La Magia Natural. Cornelio Agripa. Libro I.
Recopilación exclusivamente sin fines de
lucro para las Adicciones.
Cornelio Agripa
Libro I
LA MAGIA N A T U R A L
Capítulo 1
PLAN DE TODA LA OBRA
Debido a que hay tres clases de mundos, a saber: el Elemental, el Celeste y el Intelectual, y
cada inferior es gobernado por su superior y recibe sus influencias, de modo
que el Arquetipo mismo y el Creador sobe-rano nos comunica las virtudes de su
omnipotencia a través de los Angeles, los Cielos, las Estrellas, los Elementos,
los Animales, las Plantas, los Meta-les y las Piedras, habiendo hecho y creado
todas las cosas para nuestro uso, he aquí por
qué no es sin razón que los Magos creen que podemos penetrar naturalmente por los
mismos grados y por cada uno de estos mundos, hasta el mismo mundo arquetípico,
fabricador de todas las cosas, que es la causa primera de la que dependen y
proceden todas las cosas, y disfrutar no solamente de estas
virtudes que las cosas más nobles poseen,
sino también procurarnos otras
nuevas; y eso es lo que hace que se encarguen
de descubrir las virtudes del mundo elemental por medio de la Medicina y de la
Filosofía natural, sirviéndose de diferentes
mezclas de cosas natura-les, captando
al punto las virtudes
celestes mediante los rayos y las influencias del mundo celeste, siguiendo las
reglas y la disciplina de los Astrólogos y Matemáticos.
En fin, fortalecen y confirman todas estas cosas a través de algunas ceremonias santas de las Religiones y a través de lás potencias de las diversas
inteligencias.
Procuraré explicar, en estos tres Libros, el orden y 'la manera
con
que es menester servirse en todas estas cosas. El primer Libro contendrá la
Magia natural, el segundo la celeste, y el tercero la ceremonial. Mas no sé si
se podrá perdonar en un espíritu tan limitado como el mío y en un hombre
carente de estudio el haber emprendido desde mi juventud, con tanta osadía, uña
obra tan difícil y oscura; por tanto,
no pretendo que se asigne más fe de la debida a lo que he dicho y diré a
continuación mientras no haya sido
aprobado por la Iglesia .y por la asamblea de los fieles.
Capítulo II
LA MAGIA, SUS PARTES
Y EL EJERCICIO DE SU PROFESION
La Magia es una
facultad que tiene
grandísimo poder, lleno de misterios muy elevados, y que
abarca un conocimiento profundísimo de las cosas más secretas, su naturaleza,
su potencia, su cualidad, su
sustancia, sus efectos, su diferencia y su relación: de ahí que produzca sus efectos maravillosos mediante la unión y la
aplicación que hace de las diferentes virtudes de los seres superiores con las de los inferiores; está allí la ciencia verdadera, la filosofía más elevada y
misteriosa; en una palabra, la perfección y
la realización de todas las ciencias naturales, puesto que toda la Filosofía
pautada se divide en Física, Matemática y Teología.
La Física nos enseña la naturaleza de las cosas que existen en
el mundo, sus causas, sus efectos, sus tiempos, la diferencia de lugares, sus
pro-piedades y sus evoluciones, y busca con exactitud cuáles son sus partes y
todo lo que sirve a su
perfección, de acuerdo con este
verso:
¿Cuántos
son los elementos existentes que hacen a la composición de las cosas naturales? ¿Cuál es el efecto del calor?
¿Qué es la tierra,
qué es el aire, y qué producen? ¿De dónde proviene el origen de los cielos? ¿De
dónde viene el reflujo del mar, y el
arco iris de diversos colores? ¿Qué confiere a Zas nubes la virtud de excitar
ruidosos truenos, o de dónde llega el rayo que cae por los aires? ¿Cuál es la
causa secreta que nos hace ver los meteoritos
y los cometas, y cuál es el poder oculto
que hace temblar la tierra? ¿De dónde provienen las
minas de oro y de hierro, y la virtud
oculta de los secretos de la naturaleza?
La Física, que es la ciencia especulativa de las cosas naturales, abarca todas estas cosas, y lo
que dice Virgilio en estos versos:
¿Dé
dónde proviene este género diferente de hombres y de bestias, al igual que la
lluvia y el fuego? ¿De dónde provienen los temblores de tierra y en virtud de
qué el mar se eleva y extiende a pesar de
los obstáculos que puede encontrar, y al punto
se retira en su centro? ¿Qué es lo
que nos hace conocer la virtud de las hierbas,
el coraje y el furor de las bestias feroces, las diferentes clases de frutos,
piedras y reptiles?
La Matemática, por su parte, nos hace conocer
evidentemente la naturaleza extendida en tres dimensiones y nos hace comprender
el movimiento y la marcha de los cuerpos celestes,
de acuerdo con este verso:
Ella nos hace
conocer cuántos movimientos estelares están prestos, lo que hace oscurecer la luna y lo que nos hace perder
la luz del sol. Y lo que dice Virgilio:
Debido
a que el Sol gobierna en los doce signos el mundo dividido en ciertas partes,
hace ver las rutas celestes
y estelares, los eclipses de Sol y de Luna, las
Pléyades, las Híadas, y las dos Osas; de allí deriva que el Sol se ponga tan presto en el invierno y de
allí deriva el largo de las noches.
Todo esto se conoce mediante
la Matemática. Además:
Es
por ello que podemos prever los diferentes cambios de tiempo y conocer la
estación de la siembra y la cosecha, cuándo conviene hacerse a la mar o cortar
los árboles de los bosques.
La Teología nos hace conocer
lo atinente a Dios, qué son
los Angeles, las Inteligencias, los Demonios, el Alma, el Pensamiento, la
Religión, los Sacramentos, las Ceremonias, los Templos, las Festividades y los
Misterios. Trata sobre la fe, los milagros, la virtud de las palabras y las
figuras, las operaciones secretas y los signos misteriosos; y, como dijo
Apuleyo, nos enseña las reglas de las
ceremonias, lo que la Religión ordena, lo que permite y prohibe y, para
decirlo en pocas palabras, la Magia sola abarca estas tres clases de ciencias
tan poderosas en prodigios, las aduna
y las pone en práctica. Es, pues, con razón que
los antiguos la apreciaron como la más sublime y digna de su veneración.
Los autores más célebres la estudiaron, poniéndola al día; entre
ellos principalmente se distinguieron tanto Zamolxis y Zoroastro, que muchos
los creyeron inventores de esta ciencia. Abbaris hiperbóreo, Charmondas,
Damigeron, Eudoxo y Hermippo han
seguido sus huellas, y otros ilustres autores como Trismegisto, Mercurio,
Porfirio, Jámblico, Plotino, Proclo, Dárdano, Orfeo de Tracia, Gog el griego,
Germa el babilonio, Apolonio de Tiana, y Osthanes (cuyos libros caídos en el
olvido fueron comentados y clarificados por Demócrito) también escribió mucho y bien sobre esta
ciencia. Además, Pitágoras, Empédocles, Demócrito, Platón y muchos de los más
famosos filósofos efectuaron grandes viajes para aprenderla y, de regreso en sus lares, señalaron cuánto la
estimaban, teniéndola muy en secreto. Aún se dice que Pitágoras y Platón
hicieron llegar a Adivinos de Memfis para aprenderla, y que recorrieron casi
toda Siria, Egipto,
Judea
y las Escuelas de los Caldeos para no pasar por alto a los grandes y
misteriosos príncipes de la Magia, y para poseer esa ciencia divina.
Es preciso, pues, que quienes
quieren dedicarse al estudio
de esta ciencia posean perfectamente la Física que explica las cualidades de
las cosas y en la que se hallan las propiedades secretas de cada ser; que sepan
bien Matemática, conozcan las estrellas, sus aspectos
y sus figuras, puesto
que de ellas depende la virtud
y la propiedad de cada cosa elevada;
y que entiendan bien la
Teología por la que se conoce las sustancias inmateriales que distribuyen y
gobiernan todas las cosas, para poseer la facultad
de razonar de la Magia. Pues no puede haber obra alguna de Magia perfecta, ni siquiera de Magia verdadera, que no abarque estas
tres facultades en total.
Capítulo 111
LOS CUATRO ELEMENTOS, SUS
CUALIDADES, COMPOSICION Y
MEZCLA
Hay cuatro Elementos, principales fundamentos de todas
las cosas corporales, a saber: el fuego, la tierra, el agua y el aire, de los que están compuestas todas las
cosas visibles aquí abajo, no por
modalidad alguna de fusión sino de trasmutación y unión, en las que se
resuelven al corromperse. Ninguno de los Elementos sensibles es puro; están mezclados en
mayor o menor proporción, y son capaces de trasmutación recíproca; así, la tierra se convierte en barro; disuelta, se torna agua; condensada
y espesada, se trasmuta en tierra; y al evaporarse por el calor, se convierte
en aire; este aire, al calentarse demasiado, se modifica en fuego; y este fuego, al extinguirse, se cambia nuevamente en
aire, mas al refrigerarse luego de un calor extremo, cambia en tierra, o en piedra,
o en azufre, como se aprecia en el ejemplo del rayo.
Platón cree que la
tierra es totalmente trasmutable, y que los demás elementos son trasmutables en
ella y entre sí recíprocamente.
La tierra está separada de los Elementos más sutiles sin
trasmutación, mas al disolverse o mezclarse en lo que constituye la disolución, retorna su forma primera.
Cada Elemento tiene dos cualidades específicas; la primera le es propia e inseparable; la otra, como
medio entre dos, conviene con la
siguiente; pues el fuego es caliente y seco, la tierra es seca y fría, el agua es fría y húmeda,
y el aire es húmedo y
caliente; y es por dos cualidades opuestas que los Elementos son contrarios entre sí, como el fuego con el agua, y la tierra con el aire.
Los Elementos tienen aún otra especie de oposición entre sí; pues algunos son pesados como
la tierra y el agua, y otros livianos como el aire y el fuego. He aquí por qué
los estoicos llaman, a los primeros, Elementos pasivos, y a los últimos, activos. Incluso Platón, siguiendo una
nueva distinción, acuerda tres cualidades a cada Elemento, a saber: al fuego,
la claridad o penetración, la rarefacción y el movimiento, y a la tierra, la
oscuridad, el espesor y el reposo; y es debido a estas cualidades que el
fuego y la tierra son contrarios. Pero los otros Elementos reciben de ellos sus
cualidades, de manera que el aire toma dos cualidades del fuego, la rarefacción
y el movimiento, y una de la tierra, a saber, la oscuridad; por el contrario,
el agua toma dos cualidades de la tierra, la oscuridad y el espesor,
y una del fuego, a saber, el movimiento. Mas el fuego está dos veces
más rarificado que el aire, es tres veces más móvil y cuatro
veces más activo; el aire es dos veces más activo que el agua, está tres
veces más rarificado, y cuatro veces más móvil; a continuación, el agua es dos veces más activa que la
tierra, está tres veces más rarificada y cuatro veces más móvil. Así, el fuego
tiene la misma relación con el aire, que el
aire con el agua, y el agua con el aire; y en fin, el aire con el
fuego. Estos son los principios y el origen de todos los cuerpos, de su
composi-
` ción, de sus virtudes, y de sus efectos maravillosos, de
manera que quien-quiera conozca las propiedades de los Elementos, y de sus
mezclas, podrá fácilmente operar cosas maravillosas y asombrosas,
perfeccionándose en la Magia natural.
Capítulo IV
TRES MANERAS DIFERENTES DE CONSIDERAR A LOS ELEMENTOS
Hay cuatro Elementos de los que hemos dicho que debe existir
necesariamente un conocimiento perfecto para operar cualquier cosa relativa a
la Magia. Cada uno de estos Elementos
tiene tres cualidades diferentes; constituyendo con cuatro el número doce y
pasando por el número siete al número
diez se llega a la unidad suprema de donde dependen todas las virtudes y los
efectos maravillosos.
Los Elementos del primer orden son los puros, no compuestos, que
no cambian ni sufren mezcla alguna, y que son
incorruptibles; y no es sino por ellos que todas las virtudes de las cosas
naturales se tornan en sus efectos. Sus virtudes no pueden ser explicadas, pues
lo pueden todo sobre todos los seres, y quien las ignore no puede llegar a
operar efecto mara- villoso alguno.
Los Elementos del segundo orden son compuestos, diferentes e
impuros; por tanto, se los puede reducir mediante el arte a su simplicidad pura, la que una vez adquirida, tiene una virtud que acuerda la perfección en
todo sobre todas las cosas, a las operaciones más ocultas de la naturaleza
misma, y que es el fundamento de toda la Magia natural.
Los Elementos del tercer orden no son Elementos en su principio
ni por sí mismos, sino compuestos, diferentes,
dueños de diversas clases de cualidades, pudiendo cambiar uno en el otro recíprocamente: son un
me-dio infalible, y he aquí porqué se llaman la naturaleza media o el alma
de la naturaleza media. Pocos son los que entienden sus profundos misterios. De ellos depende por ciertos órdenes,
ciertos números y grados, la perfección de todo efecto.
Son maravillosos en todas las cosas natura-les, celestes y supercelestes,
y llenos de misterios que pueden operar en la Magia, tanto natural como divina,
pues es por ellos que se establecen las relaciones, disoluciones y
trasmutaciones de todas las cosas, v se llega al conocimiento de la predicción
del porvenir, a la invocación de los espíritus benefactores y a la
exterminación de los demonios.
Nadie debe suponer
que realizará nada en las ciencias
secretas de la
Magia
y de la naturaleza sin estas tres clases de Elementos y sin conocerlos bien.
Mas quienquiera sepa reducir los unos en los otros, los impuros en puros, los
compuestos en simples, y discernir su
naturaleza, virtud y potencia en número, grados y orden, llegará fácilmente al
conocimiento perfecto de las cosas naturales y de los secretos celestes.
Capítulo V
LAS NATURALEZAS MARAVILLOSAS DEL FUEGO Y DE LA TIERRA
Para operar toda clase de efectos maravillosos, Hermes alce que
bastan el Fuego y la Tierra: el primero es activo, la segunda, pasiva. El
Fuego, dice Díonisio, aparece claramente sobre todas las cosas y en todas las
cosas, y se aleja; da luz a todas las cosas; todo en conjunto permanece oculto
y desconocido cuando existe por sí mismo
sin mezcla de materia sobre la que haga aparecer su acción. Es inmeso e invisible,
dispone de-sí mismo en su propia
acción, es móvil, comunicándose de cierta manera con todo lo que se le aproxima; renueva las fuerzas y conserva la
naturaleza, es iluminativo, incomprensible por el esplendor diferente que le
rodea y con que se cubre; es claro, dividido, subiendo y avanzando hacia lo
alto, aguzándose, elevado sin disminución alguna, moviéndose siempre desde su
impulso; abarca a los otros elementos, siendo inaprehensible sin tener
necesidad de ninguno de ellos, creciendo imperceptiblemente de sí mismo, y haciendo aparecer su grandor
en los objetos con los que se comunica; es activo, potente, presente
invisiblemente en todas las cosas; no admite que se le descuide, reduciendo
súbitamente la materia como por una especie de venganza, general y apropiadamente de un modo natural, impalpable, sin
disminución, aunque se comunica liberalmente con toda clase de cosas.
El fuego, dice Plinio, es una porción
de cosas naturales,
que es inmensa y de una actividad infinita;
de él no es fácil decir si es más fecundo para
producir que potente para destruir. El
fuego es de un género particular, penetra por todo, como dicen los pitagóricos, se dilata en lo alto hacia el cielo, es
iluminador, restringido en lo bajo, tenebroso y mortificante, conservando en el
medio una parte de cada una de sus propiedades. El fuego es, por tanto, único
en su especie, actuando de modo
diferente sobre el sujeto al que se acopla, distribuyéndose de manera diferente
sobre las diversas cosas, como Cleanto lo hace ver en Cicerón.
El fuego de que nos servimos es, pues, un fuego que se halla en todos los seres; está en las piedras,
ya que un golpe de acero lo hace brotar, en la tierra que humea al ser cavada, en el agua, ya que calienta las fuentes
y los pozos, en el aire que vernos calentarse a menudo. En fin,
todos los animales y todo lo que tiene vida, y las plantas, se nutren del calor, y todo lo que tiene
vida no vive sino debido al fuego que encierra.
Las propiedades del fuego en lo bajo son el ardor que consume
todo y la oscuridad que torna todo estéril. Mas el fuego celeste y reluciente
expulsa a los espíritus tenebrosos; lo mismo efectúa nuestro fuego que tiene el parecido y el aspecto
de esa luz superior de la que se dice "Yo
soy la luz del mundo", que es el verdadero
fuego, padre de las luces, del que hemos recibido todas las cosas buenas,
que ha venido a esparcir
el esplendor de su fuego,
comunicándolo primeramente al sol y a los otros cuerpos celestes, influyendo con
su capacidad y propiedades, a través de instrumentos mediadores, a nuestro
fuego. Tal como los espíritus de las tinieblas son
más fuertes en las tinieblas mismas, lo mismo ocurre con los espíritus buenos
que son los ángeles de la luz que se tornan más fuertes por la luz no sólo
divina, solar y celeste, sino también por el fuego que está entre nosotros.
Es por esa razón que los primeros
autores de las religiones
y las ceremonias ordenaron no efectuar oraciones, salmodias ni ceremonia alguna antes de encender cirios (por ello dijo
Pitágoras que no debía hablarse
de Dios sin tener luz) y
quisieron que se tuvieran cirios
y luces cerca de los cadáveres
para expulsar a los espíritus malignos, y pretendieron que no
podía alejárselos ni depositárselos en tierra sino por medio de ceremonias
misteriosas; y el mismo Omnipotente quiso, en la antigua Ley, que todos los
sacrificios que le fuesen ofrecidos se hiciesen con fuego, y que éste brillase siempre
sobre el altar; esto lo hacían corrientemente las vestales entre los romanos; ellas lo conservaban y
custodiaban continuamente.
Mas la base y el fundamento de todos los Elementos es la Tierra;
pues ésta es el objeto, el sujeto y el receptáculo de todos los rayos y de todas las influencias
celestes. Ella encierra las simientes de todas las cosas y contiene todas las
virtudes seminales; esto es lo que
hace que se la llame animal, vegetal y mineral, pues al ser fecundada por otros Elementos
y los cielos, es capaz ella misma de engendrar todas las cosas. Ella
es susceptible de toda clase de fecundidades, y como la madre primera, capaz de
hacer brotar y dar nacimiento sin fin y acrecentamiento infinito a todas las
cosas y, de esa manera, es el centro, el fundamento y la madre de todo.
Aunque se le quiten
sus secretos naturales, purificados y sutilizados, a poco que se refresque y se la exponga al aire, se torna al punto fértil y
fecunda por las virtudes de los cuerpos celestes, y por sí misma produce las
plantas, los gusanos. los animales, las piedras y los metales. Tiene en sí
misma secretos potentísimos, mna vez purificada por el fui o que la hace
retornar a su antigua simplicidad y
pureza. Ella es la materia primera de nuestra crea- ción v el verdadero remedio
de nuestra restauración y conservación.
Capítulo VI
LAS NATURALEZAS MARAVILLOSAS
DEL AGUA, DEL AIRE Y DE LOS VIENTOS
Los otros dos Elementos, a saber, el Agua y el Aire, no son
menos potentes, y la naturaleza no cesa de efectuar, a través de ellos, efectos admirables; pues el Agua es
tan absolutamente necesaria que ningún animal puede vivir sin ella, que ninguna hierba ni planta puede producir si el agua
no la humedece; la virtud seminal de todas las cosas se halla en ella,
comenzando con los animales, donde es evidente que la si-miente es acuosa, y
luego en los frutos y las hierbas, ya que aunque sus simientes sean terrestres,
si el agua no las riega, no podrían tornarse fecundadas; ya sea que esto se
cumpla embebiéndose con la humedad de la tierra, del rocío o de la lluvia, o
del agua que se arroja ex-professo sobre ellas, puesto que Moisés describe a la tierra y al agua como las únicas
capaces de producir el alma viviente. El atribuye al agua una doble producción,
a saber, la de los peces y la de los animales que vuelan por el aire sobre la
tierra.
La Escritura señala
incluso que el agua participa en la
producción
de la tierra, diciendo: "¿Por qué los animales y las plantas no
producen?" Es que Dios todavía no había hecho llover sobre la
tierra. La potencia de este Elemento es tan grande que es imposible renacer
espiritualmente sin agua, como el mismo Cristo
lo testimonió al hablar con Nícodemo. En cuanto a la religión, sus
efectos son también grandísimos en las expiaciones y purificaciones, y no es menos necesaria que el fuego; es útil en
una infinidad de cosas y se la utiliza de modos diferentes, y es por ella que
subsiste todo lo que existe en la naturaleza y que tiene el poder de engendrar.
nutrir, hacer crecer y aumentar todas las cosas que se ve en el mundo . Por
ello, Tales de Mileto y Hesíodo la establecieron como principio ele todas las
cosas y la denominaron el más antiguo
v potente de todos los F'iementos, pues rige a los otros: ya que.
como dice Plinio, el agua devora a la tierra, extingue el fuego, se eleva hasta
el aíre y, al llegar a las nubes, se convierte en ama del cielo, y al caer hace
nacer todo lo que la tierra produce. Plinio, Solino y muchos otros historiadores describieron una infi-
nidad de maravillas del agua. Ovidio hace también mención de sus virtudes
potentes y maravillosas cuando dice:
¿Cuál es el origen de que el agua del río Nammon se congele
a mitad del día y se
caliente por la mañana y por la laude? .Se dice que las aguas de Athamas, al
acercarse, incendian el bosque hasta que no se ve la luna. Entre los ciconios
hay un río que endurece las entrañas como piedra si se bebe su agua, y las
cosas que toca las endurece como mármol. Sobre las costas de los tracios y
sibarios hay aguas que tornan los cabellos del color riel ámbar y del oro, y lo más asombroso es
que, si se las bebe, no sólo pueden cambiar el cuerpo sino también el espíritu.
¿Quiérí no ha oído
hablar de las aguas
de Salmas y de los lagos de Etiopía? Quien las haya bebido se torna furioso, o
cae en un sopor sorprendente. Quien haya bebido el agua de la fuente Clítore
llega a odiar el vino y no quiere beber sino ;agua pura. Mas el río Linceste tiene
efectos muy diferentes, pues quien haya bebido tan sólo un poco, se tambalea
más que si hubiese bebido una copa de
vino puro. En Arcadia hay un lago al que los antiguos llamaron Pheneo, contra
cuyas aguas hay que estar prevenido pues si se las bebe de noche hacen mal, mas
si se las bebe de día no causan mal alguno.
Además, Josefo reseña la admirable naturaleza de cierto río
entre Arceo y Rafaneo, pueblos de Siria, que desborda el domingo y se seca durante los demás días de la semana,
aparentemente porque sus fuentes se tapan, retornando a su antigua abundancia
de aguas el séptimo día por los efectos impenetrables de la naturaleza; es por
ello que los habitantes de ese país le dieron el nombre de río del sabbath, a causa de que los judíos festejan este séptimo día.
Y la Escritura hace mención de la piscina
de Jerusalén, en la que quien descendiera primero,
luego que el ángel agitara el agua, curaba de toda clase de males.
Todavía está escrito que había una fuente dedicada a las Ninfas
de Jonia, junto al pueblo de Heraclea, sobre la ribera del río Cytheron, de la que, tras descender un
enfermo, éste salía perfectamente sano. Pausanias cuenta que en el monte Liceo,
en Arcadia, hay una fuente llamada Agria, donde se dirigía el sacerdote de
Júpiter con los sacrificios, teniendo en su mano una rama de roble que mojaba
en sus aguas en tiempo de grandes sequías, y
al agitarse las aguas, salían
vapores que, al elevarse por el aire, formaban nubes
que cubrían todo el cielo, trasmutándose al punto en lluvia abundante que
regaba toda la tierra. Mas entre los muchos otros autores, nadie como Rufo,
médico de Efeso, para escribir admirablemente bien sobre cosas asombrosas,
relativas a las maravillas de las aguas.
Me resta hablar del Aire. Este es un espíritu vital que penetra a todos los seres, haciéndolos
vivir y subsistir a todos, ligando, removiendo y llenando todo: por esta razón
los doctores hebreos no lo incluyen entre los Elementos sino que lo consideran medio y vínculo
de los diferentes seres, y espíritu
que fortalece todos los recursos de la naturaleza. Como es el primero en
recibir todas las influencias de los cuerpos celestes, comunicándoselas a cada
uno de los otros Elementos y a los mixtos, recibe asimismo y retiene, como un
espejo divino, las impresiones de todas las cosas, tanto naturales como
divinas, al igual que las palabras o discursos, y al llevarlas
consigo a medida que entra en
los cuerpos de hombres y animales, suministra las materias de los sueños, los
presagios, y los augurios
maravillosos. Es por eso, como se dijo, que quienes pasan por algún sitio donde fue muerto un hombre, o donde hay un cadáver recién enterrado, se sienten
sacudidos por el terror, pues el aire rebosa en ese sitio con las horribles
especies de tal homicidio que tanto los conmueve, los llena con esas miasmas y
los perturba, de donde se forma el pavor. Todo lo que obra prontamente y causa una impresión sutil sacude la naturaleza;
por
esta
razón muchos filósofos han creído que el aire era la causa de los sueños y de muchas otras impresiones del alma por la
dilatación de las especies o de las semejanzas que llegan 2e los objetos y las
palabras que pasan por el aire en tropel hasta llegar a los sentidos y, por
fin, hasta la imaginación y al alma de quien los recibe, siendo recibidos
primeramente sobre la piel preparada para recibir: pues aunque las especies de
las cosas aporten su propia naturaleza o la de ellas mismas a los sentidos de
hombres y animales, pueden no obstante adquirir
cualquier impresión del cielo cuando están en el aire, y los
diferentes sujetos las sienten más
unos que otros de acuerdo a su disposición cuando llegan a su imaginación. Y
así, un hombre puede naturalmente, sin superstición alguna, sin el auxilió de ningún otro
espíritu, comunicar su pensamiento con otro, por más alejados
que estén, en menos de
veinticuatro horas, aunque no se pueda precisar el tiempo; esto lo he visto
hacer y lo he hecho yo mismo; asimismo, esto es lo que realizó el abate
Tritemo.
Plotino prueba y nos enseña
también la manera
con que los
objetos,
tanto espirituales como corporales, producen ciertas especies, a saber, por
influencia de cuerpos sobre cuerpos, y cómo se fortalecen en el aire y se
presentan y manifiestan ante nuestra vista y nuestros sentidos, tanto mediante
la luz como mediante el movimiento. Y vemos, al soplar el viento del mediodía,
cómo el aire se condensa en pequeñas
nubes en las que se reflejan como en un espejo las representaciones muy
distantes de castillos, montañas,
caballos, hombres y otras cosas, los que, a medida que las nubes se alejan, se desvanecen; y en cuanto a los meteoros,
Aristóteles hace ver que el arco iris se forma en una nube del aire, de cierta manera como un espejo. Y Alberto
dice que las representaciones de los cuerpos se forman fácilmente en el aire que está húmedo, de la misma manera
que las representaciones de cosas en las cosas.
Y Aristóteles cuenta que conoció a un hombre que, por tener la vista débil, se servía del aire cercano
como de un espejo, y que su rayo visual
se reflejaba en él; no pudo entender
esto y creyó que su sombra marchaba delante de él, viendo que la
cabeza le antecedía en la marcha. De la misma manera se emplea toda clase de representaciones en el aire, por más
aleja-das que estén por medio de ciertos espejos y fuera de estos espejos, que
los ignorantes, al verlos, los juzgan
figuras de demonios o espíritus, aunque no son sino representaciones inmediatas, sin vida alguna.
Y se dice que en un lugar oscuro, donde sólo hay un agujero muy pequeño, por el
que pueda entrar algún rayo de sol, si se coloca en ese agujero papel blanco,
o bien un espejo unido, se ve en ese papel todo lo que el sol ilumina y
cumple fuera.
Hay otro prodigio muy admirable; si alguien, luego de pintar un
retrato o de escribir algunas palabras de cierta manera, expone esto a la
noche, con buen tiempo, con luna llena, a los rayos de ésta, otra persona puede ver y leer todo eso, informándose de
esas cosas, en la circunferencia o círculo de la luna, pues sus
representaciones se elevan y multiplican en el aire, lo cual es muy útil para
hacer saber noticias en caso de lugares
o
pueblos sitiados; este es un secreto que Pitágoras practicó antiguamente,
conocido hoy por algunas personas, como yo lo conozco.
Todas estas cosas
y una cantidad de otras más considerables se fundan en la naturaleza
del aire y extraen sus principios de la Matemática y la Optica,
y así como estas especies
se reflejan sobre la vista, lo
mismo ocurre sobre el oído, puesto que se ve por medio del eco.
Sin embargo, hay aún otros secretos más particulares, por los
que un hombre puede oir lo que otro dice, y al oído, o en
particular y a escondidas.
Del aire provienen también los vientos, que no son sino aire
agitado y excitado.
Hay cuatro vientos principales, que soplan desde los cuatro
rincones del cielo, a saber: el Noto del lado del Mediodía, .el Boreas, del lado de Septentrión; el Céfiro, del lado de Occidente;
y el Apeleotes o Euro, del lado de Oriente. Estos son enunciados así en estos dos versos de Pontano:
A summo Boreas, Notus imo spirat Olympo. Occasum insedit Zephyrus, venit Eurus ab orto.
Noto, el viento del Mediodía, es nebuloso y húmedo, cálido e
insalubre; san Jerónimo lo llama lluvia a cántaros. Ovidio lo describe de esta
manera :
El
viento Noto vuela con sus alas mojadas, cubre su rostro terrible con oscuridad
como pez; su barba pesada hace correr el agua por los cabellos blancos; las
nubes se detienen en su frente; sus alas y su pecho hacen chorrear el agua.
Pero Boreas, contrario a Noto, es el viento de Septentrión,
violento y ruidoso; expulsa las nubes, aquieta el aire, congela el agua. Ovidio
le hace monologar así:
Tengo
potencia propia; con ella expulso y hago temblar a las nubes tristes y sumisas
ante mi mandato. Derribo los árboles, endurezco los vapores, cubro la tierra de
granizo. Soy siempre el mismo hasta que encuentro a los demás vientos bajo la
bóveda de los cielos (pues allí está mi plano); me agito con tanta fiereza que
resuena el aire que se encuentra en medio de nuestros golpes, hendiendo con
relámpagos la concavidad de las nubes. Soy yo quien, comprimido en el fondo de
los antros de la tierra, inquieto a los Manes y hago temblar a la tierra.
Céfiro, que también se llama Favonio,
es un viento muy
ligero
que sopla de Occidente, y es dulce, frío y húmedo, suaviza los rigores del
invierno y produce todas las hierbas y flores.
Euro, contrario a aquél, que todavía se llama Subsolar y
Apeleotes, 'es el de Oriente; es un viento acuoso, nebuloso, prontamente voraz.
Ovidio habla de todos estos vientos en estos términos:
Eurus ad Auroram, Nabathoeuque refina recessit, Persidaque, et radiis jugo subdita matutinis.
Vesper et occiduo
quae littora sole tepescunt, Proxima sunt Zephyro. Scythiann septemque triones Horrifer
invasit Boreas contraria tellus
Nubibus assiduis, pluvioque
madescit ab Austro.
Capítulo VII
LOS GENEROS DE LOS COMPUESTOS, LA RELACION QUE TIENEN CON LOS ELEMENTOS, Y LA QUE TIENEN ESTOS. MISMOS, CON EL ALMA, LOS SENTIDOS Y LAS COSTUMBRES
Luego de los cuatro Elementos simples, siguen inmediatamente los
cuatro Géneros de los compuestos perfectos, que son las piedras, los meta-les,
las plantas y los animales; y aunque todos los Elementos sirven a la
composición de cada uno, cada compuesto sigue un Elemento particular y tiene
más de sus cualidades: pues todas las Piedras provienen de la tierra, ya que son pesadas y descienden a lo profundo,
y la sequedad do-mina de
tal forma en ellas que es imposible tornarlas líquidas; pero los Metales son
acuosos y se funden, y como lo declaran los físicos y los químicos al realizar'
experiencias, son engendradas por un agua
espesa y viscosa, o por plata viva que es también acuosa; las plantas tiene tal
relación con el aire que no podrían retoñar ni madurar sino en el aire; así
todos los Animales extraen su fuerza del
fuego y su origen del cielo, y el fuego les es tan natural que sin él no
pueden vivir.
En fin, cada uno de estos Géneros se distingue por los grados de los Elementos; pues, entre las piedras, se dice que las oscuras y más pesa-das provienen de la
tierra; y las trasparentes y compuestas de agua provienen del agua, como el cristal, el berilo y las perlas en las conchas, y las que
nadan en el agua están compuestas de aire y son esponjosas como la piedra pómez
y la toba. Por tanto, se entiende que están compuestas de fuego como el ladrillo y la cal. Asimismo, entre los
metales, están com- puestos de
tierra, a saber, el plomo y la plata; además, del agua, como el mercurio; del
aire, como el cobre y el estaño; y de fuego, como el oro y el hierro.
En las plantas, las
raíces se tienen de la tierra por su espesor, y las hojas del agua por su jugo, las flores del aire por su
sutileza, las semillas del fuego por su espíritu generativo. Asimismo, existen los calientes, fríos, húmedos y
secos que toman sus nombres de las cualidades de los Elementos. Entre los
animales existen aquellos en los que domina la tierra, y que se sustentan en
las entrañas de la tierra, como los gusanos, los topos y muchos animales que se
arrastran ; asimismo, están los formados de agua, como los peces; otros en los
que domina el aire y que no pueden vivir
fuera
de éste; otros en que domina el fuego, como las salamandras y las cigarras;
y otros que tienen calor de fuego, como las palomas, los avestruces, los leones, y
aquellos a los que el Sabio llama bestias que soplan un vapor de fuego.
Además, entre los animales los huesos tienen debida relación con la tierra, la carne con el aire, el espíritu
vital con el fuego, y los humores con el agua, los que también
se hallan en los Elementos; la cólera es como el fuego, la sangre como el aire,
la pituita como el agua, la bilis negra como la tierra. En fin, en el Alma,
siguiendo la opinión de Agustín, el entendimiento es como el fuego, la razón como el aire, la
imaginación como el agua, y los sentidos como la tierra. Este mismo orden se
halla en los Sentidos, pues el sentido de la vista participa del fuego; en
efecto, no realiza sus operaciones sino por el fuego y la luz; el oído participa del aire, ya que el sonido no es sino el
golpe del aire; en cuanto al olfato y
al gusto, se relacionan con el agua, sin cuya humedad no hay sabor ni olor. En
fin, el tacto es totalmente terrestre y se relaciona con los cuerpos más
densos. Esta analogía se halla incluso en las Operaciones del hombre, pues el movimiento tardo y sólido se relaciona con la tierra; el miedo y la
lentitud con la pereza tienen relación con el
agua; el humor alegre y amable, con el aire; y un natural impetuoso y colérico se parecen al fuego.
Los Elementos tienen,
por tanto, el primer rango
en -todos los seres; están en
toda composición y en las propiedades, y les comunican sus virtudes.
Capítulo VIII
LA MANERA EN QUE LOS ELEMENTOS SE HALLAN EN LOS CIELOS, EN LAS ESTRELLAS, EN LOS ESPIRITUS, EN LOS ANGELES Y EN DIOS MISMO
Es opinión de los platónicos que, así como en el mundo
arquetípico todas las cosas se halla en todos, lo mismo ocurre con el mundo corporal, con la diferencia de
que ellas se hallan de diferentes maneras, a saber, según la naturaleza de los
sujetos que reciben las influencias o impresiones. Así los Elementos están no
sólo en todas las cosas de aquí abajo, sino también
en los Cielos, en las Estrgllas, en los Espíritus, en los Angeles, y
en el Dios mismo, que es el creador y el autor de todas las cosas. Mas los
Elementos se encuentran, en este mundo inferior, como formas groseras y
elementos materiales, inmensos. Los Elementos se hallan natura-les en los Cielos, y en toda su fuerza, a saber,
de una manera celeste y más excelente como no se encuentran en todo lo que
existe debajo de la luna: pues todo se halla en su pureza perfecta; la solidez
de la tierra, sin
la cual nada hay de grosero ni de material,
la ductilidad del aire,
sin espesor ni división alguna, el calor del fuego, sin ardor, que no hace sino
relucir y vivificar. Entre las Estrellas, Marte y el Sol tienen el fuego; y las que habitan en el octavo cielo tienen la
tierra; lo mismo que la Luna (que muchos juzgan compuesta de agua) a causa de
que extrae las aguas, del cielo y de la tierra, que nos comunica al estar
imbuida por su proximidad.
Entre las Constelaciones existen también aquellas en las que
domina el fuego, en unas el aire, en
otras la tierra y en otras el agua; y
son los Elementos los que gobiernan los cielos, distribuyéndoles a todos sus
cuatro cualidades, siguiendo sus tres diferentes órdenes y el principio, el
me-dio y el fin de cada Elemento. Así Aries toma su principio del fuego; Leo,
su progreso y su acrecentamiento; y
Sagitario su fin. Tauro extrae su principio de
la tierra; Virgo su progreso, y Capricornio su fin. Géminis extrae su principio del -aire;
Libra, el progreso; y Acuario, su fin. Cáncer toma su principio del agua;
Escorpio, el progreso; y Piscis, el
fin.
Los Elementos forman, pues, y componen por su mezcla todos los cuerpos con los planetas y los
signos. Lo mismo ocurre con los Espíritus; de manera que unos se parecen al
fuego, otros a la tierra, otros al
aire y otros al agua. He aquí por qué se dice también que los cuatro ríos de
los infiernos tienen, a saber, Flegeton,
fuego; Cocito, aire; Estigia, agua; y Aqueronte, tierra.
Incluso se ve en las Escrituras el fuego que sufren los
condenados, y el fuego eterno al que son condenados los malditos. El Apocalipsis hace mención de un estanque
de fuego; e Isaías
dice de los condenados: "Dios los golpeará con aire corrompido"; y Job dice: "Pasarán
de aguas de nieve a un calor extremado"; y expresa incluso que hay "una
tierra de tinieblas y miserias cubierta por la oscuridad de la muerte".
En fin, los Elementos se
hallan asimismo en todo lo que existe
de celeste, en los Angeles, y las inteligencias bienaventuradas, ya que la solidez de la esencia, y la fuerza de
la tierra allí se encuentran (pues son las sólidas sedes del Señor), así como la clemencia y el amor, virtudes del agua purificante: he aquí por qué el Salmista las llama las aguas, cuando dice a
Dios al hablar de los cielos: "Tú que gobiernas las aguas que están por
encima de ellos". Existe en ellos el aire de un espíritu sutil, y el amor del fuego, que reluce; es por ello que las santas Escrituras las denominan las alas de los
vientos, y el Salmista, al hacer otra mención de ellas, dice: "Tú
que haces de los espíritus, tus
ángeles, y del fuego ardiente, tus
ministros".
En los órdenes angélicos también están los que corresponden al fuego, que son los Serafines, las
Virtudes y las Potencias; los Querubines, de la tierra; los Tronos y los
Arcángeles, del agua; las Dominaciones y los Principados, del aire. ¿No se
halla algo tan tocante relativo al autor del mundo, que la tierra se abra y
engendre al Salvador, y no se le llama en la misma santa
Escritura, fuente de agua viva, purificante y regenerante, y soplo de vida? ¿Moisés y Paulo no dicen que es un fuego devorador?
Nadie puede, por tanto, discrepar en cuanto a que los Elementos
se hallan por doquier, y en todas las cosas de maneras diferentes;
primera-mente en todas las cosas que contiene este mundo inferior, pero son impuros y groseros; en las cosas celestes son más puros y netos, y
vivos en lo que está por encima de los cielos, perfectos, bienaventurados y
acabados de todas maneras., Los Elementos son, pues, en el arquetipo, las ideas
de todo lo que se produce; en las inteligencias, las potencias; en los cielos,
las virtudes; y en todo lo que existe aquí abajo, las formas groseras e
imperfectas.
Capítulo IX
COMO
LAS VIRTUDES DE LAS COSAS NATURALES NACEN DE LOS ELEMENTOS
Algunas Virtudes Naturales
son puramente elementales, como las de calentar,
enfriar, humedecer, secar, y se llaman las primeras operaciones o cualidades,
que siguen al acto: pues estas cualidades solas y por sí mis-mas cambian toda
la sustancia de todas las cosas;
cualesquiera otras cualidades no podrían
hacer esto. Además, están en las
cosas y provienen de los Elementos que las componen; se extienden más y
tienen algo más que sus primeras cualidades, como las que
maduran, las que hacen digerir, resolver, que ablandan, que endurecen, que son
limpiadoras, corrosivas, abrasivas, aperitivas, evaporativas, confortativas,
emolientes, unitivas, compre,sivas, atractivas, dilatadoras, y muchas otras. Pues toda cualidad
ele-mental debe hacer en la mixta muchas operaciones que no realiza
sola y estas operaciones se llaman
segundas cualidades, porque siguen la naturaleza y la proporción de mezcla de
las primeras virtudes, tal como se trata esto
simplemente en los libros de medicina; así como el cambio que ocurre en
la sustancia de la materia hasta cierto punto es la operación del calor
natural, igualmente existe el endurecimiento, que es la operación del frío, y
la congelación y demás; y a veces estas operaciones se efectúan sobre un
miembro determinado, como
las que provocan la orina, o la leche, y las menstruaciones, y estas cualidades
se llaman terceras, que siguen a las segundas,
como las segundas siguen a las primeras; he aquí por qué hay muchas enfermedades que provienen de estas primeras,
segundas y terceras cualidades, y que se curan por ellas.
Asimismo, hay muchas
cosas muy admiradas que se hacen
de
manera artificial, como el fuego que consume al agua, denominado fuego griego, del cit.? Aristóteles nos enseña diferentes
composiciones en el tratado particular que confeccionara.
De la misma manera se confecciona el fuego que el aceite apaga y el agua fría
enciende cuando ésta cae como rocío, y este fuego se enciende con la lluvia,
con el viento o con el sol, y
se
convierte
en un fuego que se llama agua ardiente, cuya confección es muy conocida, y no
consume nada que no sea ella misma; y también existen los fuegos que no se
apagan, los aceites incombustibles, las lámparas
perpetuas que no pueden ser apagadas ni por el viento, ni por el
agua, lo que a todas luces parecería increíble, si no hubiese
sido vista esa famosa lámpara que otrora ardiera en el templo de
Venus, en la que ardía la piedra asbestus
que, una vez encendida, no podía extinguirse jamás. Por el contrario, se prepara la madera u otra cosa combustible de modo
que el fuego no puede hacer nada, y
se disponen arbitrios por medio de los cuales se puede llevar en las manos
un hierro candente, o echar mano de un metal fundido, o introducirse totalmente en el fuego sin experimentar mal alguno, y muchas
otras cosas parecidas; y hay una especie de lino, que Plinio llama asbestum, y
los griegos ao j3esTov, que ninguna clase de fuego puede hacer arder; al
respecto, Anaxiles dice que un árbol recu- bierto con ese material puede ser
cortado sin que se oiga ruido alguno.
Capítulo X
LAS VIRTUDES OCULTAS DE LAS COSAS
Existen otras virtudes en las cosas, que no pertenecen a
Elemento alguno, como la de impedir el efecto del vino, alejar el ántrax,
forjar el hierro, o alguna otra; y esa virtud es la consecuencia de la especie o de la forma de las cosas, lo que
hace que de una pequeña cantidad
no sobre-venga un pequeño efecto, lo cual no se halla en la cualidad
de un Elemento; pues estas virtudes, al ser muy formales,
pueden producir grandes
efectos con la menor materia; por el contrario, la cualidad elemental
para actuar en gran medida necesita mucha materia. Las Propiedades Ocultas se llaman así porque sus causas no se manifiestan y porque el espíritu humano no las puede penetrar: he aquí por
qué sólo los filósofos, por larga experiencia más razón natural pudieron adquirir una parte del
cono-cimiento, pues así como las carnes se digieren en nuestro estómago, por el
calor que conocemos, de igual manera se transforman por cierta virtud oculta que ignoramos, no por el calor, porque así se transformarían más rápido en el fuego
que en el estómago. Lo mismo ocurre con las cosas de cualidades elementales que
conocemos, y de ciertas virtudes que les son naturales y nacen con ellas, que admiramos, y de las que nos asombramos de no poseer el conocimiento o de no haberlas
visto, como es el ejemplo
del ave Fénix, que renace de sí misma, como dice Ovidio:
Hay un ave que los asirios
llaman Fénix, que renace de si
misma...
Y agrega:
Los egipcios se
reúnen para ver con admiración la cosa maravillosa, y muestran al punto su regocijo ante esta ave única.
Matreo recibe extrema admiración de griegos y romanos al decir
que apacentaba a una bestia salvaje que se devoraba a sí misma, y hasta hoy hay
gente que desea saber cuál era la bestia de Matreo. Nadie dejaría de asombrarse
de que existen peces bajo tierra, de los que han hecho mención Aristóteles,
Teofrasto y el historiador Polibio, y de que Pausanias nos habló de ciertas
piedras que cantan; por tanto, estas son operaciones de las
virtudes ocultas. Así ocurre que el avestruz para nada daña su estómago con un
hierro caliente, digiere un hierro frío y hasta el más duro, para nutrir su cuerpo. Asimismo, el pececillo llamado Echeneis detiene de tal manera la
impetuosidad de los vientos, y doma la furia del mar, por más fuertes y
violentas que sean las tempestades, y cualquiera sea la cantidad de velas de
que se sirvan los navíos, mientras que por poco que las toque, las detiene y
las hace rezagarse de manera que quedan sin movimiento. De igual modo, las
salamandras y las bestezuelas llamadas Pyraustae
viven en el fuego, y aunque parezca que se consumen, nada les impide
conservarse. También hay cierta resina, con la que dicen que las amazonas
frotaban sus armas, que las preservaba de ser dañadas o perjudicadas por el
hierro o el fuego; se sabe que Alejandro el Grande frotó con esa resina las
puertas caspianas, que eran de bronce.
Incluso está escrito que el arca de Noé, construida
hace miles
de
años y que aún dura sobre las montañas de Armenia, estaba compuesta por esta resina.
Hay una cantidad de otras maravillas
de esta clase, casi increíbles, conocidas sin embargo por la experiencia misma:
así las historias antiguas hacen mención de los sátiros, animales con figura
mitad hombre y mitad bestia, pero dotados de raciocinio, de los que san
Jerónimo dice que uno de ellos habló
a san Antonio, el ermitaño, condenando en sí mismo el error de los gentiles de
adorar a los animales, y rogándole que rezara
a Dios por él; y asegura que, en otra ocasión, apareció en público uno de
ellos, siendo al punto remitido a Constantino.
Capítulo XI
MODO DE
PREPARAR LA
INFUSION DE LAS VIRTUDES
OCULTAS EN LAS ESPECIES DE LAS COSAS, POR LAS IDEAS,
MEDIANTE EL
ALMA DEL MUNDO, Y LOS RAYOS DE LAS ESTRELLAS, Y LAS COSAS QUE MAS TIENEN ESA VIRTUD
Los platónicos expresan que todas las cosas de aquí abajo
reciben sus ideas de las ideas superiores; la definición de la Idea consiste en
su principio en una forma que está por encima de las almas y de los espíritus,
que es una, simple, pura, inmutable, indivisible, incorpórea, eterna, y la
naturaleza de todas las ideas es la
misma, y ponen las ideas en el bien
mismo, es decir, en Dios, y quieren que ellas sean diferentes y distintas entre sí, por medio de la
causa, por ciertas razones relativas, y que todo lo que existe en el mundo
carece de cambio y es único, y que todas las cosas convienen entre sí para que
Dios no sea una sustancia diferente; las ubican en la inteligencia, es decir, en el Alma del mundo por las formas
propiamente diferentes, mutuamente absolutas; de manera que en Dios todas las
ideas son una forma; pero entran muchas en el alma del mundo y en los otros espíritus, ya sea que estén
unidos y sean un cuerpo, o estén
separados; ubican diferentes formas mediante cierta participación y grados en
escala ascendente; se incluyen en la naturaleza como simientes inferiores de
formas infusas por las ideas. Al final, penetran en la Materia como sombras: se
agrega que en el alma del mundo hay tantas maneras seminales de cosas como
ideas en el espíritu divino, por las cuales fueron creadas en los cielos las
Estrellas y las figuras, imprimiéndoseles a todas sus propiedades. Todas las
virtudes y propiedades de las especies inferiores dependen de estas estrellas,
de estas figuras y de estas propiedades, de manera que cada especie tiene una figura celeste que le encuadra, de donde
le llega una admirable potencia para actuar, y esta cualidad que le es propia
la especie la recibe de su idea a través de las modalidades seminales del alma
del mundo. Pues las ideas no sólo son causas de ser sino también causas de cada
virtud que se halla en tal especie, y esto es lo que dicen muchos filósofos,
que por ciertas virtudes que tienen una manera asegurada y estable, que no son
fortuitas ni casuales, sino eficaces, potentes e infalibles, nada hacen de
inútil ni en vano, y esas virtudes son las operaciones de las ideas, que no varían
sino por accidente y ello tan sólo
por la impureza e inigualdad de la materia; pues de esa manera las cosas de la
misma especie tienen, en mayor o menor medida, la virtud según la pureza o la
confusión de la materia; de ahí qúe los platónicos hayan acuñado un proverbio
en el sentido de que las virtudes celestes estaban infusas en la materia según
las buenas cualidades; Virgilio dijo:
Las
cosas de aquí abajo reciben tanta
cantidad de fuerza y virtud de los cielos como la materia está dispuesta a
recibir.
He aquí por qué las cosas a las que se acuerda menos la idea de
la materia, es decir, las que reciben más la apariencia de cuerpos separados,
tienen virtudes más grandes y eficaces, en la operación, y semejantes a la
operación de la idea de los cuerpos separados.
Sabemos, pues, que
la situación y la figura de los cuerpos celestes es la causa de toda fuerza
móvil que se halla en las especies inferiores.
Capítulo XII
COMO INFLUYEN LAS VIRTUDES DE UNA MISMA ESPECIE EN LOS DIFERENTES INDIVIDUOS
La figura y la situación de los cuerpos celestes y de las
estrellas acuerda a muchos individuos las Virtudes Singulares tan maravillosas
respecto de las especies; pues tau pronto cualquier individuo que se sabe
comienza a existir bajo un horóscopo fijo, o bajo alguna constelación celeste,
contrae desde ese momento
cierta virtud particular admirable de actuar, y de sufrir o de recibir, además de la relativa a su
situación y especie, tanto por la influencia de los cuerpos celestes como por
la correspondencia, la sumisión y la obediencia de la materia
de las cosas que se producen y se engendran
en el alma del mundo, que tiene la
misma relación que la obediencia de nuestros cuerpos para con nuestras almas,
pues sentimos en nosotros lo que cada forma nos hace concebir. Nuestros cuerpos
se mueven por las cosas deleitables, uniéndose
a ellas o huyendo de ellas; lo
mismo ocurre a menudo con las
almas celestes cuando conciben diferentes ideas; entonces la materia se mueve
por relación con ellas.
De manera que en la naturaleza hay muchas cosas que parecen ser prodigios de la imaginación de
los movimientos superiores; esto hace que no sólo las cosas naturales sino
también muy a menudo las artificiales reciban diferentes virtudes, y sobre todo cuando
el alma del cuerpo que opera se apega a aquello que la
influencia, y esto es lo que ha hecho decir a Avicena
que todo lo que se hace aquí se halla antes en los movimientos y en las ideas de las estrellas y los globos.
Así se producen y se crean diferentes efectos en todas las cosas, e
inclinaciones y costumbres diferentes, no sólo por las diferentes disposiciones
de la materia sino también por las
diversas influencias que ellas reciben y sus diferentes formas, no por la
diferencia específica sino por la diferencia propia y particular. Y es Dios
mismo, quien es la causa primera de todas las cosas, quien distribuye de manera
diferente estos grados, que, permaneciendo siempre el mismo, los comunica y los reparte como le place; y las
segundas causas angélicas y celestes cooperan con él, disponiendo la materia
corporal y las otras
cosas que les son encomendadas. Una vez hecho esto, Dios comunica todas las virtudes
por el alma del mundo, por la potencia particular de las ideas o las
imágenes y las inteligencias que
presiden, y el concurso de los rayos y los aspectos de las estrellas que se
crean por medio de un con-cierto armónico y particular.
Capítulo XIII
ORIGEN DE LAS VIRTUDES OCULTAS DE LAS COSAS
Todo el mundo sabe que el imán tiene la virtud particular de atraer al hierro y que por
poco que se le acerque un diamante, éste se lo quita; el ámbar y el balagius, frotados y calentados,
levantan la paja. La piedra Asbestus encendida
no Se apaga jamás. El carbúnculo reluce
en la oscuridad. El aétites fortifica el fruto de las mujeres y
'las plantas. El jaspe detiene la hemorragia. El pececillo llamado Echineis detiene la marcha de un barco. El rabarbarum elimina la cólera. El hígado de camaleón, quemado en sus extremos, genera lluvias y truenos.
El heliotropo reduce la visión y torna
invisible a quien lo lleva consigo. La piedra de Lyncour desinflama los ojos. El lippare
atrae a las bestias. El synochitides hace
aparecer los espíritus celestes. El enectis,
puesto sobre personas dormidas, las hace adivinar. Hay una hierba de
Etiopía que se dice que seca los estanques y abre todo lo que está cerrado. En
la historia se observa la costumbre
de los reyes de Persia, de dar a sus embajadores la hierba Latax para que donde fuesen no les faltase nada. Existe incluso una hierba de Esparta o Tartaria, que una
vez gustada o puesta en la boca, se supone que pueden pasarse doce días sin
beber ni comer; y Apuleyo dice que supo por Dios que hay muchas clases de
hierbas y piedras, por medio de las cuales los hombres
pueden conservarse siempre
en vida; pero que no les está permitido a los
hombres conocerlas porque, aunque
vivan poco, no dejan de dedicarse a la maldad y de cometer toda clase de
crímenes, y que atacarían hasta a los mismos
dioses si viviesen más tiempo; ninguno de los autores de gruesos volúmenes
sobre las propiedades de las cosas explicó de dónde. provienen estas
virtudes; ni Hermes, ni Bochus, ni Aron, ni
Orfeo, ni Teofrasto, ni Tebith, ni Zenothemis, ni Zoroastro, ni Evax, ni
Dioscórides, ni Isaac el Judío, ni Zacarías el Babilonio, ni Alberto, ni Arnoldo ; pero todos
dijeron lo que escribiera Zacarías a Mitrídates, que hay una gran virtud en las piedras y las hierbas, y que la suerte de los
hombres depende de ellas.
Para saber de dónde proviene eso, es necesaria una
profunda especulación. Alejandro el peripatético, sin apartarse de sus
opiniones y cualidades, cree que eso proviene de los Elementos y de sus
cualidades, lo que podría creerse, si sus cualidades no fuesen de una misma especie y muchas operaciones de las piedras no
fuesen semejantes en especie y en género, y de la misma especie y
del mismo género. Es por ello que los Académicos, siguiendo la opinión
de Platón, atribuyen estas virtudes a las ideas ,que forman las
cosas. Avicena afirma que provienen de las inteligencias; Hermes, de las
estrellas; y Alberto reduce estas operaciones a las formas específicas de las
cosas. Cualquiera sea la diferencia que se halle en las creencias
de
estos diversos autores, sin embargo, no hay nadie, si se los entiende bien, que
se aleje de la verdad puesto que todos sus discursos se
relacionan en muchas cosas con el mismo efecto. Pues Dios, que
es el
fin y el origen de todas las virtudes, da el sello de sus ideas
a las inteligencias, sus ministros, que las ejecutan fielmente, comunican por
una virtud de la idea las cosas que les han sido confiadas a los cielos y las estrellas, las cuales como instrumentos disponen por adelantado, o esperan recibir
las formas que, como expresa Platón en su Timeo, residen en la majestad
divina por la deducción de los astros y lo que da las formas las distribuye por
el ministerio de las inteligencias, que ha establecido para conducir y custodiar sus obras y a las que ha
dado este poder en las cosas
que les confiara, a fin
de que todas las virtudes de las
piedras, las hierbas, los metales y todas las demás cosas sean conferidas por las inteligencias que presiden. La forma y las virtudes provienen, pues, de las ideas; luego,
de las inteligencias que presiden y gobiernan o conducen; después, de los aspectos de los cielos;
y por fin, de las complejidades de los Elementos, los cuales, al estar
dispuestos, corresponden a las influencias de los cielos. Las operaciones se
efectúan, pues, de esta manera:
sobre las cosas que vemos aquí abajo, por las formas expresas; en los cielos, por
las modalidades de mediación; en el amo o arquetipo, por las ideas y las formas
ejemplares; ellas deben convenir eri la ejecución de todos los efectos y de
cada virtud.
Así, hay una virtud y una operación admirable
en cada hierba y en cada
piedra, pero una muchísimo más grande en las estrellas; además, cada cosa toma
o recibe mucho de las inteligencias que, presiden, sobre todo de la primera
causa, a la que todas las cosas consumadas responden
mutuamente; las cuales se conforman unas can otras por su armonioso concierto de alabanza, como por ciertos
himnos, a su amo soberano, de acuerdo a la invitación del cántico entonado por
los santos niños del horno de Caldea: Bendecid al Señor todas las cosas que
germinan sobre la tierra, y todo lo que se mueve
en lo;. aires, todas las aves del
cielo, y todas las bestias, y uníos a los hijos de los hombres. Por tanto, no hay' otra cosa necesaria de efectos
que el acuerdo y nexo de todas las
cosas con la causa primera, y su correspondencia con estos ejemplares divinos e ideas eternas;
cada cosa tiene un lugar fijo y,determinado en el arquetipo por el
cual vive y del que obtiene su origen, y todas las virtudes de las hierbas,
piedras, metales, animales, palabras, discursos y todo lo que existe, dependen
y vienen de Dios, el cual, aunque opere por medio de las inteligencias y los
cielos no deja de realizar cualesquiera operaciones
suyas inmediatamente y por sí mismo sin servirse de estos medios ni
de su ministerio; y estas operaciones
se llaman milagros; pues las primeras causas actúan como mandamiento y orden; y
las segundas, que Platón y los demás
llaman ministros, como necesidad; aunque ellas producen necesariamente sus
efectos, él las dispensa cuantas veces quiere y las suspende cuando le place,
de modo que ellos se entregan por entero o desisten de la necesidad de su
mandamiento y de su orden, y allí
están los más grandes milagros de Dios. Es así como el fuego nada hizo a los niños en
el horno de Caldea. Asimismo, el sol retrocedió, o se detuvo un
día, e interrumpió
su
curso, ante la orden de Josué; y de ese modo retrocedió seis líneas o diez horas ante el ruego de
Ezequías. También, en la pasión del
Cristo, el sol se eclipsó a plena luz, y es imposible penetrar o profundizar
las razones de estas operaciones mediante discurso alguno, mediante magia alguna,
ni mediante ciencia alguna, por más secreta y profunda que ésta sea; sólo es posible
captarlas e indagarlas
a través de los Oráculos
divinos.
Capítulo XIV
EL ESPIRITU DEL MUNDO
Y EL VINCULO DE LAS VIRTUDES OCULTAS
Demócrito, Orfeo y muchos pitagóricos, que indagaron muy
sensata-mente las virtudes de los cuerpos celestes y de los inferiores, dijeron que todo estaba lleno
de dioses, y esto no sin razón, puesto que ninguna cosa, por grandes que sean
sus virtudes, puede estar contenta de su naturaleza sin el auxilio de la
potencia divina; aquellos llamaban dioses a las virtudes divinas expandidas en
las cosas, y a esas virtudes Zoroastro las llama atractores divinos, y Sinesio atractivos simbólicos;
otros, vidas; otros, almas, de las que decían que las virtudes de las cosas
dependían y que el alma única extendía una materia sobre las otras en las que
opera; como el hombre que extiende su entendimiento sobre las cosas
inteligibles y su imaginación sobre las que se imaginan; y esto era lo que en-tendían diciendo por ejemplo,
que el alma, al salir de un ser, entraba en otro, y que le fascinaba e impedía
sus operaciones como el diamante impide que el imán atraiga al hierro. De
manera que el alma, primum mobile, como se ha dicho, actúa y se mueve por propio designio, de sí y por sí, y el
cuerpo o la materia, inhábil o insuficiente para moverse por sí, discrepa
mucho con el alma y se halla muy alejada de su facultad; por ello se dice que es menester un mediador más excelente, a saber, que no sea como
un cuerpo sino como un alma, y si no fuese como ésta, que lo sea casi como un
cuerpo, por el que el alma se una a éste; aquellos pensadores hacen consistir
el Espíritu del mundo en este medio, que
se dice que es la quintaesencia, porque no proviene de los cuatro elementos, sino que es cierto
quinto elemento que está por encima de ellos y que subsiste sin ellos. Por ello
es absolutamente necesario tal espíritu, como medio por el cual las almas
celestes se hallan en un cuerpo burdo y le comunican sus cualidades
maravillosas, y este espíritu en los cuerpos del mundo, como en nuestro cuerpo
humano; pues así como nuestras al-mas comunican a través del espíritu sus fuerzas a nuestros miembros, igualmente la virtud del alma del mundo se expande sobre todas
las cosas a través de la quintaesencia, ya que en el universo nada hay que no
sienta alguna chispa de su virtud o que carezca de sus fuerzas. Mas en mayor y más particular
medida influye sobre los cuerpos que más han captado
este espíritu, y lo hace a través de los rayos de las estrellas a medida que las
cosas se adaptan. Es, por tanto, a través de este espíritu que todas las cualidades ocultas
se expanden sobre las hierbas, las piedras, los metales y los
animales, por medio del sol, de la luna, de los planetas y de las estrellas que están por encima de los planetas,
y este espíritu puede por ello sernos más útil para que sepamos separarnos
de los otros elementos o para que sepamos
servirnos mejor de las cosas en
las que aquél se halla en mayor abundancia; pues las cosas sobre las que este espíritu se
expande menos o donde la materia es menos retenida, más lo perfecciona y
produce más prontamente su semejante, ya que él contiene toda la virtud de
producir y de engendrar; es por ello que los alquimistas buscan extraer o
separar este espíritu del oro, y tan pronto pueden extraerlo o separarlo y
aplicarlo en seguida a toda clase de materias de la misma especie, es decir, a los metales, al punto logran
crear o*;o y plata. Nosotros sabemos hacerlo y lo hemos visto practicar algunas'
veces; pero no hemos podido fabricar más oro que el peso de oro del que
extrajimos el espíritu, pues éste era de forma expandida y no contraída, no pudiendo contra su proporción y medida perfeccionar
un cuerpo imperfecto, aunque no rechazo la idea de que ello pueda hacerse mediante otro artificio.
Capítulo XV
COMO DEBEMOS BUSCAR
Y HACER LA PRUEBA DE LA VIRTUD DE LAS COSAS A TRAVES DE LA SEMEJANZA
Es, pues, constante que haya entre las cosas propiedades
ocultas, no conocidas para nuestros sentidos, apenas captadas por nuestra
razón, y derivadas de la vida y del espíritu del mundo a través de los rayos de
las estrellas, y que conoceríamos tan sólo mediante experiencia y conjeturas;
he aquí por qué quienes se contraigan a ese estudio deberán considerar que
todas las cosas se mueven, y se convierten en sus Semejantes, e inclinan hacia
ellas mismas todas sus fuerzas, tanto en propiedad, saber y virtud oculta, como en calidad, es decir
en virtud elemental, y a veces en sustancia, como se aprecia en la sal, de
manera que lo que permanece largo tiempo en ella se convierte en sal, pues todo cuerpo que se agita, desde que comienza
a hacerlo, en nada
cambia en su cuerpo inferior,
sino de ciertas manera y en la medida acorde con su semejante y con
aquello con lo que guarda debida relación, lo cual lo apreciamos
manifiestamente en los animales
sensitivos en los cuales la virtud nutritiva no modifica la comida ni los alimentos en
hierba o en cualquier planta sino que
los transforma en carne sensible. Así en las cosas en las que hay algún exceso
de calidad o de propiedad, como el calor, el frío,
la osadía, el temor, la tristeza,
la cólera, el amor, el odio y toda otra clase de pasión, o alguna virtud, ya
sea que se halle naturalmente en ellas, o que la hayan recibido mediante
artificio, o que les haya llegado por algún
azar, accidente o hábito, como el descaro en el libertino, estas cosas excitan
mucho a tal calidad, pasión o virtud; así el fuego excita al fuego, el agua al
agua, y una persona osada a la osadía. Los médicos saben que un cerebro ayuda a un cerebro, un pulmón a otro pulmón; he aquí por qué
dicen que quienes tienen los ojos lagañosos se curan aplicándose en el cuello
un paño de color natural, el ojo derecho de una rana para curar el derecho, y el ojo izquierdo
para el izquierdo, y que lo mismo sucede
con los ojos del cangrejo. Asimismo,
las patas de tortuga aplicados, la derecha sobre el pie derecho
y la izquierda sobre el izquierdo, curan los males de los pies; dicen también
que de ese modo los animales estériles causan
la esterilidad, y los que son fecundos, la fecundidad, y que esto
ocurre sobre todo respecto de los testículos, la matriz y la orina; eso les
hace decir que una mujer que todos los meses toma la orina de una mula o
cualquier cosa que ésta haya mojado, no podrá concebir.
Por tanto, cuando se quiere trabajar para dar alguna
propiedad
o alguna virtud, es preciso buscar animales u otras cosas en las que esa propiedad se halle más excelentemente, y es
menester tomar una parte en el sitio donde esa propiedad está en mayor vigor;
como cuando se desea ser amado, es preciso buscar algún animal de los que más
aman, como la paloma, la tórtola, el gorrión y la golondrina; se necesita tomar
un miembro o las partes de las que el
apetito venéreo domina más, como son el corazón, los testículos, la matriz, la verga, el esperma y las
reglas o menstruaciones, y es preciso que esto se realice cuando estos animales
están más excitados o dispuestos al coito, pues entonces excitan e impulsan más
al amor. Asimismo, para tornarse más
audaz, es necesario tomar los ojos, el corazón o la frente de un león o de un
gallo; de la misma manera ha de entenderse lo que dice Pselle, el platónico,
que los perros, cuervos, gallos y murciélagos tienen virtud parecida
si sobre todo se toma la
cabeza, el corazón y los ojos; esto hace decir que quien lleve consigo el
corazón de un cuervo, no duerme hasta quitárselo. La cabeza del murciélago,
disecada, y aplicada al brazo derecho
de quien quiere permanecer despierto, produce el mismo efecto; la rana y el
búho hacen hablar mucho; es preciso tomar sobre todo la lengua y el corazón; y si se pone la lengua
de una rana sobre la cabeza de una persona dormida, la hace soñar y hablar en sueños. Se dice que el
corazón de un búho colocado sobre la mama izquierda de una mujer dormida, la
hace revelar toda clase de secretos; también se afirma que el corazón de un mochuelo o la grasa de liebre
provocan lo mismo si se los coloca en el pecho de quien está dormido. Asimismo,
los animales de larga vida
contribuyen
a hacer vivir largo tiempo, y todas las cosas que tienen la virtud de renovar
contribuyen a renovar
nuestros cuerpos y hacerlos rejuvenecer, lo cual los médicos lo han
hecho muchas veces; esto es evidente respecto de la víbora y las serpientes; y
se dice que los cuerpos se renuevan o rejuvenecen comiendo serpientes; de la
misma manera el fénix renace de sus cenizas;
el pelícano tiene la misma virtud al poner su pata
derecha en estiércol caliente durante
tres meses, luego de lo cual el pelícano renace. Por este medio
los médicos, con algunos preparados de víboras y heléboro y otros de carnes o
cuerpos de ciertos animales de esa clase prometen rejuvenecer, y a veces
brindan una juventud, como la que Medea prometiera a la
anciana Pelia, acordándosela.
También se ha creído que si se chupa la sangre fresca salida de
la llaga de un oso, con esa clase de poción se restablecen las fuerzas del
cuerpo, debido a que este animal es muy fuerte.
Capítulo XVI
COMO LAS OPERACIONES DE DIFERENTES
VIRTUDES SE TRANSMUTAN DE UNA COSA
EN OTRA, Y COMO SE COMUNICAN RECIPROCAMENTE
Se ha de saber que las cosas naturales tienen tanta virtud que no sólo pueden hacer que las
cosas se les aproximen sino también infundir una virtud muy semejante a la que
también comunican a las demás cosas, como lo vemos en el imán, piedra que no
sólo atrae anillos o cadenas de hierro, sino que les infunde la virtud por la cual ellos pueden realizar el mismo efecto,
como lo demostraran Augusto y Alberto. Por ello se dice que una
libertina o ramera, de descaro e impudicia determinados y sin límites, infecta
con esa propiedad o cualidad a todo el que se le aproxima, que al punto la
comunica a los demás: esto hace decir que si se usa la ropa o camisa de una
mujer de esa índole, o si se posee un espejo en el que ella se mira
diariamente, uno se convierte en descocado, osado y libertino o perdido; asimismo, un paño empleado en funerales toma alguna cualidad
saturnal y de tristeza, y la
soga del ahorcado tiene también propiedades maravillosas; lo mismo ocurre con
lo que refiere Plinio en el sentido de que si se retira de tierra un lagarto verde, se le revientan los ojos y se lo encierra en
un vaso de vidrio junto con anillos o cadenas, cerrándolo con hierro u oro, tan
pronto se obsérva que el lagarto recobra la vista, las cadenas o
anillos, al sacarse del vaso, sirven para quitar las lagañas de los ojos y para
preservarlos. Lo mismo se hace con las comadrejas, por medio de los anillos;
luego de quitarles los ojos, se deja durante un tiempo estos anillos en el nido
de los gorriones y- las golondrinas, para utilizarlos a fin de atraer el amor o
la benevolencia.
Capitulo XVII
COMO CONOCER Y EXPERIMENTAR LAS VIRTUDES DE LAS COSAS POR SU ACUERDO Y SU OPOSICION
Ahora queda por ver lo que todas las cosas tienen
de Relación y Contrariedad pues no hay nada que no tenga su
opuesto de temor y horror, de enemigo y destructor, y a la inversa, algo que regocije, complazca
y fortalezca; lo mismo ocurre con
los elementos; el fuego es contrario al agua, el aire es contrario a la tierra; no obstante convienen
entre sí; lo mismo ocurre en los cuerpos celestes; Mercurio, Júpiter,
el Sol y la Luna son amigos de Saturno; Marte y Venus le son contrarios; todos los planetas, excepto Marte, son amigos de
Júpiter y, asimismo, todos aborre- cen a Marte, con excepción de Venus; Júpiter
y Venus aman al Sol; Mar-te,
Mercurio y la Luna son contrarios; todos aman a Venus con excepción de Saturno; Marte y
Mercurio son enemigos. Hay otra enemistad
u oposición de las estrellas, porque tienen casas opuestas, como Saturno con el Sol y la Luna;
Júpiter con Mercurio; Marte con Venus; y la oposición o enemistad es, por
tanto, más grande cuando están más elevadas
y opuestas, como Saturno y Júpiter; Venus y Mercurio.
Mas la amistad es más grande en quienes tienen la misma naturaleza, cualidad,
sustancia, potencia o virtud,
como Marte y el Sol; Venus y la Luna; asimismo, Júpiter y Venus, y las
que tienen su exaltación en la de otra son amigas,
como Saturno y Venus, Júpiter
y la Luna, Marte y
Saturno, el Sol y Marte, Venus y
Júpiter, la Luna y Venus; y de la misma manera que existen las
enemistades y oposiciones de los cuerpos superiores, ocurren
las inclinaciones de la cosas que les están su-jetas en los cuerpos que
vemos aquí abajo. Estos hábitos, amistades y enemistades no son otra cosa que inclinaciones que las cosas tienen mutuamente unas
respecto de las otras; deseando tal o cual cosa cuando no la poseen,
hallando el reposo y el contento con su posesión,
huyendo de su contraria, teniéndole horror, sin hallar sosiego.
Sobre el fundamento de esa opinión, Heráclito sostuvo que todo se
realiza por oposición y amistad. Las inclinaciones de los cuerpos
vegetales y minerales
son como la que
tiene el imán para con el hierro que atrae,
la esmeralda respecto de las riquezas, el jaspe con relación a la producción o generación, y la
ágata para con la elocuencia; asimismo, la
nafta atrae al fuego, y se lanza dentro al aproximarse; la raíz de la
hierba aproxis atrae al fuego de lejos, como la' nafta; y una inclinación parecida
se halla en la palma macho y hembra pues apenas una rama toca a la otra, se
abrazan, y el tímalo no da fruto sin
el macho; y el almendro solo no produce nada; las vides aman al olmo y al opio; el olivo ama recíproca
o mutua-mente al mirto; asimismo, el olivo y el higo se aman. En los animales, la amistad
se encuentra entre el mirlo y el zorzal;
entre la corneja
y el
estornino; el pavo real y la paloma;
la tórtola y el papagayo. A esto se refiere Safo en sus versos a Faón:
Y las albas Palomas se deleitan a menudo con los Pavos reales de diversos colores, y el verde Papagayo
ama a la negra Tórtola.
De la misma manera, la almeja y la ballena son amigas. No sólo
hay amistad entre los animales, sino también entre las otras cosas, como en los
metales y los cuerpos vegetantes; así las gatas aman al poleo silvestre y se
dice que, cuando se frotan, las hace concebir, supliendo la falta de macho. Y
las yeguas de Capadocia se exponen al
soplo del viento, y éste, con su hechizo, las hace concebir. Así, las ranas,
los sapos, las serpientes y todos los animales
e insectos rastreros aman una hierba
que se llama arroz de las
abejas, de la que los médicos dicen que, al comerla, uno muere riendo;
asimismo, la tortuga
mordida por la serpiente se cura comiendo orégano; y la cigüeña que
comió serpientes halla el antídoto en el orégano, volviendo a la vida; y la
comadreja que tiene que pelear con el reyezuelo, come ruda; de ahí sabemos que el orégano y la ruda
tienen virtud contra el veneno. En ciertos animales se encuentra una capacidad,
un arte, o una eficacia para curarse, pues cuando el sapo se siente mordido por
alguna otra bestia, o envenenado, va a buscar ruda o salvia para frotar su herida, y así se preserva contra el
veneno. Así los hombres aprendieron de las bestias muchos remedios y virtudes de las
cosas. Las golondrinas les hicieron
saber que la hierba celidonia es buena para el mal de los
ojos, porque aquellas se sirven de ésta para curar los ojos de sus polluelos; y
cuando la urraca se siente mal, lleva
a su nido una hoja de laurel, y se cura. Asimismo, torcazas, grajos,
per-dices y mirlos disipan sus anuales
melancolías con hojas de laurel. Los cuervos también lo usan para curarse del
veneno de los camaleones; y cuando
el león tiene fiebre, se cura comiendo un mono. Cuando la abubilla
se siente mal tras comer raíz,
se cura con achanta, o cabellos de
Venus. También los ciervos nos hicieron ver que la hierba dictamine es apropiado para hacer salir las flechas del cuerpo,
puesto que cuando
están heridos, comen de esta hierba y las rechazan; las cabras de Candia hacen
lo mismo; y las corzas se purgan poco antes de tener sus crías, con una hierba
que se llama saxifragia mayor; los picados por la tarántula se curan comiendo
cangrejos. Las marranas mordidas por serpientes, se curan con el mismo remedio;
y cuando los cuervos se siente envenena-dos, van en busca del roble y se curan. Cuando los elefantes han comido un
camaleón, acuden al olivo ; los osos lastimados por la mandrágora se sanan
comiendo hormigas. Gansos, patos y otras aves acuáticas no usan otro remedio
que la hierba llamada aparitoria; las grullas se sirven del junco; los excrementos humanos sirven
a las panteras para preservarse del veneno o curar
de éste; los jabalíes se sirven de
la hiedra; y las corzas de la alcachofa.
Capítulo XVIII
LAS INCLINACIONES DE LAS ENEMISTADES
En sentido inverso, existen las inclinaciones de las Enemistades, y estas clases de
inclinaciones son como odio o aversión que las cosas se tienen naturalmente
entre sí, como la cólera, la indignación y la contrariedad absoluta incitan a
la huida, o a la aversión hacia el
contrario, en cu, o caso ésta aleja, separa o hace huir con su presencia, como
ocurre con las inclinaciones que el
ruibarbo tiene contra la cólera; el teríaco contra el veneno; el zafiro contra
el carbón, los arrebatos febriles y las enfermedades oculares; la amatista
contra la ebriedad; el jaspe contra la he- morragia y los fantasmas nocturnos; la esmeralda y el casto cordero contra la voluptuosidad; la
ágata contra el veneno; la peonia, hierba,
contra el mal caduco; el coral contra
las ilusiones de la bilis
negra y los dolores de estómago; el topacio contra las pasiones, como la
avaricia y la lujuria, y todos los demás excesos amorosos; la aversión de las
hormigas hacia el orégano y el ala del murciélago, y el corazón de la abubilla,
cuyá presencia eluden y ante los
cuales huyen; el orégano es también contrario a los solífugos y a las salamandras; y hay tal antipatía entre
ellos y la col que se consumen mutuamente; la calabacera odia
de tal modo al aceite que se encorva
como un anzuelo para no sentirlo. Y se dice
que la hiel del cuervo aparta y aleja a los hombres del sitio donde se esconde
con algunas otras cosas; asimismo, el diamante es tan contrario al imán que, tan pronto se le
acerca, le impide atraer al hierro; y las ovejas eluden los enjambres de abejas,
porque estas son capaces de matarlas; y lo maravilloso es el signo de esa muerte que la naturaleza pinta en el hígado de las ovejas; las cabras odian tanto la hierba
llamada cepa caballo, que no encuentran nada que les sea más pernicioso.
E incluso entre los animales,
las ratas y las comadrejas se
odian
mucho; por eso se afirma que si se frotan los quesos con cerebro de comadreja,
las ratas no se acercan y aquellos no se estropean para nada por más viejos que sean. El stellion,
bestezuela venenosa parecida al lagarto, es tan contrario a los
escorpiones, que éstos tiemblan al verle, y les hace empapar de frío
sudor; también hay gran antipatía
entre escorpiones y ratas;
por eso se afirma que si se aplica una rata a la picadura de un escorpión,
aquélla cura. El escorpión, los stalabotes,
los áspides y las ratas de la India son incluso contrarios y enemigos.
Asimismo, se dice que no hay animales
más contrarios que los cangrejos y las serpientes, y que los cerdos mordidos
por éstas, se curan
comiendo cangrejos; y que cuando el sol se halla en el signo del Cangrejo, las
serpientes se enroscan; el escorpión y el cocodrilo se golpean mutuamente; y si
se toca al cocodrilo con cierta pluma de un ave de Egipto, llamada ave del sol,
que come serpientes, lo inmoviliza; la avutarda
vuela ante la vista de un caballo;
y el ciervo huye tan pronto ve
una víbora. El elefante.
cuando oye gruñir a un cerdo, hace lo mismo que los leones cuando ven un gallo. Las panteras
no tocan a los untados con jugo de gallina, particularmente cuando tiene cocida
el ala por dentro. También hay antipatía entre zorros, cisnes, toros y
cornejas; entre las aves, de modo parecido, cornejas y búhos se hacen la guerra
continuamente; también el milano y el
cuervo; el bicu.thus y el dormido; el clorius y la tórtola; los aegepii y las
águilas; los ciervos y los
dragones; entre los animales acuáticos, los delfines y las ballenas, la morena
y el congrio; y también la langosta o saltamontes tiene gran pavor del pólipo que, tan pronto se le acerca, ya muere; los congrios dan cuenta de saltamontes y pólipos; también se dice que la pantera
tiene miedo de !a hiena, de manera que no puede resistirla, ni herir su cuerpo
ni su piel, ni tocarla, y basta tomar los pelos de una y otra, para hacer caer
los pelos de la pantera; y Orus Apollon dice que luego de ponerse la piel de una hiena es posible cruzar en medio de un ejército
enemigo indemne y con intrepidez. El cordero siempre guarda antipatía con el lobo, le tiene horror,
y le huye y teme;
y se dice que si se cuelga en un establo
la cola, la cabeza o la
piel de un lobo, las ovejas se entristecen y no comen, porque tienen
mucho miedo; y Plinio informa que el Esalon,
avecilla que casca los huevos del
cuervo cuyos polluelos son atacados por los zorros, los toma a su cuidado
contra éstos, y cuando los cuervos lo advierten, le prestan auxilio como contra un enemigo común; el jilguero,
pajarillo que vive entre es-pinos, odia a los asnos que comen las flores de espino; y el Egythus, ave
muy pequeña, es tan contraria al asno que se desangra ante
éste, y cuando el asno calienta los huevos de sus pichones, estos mueren
irremediable-mente.
Hay tanta antipatía
entre el olivo y una mujer libertina
que se
dice
que si ésta planta uno, es estéril o queda seco para siempre; el león nada teme
tanto como las antorchas encendidas, y créese que no es posible domarlo sino
por este medio ; y el lobo no teme al hierro
ni a la lanza sino a la piedra porque
ésta le provoca
una llaga que se agusana; el caballo teme al camello de manera que no
puede contemplar ni ver su figura; el elefante furioso
se aplaca ante la vista de un
morueco; la culebra teme al hombre desnudo y le persigue cuando éste está vestido. Al
toro furioso se lo doma atándolo a una higuera; el ámbar atrae todo sal vo
la hierba denominada cepa caballo
y todo lo frotado con aceite, hacia lo
cual tiene cierta aversión natural.
Capítulo XIX
COMO CONOCER Y EXPERIMENTAR EN LAS COSAS LAS VIRTUDES
INHERENTES A CADA COSA
PARTICULAR POR LA BONDAD DEL INDIVIDUO
Habrá que considerar que, en ciertas cosas, hay virtudes que se ex-tienden sobre toda la especie, o según la especie,
como la osadía y el coraje del león y el gallo; la timidez de la liebre y el
cordero; el ardor para rapiñar y devorar del lobo; la fineza y astucia para
tender emboscadas del zorro; la zalamería del perro; la avaricia del cuervo y
la corneja; la soberbia del caballo; la cólera del tigre y el jabalí; la tristeza y melancolía
del gato; la voluptuosidad del gorrión; y así del resto: pues las especies
siguen la mayor parte de las virtudes. Hay otras pertenecientes a las cosas
según el individuo, como hay algunos hombres que tienen horror hacia los gatos,
de modo que no los pueden ver sino con mucha aversión, la cual no se halla en
ellos según la especie humana, lo cual es manifiesto. Avicena informa sobre un hombre de su tiempo del que todo lo
venenoso se apartaba; todos los mordidos por bestias ponzoñosas morían sin que él sintiese el veneno; y Alberto dice
que vio en Colonia una muchacha que comía arañas y estaba bien nutrida. Así se halla la audacia en
la prostituta y la timidez en el ladrón. Por
ello los filósofos dicen que
el individuo en cuyo cuerpo nunca
hubo enfermedad contribuye mucho a curar toda suerte de males; y por esa razón
dicen que si se pone el rostro de un muerto, que nunca tuvo fiebre, sobre el de
un enfermo, le cura la cuartana. Los individuos también tienen virtudes singulares,
infundidas por los cuerpos celestes, que a continuación expondremos.
Capítulo XX
LAS VIRTUDES NATURALES QUE SE
HALLAN EN TODA LA SUSTANCIA DE UN INDIVIDUO,
Y
EN ALGUNAS PARTES
O MIEMBROS DE OTROS
Es preciso considerar que las virtudes
de las cosas se hallan en
ciertos individuos en el Todo, o en toda la sustancia, o en todas sus partes;
así, el pececillo Echeneis, o rémora,
que impide el desplazamiento de los barcos, no realiza eso con una sola parte
principal de su cuerpo sino con toda su sustancia; asimismo, la hiena tiene en
toda su sustancia la virtud de que si los perros se acercan a su sombra,
enmudecen. Así, la celidonia cura el mal de los ojos, no con alguna de sus
partes sino con todas las
que
están en su individualidad, y no menos mediante su raíz que median sus hojas y
su semilla; y así con los demás semejantes.
Mas hay virtudes que no existen sino en algunas Partes de las
cosa a saber, en la lengua solamente, o en los ojos, o bien en algunos
otn miembros o partes; así se halla en los ojos del basilisco y de la catable] una virtud muy violenta de hacer morir a los hombres tan
pronto ven estos animales; se halla una virtud parecida en los ojos de la hiena, pu tan pronto ésta mira a
cualquier animal que sea, éste no puede mover, y queda
totalmente aturdido.
Semejante virtud se encuentra en los ojos de algunos
lobos, qi quitan el uso de la palabra
a quienes miran, aturdiéndolos,
como die Virgilio :
Meris perdió
la voz porque los lobos le vieron
primero.
En Tartaria, en Iliria y entre los tribalos había mujeres que
hacía morir a quienes las miraban cuando estaban encolerizadas. Tambil ocurrió
esto entre los telquinos, pueblos de Rodas, qúe lo arruinaban toc con sus
miradas, por lo que Júpiter los sumergió. Los
hechiceros usa en sus colirios, ojos de animales para generar pasiones
semejantes y co cretar sus fascinaciones. Asimismo, las hormigas huyen ante el
corazc de una abubilla, pero no ante la cabeza, las patas o los ojos; así se
dia que la hiel de una especie de araña venenosa, diluida en agua, atrae las
comadrejas, pero no la cola ni la cabeza. Y el hígado de cabra, ce bierto de
tierra y arena, atrae a las ranas, pero aleja a mariposas y po] llas; y los
perros huyen de quienes llevan un corazón de can.; y los zorr< no tocan a
los pollos que comieron hígado de zorro; así muchas cosa tienen diversas
virtudes que se expanden de manera distinta en difere] tes partes, infusas de
lo alto según la diferencia de los sujetos que las rec ben, como en el cuerpo
humano los huesos no reciben sino la vida,
h ojos la vista, y las orejas el oído. En el cuerpo humano hay un hu so pequeñísimo, que los hebreos
denominan Luz, del tamaño de u
guisante, que no puede romperse ni lo consume el fuego; y que si a conserva
todo entero, como se dice, de él renacerá nuestro cuerpo anime en la
resurrección de los muertos, como una planta de su semilla. Y esta virtudes
no se conocen sino a través de
la experiencia.
Capítulo XXI
LAS VIRTUDES QUE LAS COSAS TIENEN
DURANTE SU VIDA, Y
LAS QUE LES QUEDAN DESPUES DE LA MUERTE
También hay que
saber que en las cosas hay algunas propiedad( que no duran sino en su Vida, y
que hay otras que subsisten hasta de
pués
de su Muerte, tal como el pequeño pez echeneis,
o rémora, detiene a los barcos, lo mismo que el reyezuelo
y el catablepe matan con su
mi-rada, mientras viven, y pierden su poder al morir; así se dice que si se
pone sobre el vientre un pato vivo, éste cura la circulación del vientre, y el
pato muere; Arquitas dice también que si se toma el corazón de un animal,
recién sacado de su cuerpo, caliente y palpitante, y se lo aplica a un hombre con cuartana,
se le cura: asimismo, la aplicación del corazón de una abubilla o de una golondrina, de una comadreja
o de un topo, vivos y
palpitantes, contribuyen a fortalecer la memoria, la imaginación y el entendimiento, y acuerdan el secreto de
la adivinación. El pre- cepto general de todo esto consiste en que todas las
cosas que se toman de los animales, ya sean piedras, miembros, excrementos,
pelos, uñas y demás, en la medida de
lo posible deberá serlo cuando están
vivos: por ello se establece que quien quiera sacar la lengua de una rana, la
deberá dejar inmediatamente en libertad en el
agua; y si se saca un diente o un ojo de un lobo, no hay que matarlo, obrando
de similar manera con los otros semejantes. Demócrito nos enseña este secreto: si se saca la lengua de una rana de mar, estando viva, sin tocar
otra parte de su cuerpo, y se la devuelve al mar, habrá que colocar esa lengua
sobre el sitio donde palpita el corazón de una mujer dormida, y la hará
responder la verdad a todo lo que se le pregunte. Asimismo, se asegura que
aplicando los ojos de una rana ante el sol en lo alto sobre el
cuerpo de un enfermo, le curará la terciana; y que si estos ojos se aplican, con carne de ruiseñor sobre la piel de un ciervo, desvelan e impiden dormir. Paralelamente se
afirma que la espina del pez pastinaca, atada
sobre el ombligo,
extraída en vida y devuelto
el pez al mar, facilita los alumbramientos. También se afirma que el ojo
derecho de una serpiente, aplicado sobre una fluxión abundante,
dejando viva a la serpiente, la cura; y el ojo extraído
de un pez o serpiente
marina, llamada rnyre, aplicado a la frente de un enfermo, cura la oftalmía
que pasa al pez, pero el
enfermo no vuelve a tener la misma vista que antes si no lo deja vivo.
Asimismo, todos los colmillos de serpiente, quitados cuando ésta está viva y
colocados sobre el enfermo, curan la cuartana; y si se quita a un topo vivo
todos los dientes, se curan todos los males dentarios; los perros no ladran más
si se les coloca una cola de comadreja, dejando viva a ésta. Demócrito dice que
la lengua del camaleón, arrancada a este animal en vida, sirve para lograr
juicios favorables, y que incluso es buena para los partos si se la tiene en torno de la casa; pero hay que tener cuidado de no
llevarla dentro de ésta pues eso sería pernicioso.
Hay también propiedades que subsisten después de la
muerte,
de la-que los platónicos dicen que las cosas en las cuales hay menos idea que materia, después de muertas, lo que hay de
inmortal no cesa de realizar cosas admirables en ellas. Así, en las hierbas y
plantas, después de arras cadas y secadas, subsiste su vigor, y su virtud,
infusa en ellas anterior mente, produce sus efectos; de allí surge que el
águila, por encima de todas las otras ayes las supera en vida, y cuando muere,
sus plumas y
sus
alas destruyen y devoran todas las plumas y alas de las otras aves. De la misma
manera, la piel del león consume a todas las demás pieles; y la de la hiena destruye a la de la pantera; la piel del lobo destruye y devora a la piel del
cordero. Hay cosas que no sólo cumplen estos efectos sobre los cuerpos sino
también en la armonía del sonido; un tambor de piel de lobo anula el sonido de
otro confeccionado con piel de cordero; de la misma manera, un tambor de piel
de erizo de mar, ahuyenta a todos los animales rastreros hasta donde llega su
sonido; y las cuerdas de los instrumentos de tripas de lobo, si se las junta con otras de tripas de oveja en el laúd o la guitarra,
se aprecia que es imposible obtener consonancia alguna.
Capítulo XXII
COMO LAS COSAS INFERIORES SE SOMETEN A LAS
SUPERIORES Y CELESTES, Y COMO EL CUERPO HUMANO,
LAS OCUPACIONES DE LOS HOMBRES Y SUS COSTUMBRES
PROVIENEN
DE LA DISTRIBUCION DE LAS ESTRELLAS Y DE LOS SIGNOS
Las Cosas Inferiores está sometidas constantemente a las
Superiores v, como dice Proclo, se encuentran de cierta manera unas con otras,
a saber, las de arriba en las de abajo y las de abajo en las de arriba; así,
las cosas terrestres se encuentran en el cielo, pero como en su causa y de una manera celeste;
y las que están en 'el cielo
están sobre la tierra, mas de una manera terrestre, es decir, según sus efectos; es por ello que decimos que aquí están los seres
solares y lunares, en los que el Sol y la Luna causan alguna cosa de su virtud;
así las cosas reciben muchas ope- raciones
y propiedades semejantes a. las operaciones de las estrellas y a sus figuras, a las que están sometidas. Sabemos
que todo esto que es solar crea respectivamente efectos sobre el corazón y la cabeza, porque la sede o casa
del Sol es el León, y Aries, su exaltación; así los signos de Marte contribuyen
a la cabeza y los testículos, a causa del carnero y del escorpión: por ello cuando el cuerpo tiembla y la cabeza
trastorna a quienes abusaron del vino, hay que mojarles los testículos en agua fresca o fría y lavarlos con vinagre; es
un remedio rápido. Mas hay que saber cómo el cuerpo humano está distribuido en los Planetas
y en los Signos; según la tradición de los árabes, el Sol preside el
cerebro y el corazón, los muslos, la médula, el ojo derecho y el espíritu de
vida. Mercurio preside la lengua, la boca y los demás instrumentos u órganos de
los sentidos tanto exteriores como interiores,
las manos, las piernas, los nervios, \ la virtud fantástica. Saturno preside el
bazo, el hígado, el estómago, la vesícula, la matriz, y la oreja derecha, y
tiene virtud receptiva. Júpi-
ter preside el hígado y la parte más carnuda del estómago, el
vientre, y el ombligo; por ello la antigüedad representa un ombligo en el templo de Júpiter Ammon; a Júpiter también le
atribuyen las costillas, el pecho, los intestinos, la sangre, los brazos, la mano derecha y la virtud
natural; pero Marte preside la sangre, las venas, los riñones, el quilo, la
hiel, las fosas nasales, el dorso, la efusión del esperma y la virtud
irascible, o las pasiones. Venus preside los riñones, los testículos, el pene,
la matriz, la virtud seminal, la
concupiscencia, la carne, la grasa, la gordura, el bajo vientre, el ombligo, y
todo lo que sirve para el accionar de Venus, como el sacro, la columna
vertebral y la parte inferior del dorso, y además, la cabeza y la boca con que se da el beso
amoroso. Y aunque
a la Luna se atribuye
todo el cuerpo y todos los miembros, a causa de la variedad
de los Signos, no obstante se le
asignan particularmente el cerebro, los pulmones, la médula de la espina
dorsal, el estómago, las menstruaciones, todos los excrementos, el ojo
izquierdo y la fuerza del crecimiento.
Hermes dice que en la cabeza de un animal hay siete orificios, distribuidos en los siete Planetas,
a saber, la oreja
derecha a Saturno, la izquierda a Júpiter, la fosa nasal derecha a Marte, la izquierda a Venus, el ojo derecho
a Júpiter, el izquierdo
a la Luna, y la boca a Mercurio. Así cada figura del zodíaco cuida de sus miembros;
de manera que Aries gobierna
la cabeza y la cara; Tauro, el cuello; Géminis, los
brazos y los hombros; Cáncer preside el pecho, los pulmones, el estómago y los músculos o pártes carnudas de los brazos;
Leo preside el estómago, el hígado
y el dorso; Virgo protege las entrañas y el fondo del estómago; Libra gobierna los riñones, los muslos y las fosas nasales;
Escorpio gobierna las partes genitales, el pene
y la matriz; Sagitario domina
los muslos, debajo de las uñas y los intestinos; Capricornio gobierna
las rodillas; Acuario
domina las- nalgas y
las piernas; y como estas tres clases de Signos guardan correspondencia y
coincidencia con los cuerpos celestes, también lo hacen con los miembros;
esto se aprecia bastante por experiencia porque el frío de los pies perjudica
a vientre y pecho,
y tales miembros responden atestas tres clases diferentes; lo que remedia a
uno, cura al otro, y cuando se calientan los pies, cesa el malestar del
vientre. Por tanto se sabrá, al recordarse este orden, que las cosas que están sometidas a alguno de los Planetas,
tienen alguna relación particular o inclinación respecto de los miembros
atribuidos al mismo Planeta, y sobre todo respecto de sus domicilios y exaltaciones; pues las otras
dignidades, triplicidades, términos y aspectos tienen poca participación. De
esa manera, la peonía color limón, el clavo de olor, la cáscara de limón, la
mejorana, el dorycnium, la canela,
el azafrán, el áloe, el incienso, el ámbar, el almizcle, y en
parte la mirra, remedian la cabeza y el corazón a causa del Sol, de Aries y de
Leo. Así, el llantén, hierba de
Marte, sirve para remediar la cabeza y los testículos, a causa de Aries y
Escorpio; y así con los demás. Asimismo, los Signos de Saturno contribuyen a la tristeza
y la melancolía; los de
Júpiter, a la alegría y los honores;
los de Marte, a la osadía, a las querellas y
la cólera; los del Sol, a la gloria, la victoria, y el coraje; los
de Venus,
al amor, a la voluptuosidad y a la concupiscencia; los de Mercurio, a la elocuencia; los de
la Luna, a la vida vulgar; y las costumbres y ocupaciones de los hombres están
distribuidas y repartidas según los Planetas; pues Saturno gobierna ancianos y
monjes, melancolías, tesoros escondidos y los adquiridos con largos viajes y dificultades. Júpiter
tiene a los píos o devotos, los Prelados, Reyes, Duques o Jefes, y los bienes
adquiridos lícita y honradamente. Marte gobierna a peluqueros, cirujanos, alguaciles,
verdugos, carniceros, panaderos, pasteleros, soldados, que ordi- nariamente se
denominan hombres de guerra, o marciales. Asimismo el resto de las estrellas
significa o marca uno de sus ejercicios, como aparecen descriptos en los libros
de Astrología.
Capítulo XXIII
COMO CONOCER DE QUE ESTRELLAS
DEPENDEN LAS COSAS NATURALES,
Y LAS QUE ESTAN SOMETIDAS AL SOL
Es muy difícil conocer cuáles cosas y bajo qué Estrellas o
Signos están; empero, eso se conoce por imitación de los rayos y del movimiento o de la figura de las
-superiores; además, por los colores y olores; y algunas por los efectos de sus
operaciones que responden a ciertas estrellas. Entre los Elementos Solares
están el fuego y la llama; entre los humo-res, la sangre y el espíritu más puro de la vida; entre los gustos, los que
son agudos o acres y de dulzor muy mezclado; entre los metales, el oro a causa
de su color y resplandor (tiene por
el sol la virtud de ser reconfortante) ; entre las piedras, las que imitan los
rayos del sol proyectando gotas doradas, como la aetita que responde al sol, o la finita proyectando esa clase de gotas, y
cura del mal caduco y del veneno;
asimismo, la piedra llamada ojo de sol, porque su figura semeja una pupila, ey medio de la cual aparece un rayo; fortifica el cerebro y ayuda a la vista. Lo mismo
ocurre con el carbunclo que de
noche refulge, y preserva de los vapores y del veneno proveniente del aire,
Así, en la crisolita, pequeña, de color verde brillante, cuando es expuesta
al sol, aparece una estrella
de oro que fortalece
los espíritus, alivia a los asmáticos y si se la perfora y enhebra con un pelo de asno y se
la aplica al brazo izquierdo, disipa pesadillas, visiones y fantasmas, y la
locura, y atrae buenos sueños. La piedra de Iris, de modo parecido, cuyo color
semeja cristal, y que como tal se encuentra a menudo en forma hexagonal,
expuesta una parte sobre un techo a los rayos del sol y otra parte a la sombra, reproduce en ella los rayos del sol y, al proyectarlos por reflejo, hace aparecer el
arco iris sobre la
pared
opuesta. Asimismo, el heliotropo o tornasol, que es verde, estrellado con gotas
rojas, modalidad de jaspe o esmeralda, torna constante, glorioso y de buena
reputación a quien lo lleva, y tiene admirable virtud sobre los rayos del sol,
pues se dice que los convierte en sangre, es decir, hace aparecer al sol como
en eclipse, si se lo frota con una
hierba que lleva su mismo nombre y se lo coloca en un vaso lleno de agua; y
también tiene otra virtud muy maravillosa sobre los ojos de los hombres,
que es la de quitarles su capacidad, vivacidad y
penetración, y de enceguecerlos de manera que no pueden ver a quienes lo
llevan, lo cual no se logra sino con la ayuda de la hierba de su nombre que se
llama tornasol. Alberto el Grande y Guillermo de París confirman estas virtudes. El jacinto también tiene del sol una virtud contra el veneno y
los vahos de la peste; torna agradable o gracioso a quien lo lleva; contribuye
a hacer ver las riquezas y el espíritu; fortifica el corazón; si se lo tiene en la boca, regocija grandemente el
espíritu. Y la piedra pyrophilos, que
es de color rojo mezclado,
de la cual da cuenta Esculapio en un libro de sus Epístolas a Octavio Augusto, y según el testimonio de Alberto,
es un veneno tan frío que impide que
el corazón de un difunto se queme, o se consuma, de manera que si se lo pone en el fuego y se pone la piedra
encima durante un tiempo, el corazón se convierte en piedra; y por ello toma el nombre pyrophilos.
Tiene una virtud admirable contra toda clase de veneno, y a quienes
la llevan los torna gloriosos y formidables respecto de sus enemigos. Entre
todas, está la piedra solar, que se dice que la encontró
Apolonio, que se llama
Pantaura, y atrae a todas las demás piedras,
como el imán al hierro; es muy eficaz contra toda clase de venenos, y
también se llama pantera, a causa de su figura mosqueada, y pantoerhas, porque tiene toda clase de colores; Aarón la
llama Evanthum.. Hay también otras
piedras solares, que son el topacio, el crisopacio y el rubí. Asimismo, existen
muchas cosas que son solares, como el arsénico, y las que tienen el color y el
fulgor del oro.
Entre las plantas
y los árboles, aquéllas y éstos son solares
cuando se vuelven hacia el sol como el tornasol, y cierran sus hojas a la puesta del sol y las abren
poco a poco a su salida, como el laurel; las hojas y la figura de este
vegetal señalan que es solar; asimismo, la peonía, la celidonia, el limonero,
el jengibre, la genciana, el dictamme y la
verbena que hacen adivinar, predecir, y atrapar los demonios; el laurel
consagrado a Júpiter; el cedro, la palma, el fresno, la hiedra, la vid y los
que preservan del rayo y no se arredran ante los rigores del invierno. Son
también solares drogas como: menta,
lavanda, almácigo, azafrán, bálsamo, ámbar, almizcle, áloe, clavo de olor,
canela, calamus aromaticus, pimienta,
incienso, mejorana y romero, que Orfeo llama solis thymiama.
Entre los animales, los solares son magnánimos, valientes, y
aman la victoria y la gloria; se trata de los siguientes: el león, rey de los animales; el cocodrilo, el lince, el morueco, la cabra, el toro, jefe de la hacienda, que fue
consagrado al sol, en Heliópolis, por los egipcios, que se llama verdad, como
el buey Apis, en Memfis, y el toro denominado Pathis, en
lierrnentho.
También el lobo fue consagrado a Apolo y Latona. El cinocéfalo es también
solar; ladra durante el día doce veces según las horas, y orina doce veces en
el equinoccio, y hace lo mismo durante la noche; por ello los egipcios los
grababan en sus clepsidras.
Entre las aves, son solares
el fénix, ave única en su especie, y el águila, reina de los volátiles; el buitre, el cisne, y los
que como mediante himnos o cánticos aplauden
la salida del sol, y lo llaman
o despiertan, poi así. decirlo, como el gallo, y el cuervo, y el gavilán
porque los teólogos egipcios los consideraban símbolos y espíritu de la luz, y al que Porfirio lo
incluyó entre el número de los solares. Asimismo, todo lo que tiene algún
parecido en sus actividades con las actividades del sol, como las luciérnagas;
el escarabajo llamado también gato, de forma luminosa, que cuma pelotillas de
barro y se acuesta encima; y otro, según interpretación de Appiano, que guarda relación tan sólo con las actividades
del sol, sus ojos cambian según el curso de éste, y por ello se le considera
solar.
De todos los peces, la vaca
marina, que resiste al rayo, es sobre todo solar; el dáctilo y el pulmón marino
son también solares; brillan de
no-che. bajo las estrellas, como incandescentes, y llevan perlas, pues si se
los diseca, se reducen a una piedra de color
dorado.
Capítulo XXIV
LAS COSAS QUE DEPENDEN DE LA LUNA
Entre los Elementos, los que dependen
de la Luna son: la tierra,
el agua tanto de mar como de ríos, y todo lo que es húmedo,
la savia y los humores de los
árboles y los animales, sobre todo los blancos, como los blancos de huevos,
grasas, sudores, pituitas y superfluidades corporales. Entre los gustos, el
salado y el insípido.
Entre los metales, la plata; entre las piedras, el cristal, la
marcasita plateada, y todo lo que tiene blanco
y verde. Asimismo, la piedra
selenita, es decir la piedra lunar transparente, blancuzca, con resplandor o
color de miel, que imita el movimiento de la luna, lleva en sí su figura y cada día hace aparecer su creciente o su
menguante. Y asimismo las perlas provenientes de conchas, de gotas acuosas; el cristal.y el berilo.
Entre las plantas, las que son lunares son el selenotropion, que se vuelv e hacia la
luna, como el tornasol hacia el sol; y la palma que retoña una rama con cada
salida de luna; el hisopo que es una especie de romero, un árbol muy pequeño v
la más grande de todas las plantas, que participa de uno v otro. El
olivo, que es el cordero sin mácula, o el árbol casto y puro: la hierba chinostates, que crece y decrece como la luna, a saber,
en
sustancia y en cantidad de hojas,
y no sólo en humor y virtud
o fuerza; lo que todas las plantas tienen de común de cierta manera entre ellas, con excepción de las
cebollas de Marte, que solas, mientras la luna crece o mengua, disminuyen o
aumentan sus fuerzas; como entre los pájaros o bestias volátiles, el oryx, ave de Saturno, es muy enemigo de la luna
y el sol.
Los animales lunares son los que viven con los hombres, y tienen
diferentes naturalezas de amor y de odio, en lo que sobresalen, como los perros de todos los géneros.
El camaleón es también
lunar, porque cambia según la variedad del objeto
que se le presenta, como la luna cambia de naturaleza, según el cambio de signo donde se encuentra. Estos animales son también lunares: las marranas, las
corzas, las cabras, y toda clase de animales que observen y sigan el movimiento de la luna, como el cinocéfalo y la pantera; se
dice que ésta tiene sobre su lomo una mancha parecida a la de la luna, que
crece redonda y hace encorvar sus cuernos de la misma manera. Los gatos cuyos
ojos se agrandan en mayor o menor medida, según los cambios de la luna; y lo que existé de semejante,
como ocurre con la sangre de las
menstruaciones con la que los magos efectúan muchas clases de cosas, y
prodigios, o cosas monstruosas. La hiena que cambia de sexo, y que está sujeta
a los peces, y a toda clase de animales, que se llaman anfibios, porque están
tanto en tierra como en agua, como los castores y las nutrias, y los que comen
peces. Además, los animales monstruosos, y aquellos de los que no se sabe de qué simiente
nacen, como las ratas del coito
y de la podredumbre de la tierra.
Entre las aves, son
lunares los gansos, los patos, los somormujos, todos los acuáticos, y los que comen peces; los que se
engendran de manera "ambigua,
como mosquitas y avispas, que se forman en los
cadáveres de caballos; las abejas de la corrupción o podredumbre de las vacas;
los musciliones, de vino echado a
perder, y los escarabajos del cuerpo del asno; sobre todo, el escarabajo que lleva dos cuernos, y que se llama forma de toro,
es lunar; entierra una bolita y la deja durante veintiocho días en que la luna
da la vuelta del Zodíaco, y el día vigésimonoveno la desentierra y la echa al
agua, y así nacen los escarabajos. Entre los peces,
el gato de mar, cuyos
ojos cambian con los cambios de la luna, como la tremielga, el
echeneis, el cangrejo, las ostras,
los mariscos y las ranas.
Capítulo XXV
LAS COSAS QUE DEPENDEN DE SATURNO
Entre los Elementos, son saturnales la tierra y el agua; entre
los humores, la bilis negra que humecta, tanto natural como extraña, a
excepción de la muy caliente o ardiente. En cuanto a los gustos, el ácido y el agrio, y el molesto.
Entre los metales, el plomo y el oro a causa de su peso, y la
marcasita de oro; entre las piedras, la cornalina, el zafiro, el jaspe, la calcedonia, el imán y todas
los cosas terrestres oscuras y de peso.
Entre las plantas y los árboles, el asfodelo, la planta de la
serpiente, la ruda, el comino,
el heléboro, el benjuí, la mandrágora, y las que aturden y que no producen frutos,
o las que producen raíces,
hojas o ramas negras y de frutos negros, como
la higuera negra, el pino y el ciprés, todo árbol pernicioso que no produce frutos, que es torcido, de
gusto amargo, de olor violento, de sombra negra, de resina negra, que no da
frutos. de gran duración; funestas y consagradas a Plutón, como el perejil con el que los antiguos rodeaban las
tumbas antes de inhumar el r;adáver; por ello, en los festines usaban toda
clase de hierbas y flores con excepción del perejil, porque es triste y no
concuerda con la alegría.
Los animales reptantes
retirados, solitarios, nocturnos, tristes, contemplativos, o
salvajes, malignos o avaros, tímidos, melancólicos, muy laboriosos y muy
holgazanes, de movimientos lentos, de grito horrible y que devoran a sus crías;
a ellos pertenecen el topo, el asno, el lobo, la liebre, la mula, el gato, el
dragón, el basilisco y el sapo; todas las serpientes y reptiles, los
escorpiones, las hormigas, y todo lo que se eneendra de la podredumbre, en la
tierra, en las aguas, en las casas en ruinas,
como las ratas y diferentes clases de gusanos.
Y entre las aves
son saturnales las de cuello largo y voz gruesa, como las grullas, los avestruces y los pavos reales, consagrados
a Saturno y Juno; de modo parecido, el búho, el murciélago,
la abubilla, el cuervo y el oryx que
es mu envidioso. Entre los peces, la
anguila, que vive a costa de los demás peces, la musipula y el conejo
que come a sus crías. Igualmente las tortugas, las
ostras, los mariscos, las esponjas de mar y lo que de ellas deriva.
Capítulo XXVI
LO QUE DEPENDE DE JUPITER
Entre los Elementos, los que dependen
de Júpiter, está el
aire; entre los humores, la sangre, y el espíritu de vida, y todo lo que
respecta a la prolongación, sostenimiento, acrecentamiento y vegetación. En
cuanto a los gustos, lo dulce y lo agradable.
Entre los metales, el estaño, la plata y el oro, por su templanza. Entre las piedras, el jacinto,
el berilo, el zafiro y la tuthia, la
esmeralda, el jaspe verde. y todos los colores verdes y celestes.
Entre las plantas y los árboles: barba de Júpiter, cepa caballo,
buglosa. espiga de trigo, menta, almácigo. inula campana, violeta, cizaña, beleno. álamo y los árboles que se consideran
felices, como roble, oesculus, ctiacoja,
haya, avellano, álamo, higuera blanca, peral, manzano,
vid,
ciruelo, fresno y olivo; además, trigo, trigo candeal, cebada. pasulae, liquiricia,
azúcar, y todas las cosas cuyo dulzor es manifiesto y delicado, participando en
alguna cosa del gusto picante y fuerte o agrio, como nueces, almendras,
avellanas, maníes, raíces de peonía, y ruibarbo; Orfeo también incluye al estoraque.
Entre los animales, son los que señalan alguna dignidad o
sabiduría, y los apacibles y dóciles, como cuervo, toro, elefante,
y los dulces, como oveja y cordero. Entre las aves, las de complexión templada,
como gallinas y pollos, perdiz,
faisán, golondrina y pelícano;
asimismo, cucupha y cigüeña, que son muy sensibles
y reconocidas. También corresponde el águila; integran las armas de los Emperadores y son símbolo
de justicia y clemencia. Entre
los peces, el delfín, la anchia, y
una clase de gran pez del Nilo, llamado filurus, a causa de su blandura.
Capítulo XXVII
LO QUE SE RELACIONA CON MARTE
Entre los Elementos, está el fuego, y lo que tiene fuego y arde o quema y es agudo; entre los
humores, la cólera. Entre los gustos, los amargos, acres, que queman la lengua
y los llamados lacrimosos.
Entre los metales,
el hierro, el cobre, o bronce rojo,
y todo lo que tiene fuego y azufre.
Entre las piedras,
el diamante, el imán y la piedra sanguinaria, toda
clase de jaspe y las amatistas.
Entre las plantas y
los árboles, el heléboro, el ajo, la euforbia,
la cartabana, la armoníaca, el nabo,
el nabo redondo, el laurel, la escamonia, y lo que es venenoso por exceso de
calor, y todo lo que tiene espinas urticantes que dañan la piel por su
contacto, o la inflaman, como el cardo, la ortiga, y todo lo que hace llorar cuando se lo come, como las
cebollas, el chalote, el porro, la mostaza, la semilla de castor, y todos los
árboles con espinas, y el cornejo consagrado a Marte.
Entre los animales, los belicosos, rapaces y audaces, y de
imaginación viva, como el caballo, la mula, el cabrón, el lobo, el leopardo, el asno salvaje,
las serpientes, y los dragones venenosos, y todo lo que incomoda
al hombre, como las pulgas, las
moscas, el cynocephalus, o mosquita
con cabeza de perro, a causa de su cólera; todas las aves de presa, que comen
carne y roen los huesos, como el águila, el halcón, el gavilán y el buitre; y las aves crueles
y salvajes, como los búhos,
ciertos halcones, los milanos,
y los que siempre tienen mucho hambre y devoran, y los que tragan glotonamente.
de voz agria, ruda v estrangulada, como los cuervos v las cornejas, y la
urraca, consagrada sobre todo a
Marte. Entre los peces, el sollo, el barbo, el pastinaca, v otras clases de peces llamados morueco, cabrón, lobo. glaucus, devoradores, rapaces v
dependientes de Marte.
Capítulo XXVIII
LO QUE DEPENDE DE VENUS
Entre los Elementos, el aire y el agua dependen de Venus; entre
le humores, la pituita, la sangre, el espíritu y la simiente genital. Entre 1c
gustos, el dulce, untuoso y deleitable.
Entre los metales, la plata y el cobre amarillo y rojo. Entre las jalo dras, el berilo, la crisolita, la esmeralda, el zafiro,
el jaspe verde, la coi nalina. la piedra aétites, el lapislázuli, el coral y todas las que tienen cola bello,
cambiante, blanco o verde.
Entre las plantas y los árboles, la verbena,
la violeta, el cabello d Venus, la valeriana, que en árabe se llama pliu, y paralelamente el time el ladanurn, el ámbar, el almizcle, el
sándalo, el coriandro y toda clase d perfumes y frutos deleitables v dulces, como las peras,
los higos, y la naranjas. que los poetas
dicen que Venus sembró primero en Chipre además, le están consagrados la rosa
de la mañana y el mirto de la tarde
Entre los animales, los que son lujuriosos,
que aman las delicias, d amor ardiente, como los gatos, los conejos, los
cabrones, las cabras, parti cularmente el cabrón que está más presto para
engendrar que los demá animales y de quien se dice que empieza a copular
al séptimo día d, nacer;
el toro a causa de su magnificencia y el becerro a causa
de sí lascivia. Entre las aves, el cisne, la golondrina, el pelícano y el chenalo
pex. o ganso salvaje, que quieren mucho a sus
crías; el cuervo y la paloma esta última consagrada a Venus, la tórtola, otrora
sacrificada de a pare para purificarse del
alumbramiento; y el gorrión, también consagrado < Venus, que la ley
ordenaba .ofrendar para limpiarse de la lepra
(que e: un mal sujeto a Marte) y era el remedio más saludable. Los egipcio: también
llaman Venus al águila, a causa
de que es muy apasionada } luego de ser poseída
treinta veces en una
día por un macho, si la reclam1
otro, corre directamente a él. Entre los
peces, a los grues, que son muy lúbricos, los sargos muy
lascivos, los meros a causa de su deseo de engen drar y reproducirse, el cancharus que lucha por su hembra y el
titímalc a causa de su dulce
olor.
Capítulo XXIX
LAS COSAS QUE CORRESPONDEN A MERCURIO
Entre los Elementos,
el agua depende de Mercurio, porque se
arre-bata confusamente o remueve diferentes cosas: y también los humores,
particularmente
los que están mezclados; pero gobierna incluso el espíritu animal y los
diferentes gustos, y los que son extraños y mixtos.
Entre los metales,
le pertenecen la plata, el estaño, la marcasita de plata. Entre las piedras,
la esmeralda, la ágata, el porfirio, el topacio, y las de diferentes colores, y
diferentes figuras naturales, o fabricadas artísticamente, como el vidrio, y
las que mezclan el verde con el amarillo.
Entre las plantas y los árboles, el avellano, el cincoenrama, el
mercurial, la pimpinela, la mejorana,
el apio y las de hojas cortas y pequeñitas, compuestas por
muchas naturalezas y diferentes colores.
Los animales que son delicados, diestros, alertas, prontos para
correr, y que frecuentan fácilmente a los hombres,
como los perros, los monos,
los zorros, los moruecos, el ciervo y la mula; y los animales hermafroditas y
que suelen cambiar de sexo, como la liebre, la hiena, y otros semejantes. Entre las aves, las
naturalmente ingeniosas, de voz clara y musical, y mutables como los jilgueros,
los mirlos, el papagayo, la urraca, el ibis, el por- phyrion y el
escarabajo unicornio. Entre los peces, el trochus, que se autofecunda; por lo que se llama macho-hembra; el polybus fraudulento, que cambia de color ; el pez llamado pastinaca, a causa de su industriosidad; y el
cargo que, con su cola, saca la comida del anzuelo.
Capítulo XXX
EL MUNDO SUBLUNAR Y TODO LO QUE ESTE CONTIENE
ESTA DISTRIBUIDO EN LOS PLANETAS
Todo lo que se halla en todo el mundo se
halla bajo dominio de los Planetas y no tiene otra virtud que la que estos le comunican; así se atribuye el
resplandor vivificante del fuego al Sol;
el calor, a Marte; toda la superficie diferente de la tierra, a la Luna, a
Mercurio y a las Estrellas del cielo; y toda su pesadez, a Saturno. Mas en
medio de los elementos donde domina el humor
del aire, este humor se atribuye a Mercurio y a Venus. Por la misma razón, las causas que obran a través
de la naturaleza siguen al Sol; la
materia, a la Luna; la fecundidad de la materia, a Venus; la pronta ejecución o expedición de
efecto, a Marte y Mercurio, aquéllo a causa de su ardor y ésto a causa de su destreza
y su virtud multiforme; la
perseverancia o la constancia, y la continuación de todas las cosas está
consagrada a Saturno. Entre los
vegetales, todo lo que da fruto proviene de Júpiter; lo que da flores, de
Venus; y toda semilla y corteza deriva de Mercurio; mas toda raíz proviene de
Saturno, y toda madera sale de Marte, y las hojas de la Luna. De allí que lo
que da frutos y no florece pertenezca
a Saturno y a Júpiter: y las cosas que florecen y producen semillas, y no dan frutos, sean de Venus y Mercurio,
y lo que se autopro-
Capítulo XXXI
DISTRIBUCION DE LAS PROVINCIAS Y LOS REINOS EN LOS PLANETAS
El universo íntegro
está distribuido por Reinos y Provincias
en los planetas y los signos. Pues todos estos países están sujetos a Saturno con Capricornio: Macedonia, Tracia, Iliria, Indias, Arriano, de los cuales muchos
están en el Asia Menor. Los sujetos al
mismo son Acuario: Sarmacia, Oxiana, Sogdiana, Arabia, Fazania, Media, Etiopía,
y la mayor parte de estos países son de la gran Asia. Mas estos países
pertenecen a Júpiter con Sagitario: Toscana, Céltica, España y Arabia feliz. Al
mismo con Piscis: Licia, Lidia,
Cilicia, Pámfila, Paflagonia, Nasamodia y Garamántica. Marte con Aries gobierna: Bretaña,
Gaula, Germania, Partania, corazón de Siria, Idumea y Judea. Con
Escorpio: Siria, Comagena, Capadocia, Metagonítide, Mauritania y Getulia. Los sujetos al Sol v
al León: Apulia, Italia, Sicilia, Fenicia, Caldea, Orsena u Orquena. Venus con
Tauro gobierna: Cíclades, países marítimos de la pequeña Asia, Reino o Isla de
Chipre, Partia Media y Persia. Con Libra: Bactres, montes Caspianos, Sérica,
Tebaida, Oáside y Trogloditas. Mercurio con Géminis gobierna: Hircania,
Armenia, Mantiana, Cirenaica, Marmárica y bajo Egipto. Con Virgo: Grecia,
Arcadia, Candia, Babilonia, Mesopotamia, Asiria y Elam, de donde provienen los
elamitas mencionados en las Escrituras, y que de allí tomaron su nombre. La luna con Cáncer domina sobre: Bitinia,
Frigia, Cólcide, Numidia, y Africa, Cartago,
y toda Calcedonia. Todo esto lo hemos tomado de Ptolomeo;
a esto podría agregarse
muchas opiniones de otros astrólogos. Mas quienes sepan combinar estas distribuciones de
países según ese ordenamiento con la
asistencia de las inteligencias que los gobiernan, las bendiciones de las tribus de Israel,
las misiones de los Apóstoles, y con las marcas simbólicas de las santas Escrituras, podrán extraer grandes consecuencias, y
comprender -incluso las grandes profecías y los oráculos para el porvenir de
cada uno de estos países.
Capítulo XXXII
LAS COSAS QUE DEPENDEN DE LOS SIGNOS
Y DE LAS ESTRELLAS FIJAS; SUS FIGURAS Y SEMEJANZAS
Se dirá lo mismo, con precisión, de las figuras de las Estrellas fijas; así se tiene que Aries
celeste gobierna a la tierra; Cáncer, a los cangrejos; Toro celeste, al toro y
al buey terrestres; Leo, a los leones; Virgo, a las vírgenes; y Escorpio
gobierna a los escorpiones; Capricornio a los caprinos; Sagitario a los caballos;
y que los peces están sujetos a Piscis; asimismo, la Osa celeste preside a los osos; Hidra a las serpientes, y los canes están
sujetos al Can; y así con cada cosa.
Mas Apuleyo atribuye
a los Signos y Planetas
ciertas hierbas principales y particulares, como propias; por ejemplo, a
Aries, la salvia; a Tauro, la verbena
macho; a Géminis,
la verbena hembra; a Cáncer, la cornetilla; a Leo, el pan de cerdo; a
Virgo, el poleo silvestre; a Libra, el tornasol; a Escorpio, la artemisa; a
Sagitario, el murajes; a Capricornio, la romaza; a Acuario, la serpentaria; a
Piscis, el alforfón; y a los Planetas: a Saturno, la uva de gato;. a Júpiter,
la grimonia; a Marte, el peucé- dano; al Sol, la hierba sarracena; a Venus, la
hierba cabello de Venus; a Mercurio, el gordolobo; y a la Luna, la peonía. Pero
Hermes, a quien Alberto adhiere, da a. Saturno el asfodelo; a Júpiter, el
beleño; a Marte, el llantén; al Sol, la poligonácea; a Venus, la verbena; a
Mercurio, la quinquefolio; y a la Luna, el quenopo dio. Y sabemos por
experiencia que los espárragos están sujetos a Aries y el basilicón a Escorpio, pues los espárragos nacen al sembrarse raspaduras de cuerno de
morueco, y el basilicón, machacado con dos piedras, engendra escorpiones.
Además, siguiendo la doctrina de Hermes y Thebith, haré mención
aquí de algunas de las Estrellas más importantes, de las cuales la primera se
llama Algol, y preside las piedras y el diamante, y entre las plantas, el
heléboro negro y la artemisa. Siguen las Pléyades, que presiden, entre las
piedras, al cristal y al diadoque, y entre las plantas, a la hierba
cedon, al incienso y al hinojo; dominan además el mercurio. La tercera,
Aldeborán, tiene debajo de sí, de todas las piedras, al carbunclo y al rubí, y
entre las plantas, la cerraja y la madreselva. La cuarta se llama la Cabra; le
corresponden: entre las piedras, el zafiro, y entre las plantas, el marrubio,
la menta, la artemisa y la mandrágora. La quinta, el Can mayor, gobierna, entre
las piedras, al berilo y, entre las
plantas, a la sabina, a la artemisa y la serpentaria; y entre los animales, la lengua de la culebra.
La sexta, el Can menor, tiene: entre las piedras, la ágata, entre las
plantas, el tornasol y la flor del poleo. La séptima, el corazón del León, que
tiene, entre las piedras, el granate, entre las plantas, la celidonia, la
artemisa y el almácigo. La octava, la cala de la Osa mayor, que tiene, entre
las piedras, al imán, entre las plantas, la achicoria, cuyas hojas y flores se
vuelven hacia Septentrión; y la artemisa con la flor de hierba
doncella;
y entre los animales, el diente de lobo. La novena se llama el ala del Cuervo, que tiene, entre las piedras, la
cornalina negra, entre las plantas, la acedera, el quedraginum, el beleiío y la consólida; y entre los animales, la
lengua de rana. La décima, la Espiga, tiene debajo de sí, entre las piedras, la
esmeralda, y entre las plantas, la
salvia, el trébol, la hierba doncella, la artemisa y la mandrágora. La
décimoprimera se llama Alchamech, que preside, entre las piedras, el jaspe, y
entre las plantas, el llantén. La décimosegunda, Elpheia, que tiene, entre las
piedras, el topacio, y entre las plantas, el romero, el trébol y la hiedra. La
décimotercera se llama el corazón del Escorpión; domina entre las piedras, a la
sardónix y la amatista; y entre las plantas, a la sarracena larga y al azafrán. La décimocuarta, el Buitre que cae, que gobierna, entre las piedras, a la crisolita, y entre
las plantas, a la ajedrea. La décimoquinta, la cola de Capricornio, que tiene,
entre las piedras, la calcedonia y entre las plantas, la mejorana, la artemisa, la hierba gatera, otra hierba parecida al
pelo y la raíz de la mandrágora.
Es menester saber,
además, que las piedras, las plantas, los
animales,
u otras cosas, no son gobernados por un solo astro, sino que en gran parte reciben la influencia de muchos, no en parte sino conjuntamente. Así, entre las piedras,
la calcedonia está sujeta a Saturno y a Mercurio, con la
cola de Escorpio y de Capricornio; el zafiro, a Júpiter y a Saturno: con la
estrella Alhayoth; la atutía a Júpiter, al Sol y a la Luna; la esmeralda, a
Júpiter, a Venus y a Mercurio, con la Espiga; la amatista, según opinión de
Hermes, está sujeta a Marte, a Júpiter y al corazón de Escorpio; el jaspe de
muchas clases, a Marte, a Júpiter y a la estrella
Alchamech: la crisolita, al Sol, a Venus y
a Mercurio, con la estrella
llamada el Buitre que cae; el topacio,
al Sol, y a Elpheya; el
diamante, a Marte y a la cabeza de
Algol. Asimismo, en los vegetales, la
hierba serpentaria está sometida a Saturno y al Serpentario celeste; el
almácigo y la menta, a Júpiter y al Sol; mas
el almácigo corresponde también al corazón del León, como la menta a la
Cabra; así el heléboro a Marte y al jefe de Algol; el almizcle y el sándalo al
Sol y a Venus, el coriandro a Venus y a Saturno, a los cuales están
consagrados. Entre los animales, de modo
semejante, el zorro y el mono son de Saturno y Mercurio, y los perros
domésticos, de Mercurio y la Luna. En orden descendente
tenemos muchas otras cosas.
Capítulo XXXIII
MARCAS Y CARACTERES DE LAS COSAS NATURALES
Todas las estrellas
tienen sus peculiares naturalezas, propiedades y condiciones cuyos signos o
marcas y caracteres producen los rayos sobre
los
cuerpos inferiores, sobre los elementos, sobre las piedras, sobre las plantas, sobre los animales y
sobre sus miembros: por ello cada
cosa recibe una Marca particular por su disposición armónica y por su estrella
misma brillante que le comunica y le imprime un carácter que significa a la
estrella y su armonía y la virtud que ella contiene que es diferente de otra en
género, en especie y en cantidad de materia que presenta. Cada cosa tiene,
pues, su carácter, para algún efecto particular que su estrella le imprime, sobre todo la que más domina sobre ella, y sus caracteres contienen y retienen en
sí estas naturalezas propias, estas virtudes
y estas raíces de las estrellas, y efectúan
operaciones semejantes sobre las otras cosas, sobre las cuales ellas se reflejan, y ellas atraen
las influencias de sus estrellas y las ayudan, ya sean planetas, estrellas fijas y figuras y
signos celestes, en la medida en que están compuestas por una materia adecuada
en un tiempo apropiado y con las ceremonias que se deben observar. Considerando
esto, los antiguos sabios, muy contraídos a la investigación de las condiciones
ocultas de las cosas, señalaron las imágenes, figuras, signos, sellos y
caracteres de las estrellas, que la naturaleza misma pintó a través de los
rayos de las estrellas sobre las cosas de aquí abajo; unos sobre las piedras,
otros sobre las plantas y las articulaciones y nudos de los músculos, otros
sobre los diferentes miembros de los animales; pues el laurel, el majuelo, el
tornasol y todas las plantas solares muestran los caracteres del sol, en sus
raíces y sus nudos al cortárselos. Lo mismo ocurre en los huesos de los
animales, y en sus espaldillas de donde deriva la espatulomancia; esto ha hecho
que a menudo se hallase en las piedras y canteras los caracteres y las imágenes
de los cuerpos celestes; pero como no es posible dar o comunicar principios científicos, tras tan grande diversidad
de cosas, sino en la pequeña porción que la prudencia humana puede señalar, es preciso ahora desechar lo que puede investigarse en las otras cosas y en muchos miembros
de animales, deteniéndonos a examinar lo que respecta
a la naturaleza humana, la que por ser una imagen perfecta y
completa, y un conjunto de todo el universo, conteniendo en sí toda la armonía
celeste, sin duda encontraremos en ella, en medida bastante, todos los signos y caracteres de
todas las estrellas e influencias celes-tes, y por ende más eficaces por cuanto
se hallan menos distantes de la naturaleza celeste.
Mas como el número de estrellas tan sólo lo conoce Dios, lo mismo ocurre
con sus signos y efectos sobre las
cosas de aquí abajo; por ello ningún espíritu humano puede trascender esto ni
profundizarlo; por ello, es poco lo
que los antiguos filósofos y quirománticos captaron mediante razonamiento o experiencia, y hay muchos tesoros de la naturaleza que son desconocidos. Al ser esto así, sólo señalaremos aquí los signos y
caracteres de algunos Planetas que los antiguos quirománticos conocieron en las
manos de los hombres. Juliano los llama letras sagradas o divinas, porque según el texto de las Santas
Escrituras, está seña-lado que la vida de los hombres está en sus manos, y éstas son las mismas en
todas las naciones, cualquiera sea el idioma que hablen; a tales letras tanto
los antiguos quiromantes como los modernos agregaron
otras, por
lo
que para conocerlas es preciso leer libros. Bastará ver aquí de dónd toman su origen los caracteres de la naturaleza, y en qué cosa se los pued hallar.
He aquí las figuras
de las letras sagradas o divinas,
a saber, las letra o
caracteres de Saturno, Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y 1 Luna.
Capítulo XXXIV
COMO ATRAER LAS INFLUENCIAS DE LOS CUERPOS CELESTES Y SUS VIRTUDES MEDIANTE LAS COSAS NATURALES
Así como cuando alguien quiere conocer la Fuerza de alguna parte del mundo, o de alguna
estrella, puede hacerlo
sirviéndose de las cosas que le respectan y reciben sus influencias,
como la madera se prepara
a recibir la llama a través de azufre, pez o
aceite; de igual modo cuando se emplean diferentes cosas en alguna especie o individuo, que concuerden
totalmente, o cincidan entre sí sobre la idea y la estrella, se aprecia, al
punto, que se infunde un beneficio particular sobre esa materia, así preparada
a propósito, por medio del alma del mundo. Digo a propósito, es decir, que es necesario que la materia
esté dispuesta apropiadamente y a
propósito, bajo o con una armonía semejante a la que haya infundido alguna
virtud a esa materia. Pues aunque las cosas tengan las virtudes que hemos
dicho, estas virtudes son tan finas, delicadas y sutiles, que es difícil
perfeccionar una obra por medio de tal virtud y raramente se llega a término.
Asimismo, al machacar un grano de mostaza se siente algo vivo y picante, que
hace llorar o afluir lágrimas
a los ojos, y también
el calor del fuego hace aparecer lo escrito con
leche o zumo de cebolla, y las letras escritas sobre piedra con grasa de cabra
y totalmente invisibles aparecen como
esculpidas cuando la piedra se sumerge en
vinagre; así la armonía celeste muestra la virtud que está oculta en la
materia, la excita, la fortalece y la hace aparecer; y por así decirlo, de
potencia la reduce a acto, cuando estas cosas son expuestas ventajosamente, o
en tiempo, al cuerpo celeste. Por ejemplo, cuando se quiere extraer la virtud
del sol, es necesario buscar qué hay de solar entre los vegetales, las plantas, los metales, las piedras y los animales; y
particularmente los que son superiores en el orden solar, contribuyendo más a
ello; así, tomando en con-junto y
adecuadamente los rayos solares y por medio del espíritu del mundo se extraerá
del sol un bien más grande.
Capítulo XXXV
LAS MEZCLAS DE LAS COSAS NATURALES ENTRE SI, Y SU UTILIDAD
Sabemos que la naturaleza de aquí abajo no abarca, en cada uno
de los cuerpos, todas las cualidades de los cuerpos celestes, sino que ellas nos son comunicadas por muchas especies,
como hay muchas cosas solares,
de
las cuales cada
una no abarca todas las virtudes del sol, sino que tiene sus propiedades de la otra a través del sol; por ello a veces es i sario que se efectúen Mezclas en las operaciones, de manera que ! sol expandió cien o mil virtudes
por una cantidad de plantas,
de anin y otros seres semejantes, podemos resumirlas y reducirlas en una forma la que las
veremos todas unidas. Hay dos clases de
virtudes en la me a saber, una que
es infusa, desde luego, en sus partes, y es celeste;
por
cierta composición artificial, o cierta mezcla de muchas cosas con elidas junto
con ciertas proporciones que coinciden y concuerdan co cielo, bajo
cierta constelación que se ha conocido;
y esa virtud llel través de
cierta relación
mutua, a través de
cierta semejanza y hábil,
las cosas con las superiores
o celestes, mientras que
las
últimas virt responden a
las primeras, o las precedentes a las que les siguen, s todo si el sujeto que recibe
concuerda con aquello que opera; así, de c, composición de hierbas,
vapores, etc, resulte
cierta forma compuesta una manera física y astronómica, que tiene muchas cualidades ventaj1 y que
se
reduce en una forma, la
cual contiene toda la virtud
a tr de cierta operación
admirable y de cierto artificio
casi divino. Y lo dice Eudoxio, el gnidio, de la miel artificial
no es menos admirabl saber, que cierta nación de
gigantes, en Libia,
acostumbraba hacer
muy
buena de muchas
flores de manera que aquella no
se diferenciab la de las abejas; pues toda mezcla
hecha de muchas
cosas es muy fecta,
cuando está compuesta en todas sus partes
de una manera qu constituya en una totalidad sin
que se disipe fácilmente, como vemos nas veces
que las piedras y los cuerpos diferentes se juntan, encaje unen de tal suerte por cierta
fuerza natural, que no parecen
sino uno como dos árboles injertados y dos ostras unidas con
piedras por e virtud secreta de la naturaleza.
Se ha visto animales convertirse en pie y unidos
de tal modo en la sustancia de una piedra que parecían con un solo
cuerpo homogéneo. Y el ébano entre los árboles
es tanto me como piedra,
o mezcla de madera
y piedra. Así cuando se efectúa mezcla
de muchas materias con las influencias celestes, por un lae
variedad de las acciones celestes, y por el otro, la variedad de las p cías naturales crea ciertos efectos
maravillosos a través de ungüeni colirios,
como se aprecia en
los libros de Quirámides, de Arquito Demócrito, y el de Hermes que tiene
por título Alchorat,
y en mi otros autores.
Capítulo XXXVI
LA UNION DE LAS COSAS QUE SE
MEZCLAN, SU FORMA Y SU SENTIDO
DE LA VIDA
Es menester saber que cuando
más noble es la Forma de
una cosa, más pronto y dispuesta está para recibir, y más poder tiene para
actuar; así es como los efectos incomprensibles de las cosas se tornan
maravillosos, cuando se los emplea a tiempo y se los prepara mediante mezclas
proporcionadas, para vivificar, conciliándolos
a través de las estrellas, la Vida y el alma sensible, como la forma más noble;
pues las materias preparadas tienen tanta fuerza después de recibir la vida,
que tienen una potencia soberana al cambiar a través de la mezcla perfecta de sus cualidades su primera oposición, y adquieren una complexión más perfecta en la medida
en que su mezcla más se aleje de la oposición. El cielo, que es omnipotente
cuando comienza a engendrar alguna cosa a través de la asimilación y digestión
perfecta de la materia, comunica con la vida las influencias celestes y las
cualidades maravillosas, en la medida en
que se halle en la vida misma y en el alma sensible la capacidad y la disposición para recibir las virtudes más nobles
y sublimes. Además, la virtud celeste a veces se apaga, como el azufre lejos
del fuego o de le llama; y en los cuerpos vivos es a menudo ardiente, como el
azufre encendido que llena con su vapor
todo lo que se les acerca; así es como se concretan ciertas operaciones
maravillosas, que se leen en el libro de Nemith, que tiene también por título
las Leyes de Plutón, porque estas clases de
generaciones son monstruosas y no se consuman a través de las reglas de la naturaleza; ya que se
dice quedos gusanos engendran los moscardones, o zánganos, y que las abejas
provienen del becerro y del buey; que el cangrejo enterrado sin patas produce
el escorpión; que el pato asado hasta reducirlo a polvo, y echado al agua
engendra ranas; y si se lo cuece en masa y
se lo corta en pedazos, arrojándolo a un sitio húmedo, bajo tierra, engendra sapos; que la hierba
basilicón, machacada contra dos piedras, engendra escorpiones; y que los
cabellos de una mujer con la
menstruación, echados debajo de la paja, producen serpientes; y que un pelo de
la cola del caballo arrojado al agua, toma vida y se trasforma en gusano
pernicioso; y hay un artificio por el cual en un huevo de gallina, que se
empolla, se engendra una forma semejante
a la de un hombre,
lo cual lo he visto y
supe hacer; de esto los magos dicen que tiene virtudes admirables, y lo llaman la verdadera mandrágora. Hay que saber
cuáles son las materias comenzadas, o perfectas a través de la naturaleza o el arte, o compuestas de muchas, que son capaces de recibir las influencias
celestes; pues la relación o correspondencia
de las cosas naturales con las celestes
basta para que extraigamos sus influencias, porque como nada impide que
los cuerpos celestes expandan su luz sobre los inferiores, no permiten que
materia alguna no sea susceptible de su virtud. Es por ello que lo perfecto
y
puro no es incapaz de recibir las influencias celestes. Pues hay una tal
vinculación y conexión
de la materia con el alma del
mundo, que influye diariamente sobre las cosas naturales, y sobre todo
lo que la naturaleza ha preparado, que es imposible que la materia preparada no
reciba una vida o una forma más noble.
Capítulo XXXVII
COMO EXTRAEMOS DE LO ALTO,
A TRAVES DE CIERTOS
PREPARADOS NATURALES Y ARTIFICIALES, CIERTOS BENEFICIOS CELESTES Y VITALES
Los académicos dicen con Trismegisto e Iarcas, el brahmán, y la
declaran los mecubales de los hebreos, que todo lo existente bajo el globo
lunar en este mundo inferior está sujeto a la generación y a la corrupción; y lo mismo en
el mundo intelectual, pero de una manera más perfecta, y de una mejor marca
proveniente del arquetipo perfectísimo; y que por ella cada cosa Inferior
responde según su género a su Superior, y recibe del cielo esa fuerza celeste
que se llama quintaesencia y el espíritu del mundo o la naturaleza media, y del
mundo intelectual el vigor espiritual y vivo que sobrepasa toda virtud que da
alguna cualidad; y, por fin, del arqueo tipo, por su intermedio, siguiendo su
grado, la virtud original de toda
perfección. Es por ello que cada cosa puede ser reducida de estas cosas
inferiores a los astros, de los astros a sus inteligencias, y al punto a
su arquetipo; en consecuencia, de esas cosas procede toda la Magia y toda la Filosofía
secreta. Pues todos los días se realiza alguna
cosa natural a través del arte y alguna cosa divina a través de la naturaleza; los egipcio:
consideraron esto y lo llamaron la naturaleza maga, es decir, la virtue mágica, porque extrae de las cosas
semejantes, a través de sus semejantes y de las cosas concordantes, a través de
su acuerdo o conveniencia. Y lol griegos llamaron simpatía a esta atracción
concretada a través de la reía ción
mutua de las cosas entre sí, a saber de las superiores con las infe riores.
Así la tierra concuerda con el agua a través de su frescor, el
agua coi el aire a través
de su humor, el aire con el
fuego a través de su calor; e
fuego concuerda con el cielo a través de su materia; y el fuego no se mezcla
con el agua sino a través del aire, ni el aire con la tierra sino a través de
agua. Así el alma no se mezcla con el cuerpo sino a través del espíritu, y e
entendimiento con el espíritu sino a través del alma. Esto hace que veamos que
la naturaleza, al dar forma al feto, a través de esa preparación extra, el
espíritu del universo, y es este
espíritu el que sostiene al espíritu y a cuerpo con la inteligencia y lo
dispone a adquirir el entendimiento, como
en
la madera la sequedad es para la
penetración del aceite, y cuando éste
se embebe, es alimento para el fuego: el fuego es el carruaje o transportador
de la luz.
A través de estos ejemplos
vemos cómo, por medio de ciertas preparaciones naturales y
artificiales podemos extraer ciertos
beneficios celestes de lo alto. Pues las piedras y los metales concuerdan con las hierbas, y
éstas con los animales, y éstos con los cielos; éstos con las inteligencias, y
éstas con las propiedades divinas y
los atributos de Dios, y con Dios mismo, a cuya imagen
y semejanza fueron creadas todas las cosas. La primera imagen de Dios es el
mundo, la del mundo es el hombre, la del hombre es el animal, la del animal es
el zoófito, la del zoófito es la planta, la de
la planta son los metales, y las piedras representan la semejanza e
imágenes de aquéllos. La planta concuerda con lo espiritual, con el animal a través de la vegetación; el animal con el
hombre a través de los sentidos; el
hombre con los demonios a través del entendimiento; los demonios con Dios a
través de la inmortalidad. La divinidad se liga al espíritu; el espíritu al
entendimiento; el entendimento a la intención; la intención a la imaginación;
la imaginación a la sensación; la sensación a los sentidos,
y éstos a las cosas.
Debido a que existe tal vinculación y continuidad de la
naturaleza, toda virtud
superior, al expandir
sus rayos, congruente y
continuamente, sobre todas las cosas inferiores, pasa hasta las últimas y hasta
los extremos, o lo penetra todo; de manera que las cosas inferiores llegan
mutuamente a las superiores. Así, las cosas inferiores tienen tal vinculación
con las superiores, que las influencias que provienen de su jefe,
como de la primera causa, van como por una cuerda tendida
hasta los últimos extremos, y penetran totalmente hasta el fondo; pues si se
toca un extremo, tiembla todo, de manera que este contacto resuena en el otro,
y si enmudece la cosa inferior, la superior también
enmudece, a lo cual
responde, como las cuerdas de una guitarra
bien puesta a tono.
Capítulo XXXVIII
COMO PODEMOS RECIBIR DE LO ALTO
DONES NO SOLO CELESTES Y VITALES
SINO TAMBIEN CIERTOS DONES INTELECTUALES Y DIVINOS
Los magos sostienen que, a través de la conformidad de los
cuerpos inferiores con los superiores, se puede extraer
los celestes, aprovechando la comodidad de las influencias del cielo, y así a través
de los cuerpos celestes y de los espíritus, porque ellos siguen a las estrellas. Por
ello, Jámblico, Proclo y Sinesio, igual que todos los platónicos, aseguran que
se
puede recibir, no sólo los dones celestes y vitales sino también los Intelectuales y Divinos a través de
ciertas materias que tienen una fuerza natural divina, es decir, que concuerdan
naturalmente con las superiores, estando
bien reunidas o juntas, y compuestas
en conjunto, en parte de una manera física, y en parte de una manera astronómica. Y Mercurio Trismegisto
escribe que el espíritu concordante
anima al punto e in sito una figura o
estatua bien compuesta por ciertas cosas que concuerdan con este espíritu; de
ello hace también mención Agustín en su Libro octavo de la Ciudad de Dios. Es
que en el mundo existe una relación tal que las cosas celestes atraen a las
supercelestes y las naturales a las sobrenaturales, porque una virtud actuante y la participación de las especies se expande por todo. Y como esa virtud actuante
o principal manifiesta las cosas ocultas, también toma las más manifiestas y,
tomándolas a su cargo, les extrae las ocultas y secretas, a saber, por los
rayos del sol, por las sufumigaciones, por las luces, por los sentidos, por las
cosas naturales, que concuerdan con las celestes, en las que además de las cualidades corporales, se hallan las maneras de ser, las razones, los sentidos, los números, y las medidas
incorporadas y divinas.
Así leemos que los
antiguos emprendían a menudo las cosas divinas
y admirables a través
de las cosas naturales. Esto hace decir que la piedra que se halla en la niña de los ojos de la
hiena, si se pone debajo de la lengua, hace adivinar.
Se sostiene que la selenita,
piedra lunar, crea el mismo, efecto,
y que con la anquítida
se evoca las imágenes de los dioses;
que con la sinoquítida se atrae y se
detiene las sombras de los infiernos; que la peonía tiene una virtud parecida;
también se llama Marmorítide, porque
se halla entre los mármoles de Arabia, sobre la frontera de la Persia, y los
magos se sirven de ella cuando quieren convocar a los dioses. Hay también una
hierba, llamada theangelsida, que
hace adivinar a los magos. Otra hace resucitar a los muertos; por ello el
historiador Xanthus informa que, por medio de la hierba llamada bale, un dragón revivió a uno de sus hijos,
y que alguien llamado Tillon, muerto por
un dragón, fue. resucitado con la misma hierba. Y Juba cuenta que revivió a un
hombre en Arabia con cierta hierba. En seguida examinaremos si estas cosas se pueden
hacer en efecto
sobre el
hombre por medio
de hierbas o de alguna
otra cosa natural:
pero
es
cierto y manifiesto que esto se puede sobre los demás animales. Pero si se
coloca a las moscas, una vez mojadas, en cenizas calientes, reviven; y las
abejas también sumergidas recobran su vida
en jugo de pollo salvaje, o hierba gatera, y si se ponen anguilas
muertas, por falta de agua, en vinagre debajo de estiércol, con sangre de
buitre, en pocos días recobran su vida. Lo mismo ocurre con el pececillo echeneis; si se lo despedaza y echa al
mar, las porciones se juntan y revive. Se dice que el pelícano, si son muertos
sus polluelos, los hace revivir con su propia sangre.
Capítulo XXXIX
COMO A TRAVES DE CIERTAS MATERIAS DEL MUNDO PUEDEN EXTRAERSE LAS
DIVINIDADES QUE LO RIGEN, Y SUS MINISTROS, LOS DEMONIOS
Nadie ignora que, mediante artificios malignos y profanos, se pueden extraer
los demonios malignos,
como Psela cuenta que los magos gnósticos lo hacían
de ordinario, cumpliendo casi las execrables y detestables villanías cumplidas
en los sacrificios de Príapo, o en servicio del ídolo llamado Panor, donde se
sacrificaba con las verecundas partes des-cubiertas; no hay nada de diferencia, si hay algo de cierto y no
se trata de una fábula, en lo que se cuenta sobre la horrible secta o herejía
de los templarios; y se dicen otras
cosas semejantes de los hechiceros, donde se observa la debilidad y locura de
buenas mujeres que aparecen en estas clases de degeneraciones. Es pues a través
de estas clases de cosas que se atrae y que conspiran los malos espíritus, como
habla a Juan el espíritu maligno de Cínope el Mago: Toda la potencia de Satán,
dice, está en él, y entra en conjuración con todos los principados, y éstos con
él; y Cínope nos obedece, como nosotros le obedecemos recíprocamente.
Nadie ignora, por el contrario, que a través de las buenas
obras, de un espíritu puro, de las oraciones místicas, de las mortificaciones piadosas
y otras cosas semejantes podemos atraer a los ángeles de los
cielos. Por ello no debe dudarse, de la misma manera, que a través de ciertas
materias del mundo, también es posible
atraer a las divinidades del mundo, o al
menos los espíritus, sus ministros, que les siguen, como dice Mercurio, los
demonios del aire, no los que están por encima de los cielos y los más elevados.
Así leemos que los antiguos sacerdotes confeccionaban estatuas e imágenes que predecían el porvenir, y que los espíritus de las estrellas influían sobre aquéllas; que sólo se detenían en contentarse, y mientras supiesen que las materias de esa clase les eran convenientes y proporciona-das, permanecían de buen grado siempre, hablaban y realizaban a través de ellas cosas admirables, lo mismo que los demonios que poseen los cuerpos humanos.
Capítulo XL
MANERAS DE LIGAR, SUS CLASES Y SU REALIZACION
Hemos hablado de las virtudes
y de la eficacia admirable de las cosas naturales; ahora
queda por ver una cosa muy maravillosa:
la manera de Ligar a los hombres para
que se amen u odien, para las
enfermedades. y
la
salud, y otras cosas de esta índole; asimismo, la ligadura de caco's y ladrones, para que no puedan
robar en una casa; la manera de ligar a los mercaderes, para que no puedan
comprar ni vender en una casa; cómo se liga o hechiza un ejército, para que no
pueda pasar ciertos lindes; el medio de hechizar a las naves, de modo que no
puedan, por más vientos fuertes que haya, y hasta con una infinidad de velas tendidas, salir de un puerto; también
la manera de hechizar un
molino, para que no pueda girar. El medio de encantar una cisterna o una
fuente, para que no pueda extraerse agua. La manera de encantar un campo para que no pueda producir; el fuego,
para que no encienda en una casa, y para que cualquier cosa combustible
arrojada sobre él no pueda arder. Asimismo, el medio de encantar a rayos y
truenos, y tempestades, para que no puedan dañar. De la misma manera, el modo
de hechizar a los perros, para impedirles ladrar. La manera de encantar a las
aves y las bestias salvajes de modo que no puedan volar, ni escapar; y muchas
otras cosa's semejan-tes, conocidas
mediante experiencia
frecuente. Estos encantamientos se efectúan a través de venenos, colirios,
ungüentos, pociones o filtros para hacer amar, mediante cosas que se
aplican o cuelgan, mediante anillos, fascinaciones, fuertes imaginaciones de
espíritu y salidas vitales, mediante imágenes y caracteres; encantamientos e
imprecaciones; luces, sonidos, números, palabras y nombres, invocaciones,
sacrificios, conjuros, exorcismos, consagraciones, devociones y diversas
supersticiones y observancias; y mediante otras maneras semejantes.
Capítulo XLI
LOS VENENOS Y SU VIRTUD
Se dice que los Venenos tienen tanta virtud que se cree que
cambian las cosas, que hacen marchitar, desvanecer y cambiar todo lo que está
debajo de ellos, como lo expresa Virgilio:
Meris
me ha dado estas hierbas y estos venenos que recogiera en el mar, donde llega
de muchas maneras; por medio de aquéllos he visto a mentado a Meris
trasformarse en lobo y ocultarse en los bosques. También con frecuencia he
visto salir las dinas de sus sepulcros, y transportar las mieses sembradas de
un sitio a otro.
Asimismo, al hablar
de los compañeros de Ulises,
dice:
Circe,
la maga cruel, hizo cambiar a quienes tenían forma humana en forma de
verdaderas bestias.
Pero hay diferentes especies de estas clases de venenos, de los
cuales habla Lucano de modo especial respecto
de aquella hechicera de Tesalia que hacía llegar o
aparecer los manes, cuando dice:
Se
mezcla lo más dañino que produce la naturaleza, empleando la espuma de los perros que temen al
agua, las entrañas de lince, el nudo de una hiena
cruel, lo mismo que el tuétano de un ciervo alimentado con serpientes, sin
olvidar al echeneis, el pez que detiene a las naves a pesar de todos
los vientos, ni los ojos de dragones.
Y existe un sortilegio del que habla Apuleyo respecto de la hechicera Pánfila, cuyas operaciones se relacionaban con el amor; su sirvienta Fotis le llevaba pelos de vientre de cabra y, a través de la violencia ciega de los espíritus y otras magias, creaba una figura humana, amontonando y anudando cabellos y haciendo aparecer esa figura ante el joven beocio. Y Agustín dice que hubo conocimiento que en Italia había mujeres que, con queso, cambiaban a los hombres en bestias, les hacían transportar todo lo que necesitaban, y una vez cumplido tal designio. los convertían otra vez en hombres
Capítulo XLII
LAS VIRTUDES ADMIRABLES DE CIERTOS VENENOS
Aquí tan sólo mencionaré ciertos venenos y para dar un ejemplo
comenzaré con la sangre de las menstruaciones de las mujeres. Esta tiene tal
fuerza como veneno que se dice que agría todos los productos nuevos; tan pronto
cae sobre una vid, la torna estéril para siempre; los árboles plantados o
injertados mueren, y los frutos se secan; se queman los brotes del jardín y caen los
frutos de los árboles; se empaña el bruñido de los espejos, perdiéndose, lo
mismo que el filo de las navajas y la belleza del marfil; el hierro se oxida al punto; el bronce acumula
un moho muy perjudicial, y
constituye malísimo veneno: los perros se vuelven rabiosos, y los mordidos por
éstos, no curan; perecen los enjambres de abejas, y éstas abandonan sus panales
ante ese contacto; el lino se ennegrece cuando se lo cuece; las yeguas abortan;
también impide concebir; las burras no pueden concebir durante una cantidad de
años igual a los granos de cereal que comieron, y que fueron tocados
o estropeados por ese contacto; y la ceniza de paños donde hay sangre de esta clase hace cambiar
el color de la púrpura y quita el color de las flores.
Se dice que cura la fiebre cuartana si se la aplica a la lana de un morueco negro, y
en un brazalete de plata. También se afirma que es
buena para curar la fiebre terciana
y cuartana, frotando
la planta de los pies del enfermo, y que es mucho más
eficaz cuando proviene de una mujer que no sabe que tiene su menstruación; y cura el mal
caduco, y es bueno sobre todo cuando se toma con agua, o en alguna poción contra la mordedura de un
perro, y no hay nada más que temer. Asimismo, se sostiene que si las mujeres
tienen sus menstruaciones sobre las mieses, aventan v matan a tiñas y gusanos, escarabajos,
cantáridas,
y todo lo malo y nocivo; hay que tener cuidado de que esto no ocurra a la
salida del sol, pues secarían la cosecha. Eso detiene el granizo, los
torbellinos y los rayos.
Plinio refiere muchas cosas de esa índole.
Es bueno saber que la virtud de este veneno es más
grande con luna menguante, y también beneficioso cuando no sale la luna, y que
este veneno no tiene remedio con ocaso de luna o de sol; y que tiene fuerza o virtud muy grande cuando esta purificación
ocurre en los primeros años, o en la primera virginidad; y tiene el poder de
anular todo sortilegio cuando se lo aplica a los umbrales de las puertas. Además, se dice que los hilos de un
vestido frotados no pueden quemarse, y arrojados a un incendio, lo detienen.
También se dice que si se suministra a un hombre enfermo de epilepsia, raíz de
peonía con castor y raspadura de paños que hayan tenido
sangre de menstruaciones, aquél se cura. Asimismo, si se hace quemar o
asar el estómago dé un ciervo y se háce una mezcla con paños de aquella clase,
quien lleva esto se torna indemne ante las flechas; y que los cabellos de una
mujer con la menstruación, echados en estiércol generan serpientes, y que si se quema esto, con el olor se
-pantan a aquéllas: la fuerza de este veneno es tan grande que llega a envenenar a lo que está
emponzoñado. El pedazo de carne del tamaño de un higo seco de color negro que
se halla frente a un potrillito, hace que si la madre no lo come rápidamente,
siente tan gran aversión por su hijo que no lo alimenta más; por ello se dice
que eso tiene gran virtud
para excitar el amor cuando
se lo toma en poción con la sangre de quien se ama. Hay también
otro veneno que recibe el mismo nombre, hppomanes, es decir,
veneno que sale de las yeguas, cuando
están en celo; de ello hace mención Virgilio de esta manera:
Hinc demen hippomanes, vero quod
nomine dicunt Pastores, lentum distillat
ab inguine virus.
Hippomanes
quam saepe mate legere novercae, Miscentes
herbas, et non innoxia verba.
También dice el satírico Juvenal:
Hippomanes carmenque
loquar, coctumque venenum Privigno datum.
Apolonio narra en sus Argonautas que la hierba de Prometeo, que
proviene, dice, de la sangre corrompida expandida en tierra cuando el buitre
destrozó su hígado; comiéndolo, cuya flor es semejante a la del azafrán y cuya
raíz, hundida en tierra hasta la profundidad
de un codo, segrega un jugo negro como de aya,
igual. que carne con una incisión reciente, y si se la frota por el cuerpo luego
de cumplir la divina obra de
Proserpina, ni el hierro ni el fuego
pueden causar daño alguno. Y Sajón Gramático escribe que cierto personaje
llamado Frontón tenía un vestido que, al ponérselo, le resguardaba contra las
acechanzas de las flechas. La hiena también tiene diferentes venenos; pues como
informa Plinio, si se frota con su sangre los marcos de una puerta, se dice que
se detienen
los
efectos de los prestigios, y que no se puede invocar a los dioses, ni entablar relación alguna con
ellos por más que se lo intente. Asimismo, que los frotados con su siniestra
ceniza con sangre de comadreja se hacen odiar por todo el mundo. Que lo mismo se concreta tomando
su ojo en decolción, y que la punta
de su intestino sirve contra las vejaciones de príncipes y potentados, y puede
ayudar mucho para triunfar en demandas y pleitos de juicios y procesos, tan
sólo llevándola encima; que su caverna cerrada por el costado
izquierdo, gana el amor de la
mujer o el hombre que la mire y hace que la siga; y que la piel de su frente
resiste las fascinaciones.
Y se dice que la sangre del basilisco, que también se denomina sangre de Saturno, tiene tanta fuerza en
los venenos, que a quien la lleva le
da poder para triunfar en sus demandas, y remedio de los dioses para sus males,
y los dones de sus beneficios.
También se dice que la garrapata colgada de la oreja izquierda de un perro
totalmente negro sirve para pronosticar longevidad; que la piedra mordida por
un perro rabioso tiene fuerza para
excitar discordia, introducida en una poción; y que la lengua de un perro
impide que un perro ladre, luego de introducirla
en cal, y aplicada sobre el pulgar, sobre todo si se junta con hierba del mismo nombre, a saber, lengua de perro ;
cuando se tiene una de las segundas
membranas del perro obra
los mismos efectos; y los canes huyen de quienes llevan un corazón de perro.
Plinio narra que hay ranas que moran entre las zarzas, que son muy venenosas y obran maravillas; que
un huesito de estos animales, de su costado izquierdo, arrojado en agua fría,
la hace hervir de inmediato, de-tiene las violencias o impetuosidades de los perros, excita el amor y el odio
bebiendo esto o haciéndolo beber en poción; excita la concupiscencia cuando se
la lleva encima; y este huesito sacado del costado derecho tiene efecto
contrario, pues arrojado en agua hirviente, la refrigera; cura la fiebre
cuartana si se lo aplica junto con piel de serpiente recién desollada, y
también cura las demás fiebres, impide el amor y detiene la concupiscencia; y
el bazo y el corazón de estas ranas son
muy útiles contra los venenos. Esto lo dice Plinio.
También se dice que el hierro con que un hombre fue muerto tiene una particular virtud
contra los venenos; si se lo convierte en bocado y espuelas
es posible montar los caballos más feroces y domarlos; y si con
él se hacen herraduras para el caballo, éste se torna veloz e infatigable: se
afirma que es preciso inscribir allí caracteres y nombres. También
se dice que la cuchilla con
que fue degollado un hombre, humedecida en vino cura la fiebre cuartana si se
lo hace beber al enfermo. También se afirma que una poción compuesta por
cerebro de oso, y puesta en su cráneo, pone rabioso como un oso, de modo que el hombre
que la bebe cree haber-se transformado en oso, y que todo lo que ve son osos, y persevera
en esta rabia hasta que se pierde la
fuerza de esa bebida, sin que sobrevenga mal alguno en su complexión.
Capítulo XLIII
FUMIGACIONES, MODALIDAD
Y PODER
Hay ciertas Fumigaciones relacionadas con las estrellas, muy
útiles para adquirir las cualidades celestes bajo los rayos de las estrellas,
porque se comunican con el aire y el espíritu, recibiendo nuestro espíritu
grandes cambios a través de estas clases de
vapores, siendo uno y otro un vapor que se asemeja; también el aire toma
fácilmente las cualidades de las cosas inferiores y de las celestes a través de
estos vapores, y penetra continuamente, y desde luego en el corazón, nos reduce
maravillosamente a cualidades semejantes; por ello se hacen las fumigaciones
para que un hombre adivine, para que
utilice su imaginación; esas fumigaciones nos preparan para que recibamos las
inspiraciones divinas, convenientes a través de ciertos hombres; así se dice
que los perfumes de la semilla de lino
y la semilla de la pulicaria, y las raíces de la violeta y del perejil hacen ver las cosas futuras y
contribuyen a la profecía. Los que adhieren a Porfirio, dicen que los demonios
del aire son atraídos y seducidos a
través de ciertos vapores provenientes de perfumes apropiados, excitándoselos a
través de truenos y rayos y otras cosas semejantes; también afirman que no hay
que sorprenderse de la virtud de las fumigaciones, como se dice que el hígado
del camaleón quemado en sus extremos excita las lluvias y los rayos. Asimismo,
su cabeza y su gaznate quemados con leños combaten las lluvias y los truenos.
También se emplean perfumes acordes con influencias convenientes de las
estrellas, para hacer aparecer en el aire o en otra parte imágenes y espíritus.
Así se dice que si se prepara un per-fume de coriandro, de perejil o de beleño
con cicuta se atrae de inmediato a los demonios; por ello a estas hierbas se
las llama hierbas de los espíritus. Asimismo se dice que si se prepara perfume de raíz de caña o de cañaheja con zumo de
cicuta, beleño, de barbaja, de sándalo rojo y de adormidera negra,
se hace aparecer demonios y figuras extrañas, y si se añade zumo de
adormidera se expulsa demonios de toda clase de sitios, y se destruye sus espectros.
Asimismo, si se prepara perfume de poleo silvestre, de peonía, de menta, de
palma-christi, caza todos los malos
espíritus, y los fantasmas maléficos. También se dice que, a través de ciertos
perfumes se juntan y cazan ciertos animales; así Plinio dice que con lippare
fumigado se atrae toda clase de bestias; que si se quema el cuello de un
ciervo, se juntan las serpientes, y que el cuerno de ciervo las hace huir. Las
alas de los pavos reales tienen el mismo efecto. Si se quema el pulmón de un
asno se hace huir todo lo envenenado; el casco del caballo quemado hace huir a
las ratas; lo mismo ocurre con el casco de mula; hace huir las moscas cuando
se trata de la pata
izquierda; y si se
fumiga una casa, o sitio con hiel de
jibia mezclada con tomillo, rosas y madera de áloe, junto con agua de mar o
sangre, se verá que la casa o todo el sitio se llena de agua o sangre; y si se
echa tierra labrantía, se verá tem-
blar la tierra. Y no es menos de creer que estos vapores componen algunos cuerpos, y les
infunden alguna virtud y continúan muy largo tiempo, no más que un vapor de
contagio, veneno y peste, mantenido más de dos años en una casa, infecta a
quienes allí moran; igual que el mal de la epidemia o la lepra, conservado
entre las ropas del enfermo, infecta largo tiempo después a quien las lleva. Es
por ello que se utilizan perfumes pa- ra los anillos e instrumentos mágicos
semejantes, y los tesoros ocultos, y Porfirio dice que ayudan mucho. Así se
dice que si alguien guarda oro, plata u otra cosa, estando la luna junto al sol en lo bajo del cielo, y
si se fumiga el sitio con coriandro,
azafrán y adormidera negra juntos, de igual peso y mezcla con zumo de
cicuta, jamás podrán hallar ni quitar lo así oculto, y que los demonios lo
custodian para siempre; y si alguien quiere tomarlo, aquellos lo atormentarán y
caerá en frenesí. Y Hermes dice que el esperma de marsopa o de ballena es sin
igual para atraer demonios; por ello
si se prepara perfume con este esperma, madera
de áloe hierba de Santa María, almizcle, azafrán, tomillo con sangre de
abubilla, se atrae de inmediato a los espíritus del aire; y si se fumiga en torno de las tumbas de los muertos, se
reunen los manes y las sombras de los difuntos. Así, cuando dirigimos alguna obra al sol, perfumamos con cuerpos solares;
a la luna, con cuerpos lunares, y de esa manera con lo demás. Y es
menester saber que así como hay oposición
en estrellas y espíritus, lo mismo ocurre en los
perfumes. Por ello, la madera de áloe y el azufre son contrarios y opuestos, el
incienso y el mercurio, y los
espíritus atraídos con la madera de áloe, huyen si se los fumiga con azufre encendido, como lo ejemplifica Proclo,
haciendo ver que el espíritu acostumbrado a aparecer bajo la figura de un león, al
oponérsele o presentársele un gallo, desapa- reció, pues el león y el gallo son
contrarios. Es preciso considerar el
resto también prácticamente.
Capítulo
XLIV COMPOSICION DE CIERTAS
FUMIGACIONES ADECUADAS A LOS PLANETAS
Se prepara un Perfume de Sol, compuesto de azafrán, ámbar,
almizcle, áloe, bálsamo, frutos de laurel, con clavo, mirra e incienso; esto se junta y mezcla con cierta proporción; lo que
tiene olor más dulce se añade a cerebro de águila o sangre de gallo blanco, a modo de pastillas o
píldoras.
Perfume de la Luna: se prepara con cabeza de rana disecada y ojos de toro, semilla de
adormidera blanca con incienso y alcanfor, unido todo a sangre de menstruaciones de mujer o sangre de pato.
Perfume de Saturno: se prepara tomando semilla de adormidera
negra, semilla de beleño con raíz de mandrágora, piedra imán y mirra, mezclados con cerebro de gato o sangre de murciélago.
Perfume de Júpiter: se prepara con semilla de fresno, áloe,
estoraque, resina de benzae, lapislázuli
y alas de pavo real; se junta todo
con sangre de cigüeña o golondrina, o cerebro de ciervo.
Perfume de Marte: se mezcla euforbia, árbol negro llamado bedellium, amoníaco, raíces de dos
heléboros, piedra imán y un poco de
azufre; todo esto se mezcla con cerebro de cuervo, sangre de hombre y sangre de
gato negro.
Perfume de Venus: se prepara con almizcle, ámbar, áloe, rosas rojas y coral rojo, y se mezcla con
cerebros de gorriones y sangre de palomas.
Los perfumes de Mercurio se preparan con almizcle,
incienso, clavo, cincoenrama y piedra ágata; todo esto se mezcla con cerebro de zorro o comadreja y sangre
de urraca.
Además, hay perfumes de Saturno, de toda clase de raíces
odoríferas, como hierba de Santa María, e incienso. Perfume de Júpiter: todos
los frutos odoríferos, como nuez moscada y clavo. Perfume de Marte: todas las
maderas odoríferas: sándalo, ciprés, bálsamo y áloe. Perfume del Sol: toda
clase de resinas, incienso, almizcle, benzae,
estoraque, ladanum, ámbar y
almácigo. Perfume de Venus: flores, rosas, violeta, azafrán y semejan-tes.
Perfume de Mercurio: todas las cortezas de maderas y frutas como: canela, baya, macis, cáscaras de limones, semillas
de laurel, y todos los granos odoríferos. Perfume
de la Luna: todas las hojas de vegetales, como hoja de la India, hojas
de mirto y de laurel.
Además, es menester
saber que según opiniones de los magos, en toda buena obra, como el amor y la benevolencia,
la fumigación debe ser buena, olorosa y preciosa; y en una mala operación como
el odio, la cólera, la desdicha y semejantes, la fumigación debe ser fétida y
de vil precio.
Los doce signos del Zodíaco tienen también sus perfumes; a
saber: Aries, mirra: Tauro, hierba de Santa María; Géminis, almácigo; Cáncer,
alcanfor; Leo, incienso: Virgo, sándalo; Libra, resina; Escorpio, opopónaco:
Sagitario, áloe; Capricornio, asaro; Acuario,
euforbia; Piscis, tomillo.
'Termes describe al perfume
más grande fuerte, compuesto por siete drogas.
según la fuerza y
la virtud de los siete Planetas; toma de Saturno la hierba de Santa María:: de
Júpiter, la nuez moscada; de Marte, el áloe; del Sol, el almácigo: de Venus, el
azafrán; de Mercurio, la canela; y de la Luna,
la mirra.
Capítulo XLV
LOS COLIRIOS, UNGÜENTOS Y FILTROS, Y
SUS VIRTUDES
Los Colirios y Ungüentos que unen las virtudes de las cosas
naturales y de las cosas celestes sobre nuestro espíritu, pueden multiplicar,
cambiar, transfigurar, transformar nuestro espíritu y atraer su transposición a
través de la fuerza de aquellas de las que están compuestos, de manera que esto
no sólo puede operar sobre su propio cuerpo sino también sobre el que le está próximo, y darle
esa cualidad a través de los rayos visuales, de los sortilegios y de los contactos. Como
nuestro espíritu es un vapor de sangre sutil, puro, brillante, aéreo y untuoso,
es bueno para componer estos colirios
de semejantes vapores, que tengan más relación en sustancias con nuestro
espíritu, lo atraigan más a través de su semejanza, y lo transformen; ciertos
ungüentos y otros preparados poseen virtudes parecidas. Así, a veces se
inspiran, a través de contactos, enfermedades, venenos o amores, frotando sus
manos o vestidos; asimismo, a través de besos, teniendo ciertas cosas en la
boca, se inspira el amor, como leemos en Virgilio que Venus pidió a Cupido, según estos versos:
Ahora que la alegre
Dido os recibe en sus brazos, en medio
de buena carne y de buen vino, que ella os abrace y os dé tiernos besos;
inspiradle un fuego oculto y hechizadla a través del veneno.
Mas la vista, debido a que siente de una manera más pura y clara
que los otros sentidos, y nos imprime de manera más penetrante y profunda las
marcas de las cosas, concuerda más con el
espíritu fantástico; lo cual se revela particularmente en los sueños, en los que lo que hemos visto se
nos presenta con mayor vigor que lo que oímos, o que las demás sensaciones. Por
ello, cuando los colirios transforman los espíritus visuales, éstos comunican
con facilidad sus impresiones a la imaginación, la que habiendo recibido
diversas especies y formas, las reenvía a través del mismo espíritu al sentido
interior de la vista, y entonces se forma
en él una sensación a su manera de tales especies y formas, como si fuese
empujado por los objetos extraños, de manera que cree ver imágenes terribles y
demonios y otras cosas semejantes. Así
se preparan los colirios que nos hacen ver formas en el aire y demás, como yo
mismo acostumbro hacerlo con hiel de hombre y ojos de gato negro, y con ciertas
otras cosas. Algo semejante se prepara con sangre de abubilla,
de murciélago y de cabra, y se dice que, si se unta un espejo de
acero con zumo de artemisa, y se lo
fumiga, representa a los espíritus que se convoca. También se prepara de esta
manera perfumes, y ungüentos que hacen hablar a quienes duermen, los hacen
caminar, y les hacen decir todo lo que hacen los que no duermen, y las cosas
que harían o emprenderían. Hay preparados que nos hacen oir sonidos terribles o
agradables que jamás existieron, y otras cosas; por ello los melancólicos creen ver y oir
exteriormente
lo que su imaginación fantasmagórica no hace sino forjar o representar
interiormente; así temen lo que no hay que temer, y caen en suposiciones particulares y muy falaces; huyen sin que se los persiga; montan en
cólera y pelean sin ver a nadie.
Las operaciones de la Magia pueden así producir estas clases de
pasiones a través de perfumes, ungüentos, pociones, venenos, lámparas y luces,
espejos, imágenes, encantamientos y versos, sonidos y conciertos de ciertas
cuerdas animales, compuestas con cierta armonía, diferentes observancias y
ceremonias, cultos, supersticiones, como se tratará en su lugar. A través de
estos artificios no sólo se hace aparecer las pasiones, sino también cambiar
las cosas y los hombres, y transmutarlos en diferentes formas como los poetas hacen mención
de Proteo, de Periclimenes, de Aqueloo y de Metra,
hijo de Erisichton; así Circe cambió a los compañeros de Ulises; y en otra
oportunidad los hombres se transformaron en. lobos probando lo sacrificado a
Júpiter Liceo, lo cual Plinio dice que le ocurrió a cierto Demarco. Agustín
habla también de ello y dice haber aprendido que había en Italia mujeres que,
luego de hacer comer a los transeúntes veneno contenido en un queso, los
transformaban en bestias, y luego de hacerlos
acarrear los fardos que querían,
los convertían otra vez
en hombres, y que ello ocurrió en la persona de alguien llamado Pres• tancio; y
esto también se lee en las Sagradas Escrituras en el sentido de que los magos
de Faraón trasformaron sus varas en dragones, y la sangre en agua, y otras
cosas.
Capítulo
XLVI MANERAS DE LIGAR, O
LIGADURAS, Y SUSPENSIONES FISICAS
Cuando el alma del mundo ha engendrado a través de su virtud, o
artificialmente, todas las cosas, las torna fecundas, infundiéndoles
propiedades celestes para llegar a los efectos maravillosos que ellas operan;
así las cosas nos imprimen
su virtud no sólo cuando nos son aplicadas a través de perfumes,
pociones u otra cosa, sino también envueltas o aplicadas en nosotros, o
colgadas del cuello, o cuando se nos las coloca de alguna otra manera y nos hace acercarnos o tocarlas por más
ligeramente que esto ocurra, y los accidentes, a través de estas clases de Ligaduras y contactos del cuerpo
y del alma, se transforman en enfermedades, producen la salud, acuerdan osadía,
miedo, tristeza, alegría
y otras cosas semejantes; tornan graciosos
a quienes lo llevan, terribles
o agradables; hacen que se los
rechace o menosprecie, respete o ame, o que se los odie, tornándolos abominables. También se cree que estas
clases de pasiones ocurridas en
árboles
injertados, cuando la virtud del tronco es suficiente para el tronco al que fue injertado con otra ligadura
cuyos contactos no son junturas; así esto ocurre con la
palma hembra que se aproxima al
macho; sus ramas se doblan y encorvan para juntarse con el macho y, al ver
esto, los jardineros juntan macho y hembra con cuerdas, al tiempo que la hembra
se endereza como dueña de la virtud del macho a través de la continuación de su
ligadura. De la misma manera vemos que la tremielga, tocada de lejos con un
bastón, adormece la mano de quien la toca. Asimismo, tan pronto se toca con la mano o con un bastón una
liebre marina que esté enferma, uno se siente mal; se dice también que si se
fija una estrella de mar y sangre de
zorro con un clavo de bronce a una puerta, ningún veneno será nocivo.
Se dice también que un hombre no puede tener relación sexual
con una mujer que lleve consigo una aguja que haya introducido en estiércol,
cubierta después con barro sacado de una tumba y en-vuelta en un paño
mortuorio, mientas ella lo lleve.
A través de estos ejemplos
vemos, pues, que podemos recibir
ciertas
virtudes a través de las ligaduras de ciertas cosas, a través
de suspensiones, de ciertos
contactos o con la aplicación de un hilo; es
menester saber la manera, es decir, que es necesario que eso se haga bajo cierta constelación conveniente y que estas
ligaduras y suspensiones sean hechas con hilos de metal, seda, cabellos, tripas o nervios
y pelos o sedas de ciertos animales,
y con envolturas de hojas de hierbas, pieles de bestias,
cueros y otras cosas
semejantes, de manera que las cosas concuerden; como para atraer la virtud del Sol o de un cuerpo
solar sobre una cosa,
es necesario envolverla con hilo de oro o seda amarilla y aplicárselo mientras el Sol aparezca en la
figura del cielo, y de ese modo podrá adquirirse esa virtud del cuerpo solar;
si se quiere tener la virtud de una cosa sobrenatural es necesario
envolver la cosa, bajo la dominación de Saturno, de una piel de asno o de un
paño mortuorio, sobre todo si se quiere acarrear tristeza,
y aplicarla con hilo negro; lo mismo sucede con el resto.
Capítulo XLVII
LOS ANILLOS
Y LA MANERA DE FABRICARLOS
Los Anillos, de tanto predicamento entre los antiguos,
fabricados en tiempo y como se debe, brindan, de modo parecido, su virtud a quienes los llevan y la
comunican al espíritu de éstos, volviendo alegre, triste, dulce o terrible,
audaz o tímido, haciendo que odie o ame, y preservando de enfermedades,
venenos, enemigos, demonios malignos
y de todo lo nocivo. Modo de confeccionar estos anillos: tomar una hierba
sujeta a una estrella afortunada, cuando esa estrella domina en buen aspecto
con
la
luna, y fabricar el anillo de metal congeniable, y colocar una piedrecita
dentro, con la hierba o raíz sujeta, y no dejar de hacer fumigaciones grabando
las inscripciones de Imágenes y Caracteres; pero examinaremos estas cosas cuando tratemos
sobre Imágenes y Caracteres.
Así leemos en Filóstrato que Iarchas, príncipe
de los sabios de la India, regaló a
Apolonio siete anillos de esta clase,
que tenían las virtudes y los nombres
de los siete Planetas; Iarchas los llevaba cada día distinguiéndolos por los
nombres de los dioses; vivió con ellos basto los ciento treinta años,
conservando siempre la belleza de su
juventud. De modo parecido se lee en Josefo que Moisés, legislador de los
hebreos, tras aprender la Magia en Egipto,
fabricó anillos de amor y de olvido. Como menciona Aristóteles, tenía entre los
cireneos un anillo que marcaba el reconocimiento y el honor. Además, se lee que
cierto filósofo llamado Eudamo fabricó anillos contra las mordeduras de
serpientes y contra sortilegios. Josefo dice lo mismo de Salomón; y vemos en Platón que Gigas, rey de los
lidios, tenía un anillo de virtud admirable y extraordinaria que hacía que cuando lo tenía
en su mano nadie le veía aunque él lo veía todo, y
que con el favor de este anillo, habitó con
la Reina, mató al Rey, su marido, y derrotó a todos sus contrarios,
y nadie le pudo ver hasta que cometió todos estos crímenes; al fin, por medio
de este anillo se convirtió en rey de Lidia.
Capítulo XLVIII
VIRTUDES DE LOS LUGARES Y LAS ESTRELLAS QUE CORRESPONDEN A CADA UNO DE ELLOS
Los Lugares tienen también virtudes admirables que toman de las cosas que se hallan ubicadas allí o
virtudes que las acompañan provenientes de las influencias de las estrellas y demás, totalmente exteriores y extrañas.
Pues como informa Plinio, tan. pronto
alguien escucha al cuclillo, señala el espacio
que se halla debajo de su pie derecho y hace un pozo en ese sitio,
traspasando esa tierra a cualquier otro lugar, allí no existen más pulgones.
Así se dice que si se arroja sobre las abejas tierra por la que pasaron
serpientes, aquéllas vuelven a sus enjambres; asimis- mo, que si se pasa sobre
el cuerpo el polvo o tierra donde se revolcó una mula, se apaciguan los ardores
del amor; y se afirma que el polvo sobre el que se revolcó un ave de presa, atado con
un trapito rojo, cura la fiebre cuartana,
y que si se toma una
piedra de un nido de golondrinas se goza de compañía y hay consideración
continua si se la lleva consigo, sobre todo humedecida con sangre de golondrinas, o envuelta con su
corazón; v se dice que el hombre
que sangró y pasó en ayunas
por el sitió donde
hace poco cayó un epiléptico, contrae
ese mal; y Plinio narra que
si se pone un clavo de hierro donde
un epiléptico puso su cabeza, se obtiene un soberano remedio para este mal; también se dice
que si se toma una hierba que
aparezca sobre la cabeza de una estatua, y se la fija con hilo rojo a
cualquier sitio de las ropas, se cura de inmediato el dolor de cabeza; y que si
se toman toda clase de hierbas
llegadas de lejos o que aparecen en arroyos y ríos antes de la salida
del sol, sin-que nadie lo advierta ni que
el enfermo lo sepa, y se la
coloca en su brazo izquierdo, cura la fiebre terciana.
De todos los lugares que son apropiados para las Estrellas, los
hediondos, tenebrosos, subterráneos, tristes, religiosos y funestos, como los
cementerios, las piras, las habitaciones abandonadas, los viejos escombros o lugares
a punto de caer por su
vetustez los sitios oscuros y horribles, los antros solitarios, las cavernas y
los pozos, responden a Saturno, y además las piscinas, los estanques, los pantanos y otros lugares de esta
índole. A Júpiter se atribuyen todos los lugares privilegiados, los sitios donde
se celebran consejos y asambleas de príncipes y magistrados, los tribunales,
las cátedras, las academias, las escuelas, y todos los lugares esplendorosos, limpios,
y donde se han expandido
diferentes olores suaves. Marte tiene los lugares de fuego y sangre, los hornos,
los mataderos, las cruces, los patíbulos, y los lugares donde se consumaron ruinas,
carnicerías bélicas, ejecuciones y otras
cosas de este estilo. El Sol tiene los lugares diáfanos, el aire sereno, los
palacios de los reyes y las cortes de los príncipes, los púlpitos, los teatros,
los tronos, y todo lo que es real y magnífico. Venus posee y habita las fuentes
agradables, los prados verde- gueantes y los jardines llenos de flores, los
lechos ornamentados y los lupanares; y, como dice Orfeo, las riberas azules y
los baños, los lugares y salas de danza,
y las boticas, las escuelas,
las salas de los mercaderes, y
otros sitios semejantes. La Luna ocupa los desiertos, los bosques, las rocas,
los lugares pedregosos, las montañas, las fuentes, las aguas, los ríos, los
mares y los puertos; los barcos,
los diversos sitios campestres, y los sotos;
y también los caminos
públicos, los graneros y demás. Por ello, quienes quieren concretar operaciones
amorosas, ordinariamente ocultan o guardan los. instrumentos de su arte, sus
anillos, imágenes y espejos en algún
lupanar que les dé su virtud a través de cierta facultad venérea; asimismo, las
cosas contraen mal olor de lugares que sienten corno malos, y se corrompen o
pudren y tornan hediondos, como otras contraen buen olor de lugares que lo
tienen.
También habrá que considerar las situaciones del mundo. Es
por
ello que quienes desean utilizar la hierba de Saturno, de Marte o de Júpiter, miran hacia el Oriente o el
Mediodía; el primero porque nacen o
vienen del nacimiento del sol, el segundo porque sus domicilios principales son los signos meridionales, a saber,
Acuario, Escorpio, Sagitario, igual que Capricornio y Piscis. Y se afirma que
quienes quieren utilizar alguna cosa venérea, mercurial y lunar, miran hacia Occidente porque estas estrellas son
occidentales; o hacia Septentrión porque sus domicilios princi-
pales son septentrionales, a saber: Tauro, Géminis, Cáncer y
Virgo. Así, para efectuar las operaciones solares,
es necesario mirar hacia
Oriente o el Mediodía, al igual que el cuerpo solar mismo y su luz.
Capítulo XLIX
LUZ, COLORES, LLAMAS Y LAMPARAS;
LOS COLORES SEGUN ESTRELLAS, DOMICILIOS Y ELEMENTOS
La Luz que es también una cualidad muy formal, un acto simple de inteligencia y una imagen ; que
es expandida por el espíritu divino sobre todas las cosas, mas en Dios el Padre que es el Padre de las luces, la luz primera y
verdadera; luego en su Hijo, resplandor iluminador y super-abundante; en el
Espíritu Santo un ardor brillante que sobrepasa toda inteligencia e incluso la
de los Serafines, como informa Dionisio; estando expandida pues en los ángeles,
se convierte en una inteligencia esplendorosa, una alegría que se extiende más
allá de los límites de la razón; no obstante, se la recibe a través de diferentes grados, según la naturaleza del sujeto que recibe, y luego desciende sobre
los cuerpos celestes, donde se realiza
una abundancia y una prolongación eficaz de vida, y un
esplendor visible; y en el fuego un vigor natural, que le es infundido por los cuerpos celestes; en
los hombres, por fin, un brillante discurso de la razón y un conocimiento
racional de las cosas divinas; pero ella es de diferentes clases según la disposición del cuerpo, como lo
sostienen los peripatéticos o, lo que
es más cierto, según la intención de la causa distribuidora que la reparte como le place; luego pasa a la
fantasía de una manera mientras está por encima de los sentidos, y sobre todo a
los ojos. Allí se convierte en una claridad visible y se comunica
alternadamente con los cuerpos luminosos en los cuales se convierte en color y belleza reluciente;
en los cuerpos oscuros, es cierta virtud benefactora que engendra y penetra hasta
el centro, en la que los
rayos, al concentrarse y encerrarse, se crea un calor tenebroso que escuece y
quema, en tal medida que todas las cosas sienten el vigor de la luz según su
capacidad, la cual al reunir todo en sí a través de un calor vivificante que
penetra todos los seres, hace actuar sus cualidades y virtudes sobre todas las
cosas.
Es por ello que los magos no quieren que nada esté cubierto
por la sombra de un
enfermo, ni que se descubra su orina
ante el sol o la luna, porque
los rayos penetrantes de la luz, al llevar en sí las malas cualidades, cambian
un cuerpo y lo enferman al comunicarle esa mala cualidad. Es por esa razón que los
hechiceros observan que su sombra cubra aquello que quieren fascinar; es así
que la hiena, a través del contacto de su sombra, hace callar a los perros.
También se crean artificialmente Luces con lámparas, candelas,
cirios y otras cosas, de ciertas cosas y licores escogidos según las Estrellas
y combinadas según lo que se les adecua, las
que al ser encendidas solas acostumbran producir algunos efectos
admirables y celestes que los hombres admiran a menudo; como informa Anaxilao,
según Plinio, que si se hace arder o calentar el líquido del coito de las
yeguas, aparecen monstruos y cabezas de caballos; que lo mismo se hace con los
asnos; y los moscardones disecados con cera y quemados hacen ver moscas; y la
piel de una serpiente quemada en una lámpara hace aparecer serpientes. Se dice que, cuando las vides florecen, si se
les rodea con una botella llena de aceite que se deja allí hasta que maduren,
al encender ese aceite se verán uvas. Lo mismo ocurre con las demás frutas.
Y si se mezcla centáurea con miel y sangre
de abubilla y se pone esto en una linterna, hace aparecer a los
que están en compañía, más grandes; y si se ilumina la noche durante
un buen rato, se ve que
las estrellas cubren todo alrededor. La tinta de la jibia tiene
también una virtud tal que echada en un farol, torna negra a la gente. También se dice que una candela
confeccionada con ciertas cosas saturnales, después de hacerla apagar en la
boca de un hombre que acaba de morir,
siempre que se la encienda sola, tornará
muy tristes y tímidos a quienes estén alrededor. Hermes, Platón y Jirámides, y
entre los más modernos, Alberto, en un Tratado
que escribiera, informan
que hay muchas clases de cirios
y lámparas de este estilo.
Los Colores son también luces
que, al mezclarse con las
cosas, las exponen ordinariamente a las estrellas
y cuerpos celestes con los que
concuerdan. Y diremos en seguida de qué colores son las luces de los Planetas,
por cuáles se conoce la naturaleza de las estrellas fijas y qué es menester
emplear para hacer brillar
estas_ lámparas y luces. Pero ahora haremos
ver cómo los colores de las cosas de aquí abajo y los mixtos están
distribuidos en los Planetas. Pues todos los colores que concuerdan con Saturno o le
representan son negros, de tierra, de plomo y oscuros;
los que pertenecen a Júpiter son de zafiro,
de aire o aéreos,
y siempre verdegueantes o verdes, claros,
de púrpura, de oro y de plata mezclados. Los colores rojos, ardientes,
de fuego, de llama, color violeta o púrpura, de sangre y de hierro, representan
a Marte. Los de oro, amarillos y de púrpura más relucientes representan al Sol.
Todos los colores blancos, bellos, diferentes,
verdes, rojos, un poco amarillos
y purpúreos representan a
Venus, Mercurio y la Luna. Asimismo, la primera y la séptima Casa del cielo tienen el verde, la tercera y undécima
tienen el amarillo, la cuarta y la décima tienen al rojo, la quinta
y la novena tienen color de miel, la sexta y la octava tienen el negro.
Los Elementos también tienen sus colores, por los cuales los
físicos juzgan la complexión y las propiedades de la naturaleza, pues el color de la tierra, que proviene
del frío y de lo seco, es sombrío y negro y significa la bilis negra y una
naturaleza satur- nal; el azul que
tira a blanco marca la pituita, pues el frío torna blanco a lo húmedo y negro a
lo seco; el rosado o mezcla de rojo señala la sangre; y el color del fuego o de
la llama ardiente, la cólera, el que puede
mezclarse
fácilmente, por su sutileza, con todos los demás, produciendo de inmediato
diferentes colores; pues mezclado con sangre,
resurge el rojo cuando domina;
si domina la cólera, crea un color un poco rosado; si la mezcla es igual, un color rosado; si la cólera está encendida con la sangre,
crea un gris, rojo cuando la sangre domina, rojizo cuando la cólera sobrepasa;
cuando está mezclado con humor melancólico, se torna negro, con la melancolía y la flema por igual, gris; si
abunda la flema, de color barro; si domina la melancolía, de color verdoso; si
no está mez- clado sino con flema en igual proporción, de color limón; si tiene
exceso de uno y otro, de color pálido o poco pálido. Todos los colores son más
fuertes cuando son de hierro o metales, o en las sustancias relucientes, o
piedras preciosas, y en las que más se parecen
a los cuerpos celestes, sobre todo en los cuerpos vivientes.
Capítulo L
LA FASCINACION Y SU ARTIFICIO
La Fascinación es una ligadura o encantamiento que, del espíritu
del hechicero, pasa por los ojos de quien hechiza a su corazón, y el sortilegio
es el instrumento del espíritu, es decir, un vapor puro, reluciente, sutil,
proveniente de purísima sangre engendrada por el calor del corazón, el que
reenvía continuamente a través de los
ojos los rayos que son semejantes y estos rayos llevan consigo un vapor espiritual; ese vapor lleva la sangre,
como la vemos en los ojos legañosos y rojos, de la cual el rayo enviado
a los ojos de quienes le contemplan lleva consigo el vapor de sangre corrompida, haciéndoles contraer la misma enfermedad.
De manera que un ojo abierto proyecta
sus rayos sobre alguien
con fuerte imaginación, siguiendo la punta de estos rayos que son los portadores del espíritu; este espíritu flexible
golpea los ojos del hechizado, que es excitado por el
corazón de quien le golpea y penetra en su interior dominándole como si se tratase de un país de
su pertenencia; ese espíritu extraño
hiere su corazón
e infecta su espíritu. Esto
hace decir a Apuleyo: "Vuestros ojos, habiendo entrado a través de mis ojos en mi interior, agitan un gran incendio en el fondo de mi cuerpo y
en mi tuétano". Por tanto, es menester saber que se hechiza a los hombres
cuando, mediante una mirada
muy frecuente, dirigen la punta de su vista hacia la punta de la otra, y que estos ojos se apegan mucho los unos a
los otros, y-las luces a las luces; entonces
el espíritu se une al espíritu
y le lleva y apega sus chispas; es así que se forman los lazos más fuertes y
los encantamientos mis comprometidos. Así los amores más apasionados se
encienden con una sola mirada súbita por medio
solamente de los rayos de los ojos,
como una flecha o un golpe penetra en todo el cuerpo. También eI espíritu y la sangre de quienes
aman, al estar así heridos, pasan de la misma manera en amante y hechizado como
la sangre y el espíritu de venganza
de un hombre asesinado pasan
a aquél que lo mata; esto hace decir a Lucrecio en sus versos sobre los encantos del amor:
Golpeada
por el amor, nuestro alma lo hace sentir al punto al cuerpo, pues casi todo el mundo está sujeto a esa pasión, y
la sangre se revela de inmediato sobre
la parte golpeada, y un humor color rojo atrapa de inmediato al
golpeado, si está cerca.
Tal es la fuerza del sortilegio, sobre todo cuando los
fascinadores se sirven de ungüentos, de ligaduras y de otras cosas semejantes
para disponer del espíritu y fortalecer de tal y tal manera; como para dar amor
se sirven de colirios venéreos, de hippomanes,
de sangre de palomas o de gorriones y otras aves semejantes; para hacer
temer, de ungüentos de Marte, como los ojos de los lobos, de las hienas y otros
animales semejan-tes; para causar desdicha o alguna otra enfermedad, de
elementos satur- nales. Lo mismo sucede con las demás cosas.
Capítulo LI
CIERTAS OBSERVANCIAS
QUE PRODUCEN EFECTOS MARAVILLOSOS
Se dice que hay Observancias y determinadas acciones que tienen
cierta fuerza natural que se cree que pueden dar y curar enfermedades; así se
dice que se cura la fiebre cuartana aplicando recortes de uñas de un enfermo al
cuello de una anguila en un pequeño lienzo, dejando retornar la anguila al
agua. Y Plinio dice que si se mezclan recortes de uñas de los pies o las manos
de un enfermo con vela, se cura la fiebre cuartana, terciana
y continua, y si eso se aplica
antes de la salida del sol a una puerta vecina, también cura las mismas
enfermedades. Asimismo, si se ponen recortes
de uñas en un hormiguero, se saca la hormiga que tomó
el primer recorte y, ya muerta, se la aplica al cuello del enfermo, curándolo de su dolencia.
Se dice que si se toma madera quemada por un rayo, y se la tira
con las manos detrás de la espalda, se cura una enfermedad; y para la fiebre
cuartana, basta un clavo
de patíbulo, envuelto
en lana y aplicado al cuello; o, si
se oculta una pedazo de patíbulo con un clavo, en un pozo o caverna donde no
penetra el sol, también se cura. Los lamparones o tumores fríos se curan pasando por el cuello la mano de per-
sonas muertas súbitamente. Los dolores del parto se quitan poniendo en el lecho
una piedra o una flecha, con las que se mató tres clases de animales, a saber, un hombre, un jabalí y un oso con cada golpe. El
mismo efecto produce la alabarda sacada del cuerpo de un hombre, sin que aquélla haya tocado
tierra; otro tanto ocurre con las flechas
extraídas de un cuerpo, sin que hayan tocado tierra;
si se las pone en un lecho, generan pasión amorosa. Se dice que el mal caduco se cura comiendo carne de
bestia salvaje, sacrificada con igual
arma con que se mató a un hombre. El mal de los ojos y las legañas se alejan
tocando tres veces los ojos con el agua con que se lavan los pies. Algunos curan las
enfermedades inguinales con bandas de tela de siete u ocho nudos, poniendo a
cada nudo el nombre de una viuda. Se dice que es remedio del mal del bazo poner el bazo de una bestia sobre el
propio; luego se lo esconderá en un
muro o en el techo del dormitorio, se lo sellará con un anillo y se pronunicarán las palabras tres y
nueve veces, lográndose la curación. La orina de un lagarto verde cura también
este mal, colgada de una marmita en la alcoba donde está acostado el enfermo,
de modo que éste la pueda tocar con su mano. Se afirma que un lagarto muerto en
orina de becerro detiene la concupiscencia
de quien realiza esta operación; y si mezcla su
orina con la de un perro, se torna más lento en los quehaceres de Venus, sintiéndose un torpor en los riñones.
Contra todos los malos remedios será muy útil colar la
propia orina sobre un pie. Hay .una ranita que sabe a los
árboles a la que hay que
escupir en la boca y dejarla ir
para curarse la tos. Plinio cuenta una cosa maravillosa y fácil de experimentar; cuando
se siente el dolor de un golpe que se aplicó, habrá que
escupirse la mano correspondiente y
pasar la saliva a una bestia de cuatro patas. Asimismo, para preservarse del
peligro de un lugar por el que se pasa o del que hay que temer habrá que
pasarse saliva por la mano y escupir
la suela del zapato derecho antes de calzarlo. El mal caduco y los contagios se
curan también escupiendo. Se sostiene que
quienes se escupen el regazo, piden y obtienen de los dioses el perdón por
cualquier empresa violenta. De modo
parecido existió la costumbre de
escupir toda medicación lanzando una triple imprecación, adelantando su efecto.
Se afirma que para cazar los lobos de una región hay que tomar las patas
fracturadas de uno, poner un cuchillo dentro, esparcir sangre por los lindes y
enterrar todo en el sitio donde se inició la marcha.
Los metanos, habitantes de Trezenes, juzgaron
muy eficaz
para
preservar las viñas contra el viento Notus,
o del mediodía, atrapar, cuando el viento sopla, un gallo entre dos hombres
que se reparten y conservan cada uno una mitad; con ella dan una vuelta
separadamente a la viña v se vuelven a encontrar donde se hallaban, enterrando allí los despojos del
gallo. También se dice que basta
sostener con un bastón una víbora en el vapor para predecir con aquel
adminículo el porvenir, y que el bastón con que se sacó una rana de la boca de
una serpiente sirve para los partos. Es
el mismo Plinio quien informa estas cosas; si se juntan raíces y hierbas, se
trazan tres círculos y se las entierra allí esto preserva contra el viento
contrario. También se dice que un hombre que
haya medido a un muerto con una cuerda desde el codo hasta el dedo
medio, y desde el hombro hasta el mismo dedo, y después desde la cabeza hasta
los
pies tomando tres veces esa medida, si hay otro medible de la misma manera y
con la misma cuerda, se torna infortunado, desgraciado y triste. Y Alberto,
siguiendo a Chiránides, narra que cuando una mujer hechiza amorosamente, basta tomar su camisa
y orinar detrás de su manga derecha; así se destruye el maleficio; lo mismo ocurre
con una mujer
grávida, entrelazando los dedos,
lo cual está probado hasta que Alcmenes engendró a Hércules; el veneno más maligno tiene
lugar cuando se está cerca
de una de las rodillas de la embarazada, o de ambas; y lo mismo es poner
las corvas tanto sobre una como sobre la otra rodilla; esto es veneno; por ello estas
cosas están prohibidas en los consejos de los duques,
príncipes y potentados, porque impiden toda acción.
Y se
dice que si alguien se para ante la puerta y
llama a un hombre por su nombre, estando aquél acostado con una mujer,
si responde y se clava en la puerta un cuchillo o una aguja con la punta
quebrada, ese hombre no podrá tener relación amorosa con esa mujer mientras
esas cosas permanezcan allí.
Capítulo LII
ROSTRO,
GESTOS, COMPLEXION CORPORAL, FIGURA; FUNDAMENTOS DE LA FISIOGNOMIA,
METOPOSCOPIA, QUIROMANCIA Y ARTIFICIOS
ADIVINATORIOS
El Rostro, los Gestos, el Movimiento, la Situación y la
Figura del cuerpo, que nos fueron conferidos de lo alto, nos ayudan a recibir los beneficios celestes,
al exponernos a los cuerpos
superiores, y producen en nosotros ciertos efectos, como ocurre con el
heléboro, cuando se recoge esta hierba tirando la hoja hacia arriba o hacia abajo, proyecta
jugo hacia lo alto o hacia
lo bajo. Se dice cuánto contribuyen el rostro y los gestos a
la vista, la imaginación y el espíritu animal; de manera que muy a menudo se da
a los niños el rostro que se tiene o se imagina en el coito; un rostro dulce
y feliz de príncipe regocija
a la población de una ciudad; un rostro rudo y triste horroriza
desde el principio; asimismo, el gesto v la figura de un hombre que se queja
excita al máximo la compasión, y la figura de una persona amable inspira
fácilmente el amor. Hay que saber pues que estas clases de gestos y figuras corporales, al ser como sus
armonías, los exponen de la misma manera a los cuerpos celestes que los olores
y las medicinas, el espíritu y las
pasiones interiores del alma. Pues así como las medicinas y las pasiones del
espíritu están ligadas con ciertas disposiciones del cielo, de la misma manera los gestos y
los movimientos del cuerpo se tornan eficaces a través de ciertas influencias
de los cuerpos celestes.
Los gestos lánguidos
y tristes, como golpearse el pecho, la
cabeza, se relacionan con Saturno, al igual que los gestos
piadosos, las genuflexiones,
la
vista vuelta hacia la tierra, como cuando se reza, los golpes de estómago y
otros semejantes que señalan al hombre recogido, austero y saturnal, como lo
pinta el Poeta satírico:
Murmura
y sueña, ensimismado, con la cabeza baja y los
ojos f ijos en
tierra; no habla sino con pies y con medida.
Los rostros alegres y honestos, los gestos honorables, la unión de las manos, como cuando se aplaude
o alaba algo o alguien, las genuflexiones con la cabeza bien alta, como cuando
se adora, se relacionan con Júpiter. Se relacionan con Marte, los gestos agrios
o fieros, los que son feroces, crueles
y que señalan la cólera y otros semejantes. Los gestos solares son
los gestos valientes, honorables y semejantes; asimismo los desplazamien- tos y genuflexiones con una sola rodilla, como cuando se está
ante el rey. Los gestos que se
relacionan con Venus son las danzas,
los abrazos, las risas, los rostros amables y dichosos. Los inconstantes,
astutos, lúbricos ti demás se relacionan con
Mercurio. Los Lunares son móviles, venenosos, pueriles y de esa índole.
Lo mismo ocurre respecto de las figuras de los hombres que con
los gestos. Saturno señala un hombre con color entre negro y amarillo, delgado,
encorvado, de piel ruda, de venas gruesas, velludo, de ojos chicos,
cejijunto, de barba rala o que no es
espesa, de labios gruesos, con la vista baja, de marcha lenta, pesada o burda, que entrechoca sus pies al
caminar, astuto, ingenioso, sedicioso y homicida. Júpiter significa un hombre
de color blanco, con marcas rojizas,
de bello cuerpo,
alta talla, calvo, de ojos un
poco grandes, negros, pupila grande, fosas nasales
pequeñas, desiguales, dientes delanteros un poco grandes, barba ensortijada, de
buen corazón y buenas costumbres. Marte hace un hombre rojo, de pelo rojizo, de
cara redonda, ojos amarillentos, mirada horrible y penetrante, audaz, dichoso,
soberbio, fino. El sol señala un hombre de color sombrío entre amarillo y negro, con algo de rojizo, talla
pequeña, buenos colores, sin pelo en el cuerpo,
calvo, ojos amarillentos, sabio, fiel, amante de las alabanzas. Venus señala un hombre
rubicundo, tirando a negro, más bien blanco, de bella cabellera, con bellos ojos renegridos, bello cuerpo, bello
rostro, redondo, de buenas costumbres, de buena amistad, benevolente, paciente
y feliz. Mercurio significa un hombre ni blanco ni negro, de rostro alargado, de frente alta, bellos ojos, nariz recta y larga, barba
rala, dedos largos, espiritual, curioso y gran investigador, fino y sujeto a
diferentes aventuras. La Luna marca un hombre blanco, mezclado con color rojo,
buena talla, cara redonda, ojos no enteramente negros, cejijunto, benevolente,
cómodo y sociable.
Los signos y sus faces tienen también sus figuras y para
conocerlos hay que estudiar los libros sobre Astrología. De estas figuras y
signos dependen la Fisionomia, la Metoposcopia y el Arte de adivinar, y la Quiromancia, porque estos predicen las cosas por venir, no como causas sino como
signos a través de los efectos que les corresponden o que se les relacionan
provenientes de la misma causa. Mas aunque estas especies de adivinaciones
parezcan concretarse a través de las cosas inferiores
y
más débiles, no por ello habrá que despreciar ni condenar sus juicios cuando no
derivan de superstición, sino de la correspondencia armónica de todas las
partes del cuerpo. Quienes se acercan más por su natural, afecto,
acción, movimiento, gestos,
pasiones del alma, y las saben congeniar según las estaciones y la adecuación
de los tiempos con las cosas celestes, siendo así más semejantes a las cosas
superiores, pueden recibir más ampliamente los beneficios.
Capítulo LIII
LAS ADIVINACIONES Y LOS AUGURIOS
Hay otros géneros de adivinaciones que dependen de causas
natura-les, que están compuestas, en sus artificios y experiencias, de
diferentes cosas, por las cuales los médicos, los labradores, los pastores, los
marineros, y todas las personas pronostican sobre ciertos signos probables, de las que habla mucho Aristóteles en su libro de los tiempos; entre esas
adivinaciones, en primer lugar están los auspicios y los augurios, que los
romanos tanto estimaban que sin ellos
no lograban buen éxito alguno en todos sus
asuntos públicos y particulares, y en esto sobresalían sobre todo los etruscos. Cicerón cuenta muchas
cosas en su libro sobre las
Adivinaciones. Pero existen muchas clases de auspicios; hay unos que se llaman
pedestres, porque se los toma de las bestias de cuatro patas; otros son los
augurios, tomados de las aves; otros celestes, provenientes de truenos y rayos;
otros caducos, como cuando caía algo en un templo o en otro sitio; otro santos
o sagrados, que se tomaban de los sacrificios. Unos se llamaban expiatorios,
como cuando la víctima se salvaba o huía del altar, o lanzaba algún grito al golpeársela, o cuando caía sobre un costado del cuerpo, contrariando lo
habitual. A ello se agrega la exauguración, cuando la vara caía de manos del
augurante, con lo que se acostumbraba efectuar contemplaciones, y augurar.
Miguel Scoto cuenta doce clases de augurios: los de la derecha, seis en total, eran: Fernova,
Fervetus, Confert, Emponent, Sonnasarnova y Sonnarsavetus; los nombres
de los seis de la izquierda
eran: Confernova, Confervetus, Viare, Herrene,
Scassarnova y Scassarvetus. A continuación, como explicación de estos nombres,
dice: Fernova es un augurio que tiene lugar cuando se sale de la casa para
hacer algo, y se halla a un hombre o
a un pájaro que pasa o se vuela, y si lo hace a la izquierda, es signo de buena
suerte en cuanto a un negocio. Fervetus es un augurio que tiene lugar cuando se
encuentra a un hombre o a un pájaro, cuando se sale de la casa para cualquier
asunto, y se detiene ante uno a la izquierda; es signo de mal éxito para los
negocios. Viare es un augurio que tiene
lugar cuando se encuentra
a un pájaro o a un hombre en el camino, y al pasar o volar, pasa
delante de uno, y avanza hacia la derecha, se vuelve
hacia la izquierda y se pierde o desaparece;
este es signo de buen éxito para los negocios. Confernova tiene lugar cuando se halla al primer hombre o pájaro, que se va o vuela, y que se detiene
ante la derecha mientras se lo ve; este es un signo de éxito en un negocio.
Confervetus tiene lugar cuando se halla al primer hombre o pájaro que, al
ser visto, se ubica a la derecha; es mal signo para los negocios. Scimasarnova
es un augurio que tiene lugar cuando un
hombre o un pájaro va detrás de uno, lo pasa y se detiene cuando se lo ve
a la derecha; este es un buen signo.
Scimasarvetus es un augurio que tiene lugar cuando
se ve a un hombre detrás de uno, o un pájaro que se detiene a la derecha de uno; es un mal signo. Scassarnova tiene
lugar cuando se ve a un hombre o a un pájaro detrás de uno antes que se lleguen
hasta uno o uno se dirija hasta ellos, y que se detienen hasta que se los ve;
es un buen signo. Scassarvetús tiene lugar cuando se ve a un hombre o a un
pájaro, que pasa y se detiene a la
izquierda de uno; es un mal signo. Emponent tiene lugar cuando un hombre o un
pájaro llegan hasta la izquierda de uno, pasa a la derecha
de uno, y se desvanece
ante los ojos sin
que se le vea detenerse; es un buen signo. Herrene es un augurio que tiene lugar cuado un hombre o un pájaro llega hasta la derecha de uno y pasa por detrás de uno hacia
la izquierda, y se
lo ve reposar en cualquier parte; es un mal signo. Esto es lo que dice Scoto.
Los antiguos auguraban también a través
de estornudos; de
ello
hace mención Homero en su libro décimo séptimo de la Odisea, pues consideraban
al estornudo como proveniente de un sitio sagrado, a saber, la cabeza, en la
que está la fuerza del entendimiento, y donde éste opera; por ello se dice que
todo lo proveniente del pensamiento al levantarse temprano, o lo que se dice,
es un presagio y un augurio.
Capítulo LIV
LOS DIFERENTES ANIMALES Y OTRAS COSAS, Y SU SIGNIFICADO EN LOS AUGURIOS
Es menester efectuar los primeros auspicios desde el Comienzo de cada obra: por ejemplo, si al
comenzar una obra los ratones comen el vestido de uno, es preciso marcharse,
abandonando la obra; si al salir uno se golpea o lastima el pie contra el
umbral, o se tropieza en el camino, habrá que abandonar o interrumpir el viaje; cuando se encuentra alguna cosa mala al
comienzo de la empresa, habrá
que diferirla para que el destino
no sea contrario o la obra no resulte inútil, esperando un tiempo y una hora
más favorable y un mejor augurio.
Se observa que hay muchos animales cuya virtud natural los torna
apropiados para los augurios y adivinaciones. El gallo, al cantar, marca las
horas muy adecuadamente, y cuando despliega o abre sus alas hace huir al león.
Muchos pájaros con su canto y su gorjeo, y las moscas cuan-do pican con
violencia, señalan lluvia; y cuando los delfines realizan muchos saltos en el
agua, significan tempestad. Llevaría mucho tiempo enumerar todos los presagios
tomados de aves y animales por los frigios, cilicianos, árabes, umbros, toscanos
y otros pueblos que han seguido los augurios,
los han experimentado y han dado ejemplos. En todas las cosas
hay oráculos ocultos que predicen las cosas que deben llegar, y sobre todo en
los pájaros de augurio; éstos son aquellos que los poetas mencionan que son
hombres así transformados. De manera que es menester escuchar lo que dice
exactamente la corneja y observar su aspecto cuando se lanza o apoya en alguna
parte, si vuela a la derecha o a la izquierda de uno, si grita mucho, si se calla, si va adelante o detrás de uno, si
se adelanta o se queda, y prestar mucha atención
si se marcha y adónde lo
hace. Horus Apolo dice en sus Jeroglíficos que las cornejas dobles significan
matrimonio, porque este animal pone dos huevos con los que se engendran un
macho y una hembra, y si aparecen dos machos, lo cual ocurre muy rara-mente, o
dos hembras, estos machos y estas hembras no se unen más con otra corneja, sino
que viven separadamente y solos: por ello se augura que cuando se
encuentra una sola corneja, esto significa la vida de un hombre viudo; una paloma negra
señala lo mismo,
porque tras la muerte
de su macho, la hembra vive sola. No es menester observar menos atentamente a
los cuervos; pues se afirma que presagian las cosas más gran-des, están por
encima de las cornejas y las perjudican; y la
opinión de Epicteto, filósofo estoico y gran autor, consistió en que cuando un cuervo grita al encontrar
a alguien, pronostica cosas opuestas a la salud corporal
de esa persona, a su fortuna, a su honor, a su mujer y a sus hijos. También hay que considerar
a los cisnes, que conocen
los secretos de las aguas, pues cuando están contentos, señalan
suceso feliz, no solamente para los marinos
sino también para los viajeros, a menos que éstos no encuentren un animal más
fuerte que ellos, como por ejemplo el águila, que, por su voz contraria, o al
predecir alguna cosa contraria, a causa de la potencia
y superior majestad
de su imperio, destruye el
crédito de todas las otras aves, porque vuela más alto que ellas, su vista es
más profunda y penetrante, y jamás es
excluida de los secretos de Júpiter; pronostica la elevación y la victoria,
pero a través de la sangre, porque no bebe agua sino sangre. Un águila que voló sobre los locrios, que combatían
contra los crotonienses, les dio la victoria; un águila que se detuvo
súbitamente sobre el escudo de Hieron, cuando éste realizaba su primera
campaña, le predijo que sería rey. Dos águilas que permanecieron todo el día sobre la casa donde naciera Alejandro de Macedonia, predijeron que sería amo de dos imperios, el de Asia y el de Europa. La misma ave que se llevó el sombrero
de Lucio Tarquinio Prisco, hijo de Demaratho de Corinto, que se marchaba de su
país a causa de una sedición, pasó a Etruria y se
dirigió
a Roma, esta ave, digo, al volar bien alto llevándose su sombrero, le predijo
que sería rey de los romanos. Los buitres significan penas, dificultades,
dureza o crueldad por pillaje o rapiña;
esto quedó demostrado con la construcción de Roma; cuando estas aves pasan siete días delante de sitios donde se
concretará un combate, mirando hacia el sitio donde debe estar el ejército más
débil, como pidiendo tan sólo comer los cuerpos derrotados por la fuerza mayor,
señalan la derrota de un ejército: por ello los antiguos
reyes enviaban gente a ver de
qué lado estaban los buitres, y hacia
dónde miraban.
El fénix señala buen éxito; después de mirar el sitio donde fue
edificada la nueva Roma, ésta fue construida y subsistió con felicidad. El
pelícano que se expone por sus hijos señala a un hombre que tendrá grandes
dolores por su ternura. El pavo real que
dio su nombre a la ciudad de Poitiers y a la provincia,
significa la dulzura a través de su color y de su voz. La garza marca asuntos difíciles de sobrellevar. La cigüeña que ama la paz
y la unión, significa la concordia. Las grullas, cuyo nombre deriva de la vieja
palabra gruere, que significa
acordar, señalan siempre alguna cosa que conviene, y nos preservan de las
emboscadas de los enemigos. La cucupha señala el reconocimiento pues es
el único animal que retribuye
a quienes lo engendraron, cuando están viejos; y esto, al contrario
del hipopótamo parricida, que señala la ingratitud y la injusticia. El Oryx, ave muy envidiosa, significa la
envidia. Entre la cantidad de aves más pequeñas, la urraca muy parlanchina
anuncia huéspedes o significa compañía. Otra ave, si pasa volando de izquierda
a derecha, señala la alegría de los
huéspedes, y si pasa en sentido contrario, al revés. La lechuza y el buho son siempre tristes
y de mal agurio; como atacan de noche y de improviso a los
pollitos, y la secuela es la muerte, se dice que presagian la muerte; como
vuelan de noche, a veces significan diligencia
y vigilancia, lo cual se
halla probado por uno que se
detuvo sobre la pica de Hieron. Dido, acostada con Eneas, advirtió que el buho
es de mal augurio; eso hizo decir al poeta:
El buho solitario busca a menudo por los techos de las casas
con
canto triste y lúgubre, arrastrando su voz como largos gemidos; el buho ruin es penoso presagio para los mortales.
El buho se hizo oir sobre el Capitolio, cuando los romanos
estaban debajo, en Numancia, y Frejus o Fregella fue arrasada a causa de una
conspiración preparada contra los romanos. Como dice Almadel, los mochuelos y los buhos, debido a que buscan
cadáveres y los huelen al pasar de una casa a otra, o de un país a otro,
significan la. muerte de quienes allí habitan al igual que los
hombres a punto de morir. Ovidio habla así de las aves de presa que señalan este proceso: Al gavilán se lo odia por-que sólo se deleita en el combate.
Lelio, embajador de Pompeyo, fue asesinado en España por merodeadores;
esta suerte le había sido predecida por un gavilán que voló sobre su cabeza.
Y Almadel dice que cuando dos gavilanes
se pelean, o bien otras dos
aves de la misma especie, significan la revolución de un reino; pero
cuando dos aves de diferentes especies
guerrean
y se concilian en lugar apartado, señalan la nueva felicidad de un país. Los
gorriones también señalan con su presencia, cercanía o alejamiento, el crecimiento o disminución
de una familia; por ello fue que el augur o adivino Melampo pronosticó por el
vuelo de las aves la pérdida y ruina de los griegos,
diciendo: Ved como esta ave no vuela dichosa-mente. Las golondrinas, que hacen nidos para sus polluelos
cuando ellas están a punto de
morir, señalan un gran patrimonio o algunos legados de los muertos.
Cuando un murciélago halla a alguien que huye, es buen signo para quien
escapa; pues aunque este animal no tiene alas, no deja de volar. El gorrión es de mal augurio en un hombre que huye; mientras que es de buen augurio
para los amores, porque cuando está en celo copula con la hembra
siete veces por hora. Las abejas son buen augurio
para los reyes; señalan la obediencia de los pueblos. Las moscas signi-
fican importunismo y desvergüenza, pues aunque se las espante, vuelven siempre.
Las aves domésticas pueden dar también augurios, pues los gallos, a través de
su canto, dan esperanza y señalan el comienzo de un viaje a realizarse. Y
Livia, madre de Tiberio, grávida de este hijo, guardaba en su seno un huevo de
gallina hasta que salió un gallo de gran cresta: los adivinos interpretaron
esto como que el niño por nacer sería rey. Y Cice- rón escribe en su Tebaida que los gallos que cantaron toda la noche pronosticaron la victoria de los
beocios contra los lacedemonios; los adivinos extrajeron el augurio porque esta
ave no canta cuando es vencida, y
hace lo contrario cuando es la más fuerte y triunfó. Asimismo, a través de los
animales se pronostica toda clase de sucesos. Encontrarse con una comadreja da
mal augurio; y cuando se tiene que realizar algún viaje hay que temer
a la liebre, a menos que se la atrape; la mula es también de temer porque es
estéril; el cerdo es pernicioso, pues tal es su natural, y porque señala a los
hombres perniciosos; el caballo inspira querella
y discordia, y es por ello que Anquises, luego de ver caballos blancos, exclamó
como lo señala Virgilio :
Bellum o terra hospita portas
Bello armantur equi, bella haec armenia minantur.
Cuando se encuentran caballos uncidos, señalan que debe
esperarse una paz. El asno no sirve para nada; con todo le fue útil a Mario, porque al declarársele enemigo de la patria, vio a un asno que rechazaba toda comida y se
encaminaba rápidamente hacia el agua; Mario tomó esa ocasión como ún augurio de
salud, pidió a muchos amigos suyos que le prestasen esa especie de socorro y
por este medio le dejó marchar hacia el mar y,
habiéndolo logrado, entró en una barca y se salvó de Sila, su vencedor;
y siempre que se encuentra un asno, significa trabajo, paciencia y dolor. El
encuentro de un lobo es de buen augurio; la prueba está en Hieron, el
siciliano, del cual un lobo tomó una tablilla en ún concurso literario, y
señaló que sería rey; con todo, impide hablar a aquél que lo vio prime-ro. En
la época del consulado de Publio Africano y de Cayo Fulvio Minturno,
un lobo estranguló a un hombre que estaba de centinela, cuando el
ejército de los romanos fue derrotado en Sicilia. También significa
perfidias
y gente de mala fe, lo ^ual está confirmado en la raza de Remo y Rómulo,
quienes alimentados por una loba, desde el comienzo guarda-ron esa fe como por
una ley de la naturaleza, e hicieron pasar su natural a sus descendientes. Es
un buen augurio encontrar un león, porque es el más fuerte de todos los
animales, y hace temer a todos los demás; pero cuando una mujer encuentra a una leona, es mal augurio, porque impide concebir,
pues las leonas no engendran dos veces. Es buen augurio
encontrar ovejas y cabras. En
el repc torio de Toscana se lee que cuando ese animal tiene un color extraordin
ario, pronostica un imperio muy feliz y abundante en todas las cosas; esto lo
dice Virgilio al hablar de Polion:
1pse sed in pratis aries jam suave
rubenti Murice, jam troceo mutabit vellera luto.
También es bueno
encontrar bueyes peleando, pero todavía mejor
encontrarlos trabajando, porque aunque impiden
seguir viaje .al obstruir el camino, recompensan esto muy
luego a través de su buen augurio.
Cuan-do se encuentra
un perro er el camino, es buen augurio, porque Ciro
librado al bosque y alimentado por una
perra, llegó a ser rey; y el ángel que condujo a Tobías no tuvo dificultad de
acompañarse con un perro. El castor, que deja a los cazadores sus testículos
arrancados con los dientes, es mal augurio y
significa que un hombre se hará mal a sí mismo. Y entre los animales más
pequeños, las ratas son de mal augurio, porque estas clases de animales
habiendo roído el oro del Capitolio, el mismo
día los dos cónsules fueron emboscados por Aníbal cerca de Tarento. La
langosta, que se detiene en un sitio, quema el lugar donde está, y es afecta a
los lugares calientes, impide las empresas y
los triunfos, y es de mal augurio; al contrario, las cigarras adelantan viaje y
anuncian o predicen buen éxito en las cosas. Se dice que la araña que hila su tela en lo alto significa
plata que debe venir.
Asimismo, las hormigas que son previsoras y preparan sus provisiones, sabiendo
acopiarse de especies de alma-cenes y escondrijos, marcan la seguridad y las
riquezas, y los ejércitos numerosos; por ello es que, habiendo devorado las
hormigas al dragón domesticado del emperador Tiberio, se le respondió que se
precaviera contra una sedición popular. Cuando se encuentra una serpiente, es necesario precaverse contra la maledicencia, pues toda la fuerza o veneno de este animal no está en ninguno
de sus miembros sino en su boca. Una serpiente que se deslizó dentro del
palacio de Tarquino le predijo su decadencia. Al hallarse dos serpientes en el
lecho de Sempronio Graco, se le dijo que si dejaba ir a la hembra o al macho, moría él o su mujer; como prefirió la vida de su mujer a la suya propia, mató al
macho y dejó marchar a la hembra; él
murió unos días después. Asimismo, la víbora significa mujeres malas y niños
malos; y la anguila significa un hombre odiado por todo el mundo, pues se
mantiene lejos de los demás peces y jamás se halla con ninguno.
Entre todos los augurios, nada hay de mayor eficacia
que el
hombre,
nada más poderoso, nada que haga conocer mejor la verdad; por ello, cuando se
encuentra a un hombre, habrá que buscar
y connotar su con-
dición,
edad, sexo, profesión, constitución, gestos, costumbres, ocupaciones,
complexión, hábitos, nombre, palabras y entretenimientos; ya que hay tantas
clases de luces, de presagios en el resto de los animales, no hay
duda alguna que en el alma
del hombre los hay infusos con más eficacia y claridad, como lo dice el mismo
Cicerón: en las almas hay cierto auspicio de su eternidad, que le hace conocer
todas las consecuencias y causas de
las cosas. En los cimientos de la ciudad de Roma se halló la cabeza de un
hombre que tenía todo su rostro; presagió la
grandeza del imperio y dio el nombre al Capitolio. El ejército de Bruto
que tenía que combatir contra Octavio y Marco Antonio, halló a la entrada de su
campo a un etíope; se le mató como mal augurio y se perdió la batalla; los dos
jefes, Bruto y Casio fueron derrotados. El pueblo cree que encontrar monjes es
malo, sobre todo si esto ocurre por la mañana, porque esa gente, en su mayoría,
no vive sino de funerales
y cadáveres, como los
buitres.
Capítulo LV
COMO SE VERIFICAN LOS AUSPICIOS A TRAVES DE LA
LUZ, DE LOS SENTIDOS, DE LA NATURALEZA, Y
NORMAS PARA CONCRETAR LA EXPERIENCIA
Los auspicios y augurios que presiden las cosas por venir a
través de animales y aves, nos lo enseñó, como aparece en la historia, el
teólogo Orfeo; se verifican mediante la luz de los Sentidos de la naturaleza,
como si cayese una luz de adivinación sobre los animales y las bestias de cuatro patas, a través de lo cual podríamos pronosticar los resultados
en lo que atañe a los hombres; esto es lo que piensa Virgilio cuando dice:
Haud equidem
credo, quia sit divinius illis Ingenium, aut rerum fato prudenlia
major.
Este sentido de la naturaleza, como dice Guillermo de París,
está por encima de toda captación humana, y
es el que se halla más cerca de la profecía y de todo lo que se le parece; este sentido brindó naturalmente un
admirable esplendor de adivinación a
algunos animales como se revela evidentemente en algunos perros, que por su actitud
hacia los ladrones
y la gente que se esconde,
sin precedentes en este aspecto, los encuentran, los buscan, los detienen, se lanzan sobre ellos, los muerden y
devoran. A través de un sentimiento semejante
los buitres conocen las
carnicerías y los combates a realizar, se juntan en los sitios donde eso
ocurrirá, previendo, por así decirlo, que sacarán provecho y hallarán cadáveres
para comer. Mediante este mismo sentimiento,
la perdices conocen
a su madre, a la que nunca vieron y abandonan a la perdiz que
roba los huevos a su
madre y los incuba.
Mediante este mismo sentimiento, el alma
del hombre, sin la cual nada se sabe, siente ciertas cosas nocivas
y terrestres, de donde deriva el terror y el horror de muchos hombres que no
saben nada de esta clase de cosas ni piensan en ellas. Así un ladrón oculto en
una casa, sin que se piense que esté allí, inspira temor e inquietud de
espíritu a ciertas personas que están o moran en esa casa, tal vez no a todas, porque esa luz no se comunica a todos los hombres, sino a
algunos. Asimismo, la prostituta oculta en una casa grande se hace sentir
aunque no se sepa que está allí. En la historia se encuentra que un egipcio
llamado Heraisco, hombre divino, conocía
a las mujeres libertinas no sólo por sus ojos sino también con apenas
oir su voz de lejos, y en seguida tenía gran dolor de cabeza.
Guillermo de París informa también que en su tiempo una mujer
amaba a un hombre y cuando éste acudía a la casa de aquélla, a través de este sentimiento, la mujer presentía desde
dos leguas de distancia que el hombre estaba en camino; cuenta también que, en
su época, una cigüeña macho descubrió por el
olor el adulterio de la hembra, reunió una gran cantidad de cigüeñas, y
tras descubrirles el delito, como mediante juicio de todas, fue desplumada y
despedazada. También cuenta que un caballo que copuló sin saberlo con su madre
y lo advirtió en seguida, se cortó los genitales con los dientes para vengar y castigar sobre sí ese incesto.
Aristóteles, Varrón y Plinio cuentan cosas parecidas respecto de los caballos.
Plinio mismo narra que un áspid que
comía todos los días en la mesa de un egipcio, al ver que uno de sus hijos
había matado a uno de los niños de su anfitrión, mató a su propio viborezno, se
marchó y no volvió a la casa. A través de estos ejemplos se observa cómo pueden descender sobre ciertos animales luces de
presagios, como signos de las cosas, en sus gestos, voces, vuelo, marcha, color
y comida. Según la doctrina de los platónicos, en las cosas inferiores hay
cierta virtud infusa que las hace coincidir casi en todo con las superiores, y
es así como el acuerdo tácito de los animales se relaciona con los cuerpos
divinos, y que sus cuerpos tienen sus virtudes
y los efectos que les hacen responder
a sus constelaciones.
Es preciso pues considerar a los animales que son saturnales, a los que concuerdan con Júpiter, a los
que dependen de Marte, y así con los demás, y extraer los augurios y los presagios
según sus propiedades. Así, los que dependen de Saturno y de Marte son
todas las aves feroces y salvajes, como el buho,
y otras, de las que hicimos mención antes, porque
el buho, ave saturnal, solitaria y
nocturna, se tiene como de mal augurio,
como lo dice el poeta:
Esta vil ave, mensajera
de los males venideros, ruin buho que es mal augurio para los mortales.
Pero el cisne, ave deliciosa y consagrada a Venus y al Sol, es
un presagio muy feliz, sobre todo en los auspicios de las aguas, porque no se
hunde en el agua, como dice Ovidio: -
El cisne es siempre
un ave de muy feliz augurio.
Existen también las
aves que presagian a través de sus gritos y cantos, como el cuervo, la urraca y
la corneja, como lo dice Virgilio:
Una funesta corneja
a menudo nos predijo esta desdicha, posada en lo alto de un árbol.
Las aves que pronostican el porvenir a través de su vuelo son las avutardas, los quebrantahuesos, las águilas, los buitres, las grullas, las cigüeñas y
otras semejantes, y hay que observar si su vuelo es lento o rápido, si vuelan
hacia la derecha o la izquierda, y
cuál es su cantidad en con-junto: así cuando las grullas vuelan rápidamente
señalan tormenta, cuando lo hacen con
lentitud, sin ruido, pronostican buen tiempo.
Cuando dos aves perniciosas vuelan juntas, son de
mal augurio, porque este es un número de confusión. Es preciso observar el resto, asimismo, señalando los números.
Además, para tener un conocimiento perfecto, es preciso advertir la semejanza
de estas conjeturas, como aparece en Virgilio, cuando la Venus enseña a Eneas,
su hijo:
Si
no es en vano que nuestros antepasados nos enseñaron los augurios, mira esos
dos cisnes juntos regocijándose y el águila que descendió a través del aire y
vino a perturbar; ahora parecen mirar de arriba abajo hacia dónde salvarse; y
cómo, fuera de peligro, baten sus alas, y juntas se ponen a cantar: lo mismo
ocurre con tus flotas que están en el puerto al que lle- gan con las velas
henchidas.
Pero el mejor y más maravilloso género de todos los augurios es
cuan-do se entiende el lenguaje de los animales, como ocurrió entre los
antiguos Melampo, Tiresias, Thales y Apolonio de Tyana que lo entendía muy bien
y descollaba en esto; de él Filóstrato y Porfirio cuentan que un día en que se
hallaba con sus amigos observando a los gorriones reunidos sobre los árboles,
uno de ellos se acercó a piar de continuo, y los otros gorriones compañeros se
unieron a él; entonces Apolonio se enteró que un asno cargado con trigo había
caído ante la puerta de la ciudad y que el grano estaba desparramado en tierra; conmovidos
todos por este discurso, fue-ron a ver, y ocurrió lo que dijera Apolonio y
quedaron asombrados. Pero Porfirio, el platónico, en el libro tercero de los
Sacrificios, dice que la protagonista de esta anécdota fue una golondrina. Puesto que es cierto que no hay voz de animal alguno que no signifique alguna
pasión de su alma, alguna disposición dichosa o triste, o colérica, no ha de
asombrar que los hombres.que encaren ese conocimiento entiendan esta clase de
voces. Y Demócrito enseñó la manera de entenderlas, como dice Plinio, al
nombrar a las aves cuya sangre mezclada engendra una serpiente y, si se come
ésta, se entiende todo lo que dicen las aves. Hermes dice que si al- guien
después de cazar determinado primer día de noviembre, cocina el corazón de un
zorro con el primer pájaro que cazó, todos los que coman esto aprenderán el
lenguaje de los animales. Los árabes también nos enseñaron que comprendían los
pensamientos de los animales tras comer el corazón o el hígado de dragones; y
Proclo, el platónico, creía y nos infor- ma
que el corazón de un topo contribuye a extraer presagios. Existían también
adivinaciones y auspicios obtenidos a través de las entrañas y los
nervios de las
víctimas sacrificadas; el primero que experimentó esto fue Tages, y Lucano lo
menciona: Et f ibris sit nulla lides, sed
conditor artes
Finxerit illa Tages.
Entre las entrañas, la ciudad de Roma creía que el hígado era el
fundamente de la religión: por ello, cuando los augures querían saber el
por-venir examinaban al punto el hígado, poniendo allí dos cabezas, de las
cuales una atribuían a los ciudadanos y la otra a los enemigos, y a través del
parecido de una u otra cabeza predecían la victoria, como se aprecia en Lucano
la derrota de las tropas de Pompeyo y la victoria de los ejércitos del
Emperador, significada por las entrañas:
Quodque netas nullis impune apparuit
extis, Ecce vidit capiti fibrarum increscere molem, Alterius capitis pars aegra
et marcida pendet, Pars micat, et celeri venas movet improba
pulsu.
En seguida tomaban el corazón entre las entrañas más perfectas;
y cuando en lo sacrificado no se encontraba corazón, ni cabeza en el hígado, los augurios eran malos y perniciosos, y se los llamaba expiatorios. Lo mismo
ocurría cuando lo sacrificado huía del altar, o si gritaba
al golpeárselo e inmolarlo, y caía de un lado nada usual.
Al respecto se sabe que el día en que César salió con ropas de púrpura en un
sillón de oro, el corazón faltó dos
veces en las entrañas del sacrificio que se realizaba. Vemos que Mario
inmolando a Utica no halló hígado; lo mismo ocurrió con el Príncipe Cayo y
Marco Marcelo, cuando C. Claudio y
Lucio Petelio eran cónsules, inmolaron a sus víctimas; también faltó el hígado;
y poco después uno cayó enfermo, el
otro fue derrotado por el ejército de
los figures, según la predicción de las entrañas; creíase hacerse
esto a través de la virtud
de los dioses o por medio de los demonios. Es por ello que los
antiguos señalaban como muy importante que ocurriese algo extraordinario en las
entrañas, como le sucedió a Sila que vio una especie de corona en lo alto de un hígado cuando sacrificaba en
Laurencia, lo cual el augur Posthumio lo interpretó como signo de victoria y
señal de que sería rey, ordenando que sólo Sila comiese las entrañas. También debe
considerarse el color de éstas. Lucano hace mención de estas cosas:
Terruit ipse color vatem,
nam
pallida tetris
Viscera tincta notis, gelidoque infecta cruore,
Plurimus asperso val-iabat sanguine livor.
Estas artes y artificios eran antiguamente de tan gran
veneración que los más poderosos y sabios adherían a ellos, al igual que el Senado y los Rey es, no realizando nada sin obtener los augurios. Pero en la actualidad todo esto está abolido tanto por la negligencia de
los hombres como por la autoridad de los padres.
Capítulo LVI
LAS PREDICCIONES DE LOS RELAMPAGOS Y RAYOS,
Y COMO SE DEBE INTERPRETAR LOS PRESAGIOS Y PRODIGIOS
Los adivim.s y sacerdotes etruscos nos enseñaron a interpretar
los augurios de los Relámpagos, Rayos, Monstruos y Prodigios; establecieron dieciseis regiones del aire o del cielo, y a cada una
le atribuyeron su nombre; además, once clases de rayos, nueve dioses que los
lanzaban, dando las razones de lo que significaban. Es cierto que los milagros y prodigios señalan alguna cosa
sorprendente y grande todas las veces que ocurren; pero es preciso que quienes
los interpretan sepan conjeturar bien las semejanzas, que las indaguen con
sensatez y conozcan a los Príncipes que reinan,
los asuntos e intereses de los Estados, ya que los astros, constelaciones,
milagros y prodigios prefiguran y advierten a los Príncipes, Pueblos y Estados
a través de los cuerpos celestes; y es menester considerar lo que ocurriera de
semejante en siglos pasados y lo que
sucedió después, y según estas cosas, predecir acerca de ellas y de las semejantes, porque las semejantes tienen los mismos signos,
las mismas relaciones y los mismos parecidos
o apariencias. Así aparecieron signos y prodigios antes del nacimiento y de la
muerte de muchos hombres excelentes y de muchos reyes, como Cicerón da un
ejemplo del pequeño Midas en cuya boca, mientras dormía, las hormigas echaron
granos de trigo, lo cual pronosticó
grandes riquezas. Asimismo, las abejas que se posaron sobre la boca de Platón,
cuando dormía en su cuna, le predijeron la elocuencia. Hécuba, grávida de
Paris, se vio engendrar en sueños una llama ardiente
que debía abrasar a Troya y a
toda el Asia; la madre de Falaris vio un Mercurio que esparcía sangre sobre la
tierra, llenando toda la casa; la
madre de Dionisio se vio concebir un
sátiro; estos sueños fueron confirmados. La mujer
de Tarquino el antiguo, al ver una llama en torno de la cabeza de Servio Tulio le predijo que sería rey. Asimismo,
después de la toma de Troya, Eneas, al disputar con su padre Anquises para ver
cuál de los dos se quedaría en el reino o se retiraría, vio aparecer una llama
en torno de la cabeza de Ascanio sin
que le hiciera mal, lo cual pronosticó que sería Rey; ante ello optó por
retirarse. Todas las acciones y derrotas considerables han estado precedidas
por signos y prodigios; se observa esto en Plinio en el sentido que durante el
consulado de Marco Atilio y de Cayo Porcio, hubo una lluvia de leche y sangre que
predijo que al año siguiente habría en Roma una gran peste. Asimismo, en Luques
llovió hierro parecido a esponja, un año antes que Craso fuese asesinado en Partia, y todos los soldados de Luques que estaban
en su ejército fueron derrotados con él. En el tiempo del
consulado de Lucio Paulo y de C. Marcelo, llovió lana sobre Chateau Corisan, lo
cual predijo la muerte de Tito Annio Milón, que
fue asesinado un año después. Se oyó en el cielo un ruido de armas y trompetas
en el tiempo de las guerras de los cimbrios. Y Tito
Livio,
al hablar de la guerra de Macedonia, dice que el año que partió Aníbal hubo una
lluvia de sangre durante dos días; dice también, al hablar de la segunda guerra
de Cartago, que del cielo cayó agua y sangre mezcladas
como una lluvia en la época en que Aníbal saqueaba Italia.
Se oyó un ruido de armas en Lacedemonia en el templo de Hércules
un poco antes del infortunio que sobrevino a Leuctria; en la misma época, las puertas del templo de Hércules, en Tebas,
que estaban cerradas, se abrieron por sí solas, y las armas que estaban
apoyadas en los muros cayeron en tierra. Es menester pronosticar sucesos
semejantes sobre cosas semejantes, como se predijera antaño en diferentes
épocas, mas es preciso conocer bien
las influencias de los cuerpos celestes; hablaremos más am- pliamente en
seguida.
Capítulo LVII
LA GEOMANCIA, LA HIDROMANCIA,
LA AEROMANCIA Y LA PIROMANCIA, CUATRO CLASES
O MODALIDADES ADIVINATORIAS A TRAVES DE LOS ELEMENTOS
Los Elementos mismos nos predicen diferentes sucesos de donde
pro-vienen estos cuatro famosos géneros de adivinaciones: la Geomancia, la Hidromancia, la
Aeromancia y la Piromancia, que
tomaron su nombre, de cuya posesión se jactaba en Lucano aquella hechicera:
La
tierra, el aire, el fuego, el mar, las llanuras y rocas de Rhodope, dirán la
verdad.
La primera es pues la Geomancia que predice las cosas futuras a través de los movimientos de la
tierra, de sus ruidos, temblores, separaciones, degluciones, exhalaciones y
otras impresiones, cuyo uso fuera enseñado por el árabe Almadel. Pero también
hay otra clase de Geomancia, que se adivina a través de puntos inscriptos y
marcados en cualquier declive en tierra, de cierta manera y con determinada
fuerza, que no es nuestra actual especulación; sin embargo, hablaremos en seguida de sus efectos
y especies.
La Hidromancia hace adivinar a través de las impresiones de las aguas de su flujo y
reflujo, de sus crecientes o desbordes, y de sus descensos, de las tormentas y
sus colores, y de otras cosas semejantes, a la que incluso
se añaden las visiones que se
efectúan en las aguas; las cuales son un género
de adivinación que hallaran
los persas, como lo ejemplifica Varrón respecto de un muchachito que había visto en el
agua una figura de Mercurio que predijo mediante cincuenta versos todo el
resultado de la guerra de Mitrídates. Así se aprecia
que Numa Pompilio ejercitaba la Hidromancia, pues
extraía de las aguas las imágenes de los dioses que le
enseñaban
las cosas del porvenir. Y Pitágoras, largo tiempo después de Numa, ejerció también este arte. Los asirios
consideraban también muchísimo antes una especie de Hidromancia llamada Lecanomancia, consistente en un estanque
lleno de agua sobre el que se echaban láminas o placas de oro y plata, y
piedras preciosas en las que se escribían nombres y ca- racteres; a lo cual
puede referirse el arte por el que se expresa con marcas manifiestas de figuras
o imágenes lo que se quiere saber, haciendo fundir plomo o cera, y echándolo en
el agua. Antaño también había fuentes que servían para augurar el porvenir,
como ocurre todavía hoy con la de Pa-tris en Acaya; de esto hablaremos más
extensamente luego, cuando tratemos sobre los Oráculos. También puede mencionarse
aquí a los auspicios o augurios de los peces, como se celebraban otrora en un
sitio llamado Dina, en Lidia; se
cavaba un sitio del bosque de Apolo, cerca del mar, en arena seca, y cuando se
quería saber el porvenir bastaba echar carnes
asadas; ese sitio se llenaba al punto de agua, y se veía aparecer una infinidad
de peces de figuras admirables y desconocidas
para los hombres,
cuyas formas hacían predecir a los adivinos lo que debía acontecer. Ate-neo
cita muchos ejemplos,
siguiendo a Policarmo, en las historias de los licios.
La Aeromancia hace adivinar a través de las impresiones
aéreas, los soplos de los vientos,
los arco-iris, los círculos
alrededor de la luna, las nubes, las imágenes que se hallan en
torno de éstas, y las visiones del aire.
La Piromancia adivina
también a través de las impresiones
del fuego, de los cometas, de los colores ígneos y de las visiones e imágenes
del fuego. La mujer de Cicerón le predijo así que un año después sería cónsul
pues que-riendo observar las cenizas de un sacrificio, la llama surgió de
pronto. Lo que Plinio narra es de este estilo, en el sentido de que los fuegos
pálidos de la tierra y los que hacen ruido sirven para pronosticar las
tempestades, y cuando llueve, si la llama vuela, es signo de viento; v las
luces, cuando proyectan llamas o se alumbran apenas; asimismo, cuando se llena
de chispas, o cuando un fuego extendido proyecta chispas, o cuando la ceniza crece en un hogar, o
cuando el carbón brilla mucho. También se agrega la Capnomancia, que toma su
nombre del humo, porque respecta a la llama y al humo, sus colores y
movimientos, sus desplazamientos a derecha, de través, o en redondo, como
Stacio lo describe en estos versos:
Vincatur pietas, pone eia altaria virgo, Quaeramus superos,
facit illa acieque
sagaci
Sanguinos flammarum apices, genitumque per auras Ignem, et
clara Lamen mediae fastigia lucis
Orta, docet tuno in speciem serpentis
inanem Ancipiti gyro volvi, frangique rubore.
Los augures practicaban también esto en las copas entre los
atenienses, y en los campos de las ninfas entre los apolonios, a través del
fuego y la llama que significaban dicha, cuando recibían lo que se les echaba,
y tristeza cuando lo rechazaban. Hablaremos más de éstos cuando tratemos sobre las respuestas de los Oráculos.
Capitulo LVIII
MANERA DE HACER REVIVIR A LOS
MUERTOS, EL LARGO DORMIR, y LA INEDIA, O MANERA DE PASARSE SIN COMER
Los filósofos árabes concuerdan en que hay hombres
capaces de elevarse por encima de las fuerzas del cuerpo y por encima de las
fuerzas sensitivas, y que habiéndolas sobrepasado, pueden recibir
la virtud y la fuerza divina a través de la
perfección del cielo y
de las inteligencias divinas. Las almas de los
hombres, al ser, pues, eternas,
y al obedecer todos los espíritus a las almas que son
perfectas y a los espíritus perfectos, inducen a creer a los antiguos que los
hombres que son perfectos pueden, a través de las fuerzas de su alma, restituir
a otras almas inferiores que estaban de algún modo separadas en los cuerpos
moribundos, y hacerlos revivir; asimismo, que una comadreja muerta revive a
través del espíritu y la voz de su padre o de su madre; y también que los
leones reviven -a sus cachorros a través de su respiración, y según informan,
todo lo semejante aplicado a su semejante torna las cosas
de la misma naturaleza, y todo lo que recibe y es hecho por algún
agente, toma la naturaleza de ese agente; por ello creen que ciertas hierbas
contribuyen mucho a esa vivificación, al igual qué ciertas composiciones mágicas, como las que se dice que se preparan con la ceniza del ave fénix
y la piel de las serpientes, lo cual parecería fabuloso y hasta imposible a
muchos si la historia no nos lo confirmara; pues se ve que mucha gente después
de haber sido ahoga-da, arrojada al fuego, echada
en la hoguera, muerta por las armas,
o que perdió la vida de otras maneras después de muchos días, son
resucitadas, como dice Plinio respecto de Aviola, cónsul, de Lucio Lamia, de
Celio Tuberón, de Corsidio, de Gabieno, y de muchos otros. También leemos que
Esopo, el autor de las fábulas, Tindoreo, Hércules y los Paliques, hijos de
Júpiter y Talia fueron resucitados, y
que hubo muchos a los que los magos y los galenos les restituyeron la vida, como la historia hace mención respecto de Esculapio, y como lo referimos
en relación con Juba, Xanto, Tillon, cierto árabe, y Apolonio de Tyana. También
está registra- do que Glauco es resucitado por medio de la hierba llamada dragón, contra la previsión de todo el
mundo, y de los médicos, y que otras personas fueron también resucitadas tras
gustar una droga de miel, de donde
deriva el proverbio: Glauco resucitó por gustar miel. Y Apuleyo dice, al
referirse a esa manera de revivificar, de Zachla, el profeta egipcio: el
profeta oró, tomó una hierba que puso sobre la boca del cadáver, y otra sobre el pecho, y después de mirar al sol naciente,
y de implorar tácitamente el aumento del sol en procura de un milagro
venerable, tomó el rostro y lo puso
frente a frente con los asistentes; entonces el pecho empezó a elevarse e inflarse, comenzó a latir la vena
salutaria, el espíritu entró en el cuerpo, y el cadáver se levantó, y el niño
habló. Si estas cosas son ciertas, algunas veces las almas de
los moribundos no hacen sino hallarse en fuertes
éxtasis,
y privadas de todas las acciones corporales, y la vida, los sentidos y el
movimiento se apartan del cuerpo, mientras de cierta manera el hombre no está
del todo muerto, sino sin alma y como muerto, incluso duran-te largo tiempo; y se sabe
que muy a menudo sucedió que los
inhumados volvieron a la vida en sus tumbas,
y que esto sucedió muchas veces a mujeres por sofocación de la matriz; y el Rabí
Moisés dice en el libro de Gallien que el Patriarca tradujera, que a un hombre le sobrevino una sofocación que duró seis días, y que
todo ese lapso estuvo sin comer ni beber,
y que sus arterias se endurecieron. Dice también
en el mismo libro que a un hombre le sobrevino una repleción que le hizo perder el pulso y su corazón
estuvo sin movimiento, quedando como muerto.
Dice incluso que un hombre que cae de
un sitio alto, o por un gran ruido, o por estar largo tiempo en el agua con un síncope que dura cuarenta y
ocho horas, queda como muerto y sobre su rostro aparece un polvo verde. Y
cuenta que se había enterrado a un hombre a menos de setenta y dos horas de su
muerte, que ese hombre murió enterrado vivo, y da los signos para reconocer a
estos hombres vivos semejantes a hombres muertos y que mueren efectivamente, si
no se les auxilia a través de la flebotomía o de otros remedios;
y estas son cosas que ocurren
muy raramente. He aquí el medio por el cual entendemos que los magos y los
galenos resucitan a los muertos, como otrora los que perdieran la vida mordidos
por una serpiente, la recibían de las Marsas y Psilas. No debe creerse que
estos éxtasis pueden durar mucho, sin que el hombre muera de veras; pero hay
lirones y cocodrilos, y muchas serpientes que permanecieron dormidos todo un
invierno, pudiéndoselos revivir apenas con el fuego; y he visto muchas veces un
lirón cortado en pedazos permanecer inmóvil y como muerto has-ta cocérselo; entonces, sus miembros
cortados en pedazos demostraban estar vivos.
Asimismo, aunque apenas
se crea, leemos
en historiadores
autoriza-dos,
que hubo ciertos hombres que durmieron continuamente durante muchos años, sin
haber envejecido al despertar, como lo cuenta Plinio respecto de un joven que,
fatigado por el calor y su viaje, durmió en una caverna cincuenta y siete años.
Lo mismo se lee respecto de Epiménides Gnosio quien durmió tanto
tiempo en una caverna; de allí deriva
el proverbio que dice "Dormir
más que Epiménides".
M. Damasceno dice que en su tiempo hubo un labriego de Alemania que se durmió sobre un montón de heno durante
el otoño y el invierno siguiente, despertando en primavera como
semimuerto, fuera de sí. La historia eclesiástica confirma esa opinión
mencionada a los siete durmientes que se dice durmieron durante noventa y seis
años. En Noruega, bajo una ribera muy alta hay una caverna donde Pablo el
Diácono y Metodio Mártir escribieron que siete hombres durmieron largo tiempo
sin corrupción alguna, y que cuando entraba la gente para hacerles mal, al punto sufría calambres en sus miembros, lo que hizo que los
habitantes, conmovidos o aterrados por ese dolor súbito
cesaran de querer incomodarlos o hacerles mal. Y Xenócrato, que no tiene uno de los menores
rangos
entre los filósofos, ha creído que este largo sueño fue un castigo del Eterno.
M. Damasceno demuestra con muchas razones que
eso puede ocurrir
naturalmente, y su opinión no es
irrazonable, porque si los animales pueden estar durante bastante largo tiempo
dormidos sin comer ni beber, sin excreciones, podredumbre ni corrupción a lo largo
de muchos meses,
porqué no puede ocurrirle eso mismo al hombre, ya sea por-que haya
bebido algo benéfico o por alguna enfermedad, o algún temor que lo adormezca muchos días, y causas semejantes que pueden hacerle dormir durante meses y años según la extensión y pequeñez de sus fuerzas, y la pasión de
su alma.
Los galenos prescriben ciertos antídotos, cuya mínima ingestión,
permite estar largo tiempo sin comer; como Elías que, luego de comer cierta
cosa llevada por un ángel, marchó y ayunó por
fuerza de ese alimento durante cuarenta días. Y Juan Bocace dice que en su
época había en Ve-necia un hombre que estuvo cuarenta días, cada año, sin comer,
y lo más asombroso, que en
ese tiempo en la baja Germania
había una mujer que no comió
nada hasta los treinta años, lo que parecerá increíble
si no estuviese confirmado por un ejemplo
nuevo en Nicolás
de la Pierre, suizo,
que se dice que vivió veintidós años en una ermita
sin tomar alimento alguno hasta morir. Hay además algo muy sorprendente que nos enseña Teofrasto, en el sentido
de que existió cierta persona llamada Filino, que
jamás comió ni bebió otra cosa que leche. Y hay importantes auto-res dignos de
fe que aseguran que hay una hierba que se llama de Es-parta,
que hace que cuando los escitas la
gustaban o ponían en su boca, podían estar
doce días sin beber ni comer.
Capítulo LIX
LA ADIVINACION EFECTUADA EN SUEÑOS
Hay aún otra especie de adivinación que se realiza dormido o en
sueños, probada por la tradición de los filósofos, por la autoría de los teólogos,
los ejemplos de las historias
y la experiencia diaria.
Entiendo aquí por sueño, no un fantasma ni un insomnio, pues estas son cosas
vanas, y donde no hay nada de adivinación, sino que provienen de des-velos,
fatigas y trastorno corporal; pues cuando uno se encuentra fatigado y agobiado,
y piensa en las comodidades o incomodidades de la fortuna, entonces el
pensamiento que se hallaba en el espíritu
que estaba fatigado
y que velaba se le representa cuando duerme, o uno contrario, siendo engañado por el sueño.
Entiendo y llamo aquí sueño a lo que
es causado por la influencia de los cuerpos celestes, en el espíritu fantasmal,
comportándose bien el espíritu y el cuerpo. Los astrólogos saben
interpretarlo
al tratar sus cuestiones; mas la norma que dan no es suficiente, porque estas
clases de sueños llegan de diferentes maneras a diferentes personas, según las
diferentes cualidades del espíritu fantasmal, y su disposición; por ello no
debe hacerse una regla general de interpretación o explicación de todos los
sueños por igual, de cada hombre; sino según la opinión de Sinesio, teniendo en
cuenta que los accidentes son los mismos en las mismas cosas, y semejantes en cosas semejantes; así, cuando se ha visto muchas veces la misma o semejante cosa, y se ha
impreso el mismo sentimiento o uno semejante, una pasión, una fortuna, una
acción o un suceso, como dice Aristóteles, la
memoria se fortalece a través de los sentidos; de la memoria retentora
proviene el conocimiento, y de muchos conocimientos adquiridos poco a poco, se
acumulan el arte y la ciencia. Es preciso
proceder de la misma manera respecto de los sueños. Por ello, Sinesio quiere
que cada cual observe sus sueños y consecuencias, a saber, lo que vio y los efectos que tuvieron
lugar; y estas clases de reglas, a saber, recordar
e imprimir bien en
su memoria lo que vio, los accidentes, los sueños y las
vigilias, y luego de observar bien esta serie de reglas reiteradas, reunirlas
muchas veces en uno mismo y acumularlas; como resultado de esa reunión y
acumulación cada uno crea cierto método, o arte de adivinar; y así cada cual
puede explicar sus sueños poco a poco sin dejar escapar ninguna de estas cosas
de su memoria. Pero los sueños de mayores efectos o más eficaces son los
ocurridos cuando la luna recorre el signo de la novena raíz del nacimiento, o
revolución de ese año, o en el noveno signo desde aquel de partida. Y la
adivinación más segura y verdadera no proviene de la naturaleza ni de las artes
de los hombres sino de la pureza del espíritu y de la inspiración divina.
Examinaremos con mayor extensión lo relativo a vaticinios y oráculos.
Capítulo LX
EL FUROR; LAS ADIVINACIONES EN VIGILIA; EL PODER DEL
HUMOR MELANCOLICO
CON QUE SE HACE ENTRAR A LOS
DEMONIOS EN LOS CUERPOS HUMANOS
Ocurre que también adivinan no sólo los que duermen sino también
los que velan, teniendo a veces el espíritu relajado y oprimido por estos
pensamientos. Aristóteles llama Furor a esta adivinación, y afirma que proviene
del humor melancólico, diciendo en su tratado sobre la Adivinación: "Los
melancólicos violentos conjeturan y adivinan muy bien,
y
pronto adquieren un hábito, o no tardan en imaginar una cosa, y recibe con
mucha faciliadd impresiones de los cuerpos celestes"; y en los
problemas dice que las Sibilas, las báquidas, Nicérato de Siracusa y Amon
llegaron a ser adivinos y poetas por su humor melancólico. Por ende, si en el
cuerpo humano hay algo que causa furor, es el humor melancólico, no lo que se
llama bilis negra, que es algo malo y tan horrible que los físicos y los
galenos aseguran que su violencia e impetuosidad pueden hacer llegar los malos
demonios a asediar los cuerpos humanos; en-tendemos pues aquí ese humor
melancólico que se llama bilis natural y blanca, que encendido excita el furor
que nos conduce a la ciencia y la adivinación, sobre todo cuando es auxiliada
por alguna influencia celes-te, particularmente de Saturno, que al ser frío
y seco, como es el humor
melancólico, lo influye todos los días, lo aumenta y lo conserva; además,
siendo autor de una contemplación secreta y recogida, odiando todas las
cuestiones públicas, la más afta de todos los Planetas, hace volver siempre al
alma de los oficios exteriores a Ios interiores, y la hace subir de las cosas
inferiores hacia las más elevadas, y le comunica las ciencias y los presagios
de las cosas futuras; esto es lo que entiende Aristóteles en su libro de los
Problemas: A través de la melancolía, dice, ha habido hom- bres que se
convirtieron en poetas. Dice además que todos los que descollaron en las
ciencias fueron, en su mayoría, melancólicos. Demócrito y Platón son también de
esta opinión, diciendo que hay ciertos melancólicos que tienen un espíritu tan
grande que parecen más dioses que hombres. Así, muchos melancólicos groseros,
desmai ados, de mal espíritu y de malos sentidos,
como se dice que fue Hesíodo, Ion, Tinico, el
calciniense Hornero y Lucrecio, a menudo transportados por furor súbito, se
convierten en poetas, y dicen y realizan obras tan admirables que apenas ellos
mismos las entienden. Esto es lo que hizo decir a Platón sobre Ion: la mayoría, dice, de los poetas, librado su
furor, no entienden lo que es- cribieron, aunque hayan escrito muy bien sobre
diferentes artes en su furor, lo que quienes les veneran juzgan al leerlos.
Se dice, además, que el humor melancólico es tan imperioso
que
a través de su impetuosidad penetran los espíritus celestes en los cuerpos
humanos, por cuya presencia e instinto o inspiración todos los antiguos dijeron
que los hombres estaban transportados y proferían cosas admirables; y esto con
o bajo tres clases de diferencias, según los tres géneros de aprehensiones del
alma, a saber, la imaginativa, la razonable y la mental. Dicen pues que
empujada el alma por el humor
melancólico, nada la detiene, y una
vez roto el freno y los lazos de los miembros y del cuerpo, se transporta
totalmente en la imaginación convirtiéndose así en morada de los demonios
inferiores de los que a menudo toma modalidades maravillosas de artes manuales;
es por eso que se ve que un hombre muy ignorante y grosero se convierte de
repente en hábil pintor, o famoso arquitecto, o hábil maestro en algún arte. Y
cuando estas clases de espíritus nos predicen cosas futuras, nos hacen ver lo
relativo a cambios, revoluciones y variaciones de los tiempos, como la lluvia,
la tor-
menta,
las inundaciones, los temblores de tierra, la mortandad, el hambre, las
masacres, y otras cosas semejantes: como se ve en Aulo Gellio, que el sacerdote Cornelio había sido transportado
de furor a Padua, en la época en que los ejércitos de César y Pompeyo luchaban, narrando de antemano
el tiempo y el resultado de la batalla. Y cuando un alma es totalmente
razonable, se convierte en morada de los espíritus medios o del aire, y es así como adquiere el conocimiento y la ciencia
de las cosas naturales y humanas,
y la sabiduría; es por ello que un hombre se con-vierte de repente en gran
filósofo, hábil galeno y elocuente orador; y es esto lo que hace predecir en
otros las cosas futuras, y lo relativo a revoluciones de reinos y
restablecimientos de siglos, como lo hiciera
la Sibila con lds romanos. Mas cuando el alma se revela totalmente en espíritu
y en pensamiento, convirtiéndose así en morada de espíritus sublimes o
superiores, toma de ellos los secretos
de las cosas divinas, a saber, la ley de Dios, los órdenes angélicos, y lo que
respecta al conocimiento de las cosas eternas y la salud de las almas; prevé las cosas que dependen de la
providencia divina, como los prodigios
y los milagros que se deben realizar, los profetas que deben
venir y los cambios de ley. Así las Sibilas predijeron la venida de CRISTO
mucho tiempo antes.
Así Virgilio, recordando a la sibila de Cumas y sintiendo
próxima la venida del CRISTO,
cantó en Polion:
Ultima Cumaei jam
venit carminis aetas, Magnos ab integro seclorum nascitur ordo. Jam redit et
Virgo, redeunt Saturnia regna, Jam nova progenies coelo dimittitur alto.
Poco después indica la anulación del pecado original:
Te duce si qua
manent sceleris vestigia nostri Irrita,
perpetuo solvent formidine
terras. Ille deum vitam accipiet, divisque videbit Permixtos heroes, et ipse
videbitur illis, Pacatumque reget patriis virtutibus orbem.
Y agrega la
destrucción de la serpiente y del veneno del árbol de la muerte o de la ciencia
del bien y del mal:
Occidet et serpens, et fallax herba veneni.
Indica que no obstante debe
subsistir la marca del pecado original: Pauca
Lamen suberunt priscae vestigia fraudis.
Al fin, proclamando
esa venida con el máximo hipérbole posible, adora al Hijo de Dios con estas
palabras:
Chara deum soboles
magnum Iovis incrementum Aspice convexo
nutantem pondere mundum
Et terras,
tractusque maris, coelumque pro fundum, Aspice venturo
laetentur ut omnia serlo.
O mihi tam longe maneat
pars ultima vitae. Spiritus et quantum
set erit tua dicere (acta.
Hay también ciertas
predicciones incluidas en la
adivinación natt ral y sobrenatural, como en las que, a punto de morir y con el
agobio d la vejez, se prevé lo que ha de ocurrir, porque, como dice Platón en s
República, quienes tienen sentidos menos violentos entienden mejor
penetran
más en las cosas, y al estar más cerca del sitio donde debe: dirigirse, y al hallarse
como aflojados sus vínculos, sin estar
más ta] sujetos al cuerpo,
reciben más fácilmente las luces de las
revelacione divinas.
Capítulo LXI
FORMACION DEL HOMBRE,
DE LOS SENTIDOS EXTERIORES E INTERIORES, Y DEL ESPIRITU; LAS TRES CLASES DE APETITOS
DEL ALMA Y LAS PASIONES
DE LA VOLUNTAD
Hay ciertos teólogos que creen que Dios no creó inmediatamente e
Cuerpo del primer hombre, sino que se sirvió de los cielos y de los ele• mentos
para componerlo y formarlo. Alcinoo,
que siguió la doctrina de Platón, es de esa opinión y cree que Dios es el
soberano creador de todo el mundo, de los dioses y de los demonios; y que por ello son inmortales, y que los dioses
menores o más jóvenes siguiendo el orden del gran Dios, crearon
el resto y toda clase de animales; pues si Dios los hubiese creado, también
habrían nacido o serían similarmente inmortales. Los dioses pues, tomando algo de la tierra, del fuego, del aire y
del agua, y uniendo estas partes juntas
crearon un cuerpo,
para servir a un Alma,
atribuyendo a cada uno de sus poderes cada una de sus partes; a los más bajos
o menores, los situados más abajo, a saber,
a la cólera, el corazón; a la concupiscencia, el vientre; mas los sentidos más
nobles a la cabeza, como la ciudadela de todo el cuerpo; y luego los diferentes
órganos del discurso y la palabra.
Los Sentidos se dividen en Exteriores e Interiores; los
Exteriores se dividen en cinco que son muy conocidos por todo el mundo, a los
cuales les son atribuidos cinco órganos o sujetos, como ciertos fundamentos que están dispuestos y ordenados de tal
manera que los ubicados en una parte más elevada del cuerpo son también los más puros; pues los ojos, ubicados
en el sitio más alto, son
muy puros, siendo naturalmente aliados de la luz y del fuego natural; luego,
las orejas, que tienen el segundo rango en cuanto a sitio y pureza, se comparan
con el aire; las fosas nasales tienen el tercer rango que está en medio del
aire y del agua; des- pués está el órgano del gusto, que es más burdo y pesado,
y que es muy semejante al agua; por fin, en el último grado y en el último
rango, el
tacto,
que se halla extendido por todo el cuerpo, se atribuye a lo grosero y a la masa
de la tierra. Los sentidos más puros son los
que, sin acercarse a las cosas naturales, las perciben, se comunican con
ellas y reciben sus comunicaciones e impresiones, como la vista y el oído, y
también el olfato recibe las cosas en medio del aire sin acercarse; el gusto no
siente nada sin estar cerca. El tacto tiene dos cualidades; pues siente los
cuerpos que se acercan a él, y como la vista los ve en medio del aire; asimismo,
el tacto, por medio de una vara o de un bastón, siente las cosas duras, blandas y húmedas. El tacto, común a
todos los animales, el hombre lo posee en mejor grado y más seguro; pues lo
tiene mejor y el gusto más delicado, más fino, y más excelente que el resto de
los animales; pero algunos animales los superan en los otros tres sentidos,
como el perro que ve, oye y siente mejor que el hombre; asimismo, el lince y
las águilas vuelan mejor que el hombre y que muchos otros animales.
Los sentidos Interiores, según la opinión
de Averroes, se
dividen
en cuatro; el primero se llama sentido común, porque recibe y reúne primero, y
perfecciona todas las imágenes representadas por los sentidos exteriores; el
segundo, la fuerza o la virtud imaginativa, cuyo oficio es, dado que no
presenta nada, retener las imágenes que recibe de los primeros sentidos, y
presentarlos en una tercera naturaleza o especie de sentido, que es la
fantasía, o la fuerza y el poder de creer y pensar, cuya obra es, habiendo recibido
las imágenes, comprender y juzgar de qué forma y en qué estado
provienen; confiando luego
a la memoria, que es la cuarta facultad, estas mismas cosas
que ella habrá discernido, juntas o unidas, captadas y juzgadas. Todas estas
facultades en general son los discursos, las disposiciones, las persecuciones y las huidas, y lo que excita a actuar. Y
en lo que concierne al espíritu y las cosas intelectuales, los conceptos, las
virtudes, las disciplinas, la razón,
el consejo, la elección. Este sentido
es el que nos hace ver
en sueños las cosas que nos deben suceder: es por ello que a veces, se
llama fantasía, entendimiento fantástico; y es el último vestigio de la
inteligencia porque, como dice Jámblico, habiendo nacido con todas las fuerzas del espíritu, inventa toda clase de
figuras, de semejanzas de especies, sus operaciones, y hace pasar lo que ve, o
las impresiones de otras
fuerzas a otras, y hace creer luego que ello deriva del
entendimiento; mas ella recibe de sí misma, y por ella misma todas
las demás imágenes, y las designa por su propiedad, y asimismo las reúne, las compara y las halla o torna
semejantes, y acomoda las exteriores a las interiores, y concreta
impresiones sobre el cuerpo. Estos sentidos tienen sus órganos en la cabeza;
pues el sentido común y la imaginación tienen las primeras células del cerebro;
aunque Aristóteles pretendía que el órgano del sentido común estuviera en el
coísazón, y el pensamiento o la facultad de pensar retuviera esa
parte superior y el medio de la
cabeza, y luego la memoria detrás.
Además, hay muchos órganos de la voz y la palabra, a saber, los que están
dentro del pecho entre las costillas, los músculos, el tórax, el pulmón, la tráquea, el cuello y sobre todo los que tienen más
cartílagos, siguiendo los nervios recu-
rrentes, y el plectro de la lengua, y todas las partecitas y músculos, qu son los órganos de la
respiración. El órgano mismo de la
palabra, es 1 boca en la que se forman y configuran las palabras; la lengua y
el cuell tomando el sitio del plectro, y el paladar creando el sonido con la abei tura de los dientes y la
boca, como lo hacen las cuerdas de una lira; L nariz, además, contribuyendo a
hacer o dar un sonido bueno o malc El espíritu separado del cuerpo, o sin
cuerpo, tiene un sitio que está po encima
del alma sensible que explica sus fuerzas a través de los órgano corporales.
Este espíritu tiene dos clases de naturalezas;
una que busc+ las cosas que están contenidas en el orden de la
naturaleza, sus causas propiedades y progreso, y que consiste
en la contemplación y búsqueda de la verdad, que por esa razón se llama espíritu
contemplativo; la otr: naturaleza, fuerza o virtud del espíritu, es la que discierne
las cosas qu< se harán o evitarán,
y que no se ocupa sino de consultar y actuar, que por ello se
llama espíritu o entendimiento activo. La naturaleza pusc pues tal orden en los
poderes que a través de los sentidos exteriores co noceríamos, además, las apariencias de los cuerpos y mucho más
a través del espíritu o entendimiento las cosas más arbitrarias que no son de
los cuer. pos ni las cosas que les son semejantes; y siguiendo a
estas tres claseE de órdenes de poderes del alma, nacen tres clases de apetitos del alma, El primero
es el natural, que es cierta
inclinación de la naturaleza de tender hacia su fin, como en la piedra de
tender o caer hacia abajo, la que se halla en todas las cosas; el otro es el
animal, que sigue los sentidos, y que está repartido
o dividido en irascible y concupiscible; el ter-cero
es el intelectivo, que se llama voluntad, que es diferente del sensitivo en que
existe por sí mismo, y -no apetece ni desea nada de lo que puede presentarse a los sentidos, sin haberlo comprendido de modo alguno.
Pero la Voluntad, aunque puede extenderse sobre todo lo
que
es posible, puesto que es libre por esencia, puede también extenderse sobre las
cosas imposibles, por participar del demonio que desea ser igual a Dios. Por
ello se altera continuamente o se deprava con la voluptuosidad y el dolor,
cediendo a los poderes inferiores. Así, este apetito depravado hace que le
nazcan cuatro Pasiones, que también obseden a veces al cuerpo; la primera se
llama delectación, que es una especie de blandura o asentimiento del espíritu o
la voluntad, por donde estos se dejan llevar voluntariamente por ese dulzor que
los sentidos les representan, con-sintiendo y obedeciendo; es por ello que se
la define como inclinación del espíritu
hacia el placer
que corrompe y deprava.
La segunda se llama efusión; se trata de una relajación o disolución de la virtud y la fuerza, que
se produce cuando se deja disipar toda la fuerza y la intención del espíritu,
perdiéndose, cimentándose, esparciéndose a través del dulzor de un buen
presente y arrebatándose para el goce. La tercera se flama jactancia, es decir, desborde gozoso
cuando se cree haber adqui- rido o ganado un gran bien, cuya posesión induce a
un comportamiento insolente, ufano y vanaglorioso. La cuarta y
última, es la malevolencia,
que es cierto placer que se experimenta al ver el mal en otro,
sin interesarse por eso; porque si alguien se solaza en el mal ajeno para su provecho, eso provendrá más bien
de benevolencia hacia sí mismo, que de malevolencia hacia los demás. Y el dolor
engendra cuatro pasiones contrarias a las generadas por el apetito desordenado de placer, a saber, horror,
tristeza, temor y despecho o desagrado que se concibe al ver que el
bien sobreviene a otro sin que nos haga mal, lo cual se llama envidia; es
decir, una tristeza por la felicidad
de los demás, como la misericordia es una tristeza por sus males o en sus
infortunios.
Capítulo LXII
LAS PASIONES DEL ALMA, SU ORIGEN, DIFERENCIA Y ESPECIES
Las Pasiones del Alma no son otra cosa que ciertos movimientos,
o inclinaciones que provienen de lo que se considera bueno o malo, conveniente
o no. Hay tres clases de estas aprehensiones,
a saber, las sensuales, las razonables y las mentales; y a continuación de estas tres
clases de pasiones, hay también tres clases de pasiones en el alma pues ellas
siguen a veces una aprehensión sensitiva, y entonces consideran un bien o un
mal temporal en tanto que convenga o
incomode, deleitable u ofensivo, y
se las llama pasiones naturales o animales; a veces derivan de una aprehensión razonable, y así
consideran al bien o al mal, como
una virtud y como un vicio, como alabanza y culpa, útil e inútil, honesto y
deshonesto, y se llaman pasiones razonables o voluntarias; a veces son
precedidas por una aprehensión mental. y consideran al bien y al mal,
como lo que es justo e
injusto, como lo verdadero y
lo falso, y entonces se llaman pasiones intelectuales o sindéresis. El sujeto
de las pasiones del alma se divide en concupiscible e irascible, y uno y otro
consideran al bien y al mal, pero de manera diferente; pues la parte concupiscible
considera a veces al bien y al mal de una manera absoluta, y esto es lo que
causa el amor y la inclinación violenta, y por el contrario, el odio; o considera un bien como ausente o alejado
y de allí proviene la concupiscencia; o el deseo y el mal, no como presente,
sino como presto a llegar, v de allí derivan el horror, la huida y la
abominación; o bien considera al bien y al mal como presentes y adquiridos, y
de allí provienen por un lado el placer, la dicha, el contento y las delicias,
y del otro, la tristeza, la añoranza y el dolor.
Pero la parte irascible considera al bien
y al mal, como una cosa de
difícil adquisición o elusión, cíe este lado deriva la esperanza, del otro la
osadía; a veces, la desconfianza que causa la desesperanza, v el temor o el miedo; a veces la virtud irascible se torna
vengativa y ello por un mal pasado, como por cualquier agravio o inju-
ria
sufrida, y de allí deriva la cólera. Y así hallamos once pasiones en el espíritu, que son el amor, el odio, el deseo, el horror, la dicha,
la tristeza, la esperanza, la desesperanza, la osadía, el miedo y la cólera.
Capítulo LXIII
COMO LAS PASIONES DEL ALMA CAMBIAN EL CUERPO,
AL MODIFICAR LOS ACCIDENTES Y CONMOVER AL ESPIRITU
Cuando las Pasiones del Alma provienen de una aprehensión
sensual, la imaginación o la fantasía las gobierna. La fantasía o la virtud
imaginativa, por el poder que tienen sobre las diferentes pasiones, altera al
punto, y cambia de una manera sensible al Cuerpo
propiamente dicho, al cambiar los accidentes en los cuerpos, elevar o rebajar el espíritu, alejarlo o introducirlo,
y producir diferentes cualidades en los miembros.
Así la dicha atrapa a los espíritus, el miedo los encierra, la
vergüenza los hace subir al cerebro. En la dicha el corazón se dilata poco a
poco hacia afuera, en la tristeza se encierra poco a poco hacia dentro. Lo mismo ocurre en la cólera y el miedo, pero
de repente. La cólera y el deseo de venganza
producen también calor, rubor, sabor amargo y flujo del vientre. El miedo
genera frío, palpitaciones del corazón, afonía y palidez. La tristeza produce
transpiración y acuerda una palidez azulada. La misericordia o compasión que es
cierta tristeza, modifica muchas veces el cuerpo de quien tiene compasión, de
manera que parece ser el cuerpo de otra persona; y esto es demasiado corriente;
entre algunos amantes se descubren tan
grandes inclinaciones o apegos que lo que sufre uno, lo sufre también el otro. La ansiedad seca y ennegrece; los galenos conocen
también los calores que genera en el hígado y el pulso la pasión amorosa; y a
través de sus juicios, conocen en la pasión del hombre el nombre de quien ama.
Por esto Nausístrato supo que Antíoco amaba apasionadamente a Stratonice. Es
muy patente que estas clases de pasiones pueden causar la muerte cuando son muy
violentas. Y es algo v 'ligar que se muera a veces por exceso de alegría, de
tristeza, de amor, de odio, y que por estos excesos haya también curaciones.
En la historia
se ve que Sófocles y Dionisio, el tirano de
Sicilia,
murieron súbitamente al tener noticias de su derrota; una madre murió al ver a su hijo volver de la batalla de Cannes; todo el mundo conoce también los efectos
de la tristeza, por haber perdido o haber visto morir a su maestro. A veces
también sobrevienen largas enfermedades por estas pasiones, y asimismo
curaciones. Así, hay personas que cuando miran desde un lugar muy alto, se aturden y enferman, y hasta pierden
el sentido. De allí provienen los sollozos, las
fiebres, el mal caduco, que
a veces se van, y otras eso produce efectos maravillosos, como
ocurrió con el hijo de Creso, mudo de nacimiento, que por un violento y grande
deseo de hablar recuperó ese don que la naturaleza rehusara concederle hacía
tiempo. Así a menudo nos asombra que la vida, los sentidos, el movimiento y los
miembros nos fallan y muchas veces retornan de repente. Alejandro el Grande demostró lo que puede hacer la
cólera junto con gran valor y osadía, cuando rodeado en un combate en las
Indias, proyectó fuego y luz. En la historia se ve que el pádre de Teodorico
echaba chispas por todo su cuerpo, de manera que las llamas chispeantes
centelleaban por todos lados. A veces ocurren cosas semejantes en las bestias,
como se ha dicho del caballo de Tiberio, que echaba llamas por la boca.
Capítulo LXIV
COMO LAS PASIONES DEL ALMA CAMBIAN EL CUERPO POR SEMEJANZA E IMITACION;
TRANSFORMACION Y TRASLACION DE LOS HOMBRES; LAS FUERZAS
DE LA VIRTUD IMAGINATIVA, NO SOLO SOBRE EL CUERPO SINO TAMBIEN SOBRE EL ALMA
Las Pasiones antedichas alteran a veces un cuerpo por medio de
la Imitación, a causa de la virtud que tiene la semejanza de un cosa para
cambiar, la cual es excitada por una Imaginación viva y violenta, como cuando
se está aturdido, y se tienen los dientes irritados por haber visto u oído
alguna cosa, o porque vemos o creemos ver que alguien come cosas agrias; eso es
lo que hace que se baile al ver bailar; y hay personas a las que, al oir hablar
de cosas ácidas, se les acidula la
lengua. El des-agrado ante algún espectáculo molesto disgusta y produce náusea;
algunos se sienten mal al ver sangre humana; otros, al ver que alguien se lleva
a la boca una cosa amarga para comerla, sienten en su propia boca la saliva amarga.
Y Guillermo de París dice que vio
a un
hombre que, tan pronto veía una medicina, experimentaba siempre
necesidad de intervención médica, y se sentía purgado aunque la
sustancia medicinal no la degustase, oliese ni llegase hasta él, sólo porque
había visto la semejanza. Por esa razón quienes en sueños creen quemarse o
estar en el fuego, sufren a veces dolores insoportables, como si se quemasen de ver-dad; aunque no
haya fuego en realidad y se
trate sólo de una semejanza de la imaginación.
A veces los cuerpos de los hombres se transforman, se
transfiguran y se transportan, a menudo en sueños, y a veces en vigilia. Así,
Cipo, que luego fuera elegido rey de Italia, luego de observar muy
concentrada-mente una lidia de toros, y tras reflexionar dormido sobre ese
pensa-
miento
violento, una vez pasada la noche se le halló a la mañana siguient con cuernos,
lo cual ocurrió por la virtud vegetativa excitada por un fuerte
imaginación que le hizo empujar
o elevar los humores a la
cabeza y le produjo o hizo nacer cuernos. Pues cuando una imaginación viva
vehemente
agita con violencia las especies, pinta en ellas la figura de L cosa en la que
pensó, que ellas reproducen en la sangre; la sangre la im prime en todos los
miembros que nutre, tanto en los suyos propios como en los extraños a veces;
como la imaginación de una mujer
grávida im prime sobre su fruto la marca de una cosa que deseó, y la
imaginaciól de un hombre mordido por un perro rabioso imprime en su orina imá
genes de perros rabiosos. Por esa razón hay muchos que envejecen súbita mente;
una criatura, en el lapso de una noche, se convirtió en un hom bre perfecto.
Hay muchas personas que relacionan con esto las cicatrice: de Dagoberto y los estigmas de Francisco; uno
por temer mucho ur ataque, y el otro por contemplar con fervor las llagas del
CRISTO. As existen muchos que fueron transportados de un lugar a otro,
atravesando ríos, fuego, lugares inaccesibles, y eso ocurre cuando las especies
de una coircupiscencia violenta, de algún miedo, u osadía, impresas
en los espíritus y mezcladas
con vapores agitan al órgano del tacto en su origen
con la fantasía, que es el principio del movimiento local. Es por ello que los
miembros y órganos del movimiento son excitados a moverse y se agitan y
transportan al lugar que se imaginó, no a través de la vista sino de la
fantasía interior. Tal es la fuerza
del alma sobre
el cuerpo, que eleva al alma
y la lleva por todos lados donde ella imagina o sueña. Ve. mos muchos otros ejemplos que hacen apreciar
la fuerza admirable que tiene
el espíritu sobre el cuerpo, como lo que dice Avicena de un hombre que se volvía paralítico a voluntad. He aquí lo que le ocurrió a Galo Vibio de
quien se dice que queriéndose hacer
el loco, y creyendo que su pasión o comportamiento no sería sino un juego del
espíritu, se convirtió realmente en loco. Y Agustín dice que hubo hombres que,
a voluntad, hacían cambiar
de lugar sus orejas, y otros que las
hacían correr hasta la frente,
sin mover la cabeza, y que las volvían a su sitio cuando que-rían; y
que había uno que sudaba cuando quería. También se sabe que hay muchos que
lloran y lagrimean a voluntad, y que hubo hombres que lanzaban como de un saco todo lo comido, cuando querían; y
aún hoy en día vemos que hay personas que imitan tan bien las voces de aves,
bestias y hasta hombres, y lo ponen de relieve tan bien que no hay nada de
diferencia. Plinio narra también que hubo mujeres que se convirtieron en
hombres, y ola muchos ejemplos; y Pontano dice que, en su época, eso sucedió en
casa de una mujer llamada Cayetana y de otra llamada Emilia, las que, muchos
años después de casadas, se
transformaron en hombres. No hay nadie que ignore cuán grande es la fuerza de
la imaginación sobre el alma: pues se halla
más cerca de la sustancia del alma que los sentidos: es por ello que actúa más sobre el alma que los
sentidos; esto se lee a 'menudo respecto de las mujeres, y también que alguien
se hace amar apasionadamente por imaginación, sueños y sugestiones; se
dice que de esa manera Medea
se hizo amar por Jasón, a través de un solo sueño. De manera que el
alma a veces sale por completo del
cuerpo mediante vehemente imaginación o especulación; como queda demostrado por
lo que cuenta Celso de cierto sacerdote que se abstraía de sus sentidos cuantas
veces quería, y quedaba semejante a un muerto, de modo que cuando se lo
pinchaba o quemaba, no sentía dolor alguno, y permanecía inmóvil, sin
respiración; luego decía haber escuchado voces humanas de muy lejos, cuando gritaban
mucho. A continuación hablaremos con mayor amplitud de estas abstracciones.
Capítulo LXV
A C C I O N D E LAS PA SIO NES DEL ALM A SOB RE OT RO C UERP O
Las Pasiones del alma que siguen a la fantasía, cuando son
vehementes no sólo pueden cambiar el cuerpo propio, sino también extenderse hasta actuar sobre un Cuerpo extraño, de
manera que así se producen maravillosas impresiones en los elementos y en las
cosas del exterior, y asimismo podrían de esa manera detener o curar las
indisposiciones del espíritu y las enfermedades del cuerpo; pues las pasiones
del alma son la causa principal del temperamento del propio cuerpo.
Así un alma que es fuerte y
fervorosa da salud o enfermedad, no sólo a su propio cuerpo, sino también a los cuerpos
extraños. Así Avicena
cree que un camello cae al ver caer a otro; asimismo, se ve en la orina de los mordidos por algún perro rabioso,
figuras de can. De modo parecido, la envidia de una mujer grávida actúa sobre
un cuerpo extraño, marcando su fruto con la cosa que deseó. Así se crean muchas
generaciones monstruosas, como Marco Damasceno
cuenta de una nacida en Piedra-Santa, pueblo del país de Pisa, de una
muchacha presentada a Carlos, rey y emperador de Bohemia, que su madre diera a luz todo velludo
como una bestia salvaje,
por haber mirado una imagen de san Juan Bautista
que estaba ante su lecho. Y se
ve que eso no sólo ocurrió a los hombres sino también hasta a los animales. Así
sabemos que las varillas que el patriarca Jacob arrojó al agua, hicieron
cambiar de color a las ovejas de Laván; y la fuerza de la imaginación de los pavos reales y de otras aves que empollan
da color a sus alas; por este medio se obtienen pavos reales blancos: habrá que
colgar paños blancos en torno de los nidos de las que empollan. Y a través de
estos ejemplos queda de manifiesto que se ex-tienden las pasiones de la fantasía no disponiendo sólo del cuerpo propio
sino también del extraño. Así los brujos, mirando fijamente a los hombres, los
hechizan de manera muy perniciosa. Avicena, Aristóteles, Algazel y Galiano son
de esta opinión. Pues es muy evidente que el vapor
de
un cuerpo enfermo perjudica y enferma a otro con mucha facilidad, lo cual es
patentizado por la lepra y la peste.
Mas hay tan grande fuerza en los
vapores de los ojos que pueden infectar y hechizar muy fácilmente a quienes están cerca, como el basilisco y el cathablepe matan a los
hombres con sus miradas, y como hacían ciertas mujeres
de Scitia, entre los ilirios
y tribalos, cuando miraban
estando encolerizadas.
No hay pues que asombrarse de que un espíritu pueda actuar sobre
el cuerpo y el alma de otro; y porque el espíritu tiene más fuerza, calor y
movimiento que los vapores que sostienen los cuerpos, no le faltan me-dios para
operar, y un cuerpo no está menos sujeto a otro espíritu que a otro cuerpo. Es
por ello que se dice que un hombre no obra sino por su pasión y su aspecto
sobre otro. Y por ello los filósofos prohiben
la frecuentación de hombres malvados y
desdichados, porque su alma, al estar llena de rayos malos, comunica su contagio
a quienes se les acercan; y por el contrario, recomiendan frecuentar a los
buenos y felices; pues de la misma manera que se contrae el olor de la
asafétida o del almizcle, también
brota lo malo del mal y lo bueno del bien, sobre el prójimo, y lo así infundido
se conserva a veces largo tiempo. Si las pasiones tienen tanta fuerza sobre la
fantasía, porque
la razón está por encima de la fantasía, tienen aún más ventaja en el
pensamiento, pues cuando se apega a los dioses con toda la fuerza del espíritu
para algún beneficio, llena a menudo el cuerpo del extraño de su afecto, con
algún bien divino. Vemos de esa manera que Apolonio, Pitágoras, Empédocles,
Filolaos y muchos profetas, y también santos de nuestra religión, obraron milagros. Hablaremos con mayor extensión
luego al-tratar sobre la religión.
Capítulo LXVI
EL AUXILIO DE LOS CUERPOS CELESTES AYUDA MUCHO A
LAS PASIONES DEL ALMA, Y LA CONSTANCIA DE ESPIRITU ES MUY NECESARIA
EN TODA CLASE DE OPERACIONES
Las Pasiones del Alma reciben mucho auxilio de los Cuerpos
ce-lestes y les ayudan también o contribuyen en sus Operaciones, tanto más
cuando concuerdan con el cielo de cierta manera natural, o por una elección
voluntaria, o libre albedrío; pues como dice Ptolomeo, parece que no hay
diferencia entre quien escoge lo que es mejor con aquel que tiene esa cosa naturalmente. Es pues muy útil que
para recibir los beneficios del cielo en toda clase de operaciones, concertemos
y respondamos a sus influencias a través de nuestros pensamientos, pasiones,
imaginaciones, elecciones, deliberaciones, contemplaciones y otras cosas semejantes. Pues estas clases
de pasiones llevan violentamente nuestro espíritu a lo que se
le
parece, y nos exponen de repente, y todo lo que existe en nosotros a las cosas
superiores que los representan, y ellas reciben mejor y más amplia-mente las cosas
celestes, por su dignidad y proximidad, que las cosas materiales. Nuestro espíritu puede también adaptarse
de tal modo a una determinada estrella, por la imaginación o de alguna otra
manera por imitación, para llenarse
de beneficios de esa estrella, siendo el receptáculo apropiado de sus
influencias. El pensamiento que contempla no observa este sujeto, en tanto se
separe de todo sentido, de la imaginación, de la naturaleza, y se vuelva
hacia las cosas separadas; sino en tanto se ponga del lado de Saturno.
Nuestro espíritu ópera muchas cosas por la Fe, que es un firme apego, una. intención fija, y una fuerte aplicación de lo que opera- o
recibe en todas las cosas, a lo que coopera y que da la fuerza a lo que tenemos
el designio de hacer, de manera que se cree en nosotros cierto ídolo de la
fuerza a extraer y de lo que hemos de recibir o hacer. Es preciso pues estar
firmes en todas nuestras operaciones, y aplicados a las cosas, imaginar, esperar y tener gran fe, pues ello ayuda
mucho; y se ha verificado entre los
galenos que una firme credulidad, una esperanza cierta y el amor hacia el
galeno y el remedio contribuyen mucho a la salud, y algunas veces más que el remedio; pues además de lo que
constituye la virtud y la fuerza eficaz del remedio, la fuerza del espíritu del
médico actúa pudiendo cambsar las cualidades del cuerpo del enfermo, que, sobre todo cuando tiene
confianza en el médico, se
dispone tanto más a recibir la virtud del médico y del remedio. Es necesario, pues, operar en la Magia, tener fe
constante, confianza, y no dudar ni tener escrúpulo espiritual alguno. Pues así
como una fe firme y constante obra efectos maravillosos incluso en las
operaciones falsas, de igual modo la desconfianza y el escrúpulo espiritual del
operador que tiene el medio entre los dos extremos,
lo disipa y tuerce, de donde
ocurre que se frustra, y se pierde la influencia deseada de los cuerpos
celestes que, sin una virtud sólida y constante de nuestra alma no puede
juntarse ni unirse con las cosas y las operaciones.
Capítulo LXVII
COMO EL ESPIRITU HUMANO PUEDE UNIRSE
CON LOS ESPIRITUS E INTELIGENCIAS, E IMPRIMIR CON ELLAS CIERTAS VIRTUDES EN LAS COSAS INFERIORES
Los filósofos, sobre todo los árabes, dicen que cuando el
Espíritu del hombre está muy apegado o atento, por sus pasiones y efectos, a alguna obra, se une con los Espíritus de las estrellas y con las Inteligencias, y que
la causa les está tan unida, que se influye cierta Virtud admirable
a
las Cosas y a nuestras Operaciones, tanto porque lo puede todo y lo percibe
todo como porque todo le obedece naturalmente, y que todas las cosas tienen una
eficacia necesaria y llevan a lo que más desea a través de un gran deseo. Es
por ello que se verifica el artificio de los Caracteres, las Imágenes, los
Encantamientos, ciertas Palabras,
y muchas otras clases de
experiencias maravillosas respecto de todo lo que se desea. De esa manera todo lo que piensa el espíritu
de un hombre que ama ardientemente
tiene eficacia para el amor; y todo lo que piensa el espíritu de un hombre que
odia mucha tiene eficacia para dañar y destruir. Lo mismo ocurre con las cosas
a las que el espíritu se apega fuertemente. Pues todo lo que piensa y hace
proveniente de caracteres, figuras, palabras, discursos, gestos y otras cosas
semejantes, ayuda al apetito del alma y ad-quiere virtudes admirables de parte
del alma de quien entonces opera, cuando siente
más esa clase de apetito, que la oportunidad y la influencia celeste que movía entonces
el espíritu; pues cuando nuestro espíritu llega a un gran exceso,
por alguna pasión o virtud, a menudo
toma de sí mismo la hora u oportunidad más fuerte, lo mejor y más conveniente; y esto es lo que dice
Tomás de Aquino en su libro tercero
contra los gentiles.
Así las grandes pasiones que
el espíritu inspira al alma, en cuanto a
tales cosas a tal hora, son seguidas
de virtudes admirables, que causan notables operaciones. Pero es preciso saber
que estas clases de cosas no confieren nada o confieren muy poco, salvo a su
autor, o a aquel que tiene inclinación por ella como si lo fuera; este es el medio
por el que se descubren sus eficacias. Y es una regla general que todo espíritu
que descuella en su deseo y pasión torna más apropiadas y eficaces las cosas
para lo que desea. Es menester pues,
cuando se quiere operar en Magia, saber y conocer la propiedad de su alma, su virtud,
su medida o alcance, y su grado en el poder del universo mismo.
Capítulo LXVIII
COMO NUESTRO ESPIRITU PUEDE CAMBIAR LAS COSAS INFERIORES Y LIGARLAS
A LO QUE DESEA
El Espíritu de los hombres tiene cierta virtud de Cambiar,
Atraer, Impedir y Ligar las cosas y los hombres a lo que él desea,
y todas las cosas le obedecen
cuando alcanza gran exceso de pasión o virtud, de manera que supera a
aquello que liga. Pues lo que es superior liga a lo que es inferior, y lo
convierte en sí, y lo inferior también se transforma o se dispone
y agita en otro sentido. Es
así que las cosas que tienen un grado superior estelar ligan, atraen o impiden
a las que tienen un grado inferior, según su concordancia,
desproporción o diferencia. Así el león
teme
al gallo, porque la presencia de la virtud solar concuerda más con el gallo que
con el león; y el imán atrae al hierro, porque al estar bajo la Osa celeste, tiene un grado superior; el diamante
detiene al imán, porque está bajo la
constelación de Marte, que le es
superior. Asimismo, un hombre, tanto por las disposiciones y pasiones de su
espíritu como porque emplea cosas naturales, sabiendo aprovechar las cualidades de los cuerpos
celestes, cuando es más fuerte en virtud Solar, liga y atrae a su
inferior a la admiración y la obediencia; en el orden de la Luna, a la servidumbre y la enfermedad; en el de
Saturno, al reposo y la tristeza; en el de Júpiter,
a la veneración; en el de Marte, al temor y la discordia; en el de Venus, al
amor y la dicha; en el de Mercurio, a
la persuasión y la obediencia; y otras de la misma índole. El origen de esta
clase de ligadura, es la pasión fuerte y decidida del alma, que concuerda con
el orden celeste; y las disoluciones y los impedimentos de esa clase de
ligadura se concretan a través del efecto contrario, cuando es más excelente y
fuerte; pues así como un esfuerzo más grande del espíritu liga, también disuelve
e impide. En fin, donde
se teme a Venus, hay que oponerle a Saturno; donde se teme
a Saturno o Marte, hay que oponerle a Venus o Júpiter; pues los astrólogos
dicen que son muy contrarios, es decir, causan pasiones
contrarias en las cosas de aquí abajo: ya que no puede haber odio,
enemistad ni contrariedad en el cielo, donde nada falta y donde todo se
gobierna por el amor.
Capítulo LXIX
LOS DISCURSOS Y VIRTUDES DE LAS PALABRAS
Luego' de hacer ver que las pasiones
del alma tienen una
gran virtud, es necesario aún saber que las Palabras y los Nombres de las cosas no tienen menor virtud, y que los Discursos seguidos y las Plegarias tienen más; los
cuales constituyen particularmente la
diferencia existente entre nosotros y las bestias, y hacen que nos llamemos
racionales; y no por la razón que se toma según el alma, que se llama una
.cualidad o pasión de capacidad que se dice es común a los animales y a
nosotros, aunque participen de ella más unos que otros; nos llamamos racionales
por la razón que se descubre a través de la voz en las palabras y discursos, y
esto se llama la razón enunciativa, por la que descollamos sobre todos los
anima-les; pues logos entre los
griegos quiere decir la razón, el discurso y la palabra. Hay dos clases de palabras,
la palabra interior y la
palabra pronunciada. La palabra interior es la concepción del espíritu y el
movimiento del alma que se crea en el poder cogitativo sin la voz, como cuando
parece que hablamos y disputamos en sueños y, a menudo, en
vigilia, sin decir una palabra, pronunciamos toda una plegaria; pero la palabra pronunciada
tiene cierto efecto en la voz y en la propiedad de pronunciar, y se produce
cuando un hombre respira, abre la boca, y la lengua discurre, donde la
naturaleza, nuestra madre, unió al espíritu y al entendimiento el discurso y la
voz corporal que anuncia e interpreta nuestros pensamientos a quienes los oyen,
y de esa palabra hablaremos aquí. Las palabras son pues un medio muy apropiado
entre quien habla y quien oye, llevando consigo no sólo el concepto sino
también la virtud de quien habla, que pasa por cierta energía a quienes oyen y
las reciben, a menudo con tal fuerza que no sólo cambian a quienes las escuchan
sino a los demás cuerpos y cosas
inanimadas. Estas palabras son tanto más
eficaces cuando expresan mejor y representan más misteriosamente las más
grandes cosas, a saber, las intelectuales, las
celestes y las sobrenaturales, y lo que ha sido establecido u ordenado por la
lengua como la dignidad más digna y santa; pues estos signos determinados y
estas re-presentaciones o sacramentos extraen fuerza de las cosas celestes y
sobre-naturales, tanto por la virtud de las cosas que explican, de las que son
vehículos, como por la fuerza que les ha dado la virtud de aquello que las
estableció y pronunció.
Capítulo LXX
LA VIRTUD DE LOS NOMBRES PROPIOS
Los Nombres propios son muy necesarios en las operaciones de la
Magia, como lo aseguran casi todos los magos, porque la fuerza o virtud natural
de las cosas llega al punto de los objetos de los sentidos, pasa en seguida de
ellos a la imaginacion, de ésta al pensamiento que la contiene en primer lugar,
y la expresa después por la voz y las palabras. Por ello los platónicos dicen que la fuerza de una cosa está oculta en la
voz misma o la palabra, y el nombre formado en sus artículos bajo la forma del
significado, como la vida misma;
estando concebida por el pensamiento, como por las semillas de las cosas, luego
produce como un fruto a través de la voz o las palabras, y al fin se conserva
por lo escrito. Esto hace decir a los
magos que los nombres propios de las cosas son ciertos rayos presentes en todo, que conservan su fuerza mientras la esencia de la cosa domina en
ellas y ella discierne; y hacen reconocer las cosas como a través de imágenes
apropiadas y vivas. Pues así como el Autor Soberano produjo a través de las influencias de los
cielos y los elementos con las virtudes de los planetas diversas especies y
cosas particulares, de igual modo los nombres propios de las cosas resultantes
de propiedades de sus influencias y cuerpos que los influencien les son dados a
través de quien cuenta la cantidad de estrellas, dando
a
cada una sus nombres, de los cuales el CRISTO dice además: Vuestros nombres están escritos en los cielos. Por ello, el
Protoplasto, al conocer las influencias de los cuerpos celestes y las
propiedades de cada uno, dio a las cosas sus nombres según lo que ellas son,
como está escrito en el Génesis: Hizo aparecer todas las cosas ante Adán, para
que les diera nombres; y como llamó a cada cosa, le fue impuesto
el nombre y estos
nombres contienen en sí
las fuerzas maravillosas de las cosas. Por ello toda voz
significativa significa a través de una influencia de armonía ce- leste, luego
por la imposición del hombre, aunque a menudo eso sea distinto entre unos y otros; mas cuando los dos significados
se encuentran en una voz o nombre, impuestos por la armonía y por los hombres, entonces ese nombre se torna
muy eficaz para actuar, teniendo doble virtud, a saber, la natural y la
voluntaria, todas las veces que es pronunciado sobre una materia
preparada en tiempo y lugares convenientes, con la
ceremonia e intención requeridos y una naturaleza acorde con él. Así se ve en
Filóstrato respecto de una muchacha
fallecida en su día de bodas; presentada a Apolonio en Roma, tan pronto éste la
tocó, preguntó cuidadosamente su nombre y, al obtenerlo, pronunció una palabra se-creta y la resucitó.
Los romanos acostumbraban también observar en sus
ceremonias,
al poner sitio a una ciudad, preguntar su nombre y el de su divinidad bajo cuya protección estaba, y luego de
conocerlo, hacían salir y entrar con versos a dioses tutelares
del lugar; y luego de consagrarlos con sus
habitantes, los convertían en asnos en
su ausencia, como lo dice Virgilio:
Todos
los dioses que mandaban o presidían en este sitio se han re-tirado, abandonando sus templos y altares.
Para saber de qué clase de poema se trataba, con el que
convocaban a los dioses y consagraban a sus enemigos cuando asediaban una
ciudad, bastará leer a Tito Livio y Macrobio; pero Sereno Samónico transcribe
muchos en sus libros de los Secretos.
Capítulo LXXI
LOS DISCURSOS, POEMAS Y ENCANTAMIENTOS, SUS VIRTUDES Y ASTRICCIONES
Además de las virtudes de las palabras y los nombres, existe una
virtud más grande en los Discursos seguidos, que proviene de la verdad que contienen y tiene grandísimo
efecto para imprimir, cambiar, ligar y establecer; de tal modo que, oscurecida, destella, y ataca, se afirma
y consolida; esa virtud de la verdad no se halla en las palabras simples sino en las
enunciaciones por las que se afirma, o se niega alguna cosa; así
son
los poemas, los encantamientos, las imprecaciones, las plegarias, las
oraciones, las invocaciones, los conjuros, las abjuraciones, los exorcismos y
otras cosas semejantes.
Para componer poemas y oraciones que atraigan la virtud de una estrella
o divinidad hay que considerar las virtudes que aquella contiene, sus efectos y
operaciones, y mezclar en estos versos, alabando, magnificando, elevando,
adornando, las cosas que esa estrella
tiene por costumbre dar o influir, rebajando o desaprobando lo que ella
destruye e impide; suplicando lo que se desea tener, vituperando y detestando
lo que se quiere destruir o impedir, y preparar de ese modo una oración bien
compuesta, pulida, elegante, bien distinguida por artículos, con ciertos nú-
meros competentes y proporciones convenientes. Los magos quieren, además, que
se invoque y ruegue por los nombres de esa estrella y de esa divinidad a las
cuales cuadra esa clase de poema, por sus efectos admirables, o sus milagros y
sus vías en su esfera; por su luz, por la nobleza de su reino, por su
aprobación y por su claridad; por sus potentes virtudes y por cosas semejantes.
Así en Apuleyo, Psyché ruega a Ceres: os invoco, dice ella, y os ruego constantemente
por vuestra mano fructuosa, por vuestras ceremo- nias que alegran
las mieses, por los secretos tácitos de las canastillas, por los carruajes
puntiagudos, de los dragones,
vuestros sirvientes, y los filones de la tierra de Cicilia, el carruaje raptor,
y la tierra firme, y el descenso de las bodas iluminadas de Proserpina, y los vestigios
de sus luminosas invenciones, y el
resto que encierra en el silencio el templo de Aleusis de Atica.
Los magos quieren, además de la invocación por diferentes nombres de estrellas, que invoquemos
también por los nombres de las inteligencias que presiden estas estrellas, de las que hablaremos más extensamente en su
lugar. Si se quiere saber más, habrá que leer los himnos de Orfeo; no hay nada
más eficaz en la magia natural, cuando se utilizan todas las armonías
requeridas y toda la atención necesaria, y las demás ceremonias que aseguran los filósofos.
Así estas clases
de poemas apropiados y bien compuestos
según
la regla de las estrellas, llenos de espíritu y sentido, apasionados y
pronunciados a propósito, siguiendo el número de sus artículos y su. proporción y la forma conjunta resultante de
sus artículos, y también por el ardor de la imaginación, inspiran grandísima fuerza a quien los entona,
transmiten también en la
casa encantada para dirigirla y ligarla al designio de quien
encanta. El instrumento de quienes encantan es un espíritu muy puro, armónico,
ardiente, que respira, vivo, que lleva consigo lo que excita, compuesto por sus artículos, provisto de sentido, en
fin concebido por la razón. Por la cualidad
de ese espíritu estos poemas atraen
incluso del cielo, según la oportunidad del tiempo, virtudes excelentísimas y
mucho más sublimes y eficaces que no son
los espíritus ni los vapores que provienen de la vida vegetante, de las
hierbas, las resinas, los olores o inciensos, las sufumigaciones y otras cosas semejantes. Por ello los magos que
encantan soplan las cosas y exhalan también los términos de su poema, e
inspiran la virtud a través de ese espíritu, de manera que toda
la
virtud del alma se dirija sobre la cosa encantada, dispuesta a recibir esa
virtud. Y es preciso señalar que toda escritura, y todas las palabras atraen los movimientos ordinarios por sus números
ordinarios y sus pro-porciones, como por su forma; siendo pronunciadas o
escritas contra el orden corriente, y retrogradando, producen efectos
insólitos.
Capítulo LXXII
EL PODER
MARAVILLOSO DE LOS
ENCANTAMIENTOS
Se dice que el Poder de los Encantamientos o poemas es tan
grande que se cree que pueden casi cambiar toda la naturaleza, como dice Apuleyo,
que mediante un zumbido mágico se mudan los
ríos, se agita el mar calmo, se excitan todos los vientos, se para al sol, se
hace purificar a la luna, se comban las estrellas, se cambia el día en noche. Y
Lucano canta a este respecto:
Cessavere vices
rerum, dilataque loriga Haessit noche
dies, legi non paruit aether. Torpuit, et preaceps
audito garmine mundus.
Carmen Thessalidum
dura im praecordia fluxit, Non satis adductus amor.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Mens hausti nulla
sanie polluta veneni Excantata- perit.
Asimismo, Virgilio
(en Damon) dice:
Carmina vel coelo possunt
deducere lunam. Carm.inibus Circe socios mutavit Ulyssis. Frigidus in
pratis cantando rumpitur anguis. Atque sacas olio vidi traducere messes.
Y
Ovidio (en Sine titulo)
dice:
Carmine laesa Ceres sterilem
vanescit in herbam. Def iciunt
laesi carmine f ontis aquae.
Ilicibus glandes
cantataque vitibus uva.
Decidit, et nullo poma movente fluunt.
Si esto no es cierto, no se habría dispuesto con leyes un
castigo tan riguroso contra quienes encantaban los bienes de la tierra. Y
Tibulo dice de cierta encantadora:
Hanc ego de coelo ducentem sydera vidi, Fluminis haec rapidi carmine
vertit iter.
Haec
cantu finditque solum, manes que sepulchris.
Elidí, et tepido
devocat ossa rogo.
Cum libe/ haec
tristi depellit nubila codo. Cum libet aestivo
convocat orbes nives.
En Ovidio se aprecia cómo la maga se
jacta de todas estas cosas:
Cum volui ripis
ipsis m•irantibus amnes. In f onces redire suos, concussaque sisto, Stantia
concutio cantu (reta, nubila pello,
Nubilaque induco, ventos amigoque vocoque, Vipereas rumpo verbis et carmine
fauces, Vivaque suxa sua convulsaque robora /erra, Et sylvas moveo, jubeoque tremiscere montes, Et mugire solum, manes que exire sepulchris, Te quo que
luna traho.
Todos los poetas dicen, y los filósofos no lo niegan, que los
poemas pueden producir grandes efectos,
como provocar cosechas,
generar rayos o detenerlos, curar enfermedades y otras cosas semejantes. Y
Catón, en su vida rústica, se servía para curar enfermedades de las bestias de
ciertas canciones que están en sus escritos. Josefo dice que Salomón conocía
también esta clase de encantamientos. Y Celso el Africano cuenta, según la doctrina de los egipcios, que hay espíritus que cuidan del cuerpo humano, en
total treinta y seis, siguiendo la cantidad de fases de signos del Zodíaco, del
que cada uno tiene su cuidado particular y gobierna a cada parte, y que se
llama patria; y cuando se los invoca,
a través de sus encantamientos sanan
las partes enfermas del cuerpo.
Capítulo LXXIII
LA VIRTUD DE LA ESCRITURA,
LAS IMPRECACIONES E INSCRIPCIONES QUE DEBERAN HACERSE
La función de las palabras
y del discurso es la de enunciar los sentimientos del espíritu,
y sacar del corazón los secretos de los pensamientos, y desplegar la
voluntad de quien habla; pero la Escritura es la última expresión del espíritu,
el número de la palabra y la voz, la
colección, el estado, el fin, el tenor, y una reiteración que crea hábito que
no es completo por la voz solamente;
y todo lo que existe en el espíritu, en la voz, en la palabra, en una plegaria, en los discursos, todo esto y toda
otra cosa se halla en la escritura, y al igual que la voz no.expresa
nada que el espíritu no conciba,
como nada se expresa que no se escriba. Por ello
los
magos ordenan efectuar imprecaciones e inscripciones, para cada operación, por las que quien opera pueda expresar
su pasión o su deseo; cuando se
recoge una hierba o una piedra, es menester proferir aquello para lo que debe
servir, y si se confecciona una imagen o una figura, hay que decir y escribir
para qué efecto. Alberto habla en su Espejo de estas imprecaciones y de estas
inscripciones, porque no es la disposición la que crea el efecto sino el acto de la disposición.
También se descubre que los antiguos
se servían de esta clase de preceptos, como lo canta Virgilio:
Terna tibi haec
primum triplki diversa colore Licia
circundo, terque haec altaria
circunz Ef f igiem duco.
Necte tribus nodis
ternos Amarylli colores,
Necte Amarylli
modo, et Veneris,.
dic, vincula ne.~to.
Limus ut hic durescit, et haec ut caera
liquescit. Una codemque ígni, sic nostro Daphnis amore.
Capítulo LXXIV
PROPORCION, CORRESPONDENCIA Y
REDUCCION DE LETRAS A SIGNOS CELESTES Y PLANETAS, EN DIFERENTES IDIOMAS,
CON UNA TABLA INDICADORA
Dios dio al hombre el espíritu y el discurso que son, como dice Hermes Trismegisto, la señal de su virtud,
de su poder y de su
inmortalidad; y dio a través de su
omnipotencia y providencia el
discurso en diferentes Idiomas, los que, según su diferencia, tienen Caracteres
de Escritura propios y diferentes, cierto orden, un número y una figura que no están distribuidos por azar ni por
accidente, ni por capricho de los hombres, sino formados divinamente, lo que
los hace coincidir y corresponder con los cuerpos celestes, los cuerpos divinos
y sus virtudes. Entre todas las señales de los idiomas, la escritura
de los hebreos es la más augusta, la más santa y la más sagrada, consistiendo en las figuras de sus
caracteres, en los puntos de sus vocales, y
los puntos de sus acentos,
como parte de su materia,
forma y espíritu; habiendo
sido formadas en la sede de Dios, que es el cielo,
ubicando allí a los astros; las letras están formadas para señalar su figura,
como dicen los rabinos, y están llenas de misterios ce-lestes, tanto por su
figura, su forma y sus significados,
como por los números que significan y la diferente armonía de su vinculación;
por ello los sapientísimos mecubales de
los hebreos prometen explicar según la
figura
de estas letras, la forma de sus caracteres, su trazo, su simplicidad, su
separación, su giro y rúbrica, su derechura, su irregularidad, su abundancia
según sean más grandes o más pequeñas, su coronamiento, su abertura según estén
formadas, su disposición, su cambio, su vinculación, los giros de estas letras
y los puntos y los acentos; y asimismo prometen
explicar cómo todas estas cosas provinieron de la primera causa y deben retornar a ella. Las letras del
alfabeto hebreo se dividen incluso en tres partes: a saber en doce simples,
siete dobles y tres madres, las que señalan,
dicen, como caracteres las cosas, los doce Signos,
los siete Planetas y los tres Elementos a saber, el fuego, la tierra y
el agua; pues ellos no cuentan al aire como Elemento, sino como vínculo y espíritu de los Elementos. Así coordinan los puntos y los acentos. Así como todo ha sido
producido y se produce por el espíritu autor y la verdad de los planetas y los
aspectos de los Signos juntos con los
Elementos; igualmente los nombres de todas estas cosas que significan todo lo
que ha sido producido están compuestos por estos caracteres y estos puntos de
las letras, como ciertos secretos o sacramentos que explican las cosas y esparcen
su esencia y su fuerza por todo. Los profundos secretos, los pensamientos
misteriosos y los significados admirables de estas cosas se hallan en estos caracteres, en sus figuras,
en su número, en su orden y en su giro; de manera que Orígenes cree
que cuando estos nombres son traducidos a otro idioma, no tienen más su fuerza porque no retienen más su significado natural; no es lo mismo
respecto de los que significan lo que se quiere, que no tienen actividad alguna en lo que significan, y que son como las
cosas naturales en sí. Y si hay algún idioma primero y original,
éste es el hebreo, que si se sabe bien a fondo y radicalmente el orden, y se sabe volcar las letras con pro-porción, se halla el medio
y la regla de aprender o inventar perfectamente toda clase de
idiomas.
Hay veintidós letras
que son el fundamento del mundo y de
todas las criaturas que éste
contiene, y que hallan
nominación en él; todo lo dicho y creado proviene
de allí y todo toma su nombre y virtud de sus rasgos. Es pues
necesario para hallarlas examinar muy bien todas las combinaciones de estas
letras, para que aparezca y se haga
oír la voz de Dios, y se descubra el texto de las Santas Escrituras. Esto es lo
que torna eficaces las voces y las palabras
en las operaciones mágicas, porque lo primero
en lo que la naturaleza ejerce la Magia es la voz de Dios. Pero esta
es una especulación demasiado profunda para que se pueda hablar en este libro.
Volvamos a la división de las letras.
Entre los
hebreos hay tres letras madres,
a saber y w a; siete
dobles,t r p c d n b ; las
otras 12, c q x u s n
m l f j
z
h ; simples. Lo mismo ocurre con los caldeos, a cuya imitación las letras de los demás idiomas
están distribuidas en Signos, Planetas y Elementos según su orden. Pues entre
los griegos AEHIOΥΩ responden a los siete
Planetas. BΓ∆ZΚΛΜNΠPΣT son atribuidas a los doce Signos del Zodíaco; las otras cinco
ΘΞΦXΨ representan los cuatro Elementos y el espíritu del mundo.
Entre los latinos se significan estas mismas
cosas, pero en otro orden, pues
las cinco
vocales AEIOU, y J y
V, consonantes, son atribuidas a los siete Planetas; y las consonantes
BCDFGLMNPRST presiden sobre los doce Signos; las otras, a saber KQXZ son los
cuatro Elementos; H que es aspirada, representa al espíritu del mundo; Y porque
es griega y no latina, y porque no sirve sino para las palabras griegas, sigue la naturaleza de su lengua.
Pero es necesario saber que
los sabios han probado que las letras hebreas son las más eficaces, y
significan lo más, porque tienen mayor relación con los cuerpos celestes y con el
mundo, y que las letras de los demás idiomas no son
tan eficaces porque están más alejadas.
La Tabla siguiente explica su disposición y ordenamiento. Todas
las letras tienen también números dobles en su orden, a saber: números ex-tendidos, que expresan simplemente la cualidad
de las letras según su orden; y números compuestos, que semejan entre ellos los
números de las letras que preceden; y números integrantes, que resultan de los
nombres de las letras según diferentes maneras de contar. Al conocerse la
fuerza de estos números, se podrá ver que hay misterios maravillosos en cada
idioma a través de estas letras, extrayendo adivinaciones de cosas futuras y
pasadas. Hay además otras conjunciones misteriosas de letras, pero nos
remitimos a hablar suficientemente de todas estas cosas en los libros
siguientes, con el deseo de concluir esto aquí.

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