El Plano Astral. Capítulo V Habitantes artificiales.
Recopilación exclusivamente sin fines de lucro para
las Adicciones.
C.W. Leadbeater
El Plano Astral.
Capítulo V
Habitantes artificiales
Es la clase más numerosa de entidades astrales y
también la más importante para el hombre, porque son seres de su propia
creación y se relacionan con él por íntimos lazos kármicos, y directa e
incesantemente actúan sobre él.
Es una enorme masa de entidades medio
inteligentes que difieren entre sí como difieren los pensamientos humanos, y es
imposible clasificarlos ni ordenarlos. La única división posible es la que
distingue entre los elementales artificiales formados inconscientemente por la mayoría
de la humanidad, y los formados deliberadamente por los magos,
aunque podríamos relegar a una tercera división a las entidades creadas
artificialmente que no son elementales.
1ª Clase.
ELEMENTALES FORMADOS INCONSCIENTEMENTE.- Ya dijimos
que la esencia elemental que
por todos lados nos rodea es en todas sus numerosas variedades muy capaz de
recibir la influencia del pensamiento humano. La acción del más leve
pensamiento errabundo en la esencia elemental forma una nube de rápido
movimiento y evanescente configuración según ya quedó expuesto. Ahora veremos cómo
afectan a la esencia elemental los definidos y deliberados pensamientos y
deseos del hombre.
El efecto producido es de muy sorprendente índole. El
pensamiento se apodera de la esencia elemental y moldea instantáneamente con ella un ser viviente
de apropiada forma, y
que una vez formado ya no depende de quién lo formó, sino que tiene vida propia
cuya duración es proporcional a la intensidad del pensamiento que lo formó. Lo
mismo cabe decir del deseo31.
Los pensamientos de la mayoría de las gentes son
tan vagos e indecisos, que los elementales por ellos formados sólo duran unos cuantos
minutos o a lo sumo algunas horas; pero un insistente pensamiento o
un ardoroso deseo forman un elemental cuya existencia puede prolongarse durante
muchos días.
Como quiera que los pensamientos del hombre ordinario se refieren casi siempre a así
mismo, los elementales que forman permanecen a su alrededor, y constantemente
propenden a provocar la repetición del originario pensamiento, pues tales
repeticiones, en vez de formar nuevos elementales, intensifican el ya formado y
le alargan la vida.
Así es que si un hombre alimenta constantemente un mismo deseo
forma una especie de astral acompañante, que si de continuo alimentado por
nuevos pensamientos durante años, irá adquiriendo cada vez mayor influencia
sobre él, de suerte que si el deseo es de siniestra índole los efectos sobre su
carácter pueden ser sumamente desastrosos.
Todavía de más fecundos resultados en bien o en
mal son los pensamientos del hombre respecto de sus semejantes, porque entonces el elemental formado
no actúa sobre
el que lo forma, sino sobre el individuo o a quien se dirige el
pensamiento. Si el pensamiento o el deseo son amorosos, benévolos, amigables, con ardiente
anhelo por su bien, formarán
y proyectarán hacia la persona en quien se piensa un amistoso elemental
artificial. Si el deseo
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31 No se ha de creer que estos elementales ficticios sean
seres vivientes organizados como los animales o los vegetales. Su vida es
vibratoria y vasta que vibren para que vivan porque toda vibración es vida y
puede transmitirse sintónicamente y actualizar otra vida vibratoria semejante a
la suya. Es el ejemplo de la cuerda musical que continúa sonando, esto es,
viviendo, después de cesado el impulso que la puso en vibración, y estará
vibrando en proporción a la intensidad del impulso. (N. del T.)
tiene carácter definido, como
por ejemplo, que salga en bien de una enfermedad, de un grave apuro, de un mal
trance, el elemental formado favorecerá el éxito feliz e impedirá toda
influencia capaz de estorbarlo. En esta acción desplegara el elemental lo que
parecerá ser considerable manifestación de inteligencia y adaptabilidad cuando
en realidad es tan sólo una fuerza actuante por la línea de menor resistencia
que fluye continuamente en el mismo sentido y aprovecha cuantos conductos
halla, como el agua de una cisterna encontraría entre muchos desagües
obstruidos el único expedito, por el que se apresuraría a fluir.
Si el pensamiento y el deseo fueren de
indefinida condición respecto del bien general del individuo a quien van
dirigidos, la esencia elemental con su admirable plasticidad responderá también
exactamente a aquel indistinto deseo, y el elemental formado desplegará su
fuerza en el sentido de la acción que más fácil le sea con ventaja para el
favorecido. En todos los casos la
fuerza desplegada por el elemental y el tiempo que vive para desplegarla
dependen enteramente de la intensidad del pensamiento o del deseo que lo
engendró, aunque también puede que lo alimenten, intensifiquen y alarguen su
vida otros buenos y favorables deseos llegados de distintas direcciones.
Además, parece como si el elemental artificial actuara, como
otros deseos, con el instintivo afán de prologar su vida, y así reacciona sobre
su creador con una fuerza que propende constantemente a provocar la
reproducción del pensamiento o deseo que lo actualizó. También influyen los
elementales artificiales en los individuos con los que se ponen en contacto
aunque no es tan completa su relación con ellos.
Todo lo dicho respecto a los favorables efectos
de los buenos pensamientos y amistosos deseos es también verdad en opuesto
sentido respecto de los malos pensamientos y deseos; y al considerar cuánta
envidia, malicia, odio y egoísmo hay en el mundo, se comprende que entre los
elementales artificiales se encuentren algunos de todo punto horribles. El
hombre cuyos pensamientos y deseos sean malignos, rencorosos, brutales,
lujuriosos, avarientos y hostiles, va por el mundo llevando consigo por
doquiera una pestilente atmósfera psíquica poblada por las repugnantes
entidades que formó para que fueran sus compañeros. De esta suerte no sólo se
halla él en triste situación, sino que es un peligro para sus semejantes, pues
cuantos con él se pongan en contacto arriesgan contagiarse de la influencia de
las abominaciones de que quiso rodearse.
Un sentimiento de envidia o de odio lanzado
contra una persona, entrañará un elemental que se dirigirá hacia ella como
disparada flecha, y buscará el punto más fácil por donde penetrar. Si el
sentimiento es persistente, el elemental recibirá nuevo estímulo y podrá
prolongar su vida mientras persista el sentimiento que lo engendró. Sin
embargo, no tendrá el mal deseo o el siniestro pensamiento o el envidioso
sentimiento eficacia alguna si la persona a quien van dirigidos no vibra ni
propende a vibrar en la siniestra tónica del elemental formado por tan morbosas
emociones, es decir, que la persona malquerida no proporcionará punto de apoyo
a la potencia del elemental cuya influencia rechazará como un broquel el aura
del individuo de puros pensamientos y recta conducta, por no hallar sitio en
donde fijarse y entonces por ley mecánica reaccionará contra quien lo emitió,
donde encontrará motivo de actividad, de suerte que el individuo quedará herido
por sus propias armas.
Sin embargo, suele suceder que un elemental
facticio, de esta clase sea por varias razones incapaz de reaccionar contra su
creador, y en tal caso se contrae a ser una especie de errabundo demonio
fácilmente atraído por quien ceda a emociones y pensamientos análogos a los que le pusieron
inexistencia, y también
estará dispuesto a estimular estos
pensamientos y emociones en quien le atrajo, por la fuerza de ellos recibida, y
derramar en él su maligna influencia por cualquier resquicio que se ofrezca. Si
el elemental es lo bastante poderoso se apoderará del cascarón que a su paso
encuentre, pues la posesión de esta temporal residencia lo capacita para
economizar más cuidadosamente sus terribles recursos. De esta manera puede
manifestarse valiéndose de un médium y simulando una persona conocida, influir
en quienes de otra suerte no les fuera posible.
Lo expuesto hasta aquí sobre el particular
servirá para confirmar la importancia de mantener en rigurosa sujeción nuestros
pensamientos. Muchos individuos bien intencionados que escrupulosamente cumplen
su deber en palabra y obra con el prójimo, se figuran que sus pensamientos sólo a él le afectan,
y así los emiten alborotadamente en todas
direcciones, de todo punto inconscientes del enjambre de funestas entidades que
lanzan al mundo. A un hombre así le sería horrible revelación el exacto
conocimiento de los efectos del pensamiento y del deseo en la producción de
elementales facticios, mientras que por el contrario sería un gran consuelo
para muchos a quienes angustia la imposibilidad de corresponder materialmente a las bondades en ellos
prodigadas por sus bienhechores. Tanto pobres como ricos pueden emitir con toda
eficacia buenos pensamientos y deseos, y todo individuo es capaz, si tal
trabajo se toma, de mantener siempre al lado del ser querido, doquiera se
halle, un ángel protector.
Más de una vez los amorosos pensamientos y oraciones de una
madre han formado para el hijo un ángel custodio que le asistió y protegió, a
menos que el hijo careciera de todo
instinto de receptividad a las buenas influencias. Los clarividentes suelen
percibir a estos ángeles custodios32 y casos hubo en que algunos de ellos fue lo
bastante poderoso para materializarse
y ser por un momento visible a la percepción física. Conviene mencionar el
curioso fenómeno de que cuando una madre pasa al mundo celeste el amor que
derrama sobre sus hijos de quienes se imagina estar rodeada reacciona sobre
ellos, aunque todavía esté en el mundo físico, y mantiene vivo el ángel
guardián que creó mientras estuvo en
la tierra, hasta que los hijos pasan al mundo astral.
Así dice Blavastsky en la Clave
de la Teosofía: “Los hijos en la tierra sentirán siempre el amor materno, y se les manifestará en sueños, en
varios sucesos y en providenciales protecciones y evitación de mortales
peligros, porque el amor es fuerte escudo no limitado por el espacio ni por el
tiempo.”
Sin embargo, no todos los relatos concernientes
a la intervención de los ángeles custodios deben atribuirse a la acción de los
elementales facticios, porque en muchos casos tales “ángeles” eran las almas de
seres humanos, ya vivientes, ya desencarnados, y también aunque en raras ocasiones
fueron devas33
la potencia
de un vehemente deseo, especialmente si con frecuencia se
reitera, forma un activo elemental que se dirige hacia su objeto. Así se
explica científicamente lo que el devoto sin cultura filosófica llama respuesta a una oración. Hay casos, aunque hoy día raros,
en que el karma delirante permite que le auxilie directamente un Maestro o su
discípulo, y también cabe la todavía más rara posibilidad de la intervención de un deva o de un
amistoso espíritu de la naturaleza; pero en todos los casos, el procedimiento más fácil para tal auxilio
será la intensificación y acertada dirección del elemental ya formado por el
deseo. Recientemente llegó a noticia de uno de nuestros investigadores un
curioso e instructivo ejemplo de la extrema persistencia de los elementales facticios bajo favorables circunstancias. Algunas familias inglesas
de vieja
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32 Cristianos y musulmanes creen dogmáticamente en la existencia de los ángeles
de la guarda. (N del T.)
33 Véase Protectores Invisibles.
estirpe conservan la
tradición de u significativo aviso de la muerte del jefe o de algún individuo
de su familia, es decir, que un fenómeno siempre el mismo, de distinta índole
en cada familia, anuncia
pocos días antes dicha muerte,
como por ejemplo,
el ave blanca de los Oxenhams, cuya aparición desde los
tiempos de la reina Isabel de Inglaterra ha sido seguro presagio de la muerte
de algún individuo de dicha familia. Otro ejemplo es el del coche fúnebre que
se detiene a las puertas de un castillo del norte de Inglaterra días antes de
ocurrir una defunción en la familia residente en el castillo.
Un fenómeno de esta clase, pero no tan extraordinario como los
descritos está adscrito a la familia
de uno de nuestros amigos, y consiste en una especie de canto fúnebre que se
oye como si flotara en el aire tres días antes de la muerte de un individuo de
la familia. Nuestro amigo oyó por dos veces el canto fúnebre y las dos veces
tuvo confirmación el presagio, y como quiera que las tradiciones de familia
aseguraban que el mismo fenómeno se había ido repitiendo en el transcurso de
siglos, quiso indagar por ocultos procedimientos la causa eficiente de tan
extraño fenómeno.
El resultado fue tan sorprendente como interesante. Se averiguó que en el siglo XII el
jefe de la familia fue a las Cruzadas como uno de los tantos valerosos
caballeros, y llevó consigo para que ganara las espuelas en la sagrada causa, a
su hijo menor, a quien adoraba y era
un apuesto doncel que mucho prometía y cuyo éxito feliz en la vida deseaba
vehementemente su padre. Pero por desgracia mataron al joven en una batalla y
el padre cayó en hondo
desconsuelo no sólo por la pérdida de su queridísimo hijo, sino porque
había muerto en plena, descuidada y no del todo inocente juventud. Tan
acerbo fue el dolor del caballero, que despojándose de sus belicosos arreos se
refugió en una de las principales órdenes monásticas de aquella época, con voto
de dedicar el resto de su vida a rezar por el alma de su hijo,
y para que de allí en adelante
ninguno de su sangre se hallase en el que a su sencilla y piadosa mentalidad le
parecía terrible peligro de morir sin religiosa preparación. Día tras día
durante muchos años fue derramando toda la energía de su alma en el canal de
aquel intenso deseo, con la firme creencia de que produciría la anhelada
finalidad.
Un estudiante de ocultismo comprenderá
fácilmente cuál sería el efecto de una tan continua e intensa corriente de
pensamiento y deseo definidos. El caballeresco monje creó artificialmente un
elemental de intenso poder con plenitud de recursos para su particular objeto y
dotó de una interna energía capaz de dar indefinida realidad a su deseo.
Un elemental es como un acumulador eléctrico sin hendidura ni
raja, y si consideramos cuán intensa fue la energía acumulada en el formado por
el monje y cuán de tarde en tarde había de usar algo de ella, no es extraño que
aun hoy día conserve sin detrimento su vitalidad, y todavía avise a los
descendientes del cruzado la proximidad de la muerte, repitiendo en sus oídos la extraña y quejumbrosa música que fue el canto funeral de un joven y valeroso soldad de hace
siete siglos en Palestina.
2ª Clase. ELEMENTALES FORMADOS CONSCIENTEMENTE.- Puesto que tales resultados como los descritos se obtienen por la fuerza mental de hombres que desconocen completamente lo que están haciendo, fácil es de comprender que un mago conocedor del asunto y que puede ver con toda exactitud el efecto que produce su actuación, posea inmenso poder en su pensamiento. Tanto los magos blancos como los negros se valen frecuentemente en su obra de elementales facticios cuya acción es muy extensa cuando están científicamente preparados y con hábil conocimiento dirigidos, porque quien así sepa formarlo puede relacionarse con su elemental y guiarlo hasta no importa qué distancia, de suerte que actúe como si estuviera dotado de la misma inteligencia que su dueño.
A veces los magos blancos han proporcionado
definidos y muy eficientes ángeles custodios
por este medio,
aunque raras veces
permite el karma
semejante interferencia en la
vida de una persona. Pero en casos como el de un Maestro o u discípulo que en
el transcurso de su obra corriesen el
riesgo de que los atacaran fuerzas contra las cuales no pudieran prevalecer sin
auxilio, se les proporcionaron ángeles custodios que demostraron plenamente su
despierta vigilancia y su formidable poder. También por medio de los más hábiles procedimientos de magia negra
pueden formarse elementales facticios que por varios medios ocasionan mucho
daño; pero sucede con ellos lo mismo que dijimos acerca de los elementales
facticios formados inconscientemente, esto es, por si se lanzan contra una persona de recta conducta y puros
pensamientos y emociones influencias, reaccionará el elemental con terrible violencia contra el que lo engendró,
de suerte que las leyendas medievales en que aparece un mago negro destrozado
por enemigos que él mismo levantó, no son fábulas insensatas, sino que tienen
pavoroso fundamento.
Estos malignos elementales se emancipan a veces de la obediencia
de su creador, y se convierten en demonios que vagan a la ventura, como se dijo
de los elementales facticios formados inconscientemente; pero como los que
ahora consideramos son mucho más inteligentes y poderosos y es más larga su
vida resultan relativamente más peligrosos. Procuran a toda costa prolongar su
vida, ya alimentándose vampíricamente absorbiendo la vitalidad de seres o
influyendo en ellos para que les tributen ofrendas, y entre las tribus medio
salvajes logran a veces que se les reconozca como dioses patronos de un poblado
o de una familia.
A la más abyecta y abominable especie de esta clase de elementales pertenecen las falsas divinidades que exigen sacrificios cruentos, mientras hay otros no tan sanguinarios que se satisfacen con manjares de varias clases. En algunas comarcas de la India existen hoy día ambas especies de estos elementales y en África son relativamente más numerosos. Por medio de la sustancia que pueden extraer de las ofrendas y más todavía de la vitalidad que absorben de sus devotos, pueden prolongar muchos años y aún siglos su existencia, y retener suficiente energía para realizar ocasionalmente fenómenos de indulgente índole para estimular la fe y el celo de sus adoradores, mostrándose esquivos y enojados si escasean o cesas los acostumbrados sacrificios.
Ejemplo de ello nos da lo sucedido en una aldea de la India
cuyos vecinos habían observado que cuando por alguna causa la divinidad patrona
del lugar no recibía sus acostumbradas ofrendas de alimento, estallaban
simultáneamente tres o cuatro incendios en los cortijos, sin que pudieran
achacarse a descuidos de las familias ni a mala intención de agentes humanos, y
otros casos análogos recordará sin duda el lector que conozca los apartados
rincones del más admirable país del mundo.
El arte de formar elementales facticios de
extremada virulencia y formidable poder parece haber sido una de las
especialidades de los magos atlantes llamados “los señores de tenebrosa faz”.
Un ejemplo de su habilidad en esta labor nos lo da La Doctrina Secreta en el
pasaje referente a los animales parlantes a quienes se había de aplacar con
ofrendas de sangre, para que no despertaran a sus dueños y les amenazaran con
la inminente destrucción. Pero además de estas extrañas bestias, los magos
atlantes formaban otras entidades artificiales de tan tremenda energía que
secretamente se ha insinuado la posibilidad de que algunas de ellas se mantengan todavía
en existencia, aunque
hace ya más de once mil años que en el cataclismo
geológico perecieron sus creadores.
La negra Kali, la terrible diosa cuyos devotos
cometieron en su nombre los espantosos
crímenes de Thuggee34. Aún se la adora con
ritos demasiado abominables para enumerarlos, que podrían ser una supervivencia
de prácticas culturales que borró el hundimiento de un continente con pérdida
de sesenta y cinco millones de vidas humanas.
3ª Clase. ELEMENTALES
ARTIFICIALES HUMANOS.- Vamos a considerar una clase de entidades que aunque consta de
muy pocos individuos ha adquirido una importancia muy superior a su número por
estar íntimamente relacionada con el moderno espiritismo. Hemos incluido estas
entidades entre los habitantes artificiales del plano astral porque aunque en
rigor son humanos, tan distantes se hallan del curso de la ordinaria evolución
y las engendra una voluntad tan ajena a la suya, que más bien han do considerarse como entidades artificiales.
Para mejor describirlos comenzaremos por su historial, y al efecto hemos de
remontarnos de nuevo a la raza atlante. Al pensar en los magos y escuelas de
ocultismo de aquel señalado pueblo acude ala mente el recuerdo de las malignas
prácticas a que se entregaron en los postreros días; pero no hemos de olvidar
que antes de la época de degradante egoísmo, la potente civilización atlante
había dado muy nobles y admirables frutos y que entre sus caudillos hubo
algunos que hoy se hallan en el pináculo de la evolución humana.
Entre las logias o escuelas de estudio
ocultistas preliminares de la iniciación que establecieron los adeptos de la
Buena Ley o magos blancos, había una en cierta parte de América, que a la sazón
era tributaria de uno de los grandes monarcas atlantes, los Divinos reyes de la
Puerta de Oro; y aunque dicha logia ha pasado muchas vicisitudes y ha tenido
que trasladar su sede de uno a otro país según los invadían los trastornadores
elementos de una nueva civilización, todavía subsiste y practica el mismo ritual
y enseña a misma lengua sagrada y oculta que emplearon sus fundadores hace
muchos millares de años.
Todavía sigue siendo lo que fue desde su establecimiento, una
logia o escuela de ocultistas de puros y filantrópicos propósitos que conducían
muy adelante en el camino del conocimiento a los estudiantes aprovechados, y
les conferían cuantas facultades psíquicas estaban a su alcance, después de
rigurosas pruebas de la aptitud del candidato. Sus instructores no habían
llegado al adeptado, pero aprendieron a entrar en el Sendero que a este nivel
había de conducirles en vidas posteriores; y aunque dicha logia no formaba
parte de la Fraternidad de los Himalayas, algunos de los miembros de ésta se
relacionaron con aquélla en pasadas encarnaciones y por lo mismo se interesan
vivamente por su actuación.
Los jefes de esta logia, aunque retraídos del
bullicio social, han hecho de cuando en cuando todo cuanto pudieron para el
progreso de la verdad en el mundo. Hace cerca de un siglo, a pesar del
desenfrenado materialismo que parecía sofocar toda espiritualidad en Europa y
América, determinaron intentar combatirlo por un nuevo método, a fin de deparar
ocasión a las personas de recto criterio, de adquirir prueba
plena de la vida ultra física que la ciencia se
empeña en negar. Los fenómenos exhibidos no eran absolutamente nuevos, pues en
una u otra forma nos los refiere la historia, pero su modo de manifestación
presentaba características completamente nuevas para el mundo moderno. El
movimiento iniciado por los jefes de aquella logia fue tomando incremento hasta
concretarse en la vasta organización
del moderno espiritismo, y aunque ha producido algunos resultados de los que
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34 Se refiere el autor a la sociedad de fanáticos adoradores de la diosa Kali, que desafiando la vigilancia de la policía inglesa cazaban con lazo a la persona que encontraban desprevenida en un paraje solitario y la sacrificaban cruentamente a la diosa. (N. del T.)
no fuera justo inculpar a los
promotores del movimiento, lo cierto es que cumplieron su propósito de
convertir a muchos escépticos que no creían en nada, a la creencia firme en la
vida futura. Este ha sido un magnífico resultado, por más que alguien
crea haberse obtenido a mucha costa. El método
adoptado fue escoger a una ordinaria persona después de la muerte, despertarla
completamente en el plano astral, instruirla hasta cierto grado en las
posibilidades y poderes del plano y confiarle después la dirección de un centro
espiritista. La entidad así instruida, aleccionaba a su vez en el mismo tema a
otras entidades desencarnadas que influían en los asistentes a las sesiones
espiritistas y los adiestraban para actuar de médiums. De esta suerte prosperó
y floreció el espiritismo. Indudablemente que algunos miembros vivientes de la
logia original se manifestarían de cuando en cuando astralmente en los centros
espiritistas, y aún quizá se manifiesten ahora, pero la corriente es que dejen
la dirección a cargo de la instruida entidad desencarnada. El espiritismo
cundió mucho más rápidamente que lo esperado, de suerte que no tardó en
emanciparse, y así sólo cabe achacarles indirecta responsabilidad del cariz que
fue tomando.
Desde luego que la intensificación de la vida astral de las
entidades encargadas de los centros espiritistas, retardaban su natural
progreso; y aunque la idea había sido de que todo lo perdido en este aspecto
quedaría compensado por el buen karma creado en la obra de dar a conocer la
verdad, pronto se echo de ver que no era posible valerse durante largo tiempo
de un mismo guía sin perjudicarle gravemente. En algunos casos se pudo efectuar
la sustitución o relevo de los guías; pero en otros casos tropezaba con
dificultades el relevo de un guía por otro, y se recurrió entonces a formar la
curiosa clase de entidades a que hemos llamado “humanos artificiales”.
El Ego del guía pasaba al mundo celeste y a la sombra
constituida por sus principios inferiores se la vitalizaba de modo que a los
asistentes a las sesiones del centro espiritista les pareciera que eran su guía predilecto. Parece que en un
principio efectuaron esta operación los miembros
de la logia, pero resultó
enojosa e inconveniente por desperdicio de energía, y la misma objeción se hizo
contra el empleo de elementales facticios, de modo que al fin decidieron que la entidad destinada a relevar al
guía, lo relevase con la condición de revestirse del cuerpo astral desechado
por el que se iba al mundo celeste y cuyas características personales había de
simular.
Dícese que algunos miembros de la logia se opusieron a este
recurso fundados en que si bien el propósito podía ser muy loable, entrañaba
engaño; pero la opinión general fue, según parece, de que no había tal engaño
desde el momento en que la sombra estaba constituida por los cuerpos astral y
mental inferiores del guía relevado, del que conservaba sus personales
características.
Esta fue la génesis de la artificial o facticia entidad humana, y se ha de entender que en muchos casos se llevó a cabo el relevo sin que los asistentes a las sesiones espiritistas sospecharan la simulación, aunque por otra parte, los investigadores de los fenómenos espiritistas observaron que al cabo de algún tiempo se advertían de súbito algunas diferencias en la manera y disposición de manifestarse el guía. Ocioso fuera decir que ninguno de los Maestros de la Gran Logia Blanca ha emprendido jamás la formación de una entidad artificial de esta clase, aunque no podrían oponerse a que la formara quien lo creyera conveniente. El punto flaco de este recurso está en que además de los miembros de la logia original muchos otros psíquicos pueden adoptarlo, y entre ellos los magos negros que ya se han aprovechado de él para falsificar las comunicaciones espiritistas.
Termina con esta clase la descripción de los habitantes del plano astral, que con las reservas indicadas puede considerarse completamente bosquejada, pues la detallada consideración del tema requeriría toda una vida de estudio y ardua labor.

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