El Horóscopo de Los Ángeles. Gloria Garrido.
Recopilación exclusivamente
sin fines de lucro para las Adicciones.

Gloria Garrido
EL HORÓSCOPODE LOS ÁNGELES
Descubre cuál es
el ángel que te guía y te protege
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© Gloria Garrido, 2015
© de las ilustraciones: Shutterstock Diseño de cubierta: Adrià Moratalla Castro
Primera edición: abril de 2015
© Grup Editorial 62, S.L.U., 2015 Ediciones Luciérnaga
Pedro i Pons, 9-11, 11.ª pta.
08034 Barcelona www.planetadelibros.com
ISBN: 978-84-15864-46-2
Depósito legal: B. 1.758-2015 Impreso en España – Printed
in Spain
El papel utilizado para la impresión de este libro es cien por cien libre de cloro y
está calificado como papel ecológico.
Contenidos
AGRADECIMIENTOS
CAPÍTULO 1: Ángeles entre
nosotros CAPÍTULO 2: Seres alados en todas
las culturas CAPÍTULO 3: Presencia angélica
en
las religiones del Libro CAPÍTULO 4: Ángeles rebeldes y
ángel de la
guarda CAPÍTULO 5: Jerarquías
celestiales CAPÍTULO 6: Astrología cabalística y
los 72 genios del zodíaco CAPÍTULO 7: Los 72 genios cabalísticos CAPÍTULO 8: Contactar con
ángeles CAPÍTULO 9: Místicos y visionarios
ÍNDICE ALFABÉTICO DE LA AYUDA QUE PRESTAN LOS 72 GENIOS
BIBLIOGRAFÍA
«Tú, mi Señor y Príncipe, mi ángel sacrosanto, mi precioso ser espiritual. Tú eres el
Espíritu que me alumbró y el hijo que
mi espíritu alumbra… Tú,
que estás revestido de la más brillante de las luces divinas, manifiéstate a mí en la más bella
de las epifanías, muéstrame la luz de
tu rostro resplan- deciente, sé para
mí el mediador… Aparta de mi corazón
las tinieblas de los velos…»
SOHRAVARDÎ
El libro de las conversaciones
Ángeles entre nosotros
Moradores de los espacios invisibles, descritos como espejos
transparentes donde se refleja la majestad de Dios, los ángeles son intermediarios entre el cielo y la tierra, dispuestos siempre a cumplir con su función
de transmitir los designios divinos. De hecho, el término con que los
designamos, «ángeles», procede de la palabra griega aggelos (pronunciado anguelos)
que significa «mensajero», al igual que el vocablo hebreo malaj, o el árabe malak: «portador de buenas nuevas». Su nombre obedece en realidad a
su función. Pues la mayoría de sus apariciones registradas por las llamadas religiones del Libro, hebrea,
católica e islámica, tienen que ver con esta misión de comunicarnos
noticias, órdenes o planes del Ser Supremo.
ÁNGELES
ENTRE NOSOTROS
Si bien, según las escrituras
sagradas, los ángeles también se ocu- pan de la vida mineral, vegetal y animal
en toda la Creación. Son ellos quienes median para que las nubes se transformen en lluvia, los vientos
soplen esparciendo las semillas, las estrellas y planetas continúen en sus
órbitas... En realidad podría decirse que nada crece en la tierra o se mueve en
el firmamento sin su intervención.
¿De qué están hechos los
ángeles? En el Antiguo y Nuevo Testamento, donde se citan más de cien veces,
aparecen a la vista del ser humano de múltiples formas, como luces
resplandecientes, carros de fuego, voces interiores, imágenes
en sueños, y también como hombres bellísimos de aspecto andrógino y
vestidos con túnicas resplandecientes o como seres alados. Parecen dotados de
poderes y sabiduría sobrenaturales aunque limitados, pueden
obrar milagros en un instante, son capaces de sanar, ayudar o mostrar el camino a
seguir. Son espíritus de luz, fuerza y
energía, que no pueden tener hijos si no es abandonando su condición
angélica. Existen en número incontable y alaban continuamente al Creador
rodeando su Trono.
De niños solemos creer
en los ángeles al igual
que creemos en las ha- das. Aprendemos oraciones según las
cuales «cuatro angelitos guardan cada esquina de la cama». Al crecer, la
sensación de esta cercanía con los seres invisibles se desvanece de la memoria.
La presencia angélica llega a ser simplemente una anécdota. Como cuando se hace
un silencio repentino en una conversación y se dice: «Ha pasado un ángel». A pesar de este olvido, o incluso
precisamente por él, los ángeles parecen trabajar día y noche desde el mundo
invisible para abrir un resquicio por el que colarse
en nuestro caparazón racional. Y es sólo en ciertas
ocasiones, al encontrar al azar algo que buscamos y necesitamos desesperadamente, al cruzarnos
fortuitamente con alguien
que luego llega a
ser muy querido, o cuando en los momentos de mayor pesadumbre,
ÁNGELES ENTRE NOSOTROS
pérdida o enfermedad obtenemos consuelo, recuperamos la
esperanza y esbozamos una sonrisa, entonces, quizá sólo por unos instantes, nos
acordamos de nuevo de los ángeles, volvemos a tener fe, porque ¿Quién si no
ellos podría hacer posible lo imposible? ¿Quién si no ellos podría realizar el
milagro de la Misericordia Divina?
EN BUSCA DE LA NATURALEZA PERFECTA
Las grandes tradiciones religiosas y esotéricas creen que la relación entre
ángeles y seres
humanos comenzó en el Paraíso.
Antes incluso de que
Adán y Eva abandonaran su vestimenta de luz para adoptar el traje de su
tentador, la serpiente. Aun antes de que se decidieran a probar los frutos del
árbol del bien y del mal.
Conocido como «la Caída», el
error de nuestros primeros padres tuvo como resultado su destierro del Edén.
Algunas tradiciones esotéricas sostienen que la Caída fue diseñada por el
propio Creador. Al parecer era necesario que Adán perdiera la inocencia primordial
para ser testigo, en nombre de Dios, de las vicisitudes de la materia. Ya fuera
resultado de una libre elección, o bien fuera su destino, su «pecado» catapultó
a Adán a esta tierra donde la fatiga, el olvido y el desasosiego son sus
compañeros. La tradición cabalística dice que Dios no quiso abandonar a Adán ni
a su descendencia sin la posibilidad de recuperar su Naturaleza Perfecta. Envió
entonces a los ángeles a la Tierra para inspirar al ser humano el anhelo por
retornar al hogar y recuperar su ser de luz original. Un retorno a casa que los hijos
de Adán siguen
intentando, aun sin saberlo. Y que pasa por superar
sus tendencias negativas: el odio, la envidia, la
violencia, la codicia, la desidia y todo aquello que les impide vivir en paz y
felices.
Convertidos en custodios de
esta cruzada, los ángeles tratan de ayudarnos. Nos inspiran buenas
intenciones, nos cuidan desde que nace-
ÁNGELES
ENTRE NOSOTROS
mos con una solicitud y ternura especiales y liberan nuestro
pecho del peso que lo asfixia ante el sufrimiento o la desesperanza. Ése es el
auténtico regalo del cielo: mostrarnos el camino para recuperar la esencia
luminosa que anida en nuestro interior aunque no seamos conscientes de ella.
Una legión de seres invisibles y silenciosos, pero tan próximos a nosotros como el
aire que respiramos, espera a que con sentimientos, pensamientos y actos
sinceros reclamemos ese don. Tan sólo hemos de aprender a escuchar sus consejos
y solicitar su ayuda.
En El horóscopo de los ángeles se explica al lector cuáles son sus ángeles tutelares según la fecha de su nacimiento. Qué mensaje le envían. Qué
dones le otorgan. Qué profesión será más fácil para él desempeñar. O qué desafíos espirituales le esperan. Además
de una breve historia de la angelología según las tres grandes religiones, y una explicación sobre los coros y jerarquías celestiales, o las visiones de
místicos de todos los tiempos, encontraremos también información sobre el
origen cabalístico de los 72 ángeles del horóscopo. Qué ángeles están más
próximos a la Tierra y al ser humano
cada día del calendario. Cómo hacer un altar angélico para atraer su
protección. A qué horas y cómo es mejor invocarlos, o qué peticiones nos pueden conceder.
No es preciso ser creyente de una religión para acercarse a
estos seres invisibles. Basta tener fe en ellos y anhelar la conexión con su
energía para que su ayuda se mate- rialice y nos convirtamos en acreedores de las bendiciones y favores que nos reservan.
2.
«Tú eres el ave cuyas alas vi
al despertar llamando en plena noche (…) Tú eras la sombra que dormía en calma, Todo sueño levanta en mí tu germen:
tú eras imagen, pero yo soy tu marco que te completa
en fúlgido relieve…»
RAINER MARÍA RILKE
El
libro de las imágenes
«Ampárame bajo la sombra de tus alas»
salmo 16:8
Seres alados
en
todas las culturas
Las entidades protectoras son un elemento
común a todas las religiones politeístas. Etéreas
e invisibles en algunos casos,
en otros la iconografía
y el arte las muestran con alas, elemento sutil, símbolo de elevación y
ligereza espiritual. En el siglo iv
a. J.C., los sumerios situaban a la
entrada de templos y palacios esculturas de seres alados llamadas sukalli, representaciones de dioses
menores que derraman sobre las copas de los reyes el «agua de vida celestial».
Isthar, la diosa mesopotámica de la
sexualidad, también estaba dotada de alas. Y lo
mismo ocurría con los grifos,
conocidos como karibu, vocablo
al que debemos la palabra
«querubines», seres mitológicos, mitad leones mitad águilas que, situa-
SERES ALADOS EN
TOD AS LAS CULTURAS
dos en las puertas de templos y palacios, velaban
los tesoros de dioses y humanos. No es casual que Dios ubicara a las puertas
del Paraíso un que-
rubín con espada de fuego para custodiar el Árbol de la Vida. O que dos
querubines de oro macizo escoltarán el Arca de la Alianza (Ex. 25:18).
En Persia,
el zoroastrismo (s. ii a. J. C.) contaba
con seis entidades etéreas, los Amesha
Spentas, antecesores de los arcángeles hebreos. Los nombres de los Amesha personificaban un atributo de su dios Ahura
Mazda, y cada uno de ellos protegía la vida en la Tierra y hacía progresar a los seres humanos.
Las alas eran también símbolo
de poder ultraterreno en el antiguo Egipto y algunos
dioses las lucían.
Es el caso de Ba, presente en los ritos funerarios por ser el conductor de
los difuntos en el otro mundo. O de la
diosa Isis, dispensadora de favores y fertilidad.
En Grecia hallamos al veloz
Hermes, con alas en el casco y los talones, y a la alada Iris, ambos
mensajeros de Zeus. O al espeluznante monstruo Tifón, que desataba huracanes y
tempestades con un batir
de sus enormes alas. Sin alas pero como genios tutelares, los griegos
tenían, según el filósofo Platón, un daimon,
una entidad entre el mundo visible y el invisible, que los acompañaba durante
toda su vida y aún después de muertos a través del Hades. Idea heredada
probablemente por los romanos, cuyos numenes,
espíritus guardianes, prestaban su guía o provocaban infortunios.
Al norte de Europa, celtas y
germanos veían a los cisnes como aves proféticas que transportaban volando el
alma de los difuntos. Las capas de bardos, poetas y músicos
estaban confeccionadas con plumas de esta
ave. Por su parte, elfos y hadas componen otro grupo de seres luminosos y
alados que prestaba su auxilio a los pueblos nórdicos.
Un manto de plumas era asimismo
la investidura celestial reservada en China a los inmortales taoístas capaces de volar. Mientras
que en el
SERES ALADOS EN TOD AS LAS CULTURAS
Tíbet se cree que los bodisatvas,
seres superiores liberados del círculo de la reencarnación, son semejantes a
ángeles y que escogen en virtud de su gran compasión regresar a la Tierra para
enseñar, sanar y guiar a los mortales. Quienes
aseguran haberlos visto
los describen con un aura de brillante luz que emana paz y
armonía. Por su parte, en el sintoísmo japonés se dan las claves para
comunicarse y vivir en paz con los kami,
genios de los tres mundos, celeste, terrestre y subterráneo.
En el Pañacavimca Brahmana (IV, I, 13), antiguo texto hindú en sánscrito,
se dice «aquel que comprende tiene alas». Aparte de entida- des como Ghandharvas, músicos celestes que entonan canciones
loando la armonía del mundo, y los Nagas
cuya energía positiva dirige la Crea- ción, encontramos en esta religión
seres alados como los Kinpuruch,
ayudantes de los dioses, o los Fereshta,
protectores que avisan a la humanidad de los peligros que la acechan. Sin
olvidar al dios pájaro Ga- ruad, que
contiene las tempestades y protege a las mujeres durante su embarazo.
Al otro lado del Atlántico, los
tocados de los chamanes indios de Norteamérica nos hablan también de la
creencia en el poder espiritual de las plumas. Y en Centroamérica hallamos a
Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de los mayas, aztecas y toltecas. Mientras
que más al sur los incas rinden culto a Viracocha, dios que va acompañado del
pájaro Inti, al que se le atribuyen el don de la videncia y la profecía. En
cuanto a África u Oceanía, muchas de
las religiones animistas que en estos continentes pululan cuentan con la noción
de gemelo invisible o tótem protector, que puede ser desde un animal terrestre
a un pájaro alado.
Fue Platón (s. iv a. J.C.) quien, al tratar la cuestión
del alma en el diálogo Fedro, dijo
que la fuerza de las alas consiste en llevar hacia arriba lo pesado, elevándolo
hacia el lugar en donde habitan los dioses.
«Lo divino es hermoso, sabio y bueno y esto es lo que más alimenta
y
SERES ALADOS EN
TOD AS LAS CULTURAS
hace crecer las alas; en cambio lo vergonzoso, lo malo… las
consume y las hace perecer.»
Heredera de esta concepción, la cultura europea
ha seguido considerando las alas como un símbolo
de elevación hacia lo sublime, un instrumento que representa el anhelo de trascender la condición humana y
acceder a las regiones celestes.
No es de extrañar, pues, que
aún en nuestros días la imaginación popular evoque a los ángeles como espíritus
alados y aéreos capaces de
transportarnos en un vuelo místico más allá de las nubes, hacia las moradas
celestiales.

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