Psicología Esotérica I. 3. Sugerencias para el Ciclo Actual.


Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para las Adicciones.
Maestro Djwhal Khul
Alice A. Bailey.
Psicología Esotérica I.

3. Sugerencias para el Ciclo Actual

 He tratado de señalar una situación que existe actualmente e indicar una situación ideal futura que aún no es posible realizar. Esto tiene valor, pero deja un vacío en nuestra mente, que requiere ser llenado. Surge ahora un interrogante que podría formularse en los términos siguientes: Dada la exactitud de lo expuesto sobre las actuales y terribles condiciones y la posibilidad de un acercamiento al ideal presentado para un futuro distante, ¿ será posible actualmente dar los pasos que conducirán con el tiempo a aplicar los ajustes necesarios en los aspectos del sexo? Sin duda lo será y formularé mi respuesta en la forma siguiente:

Cuando ciertos postulados básicos, cuatro en total, hayan sido presentados y repetidos constantemente al público, ello conducirá finalmente a educar a la opinión pública de tal modo que se emprenderán las necesarias actividades. Pero el primer paso consiste en educar al público y en que éste capte las cuatro leyes esenciales. Cualquier corrección que se haga en las actuales condiciones se deberá al progreso interno de la humanidad misma y no a la imposición de leyes externas. El entrenamiento de la conciencia pública debe por lo tanto seguir adelante constantemente, y así sentaremos las bases para los posteriores cambios.

Quisiera recordarles que las tres próximas generaciones (en las que incluye la juventud actual) traerán a la encarnación un grupo de personas bien preparadas para sacar a la humanidad de la actual encrucijada. Esto debe tenerse muy presente, pues con frecuencia se olvida. En cualquier época de la historia humana siempre hubo aquellos que fueron enviados con el propósito de resolver los problemas que surgen. En último análisis, el problema del sexo es momentáneo y, aunque no lo crean, deriva de un error fundamental -el error del hombre de haber pervertido las facultades otorgadas por Dios, para fines egoístas y materiales, en vez de consagrarlas al propósito divino. El hombre ha sido llevado y arrastrado por su instinto animal, y sólo una clara y pura comprensión mental de la verdadera naturaleza de su problema tendrá suficiente fuerza para llevarlo adelante hacia la Nueva Era y hacia el mundo de acciones y móviles correctos. El hombre debe aprender y debe captar profundamente el hecho de que el principal propósito del sexo no es la satisfacción de los apetitos, sino proporcionar los cuerpos físicos mediante los cuales la vida puede expresarse. Tiene que comprender la naturaleza del simbolismo que está detrás de la relación sexual, y por ese medio captar el alcance de las realidades espirituales. La Ley del Sexo es la ley de asas relaciones por las cuales la vida y la forma se unen para que el propósito divino pueda manifestarse. Es ley fundamental de la creación, y rige cuando se trata de la Vida que anima un sistema solar, el nacimiento de un animal o la germinación de una planta. Sexo es la palabra que utilizamos para describir la relación existente entre esa energía que llamamos vida y el conjunto de unidades de fuerza, mediante las cuales esa energía se expresa y construye una forma. Incluye la actividad que tiene lugar cuando los pares de opuestos se unen, y por ese medio unifican y producen una tercera realidad, realidad o resultado que atestigua su relación, entonces otra vida aparece en la forma. Tenemos siempre relación, unificación y nacimiento. Tres palabras que contienen la verdadera significación del sexo.

Los hombres han pervertido la verdad y se ha perdido su verdadera significación. En la actualidad sexo significa satisfacer el deseo masculino por el placer sensual y mitigar el apetito físico mediante la perversión del aspecto femenino de ese deseo y apetito. Dicha relación no da los resultados esperados, sino que conduce a un momentáneo segundo de satisfacción, y todo ello está confinado a la naturaleza animal y al plano físico. Hablo en forma general y les recordaré que hay excepciones en todas las generalizaciones. Quisiera también agregar que no crean que considero solamente responsable del problema actual al aspecto masculino, al decir que el hombre utiliza a la mujer para su placer. No puedo significar eso, porque sé que todo ser humano es cíclicamente hombre o mujer, y que los hombres de hoy han sido mujeres en vidas anteriores. No existe sexo, según lo entendemos, en lo que concierne al alma; sólo existe el sexo en la vida de las formas. Únicamente en el proceso de diferenciación, a fin de pasar experiencias, el encarnante hombre espiritual ocupa  primero un cuerpo masculino y luego uno femenino, redondeando así los aspectos positivo y negativo de la vida de las formas. Toda la raza es culpable y debe estar activa en el proceso de crear las correctas condiciones y poner orden en el caos actual.

Por lo tanto, el primer postulado que debe formularse, respecto al cual se tiene que educar al público, es que todas las almas encarnan y reencarnan bajo la Ley del Renacimiento. De allí que en cada vida no sólo se recapitulan las experiencias anteriores sino que se reasumen antiguas obligaciones, se restablecen antiguas relaciones, se tiene la oportunidad de saldar antiguas deudas, la posibilidad de retribuir y no progresar, despeñar cualidades hondamente arraigadas, reconocer antiguas amistades y enemistades, solucionar detestables injusticias y explicar lo que condiciona al hombre y hace que sea lo que es. Tal es la ley que ahora reclama un reconocimiento universal y que, cuando sea comprendida por las personas inteligentes, ayudará a resolver los problemas del sexo y del matrimonio.

¿ Por qué será así? Porque cuando esta ley sea admitida como el principio intelectual gobernante, todos los hombres recorrerán más cuidadosamente el sendero de la vida y procederán con mayor cautela para cumplir con las obligaciones de la familia y del grupo. Sabrán muy bien que lo que "el hombre siembra cosechará" y lo cosechará aquí y ahora, no en algún místico y mítico cielo o infierno; tendrán que hacer los reajustes de la vida diaria en la tierra, la cual proporciona un cielo adecuado y un infierno más que adecuado. La difusión de esta doctrina del Renacimiento y su reconocimiento y comprobación científica avanza con toda rapidez, y durante los próximos diez años se debe prestar mucha atención a este tema.

El segundo postulado fundamental fue enunciado por el Cristo cuando dijo: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Hemos prestado poca atención hasta ahora a este enunciado. Nos amamos a nosotros mismos y tratamos de amar a las personas que nos gustan. Pero amar en forma universal y amar al prójimo, porque es un alma como nosotros, de naturaleza esencialmente perfecta y con un infinito destino, ha sido siempre considerado como un hermoso sueño a realizarse en un futuro tan remoto y en un cielo tan lejano que es mejor olvidarlo, flan transcurrido cerca de dos mil años desde que la más grande expresión del amor de Dios deambuló por la tierra, y dijo de amarnos los unos a los otros. Sin embargo, todavía luchamos y odiamos y utilizamos nuestros poderes para fines egoístas, nuestros cuerpos y apetitos para placeres materiales y, nuestros esfuerzos para vivir, van dirigidos  conjuntamente hacia fines egoístas personales. ¿ Han considerado lo que seria el mundo de hoy si los hombres hubieran escuchado las palabras del Cristo y hubiesen tratado de obedecer Su mandato? Muchas enfermedades se habrían eliminado (las enfermedades originadas por el abuso sexual constituyen un gran porcentaje de nuestros males físicos y devastan nuestra moderna civilización), no existirían las guerras, se habría reducido al mínimo el crimen y nuestra vida moderna sería el ejemplo de una divinidad en manifestación. Pero no ha sido así, de allí nuestras actuales condiciones mundiales modernas.

La nueva ley tiene que ser enunciada y lo será y puede resumirse en las siguientes palabras: Que el hombre viva de tal modo que su vida sea inofensiva. Entonces sus pensamientos, acciones y palabras no producirán daño alguno. Esto no es inofensividad negativa, sino una difícil y positiva actividad. Si la anterior fraseología práctica de las palabras del Cristo fueran divulgadas, aplicadas y practicadas universalmente, surgiría el orden del caos, el amor grupal reemplazaría al egoísmo personal, la unidad religiosa ocuparía el lugar de la intolerancia fanática y tendríamos, en vez de libertinaje, el control de los apetitos.

Las dos leyes que he proclamado y los dos postulados que he enunciado parecen trivialidades, pero éstas son verdades universales y reconocidas, y una verdad es un pronunciamiento científico. Modelar la vida de acuerdo a estos dos reconocimientos (la Ley del Renacimiento y la Ley del Amor) salvaría a la humanidad y reconstruiría nuestra civilización. Quizás sea demasiado sencillo provocar un reconocimiento, pero detrás <le ello subyace el poder de la divinidad misma y su reconocimiento es simplemente cuestión de tiempo, porque la evolución obligará a que se la reconozca en alguna fecha lejana. De los discípulos y pensadores actuales depende que se aceleren estos reconocimientos.

La tercera ley fundamental que traería una solución a nuestros problemas actuales modernos, incluyendo el del sexo, surge lógicamente de las otras dos. Es la Ley de la Vida Grupal. Nuestras relaciones grupales deben ser observadas y reconocidas. El hombre no sólo debe cumplir amorosamente sus obligaciones familiares y nacionales, sino pensar en términos más amplios abarcando a la humanidad misma, y así expresar la Ley de la Hermandad. La hermandad es una cualidad grupal. Los niños que nacen ahora vienen equipados con un sentido más profundo del grupo y una conciencia grupal más desarrollada que hasta hoy. Resolverán sus propios problemas incluso el del sexo y se interrogarán a sí mismos si se les presenta una situación difícil. ¿ Tenderá mi acción hacia el bien grupal? ¿ Se dañará o sufrirá el grupo si hago esto  o aquello? ¿ Se beneficiará y obtendrá progreso e integración y unidad el grupo? Toda acción que no esté a la altura de los requisitos grupales será automáticamente rechazada. En la dilucidación de los problemas el individuo o ente, aprenderá a subordinar lentamente el bien y los placeres personales a las condiciones y requisitos grupales. Por lo tanto, podrá observarse que el problema sexual también tendrá solución. La comprensión de la Ley del Renacimiento, la buena voluntad hacia todos los hombres, expresándose como inofensividad, y el deseo de lograr la buena voluntad grupal, llegarán a ser gradualmente factores determinantes en la conciencia racial y nuestra civilización se adaptarán con el tiempo a estas nuevas condiciones.

El último postulado que quiero recalcar es que si se cumplen estas tres leyes conducirán necesariamente a un deseo urgente de obedecer la ley del país donde el alma ha encarnado. Es innecesario decir que sé muy bien cuán inadecuadas son las leyes impuestas por los hombres. Quizás son temporariamente insuficientes para satisfacer la necesidad. Podrán fallar en su alcance y ser inadecuadas, pero en cierta medida resguardan a los pequeños y débiles seres y serán consideradas aplicables por quienes tratan de ayudar a la raza. Estas leyes están sujetas a cambios, a medida que se hace sentir el efecto de las tres grandes leyes, pero hasta que no sean reformadas inteligentemente (y eso llevará tiempo), frenarán el libertinaje y el egoísmo. También podrán causar sufrimiento. Esto nadie puede negarlo. Pero los sufrimientos no serán tan malos ni los efectos tan duraderos como lo sería si se derogaran esas leyes y comenzará el consiguiente ciclo anárquico. Por lo tanto, el servidor de la raza colabora en su vida diaria con las leyes del país, trabajando al mismo tiempo para subsanar las injusticias que ellas puedan producir, y para mejorar las imposiciones legales que inciden sobre el género humano en su país.

Cuando se reconozcan las cuatro leyes -las del Renacimiento, del Amor, del Grupo y del País- tendremos la salvación de la raza.

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