La Conciencia del Átomo. Alice A. Bailey.
Recopilación exclusivamente
sin fines de lucro para las Adicciones.Maestro Djwhal KhulAlice A. Bailey.La Conciencia
del Átomo.
Prefacio
Las conferencias
presentadas en este libro fueron pronunciadas por la autora en Nueva York,
durante el invierno pasado. El propósito de esta serie fue exponer al
auditorio el testimonio de la ciencia referente a la materia y a la conciencia,
permitir al auditorio observar en otros y sucesivos estados superiores de la
existencia la misma manifestación de estas relaciones y de ciertas leyes
fundamentales; llevarlos a una comprensión de la universalidad del proceso
evolutivo y de su actualidad, tratando parcialmente las expansiones de
conciencia y la vida más amplia hacia la cual se encamina el género humano. Por
lo tanto, estas conferencias estaban destinadas a servir de introducción a un
estudio más detallado y a aplicar las leyes de la vida y del desenvolvimiento
humano, que generalmente van incluidas en el término "ocultismo".
Se
observará en esta serie de conferencias un sinnúmero de repeticiones, donde se
recapitula brevemente en cada una, el tema abarcado en la precedente. Debido a
que en cada conferencia había nuevos asistentes, fue necesario presentar a
grandes rasgos el campo abarcado y las razones debidas a la posición adoptada.
Esto tenía la ventaja de fijar en la mente del auditorio algunos conceptos
fundamentales y nuevos para muchos de ellos, ayudándolos a captar y aceptar
fácilmente ampliaciones del tema. Al presentar las conferencias en forma de
libro, se ha creído prudente mantener su texto completo, tal como fue dado.
Quienes estudian la sabiduría esotérica podrán seguir sin dificultad la línea
de la argumentación; pero para quienes consideran por vez primera los temas
aquí tratados, la repetición ocasional de los puntos fundamentales ayudarán a
una rápida comprensión, y este libro ha sido destinado principalmente a este
tipo de lectores.
Septiembre 1922 Alice A. Bailey
EL CAMPO DE LA EVOLUCIÓN
PRIMERA CONFERENCIA
En la historia del
pensamiento nunca hubo probablemente un período que se asemeje al actual. Los
pensadores de todas partes son conscientes de dos cosas: primero, que hasta
ahora jamás se habían definido con tanta claridad las regiones misteriosas y,
segundo, que esas regiones pueden ser penetradas más fácilmente que nunca. Por
lo tanto, quizás sea posible persuadirlos a revelar algunos de sus secretos si
los investigadores de todas las escuelas persiguen determinantemente su
búsqueda. Los problemas que enfrentamos al estudiar los conocidos hechos de la
vida y de la existencia, son susceptibles de ser definidos con más claridad que
antes, y aunque no conozcamos la respuesta a nuestras preguntas ni la solución
de nuestros problemas, ni tengamos en la mano la panacea para remediar las
dolencias del mundo, sin embargo, el hecho de definirlos y señalar donde reside
el misterio, y que la ciencia, la religión y la filosofía, han arrojado luz
sobre dilatadas extensiones consideradas anteriormente tierras tenebrosas,
constituye la garantía del éxito futuro. Exceptuando el círculo de doctos y
místicos, sabemos mucho más que hace cinco siglos. Hemos descubierto varias
leyes naturales, aunque todavía no sepamos aplicarlas, y el conocimiento de la
"cosa tal cual es" (empleo deliberadamente esta frase) ha ganado
mucho terreno.
No
obstante, permaneciendo aún inexplorada la tierra del misterio, nuestros
problemas son numerosos. Tenemos el problema de nuestra propia vida particular,
sea cual fuere; además el problema de lo comúnmente llamado noyo; que concierne
a nuestro cuerpo físico, medio ambiente, circunstancias y condiciones de vida;
si somos introspectivos tenemos el problema de nuestra particular serie de
emociones, pensamientos, deseos e instintos, por los cuales controlamos la
acción. Los problemas grupales son muchos. ¿Por qué hay sufrimiento, hambre y
dolor? ¿Por qué el mundo entero está esclavizado por la abyecta indigencia, la
enfermedad y el malestar? ¿Cuál es el propósito subyacente en todo lo que
vemos a nuestro alrededor y cuál será el resultado de los asuntos mundiales
considerados como una totalidad? ¿Cuál es el destino de la raza humana, cuál
su origen y la clave de su actual condición? ¿Hay otra vida después de ésta y
su único interés reside en lo visible y material? Tales preguntas surgen en
nuestra mente y surgieron en la mente de los pensadores en el transcurso de los
siglos.
Se intentó diversamente
responder a estas preguntas, y al estudiarlas hallamos que las respuestas
dadas se dividen en tres grupos principales, y que tres soluciones mayores se
presentan a la consideración de los hombres, y son:
Primero, Realismo.
Otro nombre es materialismo. Enseña que "la representación del mundo
externo en nuestra conciencia es verídica"; que las cosas son lo que
aparentan ser; que la materia y la fuerza, tal como las conocemos, son la única
realidad; que no es posible para el hombre ir más allá de lo tangible, y que
debe satisfacerse con los hechos tal como los conoce o enseña la ciencia. Este
método es perfectamente legítimo como solución, pero para muchos no va
suficientemente lejos. Trata sólo lo que puede ser probado y demostrado, y se
detiene en el punto en que el investigador se pregunta: "esto es así,
pero ¿por qué?" No tiene en cuenta muchas cosas conocidas y comprendidas
como verdades por el hombre, aunque él es incapaz de explicar por qué sabe que
son verídicas. Los hombres de todas partes reconocen la exactitud de los hechos
de la escuela realista y de la ciencia materialista, aunque al mismo tiempo
sienten innatamente que en la comprobada manifestación objetiva, subyace
alguna fuerza vitalizadora y algún coherente propósito que no puede explicarse
sólo en términos de materia.
Segundo, tenemos un punto
de vista que podríamos muy bien denominar supernaturalismo. El hombre
siente que quizás después de todo, las cosas no son exactamente lo que
aparentan ser, y que aún queda mucho que es inexplicable. Reconoce que no es
simplemente una acumulación de átomos físicos, un algo material y un cuerpo
tangible, sino que latente en él hay una conciencia, un poder y una naturaleza
síquica que lo vincula con todos los miembros de la familia humana y con un
poder fuera de sí mismo que forzosamente debe explicar. Esto ha conducido, por
ejemplo, a la evolución del punto de vista judío y cristiano que postula un
Dios fuera del sistema solar creado por Él, pero extraño al sistema. Ambos
sistemas enseñan que el mundo ha evolucionado por un Poder o Ser, que construyó
el sistema solar, guía correctamente a los mundos, mantiene nuestra pequeña
vida humana en el hueco de su mano y "ordena suavemente" todas las
cosas de acuerdo a algún propósito oculto que nuestra mente finita es incapaz
de vislumbrar y mucho menos de comprender. Tal es el punto de vista religioso
y sobrenatural, basado en la creciente autoconsciencia del individuo y en el
reconocimiento de su propia divinidad. Análogo al punto de vista de la escuela
realista incluye únicamente una verdad parcial y requiere ser complementado.
Tercero,
podría llamarse idealismo. Postula un proceso evolutivo dentro de toda
manifestación e identifica la vida con el proceso cósmico. Es el exacto polo
opuesto del materialismo, y coloca a la sobrenatural deidad que predica el
religioso, como una gran Entidad o Vida, que evoluciona por medio de todo y del
universo, así como la conciencia del hombre lo hace a través de un cuerpo
físico objetivo.
En estos
tres puntos de vista, el francamente materialista, el puramente sobrenatural y
el idealista, tenemos presentes tres principales líneas de pensamiento para
explicar el proceso cósmico. Son verdades parciales y, sin embargo, ninguna
está completa sin la otra. Todas aisladamente consideradas desvían y conducen
a la oscuridad, y no desvelan el misterio central; pero sintetizadas, unidas y
fusionadas, quizás contengan (y es tan sólo una insinuación mía) tanta verdad
de la evolución como la mente humana puede captar en la actual etapa evolutiva.
Tratamos
profundos y amplios problemas y quizás nos entrometemos en cosas elevadas y
superiores, invadiendo regiones reconocidas como el dominio de la metafísica, e
intentamos resumir en pocas y breves charlas todo el contenido de las
bibliotecas del mundo, es decir, intentamos algo imposible. Lo que cabe hacer
es considerar breve y sucintamente un aspecto tras otro de la verdad. Todo
cuanto lograremos es bosquejar las líneas fundamentales de la evolución,
estudiar las mutuas relaciones, entre sí y con nosotros, como entidades
conscientes, y luego esforzarnos por fusionar y sintetizar lo poco que
lleguemos a conocer, hasta esclarecer la idea general del entero proceso.
Debemos
recordar, en conexión con todo enunciado de la verdad, que cada uno ha sido
emitido desde un punto de vista particular. No podremos responder plenamente a
la pregunta ¿qué es la verdad?, ni expresar sin prejuicios ningún aspecto de
esta verdad, en forma perfectamente directa, hasta haber desarrollado algo más
los procesos mentales y ser capaces de pensar en términos abstractos y
concretos. Algunas personas poseen un horizonte más amplio que otras, y pueden
ver la unidad subyacente en los diferentes aspectos. Otros se inclinan a pensar
que su perspectiva e interpretación son las únicas verdaderas. Espero en estas
charlas ampliar algo más su punto de vista. Espero también que lleguemos a
comprender que el hombre interesado únicamente en el aspecto científico,
limitado al estudio de esas manifestaciones puramente materiales, se ocupe además
de estudiar lo divino como lo hace su hermano cabalmente religioso, que sólo
se interesa por el aspecto espiritual, y que el filósofo, después de todo, sólo
trata de destacar el tan necesario aspecto de la inteligencia que vincula los
aspectos material y espiritual y los fusiona en un todo coherente. Quizás por
la unión de estas líneas, ciencia, religión y filosofía, adquiramos un
conocimiento práctico de la verdad tal cual es, recordando al mismo tiempo que
"la verdad reside en nosotros mismos". La expresión de la verdad por
un solo hombre no es completa, y el único propósito del pensamiento es trabajar
con materia mental y poder erigirla constructivamente para nosotros mismos.
Quisiera bosquejar mi
plan esta noche y sentar las bases para las charlas futuras, tocando las
principales líneas de la evolución. Por lógica, lo más evidente es ocuparse de
la evolución de la sustancia, el estudio del átomo y la naturaleza de
la materia atómica. De esta última línea de evolución nos ocuparemos en la
próxima conferencia.
La ciencia tiene mucho
que decir sobre la evolución del átomo, y ha recorrido un largo camino desde
hace cincuenta años, a partir del siglo pasado, cuando se consideraba al átomo
como una indivisible unidad de sustancia, considerándoselo ahora un centro de
energía o fuerza eléctrica. De la evolución de la sustancia vamos lógicamente a
la evolución de las formas o del conglomerado de átomos, y se abren a nuestra
consideración otras formas que no son las estrictamente materiales -existentes
en sustancia sutil, como las formas mentales raciales y de organizaciones. En
este doble estudio, se hará resaltar uno de los aspectos de la deidad, si se
elige utilizar el término "deidad", o una de las manifestaciones de
la naturaleza, si se prefiere esta expresión menos sectaria.
Entonces se considerará
la evolución de la inteligencia o el factor mente, que actúa con ordenado
propósito en todo lo que vemos a nuestro alrededor. Esto revelará un mundo que
no camina a ciegas, sino que obedece a determinado plan, a un coordinado esquema
y organizado concepto, que se desarrolla por medio de la forma material. Uno de
los motivos por los cuales las cosas parecen difíciles de comprender, es que
nos hallamos en medio de un período de transición, y el plan es aún imperfecto.
Estamos demasiado cerca de la maquinaria y somos parte integrante del conjunto.
Vemos una parte aquí, otra un poco más allá, pero no percibimos la grandiosidad
de la idea Podemos tener una visión, un elevado momento de revelación, pero al
hacer contacto con la realidad en todas partes, dudamos de la posibilidad de
materializar el ideal, porque el reajuste de la relación inteligente entre la
forma y lo que la utiliza, está muy lejano.
El reconocimiento del
factor inteligencia conducirá inevitablemente a contemplar la evolución de la
conciencia en sus diversas modalidades, desde las consideradas subhumanas,
pasando por la humana, hasta la que lógicamente podemos suponer conciencia superhumana,
aunque no sea posible demostrarla. La inmediata pregunta que enfrentaremos
será: ¿qué hay detrás de todos estos factores? ¿Existe detrás de la forma
objetiva y de su inteligencia animadora una evolución que corresponde a la
facultad del yo, el Ego en el hombre? ¿Hay en la naturaleza y en cuanto vemos a
nuestro alrededor la actuación del propósito de un Ser individualizado y
autoconsciente? Si existe tal ser y existencia fundamental, podríamos percibir
algo de sus inteligentes actividades y observar Sus planes, en vías de
fructificación. Aunque no podamos probar que Dios o que la Deidad existe, por
lo menos podemos decir que la hipótesis de que Él existe es razonable, la
sugerencia es racional, lo cual constituye una posible solución para todos los
misterios que nos rodean. Para ello debe demostrarse que hay un propósito, un
propósito inteligente, desarrollándose a través de todo tipo de formas, razas,
naciones, y en todo cuanto se halla manifestado en la civilización moderna,
más las etapas recorridas por este propósito y el gradual desenvolvimiento del
plan, y quizás por esa demostración podremos ver lo que nos espera en las
etapas futuras.
Consideremos
brevemente qué significan las palabras "proceso evolutivo". Se
emplean constantemente, y el hombre común sabe que la palabra evolución
sugiere un desenvolvimiento de adentro afuera y el desarrollo de un centro
interno; pero necesitamos definir más claramente la idea para tener un mejor
concepto de ella. Una de las mejores definiciones que conozco de la evolución
es: "el desenvolvimiento de un continuo y creciente poder de
responder". Aquí tenemos una definición muy iluminadora, al considerar el
aspecto material de la manifestación. Entraña el concepto de vibración y la
respuesta a la misma, y aunque con el tiempo tenemos que descartar la palabra
"materia" y emplear el término "centro de fuerza", el
concepto aún tiene validez y la respuesta del centro al estímulo puede ser percibida
con mayor exactitud. La misma definición es muy valiosa al considerar la
conciencia humana. Implica la idea de una creciente y gradual comprensión, de
una respuesta, en desarrollo, de la vida subjetiva a su medio ambiente, que
eventualmente conducirá hacia arriba, al ideal de una existencia unificada,
síntesis de todas las líneas de evolución Y al concepto de una Vida central o
fuerza que fusiona y mantiene coherentes todas las unidades evolucionantes, sean de
materia, como el átomo del físico y del químico, o unidades de conciencia,
como los seres humanos. Esto es evolución, el proceso que desenvuelve la vida
dentro de las unidades, el anhelo en desarrollo que oportunamente fusiona
unidades y grupos, hasta obtener la suma total de manifestación, denominada
Naturaleza o Dios, el conjunto de todos los estados de conciencia. A este Dios
se refieren los cristianos cuando dicen: "en Él vivimos, nos movemos y tenemos
nuestro ser". Ésta es la fuerza o energía reconocida por los científicos
Ésta es la Mente Universal o Super-alma del filósofo y también la inteligente
voluntad que todo lo rige, une, construye, desarrolla y lo lleva a la máxima
perfección. Es esa Perfección inherente a la materia y la tendencia latente
en el átomo, en el hombre y en todo cuanto existe. A esta interpretación del
proceso evolutivo no se la considera como resultado de una Deidad externa que
derrama su energía y sabiduría sobre un expectante mundo, sino más bien como
algo latente en el mundo mismo, oculto en el corazón del átomo químico, en el
del hombre, en el planeta y en el sistema solar. Es ese algo que impulsa todas
las cosas hacia la meta y la fuerza que gradualmente pone orden en el caos, la
ultérrima perfección de la imperfección temporaria, el bien del aparente mal.
De las tinieblas y del desastre saldrá algún día aquello que reconoceremos como
bello, correcto y verdadero. Esto es todo cuanto hemos concebido y vislumbrado
en nuestros más elevados y mejores momentos.
Se ha definido también la
evolución como "desarrollo cíclico", y esta definición me sugiere un
pensamiento que ansío captar completamente. La naturaleza se repite continuamente
hasta alcanzar determinados fines y obtener ciertos resultados concretos y
respuestas a la vibración. Por el reconocimiento de este hecho podemos
demostrar el inteligente propósito de la Existencia inmanente. Para ello se
emplea el método del discernimiento o de inteligente elección. Los textos de
las diferentes escuelas expresan la misma idea, tales como "selección
natural" y "atracción y repulsión". Evitaré en lo posible
emplear términos técnicos, porque algunas escuelas de pensamiento significan
con esto unas veces una cosa y otras otra. Si encontramos una palabra similar,
pero no ligada a ninguna escuela o línea de pensamiento, quizás hallemos una
nueva luz para nuestro problema. Atracción y repulsión en el sistema solar, es
sólo la facultad de discernir que poseen el átomo o el hombre, manifestada en
los planetas y en el sol. Atracción y repulsión existen en los átomos de todo
tipo; podría llamársele adaptación o poder de crecer o de adaptarse el ente a
su ambiente, por el rechazo de ciertos factores y la aceptación de otros. En el
hombre común se manifiesta como libre albedrío o la facultad de elegir, y en el
hombre espiritual como la tendencia al sacrificio, porque el hombre elige una
particular línea de acción a fin de beneficiar al grupo al cual pertenece, y
rechaza lo estrictamente egoísta.
Podemos definir
finalmente la evolución como un ordenado cambio y constante mutación,
demostrados en la incesante actividad de la unidad o del átomo, en la interacción
de los grupos y en la interminable acción de una fuerza o tipo de energía sobre
otra.
Vimos que la evolución,
sea de la materia o de la inteligencia, conciencia o espíritu, consiste en el
siempre creciente poder de responder a la vibración que, mediante un constante
cambio, progresa por la aplicación de una política selectiva o el empleo de la
facultad discernidora y por el método de desarrollo cíclico o de repetición.
Las etapas que caracterizan al proceso evolutivo podrían clasificarse en tres,
y corresponden a las de la vida del ser humano: niñez, adolescencia y madurez.
En lo que concierne al hombre, se manifiestan en la unidad humana o en la
raza, y a medida que transcurren y progresan las civilizaciones, se podrá
observar la misma triple idea en toda la familia humana, y así nos cercioramos
del divino objetivo, estudiando su imagen o reflejo, el HOMBRE. Podemos
expresar estas tres etapas en términos más científicos y vincularlas con las
tres escuelas de pensamiento referidas, y las analizaremos como:
a. La
etapa de energía atómica
b. La
etapa de coherencia grupal.
c. La etapa de la existencia unificada o
sintética.
Trataré de aclarar el
concepto. La etapa de energía atómica concierne mayormente al aspecto material
de la vida y corresponde al periodo de la niñez en la vida del hombre o de una
raza. Es el período de realismo, de intensa actividad, y ante todo de desarrollo
mediante la acción, de pura autocentralización o autointerés. Produce un punto
de vista materialista y conduce inevitablemente al egoísmo. Involucra el
reconocimiento de que el átomo se basta a sí mismo y que análogamente las
unidades humanas tienen vida separada independiente de las demás unidades, sin
relación entre sí. Esta etapa puede observarse en las razas subdesarrolladas
del mundo, en los niños y en los individuos poco evolucionados. Son normalmente
autocentrados; dedican sus energías a su propia vida; se ocupan de lo objetivo
y tangible, y los caracteriza un necesario y protector egoísmo. Es una etapa
indispensable en el desenvolvimiento y perpetuación de la raza.
De este período atómico y
egoísta surge otra etapa, la de la coherencia grupal, que se supone la
construcción de formas y especies hasta obtener algo coherente e
individualizado, pero constituido por multitud de individualidades y formas
menores. En conexión con el ser humano corresponde a su conocimiento
incipiente de la etapa de responsabilidad y al reconocimiento del lugar que le
corresponde dentro del grupo. Requiere del individuo la capacidad de reconocer
una vida superior a la suya, ya se la denomine Dios o se la considere
simplemente como la vida del grupo, al cual pertenecemos como unidad, esa gran
Identidad de la cual formamos parte. Esto corresponde a la escuela de
pensamiento supernaturalista y con el tiempo lo sustituirá otro concepto más
amplio y verdadero. Según hemos visto, la primera etapa o atómica, se
desarrolló por el egoísmo o la vida autocentrada del átomo, sea el átomo de la
sustancia o el humano; la segunda etapa llega a la perfección por el sacrificio
de la unidad, en bien de los muchos, y del átomo, en bien del grupo, en el cual
tienen cabida. De esta etapa muy poco sabemos y, frecuentemente, la
visualizamos y anhelamos. La tercera etapa está aún muy lejana, y algunos la
consideran como una vana quimera. Otros poseen la visión y, aunque inalcanzable
ahora, es lógicamente posible si nuestras premisas son exactas y sentamos
correctamente las bases de la existencia unificada. Entonces no sólo habrá
unidades independientes, átomos diferenciados en la forma, grupos constituidos
por multiplicidad de entidades, sino que tendremos el conglomerado de formas,
grupos y estados de conciencia, fusionados, unificados y sintetizados en un
todo perfecto, denominado sistema solar, naturaleza o Dios. Los nombres no
tienen importancia. Corresponde a la etapa adulta del ser humano; análoga al
período de la madurez y a esa etapa donde se supone que el hombre tiene un
propósito y trabajo definido en la vida y también un bien determinado, llevado
a cabo con la ayuda de su inteligencia. En estas charlas quisiera, si es
posible, demostrar que algo similar se está llevando a cabo en el sistema
solar, en el planeta, en la familia humana y en el átomo. Confío que podré
demostrar que en todo subyace una inteligencia, que de la separación vendrá la
unión, producida por la fusión y mezcla grupal y que con el tiempo surgirá de
108 distintos grupos un todo perfecto, plenamente consciente, compuesto por
miríadas de identidades separadas, animadas por un sólo propósito y una sola
voluntad. Si esto es así, ¿cuál es el paso práctico que deben dar quienes
alcancen esta comprensión? ¿Cómo aplicar prácticamente este ideal a nuestras
propias vidas y cómo asegurarnos nuestro inmediato deber a fin de participar y
cumplir conscientemente con el plan? En el proceso cósmico tenemos nuestra
diminuta participación y en cada día de actividad debemos desempeñar nuestra
parte con inteligente comprensión.
Nuestro primer objetivo
debería ser la autocomprensión, por la práctica del discernimiento. Aprender a
pensar con claridad, a formular nuestros pensamientos y a dirigir nuestros
procesos mentales. Saber lo que pensamos y por qué lo pensamos, y descubrir el
significado de la conciencia grupal por el estudio de la ley del sacrificio. No
sólo debemos descubrir en nosotros la primitiva etapa infantil de egoísmo (que
ya debiéramos haber trascendido) y aprender a diferenciar entre lo real y lo
irreal, por la práctica del discernimiento, sino a pasar a algo mucho mejor.
Nuestra meta inmediata debe ser descubrir el grupo al cual pertenecemos. No
pertenecemos a todos los grupos ni es posible saber cuál es nuestro lugar en el
gran grupo, pero podemos encontrar algún grupo donde hallar cabida, un conjunto
de personas con el cual colaborar y trabajar, algún hermano a quien socorrer y
ayudar. Esto involucra practicar conscientemente el ideal de la hermandad, y
-hasta haber evolucionado en la etapa en que nuestro concepto es universal-
significa que debemos descubrir el particular grupo de hermanos a quienes
podemos amar y ayudar por medio de la ley de sacrificio y la transmutación del
egoísmo en amoroso servicio. Así colaboraremos en el propósito general y
participaremos en la misión del grupo.
LA
EVOLUCIÓN DE LA MATERIA
SEGUNDA
CONFERENCIA
Evidentemente en una
serie de conferencias como éstas no puede tratarse concretamente un tópico tan
importante, aunque yo tuviera la suficiente preparación para dictar cátedra
sobre un asunto tan fundamentalmente científico. Además, si las conclusiones de
la ciencia sobre la evolución de la materia fueran definitivas, el tema sería,
aún así, demasiado vasto para tratarlo, pero como no lo son, de ahí proviene su
mayor complicación. Esta noche quiero enunciar previamente que mi objetivo
consiste en hablar especialmente a quienes carecen de conocimiento científico,
para darles un concepto general de las ideas comúnmente aceptadas. Por lo
tanto, haré algunas sugerencias que ayudarán a ajustar nuestras mentes a este
gran problema de la materia. Por lo común se ha presentado el aspecto sustancia
de la manifestación en forma separada y sólo últimamente se presentó al público
lo que podría llamarse "sicología de la materia", mediante las
investigaciones y conclusiones de científicos de mente más amplia.
La semana pasada, como
recordarán, traté de indicarles en forma extensa y general, que existían tres
líneas de acercamiento para estudiar el universo material. Tenemos la línea que
sólo considera el aspecto materialista y se ocupa únicamente de lo visible,
tangible y demostrable. La segunda línea es el supernaturalismo que reconoce
más el aspecto denominado divino que el aspecto material de las cosas; trata de
los aspectos de la vida y del espíritu, considerando esa vida como una potestad
extraña al sistema solar y al hombre, y a esa Potestad como un gran Agente
creador, que guía y crea el universo objetivo, aunque permanece fuera de él.
Ambas líneas de pensamiento son postuladas por científicos francamente
materialistas y también por los cristianos ortodoxos y los deístas de todos los
credos.
Mencioné
también una tercera línea denominada concepto idealista, la cual reconoce la
forma material, ve la vida dentro de ella y admite una conciencia que
evoluciona por medio de la forma externa. Es la línea que destacaré e insinuaré
en estas conferencias, porque ningún orador puede, después de todo, disociarse
totalmente de su propio punto de vista, habiéndome propuesto desarrollar en
estas charlas la tercera línea, porque para mí sintetiza las otras dos y añade
ciertos conceptos que producen un conjunto coherente cuando se fusiona con
ambas. A ustedes les corresponde decidir si este tercer punto de vista es
lógico, razonable o claro.
Para la
mayoría de nosotros, la realidad más común de la vida es el mundo material, el
cual podemos ver y tocar con los cinco sentidos, y los pensadores metafísicos
denominan "no-yo", o lo objetivo para cada uno de nosotros. Como
sabemos, la tarea del químico es reducir las sustancias conocidas a sus
elementos simples, y hasta no hace mucho tiempo se creyó haberlo logrado
satisfactoriamente. Las conclusiones del químico señalaban entre setenta y
ochenta el número de elementos conocidos. Sin embargo, hace más o menos veinte
años, en 1898, se descubrió un nuevo elemento que se lo denominó radio, y este
descubrimiento revolucionó totalmente las ideas mundiales sobre la materia y
la sustancia. Si consultamos los libros de texto del siglo pasado, o buscamos
en los antiguos diccionarios la definición del átomo, veremos citado a Newton,
quien lo definía como la última, indivisible y dura partícula de la materia,
algo imposible de mayor subdivisión. Se lo consideró el ultérrimo átomo del
universo, y los científicos de la Era Victoriana lo denominaron "la piedra
fundamental del universo", creyendo que habían llegado hasta donde era
posible llegar y que habían descubierto todo lo subyacente detrás de la
manifestación y de la objetividad misma. Pero, descubierto el radio y otras
sustancias radiactivas, fue necesario encarar un nuevo aspecto de la situación,
y, evidentemente, se vio que lo que hasta entonces se había tenido por la
ultérrima partícula, no era tal. Hoy el diccionario define el átomo en los
siguientes términos:
"El
átomo es un centro de fuerza, una fase de los fenómenos eléctricos, un centro
de energía, activo por su propia construcción interna, que emite energía, calor
o radiación."
Por lo tanto, el átomo
es, según conjeturaba Lord Kelvin, en 1867, un "vórtice anular" o
Centro de fuerza, y no una partícula de lo que entendemos por sustancia
tangible. Se ha demostrado que esta ultérrima partícula de la materia está
compuesta de un núcleo positivo de energía, circundado, como el sol por los
planetas, por varios electrones o corpúsculos negativos, subdividiendo así el
átomo de los antiguos científicos en numerosos cuerpos menores. Los elementos
difieren según el número y disposición de estos negativos electrones alrededor
de su núcleo positivo, y giran o circulan en torno a esta carga central de
electricidad, como nuestro sistema planetario gira alrededor del sol. El
profesor Soddy, en uno de sus últimos libros, señala que en el átomo puede
observarse todo un sistema solar -con su sol central y los planetas que
recorren sus órbitas a su alrededor.
Resulta
evidente para cada uno, que al analizar y estudiar esta definición del átomo,
surge un concepto totalmente nuevo de la sustancia. Por lo tanto, las
aseveraciones dogmáticas están fuera de lugar, porque nos damos cuenta que
probablemente un próximo descubrimiento puede revelar que los electrones son
mundos dentro de otros mundos. Hay una interesante conjetura sobre estas líneas
en un libro escrito por un pensador científico, donde sugiere dividir y
subdividir el electrón en lo que denomina "sicones", y penetrar así
en reinos que ahora no se consideran físicos. Quizás sea esto un sueño, pero lo
que trato de plasmar en mi mente y en la de ustedes, es que apenas sabemos
dónde nos encontramos respecto a las ideas científicas, como tampoco sabemos
dónde nos hallamos en los mundos religioso y económico. Todo pasa por un
período de transición, cambia el antiguo orden, y los viejos métodos de ver las
cosas resultan falsos o inadecuados, y las caducas formas de expresar las ideas
parecen inútiles. Todo cuanto cabe ahora al hombre inteligente es reservar su
opinión, cerciorarse de lo que cree ser la verdad, y entonces esforzarse por
sintetizar ese aspecto particular de la
verdad universal con el aspecto aceptado por su semejante.
Podemos
entonces considerar que el átomo se resuelve en electrones, y expresarlo en
términos de fuerza o energía. Un centro de energía o actividad, sugiere un
concepto dual: la causa del movimiento o energía, y aquello que energetiza o
activa. Esto nos conduce directamente al campo de la psicología, porque siempre
se ha considerado que la energía o fuerza es una cualidad, y donde hay cualidad
estamos realmente considerando el campo de los fenómenos síquicos.
Al
ocuparnos de la materia aparecen continuamente ciertos términos comunes,
factibles de una amplia diversidad de definiciones. Al hojear días pasados un
libro científico, me desalentó saber que el autor decía que eran totalmente
diferentes los átomos del químico, del físico, del matemático y del metafísico,
y ésta es una de las razones para no dogmatizar sobre estas cuestiones. Sin
embargo, correcta o no, tengo que presentar una hipótesis bien definida. Al hablar
del radio, probablemente nos aventuremos en el reino de la sustancia etérea, la
región del éter o del protilo, palabra acuñada por Sir William Crookes, que la
definió como:
"Protilo es una palabra análoga a
protoplasma, y expresa la idea de la materia original primaria, antes de la
evolución de los elementos químicos. La palabra que me aventuré a emplear para
tal propósito está compuesta de dos voces griegas que significan 'antes que' y
'la materia de que están hechas las cosas“.
Por lo tanto, estamos
retrotrayendo el concepto de la materia al punto en que siempre lo ubicó la
escuela oriental, a la materia primordial, llamada también por los
orientalistas "éter primordial", aunque debe recordarse que el éter
de la ciencia está infinitamente lejos del éter primordial del ocultista
oriental, el cual nos lleva de vuelta a ese intangible algo, base de las cosas
objetivas que vemos, tocamos y manejamos. La palabra "sustancia"
significa lo que "está debajo" o detrás de las cosas. En consecuencia,
sólo podemos decir en relación con el éter del espacio, que es el medio en que
actúa o se hace sentir la energía o fuerza. Cuando en estas Conferencias hablé
de energía y fuerza y de materia y sustancia, podemos separarlas en nuestra
mente de la manera siguiente: al referirnos a energía y sustancia
consideraremos lo que aún es intangible, y emplearemos la fuerza, en conexión
con la materia, al tratar con el aspecto objetivo que estudian definidamente
los científicos. Sustancia es el éter en uno de sus múltiples grados,
subyacente en la materia misma.
Cuando
mencionamos energía debe existir lo que energetiza esa fuente de energía y su
origen, que se manifiesta en la materia. Esto es lo que trato de destacar. ¿De
dónde procede esta energía y qué es?
Los
científicos reconocen cada vez con mayor claridad las cualidades que el átomo
posee, y convendría tomar los diversos tratados científicos que se ocupan del
tema de la materia atómica, y observar cuál de sus numerosos y variados
términos pueden ser a su vez aplicados al ser humano. He tratado de realizar
esto en pequeña escala y me resultó muy iluminador.
Ante todo sabemos que al
átomo se le atribuye energía y el poder de cambiar sus modos de actividad. Un
autor lo ha dicho: "en todos los átomos del mundo se estremece una
absoluta inteligencia". A este respecto señalaré que Edison, al ser entrevistado
por un periodista de Harpen's Magazine en febrero de 1890, y al ampliar
sus declaraciones en el Scientific American en octubre de 1920, en la
primera entrevista dijo:
"No
creo que la materia sea inerte y la mueva una fuerza externa. Me parece que
todo átomo posee algo de inteligencia primitiva. Consideremos los miles de
formas en que los átomos de hidrógeno se combinan con los de otros elementos
para formar las diversas sustancias. ¿Quiere usted decir, dijo el periodista,
que lo hacen sin poseer inteligencia? Los átomos en armónica y útil relación
asumen hermosas e interesantes formas y colores, o exhalan un fragante aroma
como si expresaran su satisfacción... , o unidos en determinadas formas,
constituyen animales de orden inferior. Finalmente, se combinan en el hombre,
que representa la total inteligencia de todos los átomos."
El
periodista preguntó: Pero ¿de dónde procede originariamente esta inteligencia?
Edison
respondió: "De algún poder superior a nosotros."
Entonces
¿cree usted en un Creador inteligente, en un Dios personal?
"Desde
luego. La existencia de un Dios así, puede demostrarse, a mi entender, por
medio de la química."
En la larga conversación
publicada en 1920 en el Scientific American, Edison presentó un gran número de
interesantes suposiciones, de las que extraje las siguientes:
1. La vida es indestructible, como la materia.
2. Nuestro cuerpo está constituido por miríadas
de entidades infinitesimales, siendo cada una en sí, una unidad de vida, así
como el átomo está constituido por miríadas de electrones.
3. El ser humano actúa como un conjunto más bien
que como una unidad. El cuerpo y la mente expresan la voz y el voto de las
entidades de vida.
4. Las entidades de vida construyen de acuerdo a
un plan. Si parte del organismo vital es mutilado, lo reconstruyen exactamente
como era antes...
5. La ciencia reconoce la dificultad de trazar una
línea entre lo inanimado y lo animado. Quizás las entidades de vida extienden
sus actividades a los cristales y cuerpos químicos.
6. Las entidades de vida son inmortales, de manera
que por lo menos, en esta medida, la vida eterna es una realidad que muchos
anhelamos.
En una
alocución Sir Clifford Allbut, Presidente de la Asociación Británica de
Médicos, tal como lo informó el Literary Digest del 26 de febrero de
1921, se refirió a la
capacidad del microbio para seleccionar y rechazar, y en el transcurso
de sus observaciones dijo:
"Cuando
el microbio se aloja en el cuerpo puede estar o no a tono con algunas o todas
las células con que hace contacto. Probablemente en ningún caso suceda algo
morboso... , la morbosidad podría ocurrir entre el microbio y las células del
cuerpo que están a su alcance y no a tono con él. Es razonable suponer que
cuando un microbio se acerca a una célula corpórea puede atacarla de un modo u
otro, entonces el microbio inocuo se convierte en virulento. Por otra parte las
células pueden educarse para vibrar en armonía con el microbio disonante, o
haber intercambio y adaptación mutua...
"Pero
si esto es así, enfrentamos en verdad una maravillosa y amplia facultad, la
facultad de elegir, y esta elevación desde el fondo de la biología a la cima
-facultad formativa-, la autodeterminación o, si prefieren, la mente."
En 1895, Sir William Crookes, uno de nuestros
más grandes científicos, dio una interesante conferencia ante un grupo de
químicos de Gran Bretaña, donde trató la capacidad del átomo de elegir su
propio camino, rechazar y seleccionar, y demostró que la selección natural se
observa en todas las formas de vida, desde el átomo ultérrimo de entonces,
pasando por todas las formas de existencia.
En otro artículo científico se reconoce que el
átomo posee también sensación:
"La
reciente discusión acerca de la naturaleza del átomo, que en una u otra forma
debemos considerar como factores máximos de todos los procesos físicos o
químicos, parece que podrá dirimirse mediante el concepto de que esas
diminutas masas poseen -como centros de fuerza- un alma persistente, y que
todo átomo tiene sensación y movimiento."
Análogamente Tyndall señala que hasta los
mismos átomos parece que tuvieran "instinto con deseo de vida"
Si
consideramos estas diferentes cualidades del átomo, como energía, inteligencia,
capacidad de selección y rechazo, atracción y repulsión, sensación, movimiento
y deseo, tendremos algo muy parecido a la sicología de un ser humano, aunque
dentro de un radio más limitado y en grado más circunscrito. Por lo tanto, ¿no
hemos llegado acaso, retrospectivamente, a lo que podría llamarse la siquis del
átomo? Hemos visto que el átomo es una entidad viviente, un diminuto mundo
vibrante, y que dentro de su esfera de influencia hay otras vidas, en análogo
sentido en que el hombre es también una entidad o núcleo positivo de fuerza o
vida, que mantiene dentro de su esfera de influencia a otras vidas menores, es
decir, las células de su cuerpo. Esto atañe al hombre y, en la misma medida, al
átomo.
Ampliaremos
ahora el concepto del átomo y quizás lleguemos a la causa fundamental que
encierra la solución de los problemas del mundo. El concepto del átomo como
manifestación positiva de energía, que contiene dentro de su campo de actividad
su polo opuesto, puede extenderse no sólo a todo tipo de átomo, sino también al
ser humano. Podemos considerar a cada ente de la familia humana como un átomo
humano, porque el hombre es simplemente un átomo mayor. Es centro de fuerza
positiva que mantiene dentro de la periferia de su esfera de influencia las
células de su cuerpo, y demuestra discernimiento, inteligencia y energía. La
diferencia es sólo de grado. Posee una conciencia más amplia y vibra a una
mayor medida que el diminuto átomo químico.
Podemos aún dilatar el concepto y considerar
el planeta como un átomo. Quizás exista internamente en el planeta una vida
que retiene en él la sustancia de las esferas y de todas las formas de vida en
un todo coherente, con una específica esfera de influencia. Esto quizás parezca
una disparatada especulación, pero si juzgamos por analogía, quizás exista en
la esfera planetaria una Entidad cuya conciencia esté tan alejada de la del
hombre, como la del hombre de la del átomo químico.
El mismo concepto puede ampliarse hasta
incluir el átomo del sistema solar. En el corazón del sistema solar tenemos el
sol, centro positivo de energía, que mantiene los planetas en su esfera de
influencia. Si existe inteligencia en el átomo y la hay en el ser humano, si
existe en el planeta una Inteligencia que controla sus funciones, ¿no sería
lógico ampliar el concepto y afirmar que existe una poderosa Inteligencia
detrás del átomo mayor del sistema solar?
Esto nos lleva finalmente al punto de vista
sostenido por el enfoque religioso, de la existencia de un Dios o Ser divino,
donde el cristiano ortodoxo diría reverentemente Dios; el científico, energía,
con igual reverencia, y ambos significarían lo mismo. Cuando el maestro
idealista habla del “Dios interno” que reside en la forma humana, otros con
igual exactitud se referirán a la "facultad energetizadora" del
hombre que lo impulsa a la actividad física, emocional y mental.
En todas
partes existen centros de fuerza, y la idea puede ampliarse desde un centro de
fuerza como el átomo químico, ascendiendo a través de los distintos grados
y grupos de estos centros
inteligentes, hasta el hombre, y de allí a la vida que se expresa por medio del
sistema. Así se manifiesta el Todo maravilloso y sintético. Algo de esto pensaría
San Pablo al hablar del Hombre celestial, y cuando mencionó el "cuerpo
crístico", con toda seguridad se refirió a esos entes de la familia humana
que están dentro de su esfera de influencia y constituyen Su cuerpo, así como
el conjunto de células físicas forman el cuerpo físico del hombre. Es
necesario, en estos días de trastornos religiosos, demostrar que las verdades
fundamentales del cristianismo son verdades científicas. Por lo tanto, es
preciso hacer científica la religión.
Hay una
interesante escritura sánscrita que data de miles de años y me aventuro a
exponerla aquí, y dice:
"Toda
forma en la Tierra y toda partícula (átomo) en el espacio, se esfuerza en
formarse a sí misma y seguir en el Hombre celestial el canon trazado para
ella. La involución y la evolución del átomo... todo tiene un único y mismo
objetivo, el hombre."
¿No se advierte que este concepto abre una
gran esperanza? Todo átomo de materia con inteligencia latente, discernimiento,
facultad selectiva, llegará en el transcurso de los eones a una etapa avanzada
de conciencia llamada humana. Ciertamente podemos también suponer que el átomo
humano progresa hacia algo aún más ampliamente consciente y que con el tiempo
alcanzará la etapa de desarrollo de esas excelsas Entidades cuyos cuerpos
constituyen los átomos planetarios. Cabe preguntarse, ¿qué les espera a esas
entidades? Alcanzar ese estado omnincluyente de conciencia llamado Dios o Logos
solar. Ciertamente es lógica y práctica esta enseñanza. La antigua y esotérica
exhortación que dice al hombre: "Conócete a ti mismo, porque en tí
hallarás todo lo Conocible", es la regla para el inteligente estudiante.
Si nos consideramos científicamente centros de fuerza, manteniendo la materia
de nuestro cuerpo dentro de nuestra esfera de control y actuando en y dentro de
ellos, tendremos una hipótesis capaz de interpretar todo el plan cósmico. Si
como insinúa Einstein, nuestro sistema solar es sólo una esfera, se deduce que
éste a su vez es un átomo cósmico; así nos ubicaríamos dentro de un sistema aún
mayor y tendríamos un centro alrededor del cual gira nuestro sistema solar, como
lo hace el electrón respecto al átomo. Los astrónomos dicen que todo el
sistema solar probablemente gire en torno de un punto central en el firmamento.
Así la
idea fundamental que he tratado de destacar puede trazarse ascendiendo a
través del átomo químico y físico, a través del hombre, de la vida
energetizadora de un planeta, hasta el Logos, la Deidad del sistema solar, la
Inteligencia o Vida, que subyace en toda manifestación o naturaleza, y de allí
a un sistema mayor, donde nuestro Dios debe desempeñar Su parte y hallar el
lugar que le corresponde. Si es verdad, es un maravilloso cuadro.
Ahora
bien, no puedo tratar esta noche los distintos desarrollos de esta inteligencia
que anima a los átomos; pero quisiera considerar brevemente lo que quizás,
desde el punto de vista humano, es el método de su evolución, que tan
íntimamente nos concierne, recordando que lo que es verdad para un átomo lo es
en mayor o menor grado para el todo.
Al
considerar ampliamente los átomos del sistema solar, incluyendo el sistema
mismo, existen dos cosas notables:
Primero,
la vida y la actividad intensas del átomo mismo y su energía atómica interna;
segundo, su interacción con otros átomos -repeliendo a unos y atrayendo a
Otros. De estos hechos podemos deducir que el método de evolución de cada
átomo, se debe a dos causas: su vida interna y su interacción o intercambio con
los demás átomos. Ambas etapas son evidentes en la evolución del átomo humano.
Cristo puso el énfasis en lo primero cuando dijo: "el reino de Dios está
en vosotros". Así adjudicó a los átomos humanos el centro de vida o
energía dentro de sí mismos, enseñándoles que por medio de este centro deben
expandirse y Crecer. Todos somos conscientes que estamos centrados en nosotros
mismos, consideramos todas las cosas desde nuestro propio punto de vista, y los
acontecimientos externos resultan interesantes siempre que nos conciernen.
Tratamos las cosas si nos afectan personalmente, y en determinada etapa de
nuestra evolución lo que le ocurre a los demás nos parece importante si nos
atañe. En esta etapa se hallan muchos actualmente y es característica de la
mayoría, siendo el período de intenso individualismo, donde el concepto yo es
de suprema importancia. Involucra mucha actividad interna.
El segundo método de evolución del átomo
humano es por medio de su interacción con los demás átomos, y esto es algo que
recién ahora alborea en la inteligencia humana, asumiendo su justa importancia,
pues sólo comenzamos a comprender la relativa significación de la competencia y
de la colaboración, y estamos en vísperas de saber que no podemos vivir
egoístamente, en forma independiente del grupo al que pertenecemos; empezamos
a aprender que si nuestros hermanos se detienen y no progresan y si otros
átomos humanos no vibran debidamente, cada átomo del cuerpo colectivo es
afectado. Nadie será perfecto hasta que las demás unidades alcancen el más
pleno y completo desarrollo.
En
la próxima conferencia me extenderé algo más sobre esto, cuando me ocupe de la
construcción de la forma. Al finalizar esta conferencia trataré de llevar a sus
conciencias un conocimiento del lugar que cada uno ocupa en el esquema general,
lo cual nos permitirá comprender la importancia de la interacción de los
átomos. Trato de señalar la necesidad de descubrir el lugar en el grupo al que
por naturaleza pertenecemos, donde somos como electrones para la carga positiva
y, una vez descubierto, realizar nuestra tarea dentro del átomo mayor, el
grupo.
Esto hace que la hipótesis no sea un mero
sueño descabellado sino un ideal útil y práctico. Si es verdad que todas las
células de nuestro cuerpo son, por ejemplo, electrones que mantenemos en
coherencia, y si somos el factor energetizador dentro de la forma material, es
de suma importancia reconocerlo y ocuparnos correcta y cientificamente de esa
forma y sus átomos. Esto implica el cuidado práctico del cuerpo físico y la
adaptación inteligente de toda nuestra energía al trabajo que se debe realizar
y a la naturaleza de nuestro objetivo, pues es necesaria la sensata utilización
del conjunto de células, nuestro instrumento o herramienta, y nuestra esfera de
manifestación. Muy poco sabemos sobre esto. Cuando se desarrolle este concepto
y se reconozca al ser humano como un centro de fuerza, cambiará fundamentalmente
la actitud de las personas respecto a su trabajo y modo de vivir. Cambiará, por
ejemplo, el punto de vista del campo de la medicina y se estudiarán los
correctos métodos para utilizar la energía. No habrá enfermedades causadas por
la ignorancia y se estudiarán y practicarán los métodos de transmisión de
fuerza. Seremos entonces verdaderamente átomos inteligentes, algo que aún no
somos.
No sólo seremos prácticos para manejar nuestro
cuerpo material, pues conoceremos su constitución, sino que conscientemente
hallaremos nuestro lugar en el grupo y dirigiremos nuestra energía para su
beneficio, y no como ahora para nuestros propios fines. Muchos átomos no sólo
poseen vida interna propia, sino que la irradian, y así como la radiactividad
se va comprendiendo gradualmente, también se estudiará al hombre como centro de
radiación activa. Estamos en vísperas de admirables descubrimientos; nos acercamos
a una maravillosa síntesis del pensamiento mundial; avanzamos hacia ese período
en que la ciencia y la religión se ayudarán mutuamente, y la filosofía
contribuirá al conocimiento de la verdad.
El empleo de la imaginación abrirá con
frecuencia una maravillosa visión, y si esta imaginación se basa en lo esencial
y comienza con una hipótesis lógica, quizás nos lleve a solucionar algunos de
los enigmas y problemas que perturban hoy al mundo. Si las cosas son
misteriosas e inexplicables para nosotros, será porque la gran Entidad que se
manifiesta por medio de nuestro planeta está llevando a cabo un propósito y
plan definidos, análogamente a como lo hacemos en nuestras vidas. A veces
llevamos el cuerpo físico a situaciones donde le producimos dificultades
dolorosas y agobiadoras; aceptada la hipótesis tratada, es lógico suponer que
la gran Inteligencia de nuestro planeta también lleva su cuerpo de
manifestación -que incluye la familia humana- a situaciones angustiosas para
los átomos. Ciertamente es lógico suponer que el misterio de cuanto vemos a
nuestro alrededor está oculto en la voluntad o inteligente propósito de esa
Vida mayor que actúa a través de nuestro planeta, como el hombre actúa a través
del cuerpo físico. Sin embargo, esa Vida, esa Inteligencia superior a la
nuestra, es un átomo de una esfera aún mayor, donde mora el Logos solar, la
inteligencia que contiene todas las vidas menores.
LA EVOLUCIÓN DE LA FORMA
O LA EVOLUCIÓN GRUPAL
TERCERA CONFERENCIA
ESTA noche ampliaré la idea fundamental y el
concepto de la unidad consciente o inteligente, desarrollada parcialmente en
la conferencia anterior. Se ha dicho que toda evolución procede de lo
homogéneo, pasa por lo heterogéneo y retorna a lo homogéneo, y se ha
puntualizado que:
"La evolución es una continua marcha
acelerada de todas las partículas del universo, llevadas simultáneamente por un
camino de destrucción, pero en forma ininterrumpida y sin pausa, desde el
átomo material hasta la conciencia universal, donde se conocen la omnipotencia
y la omnisciencia, en otras palabras, el. pleno conocimiento de lo Absoluto de
Dios."
La
evolución procede desde esas diminutas diversificaciones llamadas átomos y
moléculas; asciende hasta sus conglomerados al constituirse en formas, y sigue
a través de la construcción de esas formas a otras mayores, hasta formar el
sistema solar en su totalidad. Todo prosigue de acuerdo a la ley, y las mismas
leyes básicas rigen la evolución del átomo y de un sistema solar. El
macrocosmos se repite en el hombre, el microcosmos, y éste a su vez se refleja
en los átomos menores.
Estas observaciones y la conferencia anterior
conciernen principalmente a la manifestación material de un sistema solar,
pero en posteriores conferencias pondré el énfasis principalmente en lo que
podría llamarse evolución síquica, o gradual manifestación y desenvolvimiento
evolutivo de la subjetiva inteligencia o conciencia, que se halla detrás de la
manifestación objetiva.
Dividiremos
esta conferencia en cuatro partes. Primero, veremos el proceso evolutivo, que
en este caso particular es la evolución de la forma o del grupo; después el
método para el desarrollo grupal; seguirá el estudio de las etapas que deben
recorrerse durante el ciclo de evolución, y, finalmente, trataremos de ser
prácticos y extraer de nuestras conclusiones alguna lección aplicable a la
vida diaria,
Ante todo
conviene considerar parcialmente lo que en realidad es la forma. El diccionario
la define diciendo que "es la configuración externa de un cuerpo".
Esta definición subraya lo externo, lo tangible y la manifestación exotérica.
El mismo concepto subyace en el significado etimológico de la palabra
manifestación, que deriva de dos palabras latinas: manus, mano, y fendere,
tocar, esto es, tocar con la mano. Este significado sugiere una triple idea, en
el sentido de que se puede sentir, tocar y comprender como algo tangible. Sin
embargo, en ambas interpretaciones se prescinde de la parte más vital del
concepto, por lo cual debernos buscar una definición más adecuada. A mi
entender, Plutarco expresa con mucha más claridad que los diccionarios, la idea
de la manifestación de lo subjetivo mediante la forma objetiva, cuando dice:
"Una
idea es un ser incorpóreo que no tiene subsistencia propia, pero da forma y
figura a la informe materia, y es la causa de la manifestación."
Tenemos
aquí una interesante frase de verdadero significado esotérico, y compensará el
cuidadoso estudio y consideración que de ella se haga, pues contiene un
concepto aplicable no sólo a una pequeña manifestación, el átomo químico y el
físico, sino a todas las formas que éstos constituyen, incluyendo la
manifestación del ser humano y la deidad de un sistema solar, la excelsa Vida,
la omniabarcante Mente universal, el vibrante Centro de energía, la incluyente
Conciencia denominada Dios, Fuerza o Logos, esa Existencia que se manifiesta
por medio del sistema solar.
En la
Biblia cristiana el mismo pensamiento está corroborado por San Pablo en una
carta a la Iglesia de Efesios. En el segundo capítulo de la epístola a los
Efesios, dice:
"Porque somos a hechura suya" . Pero
la exacta traducción del griego es: "Somos su poema o idea". El
pensamiento del apóstol es que por medio de cada vida humana o del conjunto de
vidas que constituyen un sistema solar, Dios, mediante la forma, cualquiera
sea, está llevando a cabo una idea, un concepto específico, un detallado poema.
El hombre es un pensamiento corporificado, y tal es el concepto latente en la
definición de Plutarco. Tenemos en ella, primero, la idea de una entidad
autoconsciente, después, el pensamiento o propósito que dicha entidad trata de
expresar y, finalmente, el cuerpo o forma, resultado secuencial.
Al hablar
de la Deidad, el Nuevo Testamento emplea con frecuencia la palabra
Logos. El término Logos, traducido como el Verbo, se utiliza frecuentemente en
el Nuevo Testamento al referirse a la Deidad. El pasaje más notable en
este punto es el primer capítulo del Evangelio de San Juan, que dice: "En
el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios".
Consideraremos brevemente el significado de esta expresión. La traducción
literal es "el Verbo", y ha sido definido como "la expresión objetiva
de un pensamiento oculto". Si tomamos cualquier sustantivo o palabra
similar, por ejemplo, y estudiamos su significación objetiva, descubriremos que
siempre expresa a la mente un definido pensamiento, involucrando propósito,
intención o quizás algún concepto abstracto. Si empleamos ese mismo método
incluyendo la idea de la Deidad o del Logos, se esclarecerá el abstruso tema de
la manifestación de Dios o Inteligencia central, mediante la forma material,
sea que Lo veamos manifestándose en la minúscula forma de un átomo químico o en
Su gigantesco cuerpo físico denominado sistema solar.
En la conferencia anterior vimos algo que
puede aplicarse a todos los átomos y constituye cierta notable característica
que los científicos de todas partes van reconociendo. Se ha demostrado que los
átomos poseen vestigios de mente y una rudimentaria inteligencia. El átomo
demuestra poseer la facultad de discernir y el poder de seleccionar, la
capacidad de atraer o repeler. Podrá parecer extraño el empleo de la palabra
inteligencia con relación a un átomo químico, no obstante, la etimología de la
palabra incluye perfectamente esta idea. Deriva de dos palabras latinas:
inter, entre, y legere, elegir. Por lo tanto, la inteligencia es
la facultad de pensar o elegir, seleccionar y discernir. En realidad es ese
algo abstracto e inexplicable que reside detrás de la gran ley de atracción y
repulsión, una de las leyes básicas de la manifestación. Esta fundamental facultad
de la inteligencia caracteriza a toda la materia atómica y rige también la
construcción de las formas o conglomeración de átomos.
Anteriormente
nos ocupamos del átomo en sí, pero no lo consideramos cuando interviene
en la construcción de la forma o de esa totalidad de formas denominadas reino
de la naturaleza. Consideramos también parcialmente la naturaleza esencial del
átomo y su incipiente característica de inteligencia y destacamos aquello con
lo cual están construidas las distintas formas tal como las conocemos -las del
reino mineral, vegetal, animal y humano. En la totalidad de las formas tenemos toda
la naturaleza, tal como generalmente se comprende.
Ampliemos
la idea, desde las formas individuales que constituyen cada uno de los cuatro
reinos de la naturaleza, y considerémosla proporcionando esa forma aún mayor
denominada reino y observemos a éste como una unidad consciente, formando un
todo homogéneo. Así cada reino de la naturaleza puede considerarse como una
forma a través de la cual puede manifestarse determinado tipo o grado de
conciencia. También así, el conglomerado de formas animales constituye esa
forma mayor o reino animal, que a su vez ocupa un lugar en un cuerpo aún mayor.
Por medio de ese reino procura expresarse una vida consciente, y por el
conglomerado de reinos trata de manifestarse una Vida subjetiva mayor.
En los
cuatro reinos mineral, vegetal, animal y humano, tenemos tres factores, siempre
que, lógicamente, la base de nuestro razonamiento sea correcta: primero, el
átomo original es una vida; segundo, las formas están construidas por una
multiplicidad de vidas, y proporcionan un coherente conjunto, a través del cual
una entidad subjetiva lleva a cabo un propósito; tercero, la vida central
dentro de la forma constituye su impulso directriz, la fuente de su energía, el
origen de su actividad y lo que mantiene unida la forma como una unidad.
Esta idea
puede aplicarse al hombre, y para los propósitos de esta conferencia podemos
definirlo como esa energía central, vida o inteligencia, que actúa por medio de
una manifestación material, o forma construida por miríadas de vidas menores.
Sobre el particular diré que en el momento de la muerte se ha observado
frecuentemente un extraño fenómeno. Hace algunos años me llamó la atención
sobre esto, una de las más hábiles enfermeras quirúrgicas de la India, que
durante mucho tiempo fue atea, pero había comenzado a dudar de su incredulidad
después de haber sido testigo de ese fenómeno repetidas veces. Me explicó que
en el momento de la muerte, en diversos casos, había visto surgir de la cima de
la cabeza un destello de luz, y que en un caso particular, al morir una joven
de evidente avanzado desarrollo espiritual, de gran pureza y santidad de vida,
quedó el aposento iluminado momentáneamente como por una luz eléctrica. Además,
hace poco, en una de nuestras populosas ciudades meridionales, varias eminencias
médicas recibieron una carta, donde un investigador preguntaba si habían
observado algún fenómeno particular en el momento de la muerte. Algunas
respondieron haber visto una luz azulada surgiendo de la cima de la cabeza del
moribundo, y una o dos afirmaron que habían oído un chasquido en la cabeza.
Este último caso está corroborado por el Eclesiastes, donde se menciona la
rotura del cordón plateado, o de ese vínculo magnético que une la entidad que
mora internamente, o el pensador a su vehículo de expresión. En los dos casos
mencionados, se advierte una demostración visual del retiro de la luz central o
vida, y la consiguiente desintegración de la forma y dispersión de las
miríadas de vidas menores.
A algunos
les parece una hipótesis lógica, que así como el átomo químico es una
infinitesimal forma o esfera, con un núcleo positivo, que mantiene girando a su
alrededor los electrones negativos, también las formas de los reinos de la
naturaleza son de análoga estructura, y sólo difieren en grado de conciencia o
inteligencia. Por lo tanto, podemos considerar a los reinos como la expresión
física de una gran vida subjetiva, y por lógicos pasos llegar a reconocer que
cada unidad de la familia humana es un átomo en el cuerpo de esa Vida o Entidad
superior, llamada en algunas
Escrituras, el Hombre celestial. Llegamos finalmente al concepto de que
el sistema solar es sólo un conglomerado de los reinos de las formas y el
Cuerpo de un Ser que Se expresa por su intermedio y lo utiliza para llevar a
cabo un definido propósito y una idea central. En todas estas ampliaciones de
nuestra hipótesis final vemos la misma triplicidad; una Vida o Entidad animadora
que se manifiesta por medio de una forma o una multiplicidad de formas y denota
inteligencia discriminadora.
No es
posible ocuparnos del método de la construcción de formas ni ampliar el estudio
del proceso evolutivo por cuyo medio los átomos se combinan en formas, y las
formas se agrupan formando esa unidad mayor que llamamos reino de la
naturaleza. Dicho método podría resumirse en tres términos: involución, o
sea circundar de materia la vida subjetiva, método por el cual la Entidad
inmanente se posesiona de su vehículo de expresión; evolución, o
utilización de la forma por la vida subjetiva, su gradual perfeccionamiento y
la final liberación de la vida aprisionada; la ley de atracción y repulsión,
por la cual se coordinan el espíritu y la materia, la vida Central adquiere
experiencia, expande su conciencia y por el empleo de esa particular forma
logra el conocimiento y el control de si misma. Todo se efectúa de acuerdo a
esta ley básica. En cada forma existe una vida central o idea, que viene a la
manifestación, revistiéndose cada vez más de sustancia, adoptando una forma o
configuración adecuada a su necesidad y requerimiento, utilizándola como medio
de expresión y, con el tiempo, liberándose de la forma circundante, a fin de
adquirir otra más adecuada a su necesidad. Así, a través de todo tipo de forma,
progresa el espíritu o vida, hasta que el sendero de retorno haya sido
recorrido, llegando al punto de origen. Tal es el significado de la evolución y
el secreto de la encarnación cósmica. Eventualmente el espíritu se zafa de la
forma, logra la liberación y desarrolla una cualidad síquica y graduada
expansión de conciencia. Consideremos brevemente estas etapas. Tenemos en el
primer caso el proceso de involución. En este período se limita la vida dentro
de la forma o envoltura, y este lento y prolongado proceso abarca millones y
millones de años. En este gran ciclo participa todo tipo de vida. Concierne a
la vida del Logos solar, manifestándose por medio de un sistema solar. Es parte
del ciclo de vida del Espíritu planetario, manifestándose por medio de una
esfera como nuestro planeta Tierra; incluye esa vida denominada humana, y atrae
hacia el camino de su energía a esa diminuta vida que actúa por medio del átomo
químico. Es el gran proceso del devenir, que hace posible la existencia
y el ser. Después de este período de limitación, de gradual y creciente
aprisionamiento y de descenso más profundo en la materia, le sigue otro de adaptación,
donde la vida y la forma se interrelacionan íntimamente; después viene el
período en que se perfecciona esa relación interna. Entonces la forma está
adecuada a las necesidades de la vida y puede ser utilizada. A medida que la
vida interna se desarrolla y amplia, se va cristalizando paralelamente la
forma, y ya no es apropiada como medio de expresión. Después del período de
cristalización tenemos el de desintegración. La limitación, adaptación,
utilización, cristalización y desintegración, constituyen las etapas que abarca
la vida de una entidad o idea corporificada, de grado superior o inferior, que
trata de expresarse por medio de la materia.
Apliquemos este
pensamiento al ser humano. Al tomar forma física es donde se ve el proceso de
limitación, y también en los primeros días de rebeldía, cuando el hombre henchido
de deseos, aspiraciones, ansiedades e ideales, es incapaz de expresarlos o
satisfacerlos. Llega después la etapa de adaptación, cuando el hombre comienza
a utilizar lo que posee y a expresarse como mejor puede, por medio de las
miríadas de vidas e inteligencias menores que constituyen sus cuerpos, físicos,
emocional y mental. Energetiza su triple forma, obligándola a obedecer sus
mandatos y a cumplir sus propósitos; así lleva a cabo su plan, para bien o para
mal. A esta etapa le sigue aquella en que utiliza la forma hasta donde es
capaz, llegando a lo que denominamos madurez. Finalmente, en las etapas
posteriores de la vida llega la cristalización de la forma, y el hombre
reconoce lo inadecuado de la misma, entonces sobreviene la feliz liberación
llamada muerte, ese solemne momento en que el "aprisionado espíritu"
escapa de los muros de su forma física. Nuestras ideas sobre la muerte han
sido erróneas. Hemos considerado a la muerte como terrible final, pero en
realidad es la gran evasión, la entrada en una más plena actividad, y la
liberación de la vida desde el vehículo cristalizado y la forma inadecuada.
Ideas análogas pueden aplicarse a todas las
formas, no sólo a la del cuerpo físico humano; a formas de gobierno, de
religión, de ciencia y de filosofía, y su actuación en forma peculiar e
interesante puede verse en este ciclo en que vivimos. Todo se halla en estado
de flujo. Cambia el antiguo orden y está en marcha un período de transición; en
toda corriente de pensamiento se desintegran las viejas formas, pero únicamente
para que la vida que les dio el ser, pueda liberarse y construir para silo que
será más satisfactorio y adecuado. Tomemos, por ejemplo, la vieja forma
religiosa de la fe cristiana; quisiera que no me interpreten mal, porque no
trato de demostrar que es inadecuado el espíritu del cristianismo ni que sean
erróneas sus bien comprobadas y experimentadas verdades; Tan sólo trato de
señalar que la forma por cuyo intermedio trató de expresarse ese espíritu, ha
servido su propósito y constituye una limitación. Las mismas grandes verdades y
las mismas ideas fundamentales requieren un vehículo más adecuado a través del
cual actuar. Los pensadores cristianos en esta
época, deben diferenciar cuidadosamente entre las vitales verdades del
cristianismo y la cristalizada forma teológica. El impulso viviente fue dado
por Cristo. Enunció esas grandes y eternas verdades y las envió para adquirir
forma y satisfacer la necesidad de un sufriente mundo. Fueron limitadas por la
forma, y sobrevino un largo período en que esa forma (dogmas y doctrinas
religiosas) creció gradualmente y se configuró. Transcurrieron siglos durante
los cuales la forma y la vida parecieron estar mutuamente adaptadas, y los
ideales cristianos se expresaron por medio de dicha forma. Ahora ha llegado el
período de cristalización, y la conciencia cristiana en expansión halla
inadecuadas y restrictivas las limitaciones de los teólogos. La gran trama de
dogmas y doctrinas erigida por los eclesiásticos y teólogos de las edades,
debe inevitablemente desintegrarse, pero sólo con el fin de liberar la vida
interna y construir un mejor y más satisfactorio medio de expresión y así
estar a la altura de la misión para la cual se la envió.
Lo mismo se observa en las distintas escuelas
de pensamiento. Todas expresan una idea mediante una particular forma o
conjunto de formas, y debe recordarse que la triple vida detrás de cada forma
es una, aunque los vehículos de expresión sean diversos y resulten inadecuados
en el transcurso del tiempo.
Entonces ¿qué propósito subyace en este
interminable proceso de la construcción de formas y en esta combinación de
formas menores? ¿Cuál es la razón de todo ello y cuál su finalidad? Con
seguridad debe ser el desarrollo de cualidades, la expansión de la conciencia,
el desenvolvimiento de la comprensión la obtención de los poderes de la siquis
o alma, la evolución de la inteligencia, la demostración gradual de la idea
básica o propósito que esa gran Entidad llamada Logos o Dios, está llevando a
cabo por medio del sistema solar. Es la demostración de Su calidad psíquica,
porque Dios es Amor inteligente, y cumple su determinado propósito, porque Dios
es Voluntad inteligente y amorosa.
Para cada uno de los diferentes tipos y grados
de átomos existe un propósito y una finalidad. Hay una meta para el átomo
químico, hay una etapa de realización para el átomo humano, el hombre; algún
día el átomo planetario manifestará su propósito fundamental y, eventualmente,
se revelará la gran Idea que subyace detrás del sistema solar. ¿Sería posible
en breves momentos de estudio adquirir un sólido concepto de lo que puede ser
este propósito? Quizá tengamos una idea amplia y general si abordamos el tema con
suficiente reverencia y sensible perspectiva, teniendo en cuenta que únicamente
es dogmatizada por el ignorante y que sólo el imprudente se ocupa
detalladamente al considerar estos estupendos tópicos.
Hemos visto ya que el átomo químico, por
ejemplo, denota inteligencia, vestigios de una mente discernidora y de una
rudimentaria capacidad selectiva. Así la diminuta vida dentro de la forma
atómica manifiesta cualidad psíquica. El átomo entra en la construcción de las
diferentes formas en distintas épocas y etapas, y cada vez adquiere algo de
acuerdo a la fuerza y vida de la entidad que anima esa forma y mantiene su
homogeneidad. Tomemos, por ejemplo, el átomo que se utiliza en la construcción
de una forma del reino mineral; no sólo demuestra mente discernidora y
selectiva, sino también elasticidad. En el reino vegetal aparecen estas dos
cualidades y además una tercera, podría denominársela sensación rudimentaria.
La inteligencia inicial del átomo adquiere algo durante la transición de una
forma a otra y de un reino a otro. Acrecienta su respuesta al contacto y su
percepción general. Cuando tratemos de la evolución de la conciencia
consideraremos más ampliamente este punto; pero ahora me limito a demostrar que
las formas del reino vegetal construidas por átomos, no sólo denotan
discernidora inteligencia y elasticidad, sino también capacidad de sensación,
o de lo que en el reino vegetal corresponde a la emoción o sentimiento, pues la
emoción es amor rudimentario. Sigue luego el reino animal, donde las formas
animales, no sólo demuestran las cualidades mencionadas, sino el instinto, o lo
que algún día florecerá como mentalidad. Finalmente llegamos al ser humano, que
muestra todas estas cualidades en un grado superior, pues el cuarto reino es el
macrocosmos de los tres reinos inferiores. El hombre demuestra actividad
inteligente, es capaz de sentir emoción y amor y ha agregado otro factor, la
voluntad inteligente. Es la deidad de su propio y pequeño sistema. Y no sólo
es consciente sino autoconsciente. Construye su propio cuerpo de manifestación,
como lo construye el Logos, aunque en menor escala. Rige su sistema por la ley
de atracción y repulsión, lo mismo que el Logos, y energetiza y sintetiza su
triple naturaleza en una coherente unidad. Es el tres en uno y el uno en tres,
lo mismo que el Logos.
Todo átomo tiene su porvenir en el sistema
solar. El átomo ultérrimo tiene ante sí una grandiosa meta, y a medida que
transcurren los eones, la vida que lo anima pasará por los sucesivos reinos de
la naturaleza, hasta llegar a su meta en el reino humano.
Ampliando la idea podemos considerar esa
excelsa Entidad vida animadora del planeta, que contiene en Su conciencia todos
los reinos de la naturaleza. ¿No sería posible que su Inteligencia, animadora
de todo grupo y reino, fuera la meta para el hombre, el átomo humano? Quizás
con el correr del tiempo, su actual conocimiento pueda ser también el nuestro,
y para Él y todas esas grandes Vidas que animan a los planetas del sistema
solar, constituya la adquisición de esa grandiosa amplitud de conciencia que
caracteriza a esa excelsa Existencia que es la vida animadora del sistema
solar. Quizá sea verdad que entre los diversos grados de conciencia que se
extienden desde el átomo químico y físico hasta el Logos del sistema solar, no
haya separaciones ni bruscas transiciones, pero siempre hay una gradual
expansión y evolución de una forma de manifestación inteligente a otra, y
siempre la vida dentro de la forma adquiere cualidad por medio de la
experiencia.
Cuando
hayamos arraigado esta idea en nuestra conciencia, cuando resulte evidente que
existe un propósito y orientación que subyace en todo, cuando nos demos cuenta
que nada ocurre que no sea resultado de la consciente voluntad de alguna
entidad, y que todo lo que sucede tiene un definido objetivo y meta, entonces
tendremos la clave de nosotros mismos y de todo lo que vemos suceder a nuestro
alrededor en el mundo. Por ejemplo, si comprendemos que debemos construir y
cuidar el cuerpo físico, que controlamos nuestra naturaleza emocional y somos
responsables de desarrollar nuestra mente; si comprendemos que somos factores
energetizadores de nuestro cuerpo, y que al retirarnos de él se desintegra y
desmorona, quizá entonces tengamos la clave de lo que puede estar haciendo la
Vida animadora del planeta al actuar por medio de todo tipo de forma (continentes,
civilizaciones, religiones y organizaciones) en el mundo, entonces quizás
tengamos la clave de lo que ha sucedido en la Luna, que es hoy una forma en
desintegración, lo que está sucediendo en el sistema solar, y lo que sucederá
en él, cuando el Logos retire lo que para Él sólo es una manifestación
temporaria.
Apliquemos prácticamente estas ideas. En la
actualidad atravesamos un período donde todas las corrientes de pensamiento se
desintegran; la vida religiosa de los pueblos ya no es lo que era, y los dogmas
y doctrinas de todo tipo caen bajo el escalpelo de la crítica. Muchas formas
antiguas del pensamiento científico se desintegran, y se conmueven los cimientos
de las antiguas filosofías. El destino nos ha deparado uno de los períodos más
difíciles de la historia mundial, caracterizado por el derrumbe de las
naciones, la ruptura de antiguas relaciones y vínculos y la evidentemente
inminente dislocación de la civilización. Sería un estimulo recordar que todo
esto ocurre porque la vida de esas formas es tan pujante, que las considera una
prisión y limitación; debe tenerse presente que este período de transición
entraña la mayor promesa que jamás conociera el mundo. No hay lugar para el
pesimismo ni la desesperación, sino para el máximo optimismo. Muchos se
contrarían y afligen al ver sacudirse los cimientos, ante la amenaza de
derrumbarse las tan cuidadosamente erigidas y profundamente queridas
estructuras del pensamiento, creencias religiosas y los conceptos filosóficos;
no obstante, sentimos ansiedad porque la forma nos ha absorbido demasiado y
también porque nos ocupamos en demasía de nuestra prisión, y si sobreviene la
desintegración, es sólo para que la vida construya para sí nuevas formas y
pueda evolucionar. Tanto la tarea del destructor como la del constructor
constituyen el trabajo de Dios, y el gran dios de la destrucción debe aplastar
y destruir formas, a fin de facilitar el trabajo del constructor para que el
espíritu pueda expresarse más adecuadamente.
A muchos les parecerán novelescas, fantásticas e
insostenibles estas ideas, y aunque sólo sean hipótesis pueden ser
interesantes y darnos la clave del misterio. Vemos la destrucción de la
civilización, vemos tambalearse la trama religiosa, las filosofías vapuleadas
y sacudidos los cimientos de la ciencia materialista. Pero, después de todo,
¿qué son las civilizaciones?, ¿qué las religiones?, ¿qué las grandes razas?
Sencillamente las formas en que se manifiesta esa grande y triple Vida central
que anima nuestro planeta y trata de expresarse. Así como nosotros nos
expresamos por medio de la naturaleza física, emocional y mental, así Él se
manifiesta por medio de los reinos de la naturaleza, de las naciones, razas,
religiones, ciencias y filosofías,
existentes hoy. Cuando Su vida palpita en cada sector de Su ser,
nosotros, como átomos y células de esa gran manifestación, pasamos etapa tras
etapa por cada transición. Al transcurrir el tiempo y al ampliar nuestra
conciencia, adquirimos mayor conocimiento de Su plan, tal como Lo lleva a
cabo, pudiendo eventualmente colaborarse con Él en Su propósito esencial.
Resumiendo
el pensamiento central de esta conferencia, tratemos de reconocer que no
existe tal cosa como materia inorgánica, que cada átomo es una vida, que todas
las formas son vivientes y que cada una de ellas es la expresión de una entidad
inmanente. Comprendamos que esto también atañe al conglomerado de formas. He
aquí la clave de nosotros mismos y quizás la clave del enigma del sistema
solar.
LA EVOLUCIÓN DEL HOMBRE, EL PENSADOR
CUARTA CONFERENCIA
Esta
es la cuarta de una serie de conferencias dadas este último mes, y por su
intermedio se tendrá una idea de uno de los fundamentales principios de la
evolución, viéndolo actuar en el sistema solar.
Recapitulemos
brevemente lo expuesto, a fin de encarar el tema de esta noche con ciertas
ideas claramente formuladas. Vimos que la interpretación del proceso de la
naturaleza implica un concepto triple que concierne a los aspectos vida y
sustancia y a su estrecha interrelación mediante la facultad de la
inteligencia, manifestándose como grado de conciencia. Dicha interrelación
producirá finalmente la perfecta expresión (por medio de la materia) del
consciente propósito de alguna entidad interna. Trato de destacar que mi
objetivo es presentar una hipótesis y sugerir que quizás contenga el germen de
una posible verdad, y que para algunos parece ser la forma más clara de
explicar el misterio del universo. Vimos que las tres partes de un gran todo
son:
Espíritu
o Vida, manifestándose por medio de un segundo factor llamado sustancia o
materia, que utiliza un tercero, la inteligencia. En la gradual síntesis de los
tres aspectos componentes de la Deidad puede verse la evolución de la
conciencia.
Después
llegamos, en forma más técnica, a discutir el tema de la sustancia, sin tratar
las sustancias o los elementos diferenciados, sino el concepto de una sustancia
primordial, retrotrayéndonos todo lo posible a lo que Sir Williams Crookes
llamó "protilo", o sea lo subyacente en todo lo tangible u objetivo.
Consideramos el átomo, y vimos que recientemente fue definido como una unidad
de fuerza o energía; consistiendo en una carga de electricidad positiva que
energetiza cierto número de partículas negativas. Evidencióse que el minúsculo
átomo químico y físico es en sí un sistema solar con la misma conformación
general del sistema mayor, con análoga actividad y regido por leyes similares,
y hallamos que tiene un sol central en cuyo torno giran en definidas órbitas
los electrones. También observamos que los elementos químicos sólo difieren
según el número y disposición de los electrones, alrededor de la positiva
carga central. De allí pasamos a considerar el alma o siquis del átomo, y
encontramos que los científicos reconocen que el átomo posee cualidades, denota
vestigios de mente o inteligencia, y es capaz de discernir, seleccionar y
elegir.
Seguidamente
procedimos a relatar lo que parece un cuento de hadas. Nos imaginamos al ser
humano como un átomo, y vimos la semejanza de ambos y que atrae y mantiene
dentro de su esfera de influencia, la materia de sus cuerpos físico, emocional
y mental, del mismo modo que los electrones se mantienen girando alrededor de
su punto focal central. Fue factible expandir aún más la idea y fijamos
nuestra atención sobre el planeta, imaginándolo de naturaleza análoga a la del
átomo humano y al del ultérrimo átomo de sustancia, que sólo es la expresión de
una vida que se manifiesta por medio de una forma esferoidal y lleva a cabo un
propósito inteligente. Entonces llegamos a la culminación, consideramos al
sistema solar como un átomo cósmico energetizado por la vida del Logos.
Por
lo tanto, hemos considerado cuatro clases de átomos:
Primero,
el átomo químico y físico.
Segundo,
el átomo humano u hombre.
Tercero,
el átomo planetario, energetizado por el Logos planetario u Hombre celestial.
Cuarto,
el átomo solar habitado por el Logos o Deidad solar.
Si
es correcto nuestro concepto fundamental, si hay algo de realidad en nuestra
hipótesis y si existe un fondo de verdad en nuestra idea de que el átomo
compone los elementos, debemos reconocerlo como una vida que actúa inteligentemente
por medio de una forma. Quizás así podrá demostrarse que el hombre es también
una vida o centro de energía, manifestándose por medio de sus cuerpos, y,
además, que un planeta es asimismo el medio de expresión de un centro mayor de
energía, y que de acuerdo a la Ley de analogía llegaremos a probar en el futuro
que existe un Dios o Vida central detrás de la naturaleza material, y una
Entidad que actúa conscientemente a través del sistema solar.
En la conferencia anterior consideramos otra
fase de la manifestación. Estudiamos el átomo en sí, vimos cuando entra en
relación con otros átomos, y que por mutua coherencia forman grupos o
conglomerados de átomos; en otras palabras, lo consideramos como elemento
constructor de las distintas formas de los reinos de la naturaleza, y
observamos que en el proceso de evolución los átomos gravitan como electrones
hacia puntos centrales, convirtiéndose a su vez en electrones. Así cada forma
es un conglomerado de vidas menores.
Consideramos
después sucintamente, los diferentes reinos de la naturaleza y trazamos el
desarrollo del alma o siquis, en todos ellos. Ya habíamos dicho que el átomo
posee inteligencia o poder de discernir y que en la construcción de las formas
de los reinos mineral, vegetal y animal, aparece lo que entendemos por
sensación, teniendo así los rudimentos de la emoción o sentimiento en embrión
-reflejo del amor en el plano físico. Éste es un aspecto de la triple
naturaleza de Dios, la inteligencia, manifestándose en el átomo; y por medio
de la forma se manifiesta el amor o cualidad de atracción. Esto también puede
explicarse como el reconocimiento de que en estos dos aspectos de la vida
divina central, existe la tercera persona de la Trinidad logoíca colaborando
con la segunda; tenemos también la actividad inteligente de la divinidad o el
aspecto Espíritu Santo, actuando en conexión con el segundo aspecto, el Hijo,
constructor de las formas. La Biblia, en Prov. 8, expresa esto en forma
interesante, donde la sabiduría clama en voz alta (la sabiduría representa al
aspecto Crístico en el Antiguo Testamento), y después de señalar que Él
era con Dios antes de la creación, dice: "... estableció los cimientos de
la tierra, con Él estaba como maestro trabajador o constructor". Los estudiosos
harían bien en estudiar este capítulo en relación con las ideas expuestas,
asegurándose de que la traducción sea exacta.
Vamos
a considerar ahora el tema de la evolución del hombre, el pensador. Veremos que
en el hombre interviene otro aspecto de la divinidad. Browning, en
“Paracelsus”, abarca el tema en forma interesante, resumiéndolo de la manera
siguiente:
"Él
(Dios) mora en todo.
Desde el ínfimo comienzo de la vida hasta el fin,
el hombre -culminación de este esquema
del ser, la culminación de esta esfera
de la vida; cuyos
atributos han sido por doquier
diseminados en el mundo visible,
pudiendo ser combinados estos tenues fragmentos,
destinados a ser unidos en un todo maravilloso,
cualidades imperfectas en la creación,
que sugieren una criatura increada,
alguna etapa donde todos esos rayos diseminados
deberían converger en las facultades del hombre."
Por
lo tanto, habiendo descubierto dos aspectos de la divinidad, en el átomo y en
la forma, hallaremos la perfecta triplicidad en el hombre. Sabemos que el
hombre está hecho a imagen de Dios, y por eso debemos verlo reflejarse en la
triple naturaleza del Logos. Debe demostrar inteligencia, expresar amor y
manifestar voluntad. Consideremos algunas definiciones del hombre en
diccionarios y libros. El Standard Dictionary da una definición muy poco
interesante: el hombre es "un individuo de la raza humana", y sigue
una larga serie de sugestivas derivaciones de la palabra hombre, en diferentes
idiomas, y concluye diciendo que muchas de ellas son improbables. A mi
entender, la etimología más satisfactoria es la que deriva de la palabra de
raíz sánscrita "man", hombre, que significa "el que
piensa". Annie Besant, en una de sus obras, da la siguiente definición
excepcionalmente clara: "El hombre es el ser en que el supremo espíritu y
la ínfima materia están vinculados por la inteligencia". Esta definición
describe al hombre como el punto de convergencia de las tres líneas de
evolución: el espíritu, la materia y el intelecto vinculador. Unifica el yo y
el no-yo, mediante la relación entre ambos. Es el conocedor, lo conocido y el
conocimiento. ¿Cuál es, pues, el propósito del intelecto y del conocimiento?
Con toda seguridad su propósito consiste en adaptar la forma material a las
necesidades y exigencias del espíritu inmanente; permite al pensador que
reside en el cuerpo, ser utilizado inteligentemente y para algún propósito
definido; también que debe existir con el fin de que la central unidad
energetizadora pueda controlar constructivamente su aspecto negativo. Todos
somos entidades animadoras de una forma, que por medio de la inteligencia
procuramos utilizarla para un especial propósito existente en la consciente
voluntad del verdadero ser.
En
un libro esotérico muy antiguo -tan antiguo que no es posible asegurar su
fecha- hallamos una ilustradora definición del hombre, de acuerdo con el
concepto que estamos explicando. Define al hombre como "la Vida y las
vidas". Hemos visto que el átomo es una vida que se manifiesta por
intermedio de una minúscula esfera, de la cual es el centro. Vimos también que
toda forma mineral, vegetal y animal, es un conglomerado de vidas. Pasemos a la
siguiente etapa de la gran escala de evolución, y hallaremos que el ser humano
es la lógica secuencia de estos precedentes desarrollos. Primeramente, la
sustancia primordial que en esencia es energía inteligente; después la materia
atómica, con toda su variada actividad, formando la combinación elemental;
luego la forma o conglomerado de átomos, hasta llegar al que mora en la forma,
que no sólo es de activa inteligencia e inherente atracción y amor, sino
también resuelta voluntad. El "morador interno" tomó posesión de la
forma cuando ya tuvo cierto grado de preparación y las vidas componentes
habían alcanzado cierta capacidad vibratoria. Ahora la está utilizando y
repite dentro de su propia esfera de influencia, la obra de un átomo de
materia, aunque no se manifiesta de una manera ni dos, sino de tres. Por lo
tanto, en el hombre tenemos realmente y en verdad, lo que el cristiano llama
"imagen de Dios". Para todos los pensadores debe ser evidente que la
única manera de conocer a Dios es por el estudio de Su naturaleza o Su cualidad
síquica. Sabernos que Dios es inteligencia, que es amor, o la gran fuerza
atractiva del sistema solar y la enorme voluntad o propósito detrás de todo lo
manifestado. Las Escrituras del mundo representan a la Deidad bajo estos tres
aspectos y Se manifiesta triplemente en la naturaleza.
La evolución de la materia se desarrolla
gradualmente, siendo a su vez complementada por la lenta acción de la interna cualidad
subjetiva de la vida de Dios, cuya esencial naturaleza queda así
demostrada. Primeramente, tenemos un aspecto, luego otro y finalmente un
tercero, teniendo así la maravillosa combinación y consumación, el ser humano,
que sintetiza los tres aspectos y es la totalidad de los divinos atributos,
aunque todavía muy embrionarios, y que debe repetir en su ciclo evolutivo el
idéntico proceso seguido por el átomo. Así como el átomo sigue su curso interno
y posteriormente
debe ser atraído por otros átomos, para fusionarse y mezclarse y formar un
grupo, análogamente el átomo humano debe hallar el lugar que le corresponde
dentro de una forma mayor.
Por
consiguiente, consideremos brevemente el proceso evolutivo del ser humano.
Hemos visto que en él convergen las tres líneas, que es un punto de síntesis,
que aún predomina un aspecto, el de la inteligencia, y que el segundo aspecto
de amor-sabiduría recién está haciendo sentir su presencia, teniendo en embrión
el aspecto Superior, la voluntad espiritual.
A casi todos se nos ha enseñado a creer en el
concepto bíblico de "la caída del hombre", pero pocos son hoy los que
creen en este relato tal como aparece en el tercer capitulo del Génesis, y para
la mayoría es una interpretación alegórica. ¿Qué oculta verdad subyace en esa
curiosa historia? Sencillamente, que la verdad acerca del descenso del espíritu
en la materia, le es impartida a la infantil mentalidad del hombre por medio de
un cuadro simbólico. La convergencia de las tres líneas supone un doble proceso.
Por una parte, tenemos el descenso de la entidad, la vida central, a la
materia, y la encarnación del espíritu; por otra, el ascenso fuera de la
materia de esa vida o espíritu, más todo lo adquirido mediante la utilización
de la forma. Experimentar la materia, morar en la forma, energetizar la
sustancia, abandonar el Jardín del Edén (donde no hay lugar para el necesario
desenvolvimiento) y el deambular del Hijo Pródigo en un país lejano,
constituyen las distintas etapas representadas en la Biblia cristiana, donde el
hombre descubre que él no es la forma, sino la entidad que la utiliza. Es
inteligencia y, por lo tanto, está hecho a imagen de la tercera Persona de la
Trinidad; es amor, y en él se manifestará algún día perfectamente el aspecto
amor de la Deidad, y podrá exclamar con su hermano mayor el Cristo, en
respuesta a la demanda: "Señor, muéstranos al Padre", y así "el
que me ha visto a mí, ha visto al Padre", porque Dios es amor y,
finalmente, por medio del hombre se manifestará el superior aspecto de la
voluntad de Dios, y será entonces perfecto como perfecto es Su Padre en los
cielos.
Así como en la evolución de la sustancia
podemos ver tres etapas -la energía atómica, la coherencia grupal y la
eventual síntesis- las mismas etapas aparecen en la evolución del hombre. En
las primeras etapas de la evolución humana, que podríamos llamar atómica, el
hombre reconoce gradualmente que es una unidad autoconsciente, con
individualidad propia. Quien ha educado niños, conoce bien esta etapa. En la
constante repetición de "mío, mío, mío", puede observarse la etapa de
apropiación para sí, sin pensar en los demás. Los niños son por naturaleza,
sensata e inteligentemente egoístas. Es la etapa del gradual reconocimiento de
la existencia separatista, y la cada vez más potente utilización, por el átomo
humano, de su interna fuerza atómica. El niño se rebela contra la forzada
vigilancia de quienes tratan de protegerlo, pues cree bastarse a sí mismo. Esto
se observa en el individuo y en la raza.
A medida que la vida
transcurre, el hombre pasa de la etapa atómica a otra superior y mejor, donde
reconoce sus relaciones grupales, se da cuenta que tiene responsabilidades
grupales y debe desempeñar funciones con otros átomos. Empieza a hacerse sentir
la conciencia grupal. Así el átomo humano encuentra su lugar en el grupo, en la
unidad mayor a que pertenece, y comienza el aspecto amor. El hombre ha pasado
de la etapa atómica a la etapa de la coherencia grupal.
Posteriormente llega a la etapa en que se da
cuenta de que no sólo tiene responsabilidades con el grupo, sino que existe
algo mayor, tiene conciencia de que es parte de una gran vida universal,
subyacente en todas las agrupaciones; que no es un átomo universal ni tan sólo
parte de un grupo, sino que al sumergirse en el grupo sin perder su identidad,
el grupo mismo debe fusionarse nuevamente con la conciencia de esa gran
Identidad, la síntesis de todo. Así llega a la etapa final de la inteligente
apreciación de la divina unidad.
Esta triple idea está sintetizada en la
notable frase donde Jehová le dice a Moisés, el hombre representativo:
"Yo soy ese yo soy". Si dividimos en tres partes esta frase tendremos
la idea de lo que he tratado de exponer hoy: primero, la conciencia atómica YO
SOY; después el grupo, YO SOY ÉSE, la conciencia de que él no es una
individualidad separada ni sólo una unidad autocentrada, tampoco una entidad
auto-consciente, sino algo aún superior. Entonces el hombre alcanza ese
reconocimiento que lo conducirá a sacrificar su identidad al servicio del grupo
y a sumergir su conciencia en la del grupo. De esta consciente unión nada
sabemos todavía. Esto ocurrirá cuando esa etapa superior del YO SOY ESE YO SOY
no constituya un ideal imposible, un concepto visionario, sino una realidad
fundamental; cuando los hombres en conjunto se reconozcan como expresión de la
vida universal, y la conciencia grupal misma se fusione con la conciencia de
todo el conjunto de grupos.
Supongo y tengo la esperanza de que salimos
rápidamente de la etapa atómica y que nuestra esfera de influencia e interés
no está limitada por un muro atómico, sino que nos estamos haciendo
radiactivos, utilizando un término familiar. Cuando así sea, no estaremos
circunscritos ni limitados por nuestros propios cascarones ni por los
estrechos confines de nuestra vida personal, contrariamente comenzaremos a
irradiar y hacer contacto con otros átomos, llegando así a la segunda etapa, la
de atracción.
Por lo tanto, ¿cuál es la meta para cada uno
de nosotros? ¿Cuál la de estos diferentes átomos de los que nos ocupamos? Las
antiguas Escrituras orientales dicen que la meta del átomo de la sustancia es
la autoconsciencia. ¿Cuál es, por lo tanto, la meta del átomo humano que ya es
autoconsciente, se ha individualizado y se guía a sí mismo por medio de su
voluntad? ¿Qué tiene el hombre por delante? Sencillamente la expansión de su
conciencia hasta incluir la conciencia de la excelsa Vida o Ser, en cuyo cuerpo
es una célula. Nuestro cuerpo físico está, por ejemplo, constituido por
innumerables vidas menores o átomos, cada uno separado del otro, y
caracterizado por su propia e inherente actividad, y cada uno forma una esfera,
que contiene dentro de su periferia otras esferas menores o electrones.
Hemos visto que el hombre es la carga
positiva, que mantiene a su multiplicidad de átomos o vidas menores
energetizados y unidos en formas coherentes. Cuando en la muerte se retira el
aspecto espíritu, la forma se desintegra y disuelve, y estas pequeñas vidas
conscientes, habiendo cumplido su función, se dispersan. La conciencia del
átomo dentro del cuerpo es muy distinta de la conciencia del hombre, y esto lo
comprenderemos si reflexionamos un poco. Si aceptamos que el hombre es una
célula, en una esfera mayor, ¿no sería posible la existencia de una conciencia
que fuera para el hombre lo que su conciencia es para las células de su cuerpo?
¿No sería posible que nuestra meta inmediata fuera obtener esa conciencia, en
el mismo sentido en que el átomo de la sustancia tendrá que lograr algún día la
conciencia de un ser humano? Sería esto lo que pensaba Browning cuando dijo:
"El género humano está constituido por cada uno de los hombres, y en dicha
síntesis termina el relato". Nos presenta aquí el concepto de un hombre
superior, síntesis o suma total de todas las unidades menores. Esta síntesis
podría ser la gran Vida o Entidad planetaria que está detrás de nuestra
manifestación planetaria y es la suma total de la conciencia grupal. Sugiero
que así como la autoconsciencia es la meta para todas las formas
subhumanas de vida, y la conciencia grupal o la del Hombre Celestial es
la meta del ser humano, así también existirá para él una meta, y la
realización puede ser el desarrollo de la conciencia de Dios; de manera
que él debe luchar para lograr el conocimiento que posee el Logos solar.
De este modo podemos ver la unidad de
conciencia desde el más diminuto átomo hasta la Deidad misma, abriendo ante
nosotros una admirable perspectiva de posibilidades, pudiendo verse también la
vida de Dios en Su triple y esencial manifestación, desarrollándose en una
conciencia siempre en expansión, expresándose en el átomo de sustancia,
ampliándose por medio de la forma, hasta llegar al punto culminante en el
hombre y, luego, continuar su curso hasta manifestarse como la conciencia
planetaria, suma total de todos los estados de conciencia en nuestro planeta
Tierra, hasta llegar a la Vida fundamental y básica que sintetiza todas las
evoluciones planetarias, dentro de Su esfera mayor, el sistema solar. En
resumen, tenemos cuatro estados de inteligente actividad que podemos o
denominar: conciencia, autoconsciencia, conciencia grupal y conciencia de Dios,
que se manifiestan respectivamente mediante los cuatro tipos de átomo: primero,
el átomo químico y todas las formas atómicas; segundo, el átomo humano; tercero,
el átomo planetario, y, finalmente, el omniabarcante átomo solar. Animando a
estas formas atómicas, podemos ver la manifestación de todos los tipos de vida
subhumana, desde la vida del átomo de la sustancia, hasta la vida animadora de
los animales superiores; luego esa vida denominada humana, el hombre, el
pensador; después el Hombre celestial, y, finalmente, la excelsa Vida del
sistema solar, que los cristianos denominan Dios o Logos.
Browning expresa la idea de la gradual
expansión de la conciencia de un ser humano hacia algo mayor y más vasto, con
las palabras siguientes:
"Cuando la raza llegue a ser perfecta, es
decir, como un hombre; todo lo dado al género humano, y hasta ahora producido
por el hombre, habrá llegado a su fin; pero en el hombre íntegro se inicia
nuevamente una tendencia hacia Dios. Las
predicciones auguraron el o acercamiento del Hombre; en el yo del hombre surgen
augustas anticipaciones, símbolos, tipos de tenue esplendor siempre existentes
en ese eterno Círculo perseguido por la vida.Los hombres comienzan a cruzar los
límites de la naturaleza, descubriendo nuevas esperanzas y obligaciones, que
rápidamente suplantan sus propias alegrías y pesares; llegan a ser demasiado
grandes para los estrechos credos del mal y del bien, que se desvanecen ante la
inmensurable sed de bien; en tanto surge de ellos la paz en forma creciente.
Estos hombres se hallan ya en la tierra, serenos en medio de las criaturas
semiformadas que
los
rodean, que deberían ser salvadas por ellos y unirse a ellos".
LA EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA
QUINTA CONFERENCIA
LA semana
pasada analizamos en forma inadecuada la evolución del hombre, el pensador, el
morador de los cuerpos, que los utiliza mediante el ciclo de evolución. Vimos
que constituía el resumen de las evoluciones precedentes. En dos conferencias
anteriores nos preparamos para el estudio de esa evolución, considerando
primero la sustancia o materia atómica, antes de ser utilizada para construir
la forma, o el diminuto átomo antes de ser incorporado a determinado vehículo.
Después estudiamos la construcción de las formas, por medio de la gran ley de
atracción que agrupa a los átomos, haciendo que se adhieran y vibren al
unísono, produciendo una forma o conglomerado de átomos. Reconocimos que en la
sustancia atómica había un aspecto de la Deidad y de la fuerza central o
energía del sistema solar, manifestándose como el aspecto inteligencia, y
vimos manifiesta en el aspecto forma de la naturaleza otra cualidad de la
Deidad, la de amor o atracción, fuerza cohesiva que mantiene la unidad de la
forma. Después nos ocupamos del ser humano u hombre, y observamos que reúne
los tres aspectos divinos, y lo reconocimos como la voluntad central,
manifestándose mediante una forma compuesta de átomos, expresando las tres
cualidades de Dios, inteligencia, amor-sabiduría y voluntad o poder.
Hoy nos
apartaremos del aspecto materia de la manifestación, tratado ya, y entraremos
a considerar la conciencia de la forma. Notamos que el átomo puede
considerarse como la Vida central manifestada por medio de la forma esferoidal,
expresando la facultad mental; el átomo humano también puede ser considerado
como una positiva vida central que utiliza una forma y denota las distintas
cualidades ya enumeradas; dijimos que si nuestra hipótesis sobre el átomo era
correcta y si estábamos en lo cierto al considerar al ser humano como un
átomo, podríamos entonces aplicar este primer concepto al planeta y decir que
en el átomo planetario reside una excelsa Vida manifestada a través de una
forma, denotando cualidades específicas al llevar a cabo una meta específica;
por último extendimos este concepto a la gran esfera del sistema solar y a la
Deidad que mora en ella.
Ahora nos ocuparemos de la cuestión de la
conciencia; estudiaremos brevemente el problema y la reacción de la vida en la
forma. Si con esto les proporciono unas pocas ideas generales de acuerdo con lo
dicho anteriormente, colocaré un ladrillo más sobre la estructura que trato de
erigir.
La palabra conciencia deriva de dos
palabras latinas: con, con, y scio, saber, y literalmente
significa "aquello por lo cual conocemos". Los diccionarios definen
la conciencia como "el estado de ser consciente" o la condición de
percibir, la capacidad de responder a los estímulos, de reconocer contactos y
el poder de sincronizar vibraciones. Estas frases pueden ser incluidas en
cualquier definición de la conciencia, pero lo que quiero acentuar ahora es la
que proporciona el Standard Dictionary, ya mencionado. Al pensador común
que consulta la mayoría de los textos que se ocupan del tema, le resultará
confuso, porque fragmentan la conciencia y el estado de ser consciente en
varias divisiones y subdivisiones hasta llegar a confundirlos. Sólo trataremos
hoy tres tipos de conciencia, a saber: conciencia absoluta, conciencia
universal y conciencia individual. De los tres, sólo dos pueden definirse más
o menos con claridad.
Para el pensador común es prácticamente
imposible conocer la conciencia absoluta. Un autor la define como "la
conciencia en que existe todo, tanto lo posible como lo actual" y
concierne a todo lo que puede concebirse como que ocurrió, está ocurriendo u
ocurrirá. Posiblemente, ésta es la conciencia absoluta, y desde el punto de
vista humano es la conciencia de Dios, que contiene en sí el pasado, el
presente y el futuro. Por lo tanto ¿qué es la conciencia universal? Podría
definírsela como la conciencia que piensa en tiempo y espacio, conciencia con
ideas de ubicación y sucesión, involucradas en sí, o, en realidad, conciencia
grupal, el grupo mismo formando una unidad mayor o menor. Finalmente, la
conciencia individual puede definirse como esa medida de conciencia universal,
que la unidad separada puede alcanzar y concebir de sí misma.
Para
comprender estas vagas expresiones de conciencia absoluta, conciencia universal
y conciencia individual, será de ayuda si trato de ilustrarlas. Vimos en
anteriores conferencias que el átomo debe ser considerado en el cuerpo humano
como una minúscula entidad, una diminuta vida inteligente y una microscópica
esfera activa. Tomemos ahora la pequeña célula como punto de partida y obtendremos
por su intermedio algún concepto de lo que son estos tres tipos de conciencia,
observándolos desde el punto de vista del átomo y del hombre. Para el pequeño
átomo en el cuerpo del hombre, la conciencia individual sería su propia vida
vibratoria, su interna actividad y todo cuanto específicamente le concierne.
Para la pequeña célula, la conciencia universal podría ser la conciencia de
todo el cuerpo físico, observándolo como la unidad que incorpora al átomo.
Para el átomo, la conciencia absoluta sería la conciencia del hombre pensante
que energetiza el cuerpo, lo cual resultaría para el átomo algo tan remoto,
desde su propia vida interna, que le sería prácticamente inconcebible e
incognoscible; sin embargo arrastra, dentro de la línea de su voluntad, a la
forma y al átomo que está en la forma y a todo lo que ello concierne. Esto
puede aplicarse al hombre, viéndolo como un átomo o célula del cuerpo de una
excelsa Entidad, de allí que podamos aplicar este concepto a tres tipos de
conciencia. Sería inteligente descender y ocuparnos de cosas más prácticas que
la conciencia absoluta.
La ciencia occidental va acercándose
gradualmente a la conclusión de la filosofía esotérica de Oriente, que no sólo
reconoce la conciencia en el hombre y en el animal, sino también en el vegetal
y el mineral, y que la auto-conciencia debe considerarse como la
consumación del evolutivo desenvolvimiento de la conciencia en los tres reinos
inferiores. Quizás sea posible, en el breve tiempo que me queda, encarar ese
estudio fascinador del desarrollo de la conciencia en los reinos animal y
vegetal, y su aparición en el reino mineral, así descubriríamos que incluso
los minerales manifiestan vestigios de conciencia y de reacción a los
estímulos, que dan señales de fatiga y que es posible envenenar a un mineral y
matarlo como se hace con un ser humano. La realidad de que las flores tienen
conciencia se está aceptando rápidamente, y se publican artículos muy
interesantes sobre la conciencia de las plantas, abriendo un amplio campo de
reflexión. Hemos visto que respecto a la materia atómica, lo único que podemos
afirmar con seguridad es que denota inteligencia, poder de seleccionar y
discriminar. Éste es el rasgo predominante de la conciencia al manifestarse
por medio del reino mineral. En el reino vegetal aparece otra cualidad, la de
sensación o sensibilidad rudimentarias, que responden en forma distinta de la
del mineral. En el reino animal, aparece una tercera reacción, el animal no
sólo demuestra señales de sensación en acrecentado grado, análogamente a la
respuesta del reino vegetal, sino que manifiesta señales de intelecto o mente
embrionaria. El instinto es una facultad que poseen todos los animales, y las
palabras instinto e instigación, derivan de la misma raíz. Cuando el poder de
instigación se inicia en la forma animal, es signo de que la mentalidad
embrionaria comienza a manifestarse. En estos reinos existen distintos grados
y tipos de conciencia, mientras que en el hombre tenemos los primeros síntomas
de la autoconsciencia, o la facultad con que el hombre se hace consciente de
que es una entidad separada, el impulso inmanente en el cuerpo, que está en
proceso de hacerse consciente a través de dicho cuerpo. Esto ha sido enseñado
en Oriente a través de las épocas, y "la filosofía esotérica también
enseña que todo vive y es consciente, pero que no toda vida y conciencia es
similar a la humana", y además hace resaltar que "existieron
dilatados intervalos entre la conciencia del átomo y de la flor, la de la flor
y el hombre, la de éste y Dios". Según dijo Browning: "En el hombre
comienza nuevamente la tendencia hacia Dios". El hombre no es un Dios,
sino un Dios en ciernes; está labrando la imagen de Dios, y algún día la
producirá a la perfección. Se esfuerza en manifestar la triple vida divina
subjetiva, mediante la objetiva.
El método
del desarrollo evolutivo de la conciencia de un ser humano es la repetición, en
una vuelta más elevada de la espiral, de las dos etapas observadas en la
evolución del átomo, la de la energía atómica y la de coherencia grupal.
Actualmente podemos ver en el mundo a la familia humana en la etapa atómica,
manifestación que conduce a una meta aún no lograda, la etapa grupal.
A quienes
están interesados por la facultad de percepción y habitualmente observan lo
que sucede a su alrededor, les resulta evidente los distintos grados de
mentalidad que vemos en todas partes y los variados tipos de conciencia que
existen entre los hombres. Conocemos individuos alertas, despiertos, que se dan
cuenta de todo lo que sucede; agudamente conscientes, responden a los distintos
tipos de corrientes mentales en los asuntos humanos; perciben contactos de
todo tipo; otros individuos parecen estar dormidos, nada les interesa,
totalmente inconscientes a los contactos, están todavía en la etapa de la
inercia y son incapaces de responder a los estímulos externos, pues no se
hallan mentalmente despiertos. También lo observamos en los niños; algunos
responden rápidamente y otros en cambio parecen tontos. No es que realmente
unos sean más estúpidos que otros, sino que, sencillamente, se debe a la etapa
interna de evolución del niño, a que encarnaron con más frecuencia y a que se
dedicaron durante períodos más prolongados a ser conscientes.
Consideremos
ahora las etapas del átomo y de la forma, y veamos cómo se desarrolla la
conciencia humana, teniendo en cuenta que en el átomo humano está acumulado
todo lo adquirido en los tres reinos inferiores de la naturaleza, en las
primeras etapas. El hombre es el beneficiario de ese vasto proceso evolutivo
que quedó atrás. Comienza con lo adquirido, latente en él. Es autoconsciente y
tiene ante si una meta definida, el logro de la conciencia grupal. El logro de
la autoconsciencia constituye la meta para el átomo sustancia. La finalidad
para el hombre consiste en adquirir mayor Conciencia y un campo más amplio.
La etapa
atómica que estamos considerando es peculiarmente interesante, interesante
porque en ella se halla la mayoría de la humanidad. Pasamos allí el
indispensable período de la
autocentralización, ciclo en que el hombre se ocupa principalmente de sus
propios asuntos, de lo que le interesa, y vive su propia vida interna
vibratoria, intensamente. Durante un largo período y quizás también en la
actual etapa (creo que nadie debe ofenderse si no ha alcanzado la perfección
ni la meta), somos intensamente egoístas, y sólo nos interesamos mentalmente de
lo que sucede en el mundo y, probablemente, lo hacemos por compasión o desagrado,
o porque es común. A pesar de esta actitud mental, ponemos la atención en lo
que atañe a nuestra vida individual. Estamos en la etapa atómica y somos
intensamente activos respecto a nuestros problemas personales. Si observamos
las multitudes en las calles de una gran ciudad populosa, veremos por todas
partes personas en la etapa atómica, centradas en sí mismas, preocupadas
únicamente en sus negocios, procurando sus propios placeres, deseando sólo divertirse,
e incidentalmente preocupadas en los asuntos que conciernen al grupo. Esta
etapa es necesaria. y protectora, de esencial valor para cada ente de la
familia humana. Su comprensión nos hará pacientes con nuestros hermanos que con
tanta frecuencia nos provocan irritabilidad.
¿Cuáles son los dos factores por cuyo
intermedio evolucionamos dentro y fuera de la etapa atómica? Durante muchos
siglos, en Oriente, se ha considerado que el proceso de evolución es dual. Se
le ha enseñado al hombre que él evoluciona y llega a ser consciente,
primeramente por medio de los cinco sentidos, después por el desarrollo de la
facultad de discernimiento, conjuntamente con el desapasionamiento. En
Occidente hemos dado importancia a los cinco sentidos, y no se ha enseñado el
discernimiento, tan esencial. Si observamos el desarrollo de un niño,
advertiremos, por ejemplo, que primeramente desarrolla los cinco sentidos en
ordenada secuencia. El primer sentido es el oído; oye algún ruido y mueve la
cabeza. Después el tacto, y empieza a palpar con las manos. Le sigue la vista.
No es que el niño no vea o nazca ciego como los gatos, sino que transcurren
varias semanas antes de ver y reconocer conscientemente los objetos. La facultad
ha estado latente en espera de su realización. Así sucede con las graduadas
expansiones de conciencia y conocimientos que tiene ante sí el hombre. En
estos tres principales sentidos: oído, tacto y vista, tenemos una interesante
analogía y relación con la triple manifestación de la Deidad, el yo, el no-yo y
la relación entre ambos. El yo oye y responde ocultamente a la vibración y se
reconoce a sí mismo. Se hace consciente del no-yo y de su tangibilidad por
medio del tacto, pero hasta actualizar la visión o consciente reconocimiento,
no se establece la relación entre ambos. El yo utiliza otros dos sentidos, el
gusto y el olfato, al hacer sus contactos, pero no son tan esenciales como los
tres primeros para desarrollar la percepción inteligente. Por medio de los
cinco sentidos podemos efectuar cuantos contactos son posibles en el plano
físico; por ellos aprendemos, crecemos, somos conscientes, nos desarrollamos,
evolucionan los grandes instintos, constituyen los sentidos protectores, que
no sólo nos permiten relacionarnos con nuestro medio ambiente, sino que nos
protegen del mismo.
En consecuencia, habiendo llegado a ser
inteligentes unidades por medio de los cinco sentidos, y expandido por su
intermedio la conciencia, llegamos a un punto crítico donde aparece otro
factor: el inteligente discernimiento. Aquí me refiero al discernimiento
manifestado por la unidad autoconsciente, esa elección consciente evidenciada
por ustedes y yo, que forzosamente utilizaremos cuando el poder de la
evolución nos impulse hacia el punto en que aprenderemos a diferenciar entre
el yo y el no-yo, lo real y lo irreal, entre la vida dentro de la forma, y la
forma que ésta utiliza, y entre el conocedor y lo conocido. He aquí la finalidad
de la evolución, el logro de la conciencia del verdadero yo por medio del
no-yo.
Atravesamos un largo período o ciclo de
muchas vidas donde nos identificamos con la forma y estamos tan unificados con
el no-yo que no vemos la diferencia, ocupándonos totalmente de las cosas
transitorias y pasajeras. Esta identificación con el no-yo, trae dolores,
insatisfacciones y sufrimientos en el mundo; sin embargo, debe recordarse que
por medio de la reacción del yo sobre el no-yo, aprendemos inevitablemente y
nos apartamos finalmente de lo impermanente y lo irreal. Este ciclo de
identificación con lo irreal va paralelo a la etapa de la conciencia
individual. Así como el átomo de la sustancia debe abrirse camino hacia una forma
y contribuir a vitalizar a una unidad mayor, también mediante la evolución de
la conciencia, el átomo humano debe llegar a un punto en que reconozca su lugar
en el Todo mayor, y cargar su responsabilidad en la actividad grupal. Tal es la
etapa a la que se acercan muchos individuos de la familia humana. La gente
comprende como nunca hasta ahora, la diferencia entre lo real y lo irreal, lo
perecedero y lo permanente. Por medio del dolor y el sufrimiento, reconoce que
el no-yo es insuficiente, y busca externa e internamente algo que satisfaga
más adecuadamente sus necesidades. Muchos anhelan hoy conocerse a sí mismos,
hallar el reino de Dios en su interior y, mediante la Ciencia Mental, el Nuevo
Pensamiento y el estudio de la psicología, llegarán a ciertos conocimientos que
serán de inestimable valor para la raza humana. Por lo tanto, hay indicios de
que llega rápidamente la etapa de la forma y los hombres pasan del
período atómico a algo infinitamente mejor y más grande. Comienza el hombre
a sentir las vibraciones de esa excelsa Vida de cuyo cuerpo es un átomo;
empieza en pequeña escala a responder conscientemente al magno llamado y a
descubrir posibles canales mediante los cuales podrá comprender a esa excelsa
Vida que presiente, pero que no conoce aún. Si persiste en ello hallará al
grupo al que pertenece, entonces cambiará su centro. Ya no estará limitado por
su propio y pequeño muro atómico, sino que irá más allá, convirtiéndose a su vez,
en parte consciente, inteligente y activa del Todo mayor.
¿Cómo se produce este cambio? La etapa atómica
se desenvolvió por medio de los cinco sentidos y la aplicación de la facultad
discernidora. La etapa en que el hombre
alcanza la comprensión grupal y llega a participar conscientemente de
las actividades del grupo se logra de dos maneras: por medio de la meditación y
por una serie de iniciaciones. Al emplear la palabra meditación no indico lo
que generalmente se entiende por ella, un estado mental receptivo, negativo o
de trance. Existe un concepto erróneo sobre lo que es realmente la meditación,
y se practica una pseudo meditación que hace poco fue verazmente descrita por
alguien que dijo "cierro los ojos, abro la boca y espero que suceda
algo". La verdadera meditación requiere intensa concentración mental,
máximo control del pensamiento y una actitud equilibrada, que no es negativa ni
positiva, sino un punto de equilibrio entre ambos extremos. Las Escrituras
orientales describen, a quien practica la meditación para obtener resultados,
con las siguientes palabras, cuya consideración proporcionará ayuda e
iluminación: "El Maha Yogi, el gran asceta, en quien está centrada la
máxima perfección de austera
penitencia y meditación abstracta, y por la cual alcanza
ilimitados poderes y obra milagros y prodigios, adquiere el supremo
conocimiento espiritual y llega eventualmente a la Unión con el excelso
espíritu del universo". Aquí se sostiene que la unión con la Vida
grupal es resultado de la meditación y no puede lograrse de otra manera.
La verdadera meditación (cuyas etapas
preliminares son la concentración y la dedicación en cualquier línea
determinada de pensamiento) diferirá según el individuo y el tipo. El hombre
religioso, el místico, enfocará su atención en la vida que reside en la forma,
en Dios, en Cristo, o en lo que para él encarne su ideal. El comerciante, el
profesional, que durante horas de trabajo se centraliza en su negocio y enfoca
su atención en los problemas que debe resolver, aprende a meditar;
posteriormente, cuando entra en el aspecto espiritual de la meditación,
descubrirá que ha recorrido la parte más ardua del camino. Quien lee un libro
difícil y se esfuerza con todo su poder mental en comprender el sentido de las
palabras, medita hasta donde le es posible en ese momento. Digo esto para
alentarlos, pues vivimos en una época en que hay muchos libros que se refieren
a la meditación. Todos presentan algún aspecto de la verdad y pueden ser de
ayuda, pero no contienen lo mejor para el individuo. Debemos descubrir nuestro
propio método de concentración, cerciorarnos de cuál es nuestro método de
acercarnos a lo interno y estudiar qué es la meditación.
Sería
conveniente hacer aquí una advertencia. Debe desconfiarse de las escuelas y
métodos que combinan la meditación con los ejercicios de respiración, enseñan
diferentes posturas físicas y enfocan la atención en determinados órganos o
centros físicos. Quienes siguen estos métodos van hacia el fracaso y, además
de los peligros físicos que entrañan y de los riesgos de locura y desórdenes
nerviosos, se ocupan de la forma, que es una limitación, y no del espíritu, que
es la vida. Por este camino nunca se llegará a la meta. Para la mayoría de
nosotros la concentración intelectual, resultado del control de la mente y de
la capacidad de pensar con claridad y sólo sobre lo que queremos, debe
preceder a la verdadera meditación, algo que muy pocos conocen. No me es
posible explayarme sobre la verdadera meditación, la cual dará por resultado un
definido cambio en la polarización, abriéndole al hombre un campo de
experiencias hasta ahora insospechado, revelándole contactos que aún no conoce,
y permitiéndole hallar el lugar que le corresponde en el grupo. Ya no estará
recluido entre las paredes de su vida personal, comenzará a fusionar esa vida
en la totalidad mayor. Ya no se ocupará de sus intereses egoístas, sino que
atenderá los problemas del grupo. No empleará el tiempo en cultivar su propia
identidad, sino que procurará comprender esa Identidad mayor de la cual es
parte. En realidad, esto es lo que los hombres avanzados comienzan más o menos
a hacer. Por poco que lo comprenda el hombre común, los grandes pensadores como
Edison y otros, solucionaron sus problemas por medio de la meditación. Por la
concentración reflexiva, la constante recapitulación y la intensa aplicación a
la línea particular de pensamiento que les interesa, obtienen resultados,
extraen de las reservas internas de inspiración y poder, y permiten que
desciendan de los niveles superiores del plano mental, resultados benéficos
para el grupo. Cuando hayamos efectuado cierta medida de trabajo en la
meditación y cultivado el interés por el grupo y no el propio, cuando desarrollemos
un cuerpo físico fuerte y sano, y controlemos el cuerpo emocional, para que no
nos arrastre el deseo, y el cuerpo mental sea nuestro instrumento y no nuestro
amo, entonces conoceremos el verdadero significado de la meditación.
Cuando el hombre, por la
meditación, ha establecido contacto con su grupo al cual pertenece, y es cada
vez más consciente del grupo, entonces se halla en la etapa en que puede
recibir una serie de iniciaciones, según se las denomina, que son simplemente expansiones
de conciencia obtenidas con la ayuda de Quienes alcanzaron la meta, están
identificados con el grupo y son parte consciente del cuerpo del Hombre
celestial. Con la asistencia de estos Seres y su participación, el hombre
despertará gradualmente al conocimiento que Ellos poseen.
Existe
gran interés sobre el tema de la iniciación y se ha destacado mucho, quizá
demasiado, su aspecto ceremonial. Conviene recordar que cada gran
desenvolvimiento de la conciencia es una iniciación, y cada paso adelante en el
camino de la percepción es también una iniciación. Cuando el átomo de sustancia
entró a constituir parte de una forma, fue una iniciación para el átomo,
conoció otro tipo de fuerza y se extendió su campo de contacto. Cuando la
conciencia de los reinos vegetal y animal se fusionó y pasó del reino inferior
al superior, constituyó una iniciación; cuando la conciencia del animal se
expandió hacia la conciencia del hombre, tuvo lugar una iniciación aún mayor.
Se entra en los cuatro reinos a través de una iniciación o expansión de
conciencia. La familia humana tiene ante sí un quinto reino o espiritual, en el
cual se ingresa mediante cierta iniciación, según se infiere de la lectura de El
Nuevo Testamento. En todos estos casos la iniciación se logró con la ayuda
de Quienes tienen conocimiento. De manera que en el esquema evolutivo no hay
grandes separaciones entre un reino y otro, un estado de percepción y otro,
sino un desarrollo gradual de conciencia, donde cada uno de nosotros
desempeñamos y desempeñaremos nuestra parte. Si recordamos la universalidad de
la iniciación, obtendremos un proporcionado punto de vista. Cada vez que somos
más conscientes de nuestro medio ambiente y aumenta nuestro contenido mental,
es una iniciación en pequeña escala. Cada vez que nuestro horizonte se dilata
y pensamos y vemos con más amplitud, es una iniciación. En esto reside el valor
de la vida y la magnitud de nuestra oportunidad.
Aquí
deseo señalar que toda iniciación debe ser autoiniciada. Esa etapa final, donde
recibimos ayuda definida de fuentes externas, no se debe a que los Grandes
Seres ansían ayudarnos, llegar a nosotros y tratar de elevarnos; llega porque
hemos realizado el trabajo necesario y nada puede evitar recibirla, pues nos
corresponde por derecho. Quienes llegaron a la perfección, pueden y quieren
ayudar, pero Sus manos están atadas si no hemos desempeñado nuestra parte en la
tarea. Por lo tanto, nada de lo hecho se pierde para acrecentar nuestra
utilidad en el mundo, mejorar nuestros cuerpos, adquirir dominio propio y
equipar el cuerpo mental. Este ingreso en el cúmulo total traerá algún día una
gran revelación; cada hora y cada día el esfuerzo acrecentará la oleada de
energía que llevará al portal de la iniciación. El significado de iniciación es
"entrar en". Simplemente significa que iniciado es quien ha dado los
primeros pasos hacia el reino espiritual y ha recibido la primera serie de
revelaciones espirituales, cada una de las cuales es la clave de una revelación
mayor.
LA META DE LA EVOLUCIÓN
SEXTA CONFERENCIA
No me inspira mucha confianza el título
"La Meta de la Evolución", pues reconozco que únicamente puedo
exponer algunas suposiciones forjadas en mi imaginación, debido a que la mente
finita es incapaz de calibrar exactamente el plan de Dios. Sólo cabe estudiar
la historia, investigar las condiciones actuales, conocer algo de las
tendencias naturales y raciales y seguir lo más lógicamente posible los
diversos pasos y etapas. Lo único que podemos hacer es comenzar desde la
sólida base de los hechos y conocimientos adquiridos, luego reunirlos y
establecer sobre ellos una hipótesis respecto a lo que pueda ser la probable
meta. No es posible ir más allá.
En charlas anteriores,
sobre el tema de la evolución, como mencioné en la primera, nos ocupamos de
conjeturas y posibilidades. Sabemos ciertas cosas y comprobamos verdades, pero
las conclusiones de la ciencia, tan mencionadas y repetidas hace cuarenta años,
ya no se consideran como hechos ni se emplean o promulgan tan drástica y
enfáticamente como antes. La ciencia descubre que su conocimiento es muy
relativo. Cuanto más capta y conoce el hombre, mayor es el horizonte que se
abre ante él. Los científicos se están aventurando en los planos sutiles de la
materia y, por lo tanto, en los reinos de lo no comprobado, y si recordamos, la
ciencia había negado hasta ahora su existencia. Estamos trascendiendo la esfera
de la llamada materia sólida" y
entrando en esos reinos que se infieren al hablar de los "centros de
energía", de la "fuerza positiva y negativa", de los
"fenómenos eléctricos", donde se resalta cada vez más la cualidad de
la sustancia. Cuanto más adelante miramos, más amplias son nuestras conjeturas
y tentativas; al tratar de justificar la telepatía, el psiquismo y otros
fenómenos, más nos internamos en el reino de lo subjetivo y subconsciente, y
nos vemos obligados a expresarnos en términos de cualidad o energía.
Si logramos explicar lo
poco común, lo inexplicable, y cerciorarnos de la realidad de lo oculto,
llegaremos a establecer una condición casi paradójica, y gradualmente convertiremos
lo subjetivo en lo objetivo.
El tópico que consideraré
ahora nos afecta íntimamente, se refiere al logro, por el hombre, de esa
conciencia grupal que es su meta, y las expansiones de la pequeña conciencia
hasta llegar a la altura de esa conciencia superior que la circunda. Recordarán
que al explicar la diferencia entre la autoconsciencia, la conciencia grupal y
la conciencia de Dios, expuse el ejemplo de que en el pequeño átomo de
sustancia del cuerpo físico -esa minúscula vida centralizada que contribuye a
la constitución de la forma humana- teníamos la analogía de la autoconsciencia
del ser humano; que la vida del cuerpo físico, considerando cada uno de sus
sectores como una totalidad, es para esa pequeña célula que se basta a sí
misma, lo que la conciencia grupal es para nosotros; que la conciencia del
verdadero hombre, la entidad animadora del cuerpo, es para ese átomo lo que la
conciencia de Dios para nosotros, siendo tan lejana como inexplicable. Si
ampliamos este concepto del átomo del cuerpo y su relación con el hombre, el
pensador, hasta considerar al átomo humano como una unidad dentro del cuerpo
mayor, comprenderemos la radical diferencia entre estos tres estados de
conciencia.
Hay una
analogía muy interesante entre la evolución del átomo y la del hombre (y
supongo, por lo tanto, que también debe haberla respecto a la evolución de la
Deidad planetaria y del Logos solar) en los dos métodos de desenvolvimiento.
Vimos que el átomo tiene su propia vida atómica, y que cada átomo de sustancia
del sistema solar, análogamente, es en sí un minúsculo sistema con un centro
positivo o sol central, y los electrones o centros negativos, giran en sus
órbitas a su alrededor. Tal es la vida interna del átomo, su aspecto
autocentrado. Observamos también que se está estudiando el átomo bajo un nuevo
aspecto, el de la radiactividad, y que en muchos casos se evidencia una activa
radiación. Es imposible decir a dónde nos llevará este descubrimiento, porque
el estudio de la sustancia radiactiva está todavía en su infancia y poco se
sabe de ella. Muchas enseñanzas primitivas de la ciencia de la física han sido
alteradas por el descubrimiento del radio, y cuanto más descubren los
científicos, tanto más se evidencia (como ellos mismos se dan cuenta) que
estamos en vísperas de grandes descubrimientos y de profundas revelaciones.
A medida que evoluciona y
se desarrolla el ser humano, se observan dos etapas: la primitiva o etapa
atómica, en la cual el hombre sólo se interesa por sí mismo y su propia esfera
de actividad, donde la autocentralización es la ley de su ser. Es una etapa de
la evolución necesariamente protectora. El hombre puramente egoísta se ocupa
principalmente de sus cosas. En una etapa posterior, la conciencia del hombre
comienza a expandirse, su interés trasciende la esfera personal y llega un
período en que tantea en busca del grupo al cual pertenece. Esta etapa
corresponde a la de radiactividad. Desde ese momento el hombre ya no es sólo
una vida exclusivamente autocentrada, sino que empieza a afectar
definitivamente su medio ambiente, aparta la atención de su propia vida
personal egoísta y busca su centro superior. De un simple átomo que es, se
convierte en un electrón y queda bajo la influencia de la gran Vida central, la
cual lo sujeta dentro de su esfera de influencia.
Si esto es así, etapas
análogas transcurrieron en la vida de la Deidad planetaria, y quizás explique
las vicisitudes y acontecimientos que ocurren en el planeta. Creemos que los
asuntos del mundo se deben a la actividad humana. Se considera, por ejemplo, la guerra mundial como resultado de
errores y debilidades humanas. Quizás sea así, porque sin duda pudieron
contribuir a su estallido las condiciones económicas y las ambiciones humanas;
pero tal vez fue consecuencia del cumplimiento del propósito de esa gran Vida
central, cuya conciencia aún no alcanzamos y que tiene Sus propios planes,
propósitos e ideales, y probablemente también esté experimentando con la vida.
En Su vasta escala y nivel elevado, este Espíritu planetario aprende a vivir, a
establecer contacto y a expandir Su conciencia; en realidad va a la escuela
como ustedes y yo. Lo mismo puede suceder en el sistema solar y con
acontecimientos de tanta magnitud que escapan completamente a nuestra
comprensión. Quizás, los acontecimientos del sistema solar deriven de que se
están llevando a cabo los planes de la Deidad o Logos, esa Vida central, fuente
energetizadora de todo cuanto existe en el sistema solar. Constituye una
interesante línea de pensamientos, y no produce ningún daño el conjeturar si
su efecto consiste en darnos una amplia visión, inspirar mayor tolerancia o
infundir un intenso e inteligente optimismo, no lo sé.
Habiendo visto que las dos etapas de
actividad, atómica y radiactiva, caracterizan la evolución de todos los átomos
del sistema solar, veamos ahora cuáles son los diferentes desenvolvimientos que
parecen esperarse a medida que evoluciona la conciencia en el átomo humano.
Concentremos la atención sobre este tipo humano de conciencia, porque es la
evolución central de este sistema solar. Cuando los tres aspectos de la vida
divina se unen -la vida o espíritu inmanente, la forma material o vehículo
sustancial, y el factor actividad inteligente- se producen ciertos resultados
específicos y el gradual desarrollo de determinado tipo de conciencia; la
adquisición de una cualidad síquica, el
efecto de la vida subjetiva sobre la forma material; la utilización de la forma
para fines específicos, y el logro de ciertas cualidades por la entidad que
mora internamente. La verdadera naturaleza de la vida central, sea Dios u
hombre, se manifestará durante un ciclo de vida, solar o humano. Lo mismo
sucede en el hombre y probablemente también en el Logos planetario y, por lo
tanto, en el Logos solar.
Consideremos ahora los diferentes
desenvolvimientos en relación con los cuatro tipos de átomos, el de la
sustancia, el humano, el planetario y el cósmico. Uno de los primeros y más
importantes desarrollos será la consciente respuesta a toda vibración
y contacto, es decir, la capacidad de responder al no-yo en cada plano.
Permítanme ilustrar. Podría reunir un auditorio de personas sin cultura y
analfabetas y repetirles lo que he dicho hoy y no entenderían, pero podría
darles una charla como la que di hace diez años sobre conceptos estrictamente
evangélicos, y obtendría una rápida respuesta. No tiene aquí cabida lo bueno y
lo malo, sino la diferencia de capacidad, las distintas categorías y tipos de
hombres en las diversas etapas de evolución, para responder al contacto y la
vibración. Significa sencillamente que ciertas personas están en una etapa a
la que puede llegarse mediante un llamado emocional, en lo que se refiere a su
propia salvación personal, pues están todavía en la primitiva etapa atómica.
Existe otra etapa que incluye a esa, pero permite a la persona responder
también a un llamado más intelectual, que proporciona cierto interés y
satisfacción en charlas como éstas, y significa investigar cuestiones que
conciernen al grupo. Ambas etapas son correctas.
Podemos considerar este asunto desde otro
ángulo. Es muy posible conocer personajes, hombres y mujeres de talento, sin
que lleguen a impresionarnos, al pasar a su lado, ni reconocerlos, perdiendo
así lo que podrían darnos. Esto sucedió en Palestina con el Cristo hace dos mil
años. ¿Por qué? Porque no somos lo suficientemente talentosos para responder a
ellos. Carecemos de algo, de manera que somos incapaces de comprender o sentir
su particular vibración. He oído decir, y creo que es verdad, que si Cristo volviera
a la Tierra y caminara entre los hombres como entonces, podría vivir con
nosotros día tras día y no advertiríamos la diferencia entre Él y otras
personas buenas y altruistas. Aún no hemos cultivado la capacidad de responder
a lo divino que existe en nuestros hermanos. Sólo vemos lo malo y lo burdo,
reconocemos principalmente sus fallos y somos aún insensibles hacia las
personas más evolucionadas.
Otro desarrollo
consistirá en poder actuar conscientemente en todos los niveles del ser.
Ahora actuamos conscientemente en el plano físico y pocos pueden hacer lo
mismo en el siguiente nivel sutil, el astral (palabra que me desagrada, pues no
imparte verdadero significado a nuestra mente) o plano emocional, donde el
hombre está activo fuera del cuerpo físico, en las horas de sueño, e
inmediatamente después de la muerte. Pocos seres humanos pueden actuar con la
conciencia plenamente despierta en el nivel mental y menos aún en el
espiritual. El objetivo de la evolución es que actuemos conscientemente con
plena continuidad de conocimiento en los planos físico, emocional y mental.
Ésta es la gran realidad que alcanzaremos algún día. Entonces sabremos que
hacemos cada hora del día, no sólo doce o catorce horas de las veinticuatro.
Actualmente no sabemos dónde está nuestra verdadera entidad pensante mientras
dormimos. Desconocemos sus actividades y las condiciones ambientales. Algún día
utilizaremos y aplicaremos cada minuto del día.
Otro de los propósitos de
la evolución tiene triple finalidad: coordinar el propósito o voluntad, el
amor y la energía. Esto aún no se ha hecho. Ahora desplegamos mucha
energía inteligente, pero es rara la persona cuya vida está animada por un
propósito central que cumple indesviablemente, animada e instigada por el amor
que actúa mediante la actividad inteligente. Sin embargo, llegará el momento
en que habremos expandido nuestra conciencia en tal medida y estaremos tan
activos internamente que seremos radiactivos. Entonces llevaremos a cabo un
definido propósito, resultado del amor, y lograremos nuestro objetivo a través
de la inteligencia. ¿No es esto lo que hace Dios? En nuestra actual etapa de
desenvolvimiento somos, sin duda alguna, inteligentes, pero aún amamos muy
poco. Algo de amor sentimos por nuestros amigos, conocidos y algo más por
nuestra familia, pero prácticamente nada sabemos sobre amor grupal. No
obstante, es verdad que hemos llegado a una etapa en la que podemos responder
parcialmente cuando los grandes idealistas de la raza hablan del amor grupal y
sentimos que es algo que quisiéramos ver realizado. Es bueno recordar que
cuanto más reflexionamos sobre tales líneas definidamente altruistas, tanto más
construiremos cosas de mayor valor y desarrollaremos lenta y laboriosamente los
rudimentos de una verdadera conciencia grupal, muy lejos aún de la mayoría de
nosotros.
Existen otros desarrollos
en el proceso evolutivo, de los cuales podría hablarse, pero tan distantes
actualmente que prácticamente son inconcebibles, a no ser que poseamos un
cerebro capaz de pensar en forma abstracta. Existe una etapa en que se
trasciende el tiempo y el espacio, por ejemplo cuando la conciencia
del grupo en todo el planeta sea nuestra conciencia, y cuando resulte muy fácil
establecer contacto con la conciencia de un amigo en la India, África o
cualquier otra parte, como si estuviera aquí; la distancia y la separación no
serán barreras para el intercambio. Sus síntomas pueden observarse en la
capacidad con que algunas personas se comunican telepáticamente o practican la
psicometría.
Aceptemos dedicar algunos
momentos a visualizar esta meta distante e imaginarnos lo que realizará el
Logos de aquí a millones de años, pero es de importancia más vital tener una
idea de la etapa inmediata y comprender lo que podemos esperar, en conexión con
el proceso evolutivo durante los próximos milenios. Consideremos esta idea.
Sabemos que existen en el mundo tres corrientes principales de pensamiento, la
científica, la religiosa y la filosófica. ¿En qué consisten? La línea
científica de pensamiento incluye todo cuanto concierne a la materia, el
aspecto sustancia de la manifestación. Se ocupa de la objetividad, lo material,
tangible y visible, literalmente, de lo que puede ser comprobado. El
pensamiento religioso concierne a la vida en la forma, al retorno del espíritu
a su origen, a lo adquirido por medio de la forma y al aspecto subjetivo de la
naturaleza. El orden filosófico atañe a lo que podríamos llamar utilización de
la inteligencia por la vida inmanente, a fin de que la forma se adapte
adecuadamente a sus necesidades. Consideremos a este respecto ciertos
desarrollos que cabe esperar en el futuro inmediato, recordando que cuanto digo
sobre el particular, son meras sugerencias y en modo alguno declaraciones
dogmáticas.
Para la mayoría de los pensadores es evidente
que habiendo comenzado la ciencia el estudio de la radiactividad, está al
borde de descubrir la naturaleza del poder del átomo mismo; probablemente antes
de mucho tiempo la energía de la materia atómica podrá ser controlada para todo
propósito concebible, calefacción, iluminación y aquello que yo podría
denominar la motivación de todo lo que se lleva a cabo en el mundo. Algunos
sabemos que hace cincuenta años, un investigador llamado Keely, estuvo a punto
de descubrir esa fuerza en Estados Unidos, pero no se le permitió dar su
descubrimiento al mundo debido al peligro que implicaba. Los hombres son
demasiado egoístas y no puede confiárseles la distribución de la energía
atómica. Ese descubrimiento probablemente irá a la par del desarrollo de la
conciencia grupal. Sólo cuando el hombre sea radiactivo y capaz de trabajar y
pensar en términos grupales, podrá utilizar sin peligro el poder latente en el
átomo. Todo en la naturaleza está bellamente coordinado y nada puede descubrirse
ni utilizarse antes del momento oportuno. Sólo cuando él hombre sea altruista
se le podrá confiar el formidable poder de la energía atómica. No obstante,
creo que podemos esperar que la ciencia dé grandes pasos en la comprensión de
la energía atómica.
Paralelamente a su
evolución, podemos esperar que el ser humano llegue a dominar el aire. Hay en
el sistema solar un plano, esfera o nivel vibratorio, llamado en algunos libros
esotéricos el plano intuitivo, y en la literatura oriental el plano búdico,
cuyo símbolo es el aire. Así como el hombre comienza, mediante el desarrollo de
la intuición, a penetrar en el plano búdico, también la ciencia ha emprendido
la conquista del aire, cuyo dominio será cada vez mayor a medida que el hombre
vaya desarrollando la intuición.
Podemos esperar algo más
(y ya se está reconociendo), y es el desarrollo de la capacidad de ver la
materia sutil. En todas partes nacen niños que pueden ver más que ustedes y yo.
Me refiero a algo que se basa estrictamente en el terreno material y concierne
al ojo físico. Es la visión etérica, que consiste en ver la materia refinada
del plano físico o éter. En California, estudiantes y científicos efectuaron
trabajos interesantes. El doctor Frederick Finch Strong ha hecho un gran
trabajo en este sentido y enseña que el ojo físico es capaz de ver
etéricamente, y que su visión etérica es función normal del ojo. ¿Qué traerá el
desarrollo de esta facultad? Hará que la ciencia rectifique definidamente su
punto de vista respecto a los planos sutiles. Si en los próximos cien años la
visión normal del hombre percibe ciertos aspectos y formas de vida consideradas
hoy imaginarias, se desvanecerá para siempre el burdo materialismo que nos ha
caracterizado durante tanto tiempo. Si lo ahora invisible llega a verse, ¿quién
puede decir hasta dónde será posible llegar en el transcurso del tiempo?
Además, la evolución propende a la síntesis. Si descendemos a la materia y a la
materialización, tenemos heterogeneidad; si ascendemos hacia el espíritu,
llegamos a la unidad, de modo que en el mundo religioso podemos esperar la
unidad. Existe hoy mayor tolerancia que hace cincuenta años, y se acerca
rápidamente el momento en que la gran unidad fundamental de todas las
religiones, de que cada credo es una parte necesaria de un gran todo, será
reconocida por los hombres de todas partes, y en este reconocimiento tendremos
la simplificación de la religión. Acentuaremos y utilizaremos las grandes
realidades centrales y pasaremos por alto las pequeñas y mezquinas diferencias
de organización y explicación.
Además, podemos esperar un interesante
acontecimiento, en conexión con la familia humana, pero ¿qué ocurrirá cuando
la conciencia grupal se convierta ampliamente en un objetivo consciente del
hombre? El ser humano entrará en lo que el mundo religioso llama "el
sendero". Entonces se controlará definidamente a sí mismo y procurará
vivir la vida del espíritu, negándose a llevar una vida atómica autocentrada;
buscará el lugar que le corresponde en el todo mayor, y lo descubrirá por medio
del esfuerzo autoiniciado, para unificarse con ese grupo. Esto es lo que
significa realmente las enseñanzas sobre el sendero, en las iglesias
protestante, católica y budista, al que designan con los diversos nombres de
Camino, el Noble Óctuple Sendero, el Sendero de Iluminación o de Santidad. Sin
embargo, es el solo y único sendero, que brilla y brillará hasta el día
perfecto.
Además, es de esperar el desarrollo del poder
de pensar en forma abstracta y el despertar de la intuición. A medida que las
grandes razas se han ido sucediendo en el planeta, hubo siempre un
desenvolvimiento ordenado y dirigido de los poderes del alma y una secuencia
definidamente planificada. En la tercera raza raíz, la lemuriana, el aspecto
físico del hombre llegó a una elevada etapa de perfección. Posteriormente en
la gran raza que precedió a la nuestra, la atlante, que pereció en el diluvio,
se desarrolló la naturaleza emocional. En la raza aria o quinta, a que
pertenecemos, debe desarrollarse la mente concreta o inferior, y lo estamos
haciendo década tras década. Algunos individuos comienzan también a desarrollar
el poder del pensar en términos abstractos.
Cuando esto suceda predominará cada vez más
esa interesante y peculiar capacidad, evidenciada por algunas personas,
denominada inspiración. No me refiero a la mediumnidad ni a la facultad
mediumnica. No existe nada tan peligroso como el significado común del término
"médium". El médium común es una persona negativa o de naturaleza
receptiva, y por lo general tan superficialmente coordinada en su triple
naturaleza, que una fuerza extraña puede utilizar su cerebro, sus manos o su
cuerpo. Este fenómeno es muy común. Las escrituras automáticas, las planchetas
y las sesiones espiritistas de orden inferior abundan en estos días y llevan a
miles de personas a la insania y a los trastornos nerviosos. La mediumnidad es
la distorsión de la inspiración, y cuando la mente humana llega a la
etapa evolutiva en que el hombre está consciente y positivamente controlado por
su propio yo superior, el Dios interno, entonces puede recibir inspiración. El
regidor interno, el verdadero yo, puede controlar su cerebro físico por el
contacto definido y permitir al hombre tomar decisiones y también comprender la
verdad, independientemente de la facultad razonadora; este Dios interno le
permite hablar, escribir y conocer la verdad sin valerse de la mente inferior;
la verdad reside internamente. Cuando hagamos contacto con nuestro Dios
interno, se nos revelará la verdad. Seremos conocedores. Esto es algo positivo,
no algo negativo, y significa que nos ponemos en alineamiento directo y
consciente con el yo superior o ego, sin permitir que se introduzca en la
personalidad cualquier entidad o ánima pasajera.
Aunque en la actualidad esto ocurre a veces,
no es frecuente que el hombre común se ponga en contacto con su yo superior,
lo cual sucede sólo en los momentos de elevado esfuerzo, en las crisis de la
vida y como resultado de una larga disciplina y ardua meditación. Pero algún día regiremos
nuestra vida, no desde el ángulo personal o egoísta, sino desde el Dios
interno, que es revelación directa del Espíritu en el plano más elevado.
Por último, diré hoy que la meta que tenemos
por delante cada uno de nosotros, es el desarrollo de los poderes del alma o
de la siquis, lo cual significa que todos vamos a ser síquicos. Sin embargo, no
empleo esta palabra en el sentido que se le da comúnmente. La siquis es
literalmente el alma interna o yo superior, que surge del triple yo inferior
como la mariposa de la crisálida. Es la hermosa realidad que lograremos como
resultado de nuestra vida o vidas terrenas. Los verdaderos poderes psíquicos
nos ponen en contacto con el grupo. Los poderes del cuerpo físico que
diariamente empleamos nos ponen en contacto con individuos; pero cuando hayamos
desarrollado los poderes del alma y desplegado sus potencialidades, seremos
verdaderos síquicos. Ahora bien, ¿cuáles son estos poderes? Sólo puedo enumerar
algunos.
Uno de ellos es controlar conscientemente la
materia. La mayoría de nosotros controla conscientemente el cuerpo físico, que
obedece nuestros mandatos en el plano físico. Algunos controlamos
conscientemente el cuerpo emocional, pero pocos, la mente. La mayoría estamos
dominados por nuestros deseos y pensamientos. Pero se acerca el momento en que
controlaremos conscientemente nuestra triple naturaleza inferior. Entonces no
existirá el tiempo para nosotros. Poseeremos continuidad de conciencia en los
tres planos del ser -físico, emocional y mental-, que nos capacitará para vivir
como el Logos en la metafísica abstracción del Eterno Ahora.
Otro poder del alma es la psicometría. ¿Qué es
la psicometría? Es la habilidad de tomar una cosa tangible que pertenece a un
individuo y, por su intermedio, relacionarnos con él. La psicometría es
la ley de asociación de ideas aplicada a la cualidad vibratoria de la fuerza a
fin de obtener información.
La raza será también clariaudiente y
clarividente, que significa la capacidad de oír y ver con claridad y exactitud
en los planos sutiles como lo hacemos en el plano físico. Entraña el poder de
oír y ver todo cuanto atañe al grupo, es decir, en la cuarta y quinta
dimensiones. No estoy lo bastante versada en matemáticas para explicar estas
dimensiones y me confundiría considerarlas, pero me fue dado un ejemplo que
puede aclarar toda la cuestión. Un pensador sueco me explicó que:
"la cuarta dimensión es la facultad de
ver a través y alrededor de una cosa. La quinta dimensión es la capacidad, por
ejemplo, de tomar un ojo y por medio del ojo ponernos en relación con
los demás ojos en el sistema solar. Ver en la sexta dimensión podría definirse
como el poder de tomar un guijarro y por su intermedio ponerse en relación con
todo el planeta. En la quinta dimensión, allí donde llevamos el ojo estamos
limitados a determinada línea de manifestación, pero en la sexta dimensión,
donde tomamos un guijarro, nos ponemos en contacto con todo el planeta".
Todo esto se halla muy lejos de nosotros, pero interesa hablar de ello, porque
es una promesa para todos y cada uno.
No dispongo de tiempo para tratar los demás
poderes ni puedo enumerarlos, entre ellos está incluida la curación por el
tacto, la manipulación de fluidos magnéticos y la creación consciente por medio
del color y el sonido. Todo cuanto realmente nos concierne. Por ahora es
conocernos debidamente y procurar cada vez más que el regidor interno nos
controle, lleguemos a ser radiactivos y desarrollemos la conciencia grupal.
LA EVOLUCIÓN CÓSMICA
SÉPTIMA CONFERENCIA
ALGUIEN puede considerar ridículo dar una conferencia sobre la
Evolución Cósmica, porque, como es lógico, yo ni ninguna mortal sabe algo sobre
este tema y, en consecuencia, somos incapaces de explayamos sobre él. Sin
embargo, hay ciertas deducciones que podemos extraer de acuerdo a la ley de
analogía, que podrán conducirnos a interesantes regiones del pensamiento.
Durante varias semanas consideramos la
evolución del átomo, etapa tras etapa, hasta incluir el entero sistema solar en
el término átomo. Estudiamos, primeramente, en líneas generales, el átomo de
sustancia, después el átomo humano y luego aplicamos lo que conocemos sobre
ambos a una esfera mayor, átomo o planeta, denominado átomo planetario;
extendiendo la idea hasta el átomo del sistema solar, dijimos que tiene su
lugar dentro de un todo mayor.
Estudiamos tres métodos de evolución o
desarrollo, en conexión con este tema. Consideramos los aspectos que evolucionaron
por medio de esos átomos, sus cualidades o naturaleza síquica y vimos que en
el átomo de sustancia la única cualidad síquica que podíamos atribuirle era la
inteligencia. Pasamos después a las formas atómicas subhumanas y vimos que las
formas en los reinos mineral y vegetal, manifestaban otra cualidad de la
deidad, sensación, sensibilidad, amor embrionario y emoción. También
descubrimos que en el reino animal comenzaba a manifestarse una tercera cualidad,
la mente rudimentaria, y al llegar al átomo humano teníamos la expresión de
tres aspectos, inteligencia, amor y una voluntad central. Extendimos este
concepto al planeta y al sistema solar, y hallamos que por medio de la forma
del sistema solar actúa una excelsa Inteligencia o Mente, utilizada para
demostrar otra cualidad, Amor o Sabiduría, y que energetizaba todo mediante una
gran VOLUNTAD. De ello deducimos que esa voluntad podía ser la manifestación de
una Entidad que anima a todo el sistema solar, desde el ínfimo átomo de
sustancia hasta la gran Vida que energetiza al sistema planetario.
Sentados estos fundamentos, pasamos a
considerar la evolución de la vida consciente en la forma atómica, y vimos que
en cada átomo evolucionaba conscientemente un tipo superior de conciencia, y
que la conciencia humana se distingue de las otras formas inferiores en que es
autoconsciente; que el hombre es una inteligente voluntad que ejecuta
conscientemente cada acción, y se da cuenta de lo que lo rodea, actuando en
definida línea de actividad con un particular objetivo. La autoconsciencia del
hombre conduce a algo más elevado, a la conciencia del gran Espíritu
planetario, que puede describirse mejor como conciencia grupal. A medida que
avanza la evolución, el hombre pasará de la etapa de la autoconsciencia en que
nos hallamos ahora, ustedes y yo, al conocimiento de lo que significamos por
conciencia grupal, algo prácticamente desconocido, excepto como un hermoso
ideal, un sueño que se materializará en un lejano futuro. La conciencia grupal
conducirá lógicamente a lo que a falta de mejor término, llamamos conciencia de
Dios, aunque desapruebo el empleo de la palabra Dios debido a que ocasiona
muchas discusiones entre los distintos pensadores de la familia humana. Estas
diferencias se fundan mayormente en las distintas fraseologías y términos que
se emplean para expresar ideas fundamentales y los varios métodos de
organización. Cuando el científico habla de fuerza o energía, el cristiano de
Dios y el hinduísta emplea términos análogos a 'yo soy ese yo soy', o el yo,
todos se refieren a la misma Vida una, y pierden el tiempo en el intento de
demostrar el error ajeno y la exactitud de su propia interpretación.
Vimos después, en términos generales, que la
evolución atómica podía dividirse en dos etapas: una, la atómica; la otra, a
falta de mejor término, la radiactiva. La etapa atómica es ésa donde el átomo
vive su vida autocentrada, preocupándose totalmente de su propia evolución y
del efecto producido por sus contactos. A medida que prosigue la evolución, se
evidencia que el átomo comienza a reaccionar a una vida mayor fuera de sí mismo
y tenemos aquí un período análogo al de la construcción de formas, donde los
átomos de sustancia son atraídos por una mayor carga de energía o fuerza
eléctrica positiva, si desean llamarla así, que los absorbe o atrae y construye
una forma con ellos, que a su vez se convierten en electrones. Vimos que en
nuestro caso y en el de toda unidad autoconsciente, se sigue el mismo
procedimiento y que posemos una vida central que mantiene dentro de la esfera
de su influencia a los átomos que constituyen los distintos cuerpos, físico,
emocional y mental; también que nos manifestamos, nos movemos y vivimos
nuestra vida, desarrollamos nuestros propósitos, atrayendo hacia sí átomos de
sustancia adecuados a nuestra necesidad para poder así realizar los necesarios
contactos. Estos átomos son, para nosotros, la vida central, lo que los electrones
para la carga central positiva en el átomo de sustancia. Después comprendimos
que si esto es verdad, es decir, si existe una etapa autocentrada o período
estrictamente atómico para el átomo y para el átomo humano, entonces se podría
decir lo mismo del átomo del planeta, habitado por su Vida central espiritual.
De allí entramos en el campo de las conjeturas y consideramos que todo lo que
transcurre en el planeta se debe a la condición autocentrada de la Entidad que
lleva a cabo su propósito por medio del planeta. Finalmente introducimos la
misma idea en conexión con el sistema solar.
Pasamos luego a considerar la segunda etapa,
la radiactiva, que los científicos están estudiando desde hace veinte años en
conexión con el átomo químico y físico, y vimos una condición análoga en la
evolución del átomo humano, pero precedida por un período paralelo al de la
etapa atómica, donde el hombre es puramente egoísta, totalmente autocentrado y
no le interesa el bienestar del grupo del cual forma parte. Esta etapa previa
es muy evidente hoy en el mundo. Un gran porcentaje de la familia humana se halla
en la etapa atómica, pero recordemos que es una etapa protectora y necesaria;
por ella pasa toda unidad humana durante el proceso de descubrir su lugar en
el grupo, permitiéndole desarrollar algo que dé valor a ese grupo cuando entre
en la segunda etapa.
También hay en el mundo unidades humanas que
están pasando a la segunda etapa y llegando a ser radiactivas y magnéticas,
influyen a otras formas y van siendo
conscientes del grupo. Salen de la etapa del "yo soy" y entran
en el conocimiento de "yo soy ése"; comienzan a conocer la vida y
propósito de la excelsa Entidad de cuyo cuerpo son parte; se dan cuenta del
propósito detrás de la vida del Espíritu planetario el impulso subjetivo,
subyacente en la manifestación objetiva de la tierra. Empiezan a colaborar con
Sus planes, a trabajar por el mejoramiento de su grupo, y la diferencia entre
ellos y los otros átomos de la familia humana es que ahora son conscientes del
grupo, poseen perspectivas más amplias, reconocimiento grupal y un propósito
mayor. Al mismo tiempo, no pierden su autoconsciencia ni su identidad
individual, y mantienen su propia vida esferoidal, pero no aplican a sus
propios planes la fuerza y la energía que afluye a través de ellos, sino en la
inteligente colaboración con la excelsa Vida de la cual forman parte. Dichos
hombres son pocos y vienen de vez en cuando, pero cuando sean más numerosos,
entonces podremos esperar un cambio en las
condiciones del mundo, y también la llegada de ese momento de que habla
San Pablo, cuando dice: "No deberá haber desavenencia en el cuerpo, sino
que los miembros deben cuidarse mutuamente. Si un miembro padece, todos sufren
con él, y si un miembro es honrado, todos se regocijan con él... El mismo Dios
actúa en todos. Hay diversidad de dones, pero el mismo espíritu; hay diversidad
de ministerios o servicios, pero el mismo Señor". Cuando todos seamos
conscientes del grupo, entonces lo seremos del propósito subyacente en la
manifestación, en nuestro planeta; cuando seamos conscientemente activos y
apliquemos nuestra energía en llevar a cabo los planes del grupo, entonces
llegará lo que los cristianos llaman el "milenio".
Ahora bien, si tenemos en la evolución del
átomo de la sustancia y en el humano, ambas etapas, y si son la base de todo
futuro desarrollo, entonces dentro del átomo planetario tendremos las mismas
dos etapas, aquella en que la Vida planetaria lleva a cabo Sus propios planes,
y otra donde colabora con los planes superiores de la Vida que anima al sistema
solar. Como aún no puedo entrevistar al Espíritu planetario, no puedo decir si
colabora con los propósitos del Logos solar, pero podemos tener una idea general
del propósito, estudiando la evolución de la raza y el desarrollo de los
grandes planes internacionales en el planeta. También debe recordarse que
aunque los seres humanos nos consideramos como la manifestación más elevada en
el planeta, puede haber otras evoluciones, a través de las cuales pudiera estar
actuando la Vida central y de la cual muy poco sabemos. No sólo debemos
estudiar al hombre, sino también la evolución angélica o dévica, como la llama
el hinduista. Esto nos abre un dilatado campo de estudio y reflexión.
En el sistema solar esperamos hallar además
análogas etapas, y probablemente la gran Vida que anima el entero sistema
solar, esa gran Entidad que utiliza al sistema solar para llevar a cabo un
definido propósito, lo energetiza por medio de estos grandes centros de fuerza
que llamamos átomos planetarios, que a su vez actúan por medio de centros
menores o grupos, haciendo descender su energía a través de los grupos de
átomos humanos, a los distintos reinos de la naturaleza, y así al minúsculo
átomo de sustancia que refleja a su vez todo el sistema solar. Si meditamos
sobre esta cuestión de la vida atómica, resulta muy interesante y nos introduce
en múltiples conjeturas. Uno de los puntos más interesantes que nos ofrece es
la íntima correlación, la estrecha interacción de los diversos átomos y la
omnipenetrante unidad que finalmente debemos reconocer. Si hemos descubierto
que en la evolución de los átomos de todo tipo llega una etapa en que palpan y
buscan su lugar en el grupo, y de positivos se convierten en negativos, en lo
que respecta a una vida mayor, si es verdad que en estas manifestaciones de
conciencia hay una etapa autoconsciente y otra de conciencia grupal, ¿no sería
lógico y posible, después de todo, que nuestro sistema solar sea sólo un átomo
dentro de un todo mayor? ¿No habrá para nuestro sistema solar y Logos solar,
una vida central más grande hacia la cual el espíritu animador, dentro de la
esfera solar, sea gradualmente atraído y a cuya conciencia aspira nuestra
deidad? ¿Se observan en alguna parte, indicios de esta fuerza atractiva o meta?
¿Hay mayores esferas de vida solares fuera de nuestro sistema, que producen un
definido efecto sobre él? Todo esto puede ser una mera conjetura, pero ofrece
puntos interesantes. Si consultamos los tratados de astronomía para averiguar
si lo afirman los astrónomos, hallaremos muchas opiniones contradictorias.
Unos dicen que en las Pléyades hay un punto central en cuyo torno gira nuestro
sistema planetario, y otros declaran que el punto de atracción magnética está
en la constelación de Hércules, y por otra parte otros lo contradicen
rotundamente. Algunos astrónomos hablan de "deslizamientos de
estrellas" y dicen que van hacia una dirección específica, mientras otros
arguyen que en distancias tan vastas no es posible determinar si ciertos
sistemas siguen o no una órbita definida.
Sin embargo, si consultamos los antiguos
libros mitológicos, podremos definir el mito como algo que oculta una gran
verdad, hasta comprenderla, y si estudiamos los antiguos libros de Oriente,
hallaremos que todos aluden a dos o tres constelaciones que poseen una relación
íntima y peculiar con nuestro sistema solar. Respecto a esto los modernos
astrónomos mantienen una actitud agnóstica, que corresponde al punto de vista
de la ciencia materialista. Lo que trato de acentuar es que un tópico sobre el
cual están divididos y discuten los astrónomos, y que sin embargo exponen tan
claramente los libros orientales, debe basarse en la realidad científica y en
que probablemente hay algo de verdad en tal afirmación. Mi sugerencia personal
sobre este aspecto de la verdad no reside en la interpretación física,
sino en la Conciencia; que la evolución síquica se está llevando a cabo
en el átomo (empleando la palabra síquica en sentido de conciencia subjetiva),
puesto que está insinuada en dichos libros, subrayando la oculta relación que
tenemos con otros sistemas solares. Quizás aquí encontremos la verdad. La vida
subjetiva puede ser una, la energía que fluye entre ellas también puede ser
una; pero en las formas físicas reside la diversidad. Quizás en la evolución de
la inteligencia, en la manifestación del amor, o conciencia grupal, y en el
desarrollo de la voluntad, o propósito, reside la unidad, la unicidad de la
vida subjetiva y el eventual reconocimiento de que sólo en la forma existe
separación y diferenciación.
Al considerar este asunto, los libros
orientales dicen que las siete estrellas de la Osa Mayor, las siete estrellas
de las Pléyades y el sol Sirio, están en íntima relación con nuestro sistema
solar y tienen estrecha relación psicomagnética con nuestro Logos solar.
Hemos visto que la meta para el átomo de la
sustancia es la autoconsciencia, y que para la entidad que está evolucionando
a través de un planeta, la meta puede ser la conciencia de Dios. Pero,
lógicamente, al considerar al Logos solar fallan las palabras; sin embargo,
para Él también debe haber una meta, que bien podríamos denominar Conciencia
Absoluta. Daré un ejemplo: se dice que nuestro cuerpo está constituido por
multitud de pequeñas vidas, células o átomos, poseyendo cada uno su propia
conciencia individual o autoconsciencia. La conciencia del cuerpo físico,
considerado en conjunto, podría ser, desde el punto de vista del átomo, como su
conciencia grupal. Después tenemos la conciencia del hombre, el pensador, que
energetiza al cuerpo, lo maneja a voluntad, y es para el átomo de su cuerpo,
análogamente a lo que denominamos conciencia de Dios. Nuestro conocimiento
autoconsciente se halla tan lejos del átomo, como la conciencia del Logos solar
está de la nuestra. Para el átomo del cuerpo humano, esa conciencia del Logos
solar, ¿no podría ser la denominada Conciencia Absoluta? Esta idea puede
extenderse al átomo humano y al átomo planetario, de modo que el Logos solar
tiende a una conciencia más allá de la propia, análoga a la que se extiende
entre nuestro átomo y el de Él. Aquí se nos abre una maravillosa perspectiva
sumamente alentadora, porque si estudiamos la célula del cuerpo físico y
consideramos la enorme distancia recorrida entre su conciencia y la humana,
tenemos la promesa y la esperanza de una futura realización y el incentivo
para perseverar en nuestro esfuerzo.
Los antiguos libros de Oriente han mantenido
en secreto durante largos siglos muchas verdades que hoy empiezan a
introducirse en la conciencia del occidental. Enseñaron hace miles de años la
radiactividad de la materia, y quizás después de todo puede haber el mismo
fondo de verdad en su enseñanza sobre las constelaciones. Acaso en las
estrellas que vemos en el lejano firmamento, y en la vida que en ellas
evoluciona, esté la meta de nuestro Logos solar, y las influencias que afluyen
hacia él, lo atraen y a su debido tiempo lo hacen radiactivo. Los libros
orientales dicen que en el sol Sirio está la fuente de la sabiduría y que de
allí emana la influencia o energía del amor. También dicen que hay una
constelación que está más estrechamente vinculada a nuestro Logos solar,
debido a que Éste no ha evolucionado bastante para responder completamente a
Sirio, pero puede responder a la influencia de las siete hermanas, las Pléyades,
que es una interesante constelación. Si consultamos en un diccionario la palabra
"electricidad", hallaremos que se refiere etimológicamente a la
estrella Electra, una de las siete hermanas, que para algunos es la
Pléyade perdida. Los instructores orientales dicen que en el misterio de la
electricidad está oculto todo conocimiento, y que cuando lo sondemos,
conoceremos todo lo conocible. No es posible decir qué relación existe entre
las Pléyades y nuestro sistema solar; pero la Biblia cristiana reconoce tal
relación, pues Job habla de la "dulce influencia de las Pléyades", y
alguna de las Escrituras orientales afirman que la conexión reside en el sonido
o vibración. Quizás las Pléyades son la fuente de la vida atómica de nuestro
Logos, el activo aspecto inteligente, el primero que se desarrolló y al que
podríamos llamar materia eléctrica.
Tenemos luego la Osa Mayor. Mucho de
interés dicen los escritos orientales acerca de la relación entre las Pléyades
y la Osa Mayor. Se dice que las siete hermanas son las siete esposas de las
siete estrellas de la Osa Mayor. ¿Qué verdad encubre esta leyenda? Si las
Pléyades son la fuente de la manifestación eléctrica, el activo aspecto
inteligente del sistema solar y la energía que anima a toda materia, pueden
representar el aspecto negativo, cuyo polo opuesto o positivo serían sus siete
esposos, las siete estrellas de la Osa Mayor. Quizás la unión de ambas
constelaciones engendró nuestro sistema solar. Acaso estos dos tipos de
energía, el de las Pléyades y el de la Osa Mayor, al unirse en su conjunción,
produzcan y sigan produciendo el surgimiento en los cielos de lo que llamamos
nuestro sistema solar.
La relación de ambas constelaciones o más
bien su relación subjetiva, debe tener una base real, pues de lo contrario no
la insinuarían las diversas mitologías. Debe haber algo que las relaciona entre
las miríadas de constelaciones, con nuestro sistema solar. Pero nos extraviamos
cuando tratamos de aplicarla en forma puramente física. En cambio, si la
definimos en líneas de la vida subjetiva y la conectamos con la energía,
cualidad o fuerza, probablemente tropecemos con la verdad y descubramos algo de
la realidad subyacente en lo que a primera vista parece una disparatada fábula.
Todo cuanto dilate nuestro horizonte y nos permita ampliar la visión y obtener
una clara perspectiva de lo que sucede en el proceso evolutivo, será muy
valioso, no por lo que valga la acumulación de hechos comprobados, sino por lo
que permite acrecentar dentro de nosotros mismos, acrecentar nuestra capacidad
de pensar en términos más amplios, ver más allá de nuestro autocentrado punto
de vista e incluir en nuestra conciencia aspectos diferentes del nuestro. Al
hacerlo desarrollamos la conciencia grupal y llegamos eventualmente a
comprender que los hechos aparentemente maravillosos por los cuales luchamos y
morimos, en el transcurso de los siglos, y destacamos como toda verdad, fueron,
después de todo, simples fragmentos de un plan y porciones infinitesimales de
la gigantesca suma total. Quizás cuando volvamos de nuevo a la tierra y podamos
mirar las cosas que tanto nos interesan ahora y tan importantes nos parecen,
descubramos cuán erróneos eran los hechos tal como los captamos entonces.
Después de todo, los hechos no tienen importancia; no la tienen ahora los
hechos del último siglo, y en el próximo siglo los científicos se reirán de
nuestras aseveraciones dogmáticas y se admirarán de cómo observábamos la
materia. Lo importante en realidad es el desarrollo de la vida y su relación
con lo que la circunda, y aún mayormente el efecto que producimos con quienes
estamos asociados y el trabajo que realizamos, que afecta para bien o mal, al
grupo al cual pertenecemos.
Al cerrar esta serie de conferencias no
puedo hacer nada mejor que citar las palabras de San Pablo: "Porque tengo
por cierto que las aflicciones del tiempo presente, no son comparables con la
gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse... porque somos salvados por
la esperanza... por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni
ángeles ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo
alto ni lo profundo, ni ninguna cosa creada, nos podrá separar del amor de
Dios..."
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