno de los siete subplanos del plano astral del sistema.

Tercero. Varios grupos de devas, que realizan diferentes fun­ciones, llevan a cabo diversas actividades y producen resultados constructivos. Pueden ser enumerados, teniendo presente que sólo tratamos con algunos de los muchos grupos existentes, habiendo un sinnúmero de ellos cuyo nombre es absolutamente desconocido para el hombre y, si fueran mencionados, serían ininteligibles:

1.       Aquellos devas que forman la sustancia atómica perma­nente de todas las mónadas, ya sea en encarnación física o fuera de ella. Se dividen en siete grupos de acuerdo al Rayo de la Mónada.

2.      Aquellos devas que forman el aspecto “líquido” del cuerpo físico de los Logos planetario y solar. Constituyen miríadas, e incluyen a las existencias dévicas desde las que animan al plano astral y a las corrientes astrales de naturaleza religiosa y aspira­cional superior, hasta los pequeños espíritus del agua, reflejo de dichas entidades astrales precipitadas en materia física acuosa.

3.      Un grupo de devas que constituyen el cuerpo de deseos de esa gran entidad que anima al reino animal. Son la total manifes­tación kámica (divorciada de la mentalidad) del deseo animal en su aspecto impulsor e incentivador.

4.      Ciertos devas que -por ser de tercer orden- constituyen el Cielo del cristiano o creyente ortodoxo común de cualquier cre­do. Otro grupo -de séptimo orden- constituye el infierno para el mismo tipo de pensador.

5.      Aquellos devas que constituyen la vida astral de cualquier forma mental. Nos ocuparemos de esto más adelante cuando estu­diemos la construcción de formas mentales.

6.      Un misterioso grupo de devas íntimamente relacionados en la actualidad con la expresión sexual de la familia humana en el plano físico. Grupo que en esta oportunidad ha sido impulsado a la existencia, y personifica el fuego de la expresión sexual tal como lo comprendemos, impulso o instinto que se halla detrás del deseo sexual físico. Dominó en la cuarta raza raíz, época en que las con­diciones sexuales alcanzaron una etapa de increíble horror desde nuestro punto de vista. A dichos devas se los va controlando gra­dualmente y, cuando el último lemuriano haya pasado a la quinta raza raíz, este grupo, lenta y totalmente, habrá desaparecido del sistema solar. Se halla relacionado con el “fuego” pasional del Logos solar y con uno de Sus centros en particular; dicho centro está paulatinamente entrando en la oscuridad y su fuego será transferido a un centro más elevado.

7.      Hay también un grupo de devas vinculados a la Logia de Maestros, cuyo trabajo consiste en construir las distintas formas de aspiración, que puede lograr el hombre común. Se clasifican en tres grupos, vinculados con la ciencia, la religión y la filosofía, y por intermedio de los grupos de sustancia dévica, quienes dirigen estos tres sectores llegan hasta los hombres. Constituyen uno de Sus canales para trabajar. El Maestro Jesús se halla especialmente activo en esta línea, trabajando en la línea científica en colabora­ción con ciertos adeptos, que -mediante la deseada unión entre la ciencia y la religión- tratan de destruir por una parte el materialismo occidental y por otra la devoción sentimental de la ma­yoría de los devotos de todos los credos. Esto es posible ahora debido a que está saliendo el sexto Rayo y entrando el séptimo. Los estudiantes deben tener presente cuando estudian los planos -la sustancia y energía de los planos-, que éstos cambian conti­nuamente pues se hallan condicionados por el flujo y el reflujo. La materia de todos los planos circula y, cíclicamente, ciertas partes están más energetizadas que otras; de este modo se halla sometida a una triple influencia o -empleando otras palabras- la sustancia dévica está sujeta a un estímulo cíclico triple:

1.       El estimulo de rayo, depende del rayo que se halle en el poder. Es intersistemático y planetario.

2.      El estímulo zodiacal, proveniente de fuera del sistema, siendo también cósmico y cíclico.

3.      El estímulo solar, impacto de la fuerza o energía que pro­viene directamente del sol sobre la sustancia de un plano; emana del “corazón del Sol” y es particularmente potente.

Todos los planos se hallan sujetos a esta triple influencia pero, en el caso de los planos búdico y astral, la fuerza de este tercer estímulo es enorme. Los adeptos -trabajando juntos con los gran­des devas- utilizan la oportunidad cíclica para lograr resultados definidamente constructivos.

8.     Un grupo de devas estrechamente conectado con los mis­terios de la iniciación. Constituyen lo que se llama esotéricamente el “Sendero del Corazón” y son el puente entre los planos astral y búdico. De ninguna manera están vinculados con los átomos permanentes del cuerpo causal, pero están totalmente asociados con la hilera central de pétalos del loto egoico o con los “pétalos de amor”. Por una parte la fuerza interactúa entre los tres pétalos, y por otra sobre los devas que forman el “Sendero del Corazón” los cuales son el puente de materia astral-búdica por el cual los iniciados de cierto tipo místico realizan el “gran acercamiento”.

9.      Devas de todo grado y capacidad vibratoria, quienes cons­tituyen todos los tipos de deseo.

10.  Los devas de fuerza transmutadora. Constituyen un grupo peculiar de devas que personifican los “fuegos de transmutación” y tienen varios nombres, como por ejemplo:

Las hogueras de purificación.

Los elementos fundidores.

Los dioses del incienso.

Por ahora resulta imposible e igualmente inútil enumerar otros; se ha considerado conveniente llevar al conocimiento de los estudiantes estos innumerables tipos de sustancia dévica debido a la importancia primordial que tiene el cuerpo astral en los tres mundos. Dominando estas vidas dévicas, “transmutando el deseo” en aspiración y por medio de los fuegos purificadores del plano astral, el hombre oportunamente adquirirá conciencia búdica.

El reconocimiento del poder purificador de los fluidos ocultos -agua y sangre- ha hecho que los cristianos (aunque errónea­mente interpretado) den tanta importancia a ambos.

3. LOS ANGELES SOLARES - LOS AGNISHVATTAS.

Observaciones de Introducción.

Iniciamos aquí el estudio de los Agnishvattas o devas del Fuego en el plano mental, introduciéndonos así en el maravilloso tema relacionado con nuestra evolución planetaria; contiene uno de los significados más esotéricos para el hombre, pues dichos Ángeles ([34]) solares conciernen a la propia naturaleza esencial del sol y cons­tituyen el poder creador mediante el cual trabaja. Esto es de máximo interés e importancia para todo propósito práctico y para elucidar la evolución espiritual del hombre, y merecería ser una de las partes del tratado más ampliamente estudiada. El hombre siempre se interesa profundamente en sí mismo y, antes de llegar a desarrollarse debidamente, debe comprender científicamente las leyes de su propia naturaleza y la constitución de su propia “ma­nera de expresarse”. También ha de comprender algo de la interre­lación de los tres fuegos a fin de poder “resplandecer” en el futuro.

La cuestión de estos Dhyanes del Fuego y su relación con el hombre es un misterio muy profundo, y todo el tema está tan entretejido de leyendas intrincadas que desespera a los estudiantes lograr la deseada y necesaria claridad mental. No será posible todavía disipar completamente las nubes que velan el misterio central, pero quizás por medio de la apropiada clasificación y sín­tesis y una precavida amplificación de los datos impartidos, las ideas del estudiante consciente puedan ser menos confusas.

Hay dos enunciaciones en La Doctrina Secreta que el lector ocasional pasa por alto, pero si se medita debidamente sobre ellas, encierran mucha información Observemos las dos enunciaciones:

1.       Se requieren dos principios vinculadores. Para ello es ne­cesario el fuego espiritual viviente del principio medio proveniente de los estados quinto y tercero del Pleroma. Dicho fuego es propiedad de los Triángulos.

2.      Estos Seres son Nirvanas de un Mahamanvantara anterior.

Hemos considerado algo respecto a los devas de tendencia evolu­tiva burdamente agrupados y también sobre los Pitris lunares. ([35]) Éstos se dividen en cuatro grupos y se ocupan de la construcción del cuerpo físico dual del hombre, de sus cuerpos astral y mental inferior, energetizados por la fuerza de los Pitris a través de los átomos permanentes. Pero para los propósitos de la naturaleza sub­jetiva del hombre, deben ser estudiados los tres grupos -etérico, astral y mental inferior. El trabajo de los Agnishvattas (los principios autoconscientes, los Constructores o erectores del cuerpo egoico en los niveles mentales superiores) consiste en unificar los tres principios superiores -atma, budi, manas- y los tres inferiores, y así llegar a ser en realidad el principio medio del hombre. Ellos mismos tienen su origen en el principio medio logoico. ([36]) De esta manera se completa el Siete esotérico. Como sabemos el cuerpo físico en su más densa manifestación, considerado esotéricamente, no es un principio.

Los devas de los niveles mentales inferiores, en lo que respecta al  hombre, trabajan por intermedio de la unidad mental y, gene­ralizando, están divididos en cuatro grupos, siendo, en efecto, la primera condensación del triple cuerpo inferior del hombre. For­man parte de su cuerpo lunar. Se hallan directamente vinculados con las esencias espirituales más elevadas y representan la mani­festación de fuerza más inferior que emana del plano mental cós­mico, vinculándose con la Jerarquía humana por medio de las uni­dades mentales. Constituyen los devas gaseosos del cuerpo físico Logoico. No nos ocuparemos de ellos muy detalladamente aquí, pues a medida que estudiemos el tema del quinto principio se irán aclarando ciertos puntos; se obtendrán más datos del trabajo que realizan, en conexión con el hombre, a medida que prosegui­mos. Mayor información sólo traería complicaciones.

Comprendamos con toda claridad qué es lo que estamos tra­tando: Vamos a considerar:

1.       Ese quinto estado de conciencia llamado plano mental.

2.      La sustancia de ese plano tal como existe en su aspecto dual, rupa y arupa. ([37])

3.      Las vidas que animan a la materia, especialmente en su relación con el hombre.

4.      Los Egos o entes autoconscientes que constituyen el punto medio en la manifestación.

5.      La construcción del cuerpo causal, la apertura del Loto egoico y la construcción de esos grupos que llamamos egoicos.

6.      La individualidad de esas Existencias denominadas

a.      Agnishvattas,

b.      Manasadevas.

c.      Dhyanes del Fuego,

d.     Ángeles solares o Pitris solares,

e.      Asuras, y muchos otros nombres con que se las menciona en los libros ocultistas.

 Existe gran confusión en la mente de los estudiante respecto a la diferencia existente entre los Agnishvattas que encarnaron en el hombre, y aquellos que simplemente fueron responsables de la implantación de la chispa manásica o mental en el hombre animal. Esto nos introduce en el tema de la individualización y de la encar­nación de ciertas existencias espirituales, a quienes -cuando poseen cuerpo- se los denomina Avatares, Budas de Actividad o manifestaciones directas del Logos. Todo el misterio se halla oculto en la relación que existe entre las Mónadas individuales que for­man los diversos centros en el cuerpo de un Logos planetario y la Entidad autoconsciente de ese Logos planetario. El estudiante debe recordar el hecho de que el plano mental es el primer aspecto del cuerpo físico denso del Logos planetario, siendo el plano búdico un plano etérico cósmico y donde se encuentran los centros etéricos de un Hombre celestial.

Desde el plano búdico (en sentido planetario o solar) provienen la vitalidad y el impulso que energetizan al vehículo físico denso a fin de realizar una actividad coherente e intencionada; por con­siguiente, en el plano mental es donde primero se siente este im­pulso y se establece el contacto entre ambos. Aquí hay un indicio que servirá a un propósito si se medita sobre él. El estudiante de­bería estudiar el lugar y el propósito del plano mental y su relación con el Logos planetario y el Logos solar. A medida que investiga más estrechamente la naturaleza de su propio cuerpo etérico, debe ampliar ese conocimiento hasta los niveles superiores esforzándose por comprender la constitución de la esfera mayor de la cual es una parte. Cuando la naturaleza de sus centros y la acción efectiva sobre su propio cuerpo físico denso sean mejor captadas, llegará a comprender más plenamente el correspondiente efecto producido en el cuerpo del Logos.

En el plano mental (reflejo en los tres mundos de los estados tercero y quinto del Pleroma) se siente toda la fuerza de la vita­lidad etérica. Un indicio respecto a su significado se podría hallar en el hecho de que el cuerpo etérico del hombre recibe prana y lo trasmite directamente al cuerpo físico; la vitalidad de la estructura física se ha de medir en gran parte por la condición y acción del corazón. El corazón hace circular la vitalidad hacia las miríadas de células que constituyen el cuerpo físico denso; se observa algo análogo en el hecho de que estos devas del fuego son “el Corazón del cuerpo Dhyan chohánico”, ([38]) porque su ener­gía procede del sol espiritual así como la energía de los devas  pránicos del cuerpo etérico viene del sol físico. Esta energía de los Agnishvattas se manifiesta en el plano mental, el subplano ga­seoso del físico cósmico, así como la energía de los centros etéricos del cuarto subplano etérico se manifiesta primero y potentemente en la materia gaseosa del cuerpo físico. A esto se debe que los Hijos de la Sabiduría, que personifican el principio búdico, la fuerza de la vida o el aspecto amor, sean conocidos en el quinto plano como principios autoconscientes; budi emplea a manas como vehículo; los escritores esotéricos frecuentemente hablan en térmi­nos de vehículo. El Ego o la Entidad autoconsciente es en esencia y en verdad Amor-Sabiduría, pero se manifiesta principalmente como conciencia inteligente.

Debemos estudiar cuidadosamente la afirmación concerniente a kama-manas que trata de las condiciones que producen la indi­vidualización, permitiendo venir al Ser autoconscientemente a esas Mónadas que procuran expresarse plenamente. La afirmación es la siguiente:

Sólo cuando el centro cardiaco de un Hombre celestial (cada uno en su correspondiente ciclo y cada uno cíclicamente diferente) se vitaliza y alcanza cierta capacidad vibratoria es posible que las Mónadas, de acuerdo a la ley, se individualicen.

Repito, sólo cuando el triple cuerpo físico denso de un Logos planetario (tal como lo expresan nuestros tres mundos, los planos mental, astral y físico denso) ha alcanzado la vibración correspon­diente y repetido el desarrollo cíclico del mahamanvantara ante­rior, se produce ese contacto vibratorio que hace que los grupos egoicos en el plano mental resplandezcan. Ello da lugar a la mani­festación de los impulsos del corazón del Hombre celestial, y de esta manera impele a la objetividad a esas Mónadas (energetizadas por la vida del Corazón) que forman diversos centros. En El Antiguo Comentario se dice:

“Cuando el Corazón del Cuerpo palpita con energía espiritual y cuando su contenido séptuple vibra por el impulso espiritual, la corriente se extiende y circula, y la divina manifestación se convierte en Realidad; el Hombre divino encarna.”

En el plano físico la analogía la constituye el estímulo de la vida que se siente entre el tercero y cuarto mes del período prenatal, cuando el corazón del niño vibra con vida y la existencia indivi­dual se convierte en posibilidad.

Esta vibración de vida emana del alma de la madre (analogía del Pleroma o alma universal) y coincide con el despertar de la tercera espirilla del átomo físico permanente del niño. Debe te­nerse presente que así como en cada ronda todas las etapas pre­cedentes son rápidamente recapituladas, y en el período prenatal, durante el proceso formativo, el feto recapitula la historia de los reinos precedentes, del mismo modo puede verse un procedimiento similar en el sistema solar. Cuando cierto punto ha sido alcanzado y los tres planos inferiores vibran o son energetizados, la encarna­ción cósmica se convierte en una posibilidad; el “Corazón” des­pierta ocultamente y nace el “Hijo de Dios”, la expresión del deseo y del amor del Logos. ([39]) ([40]) La encarnación cósmica de ciertos excel­sos Seres llega a la consumación, y uno de sus indicios es la apa­rición de grupos egoicos en niveles mentales y la individualización resultante. El método y el tiempo pueden variar de acuerdo a la naturaleza de cualquier Logos planetario particular, pero para to­dos y cada uno el “Corazón del Cuerpo” ha de vibrar con la vida que despierta, antes que la respuesta venga desde lo inferior. Los Pitris lunares también han de llevar a cabo su trabajo en nuestro esquema y sistema antes que los ángeles solares, vibrando ante la expectativa, tomen posesión de las formas preparadas por su es­fuerzo y las estimulen para adquirir vida autoconsciente y existen­cia separada. Así los cuatro grandes esquemas en el sistema solar, los vehículos para cuatro de los Logos planetarios (que constituyen el Cuaternario logoico), han de alcanzar cierta etapa de capacidad vibratoria y de conciencia antes de que un acontecimiento similar pueda ocurrir en toda su magnitud en el sistema solar, sintetizán­dose los cuatro inferiores y los tres superiores. El corazón logoico vibra y la respuesta llega de todos los esquemas, debido a que tres espirillas vibran en cada uno de ellos, pero el Hijo de Dios no es todavía plena y cósmicamente autoconsciente. Cuando llega la respuesta, los centros despiertan. Un centro logoico responde plena­mente al estímulo del corazón, y es Venus, quien está pasando por la última ronda.

El estudiante comete un error si disocia nuestro sistema solar del anterior y considera que el pralaya, al finalizar este mahaman­vantara, será la última y total consumación de todas las cosas. En el sistema precedente, el plano físico cósmico alcanzó cierta ca­pacidad vibratoria, y los devas de las hogueras internas llegaron (relativamente hablando) a obtener un alto grado de evolución; entonces resplandecieron los “fuegos de la materia”. Ciertas Exis­tencias alcanzaron la autoconciencia en el sistema anterior, son los “nirvanas” de los cuales habla H. P. B. ([41]) Como es de esperar, están caracterizados por la inteligencia activa, realizada y desarro­llada por medio de la evolución materialista durante un  mahamanvantara anterior. Son  los Manasadevas y, en su totalidad, los vehículos de la Mente divina, las fuerzas dhyan-chohánicas, el con­junto de los Ah-hi. Ciertas eventualidades son posibles debido a que en el actual sistema solar está predominando la vibración del plano astral cósmico, la cual llega por medio del cuarto éter cós­mico (donde se hallan, como anteriormente se ha indicado, los centros etéricos de los Logos planetarios) y de nuestro plano astral del sistema. Los “Hijos del deseo”, logoicos o humanos, pueden aprender ciertas lecciones, pasar ciertas experiencias y agregar la facultad de amor-sabiduría a la inteligencia previamente adquirida.

Nuestro Logos solar y los Hombres celestiales están polari­zados en el plano astral cósmico, y el efecto que produce Su energía vital al afluir a través del “Corazón” del sistema, puede observarse en la actividad que despliega el plano astral y en la parte que el sexo y la pasión desempeñan en la evolución del hombre. Al fina­lizar este mahamanvantara habrá nirvanas preparados para mani­festarse en el tercer sistema venidero, y constituirán, en esencia, “amor inteligente activo”, debiendo esperar hasta que los cinco planos inferiores del sistema hayan alcanzado la etapa vibratoria que les permitirá entrar en dicho sistema, así como los nirvanas del actual sistema debieron esperar que los tres planos inferiores fueran capaces de vibrar en respuesta. Estamos hablando aquí en términos de Hombres celestiales. En el esquema terrestre su ana­logía se halla oculta en el advenimiento de los Egos en la tercera ronda, en la tercera raza raíz y en la tercera cadena. La individua­lización, tal como la entendemos, no fue posible hasta lograr el “tercer estado del Pleroma”, ya sea universalmente en lo que se refiere al Hombre celestial o en conexión con la unidad humana.

Si se considera este tema de abajo hacia arriba el animal del tercer reino es el que debiera individualizarse. Viéndolo de arriba hacia abajo es el quinto reino, el espiritual, que anima al tercero y produce el cuarto o el reino humano autoconsciente. Esta enume­ración debería ser estudiada porque encierra un misterio y aun­que el verdadero significado oculto no será revelado hasta la tercera Iniciación mayor, ni totalmente comprendido hasta la quin­ta, sin embargo, siempre puede afluir la luz sobre tema tan difícil. Del mismo modo, en el próximo sistema solar, la individualización (término inadecuado para ser aplicado a un estado de conciencia inconcebible aún para un iniciado de tercera Iniciación) no será posible hasta la segunda o la sexta etapa del Pleroma. Entonces, la conciencia resplandecerá en el plano monádico, que constituirá el plano de la individualización. Todos los estados de conciencia inferiores a ese nivel elevado serán para el Logos lo que es para Él ahora la conciencia de los tres mundos Así como el cuerpo físico del hombre no es un principio en la actualidad, todos los planos inferiores al cuarto éter cósmico tampoco son considerados un prin­cipio por el Logos.

Nuestros Angeles solares o devas del fuego actuales, ocuparán entonces una posición análoga a la de los Pitris lunares en la actualidad, pues todos formarán parte de la conciencia divina y, sin embargo, serán esotéricamente considerados como que se hallan “por debajo del umbral” de la conciencia. El hombre tiene que aprender a controlar, guiar y utilizar las sustancias dévicas de las cuales están compuestos sus cuerpos inferiores; esta meta implica el desarrollo de la plena autoconciencia, lograda por intermedio de los ángeles solares o constructores y vitalizadores del cuerpo egoico; mediante éstos la autoconciencia se convierte en una reali­dad. En el próximo sistema solar, tampoco representarán el tipo de conciencia a que aspira el hombre, pues tendrá que aspirar a más grandes realizaciones y, nuevamente en sentido oculto, “apoyando sus pies sobre ellas” las logrará aún mayores. En el actual sistema solar, debe ascender apoyando sus pies sobre la serpiente de la materia. Dominando la materia se eleva y se convierte en una serpiente de sabiduría. En el próximo sistema solar, ascenderá por medio de la “serpiente de sabiduría”, y dominando y controlando a los Agnishvattas logrará algo que ni aún la mente iluminada del más elevado Dhyan Chohan puede concebir.

a. El Quinto Principio.

Los Angeles solares son los Pitris, los Agnishvattas, los gran­des devas de la Mente, los constructores del cuerpo del Ego y pro­ductores de la individualización o logro de la conciencia.

Algunas afirmaciones amplias y generales fueron expuestas a fin de abocarnos a esta materia estupenda y práctica, en un es­fuerzo por vincular con el pasado y el futuro al actual sistema solar en su aspecto manásico fundamental.

            La parte que ahora abordaremos concierne al desarrollo de los divinos Manasaputras, considerados como un todo colectivo con­teniendo a la Mente divina y también a la Mónada individual que responde a Su vida y forma parte del cuerpo de estos Dhyan Budas.

a. Considerados cósmicamente. Aquí tiene cabida una frase oculta. Encierra la clave del misterio de los quíntuples Dhyanes:

“Los Tres superiores cíclicamente al unísono trataron de conocer y ser conocidos. Los Tres inferiores (sin contar al octavo) nada sabían ni veían, sólo oyeron y tocaron. El cuarto no tenía lugar. El Quinto (que es también el cuarto) formó en el punto medio una TAU cósmica, que fue reflejada sobre el Séptimo cósmico.”

H. P. B. afirma ([42]) ([43]) que cuando la Mónada se individualiza tiene más conciencia espiritual que la misma en su propio plano, el se­gundo. Debe recordarse aquí que los Logos planetarios encarnan sólo físicamente en nuestro sistema; sus cuerpos de individualiza­ción se hallan en el planos mental cósmico, por consiguiente, les resulta imposible expresarse plenamente durante la manifestación. Por lo tanto, durante la manifestación, el hombre es apenas capaz de expresarse a sí mismo plenamente cuando adquiere la “concien­cia de los lugares elevados”. Antes de estudiar este quinto prin­cipio debemos señalar que los Manasaputras divinos, en su propio plano, deben ser considerados desde el punto de vista de la encar­nación física, mientras que el hombre puede ser considerado desde lo que para él constituye un aspecto espiritual. ([44])

 

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La individualización humana o la aparición de los entes autoconscientes en el plano mental, involucra un desarrollo mayor, porque se sincroniza con la apropiación, por el Logos planetario, de un cuerpo físico denso; este cuerpo está compuesto de materia de nuestros tres planos inferiores. Cuando los centros etéricos de los Manasaputras en el cuarto plano etérico cósmico se vitalizan, producen una acrecentada actividad en el plano mental del sistema, el gaseoso cósmico, y la conciencia del Hombre celestial y Su energía vital empiezan a hacerse sentir. Simultáneamente, de acuerdo a la Ley, la fuerza mental o energía manásica afluye desde el quinto plano cósmico, el mental cósmico. Esta energía dual, al entrar en contacto con aquello que es inherente al cuerpo físico denso del Logos, produce analogías en los centros de ese plano y aparecen los grupos egoicos. Contienen fusionados en potencia los tres tipos de electricidad, constituyendo ellos mismos fenómenos eléctricos. Están compuestos de esos átomos o tipos de vidas que forman parte de la cuarta Jerarquía creadora, el conjunto de Mónadas puramente humanas. Similarmente, esta triple fuerza, producida por la apropiación consciente del Hombre celestial, anima a la sustancia dévica, y el cuerpo físico denso del Logos planetario se manifiesta objetivamente. Esto es lo que se quiere significar en la enunciación de que los devas se encuentran únicamente en los tres mundos. Afirmación análoga a aquella donde se expresa que la humanidad se halla sólo en los tres mundos, sin embargo, las mónadas huma­nas, en sus siete tipos, se encuentran en el plano del espíritu -el plano de la dualidad- así como también las mónadas dévicas.

Los estudiantes deberían recordar que estos temas esotéricos pueden expresarse de doble manera:

En términos de los tres mundos, o desde el punto de vista del cuerpo físico denso logoico.

En términos de fuerza o energía, o desde el punto de vista del cuerpo logoico pránico o de vitalidad, los cuatro éteres cósmicos.

Lo que comprendemos por quinto principio sólo es la expre­sión en el plano causal de esa fuerza o energía que emana del cuerpo causal logoico en el quinto plano cósmico, por intermedio de la analogía logoica de la unidad mental. (Dichas analogías implican un concepto mucho más avanzado que el que puede tener un ini­ciado en la actualidad.) En la quinta ronda, el significado interno será más evidente para el discípulo. A medida que la voluntad logoica se transmuta gradualmente en deseo, produciéndose así la encarnación física, tiene lugar un enorme descenso de fuerza vita­lizadora desde el quinto plano cósmico hasta llegar a nuestro quinto plano, el mental. Esta fuerza es la que, en el exacto momento cíclico, en tiempo y espacio y en los tres mundos, produce ciertos acontecimientos, Su cuerpo físico denso. El primero es la apropia­ción, por el Logos, de ese vehículo físico denso y el surgimiento a la manifestación del Sol físico y de los planetas físicos. Aunque desde nuestro ángulo esto abarca un período de tiempo inconcebiblemente vasto, para el Logos es sólo el breve período de gestación que sufren todos los cuerpos. Otro acontecimiento importante lo constituye la apropiación, por los distintos Prajapatis ([45]) u Hombres celestiales, de sus cuerpos físicos -también en distintas épocas de acuerdo a su etapa evolutiva. Esto por lo general sucede primero a los tres, luego a los siete. Una idea del significado de esta dife­rencia se podrá vislumbrar cuando se estudie el proceso de la encarnación del ego.

Por lo tanto, ¿ qué encontramos? Ante todo, el impulso o la voluntad de ser que emana del plano mental; luego, deseo que emana del plano astral, produciendo la manifestación en el fí­sico denso.

Esta idea debe extenderse a los tres Logos o Aspectos logoicos, entonces tenemos la clave del misterio de los nueve Sephiroth, la triple Trimurti.

Puede además observarse el otro acontecimiento -la apropia­ción, por las Mónadas individuales de sus cuerpos de manifesta­ción, en un período aún posterior en tiempo y espacio.

La afluencia de esta fuerza de energía, que emana del quinto Principio logoico, da lugar a dos cosas:

La apropiación, por el séptuple Logos, de Su cuerpo físico denso. La aparición de los cuerpos causales de las Mónadas humanas, en el quinto plano del sistema.

La encarnación para la Vida mayor.

La individualización para las vidas menores. Debe reflexionarse sobre esto.

Será evidente para todos los pensadores por qué el quinto prin­cipio hizo vibrar el tercer aspecto para que entrara en actividad autoconsciente.

b. Considerados hilozoísticamente. ([46]) Continuando nuestra consideración del quinto Principio logoico, lo analizaremos en su aspecto hilozoísta. Hemos visto que puede ser, considerado como la fuerza, la energía o la cualidad que emana de la unidad mental logoica en el plano mental cósmico; necesariamente esto tiene un efecto definido en el quinto plano del sistema y en el quinto sub­plano del plano físico, el gaseoso. Antes de tratar en detalle el tema de los Agnishvattas, tres puntos deben tenerse en cuenta.

Primero, se ha de recordar que todos los planos de nuestro sistema, considerados como sustancia dévica, forman las espirillas en el átomo físico permanente del Logos solar. Esto ha sido ya señalado antes, pero es necesario que volvamos a insistir sobre este punto. Toda conciencia, toda memoria y toda facultad están depo­sitadas en los átomos permanentes. Aquí estamos tratando de esa conciencia; sin embargo, el estudiante debe tener en cuenta que en los subplanos atómicos se centraliza la conciencia logoica (por muy alejada que esté de la Realidad). Este átomo permanente del sistema solar, que tiene la misma relación con el cuerpo físico logoico que el átomo permanente humano con el del hombre, es un receptor de fuerza y, por lo tanto, recibe emanaciones de fuerza de otra fuente foránea al sistema. Una idea de la naturaleza iluso­ria de la manifestación, tanto humana como logoica, puede ex­traerse de la relación que existe entre los átomos permanentes y el resto de la estructura. El cuerpo físico humano no puede existir separado del átomo permanente.

Igualmente las formas y los reinos difieren de acuerdo a la naturaleza de la fuerza que fluye a través de ellos. En el reino animal lo que corresponde al átomo permanente, responde a la fuerza de carácter involutivo que emana de un grupo determinado. El átomo permanente humano responde a la fuerza que emana de un grupo en el arco evolutivo y del Rayo de un Logos planetario particular, en Cuyo cuerpo la Mónada humana tiene un lugar definido.

Segundo, por lo que antecede, será evidente que en este pe­ríodo de afluencia y desarrollo manásicos nos concierne la adquisi­ción de la plena vitalidad y la entrada en actividad de la quinta espirilla logoica; esta vitalización se manifiesta en la intensa acti­vidad del plano mental y en la triple naturaleza de los fenómenos eléctricos que en él se observa.

a.  El subplano atómico ................ átomos manásicos .............  Positivo permanentes.

b. El cuarto subplano .....................unidades mentales ............. Negativo.

c. Los grupos egoicos          ................... cuerpos causales ...............  Neutro o equili­brio.

Esto se halla en proceso de manifestación durante el transcurso de la evolución. Tratamos aquí del aspecto sustancia y consideramos a la energía en sus diversas manifestaciones. La respuesta de la sustancia dévica a la afluencia de fuerza en el plano mental tiene un triple efecto en conexión con el Logos o el Septenario:

1.       Produce una actividad muy acrecentada, en los centros logoicos, en el cuarto éter cósmico, debido a la acción re­fleja que se siente arriba o abajo del plano de actividad.

2.      Estimula los esfuerzos de las especies más desarrolladas del tercer reino, produciéndose en ello un efecto dual, pues aparece el cuarto reino de la naturaleza en el plano físico y las Tríadas se reflejan en los cuerpos causales que se encuentran en el plano mental.

3.      Como ya se ha dicho, el físico denso está ligado y coor­dinado con los cuerpos etéricos de los Logos solar y planeta­rio. En consecuencia los tres planos inferiores se sinte­tizan con los cuatro superiores, y los devas de un maha­manvantara anterior o ciclo solar, entran en conjunción con aquellos que pertenecen a un nuevo orden y espe­raban las condiciones adecuadas. La encarnación física del Logos se completa. Los tres reinos inferiores, que son negativos a la fuerza superior, la atracción mutua de ambos y su interacción, traen a la existencia al cuarto reino o humano. Los tres fuegos: de la mente, del Espíritu y de la materia se unen, iniciándose el trabajo de la plena autoconciencia.

Por último, el estudiante debería reflexionar muy cuidado­samente sobre el significado de los números tres, cuatro y cinco en la evolución de la conciencia. Hasta ahora, la numerología ha sido estudiada principal y correctamente desde el aspecto sustancia, pero no desde el punto de vista de la energía consciente. Los estu­diantes, por ejemplo, consideran generalmente a la Tríada como el triángulo formado por los átomos permanentes manásico, bú­dico y átmico; el cubo representa al hombre material inferior y la estrella de cinco puntas frecuentemente se interpreta en forma materialista. Todos estos puntos de vista son necesarios y deben preceder al estudio del aspecto subjetivo, pero el énfasis se pone más bien sobre lo material; sin embargo, el tema debe ser estu­diado sicológicamente. Los números citados en este sistema solar, son los más importantes desde el punto de vista de la evolución de la conciencia. En el sistema anterior, los números seis y siete ence­rraban el misterio. Eh el próximo sistema, serán el dos y el uno. Esto se refiere al desarrollo síquico. Permítaseme ilustrar: La estrella de cinco puntas en el plano mental significa (entre otras cosas) la evolución, por medio de los cinco sentidos, en los tres mundos -factibles también de una quíntuple diferenciación- del quinto principio, la adquisición de la autoconciencia y el desarrollo de la quinta espirilla.

En el plano búdico, cuando este número resplandece en la iniciación, significa el pleno desarrollo del quinto principio o cualidad -el ciclo completo del Ego en los cinco Rayos regidos por el Mahachohan- la asimilación de todo lo que ha de aprenderse respecto a ellos y la obtención no sólo de la plena autoconciencia, sino también de la conciencia del grupo al cual pertenece el individuo. Implica también el pleno desenvolvimiento de cinco pétalos egoicos, quedando dos, los cuales se abrirán antes de la iniciación final.

Durante las iniciaciones que se llevan a cabo en el plano men­tal la estrella de cinco puntas aparece resplandeciente sobre la cabeza del iniciado. Significa que las tres primeras iniciaciones se reciben por intermedio del vehículo causal. Se ha dicho que las dos primeras se llevan a cabo en el plano astral, lo cual es correcto, pero ha dado lugar a una mala interpretación. Se sienten grande­mente en los cuerpos físico, astral y mental inferior, controlándolos. Debido a que se siente el efecto principal en esos cuerpos, el ini­ciado puede interpretarlo como que ha tenido lugar en los planos correspondientes, pues el efecto es muy vivido y estimula amplia­mente al cuerpo astral. Debe recordarse siempre que las iniciacio­nes principales se reciben en el cuerpo causal o -cuando están des­vinculadas de ese cuerpo- en el plano búdico. En las dos inicia­ciones finales, que liberan al hombre de los tres mundos y lo capa­citan para actuar en el cuerpo vital logoico y a manejar la fuerza que anima a ese  vehículo, el iniciado se convierte en la estrella de cinco puntas, que desciende sobre él, se fusiona con él y se lo ve en el centro de la misma. Este descenso lo produce la actividad del Iniciador, que maneja el Cetro de Poder, poniendo al hombre en contacto con ese centro en el Cuerpo del Logos planetario del cual es una parte, ello se efectúa conscientemente. Las dos iniciaciones llamadas sexta y séptima tienen lugar en el plano átmico; la estrella de cinco puntas “resplandece desde dentro de sí misma” según una expresión esotérica, y se convierte en la estrella de siete puntas, la cual desciende sobre el hombre, entonces él penetra en la Llama.

La iniciación y el misterio de los números conciernen prin­cipalmente a la conciencia, pero no fundamentalmente a la “capa­cidad de actuar en un plano” ni tampoco a la energía de la materia, como podría deducirse de lo que expresan tantos libros ocultistas. Se ocupan de la vida subjetiva, la vida como parte de la conciencia y autorrealización de un Logos planetario o Señor de un Rayo, y no de la vida en la materia tal como la comprendemos El Hombre celestial funciona en Su vehículo pránico, encontrándose allí Su conciencia en lo que a nosotros atañe en este sistema; trabaja cons­cientemente por intermedio de Sus centros.

Resumiendo:           Hay una etapa en la evolución de la conciencia en que el tres, el cuatro y el cinco se mezclan y fusionan perfec­tamente. De esto surge una confusión debido a dos causas, siendo ambas el punto de realización individual del estudiante. Interpre­tamos y matizamos las afirmaciones de acuerdo al estado de nues­tra conciencia interna. H. P. B. menciona esto ([47]) cuando trata de los principios; también la interpretación de estos números varía de acuerdo a la clave empleada. Se entra en el reino espiritual o quinto, cuando las unidades del cuarto reino han conseguido vita­lizar la quinta espirilla en todos los átomos del triple hombre infe­rior; cuando han desarrollado tres de los pétalos egoicos y están en proceso de desarrollar el cuarto y el quinto y cuando van adqui­riendo conciencia de la fuerza pránica del Hombre celestial.

c. Los Ángeles solares y el quinto principio. Podemos estu­diar ahora a las Entidades relacionadas con ese quinto principio y el efecto que produce sobre la evolución de la conciencia.

En lo que al hombre se refiere, los Ángeles solares o Agniswhat­tas, producen la unión de la Tríada espiritual o Yo divino, con el Cuaternario o yo inferior. En lo que se refiere al Logos solar o planetario, producen condiciones por las que el etérico y el físico denso se convierten en una unidad.

Representan un tipo peculiar de fuerza eléctrica; su trabajo consiste en mezclar y fusionar y, sobre todo, son los “fuegos trans­mutadores” del sistema y esos agentes a través de cuyos cuerpos flamígeros pasa la vida de Dios cuando desciende de lo superior a lo inferior y cuando asciende de lo inferior a lo superior. Los grupos más avanzados están relacionados con esa parte del centro logoico coronario que corresponde al corazón, y aquí reside la clave del misterio de kama-manas. Los ángeles kármicos son vitalizados desde el centro “cardíaco” y los ángeles manásicos desde el centro logoico coronario, por intermedio del punto, dentro de ese centro, conectado con el corazón. Estos dos grupos predominantes son la suma total de kama-manas en todas sus manifestaciones. Los ánge­les solares forman tres grupos que se relacionan con el aspecto autoconciencia y están energetizados y relacionados con la quinta espirilla del átomo permanente logoico, funcionando como una unidad.

Un grupo, el más elevado, está vinculado con el centro logoico coronario ya sea solar o planetario. Actúa con los átomos perma­nentes manásicos y representa la voluntad de ser en la encarna­ción física densa. Su poder se siente en el subplano atómico, y en el segundo subplano constituye la vida y sustancia de dichos planos. Otro grupo está definidamente relacionado con los cuerpos causales de todos los egos y es de principal importancia en este sistema solar. Viene desde el centro del corazón y expresa esa fuerza. El tercer grupo, que corresponde al centro laríngeo, demuestra su poder en el cuarto subplano por intermedio de las unidades men­tales. Es la suma total del poder del Ego para ver, oír y hablar (o emitir sonido) en sentido estrictamente esotérico.

Aquí se dará una indicación para aquellos que tienen el poder de ver. Estas constelaciones se relacionan con el quinto principio logoico en su triple manifestación: Sirio, dos de las Pléyades y una pequeña constelación que debe ser reconocida por la intuición del estudiante. Las tres rigen la apropiación por el Logos, de Su cuerpo denso. Cuando el último pralaya finalizó y el cuerpo etérico se hubo coordinado, se formó en los cielos, de acuerdo a la ley, un triángulo que permitió la afluencia de fuerza produciendo vi­bración en el quinto plano del sistema. Ese triángulo persiste aún y es la causa de la continua afluencia de fuerza manásica; está vinculado con las espirillas de la unidad mental logoica, y mien­tras persista Su voluntad de ser, la energía continuará afluyendo. En la quinta ronda se hará sentir su máxima potencialidad.

Considerando a las Entidades ([48]) que dieron el principio maná­sico al hombre, debemos recordar que son los seres que en manvan­taras anteriores lograron la realización y -en esta ronda- espe­raron el momento exacto para entrar, a fin de continuar su trabajo. Un caso similar puede verse en la entrada -durante la época atlante- de Egos provenientes de la cadena lunar. La similitud no es exacta, ya que una condición particular prevalecía en la luna, y un propósito kármico particular los trajo a todos en esa época.

Se ha de recordar aquí que en la Luna, el quinto principio de manas incubó normalmente y se desarrolló gradualmente el ins­tinto hasta fusionarse imperceptiblemente con manas, que es de naturaleza similar; en la ronda actual debido a una condición pe­culiar fue necesario un estímulo foráneo al planeta y este grupo especial de Pitris efectuó una transición de lo inferior a lo superior mediante un descenso de energía, por conducto del Primario de la Tierra, proveniente de un centro fuera del sistema.

Las tres rondas centrales, tanto en los planos como en los principios, son las más importantes para la evolución de los entes autoconscientes de este sistema, y este afán por lograr la perfección del tres, del cuatro y del cinco señala, tanto para el Logos plane­tario como para el hombre, el ciclo de madurez. Los ciclos anterior y posterior indican el progreso hacia la madurez y la cosecha de los frutos de anteriores experiencias. Las tres Aulas podrían ser consideradas desde este ángulo y ubicar el periodo central en el Aula del Aprendizaje.

En todos los planetas dichos manasadevas trabajan siempre en tres grupos, pero variando los métodos empleados de acuerdo a la etapa de evolución del planeta en cuestión y el karma de su Señor planetario. Su método de trabajo en la Tierra puede ser estu­diado en La Doctrina Secreta y tiene un interés muy significativo para los hombres en la actualidad. ([49]) Los tres grupos deben ser cuidadosamente considerados desde el punto de vista de su trabajo oculto, y son insinuados en las frases siguientes:

a.      Aquellos que rehusaron encarnar.

b.      Aquellos que implantaron la chispa de manas.

c.      Aquellos que tomaron cuerpo y modelaron el tipo.

El segundo grupo, el intermedio, puede subdividirse en dos grupos menores:

a.      Aquellos que implantan la chispa de manas,

b.      Aquellos que avivan y nutren la llama latente en los me­jores tipos del hombre animal,

formando así nuevamente cinco. Estas afirmaciones han sido acep­tadas en su valor intrínseco, pero se presta poca atención a su verdadero significado. Mucho se aprovecharía si el lector estudiara el tema desde el punto de vista de la energía y de la interacción magnética. Quienes rehusaron encarnar o energetizar con su vida las formas ya preparadas, actuaban de acuerdo a la Ley y su opo­sición a encarnar en estas formas se fundaba en la repulsión mag­nética. No podían energetizar las formas proporcionadas porque implicaba oponerse a aquello que esotéricamente es similar. La vida menor no era negativa a la Vida mayor. Allí donde fue im­plantada la Chispa tenemos la receptividad del aspecto negativo a la fuerza positiva y por lo tanto el progreso del trabajo. En todos los casos, tenemos sustancia dévica de una polaridad ener­getizada por otra polaridad con el objeto de producir -por mutua interacción- un equilibrio de fuerzas y obtener un tercer tipo de fenómeno eléctrico.

El tema de la llegada de los Señores de la Llama será diluci­dado de ahora en adelante con el título de “Individualización”. Aquí tratamos únicamente del trabajo que realizan estas fuerzas chohánicas desde el ángulo del sistema y del cosmos. Estas enti­dades solares, siendo Esencias inteligentes liberadas, estuvieron en un pralaya de naturaleza secundaria cuando llegó su momento de reaparecer en la manifestación. Cuando se emitió la PALABRA que produjo en la Tríada el deseo por autoexpresarse y cuando el soni­do de la manifestación inferior se hubo mezclado con ella y elevado a los Cielos, como lo expresan los libros esotéricos, se produjo un efecto que evocó una respuesta de ciertas constelaciones afines; éstas liberaron energía que se introdujo en el sistema solar, tra­yendo consigo aquellos ángeles solares que “descansaban en el Co­razón de Dios hasta que el momento fuera llegado”. Su aparición en el plano mental causó la unión del Espíritu con la materia y de esta unión nació una Entidad autoconsciente, el Ego. En niveles cósmicos, tiene lugar un proceso análogo en relación con estas ma­ravillosas Entidades, como ser el Logos solar y la Vidas septenarias.

Cuando la energía de un ser humano que trata de encarnar desciende desde el plano de intenso propósito, el plano mental, al vehículo físico en el quinto subplano o gaseoso, un estímulo algo análogo tiene lugar en el cuerpo logoico. Un proceso parecido tam­bién se efectúa en relación con esta energía del cuerpo humano al estimular la vida de una célula individual: ello provoca la relativa colaboración inteligente en el trabajo grupal y la capacidad de ocu­par su lugar en el cuerpo colectivo. Lo mismo pasa con las mónadas humanas, las células del cuerpo logoico. Cuando la ciencia reconoz­ca este hecho (lo cual demorará todavía algún tiempo) pondrá su atención sobre las esencias volátiles del cuerpo, principalmente en el centro cardíaco y su relación con estos elementos gaseosos. Se hallará que el corazón no sólo es la máquina que hace circular los fluidos de la vida, sino que también genera cierto tipo de esencia inteligente, factor positivo en la vida de la célula.

De esto puede obtenerse alguna idea respecto al proceso micro­cósmico, porque la individualización de los entes se realiza por un acontecimiento macrocósmico que produce efectos en el micro­cosmos.

Es necesario insistir aquí sobre un último punto. Esotéricamen­te comprendido, los cinco Kumaras o cinco Hijos de Brahma, naci­dos de la Mente, son los que personifican esta fuerza manásica en nuestro planeta; pero sólo reflejan (en la Jerarquía de nuestro planeta) la función de los cinco Kumaras o Rishis, Señores de los cinco Rayos que se manifiestan por intermedio de los cuatro pla­netas menores y el planeta sintetizador.

Estos cinco Kumaras constituyen los canales para esta fuerza, y uno de Ellos, el Señor del planeta Venus, personifica en Sí Mismo la función de la quinta Jerarquía. Esto explica la actividad de Ve­nus en el momento de la individualización en esta ronda. En la próxima ronda, esta quinta Jerarquía utilizará del mismo modo a nuestro esquema terrestre, entonces veremos a manas, en plena fructificación, actuando sobre la familia humana. Esta quinta Je­rarquía de Agnishvattas, en sus muchos grados, personifica el “principio Yo”, produce la autoconciencia y construye el cuerpo de realización del hombre. En tiempo y espacio y, en el plano men­tal, constituye el Hombre en su fundamental esencia, capacitándolo para construir su propio cuerpo de causas, desarrollar su propio loto egoico y liberarse gradualmente de las limitaciones de la for­ma que ha construido, y así entrar -a su debido tiempo- en la línea búdica de energía. En otras palabras, por medio de su tra­bajo el hombre puede llegar a ser consciente sin necesidad de uti­lizar el vehículo manásico, pues manas sólo es la forma por la cual se da a conocer un principio superior. La vida de Dios es influen­ciada cíclicamente por diferentes Jerarquías o fuerzas, las cuales construyen temporalmente su vehículo, la pasan a través de su sustancia, le dan de esta manera cierta cualidad o coloración y, por este medio, acrecientan su capacidad vibratoria hasta que, opor­tunamente, la vida se libera de las limitaciones jerárquicas. En­tonces regresa nuevamente a su fuente eterna con lo que ha adquirido durante sus experiencias, más la energía acrecentada, resultado de sus diversas transiciones.

Tengamos cuidadosamente presente que los Rayos son el aspec­to positivo en manifestación y descienden a la materia negativa, la sustancia dévica o jerárquica, causando así ciertos indicios de acti­vidad. Las Jerarquías constituyen el aspecto negativo respecto a los Rayos y responden al impulso de los mismos. Pero, dentro de cada Rayo y de cada Jerarquía, en el actual sistema, existe tam­bién una fuerza dual. Los Hijos de Dios son bisexuales. La sustan­cia dévica, por ejemplo, también es dual, pues los devas evolutivos son la energía positiva del átomo, de la célula o de la forma sub­humana, mientras que los electrones o vidas menores dentro de la forma son negativos.

En esto y en la función de la quinta Jerarquía se halla oculto el enigma de los Manasaputras: nada más puede revelarse acerca de ello. El secreto de budi, el sexto principio o crístico, que con­cierne a estos Hijos de Dios, y el secreto de la Quinta Jerarquía, vehículo receptor de budi, no pueden ser mencionados fuera de los círculos iniciáticos. Uno oculta la posibilidad del desarrollo del Ego y el otro el karma de los Hombres celestiales, los cinco Kumaras.

El quinto principio de manas está personificado en los cinco Kumaras y, si el estudiante analiza el significado de los primeros cinco pétalos que se abren en el loto egoico, puede considerarse al borde del misterio. El quinto Rayo, el Rayo del quinto Kumara, responde poderosamente a la energía que fluye a través de la quinta Jerarquía. Como el estudiante de ocultismo ya sabe, el Se­ñor del quinto Rayo mantiene ese lugar en la enumeración septe­naria, pero de acuerdo a la quíntuple clasificación ocupa el tercer lugar o el del medio.

1.       El Señor cósmico de Voluntad o Poder

2.      El Señor cósmico de Amor-Sabiduría

3.      El Señor cósmico de Inteligencia Activa                  1

4.      El Señor cósmico de Armonía                                    2

5.      El Señor cósmico de Conocimiento Concreto          3     

6.      El Señor cósmico de Idealismo Abstracto                4

7.      El Señor cósmico de Magia Ceremonial                   5

Debe meditarse sobre esto y tener presente Su estrecha vinculación como transmisor de fuerza dentro de la cadena lunar, la tercera ca­dena, en relación con el tercer reino o reino animal, y la tercera ronda. Uno de los símbolos que puede encontrarse en los registros arcaicos en lugar de Su nombre o descripción es una estrella de cinco puntas invertida, con el Triángulo luminoso en el centro. Se observará que los puntos involucrados en este símbolo suman ocho -representan ese estado peculiar de conciencia que se produce cuando la mente es el matador de lo Real. Aquí se oculta el secreto del avitchi ([50]) planetario, así como el tercer esquema principal pue­de ser considerado como el avitchi del sistema; en un tiempo la Luna mantenía una posición análoga en relación con nuestro es­quema. Esto debe ser interpretado en términos de conciencia y no de lugar.

Ciertas cosas sucederán en el punto medio de la quinta ronda. La quinta Jerarquía ascenderá a su pleno poder. Esto prece­derá al Día del Juicio y marcará una etapa de tremenda lucha, pues el vehículo manásico “manas” (que ellos personifican) lu­chará contra el traslado de la vida interna (budi). Por lo tanto, se desarrollará en una escala racial, involucrando a millones de seres simultáneamente, repetición de la misma lucha librada por el hombre que trata de trascender la mente y vivir la vida del Espíritu. Éste será el Armagedón final, el Kurukshetra planetario, seguido por el Día del Juicio en el que serán expulsados los Hijos de Manas y regirán los Dragones de Sabiduría. Esto sólo significa que aque­llos que posean un principio manásico ya sea super poderoso o subdesarrollado, se los considerará fracasados y tendrán que es­perar un período más conveniente para evolucionar, mientras que a quienes vivan la vida búdica, la cual acrecienta su fuerza -hom­bres espirituales, aspirantes, discípulos de diversos grados, inicia­dos y adeptos- se les permitirá seguir el curso natural de la evolución en el esquema actual.

El misterio de Capricornio se halla oculto en estos cinco y en las palabras bíblicas “los corderos y las cabras”. ([51]) El cristiano se refiere a ello cuando dice que el Cristo reinará en la tierra mil años, durante los cuales será aprisionada la serpiente. El principio crístico triunfará por el resto del manvantara y la naturaleza ma­terial inferior y la mente entrarán en la pasividad hasta la próxi­ma ronda en que se presentará una nueva oportunidad para algunos de los grupos descartados, aunque la mayoría será mantenida en suspenso hasta otro sistema. Algo similar volverá a tener lugar en la quinta cadena pero, como esto se relaciona con un centro del Logos planetario del que sabemos muy poco, no es necesario ex­tendernos sobre él.

Las cadenas planetarias personifican a los centros y, a medida que éstos se van despertando y son estimulados, permiten venir a la encarnación física a ciertos tipos de manasaputras. El tipo regi­do por la energía de la quinta cadena es poco conocido, pues está todavía evolucionando en el quinto esquema, de manera que con­siderarlo sería perder tiempo. Se relaciona con el desarrollo del quinto pétalo egoico de un Logos planetario en Su propio plano y, por consiguiente, con la actividad de la quinta espirilla. Cuando llegue la hora, estas unidades de energía, provenientes de otro esquema, “entrarán” en una corriente de energía cósmica que pasará a través de un triángulo particular del sistema, en la misma forma que los egos entraron en esta ronda.

Debería observarse aquí que los ángeles solares, relacionados con la quinta Jerarquía, son naturalmente un factor potente en la evolución del quinto reino o espiritual; posibilitan esto porque no sólo tienden un puente sobre la separación que existe entre el cuarto y el tercer reinos, sino que lo hacen también entre el cuarto y el quinto.

Es necesario que sigamos considerando esta cuestión del quin­to principio por dos razones:

Primero, porque para nuestro propósito, el tema ha sido bas­tante dilucidado anteriormente en una de las partes de este trata­do; segundo, porque no puedo en este momento revelar totalmente al manas cósmico y a las entidades que llegan con esa influencia. Lo que ha sido dado en La Doctrina Secreta y los detalles suple­mentarios suministrados aquí, bastarán para la investigación de los estudiantes de la próxima generación Cada generación deberá producir a quienes son capaces de comprobar por sí mismos algún hecho subjetivo; emplearán lo exotérico y conocido como peldaños en el sendero del conocimiento perfecto. Adquirirán y divulgarán el conocimiento y, cincuenta años después de realizar su trabajo, los muchos reconocerán la verdad revelada por los pocos. Esto se puso en evidencia en el caso de H. P. B. En la actual corriente de esfuerzo será vindicada La Doctrina Secreta, quedando justificado su trabajo.

b. La Individualización.

a. El trabajo de los Ángeles solares. Consideraremos bre­vemente la construcción general del cuerpo del Ego enumerando sus partes componentes y teniendo presente que la forma está debidamente preparada antes de ser ocupada. Por el estudio de este cuerpo podemos obtener alguna idea y cierta iluminación respecto a la Individualización macrocósmica.

El cuerpo causal, llamado a veces (inadecuadamente) “karana sarira”, está localizado en el tercer subplano del plano mental, el plano abstracto inferior, donde el Rayo del tercer Logos propor­ciona la necesaria “luz para la construcción”. (Ello se debe a que cada subplano está especialmente influenciado por su Número, Nombre o Señor). Cuando llega el momento de coordinar los vehículos de budi, ciertos grandes Seres, los Señores de la Llama o Manasadevas, por medio de una fuerza externa impulsora, entran en conjunción con la materia de ese subplano y lo vitalizan con Su propia energía. Constituyen un impulso nuevo y positivo que coordina la materia del plano, produciendo un temporario equi­librio de fuerzas. He aquí el significado de la condición “blanca” o trasparente, del nuevo cuerpo causal. Permanece con el ego recién nacido, primeramente para romper el equilibrio y luego para recu­perarlo al final del proceso, produciendo una radiante forma de colores primarios.

Cuando llegan los Manasadevas para producir la autoconcien­cia y llevar a cabo la encarnación de los Egos divinos, cuatro cosas tienen lugar en ese plano. Si a éstas el estudiante agrega lo que ya he citado en diversos libros ocultistas referente al efecto de la individualización en el hombre animal y la aparición como identidad autoconsciente en el plano físico, le proporcionará una hipó­tesis activa mediante la cual el hombre puede emprender científi­camente su propio desarrollo. A continuación se mencionarán de acuerdo a su aparición en tiempo y espacio:

Primero. Se inician en el tercer subplano del plano mental ciertos impulsos vibratorios –nuevo en total- que corresponden a la quíntuple vibración de estos Manasadevas en conjunción con la cuádruple vibración iniciada desde abajo, inherente a la materia de este subplano, el quinto desde el punto de vista inferior. Esto produce “el loto egoico nónuple”, que en esta etapa está muy ce­rrado, con los nueve pétalos plegados uno sobre otro, siendo “luz” vibrante y centelleante pero no de brillo excesivo. Estos “capullos de loto” se agrupan de acuerdo a la influencia particular de los quíntuples Dhyanes, los que actúan sobre ellos, construyéndolos con Su propia sustancia y coloreándolos débilmente con el “fuego de manas”.

Segundo. Aparece un triángulo en el plano mental producido por la actividad manásica; este triángulo de fuego comienza a circu­lar lentamente entre el átomo manásico permanente y un punto en el centro del loto egoico y desde allí a la unidad mental que ha aparecido en el cuarto subplano por medio del instinto innato, la cual se asemeja a la mentalidad. Este triángulo de fuego, formado por fuerza manásica, puramente eléctrica acrecienta su brillo para lograr una respuesta vibratoria tanto de lo inferior como de lo su­perior. Este triángulo es el núcleo del antakarana. El trabajo del hombre altamente desarrollado consiste en reducir este triángulo a una unidad y, por medio de su aspiración elevada (que es sim­plemente deseo transmutado, el cual afecta a la materia mental), lo dirige al Sendero, reproduciendo así, en forma sintética y más elevada, el “sendero” anterior por el cual descendió el Espíritu para tomar Posesión de su vehículo, el cuerpo causal, llegando desde allí al Yo personal inferior.

Tercero. En cierta etapa de actividad vibratoria, el trabajo realizado por los Señores de la Llama, al producir un cuerpo o forma y una vibración que exige respuesta prácticamente da lugar a un acontecimiento simultáneo.

En la línea del triángulo manásico tiene lugar una afluencia que desciende desde budi hasta alcanzar un punto en el centro mismo del loto. Allí, por el poder de su propia vibración, se origina un cambio en la apariencia del loto. En el corazón mismo del loto y aparecen tres pétalos más que se cierran sobre la llama central, cubriéndola totalmente y permaneciendo encerrada hasta llegado el momento de revelar la “Joya en el Loto”. Como vemos, el loto egoico está compuesto de doce pétalos, nueve de los cuales  aparecen en esta etapa en forma de capullo, estando tres totalmente ocultos y secretos.

Al mismo tiempo los tres átomos permanentes están encerrados dentro del loto y el clarividente los ve como tres puntos de luz en la parte inferior del capullo, debajo de la parte central. En esta etapa forman un triángulo que arde tenuemente. El cuerpo causal, aunque en estado embrionario, pero completo en su triple naturaleza, está preparado para entrar en plena actividad a medida que transcurren los eones. El aspecto materia, que concierne a la forma material del hombre en los tres mundos, o a su Yo personal inteli­gente activo, puede ser desarrollado y controlado por intermedio de la unidad mental del átomo astral permanente y del átomo físico permanente. El aspecto Espíritu se halla oculto en el corazón del loto, para ser revelado a su debido tiempo cuando los manasa­devas hayan realizado su trabajo. La voluntad perdurable está allí eternamente. El aspecto conciencia que personifica el amor sabi­duría del Ego divino, al revelarse por intermedio de la mente, se encuentra predominantemente allí, y en los nueve pétalos y en su capacidad vibratoria residen ocultas toda oportunidad, capacidad innata para progresar y habilidad para funcionar como una unidad autoconsciente, esa entidad denominada Hombre. ([52]) Mahadeva re­side en el corazón, Surya o Vishnu lo revela en Su esencia como la Sabiduría del Amor y el Amor de la Sabiduría, y Brahma, el Logos Creador, hace posible esta revelación. El Padre en los Cielos será revelado por el Cristo, el Hijo, mediante el método de la encarnación, siendo posible por el trabajo del Espíritu Santo. Todo esto se lleva a cabo por el sacrificio y la meditación de ciertas enti­dades cósmicas que “Se ofrendan Ellas Mismas” a fin de que el Hombre pueda ser. Dan de su misma esencia aquello que se nece­sita para producir el principio individualizador y lo que llamamos “autoconciencia”, a fin de que el Espíritu divino adquiera una vida más plena dentro de las limitaciones que proporciona la forma, mediante las lecciones aprendidas durante el largo peregrinaje y la “asimilación lograda en múltiples existencias”.

Cuarto. Cuando han ocurrido estos tres acontecimientos la luz y el fuego que circulan alrededor del triángulo manásico se retiran al centro del loto, y este “prototipo” del futuro antakarana, si puede expresarse así, desaparece. La triple energía de los péta­los, los átomos y la “joya” se han centralizado, porque ha de gene­rarse el impulso que hace descender energía desde el nuevo vehícu­lo causal hasta los tres mundos del esfuerzo humano.

Hemos tratado el método de la individualización mediante la introducción de los Señores de la Llama, pues es el método más importante en este sistema solar; cualquier método que se siga en los diversos esquemas y cadenas la individualización -durante la etapa intermedia- constituye la ley universal. Debido a que las condiciones kármicas tienen que ver con un Logos planetario, po­drán efectuarse modificaciones y ponerse en acción a manasadevas cuya actividad puede no ser exactamente igual, pero los resultados son siempre similares, pues los Egos divinos en sus cuerpos causales poseen instrumentos análogos para trabajar.

El último punto de gran significado es que los Agnishvattas construyen los pétalos empleando Su propia sustancia –sustancia energetizada por el principio del “Yo ismo” o ahamkara. Éstos energetizan a los átomos permanentes con Su propia fuerza posi­tiva, para llevar, oportunamente, a su máxima actividad y utilidad a la quinta espirilla. Toda posibilidad y esperanza, todo optimismo y todo éxito futuro se hallan ocultos en esto.

Como hemos visto, el trabajo de los Agnishvattas en el plano mental dio por resultado un descenso de fuerza o energía desde la Mónada (o espíritu) y, en conjunción con la energía del cuater­nario inferior, se produjo la aparición del cuerpo del Ego en el plano mental. En la luz eléctrica común tenemos una vaga ilustración del pensamiento que estoy tratando de expresar. La luz se crea por la aproximación de los dos polos. Mediante un tipo análogo de fenómeno eléctrico brilla la luz de la Mónada, pero tenemos que extender la idea a los planos más sutiles y tratar con siete tipos de fuerza o energía en conexión con un polo y con cuatro respecto al otro. Para el proceso de la individualización existe una fórmula científica que explica este contacto dual, con sus diferentes tipos de energía, mediante un solo símbolo y gua­rismo, pero no puede ser revelado aquí.

Los Manasadevas están energetizados por la fuerza prove­niente del plano mental cósmico -fuerza que ha estado siempre en actividad desde que se individualizó el Logos solar en kalpas muy remotos. Personifican en Su naturaleza colectiva la voluntad o propósito del Logos, y son los “prototipos” cósmicos de nuestros Angeles solares. Los ángeles solares del plano mental del sistema personifican esa medida de voluntad y propósito que el Logos puede manifestar durante una sola encarnación y que Ellos, en grupos, pueden desarrollar. Por consiguiente, trabajan por inter­medio de grupos egoicos y principalmente, después de la indivi­dualización, sobre las unidades mentales de los entes separados que componen los grupos. Éste es Su trabajo secundario, el cual puede ser descrito parcialmente de la manera siguiente:

Primero, realizan la unión del Ego divino con el Yo personal inferior. Esto ya lo hemos tratado.

Segundo, trabajan por intermedio de los entes mentales, plas­mando sobre el átomo, por microscópica que sea, esa parte del pro­pósito logoico que el individuo puede realizar en el plano físico. Al principio su influencia es asimilada inconscientemente y el hombre responde al plan ciega e ignorantemente. Luego, a medida que prosigue la evolución, su trabajo es reconocido por el hombre al colaborar conscientemente con el plan de la evolución. ([53]) Des­pués de la tercera iniciación predomina el aspecto voluntad o propósito.

Debe señalarse aquí que la fuerza positiva de los Manasadevas produce la iniciación. Su función está representada por el Hiero­fante. Éste, viendo ante Sí el vehículo de budi, pasa el voltaje desde los planos superiores a través de Su cuerpo y, por medio del Cetro (cargado con fuerza manásica positiva), transmite al iniciado esta energía manásica superior a fin de que pueda conocer conscientemente y reconocer el plan correspondiente al chakra o centro, que forma ese grupo por medio de un estímulo grandemente acrecen­tado. Esta fuerza, por conducto del antakarana, desciende desde el átomo manásico permanente y va dirigida a cualquier centro que el Hierofante -de acuerdo a la Ley- ve que ha de ser estimulado. Estabiliza la fuerza y regula su afluencia cuando circula a través del Loto egoico para que, al realizarse el trabajo de desenvolvimiento, pueda revelarse el sexto principio en el Corazón del Loto. Después de cada iniciación el Loto se abre algo más y la luz central comienza a resplandecer -luz o fuego que quema los tres pétalos del relicario, permitiendo que la plena gloria interna sea vista y se manifieste el fuego eléctrico del espíritu. Como esto se realiza en el segundo subplano del plano mental (sobre el que está ahora situado el loto egoico) tiene lugar un estímulo en la sustancia densa que forma los pétalos o ruedas de los niveles astral y etérico.

b. La individualización y las razas. Sí este tratado no sirve otro propósito que llamar la atención de los que estudian ciencia y filosofía para que estudien la fuerza o la energía en el hombre y en los grupos, e interpreten al hombre y a la familia humana en términos de fenómenos eléctricos, mucho bueno se habrá logrado. La polaridad de un hombre, de un grupo y de un conjunto de gru­pos; la polaridad de los planetas y su relación entre sí y con el Sol; la polaridad del sistema solar y su relación con otros sistemas; la polaridad que tiene un plano con otro y un principio con otro; la polaridad de los vehículos más sutiles y la aplicación científica de las leyes de la electricidad a todo lo existente en el plano físico, traerá una revolución en este planeta sólo comparable a la efec­tuada en el momento de la individualización Señalaría aquí cierto hecho significativo que los estudiantes deberían considerar cuida­dosamente.

En la tercera raza raíz ([54]) tuvo lugar la individualización. Acon­tecimiento que se hizo posible debido a ciertas condiciones y rela­ciones de polaridad y porque las leyes científicas fueron compren­didas y los Conocedores aprovecharon una condición eléctrica particular para apresurar la evolución de la raza. Fue un estupendo tipo de fenómeno eléctrico que produjo las “luces que siempre arden”, resultado del conocimiento de la ley natural y su adapta­ción a la oportunidad.

En la cuarta raza raíz la adaptación de la fuerza se inició de otra manera. Allí también se aprovechó el momento y la oportuni­dad para abrir la puerta al quinto reino, aplicando el método de iniciación forzada. Un tercer tipo de electricidad desempeñó su parte para producir este acontecimiento, y el efecto que produce este fenómeno eléctrico sobre los entes (siendo ellos mismos cen­tros de energía) -científicamente considerados- indica que el hombre ya está preparado para la ceremonia de la iniciación y dispuesto para transmitir energía espiritual al mundo. Técnicamente cada iniciado es un transmisor de fuerza, por lo tanto su trabajo es triple y consiste en:

1.       Proporcionar un triple vehículo capaz de ofrecer la nece­saria resistencia a la fuerza, recibirla y también retenerla.

2.      Transmitirla como energía al mundo al cual sirve.

3.      Almacenar cierta cantidad de la misma para un doble pro­pósito:

a.      Proporcionar una reserva de fuerza para casos de emergencia y trabajo especial que puedan requerir los Grandes Seres.

b.      Actuar como dínamos para ese grupo inmediato que toda alma avanzada, discípulo e iniciado, reúne a su alrededor en cualquiera de los planos en los tres mundos.

En la quinta raza raíz podrá esperarse otro trascendente acon­tecimiento, qué sucederá en un futuro inmediato, y se inició con­juntamente con la energía que culminó oportunamente en la gue­rra mundial. El primer efecto que se produce al aparecer un nuevo estímulo eléctrico, proveniente de centros que se hallan fuera del sistema, consiste en causar primeramente una destrucción que con­duce a la revelación. Lo que está aprisionado debe ser liberado. Así acontecerá en la actual raza raíz, la quinta. Ciertas fuerzas cósmicas ya están actuando y aún no se evidencia el pleno efecto de su energía. La Jerarquía aprovechará esta fuerza entrante a fin de impulsar los planes planetarios. En todos los casos el efecto producido por el fenómeno se siente en cualquiera de los reinos además del humano. Durante el período de individualización es evidente que tuvo lugar un grandioso estímulo en el reino animal, estímulo que ha persistido y conducido a ese fenómeno denominado “animales domésticos” y su etapa de inteligencia relativamente elevada comparada con la de los animales salvajes. En los días atlantes, la apertura de la puerta que conduce al quinto reino, o etapa de conciencia búdica, produjo un profundo efecto en el reino vegetal. Dicho efecto puede observarse en los resultados obtenidos por Burbarh, siendo de la misma naturaleza que el proceso iniciá­tico en el hombre e involucrando la rápida adquisición de una perfección relativa.

En el trascendental e inminente acontecimiento, la gran reve­lación que se aproxima, la Jerarquía aprovechará nuevamente el momento y la energía para producir ciertos acontecimientos que tendrán lugar principalmente en el reino humano, pero también se observará como regeneración de fuerza para el reino mineral Cuando la energía se sintió por primera vez en el reino humano, produjo esas condiciones causantes de la tremenda actividad que desembocó en la guerra y también de la actual tensión mundial; en el reino mineral afectó a algunos minerales y elementos, y apa­recieron las sustancias radiactivas. Esta característica (o radiactividad) de la pechblenda y demás unidades involucradas, consti­tuye comparativamente un nuevo desarrollo de acuerdo a la ley evolutiva y, aunque latente, sólo necesitó la extracción del tipo de energía que ya comienza a afluir en la tierra. Esta fuerza comenzó a afluir a fines del siglo dieciocho y no se siente aún su pleno efecto, pues pasarán centenares de años antes de que des­aparezca. Por su intermedio será posible hacer ciertos descubri­mientos, y durante su vigencia vendrá el nuevo orden. Los Grandes Seres que conocen el tiempo y el momento, harán que se produzca en nuestra raza raíz esos acontecimientos que se sucedieron en la tercera y cuarta razas.

c. Métodos de individualización. Hemos visto ya que el mé­todo característico de individualización en este sistema solar es el resultado de la fuerza que emana del plano mental cósmico, im­peliendo a la actividad a esos entes cuya función consiste en formar el cuerpo egoico, construyéndolo con su propia sustancia viviente en el plano mentaI, y, por medio de sus propias cualidad y natu­raleza, dotan a los entes humanos del plano físico con la facultad de autoconciencia, produciendo así al Hombre. Su trabajo consiste en energetizar a las unidades mentales de los hombres, en coordi­narlas por medio de la fuerza que ellas personifican y en energe­tizar los cuerpos del triple hombre inferior para que a su debido tiempo puedan expresar inteligentemente la voluntad y el propó­sito del Pensador inmanente. Llevando a cabo esta función, en el caso de la familia humana, se producen ciertas condiciones en los planetas y en el sistema.

Los cuerpos denso y etérico del Logos y de los Logos plane­tarios se fusionan, proporcionando así un coherente vehículo de expresión de dichas Entidades cósmicas.

Cuando el ser humano obtiene la autoconciencia llega a su consumación la plena conciencia del Logos involucrado. Es el mo­mento de la fructificación y (desde cierto punto de vista esotérico) marca la realización del Septenario perfecto. Los tres reinos invo­lutivos o elementales, y los tres subhumanos hallan su séptimo principio en el cuarto reino de la naturaleza 3 + 4 = 7. Cuando la vida de Dios ha circulado a través de los siete reinos, se adquiere la plena autoconciencia, desde un punto de vista relativo, y el Hijo está por alcanzar la realización. Entonces esta perfección relativa debe lograrse también en otras etapas, en las que la autoconciencia separada de las Entidades implicadas (humanas o planetarias), debe eventualmente fusionarse con la conciencia universal.

También son estimulados ciertos centros en los cuerpos logoi­co y planetario, y los Rayos (si se puede expresar así) se hacen radiactivos. Esta radiación traerá oportunamente la actividad gru­pal consciente que lleva a la interacción planetaria que, de acuerdo a la Ley de Atracción y Repulsión, traerá una eventual síntesis.

En niveles cósmicos o fuera del sistema, el proceso de indivi­dualización produce la actividad correspondiente en el cuerpo egoi­co del Logos, por eso se acrecienta la vibración en ese centro del cuerpo de AQUEL SOBRE QUIEN NADA PUEDE DECIRSE, y que nuestro Logos lo representa. Produce también una reacción o “reconoci­miento oculto” en el prototipo del Septenario, los siete Rishis de la Osa Mayor, y esta reacción en círculos cósmicos persistirá hasta el fin del Mahamanvantara, cuando el Logos se libere (aunque momentáneamente) de la existencia en el plano físico.

Esto también produce una liberación cíclica de fuerza desde el plano mental cósmico. En la actual ronda, la cuarta, la fuerza máxima de este ciclo se sintió en la tercera raza raíz. En la pró­xima ronda y en la cuarta raza raíz, durante un período muy breve, un nuevo ciclo alcanzará su cenit y volverá a abrirse la puerta de la individualización a fin de permitir la entrada de ciertos Egos muy avanzados que tratan de encarnar para realizar un trabajo especial. Esta ronda no proporcionará cuerpos adecua­dos a su necesidad. La próxima podría hacerlo si los planes se llevan a cabo como fueron proyectados. En este caso, los Manasa­devas correspondientes no individualizarán a hombres animales como en la ronda anterior, sino que estimularán el germen mental en esos miembros de la actual familia humana, que como dice E. P. B., aunque aparentemente son hombres, no poseen la chispa de la mente. ([55]) En los próximos setecientos años, estas razas aborígenes inferiores prácticamente morirán y -en esta ronda- no reencarnarán, siendo por lo tanto rechazados. En la ronda siguiente la oportunidad volverá a presentarse y los Manasadevas reiniciarán el trabajo de formar núcleos individualistas para el desarrollo de la autoconciencia. Los Egos que esperan la oportunidad lógicamen­te no entrarán hasta que el tipo humano de esa era esté suficien­temente refinado para su propósito. Su tarea consiste en desarro­llar el sexto pétalo del Loto egoico logoico, siendo de tal naturaleza que apenas podemos imaginarlo. Se hallan en la línea de los Budas de Actividad, quienes se han liberado para el actual mahamanvanta­ra, mientras que los Egos ya mencionados tienen todavía algo que evolucionar. Podrían “entrar” sólo a mediados de la quinta ronda y constituyen un grupo de iniciados que detuvieron su propia evo­lución (hablando técnicamente) a fin de realizar un trabajo espe­cial en el planeta Vulcano; por lo tanto deberán volver para con­tinuar y terminar aquello que quedó sin realizar. Dados los resul­tados de su experiencia en Vulcano, el vehículo físico debería ser de tal calidad que en estos momentos y en la actual ronda produ­cirían un desastre si encarnaran.

En la individualización de la próxima ronda se observarán indi­cios del tercer método -el del próximo sistema. Dicho método ha sido descrito como de “abstracción oculta”. Se relacionará con la extracción de la vitalidad latente en el tipo más inferior de los seres humanos que existan en esa época (mediante el conocimiento de la constitución etérica del cuerpo) y temporariamente se les aplicará el fuego latente a fin de acrecentar la actividad del ger­men o chispa mental, efectuándose por la acción dinámica de la voluntad. Esta fraseología parecerá incomprensible y casi sin sen­tido si se la considera en términos de conciencia y de espiritualidad, pero cuando el estudiante analiza el fenómeno en términos del plano físico cósmico y, desde el punto de vista de los subplanos gaseoso y etérico, entonces verá que en todos estos fuegos septe­narios existe siempre en realidad el fuego de la materia y que esas diversificaciones séptuples de los fenómenos eléctricos pueden afectarse recíprocamente.

Durante el mahamanvantara pueden observarse los tres métodos de individualización empleados en nuestro esquema plane­tario en:

a.      La cadena lunar, se empleó el método de la evolución gra­dual de la autoconciencia por ley natural.

b.      La cadena terrestre se emplea el método de lograr la auto­conciencia con la ayuda de agentes foráneos. Método característico de este sistema.

c.      Las próximas ronda y cadena se emplearán en forma embrionaria el método de abstracción por el poder de la voluntad.

Los he considerado desde el punto de vista de nuestro propio esquema. En todos los esquemas en que se encuentra el hombre, en un período u otro, se entrará en contacto con estos tres métodos, los cuales señalan el control gradual que ejerce el Logos en los niveles cósmicos de Su triple naturaleza inferior. En el primero, la analogía reside en la conciencia latente de la materia y actúa por la Ley de Economía. Tiene que ver principalmente con la Autoconciencia del Logos  en Su cuerpo físico denso y Su polari­zación dentro del mismo. Igualmente puede decirse del Hombre celestial; el misterio del mal reside parcialmente en la disposición de ciertas entidades cósmicas (particularmente nuestro Logos pla­netario en la cadena lunar) para continuar polarizadas en el cuerpo físico etérico después de haber dominado, por supuesto, al aspecto materia u obtenido el control del tercer Fuego en un sistema ante­rior. He aquí otro indicio para el estudiante inteligente respecto al mal actual en este planeta.

La segunda analogía concierne a la latente “conciencia de deseo” y actúa bajo la Ley de Atracción, ley de este sistema que se refiere a la capacidad del Logos para “amar sabiamente”, en el sentido oculto del término; tiene relación con la polarización del Logos en Su cuerpo astral y produce el fenómeno llamado “actividad sexual” en todos los planos del sistema. En el sistema anterior la emancipación se efectuó por medio de la facultad de discrimi­nación, aunque dicha palabra, tal como se la emplea hoy, sólo explica vagamente el proceso operado en el sistema en aquellos días. La fuerza engendrada durante dicho proceso inició esa vi­bración que persiste hoy en la materia. Lo evidencia el átomo de la sustancia por su inteligencia activa y selectiva capacidad discri­minadora. En nuestro sistema, la emancipación tendrá lugar por medio del desapasionamiento esotérico; esto dejará también su impronta en la materia, coloreándola de tal manera que en el tercer sistema la sustancia primordial poseerá una segunda cualidad. En el próximo sistema el método del desapego por medio de la abstrac­ción será lo que más se asemejará al proceso de liberación, pero es inútil que el hombre especule sobre ello pues su mente no puede concebirlo.

d. Los Avatares. Su naturaleza y trabajo. En la exposición precedente hemos vinculado el fenómeno de la individualización con la apropiación, por parte del Logos o un Logos planetario, de Su vehículo físico y de Su existencia autoconsciente por intermedio del cuerpo físico. Aquí podríamos dilucidar un tema muy difícil y misterioso -el de los AVATARES, y aunque no podremos tratarlo en toda su magnitud, porque es uno de los misterios más ocultos y secretos, quizás podamos arrojar alguna luz sobre él.

Con el fin de obtener claridad y elucidar un tópico extrema­damente difícil sobre todo para la mente occidental (teniendo en cuenta el hecho de que no ha llegado todavía a comprender racionalmente la reencarnación) sería conveniente dividir en cinco grupos los diferentes tipos de avatares, teniendo en cuenta que cada avatar es un Rayo emanado de una fuente puramente espiri­tual, y sólo una entidad autoconsciente adquiere el derecho para trabajar en esta forma particular por haber logrado la realización durante una serie de vidas anteriores.

1.       Avatares cósmicos.

2.      Avatares solares.

3.      Avatares interplanetarios.

4.      Avatares planetarios.

5.      Avatares humanos.

Como acabo de decir, un avatar es un Rayo de gloria refulgente y perfecta que se reviste de materia con el propósito de servir. En el sentido estricto de la palabra todos los avatares son almas libe­radas, con la diferencia de que los avatares cósmicos y solares se han liberado de los dos planos inferiores de los planos cósmicos, mientras que los avatares planetarios e interplanetarios sólo se han emancipado del plano físico cósmico, los planos de nuestro sistema; el avatar humano ha logrado liberarse de los cinco planos del esfuerzo humano. En sentido estrictamente técnico e inferior, un Maestro encarnado físicamente constituye un tipo de avatar, porque es un “alma liberada” que ha elegido encarnar con un propósito específico, pero de esto no nos ocuparemos. Podemos subdi­vidir estos grupos a fin de aclarar más nuestras ideas.

1. Avatares cósmicos: representan la fuerza personificada proveniente, entre otros; de los siguientes centros cósmicos:

a.      Sirio.

b.      Una de las siete estrellas de la Osa Mayor, animada por el arquetípico Señor de nuestro tercer Rayo principal.

c.      Nuestro centro cósmico.

Representan a entidades tan alejadas de la conciencia del Hombre como el hombre lo está de la conciencia del átomo de sustancia. Millares de esos grandes ciclos denominados “cien años de Brahma”, han pasado desde que Ellos se aproximaron a la etapa humana, personificando la fuerza y la conciencia que se ocupa de la coordinación inteligente de los Cielos estelares.

Han realizado todo lo que el hombre puede concebir, tal como trascender la voluntad, el amor y la inteligencia, y a esta triple síntesis le han agregado cualidades y vibraciones, las cuales no tenemos palabras para expresarlas, ni siquiera pueden ser visua­lizadas por nuestros adeptos más elevados. Muy rara vez aparecen en un sistema solar y sólo son reconocidos en los dos planos supe­riores. Sin embargo, dada la naturaleza material de nuestro sistema solar, Su advenimiento constituye literalmente la aparición, en forma física, de un Ser espiritual plenamente consciente.

Dichas Entidades, provenientes de Sirio, aparecen cuando el Logos solar recibe una iniciación, y están vinculadas peculiarmente con los cinco Kumaras y por medio de ellos (utilizados como pun­tos focales de fuerza) con el departamento del Mahachoan en todas las Jerarquías ocultas del sistema. Sólo una vez, en relación con la aparición en tiempo y espacio de los cinco Hijos de Brahma nacidos de la mente, un Ser de esa naturaleza ha visitado nuestro sistema. El efecto que produce la visita de un Avatar como el de Sirio, se considera que es la culminación de la civilización y de la cultura, desde el punto de vista de todo el sistema, en un relámpa­go de tiempo.

Cuando se acerque el pralaya y produzca en el cuerpo del Lo­gos lo que llamamos “Muerte”, entonces aparecerá un avatar desde el centro cósmico. Es el Segador cósmico y (para reducir lo dicho en palabras comprensibles) pertenece a un grupo que representa a la energía abstrayente del cosmos, de la cual existe una tenue analogía en el trabajo del aspecto “destructor” del Logos y en las fuerzas que producen la muerte física y la desintegración del cuer­po físico del hombre. No es posible decir más sobre estos asuntos fundamentalmente esotéricos, y el valor de lo que se ha dicho reside principalmente en llevar a la mente del estudiante la reali­dad de nuestra interrelación cósmica.

2. Avatares solares: Son de tres tipos, aunque en realidad hay muchos más. Son también visitantes que provienen de fuera del sistema y se ocupan principalmente de ciertos procesos del mismo, entre otros, la aplicación de la ley de causa y efecto o ley de karma. Personifican el karma de los kalpas pasados, en lo que respecta a nuestro Logos, dando el impulso inicial a los procesos de ajuste, expiación y reconocimiento en lo que concierne al sistema actual como un todo. Una Entidad como el “Avatar kármico” apareció en la segunda vibración logoica, vino impulsado por el segundo Alien­to, ha permanecido hasta ahora y permanecerá, con nosotros, hasta que todos los esquemas hayan entrado en su quinta ronda y estén cercanos a su “Día del Juicio”. En ese momento podrá retirarse dejando que los Logos planetarios implicados cumplan el propó­sito kármico sin ser vigilados. El impulso vibratorio será entonces tan fuerte y la comprensión del principio búdico tan consciente­mente vívida, que nada podrá detener la marcha de los acontecimientos. Bajo Su dirección trabaja un número determinado de entidades cósmicas que, como se dice en La Doctrina Secreta, ([56]) tie­nen el privilegio de trasponer “el círculo no se pasa”; sin embargo no son avatares, pues Ellos Mismos evolucionan aplicando la ley del karma. Tal es Su trabajo y Su oportunidad para progresar. Un avatar nada puede aprender en el lugar donde aparece. Su trabajo consiste en aplicar la fuerza de cierto tipo de energía eléctrica a la sustancia en cualquiera de sus diversos grados, y lograr así resulta­dos anticipados.

Otro tipo de Avatar solar, que aparece en los esquemas, tiene relación con el centro cardíaco de un Logos planetario, apareciendo en los planos superiores (nunca en los inferiores) cuando comienza a hacerse sentir la actividad del corazón y los procesos energetizantes producen tres cosas:

a.      Expansión de conciencia.

b.      Acrecentamiento de luz y brillo espirituales.

c.      Radiactividad planetaria.

Este fenómeno planetario (en conexión con el cuarto reino de la naturaleza) abre al hombre la puerta de la iniciación. Dichos avatares no tienen vinculación con determinada Jerarquía, sino con la totalidad del sistema. Producen la fusión de los colores y la síntesis de las unidades de sus grupos.

Cuando un Logos planetario recibe la iniciación puede apare­cer un avatar, en el séptimo globo de Su esquema, proveniente de esa estrella o centro cósmico animado por el Rishi particular que (en la constelación de la Osa Mayor) es Su prototipo cósmico. Para la Entidad implicada esto significa tomar una forma física, pues nuestros planos superiores sólo constituyen materia desde Su punto de vista. Se ha insistido frecuentemente sobre esto pues su signi­ficado aún no ha sido captado suficientemente. Debido a la apari­ción de ese avatar, en el séptimo globo, el Logos planetario puede mantener la continuidad de conciencia cósmica, aunque se halle en encarnación física; el avatar solar desempeña la misma fun­ción para el Logos planetario que el Gurú para Su discípulo. Posi­bilita ciertos acontecimientos por medio del estímulo y la protec­ción de Su aura, y actúa como transmisor de energía eléctrica desde el centro cósmico. Debemos tener cuidado de no ajustarnos demasiado a la analogía, pues el verdadero trabajo que realiza no puede ser comprendido por el hombre. Dicho avatar tiene lógicamente un efecto directo sobre los centros del Hombre celestial, en consecuencia aunque sólo indirectamente, sobre los entes o mónadas humanas y sobre la Mónada en su propio plano. Tal influencia obtiene poca respuesta de la Mónada hasta después de la tercera Iniciación, cuando su vida consciente se hace tan fuerte que se aferra nuevamente a su expresión egoica en una sola dirección, despertando a la realización planetaria en otra. Este tipo de avatar aparece sólo en el momento de la iniciación de un Logos planetario. Éste recibe en el actual sistema de dos a cuatro iniciaciones.

3. Avatares interplanetarios. Tenemos aquí un grupo inte­resante de avatares. Se ocupan principalmente de tres cosas: pri­mero, de supervisar la trasferencia de unidades de fuerza o gru­pos egoicos de un esquema a otro (no de entes individuales de una cadena a otra). Aparecen generalmente dos veces en las historia de un esquema y aunque no puedan tomar cuerpos físicos de ma­teria más burda que la de las sustancias átmica y búdica, trabajan con los impulsos efectuados sobre la materia mental, realizando estas trasferencias grupales. Se subdividen en tres grupos:

a.      Aquellos que efectúan la transferencia de los esquemas me­nores o manifestaciones de Rayo, en el tercer Rayo; ocu­pándose de los resultados producidos por la fusión de los polos opuestos de los cuatro esquemas menores, hasta que sólo queda uno, transfiriendo luego la vida y la cualidad de lo que queda, al tercer Rayo.

b.      Aquellos que se ocupan de la transferencia e interacción de las fuerzas vitales entre los tres Rayos mayores.

c.      Aquellos que producen la última transferencia del sistema al finalizar la era.

Segundo, ciertos avatares provenientes de la cuarta Jerarquía creadora, por razones esotéricas inexplicables, abandonan la propia Jerarquía y aparecen en una de las Jerarquías dévicas. Esto sólo sucede una vez en la historia de cada esquema; ocurre en el momento en que es más densa la apariencia física y tiene relación con la transferencia del impulso dévico de un esquema a otro, vincu­lándose así con la aparición de los entes autoconscientes, pues son la primordial personificación de la latente autoconciencia del áto­mo de la sustancia dévica y establecen el tipo de devas en cual­quier esquema determinado.

Tercero, sólo una vez en la historia de cada esquema aparece en niveles mentales un avatar de la constelación de Capricornio. Éste es el nivel más inferior en el cual se exteriorizan dichas dei­dades interplanetarias. Nada más puede decirse sobre esta cues­tión. Aquí reside oculto “el misterio de la cabra”. Este avatar hace su aparición en la tercera ronda de la tercera cadena y desaparece en la quinta ronda de la cuarta cadena.

Dichos avatares interplanetarios vienen como resultado de kal­pas muy remotos, cuando las condiciones del sistema están sufi­cientemente refinadas como para permitir su aparición. Son los nirmanakayas de un ciclo solar anterior que ahora aprovechan la oportunidad para efectuar (activamente y por medio de la manifestación física) cierto trabajo inconcluso.

4. Avatares planetarios. Emanan del Logos planetario cen­tral de un esquema y personifican Su voluntad y propósito. Son de dos tipos. El primero constituye una manifestación, en niveles físico etéricos, del Logos planetario mismo durante un lapso espe­cífico. Significa que uno de los Kumaras toma definitivamente un cuerpo físico. Puede decirse que Sanat Kumara es uno de estos avatares que, con los otros tres Kumaras, personifica los cuatro principios cuaternarios planetarios. En un sentido muy real Sanat Kumara es la encarnación del Señor del Rayo Mismo; es el Obser­vador Silencioso, el gran Sacrificio para la humanidad. ([57])

En segundo lugar, como he indicado en el párrafo anterior, tenemos tres Entidades que personifican los principios planetarios. Son (hablando desde el punto de vista actual) la energía diná­mica que mantiene unidos a cada uno de los tres reinos inferiores, considerando como unidades y no como diferenciaciones. Estas unidades están estrechamente relacionadas con el aspecto ener­gía de las tres cadenas anteriores y sólo se necesitó el trabajo de un avatar interplanetario que les permitiría (cuando se for­mó el triángulo que dio por resultado el período de individualización en los días lemurianos) tomar cuerpos etéricos y encarnar entre los hombres. Actúan como puntos focales para la energía del Logos planetario en Su propio plano. En sentido misterioso, el pri­mer Kumara es la energía que produce la autoconciencia en la familia humana. Los otros tres Kumaras o los tres Budas de Acti­vidad, actúan como puntos focales similares para la energía que anima a los tres reinos inferiores y produce sus diferentes grados de conciencia no es posible expresar este gran misterio con más cla­ridad, pero si el estudiante agrega estas pocas insinuaciones a las dadas anteriormente en La Doctrina Secreta, el misterio de los “Cuatro Santificados” puede ser parcialmente esclarecido desde el punto de vista de la energía y de la evolución.

Las épocas y momentos de su aparición varían de acuerdo al karma particular del Señor de Rayo y lo que esté vinculado a estos grandes ciclos y períodos de encarnación no puede ser reve­lado a profanos y neófitos.

5. Avatares humanos. Ya han sido considerados totalmente por H. P. B. y nada más puede añadirse a su información, pues el momento no es propicio. ([58]) Lo mencionado tiene cabida aquí, por­que concierne al misterio de la fuerza y de la conciencia; detrás del efecto y aparición de estos distintos avatares se halla oculta la máxima manifestación, en cuerpo físico denso, de un Logos planeta­rio y de un Logos solar.

e. La individualización, una forma de Iniciación. Poco es lo que se puede agregar actualmente respecto a la individualización. Lo que aquí y en La Doctrina Secreta se ha expuesto no es más que una tentativa para expresar hechos profundos y significativos, en términos de pensamiento humano, sobre la existencia y la ma­nifestación, valiéndonos ole lo restringido del lenguaje. Desde un punto de vista más esotérico “el Hombre es un deva”, Espíritu y sustancia dévica unidos por la actividad de la energía dévica cons­ciente. Reúne en sí los tres aspectos de la deidad. Mientras está en objetividad constituye:

1.       El Yo, el no-yo y el vínculo inteligente en un sentido muy vital.

2.      Shiva, Vishnu y Brahma en manifestación sintética.

3.      El medio por el cual la Voluntad de Dios, el Amor de Dios y la Mente de Dios se hacen inteligibles y evidentes.

4.      La fuerza eléctrica positiva, la fuerza eléctrica negativa y el medio equilibrador.

5.      La llama, el Fuego y la Chispa en manifestación esencial.

6.      El fuego eléctrico, el fuego solar y el fuego por fricción.

Pero sobre lo que se ha de insistir es que el hombre, en tiempo y espacio y en los tres mundos, manifiesta todos estos aspectos simultáneamente sólo al finalizar el proceso de evolución. Así como en el Macrocosmos Brahma manifiesta primeramente actividad, luego el segundo aspecto o intermedio, y finalmente evidencia el primer aspecto, voluntad o propósito, lo mismo sucede con el microcosmos.

El aspecto Brahma, en el cual se evidencia y predomina el aspecto del no-yo materialista. Esto abarca las etapas subhumanas y los primeros tres ciclos de la Vida de la Personalidad:

a.      Primer ciclo       estado salvaje.

b.      Segundo ciclo     hombre medio.

c.      Tercer ciclo         el triunfante hombre intelectual.

El aspecto Vishnu, en el cual predomina gradualmente el as­pecto amor-sabiduría y surge por intermedio del aspecto Brahma.

Abarca las das etapas finales de la vida de la personalidad humana y ese período de crecimiento egoico que incluye las dos Iniciacio­nes finales:

a. Primer ciclo         El Sendero de Probación.

b. Segundo ciclo      El Sendero de Iniciación (hasta la ter­cera Iniciación).

c. Tercer ciclo           El Sendero que abarca la cuarta y quin­ta Iniciaciones.

Ésta constituye una consumación momentánea pero, así como en el reino animal está latente y en estado instintivo la mente hu­mana, y en el reino humano lo está el aspecto búdico, durante el ciclo final del esfuerzo humano, Atma o aspecto superior de la Mónada, también está latente y en estado instintivo. Esto deberá producir posteriores etapas de desarrollo. No existen lapsos en la evolución ni períodos en los cuales falte cualquiera de estos aspectos; todos se hallan presentes pero aparecen en forma alter­nada. Únicamente cuando el fuego de la materia arde vivamente y llega a irradiar, entonces el fuego de la mente puede surgir, aunque siempre es inherente a la misma. Sólo cuando los fuegos de la materia han alcanzado la etapa en que producen calor y luz energéticos, el fuego eléctrico del Espíritu puede aparecer en toda su gloria. Únicamente cuando estos tres arden juntos, se extin­gue el fuego de la materia por falta de combustible y, sólo cuando esto ocurre, el fuego de la mente (en niveles mentales) consu­me aquello que hasta entonces había animado. Cuando esto se reali­za, el fuego del Espíritu puro (aumentado e intensificado por la esencia gaseosa del fuego de la materia o “fuego por fricción, colo­reado y hecho irradiante” por el fuego de la mente) resplandece en perfecta gloria, de manera que lo único que se ve es una llama vibrante. Esta idea puede ser extendida desde el Hombre al Hom­bre celestial y también hasta el Logos en su relación cósmica.

La individualización marca una etapa en el proceso de la inten­sificación del “fuego por fricción”. Se relaciona con la realización de Brahma y marca un punto en la energetización de la sustancia. Ciertas formas están preparadas para obtener autoconciencia. Dos Rayos cósmicos de distintas polarizaciones se atraen mutuamente.

La Iniciación marca una etapa en la intensificación del “Fuego solar”. Se vincula con la realización de Vishnu, marcando un punto en la evolución de la conciencia, que va de la autoconciencia a la conciencia grupal o conciencia universal.

La identificación con el conjunto de grupos podrá ser el término empleado para expresar las etapas finales del proceso evolu­tivo; más un período hacia el final del mahamanvantara cuando todos los grupos comienzan conscientemente a cumplir la Volun­tad eterna. Involucra un tipo de realización, inconcebible hoy para el hombre, pero concebible (aunque todavía no practicable) para los Chohanes de la Jerarquía que se hallan ahora en la Tierra. Tra­bajan conscientemente cumpliendo la Voluntad del Logos plane­tario en el planeta, pero aún así están muy lejos de comprender plenamente la Voluntad y el propósito del Logos a medida que actúa a través del sistema. Pueden tener vislumbres y una idea del plan general, pero los detalles son todavía irrecognoscibles.

c. La Encarnación.

a. Cósmica, planetaria y humana. Habiendo considerado la autoconciencia, a medida que se logra por intermedio de un tipo determinado de sustancia dévica proporcionada por los Agnishvat­tas para el cuerpo del Ego, entraremos ahora a estudiar la encarna­ción cósmica, planetaria y humana. Un indicio respecto a la consti­tución de los Pitris y Manasadevas solares puede llegarle al estu­diante que reflexione respecto al lugar que ocupa el ente egoico en el cuerpo del Logos planetario y en el centro particular del cual es parte componente. Los Manasadevas y los Dhyan Cho­hanes que producen la autoconciencia en el hombre, constituyen en realidad la energía y la sustancia del Hombre celestial cósmico.

La palabra “encarnación” en su acepción radical significa ex­presar la verdad fundamental que implica tomar un cuerpo físico denso, y técnicamente debería ser aplicada sólo a ese periodo de manifestación que concierne a los tres subplanos inferiores del

a.      plano físico cósmico, en relación con un Logos solar y un Logos planetario;

b.      plano físico del sistema, en relación con el hombre.

Se ha conservado su significado respecto a las entidades cósmicas, pero cuando se considera al hombre, el término se aplica a la unificación del doble etérico con el cuerpo físico denso, o a la apropiación, por parte del hombre, del vehículo compuesto de la sustancia del subplano superior del plano físico cósmico en sus aspectos más inferiores. Esta diferencia tiene cierto significado y debe recordarse. Dicha apropiación está regida por las mismas le­yes que gobernaron la apropiación, por parte del Logos, de Su vehículo físico. A fin de tener una idea de lo que es este procedi­miento, sería de valor considerar los distintos tipos de pralaya y meditar sobre los períodos que transcurren entre las diferentes encarnaciones. Desde el punto de vista de cualquier ente impli­cado, un pralaya es un período de pasividad, de cesación de toda actividad, que involucra objetividad, pero desde el punto de vista del gran todo, con el cual el ente puede estar implicado, un pralaya podría considerarse simplemente como una transferencia de fuerza de una parte a otra. Aunque el ente pueda estar temporalmente desvitalizado en lo que se refiere a su forma, sin embargo, la Enti­dad mayor persiste y sigue activa.

Consideraremos el tema primeramente desde el punto de vista humano y estudiaremos el pralaya en lo que afecta a la Mónada en encarnación. ([59]) Tenemos cinco tipos de pralaya de los cuales pode­mos muy bien ocuparnos. Primero debemos observar el hecho de que esta condición se refiere principalmente a las relaciones entre Espíritu y materia, donde se produce una condición en la sustancia por la acción del factor energetizante, el Espíritu. Por lo tanto, tiene que ver con la relación existente entre los devas mayores y los devas menores que representan la sustancia viviente cuando realizan la construcción de la forma regidos por la Ley proveniente de la Voluntad de Dios. Será evidente para el estudiante, que se refiere a la relación del Espíritu Santo con la Madre en la pro­ducción del Hijo y a la relación del Hijo con la Madre. Si las ideas formuladas en este tratado han sido cuidadosamente seguidas, es obvio que al estudiar la cuestión del pralaya estamos estudiando la relación que existe (en tiempo y espacio) entre la energía positiva del Logos solar, del Logos planetario y del Hombre con la sustan­cia, única sustancia por la que le es posible manifestarse. Debido a esta relación se produce la existencia en los planos objetivos.

b. La naturaleza del pralaya. Podemos considerar al pra­laya como el trabajo de “abstracción” y el método que pone a la forma bajo el aspecto Destructor del Espíritu, actuando siempre bajo la Ley de Atracción, de la cual la Ley de Síntesis es subsi­diaria. La ley básica del sistema rige la relación de todos los áto­mos con el conglomerado de átomos, y del Yo con el no-yo. Desde el punto de vista ocultista es la más poderosa demostración de fuerza en el sistema y si, inconcebiblemente, la ley cesara de actuar, instantáneamente el sistema y todas sus formas planetarias, humanas y no humanas dejarían de ser. Por un acto de voluntad los esquemas planetarios persisten; por un acto de voluntad el sistema ES; por un acto de voluntad egoica el hombre aparece. Cuando la Voluntad del Logos, del Hombre celestial y del Ego di­vino humano se abocan a otros fines, la sustancia de Sus vehículos es afectada y sobreviene la desintegración. Los cinco tipos de pra­laya que conciernen al ser humano son los siguientes:

1. El periodo de pralaya entre dos encarnaciones. Es de na­turaleza triple y afecta a la sustancia de los tres vehículos: físico, astral y mental, reduciendo la forma a su sustancia primitiva y disipando su estructura atómica. La energía del segundo aspecto (el constructor de la forma) se retira por voluntad del Ego, y los átomos que componen la forma se disocian entre sí, retornando a la fuente de reserva de donde volverán a ser retirados cuando lle­gue el momento. Esto se produce gradualmente por medio de las etapas que ya conocemos:

La primera etapa consiste en retirar la fuerza vital del vehículo etérico del triple cuerpo físico (denso, líquido y gaseoso) y la con­siguiente “corrupción", siendo “dispersado en los elementos”. El hombre objetivo desaparece y el ojo físico ya no lo ve aunque se halla en su cuerpo etérico. Cuando la visión etérica esté desarro­llada, la idea de la muerte asumirá proporciones muy diferentes. Cuando la mayoría de la raza pueda ver a un hombre actuar en su cuerpo físico etérico, el abandono del cuerpo denso será conside­rado como una “liberación”.

            La siguiente etapa consiste en retirar la fuerza vital del cuerpo etérico y en desvitalizarlo. El etérico sólo es una extensión de un aspecto del sutratma o hilo, y este hijo es hilado por el Ego dentro del cuerpo causal en forma similar a como una araña teje su tela. Puede ser acortado o alargado a voluntad, y cuando ya se ha deci­dido la duración del período del pralaya, este hilo de luz o de fuego solar (observen la palabra solar) se retira y vuelve al subplano atómico donde seguirá vitalizando al átomo permanente, mante­niéndose conectado dentro del cuerpo causal. Entonces los impul­sos de vida, en lo que se refiere al plano físico, se centralizan den­tro de la esfera atómica.

La tercera etapa consiste en retirar la fuerza vital de la forma astral para que se desintegre en forma similar y la vida se centra­lice dentro del átomo astral permanente. Ha adquirido una acre­centada vitalidad por medio de la existencia en el plano físico, y le ha dado color por medio de la experiencia astral.

La etapa final para el átomo humano consiste en ser retirado del vehículo mental. Las fuerzas vitales, después de esta abstrac­ción cuádruple, se centralizan totalmente dentro de la esfera egoi­ca; el contacto con los tres planos inferiores sigue siendo posible por medio de los átomos permanentes, centros de fuerza de los tres aspectos de la personalidad.

En cada encarnación las fuerzas vitales han adquirido, por me­dio del empleo de los vehículos,

a.      una actividad acrecentada, almacenada en el átomo físico permanente,

b.      una coloración, almacenada en el átomo astral permanente

c.      una cualidad de fuerza o propósito activo, almacenada en la unidad mental,

 actuando como facultad en el Devachan.

El Devachan ([60]) ([61]) es un estado de conciencia que refleja la vida de la Personalidad, ese estado elevado que llamamos concien­cia nirvánica, logrado por la acción egoica, reflejado tenuemente en los entes separados (y, por consiguiente, matizados por el placer egoísta y separatista) que se hallan grupalmente en dicho estado. En ese estado elevado de conciencia cada ente separado, por me­dio de la autorrealización, participa de la realización grupal, resi­diendo allí su felicidad, no sintiendo ya la separación sino única­mente unión y unidad esenciales. Por lo tanto, como puede natu­ralmente deducirse, no existe devachán para el salvaje o el hombre poco evolucionado, pues no les corresponde ni tienen mentalidad para comprenderlo; a ello se debe la rapidez con que vuelven a encarnar y la brevedad del período praláyico. En tales casos el Ego, en su propio plano, tiene muy poco que asimilar en el resto de las encarnaciones, de allí que el principio vida se retira rápida­mente de la forma mental, impulsando al Ego a reencarnar casi inmediatamente.

Cuando la vida de la personalidad ha sido plena y rica, pero no ha alcanzado la etapa en que el yo personal puede colaborar cons­cientemente con el Ego, la personalidad atraviesa por períodos nir­vánicos cuya duración depende del interés en la vida y de la capaci­dad del hombre para reflexionar sobre sus experiencias. Más tarde, cuando el Ego domina la vida de la personalidad, el hombre se interesa en cosas más elevadas, y el nirvana del alma se convierte en su meta. Ya no le interesa el devachán. Empero, aquellos que están en el Sendero (ya sea el de probación o el de Iniciación) por regla general no van al devachán, sino que encarnan inmediata­mente al girar la rueda de la vida, lo cual ahora sucede por la cola­boración consciente entre el yo personal y el Yo divino o Ego.

2. El período entre ciclos egoicos. Aquí se oculta el misterio de las 777 encarnaciones que concierne al vínculo que existe entre la unidad y su grupo en el plano egoico, antes de desarrollarse el quinto pétalo. Atañe al período del hombre comprendido entre la etapa del salvaje y la del discípulo, cuando es un hombre común, pero que todavía se halla en las dos Aulas. Aquí reside el misterio de todas las razas raíces; los ciclos egoicos coinciden con la cons­trucción de las formas y civilizaciones raciales. Un hombre encar­nará repetidas veces en las diferentes subrazas de una raza raíz hasta haber atravesado determinado ciclo, luego ha de pasar por un período praláyico, hasta que en una raza raíz posterior (y a veces muy posterior) responderá a su llamado vibratorio, que le hará sentir nuevamente el impulso egoico por encarnar. Como ejemplo de ello debemos recordar que la actual humanidad más avanzada no encarnó hasta la cuarta raza raíz. Estos ciclos cons­tituyen uno de los misterios de la iniciación, aunque uno de los primitivos que se revelan en la segunda iniciación, y permiten al iniciado comprender su posición, percibir algo de la naturaleza de los impulsos kármicos y leer su propio archivo a la luz astral.

Estos deben ser considerados como los dos períodos praláyicos menores y conciernen principalmente a la vida en los tres mundos.

3. Después viene el período en que adquiere la liberación. En esta etapa, el hombre, el alma liberada, ha logrado de acuerdo a la ley, “abstraerse” de la materia de los tres mundos. Ha empleado sustancia dévica, ha trabajado con ésta y establecido todos los con­tactos vibratorios posibles, adquiriendo todos los “conocimientos” y “revelaciones” que le corresponden; los devas ya no pueden mantenerlo prisionero. Es libre hasta que consciente y voluntariamente, pueda regresar, en otra ronda como miembro de una Jerarquía, a fin de continuar Su trabajo de servicio para la humanidad poco evolucionada de esa época lejana. Como esto se refiere a los siete senderos de oportunidad que se le presentan a un Maestro, no nos ocuparemos de ello. ([62]) Este es el gran pralaya humano.

4. Pralaya planetario. El hombre, después de estos aconteci­mientos cíclicos, forma parte consciente de su grupo y es un punto vibrante en un centro del cuerpo de un Hombre celestial, perci­biendo conscientemente el lugar que le corresponde en el gran todo.

Esto significa que él ha de saber de qué centro es un punto de energía, debe conocer qué tipo de fuerza ha de transmitir y manipular desde niveles cósmicos y ha de estar en relación consciente con los otros seis centros de la Vida planetaria a la cual está asociado.

Este período de actividad consciente en sustancia etérica (de la cual está formado el cuerpo planetario) persiste de acuerdo al karma del Señor planetario, pues el ente está ahora consciente­mente asociado al karma planetario y ayuda a cumplir la voluntad y propósito del Señor de su Rayo. En los planos superiores del sistema esta etapa persiste durante la vida de un esquema, a la cual sigue un período de pralaya que comienza antes de finalizar la séptima ronda de cualquier esquema, o de la quinta ronda si la Ley de Persistencia de un esquema actúa en ciclos quíntuples. Aquí estoy hablando en términos amplios y generales; el karma de los entes difiere, y un hombre -de acuerdo sendero que elige después de la quinta iniciación- permanece en, y trabaja dentro de su propio esquema, pero pueden ocurrir cambios ocasionados por los siguientes factores:

a.      El karma planetario.

b.      La voluntad del Señor de su Rayo.

c.      Las órdenes que emanan del Logos solar y le son imparti­das después de la liberación, vía el Logos planetario y por intermedio del Chohan de su Rayo.

Entonces es “abstraído”, de acuerdo a una misteriosa ley planeta­ria que sólo se aplica en niveles etéricos cósmicos, y transferido a su destino. Si interpretamos lo que antecede en términos de energía y de radiactividad, evitando los peligros de hacerlo en forma mate­rialista, el significado se esclarecerá.

5. El gran pralaya. Este intervalo ocurre al finalizar cada cien años de Brahma, y destruye cualquier tipo de formas -sutiles y densas- en todo el sistema. Es un período análogo al que nos ocupamos de dilucidar, el retiro del hombre de su vehículo etérico y de su capacidad para actuar en el plano astral, disociado de su forma física dual. Podrá observarse que dentro del sistema el hombre pasa por un proceso similar cuando retira el cuerpo eté­rico del vehículo físico denso, al finalizar el mahamanvantara. Abarcará el período en que los cuatro Rayos menores se fusionan y mezclan, a fin de hallar la dualidad y sus polos opuestos. Opor­tunamente los cuatro se convierten en dos, los dos en uno, sinte­tizándose todos en el tercer Rayo mayor. Pero aún no ha llegado el momento, pues faltan incontables eones. Ello constituye la pri­mer aparición del aspecto destructor vinculado a los esquemas planetarios y marca el principio del período en que “el efervescente calor derretirá los “Cielos” y el Sol se transformará en siete soles. ([63])

La analogía microcósmica puede observarse en el proceso si­guiente. El átomo físico permanente absorbe toda la fuerza vital del cuerpo físico, de allí que aumente su calor y luz ingénitos, hasta que en la cuarta iniciación las siete espirillas están comple­tamente vitalizadas y vibrantes. El calor interno del átomo más el calor externo del cuerpo egoico, donde el átomo está ubicado, producen aquello que destruye al átomo permanente. Momentá­neamente, y justo antes de la destrucción, se transforma en un minúsculo séptuple sol debido a la irradiación y a la actividad de las espirillas. Lo mismo sucede con el sol físico del sistema; en forma similar se transformará en siete soles cuando haya absorbido la esencia vital de los planos totalmente evolucionados y de los esquemas planetarios que en ellos existen. La conflagración resul­tante es el trabajo final del aspecto Destructor. Marca el momento de desarrollo más elevado de la sustancia dévica en el sistema, la consumación del trabajo de Agni y de sus ángeles de fuego y la iniciación de Brahma. Entonces la sustancia atómica se individua­lizará (lo que, como ya sabemos, es la meta para el átomo), y después del gran pralaya, el próximo sistema solar empezará a manifestarse con el triple Espíritu, a través de la sustancia esen­cialmente caracterizada por el amor activo inteligente. Esto lógi­camente resulta incomprensible para nuestras mentes de cuarta ronda.

Hemos considerado así los diversos tipos de pralaya, en lo que afectan al ente humano; cada ente encuentra oportunamente su camino hacia uno de los centros astrales cósmicos de esa deter­minada Entidad cósmica, el Señor que corresponde a su Rayo; por lo tanto, durante el gran pralaya, esos entes humanos, que han obtenido la realización y no pasaron a otros centros cósmicos leja­nos, encontrarán allí su lugar.

Antes de ocuparnos de los pralayas planetario y cósmico, po­dríamos considerar las relaciones existentes entre los Agnishvattas (que causaron la individualización del hombre animal en este pla­neta) y otros ciclos anteriores de evolución, y la razón por la cual solo los hemos tratado desde el punto de vista de un maha­manvantara y de un kalpa. No hemos considerado específicamente al grupo de Agnishvattas, Kumaras y Rudras relacionados con la Tierra, porque hemos tratado el tema desde el punto de vista pla­netario y no en relación con la familia humana. El estudiante que procura obtener una información detallada respecto a los Agnishvattas de la cadena terrestre, no tiene más que estudiar La Doctrina Secreta. Hemos procurado llevar el pensamiento del estu­diante más allá de su pequeña esfera propia, hasta considerar el trabajo de los Manasadevas en el sistema solar. En cada esquema tienen Su lugar, pero en algunos -como en el esquema de Júpi­ter- recién ahora están comenzando Su trabajo y en otros -como en los esquemas de Vulcano y de Venus -casi Lo han terminado. Venus pasa por su última ronda y casi ha desarrollado a la perfec­ción su cuarto reino, o hasta donde le es posible lograrlo en el sistema. En el esquema terrestre están en pleno trabajo, sólo en la próxima ronda demostrarán la culminación de Su actividad. Pasan cíclicamente a través de los esquemas de acuerdo a la Ley -Ley del Karma para el Logos planetario, pues se ocupan esencialmente de Su vida a medida que activan Sus centros. Llegan a un esquema en una oleada de energía manásica, proveniente del centro corona­rio del Logos, y al pasar a través de su centro cardíaco ocurren tres cosas:

1.       Se dividen en siete grupos.

2.      Se dirigen como corrientes de energía a algún esquema particular.

3.      Su contacto con un esquema produce la manifestación de la cuarta Jerarquía creadora y lleva a las Mónadas a adquirir forma en los tres mundos.

Las entidades que Se sacrifican por la Jerarquía humana (debemos observar aquí la veracidad del hecho de que emanan del centro coronario logoico o aspecto voluntad), son los verdaderos Salvadores que ofrendan Sus vidas por el bien de la raza. Consti­tuyen para la totalidad de los esquemas lo que la Jerarquía oculta de cualquier planeta en particular es para el hombre del planeta implicado. Durante el pralaya se retiran (como todos los demás) de la manifestación y regresan a un centro cósmico del cual el cen­tro coronario logoico no es más que un tenue reflejo, retornando enriquecidos por la experiencia recogida.

El Antiguo Comentario dice:

“El deva brilla con mayor luz cuando lo ha penetrado la virtud de la voluntad. Cosecha color, como el segador recoge el trigo y lo almacena para nutrir a la multitud. La mística Cabra reina sobre las huestes dévicas. Makara es y no es, sin embargo el vinculo persiste.”

Las rondas aparecen y desaparecen (excepto desde el punto de vista de un planeta determinado), los Manasadevas están siem­pre presentes, aunque su influencia no se hace sentir siempre.

Al considerar el pralaya planetario podríamos enumerar bre­vemente los siguientes períodos de pasividad que tienen lugar entre:

Dos Globos de una Cadena. Abarca el período en que es abstraída la simiente de toda vida y transferida de una esfera a otra. El Manu de las Simientes de un globo recoge para Sí todas las fuerzas vitales como lo hace el Logos al final de un sistema; lo mismo ocurre también al finalizar una cadena y las mantiene pasivas en Su aura. Esto com­prende el período de un manvantara o un día de Brahma.

Dos Cadenas. Abarca el período de un mahamanvatara o un año de Brahma.

Hay muchas maneras de llegar a conocer los ciclos ma­yores, pero es innecesario provocar confusión citando gua­rismos complicados. Los Diez Prajapatis o Rishis o los diez Logos planetarios se manifiestan por intermedio de Sus diez esquemas, en tiempo y espacio, difiriendo la hora de Su aparición. Cada uno se manifiesta como lo hace el Logos por medio de un septenario y una tríada, sumando el diez de la perfección.

Dos Sistemas Solares. Abarca el período de cien años de Brahma; estudiando los ciclos planetarios se podrá llegar a comprender estos ciclos mayores. Sin embargo, la con­fusión del estudiante se debe a que dos de los esquemas cubren sus períodos cíclicos en cinco rondas, mientras que otros lo hacen en siete; un esquema contiene nada más que tres rondas, y aquí se oculta un misterio: durante la ronda interna un planeta tiene que recorrer nueve ciclos antes que se cumpla el propósito de su Señor.

Ciertos períodos menores de pralaya no se relacionan con el hombre, conciernen al átomo de materia, cuando se libera de cualquier tipo de forma en los reinos subhumanos. El pralaya es el resultado de la radiactividad llevada a su fin.

c. Tipos de renacimiento humano. Cuando hemos estudiado la manera de construir formas mentales y los agentes para cons­truirlas, consideramos:

1.       La sustancia dévica con la cual se construyen.

2.      La energía que las anima y su fuente de origen.

3.      Su aparición en tiempo y espacio, o encarnación.

4.      Su desaparición o pralaya.

5.      Las entidades constructoras que producen estas formas, de manera triple, utilizan

a.      La meditación, acto preliminar a la construcción.

b.      La fuerza dinámica, o la energía positiva que se apo­dera de su polo opuesto (sustancia negativa) y la utiliza.

c.      El método para impartir color o cualidad que moldea lo que ha sido preparado.

d.     La vitalización secundaria que pone independiente­mente en movimiento a la forma mental así creada.

Consideraremos ahora el misterio del renacimiento o la encar­nación de esas vidas que existen en materia sutil y que, sin em­bargo, tratan de adquirir forma de acuerdo a la ley; nos referi­remos a su propósito específico en los niveles físico densos. Pode­mos considerar esto en relación con las entidades cósmicas que tra­tan de existir en el plano físico del cosmos, nuestros planos del sistema solar, o con los jivas reencarnantes impelidos por la Ley hacia la manifestación terrenal, a fin de adquirir (por medio de la vida sensoria) plena conciencia y mayores facultades y poder.

H. P. B. expresó que los renacimientos puedan dividirse en tres tipos: ([64])

a.      Los de los Avatares.

b.      Los de los Adeptos.

c.      Los de los jivas que tratan de evolucionar.

A quienes se esfuerzan por captar algo del misterio del rena­cimiento, sus leyes y propósito, y se confunden cuando consideran el misterio de Buda y el propósito secreto de esa enigmática Enti­dad, el Observador Silencioso, y a quienes encuentran casi insu­perable el problema de comprender la posición de los Kumaras y Su relación con el Logos planetario, sería conveniente decirles que estudien y mediten sobre la diferencia que existe entre los princi­pios inferiores y los tres superiores, el lugar y la posición que estos principios inferiores tienen en el cuerpo del Logos planetario y también que reflexionen respecto a las analogías que existen entre:

a.      El devachán del jiva reencarnante.

b.      El nirvana del Adepto.

c.      El pralaya de una Entidad cósmica, tal como el Señor de una cadena, el Señor de un esquema y el Señor de un Rayo.

Me refiero a la analogía en su sentido esotérico, únicamente en propósito y experiencia, y no a la analogía detallada. Puede de­cirse que los tres estados constituyen períodos de desarrollo, largos ciclos de meditación e intervalos entre etapas de actividad. De allí el énfasis puesto sobre la práctica de la meditación en Oriente y en todas las escuelas ocultistas, porque constituye el medio que otorga al ente, en entrenamiento, la capacidad de adquirir el poder de:

a.      Abstraerse o liberarse de la forma.

b.      Crear.

c.      Dirigir la energía por un acto de voluntad.

d.     Actuar constructivamente en el futuro.

Por la meditación un hombre puede liberarse de la ilusión de los sentidos y de su atracción vibratoria; encuentra su propio cen­tro de energía positiva y es conscientemente capaz de utilizarlo; por lo tanto se da cuenta que su verdadero Yo actúa libre y cons­cientemente más allá de los planos sensorios; penetra en los planes de esa Entidad mayor dentro de cuya capacidad irradiatoria tiene su lugar; entonces puede llevar a cabo conscientemente esos planes, a medida que llega a captarlos en las diversas etapas de realización y a ser consciente de la unidad esencial. Pero cuando un hombre ha llegado a liberarse de los objetos sensorios en los tres mundos, también se da cuenta de la necesidad de continuar meditando; esta forma de meditar -inconcebible para el hombre en los tres mun­dos- absorbe la atención del Adepto y durante dos grandes etapas, precediendo cada una a las dos Iniciaciones finales, la sexta y la sép­tima. No me refiero aquí únicamente a los Adeptos que “hacen el sacrificio” y eligen renacer para servir en el planeta, sino a todos los adeptos. La libertad de actuar en cualquier Sendero debe obte­ner se por la meditación ocultista; la libertad de salir del “círculo no se pasa” también se obtiene de esta manera, y lo mismo sucede durante esa curiosa etapa de pasividad lograda por Quienes se han ofrecido servir como Jerarquía oculta en la próxima ronda. En Ellos se han de acumular las simientes síquicas del conocimiento, disponibles en la quinta ronda; esto Les exige mantener una acti­tud receptiva hacia los acontecimientos que se producen al final de cada raza raíz, cuando tiene lugar, en niveles más sutiles, un aco­pio de fuerzas síquicas, que acumularán Aquellos que están prepa­rados para recibirlas. Su trabajo es análogo al del Manu de la Simiente, que trabaja por medio de un septenario, así como lo hacen esos acopiadores de fuerzas vitales síquicas.

También para dichas Entidades cósmicas, como los Logos pla­netarios, transcurren períodos de meditación, llevados a cabo en los planos cósmicos y sólo se sienten sus efectos en nuestro plano. Me­ditan por medio de Sus cerebros físicos, por lo tanto, emplean sus­tancia como lo hace el hombre, pero el proceso se efectúa en el cerebro etérico. Debe reflexionarse sobre esto, porque oculta un misterio. También debe tenerse muy presente el hecho de que algunos de estos Señores de Rayo, son más eficientes en la meditación que otros y los resultados obtenidos en Sus esquemas son distintos.

d. El futuro advenimiento del Avatar.

EL AVATAR QUE VIENE

“Desde el cenit hasta el nadir, desde el alba hasta el crepúsculo, desde el surgimiento al ser de todo lo que es y será, hasta entrar en la paz de todo lo realizado, brilla el orbe azul y el fuego radiante interno.

Desde los áureos portales hasta los abismos de la tierra, desde el fuego llameante hasta la esfera de las tinieblas, cabalga el Avatar secreto llevando la punzante espada.

Nada puede temer su acercamiento, ni nadie puede decirle que no se acerque. Cabalga Él sólo hacia la oscuridad de nuestra esfera, y aquello que trata de oponérsele ve en Su acercamiento un desastre y el caos extremos.

 Los Asuras ocultan sus rostros, y el abismo de maya se estremece hasta sus cimientos. Las estrellas de los eternos Lhas vibran a ese sonido -la PALABRA pronunciada con séptuple intensidad.

Grande es el caos; el centro mayor con las siete esferas vibrato­rias se estremecen a los ecos de la desintegración. Los vapores que emanan de la completa oscuridad ascienden y se disipan. El ruido discordante de los elementos combatientes da la bienvenida a Aquel que viene, pero no Lo detiene. La lucha y las exclamaciones de la cuarta gran Jerarquía, mezclándose con la nota suave de los Cons­tructores de la quinta y sexta Jerarquías, van a Su encuentro. Sin embargo, sigue Su camino, atravesando el círculo de las esferas y emi­tiendo la PALABRA.

*          *          *          *          *          *          *

Desde el nadir hasta el cenit, desde la víspera hasta que el Día sea con nosotros, desde el círculo de manifestación hasta el centro de la paz praláyica, se ve el azul que todo lo cubre, perdido en la llama de la realización.

Ascendiendo desde el abismo de maya, regresando a los áureos portales de las tinieblas y de la oscuridad, retornando al esplendor del día, cabalga el Uno Manifestado, el Avatar, llevando la Cruz destruida.

Nada puede detener Su retorno, nadie puede obstruir Su Sendero, pues viene por el camino elevado, conduciendo a Su pueblo. Llega el fin del sufrimiento, el fin de la lucha, la fusión de las esferas y la unión de las jerarquías. Entonces todo es reabsorbido dentro del orbe, el círculo de manifestación. Las formas de maya y la llama que todo lo devora son acaparadas por Aquel que cabalga en los Cielos y entra en el eterno Eón.”

Extraído de los Archivos de la Logia.

Hemos considerado el tema de los Avatares y las diferentes clases en que pueden ser divididos. Ahora nos extenderemos algo más respecto a los métodos por los cuales ciertas Existencias cós­micas y Entidades altamente evolucionadas aparecen entre los hombres para realizar una tarea específica; podrían ser inadecuada y brevemente resumidos de la manera siguiente:

El método de ejercer influencia.

El método de personificar a algún principio.

El método que se observa en el misterio del Bodhisattva o Cristo.

El método de encarnar directamente.

Las palabras limitan grandemente y las frases citadas apenas insi­núan su verdadero significado. En ello reside la seguridad para el estudiante, pues su significado real le sería incomprensible y lo desviaría, llevándolo a una errónea interpretación. Mientras un hombre no sea un iniciado aceptado no puede comprender el tema. El método más común es el primero. Los métodos de manifesta­ción empleados quizás los comprenda mejor el estudiante si son interpretados en términos de fuerza y energía y si observa que tenues reflejos e imperceptibles analogías de los mismos procesos pueden hallarse entre los jivas que reencarnan. Cuando un hombre ha alcanzado cierto grado de desarrollo y puede prestar servicio al mundo, ocurre a veces que es influenciado por un gran adepto o -como en el caso de H. P. B.- por un Ser más elevado que un adepto. Un chela puede ser un centro a través del cual su Maestro puede hacer fluir Sus energías y fuerzas para ayudar al mundo; durante ciertas crisis importantes, los hombres han sido influencia­dos por más de uno de los Grandes Seres. ([65]) Lo que sucede en los planos inferiores es sólo un reflejo de procesos superiores, y en este concepto puede hallarse la iluminación. El Hombre es un centro de fuerza, ya sea para su Ego cuando ha evolucionado sufi­cientemente o por conducto de éste, para su fuerza grupal; cuando está muy evolucionado puede ser conscientemente influenciado por un exponente de distinto tipo de fuerza, que se fusiona con su fuerza grupal o de Rayo, y produce resultados significativos en su vida terrena.

Si un Ego es muy evolucionado puede elegir, en determinada encarnación, trabajar principalmente por medio de uno de los cua­tro principios inferiores; cuando esto sucede, la vida del hombre en la tierra constituye, en forma significativa, un principio per­sonificado. Parece pulsar una nota y emitir un tono. Se observará que su trabajo lo realiza exclusivamente en una línea. Es un faná­tico de alto grado, pero realiza grandes cosas para su subraza, aunque el cerebro físico no sea consciente del impulso egoico. Este proceso tiene una curiosa relación con la oscuración o la desapa­rición de la personalidad, pues el principio particular personificado actúa por medio del correspondiente átomo permanente, desarro­llando en forma ultrarrápida sus espirillas, de ahí que el fin de su período de servicio llega a su fin. Sin embargo, éste es un hecho que se aprovecha cuando un superhombre o gran adepto se convierte en la personificación (durante una raza raíz) de un princi­pio; las vestiduras o envolturas, de las cuales el átomo permanente es el núcleo (por medio de la fuerza innata de las espirillas des­arrolladas), son conservadas por medio de fórmulas mántricas. La vibración se perpetúa durante ese lapso determinado en que él necesita la vestidura o envoltura. Aquí hay un indicio que puede ser de utilidad.

Cuando un hombre se ha convertido en discípulo puede, si quiere, permanecer en el plano astral, seguir trabajando allí y -cuando lo desee y de acuerdo al reajuste realizado en su karma por su Gurú- reencarnar físicamente de inmediato. En estos dos pensamientos hay una sugerencia sobre el misterio del Bodhisattva, siempre que el estudiante transfiera el concepto a los niveles etéri­cos del plano físico cósmico y recuerde que, en dichos niveles, el adepto trabaja totalmente como parte de un grupo y no como Enti­dad separada, como lo hace el ego en los tres mundos. Por lo tanto, la energía que fluye a través de Él puede provenir de:

a.      Un determinado centro que se halla en la plenitud de su fuerza en el cuerpo del Logos planetario.

b.      Una serie particular de vibraciones dentro de ese centro, o una parte de su fuerza vibratoria.

c.      La energía de un principio particular, ya sea uno de Sus propios principios superiores con el cual trata de influenciar en la tierra y encarnar para ese propósito específico, o la energía de uno de los principios logoicos planetarios, cuando fluye a través de Él por una espirilla o corriente de vida particular en el átomo permanente del Logos plane­tario.

Cuando estos tipos de fuerza se centralizan en algún Adepto y Éste expresa nada más que esa fuerza extraña, el efecto se observa en el plano físico por la aparición de un avatar. Un avatar es, un adepto se hace, aunque frecuentemente la fuerza, la energía, el propósito o la voluntad de una Entidad cósmica utilizará los vehículos de un adepto a fin de entrar en contacto con los planos físicos. Este método, por medio del cual ciertas Existencias cósmicas hacen sen­tir Su poder, puede verse actuando en todos los planos del plano físico cósmico. Un ejemplo evidente puede observarse en el caso de los Kumaras que, impelidos por ciertas fuerzas planetarias y for­mando un triángulo del sistema, dieron un impulso al tercer reino cuando, al ponerlo en conjunción con el quinto, produjo el cuarto. Estos Kumaras, Sanat Kumara y Sus tres discípulos, habiendo rea­lizado la iniciación más elevada posible en el último gran ciclo, aun­que todavía (desde Su punto de vista) tienen que dar otro paso, Se ofrecieron al Logos planetario de Su Rayo como “puntos focales” de Su fuerza, de manera que por este medio pudiera acelerar y perfeccionar Sus planes sobre la Tierra dentro del ciclo de manifesta­ción. Han aplicado tres de los cuatro métodos. Están influenciados por el Logos planetario, quien trabaja directamente como el Iniciador -en lo que al hombre concierne- por intermedio de Sanat Kumara y con los tres reinos de la naturaleza por inter­medio de los tres Budas de Actividad -Sanat Kumara se rela­ciona así directamente con el Ego en el plano mental, y Sus tres Discípulos se ocupan de los otros tres tipos de conciencia, de los cuales el hombre es la síntesis. En el momento de la iniciación (después de la segunda Iniciación) Sanat Kumara se convierte en vocero y agente directo del Logos planetario. Esa gran Entidad ha­bla por Su intermedio y durante un segundo (si tal término puede aplicarse a un plano en que el tiempo, tal como lo comprendemos, no existe) el Logos planetario del Rayo a que pertenece el hombre dirige conscientemente -vía Su cerebro etérico- Su pensamiento sobre el Iniciado “llamándolo por Su Nombre”.

También los Kumaras constituyen principios personificados, pero a este respecto debemos recordar que la fuerza y la energía de uno de los principios del Logos afluyen a través de Ellos por medio de lo que corresponde a la Mónada en lo que se refiere a los Ku­maras. Por Su intermedio, durante Su período de encarnación y sa­crificio voluntarios, el gran Prototipo del Logos planetario empieza a hacer sentir Su presencia y la fuerza de la constelación de la Osa Mayor vibra débilmente sobre la Tierra. Durante la iniciación el hombre se da cuenta conscientemente de la Presencia del Logos planetario mediante el contacto autoinducido con su propio Espíritu divino. En la quinta Iniciación se percibe la amplitud de esta influencia grupal planetaria y la parte que debe desempeñar en el gran todo. En la sexta y séptima Iniciaciones siente la influencia del Prototipo planetario que le llega por conducto del Logos planetario actuando por intermedio del Iniciador.

Este método de encarnación directa se aplicaba anteriormente cuando los Kumaras poseían forma física. Esto sólo puede decirse de algunos de Ellos; Sanat Kumara y Sus Discípulos tienen forma fí­sica, pero no han tomado cuerpos físicos densos. Trabajan en los niveles etéricos vitales y moran en cuerpos etéricos. Shamballa, donde Ellos moran, existe en materia física igual que los Kumaras, pero es materia de los éteres superiores del plano físico, y sólo cuando el hombre haya desarrollado la visión etérica, develará el misterio que hay detrás de los Himalayas. Por lo tanto, aunque Sanat Kumara es el Logos planetario, sin embargo, no lo es. Un reflejo de este método de encarnación directa puede observarse cuando un discípulo abandona su cuerpo y permite que su Gurú o un chela más avanzado lo utilice.

El misterio de los Bodhisattvas ([66]) ha sido tratado por H. P. B., y hasta que los estudiantes hayan asimilado y estudiado lo que ella ha dicho, nada más puede agregarse. Captar la verdad es un factor que siempre merece una nueva revelación.

Un período muy interesante tendrá lugar cerca del año 1966, y persistirá hasta el fin del siglo; para ese entonces los Grandes Seres ya se están preparando. Concierne al esfuerzo que realizan cada cien años la Logia y los Personajes que pertenecen a ella. En cada siglo la Logia hace un esfuerzo en una línea determinada de fuerza, con el objeto de llevar adelante los fines de la evolución; el esfuerzo que realizarán en el siglo veinte será de mayor envergadura que el efec­tuado durante mucho tiempo y abarcará a un número de Grandes Seres. H. P. B. y un sinnúmero de chelas intervinieron en un es­fuerzo similar durante el siglo diez y nueve; el que se ha de realizar en un futuro inmediato involucrará a varios de los Grandes Seres y al Mismo Maestro de Maestros; ahora podríamos referirnos a tres de los distintos métodos anteriormente mencionados, que se apli­carán para Su advenimiento.

En la aparición del Bodhisattva Mismo, se evidenciará el miste­rio del Bodhisattva en su más pleno significado, y no nos corres­ponde extendernos aquí sobre ello. Baste decir que se utilizarán las vestiduras del GRAN SER, pero el tiempo demostrará si el Señor que viene las revestirá con un vehículo físico en ese evento particular, o si el plano astral será el campo de Su actividad. Si el estudiante reflexiona sobre las consecuencias que implica apropiarse de ellas, se arrojará mucha luz sobre los probables acontecimientos. Las ves­tiduras actúan con capacidad dual:

a.      Por estar excesivamente magnetizadas, tienen, por lo tanto, un efecto profundo y de gran alcance.

b.      Por actuar como punto focal para la fuerza del Señor Buda y establecer un vínculo con el Señor que viene, Le permi­tirán acrecentar Sus propios y maravillosos recursos, extra­yéndolos de centros de fuerza, aún superiores, por conducto del Señor Buda.

Esta fuerza se expresará en el plano astral, produciendo vastos re­sultados de naturaleza tranquilizadora, trayendo, por acción refleja, paz en la tierra. La transmutación del deseo en aspiración y la trans­formación del deseo inferior en superior constituirán algunos de los efectos, mientras que el resultado de la fuerza que afluye producirá grandes reacciones en los habitantes dévicos de ese plano. Mediante la vibración así iniciada muchos tendrán oportunidad (que no hu­bieran tenido de otro modo) de recibir la primera Iniciación. Luego, a fines del ciclo mayor, el Avatar que viene volverá a emplear las vestiduras y todo lo que ello implica, y tomará un cuerpo físico, demostrando así en el plano físico la fuerza del Logos al aplicar la Ley. Cuando Él venga al final de este siglo y haga sentir Su poder, lo hará como Instructor del Amor y de la Unidad, y Su tónica será regenerar por medio del amor. Debido a que actuará principalmente en el plano astral, Su trabajo se manifestará en el plano físico, esta­bleciendo grupos activos en toda ciudad, grande o pequeña, y en todo país, que trabajarán agresivamente para lograr la unidad, la colaboración y la fraternidad en todos los sectores de la vida -eco­nómico, religioso, social y científico.

Dichos grupos obtendrán resultados imposibles de lograr ahora, debido a la retención de la fuerza búdica, pero más tarde esta fuerza será liberada sobre la tierra por intermedio del Gran Señor, que actuará como un aspecto del Logos y un punto focal para la conciencia y la energía del Buda.

Ésta es la probabilidad inminente que se tiene en cuenta al cele­brarse anualmente, durante un siglo, el Festival Wesak. Sería conve­niente que los estudiantes apoyaran los fines de la Jerarquía oculta concentrándose en forma similar, en el período del festival, ini­ciando así corrientes mentales de gran atracción, en el sentido oculto de este término.

Un indicio de la proximidad de este acontecimiento lo cons­tituirá la opción que se iniciará durante los próximos veinte y cinco años contra la delincuencia, el sovietísmo y el radicalismo extremos, que en la actualidad están siendo empleados por ciertas potestades para lograr objetivos contrarios a los planes del Señor. Se inaugurará la era de paz, agrupando en la tierra a las fuerzas que patrocinan la construcción y el progreso, y reuniendo cons­ciente y deliberadamente los grupos que personifican en cada país (hasta donde puede ser visualizado) el principio de la Fraternidad. Estén atentos a los signos de los tiempos, y no se desanimen por el futuro inmediato. La aparición del Gran Señor en el plano astral (seguida o no por Su encarnación física) tendrá lugar al celebrarse determinado Festival Wesak, en él Buda pronunciará un mántram (conocido sólo por aquellos que están por recibir la séptima Inicia­ción), liberando esa fuerza que permitirá a Su gran Hermano cum­plir Su misión. Por eso sería conveniente que en Occidente, en forma gradual, se haga conocer el Festival Wesak y su verdadero significado, ofreciéndose así la oportunidad a todos aquellos que están dispuestos a situarse en la línea de esta fuerza, a fin de ser vitalizados por ella y preparados para servir. La reacción mencio­nada se producirá también debido a la presión que ejercen los niños de hoy, muchos de ellos son chelas y algunos iniciados. Han venido para preparar el camino que han de recorrer Sus Pies.

Cuando llegue el momento (cinco años antes de la fecha de Su descenso) se los hallará cumpliendo plenamente su servicio y sa­biendo cuál es su trabajo, aunque ignoren lo que el futuro les depara.

Cuando llegue el momento habrá casos (aunque ya han habido algunos) en que se observará la actuación de esta influencia, mani­festándose de tres maneras. En todas las naciones de Oriente y Occidente habrá discípulos preparados y hombres y mujeres muy evolucionados desempeñando su tarea en las líneas asignadas, ocu­parán puestos destacados, que les permitirá llegar hasta los mu­chos; poseerán también cuerpos suficientemente puros para ejercer influencia. Esto sólo será posible en aquellos que se han consagrado desde la infancia o han servido a la raza durante todas sus vidas o, por el karma generado en vidas anteriores, han adquirido ese derecho. Esta triple manera de ejercer influencias se manifestará:

Primero. Plasmando en el cerebro físico del hombre las ideas, proyectos de trabajo, ideales e intenciones que (aunque emanan del Avatar) se los considerará sin embargo como propios, quien los ejecutará ayudado inconscientemente por la fuerza que afluye. Esto constituye literalmente una forma de telepatía mental superior, actuando en niveles físicos.

Segundo. Influenciando al chela mientras desempeña su tra­bajo (por medio de conferencias, escritos y enseñanzas), e ilumi­nándolo para que preste servicio. Será consciente de ello aunque incapaz de explicarlo; inspirado por Su Señor tratará de estar cada vez más dispuesto a servir, ofrendándose con total desinterés. Esto se llevará a efecto por medio del Ego del chela, la fuerza que fluye a través de su átomo astral permanente, siendo sólo posible realizarlo cuando se ha abierto el quinto pétalo.

Tercero. Colaborando conscientemente en este tercer método de influenciar, el chela se ofrendará a sí mismo (con pleno cono­cimiento de las leyes de su ser y de su naturaleza), y abandonará y entregará su cuerpo físico al Gran Señor o a uno de Sus Maes­tros. Esto sólo es posible cuando el chela ha alineado sus cuerpos inferiores, aunque todavía debe desarrollar el sexto pétalo. Por un acto de voluntad consciente entrega su cuerpo y se mantiene apar­tado durante determinado tiempo.

Estos métodos de ejercer influencia serán empleados princi­palmente por el Gran Señor y Sus Maestros al finalizar el siglo y, por esta razón, en todos los países encarnan discípulos que tienen la oportunidad de responder a la necesidad de la humanidad. De allí la urgencia de entrenar a hombres y mujeres a fin de que reconozcan científicamente el siquismo superior, la verdadera inspira­ción y la mediumnidad Dentro de cincuenta años será muy grande la necesidad de verdaderos síquicos y médium conscientes (como H. P. B. por ejemplo), si se llevan a la fructificación los planes del Maestro y se inicia el movimiento de preparación para el adve­nimiento de Aquel a Quien todas las naciones esperan. Muchos deben desempeñar su parte en esta tarea siempre que posean la perseverancia necesaria.

Lógicamente, el primer grupo será el más numeroso pues no necesita poseer mucho conocimiento, pero implica mayor peligro que los otros dos -peligro de que tergiverse los planes y acontezca un desastre al ente implicado. El segundo grupo será menos nume­roso, y el último consistirá en sólo un puñado o dos o tres en ciertos países. En este caso, resultará verídico que, por el sacrificio, el Hijo del hombre nuevamente recorrerá los caminos de los hombres, y Su encarnación física será un hecho. Muy pocos estarán a Su disposición porque la fuerza que Él posee requiere un instrumento particularmente flexible, pero ya se está haciendo la debida preparación.

También algunos Maestros e iniciados emplearán el método de encarnación directa por el proceso de:

a.      El nacimiento físico.

b.      La apropiación de un vehículo o cuerpo adecuado.

c.      La creación directa por un acto de voluntad. Esto será muy raro.

El segundo método, o intermedio, será el más frecuentemente empleado. Seis Maestros, cuyos nombres son completamente desco­nocidos para el estudiante ocultista corriente, han encarnado físi­camente -uno en la India, otro en Inglaterra, dos en América del Norte y uno en Europa central, mientras que otro ha hecho un gran sacrificio y tomado un cuerpo ruso en el deseo de actuar como centro de paz ese desviado país. Ciertos iniciados de la tercera Iniciación han tomado cuerpos femeninos -uno en la India, que a su debido tiempo hará mucho para emancipar a las mujeres de la India, mientras que otro tiene un trabajo peculiar vinculado al reino animal, e igualmente está esperando el día de Su aparición.

El Maestro Jesús tomará un vehículo físico y, con algunos de Sus chelas, llevará a efecto la reespiritualización de la iglesia ca­tólica, derribando la barrera que separa las iglesias Episcopal y Griega de la Romana. Si los planes progresan, como es de esperar, esto podrá suceder alrededor del año 1980. El Maestro Hilarión también vendrá y se convertirá en un punto focal de energía búdica en el vasto movimiento espiritista, mientras que otro Maestro está trabajando en el movimiento de la Ciencia Cristiana (Chris­tian Science) a fin de inducirla a adoptar líneas más sólidas. Es interesante observar que dichos movimientos han puesto un fuerte énfasis sobre el corazón o aspecto amor, por lo tanto, podrán res­ponder con más rapidez a la fuerza que afluirá durante el adve­nimiento, que los demás movimientos considerados muy avanzados.

La “mente puede matar” el reconocimiento de lo Real, pues el odio entre hermanos aleja la corriente de la fuerza de amor. Los tres Maestros, estrechamente vinculados con el movimiento teosó­fico, ya están haciendo Sus preparativos y actuarán también entre los hombres, reconocidos por Sus seguidores y por quienes tienen ojos para ver. A esos chelas que están sometidos a la necesaria disciplina se les ofrecerá la oportunidad de trabajar en el plano astral y, si ellos así lo eligen, de encarnar inmediatamente, siempre que hayan logrado la continuidad de conciencia. El Maestro cono­cido por D. K. tiene proyectado restaurar -por medio de Sus estudiantes- algunos de los antiguos y ocultas métodos de curar, y también señalar:

a.      el lugar que ocupa el cuerpo etérico,

b.      el efecto que produce la fuerza pránica,

c.      el desarrollo de la visión etérica.

Nada más puede decirse sobre los planes de los Grandes Seres. Su aparición no será simultánea, pues los pueblos no podrían resistir la enormemente acrecentada afluencia de fuerza; el reconocimiento de los Maestros y de Sus métodos dependerá de la intuición y del entrenamiento de los sentidos internos. No los anunciará ningún heraldo, y sólo Sus obras los proclamarán

e. Impulso y encarnación Quizás podría arrojarse alguna luz sobre la tan difícil cuestión de los jivas, adeptos y avatares encarnantes si el estudiante recuerda que:

1.       Un hombre común manifiesta el tercer aspecto de activi­dad inteligente en la vida de su personalidad y está desarrollando conscientemente el segundo aspecto o la manifestación egoica, en el plano físico.

2.      Un adepto manifiesta plenamente el segundo y tercer aspectos, y en su propia vida interna está en proceso de desarrollar el primer aspecto o de esforzarse por llevar la vida monádica a una actividad consciente en el plano búdico

3.      Un avatar manifiesta de acuerdo a su karma particular una de las dos cosas:

a.      La luz pura de La Mónada, traída al plano físico por Intermedio del Ego y de la personalidad perfecciona dos. La línea de fuerza se extiende directamente de los niveles monádico al físico.

b.      La luz del Logos en uno de sus aspectos, siendo cons­ciente y directamente transmitida al plano físico por medio de la Mónada desde el Logos planetario, o tam­bién desde el Logos solar.

En los dos primeros casos, el deseo de llevar una existencia sen­soria, o de servir a la humanidad, son los factores que producen la manifestación física (uno por la fuerza de la evolución misma, el otro por un acto consciente de la voluntad) El deseo de llevar una vida sensoria es sólo el segundo aspecto latente que trata de expre­sarse por medio del no-yo; en el otro caso, el segundo aspecto ma­nifestado emplea conscientemente la forma como medio para lograr un fin. En el caso de todos los avatares actúa el aspecto voluntad y produce la aparición -ya sea la voluntad del adepto perfecto como el Buda Mismo o (como en el caso del verdadero Avatar, quien ya lo es, pero no ha podido realizarlo) la voluntad del Logos plane­tario o del Logos solar, toma forma para un propósito especifico. Significa un despliegue de la facultad creadora más elevada que la manifestada por el Adepto al crear Su cuerpo de manifestación, el Mayavirupa. ([67]) Las frases “apropiación de un cuerpo físico” y “creación de un cuerpo físico” deben ampliarse para incluir no sólo nuestro plano físico, el séptimo subplano del físico cósmico, sino todos los planos del sistema solar.

Las causas conjuntas que producen la encarnación son tres:

1.       El impulso egoico.

2.      La actividad de los Ángeles solares y lunares.

3.      El karma o el papel que la actuación anterior desempeña en la manifestación.

Difícilmente podemos disociarlas, al considerar nuestro tema, dada la constitución innata del cuerpo egoico mismo y el papel que la conciencia inmanente desempeña al producirse la aparición por medio de un acto de la voluntad. Por lo tanto, reconsideremos brevemente lo que hemos aprendido acerca del cuerpo egoico y su constitución, y luego veamos los pasos dados por el Ego al obtener resultados en los tres mundos.

Hemos visto que en el tercer nivel del plano mental se encuen­tra el loto egoico, por lo tanto, el estudiante debería imaginárselo de la manera siguiente:

Oculto en el mismo centro o corazón del loto hay un punto brillante de fuego eléctrico de un tono blanco azulado (la joya en el loto), circundado y completamente oculto por tres pétalos her­méticamente cerrados. Alrededor de este núcleo central o llama interna, están dispuestos los nueve pétalos en círculos de tres pétalos cada uno, formando en total tres círculos. Dichos pétalos, igual que los tres centrales, están formados por la sustancia de los ángeles so­lares -sustancia que no sólo es sensoria como la que compone las formas de los tres mundos y los cuerpos lunares, sino que tiene una cualidad adicional de “yoísmo” o autoconciencia, que permite al ente espiritual, situado en el centro, adquirir por su intermedio, conoci­miento, percepción y autorrealización. Los nueve pétalos tienen un color predominantemente anaranjado, aunque los otros seis co­lores existan como secundarios en distintos tonos. Los tres pétalos internos son de color amarillo limón. En la base de los pétalos del loto están los tres puntos de luz que marcan el lugar de los áto­mos permanentes, el medio de comunicación entre los Ángeles solares y los pitris lunares. El Ego, por intermedio de estos átomos permanentes, de acuerdo a su grado de evolución, puede construir sus cuerpos lunares, adquirir experiencia y conocimiento en los tres planos inferiores y llegar a ser consciente. En una vuelta más alta de la espiral la Mónada, por intermedio de los pétalos egoicos y con la ayuda de los Ángeles solares, adquiere conocimiento y se hace análogamente consciente en niveles más excelsos.

La luz interna que se halla en los átomos permanentes tiene un fulgor rojo apagado; por lo tanto tenemos tres fuegos manifestándose en el cuerpo causal -fuego eléctrico en el centro, fuego so­lar circundándolo como la llama circunda el núcleo central o esen­cia en la llama de una vela y fuego por fricción, que se asemeja al pabilo enrojecido que se encuentra en la base de la llama superior.

Estos tres tipos de fuego en el plano mental -que se unen y unifican en el cuerpo egoico- producen con el tiempo irradiación o calor, que afluye por todas partes del loto produciendo esa forma esferoidal que observan los investigadores. Cuanto más evolucio­nado sea el Ego y estén más abiertos los pétalos, mayor será la belleza de la esfera circundante y más inmaculados sus colores.

En las primeras etapas, después de la individualización, el cuerpo egoico tiene la apariencia de un capullo. El fuego eléctrico del centro no se percibe y los nueve pétalos están cerrados sobre los tres internos; el color anaranjado tiene un aspecto apagado, y los tres puntos de luz en la base sólo son puntos y nada más; tam­poco se percibe el triángulo que se ve luego conectando dichos pun­tos. La esfera circundante es incolora y sólo es observada como vibraciones ondulantes (como las ondas en el aire o el éter) lle­gando escasamente más allá de la línea de pétalos.

En el momento en que se recibe la tercera Iniciación tiene lu­gar una transformación maravillosa. La esfera externa, de amplio radio, fulgura con los colores del arco iris; las corrientes de energía eléctrica que circulan en ella son tan poderosas que escapan fuera de la periferia del círculo, asemejándose a los rayos del sol. Los nueve pétalos están totalmente abiertos, formando un gracioso en­garce para la joya central, y su matiz anaranjado es ahora de una primorosa transparencia, salpicada de muchos colores, predominan­do el del rayo egoico. El triángulo que se halla en la base es vívido y chispeante y los tres puntos son pequeños fuegos fulgurantes, apareciendo ante la vista del clarividente como séptuples verticilos de luz, que hacen circular su luz entre los puntos de un triángulo que se mueve rápidamente.

En el momento de recibir la cuarta Iniciación la actividad de este triángulo es tan grande que se parece a una rueda girando rápidamente. Tiene un aspecto cuadridimensional. Los tres pétalos en el centro se están abriendo, revelando la “joya radiante”. En esta iniciación, por la acción del Hierofante que maneja el Cetro de Poder eléctrico, los tres fuegos son estimulados repentinamente por un descenso de fuerza eléctrica o positiva, desde la Mónada y, en respuesta, su fulgor produce esa fusión que destruye toda la esfera, desintegra toda apariencia de forma y establece un mo­mento de equilibrio o suspenso, en que los “elementos son consumados por el ardiente calor”. Entonces se conoce el momento de radiación más intensa. Luego -por la pronunciación de cierta Palabra de Poder- los grandes Ángeles solares absorben en sí mis­mos el fuego solar, produciendo así la desintegración final de la forma y, por ende, la vida se separa de la misma; el fuego de la materia retorna al depósito general, y ya no existen los átomos permanentes ni el cuerpo causal. El fuego eléctrico central se cen­traliza en atma budi. El Pensador o la entidad espiritual se libera de los tres mundos, funcionando conscientemente en el plano bú­dico. Entre las etapas de inercia pasiva (aunque autoconsciente) y de actividad radiante que produce un equilibrio de fuerzas, hay una larga serie de vidas.

Al estudiar el tema de los jivas reencarnantes, hemos tocado tres tópicos:

a.      Los avatares, a fin de esclarecer la confusión que existe en las mentes de los estudiantes respecto a ciertos tipos de apari­ciones. Aquí sólo nos ocuparemos de los procedimientos aplicados por el hombre común.

b.      Los pralayas, a fin de despertar en la mente del estudiante la idea de los intervalos de pasividad dependientes de los períodos intermitentes de actividad.

c.      La aparición del cuerpo egoico y su composición general, a fin de que el estudiante comprenda que la evolución afecta tam­bién a ese cuerpo y no sólo a las formas del hombre en los tres mundos. Los efectos del proceso son interdependientes y, a medida que el yo inferior se desarrolla o que la personalidad se hace más activa e inteligente, se obtienen resultados en el cuerpo superior. Debido a que estos efectos son acumulativos y no efímeros, los resultados inferiores, el cuerpo egoico similarmente se hace más ac­tivo y la manifestación de su energía aumenta. Al finalizar el período evolutivo en los tres mundos se ve un constante intercambio de energía; la luz irradia sobre las formas inferiores, que reflejan la irradiación superior; el cuerpo egoico es el Sol del sistema infe­rior, y sus cuerpos reflejan sus rayos así como la luna refleja la luz del sol solar. Similarmente, el Sol egoico -por medio de la interacción- brilla con mayor intensidad y gloria. En los niveles superiores tiene lugar una interacción similar, durante un corto periodo de tiempo, entre la Mónada y su reflejo, el Ego, pero sólo en el próximo sistema solar esta interacción será llevada a una lógica conclusión.

Habiendo considerado, por lo tanto, muy brevemente estos tres tópicos, podemos ahora seguir estudiando el proceso seguido por el Ego cuando trata de manifestarse en los tres mundos. Esfor­cémonos por interpretar mentalmente los procesos en términos de energía y de fuerza.

El Antiguo Comentario dice:

“Cuando la Chispa toca los cuatro pabilos, y cuando el Fuego espiritual en su triple esencia se encuentra con aquello que es combustible, surge la Llama. Fulgurando tenuemente al principio parece acercarse a la muerte, pero los pabilos arden y fulguran reteniendo el calor. Éste es el primer ciclo, y se denomina la rueda fulgurante.

 

El fulgor se acrecienta en una pequeña llama, y los cuatro pabi­los arden pero no se consumen, pues el calor no es suficiente. La luz de estos tres fuegos es tan tenue que no ilumina la caverna. Sin em­bargo, Aquel que se acerca y vigila, siente la llama y el calor esenciales. Éste es el segundo ciclo, y se denomina la rueda que da calor.

 

La pequeña llama se convierte en una lámpara encendida. El fuego arde, el humo prevalece porque los pabilos arden intensamente y el calor es suficiente para destruirlos rápidamente. La lámpara ubi­cada en medio de la oscuridad, hace que se manifieste la densa oscuridad; la luz y el calor se perciben. Este tercer ciclo se denomina la rueda iluminada.

 

Los cuatro pabilos y la llama parecen ser uno; se ha desvanecido casi todo el humo porque lo que más se ve es la llama. La caverna se ilumina, aunque la lámpara todavía es aparente. El cuarto ciclo se denomina la hora de la rueda ígnea.

 

El ciclo final llega cuando la lámpara misma se ha consumido, destruida por la intensidad del calor. Aquel que vigila, viendo reali­zado el trabajo, aventa el punto central de fuego, produciéndose una repentina llamarada. Los pabilos nada son -la llama es todo. La Ciencia Sagrada dice que éste se denomina el ciclo de la rueda consumida.”

En esta simbología arcana está oculto (en términos de energía y de actividad radiante) todo el secreto de la energía egoica y del impulso que hace sentir su presencia en la sustancia de los planos inferiores; el estudiante debería interpretar las frases que antece­den tanto macrocósmica como microcósmicamente. En toda mani­festación el impulso originador viene del primer aspecto que se halla oculto en el corazón del loto egoico, pero dicha Entidad actúa de acuerdo a la ley; en las primeras etapas (los primeros tres ciclos) el proceso tiene lugar bajo la Ley de Economía, ley de la sustancia misma; en los dos ciclos finales esta ley se fusiona (aun­que no es reemplazada, pues aún es muy poderosa) con la Ley de Atracción, la ley fundamental del Yo divino. La incomprensión de esto ha dado lugar a la confusión que existe en las mentes de muchos metafísicos respecto a lo que se manifestó primero, si el deseo o la voluntad, y a la diferencia que existe entre ellos, y también entre impulso y propósito, instinto e intención. En las primeras etapas el hombre reencarna regido por la Ley, de Eco­nomía; sin embargo, aunque el aspecto voluntad está detrás del proceso, durante un largo período de tiempo la atracción de la sensación y reflejo en la conciencia, el deseo, produce el rena­cimiento. Dando la sensación una cualidad de la materia o sustancia, el Yo al principio se identifica con la sensación. Luego, cuando el Yo empieza a identificarse consigo mismo y a reconocer la naturaleza del no-yo, la Ley de Atracción y de Repulsión se hace más activa, desplegándose la voluntad y el propósito cons­cientes. Debe recordarse aquí que existe una gran diferencia, en tiempo y espacio, entre el Logos o Macrocosmos y el Hombre o Microcosmos. El hombre corriente viene a la encarnación por me­dio del impulso egoico, basado sobre el deseo y la relación entre el segundo y el tercero o el Yo y el no-yo. El hombre traerá oportu­namente (por medio de la evolución) la revelación del primer aspecto, y el impulso egoico (basado en la comprensión mental consciente del propósito en consideración) será el factor domi­nante, demostrándose por medio de una definida voluntad de actuar. En relación con el Logos, la primera etapa ha sido dejada muy atrás; la manifestación logoica se basa en la voluntad y el propósito y también en la actividad consciente inteligente. La ra­zón de esto consiste en que el Logos y también los Logos planetarios están en el sendero de iniciación cósmica.

En consecuencia, aunque el impulso originador viene del punto central, al principio no se evidencia. En el momento de la indivi­dualización, el delineamiento confuso de una forma tal como la descrita anteriormente hace su aparición en niveles mentales, y (aunque todavía no ha sido reconocido por los estudiantes) se hace evidente que en los niveles mentales ha transcurrido un pe­ríodo destinado a prepararse para el inminente acontecimiento. Debido a la actividad de los Ángeles solares, los doce pétalos han tomado forma gradualmente, ya que el punto de fuego eléctrico en el corazón ha empezado a hacerse sentir, aunque todavía no se haya localizado. Entonces. los tres primeros pétalos se configuran y se cierran sobre el punto vibrante o “joya”, regido por el poder de la Ley de Atracción. Uno por uno otros nueve pétalos toman forma a medida que las vibraciones empiezan a afectar a la sustancia solar, siendo cada uno de los tres tipos de pétalos influenciados por uno de los Rayos mayores; éstos a su vez lo son por la fuerza pro­veniente de centros cósmicos.

Como ya se ha mencionado, dichos pétalos forman un capullo, estando cada uno herméticamente cerrado. Únicamente pueden observarse tenues vibraciones que palpitan en el capullo, apenas perceptibles como para testimoniar que es un organismo viviente. Puede verse sombrío y confuso al “circulo no se pasa”, el límite que ha de circunscribir la actividad de la Conciencia incipiente. Es un ovoide o esfera, muy pequeño todavía. El proceso de formación del loto egoico se ha ido desarrollando silenciosamente desde el momento en que el hombre animal inferior y los cuatro principios inferiores, alcanzaron un punto en que la energía (generada por él) podía empezar a hacerse sentir en niveles mentales. Cuando el fuego (el triple fuego de la sustancia misma) de las envolturas inferiores, ya preparadas, se hace radiactivo, la aparición nebulosa del tercer subplano del plano mental comienza a organizarse como resultado de la atracción descendente que ejerce lo inferior sobre lo superior y de la respuesta del aspecto Espíritu a la irradiación o atracción de la materia. Pero la individualización, tal como la entendemos, todavía no se ha efectuado. Este proceso de radiacti­dad de lo superior, abarca un largo período en que los Ángeles solares actúan en Su propio plano y los Pitris inferiores también en los Suyos; un grupo produce el núcleo del cuerpo egoico, y el otro el receptáculo para la vida de Dios o la Mónada en los tres mundos.

Luego llega un momento preestablecido en la vida del Logos planetario en que Sus centros se activan en forma particular, el cual coincide con la encarnación de las Mónadas y su descenso en los tres mundos. Se forma un triángulo en el sistema (pues los tres siempre producen los siete); mediante la liberación de la triple energía se coordina el trabajo de los Pitris solares y lunares, y el jiva correspondiente se apropia de los tres átomos permanentes que aparecen en la base del loto egoico. La individualización ha tenido lugar y el trabajo de unificación se ha completado; el cuarto reino de la naturaleza es un ‘hecho consumado; la Mónada se ha revestido de cuerpos materiales, apareciendo el ente autoconsciente en el plano físico. Si leemos lo que expone H. P. B. sobre las tres pri­meras rondas de nuestro esquema terrestre, considerando que se refiere al período de condensación del cuerpo causal en el nivel mental y abarca el periodo de tiempo que conduce a la aparición del hombre en la cuarta ronda, tal como es en la actualidad, puede arrojarse alguna luz sobre este difícil tema.

Podrá observarse que los lotos egoicos están agrupados, y cada uno forma parte de un grupo. A su vez estos grupos forman parte de un loto más vasto que personifica la conciencia de una Entidad mayor, cuya “joya” puede encontrarse en el segundo subplano. A su vez todos pueden dividirse en siete grupos fundamentales. Estos siete grupos o conjuntos de lotos egoicos, forman los siete tipos de conciencia de esas Entidades que son los siete centros de fuerza de nuestro Logos planetario. Estos siete, a su vez también se sintetizarán en niveles superiores, en tres centros superiores, hasta que toda la energía y fuerza que ellos representan es reunida y absor­bida por el centro que corresponde al centro más elevado de la cabeza del Logos planetario. Cada Logos personifica a un tipo de energía cósmica y cada uno de Sus centros personifica a una de sus siete diferenciaciones de ese tipo de energía. Cada uno de estos siete nuevamente se manifiesta por medio de grupos egoicos, los cuales también están compuestos por esos puntos de energía que llamamos Egos.

Tales innumerables grupos egoicos forman un todo radiante y entrelazado, aunque son diversos y diferentes en lo que respecta a su grado de desarrollo y color secundario. Así como los pétalos del loto egoico de los jivas encarnantes se abren con distintos colo­res y en diferentes períodos, así también los grupos egoicos se des­arrollan diversamente en cuanto a tiempo y secuencia. Esto le da una apariencia maravillosa. Así como el Maestro puede (estudian­do el grupo o el loto mayor del cual forma parte) asegurarse de la condición en que se encuentran los entes humanos que consti­tuyen el grupo, de la misma manera el Logos planetario puede ha­cerlo por medio de la identificación consciente (observen los tér­minos) de la condición de los diversos grupos por cuyo intermedio Su trabajo puede ser realizado.

Será evidente así para el estudiante que la aparición de los Jivas encarnantes en el plano físico será regida:

Primero, por el impulso basado en la voluntad-propósito de la Vida que anima al conjunto de grupos pertenecientes a cualquier subrayo o a uno de los siete grupos mayores.

Segundo, por el impulso basado en la voluntad, coloreada por el deseo, de la Vida que anima al grupo egoico de un hombre.

Tercero, por el impulso basado en el deseo del Ego por mani­festarse en el plano físico.

A medida que madura la identificación de un hombre con su grupo, el impulso del deseo se modifica, hasta que oportunamente es sustituido por la voluntad grupal. Si se medita sobre esto se evi­denciará que los Egos no vienen a la encarnación uno por vez, sino de acuerdo al impulso grupal y por lo tanto en forma colectiva. Ésta es la base del karma colectivo y del karma familiar. El impulso individual que lógicamente es una reacción al impulso grupal, es el resultado del karma personal. Aunque se haya arrojado alguna luz sobre el tema de la reencarnación, quizá se ha dicho demasiado para acrecentar su magnitud y complejidad. El hombre común está limitado a emplear el cerebro físico y, por lo tanto, es incapaz de pensar en términos grupales.

El impulso egoico, en cualquier grupo o unidad grupal, se hace sentir por una palpitación o acceso de energía que emana del punto central. Esta actividad central la produce la actividad del Logos planetario quien actúa por intermedio de los grupos que se encuentran en Sus centros y, de acuerdo con el centro estimulado, así serán afectados los grupos correspondientes. No nos podemos extender más sobre esto, pues el tema es estupendo y se halla más allá de la comprensión del hombre; solo es necesario que com­prenda que en esta cuestión él depende del Logos planetario.

En consecuencia, del centro grupal surge el anhelo de empren­der una renovada actividad, y ésta se propaga por todo el loto grupal hasta que los entes que responden a la vibración de ese rayo particular “despiertan” en sentido oculto. Durante todo el tiempo (en lo que se refiere a los jivas) éste ha sido el primer aspecto de fuerza, pasando desde un punto central a otros puntos centra­les. En cada caso los núcleos positivos son afectados por el surgi­miento del fuego eléctrico o energía. Cada punto implicado res­ponde con una contracción primaria, seguida por un despliegue de energía que va hacia afuera o que se expande. Cada Entidad involucrada pronuncia una PALABRA. Este sonido se expande hasta convertirse en un mántram y los Ángeles solares vibran en res­puesta. Aquí deben tomar nota de un punto muy interesante.

a.      El primer aspecto actúa por medio de la Palabra de Poder.

b.      El segundo aspecto actúa por medio de combinaciones mántricas.

c.      El tercer aspecto actúa por medio de fórmulas matemáticas.

Habiendo pronunciado la Palabra el primer aspecto, represen­tado por el fuego eléctrico en el centro del loto, se sumerge en una pasividad y se convierte en una abstracción, en lo que respecta al ente autoconsciente El trabajo ha comenzado, la vibración nece­saria ha sido iniciada y todo el proceso prosigue entonces de acuer­do a la ley. Los Angeles solares emprenden su actividad y hasta que su trabajo no haya alcanzado una etapa muy elevada, el as­pecto Espíritu debe, en el cuerpo causal, convertirse en la analogía del Observador Silencioso. A medida que los Ángeles solares continúan pronunciando el mántram, base de su trabajo, los Pitris lunares responden a ciertos sonidos de ese mántram (no a todos al principio), extrayendo de esos sonidos la fórmula bajo la cual su trabajo debe proseguir. De esta manera la Palabra es la base del mántram y el mántram es la base de la fórmula.

En cada encarnación se necesitan formas más refinadas; por lo tanto, las fórmulas son más complicadas y los sonidos, sobre los cuales están basadas, más numerosos. Con el tiempo las fórmulas se completan y los Pitris lunares no responden ya a los sonidos o mántram entonados en el plano mental. Esto indica la etapa de per­fección y demuestra que los tres mundos ya no ejercen una atracción descendente para el jiva implicado. El deseo de manifestarse y obtener experiencias inferiores ya no influye, quedando sólo el propósito consciente. Solo entonces puede ser construido el ver­dadero Mayavirupa; entonces el Maestro pronuncia el mántram para Sí Mismo, y construye sin fórmulas en los tres mundos. En el momento que el hombre comienza a hollar el Sendero de Pro­bación, los mántram de los Ángeles solares empiezan a desvane­cerse, y lentamente (a medida que se abren los pétalos del circulo interno) surge la verdadera Palabra, hasta que los tres pétalos que forman el santuario se abren y la chispa central es revelada. Entonces la Palabra es plenamente conocida, y de nada sirven los mántram y fórmulas. Así se revela la belleza del esquema. Al tra­tarse del Logos planetario, la Palabra emitida en niveles cósmicos se convierte en mántram en los planos etérico cósmicos, pues Él está en situación de crear conscientemente en esos niveles; sin embargo, actúa por medio de fórmulas en los planos físico densos de Su esquema, nuestros tres mundos de esfuerzo.

Retomando el tema de los jivas reencarnantes: Cuando se ha dado el impulso inicial la vibración palpita a través de los pétalos, y la actividad se inicia en aquello que responde a la nota de esa Palabra. Los Angeles solares dirigen la vibración y se origina el mántram para ese tipo particular de Ego. Finalmente, la vibración llega hasta la unidad mental en la base del capullo del loto, y los Pitris lunares entran en actividad. Empiezan a desarrollar sus fórmulas para el tipo particular de vehículo requerido.

f. Actividad de los Pitris. La actividad conjunta de los Pitris solares y lunares ([68]) en el proceso seguido por el Ego reencarnante, es el próximo tópico que consideraremos. El Ego, impulsado por el deseo de obtener experiencia física, ha hecho el movimiento inicial, y una vibración emanada desde el centro del capullo del loto llega hasta los pétalos del loto, en consecuencia ha vibrado con sustancia dévica o materia vitalizada por los Agnishvattas. Debido a que son energetizados para que entre en actividad (de acuerdo con el grupo afectado), la vibración aumenta y se emite un sonido dual. Dicho sonido constituye la base del mántram sobre el cual se funda el ciclo de encarnación del Ego. La vibración que pulsa a través del círculo externo de pétalos (pues los dos círculos internos y los tres pétalos centrales no responden todavía) llega al triángulo for­mado por los tres átomos permanentes, vivifica a las tres espirillas inferiores y causa una ligera respuesta en la cuarta, dejando a las tres superiores aletargadas. En cada ronda ha sido “creada” una de las espirillas, y en la presente cuarta ronda (por la creación de la cuarta espirilla), pudo venir a la existencia el cuarto reino o reino humano. La palabra “creación” debe ser comprendida esotéricamente y significa la aparición en manifestación activa de alguna forma de energía. Sólo en la próxima ronda la quinta espirilla será un ente activo funcionante, en un sentido incomprensible hasta ahora.

Los estudiantes deben recordar que esto se aplica principal­mente a la humanidad individualizada en este globo, siendo tam­bién aplicable a la cadena anterior; sin embargo, los entes que vienen desde la anterior a la cuarta cadena o cadena terrestre, son mucho más evolucionados que la humanidad de la tierra, y su quin­ta espirilla se está despertando para emprender una actividad organizada en la actual ronda. En la Naturaleza todo se superpone.

Por lo tanto, cuando esta vibración proveniente de la Voluntad central, ha llegado al triángulo atómico, indica que todo el loto está dirigiendo su fuerza hacia abajo, y durante el período de manifes­tación la afluencia de energía egoica se dirige a lo inferior y en consecuencia se aparta de lo superior. En esta etapa muy poca energía egoica se dirige a la Mónada, pues no ha generado aún suficiente fuerza ni es todavía radiactiva en lo que concierne al aspecto Espíritu. Sus actividades, durante la mayor parte del tiem­po, son principalmente internas y autocentradas, o están dedicadas a despertar los átomos permanentes y no a abrir los pétalos. Esto debe tenerse muy en cuenta.

El trabajo de los Angeles solares es triple, consiste en:

1. Dirigir la vibración hacia el triángulo atómico. Aquí debe recordarse un hecho muy interesante. Los tres átomos permanentes o los tres puntos del triángulo, no mantienen siempre la misma posición respecto al centro del loto, sino que de acuerdo al grado de desarrollo así será la posición de los átomos y la captación de la fuerza que afluye. En las primeras etapas, el átomo físico perma­nente es el primero en recibir dicha afluencia, haciéndola pasar a través de su sistema al átomo astral permanente y a la unidad men­tal. La fuerza circula cuatro veces alrededor del triángulo (nuestra ronda es la cuarta) hasta que hace contacto nuevamente con la unidad mental y la energía se centraliza en la cuarta espirilla de la unidad mental. Sólo entonces comienzan su trabajo los Pitris lunares y se establece la coordinación de la sustancia que formara la envoltura mental, actuando luego con el cuerpo astral y, final­mente, con el cuerpo etérico.

En una etapa posterior de la evolución del hombre (en la que se halla hoy el hombre común) primeramente se hace contacto con el átomo astral permanente, y al circular la energía a través de él, llega a los otros dos. En la etapa del hombre intelectual avan­zado, la unidad mental ocupa el principal lugar. En este caso existe la posibilidad de alinear los tres cuerpos, lo que más tarde será un hecho consumado. La quinta espirilla en los dos átomos inferiores aumenta su vibración. Como ya se sabe, hay únicamente cuatro espirillas en la unidad mental, y en el momento en que está ple­namente activa es posible la coordinación del antakarana. Enton­ces se producen cambios en el loto egoico y se abren los pétalos, dependiendo parcialmente de la vibración y del despertar de las espirillas.

El estudiante debe recordar que tan pronto como la unidad mental se convierte en el ápice del triángulo atómico, se produce una condición donde la fuerza futura penetrará simultáneamente por los tres átomos a través de los tres pétalos abiertos del círculo externo, entonces el hombre habrá alcanzado una etapa bien defi­nida en la evolución. Dirigir y aplicar la fuerza a los átomos es la tarea de los Pitris solares. A medida que progresa la evolución su correspondiente trabajo se hace más complejo, pues los pétalos se van abriendo y el triángulo gira más rápidamente.

2. Pronunciar el mántram que hará posibles las 777 encar­naciones.

Cada cifra de esta triplicidad representa:

a.      Un ciclo de manifestación egoica.

b.      Un sonido particular que permitirá al Ego expresar algún subrayo del rayo egoico.

c.      Los tres círculos de pétalos que se abren como resultado de las emanaciones.

d.     El grupo particular de manasadevas que forman el cuerpo causal del Ego involucrado.

Por consiguiente, los sonidos mántricos se basan en guarismos y por medio del mántram (que aumenta en volumen, profundidad y cantidad de sonidos involucrados a medida que pasa el tiempo) la fuerza es dirigida, los correspondientes pétalos son impulsados a la actividad y los Pitris lunares se hacen conscientes de la tarea de preparación para cualquier encarnación.

3. Construir lo que hace falta para completar el cuerpo causal.

En las primeras etapas este trabajo es comparativamente insig­nificante, pero cuando se ha alcanzado la tercera etapa de des­arrollo y el hombre manifiesta carácter y capacidad, su trabajo aumenta rápidamente, ocupándose de perfeccionar el cuerpo ugoi­co, o de expandir la conciencia egoica si se prefieren términos metafísicos. Esto se lleva a cabo por el material que proporciona el yo inferior. Cuando la Personalidad inferior se va haciendo gra­dualmente radiactiva, dichas irradiaciones son atraídas por el ego positivo y absorbidas en su naturaleza por la actividad de los Ángeles solares.

Estas tres actividades constituyen el trabajo principal de los Pitris solares en lo que concierne al hombre. Cuando involucra al grupo y no al individuo, su trabajo reside en ajustar las unidades egoicas a sus grupos y hacerlas conscientes del mismo, pero esto sólo es posible en las etapas finales de la evolución cuando el trabajo del grupo más elevado de los Agnishvattas ha sido bien reali­zado. El grupo medio, que forma los nueve pétalos, es siempre el más activo. Los Pitris trabajan vinculados con el grupo inferior, quien transmite la energía directamente al triángulo atómico, que a su vez lo recibe del grupo medio. No es posible dar más detalles sobre esto pues el trabajo de los Agnishvattas es grande y com­plicado y, en ciertos detalles, difiere en los distintos esquemas. Quienes trabajan en los esquemas de Urano, Neptuno y Saturno lo hacen en forma algo distinta a aquellos que actúan en el es­quema de Venus, Vulcano, Marte, Mercurio, Júpiter, la Tierra y el esquema exotérico de Saturno, haciendo lo mismo los Manasadevas de la ronda interna. Se observará que tenemos nuevamente una tri­plicidad de grupos que representa una triplicidad de fuerza, y aquí hay una insinuación. En la lista central de esquemas, el grupo me­dio y el inferior de Agnishvattas están activos. En los otros, el grupo superior y el del medio son los que dominan, porque estos planetas, los más esotéricos y sagrados de la manifestación, se ocu­pan sólo de los egos que se hallan en el Sendero y, por lo tanto, están grupalmente activos. Esto podría esperarse de Urano, Nep­tuno y Saturno, pues constituyen los esquemas planetarios sinte­tizadores y proporcionan condiciones aptas únicamente para la etapas muy avanzadas. Son los planetas “cosechadores”.

 Respecto a estos Egos existe mucha confusión en las mentes de los estudiantes debido a que no han comprendido (como lo señala H. P. B.) ([69]) que La Doctrina Secreta se ocupa principalmente del esquema planetario de nuestra Tierra; tiene muy poco que impar­tir respecto a los demás esquemas y a los métodos para desarrollar la autoconciencia. El procedimiento general en los niveles menta­les es el mismo, pero como cada esquema personifica un tipo de fuerza particular, la peculiaridad de esa fuerza colorará toda su evolución y los Agnishvattas harán el trabajo que les corresponde. No es posible establecer cuál es la coloración particular del Rayo que personifica a nuestro esquema, pues es uno de los más recón­ditos misterios que se revela en la iniciación; los estudiantes deben recordar que los fundamentos expuestos aquí no se refieren espe­cíficamente a nuestro esquema.

En la literatura ocultista moderna se expone mucho acerca del proceso seguido para lograr la perfección de los Egos que han elegido permanecer con la Jerarquía de nuestro planeta y seguir sus métodos de desarrollo (desde el chela hasta el adepto). Pero prácticamente nada se ha dicho sobre los muchos egos que alcanzan cierta etapa elevada de evolución en nuestro esquema y luego son transferidos a uno de los tres esquemas sintetizadores, pasando pri­mero a ese esquema que es el polo opuesto del nuestro, y de allí al esquema sintetizador. Numéricamente son más que los que per­manecen dentro del esquema de la Tierra. Cualquiera sea el esquema sintetizador que los atraiga, indica el comienzo de su reco­rrido hacia uno de los tres senderos cósmicos. El trabajo de los Manasadevas se lleva a cabo en todo el sistema, teniendo lugar una constante circulación y transmisión de energía y de unidades de fuerza que personifican esa energía. Esta transmisión se hace posible en cualquier esquema cuando el cuarto reino o humano llega a ser radiactivo; realmente esto marca el principio del periodo de oscu­ración. Venus es un ejemplo. Metafísicamente señala el punto en que los Logos comienzan a desprenderse de Sus cuerpos físico densos o de los tres mundos del esfuerzo humano.

Como hemos visto, los tres grupos de Agnishvattas vinculados con la evolución del hombre en el nivel mental, tiene cada uno una función específica, y el grupo más inferior se ocupa princi­palmente de transmitir la fuerza o energía a los tres átomos perma­nentes. Cuando éste emite dos veces el sonido del mántram egoico se producen cambios y los Pitris lunares (que se ocupan de los tres vehículos inferiores) inician su trabajo, facilitándoles la clave los Angeles solares.

Los Pitris lunares personifican la sustancia de los cuerpos infe­riores del hombre, así como los Pitris solares se sacrifican para darle su cuerpo egoico y su conciencia, ([70]) ([71]) constituyendo la sus­tancia en su aspecto dual. Los Pitris lunares en sus grados supe­riores son la energía positiva de la sustancia atómica y en los inferiores el aspecto negativo de la misma. En relación con el hombre puede considerarse que son de tres categorías:

a.      El grupo superior, recibe la energía proveniente de niveles superiores y anima a las espirillas de los tres átomos per­manentes.

b.      El grupo medio, por ser la energía positiva atrayente, construye y forma el cuerpo del hombre en los tres planos.

c.      El grupo inferior, es el aspecto negativo de la sustancia energetizada y la materia de las tres envolturas.

En Conexión con el sistema solar personifican al aspecto Brah­ma, y son el producto de ciclos anteriores donde se realizó la acti­vidad consciente, pero sólo adquirieron autoconciencia ciertas enti­dades cósmicas que pasaron por la sustancia consciente y le dieron esa potencialidad que permitirá a la sustancia atómica -después de muchos kalpas- desarrollar la autoconciencia. En relación con un planeta, se los denomina con un nombre misterioso que no puede ser revelado, pues encierra el misterio del esquema que precedió al nuestro y del cual el nuestro es una copia. Hay Pitris que tra­bajan en relación con un planeta y con un sistema solar, así como existen aquellos que trabajan en Conexión con el reino humano. Personifican la energía de la sustancia tal como se manifiesta en un sistema, un esquema y un ciclo humano.

A nuestro particular esquema terrestre están también vincula­dos esos Pitris lunares que alcanzaron en la cadena lunar su actual etapa de actividad. Son grupos dévicos que no han pasado (como los Agnishvattas) por la etapa humana, pero deben hacerlo; su actual experiencia en relación con la Jerarquía humana tiene esa finalidad. Se ha de recordar que la ley fundamental que rige el desarrollo exotérico establece que ninguna vida puede dar más de lo que ha poseído, y la posesión de los distintos atributos de Con­ciencia, desde el átomo hasta un Logos solar, es el resultado de largos ciclos de adquisiciones. Por consiguiente, los Pitris solares pueden dar al hombre su conciencia y los Pitris lunares la con­ciencia instintiva de sus vehículos. Conjuntamente en todos los reinos de la naturaleza, en este planeta o en cualquier otra parte, proporcionan a los Logos planetario y solar la suma total del aspecto conciencia de Sus respectivos cuerpos. Esto sucede en cada esquema del sistema, pero en la cadena terrestre se ha creado un estado particular de cosas debido al fracaso planetario coincidente con la cadena lunar, siendo la causa de que actualmente se estén equilibrando las fuerzas en esta cadena. En la cuarta cadena de cada esquema se inició el trabajo de los Pitris solares en conexión con el hombre. También entraron en actividad los Pitris de sus cuerpos debido al impulso proporcionado por los Angeles solares. La materia de esas envolturas ha pasado por tres cadenas y tres rondas y vibra con una nota sintonizada... Para expresarlo en otras palabras, la tercera puede emitirse con claridad y lógicamente le sigue la quinta o dominante. La pronunciación simultánea de la tercera y la quinta, basada en la nota clave planetaria, pro­duce el efecto de un triple acorde o un cuarto tono, un sonido com­plejo. Me refiero al acorde de la jerarquía humana como un todo. Dentro de la jerarquía existe una diversidad de notas basadas en el acorde jerárquico, el cual produce los numerosos acordes y las notas egoicas, que a su vez producen la manifestación objetiva.

Ahora podemos delinear la progresión de la energía egoica cuando desciende de los niveles abstractos a los átomos permanen­tes. En cada plano el trabajo es triple, y puede clasificarse de la manera siguiente:

1. La respuesta, dentro del átomo permanente, a la vibración iniciada por los Pitris solares o expresado en otras palabras, la respuesta del grupo superior de los Pitris lunares al acorde del Ego. Esto afecta definitivamente de acuerdo con la etapa de evo­lución del Ego involucrado, a las espirillas del átomo.

2. La respuesta de la sustancia a la vibración atómica sobre el plano particular involucrado. Esto concierne al segundo grupo de Pitris cuya función consiste en reunir, alrededor del átomo per­manente, la sustancia sintonizada con cualquier nota particular. Actúan de acuerdo a la Ley de Atracción magnética y constituyen la energía atractiva del átomo permanente. En menor escala cada átomo permanente ocupa (respecto a la sustancia de las envolturas del hombre) una posición relativa a la que ocupa el sol físico res­pecto a la sustancia del sistema, constituyendo el núcleo de fuerza atractiva.

3. La respuesta a la sustancia negativa implicada y su modelamiento en la forma deseada por medio de la energía dual de los dos grupos superiores de Pitris.

Alguna idea se ha proporcionado respecto a la unidad de este triple trabajo al diferenciar la sustan­cia de cualquier plano en

a.      Sustancia atómica,

b.      sustancia molecular, y

c.      esencia elemental.

Tal diferenciación no es totalmente exacta y podría llegarse a una idea más fiel del concepto subyacente si se sustituyeran las palabras “sustancia y esencia” por la de “energía”. El término Pitris aplicado al tercer grupo no es correcto. Los verdaderos Pitris lunares son los del primer grupo superior, porque personifican un aspecto de la voluntad inteligente de Brahma o Dios en la sustan­cia. El tercer grupo es literalmente el de los Constructores menores, siendo fuerzas ciegas e incoherentes sujetas a la energía que emana de los dos grupos superiores. Esotéricamente estos tres grupos se dividen en:

a.      Pitris que ven, pero no tocan ni manejan.

b.      Pitris que tocan, pero no ven.

c.      Pitris que oyen, pero no ven ni tocan.

Como todos tienen el don de oír ocultamente, se conocen como los “Pitris que poseen el oído abierto”; trabajan influenciados total­mente por el mántram egoico. Si se estudian estas diferenciaciones mucho podrá extraerse acerca de un grupo muy importante de tra­bajadores dévicos que solo vienen a la manifestación en la cuarta ronda como una triplicidad coordinada, a fin de proporcionar ve­hículos para el hombre; la razón de esto se halla oculta en el karma de los siete Logos, pues energetizan la cuarta, quinta y sexta Jerarquías. En la primera ronda de cada esquema estos tres grupos Obtienen cierta etapa de necesario crecimiento, y personifican la evolución más elevada del aspecto sustancia. Sólo los átomos de sustancia, más elevados y perfectos, aquellos que han sido partes integrantes de las formas evolutivas superiores, encuentran su camino hacia los vehículos de los hombres

g. El trabajo de construir formas. Este trabajo se efectúa bajo leyes definidas, las de la sustancia misma; produce un efecto similar en los vehículos humano, planetario y solar. Las dife­rentes etapas pueden enumerarse de la manera siguiente:

1. La Nebulosa. Etapa en que la materia del futuro cuerpo comienza a separarse gradualmente del conjunto de sustancia del plano y a asumir un aspecto nebuloso o lechoso. Esto corresponde a la etapa de la “niebla ígnea” en la formación de un sistema solar o de un planeta. “Los Pitris de la Niebla” entran en actividad como uno de los numerosos grupos subsidiarios de los tres grupos principales.

2. La Rudimental. La condensación ha empezado pero aún todo se halla en estado rudimentario y en Condición caótica; no existe una forma definida. Dominan “Los Pitris del caos” caracte­rizándose por la energía excesiva y la actividad violenta; cuanto mayor es la condensación antes de la coordinación, tanto más gran­des son los efectos de la actividad Esto es verdad respecto a los Dioses, hombres y átomos.

3. La Ígnea. La energía interna de los átomos que se reúnen rápidamente y su efecto recíproco, produce un aumento de calor y la consiguiente manifestación de la forma esferoidal, de manera que el vehículo de todos los entes se ve fundamentalmente como una esfera, girando sobre sí misma y atrayendo y rechazando a otras esferas. “Los Pitris de las Esferas Ígneas” agregan su trabajo al de las dos anteriores, alcanzándose una etapa muy definida. Los Pitris lunares, en cada esquema y a través del sistema, son literal­mente los agentes activos en la construcción del cuerpo físico denso del Logos; energetizan la sustancia de los tres planos mental, astral y físico denso del sistema en los tres mundos. Esto merece una cuidadosa reflexión.

4. La Acuosa. La bola o esfera de esencia ígnea gaseosa se condensa o licúa cada vez más; empieza a solidificarse en su super­ficie externa, definiéndose con más nitidez el “círculo no se pasa” de cada cuerpo. El calor de la esfera aumenta, centralizándose en el núcleo o corazón de la esfera donde produce esa pulsación en el centro que caracteriza al sol, al planeta y a los diversos vehículos de todas las entidades encarnantes. Es una etapa análoga a la del despertar de la vida en el feto durante la etapa prenatal; esta ana­logía puede observarse en la construcción de formas llevada a cabo en todos los planos. Esta etapa marca la coordinación del trabajo de los dos grupos superiores de Pitris lunares, entonces los “Pitris del Doble Calor” colaboran inteligentemente. Se vinculan el cora­zón y el cerebro de la sustancia que compone a la forma, la cual se desarrolla lentamente. El estudiante hallará interesante estable­cer la analogía que existe entre esa etapa acuosa y el lugar que el plano astral ocupa en los cuerpos del planeta y del sistema, y la afinidad que existe entre mente y corazón, oculta en el término “kama-manas”. Uno de los más profundos misterios ocultos será revelado a la conciencia del hombre cuando haya descubierto el secreto de la construcción de su vehículo astral y la formación del vínculo que existe entre ese cuerpo y la totalidad de la luz astral en el plano astral.

5. La Etérica. Esta etapa no se limita únicamente a cons­truir la parte etérica del cuerpo físico, porque su contraparte se encuentra en todos los planos que conciernen al hombre en los tres mundos. La condensación y solidificación de los materiales ha continuado, hasta que ahora los tres grupos de Pitris forman una unidad en el trabajo. Se ha establecido el ritmo y se ha sincroni­zado el trabajo. Los constructores menores trabajan sistemática­mente y la Ley del Karma se demuestra activamente, pero debe recordarse que la reacción selectiva a la nota egoica es inherente al karma, respuesta vibratoria que cobra la sustancia misma. Sólo esa sustancia que (por el uso anterior) ha sido sintonizada a cierta nota y vibración responderá al mántram y a la consiguiente vibra­ción que emana del átomo permanente. Esta etapa es muy impor­tante, porque señala la circulación vital, por todo el vehículo, de un determinado tipo de fuerza particular. Esto puede observarse en el vehículo etérico que hace circular la fuerza vital o prana del sol. Puede observarse un vínculo similar con la fuerza involucrada en los planos astral y mental. “Los Pitris del Triple Calor” trabajan ahora sintéticamente, coordinándose el cerebro, el corazón y los centros inferiores. Se vinculan lo superior y lo inferior y los cana­les se despejan permitiendo la circulación de la triple energía. Esto es verdad respecto a la construcción de formas de todos los entes, macro y microcósmicos. Ello se pone de manifiesto por la colaboración activa de otro grupo de Pitris denominado “Los Pitris de la Vitalidad” en relación con los demás. Colaboran grupo tras grupo, porque los tres principales están distribuidos entre los gru­pos menores.

6. La Sólida. Esto marca la etapa final en la construcción de la forma y señala el momento en que se ha realizado el trabajo de reunir y dar forma a la sustancia. La mayor parte del trabajo de los Pitris lunares ya se ha cumplido. La palabra “sólido” no se refiere únicamente a la manifestación inferior objetiva, pues una forma sólida también puede ser etérea, y sólo el grado de evolución alcanzado por la entidad involucrada revelará su relativo signi­ficado.

Todo lo que aquí se ha expuesto acerca de las etapas progre­sivas en la construcción de las formas en todos los planos es apli­cable a las formas de todos los sistemas y esquemas y también a la construcción de formas mentales. El hombre construye conti­nuamente formas mentales y aplica inconscientemente el método que sigue su Ego para construir sus cuerpos, el mismo que emplea el Logos para construir Su sistema y el que utiliza un Logos plane­tario para construir Su esquema.

Cuando un hombre habla emite un mántram muy diversifi­cado. La energía así generada pone en actividad una multitud de pequeñas vidas que proceden a construir una forma para su pen­samiento, siguiendo etapas análogas a las que acabamos de deli­near. En la actualidad el hombre inicia inconscientemente estas vibraciones mántricas ignorando las leyes del sonido y su efecto. El trabajo esotérico que está llevando a cabo es desconocido para él. Más tarde hablará menos, sabrá más y construirá formas más exactas, que producirán poderosos efectos en los niveles físicos. Así, en ciclos lejanos, oportunamente, se “salvará” el mundo, y no solo un ente acá o allá.

Vinculadas a la construcción de los cuerpos del hombre ocu­rren en la manifestación ciertas cosas interesantes que podríamos dilucidar ahora, dejando que el estudiante establezca las analogías relacionadas con el sistema y el planeta; únicamente podrá dársele indicaciones generales que serán de utilidad para llegar a sus pro­pias conclusiones.

En todo el trabajo de construir formas suceden ciertas cosas muy importantes que conciernen al Ego más que a las envolturas, aunque la acción refleja entre el yo personal inferior y el superior es tan estrecha que casi son inseparables.

El momento en que el Ego se apropia de la forma. Esto tiene lugar únicamente después que la cuarta espirilla ha comenzado a vibrar, variando el período de acuerdo al poder que ejerce el ego sobre el yo inferior. Idéntica analogía, en conexión con el vehículo físico denso, puede observarse cuando el Ego cesa su trabajo de influenciar y, en algún periodo, entre el cuarto y el séptimo años, hace contacto con el cerebro físico del niño. Un suceso similar ocurre con los vehículos etérico, astral y mental.

El momento en que la energía del Ego se transmite de una forma inferior a otra. Siempre se pasa por alto el hecho de que el sen­dero de encarnación no se recorre rápidamente, sino que el Ego desciende muy lentamente y toma posesión gradual de sus vehícu­los; cuanto menos evolucionado es el hombre, más lento es el pro­ceso. Consideramos aquí el periodo que transcurre después que el Ego ha dado el primer paso hacia el descenso y no el tiempo transcurrido entre dos encarnaciones. Esta tarea de pasar a un plano, con el propósito de encarnar, señala una crisis definida que se caracte­riza por el sacrificio voluntario, la amorosa apropiación de la sus­tancia y la energetización de ésta para que entre en actividad.

El momento en que el tipo particular de fuerza se apropia y energetiza cualquier forma determinada. Esto hace que el cuerpo implicado sea influenciado por:

a.      El rayo egoico.

b.      Un subrayo particular del rayo egoico.

c.      Y debido a ello es influenciado a su vez por:

Influencias astrológicas.

Irradiaciones planetarias.

Corrientes de fuerza emanadas de determinadas conste­laciones.

Estos tres acontecimientos tienen una analogía muy interesante en relación con el trabajo del Logos en la construcción de Su cuerpo físico, el sistema solar; también existen ciertas analogías vincu­ladas a las tres primeras Iniciaciones.

Desde el punto de vista del yo inferior, los dos momentos más importantes de la reencarnación del Ego son: ése en que la unidad mental es energetizada para entrar en actividad cíclica y aquél en que el cuerpo etérico es vitalizado. Concierne a aquello que vincula el centro en la base de la columna vertebral con cierto punto dentro del cerebro físico por conducto del bazo. Aquí tra­tamos estrictamente con la clave fisiológica.

Podríamos elucidar ahora un punto muy interesante relacio­nado con el cuerpo físico denso, si nos ocupamos por lo tanto de aquello que no se considera un principio, ya sea en el macro o en el microcosmos. Como se sabe, el hombre es esencialmente un hom­bre mental y un hombre astral, y ambos se apropian de un cuerpo etérico con el propósito de realizar un trabajo objetivo. Los dos se hallan en el cuerpo etérico y constituyen el verdadero hombre inferior. Pero posteriormente -a fin de adquirir conocimiento también en el plano más inferior de todos- el hombre se reviste con una envoltura de piel, como lo expresa La Biblia, colocándola sobre su cuerpo etérico, esa forma ilusoria externa que muy bien conocemos, este es el nivel más inferior de la objetividad y cons­tituye su “aprisionamiento” directo. La apropiación de la envol­tura densa, por el Ego, está sujeta a una parte especial del karma, vinculado con los cuatro Kumaras u Hombres celestiales, que for­man el Cuaternario logoico. En los esquemas que se relacionan con la Tríada logoica (o esos tres Rayos mayores u Hombres celestia­les), la encarnación física densa no constituye el objetivo desti­nado, y el hombre actúa con materia etérica en su manifestación inferior.

La apropiación del cuerpo inferior es muy distinta a la de los otros cuerpos. Por una parte no hay átomo permanente para vita­lizar. El plano físico es un reflejo completo del mental; los tres subplanos inferiores son el reflejo de los subplanos abstractos y los cuatro subplanos etéricos de los cuatro planos mentales concretos. La manifestación del Ego en el plano mental (o cuerpo causal) no es el resultado de la energía que emana de los átomos permanentes como núcleo de fuerza, sino el resultado de diferentes fuerzas y principalmente de la fuerza grupal. Lo señala predominantemente el acto realizado por una fuerza externa, que se pierde en la incóg­nita del karma planetario. Esto también es verdad respecto a las manifestaciones inferiores del hombre, siendo el resultado de una acción refleja, y se fundamenta en la fuerza del grupo compuesto de centros etéricos por medio de los cuales el hombre (como un conjunto de vidas) funciona. La actividad de dichos centros inicia una vibración en respuesta a los tres subplanos inferiores del plano físico y su interacción hace que se adhieran al cuerpo etérico o se reúnan a su alrededor partículas de lo que erróneamente denomi­narnos “sustancia densa”. Este tipo de sustancia energetizada es arrastrada hacia un vórtice, del cual no puede escapar, de corrientes de fuerza que emanan de los centros. Por lo tanto, dichas  unidades se van apilando de acuerdo a la dirección que lleva la energía alrededor y dentro del cuerpo etérico hasta cubrirlo y ocultarlo, aunque es interpenetrante. Esto es producido por una ley inexo­rable, la ley de la materia misma, y sólo pueden sustraerse al efecto de la vitalidad de sus propios centros quienes son “Señores de la Yoga” y pueden -por la voluntad consciente de su propio ser- sustraerse a la fuerza compulsiva de la Ley de Atracción que actúa en el subplano físico cósmico más inferior.

Cuando, en los niveles mentales se construye el Antakarana entre la unidad mental y el átomo manásico permanente (mediante el cual se recorre el Sendero de Liberación y se libera el hombre) se produce una interesante analogía (exacta en líneas generales, aunque no en detalle) con la apertura del canal que se halla entre el centro ubicado en la base de la columna vertebral y el cerebro, y de allí al centro coronario. Por este último canal el hombre abandona el cuerpo físico denso y logra la continuidad de concien­cia (entre los planos astral y físico). En el primer caso, mediante la correcta dirección de la fuerza, la trama etérica ya no constituye una barrera, pues es destruida y el hombre es plenamente cons­ciente, en el cerebro físico, de lo que sucede en el plano astral. En el otro caso, el cuerpo causal también es oportunamente destruido por la correcta dirección de la fuerza. No nos ocuparemos aquí del trabajo específico de construir la forma física densa sobre la estructura del cuerpo etérico. Esto ha sido tratado extensamente en otros libros. Nos detendremos solamente sobre dos puntos que son de interés al considerar el trabajo que realizan los Pitris luna­res cuando construyen el cuerpo del hombre.

Respecto a la construcción del cuerpo denso, podría decirse que aparece como una forma humana, muy semejante a una cruz den­tro del ovoide de otras esferas. Es primordialmente de naturaleza quíntuple:

Cabeza.

Dos brazos.

Dos piernas.

De acuerdo a la posición que asume el hombre, es visto como el símbolo de la cruz, entonces es cuádruple, si se consideran las dos piernas como un solo miembro inferior, o quíntuple, si están separadas, siendo considerado como el símbolo de la estrella de cinco puntas. La naturaleza quíntuple del cuerpo físico denso se produce porque sólo cinco centros se hallan realmente activos en el hombre común, y esto hasta recibir la tercera Iniciación; posee todos los centros y todos están vitalizados, pero únicamente cinco predomina durante esta evolución quíntuple normal. Por consi­guiente, la fuerza que emana de ellos impele a la sustancia densa a una sólida aglomeración. Debido a que dos centros no funcionan en forma tan activa como los otros cinco, no forman un ovoide como en el caso de los cuerpos etérico, astral y mental. La figura quíntuple del hombre físico es el resultado de la dirección quíntu­ple de las corrientes de fuerza de los cinco centros.

Sería interesante también indicar que la interacción de la ener­gía de los Pitris solares y lunares produce un efecto muy definido sobre el grupo inferior de Pitris lunares, siendo uno de los medios por los cuales alcanzarán oportunamente el nivel en que se encuen­tran los Pitris solares. Esto hará que el hombre (si lo comprende plenamente) controle cuidadosamente sus cuerpos y ponga la de­bida atención sobre la dirección que lleva su fuerza o energía. El es responsable de la tarea de ayudar a la evolución de la sustancia, constituyendo él mismo un manasaputra.

h. Encarnación y karma. Resumiendo nuestra consideración referente al proceso seguido por el Ego reencarnante, es necesario observar que todo el tema concierne radicalmente a la energía, y de acuerdo al grado de evolución alcanzado por la unidad de la fuerza involucrada así será la brevedad o extensión del proceso. En las primeras etapas el impulso inicial es pesado y lenta y la materia requerida para los cuerpos es correspondientemente “de grado inferior”, es decir de baja capacidad vibratoria, siendo ex­tenso el tiempo transcurrido entre la primera vibración externa, en el plano mental, y su coordinación con el cuerpo físico denso. Más tarde la vibración se hace más poderosa, por lo tanto, los efectos se sienten más rápidamente. Al finalizar la evolución, cuando el ente humano se halla en el Sendero, controla conscien­temente su destino y agota su karma, los intervalos entre dos en­carnaciones serán más o menos breves, según la elección que haga el hombre en beneficio del trabajo a realizar y de acuerdo a su intención de liberarse de la forma. Debe recordarse también que a medida que prosigue el proceso evolutivo, la actividad egoica invoca respuesta no sólo de la sustancia en los tres mundos sino también de los niveles amorfos del sistema. Finalmente, la respuesta será sentida en niveles monádicos. Entonces, después de un mo­mento de equilibrio, el efecto del ritmo se hará sentir totalmente en los planos superiores y abandonará a los inferiores.

La palabra “momento” está empleada aquí en su significado oculto para especificar cierto período de tiempo, período relativo a un día o a un año de Brahma. Uno de los secretos de la iniciación se relaciona con la comprensión de los ciclos y su duración; deben tenerse en cuenta los términos siguientes, conocerse y analizarse debidamente su duración y su antítesis (un pralaya intermedio) antes de que un hombre sea considerado un verdadero ocultista.

a.      100 años de Brama                 Un siglo esotérico. El período que dura un sistema solar.

b.      Un año de Brahma       

c.      Una semana de Brahma

d.     Un día de Brahma       

e.      Una hora de Brahma      

f.       Un minuto bráhmico       

g.      Un momento bráhmico     

El período de duración de siete cade­nas, en lo que concierne a siete es­quemas planetarios.

El período que duran las siete rondas de un esquema. Significa una cadena. El período esotérico que dura una ronda.

Concierne a las cuestiones intercade­narias.

Concierne a los centros planetarios y por lo tanto a los grupos egoicos. Concierne a un grupo egoico y su re­lación con el todo.

Éstos son los períodos de tiempo más extensos, y cuando sea comprendido su significado muchas cosas que ahora permanecen confusas serán esclarecidas. Únicamente a los iniciados se les revela las verdaderas cifras, las cuales aparecen en La Doctrina Secreta como que 100 años de Brahma señalan el promedio general, pero debe recordarse que cuando se consideran los números respecto a un esquema por ejemplo, se ha de tener en cuenta el karma pla­netario individual y su idiosincrasia.

Los puntos siguientes son dignos de consideración y tratan algunos factores interesantes de este tema.

No todos los Rishis planetarios poseen “larga vida” en el sen­tido oculto del término; los siete Logos planetarios de los siete planetas sagrados se hallan en distintas etapas de evolución, por eso Su respuesta vibratoria difiere, produciendo diferentes efectos en el tiempo.

Los tres esquemas planetarios principales (Urano, Neptuno y Saturno) no han sido todavía estimulados plenamente ni lo serán hasta serles transferida “energía de los siete sagrados”. En conse­cuencia, los guarismos respecto a su duración y persistencia, no son correctos.

Los cifras correspondientes a los planetas implicados en la “ronda inferior” difieren en cuanto a duración de tiempo, pero no de los otros planetas, respecto al lugar que ocupan en el espacio.

Los verdaderos guarismos en conexión con cualquier esquema planetario y su actividad oculta no pueden ser comprobados por el hombre, a quien no se le puede confiar el significado de otros cuerpos planetarios (muy numerosos) dentro del “círculo no se pasa” solar. Toda la esfera solar rebosa de estos cuerpos, caracterizados por los mismos lineamientos de los siete y los diez, produciendo cada uno de ellos en cierta medida un efecto sobre el todo. Los números no pueden ser considerados exactos hasta que se conozca el efecto producido por los cuerpos planetarios menores so­bre sus vecinos más cercanos y se haya medido la extensión de su irradiación planetaria. Existen más de 115 cuerpos que deben tenerse en cuenta y todos se hallan en diferentes etapas de impulso vibratorio. Recorren determinadas órbitas, giran sobre sus ejes, extraen su “vida” y sustancia del sol, pero, dada su relativa insig­nificancia, no han sido considerados todavía factores importantes. Esta actitud mental cambiará cuando la visión etérica sea un hecho y los científicos reconozcan la realidad de que todo lo manifestado posee su doble etérico. Este hecho será demostrado al finalizar el siglo; durante la primera parte del próximo habrá una revolución en los círculos astronómicos que traerá como resultado el estudio de los “planetas etéricos”. Debido a que estos cuerpos son órganos de energía que compenetran la forma densa, el estudio de la inter­acción de la energía solar y el oculto “dar y tomar” de los cuerpos planetarios asumirán un nuevo significado. Ciertos cuerpos pla­netarios (mayores y menores) son “absorbentes”, y otros son “irra­diantes”, mientras que otros se hallan en la etapa de manifestar una actividad dual y están en proceso de ser “transmutados”. Todas estas circunstancias necesitan ser consideradas por el iniciado que se ocupa de los ciclos.

También serán computados los guarismos cuando se conozca el efecto que producen, sobre los planetas, los denominados “aste­roides”. Esto es algo más grande de lo que hasta ahora ha aceptado la ciencia exotérica, pero su significado ha de ser oportunamente interpretado en términos de energía y en niveles etéricos.

Otro factor en la computación, que debe ser también conside­rado, es el efecto de las diferentes lunas sobre cualquier esquema planetario, y el verdadero significado de la octava esfera en cone­xión con la sustancia densa. Cada luna es esotéricamente un “punto de corrupción”, o aquello que lanza gases nocivos. La transmutación de la forma ha continuado en cada caso hasta alcanzar un grado en que todo lo que representa energía vital y vida solar ha desapa­recido, no quedando vestigios de energía pránica; lo que se ve es simplemente la descomposición del cuerpo físico -la descompo­sición de una luna produce un efecto muy maligno sobre todo aquello que entra en contacto con ella, así como un cuerpo en des­composición en la tierra afecta a su medio circundante. Esotéricamente es “ofensiva”. Esto será mejor comprendido cuando se estu­die el doble etérico de nuestra luna. A medida que la luna se vaya achicando por el proceso de desintegración, su efecto sobre la Tierra será correspondientemente disminuido; conjuntamente con esta etapa los hijos de los hombres obtendrán la mayor liberación de los impulsos del mal. Sobre todo, otro de los resultados será  mejores condiciones entre los animales, desapareciendo todo lo que es nocivo en el reino animal. Cuando llegue la séptima ronda, lo que reste de la luna ya no producirá malos efectos, pues prácticamente habrá desaparecido. Durante la quinta ronda, los hombres descu­brirán cómo neutralizar el remanente de cualquier efecto por medio de la realización científica y del conocimiento de los sonidos y los mántram necesarios, contrarrestándose así gran parte del mal. En ello va incluida la luna etérica. El mayor efecto de las condiciones lunares puede observarse en el terror predominante y en la actual situación angustiosa del reino animal. ([72])

Otro factor en la computación cíclica reside en el efecto que producen las siguiente estrellas y constelaciones sobre nuestro sis­tema y cualquier esquema particular dentro del sistema:

a.      La Osa Mayor.

b.      La Osa Menor.

c.      La estrella Polar, especialmente en lo que se refiere a nuestro planeta.

d.     Las Pléyades.

e.      La Constelación de Capricornio.

f.       Draco.

g.      Sirio.

h.     Las diversas constelaciones y estrellas del zodíaco.

 El misterio se halla oculto en la astrología esotérica, y cuando se comprenda mejor la energía que actúa a través del cuerpo eté­rico, la radiactividad y la transmutación de todos los cuerpos de un estado inferior a otro superior, se revelará el verdadero misterio de la “influencia” que ejercen entre sí estos distintos cuerpos. Si aún se desconoce el efecto irradíatorio de un ser humano o el que ejerce entre sí un grupo de seres humanos desde el punto de vista de la ciencia práctica, también se desconoce el efecto oculto que recíprocamente producen dichas formas mayores. La ciencia reco­noce ciertos efectos que conducen y tienden a producir la coheren­cia general del universo, de la misma manera que el hombre reconoce teóricamente las leyes generales de orden social; pero la ciencia sabe muy poco acerca de las irradiaciones de energía que emanan de los cuerpos etéricos de los soles y grupos de soles, de los planetas y grupos de planetas. Conoce su actividad atómica, pero comprende muy poco la parte de su ser que corresponde al magnetismo animal; tampoco ha calculado ni aceptado el factor aún más potente de la irradiación magnética de sus cuerpos astra­les. Todo ello debe tenerse en cuenta cuando son considerados el factor tiempo y los ciclos. El verdadero conocimiento esotérico no se adquirirá estudiando los números con la mente inferior. Vendrá como resultado de la intuición y por el estímulo recibido durante la iniciación.

Todo lo que se ha expuesto puede ser aplicado (aunque en forma muy limitada) al ego y sus ciclos; también entrarán en sus períodos de tiempo otras consideraciones que no serán las estric­tamente “personales”. La influencia ejercida por otros grupos y entes y el efecto producido por la radiación proveniente de otros rayos y de ciertos tipos de fuerza, aún no revelados, por lo cual no los consideramos, conciernen a su aparición, la duración de su manifestación, la consiguiente oscuración y el gran intervalo pra­láyico final. Así como el Ego atraviesa períodos de tiempo que corresponden a “100 años” de Brahma, y sus “777 encarnaciones” tienen una analogía solar, también los grupos de Egos difieren en lo que respecta al factor tiempo, análogamente como los esquemas planetarios poseen una evolución similar pero difieren en lo que concierne a sus períodos. La Ley de Periodicidad es una, pero como está basada en el impulso inicial y sobre la palpitación rítmica del “Corazón central” o del “sol central” de cualquier organismo (sis­tema solar, esquema o cadena planetarios, grupo o vida individual egoicas) la verdadera naturaleza o “familia” de cualquiera de dichos organismos debe ser comprobada antes de hacer ningún pro­nunciamiento cíclico, con la esperanza de que sea aproximada­mente exacta. Por eso H. P. B. trató de recalcar la necesidad de estudiar la “familia astral” y la herencia esotérica de cualquier persona, porque en lo astral se halla la clave de la “familia o grupo egoico”. Con esta clave, el estudiante podrá entonces comprobar las características de su grupo en niveles egoicos, el lugar que le corresponde entre otros grupos egoicos y, oportunamente, su rayo o centro grupal. Con el tiempo se iniciará el estudio de la heren­cia y de la transmisión esotérica y toda la estructura mental estará erigida alrededor de expresiones modernas tales como:

a.      Consanguinidad o lazos de sangre.

b.      Herencia física.

c.      Atavismo.

d.     Intermatrimonios consanguíneos o interraciales.

e.      Relaciones familiares.

f.       Unidad familiar.

g.      Almas gemelas.

h.     Divorcio y muchos otros términos que

serán desplazados a planos superiores y reconocidos y empleados en conexión con las relaciones del alma. Hasta ahora sólo consti­tuyen, en el plano físico, una mínima comprensión de ciertas relaciones internas que tratan de obtener una respuesta externa. Cuan­do este cúmulo de ideas sea interpretado en términos de fuerza y energía, atracción y repulsión o respuesta vibratoria de los entes entre sí y del conjunto de entes con otros grupos, se irán aclarando muchos problemas y se simplificará la vida. Los hombres serán fieles a sus afiliaciones grupales, y las actuales erróneas agrupa­ciones y los matrimonios incompatibles desaparecerán gradual­mente por medio del conocimiento.

Podremos ahora abocarnos al estudio de la relación que existe entre el karma y la reencarnación. Como sabemos, la Ley del Karma es la más estupenda del sistema, imposible de ser comprendida por el hombre medio, porque si se la considera retrospectivamente ha­cia su raíz central y sus numerosas ramificaciones, oportunamente se enfrentarán causas anteriores al sistema solar; sólo un iniciado muy avanzado puede comprender en forma práctica este punto de vista.

Esta gran ley en realidad concierne a, o tiene su fundamento en, las causas inherentes a la constitución de la materia misma y a la interacción entre unidades atómicas, si empleamos esta expre­sión en relación con un átomo de sustancia, un ser humano, un átomo planetario o un átomo solar.

También podríamos explicarlo diciendo que el aspecto volun­tad o impulso inicial es el que origina la causa y es la causa misma. Debería recordarse que esa causa involucra la idea de dualidad, es decir la iniciación de la causa y su efecto simultáneo. Las dos ideas son inseparables, sin embargo, la segunda, en su más abstracto significado, no debe considerarse literalmente como un efecto; el verda­dero efecto involucra una tercera idea. La comprensión del pro­blema podrá obtenerse considerando el fenómeno que siempre encierra esta doble causa inicial y su efecto objetivo.

a.      Espíritu-materia en actividad dual producen el universo objetivo.

b.      Fuego eléctrico y fuego por fricción, al entrar en contacto, producen el fuego solar; surgen de la oscuridad, pero una oscuridad cargada de energía.

c.      Voluntad-deseo es la causa de la encarnación; la voluntad de ser reacciona sobre la sustancia (cuya cualidad princi­pal es deseo o respuesta a la sensación) y produce las for­mas por las cuales la Vida o Existencia central trata de expresarse.

d.     Ideas y materia mental unidas, producen formas mentales.

Si el estudiante considera estos puntos, es evidente que sólo podrá estudiar los efectos producidos por la yuxtaposición de los pares de opuestos; no puede disociarlos mentalmente ni considerar al Espíritu o a la materia por sí mismos; tampoco puede disociarse del cuerpo físico del hombre el átomo de sustancia de ese cuerpo y considerarse libre de las influencias de la forma. Todos los áto­mos están siempre controlados por los mismos factores, así como un hombre en el cuerpo de un Logos planetario y un Logos pla­netario dentro de Su todo mayor son igualmente controlados por los siguientes principios básicos:

La influencia y la cualidad del órgano o unidad, en la cual encuentra su lugar. En el átomo humano esto significa su fuerza o influencia grupal.

La influencia vital de todo el cuerpo físico del que cual­quier átomo es parte integrante. En el átomo humano esto significa la influencia del centro particular en el cual su grupo egoico tiene un lugar y el tipo de energía que personifica.

La influencia vital del deseo o del cuerpo astral, el agente kármico más fuerte que debe tenerse en cuenta. En el átomo humano esto involucra la influencia que ejercen los tres cen­tros que forman cualquier “triángulo específico de fuerza” en el cuerpo del Hombre celestial, influyendo grandemente para que los grupos de Egos se liberen de la manifestación.

Las influencias vitales del cuerpo mental o de ese princi­pio que introduce en el átomo la cualidad activa de la forma, rige la reacción del mismo hacia su vida grupal y permite que se manifieste la cualidad de su vida. En el átomo humano concierne a esas causas incidentales al Rayo de un hombre, o constituye literalmente la influencia que ejerce la vida del Logos planetario cuando actúa como Vida autoconsciente en Su propio plano, a medida que desarrolla Sus propios proyec­tos y, en consecuencia, impele a la actividad a las células de Su cuerpo, como mero incidente, en lo que a Él (vida central bá­sica) atañe.

El impulso vital del Pensador que actúa en el cuerpo cau­sal, quien -ya se refiera a la vida celular, a una gran abstrac­ción o al Absoluto- es sin embargo un poderoso y activo factor en la implantación del ritmo sobre el átomo de cada cuerpo. En el átomo humano atrae la influencia de la vida del Logos solar, pues esa Vida impone el ritmo sobre cada átomo humano en el sistema, haciéndolo por intermedio de la sustancia y su cualidad inherente, la sensación.

Con estos conceptos sólo hemos estudiado el karma desde un nuevo ángulo, procurando demostrar los orígenes de las “influen­cias” que actúan sobre todas las vidas atómicas.

El átomo está similarmente controlado por su propia “esse” ([73]) o por su propia naturaleza inherente o vibración, la cualidad de la materia misma antes de ser agregada a un sistema solar; tam­bién constituyó la actividad vibratoria producida por la vida rít­mica de un sistema solar anterior. Lo mismo puede decirse de todos los tipos de átomos; pero únicamente es posible, en conexión con el átomo de la sustancia y en cierta medida con el átomo humano, conocer en alguna forma las causas que predisponen a ello. Mien­tras el misterio de la Osa Mayor no sea develado y conocido tal como es, no se comprenda la influencia que ejercen las Pléyades ni sea revelado el verdadero significado del triángulo cósmico for­mado por

a.      los siete Rishis de la Osa Mayor,

b.      los siete Logos planetarios de nuestro sistema solar,

c.      las siete Pléyades o Hermanas,

el karma de los siete planetas sagrados permanecerá desconocido. Todo lo que podemos ver es su actuación en el sistema solar. La complejidad del tema será evidente si se tiene en cuenta que no sólo estos tres grupos forman un triángulo cósmico, sino que dentro de ese triángulo han de ser estudiados muchos triángulos menores. Cualquiera de los siete Rishis, conjuntamente con uno de nuestros Logos planetarios y una de las siete Hermanas, pueden formar un triángulo subsidiario y deben ser estudiados en este sentido.

En cuanto al karma del Logos solar, el tema es aún más abs­tracto e incomprensible. No se halla oculto en las siete constela­ciones, sino en las tres constelaciones vinculadas a los tres cuerpos de Su personalidad, los cuales no son más que manifestaciones de una VIDA central fuera de nuestro concepto y conocimiento. Con­cierne a la manifestación en tiempo y espacio de AQUEL SOBRE QUIEN NADA PUEDE DECIRSE, Cuya relación con el Logos solar tiene una débil analogía con la del Logos planetario y un hombre, el ente humano. No tiene objeto dilucidar en forma más extensa este tema.

Únicamente intentamos poner de relieve el hecho de la inter­dependencia de lo átomos y de las formas, e insistir respecto a la existencia de las diversas influencias que actúan sobre todo lo que se halla en manifestación, y llamar la atención sobre el hecho del karma de los pasados eones, los kalpas y ese período ignoto en que se originaron los impulsos iniciales que aún persisten, y que Dios, el hombre y los átomos siguen emitiendo y agotando. Las influen­cias o vibraciones que evocan respuesta, actúan sobre cada forma y átomo del sistema solar, y lo único que puede decirse de ellas es que tienden a desarrollar algún tipo de conciencia, imponer ciertos ritmos de acuerdo a esa respuesta consciente y producir una acti­vidad conjunta o grupal.

Liberarse del karma, tan superficialmente mencionado por los seudos estudiantes de ocultismo, después de todo es liberar al átomo de su propio problema personal (el problema de responder a la sensación unitaria) y aceptar conscientemente la respuesta y el trabajo grupales. Consiste en disociar al átomo humano del ritmo impuesto por las “influencias” inferiores que le llegan a través de sus vehículos o cuerpos lunares, y su consiguiente y voluntario reconocimiento del impulso volitivo proveniente de su todo mayor o la vida del grupo egoico -un centro del cuerpo planetario. No sólo significa ser controlado atómicamente, sino someterse cons­cientemente al karma del Hombre celestial. El hombre ya no está esclavizado por el ritmo de la materia en sí, sino que la controla en los tres mundos de su esfuerzo; sin embargo, aún está controlado por el karma grupal del centro planetario, por su influencia, su vida e impulso vibratorio. Lo mismo puede afirmarse respecto a un Hombre celestial y a un Logos solar.

Para finalizar, podríamos expresar el mismo concepto en tér­minos de fuego, recordando que las palabras limitan y restringen el pensamiento y que la principal razón de expresarlo en esos tér­minos consiste en poner ante el hombre, en forma gráfica, algunos aspectos de la idea central.

“Fuego eléctrico o impulso volitivo” conjuntamente con “fuego por fricción” producen luz o “fuego solar”. Fuego eléctrico es fuerza o algún tipo de energía y, por lo tanto, constituye funda­mentalmente en sí mismo una emanación. “Fuego por fricción” es sustancia que tiene como característica principal la cualidad de calor, calor latente o sensación. En consecuencia, ambos conceptos dan la idea de dualidad. Toda emanación debe tener su fuente de origen, y el calor es únicamente resultado de la fricción, siendo necesariamente dual. Ambas afirmaciones involucran hechos que datan de mucho antes del sistema solar y se hallan ocultos en la Mente Universal. Todo lo que podemos comprobar científicamente, debido a su aproximación, es la naturaleza de lo que produce el fuego solar o la luz. Estas ideas pueden aclarar parcialmente el significado del número cinco, considerado esotéricamente. Siendo el fuego eléctrico una emanación, se lo conceptúa esencialmente dual, como así también el fuego por fricción; unidos producen el fuego solar y, por lo tanto, el cinco esotérico.

Se evidencia que cuando el hombre habla de karma, se refiere a algo mucho más vasto que la interacción de la causa y el efecto dentro de la esfera de su rutina individual. Todas sus cosas están regidas por: las causas originadas en el conjunto de vidas que componen su grupo egoico, el conglomerado de grupos que forma un pétalo correspondiente a un centro de un Hombre celestial, la fuerza o propósito que circula a través de un triángulo de centros y la energía vital o propósito volitivo del Logos planetario. Finalmente, lo rige la voluntad del Logos solar cuando se manifiesta como actividad inicial. No es conveniente ir más allá de esto, pues ya se ha dicho bastante como para demostrar que cada átomo humano está dominado por fuerzas fuera de su propia conciencia, que impulsan a él y a sus semejantes a situaciones incomprensibles e ineludibles.

Nunca hubo un ejemplo tan exacto como el de la última guerra y las actuales condiciones del mundo, siendo el efecto producido por causas originadas en la renovada actividad de cierto triángulo planetario y en la vibración iniciada por nuestro Logos planetario en la cadena lunar, que tuvo un débil principio en un sistema solar anterior. Esta vibración hizo impacto principalmente sobre ciertos átomos y grupos de átomos de Su cuerpo, principalmente los que componen los reinos humano y animal, y produjeron los resultados aparentemente desastrosos de los cuales hemos sido testigos. Tan grande fue el efecto de Su energía que el reino vegetal se vio afectado parcialmente y el reino mineral lo sintió en forma muy desconcertante, mucho más que el reino vegetal y casi tanto como el animal.

Tenemos aquí un conjunto de circunstancias que están fuera del control humano y grupal, lo cual pone de manifiesto el desamparo en que se encuentra el hombre bajo ciertas condicio­nes que sirven para atraer factores aparentemente distintos a la vibración individual del cuarto reino.

Sin embargo, dentro de ciertos limites, el hombre definidamente “controla su destino”, y puede iniciar una actividad cuyos efectos él reconocerá como dependientes de la actividad que des­pliega en determinada línea. Repite en minúscula escala el proce­dimiento que aplica el Logos en vasta escala, siendo de esta manera el árbitro de su propio destino, el empresario de su propio drama, el arquitecto de su propia casa y el iniciador de sus propios pro­blemas. Aunque constituya el punto de reunión de fuerzas, fuera de su control, sin embargo puede emplear la fuerza, la circunstan­cia y el medio ambiente y, si lo desea, aplicarlos para sus pro­pios fines.

La actuación de la ley kármica, en la vida de un hombre, podría ser dividida en tres amplias secciones; en cada una se expresa un tipo diferente de energía, produciendo efectos definidos sobre los cuerpos inferior y superior.

En las primeras etapas, cuando el hombre es algo más que un animal, la actividad vibratoria de los átomos de sus tres cuerpos (y principalmente el más inferior) rige todos sus actos. Es la víc­tima de la actividad vibratoria de la sustancia física, y mucho de lo que le sucede es la consecuencia de la interacción entre el Ego y su manifestación inferior, el cuerpo físico. Su centro de atención es el cuerpo físico, y sólo muy débilmente le responden los dos cuerpos más sutiles. El impulso egoico es lento y pesado, y la vibra­ción hace que haya respuesta entre la conciencia egoica y los áto­mos del cuerpo físico. El átomo físico permanente es más activo que los otros dos. El aspecto “fuego por fricción” es aventado por el aliento egoico, con un triple objetivo:

a.      Coordinar el cuerpo físico.

b.      Acrecentar la resistencia de la trama etérica, tarea que fue llevada al punto culminante sólo a mediados de la raza raíz Atlante.

c.      Llevar a algunos de los centros inferiores a una etapa ne­cesaria de expresión.

El calor de los átomos en los cuerpos aumenta durante esta etapa y se coordina su vida atómica, mientras que triángulo entre los tres átomos permanentes se convierte en un hecho comproba­ble y no en una débil insinuación.

Durante la segunda etapa, la Ley del Karma o la influencia kármica (por medio de la acción refleja inevitablemente produce la creciente actividad de los cuerpos) se aboca a cumplir el deseo y transmutarlo en aspiración superior. El Pensador, por medio de la experiencia, reconoce los pares de opuestos, y ya no es víctima de los impulsos vibratorios de su cuerpo físico, evidenciándose el resultado de la elección inteligente. El hombre empieza a discri­minar entre los pares de opuestos, eligiendo siempre, en sus prime­ras etapas, lo que más atrae a su naturaleza inferior y lo que cree que le producirá placer. El Ego centra su atención en el cuerpo astral, y se coordina tan estrechamente con el cuerpo físico que ambos forman una expresión unida de deseo. El cuerpo mental  permanece comparativamente inactivo en esta etapa. La natura­leza amor del Ego está en proceso de desarrollarse, siendo esta etapa la más larga de las tres. Trata de la evolución de los pétalos del loto egoico y de la mezcla del fuego solar y del fuego por fricción. La acción refleja entre lo inferior y lo superior, durante este período intermedio, produce tres efectos que, si son cuidado­samente estudiados, impartirán mucha información sobre la actua­ción de la ley del karma; ellos son:

1.       El desarrollo del átomo astral permanente con el corres­pondiente estímulo del átomo físico permanente, produciendo así el crecimiento y la evolución de los dos cuerpos involucrados.

2.      La coordinación del triple hombre por medio de la vita­lidad innata del cuerpo astral y sus efectos sobre el men­tal y el físico. Éste es el período kama-manásico, y debido a que el cuerpo astral es la única esfera completa del triple hombre inferior, es inherentemente el más poderoso, pues personifica (como lo hace el sistema solar) el aspecto corazón o la naturaleza amor embrionaria que la evolución macro y microcósmica tiene por objetivo.

3.      Finalmente, el desarrollo de los nueve pétalos egoicos en tres etapas.

Por lo tanto, en la actuación de la ley debemos observar que el hombre es, ante todo, víctima de los impulsos de la sustancia densa o aspecto Brahma, repitiendo así rápidamente el proceso evolutivo del sistema solar precedente; en la segunda etapa es víc­tima del deseo o de su propia naturaleza amor.

En la tercera etapa la Ley del Karma actúa por intermedio de la naturaleza mental del hombre, despertando en él el reconocimiento de la ley y la comprensión intelectual de causa y efecto. Ésta es la etapa más corta, pero es también la más poderosa; concierne a la evolución de los tres pétalos internos que protegen a la “joya”, y su capacidad para descubrir, en el momento oportuno, lo que se halla oculto. Comprende el periodo evolutivo del hombre avanzado y del hombre en el Sendero. En relación con la familia humana abarca la primera mitad de la próxima ronda, antes de producirse la gran separación. El fuego eléctrico comienza a hacer sentir sus irradiaciones, y la voluntad y el propósito del Ego se cumplen conscientemente en el plano físico. Los tres átomos permanentes forman un triángulo de luz y los pétalos del loto se abren rápida­mente. Cuando la conciencia incipiente del cerebro físico del hom­bre comprende la voluntad y el propósito del Ego, entonces se neu­traliza la Ley del Karma en los tres mundos y el hombre se halla al borde de su liberación. Ha agotado la vibración inicial y sus cuer­pos no responden a la triple vibración de los tres mundos; se ha emancipado de los tres reinos y del cuarto.

d. La Construcción del Cuerpo Causal.

Entramos ahora en la parte práctica más importante de este Tratado sobre el Fuego, la que trata de la construcción del cuerpo causal o cuerpo de manifestación del Ego. Concierne al trabajo de los Ángeles solares o la verdadera Entidad autoconsciente, el hom­bre. Si el estudiante ha captado la tendencia general de lo expuesto en las páginas precedente, estará en una condición mental que le permitirá interpretar todo lo que se diga en términos de energía, o esa actividad vibratoria producida por las tres fases principales de los fenómenos eléctricos, la unión que produce esa divina mani­festación llamada Hombre, o cuando se considera al conjunto de entes, el reino humano.

a. Notas de introducción. Hemos estudiado algo de la cons­titución de los Triángulos o Pitris, quienes, por medio del autosa­crificio, proporcionan al hombre la autoconciencia y construyen su vehículo egoico empleando Su propia esencia. Nos hemos ocupado brevemente de los Pitris lunares que proporcionan al hombre los cuerpos y principios inferiores por intermedio de los cuales puede sentirse la energía de los Señores solares; ahora bien, procederemos a estudiar tres cosas:

Primero, el efecto de la energía superior sobre los cuerpos infe­riores, a medida que se hace sentir gradualmente durante el pro­ceso evolutivo y simultáneamente “redime” al hombre, en sentido oculto, y también “eleva” a los Pitris lunares.

Segundo, el efecto de dicha energía sobre el plano mental, en el desarrollo y apertura del loto egoico.

Tercero, el impulso a la actividad de la Vida central dentro del loto, la cual se manifiesta de dos maneras:

a.      Por la comprensión del hombre, mediante su cerebro físi­co, de que posee en el plano físico una naturaleza divina, dando por resultado la consiguiente demostración de la divinidad en la tierra, previamente a la liberación.

b.      Por la actividad consciente del Ego individual en el plano mental en colaboración con su grupo o grupos.

En el primer caso tenemos el efecto de la vida egoica sobre sus cuerpos y su consiguiente control; en el segundo tenemos el des­pertar de la unidad egoica en su propio plano, y en el tercero la comprensión grupal o la penetración del ente en la conciencia del Hombre celestial.

Sólo es posible explicar el desarrollo en forma amplia y general. El tema de la evolución egoica no puede ser plenamente com­prendido, hasta después de haber recibido la iniciación, pero los Instructores internos se dan cuenta que sería conveniente exponer los principios esenciales en vista de que se producirán aconteci­mientos inesperados (desde el comienzo de este siglo) en dos gran­des ciencias:

La Ciencia de La Electricidad. Las investigaciones de los cien­tíficos han sido grandemente estimuladas por el descubrimiento del radio, fenómeno eléctrico de determinado tipo, y por el conocimiento que trajo dicho descubrimiento respecto a las sustancias radiactivas, prestando gran ayuda al desarrollo de los innumerables métodos para emplear la electricidad. Esta ciencia ha llevado al hombre al umbral del descubrimiento que revolucionará el, pensa­miento mundial referente a estas cuestiones y solucionará oportu­namente una gran parte del problema económico, permitiendo así que un mayor número de personas queden libres para el des­arrollo y el trabajo mentales. Este acrecentado conocimiento puede

esperarse antes de que hayan transcurridos ciento cincuenta años.

La Ciencia de La Sicología. Las teorías psicoanalistas que (aun­que indicadoras de progreso) tienden todavía hacia una dirección equívoca, pueden resultar desastrosas para el desarrollo superior de la raza, salvo que se desentrañe la verdadera naturaleza de la “siquís”. Cuando la mente pública capte, aunque ligeramente, los siguientes hechos brevemente enunciados, la tendencia de la educación popular, la finalidad de la ciencia política y la meta del esfuerzo económico y social tomarán una nueva y mejor dirección. Estos hechos pueden ser resumidos en los siguientes postulados:

I.                   El hombre es divino en esencia. ([74]) Siempre ha sido enun­ciado esto en el transcurso de las épocas, pero hasta ahora sigue siendo una bella teoría o creencia y no constituye un hecho científico comprobado ni aceptado universalmente.

II.                El hombre es un fragmento de la Mente Universal o alma mundial y, como fragmento, participa de los instintos y de la cualidad de esa alma, tal como se manifiesta por medio de la familia humana. Por lo tanto, la unidad es sólo posible en el plano de la mente. Si esto es verdad, tenderá a desarrollar en el cerebro físico la comprensión consciente de las afiliaciones grupales en el plano mental, el reconocimiento consciente de las relaciones, ideales y metas grupales, y la manifestación consciente de esa con­tinuidad de conciencia que actualmente es el objetivo     de la evolución. Luego transferirá la conciencia de la raza del plano físico al mental, y tenderá a la consiguiente solución de todos los problemas actuales por medio del “conocimiento, amor y sacrificio”. Esto nos emancipará del desorden actual en el plano físico. Conducirá a edu­car al público respecto a la naturaleza del hombre y al desarrollo de los poderes latentes en él -poderes que lo liberarán de sus limitaciones actuales y producirá en la familia humana un repudio colectivo hacia las condicio­nes actuales. Cuando todos los hombres se conozcan a sí mismo y conozcan a los demás como entes autocons­cientes divinos que funcionan principalmente en el cuer­po causal utilizando los tres vehículos inferiores, sólo como medio para hacer contacto con los tres planos inferiores, tendremos gobierno, política, economía y orden social erigidos sobre bases sólidas, saludables y divinas.

III.             La naturaleza inferior y los tres vehículos del hombre son un conglomerado de vidas menores, y la naturaleza grupal, el tipo de actividad y la respuesta colectiva de dichas vidas dependen de él, las cuales -por medio de la energía o actividad del Señor solar- serán desarrolla­das y elevadas posteriormente a la categoría humana.

Cuando estos tres hechos sean bien comprendidos, sólo enton­ces tendremos un conocimiento correcto y exacto de la naturaleza del hombre, lo cual hará que se produzcan tres cambios en las ideas de la época:

1. Un reajuste en el conocimiento que posee el hombre res­pecto a la medicina, traerá por resultado un verdadero conoci­miento del cuerpo físico, un mejoramiento en su tratamiento y protección, obteniéndose así un conocimiento más exacto de las leyes de la salud. El objetivo del médico consistirá entonces en ave­riguar qué es lo que impide, en la vida del hombre, a la energía egoica llegar a todas las partes de su ser; descubrir los pensamien­tos que lo embargan y ocasionan la inercia del aspecto voluntad que lo conducen a obrar mal; comprobar qué hay en el cuerpo emo­cional que afecta al sistema nervioso y obstruye la afluencia de energía proveniente de los pétalos de amor del loto egoico (vía el átomo astral permanente) al cuerpo astral, y de éste al sistema nervioso; descubrir que obstáculo hay en el cuerpo etérico que impide la correcta afluencia de prana o vitalidad solar, a todas las partes del cuerpo.

Es esencial que en el futuro los médicos comprendan que la enfermedad del cuerpo físico deriva de condiciones internas erró­neas. A esto se lo tiene en cuenta en parte, pero (aunque es indis­cutible en vista de las realizaciones de los científicos mentales y de las innumerables personas que curan por la fe) no será más que una bella teoría hasta que la verdadera naturaleza del ego, su cons­titución, sus poderes y su campo de influencia sean debidamente comprendidos.

Dicha revelación vendrá cuando los médicos acepten esta ense­ñanza como una hipótesis aplicable, y luego comiencen a observar, por ejemplo, el poder de resistencia demostrado en la tierra por las grandes almas y su capacidad para trabajar a alta presión, per­maneciendo prácticamente inmunes a las enfermedades, hasta que (al finalizar una útil y larga vida) el Ego elige premeditamente “retirarse” de la existencia física. Esto sucederá cuando la profesión médica se dedique a la acción preventiva, sustituyendo el actual régimen de drogas y operaciones quirúrgicas por la luz del sol, la dieta vegetariana y la aplicación de las leyes de vibración y vitalidad magnéticas. Entonces llegará la época en que se manifes­tarán en la tierra seres humanos mejores y más perfectos. Cuando los médicos estudien también la naturaleza del cuerpo etérico y el trabajo que efectúa el bazo como punto focal para la emanaciones pránicas, se introducirán sólidos principios y métodos qué elimi­narán enfermedades tales como la tuberculosis, anemia, desnutrición y enfermedades de la sangre y de los riñones. Cuando los mé­dicos comprendan el efecto que producen las emociones sobre el sistema nervioso, pondrán su atención al mejoramiento de las condiciones ambientales y estudiarán los efectos de las corrientes emocionales sobre los fluidos del cuerpo y principalmente sobre los grandes centros nerviosos y la columna vertebral. Cuando la relación entre el físico denso y los cuerpos más sutiles sea un hecho reconocido en los círculos médicos, entonces se sabrá cuál es el correcto tratamiento a aplicar en los casos de demencia, obsesiones y erróneas condiciones mentales, y los resultados serán más exito­sos; finalmente, cuando se estudie la naturaleza de la fuerza egoica o de la energía y se comprenda mejor la función del cerebro físico corno transmisor de la intención egoica, entonces se estudiará, en el hombre, la coordinación de todo su ser, se determinará con exactitud la causa que produce las dolencias, la anemia y las enfermedades y se tratará la causa, no simplemente él efecto.

2. Los pensamientos del mundo social estarán dedicados a comprender la naturaleza emotiva de la humanidad, las relaciones grupales involucradas y la interacción entre los individuos y los grupos. Dichas relaciones serán interpretadas sabia y ampliamente, y se le señalará al hombre su responsabilidad hacia las vidas meno­res que él anima. Esto hará que la fuerza individual sea dirigida correctamente y utilizada para equilibrar, desarrollar y refinar la sustancia de los distintos vehículos. También se le indicará la responsabilidad que tiene, de acuerdo a la ley, con su propio familia. Esto dará lugar a la protección de la unidad familiar y su desarro­llo científico; eliminará las dificultades matrimoniales y abolirá los abusos de diversa índole, que tanto prevalecen hoy en muchos círculos familiares.

Además se hará hincapié sobre la responsabilidad del hombre hacia la comunidad. Se le enseñará el verdadero significado esoté­rico de la ciudadanía -basada en las relaciones grupales egoicas, la ley del renacimiento y el verdadero significado de la ley de karma. Se le inculcará su responsabilidad para con la nación, y el lugar que le corresponde a la comunidad dentro de la nación y el de la nación dentro de la comunidad de naciones. También, se le enseñará su responsabilidad para con el reino animal. Esto se lo­grará por medio de:

1.       Una mejor comprensión de su propia naturaleza animal.

2.      La comprensión de las leyes de la individualización, y el efecto que produce la influencia del cuarto reino o hu­mano, sobre el tercero o reino animal.

3.      El trabajo que realiza un Avatar de menor categoría, Quien vendrá a principios del próximo siglo para revelar al hombre su relación con el tercer reino. Su camino está siendo preparado por aquellos que actualmente se ocupan de despertar el interés del público por medio de sociedades de beneficencia y protectoras de animales y a través de relatos publicados en libros y periódicos.

Ha expresado H. P. B. ([75]) que el sentido de responsabilidad es uno de los primeros indicios del control ejercido por el ego; a medida que la humanidad esté regida por dicha influencia las condiciones se mejorarán lenta y constantemente en todos los sectores de la vida.

3. En el mundo de la educación la comprensión de la verda­dera naturaleza del hombre traerá un cambio fundamental en los métodos de enseñanza. Se procurará especialmente enseñar al hom­bre la realidad de la existencia del Ego en su propio plano, la natu­raleza de los cuerpos lunares y el método para alinear los cuerpos inferiores, a fin de que el Ego pueda comunicarse directamente con el cerebro físico, controlar la naturaleza inferior y realizar sus propósitos. Por medio de la concentración y la meditación se ense­ñará a los hombres cómo pueden adquirir conocimiento por sí mis­mos, desarrollar la intuición y extraer los recursos del Ego. Así se enseñará al hombre a pensar, a asumir el control del cuerpo mental y a desarrollar sus poderes latentes.

En las pocas frases anteriores se indican, breve e inadecuada­mente, los resultados que pueden esperarse de la verdadera com­prensión de la naturaleza esencial del hombre. Han sido escritas en vista de que actualmente existe la necesidad de algo que confirme la existencia del hombre real o interno y las leyes del reino de Dios. Siempre se ha sabido que existe ese hombre interno, e invariablemente se ha proclamado el “reino interno”, hasta que vino H. P. B. y enunció las mismas antiguas verdades desde un nuevo ángulo, dando un giro esotérico al pensamiento místico. Ahora el hombre tiene la oportunidad de comprender las leyes de su propio ser y, por ese conocimiento, quienes están al borde de la captación intuitiva del conocimiento y aquellos de tendencia científica dis­puestos a aceptar estas verdades como hipótesis activa para ser aplicada como base experimental, hasta comprobar su inexactitud, tendrán la oportunidad de resolver los problemas mundiales desde el aspecto interno. De esta manera se manifestará el principio crís­tico sobre la tierra y se demostrará que la naturaleza crística es una realidad en la naturaleza misma.

Para el pensamiento público es de gran valor la verdadera explicación respecto a la evolución del Ego, siendo muy grande el desarrollo gradual de su poder en la tierra. El hombre puede con­siderar esta cuestión de dos formas, ambas proporcionarán tema para la meditación y merecen ser consideradas seriamente. Han sido tratadas por los pensadores de muchas escuelas de pensa­miento y, por ende, no necesitan una extensa elucidación. Puede considerarse que el problema exige del ente humano (actuando en el cuerpo físico) elevar su conciencia interna hasta los niveles su­periores del plano mental, por lo tanto implica elevar o expandir su conciencia incipiente hasta llegar a ser consciente de esa vida superior. Tal es el camino del acercamiento místico; muchos ejem­plos de esta realización pueden ser estudiados en la vida de los místicos de todas las épocas. Por medio de la devoción pura, la dedicación intensa y una severa disciplina del cuerpo físico, el mís­tico penetra en el centro cardíaco de su pequeño sistema y los rayos de su propio sol central irradian sobre su vida la luz divina egoica. También podría decirse que el problema reside en que el hombre concentra su esfuerzo en hacer descender a la conciencia del cerebro físico -por consiguiente al plano físico- la vida, el poder y la energía del centro interno, el Ego. Ello significa nece­sariamente comprender en forma científica las leyes del ser y reconocer la naturaleza dual del Yo. Implica dedicarse a la tarea de dominar los señores lunares por medio del radiante control del Señor solar. Tal es el método esotérico, por el cual se estudia la constitución de esas entidades que forman la cuádruple naturaleza interna, la personalidad, y se investigan profundamente esas Esen­cias divinas que construyen el cuerpo del Ego o Yo superior. A esto debe agregarse también la severa aplicación de las leyes de la naturaleza al problema individual.

El propósito de este tratado consiste en aplicar el último mé­todo mencionado, pues la meta consiste en esclarecer la razón del proceso.

b. La evolución de los pétalos. La construcción del cuerpo causal es el resultado de la energía dual, la energía del yo inferior con su acción refleja sobre la unidad superior y la natural ener­gía del yo cuando impresiona directamente a la sustancia del loto egoico. Debería recordarse aquí que, por sutil que sea el material, el loto egoico es en realidad sustancia que posee una vibración particular como la del cuerpo físico, sólo que (debido a su tenuidad el hombre físico lo considera prácticamente como insustancial. En efecto, como ya se ha indicado, es el resultado de la vibración dual de los Dhyanes quíntuples o Dioses en conjunción con el Cuaterna­rio cuádruple o los Pitris de los vehículos inferiores. Mediante el esfuerzo consciente de los Logos planetarios los Dhyanes y los Pitris inferiores entran en estrecha relación. Esto produce (en el tercer subplano del plano mental) una vibración nónuple o un verticilo en la materia gaseosa del plano -subplano gaseoso cósmico- que, después de cierto período de persistencia, asume la forma de un loto de nueve pétalos. Dicho loto está cerrado en forma de capullo sobre el punto central o corazón del loto -esa chispa de fuego eléctrico que por su acción o vitalidad innata, actuando sobre la sustancia del loto, atrae hacia sí la suficiente cantidad de sustancia para formar tres pétalos internos y proteger a la chispa central, siendo sin embargo de la misma sustancia o esencia que los otros nueve pétalos. El estudiante debe cuidar de no materializar dema­siado su concepto; por lo tanto seria conveniente que considere este tema desde otros ángulos y emplee otros términos para expresar la misma idea. Por ejemplo, el cuerpo egoico podría ser visto de las cuatro maneras siguientes:

Como nueve vibraciones, emanando de un punto central, cuyas pulsaciones o radiaciones producen tres vibraciones principales de gran fuerza que circulan alrededor del centro; las nueve vibraciones recorren un sendero en diagonal hasta que llegan a la periferia de la esfera egoica de influencia. Allí dan la vuelta, formando de esta manera la ya conocida forma esferoidal del cuerpo causal.

Como nueve pétalos de un loto, irradiando desde un centro común y ocultando dentro de sí tres pétalos centrales, que a su vez ocultan un punto de fuego central. Las irradiaciones que surgen de la punta de cada pétalo producen la ilusión de una forma esferoidal.

 

Diagrama VIII

 

Diagrama

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Como nueve rayos de una rueda, que convergen hacia un eje central, que en es triple y oculta la energía central o dinamo de fuerza -generadora de toda actividad.

Como nueve tipos de energía que producen emanaciones defi­nidas provenientes de una unidad triple, la cual a su vez sale de una unidad central de fuerza.

Para nuestro propósito, la segunda definición será la más útil en el intento de imaginarnos la constitución, la naturaleza, el mé­todo de desarrollo y la verdadera evolución del Ego, actuando en el cuerpo causal.

En términos de fuego, las mismas verdades pueden ser expresadas del modo siguiente, lo cual debería ser reflexionado deteni­damente por quienes estudian este tratado:

1.   Fuego eléctrico .......... Espíritu ............... Aspecto voluntad ......... La Joya en el loto­

2.   Fuego solar ................ Conciencia .......... Aspecto amor ............... Los nueve pétalos.

3.   Fuego por fricción ..... Sustancia        .............Aspectoactividad ...........Los tres átomos permanentes.

En el fuego eléctrico, la Mónada está representada en su tri­ple naturaleza y significa ese tipo de manifestación que será des­arrollado en su más elevada etapa en el próximo sistema solar.

En el fuego solar, estos Pitris solares en su formación nónuple representan y posibilitan el desarrollo de la conciencia de la Mó­nada, por intermedio del Ego en los tres mundos de la evolución humana.

En el fuego por fricción, los Pitris lunares están representados por, y constituyen, el yo inferior, la personalidad, o esos vehículos mediante los cuales el Ego a su vez adquiere experiencia en los planos inferiores.

Sin embargo, dentro del huevo áurico egoico los tres son uno en manifestación, continuando constantemente el intercambio de energía y vitalidad. El Espíritu emplea al Alma o Ego como vehículo de iluminación, y el Ego emplea al Cuaternario inferior como me­dio de expresión. Por lo tanto, la evolución del Espíritu puede divi­dirse en tres etapas:

En la primera actúan principalmente los Pitris lunares y prepa­ran a los cuerpos inferiores para que sean ocupados. Las vibracio­nes inferiores controlan y el “fuego por fricción” calienta y nutre, excluyendo todo lo demás.

En la segunda los Pitris solares predominan gradualmente, des­arrollándose la conciencia egoica. Los cuerpos son ocupados por el Pensador, los controla y somete gradualmente a su voluntad y propósito y los descarta oportunamente. Las vibraciones intermedias controlan y el fuego solar irradia, iluminando en el curso de la evo­lución a los cuerpos inferiores; gradualmente aumenta su calor, y con el tiempo ayuda a destruir las formas.

En la tercera es revelado el fuego eléctrico y por la intensidad de su llama apaga los otros fuegos. Los Pitris lunares han cumplido su cometido, los Pitris solares han desarrollado al ente autocons­ciente, el hombre, y la Mónada (habiendo utilizado a ambos) los descarta y se retrae en sí misma, pero esta vez con lo adquirido durante la existencia física, además del amor-sabiduría desarrollado.

El Antiguo Comentario expresa esta verdad de la manera si­guiente:

“El Señor de la Vida Misma está sentado en el corazón y vigila. Los Señores del fuego solar prosiguen su tarea y se sacrifican por los Señores lunares de los planos inferiores. Mueren, pero resucitan. Se retiran, y vuelven nuevamente. Sin embargo, el Señor de la Vida permanece sentado.

Los Señores lunares comienzan a morir; su poder empieza a de­clinar sucesivamente en cada ciclo. Los Señores solares brillan triun­falmente, y arrojan los cuádruples al fuego -el fuego que consume y disipa la forma.

La tarea se repite muchas veces; los ciclos crecen y declinan hasta el día triunfante en que el Señor solar se proclame a Sí mismo y se reconozca como regente.

Entonces el Señor de la Vida se da vuelta y se yergue en todo Su poder. Consume a los Señores solares, que perecen al igual que los Señores lunares. Pronuncia una Palabra; el fuego desciende. La llama surge. El fuego inferior ha desaparecido a través de la llama del calor solar y el fuego intermedio ha desaparecido por la intensidad del fuego de los Cielos.

Nada queda, salvo una triple llama de color violeta, índigo y amarillo. ÉSA desaparece. Entonces reina la oscuridad. Sin embargo, el Señor de la Vida persiste, aunque invisible.”

Como sabemos, el loto egoico está formado por tres hileras -cada hilera compuesta de tres pétalos y todas protegen el capullo interno, donde se oculta la joya. Tratamos aquí la evolución, forma­ción, vitalización, nutrición y eventual desarrollo de los pétalos. Será útil para el estudiante, en esta etapa, recordar que nos referimos principalmente al desarrollo del segundo aspecto del hombre, el aspecto amor-sabiduría, considerando sólo en forma secundaria el tercer aspecto o la actividad, que tiene sus centros de energía en los tres átomos permanentes.

A estas tres hileras de pétalos se las denomina en terminología esotérica:

1.       La tríada del “conocimiento externo” o los señores de la sabiduría activa.

2.      La triada de la hilera media del “amor” o los señores del amor activo.

3.      La tríada interna del “sacrificio” o los señores de la volun­tad activa.

La primera constituye el resumen de la experiencia y del des­arrollo de conciencia alcanzado, la segunda la aplicación de ese cono­cimiento, en forma de amor y servicio, o la expresión del Yo y el no-yo vibrando recíprocamente, y la tercera, la plena expresión del conocimiento y del amor dedicados a sacrificar todo, consciente­mente, para llevar a cabo los planes del Logos planetario y realizar Sus propósitos grupalmente. Cada uno de estos tres grupos de péta­los están guiados por los tres grupos de Agnishvattas y formados con su propia sustancia que, en esencia, constituyen el triple Ego durante su manifestación. A través de ellos fluye la fuerza y la energía coherente de esas misteriosas Entidades a quienes (cuando se considera a la familia humana como un todo) denominamos:

a.      Los Budas o Señores de Actividad.

b.      Los Budas o Señores de Amor Compasivo.

c.      Los Budas de Sacrificio, de los Cuales el Señor del Mundo es, para el hombre, el exponente más conocido.

A través de estos tres grupos fluye esa triple energía que halla su expresión en el plano mental y en relación con el reino humano en los tres grupos de Agnishvattas o Pitris solares mencionados anteriormente. Estos grupos forman la sustancia de las tres hileras de pétalos, y cada uno ejerce también una influencia especial sobre el pétalo particular que pertenece a su especial grado de vibración. Para mayor claridad podemos clasificar los distintos pétalos a fin de que el estudiante pueda obtener una mejor comprensión de la conformación de su propio vehículo causal y una idea de las dife­rentes relaciones triangulares:

I. La triada externa de “conocimiento”:

a.  ler. Pétalo ..................Conocimiento en el plano físico.

                                                    Colores: anaranjado, verde y violeta.

            b.  2do. Pétalo .................Amor en el plano físico.

    Colores: anaranjado, rosado y azul.

            c.  3er. Pétalo ..................Sacrificio en el plano físico.

                                                    Colores: anaranjado, amarillo e índigo.

Estos tres pétalos están organizados y vitalizados en el Aula de la Ignorancia, pero permanecen cerrados y sólo comienzan a abrirse cuando está organizado el segundo círculo.

II. La triada intermedia de “amor”:

a.  ler. Pétalo ................ Conocimiento superior aplicado por medio del amor en

   los planos físico y astral.

                                                   Colores: rosado y los tres originales.

 

Diagrama IX

 

 

            b. 2do.pétalo .............. Amor inteligente superior en los planos fí­sico y astral.
                                                     Colores: rosado y los tres originales.

            c.  3er. Pétalo ................  Sacrificio inteligente amoroso en los planos físico y astral.

                                                     Colores: rosado y los mismos originales.

Los tres pétalos conservan el color anaranjado fundamental, pero añaden el rosado en cada pétalo, de manera que ya se ven cua­tro colores. Dichos pétalos están organizados y vitalizados en el Aula del Aprendizaje, pero permanecen cerrados. La hilera externa de pétalos se abre simultáneamente hasta quedar completamente abierta, revelando la segunda hilera; la tercera permanece protegida.

III. La tríada interna de “sacrificio”:

a.  1er pétalo              La Voluntad de sacrificarse por medio del conocimiento

en el plano mental y así dominar inteligentemente al triple

hombre inferior.

Colores: amarillo más anaranjado, verde, violeta y rosado.  

b.  2do. Pétalo                      La voluntad de sacrificarse por medio del amor en el

plano mental, a fin de prestar servicio.

Colores: amarillo más anaranjado, violeta, rosado y azul.

c.  3er. Pétalo                       El sumo y eterno sacrificio de todo lo que existe.

                                               Colores: amarillo, anaranjado, rosado, azul e índigo.

Oculto en el misterio de los colores subsidiarios y del gradual fulgor dentro del loto de cinco colores, en cualquier pétalo por vez, se halla el misterio de los cinco Kumaras. ([76]) El estudiante que busca el significado del predominio del color anaranjado y del rosado se está acercando al secreto de los dos Kumaras caídos. Sobre esto no es posible decir más, pero los colores contienen la clave esotérica de este gran acontecimiento. El circulo interno de pétalos está orga­nizado y vitalizado en el Aula de la Sabiduría, abriéndose simultá­neamente la hilera intermedia, de manera que dos hileras de péta­los se hallan debidamente abiertas y sólo la tercera permanece cerrada. La apertura final se efectúa durante el período en que se recorre el Sendero de Iniciación, y en la ronda actual se acelera mediante los ritos de la iniciación y los ingentes y anormales esfuerzos que hace el hombre ayudado por el trabajo eléctrico del Iniciador, quien maneja el Cetro de Poder.

Aunque hayamos clasificado de esta manera las distintas etapas de desarrollo, sólo hemos tratado el promedio general, extra­yendo estos datos de los registros a los cuales tenemos acceso, estando clasificados en relación con este tema, en tres grupos vinculados a

a.      las Mónadas de poder,

b.      las Mónadas de amor,

c.      las Mónadas de actividad.

El estudiante debe tener en cuenta que los pétalos tienden a abrirse de acuerdo a estas clasificaciones. Por ejemplo, por ser Mó­nadas de Amor, en la mayoría de los hombres los pétalos de amor se abren con más facilidad, pues la naturaleza de la manifestación actual es amor; siendo en cualquier dirección (inferior, elevada o espiritual) la línea de menor resistencia para la mayoría. Sin embargo, las Mónadas de actividad son numerosas e influyentes, y el primer pétalo de cada hilera es el que se abre más fácilmente. Para ambos grupos el pétalo del “conocimiento” es el primero en abrirse, dada la naturaleza inherente de los mismos Manasadevas y su vibración fundamental. Para la generalidad, el pétalo del sacrificio es el más difícil, pues siempre involucra los dos factores de in­teligencia y amor -conocimiento inteligente y amor hacia aquello que debe ser salvado por el sacrificio.

En las tres hileras de pétalos se oculta otra clave del misterio de las 777 encarnaciones. Las cifras no indican el número exacto de años, sólo son representativas y simbólicas, y tienen por objeto dar la idea de tres ciclos de duración variable, basados en la natura­leza septenaria de la mónada en manifestación.

            Primero. Las 700 encarnaciones. Se refiere a la apertura de la hilera externa. Constituye el período más largo. La vibración inicial es lenta y pesada y han de transcurrir millones de vidas antes que el intercambio de energía entre el Ego y su reflejo, el yo per­sonal (el triple hombre inferior), sea tal que la conciencia del hom­bre “despierte” esotéricamente en el “Aula del Aprendizaje”. En lo que respecta al hombre evolucionado de la actualidad, estas encarnaciones tuvieron lugar en la cadena lunar y, en algunos ca­sos, en ciertos planetas vinculados a la ronda interna. Esta circuns­tancia hizo necesaria su “venida” durante la raza raíz Atlante. Los hombres de este tipo se negaron a encarnar antes porque los cuer­pos eran demasiado burdos, repitiéndose cíclicamente (en el plano más inferior) la negación de las Mónadas a encarnar en los albo­res de la oportunidad manvantárica. No se cometió ningún “pe­cado” real; su privilegio fue la discriminación; esa negación ha influido sobre las condiciones que existen en la tierra, base de las grandes dificultades de clase que -en todos los países- han sido fuente de dificultades y el fundamento esotérico del sistema de “castas”, del que tanto se abusa hoy en la India. El problema del capital y el trabajo tiene sus raíces en la diferencia subjetiva que existe entre los Egos “capaces e incapaces”, entre los entes de la familia humana que han egresado del Aula de la Ignorancia y aque­llos que aún recorren a tientas sus oscuros y sombríos corredores, y entre esos Egos que sólo son “capullos” y aquellos que han organizado la hilera externa de pétalos, los cuales ya están listos y en condiciones de abrirse.

Debe reflexionarse cuidadosamente sobre la idea de un septe­nario de siglos y, como siempre en todo tema ocultista, también ha de tenerse en cuenta la idea de la triplicidad, conjuntamente con un período sintetizador, resumen de la triple coordinación:

3 períodos de 3 decenas ....................................................... 90 años.

1 período sintetizador        .......................................................... 10 años.

                                                                         ________

                                                                          100 años

Repetido siete veces ................................................................7

                                                                           _______

                                              700 años.

Cada ciclo (nuevamente en forma figurada) vitaliza a uno de los pétalos más que a otro, teniendo un efecto definido sobre cada uno.

Segundo. Las 70 encarnaciones. Se refiere a la apertura de la hilera media. Mucho podrá aprenderse si se trata de comprender lo que ocultamente significa que algún iniciado (como el Cristo) enviara a sus seguidores en grupos de setenta, de dos en dos. Estas setenta encarnaciones se ocupan principalmente de desarrollar el amor en la vida personal, la evolución de la naturaleza astral, ba­sándose en el reconocimiento de los pares de opuestos, y el equili­brio de ambos por el amor y el servicio.

Este ciclo abarca el período que ha pasado el hombre en el Aula del Aprendizaje y tiene su analogía en la raza raíz Atlante y en el conflicto que existió entonces entre los Señores de la Faz Oscura y la Fraternidad de la Luz. En la vida de cada individuo tiene lugar, durante dicho período, un conflicto similar que finalmente termina en el kurukshetra o campo de batalla que otorga al hombre el derecho de hollar el Sendero de Probación y opor­tunamente el privilegio de permanecer ante el Portal de la Inicia­ción. También se ha de estudiar el significado numérico de los gua­rismos; éstos se hallan ocultos en el número diez, o tres ciclos de tres períodos menores, formando cada uno nueve, y un período sintetizador, produciendo la consumación y un periodo dentro del ciclo mayor; esto está representado por el diez de la perfección ([77]) ([78]) relativa. La interacción entre el impulso kámico y la energía manásica produce la comprensión, en la conciencia del Ego, de lo que ha aprendido en las dos Aulas; la hilera externa de pétalos se abre mientras la hilera central está por abrirse.

Tercero. Las 7 encarnaciones. Son las que se pasan en el Sendero de Probación. Es un período interesante en que tienen lugar ciertas cosas que podrían describirse de la manera siguiente:

Las dos hileras externas de pétalos son estimuladas en un sen­tido nuevo y especial por medio del acto consciente del discípulo probacionista. Hasta ahora, gran parte del trabajo ha sido realizado de acuerdo a las leyes comunes de la evolución y se ha efectuado en forma inconsciente. Pero todo cambia cuando el cuerpo mental entra en actividad y dos de los pétalos de voluntad se coordinan y el otro “activa” la vitalidad y se abre.

El fuego o energía de estas dos hileras empieza a circular por el triángulo atómico, y cuando esto sucede, marca una época muy importante; ha culminado el trabajo dual tanto en la vida personal inferior como en la egoica:

a.       Las cuatro espirillas inferiores de los átomos permanentes están completamente activas (dos grupos de dos espirillas cada uno) y la quinta se halla en proceso de iniciar una actividad similar. El triángulo desarrolla una acti­vidad circular, pero aún no ha logrado su plena brillantez ni su rotación o revolución cuadridimensional.

b.      Las dos hileras de pétalos están “activas”, una plena­mente abierta y la otra por abrirse.

De esta manera dos aspectos de la vida divina van evidenciándose en la vida del probacionista, y aunque todavía queda mucho por hacer, sin embargo, cuando la hilera interna de pétalos está “acti­va” -ayudada por el curioso y anormal proceso de la iniciación- el otro aspecto adquirirá una importancia similar y producirá al hombre perfecto en los tres mundos. Así culmina el trabajo de los Pitris solares.

Aquí debe hacerse hincapié sobre la anormalidad del proceso de la iniciación.

La iniciación constituye un gran experimento que nuestro Lo­gos planetario lleva a cabo durante esta ronda. En las rondas ante­riores y quizás en las posteriores, el proceso seguirá la ley natural. En la ronda y cadenas actuales, nuestro Logos planetario en Su ele­vado nivel practica lo que en términos esotéricos se denomina yoga y está pasando por ciertos procesos de entrenamiento a fin de estimular Sus centros. Esto es aprovechado en la Tierra por la Jerarquía para producir mediante Su guía ciertos resultados en las razas. Este proceso es optativo y el hombre puede -si así lo elige- seguir el proceso normal y emplear eones para efectuar lo que algu­nos han preferido realizar en un período más breve, por medio de un proceso forzado y autoelegido.

Al finalizar las 777 encarnaciones, el hombre atraviesa el por­tal de la iniciación y entra en un breve proceso sintetizador o período final en el cual cosecha los frutos de la experiencia adqui­rida en las dos primeras aulas, transmuta el conocimiento en sabi­duría, transforma la sombra de las cosas vistas en la energía de aquello que es y finalmente logra liberarse de todas las formas inferiores que tratan de mantenerlo prisionero. Este período de iniciación está dividido en siete etapas, pero sólo cinco conciernen a la evolución del Ego, así como los cinco Kumaras conciernen prin­cipalmente a la evolución de la humanidad en este sistema y en este planeta. También tenemos los cuatro kumaras exotéricos, de los cuales dos cayeron, y los tres esotéricos de los cuales Uno reúne las fuerzas vitales de los cuatro exotéricos, formando con Ellos los cinco ya mencionados. El estudiante debe analizar esto desde el punto de vista de la energía o fuerza vital, considerándola desde el ángulo de la polaridad y del matrimonio místico, de la compren­sión del verdadero significado de la relación sexual, del encuentro y la fusión de los pares de opuestos y del trabajo que realiza el que sintetiza todos los tipos de energía. Por ejemplo:

a.      El Ego sintetiza o reúne en sí las fuerzas vitales del cuá­druple hombre inferior.

b.      El Rayo del Mahachoan en la tierra sintetiza las fuerzas vitales de los cuatro inferiores, siendo el tercer subrayo de nuestro Rayo planetario.

c.      El tercer Rayo mayor del sistema solar se fusiona con los cuatro menores.

d.     El quinto Kumara fusiona y une en Sí Mismo el trabajo de los cuatro inferiores.

El reflejo de todo esto en el microcosmos puede ser estudiado por el hombre que comprende que el cuerpo físico es el vehículo de todos los principios.

Cuando se recibe la tercera Iniciación, se abre la hilera interna de pétalos, y el loto puede verse en pleno florecimiento y en toda su belleza. En la cuarta Iniciación el capullo interno se abre por el efecto de la fuerza eléctrica del Cetro que atrae el poder del rayo sintético del sistema solar mismo; así es revelada la joya interna. El trabajo ha sido realizado; la energía que reside en los átomos permanentes ha vitalizado todas las espirillas, mientras que la fuerza perfeccionada del loto y la voluntad dinámica de la chispa central entran en plena y unida actividad, dando lugar a un triple despliegue de fuerza vital que provoca la desintegración de la for­ma y los siguientes resultados:

a.      Los átomos permanentes se hacen radiactivos y, por consi­guiente, su “círculo no se pasa” ya no es una barrera para las unidades menores que se hallan dentro; entonces los distintos grupos de vidas electrónicas salen y vuelven al depósito eterno. Forman una sustancia de orden muy ele­vado y producirán las formas de esas existencias que ocu­parán vehículos en otro ciclo.

b.      Los pétalos son destruidos por la acción del fuego, y la multiplicidad de vidas dévicas que los componen y les pro­porcionan coherencia y cualidad son recogidas nuevamente en el Corazón del Sol por los Pitris solares de orden muy elevado; en otro sistema solar volverán a exteriorizarse.

La sustancia atómica será empleada en otro manvan­tara, pero a los Pitris solares no se les pedirá nuevamente que se sacrifiquen hasta el próximo sistema solar, en que vendrán como Rayos planetarios, repitiendo así en dicho sistema, en niveles monádicos, lo que han hecho en éste. Entonces serán Logos planetarios.

c.      La Vida central eléctrica retorna a su fuente, escapando de la prisión y funcionando como un centro de energía en los planos cósmicos de energía etérica.

Con lo antedicho hemos tratado de dar una idea general del pro­ceso evolutivo relación con el Ego y su progreso, regido por las leyes kármica y cíclica. Si el estudiante medita sobre estas dos leyes, le será evidente que ambas podrían ser resumidas en el tér­mino genérico de Ley del Ritmo. Toda manifestación es el resultado del efecto producido por cierta energía en actividad; el empleo de energía en determinada dirección necesitará un consumo similar en la dirección contraria. Esto, en términos del Ego y su experien­cia vital, da lugar a tres etapas:

En la primera la energía manifestada actúa externamente. El Yo se identifica con sus cuerpos. Esta etapa es estrictamente per­sonal.

En la segunda se procura hacer un reajuste de acuerdo a la ley, y el Yo no se identifica totalmente con sus cuerpos ni Consigo Mismo. Está aprendiendo a elegir entre los pares de opuestos. En este período la lucha es terrible y predomina el desorden, siendo el campo de batalla donde se ha de lograr el reajuste y el laboratorio donde el discípulo genera suficiente fuerza transmutadora que lo conduce al otro extremo de la etapa anterior -esa etapa donde la energía se manifestará dentro y no fuera.

En la tercera la energía del Ego está centrada en el corazón del círculo y no en la periferia, dedicándose allí al servicio grupal por medio del esfuerzo consciente del Ego. La naturaleza inferior es reemplazada por la atracción que ejerce aquello que es más supe­rior que el Ego. Entonces debe repetirse el proceso anterior en una vuelta más alta de la espiral y la energía monádica comienza a actuar sobre el Ego, así como la egoica actuó sobre la personalidad. La Mónada, que se ha identificado con el Ego (su manifestación externa), también comienza a buscar su propio y verdadero centro “dentro del Corazón”; puede observarse nuevamente en los niveles superiores los resultados que afectan a la distribución y conser­vación de la energía.

Se debe poner de relieve este procedimiento porque es impor­tante que todos los ocultistas aprendan pensar en términos de energía y fuerza, interpretándolos como algo diferente de los cuerpos o instrumentos empleados. El místico ha reconocido este factor “fuerza”, pero ha trabajado únicamente con el aspecto positivo de la misma. El ocultista debe reconocer y trabajar con tres tipos de fuerza o energía; aquí reside la diferencia entre su trabajo y el del místico. El ocultista reconoce:

1. La fuerza positiva            Aquello que energetiza.

2. La fuerza negativa                      Aquello que es receptor de ener­gía; lo que actúa o

                                               toma forma bajo el impacto de la fuerza posi­tiva.

3. La luz o fuerza armó­nica           Aquello que se produce por la

                                                unión de ambos, dando por resul­tado energía irradiante,

                                                siendo el resultado del equilibrio de ambos.

Estos tres aspectos de la energía han sido denominados, como frecuentemente se ha dicho

a.  Fuego eléctrico ................. energía positiva ........ Padre.

b.  Fuego por fricción ............ energía negativa ........Madre.

c.  Fuego solar ....................... energía radiante ........ Sol o Hijo.

Cada uno de estos dos últimos aspectos son en sí mismos duales, pero el efecto constituye un todo unificado en lo que respecta a la gran Unidad en la cual se manifiestan.

El problema de los devas puede ser mejor comprendido si se recuerda que personifican en sí los dos tipos de energía. Por ejem­plo, los Pitris solares constituyen la sustancia de los cuerpos y gru­pos egoicos y el medio de expresión para el aspecto Espíritu, pues Éste se manifiesta por medio del alma. Los Pitris lunares que for­man el yo inferior personal, por constituir un agregado de cuerpos inferiores, son energetizados y utilizados por los Señores solares. Dichos Angeles solares forman parte de muchos grupos y expre­san una energía dual, positiva y negativa. Tenemos la vida positiva del loto egoico que coordina, conserva y activa a los pétalos y tam­bién la energía de la sustancia del pétalo mismo, o el aspecto negativo impulsado por la fuerza positiva de los Señores solares mayores hacia las ruedas o verticilos vivientes que denominamos simbólicamente “pétalos”. Vinculada al Logos planetario y al Logos solar existe una estrecha analogía entre el prana, fuerza vital que anima al cuerpo etérico del hombre, la cual da coherencia al cuerpo físico denso, y esa fuerza vital sintetizadora del Logos que anima a cada átomo en todos los planos del sistema. Si se reflexiona sobre esto y se desprende que los planos que nos atañen son la manifestación etérica y densa del Logos solar, entonces se dilucidará en parte el papel que desempeñan los Ángeles solares, y puede escla­recerse parcialmente su relación con el Logos planetario y el Logos solar.

No sólo debemos estudiarlos en conexión con nosotros mismos y nuestro esfuerzo por identificamos con los Señores solares y los Pitris lunares, sino que debemos reconocer a:

a. Los Angeles solares de un esquema planetario.

b. Los Angeles solares de un sistema solar.

c. Los señores lunares del esquema y del sistema.

La palabra “lunar” es aquí un anacronismo y no es técnica­mente exacta. La luna o las lunas de cualquier esquema son efectos y no causas del sistema. En ciertas relaciones planetarias son con­sideradas causas, pero en relación con nuestro sistema solar no lo son. Respecto a un sistema, existen también cósmicamente cier­tos cuerpos en el espacio que tienen un efecto tan definido sobre el sistema como el de la luna sobre la tierra. Esto es todavía algo desconocido e incomprensible para los metafísicos, científicos y astrónomos. La guerra se libra todavía cósmicamente entre los señores “lunares” del sistema y esas Entidades análogas a los Se­ñores solares en niveles cósmicos. Mientras los estudiantes no am­plíen el concepto hasta incluir en sus cálculos a los cuerpos astral y mental logoicos a medida que el Logos trata de expresar la emoción y la mente en el plano físico (por medio de Su cuerpo físico, un sistema solar) no penetrarán mucho en el núcleo del misterio solar. Hasta que no se descubra la fuerza de los Señores lunares cósmicos, el hecho de existir detrás de nuestro sistema solar constelaciones enteras en proceso de desintegración, en tiem­po y espacio, en forma similar a  la desintegración de la luna, no será conocido ni podrá comprobarse sus efectos. Oportunamente, nuestro sistema solar pasará a un estado similar. Aquí reside el verdadero misterio del mal ([79]) y allí se ha de buscar la veracidad de la “Guerra en los Cielos”. También se ha de recordar que los esquemas planetarios pasan a la oscuración y “mueren” en todos los casos debido a que le han sido retirados la vida y la energía positiva y el fuego eléctrico, principio animador de cada sistema, esquema, globo, reino de la naturaleza y ente humano. Esto tam­bién produce en cada caso la muerte de la “irradiación solar”, luz producida por la fusión de las energías positiva y negativa. Todo lo que queda en cada caso es la energía común de la sustancia sobre, y a través de, la cual la energía positiva ha tenido un efecto tan notable. Este tipo de fuerza negativa se disipa o dispersa gradual­mente yendo en busca del depósito central de energía. De esta manera se desintegra la forma esférica. La actuación de esto puede verse en el caso de la Luna, y la misma regla rige para todos los cuerpos. Podríamos enunciarlo de otra manera: Los Devas solares (o la energía irradiante) regresan al Corazón central o a la fuente que los exhaló. Esto hace que la sustancia dévica menor dependa de su propio calor interno, pues involucra retirar aquello que eri­gió a la sustancia en una forma. Existen muchas clases de sustan­cia dévica; quizás se comprenderá mejor el consiguiente procedi­miento, si decimos que cuando la forma se desintegra los construc­tores y devas menores vuelven a su alma grupal. Algunos de ellos, los que forman los cuerpos del cuarto reino de la naturaleza, y son por lo tanto de un tipo superior de sustancia por medio de la cual la conciencia puede manifestarse en los tres mundos, se hallan en camino de individualizarse -están más cercanos a la etapa humana que la sustancia de los otros tres reinos. Ocupan un lugar en la evolución dévica, análogo al que el hombre, que se está acercando al Sendero, ocupa en el reino humano (observen que digo reino, no evolución). La meta de un deva (de categoría inferior a la de los Pitris solares) es la individualización, y su objetivo consiste en llegar a ser hombres en un ciclo futuro. La meta de un hombre es la iniciación, o llegar a ser un Dhyan Chohan consciente y, en un lejano ciclo, hacer por la humanidad de esa época lo que los Pitris solares han hecho por él, posibilitando así su expresión autoconsciente. La meta de un Pitri solar es, como ya se ha dicho, llegar a ser un Rayo logoico. ([80])

 Volviendo al tema en consideración: Así como la Luna consti­tuye una fuerza nociva o maléfica, en lo que se refiere a la Tierra y ejerce malas “influencias”, del mismo modo todos esos cuerpos en descomposición son igualmente destructivos. Dichos cuerpos existen dentro del “círculo no se pasa” solar y aún no son reconocidos, habiendo constelaciones en desintegración (innumerables en el universo, desconocidas y no reconocidas por los científicos) que producen un efecto análogamente maléfico sobre nuestro sis­tema y todo lo que entra en su esfera de influencia.

Existe una constelación similar situada entre la Osa menor y nuestro sistema y hay otra interrelacionada con las Pléyades y nues­tro sistema, que aún producen un marcado efecto sobre el cuerpo físico del Logos solar.

El párrafo que antecede está especialmente escrito así porque los efectos se hacen sentir en el cuerpo más inferior de todos, siendo responsables de la mayor parte de lo que ignorantemente se deno­mina “magia negra”. Ambas constelaciones han terminado sus ci­clos y se están “disolviendo”. Parte de su fuerza vital y energía han sido transferidas a nuestro sistema solar, análogamente como la fuerza vital lunar fue transferida a nuestra tierra, siendo la causa de la mayoría del mal cíclico. El proceso de descomposición y las emanaciones maléficas que todavía se producen tienen poder para influenciar a las formas que responden a lo que constituyó para ellas una vibración anterior. La sustancia de estas formas está magnéticamente vinculada al cuerpo en descomposición, así como el doble etérico está conectado con su cuerpo denso, siendo allí donde se manifiestan los efectos. El fuego purificador es la única cura para esta corrupción magnética, empleándolo libremente los Logos planetarios en Sus esquemas y el Logos solar en el sistema.

FUEGO PURIFICADOR

“El fuego ardía débilmente. Un fulgor rojo opaco dormitaba den­tro del Corazón de la Madre. Su calor apenas se sentía. Las dos pri­meras líneas internas vibraban al quemarse, pero las restantes esta­ban frías.

Los Hijos de Dios miraron abajo desde el centro mA8 interno. Luego desviaron Sus miradas y pensamientos hacia otras esferas. Todavía no había llegado Su hora. Los fuegos elementales no hablan preparado el altar para los Señores. El fuego del sacrificio esperaba en su lugar elevado y aumentaba el constante fulgor que estaba debajo.

El fuego ardió con más intensidad, y lentamente se encendieron el primero y el segundo.

Su fulgor se convirtió en una línea de brillante fuego, sin em­bargo los cinco permanecieron intocados. Los Hijos de Dios miraron nuevamente hacia abajo. Durante un breve segundo pensaron en la Madre, y a medida que pensaban se encendió el tercer fuego. Rápida­mente apartaron Su mirada, porque la forma aún no Los había lla­mado. El calor estaba latente, y ningún calor externo ascendía hasta Su lugar.

Pasaron los eones. El fulgor aumentó. Las Esferas tomaron forma, pero se disiparon rápidamente por faltarles fuerza coherente. Des­aparecieron. Reaparecieron. Incesante acción, ruido, fuego y calor la­tente caracterizaban Sus ciclos. Pero los Lhas en Su cielo elevado despreciaron este trabajo elemental y miraron dentro de Sí Mismos. Meditaban.

 

*       *          *          *          *          *          *

 

El fulgor se convirtió en un fuego constante y se vieron diminutas llamas. La primera, la segunda y la tercera se convirtieron en tres líneas de fuego, y un triángulo fue consumado. Sin embargo, los cua­tro permanecen pasivos y no responden al calor. De esta manera los ciclos y las vidas elementales pasan y vuelven a pasar y su trabajo continúa.

Las formas se solidifican, pero su duración es breve. Permane­cen inmóviles, sin embargo pasan. Ha llegado el momento del gran despertar y ya no descienden sino que ascienden.

Éste es el intervalo que los Lhas esperaron en Su elevado lugar. Aún no pueden entrar en las formas preparadas, pero sienten que Su hora se acerca. Meditan nuevamente y durante un minuto contemplan los millares de triples fuegos, hasta que responde el cuarto.

Los sesenta segundos empleados en dinámica concentración pro­ducen formas de triple naturaleza, tres juegos de formas y miles de a tres. El Corazón de la Madre se contrae, y se expande con estos sesenta alientos ígneos. Se unen las líneas, formando cubos, que protegen al fuego interno. El altar está preparado y permanece en forma cuádruple. Fulgura, rojo en el centro y cálido externamente.

 

*       *          *          *          *          *          *

 

El altar llamea. Asciende Su calor, sin embargo no quema ni se consume. Su calor, sin llama, llega a una esfera superior; los Hijos de Dios durante un breve período, Se calientan en él, pero no se acercan hasta que haya pasado otro ciclo. Esperan el momento, el momento del sacrificio.

Los Señores solares, tomando la Palabra tal como es emitida por los Hijos de Dios, Se yerguen en la implacabilidad de la vida solar y se acercan al altar. Las cuatro líneas fulguran y arden. El sol aplica un rayo; los Señores solares lo hacen pasar a través de Su sustan­cia, y nuevamente se acercan al altar. La quinta línea despierta y se convierte en un punto fulgurante, luego otra línea de color rojo opaco mide la distancia que media entre el altar y Aquel que vigila.

El quíntuple fuego dinámico comienza a parpadear y a arder.

Todavía no alumbra lo externo, simplemente fulgura. Los eones pasan, los ciclos vienen y van.

Continuamente los Señores solares Se sacrifican; constituyen el fuego sobre el altar. El cuarto provee el combustible.

 

*       *          *          *          *          *          *

 

Los Hijos de Dios aún vigilan. El trabajo se acerca a su consu­mación final. Los Eternos Lhas en Su lugar elevado se llaman entre si y cuatro repiten el llamado: “El fuego arde. ¿Es suficiente el calor?”

 Dos responden mutuamente: “El fuego arde; el altar está casi destruido. ¿Qué sucede luego? Agreguen combustible al luego de los cielos. Soplen el fuego y aventen su llama hasta que arda con gran intensidad”.

Así emite el mandato Aquel que durante incontables eones ha vigilado y permanecido silencioso. Los Lhas exhalan. Algo impide que el aliento pase. Piden ayuda. Aparece Aquel que aún no había sido visto.

Levanta Su mano. El uno, el dos, el tres, el cuatro y el cinco se fusionan en uno y se mezclan con el sexto. La llama asciende, res­pondiendo al aliento. La desaparición final del cubo es necesaria, y luego el trabajo queda terminado.”

Extraído de los Archivos de la Logia.

c. Nombres de los lotos egoicos. Podríamos considerar bre­vemente la tarea de formar el loto egoico en su propio plano; esto es parecido al resultado que produce el trabajo de los Agnishvattas, después de su segregación en el espacio y la formación de su “circulo no se pasa”. Nos hemos ocupado de las etapas más remotas y primitivas. Pero todavía no hemos hecho hincapié sobre algo que es de interés para el estudiante sensato, lo cual consiste en la dife­rencia existente en los cuerpos egoicos, debido a sus diferentes etapas de desarrollo. Hasta la mitad de la raza raíz Atlante, ([81]) por ejemplo (cuando se cerró la puerta de la individualización), había Egos en distintas etapas de desarrollo, desde los “capullos” de ciente organización, que representaban a hombres recién indivi­dualizados, hasta los cuerpos causales altamente desarrollados de los diversos iniciados o discípulos, que supervisaban la evolución de la raza. Los cuerpos egoicos podrían ser agrupados, desde el punto de vista evolutivo, de la manera siguiente:

En el tercer subplano del plano mental:

Egos capullo. Porque nuestro esquema planetario está en la mitad de su evolución, no existen, estrictamente hablando, “capu­llos” cerrados. Todos los lotos egoicos tienen por lo menos un pétalo abierto y están organizados; pero existe una gran diferencia entre los que están poco desarrollados, lo cual se demuestra en el brillo de los átomos permanentes, y los que se hallan en la etapa en que los pétalos comienzan a abrirse.

 

Lotos bráhmicos, en los que se ha abierto totalmente el primero o el pétalo de conocimiento. Se los denomina así porque representan, en el plano físico, al ente inteligente plenamente activo, al hombre de poco desarrollo mental, al tipo más inferior de trabajadores, agricultores y campesinos de todos los continentes. Se los denomina también “creadores de tercera clase”, pues se expresan sólo por medio de la creación física en el plano físico, y su función consiste más bien en proveer vehículos a los de su propio grupo.

Los Lotos de Brahman, en los cuales el segundo pétalo da seña­les de abrirse, y el segundo aspecto, en su manifestación más infe­rior, comienza a expresarse. Estos lotos representan a algunos grupos de Egos provenientes de ciertos esquemas planetarios, espe­cialmente de Júpiter y de Venus, los cuales son de categoría supe­rior a la de los ya mencionados, pero aún tienen que recorrer un largo camino; a éstos se los denomina “creadores de segunda clase”, pues aunque aparecen en el plano físico en el acto de la creación física, están sin embargo más influenciados por el amor que por el instinto animal como los del primer caso. Encarnan en la actualidad en Oriente, particularmente en la India y en los países latinos y últimamente en América del Norte.

 

Lotos primordiales. Éste es un grupo especialmente impor­tante que ha venido influenciado por el Señor del Quinto Rayo, por lo tanto está fundamentalmente vinculado con la energía de manas que constituye una manifestación especial en el actual sis­tema, siendo la base de toda realización. Dicho grupo se hallaba en estado pasivo durante la raza raíz Atlante, entrando en activi­dad durante la cuarta y quinta subraza de la actual raza raíz. Forman un grupo más avanzado que los anteriores, pero necesitan adquirir mucha experiencia para desarrollar el segundo pétalo. Los pétalos primero y tercero de la primera hilera se están abriendo, pero el pétalo del medio está todavía cerrado. La hilera media tampoco demuestra señales de vitalidad. Debido a las condiciones existentes en el planeta de donde emanaron, su desarrollo ha sido unilateral, y por eso encarnan en este esquema impelidos por una oleada de energía a fin de “capacitarse”, como comúnmente se dice. Puede vérselos en el tipo intelectual científico muy egoísta, res­ponsable en gran parte del progreso de la ciencia mecánica, de su aplicación a las necesidades de los hombres y de la introducción de cierto tipo de máquinas; su trabajo está vinculado mayormente con la energía del reino mineral. De ello se deduce que los Señores solares, a quienes personifican, están ligados a un grupo de Señores lunares que responden magnéticamente a los devas del reino mi­neral. El trabajo que realizan para la raza, tiene en la actualidad un efecto deletéreo, pero cuando se abra el segundo pétalo, enton­ces las maravillas que realizarán en servicio amoroso dentro de su especialidad, será uno de los factores que regenerará al cuarto reino. En la quinta ronda llevarán a cabo su emancipación, pasando las cuatro quintas partes al Sendero y la quinta parte restante esperará el otro ciclo.

Lotos de pasión o de deseo. Se denominan así porque su natu­raleza fundamental es el amor personifica en una u otra forma. La gran mayoría de las Mónadas de Amor pertenecen a este gran grupo, constituyendo las personas de buena posición económica y benévolas del mundo. Están subdivididos en cinco grupos, tres de ellos se individualizaron en este planeta, haciéndolo en la cadena lunar los dos últimos. Han desarrollado dos pétalos, y en la actua­lidad su objetivo es desarrollar el tercero. Muchos podrán desarro­llarlo antes del advenimiento de la séptima raza raíz de esta ronda, pero la mayoría lo hará en la segunda raza raíz de la ronda si­guiente y, habiendo desarrollado una hilera de pétalos y organizado la segunda antes de finalizar la ronda, estarán ya preparados para entrar en el sendero de probación. Los lotos de la primera hilera se dividen en grupos entre los cuales continúa la interacción; la energía de cualquier centro produce un reflejo en otro. Debe recor­darse que en la época atlante, cuando se cerró la puerta al reino animal y ceso temporariamente la formación “de capullos de lotos” el efecto fue dual, pero no en los reinos animal y humano. Dio por resultado la decisión interna, por parte del Logos planetario, de no crear en el plano mental del sistema sino de dedicarse al trabajo de evolución progresiva. Esto hizo que cesaran ciertos tipos de acti­vidad, produciéndose la pasividad de algunos de Sus centros y la creciente actividad de otros. Tuvo también un efecto sobre los Angeles solares y en consecuencia sobre el Corazón del sistema solar del cual son extraídos. Haces de energía o corrientes de fuerza provenientes del corazón del sol (el Sol subjetivo) fueron detenidos y dirigidos hacia otro lugar, mientras que los Pitris ya activos, comenzaron a dedicarse al trabajo iniciado, y momentá­neamente no se emprendió ningún otro. No debe olvidarse que, desde su punto de vista, el trabajo de los Pitris solares no consti­tuye principalmente la evolución del hombre, sino que es el pro­ceso de su propio desarrollo dentro del plan del Logos solar. Para ellos la evolución de la raza humana sólo es un método.

Hombres perfectos se hallan en los concilios del rayo particu­lar del Logos planetario; los Pitris solares se hallan en el concilio del Logos solar. ([82])

Sería conveniente que abandonáramos momentáneamente la consideración de los grupos egoicos y clasificáramos brevemente las evoluciones, recordando que en esta clasificación figuran única­mente los planos de diferenciación; en el plano de lo inmanifestado o de lo subjetivo, sólo se conoce la unidad. Nuevamente debe recordarse que el término “inmanifestado” tiene solo importancia relativa y se refiere a la captación que posee el hombre de todo lo que existe. Para el Logos solar los planos de lo inmanifestado son objetivos. El hombre no ha desarrollado todavía la visión etérica y los subplanos etéricos son para él inmanifestados. El Logos solar ha desarrollado plenamente la visión etérica cósmica y, debido a que se halla en el Sendero cósmico, conoce y le ha sido revelado todo lo que existe dentro del sistema solar.

 

VI. CLASIFICACIÓN

 

Debe observarse aquí que la Entidad planetaria constituye la suma total de todas las vidas elementales de los Constructores me­nores que funcionan o forman la sustancia de cualquier globo par­ticular en objetividad física. El enigma del tema se oculta en tres cosas:

Primero, que nuestras tres planos, físico, astral y mental, for­man el cuerpo denso del Logos solar y, por consiguiente, no son considerados como un principio.

Segundo, que las “vidas” menores o esencia elemental, son el “desecho” de un sistema anterior y reaccionan tan poderosamente a impulsos inherentes que sólo fue posible controlarlas mediante la voluntad dinámica del Logos, conscientemente aplicada. La in­terpretación de la palabra “desecho” tiene su analogía en la interpretación de la frase: el hombre recoge para sí, en cada nueva encarnación, materia para formar su cuerpo físico denso, la cual estará coloreada por las anteriores vibraciones de encarnaciones precedentes. Estas “vidas” han sido atraídas gradualmente durante todo el mahamanvatara, a medida que no implicaban peligro y era posible controlarlas y someterlas a la voluntad de los grandes Constructores. Gran parte de la primitiva energía-sustancia em­pleada en la construcción del sistema ha pasado a esa fuerza-mate­ria que denominamos Pitris lunares, y ha sido reemplazada gra­dualmente por ese tipo de energía extraída de la esfera mayor, donde nuestro Logos tiene su lugar. Después de todo, las doce evoluciones sólo son los doce tipos de energía que se manifiestan siempre como tres grupos de fuerzas, y como un solo grupo cuando se sintetizan durante el proceso de manifestación. Son cuádruples cuando interactúan, teniendo en el sistema un flujo y reflujo del cual poco se sabe.

Tercero, que la llegada a la encarnación de la “vida” que da forma a esta sustancia de grado inferior, entidad proveniente de un lugar en los Cielos que no puede ser mencionado: Personifica a influencias de naturaleza manásica, pero manas en su vibración más inferior. Quizás pueda obtenerse una idea de ello si se dice que existe una semejanza entre esta vibración, o vida energeti­zante, y la vibración básica del sistema solar que precedió al nues­tro. Debemos recordar que nuestra vibración fundamental es el resultado del proceso evolutivo de todo el sistema anterior. Esta entidad tiene una relación análoga con la evolución dévica similar a la de los misteriosos “puentes” que desconciertan a los científicos y se encuentran entre los reinos animal y vegetal, vegetal y  mineral, no siendo ni lo uno ni lo otro. En amplia escala esta “vida” o la entidad que da forma a la vida inferior del plano físico del sistema solar no es un pleno exponente de la vida subconsciente del sistema anterior, ni de la vida elemental del nuestro; únicamente en el próximo sistema se manifestará una forma de conciencia de un tipo actualmente inconcebible para el hombre. Se dice esotéri­camente que “no posee vista ni oído”; esencialmente no es dévica ni humana. Esotéricamente es “ciega”, totalmente inconsciente; solamente es capaz de moverse y se asemeja al feto en la matriz; lo que vendrá a la existencia se revelará en el próximo gran ciclo. El misterio de la luna ([83]) o del “divino lunático” tiene cierto vinculo (debido a la compasión prematura de nuestro Logos planetario) con la revelación de la vida de esta naturaleza que da forma al globo denso de la cadena lunar. Desde Su elevado nivel, despertó la piedad en el corazón del Logos planetario, hacia ciertas existen­cias involutivas dentro de la cadena lunar (como el Buda en escala menor y en fecha muy posterior), y la intensa compasión trajo los resultados kármicos que aún nos conciernen. La “bestia” debe ser acorralada en su guarida, para su propio bien, a fin de que recorra su ciclo, encerrada en su antro y confinada dentro de ciertos lími­tes hasta que el amanecer de un nuevo sistema le ofrezca una oportunidad.

Más no se puede decir. Debe recordarse que los misterios de la existencia son POCO conocidos por el hombre. El hombre ignora totalmente los misterios profundos que existen en ciertos casos y allí donde en vez de misterio hay revelación para aquel que tiene ojos para ver y oídos para oír, con frecuencia permanece ciego y sordo. Cuando el hombre haya develado los secretos que se hallan detrás de los reinos inferiores de la naturaleza, solucionado el problema de la constitución interna de la Tierra y recorrido retros­pectivamente el camino hacia el conocimiento de cómo actúa el sendero involutivo y las vidas que lo huellan, sólo entonces comen­zará a comprender el extraordinario enigma que está más allá de su comprensión.

Haré otra insinuación, que           arrojará un haz de luz sobre el pro­blema, para aquellos que ya están preparados, pero aumentará la confusión de los que no son intuitivos: desde el punto de vista de AQUEL SOBRE QUIEN NADA PUEDE DECIRSE, nuestro sistema solar no es más que un centro -siendo dicho centro una de las tres verdades reveladas en la séptima Iniciación.

a.      ler. Sistema se caracterizó por la organización de un centro, la vida misteriosa, a la que ya nos hemos referido, se produjo por la vibración “más baja del centro”.

b.      2do. Sistema se caracteriza por la actividad tridimensional de dicho centro y por la evolución de tres tipos de conciencia, dévica, humana y subhumana, en sus innumerables categorías y jerarquías. En este pe­ríodo se equilibran las fuerzas del centro.

c.      3er. Sistema se caracterizará por la actividad cuadridimensional del centro, y los doce tipos de evolución se transformarán en cuatro tipos de fuerza.

 Le resultará casi imposible al hombre comprender esto y le parecerá inexplicable, pero esta indicación se ha hecho a fin de que se dé cuenta de la interdependencia existente entre los varios sistemas y el lugar que ocupan en un esquema mayor; no se intenta presentar al estudiante hechos sin correlación ni utilidad aparente para él. Desconociendo nuestra posición dentro de un esquema más vasto, las deducciones del hombre serán siempre inexactas.

 

Continuaremos enumerando los grupos de Egos de acuerdo a sus características, pero sería conveniente tratar primero un pro­blema que puede presentarse, y ver si es susceptible de ser resuelto. Dos problemas surgen al estudiante analítico: uno respecto a la posición (en conexión con cualquier esquema planetario particu­lar) que ocupan esos vastos grupos de Egos, asociados con cualquiera de los esquemas y personificados por Vidas que emanan de cualquiera de los siete rayos. El otro trata del efecto que produce la “entrada” en el plano mental de Egos que no son “Egos capullo”, sino que, como discípulos e iniciados, posiblemente están muy desarrollados.

Estos conceptos pueden ser aclarados si se dan ciertas expli­caciones respecto al plano mental, y servirán para indicar dónde se halla la solución de dichos problemas.

Como lo señaló H. P. B., el plano mental es el más vasto de todos los que nos conciernen, siendo el plano clave del sis­tema solar el pivote sobre el cual gira la gran Rueda, el lugar de encuentro de las tres líneas de evolución y, por esta razón, ha sido esotéricamente denominado “la Cámara de Concilio de las Tres Divinidades”. En este plano las tres Personas de la Trinidad lo­goica trabajan en forma unida. En el plano de abajo dos Personas trabajan asociadas; en el plano de arriba actúa otra dualidad; pero sólo en este plano están unificadas las Tres.

Todos los Logos de los distintos esquemas se expresan en este plano. Existen ciertos esquemas en el sistema que tienen su mani­festación inferior en este plano y no poseen cuerpo físico como la Tierra y los demás planetas densos. Existen gracias a la materia gaseosa, y sus esferas de manifestación están simplemente com­puestas de cuatro éteres cósmicos y del gaseoso cósmico. Pero todas las grandes Vidas del sistema solar poseen cuerpos construidos de materia mental de nuestro sistema, de allí que todas esas Entidades puedan comunicarse en ese plano. Este hecho constituye el fundamento de la comprensión esotérica y la verdadera base de la unificación. Los vehículos de estas grandes Existencias están compuestos de materia de los niveles abstractos del plano mental, y por medio de esa sustancia energetizada pueden ponerse en contacto entre sí, sin tener en cuenta Su meta de realización indivi­dual. Por lo tanto, los cuerpos de dichas unidades pueden similarmente ponerse en contacto con los demás Egos y grupos cuando obtienen la conciencia del plano mental (la conciencia causal) y conocen las diversas “claves”, tonos y colores grupales.

Será evidente para el estudiante atento, que aquí reside la ver­dadera relación entre los distintos grupos de Egos, sin tener en cuenta su grado de evolución, rayo o esquema en que puedan ha­llarse. La verdad fundamental involucrada podrá captarse mejor estudiando las siguientes frases esotéricas:

“En el Aula de la Ignorancia rige kama-manas. El hombre ago­biado por numerosos malos deseos busca el objetivo que su corazón anhela en las aulas sombrías del maya más denso. Lo encuentra, pero muere antes de haber recogido los frutos apetecidos. Es mordido por la serpiente, y la anhelada alegría queda fuera de su alcance. Todos aquellos que buscan los frutos egoístas del karma deben despreciarse recíprocamente; por lo tanto lucha y codicia, mala voluntad y odio, muerte y retribución, invocación kármica y vengadora centella, carac­terizan a esta aula.

 En el Aula del Aprendizaje rige el intelecto y trata de guiar. Un deseo más elevado, el fruto de manas y su empleo, reemplazan al deseo kármico inferior. El hombre pesa y valora, y en el ocaso de las Aulas del Intelecto busca el fruto del conocimiento. Lo halla, pero se da cuenta que el conocimiento no es todo; muere en el campo abierto del conocimiento, escuchando el grito que resuena en sus oídos moribundos: “Sabe que el conocedor es más grande que el conocimiento; Aquel que busca es más grande que lo buscado”.

En el Aula de la Sabiduría rige el Espíritu; el Uno dentro de los menores asume el control supremo. La muerte no es conocida en estas aulas, porque se pueden atravesar sus dos grandes portales. La dis­cordia y la lucha desaparecen, y sólo reina armonía. Los conocedores se ven como Uno; reconocen el campo donde el conocimiento surge como disonancia y diferenciación bráhmicas. El conocimiento es cono­cido como método, un instrumento del propósito empleado por todos. y como simple germen de reconocimiento eventual. Dentro de esta aula, la mutua unión, la mezcla de uno con todos y la unidad de acción, de meta y capacidad, marcan todo esfuerzo superior.”

Si se medita sobre estas palabras, se comprenderá que la ver­dadera unión reside en la comprensión de que la vida mayor siem­pre incluye a la menor, y que cada expansión de conciencia acerca más al hombre a esa Unicidad.

Por lo tanto, si pudiéramos aventurarnos a expresar la abstracción y el estado de conciencia en términos de tiempo y espacio, valiéndonos de la limitación del lenguaje, podríamos decir que en niveles egoicos o en los tres subplanos superiores del plano mental, existe un canal de comunicación entre cada uno de los esquemas planetarios, dentro del “círculo no se pasa” solar, basado en la simi­litud de vibraciones y unidad de esfuerzo. Sólo aquí (respecto a los tres mundos y al reino humano) es posible establecer relaciones egoicas y transmitir sustancia mental entre

a.      entes y grupos egoicos,

b.      grupos,

c.      grupos mayores y grupos menores,

d.     egos de un esquema planetario con los de otros esquemas.

Los Ah-hi, los Constructores mayores, ([84]) los Señores que realizan la voluntad del Logos solar, emplean principalmente dos planos para comunicarse entre ellos y Sus legiones:

Primero, el segundo plano, donde se comunican por medio de un método espiritual incomprensible para el hombre en la actualidad.

Segundo, el plano mental, donde se comunican con todas las vidas menores por medio de cierto tipo de telepatía mental.

La “entrada” en otros esquemas planetarios o esferas más suti­les de Egos avanzados, provenientes de la ronda interna, donde han permanecido en pralaya esperando la oportunidad, se produce en forma triple, como resultado de una triple actividad, causada por un acuerdo entre el Logos planetario de un esquema y otro Logos planetario, dando lugar un intercambio. El estudiante debe pensar aquí en términos de fuerza y energía, interacción magnética y trans­misión consciente de energía desde el cuerpo del Logos planetario, vía un centro o centros, hasta el cuerpo de otro Logos planetario. Aquí la causa es voluntad o propósito, el objetivo es sensación y el método es transferencia de fuerza. Los mismos factores se hallan detrás de la venida de egos desde la ronda interna, sólo que en este caso la energía es enviada por ciertas existencias (actuando con cualquier Logos planetario), quienes son los “custodios del círculo interno”. Esto constituye un misterio y concierne a la llegada de Egos superiores, Avatares, Budas, instructores, iniciados, discípu­los y todos los que han de esperar un impulso no individual sino grupal a fin de cumplir el karma cíclico en amplia escala, y cuyas “ruedas” están controladas por fuerzas cósmicas y no por fuerzas del sistema exclusivamente.

 Podría decirse que constituyen otro factor los resultados kármi­cos de las simientes sembradas en un pasado remoto, ocultas en los misterios de un anterior sistema, esquema o cadena, según el caso. Estos tres grupos de manifestación siguen el impulso kármico, el cual controla el tiempo, el período y el método de aparición en cualquier grupo de egos planetarios, capullos o lotos recién nacidos, o lotos que se dice que han sido “trasplantados” místicamente. Es­tos últimos probablemente tienen un alto grado de desarrollo. Esto es posible tanto en los individuos como en los grupos.

Un tercer factor tiene que ver con la transferencia de Egos o lotos desde una esfera de actividad a otra, produciendo necesaria­mente condiciones que exigen la aparición de centros similares para ser reemplazados. La energía transmitida ha de ser suminis­trada de otra parte, siendo otro factor que predispone a la aparición de lotos egoicos en cualquier esquema. La ley de conservación de la fuerza es aplicable a cualquier plano.

Toda la cuestión de transferencia de lotos egoicos de un esquema a otro, de una cadena a otra, en el plano mental, es verdaderamente muy complicada y no puede ser explicada al discípulo no juramen­tado. Sólo es posible dar estas indicaciones generales.

En relación con nuestro planeta también debe recordarse que los Egos aparecen en esos grupos cuyos lotos no son producidos como resultado de la Ley de Atracción cuando actúa entre el reino animal del globo y las Tríadas superiores, sino que son Egos que se han individualizado en otra parte, viniendo, por lo tanto, con sus pétalos ya formados y quizás con varios pétalos abiertos. Lógica­mente, esto tiene un profundo efecto sobre los grupos en los cuales aparecen y sobre el tipo de hombre que encarnará, en consecuencia, en el plano físico. En La Doctrina Secreta se hace alusión a esto cuando se refiere al tema de los antiguos instructores y reyes di­vinos que ocuparon los toscos cuerpos de la primitiva humani­dad. ([85]) ([86])

Continuando con nuestra consideración de los grupos egoicos, podría decirse brevemente que éstos, en conexión con nuestro pla­neta, pueden ser agrupados de manera general según la etapa de formación del loto:

a.      Los egos que aparecieron por el proceso de individuali­zación en los días lemurianos. Constituyen la verdadera humanidad de la Tierra, junto con el segundo grupo.

b.      Los egos que se individualizaron durante la raza raíz Atlante, hasta que se cerró la puerta.

c.      Los egos que han “venido” de la cadena lunar y están mucho más evolucionados que la humanidad terrestre.

d.     Los egos que fueron traídos desde la época atlante para ocupar el lugar de esos Egos que se liberaron, cuyos cuer­pos causales desaparecieron y sus lotos han “muerto”, de­jando un vacío, en la esencia de la fuerza, que debe ser llenado y provisto. Por lo general vinieron desde uno de los dos esquemas siguientes:

1.       Del esquema personificado por el polo opuesto de nues­tro Logos planetario.

2.      Del esquema aliado a ambos, formando el triángulo del sistema.

 Estos casos son necesariamente raros en la actualidad, pero serán cada vez más frecuentes a medida que un mayor número de seres humanos reciba la cuarta Iniciación.

e.      Ciertos raros Egos o lotos provenientes de esquemas no mencionados en la triplicidad anterior. Por lo general son traídos con el único fin de que puedan perfeccionar ciertas cualidades de su propia naturaleza, para llevar a cabo un trabajo experimental en conexión con el reino dévico, o para producir ciertos resultados grupales deseados por el Logos planetario. Con frecuencia no descienden a la en­carnación física densa, sino que trabajan principalmente en niveles mentales y astrales, volviendo con el tiempo a sus propias esferas para alcanzar las etapas finales de liberación.

Estos lotos en sus miles diferenciaciones producen recíproca­mente efectos específicos aún incomprensibles para el hombre en niveles mentales. Sin embargo, constituyen la base de la verdadera sicología y de toda verdadera actividad. El estudiante haría bien en recapacitar sobre el efecto que probablemente produciría cual­quier Ego avanzado sobre:

a.      Otros Egos de su grupo.

b.      Los Pitris solares que son la sustancia del grupo.

c.      Los Pitris lunares que están vinculados a los Pitris sola­res por medio de los átomos permanentes.

Anteriormente hemos mencionado ciertas clasificaciones de grupos de los que se encuentran en los niveles causales del plano mental, a fin de dar al estudiante alguna idea de la vaste­dad del tema y de la complejidad del problema. Debe recordarse que en el tercer subplano del plano mental no hay separación individual tal como existe en la manifestación física, sin embargo, es evidente la separación grupal. Estos grupos son muy numerosos para detallarlos. Hemos delineado y nombrado cinco de los grupos mayores tal como están enumerados en la parte inferior de la cla­sificación de un esquema en el Aula de los Registros. Existen otros métodos, y hasta en la enumeración que hemos utilizado aquí, estos cinco grupos se subdividen cada uno en diez grupos, los cuales a su vez se dividen en unidades menores, representadas y conocidas por ciertos símbolos.

Cuando llegamos al segundo subplano del plano mental (el plano en el cual se encuentran los cuerpos egoicos de la humanidad avanzada, de los discípulos y de los iniciados) el método de agru­parlos estará de acuerdo al:

a.      Rayo.

b.      Subrayo.

c.      Departamento (regido por el Manu, el Mahachohan o el Bodhisattva de nuestro esquema terrestre o sus analogías en otros esquemas).

Estos lotos egoicos están conformados y tienen un número de pé­talos sin abrir, mientras que otros se hallan en las etapas finales del desarrollo.

Han sido también agrupados bajo los tres encabezamientos siguientes:

Lotos de revelación. Aquellos en los cuales la “joya” está a punto de ser revelada.

Lotos perfumados. Aquellos cuyo “perfume” o aroma oculto compenetra su ambiente. Son los Egos que todavía no han abierto totalmente la última hilera de pétalos, pero cuyas vidas tienen fuerza magnética en los tres mundos y sus actividades se distinguen por el servicio altruista.

Lotos irradiantes. Aquellos cuya luz comienza a brillar en la oscuridad.

Están agrupados también de acuerdo al color primario, a la coloración secundaria, a la clave o tono, siendo una de las clasifi­caciones totalmente numérica. Podría ser de interés  para el estu­diante si señaláramos que en el Aula de los Registros, en conexión con los Egos humanos, existen ciertos registros cuya terminología simbólica detalla minuciosamente los siguientes hechos respecto a cada ente:

El registro lunar. Se ocupa de todos los vehículos y formas inferiores empleados por las Mónadas humanas, registrando:

a.      Su grado de vibración.

b.      Su tipo.

c.      Su número clave.

d.     El grupo particular de Señores lunares que se relacio­nan con esos cuerpos.

e.      La historia detallada de las vidas elementales que consti­tuyen los cuerpos.

Esta información la utiliza el agente kármico responsable de la construcción de una nueva serie de vehículos en cada encarnación a fin de ayudar a agotar el karma. La historia de los cuerpos lu­nares está reproducida en los átomos permanentes.

El registro solar. Se ocupa del vehículo egoico permanente, registrando:

a.      El grado de vibración.

b.      La historia de la apertura de los pétalos.

c.      La historia de cualquier grupo determinado de Ángeles solares ocupados de la formación del loto.

d.     La actividad de la sustancia dévica con la cual se cons­truye el loto.

e.      Las relaciones grupales.

Esta información es utilizada por el Maestro que se ha hecho res­ponsable del estimulo y crecimiento de una serie particular de Egos y también por esos Egos avanzados que trabajan consciente­mente con su grupo.

El registro de la conciencia. Concierne a la respuesta a su me­dio ambiente de la Entidad inmanente. Registra el empleo del conocimiento por parte del conocedor, siendo, por muchas causas, el más complicado y extenso de los registros.

Dichos registros son utilizados frecuentemente por el Señor del Mundo y Sus discípulos a fin de obtener información relativa a los centros planetarios. Tienen tal disposición que el registro de cualquier grupo, aunque vasto y extenso, está descrito en siete páginas, conteniendo cada una cuarenta y nueve símbolos. Las pá­ginas se cambian y corrigen cada siete años y son precipitadas en materia astral debido al esfuerzo de voluntad realizado por el Chohan responsable del grupo particular involucrado.

d. Los pétalos y los centros etéricos. Sólo queda señalar la estrecha relación que existe entre el desarrollo de los pétalos de los lotos egoicos y los centros etéricos del hombre. A través de los centros fluye la energía síquica. Los estudiantes deberían tener cuidadosamente presente los dos hechos siguientes:

Primero, como ya sabemos, el prana vitaliza el cuerpo etérico. La energía pránica estimula la actividad animal y el desarrollo del plano físico, y afecta principalmente a los átomos del cuerpo físico teniendo un triple efecto sobre la sustancia del mismo:

a.      Conserva la salud animal del cuerpo.

b.      Construye y erige en el cuerpo, por medio de su energía y sus corrientes de fuerza, lo que se necesita para reem­plazar el desgaste y la deterioración diaria.

c.      Es el medio por el cual el hombre entra en contacto físico con sus semejantes. El magnetismo físico depende amplia, aunque no totalmente, del prana.

Los centros etéricos son los vórtices de fuerza formados de ma­teria etérica debido al impulso astral trasmitido por conducto de los centros astrales. Dichos centros a su vez trasmiten una energía aún superior y, de esta manera, la afirmación de que los centros etéricos son la fuente de la energía síquica del hombre es técnica­mente verídica, siendo por lo tanto afectados por el desarrollo de los pétalos. A su vez cada pétalo es una especie de centro de fuerza, y la energía que emana de ellos afecta a los centros etéricos y pro­duce el verdadero tipo de energía síquica.

La energía que fluye desde el Ego se siente muy poco en las primitivas etapas de desarrollo. El hombre sigue su sendero por medio del instinto animal y racial, y puede recibir sin peligro el estímulo que emana de sus centros grupales y la fuerza impulsora común inherente a la forma y a las primitivas oleadas de vida anteriores. Sólo cuando ha alcanzado una etapa relativamente avan­zada (en comparación con la del hombre animal) esa fuerza egoica o síquica fluye a través de sus centros de tal manera que produce resultados en la conciencia -los cuales oportunamente él percibirá en su cerebro físico. No me refiero aquí al siquismo animal corrien­te desplegado por los animales superiores y por algunos miembros de las razas post lemurianas. Este tipo de conciencia es inherente a los átomos y parte constituyente del “alma del mundo”, siendo inconsciente e incontrolado, y no tiene cabida en esta enseñanza. Aquí me refiero al siquismo consciente desplegado por la humani­dad avanzada, discípulos e iniciados de todas las categorías, resul­tante de la afluencia de energía egoica a través de los centros etéricos (principalmente en cinco de ellos), de tal manera que la conciencia del cerebro físico se da cuenta de ella y también de

a.      su propósito,

b.      su técnica.

c.      los efectos producidos en el yo inferior del hombre y tam­bién en el de otros,

d.     su capacidad para aplicarla o no, según lo desee, estando controlada por el hombre. Como ya sabemos, los centros con los cuales el estudiante está relacionado,

a.      el coronario,

b.      el cardíaco,

c.      el laríngeo,

d.     la base de la columna vertebral,

son los únicos que deberían ser considerados. El trabajo que se ha de realizar consiste en transferir la fuerza o energía de los centros inferiores -el de la columna vertebral y el del plexo solar- a los tres centros superiores. Se presume que ya ha transferido o está en proceso de transferir la energía de los órganos genitales al centro del deseo, el plexo solar, a fin de ayudarla a ascender al centro laríngeo. El centro del bazo, por ser el vehículo del prana, está especialmen­te desarrollado de acuerdo a la ley evolutiva y su energía no es transferida a otro centro, sino que es distribuida conscientemente. Cuando se despierta la analogía que se halla en el centro coronario, éste se convierte en órgano de curación esotérica, por su intermedio el sanador (por un acto de voluntad) absorbe prana y vitalidad de los éteres y luego los exhala sobre el sujeto que va a ser curado, por un acto de curación compasiva.

En conexión con los centros etéricos, deberíamos señalar el hecho de que el centro superior de la cabeza es de estructura dual y constituye un loto de noventa y seis pétalos ubicado entre las cejas y un loto de doce pétalos ubicado en la cima de la cabeza, con un vórtice secundario de noventa y seis pétalos. El significado del número de pétalos es muy profundo. En todos los casos tenemos el número doce, lo cual demuestra una relación definida con los lotos síquicos básicos en los niveles egoicos. Doce multiplicado por ocho representa los doce pétalos de cada caso, mientras que en el número ocho se halla oculta la idea de dualidad en

a.      el cuatro del cuaternario,

b.      el cuatro del huevo áurico egoico (los tres aspectos y el “círculo no se pasa”).

Debemos observar también que el doce está vinculado a tres centros,

a.      el coronario superior,

b.      el coronario secundario y

c.      el cardíaco.

      Si el estudiante analiza esto y vincula las tres hileras de péta­los del loto de doce pétalos, puede hallar iluminación. No es posible dar más indicaciones en esta etapa.

Sólo cuando los centros etéricos -los dos centros de la cabeza y el centro del corazón- están plenamente activos con sus doce pétalos completamente abiertos, entonces la hilera central de péta­los del loto egoico (la cuarta o hilera interna) se abre. El signifi­cado de las cuatro hileras en el loto egoico y las ocho hileras de doce pétalos en los lotos etéricos del plano mental es de gran importancia.

Los centros con los cuales el hombre tiene que ver son nece­sariamente cinco en esta etapa, debido a los siguientes hechos, los cuales deben ser estudiados si el hombre quiere despertar sus cen­tros de acuerdo al plan y seguir sin peligro la línea del verdadero desarrollo síquico:

La energía parte del quinto plano, el mental, en lo que se re­fiere al hombre.

Por intermedio del quinto principio el hombre puede trabajar conscientemente para su propio desarrollo.

El sendero de evolución es quíntuple para el hombre, abarcan­do los cinco planos del desarrollo humano, estando dividido en cinco etapas en lo que respecta al Ego.

Aunque el actual es el segundo sistema solar, o Su segundo ciclo egoico principal,  desde el punto de vista de los ciclos egoicos del Logos, sin embargo es el quinto visto desde otro ángulo, el de los ciclos menores. Corresponde al quin­to período de la evolución humana, en el cual el hombre recorre el Sendero. El Logos está hollando ahora el Sen­dero cósmico.

La quinta espirilla está en proceso de despertar. Esto ha de efectuarse antes que la interacción de energía entre el loto egoico y los centros etéricos sea tan poderosa que despierte al cerebro físico del hombre y lo haga consciente de las corrientes internas. Ello tiene lugar generalmente cuando el quinto pétalo ya está formado.

Lo precedente puede encararse en forma más amplia desde el punto de vista de los cinco Kumaras. Debe recordarse que el con­junto de centros etéricos de cualquier grupo de hombres forma los centros de fuerza o diminutas “unidades de energía” en los pétalos más grandes de su centro grupal. También forma los pétalos de cualquier centro planetario determinado, y el conjunto de dichos pétalos forma esos centros mayores de energía que denominamos “centros planetarios”, los cuales a su vez son los centros de fuerza del Logos.

En relación con ello el misterio es tan profundo que si el estu­diante no evita formularse un concepto demasiado matemático y materialista, se desorientará. Los centros etéricos del hombre no se hallan ubicados en el mismo plano que los centros etéricos de un Logos planetario, sino en el plano del cuarto éter cósmico, el plano búdico del sistema, y sólo cuando el hombre ha recibido la iniciación final su energía se incorpora a ese centro planetario en su propio plano. Los centros etéricos del Logos planetario son transmisores y transmutadores de fuerza, y tienen con él la misma relación que los centros físicos con un ser humano. Los centros físico densos, por ejemplo, la boca, son transmisores de algún tipo de energía que surge del cerebro o voluntad humana.

Es un secreto del conocimiento ocultista la comprensión de la fuerza, su transmisión y los efectos que produce la fuerza liberada sobre los planos superiores. La fuerza o energía afluye desde el Ego. Actúa por intermedio de los centros etéricos y produce resul­tados en los tres planos, variando de acuerdo a la edad del alma. Hasta ahora, por falta de alineamiento, la fuerza egoica no llega al cerebro físico tan plenamente como lo hará más adelante, pero si a los centros astrales, siendo frecuentemente la causa de la in­controlada emotividad que se observa en todas partes. La sustancia astral está aún insuficientemente organizada, y cuando es desper­tada por la energía egoica actúa violentamente. Dos corrientes con­trarias de fuerza actúan sobre la sustancia astral: primero, la egoica y, segundo, esa vibración iniciada durante incontables épocas en el plano físico, latente en la sustancia misma, resultado de un sistema solar anterior. Esto produce las acciones y reacciones violentas que se observan en cada vida.

No es posible dar más datos sobre el desarrollo de los pétalos y su conexión con los centros etéricos. Sin embargo, pueden hacer­se tres indicaciones de importancia práctica respecto a este estu­pendo tema, y si se reflexiona debidamente sobre ellas, puede llevar a la iluminación a los que están preparados.

La primera es que los centros etéricos se hacen activos en un sentido cuadridimensional (o se transforman en ruedas que giran so­bre sí mismas) cuando el aspirante ha cumplido con ciertos requi­sitos, quien debe entonces dedicarse a desarrollar el quinto y sexto pétalos, o los dos finales de la segunda hilera, y esforzarse en llevar a cabo dos cosas en relación con su triple naturaleza inferior:

a.      Alinear sus tres cuerpos de manera de formar un canal directo de contacto entre el Ego y el cerebro físico.

b.      Esforzarse por estabilizar el cuerpo astral y la mente, y procurar obtener ese equilibrio emocional que se produce por el consciente “equilibrio de fuerzas”.

 Debe estudiar las leyes de transmutación y la alquimia divina, que le hará conocer el proceso de transmutar la fuerza inferior en supe­rior, transferir su conciencia a los vehículos superiores y manipular corrientes de energía a fin de que su propia naturaleza se transfor­me. Entonces se convertirá en un canal por el cual fluirá la luz del Ego y descenderá la iluminación de budi para salvar a la raza e iluminar a aquellos que van dando tumbos en la oscuridad. Debe demostrar en el plano físico las leyes de la radiactividad en su pro­pia vida, la cual ha de empezar a irradiar y a afectar magnéticamente a los demás. Quiero significar con esto que comenzará a influenciar a aquello que está aprisionado en otros, porque llegará -por medio de sus poderosas vibraciones- al centro oculto de cada uno. No me refiero aquí al efecto físico o magnético que mu­chas almas, poco evolucionadas, tienen sobre otras, sino a esa irra­diación espiritual a la cual sólo responden y comprenden quienes están adquiriendo conciencia del centro espiritual dentro del cora­zón. En esta etapa, el hombre es reconocido como el que habla ocultamente de “corazón a corazón”. Se convierte en un estimu­lador del centro cardiaco del semejante, y despierta e impulsa a los hombres para que actúen en bien de los demás.

La segunda indicación es que cuando el aspirante llega a ser progresivamente radiactivo y la energía del Dios interno se de­muestra acrecentadamente por medio de la personalidad inferior, las “irradiaciones de calor” se hacen tan poderosas que se obtienen resultados muy definidos de naturaleza personal y ambiental. Al­gunos de estos resultados pueden ser enumerados de la manera siguiente:

La trama etérica que separa del plano astral la conciencia fí­sica inferior del cerebro, inicia un largo proceso de destrucción, produciéndose las primeras “roturas” en la trama. A través de éstas el estudiante percibe los planos internos, se hace consciente en el cerebro físico de los acontecimientos internos y puede (si es un discípulo) hacer contacto con su Ego (y por medio del Ego) con su Gurú. ([87]) Esto marca un desarrollo muy importante.

El centro superior de la cabeza acrecienta su actividad y puede recibir destellos de iluminación desde los planos superiores. Al principio esto sucede sólo ocasionalmente, y luego con mayor fre­cuencia a medida que pasan los años y las “roturas” son más numerosas.

Los diferentes triángulos se vivifican y acrecientan su activi­dad en debida progresión geométrica, mientras que el centro entre los omóplatos, el punto donde convergen ciertos fuegos, entra en actividad. Esto marca una etapa definida en el proceso de transferir los fuegos a centros superiores. Generalizando, este período de trans­ferir el calor o energía de los centros inferiores a los superiores puede ser dividido en dos partes: primero, cuando la energía de los cuatros unificados en la parte inferior del cuerpo (debajo del diafragma) es transferida a los, centros ubicados en la parte superior del torso. Dichos centros son tres, el corazón, la garganta y el centro entre los omóplatos. Debemos señalar aquí que el centro laríngeo está situado en la parte inferior de la garganta y pertenece al torso y no a la cabeza. Debe mencionarse también que el centro entre los omóplatos no es un centro “sagrado”, sino que es de naturaleza provisional, y lo crea el aspirante mismo durante el proceso de transferencia.

 Segundo, cuando la energía de los seis centros inferiores,

a.      el laríngeo,

b.      el cardíaco,

c.      el plexo solar,

d.     el bazo,

e.      los órganos genitales y

f.       la base de la columna vertebral,

son -en debido orden, de acuerdo al rayo y subrayo del hombre- transferidos a las analogías dentro del centro de la cabeza. Los siete centros de la cabeza son el reflejo en el microcosmos de esas “man­siones preparadas en los Cielos” que reciben la séptuple energía de la Mónada. Constituyen las cámaras que han sido preparadas por la energía inferior, las cuales han de ser recipientes del “alma o energía síquica superior”.

Tercero, podría resumirse esto diciendo que, a medida que el aspirante progresa, ([88]) no sólo equilibra los pares de opuestos sino que le es revelado el secreto que oculta el corazón de su hermano.

Llega así a ser una fuerza reconocida en el mundo, de quien puede confiarse que se dedicará a servir. Los hombres se dirigen a él en pos de ayuda y apoyo dentro de su línea de actividad, y empieza a emitir su nota a fin de que no sólo escuchen los seres humanos sino también los devas. Esta etapa la realiza por medio de la literatura, las conferencias y la enseñanza, y también por medio de la música, la pintura y el arte. Llega a los corazones de los hombres de una manera u otra, convirtiéndose en un auxiliar y servidor de su raza.

Deben enumerarse aquí dos características más de esta etapa.

El aspirante conoce el valor oculto del dinero cuando se dedica a servir. No busca nada para sí mismo, salvo aquello que puede prepararlo para el trabajo a realizar; considera el dinero y lo que con éste puede adquirirse como algo que debe ser empleado para los demás y un medio para llevar a cabo los planes del Maestro tal como él los percibe. El significado oculto del dinero es poco com­prendido, sin embargo, constituye una de las más grandes pruebas a través de las cuales debe pasar el hombre, y define el lugar que ocupa en el sendero de probación, pues concierne a su actitud y a la forma de manejar aquello que todos los hombres buscan para gratificar sus deseos. Sólo quien no desea nada para sí mismo puede ser el receptor de la esplendidez financiera y el dispensador de las riquezas del universo. En los casos en que la riqueza aumenta, sólo trae penas, dificultades, descontento y abuso.

En esta etapa la vida del aspirante se convierte también en “un instrumento de destrucción”, en el sentido oculto del término. Don­de quiera que vaya, la fuerza que fluye a través de él, proveniente de los planos superiores y de su propio Dios interno, produce a veces resultados peculiares en su ambiente. Actúa como estimulante tanto del bien como del mal, estimulando análogamente a los pitris lunares que forman los cuerpos de sus semejantes y al suyo propio, quienes acrecientan su actividad y adquieren excesivo po­der. Este factor es utilizado por Aquellos que actúan internamente para realizar ciertos fines deseados. Esto a menudo causa momen­táneamente la caída de almas avanzadas, las cuales no pueden re­sistir la fuerza que fluye a ellas, o sobre las mismas, desviándose por la hiperestimulación temporaria de sus centros y vehículos. Esto puede observarse tanto en los grupos como en los individuos. Pero cuando los Señores lunares del yo inferior han sido previa­mente subyugados y controlados sucede lo contrario, entonces el efecto de la fuerza y de la energía, con las cuales entran en con­tacto, consistirá en estimular la respuesta de la conciencia del cerebro físico y de los centros de la cabeza al contacto egoico. En­tonces esta fuerza que de otra manera sería destructiva se con­vierte en un factor estimulante, bueno y útil que pueden utilizarlo Aquellos que saben hacerlo, a fin de conducir al hombre a una mayor iluminación

Estas etapas han de tener lugar en los tres planos inferiores y en los tres cuerpos de acuerdo al Rayo y subrayo particulares. De esta manera el discípulo continúa realizando su trabajo, y tam­bién lleva a cabo las pruebas y el entrenamiento a que está some­tido, hasta que las dos hileras de pétalos se abren y la tercera comienza a formarse; dirigiendo correctamente la energía y ma­nipulando inteligentemente las corrientes de fuerza, el discípulo es conducido al Portal de la Iniciación, egresando del Aula del Aprendizaje ([89]) e ingresando al Aula de la Sabiduría -donde gra­dualmente se hace “consciente” de las fuerzas y poderes que están latentes en su propio Ego y su grupo egoico. Allí adquiere el dere­cho a utilizar la fuerza del grupo egoico, porque ya se puede confiar que la empleará únicamente para ayudar a la humanidad. Después de la cuarta Iniciación se le puede confiar parte de energía del Logos planetario y participar de ella, permitiéndole llevar adelante los planes de este Logos para la evolución.

 e. La iniciación y los pétalos. Poca información se permite dar en la actualidad al público en general respecto a la relación que existe entre los pétalos y su desarrollo por medio de la iniciación. Solamente es posible impartir ciertos enunciados que contienen

a.      insinuaciones para dirigir correctamente la energía,

b.      sugerencias sobre los misterios fundamentales que el hom­bre ha de resolver,

c.      advertencias sobre ciertas analogías,

d.     indicaciones prácticas para pensar constructivamente.

Los estudiantes deben recordar que el objetivo de todo instruc­tor, verdaderamente ocultista, no consiste en dar información, sino en enseñar a los aspirantes a emplear energía mental. Por lo tanto se evidenciará por qué se emplea invariablemente este método de instrucción. Lleva implícita una indicación dada por el Instructor, quizás la correlatividad de ciertas analogías conjuntamente con sugerencias acerca de los orígenes de la luz. Esto significa que el discípulo ha de reconocer que:

a.      Vale la pena seguir la insinuación.

b.      La meditación es el sendero que conduce a la fuente de luz; la insinuación aludida constituye la “simiente” para la meditación.

c.      Los hechos dispares y sin correlación en vez de prestar ayuda constituyen una amenaza para el conocimiento.

d.     Cada aspecto de la verdad, progresivamente aplicado, ha de ser asimilado y agregado a la experiencia del estudiante.

e.      A no ser que las analogías estén de acuerdo en sentido ató­mico, personal, planetario y cósmico, debe desconfiarse de ellas.

f.       Al estudiante no se le imparte mucha información hasta que se haya convertido en discípulo, y menos aún hasta después de ser un iniciado juramentado. La razón de ello concierne a la energía, su aplicación, uso y abuso de la misma.

Continuaremos ahora con nuestro estudio acerca de los pétalos de la iniciación.

Cada una de las tres hileras de pétalos de loto está estrecha­mente relacionada con una de las tres Aulas. A esto nos hemos referido anteriormente. Gran parte del trabajo relacionado con la primera hilera de pétalos es parte de la experiencia en el Aula de la Ignorancia. La etapa más importante consiste en la organización y preparación para el desarrollo, siendo lo que más atañe al hom­bre. El acto de la apertura de los pétalos es más breve, se produce por la afluencia de calor o fuego solar, dando lugar así a un nuevo acceso de energía, que tiene lugar en nuestro esquema terrestre por medio de la colaboración del Mahachohan, del Chohan del grupo egoico de un hombre y del Ego particular involucrado.

Puede ser de utilidad la clasificación siguiente:

I.                   Pétalos de Conocimiento. Primera hilera.

a.      Formados en el Aula de la Ignorancia.

b.      Guiados por la fuerza y la energía del Mahachohan.

c.      Afectan al tercer grupo de Pitris solares.

II.                Pétalos de Amor. Segunda hilera.

a.      Formados en el Aula del Aprendizaje.

b.      Guiados por la fuerza del Bodhisattva.

c.      Afectan al segundo grupo de Señores solares.

III.             Pétalos de Voluntad o Sacrificio. Tercera hilera

a.      Formados en el Aula de la Sabiduría.

b.      Guiados por la fuerza y la energía del Manu.

c.      Afectan al primer grupo de Ángeles Solares.

 En la etapa que estamos considerando (de formación y des­arrollo de la primera hilera de pétalos) la influencia egoica sentida al principio es pequeña, pero cuando los tres pétalos, mediante la energía acumulada y almacenada en el ego durante las actividades de la vida personal, se hallan suficientemente activos y vivos, tiene lugar entonces una forma de iniciación que es un reflejo (en un plano inferior) de las grandes iniciaciones manásicas. La energía de la hilera externa de pétalos permite que se separe de la hilera siguiente y se abra. Esta triple energía se hace interactiva, alcan­zándose así una etapa muy significativa. Esta serie de iniciaciones raras veces es percibida en la conciencia del cerebro físico, debido a la etapa relativamente incipiente en que se hallan los cuerpos y a la falta de respuesta de la materia cerebral. Sin embargo, son iniciaciones de carácter definido aunque de menor importancia, e involucran principalmente la demostración (dentro de la vida per­sonal del hombre) de un inteligente reconocimiento de sus relacio­nes grupales en la tierra. Dicho reconocimiento frecuentemente es de carácter egoísta como, por ejemplo, el que demuestra el traba­jador sindicado, pero indica la interacción grupal.

Un proceso similar tiene lugar cuando ya se ha formado la segunda hilera de pétalos y está por abrirse. Entonces colaboran el Instructor del Mundo, el Maestro y el Ego implicado, pues di­chas iniciaciones menores están relacionadas con la naturaleza amor, la organización astral o emocional, y el reconocimiento (por el hombre en su vida personal) de algún tipo de amor altruista, amor por algo, persona o ideal, que conduce a realizar un esfuerzo altruista y a negar al yo inferior.

Esto nos conduce al tercer grupo de pétalos, los pétalos de la voluntad o del sacrificio, y a su desarrollo basado en el propósito inteligente y el amor puro. La fuerza de este grupo recurre a un factor diferente, el factor Manu, como también a la fuerza del Bodhisattva, y el efecto deseado se logra por medio de la plena colaboración del Ego totalmente despierto, ayudado por su propio Maestro (si está evolucionado en un ciclo donde el esfuerzo jerár­quico para la humanidad adopta la forma que tiene actualmente) y el Manu. Oportunamente (después de la segunda Iniciación) el Señor del Mundo vendrá  como factor -el Señor del poder mun­dial- que se expresará plenamente como amor.

Por lo tanto, hablando en términos generales, puede decirse que los grupos egoicos en los cuales se están formando y desarrollando los pétalos de conocimiento quedan bajo la influencia pri­maria del Mahachohan; aquellos en quienes el aspecto amor o la segunda hilera de pétalos se está abriendo, quedan bajo la influen­cia primaria del Bodhisattva, desarrollándoseles los de conocimiento, paralelamente al trabajo que realizan; mientras que aquellos cuya tercera hilera se está abriendo son dirigidos por la energía del Manu, coordinándose los otros dos tipos de fuerza. Será evi­dente para el lector atento que aquí se halla oculto el secreto por el cual el Mahachohan mantiene su cargo durante más tiempo que Sus dos Hermanos, desempeñándolo durante un periodo mundial completo. La clave para estos ciclos está oculta en los siguientes conceptos: El Bodhisattva y el Manu cambian con mayor frecuen­cia de cargo y pasan a otro trabajo, puesto que cada uno de Ellos personifica un tipo de fuerza triple, mientras que el Mahachohan es el punto focal de cinco tipos de energía, siendo a su vez cada una de naturaleza triple.

En cada caso, donde se desarrollan los pétalos, se generan cier­tos tipos de fuerza; primeramente se enfrentan, asimilan y emplean en forma inconsciente, finalmente con plena inteligencia.

En el Aula de la Ignorancia la fuerza de la energía de Brahma (la actividad y la inteligencia de la sustancia) es la que más se enfrenta, y en ella el hombre debe aprender el significado de la actividad basada en

a.      la energía innata,

b.      la energía absorbida,

c.      la energía grupal,

d.     la energía material, o lo que se halla oculto en la materia del plano físico.

En el Aula del Aprendizaje el estudiante es consciente de, y emplea la energía del segundo aspecto en la construcción de la forma, en las relaciones sociales, en la familia y en otras afiliacio­nes grupales. Obtiene el verdadero conocimiento del sexo y sus relaciones, pero aún considera a esta fuerza como algo que ha de ser controlado y no como que ha de ser consciente y constructiva­mente empleado.

En el Aula de la Sabiduría el iniciado llega a conocer el primer gran aspecto de la energía, el empleo dinámico de la voluntad en el sacrificio; entonces se le confía la clave del triple misterio de la energía. En las aulas anteriores era consciente de esta energía en su triple aspecto. En las tercera, cuarta y quinta Iniciaciones se le proporcionarán las claves de los tres misterios.

Entonces se le entrega la clave del misterio presentido en la primer aula, el misterio de Brahma, y puede liberar las energías ocultas en la sustancia atómica. Se pone en sus manos la clave del misterio del sexo o de los pares de opuestos; entonces puede liberar las fuerzas ocultas en todas las formas. Se le revela la clave para el misterio del sacrificio y el secreto de los Observadores Silenciosos del cosmos, aprendiendo a liberar las energías ocultas del aspecto voluntad. Se le enseña la dínamo del sistema solar, si así puede expresarse, y se le revela la complejidad de su mecanismo.

Los tres misterios fundamentales del sistema solar son los siguientes:

1.       El misterio de la Electricidad. El de Brahma. El secreto del tercer aspecto. Latente en el sol físico.

2.      El misterio de la Polaridad, o del impulso sexual universal. El secreto del segundo aspecto. Latente en el Corazón del Sol, es decir, en el Sol subjetivo.

3.      El misterio del Fuego mismo, o la fuerza dinámica central del sistema. El secreto del primer aspecto. Latente en el Sol central espiritual.

Los tres misterios mencionados, en un sentido particular, es­tán bajo la jurisdicción de  ciertos grandes Señores o Existencias, quienes tienen a su cargo revelar el misterio a los iniciados que ya están preparados y que se hallan bajo Su influencia durante las etapas finales del Sendero.

Existen tres claves para desentrañar el misterio de la electri­cidad; cada una de ellas está en posesión de uno de los Budas de Actividad, quienes tienen la prerrogativa de controlar las fuerzas eléctricas del plano físico y el derecho de dirigir las tres corrien­tes principales de este tipo de fuerza en conexión con nuestro globo actual. Estas tres corrientes atañen a la sustancia atómica, con la cual están construidas todas las formas. En relación con nuestra cadena, existen tres Entidades misteriosas (de las cuales nuestros tres Pratyeka Buddhas constituyen únicamente los reflejos en la tierra) que desempeñan una función similar en relación con las tuerzas eléctricas de la cadena. En el esquema existen tres Exis­tencias que colaboran con el Logos planetario quienes sintetizan Su tercer Aspecto y en consecuencia realizan una tarea similar a la realizada en el sistema solar por los tres aspectos de Brahma. El misterio de este triple tipo de electricidad tiene gran vincula­ción con los Constructores menores y con la esencia elemental en un aspecto particular -el más inferior y el más recóndito para la comprensión del hombre, pues encierra el secreto de lo que “sub­yace” o “se halla detrás” de todo lo objetivo. Secundariamente concierne a las fuerzas contenidas en los éteres, las cuales energe­tizan y producen la actividad que despliegan los átomos. Otro tipo atañe al fenómeno eléctrico que encuentra su expresión en la luz, controlada en cierta manera por el hombre en los fenómenos tales como las tormentas eléctricas y los relámpagos, en la aurora boreal y en los terremotos y toda actividad volcánica. Todas estas manifestaciones se basan sobre algún tipo de actividad eléctrica y tienen que ver con el “alma de las cosas” o con la esencia de la materia. El Antiguo Comentario dice:

 “La vestidura de Dios se abre por la energía de Sus movimientos revelando al verdadero Hombre; sin embargo queda oculto para aquellos que conoce el secreto del hombre tal como existe en su propio autorre­conocimiento.”

El misterio de la electricidad concierne a la “vestidura” de Dios, así como el misterio de la polaridad concierne a Su “forma”.

En el misterio de la Polaridad se manifiestan tres tipos de fuer­za, siendo evidente que los dos misterios tienen que ver con las seis fuerzas. Estos tres tipos de fuerza son manipulados por los Budas de Amor, quienes por medio de Su sacrificio se ocupan del proble­ma del sexo o del “acercamiento magnético” en todos los planos. El Buda a quien nos referimos y que entra en contacto con Su pueblo durante la Luna llena de Wesak, es uno de los tres que están relacionados con nuestro globo, habiendo ocupado el lugar de Aquel que pasó a realizar un trabajo superior en conexión con la cadena, pues existe la misma graduación jerárquica como la vinculada a los Budas de Acción. Un grupo podría ser considerado como los divinos Carpinteros del sistema planetario, el otro como los divinos Armadores de sus partes, siendo Los que unen la diver­sidad y construyen con ello la forma debido a la influencia magné­tica que manejan.

Las actuales ideas referentes al Sexo deben ser transmutadas y elevadas de su actual significado inferior a su verdadera signifi­cación. El Sexo -en los tres mundos- tiene que ver con el trabajo de los Pitris lunares y los Señores solares. Significa esencialmente el trabajo de construir formas con sustancia y su energetización por el aspecto espiritual, y también la elevación del aspecto mate­ria por la influencia del espíritu, pues ambos desempeñan su legí­tima función colaborando y produciendo -mediante su unión y fusión- al Hijo en toda Su gloria. Este método de interpretación es aplicable además a todas las existencias que se manifiestan en cualquier plano del sistema y del cosmos. En el concepto del Sexo se hallan encerrados ciertos factores que podrían ser enumerados de la manera siguiente:

a.      Atracción mutua.

b.      Adaptabilidad complementaria.

c.      Atracción instintiva.

d.     Acercamiento y colaboración reconocida.

e.      Unión.

f.       La próxima etapa es donde adquiere importancia momen­tánea el aspecto materia o Madre, el aspecto femenino.

g.      El retraimiento del Padre a un retiro temporario.

h.     El trabajo de crear al Hijo.

i.        La evolución y crecimiento del Hijo, tanto en la materia como en la conciencia.

j.        El Hijo se emancipa de la Madre, o el alma madura se libera de la materia.

k.      El Hijo es reconocido por el Padre, retornando al Padre.

El resultado final de estas sucesivas etapas consiste en que los tres aspectos han desempeñado su función (su dharma) en el plano físico y los tres han expresado cierto tipo de energía.

El aspecto Padre se manifiesta cuando es impartido el impulso inicial, la expresión eléctrica positiva, el germen del Hijo creado, cuya Vida está personificada en el Hijo. Muy poco se ha compren­dido el significado oculto de las palabras “El que Me ha visto, ha visto al Padre, pues, Yo y Mi Padre somos Uno”, ([90]) pronunciadas por el Cristo al responder a la demanda de “Señor muéstranos al Padre”.

La Madre, o aspecto negativo, construye y nutre, cuida y quie­re al Hijo por medio de las etapas prenatal e infantil, y permanece a su alrededor durante las etapas posteriores, proporcionándole la energía de su propio cuerpo y actividad de acuerdo a Su necesidad.

 El Hijo, la energía combinada del Padre y de la Madre, perso­nifica a ambos aspectos y a toda la serie dual de cualidades, pero posee Su carácter propio, una esencia que constituye Su naturaleza peculiar y una energía que Lo impele al cumplimiento de Sus propios fines y proyectos y que, oportunamente, hará que repita los procesos de

1.       la concepción,

2.      la creación,

3.      el crecimiento consciente,

tal como lo hizo Su Padre.

Cuando nos ocupamos del misterio del Fuego, nos enfrentamos con esa misteriosa energía que proviene de fuera del sistema, base de la actividad de la Madre y de la Vida del Hijo. El Hijo en todos sus actos “se convierte en el esposo de Su madre”, como dicen las antiguas Escrituras. Ésta es una frase enigmática, a menos que se la interprete como una combinación de energías. Sólo cuando el Hijo ha llegado a la madurez y sabe que es esencialmente lo mismo que el Padre, puede desempeñar conscientemente la función de Su Padre y producir y perpetuar aquello que es necesario para el sos­tenimiento de la generación cósmica.

La electricidad cósmica de la sustancia, la de la forma y la de la Vida misma deben fusionarse y mezclarse antes de que el Hom­bre verdadero (Logos o ser humano) se conozca a sí mismo como creador. En esta etapa el hombre conoce algo de la electricidad de la sustancia y está adquiriendo algún conocimiento de la electrici­dad de la forma (aunque todavía la denomina magnetismo), pero nada sabe de la realidad eléctrica de la vida misma. Sólo cuando la “joya en el Loto” está por revelarse, o la tercera hilera de pétalos está por abrirse, el iniciado comienza a comprender el verdadero significado de la palabra “vida” o espíritu. Debe desarrollar plena­mente la conciencia antes de que pueda comprender ese gran algo energetizador, de los cuales los otros tipos de energía constituyen nada más que su expresión.

Quedan sólo dos puntos más para tratar, vinculados a los péta­los y a la iniciación.

Primero, debería observarse que los términos “conocimiento, amor y sacrificio” significan ocultamente mucho más que su signi­ficado aparente. Cada hilera de pétalos representa a una de estas tres y también personifica los tres aspectos de la existencia en ma­yor o menor grado. Estas tres palabras explican la manera con que se expresan las tres grandes cualidades que (desde el punto de vista del pasado, presente y futuro) caracterizan la naturaleza de todas las entidades que se manifiestan -Dioses, hombres y devas. Desde el punto de vista del factor central de la manifestación -el hombre- debería comprenderse que el conocimiento era inherente al sistema solar anterior, siendo la facultad de la cual tiene que valerse, pues, está disponible para su uso. Constituye la energía oculta del Logos planetario que debe aprender a enfocarla y apli­carla por intermedio de su cerebro físico.

Amor es la facultad ingénita en el presente, siendo la energía oculta del Logos planetario que puede disponer, enfocar y aplicar por medio de su centro cardiaco.

Sacrificio es la facultad que le corresponderá en el futuro, y enfocará y aplicará inteligentemente por medio del centro más elevado de la cabeza. Esto depende del desarrollo de la conciencia y, por lo tanto, del reconocimiento del propósito esotérico de su grupo y de las existencias planetarias. Como esto involucra lo que se denomina “un acto solar y lunar de abnegación”, significa también comprender correctamente la energía solar y lunar, llevando a ambos grupos a una etapa de actividad colaboradora. Por consi­guiente, se refiere a la naturaleza de la Joya en el loto; sólo cuando los tres pétalos de sacrificio de las tres hileras están abiertos, se libera este tipo particular de energía. Los Señores lunares de los tres cuerpos han sido controlados y su vibración sincronizada, fin de estar preparados para el gran acto de sacrificio en el proceso final de la renunciación. Los señores solares, en sus tres grupos principales también están preparados para el sacrificio final que implica lo que se llama la “ruptura entre el sol y la luna”. Esto da por resultado la ruptura del vínculo magnético entre el verdadero hombre y la sustancia vibratoria sensible con la cual están forma­dos sus tres cuerpos. Ya no es sentida la necesidad de encarnar, se rompen las cadenas del karma y el hombre queda liberado. Los “Señores lunares vuelven a su propio lugar” o -como lo expresa el cristiano- “Satán es atado por mil años”; ([91]) esto significa únicamente que la paz praláyica es el sino de dichas entidades hasta volver la oportunidad manvantárica.

El sacrificio final comprende también la desaparición del trián­gulo inferior o la ruptura del vínculo entre los tres átomos perma­nentes en la parte inferior del cuerpo causal o loto egoico, y la unidad central de energía. La energía de estos átomos se libera mediante el intenso calor producido por la unión de los tres fuegos, siendo reabsorbida en el depósito general del espacio interplane­tario. El triángulo ardiente se pierde de vista en la llama general y las esencias dévicas, que temporalmente lo formaban, cesan su actividad.

También los Angeles solares completan su sacrificio inicial con otro sacrificio final, ofrendándose a sí mismos en el altar ardiente. El cuerpo causal se destruye completamente. Los cuatro grupos inferiores de Pitris solares retornan al corazón del sol sub­jetivo o a ese recóndito centro del sistema de donde provinieron, mientras que los tres grupos superiores son llevados (por la fuerza y la energía generadas en la hoguera ardiente y en la llama, y mediante el estímulo producido por la llamarada de la joya cen­tral) directamente al sol central espiritual, para permanecer allí hasta otro kalpa en que se les pida Su sacrificio, esta vez como Logos planetarios. El estudiante debe recordar que cuando piensa en los Pitris debe hacerlo siempre en términos de grupo. Los Pitris que formaron el cuerpo egoico de un ser humano no forman, solos o aislados, los Logos planetarios. Constituyen los cuarenta y nueve grupos de fuegos solares mencionados que se relacionan con el gran trabajo y se convierten en cuarenta y nueve Logos planetarios en conexión con los siete sistemas solares. En ellos se halla oculto el misterio de los tres que se transforman en los dieciséis -unidos o sintetizados por el decimoséptimo- lo cual es la analogía, en niveles cósmicos, de las esferas séptima y octava. Por ahora esto será prácticamente un misterio insoluble para el hombre.

Los cuatro grupos que hallaron su camino hacia el Corazón del sistema reaparecerán como los cuatro Logos planetarios que cons­tituyen los veintiocho, posibilitando el logro del diez de la perfec­ción en otras manifestaciones de los sistemas.

Los siete tipos de energía solar encuentran el “sendero de re­tomo” a la fuente central de donde emanaron; el gran sacrificio culmina cuando se rompe el vínculo entre ellos y los señores lunares (de los cuales se habla esotéricamente como que están “muertos o muriendo” en el campo de batalla), quedando liberados a fin de retornar victoriosos.

El significado esotérico de estas palabras en conexión con la energía que se halla detrás, y actuando a través de toda apariencia podría expresarse de la manera siguiente:

Conocimiento ([92]) es correcta comprensión de las leyes de la energía, de la conservación de la fuerza, de las fuentes de energía, sus cualidades, tipos y vibraciones. Significa comprender:

a.      Las diferentes claves de la vibración.

b.      Los centros por los cuales penetra la fuerza.

c.      Los canales a través de los cuales ésta circula.

d.     Los triángulos y otras figuras geométricas que se forman durante la evolución.

e.      Los ciclos y el flujo y reflujo de la energía en relación con los diferentes tipos de manifestación planetaria, inclu­yendo todos los reinos de la naturaleza.

f.       El verdadero significado de esos aspectos de fuerza deno­minados “períodos de pralaya” y aquellos que llamamos “períodos de manifestación”. Implica también una correcta comprensión de las leyes de la oscuración.

El hombre fue aprendiendo todo esto en las diversas aulas por medio de la experiencia práctica, abarcando el placer y el dolor, haciéndosele comprender en las iniciaciones finales no sólo la exis­tencia de dichas fuerzas sino también cómo manejarlas y manipu­larlas. Conocimiento es: correcta dirección de las corrientes de fuerza, primero en los tres mundos del esfuerzo humano y luego en el sistema solar.

Amor es correcta comprensión del uso y propósito de la forma y de las energías implicadas en la construcción y utilización de la misma y de su eventual desintegración al ser reemplazada. Invo­lucra la comprensión de las Leyes de Atracción y de Repulsión, de la interacción magnética entre todas las formas, grandes y peque­ñas, de las relaciones grupales, del poder energetizante de la vida unificadora y del poder de atracción que ejerce una unidad sobre otra, ya sea átomo, hombre o sistema solar. Significa que se han de conocer todas las formas, los propósitos y relaciones de las mismas; concierne a los procesos de construcción en el hombre mis­mo y en el sistema solar, para lo cual es necesario desarrollar esos poderes que convertirán al hombre en un Constructor consciente, un Pitri solar en el próximo ciclo. Una  de las grandes revelaciones en la iniciación es: revelar al iniciado el centro cósmico particular de donde emana el tipo de fuerza o energía con el cual él -el iniciado- estará relacionado cuando se convierta, a su debido tiem­po, en un Pitri solar o divino manasaputra, para una humanidad futura. Por lo tanto, debe poseer no sólo conocimiento sino también la energía del amor que le permitirá vincular los tres superiores y los cuatro inferiores de una futura raza de hombres en un período distante e individualizarse gracias al sacrificio de su propio prin­cipio medio plenamente consciente.

Sacrificio significa algo más de lo ya indicado. Implica los factores siguientes:

a.      Conocimiento de los propósitos e intenciones del Logos planetario.

b.      Comprensión del tipo particular y peculiar de energía y la cualidad de su propio Señor de Rayo.

c.      Comprensión de los diferentes grupos de existencias que participan en la evolución planetaria y en la manifesta­ción solar.

d.     Revelación de ciertas empresas cósmicas en las cuales nuestro Logos planetario actúa como colaborador inteli­gente. De esta manera se introduce el factor fuerza que proviene de fuera del sistema.

Cuando se consideran estos y otros factores, es evidente que la energía liberada, en sacrificio a dichos planes e intenciones, abarca un campo tan vasto de sabiduría que jamás podrá imaginárselo el hombre común. Trata de los propósitos y planes de los Observadores Silenciosos en los tres planos -los cinco y los siete- y la fuerza dinámica de los grandes Ángeles destructores en todos los planos que eventualmente -mediante la manipulación de las tres formas de energía- darán fin a todo lo que existe. Estos ánge­les constituyen un grupo misterioso de Vidas foháticas, que ha­cen sonar las  trompetas de la destrucción y, mediante las notas emitidas, producen esa desintegración que liberará a la energía encerrada en las formas.

El segundo punto es muy breve. Se refiere a la hilera interna de pétalos, o a ese conjunto de tres pétalos o corrientes de energía giratoria que rodean inmediatamente a la “joya en el loto”. Cada uno de estos tres pétalos está relacionado con una de las tres hileras y se van formando a medida que cada una de ellas se abre. Consti­tuyen por lo tanto la síntesis del conocimiento, del amor y del sacrificio y se vinculan estrechamente, por medio del tipo de fuer­za que fluye a través de ellos, con uno de los tres centros superiores del Logos planetario del rayo particular a que pertenece un hombre. Esta unidad central de triple fuerza debe ser enfrentada de manera especial, en la iniciación.

En la primera, segunda y tercera Iniciaciones, uno de los tres pétalos se abre, permitiendo que se despliegue cada vez más el punto central eléctrico. En la cuarta Iniciación, la joya (habiéndose revelado completamente) debido a su llameante luz, intenso calor irradiante y tremenda emisión de fuerza, produce la desintegración de la forma que la circunda, la desintegración del cuerpo causal, la destrucción del Templo de Salomón y la disolución de la flor de loto. El trabajo del Iniciador, respecto a esto, es muy interesante. Por medio del Cetro de Iniciación y de ciertas Palabras de Poder, produce resultados de naturaleza coordinadora, transmutadora y li­beradora.

Por medio de la acción del Cetro, tal como ha sido manejado en las dos primeras Iniciaciones, las dos hileras externas se abren, la energía de ambas se libera y los dos conjuntos de fuerza personi­ficados en los seis pétalos se coordinan e interactúan. Esta etapa de reajuste de pétalos sucede a la denominada anteriormente “des­arrollo” y tiene que ver con la acción simultánea de las dos hileras de pétalos. La interacción entre ambas es total y la circulación de las corrientes va perfeccionándose. El Cetro es aplicado a lo que podría llamarse el pétalo “clave”, de acuerdo al rayo y subrayo a que pertenezca un hombre. Lógicamente esto difiere en relación a la unidad de fuerza implicada. Es interesante observar aquí que así como la sustancia del pétalo es sustancia dévica y la energía de los pétalos y la energía de ciertos manasadevas (una de las tres categorías superiores de Agnishvattas), el iniciado es influenciado (esta palabra no es totalmente apropiada para explicar satisfacto­riamente el tipo de servicio dévico que aquí se necesita) por un gran deva que representa el equilibrio de la vibración sustancial producida por los esfuerzos del iniciado, ayudado por los adeptos que lo presentan, los cuales representan uno de los dos polos de tuerza, la cual es temporariamente estabilizada por el Iniciador. Estos tres factores,

1.       el deva representante,

2.      los dos adeptos y

3.      el iniciador,

forman, durante un breve segundo, un triángulo de fuerza con el iniciado en el centro. A través de ellos circula el tremendo poder, el “fuego de los Cielos”, que es descendido desde la tríada superior por medio del Cetro eléctrico.

Esta aplicación de fuerza extra-egoica es en sí misma de triple naturaleza; está simbolizada por los tres agentes protectores y la triple naturaleza del Cetro mismo. Emana, en sentido primordial, del Logos planetario del rayo a que pertenece un hombre y pro­cede de uno de los centros planetarios correspondientes al centro coronario, al cardíaco o al laríngeo de un ente humano. Dicha ener­gía se aplica a la hilera correspondiente de pétalos y al pétalo correspondiente de la hilera de acuerdo a la iniciación recibida y a los rayos primario y secundario. Podrá observarse aquí una estre­cha relación entre los pétalos y los centros del nivel etérico del plano físico y se verá (cuando se ha realizado el trabajo necesario) cómo es posible obtener una transmisión directa de fuerza desde los planos superiores a los inferiores, en el siguiente orden:

a.      Desde el centro logoico, el Logos planetario, a la Mónada en su propio piano.

b.      Desde esa Mónada, a una de las tres hileras de pétalos, de acuerdo al aspecto o rayo correspondiente.

c.      Desde la hilera de pétalos, considerada como una unidad, a uno de los pétalos de la hilera, según la cualidad y tipo de fuerza, empleando al pétalo como agente transmisor.

d.     Desde el pétalo particular en el cual está centrada momen­táneamente la fuerza, a uno de los átomos permanentes, también de acuerdo al rayo y tipo de fuerza.

e.      Desde el átomo permanente vía el triángulo atómico y los centros mental y astral, a uno de los centros superiores del cuerpo etérico particularmente implicado.

f.       Desde el centro etérico al cuerpo físico.

 Hemos expuesto aquí brevemente el proceso de transmisión de fuerza desde la Mónada al hombre en el plano físico y, por lo tanto, será evidente el énfasis

puesto continuamente sobre la necesidad de lograr pureza corpórea (en los tres cuerpos) y sobre el alineamiento de esos cuerpos, a fin, de que la fuerza pueda afluir ininte­rrumpidamente. Los efectos de este descenso de fuerza pueden ser considerados de dos maneras, material o síquicamente.

El efecto material, o el resultado de este estímulo sobre las formas y los átomos de las formas, consiste en hacerlas radiactivas o liberar la energía de la sustancia. Constituye la liberación de la energía aprisionada dentro de la forma, y se relaciona con el as­pecto Brahma y  la evolución de la materia misma. Afecta a los cuerpos lunares y, por lo tanto, está vinculado con los Pitris o Se­ñores lunares, lo cual debilita su aferramiento sobre los constructo­res menores, sometiéndolos cada vez más a las corrientes de fuerza provenientes de los Ángeles solares, produciendo una situación que oportunamente hará regresar a los Pitris lunares de cualquier cate­goría al punto central de la sustancia de fuerza. En sentido síquico el resultado de la afluencia lo constituye la estimulación de la con­ciencia y la adquisición (por medio de ese estímulo) de los poderes síquicos latentes en el hombre. Sus tres centros físicos superiores, la glándula pineal, el cuerpo pituitario y el centro alta mayor son afectados y el hombre se hace síquicamente consciente en el cere­bro físico de las influencias, acontecimientos y poderes superiores. Según el rayo involucrado así será el centro afectado. Será reem­plazada la fuerza de los Señores lunares, que ha logrado mantener en estado pasivo a estos tres órganos, por la energía que verterán los Ángeles solares.

Todo ello está también estrechamente relacionado con la triple energía del cuerpo físico, que produce efectos en la columna verte­bral, elevando de su base al fuego kundalínico, haciéndolo ascender por el triple canal de la columna, también de acuerdo al rayo y aspectos implicados. Nada más puede decirse sobre ello, pues los peligros de un conocimiento prematuro sobre esta línea son mucho mayores que los peligros de la ignorancia. Baste señalar que los fuegos de los centros inferiores -los de debajo del diafragma- en el momento de alcanzar la segunda iniciación, generalmente han ascendido al centro entre los omóplatos; en el transcurso de la segunda iniciación se elevan hasta la cabeza, entonces entran en actividad todos los fuegos del torso. Sólo queda por efectuarse su centralización, a fin de establecer la necesaria interacción geomé­trica entre los siete centros de la cabeza, para luego enfocarlos en el centro más elevado, antes de la liberación final.

4. LOS ELEMENTALES DEL FUEGO, LOS CONSTRUCTORES MENORES.

a. Introducción.

Será evidente que, cuando consideramos los Constructores dé­vicos, grandes y pequeños, del sistema solar, prácticamente nos he­mos limitado a aquellos que son agentes activos en los tres mundos del esfuerzo humano. Hemos considerado brevemente los Construc­tores que se hallan en el arco evolutivo, las entidades mayores que ya han pasado por el reino humano y, por consiguiente, han dejado atrás esa etapa de evolución de ciclos anteriores, siendo en la actualidad los “agentes solares” de la manifestación humana. Di­chas formas de expresión divina representan -en su propio lugar- aspectos de fuerza positiva. Entraremos ahora a considerar los cons­tructores menores en los tres mundos, aquellos que representan al aspecto negativo de la fuerza y se hallan en el arco involutivo, por lo tanto, son los receptores de energías e influencias. Sobre ellos actúa la energía, y por la actividad de los Constructores mayores son obligados a seguir diferentes direcciones en el espacio, cons­truyéndose con ellos las diferentes formas. La energía que actúa sobre ellos, como bien se sabe, emana del segundo aspecto y, en su totalidad, componen la gran Madre.

Llamaré la atención a los estudiantes sobre el hecho de que dichos constructores menores constituyen literalmente un ‘‘mar de fuego” sobre el cual tiene efecto el gran aliento o AUM. Cada chispa de fuego o átomo, se vitaliza (por la acción de la Palabra) con una nueva vida y se impregna de diferente tipo de energía. Al unirse la vida de la sustancia atómica con la vida que causa la cohesión de los átomos y forma cualquier clase de vehículo, puede verse la manifestación del “Hijo de Dios”. Aquí reside la dualidad esencial de toda manifestación; dicha dualidad es luego suplementada por la vida de Aquel que emite la Palabra. De esta manera tiene lugar la encarnación cósmica tomando parte los tres factores. Esto ha sido suficientemente tratado en páginas anteriores

Mucho de lo que se diga será expuesto adoptando un sistema de clasificación, y la única forma que los estudiante podrán con­trolar la exactitud aproximada de lo impartido consistirá en medi­tar cuidadosamente sobre:

a.      La Ley de Correspondencia o Analogía.

b.      Las probabilidades realizables.

c.      Las indicaciones de naturaleza corroborante dadas en la literatura ocultista.

Los estudiantes deben recordar que tratamos con sustancia involutiva o materia atómica. Dicha materia es sustancia viviente, siendo cada átomo una pequeña vida que palpita con la vitalidad del tercer Logos. Estas vidas, por ser energía negativa, responden a su polo opuesto y (de acuerdo a la Ley de Atracción y Repulsión) con ellas pueden construirse formas que expresan el segundo as­pecto. Oportunamente, las mismas formas se hacen a su vez nega­tivas y responden a otro tipo de fuerza, convirtiéndose en recep­tores de la vida del primer Logos cuando han llegado al cuarto reino o humano.

Este tratado intenta comprobar que en el cuarto reino se unen los tres fuegos:

a.      El Fuego por fricción, o el Aspecto negativo Brahma, el tercer Aspecto.

b.      El Fuego solar, o el Aspecto negativo positivo Vishnu, el segundo Aspecto.

c.      El Fuego eléctrico, o el Aspecto positivo Shiva, el primer Aspecto.

El hombre en los tres mundos, consciente o inconscientemente, recapitula el proceso logoico y se convierte en creador, trabajando en la sustancia por medio de su energía positiva. Quiere, piensa, habla, produciendo formas mentales. La sustancia atómica es atraí­da por el  que habla. Las pequeñas vidas que componen esa sustan­cia están obligadas (por la energía del pensador) a adoptar formas que en sí mismas son activas, vitales y poderosas. Lo que el hombre construye puede ser una creación benéfica o maléfica de acuerdo al deseo, móvil o propósito subyacentes.

Es esencial esforzarse por llevar a la práctica lo que aquí se imparte, siendo inútil que el hombre estudie los grupos de los constructores menores, sus funciones y denominaciones si no com­prende que está íntimamente relacionado con muchos de ellos, pues él mismo es uno de los grandes constructores y un creador dentro del esquema planetario. Los hombres deberían recordar que por medio del poder del pensamiento y la palabra hablada, pro­ducen efectos sobre otros seres humanos que actúan en los tres planos de la evolución humana, y también sobre el entero reino animal. Los pensamientos separatistas y maléficos del hombre son en gran parte responsables del salvajismo de los animales feroces y de la cualidad destructiva de algunos procesos en la naturaleza, incluso ciertos fenómenos tales como las plagas y el hambre.

No tiene valor para el hombre conocer el nombre de los que forman la “hueste de la voz”, a no ser que comprenda su relación con dicha hueste y se dé cuenta que tiene la responsabilidad de convertirse en un creador benefactor, de actuar de acuerdo a la ley del amor y de no ser impulsado a realizar el acto creador por el deseo egoísta de la actividad incontrolada.

b. Elementales del plano físico.

Se ha de recordar que los devas que hemos considerado son quienes originan el impulso y manipulan la energía en su propio grado y plano. Vinculados a ellos tenemos, por lo tanto, los recep­tores de fuerza, o la multitud de vidas de naturaleza elemental que forman la suma total de la materia de un plano. Son arrastradas por las olas de energía debido al impulso del Aliento, como resul­tado de la acción vibratoria, hacia todas las formas conocidas del plano físico. En consecuencia, en conexión con la manifestación en el plano físico, los devas pueden clasificarse en tres grupos:

1.       Los que transmiten La voluntad de Dios. Originan la acti­vidad en la sustancia dévica. Éstos son los constructores mayores en sus distintos grupos.

2.      Los que manipulan la energía iniciada. Son los millares de trabajadores que emplean la fuerza, quienes a su vez transmiten el impulso a la esencia elemental, los construc­tores de categoría inferior que se hallan, igual que los del primer grupo, en el arco evolutivo.

3.      Los que reciben la fuerza, suma total de la sustancia vi­viente de un plano. Dichas vidas son maleables en manos de los constructores de categoría superior.

Los tres grupos a considerar son:

1.       Los elementales de la materia más densa.

2.      Los elementales de la materia líquida.

3.      Los elementales de la materia gaseosa.

Al estudiar estos tres grupos, debemos tener en cuenta que no nos ocupamos de los transmisores sino de los manipuladores y de los receptores de energía.

Los elementales de la materia densa. Estos trabajadores y constructores se ocupan de la parte tangible y objetiva de la mani­festación. En su totalidad, forman literalmente aquello que el hombre puede tocar, ver y establecer contacto físicamente. Al con­siderar estos temas, nunca debemos disociar en nuestras mentes los diferentes grupos en sentido demasiado literal, pues todos se interpenetran y mezclan, de la misma manera que el cuerpo físico de un hombre está compuesto de materia densa, líquida, gaseosa y etérica. La diversidad en la unidad puede verse por doquier. Cuan­do el estudiante ocultista analiza las formas subhumanas de exis­tencia debe recordar constantemente este hecho. Hay un peligro muy evidente en todas las clasificaciones pues tienden a formar divisiones rígidas e inamovibles, mientras que la unidad lo compenetra todo.

 Entre los devas manipuladores de los niveles más inferiores del plano físico denso, se hallan ciertas formas subterráneas de existen­cia, mencionadas en los libros antiguos y ocultistas. En las entrañas de la tierra habita una evolución de naturaleza peculiar muy seme­jante a la humana. Tienen cuerpos peculiarmente burdos que po­drían ser considerados casi físicos, según entendemos dicho tér­mino. Moran en colonias o grupos en las grutas centrales, muchos kilómetros debajo de la superficie de la tierra, regidos por un gobierno apropiado a sus necesidades. Su trabajo está estrecha­mente relacionado con el reino mineral, y controla a los “agnichai­tas” de los fuegos centrales. Sus cuerpos están constituidos de tal manera que pueden resistir mucha presión, y no precisan la libre circulación de aire como el hombre, ni se resienten por el gran calor que hay en el interior de la tierra. Poco puede decirse sobre estas existencias, pues están relacionadas con las partes menos vitales del cuerpo físico del Logos planetario, encontrando su ana­logía microcósmica en los pies y piernas del hombre. Constituyen uno de los factores que posibilitan la actividad progresiva revo­lucionaria de un planeta.

Aliados a ellos hay varios grupos de entidades de tipo inferior, y el lugar que ocupan en el esquema de las cosas sólo puede ser descrito como relacionado a las funciones planetarias más burdas. De nada serviría extendernos sobre estas vidas y su trabajo; no es posible al hombre entrar en contacto con ellos de ninguna manera ni tampoco sería deseable. Cuando hayan cumplido su ciclo evo­lutivo, en un ciclo posterior ocuparán su lugar en las filas de ciertos cuerpos dévicos, relacionados con el reino animal.

 Comúnmente se supone que todas las hadas, gnomos, silfos y espíritus de naturaleza similar se encuentran únicamente en mate­ria etérica, pero no es así. Poseen también cuerpos de sustancia gaseosa y líquida; el error ha surgido debido a que lo único que se puede observar objetivamente es la estructura etérica, y estas pequeñas y atareadas vidas frecuentemente protegen sus activida­des físico densas por medio del espejismo, extendiendo un velo sobre su manifestación objetiva. Cuando prevalezca la visión eté­rica entonces podrán ser vistos, pues el espejismo, tal como lo entendemos, es sólo un velo que cubre lo tangible.

En esta oportunidad, los estudiantes deben recordar que todas las formas físico densas, ya sea un árbol, un animal, un mineral, una gota de agua o una piedra preciosa son en sí mismas vidas elementales construidas de sustancia viviente con la ayuda de ma­nipuladores vivientes, que actúan dirigidos por arquitectos inteligentes. En consecuencia será evidente por qué no es posible esta­blecer divisiones en conexión con este particular grupo inferior.

 Un hermoso diamante, un majestuoso árbol o un pez en el agua, después de todo, sólo son devas. El reconocimiento de esta vivencia esencial constituye el hecho básico de toda investigación ocultista y el secreto de toda magia benefactora. En consecuencia no tengo el propósito de ocuparme más específicamente de estas formas inferiores de vida divina excepto comunicar dos hechos a fin de solucionar dos problemas que han preocupado a menudo al estudiante medio: primero, lo concerniente al propósito de la vida de los reptiles y, segundo, la conexión específica que tiene la evolución de la aves con el reino dévico.

El secreto del reino de los reptiles es uno de los misterios de la segunda ronda, habiendo un profundo significado relacionado con la expresión “las serpientes de sabiduría”, aplicada a todos los adictos a la buena ley. El reino de los reptiles ocupa, no por una razón arbi­traria, un lugar interesante en todas las mitologías y en las formas antiguas de comunicar la verdad. Es imposible extendernos sobre la verdad que subyace oculta en la historia kármica de nuestro Logos planetario y revelada a los iniciados de segundo grado como parte de la enseñanza impartida.

El segundo gran impulso u oleada de vida, iniciado por nuestro Logos planetario cuando entró en conjunción con la primera olea­da, constituyó la base de esa actividad que denominamos energía evolutiva, dando por resultado un gradual desenvolvimiento o reve­lación, de la forma divina. La serpiente celestial, nacida del huevo, se manifestó e inició sus ondulaciones adquiriendo fortaleza y majestad, procreando, por su inmensa fecundidad, millones de “ser­pientes”. El reino de los reptiles en ciertos aspectos es el más importante del reino animal, si puede hacerse una afirmación apa­rentemente tan contradictoria, pues toda vida animal pasa por él durante la etapa prenatal, o vuelve a él cuando la forma está en avanzado estado de descomposición. El vinculo no es estrictamente físico sino también síquico. Cuando la verdadera naturaleza y el método kundalínico o fuego serpentino, sean conocidos, será mejor comprendida esta relación y la historia de la segunda ronda tendrá más importancia.

El secreto de la vida -no la vida del Espíritu sino la vida del alma, que será revelado cuando verdaderamente se encare y estu­die la “serpiente de la luz astral”- se halla oculto en la etapa de la serpiente. Uno de los cuatro Señores Lipika, que se encuentra más cerca de nuestro Logos planetario es llamado “La Serpiente Viviente”, y Su emblema es una serpiente azul con un solo ojo formado por un rubí. Los estudiantes que desean ampliar un poco más la simbología pueden vincular esta con el “ojo de Shiva” que ve, conoce y registra todo, como  lo hace el ojo humano en  menor grado; todo es fotografiado en la luz astral, así como el ojo humano recibe las impresiones en su retina. Este mismo concepto lo imparte frecuentemente La Biblia cristiana, cuando se refiere al reconocimiento hebreo cristiano del ojo de Dios que todo lo ve. Si se estudia el tema del tercer ojo y su relación con la columna vertebral y se investigan las corrientes que circulan por ella, serán evidentes la prácticabilidad y el valor de las indicaciones dadas. El tercer ojo constituye uno de los objetivos de la vivificación kunda­línica, hallándose en la zona de la columna vertebral, primera­mente el centro en la base de la misma, el hogar del fuego dur­miente, luego, el triple canal a través del cual correrá ese fuego en el transcurso de la evolución y, finalmente, en la cúspide de la columna, y encima de todo eso el pequeño órgano llamado glándula pineal, que cuando está vivificado causa la apertura del tercer ojo y revela las bellezas de los planos más elevados y sutiles. Todo este proceso físico síquico es posible para el hombre debido a ciertos acontecimientos que se presentaron a la Serpiente celestial en la segunda ronda o ronda de la serpiente. Para que se produje­ran dichos acontecimientos fue necesaria la formación y evolución de esa familia peculiar y misteriosa que denominamos reptiles. Es­tas formas de vida divina están muy íntimamente relacionadas con el segundo esquema planetario, responden a la energía que emana de ese esquema y llegan a la tierra por conducto del segundo globo de la segunda cadena. Un grupo especial de devas (vinculados a determinado sonido abierto de la Palabra planetaria) trabaja con la evolución de los reptiles.

Debería observarse que esta evolución en los planos etéricos afecta más al hombre que al plano físico. Si el estudiante se aboca a la consideración de estos hechos, a la investigación de las traduc­ciones mitológicas y escrituras sobre la serpiente de todos los paí­ses, y se vincula todo este conocimiento al relacionado con esas constelaciones celestiales que tienen el apelativo de serpiente (ta­les como el Dragón) podre obtener mucha iluminación. Si tiene suficiente intuición se le podrá impartir conocimiento que escla­recerá la relación que existe entre el cuerpo físico y sus centros con la naturaleza síquica.

El reino de las aves está específicamente aliado a la evolución dévica. Sirve de puente entre la evolución puramente dévica y otras dos manifestaciones de vida.

Primero. Algunos grupos de devas que desean pasar al reino humano, habiendo desarrollado ciertas facultades, pueden hacerlo por medio de dicho reino; ciertos devas que desean entrar en comu­nicación con los seres humanos pueden hacerlo por medio del reino de las aves. Esta verdad se insinúa en La Biblia cristiana; la religión cristiana representa a los ángeles o devas frecuentemente como que tienen alas. Estos casos no son numerosos porque el método gene­ralmente empleado por los devas consiste en trabajar para lograr gradualmente la individualización por la expansión del sentimien­to, pero cuando ocurre como en los casos anteriores, dichos devas pasan varios ciclos construyendo, en el reino de las aves, en res­puesta a una vibración que finalmente los llevará a la familia humana. De esta manera se habitúan a emplear una forma grosera sin las limitaciones e impurezas que engendra el reino animal.

Segundo. Muchos devas salen del grupo de vidas pasivas en el esfuerzo de llegar a ser vidas manipuladoras por medio del reino de las aves y, antes de convertirse en hadas, silfos, gnomos u otros duendes, pasan cierto número de ciclos en dicho reino.

No será evidente para el lector casual por qué suceden los dos acontecimientos mencionados, ni los estudiantes ocultistas podrán comprender con exactitud la verdadera conexión que existe entre las aves y los devas, a no ser que se aboquen al estudio de “el ave o cisne fuera de tiempo y espacio”, y el papel que las aves desem­peñan en los misterios. Aquí tiene la clave el estudiante. También debe recordar que todo tipo de vida desde un Dios hasta el más insignificante de los devas menores o constructores, debe pasar por la familia humana en un momento u otro.

Como H. P. B. lo ha señalado, ([93]) aves y serpientes están estre­chamente relacionadas con la sabiduría, en consecuencia, con la naturaleza síquica de Dios, de los hombres y de los devas. El estu­dio de la mitología revelará ciertas etapas y relaciones que acla­rará más este tema.

Los elementales y los devas menores de la materia líquida. Un ejemplo muy interesante de la interpretación de toda la mate­ria viviente de la creación puede verse en la atmósfera que en­vuelve nuestro planeta, la cual contiene:

a.      Humedad, o esas esencias vivientes que son los elemen­tales líquidos.

b.      Sustancia gaseosa, o esas vidas que están vinculadas a todas las esencias ígneas y volátiles, resultado del calor.

c.      Materia etérica, o las categorías más inferiores de los devas de los éteres.

La conjunción de esta importante triplicidad produce lo que respiramos y aquello en que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Para el estudiante reflexivo el aire está lleno de sím­bolos, pues constituye una síntesis y el puente entre los estratos superiores e inferiores de la manifestación.

 Primero debemos centrar nuestra atención sobre esas vidas que constituyen a través de toda la manifestación la suma total de todo lo acuoso y líquido y, al considerarlo, debemos recordar que estamos realizando una de las investigaciones más esotéricas y ocupándonos de cuestiones que están muy estrechamente vincu­ladas con la evolución del hombre.

Los innumerables grupos de devas del agua que pertenecen al tipo manipulador han sido burdamente clasificados por escritores mitológicos bajo los términos de ondinas, sirenas y otras expresio­nes, pero su diversidad es enorme; esto lógicamente se observará si se recuerda que toda el agua sobre la tierra (océanos, mares, ríos, lagos y arroyos) excede a la parte seca o tierra y cada gota de humedad es en sí misma una pequeña vida, cumpliendo su función y recorriendo su ciclo. Las formas míticas referidas, sólo son esas miríadas de vidas construidas en una forma por medio de la cual un deva evolucionante trata de expresarse.

La extrema importancia de este tema puede ser expresada en ciertas afirmaciones que darán al estudiante una idea de la cuida­dosa atención que debe ponerse, y oportunamente se pondrá, sobre el tema de las vidas dévicas de la manifestación acuosa. Como ya se ha dicho, el conjunto de estas vidas es mayor que el de aquellas que forman la suma total de la tierra sólida, tal como entendemos el término, aunque no exceden al número de vidas que forman la parte gaseosa de la manifestación; dicha parte gaseosa se encuentra en la atmósfera interpenetrando la materia densa y llenando en gran parte las cavernas interiores del planeta. El parecido microscópico con la Gran Vida del planeta se evidencia en el hecho de que ambas formas sólo son envolturas o armazones externos que protegen una “bóveda” interna; ambas son huecas, tienen sus extremos positivo y negativo, sus polos por así decirlo, llevándose a cabo en su inte­rior muchas cosas que afectan a las evoluciones externas.

Uno de los planetas más esotéricos, Neptuno, rige a los “devas de las aguas”; el Señor deva que lo rige es Varuna, el Raja del plano astral, siendo una emanación de ese planeta. Los estudiantes hallarán dé profundo interés estudiar la estrecha relación que existe entre:

1.       El sexto plano, el plano astral, y el sexto subplano del plazo físico, el subplano líquido.

2.      El sexto subplano de cada plano en el sistema solar y su relación recíproca.

He aquí una de las razones por la cual los hombres que poseen un tipo de cuerpo físico relativamente inferior, con un cuerpo astral que contiene algo de materia del sexto subplano, responden a cosas elevadas y tienen aspiraciones espirituales. La influencia que emana del sexto subplano del plano búdico evoca una respuesta recí­proca de la materia del sexto subplano en otros cuerpos, y el sexto principio de budi, de acuerdo a la Ley de Analogía, intensifica esa vibración.

Neptuno es uno de los nombres que se da en nuestro planeta al Logos planetario de uno de los tres esquemas principales. Algu­nas de Sus influencias y energías afectan en forma prominente a la esencia dévica de la materia de este sexto subplano, y les llega por conducto del Señor Raja Varuna. Este conocimiento es, astrológicamente, de valor práctico porque permitirá al hombre com­prender la naturaleza de su propio cuerpo físico, y sobre todo de su cuerpo astral. Esotéricamente el tipo de materia astral en el cuerpo de un hombre decide la calidad de la sustancia acuosa de su cuerpo físico. En ocultismo, no hay disociación de las naturalezas físico-síquicas, pues la segunda determina la primera. En conse­cuencia el planeta Neptuno tiene una estrecha relación, de acuerdo a la Ley de Analogía con el sexto plano o astral -el plano de la parte líquida del cuerpo físico logoico-, con el sexto subplano del plano físico, la parte líquida del cuerpo físico humano y del físico planetario, y también con el sexto tipo de energía o fuerza, o sea el sexto rayo, produciendo sobre ellos un profundo efecto.

El esquema mayor que rige Neptuno forma un triángulo en el sistema con el sexto esquema y otro más, algo de mucho interés para los astrólogos esotéricos. Está simbolizado por el tridente que sostiene el dios Neptuno; cada diente simboliza los triángulos co­nectados entre sí por tres líneas de fuerza.

Este planeta tiene también una relación vital con el sexto principio logoico o budi y, por consiguiente, con el sexto principio del hombre. Ningún hombre empieza a coordinar los vehículos bú­dicos hasta hallarse bajo la influencia neptuniana en una vida u otra. Cuando esto sucede, el horóscopo de la personalidad demos­trará que la influencia neptuniana predomina en alguna parte.

El esquema neptuniano rige uno de los tres senderos de retor­no, y reúne en sí oportunamente a todos esos Egos que han logrado la realización, manipulando principalmente el sexto tipo de energía que generalmente se denomina devoción. También la influencia neptuniana preside y hace posible la segunda Iniciación, donde el iniciado produce resultados en el cuerpo astral, siendo sus centros astrales objeto de la atención del Hierofante. Este tipo particular de energía fluye a través de tres centros:

a.      Ese particular centro de la cabeza vinculado al centro del corazón.

b.      El centro cardiaco.

c.      El plexo solar.

 El planeta Neptuno, lo mismo que el logos planetario del sexto rayo, controla los centros astrales del hombre. Esta afirmación tiene mucho significado esotérico macrocósmico. Cuando se re­cuerde que todos los centros -humanos y divinos- están compues­tos de esencia dévica, inmediatamente se evidenciará la relación que existe entre esta influencia y los devas, y su efecto reflejado sobre el hombre.

Cuando se descubra el misterio del mar y el enigma de su “desecación” o absorción esotérica, se revelará oportunamente el significado que subyace en:

a.      El impulso sexual, interpretado macrocósmica y microcós­micamente.

b.      La cesación del deseo.

c.      La orientación del fuego al centro laríngeo en lugar de, los órganos genitales.

d.     El pralaya y la oscuración.

e.      El significado de las palabras “ya no habrá mar” que se encuentran en La Biblia cristiana.

Cuando el estudiante medite sobre estos pensamientos, deberá tener presente que Neptuno es uno de los planetas principales o sintetizadores, es decir un planeta “absorbente” o “abstrayente”, y que está vinculado con el proceso mediante el cual se obtiene con el tiempo la perfección. El Hijo llega así a la perfección y finaliza la encarnación cósmica.

Existe además un vínculo esotérico muy estrecho entre el he­cho que subyace detrás de las palabras bíblicas “el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas” ([94]) y la actividad legítima y ordenada de la gran Madre cuando construye los cuerpos bajo el impulso del deseo. La verdadera relación que existe entre el plano astral y el plano físico será evidente sólo cuando los estu­diantes tengan presente que el plano astral del sistema solar es el sexto subplano del plano físico cósmico y constituye la suma total de la sustancia líquida del cuerpo físico logoico. Cuando esto es comprendido, se inicia el trabajo de la esencia dévica, eviden­ciándose el factor deseo o movimiento astral y su acción refleja sobre el cuerpo físico a través del sexto subplano; se observará la gran Madre abocada activamente, influenciada por el deseo, al trabajo de construir, nutrir y producir el calor y la humedad que harán posible la manifestación. La Madre es el más grande de los devas y está muy vinculada a los devas de las aguas, pues la hume­dad ese esencial para toda vida.

 Por consiguiente, el sexto principio o el aspecto amor (princi­pio crístico) y el sexto plano están relacionados; existe una inter­acción de energía entre el cuarto éter cósmico o energía búdica y el sexto plano o energía astral. Los devas de ambos planos pertene­cen esencialmente a grupos regidos por la influencia neptuniana, por eso el plano astral puede, y eventualmente podrá, reflejar directamente al búdico.

Los devas constructores mayores que se hallan en el segundo plano del sistema solar, el plano monádico o el segundo éter cós­mico, dirigen las energías de los devas manipuladores del cuarto éter cósmico, el plano búdico.

Los devas manipuladores del cuarto éter cósmico, en el trans­curso de la evolución, desarrollan el plan en perfecta objetividad, por medio de la sustancia viviente de los devas menores del plano líquido o astral. Cuando lo hayan realizado obtendrán dos resulta­dos: primero, el plano astral reflejará perfectamente al plano bú­dico y, segundo, el plano físico producirá, por medio de la fuerza del agua o deseo, el vehículo más apropiado para la expresión micro y macrocósmica.

La simbología del sistema circulatorio del hombre revela todo esto al esoterista. Cuando el sistema sanguíneo, con sus dos tipos de canales (arterias y venas) y sus dos tipos de constructores (gló­bulos rojos y blancos), sea estudiado desde el punto de vista esoté­rico, se verificarán muchas cosas de naturaleza revolucionaria. Las leyes del sendero de salida y del sendero de retorno, con los dos grupos de vidas dévicas concernientes, serán comprendidos por el hombre. Aquí puede hacerse otra indicación. En el cuerpo físico del hombre, en relación con el sistema circulatorio, encontramos en los tres factores, corazón, arterias y venas, la clave que revela los tres tipos de devas, el triángulo del sistema que ellos representan y las tres formas en que se expresa la divinidad. Existe una circulación en el sistema y también planetaria, y se lleva a cabo en todas partes por medio de la sustancia dévica, tanto macro como micro­cósmicamente.

Los devas del sexto subplano físico pueden ser divididos en tres grupos y éstos en siete y en cuarenta y nueve, correspondiendo así a todos los grupos del sistema solar. Dichos grupos (en su naturaleza esencial) responden mejor a “lo que “está arriba que a lo que está abajo”, lo cual es una forma ocultista de expresar la íntima relación que existe entre los devas del fuego y los del agua y también de negar la relación que existe entre los devas del agua y los de la tierra. Expresado esotéricamente, los devas del agua se liberan por la acción de los devas del

Los devas del agua por sí mismos encuentran la forma de  prestar servicio realizando el gran trabajo de nutrir la vida animal y vegetal del planeta; su meta consiste en pertenecer a ese grupo superior de devas denominados gaseosos o devas del fuego. Estos, al poner en acción su fuego sobre las aguas, producen la secuencia siguiente, evaporación, condensación y la eventual precipitación que -por su constante actividad- nutre toda vida sobre la tierra. Puede observarse cómo actúan las leyes síquicas del amor en el reino dévico y en el humano; primero, el retiro del grupo o segregación de la unidad (lo que se denomina individualización en el reino humano y evaporación en el reino acuático). Luego la con­densación o amalgamación del ente en un grupo nuevo o superior, a esto lo llamamos condensación para los devas de las aguas e ini­ciación para el hombre; finalmente, el sacrificio del grupo de áto­mos humanos o dévicos para bien del todo. De esta manera rigen las leyes de servicio y de sacrificio en el segundo aspecto divino en todos sus sectores grandes o pequeños. Tal es la ley. Aunque en el reino humano, el amor significa cumplir la ley, se llega a esto por el sendero del sufrimiento y del dolor, y todo aquel que verdade­ramente ama y sirve a la humanidad es tendido en la cruz hasta que predomine el sexto principio, y el sexto tipo de materia de sus cuerpos esté completamente sometido a la energía superior. ([95]) En el caso de los devas, amar es cumplir la ley sin dolor o sufrimiento.

Constituye para ellos la línea de menor resistencia porque son el aspecto madre, el factor femenino de la manifestación; el sendero fácil para ellos es dar, nutrir y curar. Por lo tanto, los devas de las aguas se dedican totalmente a servir a los reinos animal y vegetal y, mediante los fuegos transmutadores, será eliminado todo aquello que sujeta al sexto subplano; por medio de la “destilación y evaporación” esotéricas, estos devas formarán oportunamente parte del grupo gaseoso ígneo y se convertirán en esos fuegos que son la base de la divina alquimia.

Hablando en forma general, se ha de recordar que los devas terrestres de materia densa se transforman, en el transcurso de la evolución, en devas del agua, y oportunamente encuentran su ca­mino al plano astral o líquido cósmico; los devas de las aguas del plano físico llegan por medio del servicio al subplano gaseoso y luego al cósmico gaseoso, trasformándose en devas del plano men­tal. Esto constituye literal y esotéricamente la transmutación del deseo en pensamiento.

Los devas gaseosos se convierten con el tiempo en devas del cuarto éter y, después de largos eones, llegan al cuarto éter cós­mico o plano búdico. Por lo tanto, estos tres grupos están cósmi­camente relacionados con:

1.       El plano astral cósmico y la constelación donde se origina la energía emocional y de deseo.

2.      El plano mental cósmico y la constelación de Sirio.

3.      El plano búdico cósmico y la constelación de las Pléyades.

De esta manera, todo el proceso puede desarrollarse si el hom­bre estudia cuidadosamente su propia naturaleza y la ley de ana­logía.

Los devas del subplano gaseoso. Cuando se trata de los ele­mentales o devas menores, regidos por los devas manipuladores de este extenso grupo, tratamos de los devas del fuego y de las esencias ígneas de naturaleza sustancial, que pueden verse en la manifesta­ción de minadas de formas. Algunas de las subdivisiones de este grupo son conocidas por el estudiante como:

Las Salamandras, o las vidas ígneas que pueden ser vistas por los clarividentes saltando sobre las llamas de una hoguera o de un volcán; este grupo puede, de acuerdo al color, ser subdividido en cuatro: rojo, anaranjado, amarillo y violeta, el último de los cuales se aproxima muy estrechamente a los devas del cuarto éter.

Los Agnischaitas, término aplicado a las vidas ígneas, suma total del plano de la sustancia, como se ha visto en la pri­mera parte de este tratado, y también a las minúsculas esencias que componen los fuegos de la manifestación. Cuando se comprenda y estudie la naturaleza de la electri­cidad del plano físico y su verdadera condición, será reve­lada la realidad de la existencia de los Agnichaitas.

Cuando la raza obtenga la clarividencia, lo cual sucederá segu­ramente en un gran porcentaje antes de finalizar esta raza raíz, dichos devas se revelarán y el hombre comprenderá que está tra­bajando con vidas ígneas y que él mismo se halla estrechamente aliado a esas vidas por medio de los fuegos de su propio cuerpo. La clarividencia que se está desarrollando en esta raza raíz es total­mente física y, de acuerdo a la ley, su desarrollo es inevitable porque en la raza raíz Aria el hombre -en la actual cuarta ronda- llega a adquirir la plena autoconciencia. Ello involucra la visión física completa y el perfecto empleo de los tres sentidos del plano físico: oído, tacto y vista. En la próxima raza raíz prevalecerá la clarividencia astral, aunque no será universal, y de este modo se logrará más fácilmente contacto con el plano búdico. En las pri­meras razas raíces de la próxima quinta ronda, habrá una recapi­tulación de las actividades de esta ronda hasta que, en la quinta raza raíz, se verá la suma total de lo realizado en la misma. Enton­ces los hombres comenzarán a manifestar la clarividencia mental. Así los ciclos se mezclan y superponen a fin de que a ninguna uni­dad de vida, aunque pequeña y sin importancia, le falte la oportunidad.

Estos Agnichaitas del tercer subplano están particularmente influenciados por la energía saturnina. Son los grandes fundidores de la sustancia, y la transmutación de metales es posible por medio de ellos. Tienen con el reino mineral una relación análoga a la que los devas acuáticos tienen con los reinos vegetal y animal. Evidentemente están relacionados con el centro laríngeo de un Lo­gos planetario o de un Logos solar, y por medio de su actividad se hace posible la transmisión del sonido a través del aire. Sorprende­ría a los estudiantes e inventores si se dieran cuenta que el rápido desarrollo actual de las comunicaciones inalámbricas se debe a un grupo de vidas dévicas ígneas quienes han hecho contacto con la vibración humana, lo cual no había sucedido hasta ahora.

Así como cada plano tiene siete subplanos, también cada sub­plano puede subdividirse, formando a su vez cuarenta y nueve fue­gos en cada plano, o los trescientos cuarenta y tres fuegos del sis­tema solar. Aquí tenemos la clave del misterio del “cuarto entre los tres” que a veces desconcierta a los estudiantes de los registros ocultos. Hay muchas maneras de leer las cifras 3 4 3, pero el único método que puede insinuarse aquí es el ocultista, el cual consiste en reconocer los tres planos superiores, los tres planos inferiores y el lugar de reunión, el cuarto plano, que se halla entre ellos. Este cuarto plano ha sido denominado esotéricamente “el lugar de reunión. Cuando se recuerde que la meta de estos devas gaseosos consiste en alcanzar el cuarto éter cósmico o plano búdico, y que ellos (en sus grupos mayores y menores) constituyen los fuegos macro y microcósmicos internos, podrá obtenerse una idea res­pecto al verdadero significado de la eventual unificación de las dos líneas evolutivas, pues la nieta del hombre consiste también en alcanzar el plano búdico.

Por lo tanto, ciertos grupos de la actual quinta raza raíz están entrando en contacto con la quinta división de esencias dévicas del tercer subplano; el resultado de dicho contacto puede observarse en el estímulo de la respuesta vibratoria manifestada al descubrirse la comunicación inalámbrica y el radio.

Paralelamente podrá percibirse una vibración acrecentada de las espirillas humanas, lo cual hará que, antes de finalizar esta ronda, entre en plena actividad la quinta espirilla del átomo físico permanente humano.

Por consiguiente, el trabajo que en la actualidad ha de rea­lizar el Mahachohan en relación con el séptimo rayo (que momen­táneamente actúa como síntesis de los cinco tipos de energía regi­dos por Él) puede resumirse de la manera siguiente:

Primero. Emplea el séptimo tipo de energía a fin de que el ente humano acreciente el reconocimiento de la sustancia más sutil del plano físico. El séptimo rayo es un factor importante para producir la objetividad. La energía del Logos planetario del sép­timo esquema predomina en el séptimo plano; es el rayo donde la sustancia dévica y el Espíritu pueden encontrarse y adaptarse mutuamente con más facilidad que en cualquier otro rayo, con excepción del tercero.

En la actualidad, por medio de cualquiera de sus sentidos, el hombre tiene plena conciencia en los tres subplanos inferiores; está predestinado a lograr igual conciencia en los cuatro superiores. Esto debe llevarlo a cabo estimulando la sustancia dévica que compone sus cuerpos. Ello se realizará mediante la voluntad dinámica de los devas transmisores cuando energetizan a los devas manipuladores, afectando así a las miríadas de vidas menores que componen el cuerpo del hombre, y también por la acrecentada respuesta del hombre inmanente o pensador, al establecer ellas contacto con su cuerpo. Esta acrecentada percepción se logrará por el despertar de la quinta espinilla, por el desarrollo del quinto pétalo del loto egoico y por la apertura gradual del tercer ojo, iniciándose la actividad uniforme de cinco factores: el centro en la base de la columna vertebral, los tres canales de la columna vertebral y la glándula pineal.

Estos factores involucran la actividad de la esencia dévica, más la resultante percepción del pensador. Luego sigue el empleo cons­ciente de los poderes incipientes. De esta manera la estrecha inter­relación e interdependencia de las dos líneas de evolución se hacen extraordinariamente evidentes.

Segundo, el Mahachohan trabaja específicamente en la actua­lidad (en colaboración con el Manu) con los devas del subplano gaseoso; esto se halla vinculado al trabajo destructor que han de efectuar al finalizar la actual raza raíz, a fin de liberar al Espíritu de las formas que lo restringen. Por consiguiente, puede esperarse que entren en actividad las erupciones volcánicas en lugares ines­perados y en las actuales zonas sísmicas y volcánicas. Antes de finalizar el siglo tendrán lugar graves acontecimientos en California y Alaska.

El trabajo del Mahachohan puede ser observado por el efecto que los devas del fuego kundalínico producen sobre el hombre Éstos constituyen un grupo peculiar de Agnichaitas que han alcan­zado esa etapa de evolución que les permite separarse de su grupo y formar otro, conectado con cierto fuego en los cuerpos del hom­bre. Dicho fuego, debido a su actividad actual y a la orientación de dicha actividad, es responsable de la reacción contraria al matri­monio físico y del deseo evidenciado por los hombres altamente evolucionados para evadir la relación matrimonial y limitarse a crear en los planos mental y astral. Esto se debe a la actual ten­dencia de los devas manipuladores de los órganos genitales inferiores a trasladarse al centro laríngeo y funcionar allí, empleando la fuerza del fuego kundalínico para llevarlo a cabo. Todo ello está regido por la ley de evolución, pero en el intervalo entre la causa y el efecto esperado puede producirse mucho daño al evadir la ley y verse el consiguiente sufrimiento. Por lo tanto, debido a la violenta reacción actual contra las leyes que protegen a la civili­zación, se ha decidido que la naturaleza de los devas, su función y el lugar que ocupan en el esquema de las cosas sean parcialmente revelados al hombre, debiendo divulgarse la estrecha relación y dependencia que tiene el hombre sobre ellos. ([96]) Al mismo tiempo no debe darse información respecto al método para establecer con­tacto ni las palabras por las cuales pueden ser controlados.

El laxismo en las relaciones matrimoniales, debido a esta causa particular, se observa únicamente entre las personas altamente evolucionadas y entre los pensadores independientes de la raza. Un laxismo similar entre las masas y los tipos inferiores de la humanidad se basa en una razón diferente; la promiscuidad impe­rante se debe a cierto desarrollo de la naturaleza animal en su manifestación más inferior. Ambas causas deberían ser considera­das por aquellos que sienten de corazón las necesidades actuales de la civilización. Así podrán colaborar con el Mahachohan en el tan necesario trabajo de trasladar la fuerza desde un centro inferior a otro superior e impedir (por medio del conocimiento) el libertinaje incidental. Esto evitará la profanación del gran amor o impulso sexual inmanente en la naturaleza.

El rayo del ceremonial ha sido llamado a menudo “el ritual matrimonial del hijo”, porque en este rayo el Espíritu y la materia debieran encontrarse y unirse. Este hecho debería tenerse en  cuen­ta en los próximos cien años, pues se producirán grandes cambios en las leyes del matrimonio. La indiferencia actual traerá inevita­blemente una reacción, y las leyes serán más rigurosas a fin de pro­teger a la raza durante el período de transición. Dichas leyes no ten­drán por finalidad dificultar más la disolución de las relaciones matrimoniales, sino un efecto contrario; la nueva generación será debidamente instruida y protegida, no permitiéndose contraer ma­trimonio en forma indiscriminada y precipitada; tampoco se permi­tirá a la juventud contraer precipitadamente obligaciones matrimo­niales. No es necesario extendernos más sobre esto, los hombres sólo aprenden solucionando sus propios problemas, y todo lo que se nos permite, a quienes trabajamos internamente, es hacer una insinua­ción o indicación.

Otro aspecto del trabajo del Mahachohan en la actualidad está relacionado con el sonido y, en consecuencia, con las devas parti­culares que estamos considerando. Por la mala dirección de los hombres y su desarrollo desequilibrado, los sonidos de la tierra, como ser los de las grandes ciudades, de las fábricas y de los instrumentos de guerra, han producido una condición muy grave entre los devas gaseosos, que ha de ser contrarrestada en alguna manera; los futuros esfuerzos de la civilización estarán dirigidos a producir una revolución contra los males de la vida hacinada, fo­mentando el anhelo de volver a la naturaleza y a los espacios abiertos. Una de las cosas principales del futuro será la tendencia a eliminar los ruidos, debido a la acrecentada sensibilidad de la raza. Cuando el hombre controle y utilice la energía del agua y del átomo, se revolucionarán nuestras actuales fábricas, métodos de navegación y transporte, tales como navíos y ferrocarriles. Esto ten­drá un potente efecto no sólo sobre los hombres sino también sobre los devas.

c. Elementales de los éteres.

Consideraremos ahora los niveles etéricos del plano físico o sea los cuatro subplanos superiores. Dichos niveles etéricos sólo son graduaciones de la materia del plano físico, de índole más sutil y refinada, siendo sin embargo física. En algunos libros de texto se los denomina:

1.       El primer éter, o materia atómica.

2.      El segundo éter, o materia subatómica.

3.      El tercer éter, o materia superetérica.

4.      El cuarto éter, o materia etérica simplemente.

El cuarto éter es el único reconocido hasta ahora por los cien­tíficos, siendo el tema de sus investigaciones actuales aunque no se den cuenta de ello.

            En el subplano atómico están los átomos físicos permanentes de toda la humanidad y los átomos correspondientes al reino dé­vico. Los devas no evolucionan como la raza humana. Reencarnan en grupos y no en individuos, aunque cada grupo está compuesto de unidades, no poseyendo nada de la naturaleza del alma grupal involutiva. El alma grupal del sendero involutivo y la del evolutivo son distintas; una está entrando en la diferenciación, y se compone de entidades animadas por una vida global; la otra se ha diferenciado, y cada entidad es una unidad separada de la vida una, com­pleta en sí misma, sin embargo una con el todo.

 Existen muchos tipos de vida con los cuales hay que entrar en contacto en los cuatro niveles etéricos, pero ahora sólo podemos ocupamos de la vida dévica, recordando que la evolución dévica es de igual importancia que la del hombre. Estos devas son numero­sos, de naturaleza evolutiva y pertenecen a todos los grados y tipos. El gran deva Kshiti los rige en el plano físico. Es un deva de categoría y poder similares a los del Chohan de Rayo; preside todo lo que está fuera del reino humano en el plano físico y tiene como consejeros a los cuatro señores dévicos secundarios de los cuatro niveles etéricos. Con ellos preside un concilio subsidiario de siete devas que tratan todo lo que se relaciona con la evolución dévica y el trabajo de los constructores mayores y menores.

El deva que rige el cuarto éter o inferior, ha delegado a un miembro de Su concilio a fin de que se reúna, en la actualidad, con cierto Maestro para dos propósitos específicos; primero, para ver si es posible intentar el acercamiento de dos líneas de evolu­ción, la humana y la dévica y, segundo, revelar algunos de los métodos curativos y las causas de la incapacidad física inherentes al doble etérico.

Devas de todo tipo y color se encuentran en los niveles físico etéricos, pero el color que prevalece es el violeta, de allí la frase los “devas de la sombra” empleada a menudo. Con la llegada del rayo ceremonial color violeta, tenemos por lo tanto la amplificación de la vibración violeta, siempre inherente a estos niveles, y en consecuencia la gran oportunidad para establecer contacto entre los dos reinos. En el desarrollo de la visión etérica (capacidad del ojo físico humano) y no en la clarividencia, se hará posible esta mutua comprensión. También con el advenimiento de este rayo, los que pertenecen al mismo, vendrán con el don natural de ver eté­ricamente. A menudo nacerán niños que verán etéricamente con tanta facilidad como el ser humano común ve físicamente; cuando las condiciones armónicas surjan gradualmente del actual caos mundial, devas y seres humanos establecerán amistad.

Cuando ambos planos, el astral y el físico se fusionen y  mezclen y exista continuidad de conciencia le será difícil al ser hu­mano, al principio, diferenciar entre los devas del plano astral y los del plano físico. Al iniciarse este período de reconocimiento, los hombres entrarán en contacto principalmente con los devas color violeta, pues los de categoría superior intentarán definitiva­mente entrar en contacto con el ser humano. Estos devas de las sombras son de color púrpura oscuro en el cuarto nivel etérico; de color púrpura más claro, muy similar al color violeta, en el tercer nivel etérico; violeta claro, en el segundo; mientras que en el subplano atómico son de un brillante color lavanda trasparente.

Algunos grupos de devas con los cuales se ha de entrar en con­tacto en el plano físico son los siguientes:

Cuatro grupos de devas de color violeta, asociados con el doble etérico de todo lo que existe en el plano físico. Estos cua­tro están divididos en dos grupos, los que están asociados a la construcción del doble etérico y aquellos cuya sustan­cia se emplea para construir esos dobles etéricos.

Los devas de color verde del reino vegetal. Existen también en dos grupos. Están muy evolucionados y se entrará en con­tacto con ellos principalmente por medio del magnetismo. Los devas mayores de este orden presiden los lugares magnéticos de la tierra; cuidan la soledad de las selvas, mantienen intactos los espacios abiertos del planeta que es necesario conservar inviolados, los defienden de toda intromisión y, con los devas violeta, trabajan en la actua­lidad, en forma definida aunque temporaria, regidos por el Señor Maitreya. El Señor Raja del plano astral, Varuna y su hermano Kshiti, han sido convocados a la Cámara de Concilio de la Jerarquía para una consulta específica; así como los Maestros se están esforzando para preparar a la humanidad a fin de que preste servicio cuando el Instruc­tor del Mundo venga, también estos Señores Raja trabajan en líneas similares vinculadas a los devas; lo hacen ardua­mente, su dedicación es intensa, aunque se hallan muy obstaculizados por el hombre.

Los devas de color blanco del aire y del agua, que presiden la atmósfera, trabajan con ciertos aspectos de fenómenos eléc­tricos y controlan los mares, ríos y arroyos. En cierta etapa de su evolución son extraídos de dichos grupos los ánge­les guardianes de la raza cuando encarnan en el plano físico. Cada ente de la familia humana tiene su deva guardián.

Cada grupo de devas tiene un método específico de desarrollo y algún medio por el cual evolucionan y alcanzan una meta de­terminada.

Para los devas color violeta el sendero de realización se mani­fiesta por medio del sentimiento, educando a la raza en el perfec­cionamiento del cuerpo físico, en sus dos sectores.

Para los devas color verde el sendero de servicio consiste en la magnetización, de la cual la raza humana nada sabe todavía. Por medio de este poder, actúan como protectores de la vida vegetal y de los lugares sagrados del planeta; en su trabajo reside la segu­ridad del cuerpo del hombre, porque éste extrae su alimento del reino vegetal y lo seguirá extrayendo durante esta ronda.

Para los devas de color blanco el sendero de servicio reside en proteger a los individuos de la familia humana, cuidar y segregar tipos, controlar a los elementales del agua y del aire y gran parte de lo que atañe al reino ictiológico.

De esta manera, sirviendo a la humanidad en una forma u otra, dichos devas del plano físico logran su realización. Tienen mucho que dar y hacer para la humanidad y, con el tiempo,  le será evi­dente al ente humano lo que tiene que dar para la perfección del reino dévico. Ahora se está acelerando grandemente su evolución, paralelamente a la de la familia humana.

Existe otro grupo de devas con el cual no se puede establecer aún mucho contacto. Vinieron de otro esquema planetario y se especializan en su propia línea. Han alcanzado el reino humano o han pasado por él, y tienen la misma categoría que ciertos miem­bros de la Jerarquía, habiendo decidido quedar y trabajar con la evolución del plano físico. No son muy numerosos, doce única­mente. Cuatro trabajan en el grupo de color violeta, cinco en el grupo de color verde y dos en el grupo de color blanco, presididos por un regente de igual categoría que un Chohan. El seis es el número de la evolución dévica, como el cinco es ahora el del hom­bre, y así como el diez representa al hombre perfecto, el doce representa la perfección del reino dévico. Este grupo preside a los tres mencionados anteriormente. Existen además ciertos grupos subsidiarios.

En el primer grupo se hallarán los elementales que trabajan con el doble etérico del hombre, los elementales que for­man el cuerpo etérico donde quiera que haya vida, y los elementales que trabajan con las contrapartes etéricas de los así llamados objetos inanimados. Éstos se enumerarán de acuerdo al orden e importancia de su desarrollo. Los devas color violeta se hallan en el sendero evolutivo, los elementales en el sendero involutivo y su meta consiste en al reino dévico color violeta.

            En el segundo grupo trabajan las hadas de la vida vegetal, los silfos que construyen y pintan las flores, los pequeños seres refulgentes que habitan los bosques y los campos, los elementales que trabajan con las frutas, los vegetales y todo lo que contribuye a cubrir de verdor la superficie de la tierra. Asociados a éstos se hallan los devas menores del magnetismo, apegados a los lugares sagrados, a los talis­manes y a las piedras y también un grupo especial que se encuentra cerca de donde habiten los Maestros.

En el tercer grupo trabajan los elementales del aire y del mar, los silfos, las hadas del agua y los devas que cuidan a cada ser humano.

Aquí se dan sólo indicaciones generales. Esta lista no es com­pleta ni incluye a los elementales más burdos, los duendes morenos y los que moran en los espacios oscuros de la tierra y de las ciu­dades y en los lugares subterráneos en la superficie de la tierra.

Los devas de los éteres llevan sobre su frente un símbolo trans­parente en forma de Luna creciente, y por eso quienes son capaces de ver clarividentemente los distinguen de los devas astrales.

Al considerar a los devas de los éteres, hallaremos que, por lo general, se dividen -en lo que se refiere a la manifestación- en dos grupos principales. Cada grupo está representado en cada uno de los cuatro subplanos, y este agrupamiento no puede ser consi­derado más que un método de diferenciación entre los muchos po­sibles. Dichos grupos son, primero, los devas que transmiten prana a todas las formas de vida; formando un grupo de devas interme­diarios que proveen energía en sus distintas diferenciaciones; se­gundo, los devas que forman los cuerpos etéricos de toda forma de manifestación, constituyendo la mayoría de los devas menores.

Lógicamente hay muchas otras inteligencias organizadas en la gran Hueste de la Voz en relación con esta principal división del plano físico, pero si el estudiante considera ambos grupos e inves­tiga su relación con el hombre y el Hombre celestial, dentro de Cuyo cuerpo ellos se encuentran, aprenderá mucho que le permitirá comprender los problemas considerados hasta ahora insolubles y se le revelarán muchas cosas que tenderán a revolucionar los descubrimientos de la ciencia moderna y a producir cambios en los métodos empleados para el cuidado del cuerpo físico.

Los devas y la energía. Antes de entrar a considerar estos dos grupos, sería conveniente insistir en que es necesario tener presente, cuando consideramos los niveles etéricos del plano físico, que nos ocupamos de esos planos en los cuales se halla la verdadera forma y estamos próximos a la solución del misterio del Espíritu Santo y de la Madre. Por esta comprensión hasta incluir todo un sistema solar, se logrará esclarecer el vínculo que existe entre los cuatro planos superiores del sistema y los tres mundos del esfuerzo humano. Tenemos en el macrocosmos los cuatro planos de la vida supraconsciente o vibraciones centrales, que constituyen la base de la vida y la energía del cuerpo etérico de un Logos planetario y de un Logos solar, y los tres planos de vida consciente y autocons­ciente que forman el vehículo físico denso de un Hombre celestial y del gran Hombre de los Cielos.

Por medio del estudio de estas condiciones en el macro y mi­crocosmos se comprenderá la razón por la cual los ocultistas nunca consideran al vehículo físico como un principio. El Espíritu Santo, quien influencia e implanta el germen de vida en la expectante y pasiva Virgen Madre o materia (haciendo que despierte e inicie su gran trabajo de producir la encarnación divina), es un factor pri­mordial desde el punto de vista del segundo sistema solar. En forma incomprensible para los pensadores modernos, la Madre o divina aspirante a los misterios del matrimonio cósmico, fue (en un sis­tema anterior) el factor predominante. En este sistema, en relación con la sustancia o Espíritu Santo, es el factor predominante. Por lo tanto, el trabajo en niveles etéricos y la energía y actividad que se origina en el mismo, son los factores principalmente responsa­bles en el plano físico de todo lo que es tangible, objetivo y mani­festado. El acrecentamiento de materia alrededor del cuerpo vital y la densificación de la sustancia alrededor del núcleo etérico vital son, en sí mismos, el resultado de la interacción y el intercambio final de vibración entre aquello que podría denominarse el rema­nente de una manifestación anterior y la vibración de la actual.

Aquí -en la relación que existe entre energía positiva y su cuádruple diferenciación, y la triple sustancia inferior negativa receptiva, los científicos llegarán eventualmente a ciertas deduc­ciones definidas y descubrirán:

a.      El secreto de la materia misma, es decir, de la materia tal como la conocemos y vemos.

b.      La clave del proceso de la creación en el plano físico y el método por el cual se logra la densidad y concreción en los tres niveles inferiores.

c.      Las fórmulas para la transmutación orgánica, o la clave para los procesos por los cuales los elementos tales como los conocemos pueden ser desintegrados y combinados nuevamente.

Sólo cuando los científicos estén preparados para aceptar el hecho de que existe un cuerpo vital que actúa como punto focal en cada forma organizada, y sólo cuando quieran considerar cada  elemento y forma de cualquier grado como constituyendo parte de un cuerpo vital aún mayor, los verdaderos métodos de la gran diosa Naturaleza serán suyos. Para lograrlo deben estar dispuestos a aceptar la séptuple diferenciación del plano físico, según lo afir­ma el ocultismo oriental, y han de reconocer la triple naturaleza de la manifestación septenaria:

a.      La energía atómica o energía de Shiva, energía del primer subplano o primer plano etérico.

b.      La energía para la construcción de formas en los tres ni­veles etéricos siguientes.

c.      La energía negativa receptiva de los tres planos del físico denso, el gaseoso, el líquido y el verdaderamente denso.

Considerarán oportunamente también la interacción entre los tres inferiores y los cuatro superiores en ese gran átomo deno­minado plano físico. Esto puede verse duplicado en el átomo de la física o de la química. Los estudiantes científicos interesados en estos asuntos hallarán de utilidad estudiar la analogía que existe entre estos tres tipos de energía y lo que se entiende por las pala­bras átomos, electrones e iones.

Todo lo que se manifiesta desde Dios hasta el hombre ([97]) es el resultado de estos tres tipos de energía o fuerza, su combinación e interacción y su acción y reacción síquicas. En el gran ciclo de duración logoica predomina el segundo tipo de energía, siendo im­portante su evolución, por eso el cuerpo etérico subyacente en todo lo visible es el más importante. Esto es también verdad respecto a los dioses, hombres y átomos.

Se pierde mucho tiempo conjeturando sobre los orígenes de la vida, los resortes de la actividad y los impulsos que subyacen en los procesos creadores. Hasta ahora la ciencia ha trabajado casi a ciegas y ha dedicado mucho tiempo a investigar los tres planos inferiores. Se ha ocupado principalmente de la Madre, de la mate­ria negativa receptiva, y sólo ahora está llegando a ser consciente del aspecto Espíritu Santo o energía que permite a esa Madre cum­plir su función y llevar adelante su trabajo.

Abordando el mismo problema microcósmicamente puede decirse que recién ahora los hombres comienzan a ser conscientes de los resortes que inician la actividad espiritual y de los orígenes de la vida espiritual. La energía de los planos superiores sólo se va revelando a medida que los hombres comienzan a hollar el Camino y a ser influenciados por budi, que afluye desde el cuarto plano etérico cósmico.

Finalmente, cuando los científicos estén dispuestos a reconocer y a colaborar con las fuerzas inteligentes que se hallan en los nive­les etéricos y cuando se convenzan de la naturaleza hilozoísta de todo lo que existe, sus descubrimientos y trabajos tendrán una exacta analogía con las cosas tal como son en realidad. Como se ha señalado anteriormente esto se llevará a cabo cuando la raza desarrolle la visión etérica y se compruebe más allá de toda con­troversia, la verdad de las afirmaciones del ocultista.

Habrán observado que al enumerar los dos grupos principales, no se ha mencionado a ese gran grupo de Constructores denomina­dos esotéricamente “los transmisores de la Palabra”. Sólo se ha tra­tado de los dos grupos que constituyen la “Hueste de la Voz”; esto se debe a que en esta parte nos ocupamos solamente de ella o de esos constructores, grandes y pequeños, que entran en actividad cuando se pronuncia la Palabra del plano físico. Los “Transmisores de la Palabra” del primer subplano o nivel atómico, reciben el sonido vibratorio que llega desde el plano astral y -pasándolo a través de sus cuerpos- lo envían a los otros subplanos. Para ma­yor claridad, puede decirse que dichos transmisores son siete. For­man, en su totalidad, los cuerpos físico atómicos del Señor Raja del plano y, en sentido peculiarmente esotérico, los siete forman (en sus diferenciaciones inferiores en niveles etéricos) la suma total de los centros etéricos de todos los seres humanos, así como en los niveles etérico cósmicos se encuentran los centros de un Hombre celestial.

La conexión que existe entre los centros y la sustancia etérica, humana y del sistema, abre un vasto campo para el pensamiento. Los “Transmisores de la Palabra”, en el subplano atómico de cada plano son devas que poseen vastos poderes y prerrogativas, y puede decirse que están vinculados al aspecto Padre y a las personifica­ciones del fuego eléctrico. Todos tienen plena autoconciencia, habiendo pasado por la etapa humana en kalpas anteriores. Además son parte integrante de los siete centros principales de la cabeza en el cuerpo de un Logos solar o de un Logos planetario.

Aunque se hallan vinculados con el aspecto Padre, sin embargo forman parte del cuerpo del Hijo y, cada uno de ellos, de acuerdo al plano que energetizan, es parte componente de uno de los siete centros solares o planetarios -planetario cuando concierne únicamente al centro involucrado del sistema, considerado parte inte­grante del todo.

Cada una de estas grandes vidas (personificando energía dévica de primer grado) es una emanación del sol central espiritual en el primer caso y de una de las tres constelaciones principales en el segundo. Se dividen, en el sistema, en tres grupos: Grupo 1, incluye a esos transmisores de la Palabra que se encuentran en los tres subplanos inferiores del plano Adi o logoico. Grupo 2, comprende a esos grandes constructores que trasmiten la Palabra en los tres siguientes planos del sistema, el monádico, el átmico y el búdico. Grupo 3, está formado por aquellos que realizan una función simi­lar en los tres mundos del esfuerzo humano. Fundamentalmente, en el tercer caso, también son emanaciones de una de las siete estrellas de la Osa Mayor.

En estas triples fuerzas emanantes puede encontrarse el origen de todo lo que es visible y objetivo y, por su intermedio, nuestro sistema solar ocupa su lugar dentro del esquema cósmico mayor, formando un fuego cósmico básico, constituyendo la suma total de los centros coronario, cardíaco y laríngeo del Logos solar, hallán­dose sus analogías en un Hombre celestial, un ser humano y un átomo. Por eso cuando el científico descubre la naturaleza del átomo se pone en contacto con esos tres tipos de energía solar y está desentrañando el misterio central del sistema. Cuando la tri­ple naturaleza del átomo sea revelada, se comprobará gradual­mente la triple naturaleza del hombre y de Dios. La energía de estos grupos pasa así a través del sol físico y de allí emiten la Palabra correspondiente al plano particular de su esfuerzo es­pecífico.

El estudiante no debe cometer el error de pensar que estos siete grandes transmisores son los siete Hombres celestiales. Compo­nen la mitad de Su real naturaleza. Es todo lo que puede decirse de este gran misterio, aunque puede añadirse que, desde otro punto de vista, sólo forman una tercera parte de su triple naturaleza di­vina. El hombre es dual, Espíritu y materia; también durante la evolución, es una triplicidad; lo mismo sucede con el Hombre celes­tial, de allí el misterio.

El gran Transmisor de la Palabra en el plano físico, que estamos considerando, es el factor que energetiza el centro laríngeo de Brahma. Podría hacerse una interesante clasificación de los triples centros y de los tres aspectos divinos, que será de utilidad para el estudiante, aunque debería recordar cuidadosamente que estos cen­tros sirven para generar y trasmitir energía:

1.       El transmisor de energía en el plano físico forma el centro laríngeo en el cuerpo de Brahma, el tercer aspecto.

2.      El transmisor de energía en el plano astral forma el centro cardíaco de Brahma.

3.      El transmisor de la palabra en el plano mental forma el centro coronario de este tercer aspecto.

Estos tres Señores Raja, devas o transmisores, forman los tres centros de fuerza logoica en los tres mundos. Constituyen el aspecto energía más inferior de Brahma.

4.      El Transmisor de la Palabra en el plano búdico forma el centro de la garganta de Vishnu, el segundo aspecto. Desde allí surge la Palabra que construye la forma física densa de un Hombre celestial o de un Logos solar.

5.      El Transmisor de energía en el plano monádico forma el centro cardíaco de Vishnu, el segundo aspecto.

6.      El Transmisor de energía en el plano átmico forma el cen­tro coronario de Vishnu.

Esta clasificación confundirá a los estudiante si no tienen en cuenta que estamos considerando estos aspectos sólo como duali­dades y tratando de una de las partes duales. Se evidenciará por ejemplo, en el aspecto Vishnu, que se manifiesta en el segundo plano, que la energía de ese plano actuará como centro coronario para los planos subsiguientes, y si esto se capta correctamente acla­rará lo demás.

El Transmisor de la Palabra en el plano de Adi o primer plano, es la personificación del centro laríngeo de una entidad cósmica. Lo expuesto proporcionará una exacta comprensión de nuestro lugar en el esquema cósmico; también demostrará la naturaleza fundamentalmente física de los siete planos del sistema solar y evidenciará la naturaleza de Brahma o el Espíritu Santo.

En Antiguo Comentario dice:

“Brahma es Uno, sin embargo incluye a Su hermano. Vishnu es Uno, sin embargo no existe separado de Su hermano aunque joven, en lo que respecta al tiempo, sin embargo es muy viejo. Shiva es Uno y antecede a ambos, sin embargo no aparece ni es visto hasta que ambos hayan recorrido cíclicamente Su curso.”

La séptuple clasificación que antecede, de acuerdo a la ley de analogías puede ser aplicada igualmente a cada plano, pues los trans­misores y trabajadores en cada plano forman grupos similares. Del mismo modo, el hombre puede considerar esta clasificación en relación con sus siete centros y, de su estudio, adquirirá conoci­miento respecto al tipo de energía que fluye a través de cualquier centro particular. Análogamente, a estos transmisores se los puede oír cuando emiten la Palabra con bastante fuerza y poder en ese esquema Planetario que corresponde a su nota y está sintonizado  a su vibración. Por lo tanto, los esquemas planetarios se dividen en agrupaciones similares y esto abrirá para los estudiantes un vasto campo de conjeturas. Los siete Prajapatis se dividen en dos grupos de tres, predominando uno de Ellos. Al estudiar el sistema solar, los planos, los esquemas, el hombre y el átomo, los estudiantes deberían recordar que las agrupaciones de las líneas o corrientes de energía durante los ciclos evolutivos se dividen lógicamente en cuatro:

1.       1-3-3

2.      4-3

3.      3-4

4.      3-1-3

La primera división puede ser interpretada de acuerdo a la ley de analogía, cuando se investiga la naturaleza del plano atómico del sistema solar, los tres planos etérico cósmicos y los tres planos del esfuerzo humano, en su mutua relación.

La segunda división es más fácil de captar cuando se com­prende la estrecha relación que existe entre los cuatro planos eté­rico cósmicos y los tres planos inferiores. Esto puede ser escla­recido estudiando los cuatro éteres físicos y los tres subplanos inferiores de nuestro plano físico.

La clave para descifrar el misterio de la tercera división se halla oculta en la manera como está constituido el plano mental con sus tres niveles sin formas y sus cuatro niveles con formas.

La cuarta división puede ser descifrada cuando el estudiante comprende que su propia naturaleza constituye una tríada espi­ritual, un cuerpo egoico y un triple hombre inferior. También puede encarar la primera división en forma similar y considerarse a sí mismo como una fuerza primaria o la Mónada, una triple fuerza  secundaria o el Ego, y una triple energía inferior o la personalidad, recordando que aquí únicamente consideramos la energía creadora y el aspecto Brahma de la manifestación al coordinarse con el aspecto Vishnu.

Los transmisores de prana. Anteriormente, en una parte de este tratado, hemos considerado en forma parcial los devas que transmiten prana para el cuerpo etérico del hombre y del planeta. Son el reflejo, en el plano inferior, del aspecto Vishnu de la divi­nidad; los siete subplanos de nuestro plano físico reflejan débil y distorsionadamente los tres aspectos, siendo una sombra oscura que nada revela de la Deidad. Este grupo de transmisores son responsables de tres resultados importantes, hallándose activos en tres líneas principales.

Son los devas que vitalizan y producen la energía de todas las formas de vida sensoria. Constituyen la vida que palpita a través del cuerpo etérico de cada planta y animal y de toda forma inter­media de vida; son el fuego intenso que se ve circular a través de cada vehículo etérico. Otra de sus innumerables funciones consiste en producir el calor del sol y de todos los cuerpos; causan la irra­diación solar, planetaria y humana; nutren y preservan todas las formas. Esotéricamente son los intermediarios entre el Padre y la Madre en cada plano, ya sea cósmico o del sistema. Se originan del sol y están estrechamente relacionados con el plexo solar logoico y planetario, pues el proceso evolutivo, como en toda la manifesta­ción, es el resultado del deseo que actúa sobre las facultades crea­doras y produce lo objetivo.

Constituyen los devas que energetizan a las minadas de dimi­nutas vidas que construyen en el cuerpo etérico de todo lo visible y tangible, siendo los instigadores de los procesos creadores de los tres subplanos más inferiores del plano físico. Los devas que en el sistema se dedican a esta actividad pueden subdividirse en dos grupos:

a.      Aquellos que trabajan en los cuatro planos superiores del sistema y desde allí influencian a los tres mundos, produ­ciendo por acción refleja los resultados deseados.

b.      Aquellos que trabajan en los tres mundos del esfuerzo humano, produciendo directamente la manifestación física densa.

Todos los devas etéricos que transmiten energía en el plano físico pertenecen a la segunda división ya enumerada; de acuerdo al subplano en que trabajan, son guiados por una inteligencia ma­yor en el plano correspondiente.

Existen también los devas que constituyen la fuerza atractiva de toda forma subhumana, manteniendo en coherencia las formas de los tres reinos inferiores de la naturaleza y produciendo así el cuerpo de manifestación de la gran Entidad, suma total de la vida del reino y de las vidas menores que animan a diferentes familias y grupos dentro de cualquier reino específico.

Los devas del doble etérico. El tema que abordaremos ahora concierne a esos devas que constituyen el doble etérico de todo lo que existe. En consecuencia tiene mucho valor para el estudiante inteligente porque revela el método por el cual todas las formas se materializan en el plano físico.

El propósito de este tratado no consiste en describir la materialización de la forma, por medio del divino pensamiento, a medida que se origina en los planos arquetípicos y (mediante corrientes dirigidas de energía inteligente) va adquiriendo sustancia al repro­ducirse en cada plano, hasta que oportunamente (en el plano físico) la forma queda revelada en su manifestación más densa. Nin­guna forma es todavía perfecta, para ello es necesario evolucionar cíclicamente y continuar en la producción de formas hasta que se aproximen a la realidad en hecho y acción.

El método para producir las formas puede clasificarse de la manera siguiente:

1. Pensamiento divino        El plano mental cósmico.

2. Deseo divino                    El plano astral cósmico.

3. Actividad divina              El plano físico cósmico.

(los siete planos de nuestro sistema).

El Aliento logoico               Primer plano                       El sonido ([98]) A.

Constituye la primera aparición etérica de un sistema solar en el subplano atómico del plano físico. Todas las simientes de vida se hallan latentes. Facultad inherente que proviene de una esencia solar anterior.

El Sonido logoico                Segundo plano         El Sonido A U

Constituye el cuerpo del sistema solar en el segundo éter, siendo el plano arquetípico. Las simientes de vida están vibrando o germinando. Se evidencian los siete centros de energía. El deva Agni aparece como séptuple. La forma es potencialmente perfecta.

La Triple Palabra logoica Tercer plano             El Sonido AUM

Se ve el cuerpo del sistema solar en sustancia del tercer plano etérico y los tres funcionan como uno. La triple energía del Logos está coordinada y nada puede obstaculizar el trabajo de la evolu­ción. Los tres grupos de devas están activos y la forma arquetípica en proceso de materialización.

La palabra septenaria logoica     Cuarto plano            La Palabra de

Los centros etéricos logoicos                                           siete sílabas.

se hacen activos.

El cuerpo etérico del sistema solar ya está totalmente termi­nado, aunque no llegará a la perfección hasta el fin de otro man­vantara. El principal cuerpo de vitalidad está preparado para ener­getizar al vehículo físico denso. Los siete centros, con sus cuarenta y nueve pétalos principales, vibran, y la conciencia se estremece a través de cada átomo del sistema.

Un intervalo o pausa tiene lugar en esta etapa de desarrollo llevándose a cabo los procesos de coordinación y estabilización; la energía o vibración aumenta hasta que, mediante un esfuerzo si­multáneo que emana de los tres aspectos, se hace posible para llevar a la objetividad aquello que todavía es subjetivo. Esto tiene su paralelo en el plano físico cuando el hombre aplica el esfuerzo para atraer y materializar lo que ha concebido y deseado. La razón por la cual tantas personas no materializan sus conceptos, y por ello se consideran fracasadas, se debe a la incapacidad de aplicar en forma coordinada el esfuerzo y poner en movimiento sustancia de los tres subplanos inferiores del plano físico. Consiguen llevar su concepto desde el plano mental (como lo hace el Logos en nive­les cósmicos) hasta el cuarto nivel etérico del físico, y allí su ener­gía se agota debido a

a.      la falta de voluntad o concentración sostenida,

b.      la falta de alineamiento con el Ego,

c.      la débil coordinación entre las dos partes del vehículo físico.

La Frase logoica       Quinto plano                       El plano del mántram

El cuerpo gaseoso                                       logoico de treinta y cinco estanzas.

Entonces aparece la forma gaseosa del sistema solar y los  centros de energía se velan y ocultan. El acrecentamiento y la concre­ción tienen lugar rápidamente. Los tres grupos de constructores coordinan nuevamente sus esfuerzos y se produce una nueva afluencia de energía -trayendo devas desde el centro logoico de la cabeza. Los constructores menores responden al mántram logoico, entonado nuevamente en cada manvantara, y las siete corrientes de energía, desde los siete centros logoicos, se dirigen hacia abajo.

El canto logoico

de Amor y Deseo     El Sexto plano          Un poema en cuarenta

El cuerpo liquido Logoico                         y dos versos.

Este canto o vibración provoca la venida de un grupo de devas desde el centro del corazón logoico para aumentar los esfuerzos de los que ya se hallan activos. El cuerpo líquido del Logos solar apa­rece, y la forma existe en sus seis diferenciaciones. La concreción es muy rápida y la actividad es considerablemente más violenta dada la mayor densidad de la substancia que se va acrecentando.

El libro logoico

de La Vida    Séptimo Plano         Compuesto de cuarenta y nueve capítulos.

La totalidad de la forma revelada. Durante la evolución debe manifestar su propósito y naturaleza. Un tercer grupo de devas aparece desde el centro laríngeo logoico y colabora con sus herma­nos. Los fuegos arden, los centros están activos y cada uno de los cuarenta y nueve pétalos, en el cuarto plano de budi, produce una actividad refleja en el plano físico denso.

El hombre realiza un trabajo similar cuando está abocado a la creación, cualquiera sea, y al proceso de producir formas en la tierra, las cuales personifican una idea. Aquí la analogía es perfecta.

En conexión con esos seres humanos que nada crean, pero que son impulsados a la actividad por la urgencia de las circunstancias -constituyendo el grueso de la raza humana-, debe señalarse que forman parte de la actividad creadora de alguna entidad mayor y más avanzada. A medida que prosigue la evolución autoconsciente habrá cada vez más miembros de la familia humana que se conver­tirán en creadores y trabajadores inteligentes en lo que atañe a la sustancia dévica. Por lo tanto, en las etapas iniciales, al diso­ciarse de la actitud pasiva, surgirá una rebelión contra la ley y el orden, una negativa de ser gobernado y una evidente capacidad de seguir un concepto individual a expensas del grupo, grande o pe­queño. La evolución y la experiencia pondrán remedio a este de­fecto aparente y, a medida que la conciencia responde más activa­mente a las vibraciones superiores, el hombre se hará consciente del propósito y del plan de la Inteligencia que dirige al grupo.  Despertará a la belleza de ese plan y empezará a subordinar sus pro­pios intereses en bien de la mayoría y a colaborar inteligentemente. El poder creador, que antes había sido de naturaleza separatista, será ofrecido como sacrificio voluntario a la energía superior y sus pequeños planes e ideas se fusionarán con los más grandes. Sin em­bargo no será una unidad pasiva, llevada de un lado a otro por la energía de su grupo, sino que se convertirá en una fuerza positiva, activa y potente, autoinmolada por el reconocimiento inteligente de un plan superior. Comprenderá que existen fuerzas  vivientes en la naturaleza y que a medida que la energía superior vibra a tra­vés de él, se despiertan sus propios poderes latentes. Ve y conoce a las fuerzas dévicas, y por lo tanto puede trabajar inteligentemente con ellas. Controlará y manipulará a unas, colaborará con otras y obedecerá aun a otras.

Verdadero mago es quien comprende los hechos relativos a la sustancia dévica, al poder del sonido, a la ley de la vibración y a la capacidad de producir formas de acuerdo a la ley. Aquí reside una de las diferencias existentes entre el mago de la Buena Ley y el del Sendero de la Izquierda. Un mago blanco puede controlar y manipular la sustancia dévica, y lo hace colaborando inteligente­mente con los constructores mayores. Dada la pureza, la santidad de su vida y el grado elevado de su propia vibración, puede entrar en contacto con cualquier tipo de deva. El mago de las sombras controla y manipula la sustancia dévica, en los planos astral y físico y en los niveles inferiores del plano mental, por la fuerza de sus vibraciones y conocimiento, pero no colabora con los constructores dirigentes. No puede entrar en contacto con ellos porque, debido al egoísmo, su naturaleza es impura, siendo su vibración demasiado baja; por lo tanto, su poder es limitado y destructivo, sin embargo inmenso dentro de ciertas restricciones.

Los devas del doble etérico se dividen en dos grupos. Los cons­tructores menores, que son dirigidos por los constructores mayores, forman el doble etérico de todo lo visible y tangible en el plano físico denso. Son legión y omnipresentes; reúnen y construyen el material necesario para formar el doble etérico de todas las cosas y lo hacen regidos por ciertas leyes, trabajando con ciertas restric­ciones. Se los denomina en la fraseología ocultista “los devas que escuchan”, pues recogen esa nota y tono particular emitido por los que transmiten  el sonido del plano físico, el cual es necesario para reunir la sustancia de cualquier forma material que se intenta realizar. También se dice que poseen “oídos, pero no ven”. Traba­jan en estrecha colaboración con los elementales del cuerpo físico denso. Éste constituye el segundo grupo y se los denomina “ele­mentales que viven”, pues existen en materia de los tres subplanos inferiores, pudiendo ver en el plano objetivo en sentido esotérico lo cual implica que existe siempre una analogía entre vista y conocimiento. Los “constructores que escuchan” reúnen el material; los “elementales que ven” toman este material y erigen con éste cual­quier forma específica. Existen en muchos grupos de acuerdo a su grado de evolución y algunos de ellos pueden ser clasificados de la manera siguiente:

1. Los constructores del vehículo humano.

Constituye el grupo superior más altamente especializado de los constructores menores, del cual nos ocuparemos detalladamente más adelante.

2. Los constructores de las formas en las dos divisiones de los tres reinos de la naturaleza.

Primero. Los constructores del reino minera. Trabajadores que esotéricamente se denominan “los alquimistas elementales”. Pertenecen a muchos grupos vinculados a los diferentes elementos, como metales, productos químicos y minerales, y con las denomi­nadas sustancias activas y radiactivas. Custodian dos secretos, el de la metalización de la Mónada y el de la transmutación de metales.

            Segundo. Los constructores del reino vegetal. Constituyen muchos grupos y se los denomina “los alquimistas de la superficie” y “las unidades puente”. Construyen el doble etérico de toda forma de vida vegetal, y así como los “alquimistas” del reino mineral se ocupan mayormente con la acción del fuego, estos trabajadores alquímicos se ocupan de la acción líquida de la manifestación di­vina. Por consiguiente, trabajan en colaboración con los devas de las aguas o de la sustancia líquida, mientras que el grupo ya men­cionado lo hace con los devas gaseosos. Aquí sólo se da un indicio, no es posible ampliarlo detalladamente debido al peligro que im­plica el conocimiento que con ello se adquirirá. Ocultan tres secretos; uno está relacionado con el sistema solar anterior o el sistema solar color verde; otro trata de las leyes para tender puentes o de la interacción entre los reinos de la naturaleza, y el tercero está relacionado con la historia de la segunda ronda; cuando este secreto sea revelado le aclarará al hombre la razón por la cual (de acuerdo a la ley) él debería ser vegetariano y no carnívoro. Los científicos ya están descubriendo ciertas cosas vinculadas al segundo secreto y podrán obtener indicios sobre el primero, a medida que amplían su conocimiento respecto al significado del color. Sobre el tercer secreto no se dará mayores detalles hasta que la sexta raza llegue a vivir en la tierra.

Tercero. Los constructores de todas las formas etéricas animales. Constituyen un grupo estrechamente aliado a los que cons­truyen la forma humana. Vinieron en tropel desde un depósito de energía mantenido en estado pasivo, hasta que la condición física de cualquier esquema particular justifique su entrada en actividad. Con ello vino también lo que ha causado la penosa situación actual, pues gran parte del temor, odio y destrucción que impera entra los animales se debe (como lo expresa H. P. B.) a que los “dioses im­perfectos” construyeron sus cuerpos y llevaron a cabo su evolución empleando materia imperfecta manipulada en forma inexperta. El secreto del temor se halla oculto en el cuerpo etérico y en el tipo particular de sustancia con el cual puede estar construido.

3. Los constructores de la trama etérica planetaria.

Su trabajo es poco conocido y consiste en:

a. La materialización de la trama. Sólo es perfeccionada en la cuarta ronda, siendo intencionadamente acelerada en co­nexión con nuestro planeta debido a las condiciones kár­micas y de acuerdo a la ley de necesidad espiritual. Su analogía puede observarse en el hombre mismo. La trama etérica del hombre estaba inconsistentemente coordinada al principio de la cuarta raza raíz. La necesidad espiritual forzó su rápida consolidación y ahora está constituida de tal manera que forma una barrera entre el plano físico y el astral.

b. La conservación de la trama planetaria. Continuará hasta la sexta ronda. Durante este período la evolución espiri­tual proseguirá con cierta medida de seguridad planetaria, pues la trama resguarda de determinadas influencias sola­res y actúa ampliamente como tamizadora y distribuidora de fuerzas solares.

c. La destrucción de la trama. Tendrá lugar a fines de la evolución planetaria, permitiendo que la vida planetaria aprisionada se evada y el sintetizador absorba la esencia de la vida. El proceso de destrucción puede ser sólo des­crito por las palabras perforación y desintegración.

4. Los constructores del cuerpo etérico de la Entidad pla­netaria.

Esta gran vida involutiva debe permanecer siendo un misterio durante muchos eones. Su cuerpo etérico está ahora en proceso de construcción y sólo en otro sistema solar asumirá forma física definida. No ha sido generada todavía suficiente energía como para permitir su manifestación objetiva, pues Ella sigue siendo aún sub­jetiva. También tiene su analogía solar.

5. Los constructores del cuerpo planetario.

Esto prosigue bajo la misma ley del sistema solar y del hom­bre, pero, análogamente como en el sistema solar, se lleva a cabo en los planos superiores. Se recomienda a los estudiantes estable­cer, especialmente a este respecto, la relación entre los planos solar y cósmico.

6. El doble etérico de todo lo que crea el hombre.

Grupo especial de constructores etéricos que, regidos por el kar­ma, están forzados a actuar conjuntamente con los seres humanos.

Constituyen algunos de los muchos grupos que es posible con­siderar; es inútil explayarse más, pues no se obtendrá un beneficio sustancial impartiendo mayor información. Sólo pueden darse muy escuetas indicaciones y hacerse breves dilucidaciones. No es seguro ni aconsejable impartir al hombre conocimiento sobre los trabajadores que emplean materia etérica, pues le permitiría entrar en contacto con ellos; tampoco es aconsejable por ahora unir coheren­temente los hechos diseminados que se han expuesto en distintos libros ocultistas. La ciencia se halla al borde del descubrimiento y ya esta invadiendo el dominio de los devas constructores. Es ne­cesaria mucha precaución. Sin embargo, si se estudian las indica­ciones dadas, si se medita sobre los diversos secretos de los cons­tructores y sobre el aspecto esotérico de la Masonería, cuidadosa y persistentemente, el trabajo del Gran Arquitecto y Sus muchos auxiliares se verá con mayor claridad y plenitud. Podría dar aquí una sugerencia, sin olvidar que el trabajo es dual:

La construcción del tabernáculo o de las formas temporarias, constituye el trabajo del divino Carpintero, mientras que la cons­trucción del Templo de Salomón o de la estructura más perma­nente constituye el trabajo del Arquitecto supervisor. Uno se refiere a la Masonería activa, el otro a la Masonería especulativa, en el verdadero significado esotérico de la palabra.

 Debemos considerar también a los devas que forman con su propia sustancia el doble etérico de todos los objetos. Dichos cons­tructores constituyen la suma total de toda la sustancia del plano físico y la materia de los niveles etéricos del plano físico. Por lo tanto, forman cuatro grupos, cada uno de los cuales tiene una cu­riosa relación kármica con alguno de los cuatro reinos de la na­turaleza:

            Grupo            Plano             Reino
           
Primero         Uno                Humano
            Segundo        Dos                 Animal
            Tercero          Tres                Vegetal
            Cuarto           Cuatro           Mineral

La sustancia de la forma física superior de un ser humano es atómica. El cuerpo físico de un Maestro está construido con ma­teria atómica y, cuando desea materializarlo en el plano físico den­so, construye una envoltura de sustancia gaseosa sobre la materia atómica, detallando perfectamente los rasgos físicos conocidos. La sustancia más superior de la forma del cuerpo animal es la del segundo éter; aquí tenemos una clave respecto a la relación que existe entre todas las formas marinas y acuáticas con las del ani­mal. La forma más elevada que puede adoptar el cuerpo de la vida vegetal es la del tercer éter. Estos hechos serán comprobados en la séptima ronda cuando los tres reinos de la naturaleza actuales -humano, animal y vegetal- sólo existan objetivamente en mate­ria etérica y sea para ellos la manifestación más densa. El reino mineral llegará a su manifestación superior en la materia del cuar­to éter, teniendo lugar desde ya dichas transmutaciones pues todas las sustancias radiactivas que actualmente se están descubriendo se convierten en materia del cuarto éter. El reino mineral está acercándose relativamente a su posible perfección manvantárica y, cuando llegue la séptima ronda, todas las vidas minerales (no las formas) habrán sido transferidas a otro planeta. Esto no suce­derá con los otros tres reinos.

La actuación sobre la sustancia dévica etérica se efectúa de dos maneras:

Despertándola por la palabra a una actividad específica en el plano físico y construyéndola en formas, los constructores menores. En consecuencia será evidente que se halla regida por la influencia de dos tipos de fuerza o energía.

Consideraremos ahora brevemente el tema relacionado con el trabajo de los devas que construyen el cuerpo etérico y físico den­so del hombre. Dividiendo nuestros pensamientos en dos partes podríamos abarcar el terreno más fácilmente, ocupándonos prime­ramente de los devas constructores y del microcosmos y luego de los devas menores en los niveles etéricos.

d. Los elementales y el microcosmos.

El hombre y los devas constructores. Durante el proceso evo­lutivo y a medida que sigue el método de reencarnación, el hombre trabaja con cuatro tipos de constructores y tres grados superiores de esencia constructiva o sustancia dévica.

Se vincula con los devas transmisores relacionados con el micro­cosmos del cuarto subplano del plano mental y con el subplano atómico de los planos astral y físico. Luego lo hace con los devas que se ocupan de

1.       La unidad mental,

2.      el átomo astral permanente,

3.      el átomo físico permanente,

colaborando con el trabajo de los devas constructores que forman el cuerpo etérico e influencian a los devas constructores de la sus­tancia física densa, de manera que el vehículo físico necesario para su manifestación objetiva se convierte en realidad.

Éstos son los cuatro grupos principales de devas influenciados por cualquier Ego particular. Unidos producen al hombre inferior y traen a la manifestación a la Personalidad, reflejo del Ego y sombra de la Mónada. Las tres graduaciones de la esencia con la cual se construyen las formas, por medio de la actividad de los cuatro grupos mencionados, pueden reconocerse como sustancia mental erigida en un cuerpo mental, y sustancia astral empleada en la construcción del vehículo astral y de la materia del cuerpo físico. Estos siete grupos forman, en su totalidad, aquello que po­dríamos denominar el aspecto Brahma del microcosmos.

Desde otro punto de vista podríamos estudiar la acción que ejerce el Ángel o Señor solar, sobre los ángeles lunares, y el pro­ceso por medio del cual éste impone cierto ritmo y vibración sobre los diferentes aspectos de la manifestación inferior. Esotéricamente, todo esto se halla oculto en las palabras de un escrito antiguo, que dice:

“A medida que la luna gira, refleja. A medida que refleja, pro­duce respuesta en aquello que ha dejado de irradiar. Los tres, el Sol, la Luna y la Madre producen aquello que recorre un minúsculo ciclo y se quema.”

El primer paso que da el Ego en la producción de una “som­bra” se halla expresado en las palabras “el Ego entona su nota”, emite su voz y (como en el proceso logoico) la “Hueste de la Voz” responde inmediatamente. De acuerdo al tono y a la cualidad de la voz, así será la naturaleza de los agentes que responden. De acuerdo a la profundidad o altura de la nota y a su volumen, así será la categoría o el grado del deva constructor que responde al llamado. Esta nota egoica produce, por lo tanto, ciertos efectos:

Impulsa a la actividad a devas que proceden a transmitir el sonido. Pronuncian una palabra.

Ésta llega hasta los “devas que escuchan” de segundo grado, la reciben y la amplían en lo que podría denominarse frase mán­trica. El proceso de construcción empieza definitivamente en una forma triple y consecutiva. El cuerpo mental empieza a coordi­narse en tres etapas. Las etapas de construcción se superponen. Por ejemplo, cuando la coordinación del cuerpo mental está en su se­gunda etapa comienza la primera etapa de concreción astral. Esto es realizado durante siete etapas (tres principales y cuatro secundarias) que se superponen de manera complicada. Cuando se al­canza la segunda etapa, se produce una vibración que despierta respuesta en la materia etérica del plano físico, y los constructo­res del doble etérico inician su actividad. Nuevamente se repite el proceso. Cuando se origina la segunda etapa del trabajo de estos devas etéricos tiene lugar la concepción en el plano físico. Éste es un punto muy importante que se ha de recordar, pues pone a todo el proceso del nacimiento humano definidamente en línea con la ley kármica establecida. Demuestra la estrecha relación entre lo subjetivo y lo tangible y visible. La construcción del cuerpo físico prosigue igual a la de las tres etapas durante el período prenatal:

a.      El trabajo realizado por los devas constructores durante los tres meses y medio anteriores a la iniciación de la vida. Durante este período se lleva a cabo la tercer etapa de la construcción del cuerpo etérico.

b.      El trabajo de construcción de los tres meses y medio que siguen al periodo de gestación.

 

c.      El proceso final de concreción realizado durante los dos meses restantes.

Los estudiantes hallarán interesante establecer la analogía entre este método y el de producir la manifestación evolutiva en un esquema planetario con sus rondas y razas y en un sistema solar con sus manvantaras y ciclos mayores.

Resumiendo este delineamiento sucinto, diré que el trabajo de los devas etéricos no cesa con el nacimiento del hombre, sino que continúa durante tres etapas, que tienen una estrecha analogía con el período de vida de un sistema solar.

 Primero, su trabajo es dedicado a acrecentar constantemente el vehículo físico humano a fin de que pueda seguir con exactitud las líneas de crecimiento de los dos cuerpos más sutiles. Esto con­tinúa hasta la madurez. La etapa siguiente es aquella en la cual su trabajo consiste mayormente en la tarea de reparación y conservación del cuerpo durante los años de máxima virilidad, para que pueda estar a la altura del propósito de la vida subjetiva. Tal propósito varía lógicamente de acuerdo al grado de desarrollo del hombre. Finalmente, llega a la etapa en que cesa el trabajo de construcción. La vitalidad del cuerpo etérico disminuye tenuemen­te, comenzando el proceso de destrucción. El Ego empieza a retraer sus fuerzas. El “sonido” se hace débil y confuso y su volumen es tan bajo que los transmisores apenas pueden recibirlo y transmitirlo; la vibración inicial es cada vez más débil y tenue. Llega el período de oscuración primero el cuerpo físico se va debilitando e inutilizando; luego el Ego se retira de los centros y funciona durante  algunas horas en el doble etérico. A su vez éste se desvitaliza y continúa así el proceso hasta que una por una las envolturas son descartadas y la “sombra” egoica disipada.

El trabajo de los devas constructores:

Consideraremos ahora el trabajo de los devas constructores en los tres planos, y los dividiremos en dos grupos:

a.      Aquellos que están conectados con los átomos permanentes.

b.      Aquellos que son responsables del proceso de construcción.

Los devas de los átomos permanentes. Este grupo particular de devas es el conjunto de vidas que forman la unidad mental y los dos átomos permanentes. Como sabemos, tienen su lugar dentro de la periferia causal, siendo puntos focales de energía egoica. Consti­tuyen verdaderamente el tipo más elevado de devas constructores, formando un grupo de vidas estrechamente vinculados con los Angeles solares. Existen siete grupos relacionados con tres de las espirillas del átomo físico permanente logoico. Dichas espirillas son, para estos siete grupos de vidas, lo que los siete rayos mayores para los siete grupos de rayos en los subplanos egoicos del plano mental. Es necesario que se medite sobre esta frase, porque puede proporcionar mucha información al pensador intuitivo, hay una analogía entre las tres tríadas atómicas permanentes y la aparición del hombre en la tercera raza raíz. Una secuencia curiosamente interesante de las tres líneas de fuerza puede observarse en:

a.      Las tríadas del alma grupal involutiva.

b.      La aparición de la triple naturaleza del hombre en la ter­cera raza raíz.

c.      Las tríadas de los cuerpos causales de cualquier unidad autoconsciente.

Estos devas constructores reciben el sonido, emitido por el Ego, por intermedio de ciertas agencias dévicas transmisoras, y me­diante la vibración que esto ocasiona impulsa a la actividad a la esencia dévica que circunda

a.      al grupo que construye la forma y

b.      al grupo con el cual se construye la forma.

Afectan únicamente a los que poseen vibración análoga. Las etapas para construir cualquiera de las cuatro formas por medio de las cuales funciona el hombre inferior (el cuaternario), son exactamente las mismas que se emplean en la construcción del cuerpo físico denso, por ejemplo, de un planeta o de un sistema solar. Esto puede ser constatado en todo el proceso, desde las etapas confusas y caóticas a través de lo ígneo a lo sólido, o a lo relativa­mente sólido, si se trata de un cuerpo sutil. No es necesario exten­dernos más sobre esto. H. P. B. ha delineado en La Doctrina Se­creta, ([99]) estas etapas ya dilucidadas en el presente tratado.

Nos hemos ocupado ya con cierta amplitud del trabajo de los devas transmisores, en los tres planos de los tres mundos, y de los devas relacionados con aquellos puntos focales relativamente per­manentes -los átomos permanentes dentro de la periferia causal. Podemos considerar ahora al grupo de constructores que, respon­diendo a la nota de los agentes transmisores y a la vibración inicial del segundo grupo de constructores relacionados con el triple yo inferior, inician el trabajo de reunir y moldear la sustancia viviente necesaria para la manifestación egoica en los planos inferiores.

Hemos visto que las tres primeras etapas del trabajo egoico son:

1.       La emisión de la nota apropiada que indica el lugar del hombre en la evolución y la naturaleza de su “siquis” o Ego.

2.      La transmisión de dicha nota por el Angel solar y los tres grupos de devas vinculados con los tres átomos perma­nentes.

3.      La vibración iniciada, de acuerdo a la nota emitida dentro de estos átomos, llega a ser tan poderosa que se hace sentir en la sustancia dévica circundante, evocando así respuesta.

Estas tres etapas podrían considerarse primarias, demostrando (en relación con el microcosmos) los tres factores, sonido, color y vibración que, de acuerdo a la Ley de Analogía, reflejan los tres aspectos del macrocosmos. Tenemos aquí algo semejante al trabajo que realizan los tres primeros Sephiroth de la Kabala -primitiva etapa de la manifestación que tiene su débil reflejo en el trabajo realizado por el Ego en los tres mundos.

Entonces tiene lugar la segunda etapa en la cual prosigue el trabajo de construcción, hasta que el microcosmos, el hombre, hace su aparición en el plano físico. Le sigue la tercera etapa de evolu­ción en la cual la naturaleza síquica del hombre ha de expresarse por medio de las formas creadas. Entonces los dos grupos siguientes de Sephiroth se reproducen en el hombre. Desde otro ángulo el hombre se manifiesta como nónuple, pero en esta parte del tratado nos ocupamos solamente de los constructores de la forma.

Estos grupos de constructores son cuatro, los del

1.       cuerpo mental,

2.      cuerpo astral,

3.      cuerpo etérico,

4.      cuerpo físico denso.

Cada uno de ellos puede ser subdividido en siete, en cuatro o en tres, según el plano implicado. Los estudiantes deben recordar que la materia de los dos subplanos más inferiores de los planos físico y astral nunca se construyen en el cuerpo humano tal como está actualmente constituido, porque la vibración es demasiado baja y burda, incluyendo al tipo de hombre más inferior que existe actualmente en la tierra. Debe señalarse también que en el hom­bre medio la materia de algún subplano predominará de acuerdo a la profundidad de su naturaleza y al lugar que ocupa en la escala evolutiva. Los “constructores” del cuerpo humano trabajan dirigi­dos por uno de los Señores del Karma del grupo más inferior. Dichos Señores forman tres grupos y el Señor del tercer grupo supervisa el trabajo de los que construyen al ser humano en los tres planos. Rige a ciertos agentes kármicos, que también se divi­den en los siguientes grupos:

1.       Tres agentes kármicos que responden por el trabajo de los Señores kármicos, realizado en los tres pianos.

2.      Cinco Señores kármicos que trabajan en estrecha relación con los Manu de las diferentes razas, responsables de la correcta construcción de los diferentes tipos de raza.

3.      Agentes kármicos responsables de los tipos de la subraza actual.

4.      Ciertos agentes intermediarios Que representan (dentro de estos tres grupos) a los siete tipos de Rayo.

5.      Los agentes de la Buena Ley que están específicamente relacionados con el trabajo de los centros etéricos y su res­puesta a los diferentes centros planetarios.

6.      Los custodios de los registros.

Estas diversas inteligencias manejan las fuerzas constructoras por medio de corrientes de energía que son puestas en movimiento cuando el Ego emite su nota. Debe recordarse que, en mayor o me­nor grado y en su propio plano, el Ego conoce su karma y también lo que se ha de realizar para fomentar el progreso durante la en­carnación venidera. Por lo tanto, trabaja vinculado con dichos Se­ñores, pero únicamente está en contacto directo con un agente del sexto y del cuarto grupos. Por intermedio de ambos el trabajo con­tinúa en lo que atañe individualmente al Ego, poniendo en movi­miento para él (después que ha emitido su nota) la maquinaria de la Ley.

Los que construyen la personalidad humana también se divi­den en siete grupos principales; los demás, así como en el caso de las Mónadas humanas, pertenecen a uno de los siete Rayos y res­ponden a una de las siete corrientes logoicas de energía ígnea. De acuerdo al tipo de Rayo egoico del hombre así será el tipo de sus­tancia dévica influenciada.

Dichos constructores trabajan con ciertos elementales, pero sólo en el plano físico puede impartirse algo respecto a su natura­leza y trabajo. Estos elementales son pequeñas entidades que se adhieren al plan tal como lo desarrollan los constructores, cons­truyendo ciegamente la estructura del cuerpo y formando las envolturas mediante las cuales el Ego se ha de expresar. En los planos etéricos, construyen la verdadera “forma” con sustancia etérica y producen la envoltura de complicadas líneas de hilos ígneos entre­lazados, siendo en  realidad una extensión del sutratma o hilo de vida. Cuando está tejido y entrelazado se vitaliza con la energía de la vida enviada por el Ego, así como Shiva, el Padre, da al Hijo la verdadera “bios” o vida, mientras que la Madre calienta, cons­truye y nutre el cuerpo. El trabajo de los elementales etéricos llega a su primera consumación cuando el sutratma se conecta con los tres centros de naturaleza física dentro del cráneo -la glándula pineal, el cuerpo pituitario y el centro alta mayor. Esotéricamente, la conexión más importante se establece cuando el sutratma pe­netra en el centro que se halla en la cima de la cabeza; a través del mismo la vida del cuerpo etérico se retira en el momento de la muerte. Éste es el punto vital. Allí, el “hilo” de vida, una vez cum­plidos los siete años de vida, se divide en tres ramas, que se extien­den hacia los tres centros. La comprensión de este hecho oportuna­mente proporcionará cosas de gran interés para el científico. Gran parte de la imbecilidad, o del desarrollo retardado, tiene su origen en la conexión etérica con estos tres centros. La trama etérica es literalmente la fina red de hilos de fuego que se extiende sobre el centro y cubre una zona de dimensiones muy amplias. Separa los cuerpos astral y físico. Una zona similar existe en el sistema solar. Por su intermedio las fuerzas cósmicas deben pasar a los diferentes esquemas planetarios.

Los grupos elementales del piano físico denso, puestos en acti­vidad por los constructores, son tres:

a.      Los elementales gaseosos.

b.      Los elementales líquidos.

c.      Los elementales estrictamente densos.

Un grupo se ocupa de los canales ígneos, de los fuegos del cuerpo humano y de los diferentes gases que se encuentran dentro de la periferie humana. Otro grupo  trabaja con el sistema circula­torio y con todos los líquidos -líquidos y humores del cuerpo; mientras que el tercero está ampliamente involucrado en la construcción de la estructura, por medio de la correcta distribución de los mine­rales y de los productos químicos. Aquí hay algo vinculado a la medicina; esotéricamente es verdad que así como los devas y los elementales líquidos están estrechamente relacionados con el reino vegetal y ambos con el plano de las emociones, el cuerpo líquido logoico, así las enfermedades de los seres humanos que afectan el sistema circulatorio, los riñones, la vejiga y la lubricación de las coyunturas, serán curadas por los constituyentes vegetales y, sobre todo, mediante el correcto equilibrio de la naturaleza emocional.

Muchas otras influencias, además de las ya mencionadas, de­ben ser consideradas cuando se dilucide el tema del trabajo que realizan los constructores del cuerpo del hombre. No sólo son afec­tados por

a.      la nota de un hombre,

b.      el color proporcionado por los agentes transmisores,

c.      los agentes kármicos, sino que están regidos por

d.     el karma y la vibración grupales que harán intervenir a otro grupo de agentes y constructores, afectando así a los cuerpos de un hombre,

 

e.      el karma racial, extensión del anterior,

f.       las fuerzas que actúan sobre el planeta desde otro esque­ma o por medio de la formación de un triángulo del sistema,

g.      un triángulo cósmico de fuerza de un tipo específico que puede atraer entidades y energías de cualquier esquema particular, incidiendo sobre el karma del Logos planetario.

Por lo tanto será evidente para el estudiante que el tema es complejo y que verdaderamente el hombre es el resultado de algún tipo de fuerza -principalmente egoica, pero también planetaria y hasta del sistema. Sin embargo, nunca se lleva a un hombre a en­frentar circunstancias insuperables cuando ha alcanzado el punto donde inteligentemente se pone en línea con la evolución o Dios. Quizás previamente sea impulsado a ello, y lo será, por la fuerza de las circunstancias; la presión del karma grupal y racial lo impelerá a situaciones necesarias para activar el proceso de despertarlo y comprender sus propias posibilidades innatas. Una vez que se hace constructor consciente y trata de controlar a las fuerzas y a los constructores de su propia naturaleza inferior, y de construir el Templo de Salomón, ya no está sujeto a condiciones anterio­res. Se transforma en regidor, constructor y transmisor, hasta que oportunamente se convierte en uno con los Angeles solares y ha cumplido el trabajo de la evolución humana.

Lo dicho es muy superficial, habiéndose expuesto solamente lo que tiene un profundo significado para el hombre en la actuali­dad. Muchas cosas se han de deducir y se llegará a conclusiones de acuerdo a la Ley de Analogías. También debe tenerse siempre pre­sente que nuestro concepto básico lo constituye la energía ígnea de los centros de fuerza puestos en movimiento y mantenidos en vibración activa por la palpitación de centros aún mayores. Toda forma está construida de átomos ígneos o vidas energéticas, por medio de vidas mayores, las cuales son mantenidas en coherencia dentro de envolturas todavía mayores -las envolturas mayores son para las menores lo que el macrocosmos es para el microcosmos. Estos grupos de vidas constructoras pueden ser divididos en tres grupos de unidades de energía y su naturaleza deducirse por las frases:

1.       Vidas animadas por energía dinámica.

2.      Vidas animadas por energía irradiante.

3.      Vidas animadas por energía atómica.

Éstas constituyen también la suma total de los tres fuegos, fuego eléctrico, fuego solar y fuego por fricción. En términos del plano físico cósmico, la analogía con el plano del sistema puede verse en la clasificación siguiente:

1. Energía dinámica            fuego eléctrico         subplano atómico.

Primera sustancia etérica.

Plano de adi.

2. Energía irradiante .        fuego solar                tres niveles etérico cósmi­cos.

Cuerpo etérico logoico.

3. Energía atómica              fuego por fricción    tres planos de los tres mun­dos.

Vehículo denso logoico.

Como se verá cada plano refleja en forma interesante este mismo orden.

III. EL HOMBRE COMO CREADOR QUE CREA CON MATERIA MENTAL

1. Creación de Formas Mentales.

El tema que vamos a tratar ahora no lo dilucidaremos explíci­tamente debido a los peligros que acarrea. Durante el proceso crea­dor el hombre maneja cierto tipo de fenómenos eléctricos y tiene que ver con aquello que vitalmente es afectado por cada pensa­miento que emana de él y con esas vidas menores que (en con­junto) constituyen, desde cierto ángulo, una fuente de verdadero peligro para el mismo. Concretaremos lo que debe decirse en cier­tas afirmaciones.

a. Gran parte de la angustia que actualmente se observa en el mundo puede ser atribuida directamente a la incorrecta mani­pulación de la materia mental por el hombre, a los erróneos con­ceptos vertidos respecto a la naturaleza de la materia, y a las peligrosas condiciones producidas por el conjunto de tentativas creadoras que los seres humanos han realizado en el transcurso de los siglos.

Erróneas interpretaciones han surgido respecto a la finalidad de los fluidos vitales del universo; esto, como también ciertas dis­torsiones de la luz astral, ha aumentado la angustia, produciendo un espejismo subsidiario o secundario, luz reflejada que intensifica el maya ya creado. Este reflejo secundario lo ha producido el hom­bre en su evolucionado intento de equilibrar los pares de opuestos, provocando una condición que tiene que ser superada antes de iniciar el verdadero equilibrio oculto. Podría considerarse como la suma total de esa gran manifestación (creada sólo por el hombre) denominada “El Morador del Umbral”.

Uno de los mayores obstáculos en el sendero de Retorno, del cual el hombre es definidamente responsable, dentro de los límites esotéricos, lo constituyen esas formas animadas que ha venido creando permanentemente desde mediados de la raza raíz atlante, cuando el factor mente comenzó con lentitud a asumir mayor importancia. El egoísmo, los móviles sórdidos, la rápida respuesta a los impulsos del mal, que han caracterizado a la raza humana, acarrearon un estado de cosas que no tiene parangón en el sistema. Se cierne sobre toda la familia humana una forma mental gigan­tesca, construida durante épocas por los hombres de todas partes, energetizada por los deseos insanos y las inclinaciones malignas de la peor naturaleza humana, vivificada por las inclinaciones de sus deseos inferiores. Esta forma mental debe ser desintegrada y disi­pada por el hombre al finalizar esta ronda, antes de que termine el ciclo, y su disipación constituirá una de las fuerzas que tenderán a producir el pralaya interplanetario. Ésta es la torpe creación, si puede denominarse así, que los Grandes Seres se ocupan de des­truir. De acuerdo a la Ley del Karma tiene que ser disipada por quienes la han creado; por lo tanto, los Maestros llevan a cabo Su trabajo en forma indirecta, tratando de iluminar gradualmente a los hijos de los hombres a fin de que puedan ver con claridad a este “Morador del Umbral” de la nueva vida y al antagonista que se encuentra entre el cuarto y el quinto reino de la naturaleza. Cada hijo del hombre que entra en el Sendero de Probación faci­lita Su tarea, pues significa que una pequeña corriente de energía vital va dirigida hacia nuevos canales, cortándose de la antigua corriente que tiende a vitalizar y nutrir la forma del mal; de esta manera otro agresor consciente puede ser entrenado para colaborar en la tarea de destrucción. Cada vez que un iniciado es admitido en los grados de la Logia, significa que un nuevo y poderoso agente está dispuesto a hacer descender fuerza desde los niveles superiores para ayudar en la tarea de desintegración. Cuando se comprendan estos dos métodos de trabajo agresivo (el del aspirante y el del iniciado) el cuidadoso estudiante de analogía obtendrá muchas co­sas de vital interés. Aquí reside la clave del actual problema del mal y del poderoso aferramiento que el aspecto materia tiene sobre lo espiritual. Esta gigantesca forma mental, producto de la igno­rancia y el egoísmo del hombre, se mantiene viva y vitalizada de tres maneras:

Primero, mediante la acumulación de malos deseos, perversas intenciones y propósitos egoístas individuales. Todo mal pensamiento involucrado en la palabra y manifestado como acción en el piano físico, contribuye a expandir las propor­ciones de esta entidad maléfica.

Segundo, por la protección de los hermanos de la sombra y esos representantes de lo que podría denominarse “mal cósmico”, los que (debido al karma de la familia humana o cuarto reino, en esta cuarta ronda) asumiendo enormes responsabilidades, hacen posible la vitalización secundaria de la forma mental y producen condiciones tan horrendas que, de acuerdo a la ley, provocan la rápida cristalización, trayendo como consecuencia la destrucción final. El es­tudiante haría bien en ampliar su concepto respecto al propósito del mal y al lugar que dichas fuerzas ocupan en el esquema general.

Tercero, mediante las energías existentes y la vibración que todavía se siente, fuerza de un sistema solar anterior que persiste, y la emanación de aquello que en este sistema solar no se considera ya como un principio.

Éstos son los tres factores principales que los Grandes Seres han de considerar en Su trabajo cuando ayudan al hombre a desligarse de la influencia de esta forma autoimpuesta, a destruir aquello que ellos mismos han construido y a liberarse de la ilusión proyectada por el persistente vampiro que han nutrido y fortale­cido durante milenios.

Esta tarea de destrucción es llevada a cabo por los Grandes Seres, de cuatro maneras:

1.       Por la fuerza de sus pensamientos y meditaciones conjuntas.

2.      Por el trabajo de la Jerarquía, al entrar y enseñar a individuos, que se desprenden en esta forma de la ciega actividad grupal, y se convierten en centros conscientes de fuerzas y colaboradores en la tarea de destrucción. Este trabajo debe ser efectuado en los niveles mentales. De allí que se entrene a los discípulos a meditar y a trabajar con materia mental.

3.      Por el empleo de ciertos mántram y palabras que introdu­cen fuerza interplanetaria de cuarto orden. Dicha fuerza se dirige luego hacia la creación distorsionada efectuada por la cuarta Jerar­quía creadora (el cuarto reino o humano) tendiendo a aumentar el trabajo de destrucción. Gran parte de esta tarea es llevada a cabo por los Nirmanakayas.

4.      Por el estímulo del cuerpo egoico de los hombres, de tal manera que los Angeles solares puedan llevar adelante con mayor precisión y fuerza el conflicto con los dioses lunares. Ésta es la verdadera guerra en los cielos. A medida que los Dioses solares ([100]) descienden al plano físico, asumen un paulatino y creciente control de las naturalezas lunares, y en consecuencia se purifican y refi­nan los pensamientos y deseos de los hombres. Los fuegos solares desplazan a la luz lunar, y la naturaleza inferior es finalmente purificada y transmutada. Con el tiempo los Ángeles solares brilla­rán en toda su gloria, en el plano físico, por medio de la naturaleza inferior, la cual proporciona el combustible para las llamas. El detestable “Morador del Umbral” muere así gradualmente por falta de sustento, desintegrándose por ausencia de vitalidad, y el hombre queda libre.

b. En la actualidad, gran parte de la manipulación de la ma­teria mental destinada a construir formas de cualquier tipo, se efectúa en los niveles inferiores, dando por resultado el poderoso deseo basado en la atracción física. El cuerpo de deseos, de la ma­yoría de los hombres, no el cuerpo mental, es el más poderoso, e impone una vibración tan fuerte (debido a la fuerza grupal de los señores lunares) que el tercer grupo de entidades lunares que construye el cuerpo mental es impelido a responder voluntaria­mente, quedando la triple naturaleza inferior inmediatamente com­prometida en el horrible proceso de alimentar al temible “Mora­dor”. La energía sigue la línea de menor resistencia. Como ya sabemos, una de las primeras tareas del Ego es imponer un nuevo ritmo a su sombra y reflejo, el hombre inferior, y esta imposición, a su vez, desvía la energía de la distorsionada creación del hombre, poniendo su vibración a tono con la de su Angel solar.

A los devas, la suma total de energía de la sustancia misma, no les interesa el tipo de forma que construyen. Responden irres­ponsablemente a las corrientes de energía, y no se ocupan de su procedencia. Por lo tanto, el lugar que le corresponde al hombre en el plan cósmico se hace más vital y evidente cuando se com­prenda que una de sus principales responsabilidades es dirigir las corrientes de energía desde el plano mental y crear lo que se desea en niveles superiores. Todos los hombres están pasando por un de­terminado desarrollo evolutivo con el fin de llegar a ser creadores conscientes en el uso de la materia. Esto implica:

La comprensión del plan arquetípico.

La comprensión de las leyes que rigen los procesos constructi­vos de la naturaleza.

El consciente proceso de creación voluntaria, de manera que el hombre colabore con el ideal, trabaje bajo la ley, pro­duzca aquello que está de acuerdo con el plan planetario y tienda a promover los mejores intereses para la raza.

La comprensión de la naturaleza de la energía y la habilidad para dirigir las corrientes de energía y desintegrar (o ex­traer la energía) todas las formas en los tres mundos.

La comprensión de la naturaleza de los devas, su constitución y lugar que ocupan como constructores, y las palabras y sonidos con los cuales se los puede dirigir y controlar.

 

Cuando las corrientes de energía de la familia humana sean dirigidas sólo desde niveles egoicos, cuando el deseo sea transmuta­do y se haya despertado el quinto principio y, finalmente, sea ilu­minado por el sexto, sólo entonces se desvanecerá el impulso que emana de los niveles inferiores, y el “Morador del Umbral” (que ahora acecha a la familia humana) también morirá. En otras pala­bras, cuando el cuerpo físico denso del Logos planetario (compues­to de materia de los tres mundos del esfuerzo humano) se haya purificado y vitalizado totalmente por la fuerza de la vida que fluye de los niveles etéricos, y cuando todos Sus centros (formados por entes humanos) se hayan despertado plenamente, entonces se  convertirán en canales de la fuerza pura, y ya no podrá existir una entidad como el “Morador”.

Todo lo que he expresado aquí referente al “Morador del Um­bral” entre los dos grandes reinos en el Sendero -el cuarto y el quinto-, puede ser analizado por el estudiante en forma personal. Frente a cada sensato aspirante a los Misterios se halla esa forma vitalizada que ha construido y nutrido él mismo durante anteriores encarnaciones, representando la suma total de sus malos deseos, móviles y pensamientos. Durante épocas ha sido vampirizado por ella, representando para él aquello que no ha logrado realizar. Lo afectan no sólo a él sino también a todos esos entes con quienes hace contacto y conoce. Para destruirla deberá seguir métodos similares a los aplicados por los Grandes Seres y por el acrecentado poder de su Angel Solar, la fuerza de su Ego, un estudio de la ley, el conocimiento del poder del sonido y el control de la palabra, pro­ducirá finalmente su desintegración. El Antiguo Comentario dice:

“El Angel solar debe apagar la luz de los ángeles lunares; enton­ces por falta de calor y luz, perece aquello que ha servido de obs­táculo.”

c. Hasta ahora pocos miembros de la familia humana traba­jan, deliberada y conscientemente, empleando únicamente materia mental. La energía utilizada por el hombre es en su mayor parte kama-manásica o de deseo, acompañada de una mente inferior en la que prepondera, como se ha de suponer, la fuerza del deseo. Esto se infiere de la segunda afirmación. Toda la tendencia de la evolu­ción consiste en desarrollar la capacidad de construir con materia mental, y la raza tiene ante sí dos cosas.

Primero. La disipación gradual de masas indefinidas de ma­teria kama-manásica, circundando prácticamente a todo ente de la familia humana, produce una condición lóbrega y brumosa, den­tro y alrededor de cada aura. Gradualmente ésta se esclarecerá y los hombres estarán rodeados por nítidas formas mentales, carac­terizadas por una definida vibración y por una calidad particular e incidental al rayo del hombre y en consecuencia a su tipo de mente.

Segundo. La acumulación de formas mentales humanas de carácter personal, vibrando actualmente alrededor de cada ser hu­mano, así como los planetas vibran alrededor del sol, tenderán a aproximarse a un centro grupal. La energía mental, que emana de cada ser humano como una corriente relativamente débil de un indefinido conglomerado de materia mental, de carácter indeter­minado y sin configuración definida, que continúa animando esas formas durante un breve período, se dirigirá a la creación de aquello que el grupo anhela y no a lo que el ente desea. Esto constituye en gran parte la base del antagonismo que han de enfrentar todos los pensadores constructivos y trabajadores grupales. La corriente de energía que emana de ellos y que construye vigorosas formas mentales, corre en sentido opuesto al de la masa de hombres, des­pierta oposición y produce caos temporario. Los trabajadores y pensadores destacados de la familia humana, dirigidos por la Logia, se ocupan de tres cosas:

a.      Imponer a los hombres un ritmo nuevo y elevado.

b.      Disipar las lóbregas nubes de formas mentales indefinidas y semivitalizadas que circundan nuestro planeta, permi­tiendo la entrada de fuerza interplanetaria y de los niveles mentales superiores.

c.      Despertar en los hombres el poder de pensar con claridad, energetizar debidamente sus formas mentales, mantener vitalizadas esas construcciones mentales, por medio de las cuales pueden lograr su objetivo, y traer al plano físico las condiciones deseadas.

Dichos pensadores y trabajadores vitales deberían comprender con toda claridad por medio del sonido y la vitalización estos tres objetivos: el poder del pensamiento, la dirección de las corrientes mentales, la ciencia de la construcción mental, la manipulación de la materia mental de acuerdo a la ley y el orden, y el proceso de manifestar el pensamiento. También involucra la capacidad de rechazar o inutilizar impulsos que surgen del yo inferior, de aspecto estrictamente personal y centralizado, y la habilidad de trabajar en forma grupal, enviando cada pensamiento a cumplir la misión definida, la cual consiste en agregar su cuota de energía y materia a determinada corriente específica y conocida. Esto último es muy importante, pues todo aquel que trabaje para la humanidad no puede ser realmente útil hasta que (conscientemente y con pleno conocimiento de su tarea) dirige definitivamente su energía men­tal hacia determinado canal para prestar servicio a la raza.

d. Por lo tanto, en la construcción de todo pensamiento de orden elevado, los hombres deben realizar varias cosas que pueden ser enumeradas de la manera siguiente:

Primero, purificar sus deseos inferiores para permitirles ver, con claridad, en sentido oculto. El hombre no puede poseer una visión clara si está obsesionado por sus propias necesidades, activida­des e intereses y es inconsciente de lo superior y de la actividad grupal. Esta clara visión lo capacita para leer, aunque inconscientemente al principio, los archivos akáshicos, a fin de comprobar dónde se inician los nuevos y entrantes impulsos mentales, la ca­pacidad de subordinar sus propios intereses al bien del grupo, colaborando con el plan, y la facultad que lo hará consciente de la nota clave de la raza y del “clamor de la humanidad”.

Segundo, controlar la mente. Esto implica ciertas cosas impor­tantes: Conocer la naturaleza de la mente y el cerebro, por medio de la concentración; comprender la relación que debiera existir entre el cerebro físico y el Hombre, el Pensador real en el plano físico, capacidad que se desarrolla gradualmente cuando se llega a controlar la mente por medio de la concentración, para meditar en sentido ocultista y precipitar así el plan desde los niveles supe­riores, reconocer su participación individual en el plan y colaborar entonces en la tarea de algún grupo particular de Nirmanakayas. A esto le sigue el estudio de las leyes de la energía. Un hombre descubre cómo construir una forma mental de cualidad y tono de­terminados, cómo energetizarla con su propia vida y así lograr -en niveles mentales- una pequeña creación, el hijo de su voluntad, que puede emplear como mensajero o como medio para manifestar una idea. Los estudiantes deberían considerar cuidadosamente estos puntos si es que quieren llegar a ser operadores conscientes.

Finalmente después de haber construido una forma mental, el servidor de la humanidad debe aprender a enviarla a cumplir su misión, cualquiera sea, mantener su configuración por medio de su propia energía vital, hacerla vibrar a su propio ritmo y una vez cumplida su misión, provocar su destrucción. El hombre común a menudo es víctima de sus propias formas mentales. Las construye, pero no es lo suficientemente fuerte como para enviarlas a realizar su tarea, ni bastante sabio para disiparlas cuando es nece­sario. Esto ha producido la espesa y arremolinada bruma de formas semiconstruídas y semivitalizadas que envuelve al ochenta y cinco por ciento de la raza humana.

En el trabajo de construir formas el hombre tiene que mani­festar las características del Logos, el gran Arquitecto o Construc­tor del universo. Debe realizar su trabajo igual que el Logos:

Concebir la idea.

Revestir la idea con materia.

Energetizar la idea, capacitando así a la forma para preservar su delineamiento y cumplir su misión.

 

En tiempo y espacio, por medio del deseo y el amor, dirigir esa forma mental, vitalizándola continuamente, hasta haber lo­grado el objetivo. Destruir o desintegrar la forma mental cuando se ha cumplido el fin deseado, retirando su energía (ocultamente “ya no le presta atención” o “ya no la vigila”) de modo que las vidas menores (que han sido construidas en la forma deseada) se apartan y regresan a la reserva general de sustancia dévica.

En todo trabajo creador con materia mental, se ve al hombre como Trinidad activa, el creador, el preservador y el destructor,

e. En todo trabajo oculto realizado con materia mental, que deba manifestarse en el plano físico para lograr objetividad, el hombre tiene que trabajar corno unidad. De esto se infiere la ca­pacidad del triple hombre inferior de subordinarse al Ego de tal manera que la voluntad dinámica del mismo pueda ser impuesta al cerebro físico.

El método del hombre que desarrolla en el plano físico un tra­bajo consciente con materia mental, podría ser considerado en sus dos aspectos: primero, el proceso inicial de alineamiento con el Ego para que el plan, propósito y método de realización puedan ser impresos en el cerebro físico y, segundo, un proceso secundario en que el hombre, usando el cerebro físico conscientemente, lleva adelante el plan, construye por medio de la voluntad y el propósito la forma necesaria, y después de haber construido y energetizado la forma “la vigila”. He aquí expuesta esotéricamente la gran verdad que yace detrás de todo proceso energetizador. La Biblia cristiana se refiere mucho “al ojo del Señor” y, en términos esotéricos, el ojo es aquello que otorga poder a su servidor, la forma mental. Los científicos comienzan a interesarse ya por el poder que posee el ojo humano, y esa facultad de controlar y reconocer que existe en todas partes será explicada científica y esotéricamente cuando sea estudiada corno instrumento de energía iniciática.

Por lo tanto, será evidente que una forma mental es el resul­tado de dos tipos de energía:

En primer lugar, la que emana del Ego en los niveles abs­tractos.

En segundo lugar, la que emana del hombre en el plano físico por medio del cerebro.

El hecho de que generalmente los hombres no reconozcan el primer factor, es responsable de gran parte del mal. Cuando la Ciencia del Yo” haya asumido debidas proporciones, los hombres deberán determinar cuidadosamente los impulsos egoicos en todos los procesos mentales y utilizar la verdadera energía egoica antes de comenzar a manipular sustancia dévica y construir formas con vidas dévicas.

2. Construcción de Formas Mentales en los Tres Mundos.

He de decir algunas palabras más respecto al tema del Hombre como Creador que crea con materia mental. Van dirigidas a todos los estudiantes que por su capacidad para concentrarse, han des­arrollado cierta medida de control mental y desean llegar a comprender el proceso de la creación con mayor exactitud científica. Trataremos por lo tanto de dos factores en el proceso de construir formas mentales:

a.      El alineamiento con el Ego. ([101])

b.      El proceso de impresionar la voluntad egoica en el cere­bro físico, o (en otras palabras) la utilización inicial de la energía egoica.

Considerémoslas una por una.

a. El alineamiento con el Ego. Esto, como se sabe, sólo es posible para el hombre que ha llegado al Sendero de Probación o a cierto punto bien definido en la evolución. Por el conocimiento y las práctica se adquiere el poder de utilizar automática y cientí­ficamente el sutratma (o canal) como medio de contacto. Cuando a esta capacidad se agrega la utilización del antakarana con igual facilidad (el puente entre la Tríada y la personalidad), tenemos entonces un poderoso agente de la Jerarquía en la tierra. Podría­mos generalizar las etapas de crecimiento y la consiguiente capa­cidad para llegar a ser un agente que aumenta constantemente sus poderes extrayendo los recursos de la energía dinámica de los tres mundos, de la manera siguiente:

Los tipos inferiores de la humanidad utilizan el sutratma cuan­do atraviesa el cuerpo etérico.

Los hombres comunes utilizan casi totalmente esa parte del sutratma que pasa a través del plano astral. Sus reaccio­nes están basadas, en gran medida, en el deseo y son emo­cionales.

Los hombres intelectuales utilizan el sutratma cuando atra­viesa los niveles inferiores del plano mental, descendien­do a través del astral hasta el físico, en sus dos partes. Sus actividades son energetizadas por la mente y no por el deseo como en los casos anteriores.

Los aspirantes en el plano físico utilizan el sutratma cuando atraviesa los dos subplanos inferiores de los niveles abs­tractos del plano mental y comienzan a construir gradual­mente el antakarana o el puente entre la Tríada y la Personalidad. Entonces el poder del Ego puede empezar a hacerse sentir.

Los aspirantes a la iniciación y los iniciados hasta la tercera iniciación utilizan ambos, el sutratma y el antakarana, empleándolos como si fueran uno. Aquí comienza a fluir el poder de la Tríada, energetizando así a todas las actividades humanas sobre el plano físico y vitalizando en grado siem­pre creciente las formas mentales del hombre. La clave para la formación del Mayavirupa se encuentra en la co­rrecta comprensión del proceso.

Si los estudiantes analizaran cuidadosamente las anteriores diferenciaciones se arrojaría mucha luz sobre la cualidad de la energía empleada en la construcción de las formas mentales.

En las primeras etapas este alineamiento debe ser realizado concisa y cuidadosamente por medio de la concentración y la me­ditación. Luego, cuando se ha implantado el ritmo correcto en los cuerpos y la purificación de las envolturas se ha seguido rígida­mente, la actividad dual llega a ser prácticamente instantánea, y el estudiante puede entonces abocar su atención a la tarea de cons­truir y vitalizar conscientemente, pues ya no se concentrará para lograr el alineamiento.

El exacto alineamiento requiere:

Quietud mental o vibración estable,

Estabilidad emocional, dando por resultado un nítido reflejo.

Equilibrio etérico, lo cual produce una condición en el cen­tro coronario, que permitirá la aplicación directa de la fuerza al cerebro físico por medio de dicho centro.

b. Impresión en el cerebro físico. La exacta comprensión, por parte del cerebro físico, de lo que el Ego trata de comunicar respecto al trabajo a realizar, sólo llega a ser posible cuando se comprenden dos cosas:

El alineamiento directo.

La transmisión de la energía egoica o voluntad, hacia uno de los tres centros físicos de la cabeza:

La glándula pineal.

El cuerpo pituitario.

El centro alta mayor, o ese centro nervioso que se halla en el extremo superior de la columna vertebral, donde el crá­neo y la columna casi se unen. Cuando este conglomerado de nervios se ha desarrollado plenamente, forma un centro de comunicación entre la energía vital de la columna ver­tebral (el fuego kundalínico) y la energía de los dos centros de la cabeza ya enumerados. Es la analogía del anta­karana en niveles superiores.

El cuerpo pituitario (en los casos de correcto y normal des­arrollo) constituye el centro que recibe la triple vitalización que corre por el sutratma desde el mental inferior, hasta el astral y los planos etéricos. La glándula pineal entra en actividad cuando esta acción es reforzada por la afluencia de energía desde el Ego en su propio plano. Cuando es utilizado el antakarana, se emplea también el centro alta mayor, y los tres centros físicos de la cabeza co­mienzan a actuar como una unidad, formando así una especie de triángulo. En el momento que se recibe la tercera Iniciación, el triángulo se despierta totalmente y el fuego (o energía) circula libremente


Diagrama X

 

 

Por lo tanto es evidente que la capacidad del hombre para crear en materia mental aumenta a medida que recorre el sendero. Se ha de recordar que (según el ángulo desde el cual se lo estu­die) no estamos considerando el poder del Ego para construir for­mas en el plano mental, sino la capacidad del hombre en el plano físico a fin de crear, en el plano mental, vehículos para la energía, la que -cuando se pone en movimiento por su voluntad consciente- produce ciertos efectos específicos en el plano físico. Esto se lleva a cabo mediante la energía egoica que desciende por el sutratma al cerebro físico, siendo retransmitida al plano mental, con aquello que ha adquirido o perdido en el proceso. El verdadero adepto, por medio del conocimiento, conserva la energía durante el proceso de transmisión, acrecentándola con la energía que hace contacto, es decir, la energía de la voluntad más la del deseo, alimentada por la energía del cerebro físico, que constituye literalmente un pe­queño resumen del proceso creador de Dios, constituyendo la ener­gía unificada de las tres personas, desde el punto de vista físico. En la unificación de los tres fuegos en el hombre, siendo en utilidad:

a. Esa cantidad de fuego del espíritu o fuego eléctrico, que cualquier Ego particular contiene (cantidad relativamente peque­ña antes de la tercera Iniciación) o puede transmitir conjunta­mente con:

b. Esa cantidad de fuego del Angel Solar (fuego solar) o aspecto egoico que el Ego es capaz de transmitir. Sin embargo, es pequeña en el hombre común, mayor en el hombre que se halla en el sendero de probación y una gran precipitación cuando se recibe la tercera iniciación.

c. Esa cantidad de fuego que puede penetrar la sustancia, en estado de purificación. Esto depende de la pureza de los tres vehículos, y en el caso del hombre altamente avanzado es el fuego kundalínico el que aviva la llama producida por los otros dos.

Por lo tanto, cuando el alineamiento es correcto y los centros físicos de la cabeza se despiertan, el hombre puede llegar a ser un creador consciente con materia mental.

IV. EL HOMBRE Y LOS ESPIRITUS DEL FUEGO O CONSTRUCTORES

Trataremos esta sección más detalladamente que la anterior, ya que se ocupa de muchas cosas que tienen un actual valor práctico para el hombre. Esto se observará especialmente al estu­diar los efectos, que se producen al hablar, y el significado oculto de la palabra hablada.

1. El Aspecto Voluntad y la Creación.

En una sección anterior, nos ocupamos de la transmisión de la voluntad del Ego al cerebro físico, y vimos que sólo en esas perso­nas que (mediante el desarrollo evolutivo) han establecido una conexión entre el sutratma y el antakarana y cuyos tres centros físicos de la cabeza se hallan más o menos despiertos, puede ser transmitida la voluntad del Ego. En los otros casos, como en el hom­bre común y el poco desarrollado, el propósito que afecta al ce­rebro físico emana de los niveles astrales o mental inferior, siendo probablemente impulsos de algún Señor lunar, aunque de orden más elevado que la divina voluntad del Ángel solar, el verdadero hombre.

a. Las condiciones del mago. Es de valor recordar que cuan­do los centros físicos de la cabeza se despiertan (mediante el ali­neamiento de los centros etéricos) tenemos los aspectos más infe­riores de la influencia egoica. Desde estos tres centros, el hombre, en el Sendero de Probación y hasta la tercera Iniciación, dirige y controla su envoltura, y desde ellos difunde esa iluminación que se irradiará en la vida del plano físico. En el momento de recibir la tercera Iniciación, el triángulo interno se halla en pleno proceso de transmisión circulatoria, y toda la vida de la Personalidad está sometida a la voluntad del Ego. “La estrella absorbe la luz de la luna, para que puedan reflejarse los rayos del Sol”, manera esotérica de expresar la verdad referente a este punto de la evolución. Sería también de valor destacar aquí la condición de los centros etéricos durante este procedimiento directo de control solar.

Antes de que despierten los tres centros físicos de la cabeza, el hombre está en gran parte sometido a la fuerza que fluye a tra­vés de los cuatro centros etéricos menores; luego los tres centros principales -el coronario, el cardíaco y el laríngeo- comienzan a vibrar, y gradualmente su actividad se amplia hasta que su energía tiende a rechazar la de los centros inferiores, a absorber su vitali­dad y a desviar su dirección, hasta que las tres ruedas superiores estén en plena actividad cuadridimensional. Mientras esto prosi­gue, los tres centros físicos de la cabeza comienzan a despertar del letargo y a entrar en actividad, sintiéndose el siguiente efecto:

a.      Cuando despierta el centro principal de la cabeza la glán­dula pineal comienza a funcionar.

b.      Cuando el centro del corazón está completamente activo entra en actividad el cuerpo pituitario.

c.      Cuando el centro de la garganta ocupa su correcto lugar en el proceso evolutivo el centro alta mayor vibra adecua­damente.

Cuando se halla en actividad circulatoria el triángulo de fuer­za formado por estos tres centros físicos, puede verse también en actividad circulatoria el triángulo mayor; entonces se convierte en una “rueda que gira sobre sí misma”. Los centros etéricos princi­pales están en plena actividad y se acerca el momento de la libera­ción del hombre.

Cuando se lleva a cabo esotéricamente el trabajo de creación, deben utilizarse estos tres centros físicos, y al considerar el tema se evidenciará por qué ha sido necesario tratarlos en este orden.

Por medio de la glándula pineal, ([102]) órgano de la percepción espiritual, el hombre comprueba la voluntad y el propósito del Ego, y desde allí extrae de los niveles superiores la energía nece­saria, vía el centro coronario y el sutratma.

Por medio del cuerpo pituitario, queda disponible el segundo elemento del deseo o la energía constructora de la forma y, de acuerdo a la ley de atracción, puede moldear y construir con sus­tancia dévica.

Cuando el centro alta mayor, síntesis de lo que podríamos lla­mar energía nerviosa, ha despertado, el hombre puede materializar y activar la forma deseada que está en proceso de construir me­diante la energía atractiva.

Por lo tanto, se evidenciará por qué razón tan poca gente cons­truye formas mentales de beneficio permanente y constructivo para la humanidad, y también por qué los Grandes Seres (a medida que trabajan por intermedio de Sus discípulos) están obligados a tra­bajar con grupos, y raras veces encuentran un hombre o una mu­jer cuyos tres centros físicos de la cabeza estén simultáneamente activos. Con el objeto de obtener la cuota de energía necesaria para lograr Sus fines, frecuentemente tienen que trabajar con grandes grupos.

Será evidente también que el poder del discípulo para servir a la humanidad depende en gran medida de tres cosas:

a.      El estado de sus cuerpos y su alineamiento egoico.

b.      La actividad que desarrollan los centros físicos de la cabeza.

c.      La actividad circulatoria de la transmisión triangular de fuerza.

Estos factores a su vez dependen de otros, entre los cuales po­drían enumerarse:

1.       La habilidad del discípulo para meditar.

2.      La capacidad que demuestra para extraer con exactitud de los niveles más sutiles, los planes y propósitos que son patrimonio del Ego.

3.      La pureza de sus móviles.

4.      Su poder para “mantener un estado de meditación” y, mientras se halla en él, empezar a construir la forma para su idea, materializando así el plan de su Ego.

5.      La cantidad de energía que puede derramar luego en su forma mental, proporcionándole así un período de existen­cia, o su minúsculo “día de Brahma”.

Estos factores subsidiarios dependen a su vez de:

a.      El lugar que ocupa en la escala de la evolución.

b.      La condición de sus cuerpos.

c.      Su condición kármica.

d.     La sutilidad de su trama etérica.

e.      La calidad de su cuerpo físico y su relativo refinamiento.

Es necesario advertir aquí al estudiante que no cometa el error de acatar como regla rígida e inflexible el orden consecutivo del desarrollo de los centros físicos de la cabeza y la vitalización de los centros de fuerza. Este proceso depende de muchas cosas, tales como el rayo al que pertenece la Mónada y la evolución lograda en encarnaciones anteriores. La naturaleza, en todos los sectores de su vida colectiva, equipara sus esfuerzos y superpone sus varia­dos procesos, y sólo un vidente que posea gran sabiduría y expe­riencia puede establecer con exactitud la etapa en que puede ha­llarse cualquier ente determinado de la familia humana. El sabio se abstiene de afirmar algo hasta que lo sabe.

Consideraremos ahora:

b. La construcción, vitalización y actuación de la forma mental. Habiendo obtenido el Ego un reconocimiento o una condición de receptividad en el cerebro físico del hombre y obtenido de él la respuesta necesaria, comienza en consecuencia el proceso de construcción.

Este proceso de lograr respuesta en el plano físico está funda­do -como todo en la naturaleza- en la relación existente entre los polos opuestos. Los centros físicos son receptivos a la influencia positiva que ejercen los centros de fuerza. El cerebro físico res­ponde, en las anteriores etapas evolutivas, a la influencia positiva de la naturaleza inferior o a las reacciones de la sustancia de las envolturas, impresiones de los Señores lunares. En etapas posterio­res responde a la influencia positiva del Ego o a la impresión del Señor solar.

Como es evidente, este proceso de construcción se divide en tres partes que se superponen y parecen simultáneas. Cuando (co­mo en el caso de la mayoría de la familia humana) el proceso es inconsciente, producido por la acción refleja y basado en gran me­dida en la satisfacción del deseo, todo ocurre con gran rapidez y conduce a rápidos resultados -siendo factibles de acuerdo a la capacidad del hombre para vitalizar y mantener en forma cohe­rente su idea. La mayoría de las formas mentales creadas por el hombre común, dentro de grandes limitaciones, son de relativa efi­cacia y con un radio de acción restringido. Cuando el hombre está aprendiendo conscientemente a crear, haciéndolo mediante la orga­nización del pensamiento, la concentración y la meditación, proce­de con más lentitud, porque debe hacer dos cosas antes de llevar a cabo el proceso creador:

a.      Establecer contacto o comunicarse con el Ego o Ángel solar.

b.      Estudiar el proceso de creación y adaptarlo paso a paso a la ley natural de evolución.

Lo antedicho es otro modo de definir la meditación y su objetivo.

Más adelante, cuando el hombre sea un experto en meditación, el trabajo de crear mentalmente continuará con mayor rapidez hasta sobrepasar (en una vuelta más alta de la espiral) la activi­dad del período inconsciente anterior.

Por lo tanto, comenzando con el reconocimiento de la inten­ción egoica en el cerebro físico, el hombre procede a construir la forma para su idea. Empieza primero a organizar el material re­querido en el plano mental. En este plano el impulso adopta su forma primaria. En el plano astral o del deseo se efectúa en gran parte el proceso de vitalización, puesto que la duración de la vida de cualquier forma mental (aunque sea como la de nuestro sistema solar) depende de la persistencia y fuerza del deseo.

En los niveles etéricos del plano físico tiene lugar el proceso de concreción física; cuando el vehículo físico adquiere las pro­porciones necesarias, la forma mental se separa de quien le está dando forma. Cualquier idea se materializará inevitablemente en materia física densa si tiene suficiente fuerza, pero el trabajo prin­cipal de su creador cesa cuando ha trabajado con ella en los ni­veles mental, astral y etérico. La respuesta del físico denso es entonces automática e inevitable. Alguna de las grandes e importantes ideas que han surgido en la conciencia de los Guías de la raza, alcanzan plena manifestación sólo por medio de numerosos agentes e impulsos dinámicos de muchas mentes. Cuando esto sucede sólo unos pocos trabajan conscientemente para producir la forma necesaria; la mayoría son impulsados a la actividad y pres­tan su ayuda por medio de la propia negatividad de su naturaleza; se ven “obligados” a interesarse aunque no quieran, y se “unen al movimiento”, no por la captación mental o el “deseo vital” sino porque es lo que deben hacer. En este ejemplo puede observarse la capacidad que poseen los Grandes Seres para utilizar la apa­rente inercia y negatividad (debido al poco desarrollo) y lograr buenos resultados.

Aquí sólo nos ocuparemos del hombre que está aprendiendo a construir conscientemente; no consideraremos el proceso tal como lo realiza el adepto, ni los intentos caóticos de los poco evolucio­nados. Habiendo captado la idea y discriminado cuidadosamente el móvil subyacente en ella, descubriendo sus propósitos utilitarios y el valor que tiene para el grupo que sirve a la humanidad, el hombre ha de realizar algunas cosas que podemos resumir, por razones de claridad, en ciertas afirmaciones:

Ante todo ha de retener la idea el tiempo suficiente como para ser registrada fielmente en el cerebro físico. Con frecuencia el Ego “hará llegar” hasta el cerebro algún concepto, una parte del plan, y tendrá que repetir el proceso continuamente durante un largo período antes que la respuesta física sea de tal naturaleza que el Angel solar pueda estar seguro de que ha sido inteligentemente captada y plasmada. Es innecesario decir que todo el proceso se facilita enormemente si la “sombra” o el hombre practica la medi­tación regularmente, si todos los días y a cada hora cultiva el hábito de recapitular, como lo hace el Yo superior, y antes de dormirse se esfuerza por retener la idea de que al despertar ha de “recordar”, lo más posible, cualquier impresión egoica recibida. Cuando se establece la reacción entre los dos factores, el Ego y el cerebro físico receptivo, la interacción es recíproca y ambos se sinto­nizan mutuamente, entonces se entra en la segunda etapa, la concepción de la idea.

Sigue entonces un período de gestación, el que también está dividido en varias etapas. El hombre cavila sobre la idea, recapa­cita sobre ella, iniciando así una actividad en materia mental, al atraer a su pensamiento germinal el material necesario para ser revestido. Visualiza el contorno de la forma mental agregando el color y los detalles. Aquí se observará el gran valor que tiene una verdadera imaginación y su uso científico ordenado. La imagina­ción es de origen kama-manásico no es deseo puro ni mente pura, sino un producto estrictamente humano, siendo reemplazada por la intuición del hombre perfecto y las Inteligencias superiores de la Naturaleza.

Cuando su voluntad o impulso inicial es suficientemente fuerte y la imaginación o poder de visualización adecuadamente vívido, se entra en la segunda parte del período de gestación, iniciándose la vitalización por medio del deseo. La interacción entre el impul­so mental y el deseo produce lo que podría llamarse una pulsación en la forma organizadora de la idea y adquiere vida. Aunque to­davía es nebulosa y de gran tenuidad, muestra ya signos de orga­nización y los contornos de su forma. Los estudiantes deben recor­dar que en esta etapa todo el proceso se lleva a cabo en el cerebro, existiendo así una analogía definida con el trabajo de los nueve Sephirot:

El de los tres primeros corresponde al impulso egoico que ya hemos tratado anteriormente.

El del segundo grupo de Sephirot tiene su analogía en el tra­bajo llevado a cabo en la etapa que estamos tratando, o el impulso mente-deseo, emanado conscientemente del cere­bro de un hombre.

La tarea de los tres últimos se termina cuando la forma men­tal, ya revestida de materia astral y mental, se hace obje­tiva en el plano físico.

 Una etapa posterior en el período de gestación tiene lugar cuando la forma mental revestida de materia mental, y habiendo sido vitalizada por el deseo, toma para sí una capa de sustancia de materia astral, y en consecuencia es capaz de actuar en el plano astral lo mismo que en el mental. Ahora su crecimiento es rápido. Debiera tenerse muy en cuenta que el proceso de construir con materia mental y astral son simultáneos, y el desarrollo ahora es doble. Aquí el constructor consciente debe mantener cuidadosa. mente el equilibrio y no permitir que la imaginación asuma pro­porciones indebidas. Debe haber una proporción exacta de elementos manásicos y kámicos, o tendremos esa manifestación tan común de una idea concebida y mal nutrida y por lo tanto incapaz de desempeñar la parte exacta que le corresponde en el plan evo­lutivo, pues sólo es una grotesca distorsión.

La idea está ahora entrando en una etapa crítica y debería estar preparada para adoptar materia física y tomar para sí una forma etérica. Cuando en los niveles etéricos recibe ese impulso final que la llevará a lo que podría llamarse “actuación”, o la recepción de ese impulso motivador, se disociará de su originador y se exteriorizará a fin de

1.       adoptar una forma densa y

2.      llevar una existencia separada.

Debe recordarse que la forma mental ha salido del plano mental; ha tomado para sí una envoltura astral y está reuniendo tam­bién un cuerpo de materia etérica. Cuando ha alcanzado esta etapa su vitalización continúa rápidamente y se acerca el momento en que ha de llevar una existencia separada.

El hombre lleva a cabo conscientemente la vitalización que -de acuerdo al intento original o impulso inicial- proporciona alguna clase de energía a la forma mental. Dicha energía emanará desde uno de los tres centros superiores, de acuerdo a la cualidad de la idea personificada, viéndose que afluye del centro involu­crado hacia la idea que se está objetivando rápidamente. No debe olvidarse que estamos considerando la forma mental creada por el constructor consciente. Las formas mentales creadas por la ma­yoría de los seres humanos no son energetizadas desde una fuente tan elevada, sino que su impulso activo emana desde el plexo solar o de los órganos de la procreación, que son aún más inferiores.

Esta constante corriente de energía emocional o sexual es responsable de las caóticas condiciones actuales, y no permite mantener el equilibrio porque la interacción entre ambas y las consiguientes miríadas de formas mentales resultantes, de un or­den y vibración inferiores, están produciendo una condición que necesitará del esfuerzo conjunto de los trabajadores mentales para poder oportunamente rechazar, contrarrestar y trasmutar. Estas formas, que casi no merecen el nombre de “mentales” porque en su mayoría son kámicas con una mezcolanza de materia mental del grado más inferior, son responsables de la pesada bruma o revestimiento que vibra o pulsa lentamente y envuelve a la fami­lia humana, produciendo la mayor parte del mal, la delincuencia y el letargo mental actuales. Como ya sabemos, la gente está pola­rizada principalmente en el cuerpo astral, estando más activos los centros inferiores; cuando el clima o medio ambiente de las for­mas mentales de baja vibración se halla vitalizado por las formas más viles de energía astral, entonces será evidente la estupenda tarea que implica elevar a la humanidad hacia un clima mejor, más puro y más límpido, y también con qué facilidad florecen y se acrecientan los aspectos y apetitos inferiores.

A medida que prosigue la vitalización y la energía fluye de alguno de los centros a la forma mental, el constructor consciente comienza a extender su influencia a fin de enviarla a cumplir su misión, cualquiera sea hacerla esotéricamente “radiante” para que sus vibraciones emanen y se hagan sentir, y finalmente llegue a ser magnética para que dicha forma mental provoque respuesta de otras mentes o de las mentes con las cuales pueda entrar en contacto.

Cuando se han logrado estos tres objetivos la vida de la forma es entonces tan fuerte que puede cumplir su propio y pequeño ciclo de vida y desempeñar su trabajo, estando vinculada a su creador únicamente por un pequeño hilo de sustancia radiante que es la analogía del sutratma. Todas las formas poseen este sutratma. Vin­cula los cuerpos del hombre con la Entidad interna, o esa corriente magnética que, emanando de la verdadera Entidad, el Logos solar, conecta al Creador del sistema solar con Su gran forma mental por una corriente de energía enviada desde el Sol espiritual central hasta un punto en el centro del Sol físico.

Durante el tiempo en que la atención del creador de cualquier forma mental, grande o pequeña, se dirige hacia ella, ese vinculo magnético persiste y la forma mental ha servido su propósito: todo creador, consciente o inconscientemente, aboca su atención a otra cosa, y su forma mental se desintegra.

He aquí el significado esotérico de los procesos, ocultamente involucrados con la vista. Mientras el Creador no aparte su mirada de lo creado, persistirá su creación; cuando el Creador retira “la luz de su faz”, se produce la muerte de la forma mental, porque la vitalidad o energía sigue la línea del ojo. Por lo tanto, cuando un hombre en meditación considera su trabajo y construye su forma mental para servir, está mirando ocultamente y, en consecuencia, energetizando; comienza a usar el tercer ojo en su aspecto secun­dario. El tercer ojo u ojo espiritual, tiene varias funciones. Entre otras, es el órgano de la iluminación, el develado ojo del alma, a través del cual entra en la mente la luz y la iluminación, de esta manera se ilumina toda la vida inferior. Es también el órgano a través del cual afluye la energía rectora que surge del adepto cons­ciente y creador a los instrumentos de servicio, sus formas mentales

Quienes están poco evolucionados no emplean, por supuesto, el tercer ojo para estimular sus formas mentales. La energía que emplean en la mayoría de los casos se origina en el plexo solar y opera en dos direcciones, a través de los órganos de procreación o por medio de los ojos físicos. En muchas personas estos tres pun­tos -los órganos inferiores, el plexo solar y los ojos físicos- for­man un triángulo de fuerza alrededor del cual fluye la corriente de energía antes de dirigirse a la forma mental objetivada. En el aspirante y en el hombre intelectual, el triángulo puede estar for­mado por el plexo solar, el centro laríngeo y los ojos. Más adelan­te, cuando el aspirante acrecienta su conocimiento y la pureza de motivo, el triángulo de energía tendrá , como punto inferior el corazón en vez del plexo solar, y el tercer ojo comenzará a realizar su tarea, aunque todavía muy imperfectamente.

Mientras el “ojo” esté dirigido a la forma creada se le transmitirá a ésta la corriente de fuerza, y cuanto más se concentre el hombre, más centralizada y eficaz será dicha energía. Gran parte de las personas son ineficaces porque sus intereses no están centralizados, son muy ambiguos y nada monopoliza su atención. Disipan su energía, tratan de satisfacer cualquier deseo pasajero y se ocupan superficialmente de todo lo que se interpone en su camino. Por lo tanto, ninguno de sus pensamientos adquieren una forma apropiada ni son debidamente energetizados. En consecuen­cia, están rodeados por una densa nube de formas mentales, semiformadas y en desintegración, y por nubes de materia energetizada parcialmente y en proceso de disolverse. Esto produce en sentido oculto una condición semejante a la corrupción de la forma física, siendo igualmente desagradable y malsana. Explica gran parte de la condición enfermiza de la familia humana en la actualidad.

El fracaso en la creación mental se debe también al hecho de que no se enseñan las leyes del pensamiento y los hombres no sa­ben cómo crear, por medio de la meditación, esos hijos de su acti­vidad para llevar a cabo su trabajo. En el plano físico se obtienen resultados con mayor rapidez, por medio de la creación mental científica que emplea directamente los medios del plano físico. Esto se comprende hoy cada vez más, pero hasta que la raza no haya alcanzado un mayor grado de pureza y altruismo, no podrá darse la explicación más detallada del proceso.

Otra de las razones por las cuales son ineficaces las creaciones mentales, consiste en que las corrientes que emanan de la mayoría de la gente son de un orden tan inferior que las formas mentales nunca llegan a actuar independientemente, excepto por medio del trabajo grupal acumulativo. Hasta que la materia de los tres subplanos de los planos astral y físico no encuentre su lugar en la forma mental, tendrá que ser energetizada principalmente por la energía de la masa. Cuando la sustancia superior comience a orien­tarse hacia la forma, entonces ésta actuará independientemente, ya que el Ego individual del hombre implicado puede empezar a actuar a través de la materia -algo que antes era imposible. El Ego no puede trabajar libremente en la personalidad hasta que en sus cuerpos haya materia del tercer subplano, siendo en conse­cuencia aplicable también la analogía.

Una vez que la forma mental ha sido vitalizada y su forma etérica terminada o “sellada”, como se dice, puede adquirir forma física densa si se desea. Esto no significa que las formas mentales individuales creadas por el hombre adoptan sustancia densa en el etérico, sino que con el tiempo se convertirán en una actividad en el plano físico. Por ejemplo, un hombre tiene un pensamiento bue­no, lo ha construido y vitalizado, entonces para el clarividente es algo objetivo, y existe en materia etérica cerca del hombre. Por lo tanto, se manifestará físicamente como un acto de bondad o una caricia física. Cuando ha terminado el acto y se ha prodigado la caricia, el interés del hombre por esa forma mental particular se desvanece, y la forma muere. Lo mismo ocurre con un delito -la forma mental ha sido construida e inevitablemente hallará su ex­presión física en algún hecho. Cualquier tipo de actividad, es el resultado de:

a.      Formas mentales construidas consciente o inconsciente­mente.

b.      Formas mentales autoiniciadas, o el efecto de las formas mentales de otros.

c.      Respuesta a los propios impulsos internos, o a los impul­sos de otros y, por consiguiente, a formas mentales grupales.

Se evidenciará cuán vital es esta materia, y la gran influencia que ejercen sobre los hombres y mujeres las formas mentales que ellos mismos crean, o los engendros mentales de otros.

c. El significado oculto del habla. La Antigua Escritura dice: “En las muchas palabras no falta pecado”, ([103]) porque en una oleada de palabras en la etapa actual de la evolución del hombre, muchas se dicen sin ningún propósito o por ciertos motivos que (cuando se los analiza) se fundan estrictamente en la personalidad. Cuanto más progrese en el sendero de acercamiento a los misterios, mayor cuidado ha de tener el aspirante. Esto es necesario por tres razones:

Primero, debido a su etapa de evolución puede impartir tal fuerza a sus palabras que le sorprendería si pudiera verlas en el plano mental. Construye con más exactitud que el hombre común, en consecuencia su forma mental tiene mayor vitalidad y desem­peña con mayor precisión la función para la cual ha sido enviada, mediante el “Sonido” o el habla.

Segundo, cualquier palabra hablada y en consecuencia cual­quier forma mental construida (excepto en el sendero superior, y que no esté fundada en impulsos personales) puede erigir una barrera de materia mental entre el hombre y su objetivo. Esta materia o muralla de separación debe ser eliminada antes de poder efectuarse un nuevo avance; dicho proceso es kármico e inevitable.

Tercero, la palabra constituye en gran parte un sistema de comunicación en los niveles físicos; en los niveles más sutiles donde se encuentra el trabajador y en las comunicaciones con sus compañeros de trabajo y colaboradores elegidos desempeñará una parte cada vez menor. La percepción intuitiva y la interacción telepática caracterizarán el intercambio entre aspirantes y discí­pulos, y cuando van acompañados de plena confianza, simpatía y esfuerzo unido para realizar el plan, tendremos un grupo con el cual podrá trabajar el Maestro, y a través de él derramar Su fuerza. El Maestro trabaja por medio de grupos, grandes o pequeños, y si la interacción entre las unidades del grupo es constante e ininterrumpida, se facilita Su tarea. Una de las causas más frecuentes de las dificultades surgidas en el trabajo grupal y la consiguiente interrupción de la afluencia de fuerza del Maestro, se funda tem­porariamente en el mal uso del lenguaje. Mientras tanto el canal del plano mental se obstruye.

            Menciono estos tres factores porque el asunto del trabajo grupal es de vital importancia y de él se espera muchas cosas en estos días. Si en cualquier organización del plano físico los Maestros pueden lograr formar un núcleo, aunque sea de tres personas que interactúen mutuamente (elijo esta palabra con premeditación) y que sigan desinteresadamente el sendero del servicio, Ellos podrán obtener resultados más definidos en menos tiempo de lo que es posible con un vasto y activo grupo de personas que, pudiendo ser sinceras y fervientes, desconocen el significado de la confianza y colaboración mutuas y descuidan sus palabras.

Cuando un hombre comprende el significado del lenguaje, aprende cómo hablar, cuándo hablar, qué logra con hablar y qué sucede cuando habla, entonces está muy cerca de su objetivo. La persona que controla correctamente sus palabras es la que hará mayor progreso. Esto siempre lo han comprendido quienes dirigen los movimientos ocultistas. Esa orden tan esotérica de Pitágoras en Crotona y muchas otras escuelas ocultistas de Europa y Asia, po­seían una regla por la que no se permitía a ningún neófito y pro­bacionista hablar durante dos años después de su ingreso, y cuando habían aprendido a guardar silencio durante ese período, les era concedido el derecho de hablar, puesto que ya habían aprendido una reticencia específica.

Sería de valor comprender, por parte de los estudiantes, que todo buen orador realiza un trabajo muy esotérico. Un buen conferenciante (por ejemplo) es el que hace un trabajo análogo, en pequeña escala, al realizado por el Logos solar. ¿Qué hizo el Logos? Pensó, construyó, vitalizó. Un orador, por lo tanto, selecciona el material con el que y estructurar su oratoria y lo vitalizará. Reúne de toda la materia mental del mundo la sustancia que trata de emplear individualmente. Luego hace lo mismo que el segundo Logos, le da forma inteligentemente. Construye la forma y, cuando ya lo ha hecho, termina desempeñando la parte de la primera Per­sona de la Trinidad, introduciendo su Espíritu, vitalidad y fuerza en ella, para que sea una vibrante y viviente manifestación. Cuan­do un conferenciante u orador de cualquier naturaleza puede reali­zar esto, mantendrá vivo el interés de su auditorio, el cual apren­derá siempre algo de él, pues reconocerá lo que la forma mental está destinada a transmitir.

El estudiante hace precisamente lo mismo al hablar, pero la dificultad surge con frecuencia porque generalmente construye algo que no vale la pena y lo vitaliza con un tipo erróneo de ener­gía, de manera que la forma, en vez de ser constructiva, vital y útil, se convierte en una fuerza destructiva. Si estudiamos las di­versas cosmologías del mundo veremos que el proceso de la crea­ción fue logrado por medio del sonido, palabra o Verbo. La Biblia dice: “En el principio era el Verbo y el Verbo era Dios... Todas las cosas por Él fueron hechas; y sin Él nada de lo que es hecho, fue hecho.” ([104]) De esta manera, de acuerdo a la enseñanza cristiana, los mundos fueron hechos por el Verbo de Dios.

En las Escrituras hindúes, encontramos que al señor Vishnu, que representa a la segunda Persona de la Trinidad, se lo denomina “La Voz”. Es el gran Cantor que ha construido los mundos y el universo mediante Su canto. Es el Revelador del pensamiento de Dios que ha construido el universo de sistemas solares. Así como los cristianos hablan de la gran Palabra, el Verbo de Dios, el Cristo, así el hindú habla de Vishnu, el gran Cantor, que crea por medio de Su canto.

En el plano físico se nos conoce por lo que hablamos, por nues­tra parquedad, por las cosas que decimos y por las que no decimos, y se nos, juzga por la calidad de nuestra conversación. Juzgamos a las personas por lo que dicen, porque sus palabras revelan el tipo de materia mental con que operan y la cualidad de energía o vida que hay detrás de sus palabras. Los diversos Logos solares de las vastas constelaciones, se ponen en evidencia cuando escudriñamos los cielos estrellados; la cualidad del Logos de nuestro sistema so­lar se ve por medio de esa gran forma mental que Él construyó por el poder de Su palabra, la cual es energetizada con Su particu­lar cualidad de amor. Cada vez que Dios habla crea los mundos, y en la actualidad sólo está en ese proceso. Aún no ha concluido lo que tiene que decir, y de ahí la evidente imperfección presente. Cuando termine esa gran frase o sentencia divina que ocupa Su pensamiento tendremos un sistema solar perfecto, habitado por vi­das perfectas.

Un pensamiento es evocado y concretado por medio de la pa­labra, extraído de lo abstracto y de un estado nebuloso, y materia­lizado en el plano físico, produciéndose así (si pudieran verlo) algo muy definido en los niveles etéricos. La manifestación objetiva se produce porque “las cosas son aquello que el Verbo crea cuando las nombra”. El lenguaje es literalmente una gran fuerza mágica, y los adeptos o magos blancos, por medio del conocimiento de las fuerzas y del poder del silencio y del lenguaje, pueden producir efectos en el plano físico. Como bien sabemos existe una rama del trabajo mágico que consiste en aplicar este conocimiento como Palabras de Poder y esos mántram y fórmulas que ponen en movimiento las energías ocultas de la naturaleza y llaman a los devas a realizar su trabajo.

Las palabras constituyen una de las llaves que abren las puertas de comunicación entre los hombres y los seres más sutiles. Dan la clave para descubrir a esas entidades con las cuales se entra en contacto en el más allá. Pero sólo quien ha aprendido a guardar silencio y conoce el momento propicio en que debe hablar, puede atravesar el velo y establecer ciertos contactos esotéricos En La Doctrina Secreta se dice: la magia consiste en dirigirse a los Dioses en Su propio lenguaje, por lo tanto, el lenguaje del hombre común no puede llegar hasta ellos.

Por consiguiente, quienes tratan de aprender el lenguaje oculto, quienes anhelan conocer las palabras que penetrarán los oídos de aquellos que se hallan en el más allá, y quienes tratan de aplicar las fórmulas y frases que les dará poder sobre los Constructores, deben olvidar el modo con que empleaban las palabras y abstenerse de hablar por el método ordinario. Entonces el nuevo lenguaje será suyo y las nuevas expresiones, palabras, mántram y fórmulas se­rán puestas bajo su custodia.

Las leyes del lenguaje son las leyes de la materia, y los estu­diantes deben emplear las palabras aplicando las leyes que rigen la sustancia del plano físico, pues ello concierne a la manipulación de materia en otros niveles. La palabra es el gran medio por el cual ponemos de manifiesto la naturaleza del pequeño sistema que estamos construyendo -ese sistema del cual cada ente humano constituye el sol central, porque de acuerdo a la Ley de Atracción atrae hacia sí aquello que necesita.

1. La Naturaleza de la Magia. ([105])

Hemos considerado con cierta extensión la construcción de for­mas mentales y hemos visto que el proceso seguido por el hombre es análogo al del triple Logos cuando creó el sistema solar. Ahora consideraremos esa gran rama del ocultismo que generalmente se denomina magia. El hombre que desentrañe el significado esoté­rico de lo que aquí se expone ocupará su lugar entre los que se titulan los “Hermanos Magos Blancos”. La magnitud del tema es demasiado grande para ser tratado brevemente, pues abarca todos los sectores del esfuerzo en la construcción material.

Primero debemos ocupamos de la actitud mental que adopta el hombre al encarar el trabajo creador y su capacidad para atraer, por medio del cuerpo mental, el propósito del Ego, impartiendo así a los agentes constructores del plano mental un determinado ritmo y cierta actividad vibratoria. Éste es el factor primordial que trae como resultado (en el plano físico) la iniciación de una actividad egoica directa. También se ha de recordar que al considerar este tema no nos referimos al trabajo diario del hombre común, sino al trabajo creador organizado del hombre evolucionado, de acuerdo a las leyes y preceptos. De esta manera establecernos una norma y acentuamos el ideal hacia el cual todo estudiante ocultista debiera esforzarse.

Se ha de considerar también la tarea que realiza en el plano astral el inteligente estudiante de magia, donde, por medio del deseo purificado y la emoción santificada, establece esas condiciones de equilibrio y esas vibraciones constantes que permitirán transmitir al plano físico sin impedimentos, por conducto del cerebro físico del hombre, la actividad vibratoria que emana del Ego y la activi­dad circulante de la fuerza superior. De allí que (si puede intercalarse un consejo práctico para el estudiante común) el cultivar la serenidad emocional sea uno de los primeros requisitos para adquirir el equipo que necesita el mago blanco. Esta serenidad no se logra reprimiendo toda actividad vibratoria astral por un esfuer­zo de la voluntad, sino cultivando la capacidad de responder al Ego, negando toda respuesta a la vibración innata del vehículo astral mismo.

Encararemos ahora el trabajo de transmitir fuerza al plano físi­co por conducto de los centros etéricos y del cerebro físico, estu­diando algo el efecto que produce el sonido cuando es emitido inconscientemente en la conversación diaria y conscientemente en las ordenadas y regulares palabras del que verdaderamente trabaja con magia. ([106])

Por lo tanto, debido al valor práctico y vital de esta sección y a los peligros atinentes que pueden surgir al captar estas cuestiones quienes aún no están preparados para el trabajo de manejar conscientemente la fuerza, me propongo impartir la enseñanza ne­cesaria presentándola en forma de “Reglas de la Magia”, con cier­tos comentarios aclaratorios. De esta manera se resguarda plena­mente el trabajo mágico y al mismo tiempo se les imparte suficiente conocimiento a aquellos cuyo oído interno está atento y el ojo de la sabiduría en proceso de abrirse.

a. Magos blancos y magos negros. En estos días mucho se habla entre los estudiantes ocultistas, sobre la magia blanca y negra ([107]) y mucho de lo que se dice no tiene fundamento o veracidad

Se ha expresado con toda exactitud que la línea de demarcación existente entre los dos tipos de trabajadores es tan tenue que difí­cilmente pueden reconocerla quienes aún no merecen ser llamados “conocedores”.

La diferencia entre ambos existe en el método y en el móvil, pudiendo resumirse de la manera siguiente:

El móvil del mago blanco consiste en beneficiar al grupo para el cual emplea su energía y tiempo. El mago del sendero izquierdo siempre trabaja solo, y si alguna vez colabora con otros lo hace con un propósito egoísta oculto. El exponente de la magia blanca se interesa en el trabajo constructivo a fin de colaborar en los pla­nes jerárquicos y llevar adelante los deseos del Logos planetario. El Hermano de la Oscuridad se ocupa de lo que está fuera de los planes de la Jerarquía y de lo que no está dentro del propósito del Señor del Rayo planetario.

El mago blanco, como ya se dijo, trabaja totalmente por medio de los Devas Constructores mayores; valiéndose del sonido y de los números, fusiona su trabajo, influenciando así a los Constructores menores que forman la sustancia de sus cuerpos y, por consi­guiente, de todo lo que existe. Actúa por medio de centros grupales y puntos vitales de energía, y desde allí produce en la sustancia los resultados deseados. El Hermano de la Oscuridad trabaja direc­tamente con la sustancia y con los Constructores menores, no cola­bora con las fuerzas que emanan de niveles egoicos. Las legiones menores de la “Hueste de la Voz” son sus sirvientes, no las Inte­ligencias rectoras de los tres mundos; trabaja principalmente en los planos astral y físico, sólo raras veces lo hace con las fuerzas mentales, y únicamente en casos muy especiales, un mago negro oculto en el karma cósmico actúa en los niveles mentales superio­res. Sin embargo los casos que allí pueden observarse constituyen las causas principales que contribuyen a la manifestación de toda magia negra.

El Hermano de la Luz trabaja siempre por medio de la fuerza inherente al segundo aspecto, siempre que actúe en conexión con los tres planos inferiores. Después de la Tercera Iniciación trabaja acrecentadamente con energía espiritual o con la fuerza del primer aspecto. Impresiona las sustancias inferiores, manipula las vidas menores constructivas por medio de la vibración del amor y la atractiva coherencia del Hijo y construye las formas con sabiduría. Aprende a trabajar desde el corazón y, por lo tanto, manipula esa energía que emana del “Corazón del Sol”, hasta que (convertido en un Buda) puede prescindir de la fuerza que emana del “Sol Espiritual”. En consecuencia, el centro cardíaco del Hermano en el sendero de la derecha constituye el agente transmisor de la fuerza constructora, y el triángulo que emplea en su trabajo es el siguiente:

a.      El centro coronario que corresponde al cardíaco.

b.      El centro cardíaco.

c.      El centro laríngeo.

Los Hermanos del sendero de la izquierda trabajan totalmente con las fuerzas del tercer aspecto, y esto les otorga aparentemente mucho poder, porque el segundo aspecto sólo está en proceso de Lograr su consumación vibratoria, mientras que el tercer aspecto está en la cumbre de su actividad vibratoria, siendo el producto de los procesos evolutivos del principal sistema solar precedente. Tra­baja casi enteramente desde el centro laríngeo, y maneja princi­palmente las fuerzas del sol físico. Ésta es la razón por la cual obtiene mucho de lo que se propone aplicando el método de la estimulación o la desvitalización pránica, y explica por qué la mayoría de sus efectos se producen en el plano físico. Por lo tanto trabaja a través de:

a.      El centro coronario correspondiente al laríngeo.

b.      El centro laríngeo.

c.      El centro en la base de la columna vertebral.

El mago blanco trabaja siempre en colaboración con otros, siendo dirigidos por ciertos guías de grupo. Por ejemplo, los Her­manos de la Logia Blanca trabajan dirigidos por los tres grandes Señores, adaptándose a los planes establecidos, subordinando Sus propósitos e ideas individuales al gran esquema general. El mago negro trabaja por lo general en forma excesivamente individua­lista, llevando a cabo solo sus proyectos o ayudado por sus subor­dinados. Comúnmente no acepta ninguna autoridad superior, pero con frecuencia es víctima de los agentes que se hallan en niveles superiores del mal cósmico, utilizándolo en la misma forma que él emplea a sus colaboradores inferiores, es decir, actuando (en lo que atañe al propósito superior) ciega e inconscientemente.

El mago blanco, como es bien sabido, trabaja con el aspecto evolutivo en conexión con el Sendero de Retorno. El hermano ne­gro se ocupa de las fuerzas involutivas o del Sendero de Ida. Cons­tituye la gran fuerza equilibradora de la evolución, y aunque uno se ocupa del aspecto material de la manifestación y el otro del aspecto alma o conciencia, ellos y su obra, de acuerdo a la gran ley de evolución, contribuyen al propósito general del Logos solar, aunque (y esto contiene un gran significado oculto para el estu­diante iluminado) no al propósito individual del Logos planetario.

Por último, podría decirse brevemente en conexión con las diferencias que existen entre ambos, que el mago de la Buena Ley trabaja con el alma de las cosas. Su hermano de la oscuridad tra­baja con el aspecto materia.

El mago blanco trabaja por medio de los centros de fuerza, en el primero y cuarto subplanos de cada plano. El mago negro tra­baja por medio de los átomos permanentes y con la sustancia y las formas involucradas. El mago blanco utiliza a este respecto los tres centros superiores; el mago negro emplea la energía de los tres centros inferiores (los órganos de la procreación, el bazo y el plexo solar) sintetizando su energía por un acto de la voluntad y dirigiéndola al centro en la base de la columna vertebral, de ma­nera que la cuádruple energía es desde allí transmitida al centro laríngeo.

El mago blanco usa la fuerza kundalínica a medida que es transmitida por el canal central de la columna vertebral. El mago negro emplea los canales inferiores, dividiendo la cuádruple energía en dos unidades, que ascendiendo por sus dos canales, deja el canal central inactivo. Se observa aquí que uno trabaja con la dualidad y el otro con la unidad. Por lo tanto, en los planos de la dualidad se evidencia por qué el mago negro tiene mucho poder. El plano de la unidad para la humanidad es el plano mental. Los planos de la diversidad son el astral y el físico. De aquí que el mago negro tiene aparentemente más poder que el hermano blanco en los dos planos inferiores de los tres mundos.

El hermano blanco trabaja dirigido por la Jerarquía o el gran Rey, llevando a cabo Sus propósitos planetarios. El hermano de la oscuridad trabaja dirigido por ciertas Entidades separadas, desco­nocidas para él, vinculadas con las fuerzas de la materia misma. Mucho más podría decirse a este respecto, pero lo que se ha impartido basta para nuestro propósito.

b. El origen de la magia negra. Al tocar este tema invadi­mos los ámbitos del misterio y el dominio de lo inexplicable. Sin embargo pueden hacerse ciertas afirmaciones que, si se reflexiona sobre ellas, arrojará alguna luz sobre este oscuro tema.

Primero. Debiera recordarse que el tópico acerca del mal pla­netario (y los estudiantes deben distinguir cuidadosamente entre mal planetario y mal cósmico) se halla oculto en los ciclos de la vida individual y en la historia del gran Ser, el Logos planetario de la Tierra. Por lo tanto, hasta que un hombre no haya pasado ciertas iniciaciones y adquirido cierta medida de conciencia plane­taria es inútil que especule sobre su historial. En La Doctrina Secreta ([108]) H. P. B. ha mencionado el tema de “los Dioses imperfec­tos”, y en dichas palabras reside la clave del mal planetario.

Segundo. Podría decirse brevemente que, en lo que respecta a nuestra humanidad, los términos mal planetario y mal cósmico podrían interpretarse de la manera siguiente:

El mal planetario surge de ciertas relaciones existentes entre nuestro Logos planetario y otro Logos planetario. Cuando se equi­libre la oposición polar terminará el mal planetario. El equilibrio será efectuado por mediación (comprendida esotéricamente) de un tercer Logos planetario. Estos tres formarán finalmente un triángulo equilátero, entonces el mal planetario cesará. La fuerza circulará libremente, la oscuración planetaria llegará a ser posible y los “Dioses imperfectos” alcanzarán una perfección relativa. Así se equilibrará el karma del manvantara o ciclo secundario, y se agotará mucho mal kármico planetario. Lo antedicho debe interpretarse en sentido esotérico, no exotérico.

El mal cósmico, desde el punto de vista de nuestro planeta, se debe a la relación existente entre esa Unidad espiritual inteligente o “Rishi de la Constelación superior”, según se le denomina (Vida animadora de una de las siete estrellas de la Osa Mayor, y nuestro prototipo planetario), y una de las fuerzas de las Pléyades. ([109]) Los estudiantes deben recordar que a las “siete hermanas” se las deno­mina ocultamente las “siete esposas” de los Rishis y que la fuerzas duales (resultado de esa relación) convergen y actúan a través de ese Logos planetario, el Logos de un planeta determinado y el “reflejo” de cualquier Rishi específico. En ello, todavía en forma imperfecta, se halla oculto el misterio del mal cósmico a medida que se hace sentir en cualquier esquema planetario. Cuando el triángulo celestial esté debidamente equilibrado y la fuerza circule libremente a través de

a.      una de las estrellas de la Osa Mayor,

b.      la Pléyade implicada,

c.      el esquema planetario concerniente,

también será rechazado el mal cósmico y se logrará una perfección relativa. Esto marcará el logro de la perfección primitiva y la consumación del ciclo mayor.

El mal cíclico o terciario, se halla oculto en la relación exis­tente entre los globos de cualquier esquema, estando dos de ellos siempre en oposición hasta ser equilibrados por la fuerza que ema­na de un tercero. Los estudiantes sólo captarán el significado de esta enseñanza a medida que estudien los pares de opuestos en sus propios ciclos y la tarea equilibradora del Ego.

De los ya mencionados surge un cuarto tipo de mal, y se ma­nifiesta principalmente en los sufrimientos y dificultades del cuar­to reino o humano, el cual podrá evitarse de dos maneras: primero, equilibrando las fuerzas de los tres reinos (el quinto reino o espi­ritual, el humano y el animal) y, segundo, rechazando el poder atractivo de los tres reinos inferiores (el mineral, el vegetal y el animal, que forman una unidad) mediante el reino espiritual uti­lizando el cuarto reino o humano. En todos estos casos se forman triángulos de fuerza que, una vez equilibrados, se obtiene el fin deseado. ([110])

Se dice que la magia negra hizo su aparición en nuestro pla­neta durante la cuarta raza raíz. Debe recordarse que esto se re­fiere estrictamente al cuarto reino y a su empleo consciente por esas personas equivocadamente desarrolladas. Las fuerzas del mal de índole planetaria y cósmica han existido desde que comenzó la manifestación, estando latentes en el karma del Logos planetario, pero durante la cuarta raza raíz de esta ronda los seres humanos comenzaron a trabajar conscientemente con dichas fuerzas y a utilizarlas para determinados fines egoístas.

Los magos negros trabajan regidos por seis grandes entidades, y se dice por ejemplo en La Biblia, que tienen el número 666. () Vinieron (pues son cósmicas y no del sistema) con esa corriente de fuerza que emana de los niveles mentales cósmicos que produ­jeron los tres mundos del esfuerzo humano. Los estudiantes deberían recordar el hecho de que los tres planos inferiores de nuestro sistema solar no son considerados como un principio cósmico, porque constituyen el cuerpo físico denso del Logos, y al cuerpo físico denso no se lo considera un principio. La expresión “sin principios” también tiene un significado oculto. Estas entidades son la suma total de la sustancia de los tres subplanos inferiores del plano físico cósmico (los tres planos inferiores del sistema), y los magos negros, regidos por ellas, entran en actividad a menudo inconscientemente, adquiriendo poder a medida que trabajan conscientemente.([111])

En las primeras etapas de la evolución humana todos los hom­bres son magos negros inconscientes, pero no por ello son “mal­ditos” esotéricamente. A medida que prosigue la evolución son regidos por la fuerza del segundo aspecto, a la cual responde la mayoría, escapando de las redes de los magos negros, quedando así bajo la fuerza de otro número. Aquellos pocos que no logran hacerlo en este manvantara constituyen los “fracasados” que de­ben continuar la lucha en fecha posterior. Un ínfimo porcentaje se niega obstinadamente a “seguir adelante”, convirtiéndose en verdaderos “magos negros”. Para ellos el fin es siempre el mismo.  Primero, el Ego se separa de la Mónada, significando que deben esperar muchos eones antes que aparezca otro sistema solar. En el caso de los que han “fracasado” el Ego se separa de la persona­lidad o yo inferior, lo cual significa que han de esperar un período menor, pero tendrán otra oportunidad en este sistema.

Segundo, durante un ciclo de vida practican el mal en forma ilimitada, de­pendiendo de la vitalidad que posea el cuerpo egoico separado y su innata persistencia. Estas son las vulgares “almas perdidas” a las que se refiere La Doctrina Secreta. ([112]) Si los estudiantes ana­lizan estas condiciones y amplían el concepto hasta abarcar un sistema solar anterior de mayor madurez, obtendrán alguna luz sobre el problema del origen del mal en este sistema solar.

c. Condiciones para la magia blanca. Al considerar los fac­tores que requieren un ajuste antes de emprender el trabajo de magia, trataremos de algo que tiene un eminente valor práctico. A no ser que los estudiantes de magia la practiquen fortalecidos por un móvil puro, un cuerpo limpio y una aspiración elevada, están predestinados a la desilusión y al desastre. Quienes tratan de trabajar conscientemente con las fuerzas de la manifestación y se esfuerzan por controlar las Energías en todo lo visible, necesi­tan la fuerza protectora de la pureza. Este es un punto que nunca se acentúa lo suficientemente, y por ello se insta constantemente a lograr el autocontrol, comprender la naturaleza del hombre y consagrarse a la causa de la humanidad. Es peligroso abocarse a la investigación mágica por tres razones.

Si los cuerpos de un hombre no están bastante purificados y su vibración atómica no es suficientemente elevada, está en peli­gro de hiperestimularlos al entrar en contacto con las fuerzas de la naturaleza, y esto inevitablemente entraña la destrucción y desintegración de uno u otro de sus cuerpos. A veces puede signi­ficar la destrucción de dos o más cuerpos, y cuando esto sucede tiene lugar una pausa en el desenvolvimiento egoico, porque re­quiere en tales casos prolongar mucho más el intervalo entre en­carnaciones, debido a la dificultad de reunir los materiales nece­sarios en las envolturas.

Además, si el correcto móvil del hombre no fortalece este esfuerzo, está propenso a extraviarse por la adquisición de poder. El conocimiento de las leyes y la magia pone en manos del estu­diante poderes que lo capacitan para crear, adquirir y controlar. Dichos poderes  encierran muchos peligros para los que no están en condiciones ni preparados, porque en este caso el estudiante puede aplicarlos a fines egoístas, usándolos para su propio progreso material y temporal, adquiriendo aquello que nutrirá los deseos de la naturaleza inferior. Da entonces el primer paso hacia el sendero de la izquierda, y en cada vida progresará en él con mayor aptitud hasta que -casi inconscientemente- se hallará en­grosando las filas de los maestros negros. Tal estado de cosas sólo puede ser contrarrestado cultivando el altruismo, el amor sincero del hombre y rechazando continuamente todos los deseos inferiores.

El tercer peligro que amenaza al incauto estudiante de magia reside en el hecho de que cuando hace ensayos con dichas fuerzas y energías, está manipulando aquello que es muy afín a su propia naturaleza inferior. Por lo tanto, sigue la línea de menor resisten­cia, aumenta estas energías, acrecentando así su respuesta a lo anterior y a los aspectos materiales de su naturaleza. Esto lo hace a expensas de su naturaleza superior, retardando su desarrollo y dilatando su progreso. También incidentalmente atrae la atención de aquellos maestros del sendero izquierdo que están siempre a la expectativa de los que pueden ser doblegados a realizar sus pro­pósitos, y se convierte (sin intención al principio) en un agente del mal.

Por lo tanto será evidente que antes de emprender la ardua tarea de llegar a ser un consciente Maestro de Magia, el estudiante debe poseer las siguientes cualidades:

Pureza Física. Esto es algo que no se adquiere fácilmente y para lograrlo se necesitan muchas vidas de intenso esfuerzo. Por medio de la abstinencia, la recta continencia, la vida pura, la dieta vegetariana y el rígido autocontrol, el hombre gradualmente eleva la vibración de sus átomos físicos, construye un cuerpo cada vez más resistente y fuerte y consigue “manifestar” una envoltura más refinada.

Libertad Etérica. Estos términos no expresan todo lo que trato de impartir, pero son suficientes a falta de otros mejores. El estudiante de magia que pueda emprenderla sin peligro, habrá construido un cuerpo etérico de tal naturaleza que la vitalidad, fuerza o energía pránicas, circularán libremente, formando una trama etérica tan tenue que no constituirá un obstáculo para la conciencia. Esto es todo lo que puede decirse sobre este tema, debido al peligro involucrado, pero es suficiente para dar cierta infor­mación a aquellos que empiezan a conocer.

Estabilidad Astral. El estudiante de magia intenta sobre todo purificar sus deseos y transmutar sus emociones de tal modo que estén a su disposición la pureza física de lo inferior, la respuesta mental superior y el poder de transmutación. Todo mago tiene que aprender el hecho de que, en este sistema solar, durante el ciclo humano, el cuerpo astral es el eje del esfuerzo, y tiene un efecto reflejo en los otros dos vehículos, el físico y el mental. Intenta, por lo tanto, transmutar (como se ha dicho a menudo) el deseo inferior en aspiración, cambiar los colores burdos inferiores que caracterizan al cuerpo astral del hombre común, por los tonos más claros y más puros del hombre espiritual, transformar su caótica vibración normal y el “borrascoso mar de la vida” por la respuesta constante y rítmica de aquello que es superior y constituye el cen­tro de paz. Estas cosas las efectúa mediante una continua vigilan­cia, un inagotable control y la incesante meditación.

Equilibrio Mental. Estas palabras se emplean en sentido ocul­to, donde la mente (tal como se entiende comúnmente) se convier­te en el firme y delicado instrumento del pensador interno y en el punto desde el cual puede dirigirse hacia reinos más elevados de comprensión. Esta es la piedra fundamental donde puede iniciar una expansión superior.

Ningún seudo estudiante de magia ha de proseguir sus in­vestigaciones y experimentos hasta que no haya cumplido estas disposiciones y la orientación de su mente no esté dirigida a ma­nifestar y demostrar sus pensamientos en la vida diaria. Cuando haya trabajado de esta manera incesante e incansablemente, y su vida y servicio en el plano físico atestigüen la transmutación inter­na, entonces puede llevar una vida paralela de estudio y trabajo mágicos. Sólo el Angel solar puede realizar el trabajo del mago blanco y lo efectúa controlando los ángeles lunares y subyugándolos completamente. Están alineados en contra de él, hasta que por medio de la meditación, la aspiración y el control, los somete a su voluntad y los convierte en sus servidores.

Este concepto nos lleva a la vital y verdadera diferencia que existe entre el hermano blanco y el hermano de la oscuridad; con este resumen terminaremos esta dilucidación y proseguiremos con las reglas.

            El trabajador en magia blanca utiliza siempre la energía del Angel solar para realizar sus fines. El hermano de la oscuridad trabaja por medio de la fuerza innata de los Señores lunares, que poseen una naturaleza afín con todo lo que es objetivo. En un anti­guo libro de magia, oculto en las cavernas del saber, custodiado por los Maestros, se encuentran las siguientes y terminantes palabras que tienen cabida en este tratado sobre el Fuego, debido a al propiedad que poseen:

“Los Hermanos del Sol, por medio de la fuerza del fuego solar aventaron la llama en la ardiente bóveda del segundo Cielo, apagan los fuegos lunares inferiores y reducen a la nada ese inferior “fuego por fricción.”

El Hermano de la Luna ignora al sol y al calor solar; toma su fuego de lo triple y prosigue su ciclo. Los fuegos del infierno esperan y el fuego lunar se apaga. De nada le sirven el sol ni la luna, sólo el cielo más elevado aguarda la chispa eléctrica buscando la vibración sincronizada de aquello que se halla debajo, y aún así no llega.”

3. Quince Reglas para la Magia.

Estas reglas son lógicamente de naturaleza esotérica, y el estu­diante deberá recordar que la terminología es de naturaleza evasiva, pero siempre traerán una revelación a quienes poseen la clave, aunque tenderán a confundir y a dejar perplejo al estudiante que aún no está preparado para recibir la verdad. Quisiera también que el estudiante tenga presente que todo lo que aquí se imparte concierne a la “magia blanca”, y es dado desde el punto de vista del Angel solar y del Fuego solar. Teniendo presente estos dos pun­tos el estudiante hallará mucho de valor en estas reglas, que opor­tunamente le traerán iluminación interna. Las dividiremos en tres grupos de aforismos o frases ocultas; el primero se relacionará con el trabajo que realiza el mago en el plano mental, la forma de ma­nipular la energía solar y su capacidad para que los Constructores colaboren en sus propósitos.

El segundo grupo llevará la tarea al plano del deseo y de la vitalización, y transmitirá información sobre el equiparamiento de los pares de opuestos y su equilibrio a fin de que se haga posible La manifestación final.

El tercer grupo tendrá que ver con el plano físico, la transmisión de fuerza a través de

a.      los centros,

b.      el cerebro,

c.      el plano físico.

a. Seis reglas para el plano mental. Se proporcionarán cier­tas leyes del lenguaje, y el significado del color y del sonido sub­yacerá en la forma exotérica de las frases para quienes tienen suficiente percepción:

RECLA UNO.            El Angel Solar se recoge en Si mismo, no disipa su fuerza, sino que en profunda meditación se comunica con su reflejo.

El significado de esta regla es fácil de comprender. Mago blan­co es aquel que, mediante el consciente alineamiento con su Ego, su “Angel”, es receptivo a sus planes y propósitos, por lo tanto, capaz de recibir impresiones superiores. Debemos recordar que el mago blanco trabaja de arriba hacia abajo, siendo el resultado de la vibración solar y no de los ardientes impulsos que emanan de uno u otro de los Pitris lunares; el descenso de la energía impresionante del Pitri solar es el resultado de su recogimiento interno, de la absorción de sus fuerzas antes de enviarlas concentradamente a su sombra, el hombre, y de su constante meditación sobre el pro­pósito y el plan. Podría ser útil al estudiante recordar aquí que el Ego (igual que el Logos) está en profunda meditación durante todo el ciclo de encarnación física. Esta meditación solar es de na­turaleza cíclica, enviando el Pitri involucrado a su “reflejo”, corrien­tes rítmicas de energías que son reconocidas por el hombre impli­cado como “impulsos superiores”, sueños y aspiraciones. Por lo tanto, será evidente por qué los trabajadores en magia blanca son siempre hombres evolucionados y espirituales, el “reflejo” respon­de raras veces al Ego o Angel solar si no han transcurrido muchos ciclos de encarnaciones. El Pitri solar se comunica con su “sombra” o reflejo por medio del sutratma que desciende a través de los cuerpos hasta un punto de entrada en el cerebro físico.

REGLA DOS.            Cuando la sombra ha respondido, el trabajo prosi­gue en profunda meditación. La luz inferior es proyectada hacia arriba; la luz superior ilumina a los tres, y el trabajo de los cuatro continua.

Aquí podrá observarse que el trabajo del Ego en su propio plano y de su instrumento en los tres mundo está vinculado y coor­dinado. Como bien sabemos, la principal función de la meditación es llevar al instrumento inferior a tal condición de receptividad y respuesta vibratoria que el Ego o Angel solar pueda utilizarlo y producir resultados específicos. Esto implica, por lo tanto, un des­censo de fuerza desde los niveles superiores del plano mental (don­de mora el Hombre real) y una vibración recíproca que emana del Hombre, el Reflejo. Cuando estas dos vibraciones se sintonizan y la interacción es rítmica, entonces las dos meditaciones prosiguen sincrónicamente y la tarea de magia y creación puede continuar libremente. Se verá entonces que el cerebro es la analogía física de los centros de fuerza del plano mental, y que la vibración tiene que ser establecida conscientemente por el hombre en meditación Cuando se efectúa esto, el hombre puede ser un creador consciente, y el trabajo prosigue de manera triple, circulando la fuerza libre­mente por tres puntos de actividad centralizada:

Primero. Desde el círculo de pétalos, en el loto egoico, que el Ego ha decidido utilizar o está en situación de hacerlo, estando condicionado por el objetivo a realizar y el grado de desarrollo egoico.

Segundo. El centro del cerebro físico que está activo en la meditación. También está condicionado por el grado de evolución del hombre y la meta que ha pensado alcanzar.

Tercero. El centro de fuerza generado por el hombre, en el plano mental inferior, a medida que construye la forma mental necesaria y pone en actividad esos constructores que pueden responder a la vibración establecida. Esto tam­bién se halla condicionado por la fuerza de su meditación, la plenitud de la nota emitida y el poder de la vibración que inició.

De allí que lo primero que hace el Angel solar es formar un triángulo compuesto por sí mismo, el hombre en el plano físico, y por el ínfimo punto de fuerza, resultado de su esfuerzo unido. Será de valor para quienes estudian el tema de la meditación reflexio­nar sobre este procedimiento y estudiar la analogía que existe entre éste y el trabajo del Logos solar a medida que fue “creando los Cielos y la Tierra”. Se unieron los aspectos superiores e inferiores, entraron en contacto el espíritu y la materia, la consecuencia de esta interacción fue el nacimiento del hijo o la gran forma men­tal solar. En los tres mundos, el hombre, la Deidad inferior, dentro de sus límites, procede en líneas análogas. Los tres iluminados por La luz del Uno, son las tres personas de la Tríada inferior, el cuerpo mental, el cuerpo astral y el cuerpo físico. Ellos y el Iluminador forman los “Cuatro” a los que se refiere la regla, y así se pone de manifiesto la Tétrada microcósmica.

Las dos reglas anteriores forman la base esotérica de toda me­ditación y deben ser estudiadas cuidadosamente si se desea obtener ciertos resultados.

REGLA TRES.           La Energía circula. El punto de luz, producto de la labor de los cuatro, crece y aumenta. Miríadas se reúnen en torno a su calor resplandeciente has­ta que merma su luz y su fuego disminuye. Des­pués se emitirá el segundo sonido.

El mago blanco por medio de la meditación y el propósito consciente forma un punto central de energía en el plano mental, acrecienta la vibración por medio de la continua concentración, comenzando entonces a visualizar detalladamente la forma que ha de construir, la imagina con todas sus partes, componentes y ve “ante el ojo de su mente”, el producto consumado de la meditación egoica a medida que se va realizando. Esto produce lo que aquí se denomina “la nota secundaria”; la primaria es la que ema­na del Ego en su propio plano, que despertó “al reflejo” y evocó respuesta. La vibración se hace más fuerte y la nota emitida por el hombre en el plano físico asciende y es oída en el plano mental. Es por ello por lo que en toda meditación ocultista el hombre tiene que realizar ciertas cosas a fin de ayudar a producir los resultados.

Tranquiliza sus cuerpos de manera de no tener impedimentos para el intento egoico y está atento para oír la “Voz del Silencio”. Responde entonces conscientemente a esa Voz y reflexiona sobre los planes impartidos.

Luego entona la Palabra Sagrada, y tomando la nota del Ego, cuando cree oírla, la envía para aumentar el sonido egoico y poner en movimiento la materia en el plano mental. Sincrónicamente con esta emisión, visualiza detalladamente la forma mental pro­puesta, para corporificar los propósitos egoicos.

Debe recordarse que hablamos de las meditaciones conscien­tes, basadas en el conocimiento y en la larga experiencia, que pro­ducen resultados mágicos en el plano físico, y de esas meditaciones que tienen el propósito de revelar al Dios interno y traer el fuego iluminado al Ego.

Cuando este proceso continúa por ley y orden, el punto focal de energía en el plano mental inferior adquiere fuerza; su luz o fuego se hace sentir; llega a ser, en sentido oculto, visualmente objetivo, atrayendo la atención de los constructores menores por medio de

a.      su radiación o calor,

b.      su activa vibración,

c.      su sonido o nota,

d.     su luz.

Los trabajadores elementales capaces de responder, son reunidos y atraídos dentro del radio de fuerza, comenzando a agruparse a su alrededor. La forma pretendida empieza a ponerse de manifiesto y pequeñas vidas, unas tras otras, ocupan el lugar que les co­rresponde en su construcción. El resultado de esa “coherencia” es que la luz interna comienza a velarse, su brillo disminuye así como la luz del Ego en su sombra o la forma mental, el hombre, también disminuye y se oculta.

REGLA CUATRO.    El sonido, la luz, la vibración y la forma se en­tremezclan y fusionan, y así el trabajo es uno Procede de acuerdo a la ley, y nada puede ya entorpecer el avance del trabajo. El hombre respira profundamente. Concentra sus fuerzas y arroja de sí la forma mental.

Tenemos aquí una faceta muy importante del trabajo mágico pocas veces considerada y conocida. La fuerza aplicada por el Ego en la tarea de obligar al hombre a cumplir Su propósito ha sido la voluntad dinámica, y el pétalo o centro de energía empleado ha sido uno de los pétalos de voluntad. Hasta ahora el hombre fue impulsado por la voluntad egoica, pero ha fusionado con ella gran parte de la energía del aspecto atrayendo (deseo o amor),  reuniendo para sí en el plano mental el material necesario para su forma mental. Hasta ahora se ha logrado observar, en los niveles concre­tos del plano mental, una forma construida de materia mental, coherente, viva, vibrante y de naturaleza deseada. Su actividad interna es tal que está asegurada su persistencia durante el tiem­po necesario para lograr realizar su propósito egoico; está prepa­rada para ser enviada a cumplir su misión, a reunir para sí mate­rial de naturaleza más densa en el plano astral y a obtener mayor consolidación. Esto es efectuado mediante un acto de voluntad que emana del hombre y le da a la forma viviente el poder de “des­prenderse”. Afortunadamente para la raza humana, exactamente en este punto es donde fracasan en su trabajo la mayoría de los investigadores mágicos. Construyen una forma con materia mental, pero desconocen como enviarla a cumplir su misión inevitablemente. Así numerosos formas mentales mueren de muerte na­tural en el plano mental debido a la incapacidad del hombre para ejercer constructivamente la facultad de la voluntad, y a su fracaso e incomprensión de las leyes que rigen la construcción de formas mentales. Otro factor lo constituye su desconocimiento de la fórmula que libera a los constructores elementales de lo que los circunda, obligándolos a adherirse dentro de la periferia de la forma mental durante el tiempo que el pensador desea. Finalmente mue­re debido a que la incapacidad del hombre le impide meditar durante un período suficientemente prolongado y formular sus ideas con tal claridad como para producir la materialización final.

Los hombres son todavía demasiado impuros y egoístas como para confiárseles este conocimiento. Construirían sus formas mentales para ser enviadas a misiones egoístas y con fines destructivos; hasta que no sean más espirituales y hayan controlado su naturaleza inferior no estarán disponibles para su empleo las palabras mágicas que impulsan a que emprenda una actividad separada la forma construida en sustancia mental.

Podría preguntarse en qué forma los hombres logran sus obje­tivo por medio de la concentración y la visualización y cómo pue­de enviar formas mentales que lleguen a su destino. Esto puede efectuarse de dos maneras.

Primero. Recordando inconscientemente métodos y formas conocidas y utilizadas en la época atlante, cuando las formas mágicas eran de propiedad pública y los hombres obtenían resultados emi­tiendo ciertos sonidos. No lograban sus objetivos por su capacidad mental, sino que principalmente lo hacían repitiendo como loros esos mántram. Éstos están a veces ocultos en el subconsciente y los utiliza involuntariamente el hombre cuando los presiente fuertemente.

Segundo. Por medio de los pensamientos e ideas del hombre que encajan con los planes y propósitos de aquellos que saben, ya sea en el sendero de la magia blanca o en el de la magia negra Luego utilizan la forma con su fuerza inherente y la galvanizan para que entre en una actividad y entidad temporariamente separada, enviándola así a cumplir su propósito. Esto explica los numerosos resultados fenoménicos aparentes logrados por los egoístas los buenos pensadores, pero incompetentes.

Las palabras mágicas son comunicadas únicamente, bajo la promesa de guardar secreto, a los que trabajan regidos por la Fraternidad de la Luz, a los iniciados y a los chelas juramentados debido al gran peligro que involucran. También, ocasionalmente son captadas por hombres y mujeres que han obtenido el alineamiento con el Ego y están, por lo tanto, en contacto con el centro interno de todo conocimiento. Cuando esto sucede, el conocimiento está seguro, porque el Ego trabaja siempre de parte de la luz y de la rectitud, y las palabras emitidas por el Ego se “pierden en Su sonido” (como se dice esotéricamente) y no serán recordadas por el cerebro físico cuando no está influenciado por el Ángel solar.

Las seis reglas para el plano mental son muy breves, debido a que el plano de la mente es aún un terreno desconocido para la mayoría -desconocido en lo que respecta a su control consciente. Las dos reglas restantes se relacionan, en el primer caso, con el hermano que practica magia blanca y, en el segundo, con la fórmula mental que está construyendo.

REGLA CINCO.        Tres cosas preocupan al Ángel solar antes que la envoltura creada descienda: la condición y las aguas, la seguridad de aquel que así crea y la constante contemplación. De este modo están aliados para el triple servicio, el corazón, la garganta y el ojo.

El punto focal de energía que el hombre, el mago, ha creado en el plano mental, alcanza una actividad vibratoria que asegura la respuesta, por parte de la materia requerida, para proveer la siguiente y más densa envoltura. Esta vibración hará que se agrupe alrededor del núcleo central un tipo diferente de sustancia vital divina. Esta forma se construye esotéricamente, con el fin de ser enviada, para que descienda y vuele como un pájaro a cumplir su misión, entonces se acerca el momento crítico para el mago. Una de las cosas de las que se ha de ocupar el mago es que la forma que ha construido, y a la cual se mantiene unido por una fuerte hebra de sustancia (una analogía en minúscula escala de hilo sutrátmico por el cual la Mónada o el Ego se mantiene vinculado a su “forma de manifestación”), no muera por falta de sostén vital ni retorne a él sin haber cumplido su misión. Cuando ocurre tal catástrofe, la forma mental se convierte en una amenaza para el mago, y éste llega a ser la víctima de lo que ha creado. Los devas que forman el cuerpo de la idea que ha fracasado en cumplir su propósito constituyen un drenaje de su fuerza vital, por eso pro­cura que el móvil o deseo que subyace detrás de la “idea”, reves­tida ahora con su primer envoltura, mantenga su prístina pureza, no tenga vestigios de intención egoísta ni haya tergiversación del propósito inicial del Angel solar, produciendo una vibración inde­seable. Esto es lo que se quiere significar cuando se dice que se ha de cuidar la “condición de las aguas”. Como bien sabemos, el agua representa la materia; la sustancia del plano astral que estamos considerando tiene gran importancia para la construcción de for­mas. De acuerdo a la sustancia empleada y a la naturaleza de los constructores que responden a la nota de la forma de materia mental, así será el propósito a realizar. Esta es la etapa más im­portante por muchas razones, puesto que el cuerpo astral de cual­quier forma condiciona

a.      la naturaleza del vehículo físico y

b.      la transmisión de fuerza del siguiente plano superior.

Los “devas kámicos” pueden llevar a cabo su tarea siempre que el hombre del plano físico mantenga firmemente el propósito e impida que las influencias y vibraciones que emanan del hombre inferior la distorsionen. Recordaré a los estudiantes, a esta altura, que cualquier forma mental se encamina necesariamente a mayo­res corrientes de fuerza o energía que emanan de pensadores avan­zados. de toda categoría, empezando del Logos planetario hacia abajo, y de acuerdo a su naturaleza y móvil así se ayudará o retrasará el trabajo evolutivo. De este modo trabajan los Nirmanakayas ampliando corrientes de energía mental, vitalizando las formas creadas por los hombres y llevando a cabo la tarea de construcción y destrucción. Tienen que utilizar lo que existe, de ahí la necesi­dad de pensar con claridad. Habiendo “purificado” las aguas o salvaguardado sus deseos, el pensador procede luego (mediante el uso de ciertas palabras que le son impartidas por el Ángel solar) protegerse de los devas de naturaleza elemental con los cuales se propone trabajar. En el plano mental, la naturaleza y vibración del Angel solar provee suficiente protección, pero ahora se propone trabajar con los elementales y las existencias más peligrosas de los tres mundos. ([113])

Estas fórmulas protectoras son pronunciadas por el pensador conjuntamente con el Angel solar, en el momento en que la forma mental está preparada para recibir su envoltura astral. El mántram va dirigido a las fuerzas que impulsan la actividad de los Agnisuryas y origina una corriente de energía protectora desde uno de los pétalos del corazón del Loto egoico. Esta circula a tra­vés del centro laríngeo del hombre, y establece una corriente circu­latoria de energía a su alrededor que rechaza automáticamente a los devas que podrían (por medio de su tarea ciega e ignorante) amenazar su paz. Habiéndose ocupado de estas dos cosas -regu­lado el deseo y resguardada la identidad- tanto el Angel solar como el trabajador mágico mantienen una actitud contemplativa y profunda, adoptada después de la meditación.

Durante la contemplación el ojo interno se fija sobre el objeto de la contemplación, y esto produce (inconscientemente en la ma­yoría de los casos) una constante corriente de energía enfocada en el objetivo, produciendo vitalización y actividad. Es la base del “trabajo de transmutación”, en que la sustancia humana, por ejem­plo, es transmutada en sustancia solar. El Ego contempla sus cuer­pos lunares, y gradualmente se va realizando el trabajo. Cuando su reflejo, el hombre, ha alcanzado un punto en la evolución en que puede meditar y contemplar, el trabajo se acelera rápidamente y la transmutación procede con rapidez, particularmente en el plano físico. En la tarea de construcción de la forma mental, el hombre en contemplación, prosigue la tarea de energetizar y vitalizar. Po­dría aquí decirse que el ojo es el gran agente rector. Cuando se emplea el tercer ojo, como sucede en la contemplación, éste cons­tituye el sintetizador y rector de la triple energía; de allí la pode­rosa tarea que ejecutan aquellos que lo han desarrollado. El ter­cer ojo sólo empieza a funcionar cuando el tercer circulo de pétalos egoicos comienza a desarrollarse lentamente.

Si los estudiantes analizaran el efecto que produce el ojo hu­mano en el plano físico, y luego extendieran el concepto a la tarea del Pensador interno cuando utiliza el tercer ojo, obtendrían una interesante aclaración sobre el tema del control mental. El Antiguo Comentario dice:

“Cuando el ojo es ciego, las formas creadas giran en circulo y no cumplen la ley. Cuando el ojo está abierto fluye la fuerza, la orienta­ción y la realización son seguras y los planes prosiguen de acuerdo a la ley; el ojo de color azul o el ojo que no ve el rojo de la ira cuando está abierto, produce con gran facilidad aquello que se intenta realizar.”

La regla final está contenida en las palabras:

REGLA SEIS.            Cuando el ojo se abre los devas de los cuatro in­feriores sienten la fuerza, son expulsados y pier­den a su amo.

La energía egoica, transmitida vía el cerebro físico, entonces se dirige a realizar el trabajo de enviar la forma, para que pueda revestirse de materia astral. El ojo del Pensador se abre y aflu­yen corrientes de vitalidad repulsiva. No es necesario decir más porque hasta que el ojo no funcione, no es posible que los hombres comprendan la naturaleza de la energía que manejarán o dirigirán.

b. Cinco reglas para el plano astral. Antes de considerar el segundo grupo de “Reglas para la Magia”, quisiera decir algunas palabras respecto al “ojo del Mago”, al cual ya me he referido ante­riormente. Una de las reglas fundamentales detrás de todo proceso mágico consiste en que ningún hombre puede ser un mago o trabajador en magia blanca hasta que no se le haya abierto el tercer ojo o esté en proceso de abrirse, pues por medio de ese ojo se energetiza, dirige y controla la forma mental y los constructores o fuerzas menores son impulsados a realizar cualquier tipo de actividad. Entre los futuros descubrimientos y próximas revelaciones de la ciencia materialista, una de las revelaciones se relacionará con la facultad que posee el ojo humano, ya sea solo o colectivamente, de dirigir la fuerza, y esto indicará una de las primeras etapas hacia el redescubrimiento del tercer ojo o el “Ojo de Shiva”. Como sabemos Shiva es uno de los nombres para el primer gran aspecto Logoico y ese nombre oculta cosas de gran importancia esotérica. Shiva representa:

a.      El Aspecto Voluntad.

b.      El Aspecto Espíritu.

c.      El Padre en el Cielo.

d.     El Propósito Rector.

e.      La energía consciente.

f.       La intención dinámica.

Al considerar estas frases se evidenciarán las facultades innatas del tercer ojo.

En el ser humano, el “Ojo de Shiva” está situado, como ya se sabe, en el centro de la frente entre los dos ojos físicos. ([114])

No debe confundirse con la glándula pineal, que es un centro físico o glándula bien definida. El tercer ojo existe en materia eté­rica, siendo un centro de fuerza etérica, hecho con sustancia de los éteres, mientras que la glándula pineal está formada por materia de los tres subplanos inferiores del plano físico, sin embargo, ella ha de funcionar en cierta medida antes que el “Ojo de Shiva” tenga cierto grado de actividad; esto es lo que ha conducido a los escritores de libros ocultistas, del pasado, a confundirlos delibe­radamente a fin de proteger el conocimiento.

El tercer ojo se forma por la actividad de tres factores:

Primero, mediante el impulso directo del Ego en su propio plano. Durante la mayor parte de la evolución el Ego hace contacto con su reflejo, el hombre en el plano físico, mediante el centro que se halla en la cima de la cabeza. Cuando el hombre esté más evolucionado y se aproxime o esté hollando el Sendero, el Yo interno se aferrará más a su vehículo inferior, y descenderá hasta un punto de la cabeza o del cerebro que se encuentra aproximada­mente en el centro de la frente. Éste es su contacto más inferior. Es interesante observar aquí la analogía que existe con la evolu­ción de los sentidos. Los tres sentidos principales y los primeros en manifestarse sucesivamente son oído, tacto y vista. Durante gran parte de la evolución el oído constituye el impulso que guía la vida humana por medio del contacto egoico establecido en la parte superior de la cabeza. Luego, cuando el Ego desciende un poco más, se une al centro etérico activo en conexión con el cuerpo pituitario y el hombre responde a las vibraciones más sutiles y su­periores; entonces se despierta la analogía esotérica del sentido físico, el tacto. Por último se abre el tercer ojo y la glándula pineal comienza a funcionar simultáneamente. Al principio la visión es oscura y la glándula sólo responde parcialmente a la vibración, pero en forma gradual el ojo se abre totalmente, la glándula está plenamente activa, y tenemos al hombre “totalmente despierto”. Cuando esto sucede, vibra el centro alta mayor y entonces los tres centros físicos de la cabeza funcionan.

Segundo, mediante la actividad coordinada del centro princi­pal de la cabeza, el loto de múltiples pétalos que se halla sobre la parte superior de la cabeza. Este centro afecta directamente a la glándula pineal, y la interacción de fuerza detrás de ambos (la ana­logía en pequeña escala de los pares de opuestos espíritu y mate­ria) produce el gran órgano de la conciencia, el “Ojo de Shiva”. Constituye el instrumento de la sabiduría, y en estos tres centros de energía tenemos la analogía de los tres aspectos dentro de la cabeza del hombre.

1. Centro Principal de la cabeza    Aspecto Voluntad               Espíritu         Padre en

el Cielo

2. Glándula pineal                          Aspecto Amor-Sabiduria   Sustancia      Hijo.

3. Tercer ojo                                     Aspecto actividad                Materia         Madre.

 El tercer ojo dirige la energía o fuerza, y por lo tanto es el instrumento de la voluntad o Espíritu; responde a esa voluntad sólo cuando es controlada por el aspecto Hijo, el revelador de la natu­raleza amor-sabiduría de los dioses y del hombre, siendo por lo tanto el signo del mago blanco.

Tercero, mediante la acción refleja de la glándula pineal misma.

A medida que estos tres tipos de energía o la vibración de estos tres centros comienzan a hacer contacto entre sí, se establece una definida interacción. Esta triple interacción forma con el tiempo un vórtice o centro de fuerza que se ubica en el centro de la frente, y oportunamente se asemeja a un ojo que observa entre los otros dos. Es el ojo de la visión interna, y quien lo haya abierto puede dirigir y controlar la energía de la materia, ver todas las co­sas en el Eterno Ahora, estar más en contacto con las causas que con los efectos, leer los archivos akáshicos y ver clarividentemente. Por lo tanto, el que lo posee puede controlar a los constructores de grado inferior.

El “Ojo de Shiva”, una vez perfeccionado, es de color azul, y como nuestro Logos solar es el ‘logos Azul”, sus hijos se Le ase­mejan en sentido oculto; este color tiene que ser interpretado esotéricamente. También debe recordarse que antes de recibir las dos Iniciaciones finales (la sexta y la séptima) el ojo del mago blanco, cuando está desarrollado, se coloreará de acuerdo al rayo a que pertenece el hombre -también esotéricamente compren­dido. No puedo dar más información respecto a esta cuestión del color. De acuerdo al color así será el tipo de energía manipulada, pero debe tenerse presente que todos los magos trabajan con tres tipos de energía:

a.      La que es idéntica a la de su propio rayo.

b.      La que complementa su propio tipo de fuerza.

c.      La que constituye su polo opuesto.

Por lo tanto, trabajan en la línea de menor resistencia por medio de la atracción y repulsión.

A través de este “ojo que todo lo ve” el Adepto puede en cual­quier momento y lugar ponerse en contacto con Sus discípulos; comunicarse con Sus colegas en el planeta, con aquellos que se ha­llan en el polo opuesto de nuestro planeta y con los del tercer pla­neta que, conjuntamente con el nuestro, forman un triángulo; por medio de la energía dirigida a través de éste puede controlar y dirigir a los constructores, sujetar cualquier forma mental que pueda haber creado dentro de Su esfera de influencia y en su proyectado sendero de servicio; a través de Su ojo, mediante las co­rrientes de energía dirigida, puede estimular y ayudar a Sus discípulos o grupos de hombres, en cualesquiera lugar y momento.

La glándula pineal está sujeta a dos líneas de estímulo: Pri­mero, la que emana del Ego mismo, vía los centros etéricos de fuer­za. Este descenso de energía egoica (resultado del despertar de los centros por medio de la meditación y la espiritualidad de la vida) hace impacto sobre la glándula, y en el transcurso de los años au­menta gradualmente su secreción y tamaño, comenzando un nuevo ciclo de actividad.

La segunda línea de estímulo que afecta a la glándula pineal es consecuencia de la disciplina del cuerpo físico y su sometimiento a las leyes del desarrollo espiritual. Cuando el discípulo vive una vida ordenada, no consume carne, no fuma ni bebe alcohol y prac­tica la continencia, la glándula pineal ya no está atrofiada, sino que reasume su actividad primitiva.

Nada más puede decirse aquí pues ya se ha dado bastante al estudiante para reflexionar.

Al pronunciar la palabra, durante la meditación, el estudiante evoca respuesta del centro mayor de la cabeza, provoca vibración recíproca entre éste y el centro físico de la cabeza y, gradualmente, coordina las fuerzas de la cabeza. Practicando la visualización se desarrolla el tercer ojo. Las formas visualizadas y las ideas y abstracciones que durante el proceso se revisten de forma y se les da forma mentalmente, se ven a pocas pulgadas del tercer ojo. Cuando el yogui oriental dice de concentrarse en la punta de la nariz se refiere a este proceso. Esta frase engañosa vela una gran verdad.

Continuando con las “Reglas para la Magia”, nos ocuparemos del segundo grupo que trata de los impulsos constructores de for­mas y esas tendencias atractivas que son la base de la manifesta­ción en el plano físico. Hemos considerado algunas reglas que se ocupan de la tarea del Angel solar, quien, en cualquier tipo ver­dadero de trabajo mágico, es el agente activo. Ya hemos dilucidado las reglas por las cuales construye una forma mental en el plano mental, o ese cuerpo germinal que (mediante la acumulación y sonido vibratorio) toma para sí otras formas.

REGLA SIETE.         Las fuerzas duales se perciben en el plano donde ha de buscarse el poder vital; los dos senderos enfrentan al Ángel solar; los polos vibran. Aquel que medita debe hacer una elección.

La forma mental ha de funcionar hora en el plano astral, se la debe proporcionar un cuerpo para pueda hacerlo. La energía del deseo la penetra y “aquel que medita” tiene que energetizar la forma con uno o dos tipos de fuerza antes de objetivarse. De la acción emprendida depende la construcción del cuerpo etérico y la consiguiente manifestación física. Sin embargo, esto es poco comprendido por el pensador común, pero la analogía con su pro­pia experiencia vital es exacta como lo es la del proceso cósmico. La “naturaleza del deva” (como se lo llama) la compenetra, y la naturaleza de la forma mental depende de la cualidad de su amor y del tipo específico de aquello que es el objeto del amor. Si el deva o Ángel solar ama todavía la manifestación y desea existir objetivamente, identificándose voluntariamente con la sustancia, se produce el fenómeno de la reencarnación. Si al deva o Ángel solar no lo atrae ya la materia, entonces no hay identificación, y la vida objetiva ya no constituye la ley de su existencia. Se iden­tifica entonces con la cualidad o energía y se convierte en expresión de los atributos divinos. La objetividad puede entonces con­tinuar como una ofrenda voluntaria para el bien del grupo o existencia planetaria, no identificándose ya con la forma separada. El vehículo humano así creado es una forma mental como puede serlo cualquier otra idea particularizada, y se observará el acto más grande de magia consciente. Todas las demás creaciones mágicas son secundarias. Manipulando la energía positiva y negativa, lle­vándolas a un punto de equilibrio antes de darles forma, se cons­truye el cuerpo perfecto del Adepto. Todo trabajo mágico reali­zado en el plano astral debe hacerse en la línea de la actividad equilibradora; la naturaleza característica de este tipo de trabajo, en los tres planos de los tres mundos, podría resumirse de la manera siguiente:

En el plano mental, la fuerza positiva del Ángel solar impele la sustancia necesaria hacia su correspondiente forma.

En el plano astral, la fuerza equilibradora del Ángel solar reú­ne el material y la energía necesarios de todas partes, construyendo con él la necesaria envoltura astral.

En el plano físico, la fuerza negativa del Ángel solar es todo lo que se necesita para reunir la sustancia etérica deseada. Esto significa que la forma ha adquirido vitalidad y carac­terística propias, de manera que no se requiere la acción violenta que emana del centro egoico para proseguir el trabajo. Es suficiente la nota y la vibración de la forma misma.

REGLA OCHO.         Los Agnisuryas responden al sonido. El flujo y el reflujo de las aguas. Que el fuego cuide de no ahogarse en el punto donde la tierra y el agua se unen. El punto medio, que no es ni seco ni húmedo debe ser el lugar donde él apoye sus pies. Donde se unen el agua, la tierra y el aire, allí está el lugar en que debe hacerse el trabajo mágico.

Debe observarse que en esta regla no se menciona al cuarto elemento, el fuego. La razón consiste en que el mago debe realizar la estupenda tarea de generar el fuego necesario en este triple “punto de reunión”. Esta es una de las reglas más ocultas y enig­máticas.  Las siguientes frases del Antiguo Comentario arrojan al­guna luz sobre ello:

“Cuando el fuego se extrae desde lo más intimo del corazón, las aguas no bastan para dominarlo. Surge como una corriente de llamas y atraviesa las aguas que desaparecen ante él. Así se encuentra la meta.”

“Cuando el fuego desciende de Aquel que observa, el viento no logra apagarlo. Los propios vientos protegen, resguardan y ayudan en la tarea, guiando al fuego que desciende al punto de entrada.”

“Cuando el fuego emana de la boca de aquel que piensa y ve, entonces la tierra no es suficiente para ocultar o apagar la llama. Alimenta la llama, produciendo tal aumento y magnitud del fuego, que llega hasta la estrecha puerta de entrada.”

Esta simbología oculta mucha información referente a la ener­gía dadora de vida, a los centros simbolizados que la enfocan e impelen y al lugar que los diversos tipos de materia receptiva ocupan en el trabajo mágico. Como siempre ocurre en magia blan­ca, la actividad del Ángel solar es el factor primordial, y la tarea que realiza el hombre en el plano físico se considera secundaria, su cuerpo físico y el trabajo que allí se inicia frecuentemente se mencionan como “el combustible y su calor”. Esto se ha de recor­dar muy bien pues dará la clave de la necesidad del alineamiento egoico y la razón de la desaparición de ciertos magos, quienes fueron “destruidos por su propio fuego” o energía. Mago discreto es aquel que cuida la preparación de su vehículo inferior a fin de llevar consigo el fuego con el cual trabaja, y esto lo alcanza mediante la disciplina y la pureza total.

El mago cuida de no “ahogarse” o caer bajo la influencia del agua o elementales astrales, por el conocimiento de ciertas fórmulas, y hasta que estos mántram y sonidos no sean impartidos y conocidos, es peligroso para el hombre en el plano físico intentar la creación mágica. Dichas fórmulas son tres:

             Primero, la que fusiona dos notas y agrega una tercera,  poniendo así en actividad a los constructores del plano astral, los Agnisuryas en cualquiera de sus grados. Esto se basa en el sonido inicial del Ego, distinguiendo entre éste y el sonido de la nota de los constructores y vidas de la minúscula forma mental ya creada. La fórmula es entonada basándose en estas tres notas, en la variación de tono y nota, aunque no de fórmula, produciendo así los tipos de formas.

Segundo, la que es de naturaleza puramente protectora y que, por el conocimiento de las leyes del sonido, está vinculada con el agua (o plano astral), produce un vacío entre el mago y las aguas y entre él y su creación. Esta fórmula se basa en los sonidos vin­culados también con el aire, pues el mago se protege a sí mismo evitando que se acerquen los constructores del agua, erigiendo a su alrededor una capa protectora de átomos de aire, entendidos esotéricamente.

Tercero, la que al ser pronunciada produce dos resultados: el envío de la creación perfecta, a fin de tomar para sí un cuerpo físico y luego la dispersión de las fuerzas constructoras una vez se ha terminado su trabajo.

Esta última fórmula es excesivamente interesante y, si no fuera tan poderosa, el mago podría verse en dificultades con el producto de su pensamiento y convertirse en la víctima de una forma vital y de ciertos “devas de las aguas” que nunca lo abandonarían hasta haberle drenado todas “las aguas de su naturaleza”, absorbiéndolas en su propia naturaleza y provocando su muerte astral. El curioso fenómeno que se observaría entonces sería el del Ego o Ángel solar encarnado en la envoltura mental, pero separado del cuerpo físico, debido a que el mago se ha “ahogado” esotéricamente. Lo único que puede hacer el Ego es romper el sutratma  o hilo y retirar todo contacto con la envoltura inferior. Esta envol­tura podrá persistir por un corto período, de acuerdo a la fuerza de la vida animal, pero es más probable que la muerte se produzca inmediatamente. ([115]) Varios magos han perecido de esta manera.

REGLA NUEVE.       Después sobreviene la condensación. El fuego y las aguas se encuentran. La forma se dilata y crece. Que el mago coja que su forma en el sendero apropiado.

Esta regla se resume brevemente en el mandato: Que el deseo y la mente sean tan puros y tan proporcionados y la forma creadora tan exactamente equilibrada, que no pueda ser atraída por el sendero de destrucción o de “izquierda”.

REGLA DIEZ.           A medida que las aguas bañan la forma creada, éstas son absorbidas y utilizadas. La forma acrecienta su fuerza; que el mago continúe hasta que su trabajo sea suficiente. Que los constructores externos cesen su trabado y los constructores in­ternos inicien su ciclo.

Uno de los conceptos fundamentales captados por todos los trabajadores de magia, es que tanto la voluntad como el deseo son emanaciones de fuerza. Difieren en cualidad y vibración, pero SON esencialmente corrientes de energía, una de ellas forma un vórtice inicial o centro de actividad pues es centrífuga; la otra es centrípeta, siendo el principal factor que le va dando forma a la materia alrededor del vórtice central. Esto puede verse en el caso del lote egoico, donde se manifiesta de manera interesante el aspecto voluntad formando “la joya en el loto” o el centro interno de energía eléctrica, y el deseo o aspecto amor formando el loto egoico mismo o la forma que oculta el centro. La analogía en toda construcción de formas rige para los dioses, hombres y átomos. Desde los planos cósmicos superiores, el sistema solar se ve como un enorme loto azul y lo mismo sucede en toda la escala en orden descendente: lo mismo puede decirse del minúsculo átomo de sustancia. La diferencia entre estos diversos lotos se halla en el número y distribución de los pétalos. El sistema solar es literalmente un loto de doce pétalos, estando cada pétalo formado por cuarenta y nueve pétalos menores. El loto planetario difiere en cada esquema, y es revelado uno de los secretos de la iniciación al iniciado cuando se le confía el número de pétalos de

a.      nuestro planeta tierra,

b.      nuestro polo opuesto planetario y

c.      nuestro planeta complementario o equilibrante.

Provisto de este conocimiento puede entonces utilizar ciertas fórmulas de magia que le permitirán crear en las tres esferas. El mismo concepto básico rige en la construcción de formas mentales  y permiten al mago blanco fenómenos objetivos en el plano físico. Trabaja con los dos tipos de energía, voluntad y deseo, y cuando estos se equilibran conduce a equilibrar los pares de opuestos y a la consiguiente liberación de la sustancia-energía, al erigirse la estructura del plano físico. El mago ha de conocer los siguientes hechos:

Las fórmulas para los dos aspectos de energía logoica, voluntad y deseo. Esto literalmente consiste en captar la nota y la fórmula de Brahma o aspecto sustancia, y la nota y fórmula de Vishnu o aspecto constructivo. A uno lo reconoce porque ha mane­jado materia; le es revelado el otro cuando ha alcanzado la conciencia grupal.

La fórmula para el tipo particular de sustancia-energía que está tratando de emplear se vinculará con ese pétalo particular del Logos solar desde donde emana la fuerza deseada.

La fórmula para el tipo particular de energía que le es transmitida por medio de uno de los tres círculos de pétalos en su propio loto egoico.

La fórmula para el pétalo en particular, de un círculo de pé­talos que puede elegir para trabajar. Todas conciernen principalmente al aspecto voluntad, en lo que respecta a la forma mental que se ha de construir, porque el mago constituye la voluntad, el propósito o el espíritu detrás del fenómeno objetivo que está en proceso de producir.

La fórmula que impele a la actividad (produciendo así una forma), los Agnisuryas energetizados por cualquier aspecto parti­cular de fuerza solar. Donde las dos fuerzas entran en contacto se produce la forma, o el tercer centro de energía aparece o se manifiesta:

a.      La energía del aspecto voluntad.

b.      La energía del deseo o aspecto amor.

c.      La energía de la consiguiente forma mental.

Aquí no se contradice la enseñanza oculta de que el Padre y la Madre o Espíritu y Materia, cuando entran en contacto, produ­cen el Hijo. La dificultad que los estudiantes deben superar con­siste en la verdadera interpretación de los tres términos: Madre­-Materia-Humedad (o las aguas).

Las tres esferas vibratorias

            1. la física densa       madre            materia,
            2. la etérica               materia         Espíritu Santo,

            3. la astral                 humedad      agua,

esperan como una unidad en la creación, y durante las primeras etapas de creación en la enseñanza ocultista, no tienen que estar separadas o apartadas. En el sendero de involución, si se encara el tema desde un ángulo diferente a fin de esclarecerlo parcial­mente, se establecerán las diferencias, pero en el sendero de evolución o de retorno, como bien sabemos, son superadas; en el punto medio de equilibrio, por ejemplo, como en nuestro globo, la con­fusión se produce en la mente del estudiante debido al hecho oculto de que se emplean simultáneamente las diversas fórmulas; las for­mas mentales se hallan en todas las etapas de construcción, y el resultante caos es terrible.

El significado de la regla que estamos comentando podría in­terpretarse como que la energía de las aguas llega a predominar en el trabajo mágico, y el deseo por adquirir forma y cumplir su objetivo se acrecienta. Esto tiene lugar después que la energía de la voluntad ha formado el núcleo central al haber entrado en con­tacto con la fuerza del deseo. El mago, por medio del deseo (o fuer­te motivo), acrecienta la actividad de la forma hasta que adquiere una vida propia separada tan poderosa e intensa que está lista para cumplir su misión en el plano físico. Los devas constructores que han sido impelidos a construir la forma, empleando las miríadas de vidas elementales disponibles, han completado su tarea y dejan de construir; este tipo particular de energía no impele a las vidas menores en una dirección específica, sino que entran en el ciclo final de trabajo en el plano astral. Esto se sintetiza en la siguien­te regla:

REGLA ONCE.          Tres cosas tiene ahora que llevar a cabo quien trabaja con la ley. Primero, descubrir la fórmula que confine a Las vidas dentro del muro esferoidal; luego, pronunciar las palabras que le ex­presen a esas vidas que deben hacer y dónde hay de llevar lo que ha sido hecho; finalmente, ha de pronunciar la frase mística que Lo salvaguarda de su trabajo.

La idea corporificada posee ahora forma y figura en el plano astral, pero aún se halla en estado de flujo; las vidas sólo se man­tienen en su lugar por medio de la centrada atención del mago, trabajando por medio de los grandes constructores. Mediante el conocimiento de ciertas frases mágicas, debe tratar de que su tra­bajo sea permanente e independiente y fijar el lugar de los ele­mentos vitalizadores dentro de la forma, dándoles el impulso que traerá como resultado una concreción más segura. Habiendo realizado esto, llega a ser, si puede expresarse así, un agente del Karma. y envía la forma mental dual (revestida de materia mental y astral) a cumplir su misión, cualquiera que ella sea. Finalmente debe tomar las precauciones necesarias para protegerse de las fuerzas de atracción de su propia naturaleza, lo cual puede conducirlo a retener la forma mental tan cerca del radio de su propia influencia que sería inútil neutralizar su energía innata y anular su propósito.

También puede producir una fuerza de atracción tan poderosa que al atraer la forma tan cerca de sí estaría obligado a absor­berla. Esto puede realizarlo sin ningún peligro aquel que sabe hacerlo, sin embargo produce una pérdida de energía, prohibida por la Ley de Economía. La mayoría de los hombres, que a menudo son magos inconscientes, crean muchas formas mentales ma­liciosas y destructivas, las cuales se vuelven en contra de sus crea­dores en forma desastrosa.

c. Cuatro reglas para el plano físico. Al realizar el trabajo mágico de crear formas, se ha hecho descender la forma mental desde el plano mental -donde el Ángel solar inició el trabajo- a través del astral -donde se estableció el equilibrio- hasta el plano físico o niveles etéricos. Aquí se lleva a cabo la tarea de producir la objetividad, y quien trabaja en magia está en peligro de fracasar si no conoce las fórmulas y los mántram para hacer contacto con el nuevo grupo de constructores y salvar el espacio que existe entre el plano astral y el subplano gaseoso del plano físico. Sería útil recordar aquí que en el trabajo de creación  el mago blanco aprovecha la influencia del Rayo en vigencia. Cuando el tercero, quinto y séptimo rayos se hallan en poder, ya sea entrando en pleno cenit o saliendo de él, el trabajo es mucho más sencillo que cuando dominan el segundo, el sexto o el cuarto rayos. En la actualidad, como sabemos, el séptimo Rayo está empezando a dominar rápidamente, y es una de las fuerzas con las cuales debe trabajar el hombre más fácilmente. Bajo la influencia de este Rayo podrá erigirse una nueva estructura para la actual decadente civilización y construir el nuevo templo deseado para el impulso religioso. Mediante su influencia se facilitará también grandemente la tarea de los numerosos magos inconscientes. Esto traerá como consecuencia el rápido aumento de fenómenos síqui­cos inconscientes, la difusión de la ciencia mental y la consiguiente capacidad de los pensadores para adquirir y crear los tan­gibles beneficios que desean. Sin embargo, esta magia de naturaleza inconsciente y egoísta conduce a resultados kármicos deplorables, y solo quienes trabajan con la ley pueden evitar las consecuen­cias que afectan a los que manipulan materia viviente y controlan las vidas menores mediante el conocimiento, el amor y la voluntad.

El mago blanco utiliza fuerzas solares. A medida que el planeta gira alrededor del sol hace contacto con diferentes tipos de energía solar, requiriéndose un experto conocimiento para utilizar las influencias a su debido tiempo y la forma ser constituida de tal manera que pueda responder a la energía diferenciada en el momento necesario.

Manipula fuerza planetaria de tres tipos:

a.      La de su propio planeta, y la más asequible.

b.      La que emana del polo opuesto de nuestro planeta.

c.      La que se presiente que se origina en ese planeta que, con nuestra tierra y su opuesto, forma el triángulo esotérico

Los estudiantes han de recordar que estamos tratando con materia etérica y energía vital y por lo tanto con lo concerniente al plano físico y todo lo que abarca ese término. También deben recordar que el mago (a medida que trabaja en el plano de la obje­tividad) está en condición de utilizar sus propias fuerzas vitales en el trabajo de creación de la forma mental, pero sólo le es posible y permitido cuando ha alcanzado ese grado de evolución en que se convierte en canal para la fuerza y sabe cómo atraerla dentro de si, transmutarla o combinarla con las fuerzas de su propio cuerpo y luego transmitirla a la forma mental que está en proceso de construir. Muchas cosas interesantes se le revelarán al pensador que extienda esta idea al Logos planetario y a Su trabajo de crear formas.

Con estas breves observaciones preliminares podemos ahora continuar con las Reglas para la Magia, aplicables al plano físico

REGLA DOCE.          La trama palpita. Se contrae y dilata. Que el mago se apodere del punto medio a fin de capturar a “esos prisioneros del planeta” cuya nota está correcta y exactamente afinada con aquello que debe ser hecho.

Es preciso que el mago recuerde que todo lo que sucede en la tierra acontece dentro de la trama etérica planetaria. El trabajador en magia blanca, por ser ocultista, se ocupa de universalidad y comienza su trabajo mágico dentro de los confines de la esfera física etérica. Su problema consiste en localizar esas vidas menores, dentro de la trama, que son apropiadas para construir el vehículo mental propuesto. Dicho trabajo sólo puede efectuarlo el hombre que, mediante la destrucción de la trama que confina a su propia trama etérica, puede alcanzar aquello que reconoce conscientemente como el cuerpo vital planetario. Sólo aquel que es libre puede controlar y utilizar a esos prisioneros. Éste es axioma oculto de real importancia, de la mayoría de los fracasos sufridos por los seudos trabajadores en magia, se deben al hecho de que ellos mismos no son libres. Los “prisioneros del planeta” son esas miríadas de vidas dévicas que forman el cuerpo pránico planetario, siendo arrastradas por el torrente de fuerza vital que emana del sol físico.

REGLA TRECE.        El mago debe reconocer a los cuatro; observar en su trabajo el tono violeta que evidencian y así construir la sombra. Cuando esto ocurre, la sombra se reviste a sí misma y los cuatro se con­vierten en siete.

Esto significa literalmente que el mago debe saber discriminar entre los diferentes éteres y observar el matiz especial de los distintos niveles, asegurando así una construcción equilibrada de la “sombra”. Los “reconoce” en sentido oculto, es decir, conoce su nota y clave, y es consciente del tipo particular de energía que personifican. No se ha puesto demasiado énfasis en el hecho de que los tres niveles superiores de los planos etéricos están en comunicación vibratoria con los tres planos superiores del plano físico cósmico, y éstos (conjuntamente con su cuarto nivel envolvente) han sido denominados en los libros ocultistas “la Tétrada invertida”. Este conocimiento pone al mago en posesión de los tres tipos de fuerza planetaria y su combinación o el cuarto tipo, liberando para sí esa energía vital que impulsará dicha idea a la objetividad. A medida que los diferentes tipos de fuerza se reúnen y una tenue y umbría forma se reviste con la envoltura vibrante astral y mental, y la idea del Ángel solar logra una definida concreción.

REGLA CATORCE.  El sonido aumento. Se acerca la hora del pe­ligro para el alma valerosa. Las aguas no han dañado al creador blanco y nada puede aho­garlo ni mojarlo. Ahora lo amenaza el peligro del fuego y de Las Llamas y se observa tenuemente el humo que se eleva. Que él, después del ciclo de paz, nuevamente invoque al Ángel solar.

El trabajo creador asume ahora serias proporciones; por últi­ma vez el cuerpo del mago es amenazado por la destrucción. Habiéndose formado la “sombra”, ya está preparada para tomar un cuerpo gaseoso o “ígneo”, y son estos constructores del fuego que amenazan la vida del mago, por las siguientes razones:

Primero, porque estando los fuegos del cuerpo humano estrechamente vinculados a los fuegos con que el mago trata de trabajar, si los fuegos latentes del cuerpo y los del planeta se colocan en muy estrecha yuxtaposición, el creador está en peligro de quemarse y destruirse.

Segundo, estando los Agnichaitas vinculados a los “devas del fuego” del plano mental, son muy poderosos y sólo pueden su controlados debidamente por el Ángel solar mismo.

Tercero, en este planeta los fuegos planetarios todavía no han sido dominados por el fuego solar, y son impulsados fácilmente a efectuar el trabajo de destrucción.

Por lo tanto, se ha de invocar nuevamente al Ángel solar. Ello significa que el mago (cuando su “sombra” se ha completado, previamente a las etapas finales de concreción) debe cuidar que su alineamiento con el Ego sea exacto y directo y que las corriente de comunicación estén en plena actividad. Literalmente tiene que “renovar su meditación”, y hacer un nuevo y directo contacto antes de proseguir la tarea. De otra manera los fuegos de su propio cuerpo pueden quedar incontrolados y sufrir, en consecuencia, su cuerpo etérico. Por lo tanto lucha contra el fuego utilizando fuego y hace descender fuego solar para protegerse. Esto no fue necesario hacerlo en el plano astral. Los momentos de mayor peligro en el trabajo creador del mago se producen en ciertas ocasiones en el plano astral, donde está en peligro de ahogarse, esotéricamente y durante la transición de los niveles etéricos a los planos de concreción tangible cuando corre el peligro de “quemarse esotéricamente”. En el primer caso no acude al Ego, sino que detiene la oleada por el amor y los poderes equilibradores de su propia naturaleza. En el segundo debe acudir a aquello que representa el aspecto voluntad en los tres mundos, el impulsivo y dinámico pensador o Ángel solar. Esto lo logra por medio de un mántram. Ningún indicio puede darse debido a los poderes que confiere.

REGLA QUINCE.     Los fuegos se acercan a la sombra, sin embargo no la queman. La envoltura del fuego se ha terminado de construir. Que el mago entone las palabras que mezclan el fuego y el agua.

Poco puede decirse para interpretar estas palabras, excepto hacer una referencia general. Se ha creado la envoltura gaseosa y se acerca el momento de construir la envoltura para el sexto subplano, el líquido. Ambos deben fusionarse. Es el momento de mayor peligro, en lo que respecta a la forma mental misma. Anteriores peligros han amenazado al mago. Ahora debe ser protegida la forma que está creando. La naturaleza del peligro se insinúa en las palabras: “Cuando el fuego y el agua se unen, sin haber entonado el sonido, todo se disipa en vapor. El fuego deja de ser.” El peligro reside en la enemistad kármica existente entre los dos grandes grupos de devas. Dichos grupos sólo pueden ser unidos por el me­diador, el hombre.

Quizás se preguntarán para qué sirven las quince reglas im­partidas respecto a la magia. Todavía para nada respecto al trabajo práctico, pero serán muy útiles cuando se desarrolle la intelectualidad interna. Quien medite y reflexione sobre estas reglas a la luz de lo que ha sido previamente comunicado referente a los devas y a las fuerzas constructoras, llegará a comprender las Leyes de Construcción del macrocosmos, que le serán muy útiles y le ahorra­rán mucho tiempo cuando se le confíe el trabajo y las fórmulas mágicas.



[1] El pecado de los Sin Mente. D. S. III. 187, 192. Este pecado tiene que ver con el período de la Separación de los Sexos, durante la primitiva tercera raza raíz, la Lemuria. El mismo hecho histórico  se insinúa en La Biblia. Génesis VI, 2. 4.

Ellos (los sexo) ya se habían separado antes de que el rayo de la razón divina iluminara la región oscura de sus mentas, hasta entonces adormecidas, y pecaran, es decir, antes de haber cometido el mal inconscientemente, produciendo un efecto antinatural. D. S. IV, 242-248.

[2] En la actual ronda, la cuarta, el deseo o respuesta al contacto y a la sensación, es llevado a su más plena expresión la próxima ronda, la quinta, el quinto principio de la mente o manas alcanzará su fructi­ficación.

[3] Observen la analogía que puede aplicarse aquí. En el segundo pla­no tenemos la Ley de Cohesión -amor. En el segundo plano de la Tríada en manifestación tenemos la Ley de Control Magnético -amor. También tenemos más abajo, en el segundo plano de la Personalidad, la Ley de Amor. La exactitud de la analogía es muy interesante y da lugar a hacer reflexiones.

[4] Las Tres Enunciaciones. En el diagrama, los símbolos de los tres aspectos (del Logos) están ubicados fuera de tiempo y espacio y sólo sus corrientes de influencia descienden a nuestro sistema de planos... repre­sentan en su debido orden lo que generalmente se llama las tres Personas de la Trinidad... Se verá que de cada uno es proyectada una emanación de vida o fuerza hacia los planos inferiores. Consecutivamente el primero es la línea recta que desciende desde el tercer aspecto; el segundo es esa parte del óvalo grande que está a la izquierda -la corriente que des­ciende desde el segundo aspecto hasta el punto más inferior de la materia; luego asciende por el lado derecho hasta el nivel mental inferior. Se observará que ambas emanaciones de vida divina se oscurecen y velan a medida que descienden a la materia, hasta que en el punto inferior casi cuesta reco­nocerlas corno vida divina, pero a medida que ascienden al pasar por su nadir aparecen con mayor claridad. La tercera emanación, que desciende del aspecto más elevado del Logos, difiere de las demás en el sentido de que no es oscurecida por la materia a través de la cual pasa, sino que conserva su pureza virginal y su esplendor inmaculado. Se verá que esta emanación desciende únicamente hasta el nivel del plano búdico (el cuarto plano); el vinculo entre ambas está representado por un triángulo dentro de un circulo, que representa el alma individual del hombre -el ego reencarnante. Aquí, el triángulo está formado por la tercera emanación Y el círculo la segunda...” El Credo Cristiano, por C. W. Leadbeater.

[5] Véase pág. 69.

[6] ¿Por qué consideramos este tema de los devas del sistema interme­dio (así como podríamos considerar aquellos que están vinculados con los actuales budi y kama-manas) cuando nos ocupamos de las formas men­tales? Por dos razones: La primera consiste en que todo lo que está dentro del sistema solar sólo es sustancia energetizada de los planos mental cós­mico y astral, que ha sido empleada para construir formas mediante el poder de la ley de la electricidad; todo lo que se percibe sólo son formas animadas por ideas. La otra reside en que conociendo el proceso creador del sistema, el hombre oportunamente aprende a convertirse en un creador. Podríamos ilustrar esto diciendo que una de las principales funciones del movimiento teosófico, en sus diferentes ramas, consiste en construir una forma que a su debido tiempo podrá ser animada por la idea de Fra­ternidad.

[7] La Vida y las Vidas. H. P. B. dice en La Doctrina Secreta:

“El ocultismo no acepta nada inorgánico en el cosmos. La expresión empleada por la ciencia “sustancia inorgánica” significa simplemente que la vida latente que dormita en las moléculas de la llamada “materia iner­te" es irreconocible. Todo es Vida y cada átomo, aunque sea de polvo mineral, es una Vida que está más allá de nuestra comprensión y percepción... Por lo tanto, la Vida existe en todas partes del universo... allí donde existe un átomo de materia, una partícula o molécula, incluso en su condición más gaseosa, existe vida, aunque latente e inconsciente.” D. S. I. 265, 274-275.

La Vida y las Vidas.

1.     Todo vive y es consciente, pero toda vida y conciencia no es similar a la humana. D. S. I,105.

a.     La Vida es la única forma de existencia que se manifiesta en la materia.

b.     La materia es el vehículo para la manifestación del alma.

c.      El alma es el vehículo para la manifestación del Espíritu.

Por lo tanto, colaboran el primero el segundo y el tercer Logos.

Ilustración

La Vida del ler. Logos, anima a los átomos de materia.

La Vida del 2do. Logos, anima a las formas o conjunto de átomos.

La Vida del 3er. Logos, anima a las formas compuestas.

2.     La Vida Una sintetiza esta triplicidad.

Apliquemos esto al Macro y al Microcosmos

Fohat, Prana, Electricidad, Fluido Magnético, son términos empleados para designar esta vida vitalizadora.

El Microcosmos está animado y vitalizado por el prana, y sus activi­dades están controladas por el Pensador inmanente.

El Macrocosmos está animado y vitalizado por Fohat; sus actividades están controladas por esa Inteligencia que le da forma, denominada el Logos.

[8] “... Agni, es el origen de todo aquello que da luz y calor. Existen diferentes especies de Agni (fuego); pero “cualquier otro fuego que pueda existir, sólo es ramificación de Agni, el inmortal” (Rig Veda, L. 59, 1). La división primaria de Agni es triple. “Agni”, se dice en Vishnu Purana, tiene tres hijos, Suchi, Pavamana y Pavaka» (1, X). Suchi significa Saura o fuego solar; Pavamaria significa Nirmathana, fuego producido por fric­ción, como cuando se frotan dos pedazos de madera, y Pavaka significa el vaidyuta o fuego del firmamento, por ejemplo el fuego de rayo o fuego eléctrico.

Debo advertirles que estos tres fuegos se originan en las tres deidades Principales de las cuales se habla en el Veda, es decir, Surya, el sol, que representa el fuego solar; Indra (y a veces Vayu), la deidad que produce la lluvia, y representa al fuego del firmamento y Agni, que representa el fuego terrestre, el fuego producido por la fricción (Nirukta, VII, 4); se ha de recordar que los tres son meras ramificaciones de un solo Agni; que a su vez es una emanación del Supremo Uno; como verá el lector, por la descripción alegórica dada en el Vishnu Purana, Agni es un hijo de Brah­ma nacido de la boca.

Ahora bien, cada una de las tres formas de Agni tiene numerosas sub­divisiones. El fuego solar se caracteriza por varias divisiones de acuerdo a la naturaleza de los rayos emitidos por la gran luminaria.” The Theoso­phist, T. I 196.

[9] H. P. B. en La Doctrina Secreta se refiere a …la solución del enigma… ante el cual aún el Dhyan Chohan más elevado debe postrarse en silencio e ignorancia -El Misterio Inefable de aquello denominado por la vedanta, Parabrahman”. D. S. II, 41.

[10] La Biblia. Proverbios IV, 18.

[11] Los Pitris Lunares.

“Los grandes Chohanes pidieron a los Señores lunares, de los cuerpos aéreos: “Produzcan Hombres”, “hombres de vuestra naturaleza”. Dénles sus formas internamente. Ella (Madre Tierra) construirá las envolturas externas (cuerpos externos). Serán machos y hembras, también Señores de la Llama... Cada uno fue a su tierra asignada: Siete de ellos, cada cual en su parcela. Los Señores de la Llama se quedaron detrás. No qui­sieron ir. No quisieron crear.” Estanza III, 12-13; D. S. III, 85, 87.

[12] Los Pitris lunares crearon al hombre físico. D. S. I, 134, 204.

Existen tres grandes categorías:

1.     Los más evolucionados. Constituyen en la 1er. ronda la suma total de los tres reinos y adquieren una forma humana. D. S. I, 209. En las 2da. y 3er. rondas constituyen la suma total de lo que oportunamente será humano. En la 4ta. ronda, constituyen, en su comienzo, los cuerpos eté­ricos de nuestra humanidad terrestre.

2.     Aquellos cuyos cuerpos son ocupados por los Ángeles solares D. S. I, 209.

3.     Los tres reinos conocidos en la actualidad.

[13] La Tierra da al hombre su cuerpo; los Dioses le proporcionan sus cinco principios internos.. El Espíritu es uno. D. S. I, 247.

1.     La Tierra le otorga el físico denso.

2.     Los Dioses lunares le proporcionan tres principios inferiores.

a.     Cuerpo etérico.

b.     Prana.

c.      Kama-manas.

3.     Los Dioses solares le otorgan dos principios.

d.     Mente inferior.

e.     Mente superior.

4.     La Mónada constituye los dos principios superiores unificados.

f.      Budi.

g.     Atma. D. S. I, 247.

  1.  

[14] La totalidad de la forma. Dios Es “Uno, no obstante las innume­rables formas que están en Él”, así es también el hombre en la tierra, el microcosmos del macrocosmos. D. S. III, 191; III, 281; IV, 214-215.

Todo está comprendido en el hombre.

Él unifica en si mismo todas las formas.

El misterio del hombre terrenal es el misterio del Hombre celestial.

La potencialidad de cada órgano útil a la vida animal está encerrada en el hombre, el microcosmos del macrocosmos. D. S. IV, 243.

[15] Pitris. Los antepasados o creadores de la humanidad son de siete clases, tres de las cuales son incorpóreas y cuatro corpóreas. Generalmente se los denomina Pitris lunares o antepasados, y no deberán ser confun­didos con los Pitris solares o Ángeles, que le otorgan la mente al hombre y crean el cuerpo más o menos permanente del Ego o Yo superior.

[16] Devas. …él habría (1) dividido a los Devas en dos clases -denominándolos “Rupa-devas” y “Arupa-devas”- la “forma” u objetividad y lo “amorfo” o los Dhyan Chohanes subjetivos; (2) lo mismo habría hecho para su tipo de “hombres”, pues hay Cascarones y “Mara-rupas” o cuerpos sujetos a la aniquilación. Ellos son:

1. “Rupa-devas” los Dhyan Chohanes que tie­nen formas.

2. ”Arupa-devas” los Dhyan Chohanes que no tiene forma                   ex hombres.

3. “Pisachas” (de dos principios) fantasmas.

4. “Mara-rupa”. Sujeto a la muerte (de tres principios).

3. Asuras -Elementales-- que tienen forma humana.

6. Bestias -Elementales segundo tipo...-.. elementales animales.         Hombres futuros

7. Rakshasas -Demonios- Almas o formas astrales de hechiceros; hombres que han alcanzado el ápice del conocimiento en el arte prohibido. Vivos o Muertos han engañado a la naturaleza por así decirlo, pero sólo temporariamente -hasta que nuestro planeta entre en la oscuración, después de lo cual, quieran o no, han de ser aniquilados.

Estos siete grupos forman las divisiones principales de los Moradores del mundo subjetivo que nos circunda.” The Mahatma Letters to A. P. Sinnett. pág. 11.

[17] Los Pitris lunares o Barhishad tienen la siguiente función: D. S. III, 102.

1. Son los Antecesores del Hombre. D. S. III,109.

2. Son los Modeladores de su forma.

3. Poseyeron el fuego físico o creador.

4. Revistieron únicamente a las mónadas humanas.

5. No pudieron hacer al hombre a su semejanza.

6. No pudieron proporcionarle mente. D. S. III, 88.

7. Construyeron su forma externa.

8. Proporcionan el principio inferior. D. S. III, 96.

Temporariamente son los Conquistadores del Espíritu. D. S. III, 73.

a. El Espíritu se sumerge en las formas materiales.

b. Las formas constituyen el campo de batalla.

c. El Espíritu matará oportunamente a las formas. D. S. III, 75.

d. Obsérvese el orden esotérico. D. S. III, 93, 96, 103, 117.

[18] En la Voz del Silencio se dice:

“Antes de entrar en ese Sendero, debes destruir tu cuerpo lunar, puri­ficar tu cuerpo mental y limpiar tu corazón.”

[19] ­Los Ángeles solares son de naturaleza dual.

“Manas es dual -lunar en la parte inferior, solar en la superior. D. S. IV, 63.

a. El aspecto solar es atraído hacia budi.

b El otro desciende hasta el animal inferior, o es atraído por éste.

c. Los Ángeles solares forman el “Alma”               segundo Aspecto.

d El “Alma” principal constituye Manas inmanente. D. S. IV, 64, 202.

[20] Se hace referencia a la Clave Astrológica en la D. S. III, 38.

[21] Agni, el Dios del Fuego en el Veda, es el más antiguo y reverencia­do de los Dioses de la India. Es el triple aspecto del Fuego y, por lo tanto, la suma total de la manifestación. También se lo considera el Señor del plano mental (el 5to. plano) cuyo símbolo es el fuego.

Varuna, es el Dios del Agua, en el sentido de las aguas del espacio o las aguas de la materia. También se lo considera como Regente del plano astral (el 6to. plano) cuyo símbolo es el agua.

Kshiti, el Dios de la Tierra, en el sentido de la sustancia densa y no de un cuerpo planetario, el Dios del plano físico, el séptimo plano.

[22] Los cuarenta y nueve Manues constituyen los custodios y guardianes de los ciclos de la raza en un manvantara o Día de Brahma. Existen siete razas en un período mundial y siete períodos mundiales. Ver D. S. II, 220.

[23] Los Ángeles lunares han de alcanzar el plano de los Ángeles sola­res. D. S. I, 209.

Han de conquistar la inmortalidad. D. S. 152-153.

Le autoconciencia es su meta. D. S. I, 211; 154.

[24] La naturaleza “entificada” de toda sustancia es técnicamente cono­cida como hilozoísmo. H. P. B. dice al respecto:

“El hilozoísmo, entendido filosóficamente, constituye el aspecto más elevado del Panteísmo. Es el único medio posible para escapar del tonto ateísmo basado en el materialismo mortal y en los conceptos antropomor­fos más tontos aún de los monoteístas, permaneciendo entre ambos, total­mente neutral. El hilozoísmo exige un Pensamiento divino absoluto que compenetraría a las innumerables fuerzas creadoras activas o “los Crea­dores" cuyas Entidades son impelidas por ese Pensamiento divino en el cual tienen su ser, proviniendo de él y a través del mismo... Se sabe que existen tales “Creadores” activos y se cree en ellos, porque son percibidos y presentidos por el Hombre interno del ocultista.” D. S. III, 162-163.

Un átomo es una abstracción entificada. D. S. II, 213-214.

a.     La entidad que da forma al sistema es el Logos.

b.     La entidad que da forma a un plano es su Señor-raja. Como lo son Indra, Agni, Varuna. Kshiti.

c.      La entidad que da forma a un planeta es su Logos planetario.

d.     La entidad que da forma en el Microcosmos es un Dhyan Chohan.

e.     La entidad que da forma en el cuerpo causal es el divino Pen­sador.

f.      La entidad que da forma en un átomo físico es un vida ele­mental.

El Fuego se halla en todas las cosas. D. 5. 1, 61; 111, 242.

a.     La entidad que da forma es Fuego. D. S. I, 160-161.

b.     La materia de la forma está compenetrada por fuego. D. S. I, 132-133.

c.        La mente en desarrollo es fuego cósmico. D. S. I, 134.

[25] D. S. I, 153.

[26] El Sendero de la Izquierda es el que recorre el Mago Negro y los Hermanos de las Sombras. Comienza por emplear las fuerzas de la natu­raleza para fines egoístas; se caracteriza por el intenso egoísmo y separatividad, y termina en Avitchi, la octava esfera, el hogar de las almas perdidas, o esos cascarones del hombre inferior que se han separado de su principio vital, egoico o individual.

[27] De esta manera Dios mora en todo,

Desde los principios ínfimos de la vida, hasta llegar finalmente Al hombre -la consumación de este sistema

Del ser, la completación de esta esfera

De vida: Cuyos atributos

Han sido dispersados por el mundo visible, antes de

Pedir ser integrados tenues fragmentos destinados a

Unirse en un todo maravilloso,

Cualidades imperfectas de la creación,

Que sugieren a una increada criatura,

Algún Punto donde esos rayos dispersos deberían unirse

Convergiendo en las facultades del hombre...

Cuando toda la raza sea perfecta como lo es

El hombre; todo lo que atañe a la humanidad

Y lo que el hombre ha producido todo, hasta ahora, tiene su fin:

Pero en el hombre integrado comienza de nuevo

La tendencia hacia Dios. Los profetas pronosticaron

El acercamiento del hombre; así surge en el yo del hombre

Augustas anticipaciones símbolos, figuras

De un tenue esplendor aparecen ante él

En ese eterno círculo que la vida persigue.

Pues los hombres comienzan a pasar los límites de su naturaleza,

Y encuentran nuevas esperanzas y cuidados que rápidamente

suplantan

Sus propias alegrías y penas; crecen demasiado grandes

Para los estrechos credos del mal y del bien que se desvanecen

Ante la inconmensurable sed del bien; mientras que la paz

Se eleva dentro de ellos cada vez más.

Tales hombres ya están sobre la tierra,

Serenos entre la ronda de criaturas semiformadas”

Paracelso por Robert Browning.

1.     [28] [28] El hombre es un animal, más un Dios viviente, dentro de su cascarán físico. D. S. III, 90, 265.

a.     El Hombre constituye el Macrocosmos para el animal, por lo tanto, contiene todo lo que se entiende por el término animal. D. S. III, 178, 180.

b.     La divina conciencia es recibida del Dios viviente. D. S. III, 106.

c.      c. El animal constituye la base y el contraste de lo divino. D.        S. III, 103.

d.     La luz del Logos se despierta en el hombre animal. D. S. III, 55.

2.     El hombre es el Tabernáculo el vehículo únicamente para su Dios. D. S. I, 235,  275; III, 293; V, 73.

Compárese D. S. III, 168-169. Léase Proverbios VIII, Estúdiese la descripción bíblica del Tabernáculo:

a.     El atrio externo, el lugar de purificación y sacrificio del animal.

b.     El Santo lugar, el lugar de consagración y de servicio.

c.      El Sancto Sanctorum.

El primero corresponde a la vida de la personalidad.

El segundo al del Ego o Yo superior.

El último al de la Mónada o Yo divino.

1.     El hombre contiene en sí mismo todos los elementos que se en­cuentran en el universo. D. 5. II, 263; V, 214.

a.     Todo en la naturaleza tiende a convertirse en Hombre. D. S. III, 173.

b.     Todos los impulsos de la fuerza dual, centrípeta y centrífu­ga, están dirigidos hacia un punto -el Hombre. D. S. III, 173.

c.      El hombre es el depósito.., reúne en sí mismo todas las for­mas. D. S. III, 281.

d.     La potencialidad de cada órgano útil para la vida animal está encerrada en el Hombre. D. S. VI, 243.

2.     El hombre tiende a convertirse en un Dios y luego en Dios, como todo átomo en el universo. D. S. I, 193.

Compárese el átomo y el microcosmos, el hombre. D. S. I, 184.

Cada átomo tiene siete planos del ser. D. S. I, 211. Compárese I, 207.

a.     Cada átomo contiene el germen del cual puede surgir el árbol del conocimiento. (Del bien y del mal, siendo por lo tanto la discriminación consciente.) D. S. IV, 154.

b.     Es la evolución espiritual del hombre interno inmortal que constituye el principio fundamental de las ciencias ocultas. D. S. II, 325.

c.      Átomos y almas son términos sinónimos en el lenguaje de los iniciados. D. S. II, 264-265.

3.     Seres humanos.., esas Inteligencias que han alcanzado el equi­librio apropiado entre Espíritu y materia. D. S. I, 149-150.

Léase cuidadosamente también: D. S. I, 263; II, 120-121.

a.     En el arco descendente el espíritu se hace materialista. D. S. II, 326; III, 183.

b.     En la vuelta intermedia de la base, ambas se unen en el hombre. D. S. 1, 218, 266-267.

c.      En el arco ascendente el Espíritu se afirma a expensas de la materia.

d.     Esto es verdad respecto a los Dioses y a los hombres. D. S. III, 92-93.

e.     Por consiguiente el hombre es un compuesto de Espíritu y materia. D. S. III, 55.

f.      En el hombre, la inteligencia vincula a ambos. D. S. III, 105-106.

Véase llamada D. S. III, 129. Compárese D. II, 362

[29] D. S. IV 116-119.

[30] D. S. III, 236.

[31] D. S. I 280; III, 172, 180.

[32] Sankaracharya y Buda. El gran sabio Sankaracharya es conocido por todos como guía principal del movimiento adváitico, iniciado después de la época del gran sabio conocido como Gautama Buda, guía de la doctrina de budi o budismo. Ambos son grandes Maestros de Compasión y pueden concebirse como los dos hemisferios del ardiente globo de luz ubicado en la montaña mental central a fin de impartir luz a Oriente y Occidente. Si escuchamos a H. P. B., estos dos grandes Maestros están místicamente vinculados; comprender la naturaleza de estos dos seres es comprender que la naturaleza de todo el cosmos es divisible en dos hemis­ferios, siendo uno la tierra donde sale el sol del eterno pensamiento, y el otro “el Pilar que se halla hacia el Occidente sobre cuya faz el sol naciente del eterno pensamiento impele sus ondas más gloriosas”. Para nosotros (pobres hijos del polvo de la tierra) representan los dos grandes poderes conocidos en los Puranas como Shiva y Vishnu, el sembrador y el cose­chador universales que, por su interacción, se dice, mantienen el universo del progreso. Some Thoughts on the Gita, pags. 92-93.

[33] Las Estanzas de La Doctrina Secreta, ponen de manifiesto estos fra­casos. D. S. III, 186-187, 192; IV, 242, 248.

El fracaso de Buda. D. S. VI, 28, 218, 219.

La Doctrina Secreta se refiere a los Dioses Imperfectos en I, 218; II, 121; III, 211; IV 192.

[34] Por lo tanto, los ángeles solares son entidades de orden espiritual elevado -con una conciencia refinada correspondiente a la sustancia ma­teria con la cual están revestidos. A fin de relacionar esto con lo ya dicho, puede considerarse que los ángeles solares forman colectivamente al Señor Brahma de la isla del loto. Se los denomina con distintos nombres, espíri­tus planetarios, Asuras, etc., pero a fin de tener una idea adecuada res­pecto a su naturaleza puede decirse que la relación que tienen con el mundo espiritualmente regenerado y liberado de los Brahmines mundiales o Nirmanakayas, es la misma que existe entre ellos y la humanidad común, los ángeles fueron esos Brahmines, que en Mahamanvantaras anteriores pasaron períodos excesivamente extensos, trabajando y sufriendo con el fin de fomentar la sabiduría en el mundo; de allí surgieron como ángeles de la matriz infinita de Aditi bajo su impulso kármico después de un periodo de pralaya. Some Thoughts on the Gita, pág. 137.

[35] Todos los Pitris lunares son Espíritus de la Naturaleza. D. S. III, 109-110.

1.     Poseen o contienen el fuego del tercer aspecto. D. S. III, 87.

2.     Su trabajo precede al de los Ángeles solares. D. S. 1, 263.

3.     Se dividen en siete clases, igualmente que los .Angeles solares. D. S. III, 99.

a.     Tres incorpóreas que constituyen los tres reinos elementales de la naturaleza y proporcionan al hombre sus cuerpos eté­rico, astral y mental.

b.     Cuatro corpóreas que constituyen las formas de los cuatro reinos de la naturaleza. D. S. III, 97.

c.      D S. III, 220-221.

d.      

[36] D. S. III, 88-89.

[37] Para definiciones de rupa y arupa ver pág. 502.

[38] Este nombre se le da en D. S. III, 100

[39] Compárese D. S. 1, 209; III, 110, 122, 260.

[40] Estos tres planos son las analogías de las tres espirillas inferiores en el átomo físico permanente del Logos solar y del Logos planetario.

[41] D. S. III, 88-89, 229.

[42]. D. S. I, 206-208.

[43]. Ver D. S. I, 207-208; III, 237-238.

[44]. Esto tiene dos significados, uno cósmico y otro del sistema; para arro­jar luz sobre ese acontecimiento que concierne a nuestro propio esquema deben estudiarse las estanzas que se refieren a la llegada de los Señores de la Llama.

[45] Prajapatís. Los Progenitores, los que dan vida a todo lo que existe en la tierra. Son los siete y los diez que corresponden a los siete y a los diez Sephiroth. En el cosmos son los siete Rishis de la Osa Mayor, en el sistema son los siete Logos planetarios y, desde el punto de vista de nues­tro planeta, son los siete Kumaras. D. S. I, 140-141; II, 130, 298-299; III, 44, 48, 86 (llamada 10).

[46] Hilozoísmo: Del griego “ule”, materia; “zoon”, animal; e “ismo’. Ismo es un sufijo que representa la doctrina o idea abstracta del sustan­tivo al cual se adhiere. Hilozoísmo es la doctrina que sostiene que toda materia está dotada de vida.

“Cuando se haya comprendido el concepto hilozoísta de un uni­verso materialmente, se solucionará el misterio de la naturaleza.” Diccionario Standard

[47] D.S.V.

[48] Una pregunta muy lógica podría formularse aquí: ¿Por qué consi­deramos la materia de los devas del sistema intermedio (como podrían denominarse a los que están vinculados a nuestro sistema y con budi y kama-manas) cuando elucidamos las formas mentales? Por dos razones:

Una, que todo lo que está en el sistema solar no es más que sustancia energetizada desde los planos mental y astral cósmicos, con ella se cons­truyen la forma por el poder de la Ley eléctrica; todo lo que es posible conocer son formas animadas por ideas. La otra, que por el conocimiento de los procesos creadores del sistema, el hombre aprende con el tiempo por sí mismo a convertirse en un creador. Podríamos ilustrarlo diciendo que una de las principales funciones del movimiento teosófico en todas sus ramas consiste en construir una forma que puede ser animada, a su debido tiempo, por la idea de la Fraternidad.

[49] Véase primera parte del T. III de La Doctrina Secreta.

[50] Avitchi. Es un estado de conciencia que no se logra necesariamente después de la muerte o entre los nacimientos, sino que puede lograrse también en la tierra. Literalmente significa “infierno ininterrumpido”. Se nos dice que el último de los ocho infiernos es donde “los culpables mue­ren y nacen ininterrumpidamente -pero cabe la esperanza de obtener la redención final”. D. S. VI, 146, 154, 161-162

[51] La Biblia. Rey., XX, 6-7. Mat., XXV, 32.

[52] El Señor solar, el Ego divino. Las dos corrientes de desarrrollo del alma a las cuales se refiere H. P. B., en su libro “La Voz del Silencio”, como el sendero de “Dhyana” y “Dharma’ o los “Paramitas”; Ramayana se basa sobre este último. Los “Siete Portales”, a los cuales se hace refe­rencia en dicho libro, probablemente corresponden a los siete cantos de este poema sagrado. Solo he leído el primer canto y daré su sentido hasta donde lo he captado. Excluyendo el prefacio del poema, lo primero que aparece en ese primer canto es la descripción de las circunstancias pecu­liares que acompañaron al nacimiento de Rama en la familia Dasaratha. Como todos saben, Dasaratha es un descendiente de los reyes solares que empezaron a gobernar sobre la tierra desde el tiempo del Manu Vyvas­watha. Como su nombre lo implica, es un rey cuyo carro puede viajar en diez direcciones; en sentido esotérico microcósmico, es el rey del cuerpo humano que posee diez sentidos de acción y percepción que lo conecta con las diez direcciones. Estamos perfectamente familiarizados con la descrip­ción que nuestros antiguos filósofos solían hacer del cuerpo como una ciudad con nueve puertas. Como bien se sabe, las nueve puertas son los nueve orificios del cuerpo humano. Si a éstos se le agrega el orificio cono­cido como el Brahma-rundra o la puerta de Brahma, tenemos diez puer­tas que corresponden a las diez direcciones. La palabra “Dasaratha” indica la conciencia relacionada con nuestros sentidos, la cual es inferior a la conciencia que denominamos mente. The Theosophist, T. XIII, pág. 340.

[53] El Sacrificado o Yajamana. Yajamana es la persona que se ha sa­crificado por el bien del mundo y que ha emprendido la tarea de moldear los asuntos del mismo en obediencia a la ley. Si se lo toma al cuerpo humano como el campo del sacrificio, su manas es el yajamana. Todos los actos del hombre durante su vida, desde el nacimiento a la muerte, cons­tituyen un gran proceso yájnico, llevado a cabo por la verdadera entidad humana llamada Manas. Quien tiene la voluntad de sacrificar su cuerpo, su palabra y su pensamiento para el bien del mundo, es un verdadero yajnika y todos los planos o lokas superiores le están reservados. La nota clave central de la vida del yajnika es hacer el bien a todos, sin tener en cuenta casta o credo, así como el sol brilla para  todos. Some Thoughts of the Gita, pág. 90.

[54] Razas raíces. La Doctrina Secreta enseña que estos siete grupos de unidades humanas habitan siete continentes durante la evolución. D. S. III, 23-24-25.

a. 1ra. raza             La Tierra Sagrada Imperecedera

b. 2da. raza            La Tierra Hiperbórea.

c. 3ra. raza             Lemuria.

d. 4ta. raza             Atlante.

e. 5ta. raza             Aria.

f. Dos razas más sucederán a la actual.

[55] “Éstos son los Veddhas de Ceylan, los Bosquimanos de Australia y algunos ejemplares de las razas africanas inferiores. D. S. III, 196-197, 279, 402-403.

[56] Son los Señores Lipika. D. S. I, 170.

[57] D. S. I, 3-59, 113-114, 308-309.

[58] D. S. VI, Sección XLI; V, 308.

[59] Fundamentalmente existen tres clases de Pralaya. D. S. II, 78-79-80.

1. Pralaya solar. Ocurre al finalizar cien años de Brahma. Marca la reabsorción dentro de la unidad; el fin de la manifestación del sistema solar. Concierne al Logos solar.

2. Pralaya incidental. Es posterior a los días de Brahma. Marca pe­ríodos entre manvantaras. La forma temporal cesa pero la dualidad permanece. Concierne a un Logos planetario.

3. Pralaya individual. Logrado por un hombre en la quinta iniciación. Marca el logro de la perfección. Concierne a la mónada.

Existe también el prayala vinculado con la evolución humana que llamamos devachánica. Concierne a la personalidad.

[60] ¿Quiénes van al Devachan? Lógicamente el Ego beatificado, purificado y santificado. Cada Ego -la combinación del sexto y ­séptimo principios que después del periodo de gestación  ha vuelto inconscientemente a nacer en el Devachan, es necesariamente tan ­inocente y puro como una criatura recién nacida. Por haber vuelto a nacer demuestra sencillamente la preponderancia del bien sobre el mal en su antigua personalidad. Mientras el Karma (del mal) se aparta momentáneamente a fin de seguirlo en su futura reencarnación terrenea; no consigo más que el Karma de sus buenas acciones, palabras y pensamiento al Deva-Chan. Malo es un término relativo para nosotros -como se ha dicho más de una vez-; la Ley de Retribución es la única que nunca falla. Por eso, todos los que no han caído en el fango del pecado y de la bestialidad irredimibles van al Deva-Chan. Más ade­lante, tendrán que pagar por los pecados cometidos voluntaria o involun­tariamente. Mientras tanto son recompensados, reciben los efectos de las causas producidas por ellos.

“Lógicamente, es un estado por así decir, de intenso egoísmo durante el cual un Ego cosecha la recompensa de su altruismo en la tierra. Se halla totalmente absorbido en la felicidad producida por todos sus afectos personales terrenos, preferencias y pensamientos, recogiendo el fruto de sus acciones meritorias. Ningún dolor, aflicción, ni siquiera una sombra de pena oscurece el luminoso horizonte de su felicidad absoluta, es un estado de “Maya” perpetuo... Considerando que la percepción consciente de la personalidad de un individuo sobre la tierra sólo es un sueño que se desvanece, esa sensación será también un sueño en el Deva-Chan -sólo que cien veces intensificado.”

“Bardo” el es período entre la muerte y el renacimiento -y puede durar desde algunos años hasta un kalpa. Está dividido en tres subperío­dos; (1) cuando el Ego liberado de su mortal envoltura penetra en el Kama-Loka “la residencia de los Elementales”; (2) cuando entra en “Estado de Gestación”; (3) cuando vuelve a nacer en el Rupa-Loka del Deva-Chan. El subperíodo puede durar desde algunos minutos hasta cierto número de años -si se emplean las palabras pocos años> sin una

explicación anterior confunden y resultan inútiles; el 2do. subperiodo es “muy largo”, quizás más largo de lo que pueden imaginar, sin embargo está de acuerdo al vigor espiritual del Ego; el 3er. subperíodo dura en proporción al buen karma, después del cual la mónada vuelve a reen­carnar.”

Cada efecto debe estar en proporción con la causa. Así como la extensión del período de la existencia encarnada del hombre proporcio­nalmente es pequeña, comparado con los períodos de existencia entre naci­mientos en el ciclo manvantárico, así los buenos pensamientos, palabras y acciones de cualquiera de estas “vidas” en un globo, causan efectos cuyo desarrollo requiere mucho más tiempo que la evolución de las causas.” De The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, págs. 100-106.

[61] Devachan. Un estado intermedio entre dos vidas terrenas en el cual entra el Ego después de haberse despejado de sus aspectos o envol­turas inferiores.

[62] Los siete Senderos por uno de los cuales todos debemos pasar:

ler. Sendero.           El Sendero de Servicio en la Tierra.

2do. Sendero.         El Sendero del Trabajo Magnético.

3er. Sendero.          El Sendero de los Logos Planetarios.

4to. Sendero.          El Sendero hacia Sirio.

5to. Sendero.          El Sendero de Rayo.

6to. Sendero.          El Sendero de los Logos solares.

7mo. Sendero.       El Sendero de la Filiación Absoluta.

[63] D. S. IV, 264-265-266.

[64] D. S. VI, V7-18-19-20.

[65] Discipulado o estado de Chela... Los antiguos misterios sólo fue­ron una escuela para el entrenamiento espiritual y el perfeccionamiento para adquirir la verdadera sabiduría; la purificación del corazón de todas las pasiones sensuales y falsas preconcepciones era uno de los requisitos preliminares, aunque el Maestro podía guiar al neófito a través de la peli­grosa etapa en que, como el niño, no puede andar solo; en las etapas superiores debía aprender a orientarse y a cuidarse como el hombre adulto debe hacerlo en la vida común; la meta final era la expansión del yo hacia la existencia y potencialidades infinitas; sin embargo, aunque las formas y ceremonias iniciales podían diferir en apariencia, tenían idén­tico objetivo. The Theosophist, T. IX, pág. 246.

Sólo el corazón puro y la mente limpia permiten obtener la salvación. Ésta era su doctrina. Del mismo modo lo enseña el Mahabharata Aria (Sección CXCIX Vana Parva) donde dice:

“Esas personas de alma elevada que no cometen pecados de palabra, de hecho, de corazón ni de alma, se dice que practican austeridades ascé­ticas, pero no se dice que sus cuerpos se debilitan por los ayunos y las penitencias. Aquel que no es bondadoso con sus parientes no puede estar libre de pecado, aunque su cuerpo sea puro. Esta dureza de corazón es el enemigo de su ascetismo. El ascetismo no significa abstenerse de los place­res del mundo. Aquel que es puro y lleno de virtudes, aquel que practica la bondad en la vida, es un Muni, aunque lleve una vida doméstica.” The Theosophist,  XIII, pág. 259.

[66] D. S. I, 107-108

[67] Mayavirupa es, literalmente la forma ilusoria; es el cuerpo de manifestación temporal que el Adepto crea ocasionalmente por el poder de la voluntad en el cual actúa a fin de establecer ciertos contactas en el plano físico, y emprender cierto trabajo para la raza.

[68] La actividad conjunta de los Pitris solares y lunares. D. S. III,242-243.

1.     “La chispa pende de la llama por el hilo más fino de Fohat.

a. Llama de tres lenguas que nunca muere           Triada.

b. Cuatro pabilos                                                   Cuaternario.
                c. El hilo de Fohat                                                  Hilo de Vida.

2.     Recorre los siete mundos de maya.

Macrocósmicamente             Los siete esquemas planetarios.

Planetariamente                     Las siete cadenas de un esquema.

Microcósmicamente                              Los siete globos de una cadena.

Tomen nota y mediten ahora:

el divino Septenario que pende de la Triada, formando así la Dé­cada y sus permutaciones. Siete, cinco y tres.”

3.     “Se detiene en el primero y es un metal y una piedra; pasa al se­gundo y he aquí una planta; la planta gira a través de siete formas y se transforma en un animal sagrado.” Compárese D. S. I, 262-263.

Obsérvese el aforismo cabalístico: “Una piedra se trasforma en una planta, una planta en una bestia, una bestia en un hombre, un hombre en un espíritu y el espíritu en Dios. D. S. I, 264.

4.     Combinando estos atributos se forma Manu, el Pensador. D. S. III,173,180.

5.     ¿Quién lo forma? Las siete vidas y la Vida Una. D. 5. III, 251.

Los siete grupos de vidas que forman los tres cuerpos inferiores.

Los Pitris lunares o padres de las formas materiales.

6.     ¿Quién lo completa? El Quíntuple Lha. ¿Quién une la Tríada espiritual superior y el yo inferior?

a.     Los Dioses quíntuples de la inteligencia.

b.     El quinto principio de la mente.

7.     ¿Quién perfecciona al último cuerpo? El pez, el pecado y el soma.

a.     Pez, pecado y soma componen colectivamente los tres símbo­los del ser inmortal.

b.     Pez -símbolo del principio búdico, la vida manifestada sobre la tierra. Observen al avatar Vishnu. El signo de Piscis, el pez. Jesús el pescador de hombres.

c.      Pecado -la caída del hombre, la involución del Espíritu.

d.     Suma -Luna. El trabajo de los Pitris lunares que proveen de cuerpos. Léase D. S. 1, Estanza VII, 278.

e.       

[69] D. S. I, 77-78, 108.

[70] El Ego está descrito en La Doctrina Secreta de la manera siguien­te: “Cada uno es un pilar de Luz. Habiendo elegido su vehículo se expan­dió, envolviendo con un aura akáshica al animal humano, el Principio divino se estableció dentro de la forma humana. D. S. VI, 131-132.

“Son los Dhyanes del Fuego y emanan del Corazón del Sol.” D. S. III, 100.

Léase el Comentario en D. S. III, 100.

Son los Hijos del Fuego y conforman al hombre interno. D. S. III, 115. Los Ángeles solares (Hijos de la Sabiduría) son entidades que tra­tan de obtener conciencia más plena. D. S. III, 170-171; IV, 173-174.

a. Adquirieron el intelecto debido al contacto previamente estable­cido con la materia.

b. Encarnaron regidos por la Ley del Karma. D. S. VI, 151-152.

c. Tuvieron que convertirse en conocedores.

Léase cuidadosamente D. S. III, llamada 20.

d. Estos Ángeles solares son inteligencias elevadas. D. S. III, 243-244.

e. Son los Nirmanakayas. D. S. III, 266.

f. Son los yoguis celestiales. D. S. III, 241-242.

[71] Nirmanakaya” es un nombre formado por dos palabras y significa “que no tiene cuerpo”, no se refiere a las cualidades morales. Es un estado de conciencia. Los grandes instructores de las esferas nirvánicas se los denomina así.

[72] La Biblia, Romanos, VIII, 22.

[73] D. S. llamada 5.

[74] Cada ser humano es una encarnación de Dios. D. S. VI, 91. Com­párese IV, 82; D. S. VI, 114, y las palabras bíblicas: “He dicho, sois Dio­ses.” “¿No sabéis que sois el Templo del Espíritu Santo?”

Ningún Ser puede trasformarse en un Dios sin pasar por los ciclos humanos. D. S. IV, 331.

Por lo tanto, el hombre es igual a Dios en el sentido que representa los pares de opuestos, bien y mal, luz y oscuridad, macho y hembra, etc. Es una dualidad.

Representa también a Dios porque es una triplicidad, siendo tres en uno y uno en tres. D. S. IV, 93-94.

Por hombre se entiende la divina Mónada. D. S. IV, 187-188.

D. S. 79-80-81.

[75] D. S. VI, 211.

[76] D. S. II, 158.

[77] El Número 10. D. S. I, 143-145.

1.     Los tres, incluidos dentro del círculo, son los sagrados Cuatro.

a.     Adi-Sanat, el Número, Unidad. El Logos o el Uno en en­carnación física. Dios y el hombre funcionan como unida­des en sus respectivos planos físicos.

b.     La Voz de la Palabra, los números, pues Él es uno y nueve. El segundo aspecto. La Idea personificada. Conciencia.

c.      El Cuadrado amorfo, el aspecto materia, sustancia y forma. Limitación.

Compárese a estos en relación con:

a.     Un Logos solar, que da forma a un sistema solar.

b.     Un Logos planetario, que da forma a un esquema pla­netario.

c.      Un hombre que da forma a sus cuerpos de manifestación.

2.     Los diez constituyen el universo arupa.

Aquí se hace hincapié sobre las Vidas subjetivas, o la Concien­cia Inteligencia dentro de las formas.

Estos diez podría denominarse:

I.              El primer Logos      Shiva                      Padre                      Voluntad.

II.             El segundo Logos   Vishnu                    Hijo                         Amor-Sabiduría.

III.            El tercer Logos       Brahma                   Espíritu Santo         Inteligencia,

influenciando a la Materia, Madre.

1. El Señor de la Voluntad Cósmica                      Primer Rayo.

2. El Señor del Amor Cósmico                                              Segundo Rayo.

3. El Señor de la Inteligencia Cósmica                  Tercer Rayo.

4. El Señor de la Armonía Cósmica                       Cuarto Rayo.

5. El Señor del Conocimiento Cósmico                 Quinto Rayo.

6. El Señor de la Devoción Cósmica                     Sexto Rayo.

7. El Señor del Ceremonial Cósmico                     Séptimo Rayo.

Ellos son la conciencia subjetiva, la causa de la manifestación.

[78] D. S. 407-408-409.

[79] Problema del Mal.

Lo siguiente ha sido extraído de un escrito mediumnímico, por la Dra. Anna Kingsford:

“Ustedes han consultado sobre el origen del mal. Éste es un tema importante que no se hubiera tocado, pero parece que es necesario hacerlo. Comprendan que el Mal es el resultado de la Creación. La Creación es el resultado de la proyección del Espíritu en la materia, y con esta proyección vino el primer germen del mal. Sepan que no existe tal cosa como mal puramente espiritual, sino que el mal es el resultado de la materialización del Espíritu. Si analizan cuidadosa­mente todo lo que hemos dicho respecto distintas formas de mal, verán que cada una es el resultado del poder limitado de percibir a todo el Universo nada más que como el Yo superior... Entonces es verdad que Dios creó el mal; también es verdad que Dios es Espíritu y siendo Espíritu es incapaz de hacer mal. Por lo tanto el mal es estricta y solamente el resultado de la materialización de Dios. Esto es un gran misterio. Pero podemos decir esta noche... Dios es la per­cepción misma. Es percepción universal, lo que ve y lo visto. Si pudiéramos ver todo, oír todo, tocar todo, etc., no existiría el mal, pues el mal viene de la limitación de la percepción. Tal limitación fue ne­cesaria para que Dios produjera nada más que Dios. Sólo Dios puede ser menos que Dios. Por lo tanto sin el mal Dios habría permanecido solo. Todas las cosas son Dios de acuerdo a la medida del Espíritu que existe en ellas.”

Es decir, una humanidad perfecta será el vehículo perfecto del Espí­ritu divino (véase La Mercaba de Ezequiel, 1 capítulo). Grande es nuestra deuda con los videntes que emiten destellos de luz en la oscuridad y con el misterio de la vida humana; allí donde el Espíritu, luchador interno, fre­cuentemente sumergido en las profundidades de este misterioso caos, hace visible la oscuridad, con el fin de permitirnos ver algunos pasos adelante en el Camino, alentándonos para seguir adelante con la renovada seguri­dad de que se dispersarán las nieblas y nubes y que, a su debido tiempo, entraremos en la plenitud de la Presencia divina. The Theosophist, T. XXIX, pág. 50.

[80] La Meta para los Pitris:

Los Pitris lunares están en el mismo nivel que los principios inferio­res. D. S. III, 88.

a. Crean nuestros principios inferiores                                                 D. S. III, 96.

b. Poseen fuego creador pero no fuego divino                                      D. S. III, 87-88.

c. Hacen evolucionar a la forma humana                                                              D. S. I, 209.

d. Eventualmente se convertirán en hombres                                       D. S. I, 209.

Compárese, D. S. III, 102.


Los principios superiores están latentes en los animales.                     D. S. III, 249, 260.

a. Los Pitris solares personifican al quinto prin­cipio                                              D. S. I, 242.

b. Proporcionan conciencia al hombre                                                  D. S. I, 210.

c. Proveen el vehículo para la Mónada encarnante, formando el cuerpo egoico

D.  S. I, 238-239.

d. Desarrollan el tipo humano                                                               D. S. III, 229-230

Compárese, D. S. III, 99.

Planetas invisibles: “No todos los planetas Intra-mercuriales, ni siquiera aquellos en la órbita de Neptuno, han sido descubiertos todavía, aunque se sospecha su existencia. Sabemos que existen y dónde están; ellos dicen que hay innumerables planetas “quemados” -nosotros decimos que están en oscuración- o planetas en formación y no poseen luminosidad todavía, etc.”

“Cuando esté así adaptado el “tásmetro” ofrecerá la posibilidad no sólo de medir el calor de las mas remotas estrellas visibles, sino también de detectar, por sus invisibles radiaciones, estrellas invisibles e indetectables, por ende también planetas. El descubridor, un M. S. T., muy protegido por M., piensa que si en cualquier lugar del espacio vacío de los cielos -un espacio que parece vacío incluso cuando se lo mira con el telescopio más poderoso- el tásmetro indica invariablemente su aumento de temperatu­ra, lo cual constituirá una prueba contundente de que el instrumento está en línea con un cuerpo estelar no luminoso o tan distante que se halla fuera del alcance de la visión telescópica. Su tásmetro, dice, es afectado por una variedad más amplia de ondulaciones etéricas que la que el ojo puede percibir”. La ciencia oirá sonidos provenientes de ciertos planetas antes de haber sido vistos. Esto es una profecía. The Mahatma Letters to A. P. Sinnett  Pág. 169.

 [81] D..S. 33.

[82] Todos se transformarán en Logos solares de distintas categorías.

[83] D. S. I,183, llamada 16.

[84] De una palabra sensar que significa “serpientes”. Son los Dragones de Sabiduría.  D. S. I, 89- 97.

[85] Véase el comienzo del T. III de La Doctrina Secreta.

[86] C. W. Leadbeater tenía una vaga comprensión de esta idea cuando se refería a esos cargamentos de egos provenientes de la cadena lunar. Por supuesto, materializó la idea en forma exagerada; si la misma idea funda­mental es expresada en términos de fuerza y de aparición de centros de fuerza dentro de la cadena terrestre, centros que son el resultado de la energía que emana de una cadena anterior y produce remolinos en el éter o sustancia del plano mental, entonces captará más fácilmente el verdadero significado.

[87] Un Gurú es un instructor espiritual.

[88] Aspirante.

“Las prácticas que rigen la unión con el alma son: ferviente aspira­ción, lectura espiritual y total obediencia al Maestro.”

“Las palabras “ferviente aspiración” que he empleado significan prin­cipalmente “fuego”; en la enseñanza oriental significan el fuego que da vida y luz y, al mismo tiempo, el fuego que purifica. Por lo tanto, tenemos como primera práctica o método de progreso espiritual, esa cualidad ígnea de la voluntad que enciende e ilumina, y al mismo tiempo esa constante práctica de la purificación, la eliminación por el fuego de las impurezas conocidas.”

“Su meta es traer la visión del alma y desechar los obstáculos.”

“Las reglas son las siguientes: pureza, serenidad, ferviente aspiración, lectura espiritual y total obediencia al Maestro.”

“La perfección de los poderes de la vestidura corpórea se obtiene por la eliminación de las impurezas y la ferviente aspiración.” Aforismos Yoga de Patanjali, Libro II, 1, 2, 32, 43 (Edición O. Johnston).

[89] Las tres Aulas a través de las cuales el alma del hombre debe pro­gresar están expuestas en La Voz del Silencio, págs. 18, 19.

1er. Aula                  Aula de la Ignorancia              humanidad infantil                   plano físico.

2da. Aula                 Aula del Aprendizaje               hombre medio                         plano astral.

3er. Aula                  Aula de la Sabiduría               hombre espiritual                    plano mental.

Donde permanecemos más tiempo es en el Aula de la Ignorancia. El periodo siguiente en el Aula del Aprendizaje es llamado Sendero de Pro­bación. En el aula de la Sabiduría el iniciado se acerca al misterio central del Ser.

[90] La Biblia. Juan XIV, 8.

[91] La Biblia Rey. XX, 2.

[92] 1. Existen siete ramas del conocimiento, mencionadas en los Pura­nas. D. S. I, 200.

2. La Gnosis o el Conocimiento oculto, es el séptimo Principio; las seis escuelas de la filosofía hindú constituyen los seis principios. D. S. I, 290.

Estas seis escuelas son:

a. La escuela de la Lógica                                     Prueba de correcta percepción.

b. La escuela atómica                                            Sistema detallado. Elementos. Alquimia y química.

c. La escuela Sankya                                              Sistema de números. La escuela materia­lista. La teoría de los siete estados de la materia prakriti.

d. La escuela de Yoga                                            Unión. La regla del diario vivir. Misti­cismo.

e. La Escuela de la Religión Ceremonial                               Ritual. Culto a los devas o Dioses.

f. La escuela Vedanta.                                             Tiene que ver con la no-dualidad. Trata de la relación de Atman, en el hombre, con el Logos.

3. Existen cuatro ramas del conocimiento a las cuales se refiere espe­cialmente H. P. B., D. S. I, 200.

Estas cuatro son probablemente aquellas que más ha tratado el hom­bre en esta cuarta ronda y cuarta cadena.

Compárese D. S. I, 97, 119, 128, 230.

Las cuatro Nobles Verdades. Los cuatro Vedas. Los cuatro Evange­lios. Las cuatro admisiones básicas. Los cuatro Elementos preparados. Los cuatro grados de la Iniciación.

a. Yama Vidya. La ejecución de ritos religiosos a fin de producir ciertos resultados. Magia ceremo­nial concierne al Sonido, por consiguiente, el Akasha o éter del espacio. El “yama” es la Deidad invisible que compenetra el es­pacio.

¿No se referirá esto al plano físico?

b. Mahavidya El gran conocimiento mágico. Ha degene­rado en el Tantrika. Trata del aspecto femenino y del aspecto materia (madre). La base de la magia negra. El verda­dero mahayoga tiene que ver con la forma (segundo aspecto) y su adaptación al Espí­ritu y sus necesidades.

¿No se referirá esto al plano astral?

c. Guyha vidya La ciencia de los mántram. El conocimiento secreto de los mántram místicos. La po­tencia oculta del sonido o la Palabra.

¿No se referirá esto al plano astral?

d. Atma vidya Verdadera sabiduría espiritual.

4. El conocimiento de la verdad es un patrimonio común. D. S. III, 56, 21.

5. El conocimiento es una cosa relativa y varia de acuerdo al grado alcanzado.

a. Campos de mayor conocimiento se abren ante un Logos pla­netario. D. S. IV, 259.

b. El hombre puede llegar a obtener las cuatro verdades sin ser ayudado. D. S. VI, 66.

6. Finalmente el conocimiento es un arma peligrosa:

Esto es debido al Egoísmo personal.

No es peligroso cuando:

a. Se entrega a él en cuerpo, alma y espíritu. D. S. V, 69-70.

b. Se cree firmemente en la propia divinidad. D. S. V, 69-70.

c. Se reconoce su Principio inmortal.

d. Se conoce a sí mismo. D. S. VI, 79-80.

e. Se practican todas las virtudes. D. S. V, 238.

f. Se tiene experiencia. D. S. VI, 130.

g. Se comprende que el conocimiento es únicamente fruto del Espíritu. D. 5. VI, 96.

h. El conocimiento es adquirido por medio de la mente superior. D. S. VI, 96.

[93] D. S. I, Sección X, 108, 68; III, 284-285.

[94] La Biblia. Gen. I:2

[95] “Mide tu vida en vez de las adquisiciones.

No por el vino bebido, sino por el vino escanciado, Pues la fuerza del Amor está en el sacrificio del Amor; y quien más sufre más tiene para dar.”

The Disciples por Hamilton King.

[96] Si el hombre puede llegar a comprender la naturaleza de su pro­pio ser y de su constitución; si puede ser inducido a comprender que lo que ocurre es razonable, y si se les puede demostrar a los pensadores de la raza los riesgos incidentales producidos en la evolución dévica por los acontecimientos actuales, pueden evitarse grandes peligros. A esto se debe la decisión de ampliar este tratado para que incluya una información más detallada respecto a la evolución dévica.

[97] La Doctrina Secreta dice que:

Dios, Mónada y Átomo son analogías de Espíritu, Mente y Cuerpo. D. S. II, 313.

El Logos se manifiesta en ese mahamanvantara como Manas (los divi­nos Manasaputras en su totalidad) empleando cuerpos atómicos para pro­pósitos evolutivos con el objeto de desarrollar el segundo aspecto de budi o sabiduría. La sabiduría debe tener por base a manas o mente inteligente. El Logos es la suma total de la Inteligencia, está evolucionando a fin de desarrollar Amor.

[98] Sonidos Mántricos.

Mántram es una combinación de sonidos, palabras y frases que, por virtud de ciertos efectos rítmicos, producen resultados imposibles de obte­ner separadamente. El más sagrado de todos los mántram de Oriente que se ha dado al público hasta ahora, está contenido en las palabras: “Om mani padme hum”. Cada sílaba de esta frase tiene un poder secreto y en conjunto siete significados que pueden producir siete distintos resultados.

Varias formas mántricas que se basan en esta fórmula y en la Palabra Sagrada, emitidas rítmicamente y en diferentes claves, logran ciertos fines deseados como el de invocar a los ángeles o devas protectores, y realizan un trabajo definido, constructivo o destructivo, en los planos.

El poder de un mántram depende del grado de evolución del hombre que lo emplea. Emitido por un hombre común sirve para estimular lo bueno dentro de sus cuerpos, protegerlo y ejercer una influencia benéfica en su medio ambiente. Emitido por un adepto o iniciado, sus posibilidades para el bien son infinitas y de largo alcance.

Existen muchas clases que podrían enumerarse como:

1.     Los mántram muy esotéricos, en idioma sensar, custodiados por la Gran Logia Blanca.

2.     Los mántram sánscritos empleados por iniciados y adeptos.

3.     Los mántram vinculados con los diferentes rayos.

4.     Los mántram que se emplean para curar.

5.     Los mántram que se utilizan en los departamentos del Manu, del Bodhisattva o del Mahachoan.

6.     Los mántram empleados en relación con los reinos de los devas y de los elementales.

7.     Los mántram especiales relacionados con el fuego.

Su potencia depende del sonido, del ritmo y del énfasis silábico impar­tido cuando se los emite y entona, también de la capacidad del hombre que los emplea para visualizar y del anhelo de lograr el efecto deseado.

[99] D. S. I, 273-274

[100] Los Dioses solares son los “Ángeles caídos”. D. S. III, 267.

a.     Calientan a las sombras.., los cuerpos humanos.

b.     A su vez son calentados por la Mónada o Atma. D. S. III, 116-117-118, 266.

c.      Son las Serpientes de sabiduría. D. S. III, 227.

d.     Su naturaleza es conocimiento y amor. D. S. IV, 69.

e.     Provienen del plano mental cósmico. D. S. VI, 175.

El Ego o Ángel solar está aprisionado. D. S. II, 264-265.

a.     Ha de emanciparse por sí mismo de la esclavitud y la percepción sensoria.

b.     Ha de ver en la luz de la Realidad Una.

c.      D. S. IV, 116.

d.     Ha de redimir a la humanidad. D. S. III, 242.

e.     Ha de dotarlo con los efectos y aspiraciones humanos. D. S. III, 242.

f.      Otorga al hombre inteligencia y conciencia. D. S. I, 210    

[101] Alineamiento. Véase Cartas sobre Meditación Ocultista, Carta 1.

[102] La Glándula Pineal. El Tercer Ojo. D. S. VI, 183.

1.     La Meta de la evolución es desarrollar la visión interna.

2.     El significado esotérico del ojo. D. S. VI, 208-209.

3.     El “ojo de Tauro, el Toro” (compárese con el ojo del toro).

A la constelación de Tauro se la denominó Madre de la Revelación e intérprete de la divina Voz. D. S. II, 350.

4.     Los órganos de la visión interna:

a. El órgano exotérico            la glándula pineal                   físico.

                b. El órgano esotérico            el tercer ojo                            etérico.

Nota:       Los estudiantes deben distinguir entre el tercer ojo y la glándula pineal. D. S. III, 286.

“El tercer ojo ha muerto ya y no actúa.” Testimoniando su existencia ha quedado la glándula pineal.

5.     La glándula pineal es una masa nerviosa de materia gris del tamaño de una arveja adherida en la parte posterior del tercer ventrículo del cerebro.

6.     El cuerpo pituitario es para la glándula pineal lo que manas es para budi o la mente para la sabiduría. D. S. VI, 140-141.

7.     La glándula pineal alcanzó su más alto desarrollo en proporción al desarrollo del cuerpo físico más inferior. D. S. III, 286, 290.

8.     El tercer ojo existe en materia etérica.

a.     Delante de la cabeza.

b.     A nivel de los ojos.

9.     Es un centro de energía formado por un triángulo de fuerza.

a.     El cuerpo pituitario.

b.     La glándula pineal.

c.     E! centro alta mayor.

10.   El tercer ojo abierto no proporciona directamente clarividencia, sino que es el órgano por medio del cual se obtiene cierto cono­cimiento directo. D. S. I, 103.

a.     El iniciado dirige el ojo hacia la esencia de las cosas.

b.     El asceta debe desarrollar el tercer ojo antes de conver­tirse en adepto. D. S. IV, 180.

11.   Los estudiantes de ocultismo debieran saber que el tercer ojo está indisolublemente conectado con el karma: D. S. III, 290 (llamada 159), 293, 296-297.

a.     A su pasado atlante; la quinta raza raíz está sufriendo por causas originadas en la cuarta raza raíz.

b.     Debido a que revela su pasado. D. S. III, 276, 296-297; IV, 324-325.

12.   El tercer ojo es el espejo del alma. D. S. III, 289.

13.   Para el ojo espiritual interno los Dioses no son abstracciones como lo son el alma y el cuerpo para nosotros. D. S. II, 326.

a.     El ojo interno puede ver a través del velo de la materia. D. S. II, 326.

b.     El ojo espiritual revela los estados supersensibles. D. S. IV, 100.

14.    En el hombre espiritual regenerado está activo el tercer ojo. D. S. III, 419.

[103] La Biblia, Prov. X, 19.

[104] La Biblia, Juan I.

[105] Magia. D. S. I, 277.

1.     Magia es la ciencia divina que conduce a participar de los atri­butos de la divinidad misma. Isis sin Velo, I.

2.     Todo el trabajo mágico consiste en liberarnos de los repliegue de la Antigua Serpiente. Isis sin Velo, I.

3.     El propósito del arte mágico es perfeccionar al hombre. Isis sin Velo, I.

4.     La magia explora la esencia y el poder de todas las cosas. Isis sin Velo, I; D. S. IV, 79.

5.     Magia y magnetismo son términos sinónimos. Isis sin Velo, I

6.     Magia es la suma total de la naturaleza del conocimiento. Isis sin Velo, II.

7.     Magia no significa transgredir las leyes de la naturaleza, Isis sin Velo, I. Prefacio.

Fundamentos de la Magia.

1.     La magia está basada en los poderes internos que posee a alma del hombre. Isis sin Velo, 1.

2.     La trinidad de la naturaleza constituye la cerradura de la magia; la trinidad del hombre es la llave que se adapta a el. Isis sin Velo, I.

3.     La magia es la sicología oculta. Isis sin Velo, II.

4.       La luz astral es el principal agente de la magia. Isis sin Velo I, D. S. I, 270; IV, 79.

[106] Magia. Esta palabra encierra en sí la prueba de su elevado origen. La palabra latina Magos y la palabra griega, Magos, un mago, proporcionan derivados que indican autoridad, sabiduría, superioridad. Tenemos enton­ces magnitud, magnificencia, magnielocuencia para expresar grandeza de posición, de acción y de palabra. Cambiando lógicamente las mismas pala­bras se convierten en majestad, aplicando dominio, y tenemos también magistrado, algo magistral, lo cual ha sido simplificado por Maestro y, final­mente, mediante el proceso evolutivo de las palabras, se ha convertido en el común “Míster”. Pero el latín es sólo un transmisor de palabras. Podemos igualmente seguir el desarrollo histórico de esta raíz hasta que llega­mos al zendo, en que se aplica para designar a toda la casta sacerdotal. Los magos eran renombrados en todo el mundo por su sabiduría y capa­cidad en el ocultismo; sin duda nuestra palabra magia debe principalmente a esa fuente su actual existencia y significado. No es necesario que nos detengamos aquí porque, detrás de la palabra zendo “mag”, aparece la palabra sánscrita maha, que significa “grande”. Creen los estudiosos que maha originalmente se ponunciaba magha. En el sánscrito existe en verdad la palabra Maga, y significa un sacerdote del Sol, pero fue evidentemente una adaptación posterior del zendo cuya raíz originalmente derivó del sánscrito. Lucifer, T. X, pág. 157.

[107] Magia, El arte de la divina magia consiste en la capacidad de per­cibir la esencia de las cosas a la luz de la naturaleza (luz astral) y -em­pleando los poderes anímicos del Espíritu- de producir cosas materiales desde el universo invisible; en dichas actuaciones debe unirse lo que está arriba y lo que está abajo y actuar armoniosamente. D. S. IV, 79-80.

Magia es el segundo de los cuatro Vidyas, el gran maha-vidya en los escritos tántricos. Sobre ella se ha de verter la luz del cuarto vidya (atma vidya) para que sea magia Blanca. D. S. I, 200.

Magia Negra es definida por H. P. B. de la siguiente manera:

a.     En la magia negra se emplea la luz astral con el propósito de engañar y seducir, mientras que el mago blanco la emplea con propósitos informativos y para ayudar a la evolución. D. S. I, 269.

b.     La magia negra trabaja con los polos opuestos. El mago blanco busca el punto de equilibrio y de síntesis. D. S. II, 120.

c.      La magia negra tiene por símbolo la estrella de cinco puntas invertida, la magia blanca el mismo símbolo con la punta hacia arriba.

d.     La magia negra es maha-vidya sin la luz de atma-vidya. La magia blanca es maha-vidya iluminada por atma-vidya. D. S. II, 240.

e.     La magia negra se rige por la luna. La magia blanca se rige por el sol.

f.      La magia negra y blanca surgieron durante el gran cismo que comenzó en la cuarta raza raíz. D. S. III, 408; IV, 63, 79.

g.     La magia negra se basa en la degradación del sexo y de la función creadora. La magia blanca está basada en la transmutación de la facultad creadora, en el pensamiento creador superior; el fuego interno abandona los órganos genitales y pasa a la garganta, el centro del sonido creador.

h.     La magia negra trata con las fuerzas de la involución. La magia blanca trabaja con los poderes de la evolución.

i.         La magia negra se ocupa de la forma dentro de la materia. La magia blanca se ocupa de la vida dentro del forma, el Espíritu.

[108] D. S. 69-70, Sección VI, 75.

[109] D. S. IV, 116-117-118.

[110] D. S. I, 122-124; III, 209, 221; IV,

[111] La Biblia. Rey. XIII, 18.

Podría preguntarse aquí qué relación puede haber a este respecto con la ronda interna. La ronda interna tiene muchos significados, algunos de los cuales es imposible darlos, pero dos cosas pueden decirse: Que se ocupa del efecto producido por el equilibrio triangular de las fuerzas al finalizar el ciclo, cuando la fuerza de la energía involucrada circula sin impedimentos, aunque lentamente, a través de

1.     dos constelaciones del sistema solar,

2.     los esquemas planetarios,

3.     tres globos en el esquema.

Debe recordarse que los tres son interdependientes. La fuerza empieza así a fluir cuando algún ciclo ha recorrido dos tercios. Concierne a las Iniciaciones mayores, y es la analogía, en los planos superiores, del atajo esotérico que conduce a la sabiduría y al conocimiento, que denominamos Sendero de Iniciación.

[112] Ningún alma puede perderse cuando:

a.     Existe una buena aspiración.

b.     Ha realizado una acción altruista.

c.      Lleva una vida virtuosa.

d.     Lleva una vida de rectitud.

e.        Vive una vida naturalmente. Isis sin Velo, II. Véase D. S. VI, 160-161-162.

[113] H. P. B. ha dicho que los elementales del aire son los más malvados y peligrosos cuando se refiere al plano físico y a los peligros que acechan al cuerpo físico. Son los más peligrosos en lo que respecta al plano físico, pero en el caso que estamos considerando, tratamos con el hombre, la unidad en los tres mundos.

[114] D. S. III, 276, 287, 293.

[115] Los caminos abiertos para el Ego divino después de la separación son dos: D. S. VI, 157.

a.     Puede iniciar una nueva serie de encarnaciones.

b.     Puede retornar al “seno del Padre” y volver a la Mónada.

Los caminos están abiertos para el yo inferior descartado. D. S. IV, 159-161.

a.     Si tiene cuerpo físico se convierte en un hombre sin alma. En esta caso hay esperanza.

b.     Si no tiene cuerpo físico se convierte en un fantasma o en una especie de Morador del Umbral. 

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